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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2017.p202</article-id>
				 
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				<subject>RESE&#x00D1;AS / BOOK REVIEWS</subject>
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				<article-title>Rese&#x00F1;a del libro "Melancol&#x00ED;a e Ilustraci&#x00F3;n. Di&#x00E1;logos cervantinos en torno a Cadalso"</article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en"><trans-title>Book review</trans-title></trans-title-group>
				<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
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				 <surname>Pimentel</surname>
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				<year>2017</year>
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				<year>2017</year>
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				<p><bold>Peset, Jos&#x00E9; Luis.</bold>. <italic>Melancol&#x00ED;a e Ilustraci&#x00F3;n. Di&#x00E1;logos cervantinos en torno a Cadalso</italic> . Madrid, Abada, 2015, 268 p&#x00E1;ginas [ISBN 978-84-16160-36-5] </p>
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			<title/>
				
			<p>En la playa de Barcino, frente al mar. Como en los inmortales versos de Le&#x00F3;n Felipe, el autor de este muy personal libro se presenta a la manera del caballero de la triste figura: al final de su aventura intelectual, algo abatido pero aferrado a sus antiguas armas, a sus ideales, as&#x00ED; como a sus demonios y sus fantasmas. Pocas veces el rese&#x00F1;ista lo tuvo m&#x00E1;s f&#x00E1;cil: desde el “pr&#x00F3;logo sin morri&#x00F3;n” (ese yelmo que empleaban los Tercios de Flandes, un gui&#x00F1;o al “pr&#x00F3;logo con morri&#x00F3;n” del Padre Isla en <italic>Fray Gerundio</italic>), Jos&#x00E9; Luis Peset, historiador de la medicina y de la ciencia, disc&#x00ED;pulo de La&#x00ED;n y Granjel, compa&#x00F1;ero y disc&#x00ED;pulo en cierto sentido tambi&#x00E9;n de L&#x00F3;pez Pi&#x00F1;ero, explicita su agenda y detalla por qu&#x00E9; este libro, con qu&#x00E9; fin, c&#x00F3;mo debe leerse en su trayectoria, a la que pretende poner punto final con estos di&#x00E1;logos cervantinos sobre Cadalso.</p>

			<p>Sin morri&#x00F3;n, en efecto: Peset no esconde su identificaci&#x00F3;n con el biografiado, un intelectual de provincias al que le fue ajena la corte, un hombre m&#x00E1;s situado en la periferia que en el poder. Due&#x00F1;o de un estilo largamente trabajado por debajo de su “torpe ali&#x00F1;o indumentario”, Peset hace desfilar a trav&#x00E9;s de estos di&#x00E1;logos ensay&#x00ED;sticos o de este ensayo dialogado o monologado algunos de sus t&#x00F3;picos caracter&#x00ED;sticos y familiares: la universidad y la ense&#x00F1;anza (son cl&#x00E1;sicas sus colaboraciones con su hermano Mariano y con Elena Hern&#x00E1;ndez Sandoica), el ingenio y la melancol&#x00ED;a en el siglo de Oro y la Ilustraci&#x00F3;n, “cuyo fresco desconchado de la ciencia” ha contribuido a restaurar, cuyo colapso o quiebra parece detectar entonces y ahora, en gesto irremediablemente melanc&#x00F3;lico, dif&#x00ED;cil de rebatir, pero necesario apostillar, tal vez enderezar. Nunca el rese&#x00F1;ista lo tuvo m&#x00E1;s dif&#x00ED;cil: su invitaci&#x00F3;n a que otros sigan la tarea, sus reflexiones sobre el alcance y los l&#x00ED;mites de la Ilustraci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola, su insuficiencia y naturaleza, nos tocan a unos cuantos de cerca. El libro puede leerse como un ep&#x00ED;logo con lanza y adarga, una eleg&#x00ED;a de la ciencia ilustrada destinada, m&#x00E1;s que a la “redenci&#x00F3;n patria”, a la defensa de unos valores “para que no empeore aun m&#x00E1;s la vida entre nosotros”. 100% Peset.</p>

			<p>Es un libro exigente: aunque el centro sea Cadalso, sus <italic>Cartas marruecas</italic>, los <italic>eruditos a la violeta</italic> y las <italic>noches l&#x00FA;gubres</italic>, como si fuera un palimpsesto <italic>Ilustraci&#x00F3;n y Melancol&#x00ED;a</italic> conserva y regresa a antiguas escrituras, cuyos rastros pueden leerse p&#x00E1;gina a p&#x00E1;gina. As&#x00ED;, el primer cap&#x00ED;tulo arranca con la gloria de la Marina (el Marqu&#x00E9;s de la Victoria, Jorge Juan, Gatell), se adentra en la otra cara de las expediciones y termina con el coraz&#x00F3;n y la lecturas (las pasiones, la dial&#x00E9;ctica entre raz&#x00F3;n y emoci&#x00F3;n, entre ciencias y letras). Peset deambula con cierto desorden, se entretiene con temas laterales o colaterales, engastados todos con poderosa erudici&#x00F3;n. Algunos distraen del argumento central, otros sin embargo lo iluminan con la brillantez de sus mejores p&#x00E1;ginas: como en las obras de Antonio Canova, el escultor neocl&#x00E1;sico, se nos dice, “en el futuro la melancol&#x00ED;a impregnar&#x00E1; los monumentos funerarios del siglo”, una de esas frases que encierra el libro entero, un di&#x00E1;logo coloquial, un soliloquio que busca la conversaci&#x00F3;n, una pieza que aborda en varios tonos y armon&#x00ED;as el tema de la vida de la fama y la posteridad. ¿Cu&#x00E1;l es el lugar que ocupa el intelectual en el mundo moderno? ¿C&#x00F3;mo construye su imagen y c&#x00F3;mo le gustar&#x00ED;a verse retratado? Cadalso dej&#x00F3; unos versos “al pintor que me ha de retratar”, precisamente, donde el salamantino ped&#x00ED;a que se le pintara al modo festivo, m&#x00E1;s fr&#x00ED;volo que grave, m&#x00E1;s dionisiaco que apol&#x00ED;neo, tal y como ha se&#x00F1;alado &#x00C1;lvarez Barrientos en varios de sus trabajos sobre la representaci&#x00F3;n de los hombres de letras en el siglo XVIII. Pero uno no es due&#x00F1;o de c&#x00F3;mo los dem&#x00E1;s le ven y recuerdan, ni seguramente deba serlo. Quiz&#x00E1;s nuestra mejores p&#x00E1;ginas no sean las que cre&#x00ED;amos y nuestros errores, aquellos que nos golpean la conciencia, quiz&#x00E1;s no fueran tan graves. Uno es muchos, cada texto y cada autor son le&#x00ED;dos por sus contempor&#x00E1;neos y por la posteridad de manera diversa. A unos el mejor Cadalso les parecer&#x00E1; el hombre herido de las noches l&#x00FA;gubres, a otros el desenfadado cr&#x00ED;tico de los violetos. </p>

			<p>El segundo cap&#x00ED;tulo se adentra ya en la envolvente cuesti&#x00F3;n de la dif&#x00ED;cil modernidad espa&#x00F1;ola: una naci&#x00F3;n sin car&#x00E1;cter, sin apenas monumentos, carente de patriotismo al servicio de la naci&#x00F3;n. Rodea la sempiterna pol&#x00E9;mica la ciencia espa&#x00F1;ola, si fue m&#x00E1;s endeble que otras o simplemente m&#x00E1;s aplicada que te&#x00F3;rica, retomando a Forner y Morat&#x00ED;n, a La&#x00ED;n y L&#x00F3;pez Pi&#x00F1;ero, ese tema del que se quiere huir y que siempre regresa, que se a&#x00F1;ora y se teme, como en la canci&#x00F3;n de Serrat. Luego avanza por la academia y la tertulia, por la memoria y el olvido, las guerras de las ciencias y las letras, personificadas por el enfrentamiento entre Voltaire y Maupertuis. La construcci&#x00F3;n del h&#x00E9;roe Jorge Juan a manos de Miguel Sanz, la seriedad de los violetos, la industria nacional y las artes mec&#x00E1;nicas, el papel de Sancho y los ayudantes de c&#x00E1;mara: el registro de temas es grande, as&#x00ED; como el de los recursos de un autor que emplea su vasta cultura literaria, hist&#x00F3;rica, m&#x00E9;dica, musical y hasta cinematogr&#x00E1;fica (aparecen Pasolini y Sorrentino) para coser y trenzar sus argumentos. </p>

			<p>El tercer cap&#x00ED;tulo desciende a los infiernos, a la tensi&#x00F3;n con el Romanticismo y al devaneo con el suicidio. Es la hora de poner a Tediato (el h&#x00E9;roe de las <italic>Noches l&#x00FA;gubres</italic>) en el div&#x00E1;n, donde Peset lo explora con su tambi&#x00E9;n ancha cultura psicoanal&#x00ED;tica  (de Pinel a Kristeva) y lo diagnostica en la l&#x00ED;nea de los dos grandes hispanistas imprescindibles para la materia, Nigel Glendinning y Russell P. Sebold, y de otro m&#x00E1;s reciente, Michael Iarocci, profesor en Berkeley y autor de un libro sustantivo sobre Cadalso, Larra, el Duque de Rivas y la modernidad en el romanticismo espa&#x00F1;ol. El dolor po&#x00E9;tico vincula a Garcilaso con Cadalso; el suicidio es un gesto; la escritura, una man&#x00ED;a. Tras los poetas, los m&#x00E9;dicos: Pinel, Freud y Kraepelin.  Es la vida m&#x00E9;dica y literaria de la melancol&#x00ED;a, el faro, el buque vig&#x00ED;a que conduce a los herederos de Arist&#x00F3;teles y Burton, a los letraheridos todos. </p>

			<p>Finalmente, el cap&#x00ED;tulo cuarto regresa a C&#x00E1;diz y los m&#x00E9;dicos de la Armada, es decir, a Pedro Gatell, autor del <italic>Argonauta</italic> y de varias obras cervantinas, centradas casi todas en la figura de Sancho Panza. Es el turno del peligro de la escritura para la salud mental, tema recurrente desde el Quijote a Madame Bovary. Es la hora del elogio de la vida campestre, de la desilusi&#x00F3;n de la Ilustraci&#x00F3;n, de encarar la enfermedad, la fama y el infierno de los intelectuales. La tristeza y las damas (Peset da muestras aqu&#x00ED; y all&#x00E1; de querer integrar los estudios de g&#x00E9;nero a su gran repertorio) dan paso a los Quijotes del oc&#x00E9;ano y a la fascinaci&#x00F3;n que ejerci&#x00F3; el hidalgo entre algunos de los m&#x00E1;s notables marinos del siglo (el citado Gatell, Fern&#x00E1;ndez Navarrete y Malaspina, aquel “h&#x00E9;roe necesario”). La coda viene con Algarotti y su t&#x00FA;mulo funerario en un libro que se apoya en grabados, esculturas, partituras o versos, que habla de manicomios y escritorios, de aventuras a campo abierto y lecturas &#x00ED;ntimas, que repasa los tonos y declinaciones de la melancol&#x00ED;a y la Ilustraci&#x00F3;n.  </p>

			<p>Es un libro, en efecto, que supone una “sentida y sentimental lectura personal del auge y fracaso de la ilustraci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola”, de su triste colapso, y m&#x00E1;s all&#x00E1;, o m&#x00E1;s adentro, un texto sincero, muy expuesto, en ocasiones &#x00ED;ntimo, erudito siempre, elegante, cargado de lecturas y compromiso. ¿Vencidos? Entre Dem&#x00F3;crito y Her&#x00E1;clito, no da la sensaci&#x00F3;n de derrota, y si lo es, lo fue por una buena causa y de buenos modos. En estas p&#x00E1;ginas, Jos&#x00E9; Luis Peset, una de las referencias de la historia de la ciencia espa&#x00F1;ola de los &#x00FA;ltimos 50 a&#x00F1;os, cabalga de nuevo, sin morri&#x00F3;n, pero con lanza y adarga. </p>
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