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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2018.p240</article-id>
				 
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				<subject>RESE&#x00D1;AS DE LIBROS/ BOOK REVIEWS</subject>
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				<article-title>Rese&#x00F1;a del libro "Ancient Wisdom in the Age of the New Science: Histories of Philosophy in England, c. 1640-1700"</article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en"><trans-title>Book review</trans-title></trans-title-group>
				<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
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				 <surname>Toribio</surname>
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			<aff id="U1">ILC-CSIC, Madrid</aff>
			
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				<year>2018</year>
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				<year>2018</year>
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			<volume>70</volume>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#x00F3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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				<p><bold>Levitin, Dmitri</bold>. <italic>Ancient Wisdom in the Age of the New Science: Histories of Philosophy in England, c. 1640-1700</italic>. Cambridge, Cambridge University Press, 2015, XII + 670 p&#x00E1;ginas [ISBN: 978-1-107-10588-1 (tapa dura), 978-1-107-51374-7 (tapa blanda)]</p>
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			<title/>
			
			<p>Dmitri Levitin ha escrito un libro impresionante, declarada y profundamente revisionista, que cuestiona con rotundidad conceptos historiogr&#x00E1;ficos muy asentados, entre ellos el propio concepto cronol&#x00F3;gico de “Ilustraci&#x00F3;n”. Esto no obedece a una iconoclasia gratuita, sino a la meticulosa lectura y contextualizaci&#x00F3;n de una cantidad ingente de textos del siglo XVII conectados entre s&#x00ED;. El libro resulta a&#x00FA;n m&#x00E1;s impresionante –y envidiable– si se tiene en cuenta que se origin&#x00F3; en una tesis doctoral iniciada a finales de 2008 y defendida en Cambridge a finales de 2010.</p>

			<p>El autor se propone investigar la actitud de los intelectuales ingleses –te&#x00F3;logos, m&#x00E9;dicos, fil&#x00F3;sofos naturales, fil&#x00F3;logos– ante la filosof&#x00ED;a antigua –fundamentalmente griega, pero tambi&#x00E9;n “oriental”– en la &#x00E9;poca que asisti&#x00F3; al nacimiento de la “nueva ciencia”. El resultado, lejos de confirmar una supuesta dicotom&#x00ED;a entre “antiguos” y “modernos” o entre “humanismo” y “nueva ciencia”, demuestra que el estudio cr&#x00ED;tico e hist&#x00F3;rico de la filosof&#x00ED;a antigua desempe&#x00F1;&#x00F3; un papel fundamental en <italic>todos</italic> los discursos intelectuales de la Inglaterra del siglo XVII. Dicho estudio cr&#x00ED;tico de la filosof&#x00ED;a antigua se produjo, adem&#x00E1;s, mediante la recepci&#x00F3;n activa del trabajo desarrollado en el resto de Europa desde finales del siglo XVI y principios del siguiente, con la obra de fil&#x00F3;logos como Escal&#x00ED;gero y Casaubon a la cabeza.</p>

			<p>Entre un poderoso y probablemente pol&#x00E9;mico cap&#x00ED;tulo introductorio (1. “Introduction: histories of philosophy between ‘Renaissance’ and ‘Enlightenment’”, pp. 1-31) y una breve conclusi&#x00F3;n final (pp. 542-548) se despliegan cinco cap&#x00ED;tulos de un centenar de p&#x00E1;ginas cada uno; en ellos, Levitin examina los esfuerzos que los ingleses dedicaron a la filosof&#x00ED;a antigua en una serie de &#x00E1;mbitos: historia y filolog&#x00ED;a (2. “Ancient wisdom I: The wisdom of the east: Zoroaster, astronomy, and the Chaldeans”, pp. 33-112; 3. “Ancient wisdom II: Moses the Egyptian?”, pp. 113-229), medicina y filosof&#x00ED;a natural (4. “Histories of natural philosophy I: histories of method”, pp. 230-328; 5. “Histories of natural philosophy II: histories of doctrine: matter theory and animating principles”, pp. 329-446), teolog&#x00ED;a e historia eclesi&#x00E1;stica (6. “Philosophy in the early Church”, pp. 447-541).</p>

			<p>No es posible resumir en este espacio la riqueza de los contenidos, que se caracterizan por un nivel de detalle invariablemente elevado y complejo, y que abundan en tratamientos nuevos e iluminadores tanto de nombres muy conocidos –Gassendi, Boyle, Cudworth– como de muchos otros apenas estudiados. En atenci&#x00F3;n al perfil general de los lectores de <italic>Asclepio</italic>, aludir&#x00E9; a continuaci&#x00F3;n a algunos de los contenidos directamente relacionados con la medicina y la filosof&#x00ED;a natural.</p>

			<p>Es importante la descripci&#x00F3;n en el cap&#x00ED;tulo 2 de una visi&#x00F3;n “progresivista” de la historia de la filosof&#x00ED;a y en particular de la astronom&#x00ED;a, perceptibles en la <italic>History of Philosophy</italic> (1655-62) de Thomas Stanley –la primera obra en ingl&#x00E9;s con ese nombre– o en la traducci&#x00F3;n inglesa anotada del poema astron&#x00F3;mico de Manilio debida a Edward Sherburne (1675): en ellas, la presentaci&#x00F3;n de la Antig&#x00FC;edad se lleva a cabo desde la conciencia de la superioridad cient&#x00ED;fica del presente, pero al mismo tiempo como una proped&#x00E9;utica necesaria para los fil&#x00F3;sofos naturales de la nueva generaci&#x00F3;n, de quienes se espera que conozcan en profundidad la historia de sus disciplinas.</p>

			<p>Del cap&#x00ED;tulo 3, el historiador de la ciencia se detendr&#x00E1; en la descripci&#x00F3;n de c&#x00F3;mo a lo largo del siglo XVII se intent&#x00F3; conciliar la narraci&#x00F3;n del <italic>G&#x00E9;nesis</italic> con los nuevos conocimientos astron&#x00F3;micos, para llegar hacia el final del siglo, con Edmond Halley, a una situaci&#x00F3;n en la que se prefiere guardar silencio al respecto, y en la que por primera vez puede decirse “que la ciencia ha triunfado sobre la Escritura” (p. 220). Levitin no s&#x00F3;lo trata aqu&#x00ED; de la c&#x00E9;lebre <italic>Telluris theoria sacra</italic> (1681-89) de Thomas Burnet, con sus peligrosas implicaciones sobre la naturaleza de la narraci&#x00F3;n b&#x00ED;blica, sino tambi&#x00E9;n de obras mucho menos conocidas como el <italic>Essay toward a natural history of earth</italic> (1695) del profesor de medicina John Woodward, que defiende que Mois&#x00E9;s pose&#x00ED;a un conocimiento natural directamente revelado por Dios, o las inquietudes filol&#x00F3;gicas de Robert Hooke, quien, adem&#x00E1;s de rastrear la Atl&#x00E1;ntida, especul&#x00F3; con la idea de que las gigantomaquias de las mitolog&#x00ED;as cl&#x00E1;sicas ocultasen terremotos primigenios.</p>

			<p>Las m&#x00E1;s de doscientas p&#x00E1;ginas de los cap&#x00ED;tulos 4 y 5, sobre la historia del m&#x00E9;todo cient&#x00ED;fico y sobre la doctrina de los “principios” –&#x00E1;tomos o de otro tipo–, constituyen sin duda el material m&#x00E1;s atractivo para el lector de esta revista; tambi&#x00E9;n el de m&#x00E1;s ardua lectura para este rese&#x00F1;ante. Sin embargo, y es &#x00E9;ste un buen momento para decirlo, Levitin traza al principio de cada uno de los cap&#x00ED;tulo un excelente estado de la cuesti&#x00F3;n (“Sources”), en el que se resume con admirable claridad no s&#x00F3;lo el contenido de las fuentes antiguas objetos de discusi&#x00F3;n en cada caso, sino tambi&#x00E9;n la historia de dicha discusi&#x00F3;n antes del siglo XVII. Al principio del cap&#x00ED;tulo 4, a la hora de tratar sobre historias del m&#x00E9;todo cient&#x00ED;fico, se introducen en toda su complejidad las cuatro tradiciones intelectuales en juego: aristot&#x00E9;lica, anti-aristot&#x00E9;lica, qu&#x00ED;mica y m&#x00E9;dica. La conclusi&#x00F3;n m&#x00E1;s relevante del cap&#x00ED;tulo es la siguiente: fueron los m&#x00E9;dicos, apoyados en &#x00FA;ltima instancia en una tradici&#x00F3;n ap&#x00F3;crifa sobre el car&#x00E1;cter experimental de la filosof&#x00ED;a de Dem&#x00F3;crito y su supuesta ascendencia sobre Hip&#x00F3;crates, quienes lograron legitimar el nuevo m&#x00E9;todo experimental que surg&#x00ED;a en el siglo XVII; paralelamente fracasaban los intentos de la Royal Society por lograr esto mismo, debido precisamente a la poca calidad de sus argumentos hist&#x00F3;ricos –los de Francis Bacon incluidos–; es decir, fueron los m&#x00E9;dicos quienes lograron, mediante argumentos hist&#x00F3;ricos tenidos por aceptables, que la “nueva ciencia” fuera considerada filos&#x00F3;fica, y por tanto acad&#x00E9;mica.</p>

			<p>El cap&#x00ED;tulo 5 versa sobre el “atomismo” ingl&#x00E9;s, y por tanto sobre actitudes hacia Epicuro, o m&#x00E1;s bien hacia el Epicuro de Pierre Gassendi. Este cap&#x00ED;tulo arroja una conclusi&#x00F3;n iconoclasta m&#x00E1;s: que debe dejar de hablarse de “epicure&#x00ED;smo” ingl&#x00E9;s, al menos en filosof&#x00ED;a natural, pues el atomismo de la &#x00E9;poca se distancia expresamente del de Epicuro. Una tesis controvertida que se repite a menudo y que lo hace de nuevo aqu&#x00ED; (p. 369) es que las teor&#x00ED;as cient&#x00ED;ficas en el siglo XVII ingl&#x00E9;s se aceptan o rechazan en primera instancia por su propia solidez, y no por consideraciones teol&#x00F3;gicas asociadas. Seg&#x00FA;n Levitin, el atomismo de tipo epic&#x00FA;reo se rechaz&#x00F3; a favor de otras teor&#x00ED;as corpusculares no por sus implicaciones ateas, sino por su car&#x00E1;cter reduccionista y especulativo, incapaz de dar cuenta de los procesos qu&#x00ED;micos.</p>

			<p>Al hilo de eso mismo, Levitin destaca a Samuel Parker, autor de unos <italic>Tentamina physico-theologica de Deo</italic> (1665), como el primer ingl&#x00E9;s que analiza la filosof&#x00ED;a antigua en su contexto religioso pagano. El lenguaje de Parker es, como se&#x00F1;ala el autor (p. 546), el mismo que el utilizado por Isaac Newton en su c&#x00E9;lebre <italic>Scholium generale</italic>; esta pieza tambi&#x00E9;n recibe una breve pero novedosa interpretaci&#x00F3;n, en el contexto de c&#x00F3;mo las teor&#x00ED;as sobre la materia de la Antig&#x00FC;edad se leen en el siglo XVII como un animismo idol&#x00E1;trico. Este tema enlaza bien con el cap&#x00ED;tulo final, el supuesto platonismo de la Iglesia antigua y su importancia en las controversias sobre la Trinidad que se desarrollaron en Inglaterra en la &#x00FA;ltima d&#x00E9;cada del siglo; de sus contenidos, el historiador de la ciencia se interesar&#x00E1; quiz&#x00E1;s por lo relativo a Newton, a quien Levitin se permite despachar en un p&#x00E1;rrafo, por considerar –con acierto– que la narrativa newtoniana sobre la corrupci&#x00F3;n del cristianismo antiguo “no fue particularmente original ni elaborada” (p. 507).</p>

			<p>La tesis principal del libro es que desde mediados del siglo XVII se encuentra ampliamente desarrollada, a partir de la aplicaci&#x00F3;n de la cr&#x00ED;tica human&#x00ED;stica tard&#x00ED;a, la actitud hacia la Antig&#x00FC;edad que es tradicional considerar propia de la Ilustraci&#x00F3;n. Otra tesis es que, lejos de deberse a intelectuales “heterodoxos” y <italic>outsiders</italic>, las narrativas innovadoras sobre la Antig&#x00FC;edad se producen por lo general desde dentro de las instituciones acad&#x00E9;micas y a manos de acad&#x00E9;micos bien establecidos.</p>

			<p>Con algo de maldad, Levitin se&#x00F1;ala en una nota que la “fetichizaci&#x00F3;n del per&#x00ED;odo posterior a 1680 que ha dominado mucho de la historia intelectural europea de los siglos XX y XXI” (p. 7) “proviene sin duda de la decadencia de la formaci&#x00F3;n en lat&#x00ED;n, y por tanto de la falta de familiaridad con mucho material anterior a 1680” (n. 35). Las transcripciones de material latino a lo largo de todo el libro son en efecto abundant&#x00ED;simas, con erratas proporcionalmente muy escasas; sus traducciones al ingl&#x00E9;s son elegantes y por lo general muy correctas.</p>

			<p>No est&#x00E1; escrito “en la jerga que es tan prevalente en las humanidades modernas” (p. xii), pero aun as&#x00ED; resulta erudito y dif&#x00ED;cil. El autor tiene la honradez de advertir que “sin duda” ha permitido que su forma de escribir “exagere la coherencia” de la historia (p. 21): que haya estimado oportuno incluir esta declaraci&#x00F3;n tiene que ver, creo, con su plena conciencia del tipo de investigaci&#x00F3;n que practica, una que se mantiene pegada al nivel de las fuentes, en toda su complejidad, y que no reh&#x00FA;ye el detalle inc&#x00F3;modo que pone trabas a una teor&#x00ED;a o a una <italic>big picture</italic> preconcebida o heredada. S&#x00F3;lo cabe esperar que este tipo de historiograf&#x00ED;a –que tiene tanto de filolog&#x00ED;a– prospere y se asiente en las humanidades que vienen.</p>
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