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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2018.p220</article-id>
				 
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				<subject>RESE&#x00D1;AS / BOOK REVIEWS</subject>
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				<article-title>Rese&#x00F1;a del libro "Being Brains. Making the Cerebral Subjects"</article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en"><trans-title>Book review</trans-title></trans-title-group>
				<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
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				 <surname>V&#x00E1;zquez Garc&#x00ED;a</surname>
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			<aff id="U1">Universidad de C&#x00E1;diz</aff>
			
	
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				<day>30</day>
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				<year>2018</year>
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			<volume>70</volume>
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				<p><bold>Vidal, Fernando y Ortega, Francisco</bold>. <italic>Being Brains. Making the Cerebral Subjects</italic>. New York, Fordham University Press, 2017, 318 p&#x00E1;ginas [ISBN 978-0-823276-07-3]</p>
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			<p>Desde la d&#x00E9;cada de 1990 hasta la fecha se han multiplicado sin freno los estudios y las iniciativas culturales de toda &#x00ED;ndole precedidas del prefijo “neuro”. Desde la neuro&#x00E9;tica o la neuroest&#x00E9;tica hasta las neuronovelas, pasando por la neurodiversidad o por la autoayuda y el “masaje” cerebrales. La vulgata establecida recuerda que esta moda deriva de una verdad f&#x00E1;ctica descubierta gracias al reciente desarrollo de las neurociencias: “somos nuestros cerebros”.</p>

			<p>Este libro constituye una impugnaci&#x00F3;n en toda regla de la susodicha vulgata: la equivalencia entre el yo y el cerebro, que hoy parece tan asentada, no es una consecuencia de los avances de la neurofisiolog&#x00ED;a. Se trata en cambio de un supuesto conceptual de orden metaf&#x00ED;sico, cuya g&#x00E9;nesis puede remontarse a la filosof&#x00ED;a de la edad moderna. Esta premisa conceptual fue la que alent&#x00F3; el despegue de las investigaciones emp&#x00ED;ricas sobre el cerebro, y no al rev&#x00E9;s.</p>

			<p>Al invertir el t&#x00F3;pico que presenta al yo cerebral como resultado del progreso de la ciencia, este libro no se alinea sin embargo entre los ensayos que rechazan como “neuromitolog&#x00ED;a” la expansi&#x00F3;n de las disciplinas de prefijo “neuro”. No se trata tampoco de un alegato humanista contra los excesos reduccionistas del naturalismo neurocient&#x00ED;fico. Su estatuto es dif&#x00ED;cil de delimitar, porque cruza &#x00E1;mbitos tan diversos como los <italic>Science Studies</italic>, los <italic>Cultural Studies</italic>, la Epistemolog&#x00ED;a, la Filosof&#x00ED;a Moral y Pol&#x00ED;tica o los <italic>Disability Studies</italic>.</p>

			<p>Fernando Vidal, investigador del ICREA y profesor de la Universidad Aut&#x00F3;noma de Barcelona, y Francisco Ortega, profesor del Instituto de Medicina Social de la Universidad del Estado de R&#x00ED;o de Janeiro, ambos con una extensa obra a sus espaldas, proponen lo que podr&#x00ED;a denominarse, siguiendo a Ian Hacking y a Michel Foucault, una “ontolog&#x00ED;a hist&#x00F3;rica” del yo cerebral. Esta figura antropol&#x00F3;gica, aunque no constituye la &#x00FA;nica y ni siquiera la forma hegem&#x00F3;nica que recibe hoy la identidad personal, es sin duda una de las m&#x00E1;s influyentes. Por otro lado, la inflaci&#x00F3;n interpretativa de lo cerebral en la cultura de nuestro tiempo no est&#x00E1; construida de una sola pieza. Conforma una realidad que este estudio presenta en toda su complejidad, ambivalencia y pluralidad.</p>

			<p>Esta vocaci&#x00F3;n de ontolog&#x00ED;a hist&#x00F3;rica no confina sin embargo al libro dentro de tareas puramente descriptivas. Se est&#x00E1; tambi&#x00E9;n ante un excelente ejercicio de cr&#x00ED;tica epistemol&#x00F3;gica que desmonta atribuciones y cronolog&#x00ED;as apresuradas; pone de relieve los excesos e irrelevancias de los enfoques neurobiol&#x00F3;gicos en las humanidades y las ciencias sociales (deslizamiento injustificado de la correlaci&#x00F3;n hacia la causalidad, desajuste entre los enunciados program&#x00E1;ticos y los hallazgos emp&#x00ED;ricos efectivos, confusi&#x00F3;n entre cuestiones emp&#x00ED;ricas y conceptuales, abuso inadecuado del escaneo de neuroim&#x00E1;genes) y se&#x00F1;ala las contradicciones y peligros derivados de una pol&#x00ED;tica asentada en la neurodiversidad.</p>

			<p>Los autores utilizan el t&#x00E9;rmino “ideolog&#x00ED;a” para referirse a esta ontolog&#x00ED;a del yo cerebral. Este uso no queda del todo justificado pues no se enmarca en la divisi&#x00F3;n entre ciencia e ideolog&#x00ED;a estipulada por los cl&#x00E1;sicos del marxismo, ni equivale tampoco a su acepci&#x00F3;n althusseriana. Podr&#x00ED;a estar m&#x00E1;s cerca de la noci&#x00F3;n de “ideolog&#x00ED;a cient&#x00ED;fica” acu&#x00F1;ada por Canguilhem. Esta es siempre parasitaria de una ciencia surgida con anterioridad, como sucede con el evolucionismo haeckeliano o con el mesmerismo. Pero en el caso de la “ideolog&#x00ED;a cerebral”, esta no procede de las neurociencias sino que m&#x00E1;s bien, como demuestran Vidal y Ortega, las precede.</p>

			<p>El ensayo est&#x00E1; dividido en cuatro cap&#x00ED;tulos. El primero (“Genealogy of the Cerebral Subject”) es tal vez el m&#x00E1;s importante, porque en &#x00E9;l queda fijada la tesis principal. El “giro neural” experimentado por la cultura de nuestro tiempo no es una novedad ni se trata del resultado de los progresos de la ciencia. El supuesto del “yo cerebral” fue consecuencia directa de la construcci&#x00F3;n del sujeto por la filosof&#x00ED;a moderna. Este ya no estaba perfilado por la “carnalidad”, secuela de la teolog&#x00ED;a cristiana del misterio de la Encarnaci&#x00F3;n. Era un alma, un esp&#x00ED;ritu, caracterizado por las actividades de la memoria, la conciencia y el intelecto. La noci&#x00F3;n de identidad personal elaborada por Locke, unida a la teor&#x00ED;a corpuscular de la materia de filiaci&#x00F3;n newtoniana consolid&#x00F3; ese principio del “yo cerebral”. Lo que da continuidad a la persona es la memoria y la conciencia; como estas se contienen en los cr&#x00E1;neos de los sujetos, el cerebro acaba convertido en el &#x00F3;rgano del yo.</p>

			<p>La genealog&#x00ED;a sugerida obliga a descartar la presencia de falsos precursores (de Hip&#x00F3;crates a Huarte de San Juan) o de enga&#x00F1;osas proyecciones retrospectivas (los esp&#x00ED;ritus animales y humores como preludio de las enzimas y los neurotransmisores). Por otro lado se pone en evidencia que esa invenci&#x00F3;n del “yo cerebral” tuvo lugar al margen de las investigaciones coet&#x00E1;neas sobre este &#x00F3;rgano (por ejemplo los trabajos de Thomas Willis). Cuando el naturalista Charles Bonnet declaraba que el traslado del cerebro de Montesquieu al cuerpo de un nativo hur&#x00F3;n permitir&#x00ED;a escuchar al autor de <italic>L’Esprit des lois</italic>, estaba dando a entender la plena vigencia ya, a mediados del siglo XVIII, del moderno yo cerebral. Los refinamientos posteriores tra&#x00ED;dos por la frenolog&#x00ED;a decimon&#x00F3;nica no alteraron en lo fundamental esa verdad. Pero hicieron posible, de la mano de severos sabios victorianos como Graham o Kellogg, algo que creemos nacido ayer mismo: la fundaci&#x00F3;n de la neuroascesis, esto es, las pr&#x00E1;cticas de autoayuda basadas en la ejercitaci&#x00F3;n y cuidado del cerebro.</p>

			<p>El segundo cap&#x00ED;tulo (“Disciplines of the Neuro”) explora los efectos del “neural turn” en el &#x00E1;mbito de las Humanidades y las Ciencias Sociales. M&#x00E1;s all&#x00E1; de la ch&#x00E1;chara bienintencionada acerca de la relaci&#x00F3;n bidireccional entre cultura y cerebro, justificada mediante la apelaci&#x00F3;n a la “neuroplasticidad”, se pone de relieve el hilo conductor de estos desarrollos. Se trata de buscar “fundamentos” o “sustratos” neurobiol&#x00F3;gicos universales inherentes a cualquier proceso simb&#x00F3;lico: juicios morales y est&#x00E9;ticos, rituales religiosos, orientaciones pol&#x00ED;ticas, cosmovisiones. El problema es que las correlaciones obtenidas (recurriendo por ejemplo a las t&#x00E9;cnicas de escaneo de im&#x00E1;genes cerebrales) se presentan como causas pero estas no pueden dar cuenta de los significados involucrados, sea de un retrato, una novela o de un ceremonial. Se confunde el hecho de que sin cerebro no es posible la cultura con la idea de que la cultura no es m&#x00E1;s que un producto del cerebro.</p>

			<p>En este recorrido cr&#x00ED;tico, el cap&#x00ED;tulo pasa revista a las peculiaridades de la neuro&#x00E9;tica y a los problemas planteados por procedimientos de escaneo como la fMRI. Pero la parte m&#x00E1;s extensa se dedica a examinar los logros de las neurodisciplinas que se ocupan de la cultura: neurociencia cultural, neuroantropolog&#x00ED;a y neuroest&#x00E9;tica. Partiendo de ejemplos concretos muy reveladores –como la investigaci&#x00F3;n sobre el colectivismo de los chinos contrapuesto al individualismo de los occidentales- se ponen de manifiesto las deficiencias conceptuales que aquejan a estos desarrollos. Se trata en todos los casos de construir universales neurobiol&#x00F3;gicos asociados a pr&#x00E1;cticas y significados culturales. En este proceder se deja precisamente a un lado lo que distingue a las ciencias de la cultura, que son siempre ciencias hist&#x00F3;ricas: la referencia al contexto. Como ya se&#x00F1;al&#x00F3; Jean-Claude Passeron en <italic>La raisonnement sociologique</italic>, lo que caracteriza a estas disciplinas es que sus coocurrencias, a diferencia de las leyes universales propias de las ciencias nomol&#x00F3;gicas, est&#x00E1;n indexadas en configuraciones espaciotemporales espec&#x00ED;ficas. </p>

			<p>El cap&#x00ED;tulo tercero (“Cerebralizing Distress”) sigue la estela de las tentativas para explicar las dolencias y trastornos ps&#x00ED;quicos en t&#x00E9;rminos neurobiol&#x00F3;gicos. Comienza delimitando el contexto donde se inscriben estos proyectos: la expansi&#x00F3;n del campo psicofarmacol&#x00F3;gico, la globalizaci&#x00F3;n psiqui&#x00E1;trica y la investigaci&#x00F3;n de biomarcadores. Las explicaciones neurobiol&#x00F3;gicas de la enfermedad mental funcionan de un modo ambivalente. Al eliminar la responsabilidad del afectado y de los familiares, poseen un efecto liberador. Pero al mismo tiempo generan identidades y grupos estigmatizados. A partir de aqu&#x00ED; se comenta la plasmaci&#x00F3;n del programa neurobiol&#x00F3;gico en el &#x00E1;mbito de la depresi&#x00F3;n. El uso de tecnolog&#x00ED;as de escaneo como la DTI parece poner al descubierto los mecanismos neurobiol&#x00F3;gicos que producen esta enfermedad. Sin embargo, un an&#x00E1;lisis m&#x00E1;s detenido muestra que en realidad se trata de correlaciones establecidas incluso <italic>ex post facto</italic>, tras un diagn&#x00F3;stico realizado con los procedimientos de la cl&#x00ED;nica tradicional.</p>

			<p>La exposici&#x00F3;n recuerda la situaci&#x00F3;n cr&#x00ED;tica que, pese a las proclamas en sentido contrario, parece atravesar el modelo estrictamente biol&#x00F3;gico de la enfermedad mental. El auge de la epigen&#x00E9;tica y la constatada relevancia del medio sociocultural en los trastornos esquizofr&#x00E9;nicos apuntan en esa direcci&#x00F3;n. El cap&#x00ED;tulo finaliza con una complet&#x00ED;sima revisi&#x00F3;n de las implicaciones del yo cerebral en la esfera del autismo y de la neurodiversidad. En este terreno, la adscripci&#x00F3;n cerebral no conduce a la cosificaci&#x00F3;n sino a la subjetivaci&#x00F3;n de los afectados. Los autistas pueden presentarse as&#x00ED; como una minor&#x00ED;a biol&#x00F3;gicamente diferente, oponi&#x00E9;ndose a toda tentativa patologizadora. Esta construcci&#x00F3;n del autismo como espacio de biosocialidad tiene su contrapartida en la eventualidad de una deriva comunitarista. La apelaci&#x00F3;n al cerebro funciona entonces como una frontera identitaria entre ellos”, los “at&#x00ED;picos”, y nosotros, los “autistas”, false&#x00E1;ndose as&#x00ED; la propia pluralidad interna del autismo.</p>

			<p>El cap&#x00ED;tulo cuarto afronta la construcci&#x00F3;n del yo cerebral en el universo de la ficci&#x00F3;n, atendiendo a su presencia en la literatura y en el cine. No se trata de evaluar en qu&#x00E9; medida estos discursos se ajustan o no a la actualidad de las neurociencias. Lo que se explora son los efectos de realidad inducidos por la ficci&#x00F3;n. En primer lugar la creaci&#x00F3;n literaria. Aqu&#x00ED; se pasa revista a dos g&#x00E9;neros diferentes: la neurocr&#x00ED;tica literaria y las neuronovelas. En el primer caso se est&#x00E1; ante una disciplina de corte reduccionista, que interpreta los textos atendiendo a las caracter&#x00ED;sticas neurobiol&#x00F3;gicas de los personajes. En el segundo caso, mucho m&#x00E1;s interesante, las cosas funcionan de un modo m&#x00E1;s ambiguo. En el argumento se suele dar por sentada, al inicio, la identidad entre el yo y el cerebro. Pero a medida que se compone la trama, esa equivalencia se fractura, de ah&#x00ED; la tensi&#x00F3;n narrativa y los trastocamientos que sufren las personalidades. En &#x00FA;ltimo t&#x00E9;rmino, las neuronovelas operan cr&#x00ED;ticamente en relaci&#x00F3;n al “giro neural”; subrayan la irreductibilidad del plano ps&#x00ED;quico y la necesidad de abrir el relato a una mirada fenomenol&#x00F3;gica y existencial, atenta al discurso en primera persona.</p>

			<p>Una ambivalencia semejante se encuentra en el terreno f&#x00ED;lmico. Desde el <italic>Frankenstein</italic> (1931) de James Whale, el cine ha jugado con el motivo del yo cerebral. En particular, el asunto de los transplantes y de las p&#x00E9;rdidas de memoria han sido escenarios especialmente f&#x00E9;rtiles para potenciar el g&#x00E9;nero. Pero del mismo modo que en el caso de las neuronovelas, esta cinematograf&#x00ED;a ha funcionado de un modo ambivalente. Por una parte ha extendido el alcance omniexplicativo de lo “neuro”, pero por otra, la propia trama exig&#x00ED;a poner en tela de juicio las expectativas creadas en el arranque de la misma por la asimilaci&#x00F3;n cerebral del yo.</p>

			<p>El libro finaliza con unas sumarias conclusiones donde queda resaltada una tensi&#x00F3;n caracter&#x00ED;stica de nuestro momento hist&#x00F3;rico. Por un lado, el impulso de la gen&#x00F3;mica y de las biotecnolog&#x00ED;as parece reforzar la tendencia a una completa somatizaci&#x00F3;n de todos los aspectos de la identidad. En esta misma pendiente se inscribe el auge del yo cerebral. Si, como se&#x00F1;al&#x00F3; Nikolas Rose, en las d&#x00E9;cadas de 1960 y 1970, la individualidad era perfilada como un espacio ps&#x00ED;quico profundo, tridimensional, en nuestros d&#x00ED;as se trata de un universo aplanado, asociado al material gen&#x00E9;tico y a los circuitos neuronales. Pero al mismo tiempo, la cultura del posthumanismo, cuya impronta tiende a acrecentarse, hace que nuestra subjetividad som&#x00E1;tica parezca obsoleta y prescindible. La virtualizaci&#x00F3;n de las identidades, su codificaci&#x00F3;n en <italic>bits</italic> de informaci&#x00F3;n, su creciente evanescencia y desacople respecto a los sistemas espaciotemporales parece cuestionar la pesantez de lo biol&#x00F3;gico.</p>

			<p>Se cierra as&#x00ED; una apasionante incursi&#x00F3;n en el paisaje del yo cerebral. Este es abordado como una realidad contingente, hist&#x00F3;ricamente constituida, y no como un dato de la naturaleza. Se est&#x00E1; ante un libro de investigaci&#x00F3;n, muy alejado del ensayismo avispado y m&#x00E1;s o menos sugerente que tanto prolifera en relaci&#x00F3;n con la presencia de lo“neuro” en nuestra cultura. Un estudio de largo aliento, pertrechad&#x00ED;simo en la documentaci&#x00F3;n y capaz de penetrar en territorios disciplinares muy variopintos. Pero en este caso el rigor no va re&#x00F1;ido con la amenidad, con una exposici&#x00F3;n asequible y agradecida para el lector. S&#x00F3;lo dos defectos que se&#x00F1;alar; se echa en falta el acompa&#x00F1;amiento de im&#x00E1;genes y sobre todo que el texto no haya sido a&#x00FA;n vertido al castellano. </p>
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