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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2017.18</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/asclepio.2017.18</article-id>
			 
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				<subject>ESCENARIOS DE LAS PR&#x00C1;CTICAS PSIQUI&#x00C1;TRICAS EN AM&#x00C9;RICA LATINA (SIGLOS XIX Y XX) / OVERVIEW OF PSYCHIATRIC PRACTICES IN LATIN AMERICA (19TH AND 20TH CENTURIES)</subject>
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				 <article-title>Higiene mental infantil y psicoan&#x00E1;lisis en la Cl&#x00ED;nica de Conducta, Santiago de Chile, 1936-1938</article-title>
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					<trans-title>Child mental hygiene and psychoanalysis at the Clinic of Conduct, Santiago de Chile, 1936-1938</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Higiene mental infantil y psicoan&#x00E1;lisis en la Cl&#x00ED;nica de Conducta, Santiago de Chile, 1936-1938</alt-title>
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			<aff id="U1">Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales / Universidad Andr&#x00E9;s Bello</aff>
			
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				<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="silvana.veto@gmail.com">silvana.veto@gmail.com</email>
					ORCID iD: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://orcid.org/0000-0002-4970-9702">http://orcid.org/0000-0002-4970-9702</ext-link>
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			<pub-date pub-type="epub">		
				<day>31</day>
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				<year>2017</year>
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				<year>2017</year>
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			<volume>69</volume>
			<issue>2</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Tomando en cuenta la importancia del estudio situado en historia de las ciencias, en este art&#x00ED;culo se explora una temprana iniciativa de higiene mental infantil en Chile que aun no ha sido abordada por la literatura especializada: la Cl&#x00ED;nica de Conducta, fundada en Santiago en 1936 como parte de la Escuela Especial de Desarrollo, la cual hab&#x00ED;a sido creada por la Reforma Educacional de 1928. La Cl&#x00ED;nica de Conducta puso en marcha un programa estatal de higiene mental infantil que inclu&#x00ED;a como referencia central al psicoan&#x00E1;lisis, en un periodo en que no era habitual encontrarlo en la bibliograf&#x00ED;a m&#x00E9;dica local. Se analizar&#x00E1; aqu&#x00ED; el contexto de creaci&#x00F3;n de estos servicios, as&#x00ED; como los modos en que la higiene mental y el psicoan&#x00E1;lisis fueron apropiados y utilizados en una instituci&#x00F3;n cuyo principal inter&#x00E9;s no era la defensa o legitimaci&#x00F3;n de una teor&#x00ED;a, sino el abordaje de problem&#x00E1;ticas sociales como la delincuencia y la educaci&#x00F3;n infantil. Aparecen as&#x00ED; algunas caracter&#x00ED;sticas de la historia de los saberes <italic>psi</italic> en Chile, mostrando c&#x00F3;mo se despliegan en el escenario de problem&#x00E1;ticas sociales y c&#x00F3;mo se vinculan con el devenir de otras disciplinas y pr&#x00E1;cticas como la criminolog&#x00ED;a y la pedagog&#x00ED;a.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>Taking stance in a situated perspective, this article looks into one of the first Chilean state initiatives aimed at the study and care of child psyche. This institution that has not yet been explored by specialized literature: the Clinic of Conduct, founded in the city of Santiago in 1936 as part of the Special School of Development, which was created in the context of a the Educational Reform of 1928. The Clinic of Conduct launched a state managed mental hygiene programme that included psychoanalysis as its main reference at a time when psychoanalysis was not yet a regular reference in the local medical world. We are thus interested in analysing context in which this initiatives were created and the ways in which mental hygiene and psychoanalysis were appropriated and used in an institution in which the principal interest was not the defence or legitimation of a singular theory, but the approach to specific social problems such as child delinquency and education. Some characteristics of the history of <italic>psy</italic> knowledges in Chile emerge from this study, showing how they unfold on the scenario of social problems and how they relate to other disciplines and practices such as criminology and pedagogy.</p>
			</trans-abstract>
			
			<kwd-group xml:lang="es">
				<title>PALABRAS CLAVE</title> 
				<kwd>Higiene Mental</kwd>	
				<kwd>Psicoan&#x00E1;lisis</kwd>
				<kwd>Infancia</kwd>
				<kwd>Cl&#x00ED;nica de Conducta</kwd>
				<kwd>Chile</kwd>
			</kwd-group>
			
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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Mental Hygiene</kwd>	
				<kwd>Psychoanalysis</kwd>
				<kwd>Childhood</kwd>
				<kwd>Clinic of Conduct</kwd>
				<kwd>Chile</kwd>
			</kwd-group>
		
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		<sec id="S1">
			<title>INTRODUCCI&#x00D3;N</title>

			<p>Abordar la historia de la salud mental infantil en Chile no parece ser tarea f&#x00E1;cil.<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref> Las fuentes y la historiograf&#x00ED;a son escasas, mientras que las exigencias presentes son urgentes y diversas.<xref ref-type="fn" rid="NOTE2">2</xref> En este art&#x00ED;culo intentaremos abordar una de las primera iniciativas chilenas de salud mental infantil. M&#x00E1;s espec&#x00ED;ficamente, pretendemos describir y analizar la forma en que la higiene mental y el psicoan&#x00E1;lisis fueron apropiados, utilizados y entremezclados en la Cl&#x00ED;nica de Conducta, fundada en 1936 como parte de la Escuela Especial de Desarrollo, creada en 1928 por una radical reforma educacional llevada a cabo ese a&#x00F1;o durante la dictadura de Carlos Ib&#x00E1;&#x00F1;ez del Campo (1927-1931). Para entender c&#x00F3;mo el psicoan&#x00E1;lisis se insert&#x00F3; en este programa de higiene mental infantil, es necesario primero situar la Cl&#x00ED;nica de Conducta en el contexto de las transformaciones de comienzos de siglo XX en materia de educaci&#x00F3;n y los cambios culturales y sociales referidos a la infancia.<xref ref-type="fn" rid="NOTE3">3</xref> Con ese objetivo, abordaremos primero algunas de las transformaciones ocurridas en Chile en las primeras d&#x00E9;cadas del siglo XX respecto del modo en que se entend&#x00ED;a la infancia y la adolescencia, plasm&#x00E1;ndose hacia la d&#x00E9;cada de 1920 en diversas legislaciones que apuntaron a la protecci&#x00F3;n, educaci&#x00F3;n y reeducaci&#x00F3;n de los ni&#x00F1;os, ni&#x00F1;as y adolescentes. Posteriormente, nos detendremos en las reformas que hacia 1928 llevaron a la fundaci&#x00F3;n de la Escuela Especial de Desarrollo, en la cual se aloj&#x00F3; luego la Cl&#x00ED;nica de Conducta. Despu&#x00E9;s de ello, desarrollaremos algunas ideas referidas a la higiene mental en Chile, para terminar indagando en las intersecciones entre higiene mental y psicoan&#x00E1;lisis llevadas a cabo la Cl&#x00ED;nica de Conducta entre 1936 y 1938.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S2">
			<title>INFANCIA Y ADOLESCENCIA EN CHILE HACIA 1920</title>

			<p>La creaci&#x00F3;n de la Escuela Especial de Desarrollo y de la Cl&#x00ED;nica de Conducta, as&#x00ED; como de otras instituciones y pr&#x00E1;cticas relativas a la protecci&#x00F3;n de la infancia en Chile, deben ser entendidas en el contexto de los efectos que tuvieron en Am&#x00E9;rica Latina las transformaciones ocurridas entre las d&#x00E9;cadas de 1880 y de 1920 en Estados Unidos y Europa respecto de la forma de entender y abordar la infancia y la adolescencia. </p>

			<p>Estas transformaciones –que no abordaremos aqu&#x00ED; en detalle–, se dejan sentir fuertemente en Chile en la nueva legislaci&#x00F3;n que dominar&#x00E1; desde 1929 el abordaje de la infancia y la adolescencia bajo el t&#x00E9;rmino “menores”, plasm&#x00E1;ndose en referencias, conceptos, herramientas e instituciones pertenecientes tanto al &#x00E1;mbito jur&#x00ED;dico, como tambi&#x00E9;n educativo, m&#x00E9;dico y asistencial.<xref ref-type="fn" rid="NOTE4">4</xref></p>

			<p>Los procesos de “sacralizaci&#x00F3;n” (Zelizer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT90">1994</xref>) y de “estandarizaci&#x00F3;n” (Sommerville, <xref ref-type="bibr" rid="CIT73">1990</xref>) de la infancia, registrados en Europa y Estados Unidos entre 1880 y 1920, impactaron fuertemente en Am&#x00E9;rica Latina y Chile en particular hacia la d&#x00E9;cada de 1920, traduci&#x00E9;ndose en nuevas legislaciones que apuntaban a la protecci&#x00F3;n, educaci&#x00F3;n o, en su defecto reeducaci&#x00F3;n de los ni&#x00F1;os, ni&#x00F1;as y adolescentes.<xref ref-type="fn" rid="NOTE5">5</xref> La infancia comienza a ser valorizada como una etapa fundamental del desarrollo que debe ser protegida y asegurada para cada ser humano, debiendo el Estado garantizarla vigilando y fiscalizando a las familias. Con la extensi&#x00F3;n de la educaci&#x00F3;n obligatoria, el establecimiento del Estado Asistencial, el desarrollo de las disciplinas <italic>psi</italic> y de la medicina social, la influencia de los programas de higiene social y mental, se fue forjando un modelo estandarizado de infancia y adolescencia que respond&#x00ED;a, a su vez, a una visi&#x00F3;n ut&#x00F3;pica de la sociedad. Como se&#x00F1;alara Cunningham (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2005</xref>) para el caso europeo post Primera Guerra Mundial, tambi&#x00E9;n en Chile hacia 1920 la infancia era considerada un tema p&#x00FA;blico de car&#x00E1;cter cr&#x00ED;tico, donde &#x00E9;sta aparec&#x00ED;a como la clave para construir y defender “el futuro de la naci&#x00F3;n y de la raza” (p. 191). El modelo estandarizado de infancia y adolescencia fue dibujando las fronteras de lo que era considerado “normal” y “anormal” para los ni&#x00F1;os y ni&#x00F1;as de acuerdo a su sexo y edad y as&#x00ED;, de acuerdo a este ideal, los ni&#x00F1;os comenzaron a ser evaluados, observados y tratados por las distintas pr&#x00E1;cticas e instituciones especializadas. </p>

			<p>En 1920 se aprueba en Chile la Ley de Instrucci&#x00F3;n Primaria Obligatoria. En el contexto de la “cuesti&#x00F3;n social”, la educaci&#x00F3;n se instaur&#x00F3; como una de las principales armas para luchar contra los problemas de higiene y las “enfermedades de trascendencia social” (como la tuberculosis, la s&#x00ED;filis, el alcoholismo, la prostituci&#x00F3;n, entre otras) que diezmaban a la poblaci&#x00F3;n y amenazaban lo que en aquella &#x00E9;poca era concebido como “raza chilena”. En el marco de un fuerte esp&#x00ED;ritu nacionalista que traspasaba los colores pol&#x00ED;ticos (Barr-Melej, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2001</xref>), dicha ley pretend&#x00ED;a ampliar la educaci&#x00F3;n a los sectores populares. Sin embargo, sus deficiencias no tardaron en hacerse evidentes. Como se&#x00F1;alara Rojas Flores: “En la d&#x00E9;cada de 1920, diversos sectores participaron en un activo debate sobre la educaci&#x00F3;n primaria y secundaria, dejando en evidencia sus limitaciones y potencialidades” (Rojas Flores, <xref ref-type="bibr" rid="CIT61">2010</xref>, p. 327). Ya para 1924, los diagn&#x00F3;sticos acerca de la implementaci&#x00F3;n de la ley eran fatales: “se plante&#x00F3; que &#x00E9;sta hab&#x00ED;a fracasado en sus prop&#x00F3;sitos, ya que ni la matr&#x00ED;cula ni la asistencia hab&#x00ED;an crecido en forma significativa, y tampoco el n&#x00FA;mero de escuelas y maestros” (Rojas Flores, <xref ref-type="bibr" rid="CIT61">2010</xref>, p. 328).</p>

			<p>Aunque la ley fue aprobada en 1920, fueron necesarias diversas transformaciones a nivel cultural y social, para que las nuevas representaciones acerca de la infancia tomaran cuerpo en pr&#x00E1;cticas e instituciones espec&#x00ED;ficas. A partir de 1925, con la aprobaci&#x00F3;n de la nueva Constituci&#x00F3;n Pol&#x00ED;tica y las reformas sociales, comenz&#x00F3; a gestarse la modernizaci&#x00F3;n del Estado y la construcci&#x00F3;n de un Estado asistencial. En ese contexto, disciplinas como la medicina, la pedagog&#x00ED;a y el trabajo social comenzaron a tener mayor presencia e injerencia p&#x00FA;blica. El foco de las pol&#x00ED;ticas p&#x00FA;blicas orientadas a abordar los problemas sociales de la &#x00E9;poca, como las “enfermedades de trascendencia social”, pero tambi&#x00E9;n la mortalidad, el abandono, el vagabundaje y la delincuencia infantil, pasaban a enfocarse en la profilaxis, la prevenci&#x00F3;n y la re-educaci&#x00F3;n, antes que en el castigo, el tratamiento o la curaci&#x00F3;n <italic>ex post</italic>.<xref ref-type="fn" rid="NOTE6">6</xref> Es as&#x00ED; como hacia fines de la d&#x00E9;cada, hay dos iniciativas legales que tienen gran importancia en este &#x00E1;mbito, y que reflejan muy claramente los cambios en las visiones y percepciones acerca de la infancia en Chile: la aprobaci&#x00F3;n de la Ley de Protecci&#x00F3;n de Menores y la Reforma Educacional, ambas en 1928. </p>

			<p>La Ley de Protecci&#x00F3;n de Menores, inspirada en cuerpos legales similares en pa&#x00ED;ses de Europa y en Estados Unidos, as&#x00ED; como en el esp&#x00ED;ritu de la Declaraci&#x00F3;n de Ginebra, de 1924,<xref ref-type="fn" rid="NOTE7">7</xref> pretend&#x00ED;a hacerse cargo del abandono, concebido como la causa fundamental de la delincuencia infantil.<xref ref-type="fn" rid="NOTE8">8</xref> Por medio de esta ley, el Estado se har&#x00ED;a cargo de aquellos ni&#x00F1;os menores de 21 a&#x00F1;os que se encontraban en lo que llamaba “situaci&#x00F3;n irregular”: por distintos motivos hab&#x00ED;an sido despose&#x00ED;dos del cuidado parental y se encontraban, por ello, en “peligro material o moral”. De ese modo, la ley apuntaba no solamente a quienes hab&#x00ED;an cometido alg&#x00FA;n delito, sino tambi&#x00E9;n a aquellos ni&#x00F1;os cuya situaci&#x00F3;n de vida los transformaba en potenciales delincuentes. En este sentido, la ley no solamente castigaba las alteraciones al orden social, sino que tambi&#x00E9;n las preven&#x00ED;a de ocurrir en el futuro, y en ese sentido ten&#x00ED;a un doble prop&#x00F3;sito: de defensa social y de re-educaci&#x00F3;n (Gajardo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">1929</xref>). Los ni&#x00F1;os ya no eran concebidos como perpetradores, sino como v&#x00ED;ctimas del medio social y familiar –lo que el Juez de Menores Samuel Gajardo denominaba “la tiran&#x00ED;a del ambiente”– y por ende las acciones que deb&#x00ED;an implementarse a su respecto no deb&#x00ED;an orientarse a castigarlos, sino a mejorar sus condiciones de vida para que, a trav&#x00E9;s de la educaci&#x00F3;n, pudiera evitarse que desviaran su rumbo hacia la delincuencia.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S3">
			<title>LA REFORMA EDUCACIONAL DE 1928 Y LA CREACI&#x00D3;N DE LA ESCUELA ESPECIAL DE DESARROLLO</title>

			<p>En el contexto del fracaso de los objetivos de la Ley de Instrucci&#x00F3;n Primaria Obligatoria, hacia mediados de 1920 se comenzaron a introducir en Chile las tesis del movimiento pedag&#x00F3;gico que se desarrollaba en Estados Unidos y en algunos pa&#x00ED;ses de Europa, denominado “Escuela Nueva” o “Escuela Activa”. Estas tesis se encontrar&#x00ED;an a la base del proyecto de reforma presentado en 1925 por algunos profesores pertenecientes a la Asociaci&#x00F3;n General de Profesores (AGP) al Presidente Arturo Alessandri Palma luego del entusiasmo reformista levantado por el “Ruido de Sables” y la creaci&#x00F3;n de la nueva Constituci&#x00F3;n.<xref ref-type="fn" rid="NOTE9">9</xref> Dicho proyecto “pon&#x00ED;a en el centro de los fundamentos de la reforma al educando, cuyas necesidades se consideraban determinantes de la estructura del sistema de educaci&#x00F3;n” (Serrano, Ponce de Le&#x00F3;n y Rengifo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT71">2012</xref>, p. 266). </p>

			<p>La AGP estaba compuesta fundamentalmente por educadores formados en el Instituto Pedag&#x00F3;gico, el cual ten&#x00ED;a una reconocida y fuerte tradici&#x00F3;n germ&#x00E1;nica e impronta psicol&#x00F3;gica (Sanhueza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT70">2013</xref>; Alarc&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2010</xref>). En un esp&#x00ED;ritu de modernizaci&#x00F3;n y fuerte positivismo cient&#x00ED;fico, estas instituciones pretend&#x00ED;an levantar la pedagog&#x00ED;a chilena sobre bases cient&#x00ED;ficas, fundamentalmente a trav&#x00E9;s de la experimentaci&#x00F3;n psicol&#x00F3;gica (Mann, <xref ref-type="bibr" rid="CIT51">1936</xref>). Los educadores de la AGP, muchos de ellos comisionados por el gobierno de Chile para formarse en los centros pedag&#x00F3;gicos donde se desarrollaban los principios de la Escuela Activa, criticaban fuertemente el sistema educativo chileno, entre otras cosas, por tender a la homogenizaci&#x00F3;n de los ni&#x00F1;os, sin prestar atenci&#x00F3;n a las diferencias individuales. La Escuela Nueva, por el contrario, propon&#x00ED;a una educaci&#x00F3;n centrada en la personalidad y habilidades f&#x00ED;sicas e intelectuales de los ni&#x00F1;os (Salas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT66">1942</xref>; Reyes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT59">2010</xref>), en el saber-hacer y en la autonom&#x00ED;a, implicando por ello una visi&#x00F3;n m&#x00E1;s pol&#x00ED;tica de la educaci&#x00F3;n, como herramienta de transformaci&#x00F3;n social y de profundizaci&#x00F3;n de la democracia. </p>

			<p>A pesar del esp&#x00ED;ritu modernizador de 1924-1925, el proyecto de reforma impulsado por la AGP tuvo que esperar hasta el primer mandato de Ib&#x00E1;&#x00F1;ez del Campo, una dictadura que se extendi&#x00F3; entre 1927 y 1931, durante la cual parad&#x00F3;jicamente se llev&#x00F3; a cabo esta reforma educacional de caracter&#x00ED;sticas sumamente revolucionarias. Como se&#x00F1;ala Reyes (<xref ref-type="bibr" rid="CIT59">2010</xref>), los fundamentos de esta reforma “iluminaron, de hecho, el proceso de renovaci&#x00F3;n del sistema escolar en Chile durante las siguientes d&#x00E9;cadas” (p. 47), plasm&#x00E1;ndose en la reforma de 1928. En ella se estipulaba que la educaci&#x00F3;n ten&#x00ED;a por objeto favorecer el “desarrollo integral del individuo, de acuerdo con las vocaciones que manifieste, para su m&#x00E1;xima capacidad productora intelectual y manual. Tender&#x00E1; a formar, dentro de la cooperaci&#x00F3;n y de la solidaridad, un conjunto social digno y capaz de un trabajo creador” (DFL Nº 7.500, T&#x00ED;tulo I, Art. 3º, 1927). Se trata de un programa centrado en el estudiante, su vocaci&#x00F3;n y potencialidades, donde su propio desarrollo se concibe como parte integral del desarrollo de la sociedad. </p>

			<p>Se afirma, adem&#x00E1;s, que “la educaci&#x00F3;n se desarrollar&#x00E1; de acuerdo con planes, programas y m&#x00E9;todos basados en la evoluci&#x00F3;n psicofisiol&#x00F3;gica del educando” (DFL Nº 7.500, T&#x00ED;tulo I, Art. 4º, 1927). Esto es, que los programas pedag&#x00F3;gicos se apoyaran fundamentalmente en la interrelaci&#x00F3;n entre los descubrimientos y propuestas de la psicolog&#x00ED;a y la biolog&#x00ED;a humana, lo cual, sumado al inter&#x00E9;s por lo individual, otorga una noci&#x00F3;n universal respecto de los procesos “normales” del desarrollo infantil.</p>

			<p>Considerando esta preocupaci&#x00F3;n por las diferencias individuales y por la “evoluci&#x00F3;n psicofisiol&#x00F3;gica” de los ni&#x00F1;os, la reforma distingu&#x00ED;a y creaba diversos tipos de escuela –llamadas en los sucesivo “escuelas experimentales”–, entre las cuales estaba la escuela rural, la urbana, la granja y una “escuela hogar para ni&#x00F1;os indigentes, d&#x00E9;biles y de inferioridad org&#x00E1;nica, anormales y retrasados mentales” (DFL Nº 7.500, T&#x00ED;tulo II, Art. 17º, 1927), que ser&#x00ED;a la Escuela Especial de Desarrollo. Esta &#x00FA;ltima introduc&#x00ED;a los primeros pilares de la educaci&#x00F3;n diferencial en Chile (Rojas Flores, <xref ref-type="bibr" rid="CIT61">2010</xref>) y abr&#x00ED;a tambi&#x00E9;n con ello un campo de trabajo para “expertos” interesados por aquellos ni&#x00F1;os cuyos procesos de desarrollo parec&#x00ED;an desviarse de la norma esperada para su edad. </p>

			<p>Entre las escuelas experimentales se distingu&#x00ED;an entre las de “experimentaci&#x00F3;n amplia” y las de “experimentaci&#x00F3;n limitada”, que deb&#x00ED;an dedicarse a la investigaci&#x00F3;n pedag&#x00F3;gica y servir como “campos de observaci&#x00F3;n y medios de perfeccionamiento del profesorado en general” (DFL Nº 5.291, T&#x00ED;tulo V, Art. 102º, 1930). Las de experimentaci&#x00F3;n limitada, entre las cuales se encontraba la de Desarrollo, estaban “destinadas a poner en pr&#x00E1;ctica, en las condiciones propias de nuestro pa&#x00ED;s, los planes y m&#x00E9;todos de educaci&#x00F3;n que se ensayen con buen &#x00E9;xito en el extranjero, a fin de decidir sobre la conveniencia de incorporarlos, sea parcial o totalmente, en el sistema escolar” (DFL Nº 5.291, T&#x00ED;tulo V, Art. 102º, 1930). </p>

			<p>La Escuela Especial de Desarrollo, orientada a la investigaci&#x00F3;n pedag&#x00F3;gica y a la educaci&#x00F3;n de los ni&#x00F1;os considerados “d&#x00E9;biles mentales”, incluy&#x00F3; el ensayo de formas de educaci&#x00F3;n especial desarrolladas de EE.UU. fundamentalmente, en el contexto de la Escuela Nueva y de la higiene mental, tema al que nos referiremos pronto. Esta escuela fue dirigida primero por el estadounidense Lloyd N. Yepsen, del <italic>Teachers College</italic> de la Universidad de Columbia, quien fue sustituido en 1931 por el chileno formado en la Universidad de California, Jos&#x00E9; Flores Mu&#x00F1;oz y, m&#x00E1;s tarde por Juan Sandoval Carrasco, quien cre&#x00F3; una secci&#x00F3;n “dedicada a la educaci&#x00F3;n de los ni&#x00F1;os retardados mentales con sistema de internado” (Caiceo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2009</xref>, p. 106).<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref></p>

			<p>Considerando la creaci&#x00F3;n de esta secci&#x00F3;n con r&#x00E9;gimen de internado, as&#x00ED; como la primera descripci&#x00F3;n de esta Escuela Especial en la ley de 1927 como instituci&#x00F3;n que deb&#x00ED;a incluir a “d&#x00E9;biles” y “retrasados mentales”, pero tambi&#x00E9;n “indigentes” y “anormales”, podemos coincidir con la afirmaci&#x00F3;n de Le&#x00F3;n y Rojas (<xref ref-type="bibr" rid="CIT50">2015</xref>) de que se trataba de un organismo que “combinaba la educaci&#x00F3;n, la asistencia, la prevenci&#x00F3;n y el control de los menores” (p. 6). Esta Escuela intent&#x00F3; atacar as&#x00ED; un problema que era no s&#x00F3;lo de car&#x00E1;cter educativo, sino tambi&#x00E9;n social y jur&#x00ED;dico: ¿qu&#x00E9; hacer, por un lado, con los ni&#x00F1;os que necesitan m&#x00E9;todos e instituciones especiales de educaci&#x00F3;n, y por el otro, con los delincuentes o abandonados que se encuentran en “peligro material o moral”?<xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref></p>

		</sec>
		
		<sec id="S4">
			<title>LA PSIQUE INFANTIL, EL MOVIMIENTO DE HIGIENE MENTAL Y LA CL&#x00CD;NICA DE CONDUCTA</title>

			<p>En 1930, el Dr. Juan Garafulic (<xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1955</xref>) cre&#x00F3; en la Escuela Especial de Desarrollo una Secci&#x00F3;n de Observaciones, la cual, tomando el modelo de la Secci&#x00F3;n de Observaci&#x00F3;n y Clasificaci&#x00F3;n de la Casa de Menores de Santiago, estaba enfocada en diagnosticar a los ni&#x00F1;os que llegaban a la Escuela Especial de Desarrollo. Dicho diagn&#x00F3;stico ten&#x00ED;a la finalidad de determinar si el posterior destino de estos ni&#x00F1;os ser&#x00ED;a efectivamente una instituci&#x00F3;n orientada a la educaci&#x00F3;n especial, o si deb&#x00ED;an ser enviados en su lugar a una instituci&#x00F3;n m&#x00E9;dica dedicada al tratamiento de trastornos “psico o neurop&#x00E1;ticos” (Garafulic y Lea-Plaza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">1936</xref>). </p>

			<p>En 1936 se funda una nueva instituci&#x00F3;n, anexa a la Escuela Especial de Desarrollo, denominada Cl&#x00ED;nica de Conducta, la cual seg&#x00FA;n su director, el psiquiatra Guillermo Ag&#x00FC;ero, y el pediatra Alberto Gallinato, pod&#x00ED;a ser considerada tambi&#x00E9;n una “cl&#x00ED;nica de psicopatolog&#x00ED;a infantil” o “secci&#x00F3;n de higiene mental infantil” (1936, p. 4). Esta cl&#x00ED;nica ten&#x00ED;a como objetivo “servir las necesidades de las Escuelas en lo que se refiere a la existencia de ni&#x00F1;os anormales desde el punto de vista mental”, y “el estudio y soluci&#x00F3;n posible de los ni&#x00F1;os mentalmente anormales repartidos en las Escuelas Primarias” (Ag&#x00FC;ero y Gallinato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1936</xref>, p. 3). Es decir, deb&#x00ED;a recibir a aquellos ni&#x00F1;os que hab&#x00ED;an sido enviados a la Escuela Especial de Desarrollo desde las escuelas primarias y otras instituciones vinculadas a la infancia, de los cuales se sospechara alg&#x00FA;n nivel de “anormalidad mental”, para su diagn&#x00F3;stico m&#x00E1;s preciso, y para su tratamiento.</p>

			<p>Dentro de su esbozo hist&#x00F3;rico de la psiquiatr&#x00ED;a chilena, Garafulic establece que el primer “servicio de neuro-psiquiatr&#x00ED;a infantil” para “alienados cr&#x00F3;nicos” en Chile fue creado por iniciativa del Dr. Hugo Lea-Plaza en la Quinta Bella, dependiente del Manicomio Nacional, en 1937 (Garafulic, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1955</xref>, p. 70), es decir, casi una d&#x00E9;cada despu&#x00E9;s de la puesta en funcionamiento de la Escuela Especial de Desarrollo y de la Secci&#x00F3;n de Observaci&#x00F3;n de la Casa de Menores, y un a&#x00F1;o despu&#x00E9;s de que se abrieran las puertas de la Cl&#x00ED;nica de Conducta. En este sentido, puede decirse que estas experiencias previas, que se desarrollaron en campos disciplinares ajenos a la medicina, como son la pedagog&#x00ED;a y la justicia, fueron sin embargo precursoras del cuidado y la atenci&#x00F3;n psiqui&#x00E1;trica y psicol&#x00F3;gica de la infancia en Chile, imprimiendo a la posterior emergencia de la psiquiatr&#x00ED;a y la psicolog&#x00ED;a infantil, unos sellos que es necesario distinguir y analizar. </p>

			<p>De este modo, es necesario establecer en primera instancia que en Chile la preocupaci&#x00F3;n por aquello que de modo intencionalmente amplio hemos llamado la “psique infantil”, se puso en juego en distintos campos, particularmente la pedagog&#x00ED;a y la justicia, y que la emergencia de campos especializados, como la psiquiatr&#x00ED;a y la psicolog&#x00ED;a, fue en parte un resultado de las tensiones y negociaciones establecidas en esos otros campos a prop&#x00F3;sito de ciertas pr&#x00E1;cticas, como fueron especialmente la medici&#x00F3;n de la inteligencia y la descripci&#x00F3;n caracterol&#x00F3;gica.</p>

			<p>En Chile, el inter&#x00E9;s por la psique infantil apareci&#x00F3; primero en el campo pedag&#x00F3;gico. En 1905, el profesor R&#x00F3;mulo Pe&#x00F1;a Maturana fundaba el primer laboratorio de psicolog&#x00ED;a experimental del pa&#x00ED;s en la Escuela Normal de la ciudad de Copiap&#x00F3; (Abarca y Winkler, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2013</xref>; Salas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT67">2012</xref>; Poblete, <xref ref-type="bibr" rid="CIT58">1980</xref>). En 1908, el profesor alem&#x00E1;n Wilhelm Mann fundaba en Santiago el Laboratorio de Psicolog&#x00ED;a Experimental del Instituto Pedag&#x00F3;gico (&#x00E9;ste &#x00FA;ltimo creado en 1889), el cual dirigi&#x00F3; hasta 1923, siendo sucedido por Luis Alfredo Tirapegui.<xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref> Tanto para Pe&#x00F1;a Maturana como para Mann, estos laboratorios deb&#x00ED;an servir a las necesidades de la pedagog&#x00ED;a chilena, evaluando y estableciendo la tipolog&#x00ED;a del estudiantado nacional. La psicolog&#x00ED;a aparec&#x00ED;a, as&#x00ED;, como una herramienta pedag&#x00F3;gica, y se desarrollaba primero con ese estatuto, lejos de ser considerada una disciplina independiente con un objeto propio.</p>

			<p>Con esta finalidad pedag&#x00F3;gica, Tirapegui es el primero en realizar esfuerzos sistem&#x00E1;ticos de medici&#x00F3;n del estudiantado nacional y de estandarizaci&#x00F3;n de tests psicol&#x00F3;gicos en Chile. En 1925, estandariz&#x00F3; la escala Stanford-Binet (Tirapegui, <xref ref-type="bibr" rid="CIT77">1925</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT78">1941</xref>), el cual fue aplicado a m&#x00E1;s de 1.000 ni&#x00F1;os en escuelas p&#x00FA;blicas entre 1922 y 1925 (Salas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT66">1942</xref>).<xref ref-type="fn" rid="NOTE13">13</xref> En 1927 public&#x00F3; la adaptaci&#x00F3;n del Test de Cubos de Kohs, el cual estaba destinado a medir la inteligencia a trav&#x00E9;s de la imitaci&#x00F3;n y la performance visual y espacial (Tirapegui, <xref ref-type="bibr" rid="CIT78">1941</xref>). Public&#x00F3; tambi&#x00E9;n la adaptaci&#x00F3;n de la escala Alpha de los <italic>National Intelligence Tests</italic>, creados por Robert M. Yerkes y utilizados en la armada estadounidense para medir la inteligencia, y entre 1927 y 1928 desarroll&#x00F3; otras dos investigaciones, una destinada a medir la inteligencia de los ni&#x00F1;os delincuentes,<xref ref-type="fn" rid="NOTE14">14</xref> y otra orientada a determinar la edad normal para los diversos cursos de la escuela primaria y del Liceo (Salas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT66">1942</xref>, p. 144).</p>

			<p>Con la puesta en funcionamiento del sistema de protecci&#x00F3;n de menores a partir de enero de 1929, las mediciones de la inteligencia pasaron de ser una preocupaci&#x00F3;n casi exclusiva del campo educacional, a ocupar tambi&#x00E9;n el campo judicial. Los tests que hab&#x00ED;an sido estandarizados por Tirapegui para fines pedag&#x00F3;gicos, fueron utilizados en el campo jur&#x00ED;dico, con fines tanto de control social, como de re-educaci&#x00F3;n. Al revisar los expedientes judiciales de los ni&#x00F1;os y j&#x00F3;venes que llegaban al Tribunal Especial de Menores de Santiago entre 1929 y 1942, hemos podido identificar que muchos de ellos eran enviados a “observaci&#x00F3;n” a la Casa de Menores de Santiago, donde en la ya mencionada Secci&#x00F3;n de Observaci&#x00F3;n y Clasificaci&#x00F3;n se les aplicaban las pruebas de inteligencia que hab&#x00ED;an sido adaptadas por Tirapegui, pero ahora con la doble finalidad de estudiar cient&#x00ED;ficamente a los ni&#x00F1;os “anormales”, a la vez que determinar judicialmente sus destinos.<xref ref-type="fn" rid="NOTE15">15</xref></p>

			<p>En efecto, la Ley de Protecci&#x00F3;n de Menores respondi&#x00F3; tambi&#x00E9;n en parte a un cambio que hab&#x00ED;a comenzado a cimentarse en el contexto judicial, particularmente en el derecho penal, donde se hab&#x00ED;a pasado desde el paradigma de la Escuela Cl&#x00E1;sica hacia el de la Escuela Positiva, teniendo como consecuencias el desarrollo de las teor&#x00ED;as de la minoridad, de la Medicina Legal<xref ref-type="fn" rid="NOTE16">16</xref> y la Criminolog&#x00ED;a, &#x00E1;mbitos en los cuales el conocimiento de la psicolog&#x00ED;a del delincuente, fuera adulto o infantil, era central.<xref ref-type="fn" rid="NOTE17">17</xref></p>

			<p>Siguiendo el derrotero hist&#x00F3;rico que se ha venido trazando en este art&#x00ED;culo, puede sostenerse que la creaci&#x00F3;n de la Cl&#x00ED;nica de Conducta es una muestra elocuente de esta intersecci&#x00F3;n entre pedagog&#x00ED;a, criminolog&#x00ED;a y psicolog&#x00ED;a infantil en el contexto ya no exclusivamente educativo, ni judicial, sino tambi&#x00E9;n m&#x00E9;dico. Tuvo, adem&#x00E1;s, la novedad de incorporar en su arsenal te&#x00F3;rico-metodol&#x00F3;gico al psicoan&#x00E1;lisis, el cual si bien ya ten&#x00ED;a cierta presencia entre pedagogos, juristas, m&#x00E9;dicos y otros intelectuales antes de 1936, aun no se plasmaba claramente como inspiraci&#x00F3;n de un proyecto de intervenci&#x00F3;n psicol&#x00F3;gica, menos aun de car&#x00E1;cter estatal. La Cl&#x00ED;nica de Conducta respond&#x00ED;a precisamente a estas caracter&#x00ED;sticas particulares: era una instituci&#x00F3;n de car&#x00E1;cter estatal que se enmarcaba en un proyecto de higiene mental infantil.<xref ref-type="fn" rid="NOTE18">18</xref></p>

			<p>No existen investigaciones previas en Chile sobre esta Cl&#x00ED;nica, ni tampoco han podido a la fecha encontrarse archivos que permitan su estudio desde la perspectiva de las pr&#x00E1;cticas. No obstante, sabemos que la Cl&#x00ED;nica funcion&#x00F3; al menos hasta 1940, fecha despu&#x00E9;s de la cual ya no encontramos m&#x00E1;s bibliograf&#x00ED;a referida a ella. Adem&#x00E1;s, en el art&#x00ED;culo de Garafulic obtenemos una pista coincidente con esta fecha de desaparici&#x00F3;n: &#x00E9;l indica que a partir de 1940 los servicios de psiquiatr&#x00ED;a infantil previamente desarrollados, como el establecido en 1937 en el Manicomio Nacional; la Secci&#x00F3;n de Observaci&#x00F3;n de la Casa de Menores; la Secci&#x00F3;n de Observaciones de la Escuela Especial de Desarrollo, fueron incluidos “como servicios especializados en los hospitales Roberto del R&#x00ED;o, Arriar&#x00E1;n, Calvo Mackenna, en la Direcci&#x00F3;n General de Protecci&#x00F3;n a la Infancia, Manicomio Nacional y Cl&#x00ED;nica Psiqui&#x00E1;trica Universitaria” (Garafulic, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1955</xref>, p. 70). De esta manera, podemos pensar que a partir de 1940 aquellas instituciones vinculadas a la prevenci&#x00F3;n, clasificaci&#x00F3;n y tratamiento de las enfermedades mentales en la infancia, incluida la Cl&#x00ED;nica de Conducta, perdieron su autonom&#x00ED;a previa, siendo disueltas en las estructuras institucionales de los hospitales.</p>

			<p>Es importante se&#x00F1;alar que el nombre “Cl&#x00ED;nica de Conducta”, proviene de un tipo de instituci&#x00F3;n creado precisamente en el marco del movimiento de higiene mental instaurado en Estados Unidos por Clifford W. Beers (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1908</xref>) a comienzos del siglo XX. Este movimiento sosten&#x00ED;a “la idea de que la promoci&#x00F3;n del bienestar infantil podr&#x00ED;a prevenir disfunciones de la adultez” (Richardson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT60">1989</xref>, p. 2), es decir, que era necesario implementar programas de cuidado y de prevenci&#x00F3;n de las enfermedades en las infancia, para as&#x00ED; asegurar la existencia de adultos sanos, y, con ello, de una sociedad sana. Por ello, este movimiento combinaba la preocupaci&#x00F3;n por la infancia con una “utop&#x00ED;a tecno-cient&#x00ED;fica”, es decir, la confianza en que el bienestar social –amenazado por los efectos nocivos de la industrializaci&#x00F3;n– iba a ser provocado por la utilizaci&#x00F3;n racional y sistem&#x00E1;tica de los avances cient&#x00ED;ficos y tecnol&#x00F3;gicos en el campo de los problemas sociales desde una perspectiva estatal, administrativa y orientada primariamente a la poblaci&#x00F3;n antes que a los individuos (Grob, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">1987</xref>). De este modo, educaci&#x00F3;n, higiene mental y Estado establecieron una trama de intercambio interesante, que se haya a la base de programas como el implementado por la Cl&#x00ED;nica de Conducta. </p>

			<p>Por otra parte, en Chile la higiene mental se sosten&#x00ED;a tambi&#x00E9;n en discursos nacionalistas presentes en partidos pol&#x00ED;ticos tanto de izquierda, como de centro y de derecha. Las enfermedades mentales, al igual que las enfermedades de trascendencia social se conceb&#x00ED;an como males f&#x00E1;cilmente reproducibles en las generaciones descendientes de quienes se desenvuelven y viven sus vidas en condiciones de pobreza y falta de educaci&#x00F3;n, y la lucha contra ellas, se entend&#x00ED;a como una responsabilidad vinculada a la defensa de la patria y de la raza.<xref ref-type="fn" rid="NOTE19">19</xref> </p>

			<p>La historia de la higiene mental en Chile tampoco ha sido suficientemente investigada aun.<xref ref-type="fn" rid="NOTE20">20</xref> Por los estudios de Ana Mar&#x00ED;a Talak (<xref ref-type="bibr" rid="CIT75">2005</xref>) en Argentina, sabemos que en dicho pa&#x00ED;s la higiene mental se desarroll&#x00F3; en estrecha colaboraci&#x00F3;n con la psiquiatr&#x00ED;a y sus instituciones hospitalarias y universitarias, a diferencia de Estados Unidos, donde recibi&#x00F3; sus impulsos m&#x00E1;s decisivos desde &#x00E1;mbitos ajenos a dicho campo disciplinar, como el derecho, la pedagog&#x00ED;a y la pol&#x00ED;tica (Grob, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">1987</xref>). Como destaca Talak, en Argentina, donde se fund&#x00F3; una Liga de Higiene Mental en 1929, &#x00E9;sta se desarroll&#x00F3; en estrecha relaci&#x00F3;n con la eugenesia, dando forma a la entonces llamada “medicina social”, y tambi&#x00E9;n en relaci&#x00F3;n con el emergente saber psicol&#x00F3;gico. Hasta donde hemos podido indagar, en Chile la higiene mental sigui&#x00F3; trayectorias similares a Argentina. En 1931 se fund&#x00F3; en Santiago la Liga de Higiene Mental,<xref ref-type="fn" rid="NOTE21">21</xref> cuyo principal objetivo era prevenir las enfermedades mentales, poniendo su acento en la cuesti&#x00F3;n de la heredabilidad de los caracteres adquiridos y la degeneraci&#x00F3;n, es decir, en la posibilidad de que un ambiente defectuoso termine reproduciendo en los descendientes aberraciones o taras consideradas signos de enfermedad mental (Arce Molina, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1937</xref>). De ese modo, entremezclaba la preocupaci&#x00F3;n por la herencia con aquella por el ambiente, y por ese motivo parte importante de sus intereses estuvieron enfocados en la infancia, en el emergente saber psicol&#x00F3;gico y en formas de “eugenesia negativa”.<xref ref-type="fn" rid="NOTE22">22</xref> M&#x00E9;dicos psiquiatras, adem&#x00E1;s de pediatras y de aquellos que se desempe&#x00F1;aban en la salubridad p&#x00FA;blica, como Lea-Plaza, Garafulic, Germ&#x00E1;n Greve,<xref ref-type="fn" rid="NOTE23">23</xref> Luis Cubillos, el futuro presidente Salvador Allende, y muchos otros, algunos de los cuales se vincularon adem&#x00E1;s a algunas de las primeras apropiaciones psiqui&#x00E1;tricas del psicoan&#x00E1;lisis en Chile, fueron los principales impulsores de la higiene mental en el pa&#x00ED;s. </p>

			<p>En su tesis titulada <italic>Higiene mental y delincuencia</italic>, Allende (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2005</xref>) sostuvo que la higiene mental ten&#x00ED;a como objetivos la “prevenci&#x00F3;n, curaci&#x00F3;n y vigilancia profil&#x00E1;ctica de los individuos que por sus alteraciones neuro y psicop&#x00E1;ticas constituyen una entidad desarm&#x00F3;nica en nuestro medio social” (Allende, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2005</xref>, p. 14). Por ello, a&#x00F1;ade, la higiene mental se preocupa tanto de la protecci&#x00F3;n del individuo enfermo como de la sociedad, y abarca un “vasto programa de acci&#x00F3;n m&#x00E9;dico-psicol&#x00F3;gico-pedag&#x00F3;gico-social, cuya caracter&#x00ED;stica esencial es el criterio preventivo” (Allende, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2005</xref>, p. 14). Allende se&#x00F1;ala tambi&#x00E9;n que la higiene mental tendr&#x00ED;a las siguientes funciones de ayudarlo a “desarrollar y fortalecer su capacidad de adaptaci&#x00F3;n social”, “solucionar sus conflictos ps&#x00ED;quicos”, prevenir “trastornos psiqui&#x00E1;tricos” o “evitar su repetici&#x00F3;n si &#x00E9;stos se han producido” (Allende, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2005</xref>, p. 14).</p>

			<p>Como se advierte, la higiene mental incluye la preocupaci&#x00F3;n por el individuo y la sociedad; la contribuci&#x00F3;n de distintas disciplinas como la pedagog&#x00ED;a, la medicina, el trabajo social y la psicolog&#x00ED;a; la influencia no excluyente de perspectivas heredo-degeneracionistas y ambientalistas; y funciones no s&#x00F3;lo de prevenci&#x00F3;n, sino tambi&#x00E9;n de tratamiento. Podemos agregar, siguiendo a Ag&#x00FC;ero y a Gallinato, que “la higiene mental (…) que atiende a la conservaci&#x00F3;n de la integridad ps&#x00ED;quica de un individuo o de una colectividad es una funci&#x00F3;n eminentemente estatal” (Ag&#x00FC;ero y Gallinato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1937</xref>, p. s/n), es decir, es concebida como un deber del Estado, una funci&#x00F3;n p&#x00FA;blica, y no una preocupaci&#x00F3;n privada.</p>

			<p>De acuerdo a lo se&#x00F1;alado por una de las visitadoras sociales de la Cl&#x00ED;nica de Conducta, Christine Galitzi,<xref ref-type="fn" rid="NOTE24">24</xref> su meta principal es “descubrir desde la m&#x00E1;s tierna infancia las reacciones mentales y emotivas defectuosas de los ni&#x00F1;os, que podr&#x00ED;an degenerar, si no se las trata, en h&#x00E1;bitos viciosos perjudiciales para la salud del adulto” (Galitzi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1937</xref>, p. 613).<xref ref-type="fn" rid="NOTE25">25</xref> Esta distinci&#x00F3;n entre lo mental y lo emotivo, que retoma la realizada por Allende entre los “trastornos psiqui&#x00E1;tricos” y los “conflictos ps&#x00ED;quicos”, es fundamental, como veremos en lo que sigue, para el enfoque adoptado en la Cl&#x00ED;nica de Conducta con apoyo en el psicoan&#x00E1;lisis, donde lo “afectivo” o “emocional” (t&#x00E9;rminos que se ocupan indistintamente) pasa a primer plano. </p>

		</sec>
		
		<sec id="S5">
			<title>EL TRABAJO DE LA CL&#x00CD;NICA DE CONDUCTA: HIGIENE MENTAL Y PSICOAN&#x00C1;LISIS</title>

			<p>Combinando las ideas del movimiento estadounidense de higiene mental con las de psicoanalistas europeos como Sigmund y Anna Freud, Alfred Adler, Ernest Jones, Marie Bonaparte y Charles Baudouin, la Cl&#x00ED;nica de Conducta promovi&#x00F3; un sistema de atenci&#x00F3;n basado en la “observaci&#x00F3;n de la vida emocional o afectiva” (Ag&#x00FC;ero y Gallinato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1936</xref>, p. 6) en los primeros a&#x00F1;os de vida de los ni&#x00F1;os. Su finalidad era prevenir la instalaci&#x00F3;n de ciertos patrones de “conducta antisocial” o modificarlos en este momento de mayor flexibilidad, en el caso en que ya se hayan fijado. En este doble sentido, los “procedimientos que hemos usado para prevenir futuras desadaptaciones”, se&#x00F1;ala Ag&#x00FC;ero, “son la acci&#x00F3;n profil&#x00E1;ctica y terap&#x00E9;utica” (Ag&#x00FC;ero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1938</xref>, p. 31), es decir, prevenir si aun es posible, corregir cuando ya es demasiado tarde.</p>

			<p>Para Ag&#x00FC;ero y Gallinato, los “s&#x00ED;ntomas de desadaptaci&#x00F3;n” que pueden observarse en los ni&#x00F1;os que son enviados a la Cl&#x00ED;nica, pueden ser entendidos como manifestaciones de “afectividad no liberada”, la cual se encuentra en estado de “inhibici&#x00F3;n o represi&#x00F3;n emocional” (Ag&#x00FC;ero y Gallinato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1936</xref>, p. 6). Explican que “la energ&#x00ED;a instintiva al disociarse y reagrupares forma un mosaico intermedio que son precisamente los complejos que en el adulto se halla en las substructuras y en el ni&#x00F1;o en un primer plano” (Ag&#x00FC;ero y Gallinato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1936</xref>, p. 6). Entendidos como “detenciones del desarrollo” (p. 6), se encuentran entre los procesos afectivos (y el instinto) y los procesos ps&#x00ED;quicos superiores, y pueden ser abordados no s&#x00F3;lo desde la psicoterapia, sino tambi&#x00E9;n desde la higiene mental.</p>

			<p>A la base de las “manifestaciones antisociales objetivas” se encontrar&#x00ED;an los “conflictos de car&#x00E1;cter afectivo, afectivo-moral o simplemente intelectual” ((Ag&#x00FC;ero y Gallinato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1937</xref>, p. s/n), provocados la mayor parte del tiempo por las privaciones de &#x00ED;ndole socioecon&#x00F3;mico que no permiten un normal desenvolvimiento y desarrollo de los ni&#x00F1;os, es decir que ser&#x00ED;an dichas privaciones las que en &#x00FA;ltima instancia provocar&#x00ED;an la detenci&#x00F3;n del desarrollo: </p>

						<disp-quote><p>Es sabido que una parte de las psiconeurosis aparecen como resultado de un conflicto del individuo con el medio, conflicto que, en muchos casos, significa una inseguridad del sujeto para la satisfacci&#x00F3;n de sus necesidades nutritivas. De aqu&#x00ED; se desprende que todos aquellos mecanismos que tiendan a asegurar al individuo estas necesidades primordiales –en otras palabras, su futuro equilibrio econ&#x00F3;mico– contribuir&#x00E1;n a disminuir las posibilidades de la aparici&#x00F3;n de fen&#x00F3;menos de car&#x00E1;cter neur&#x00F3;tico, efectuando tambi&#x00E9;n, de este modo, una labor de higiene mental (Ag&#x00FC;ero y Gallinato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1937</xref>, p. s/n).</p></disp-quote>
						
			<p>En este sentido, vemos que se trata de ni&#x00F1;os provenientes de las capas m&#x00E1;s pobres de la poblaci&#x00F3;n, donde las condiciones sociales de vida tienen gran injerencia en su desarrollo y permiten explicar la prevalencia de trastornos mentales. </p>

			<p>Seg&#x00FA;n se desprende de la cita anterior, Ag&#x00FC;ero y Gallinato utilizan la teor&#x00ED;a energ&#x00E9;tica elaborada por Sigmund Freud y Joseph Breuer en <italic>Estudios sobre la histeria</italic> (Freud y Breuer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1998</xref>), con la finalidad de explicar las conductas antisociales de los ni&#x00F1;os: la energ&#x00ED;a no liberada vinculada a la satisfacciones de las necesidades primordiales, como es la nutrici&#x00F3;n, puede ser retenida y aplicada a diversos fines que entran en contradicci&#x00F3;n y conflicto con las normativas sociales. Para los m&#x00E9;dicos de la Cl&#x00ED;nica, el conflicto no es intraps&#x00ED;quico sino producido por un choque entre las energ&#x00ED;as ps&#x00ED;quicas y las condiciones sociales. De este modo, la labor de la Cl&#x00ED;nica no es s&#x00F3;lo atacar los s&#x00ED;ntomas psicol&#x00F3;gicos, sino al mismo tiempo su ambiente familiar y social. Estos dos niveles son planteados como la necesidad, por una parte, de “soluci&#x00F3;n de estos conflictos primitivos (Procedimiento Psicogen&#x00E9;tico)” y, por la otra, de “crear h&#x00E1;bitos sociales en el sujeto (Procedimiento Behavior&#x00ED;stico o Reflexol&#x00F3;gico)” (Ag&#x00FC;ero y Gallinato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1937</xref>, p. s/n), es decir, una mezcla entre lo “psicogen&#x00E9;tico” –otro nombre para el psicoan&#x00E1;lisis– y un conductismo interesado en el modelamiento y la transformaci&#x00F3;n de h&#x00E1;bitos antisociales en sociales.</p>

			<p>Los autores, que indican no querer abanderarse con una u otra escuela de pensamiento, sino hacer uso de aquello que sirva para sus fines, encuentran principalmente en los planteamientos de Freud, Adler y Karl Marx, las bases precisas para trabajar los problemas que se les presentan.<xref ref-type="fn" rid="NOTE26">26</xref> Se&#x00F1;alan que “los ni&#x00F1;os son estudiados desde el mismo cu&#x00E1;druple aspecto indicado por Allende en 1933, el cual abarcar&#x00ED;a todas sus manifestaciones: aspecto social, m&#x00E9;dico, pedag&#x00F3;gico y psicol&#x00F3;gico”, y que “luego se llega a un diagn&#x00F3;stico de su alteraci&#x00F3;n y en seguida se procede a su tratamiento, aprovechando todo aquello que nos brindan las circunstancias” (Ag&#x00FC;ero y Gallinato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1937</xref>, p. s/n). </p>

			<p>Sostienen que “es necesario aprovechar los numerosos hallazgos de las Escuelas Psicogen&#x00E9;ticas de Freud y sus continuadores y no detenerse en la Psicolog&#x00ED;a Cl&#x00E1;sica o Constitucional, la cual se ha manifestado est&#x00E9;ril para resolver numerosos conflictos” (Ag&#x00FC;ero y Gallinato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1936</xref>, p. 6). El psicoan&#x00E1;lisis aparece as&#x00ED; como un cuerpo te&#x00F3;rico cr&#x00ED;tico a la psicolog&#x00ED;a experimental, que permite abordar aspectos que &#x00E9;sta no lograba resolver.</p>

			<p>Dentro de los m&#x00E9;todos y t&#x00E9;cnicas utilizados para 1938 en la Cl&#x00ED;nica de Conducta, Ag&#x00FC;ero nombra: la escala Binet-Simon, herramienta frecuente de las evaluaciones psicol&#x00F3;gicas de la &#x00E9;poca; los m&#x00E9;todos propios del psicoan&#x00E1;lisis infantil, como son “la interpretaci&#x00F3;n psicoanal&#x00ED;tica de los dibujos y creaciones infantiles”, que permiten “profundizar en los m&#x00F3;viles y determinantes inconscientes de su conducta” y “la interpretaci&#x00F3;n de los juegos, sue&#x00F1;os y creaciones imaginativas de los ni&#x00F1;os”<xref ref-type="fn" rid="NOTE27">27</xref>; “las pruebas psicoanal&#x00ED;ticas cl&#x00E1;sicas –asociaciones libres y determinadas–” (Ag&#x00FC;ero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1938</xref>, p. 34); y en &#x00FA;ltimo lugar se reconoce que “en otros casos ser&#x00E1; conveniente aprovecharse de los datos de la Psicolog&#x00ED;a Individual de Adler y estimular en el ni&#x00F1;o el sentimiento de comunidad” (Ag&#x00FC;ero y Gallinato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1936</xref>, p. 6).</p>

			<p>Estos m&#x00E9;todos –exceptuando la escala Binet-Simon– eran utilizados entonces para estudiar los “conflictos de los ni&#x00F1;os con sus padres y con sus hermanos, los complejos de destrucci&#x00F3;n y de exhibici&#x00F3;n o narcisista (…) los complejos de mutilaci&#x00F3;n y de misterio o Enigma de la Esfinge en que el ni&#x00F1;o se pregunta como lleg&#x00F3; al mundo. (…) los llamados complejos de actitud de los cuales los principales son el destete y la retirada” (Ag&#x00FC;ero y Gallinato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1936</xref>, p. 6).<xref ref-type="fn" rid="NOTE28">28</xref></p>

			<p>La Cl&#x00ED;nica buscaba entonces, a trav&#x00E9;s del estudio de los conflictos afectivos y de un trabajo psicoterap&#x00E9;utico y profil&#x00E1;ctico, provocar la liberaci&#x00F3;n de las energ&#x00ED;as afectivas reprimidas o inhibidas que estaban produciendo los conflictos, para entonces redirigirlas hacia metas m&#x00E1;s elevadas y socialmente aceptadas, es decir, hacia la “sublimaci&#x00F3;n”. En el medio en que estos ni&#x00F1;os se desenvuelven, se&#x00F1;alan Ag&#x00FC;ero y Gallinato, “un ambiente pobre, estrecho e hip&#x00F3;crita cuando no hostil” (Ag&#x00FC;ero y Gallinato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1936</xref>, p. 6), su vida afectiva no es en absoluto considerada, y por lo tanto no existe el espacio tampoco para asegurar la adecuada expresi&#x00F3;n y liberaci&#x00F3;n de dichas energ&#x00ED;as. Para ello, los autores consideran que las nuevas orientaciones pedag&#x00F3;gicas provenientes de la Escuela Nueva, que estaba a la base de las reformas educacionales que llevaron a la creaci&#x00F3;n de la Escuela Especial de Desarrollo, convergen con el proceso psicoanal&#x00ED;tico y pueden colaborar en ese proceso de tratamiento ps&#x00ED;quico y de higiene mental. Cito <italic>in extenso</italic>:</p>

						<disp-quote><p>Precisamente uno de los principales objetivos de las nuevas escuelas y nuevas tendencias educacionales es facilitar el libre desenvolvimiento de las actividades emocionales infantiles a fin de que el ni&#x00F1;o llegue a la vida del trabajo por un bagaje de confianza en s&#x00ED; mismo, iniciativa y creaci&#x00F3;n.</p>

						<p>En estas nuevas orientaciones habr&#x00E1; que tomar muy en cuenta el simbolismo de sus sue&#x00F1;os, de sus juegos, de sus fantas&#x00ED;as, de sus creaciones y de su conducta y el mecanismo de desplazamiento afectivo, base del s&#x00ED;mbolo, que nos abre camino al proceso Psicoanal&#x00ED;tico m&#x00E1;s interesante o sea la sublimaci&#x00F3;n, la utilizaci&#x00F3;n de las energ&#x00ED;as afectivas en procesos m&#x00E1;s altos, desde el punto de vista de la utilidad social. Recordaremos a este prop&#x00F3;sito que la v&#x00ED;a de orientaci&#x00F3;n hacia la formaci&#x00F3;n de los mecanismos sublimatorios es la formaci&#x00F3;n de una consciencia, moral, el super-yo, la cual reside en una identificaci&#x00F3;n del ni&#x00F1;o con sus padres y educadores (Ag&#x00FC;ero y Gallinato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1936</xref>, p. 6-7).</p></disp-quote>

			<p>De este modo, el desarrollo del ni&#x00F1;o en un ambiente favorable que le permita desenvolverse libremente y el desarrollo de “una aptitud vocacional” antes desconocida, tiene como efecto liberar las energ&#x00ED;as fijadas en determinados complejos infantiles, para redirigirlas desde las actividades antisociales en las que se manifestaba, hacia “tendencias creadoras y constructivas” (Ag&#x00FC;ero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1938</xref>, p. 36). </p>

			<p>No es extra&#x00F1;o que la lucha contra las enfermedades mentales y contra las conductas antisociales en el contexto de la defensa de la patria y de la raza, tome de los arsenales del psicoan&#x00E1;lisis a la sublimaci&#x00F3;n como una importante herramienta. El uso del concepto de sublimaci&#x00F3;n en distintos campos de apropiaci&#x00F3;n del psicoan&#x00E1;lisis en Chile ya ha sido destacado en la historiograf&#x00ED;a reciente (Ruperthuz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT64">2016</xref>; Ruperthuz y Vet&#x00F6;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT65">2016</xref>), y ha sido explicado principalmente desde las posibilidades que ofrece en cuanto a la modificaci&#x00F3;n y el modelamiento de las “pulsiones” sexuales y agresivas<xref ref-type="fn" rid="NOTE29">29</xref> en favor de programas de utop&#x00ED;a social. Como se&#x00F1;ala el Juez de Menores Samuel Gajardo a prop&#x00F3;sito de la educaci&#x00F3;n sexual, se trata de “la disciplina de los instintos y la canalizaci&#x00F3;n de las tendencias biol&#x00F3;gicas, que no es posible extirpar, pero tampoco eximir de control. (…) Ello ofrece un hermoso programa cultural, de utilizaci&#x00F3;n de nuestras tendencias ego&#x00ED;stas en beneficio de los intereses humanos” (Gajardo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1940</xref>, p. 200).</p>

			<p>En 1938, Ag&#x00FC;ero y el Dr. Luis Cubillos, publican un texto titulado “Consideraciones sobre Cl&#x00ED;nicas de Higiene Mental Infantil y delincuencia de menores”, donde encontramos un mayor espesor te&#x00F3;rico en lo referente al psicoan&#x00E1;lisis y a sus nexos con la criminolog&#x00ED;a, campo espec&#x00ED;fico en que se desempe&#x00F1;aba Cubillos.<xref ref-type="fn" rid="NOTE30">30</xref> Como ambos psiquiatras exponen, el uso que hacen del psicoan&#x00E1;lisis en la Cl&#x00ED;nica no se refiere al tratamiento propiamente tal, sino a su valor como criterio de observaci&#x00F3;n y diagn&#x00F3;stico: </p>

						<disp-quote><p>A prop&#x00F3;sito del psicoan&#x00E1;lisis como procedimiento terap&#x00E9;utico debemos declarar que en la Cl&#x00ED;nica Psiqui&#x00E1;trica Infantil es, seg&#x00FA;n nuestra experiencia, de limitados resultados, sobre todo cuando se trabaja con un n&#x00FA;mero crecido de ni&#x00F1;os, como en nuestra Cl&#x00ED;nica, pero es de enormes alcances, y a nuestro juicio, imprescindible como criterio etiol&#x00F3;gico y patog&#x00E9;nico para alcanzar el n&#x00FA;cleo central de las manifestaciones anormales y fundar la profilaxis o terap&#x00E9;utica. En ese n&#x00FA;cleo es esto de tanta importancia que estimamos que la abstenci&#x00F3;n del criterio anal&#x00ED;tico en una Cl&#x00ED;nica de Conducta esterilizar&#x00ED;a su acci&#x00F3;n (Ag&#x00FC;ero y Cubillos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1938</xref>, p. 34).</p></disp-quote>

			<p>El “criterio psicoanal&#x00ED;tico” lo definen como “la interpretaci&#x00F3;n de la conducta y de los actos simb&#x00F3;licos como resultado de tendencias y afectos m&#x00E1;s o menos inconscientes y determinados por los sucesivos estados de la evoluci&#x00F3;n instintiva, tanto sexual como tr&#x00F3;fica y agresiva” (Ag&#x00FC;ero y Cubillos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1938</xref>, p. 45-46). </p>

			<p>En su escrito, que trata espec&#x00ED;ficamente de la delincuencia de menores, Ag&#x00FC;ero y Cubillos ponen especial &#x00E9;nfasis en las tendencias agresivas, argumentando desde “El malestar en la cultura” (Freud, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1998b</xref>) que “los hombres modernos sufren probablemente m&#x00E1;s por la represi&#x00F3;n de sus instintos agresivos que por la de sus instintos sexuales” (Ag&#x00FC;ero y Cubillos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1938</xref>, p. 47). Agregan que las tendencias agresivas “ocultan en el fondo una destrucci&#x00F3;n que, en muchos casos, obedece a la necesidad de nutrirse y asegurarse el porvenir” (Ag&#x00FC;ero y Cubillos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1938</xref>, p. 47). Por ello, concluyen, “no nos ha de extra&#x00F1;ar encontrar un tan alto porcentaje de d&#x00E9;ficit econ&#x00F3;mico en los desadaptados, los cuales se encuentran, precisamente, en una gran proporci&#x00F3;n fijados en la etapa destructiva o s&#x00E1;dico-anal de su vida instintiva” (Ag&#x00FC;ero y Cubillos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1938</xref>, p. 47). As&#x00ED;, la delincuencia puede ser explicada desde la referencia a fijaciones en estadios del desarrollo psicosexual y a motivaciones inconscientes, sin dejar de lado la influencia del medio social y familiar. En &#x00FA;ltima instancia, para los autores lo que se encuentra a la base de los trastornos inconscientes que motivan la delincuencia es el d&#x00E9;ficit econ&#x00F3;mico, y por ende lo que el servicio del higiene mental debe hacer es, antes que nada, un trabajo de car&#x00E1;cter social.</p>

			<p>Para diciembre de 1936, tras tres meses de funcionamiento, la Cl&#x00ED;nica hab&#x00ED;a recibido un total de 57 ni&#x00F1;os, 42 hombres y 15 mujeres. De acuerdo a Ag&#x00FC;ero, la gran mayor&#x00ED;a de ellos eran “ni&#x00F1;os proletarios, de la clase media, y especialmente de la clase baja, como son en general los ni&#x00F1;os de nuestras escuelas primarias” (Ag&#x00FC;ero y Cubillos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1938</xref>, p. 31), es decir, ni&#x00F1;os en quienes pueden descubrirse aquellas carencias econ&#x00F3;micas ya mencionadas. </p>

			<p>Para comienzos de 1938, Ag&#x00FC;ero se&#x00F1;ala haber “inscrito y estudiado 130 ni&#x00F1;os de ambos sexos, entre 4 y 18 a&#x00F1;os, preescolares, escolares y postescolares”, de los cuales 35 no pudieron ser atendidos, en muchos casos por “falta de cooperaci&#x00F3;n familiar” (Ag&#x00FC;ero y Cubillos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1938</xref>, p. 32). De los restantes 95 ni&#x00F1;os en tratamiento, 65 ser&#x00ED;an hombres y 30 mujeres, los cuales son ubicados en un extra&#x00F1;o sistema clasificatorio que mezcla categor&#x00ED;as descriptivas con anal&#x00ED;ticas, categor&#x00ED;as org&#x00E1;nicas con psicol&#x00F3;gicas y psicoanal&#x00ED;ticas: </p>
			
						<list list-type="alpha-lower">
							<list-item>
								<p>“oligofrenia (d&#x00E9;biles mentales y morones)”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“trastornos conductuales secundarios al pauperismo”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“traumatismos cr&#x00E1;neo-cerebrales graves”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“desnutrici&#x00F3;n y raquitismo”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“otros trastornos org&#x00E1;nicos”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“accesos convulsivos”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“disendocrinias”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“heredo-l&#x00FA;es”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“encefalopat&#x00ED;as”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“trastornos del lenguaje”.</p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“¿perversi&#x00F3;n instintiva?”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“trastornos por conflictos familiares”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“insuficiente formaci&#x00F3;n del yo-moral”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“trastornos por exceso de mimo”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“sentimientos de inferioridad”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“fijaci&#x00F3;n edipiana”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“rivalidad fraternal”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“introversi&#x00F3;n y narcisismo”; “</p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“enuresis”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“timidez”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“onanismo”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“fijaci&#x00F3;n afectiva infantil”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“mala inducci&#x00F3;n del ambiente”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“trastornos producidos por el cine”; </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“en observaci&#x00F3;n”; y </p>
							</list-item>
							<list-item>
								<p>“sin trastornos” (Ag&#x00FC;ero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1938</xref>, p. 32).</p>
							</list-item>
						</list>

			<p>Como puede advertirse, entre estos 153 casos, encontramos todo tipo de diagn&#x00F3;sticos, desde “debilidad mental”, hasta “trastornos producidos por el cine”, desde “disendocrinias” hasta “fijaci&#x00F3;n edipiana”. Se trata de una variedad de casos entre los cuales hay causas org&#x00E1;nicas y ambientales, los cuales comparten, sin embargo, que “dificultan la adaptaci&#x00F3;n del ni&#x00F1;o al medio escolar y social, produciendo una perturbaci&#x00F3;n en dichos medios, al mismo tiempo que impiden el desarrollo normal de ese ni&#x00F1;o, el que, pasando el tiempo, queda colocado al margen de la colectividad” (Ag&#x00FC;ero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1938</xref>, p. 31).<xref ref-type="fn" rid="NOTE31">31</xref></p>

			<p>De estos 153 casos, 31 fueron diagnosticados como “oligofr&#x00E9;nicos”, es decir, con alg&#x00FA;n nivel de “debilidad mental”. Sabemos que la debilidad mental era establecida fundamentalmente a trav&#x00E9;s de la aplicaci&#x00F3;n de la escala Binet-Simon, contrastada a veces con el Test de Cubos de Kohs y por la observaci&#x00F3;n cl&#x00ED;nica. Se conceb&#x00ED;a que la debilidad mental pudiera ser causa de trastornos conductuales, por lo cual era de suma importancia un diagn&#x00F3;stico preciso.<xref ref-type="fn" rid="NOTE32">32</xref> </p>

			<p>Sin embargo, Ag&#x00FC;ero se&#x00F1;ala tambi&#x00E9;n que “gran parte de aquellos ni&#x00F1;os que constituyen problemas escolares, familiares y sociales presentan una inteligencia por lo menos normal, residiendo entonces el n&#x00FA;cleo de su trastorno en una alteraci&#x00F3;n org&#x00E1;nica y principalmente afectiva como luego veremos” (Ag&#x00FC;ero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1938</xref>, p. 32). Es decir, los trastornos de la inteligencia se distinguen de aquellos que provienen de una causa org&#x00E1;nica, y tambi&#x00E9;n de aquellos que tienen una causa afectiva, esta &#x00FA;ltima tan importante en los casos tratados en la Cl&#x00ED;nica. El “pauperismo –agrega– act&#x00FA;a por un doble mecanismo, a la vez org&#x00E1;nico (desnutrici&#x00F3;n) y afectivo (sentimiento de injusticia e incompletud)” (Ag&#x00FC;ero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1938</xref>, p. 32), es decir, que el d&#x00E9;ficit econ&#x00F3;mico es causa tanto org&#x00E1;nica como afectiva de todo tipo de trastornos conductuales infantiles.</p>

			<p>Siguiendo con los “factores afectivos de desadaptaci&#x00F3;n”, se sostiene que constituyen m&#x00E1;s de la mitad de los casos, y que “ellos van consignados en los trastornos por el pauperismo, por conflictos familiares, por insuficiente formaci&#x00F3;n del yo-moral o introyecci&#x00F3;n defectuosa de los reglamentos y normas &#x00E9;ticas personificados en la autoridad del padre, en los trastornos por exceso de mimo (…), “en las alteraciones derivadas de los sentimientos o complejos de inferioridad, en las fijaciones afectivas infantiles, relativamente frecuentes…” (Ag&#x00FC;ero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1938</xref>, p. 32-33). </p>

			<p>Ahora bien, respecto del trabajo efectuado con estos ni&#x00F1;os, si bien se establece que en la mayor parte de los casos (23 de 110) la “acci&#x00F3;n de la Cl&#x00ED;nica [fue] dificultada por diversos motivos”, en aquellos en que s&#x00ED; se pudo llevar a cabo alguna acci&#x00F3;n, los m&#x00E9;todos m&#x00E1;s utilizados fueron los siguientes: “Acci&#x00F3;n psicoter&#x00E1;pica directa”; “Modificaci&#x00F3;n de la conducta de los familiares hacia el ni&#x00F1;o”; “Tratamiento m&#x00E9;dico”; “Colocaci&#x00F3;n en establecimientos apropiados (Escuela Especial de Desarrollo, Settlement Municipal, etc.)” (Ag&#x00FC;ero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1938</xref>, p. 33).<xref ref-type="fn" rid="NOTE33">33</xref></p>

			<p>Enfoc&#x00E1;ndonos exclusivamente en la “acci&#x00F3;n psicoter&#x00E1;pica directa”, veremos que esta refiere, “por una parte, aquella que se deduce de la modificaci&#x00F3;n que experimenta la personalidad del ni&#x00F1;o al saberse y sentirse objeto de un inter&#x00E9;s especial por parte del psic&#x00F3;logo, y por otra, las modificaciones, generalmente lentas, que se van produciendo en su car&#x00E1;cter y en su conducta por acci&#x00F3;n de las sugestiones de aqu&#x00E9;l” (Ag&#x00FC;ero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1938</xref>, p. 33). Siguiendo el modelo de la psiquiatr&#x00ED;a de fines del siglo XIX y comienzos del XX, tradici&#x00F3;n en la cual en un principio se incluye tambi&#x00E9;n Freud (Shamdasani, <xref ref-type="bibr" rid="CIT72">2005</xref>), la psicoterapia ten&#x00ED;a relaci&#x00F3;n directa con la sugesti&#x00F3;n, es decir, con la influencia que pod&#x00ED;a tener sobre el ni&#x00F1;o la personalidad del m&#x00E9;dico. As&#x00ED;, el primer y principal desaf&#x00ED;o del m&#x00E9;dico, consiste en alejarse de la identificaci&#x00F3;n con un “juez o censor” que pretender&#x00ED;a examinarlo, estudiarlo o evaluarlo moralmente: “s&#x00ED;mbolos s&#x00E1;dicos de autoridad y castigo, a veces peligro de mutilaci&#x00F3;n” (Ag&#x00FC;ero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1938</xref>, p. 33). Frente a ello, explica Ag&#x00FC;ero, el ni&#x00F1;o reacciona “repleg&#x00E1;ndose mentalmente sobre s&#x00ED; mismo (reacci&#x00F3;n instintiva de miedo) y gener&#x00E1;ndose en &#x00E9;l una especie de introversi&#x00F3;n o tratando de enga&#x00F1;ar al m&#x00E9;dico, reprimiendo por un proceso de defensa, consciente o inconsciente, sus vivencias o deseos” (Ag&#x00FC;ero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1938</xref>, p. 33-34), impidiendo u obstaculizando el estudio de su personalidad y su conducta. Como vemos, la situaci&#x00F3;n psicoterap&#x00E9;utica, se entiende siguiendo no s&#x00F3;lo los postulados de la psiquiatr&#x00ED;a decimon&#x00F3;nica, sino tambi&#x00E9;n del psicoan&#x00E1;lisis, donde el m&#x00E9;dico puede ser objeto de una “transferencia” que genere una reacci&#x00F3;n negativa al proceso terap&#x00E9;utico.<xref ref-type="fn" rid="NOTE34">34</xref></p>

			<p>A pesar de estas referencias, cuando Ag&#x00FC;ero explica la finalidad de la acci&#x00F3;n psicoterap&#x00E9;utica, se aleja bastante del psicoan&#x00E1;lisis, reclamando un lugar para los procesos de modelamiento de la conducta con fines de adaptaci&#x00F3;n: “Volviendo a la acci&#x00F3;n psicoterap&#x00E9;utica creemos que su fin debe [ser] adaptar al ni&#x00F1;o a sus problemas o habituarlo a tener otros problemas, y s&#x00F3;lo en determinadas ocasiones pretender&#x00E1; curar o mejorar…” (Ag&#x00FC;ero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1938</xref>, p. 34). Y luego agrega: “Su objeto es destruir malos h&#x00E1;bitos derivados de la educaci&#x00F3;n anterior, cambi&#x00E1;ndolos por h&#x00E1;bitos nuevos m&#x00E1;s adaptados a la realidad y a la sociabilidad” (Ag&#x00FC;ero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1938</xref>, p. 34). </p>

		</sec>
		
		<sec id="S6">
			<title>A MODO DE CONCLUSI&#x00D3;N</title>

			<p>El caso de la Cl&#x00ED;nica de Conducta puede iluminar formas tempranas de acercamiento a la psique infantil en Chile, permitiendo as&#x00ED; historizar algunas &#x00E1;reas de los saberes <italic>psi</italic> que aun no han sido explorados suficientemente por la literatura especializada. En particular, esta Cl&#x00ED;nica permite indagar los nexos establecidos entre higiene mental infantil, en tanto programa estatal, con el psicoan&#x00E1;lisis, y, de ese modo develar no s&#x00F3;lo los campos de apropiaci&#x00F3;n de ambos saberes en Chile, sino tambi&#x00E9;n las peculiaridades de sus desarrollo e hibridaciones. </p>

			<p>Respecto de dichos campos de apropiaci&#x00F3;n, permite advertir c&#x00F3;mo los saberes <italic>psi</italic> comenzaron a ser recibidos y transformados para dar respuestas a problem&#x00E1;ticas sociales sumamente relevantes, como la educaci&#x00F3;n, el abandono y la delincuencia infantil. En ese sentido, permite tambi&#x00E9;n mostrar c&#x00F3;mo estos saberes se fueron desarrollando en tensiones, negociaciones y solidaridades con otras disciplinas, como la pedagog&#x00ED;a, la medicina, el derecho, y la criminolog&#x00ED;a. </p>

			<p>En ese contexto, el psicoan&#x00E1;lisis parece haber sido utilizado de manera ecl&#x00E9;ctica, poco ortodoxa y no institucionalizada, es decir, como un discurso entre otros disponibles, que pod&#x00ED;a ser le&#x00ED;do, moldeado e interpretado en funci&#x00F3;n no de prop&#x00F3;sitos gremiales, sino de sus fines de intervenci&#x00F3;n social. El psicoan&#x00E1;lisis confluye all&#x00ED; con la pedagog&#x00ED;a, la higiene mental y la criminolog&#x00ED;a, logrando una adaptaci&#x00F3;n f&#x00E9;rtil e interesante que aproximadamente una d&#x00E9;cada m&#x00E1;s tarde, cuando comienza a institucionalizarse, comenzar&#x00E1; a ser obliterada en provecho de los intereses de un gremio en formaci&#x00F3;n.</p>

			<p>En la Cl&#x00ED;nica de Conducta, donde la higiene mental confluye con el psicoan&#x00E1;lisis, se ponen en juego dos tipos de intervenciones que aparecen claramente en los textos analizados: de un lado la profilaxis, las intervenciones sociales y la modificaci&#x00F3;n de conducta, basada en el <italic>Behaviourismo</italic>, y de otro lado la posibilidad de una psicoterapia sostenida en el psicoan&#x00E1;lisis. Este &#x00FA;ltimo tiene un lugar tambi&#x00E9;n en un proceso previo al dise&#x00F1;o de las intervenciones o planes de trabajo: la observaci&#x00F3;n, la identificaci&#x00F3;n y el diagn&#x00F3;stico, donde adem&#x00E1;s de los tests que permiten evaluar la inteligencia, encontramos la interpretaci&#x00F3;n del juego, del dibujo y de las asociaciones de los ni&#x00F1;os, los cuales permiten analizar los conflictos afectivos y los complejos. Sin embargo, otra particularidad que proviene de la hibridaci&#x00F3;n entre psicoan&#x00E1;lisis e higiene mental, de la puesta en conjunto de un inter&#x00E9;s por la sociedad y por el bienestar individual, es que los conflictos ps&#x00ED;quicos no se conciben como algo remitido exclusivamente a lo privado, a la historia individual, tampoco meramente a la historia familiar. Los conflictos son siempre producidos por el encuentro con las condiciones materiales de vida, las cuales permiten u obstaculizan la libre expresi&#x00F3;n de los afectos y, de ese modo, determinan su encauzamiento por v&#x00ED;as sociales o antisociales. Es por ello que, a pesar de lo que pueda parecer a primera vista, el paradigma de enfermedad mental que se halla a la base de la experiencia de esta Cl&#x00ED;nica no es puramente org&#x00E1;nico y hereditario, sino que concibe la articulaci&#x00F3;n entre dichos aspectos de la vida humana, con las condiciones sociales.</p>

			<p>En tal sentido, y volviendo a las utop&#x00ED;as sociales propias de los programas higienistas, cabe afirmar que el psicoan&#x00E1;lisis, por medio de la psicoterapia y sobre todo del uso de la sublimaci&#x00F3;n, fue pensando en la Cl&#x00ED;nica de Conducta como una herramienta que podr&#x00ED;a servir para la adaptaci&#x00F3;n de los ni&#x00F1;os: pasar de lo antisocial a lo social, de los malos h&#x00E1;bitos y los vicios a una vida socialmente &#x00FA;til y ejemplar. Los ni&#x00F1;os son un aspecto clave en este proceso de transformaci&#x00F3;n tecno-ut&#x00F3;pica donde la ciencia parece tener tanto que decir: son el futuro de la naci&#x00F3;n, de la raza, de la patria, y en ese sentido son la arcilla de la cual los expertos –m&#x00E9;dicos, psic&#x00F3;logos, pedagogos, juristas, visitadoras sociales– podr&#x00ED;an hacer desaparecer los comportamientos y los h&#x00E1;bitos potencialmente destructores del ideal social, para moldear en ellos las conductas con las cuales construir una ahora depurada sociedad.</p>
		</sec>
		
	</body>

	<back>
	
		<ack>
			<title>AGRADECIMIENTOS</title>

				<p>Este art&#x00ED;culo se inscribe en el marco de dos proyectos de investigaci&#x00F3;n, un Fondecyt de Iniciaci&#x00F3;n N° 11160868 (2016-2019), titulado “Ni&#x00F1;os vulnerables, ni&#x00F1;os peligrosos: construcci&#x00F3;n de la infancia en los archivos del Tribunal Especial de Menores de Santiago, 1928-1942”, y en un proyecto Jorge Millas/UNAB, DI-1215-16/JM (2016-2017).</p>
		</ack>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
	
			<fn id="NOTE1"><label>1</label>
				<p>A riesgo de anacronismo, conscientes de que la noci&#x00F3;n de “salud mental” responde a una ideolog&#x00ED;a del bienestar m&#x00E1;s contempor&#x00E1;nea, en esta primera aproximaci&#x00F3;n lo utilizaremos gen&#x00E9;ricamente para referirnos a la historia de la psiquiatr&#x00ED;a, neuropsiquiatr&#x00ED;a, psicolog&#x00ED;a e higiene mental infantil chilena.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE2"><label>2</label>
				<p>Con esto nos referimos a las denuncias vinculadas a los centros del Servicio Nacional de Menores (SENAME), en los cuales se han producido en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os un gran n&#x00FA;mero de muertes de ni&#x00F1;os que se encontraban all&#x00ED; para ser protegidos por el Estado, sin hablar de las negligencias y efecto iatrog&#x00E9;nico producidos en dichas instituciones. Hacemos referencia tambi&#x00E9;n a las deficientes redes p&#x00FA;blicas de atenci&#x00F3;n m&#x00E9;dica infantil, ya sea mental o de otro tipo, as&#x00ED; como a la delincuencia infantil y adolescente, respecto de la cual las formas de abordaje implementadas por el Estado parecen no aportar soluci&#x00F3;n efectiva.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE3"><label>3</label>
				<p>Otras investigaciones ya han documentado procesos de recepci&#x00F3;n y apropiaci&#x00F3;n del psicoan&#x00E1;lisis donde &#x00E9;ste es din&#x00E1;micamente entremezclado con aspectos de higiene social y mental, medicina social y otros saberes y pr&#x00E1;cticas afines. V&#x00E9;ase, entre otros: Ruperthuz (<xref ref-type="bibr" rid="CIT64">2016</xref>); Gallo (<xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2013</xref>); Zaretsky (<xref ref-type="bibr" rid="CIT89">2012</xref>); Plotkin (<xref ref-type="bibr" rid="CIT57">2003</xref>); Vezzetti (<xref ref-type="bibr" rid="CIT83">1996a</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT84">1996b</xref>); Damousi (<xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2005</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE4"><label>4</label>
				<p>Para los procesos europeos y estadounidenses, v&#x00E9;anse, entre otros: Ch&#x00E1;vez-Garc&#x00ED;a (<xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2016</xref>); Platt (<xref ref-type="bibr" rid="CIT56">2009</xref>); Pierre (<xref ref-type="bibr" rid="CIT55">2008</xref>); Vigarello (<xref ref-type="bibr" rid="CIT85">2005</xref>); Tanenhaus (<xref ref-type="bibr" rid="CIT76">2004</xref>); Hendrick (<xref ref-type="bibr" rid="CIT39">1997</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">2005</xref>); Cunningham (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2005</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE5"><label>5</label>
				<p>Para el caso argentino, v&#x00E9;ase el trabajo de Stagno (<xref ref-type="bibr" rid="CIT74">2011</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE6"><label>6</label>
				<p>V&#x00E9;ase: Illanes (<xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2007</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">2010</xref>); Z&#x00E1;rate (<xref ref-type="bibr" rid="CIT88">2008</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE7"><label>7</label>
				<p>El 24 de septiembre de 1924 la Sociedad de Naciones aprob&#x00F3; la Declaraci&#x00F3;n de los Derechos del Ni&#x00F1;o, un texto breve y general que planteaba, entre otras cosas, que “el ni&#x00F1;o debe ser puesto en condiciones de desarrollarse normalmente desde el punto de vista material y espiritual”, que deben ser alimentados, cuidados, protegidos, socorridos, y que los ni&#x00F1;os delincuentes o “desadaptados deben ser re-educados”. Ese mismo a&#x00F1;o, en el Congreso Panamericano del Ni&#x00F1;o celebrado en Santiago (Rojas Flores, <xref ref-type="bibr" rid="CIT61">2010</xref>, p. 360), Chile se hizo parte de la declaraci&#x00F3;n y adhiri&#x00F3; asimismo a la Oficina Internacional de Protecci&#x00F3;n a la Infancia, con sede en Bruselas. La Declaraci&#x00F3;n de Ginebra est&#x00E1; disponible en: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://xn--derechosdelnio-2nb.com/declaracion-de-ginebra.html">http://xn--derechosdelnio-2nb.com/declaracion-de-ginebra.html</ext-link></p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE8"><label>8</label>
				<p>Acerca del abandono infantil en Chile, v&#x00E9;ase el trabajo de Nara B. Milanich en general, y en particular su libro <italic>Children of Fate</italic> (Milanich, <xref ref-type="bibr" rid="CIT53">2009</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE9"><label>9</label>
				<p>En septiembre de 1924, habiendo el Parlamento desestimado la aprobaci&#x00F3;n de trascendentales reformas sociales, se preparaba a aprobar un aumento en su dieta parlamentaria. Frente a esta situaci&#x00F3;n, un grupo de militares, entre los cuales se encontraba el futuro Presidente Carlos Ib&#x00E1;&#x00F1;ez del Campo, se instalan en el Congreso y hacen sonar sus sables contra el m&#x00E1;rmol del Sal&#x00F3;n, en clara se&#x00F1;al de reprobaci&#x00F3;n y amenaza. Dicho episodio fue conocido como “Ruido de Sables”. As&#x00ED; conminados, los parlamentarios aprobaron apresuradamente las reformas sociales, iniciando el proceso que culminar&#x00ED;a con el fin del parlamentarismo olig&#x00E1;rquico y la redacci&#x00F3;n de una nueva Constituci&#x00F3;n Pol&#x00ED;tica, en 1925, una vez que Alessandri retornara del extranjero, donde se refugi&#x00F3; durante los meses en que un Comit&#x00E9; Militar tom&#x00F3; el control del pa&#x00ED;s y del congreso.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE10"><label>10</label>
				<p>En t&#x00E9;rminos de investigaci&#x00F3;n pedag&#x00F3;gica, una de las principales iniciativas de experimentaci&#x00F3;n realizadas en la instituci&#x00F3;n fue la estandarizaci&#x00F3;n del test Myers-Briggs, una prueba de personalidad basada en los “tipos psicol&#x00F3;gicos” de Carl Gustav Jung, la cual fue realizada a m&#x00E1;s de 15.000 alumnos de escuelas primarias de Chile entre 1929 y 1932, obteniendo normas por cursos y edades (Salas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT66">1942</xref>, p. 115-116). Sobre la prueba, v&#x00E9;ase: Flores Mu&#x00F1;oz (<xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1932</xref>). V&#x00E9;ase tambi&#x00E9;n: Yepsen (<xref ref-type="bibr" rid="CIT87">1930</xref>); Sandoval Carrasco (<xref ref-type="bibr" rid="CIT69">1941</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE11"><label>11</label>
				<p>Muchos de los ni&#x00F1;os que llegaban a la Escuela Especial de Desarrollo, eran enviados all&#x00ED; por el Juez de Menores Samuel Gajardo Contreras desde el Tribunal Especial de Menores de Santiago, creado a partir de la aprobaci&#x00F3;n de la Ley de Protecci&#x00F3;n de Menores en octubre de 1928, y que entr&#x00F3; en vigor el 1º de enero de 1929. Dicha Ley hab&#x00ED;a puesto en funcionamiento una serie de instituciones: adem&#x00E1;s del Tribunal, la Direcci&#x00F3;n General de Protecci&#x00F3;n de Menores, la Casa de Menores de Santiago y el Polit&#x00E9;cnico de Menores Alcib&#x00ED;ades Vicencio. Todo este dispositivo apuntaba a menores de 20 a&#x00F1;os que hab&#x00ED;an delinquido o que se encontraban en lo que en la &#x00E9;poca se denominaba “situaci&#x00F3;n irregular”, es decir aquellos cuya situaci&#x00F3;n familiar se presum&#x00ED;a pod&#x00ED;a potencialmente empujarlos a la delincuencia. Muchos de los ni&#x00F1;os que llegaban al Tribunal eran enviados a evaluaci&#x00F3;n por expertos (m&#x00E9;dicos, psic&#x00F3;logos, pedagogos y visitadoras sociales) en la Secci&#x00F3;n de Observaci&#x00F3;n y Clasificaci&#x00F3;n de la Casa de Menores de Santiago. All&#x00ED; se les realizaban diversas pruebas y evaluaciones, entre ellas los <italic>tests</italic> de inteligencia, aplicados por el psic&#x00F3;logo de la instituci&#x00F3;n, Abelardo Iturriaga Jamett. Aquellos que tras la evaluaci&#x00F3;n eran diagnosticados con retraso intelectual grave, como “debilidad mental profunda”, “imbecilidad” o “idiocia”, eran enviados a la Escuela Especial de Desarrollo a proseguir all&#x00ED; su educaci&#x00F3;n. V&#x00E9;ase: Lea-Plaza (<xref ref-type="bibr" rid="CIT47">1929</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT48">1934</xref>); Iturriaga (<xref ref-type="bibr" rid="CIT43">1929</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">1930</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">1935</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE12"><label>12</label>
				<p>Sobre historia de la psicolog&#x00ED;a en Chile, v&#x00E9;ase: Laborda y Quezada (<xref ref-type="bibr" rid="CIT46">2010</xref>); Salas y Lizama (<xref ref-type="bibr" rid="CIT68">2009</xref>); Winkler (<xref ref-type="bibr" rid="CIT86">2007</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE13"><label>13</label>
				<p>Esta escala es la adaptaci&#x00F3;n de la escala Binet-Simon (1904-1911) realizada por Lewis M. Terman en Stanford University en EE.UU. en 1916.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE14"><label>14</label>
				<p>Si bien no tenemos informaci&#x00F3;n respecto de qu&#x00E9; tests se utilizaron para ese fin, podemos hipotetizar que se trat&#x00F3; del test de dibujo de Healy, el cual sabemos por otras fuentes que se ocupaba profusamente para esos fines en esa &#x00E9;poca en Chile.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE15"><label>15</label>
				<p>Un sinn&#x00FA;mero de publicaciones de la &#x00E9;poca dan cuenta de este inter&#x00E9;s por la medici&#x00F3;n de la inteligencia de los ni&#x00F1;os en el contexto judicial. V&#x00E9;ase, entre otros: Gallinato (<xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1941</xref>); Iturriaga (<xref ref-type="bibr" rid="CIT43">1929</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">1930</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">1935</xref>); Lea-Plaza (<xref ref-type="bibr" rid="CIT48">1934</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE16"><label>16</label>
				<p>Que aunque ya se ven&#x00ED;a desarrollando en el campo m&#x00E9;dico desde fines del siglo XIX, reci&#x00E9;n en esta &#x00E9;poca comienza su crecimiento en el campo del derecho.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE17"><label>17</label>
				<p>Para ampliar este aspecto referido al cambio de la Escuela Cl&#x00E1;sica a la Escuela Positiva en Chile, v&#x00E9;ase: Carnevali (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2008</xref>); Matus (<xref ref-type="bibr" rid="CIT52">2010</xref>); Le&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT49">2012</xref>). Para revisar el desarrollo de la criminolog&#x00ED;a en Chile, particularmente a partir de las publicaciones de la <italic>Revista de Ciencias Penales</italic>, v&#x00E9;ase Carnevali y Matus (<xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2007</xref>). Para profundizar en las transformaciones jur&#x00ED;dicas acerca del estatuto de los ni&#x00F1;os en Chile, v&#x00E9;ase: Cillero (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1994</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2001</xref>); Couso (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2000</xref>); Toledo y Z&#x00FA;&#x00F1;iga (<xref ref-type="bibr" rid="CIT79">1991</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE18"><label>18</label>
				<p>Para la historia temprana del psicoan&#x00E1;lisis en Chile, v&#x00E9;ase: Vet&#x00F6; y S&#x00E1;nchez (<xref ref-type="bibr" rid="CIT82">2017</xref>); Ruperthuz (<xref ref-type="bibr" rid="CIT64">2016</xref>); Vet&#x00F6; (<xref ref-type="bibr" rid="CIT81">2016</xref>); Ruperthuz y Vet&#x00F6; (<xref ref-type="bibr" rid="CIT65">2016</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE19"><label>19</label>
				<p>En su tesis de Doctorado, Claudia Araya Ibacache (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2015</xref>) traza una interesante relaci&#x00F3;n entre la perspectiva heredo-degeneracionista y la influencia de la higiene mental en Chile. De forma sumaria, podemos decir que ella demuestra que la idea de que la enfermedad mental no pod&#x00ED;a ser curada <italic>a posteriori</italic>, implic&#x00F3; que los m&#x00E9;dicos orientaran sus esfuerzos a la prevenci&#x00F3;n de las mismas, lo cual se encontraba a la base del movimiento de higiene mental.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE20"><label>20</label>
				<p>Aqu&#x00ED; s&#x00F3;lo pretendemos sentar algunos antecedentes para otras investigaciones que, tomando tal vez la inspiraci&#x00F3;n del estudio de caso y su contextualizaci&#x00F3;n (M&#x00FC;lberger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT54">2014</xref>), superen la sola experiencia de la Cl&#x00ED;nica de Conducta. Adem&#x00E1;s de los aportes ya mencionados de Araya Ibacache en el contexto de los procesos de profesionalizaci&#x00F3;n de la psiquiatr&#x00ED;a en Chile, desde hace alg&#x00FA;n tiempo Mariano Ruperthuz investiga esta tem&#x00E1;tica en el marco de su tesis de Doctorado en Historia en la Universidad de Santiago. Si bien aun no hay publicaciones al respecto, podemos referir a su exposici&#x00F3;n realizada en febrero de 2017 en el Departamento de Historia de la Ciencia del Instituto de Historia, CCHS-CSIC, en Madrid, titulada “Combatir las enfermedades a causa del maquinismo. La Asociaci&#x00F3;n Chilena de Higiene Mental y un nuevo r&#x00E9;gimen de temporalidad en Chile (1925-1930)”.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE21"><label>21</label>
				<p>Cabe destacar que hay alguna incertidumbre respecto del nombre de esta instituci&#x00F3;n, ya que a pesar de que en las fuentes por mi revisadas se habla de una “Liga de Higiene Mental” fundada en 1931, Mariano Ruperthuz me ha indicado que hay otros que hablan de una “Asociaci&#x00F3;n Chilena de Higiene Mental”, fundada en 1932. No hay claridad aun si se trata de la misma instituci&#x00F3;n, primero fundada como Liga y que al a&#x00F1;o siguiente hubiera modificado su nombre a Asociaci&#x00F3;n, si se trata de dos instituciones distintas (opci&#x00F3;n bastante improbable), o bien de una confusi&#x00F3;n de nombres y fechas en los textos revisados. De todos modos, en la Biblioteca Nacional de Chile se pueden hallar las <italic>Bases generales y proyecto de programa</italic> de la Asociaci&#x00F3;n Chilena de Higiene Mental, publicada en Santiago por la Imprenta Universo en 1932. Sea como fuere, gracias a Garafulic (<xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1955</xref>) sabemos que se disolvi&#x00F3; en 1949 tras la muerte del Dr. Arturo Vivado, quien por entonces era el profesor titular de la C&#x00E1;tedra de Psiquiatr&#x00ED;a de la Universidad de Chile.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE22"><label>22</label>
				<p>Para abordar de manera m&#x00E1;s espec&#x00ED;fica las relaciones entre el psicoan&#x00E1;lisis, el higienismo y la eugenesia en el campo criminol&#x00F3;gico chileno, v&#x00E9;ase: Vet&#x00F6; (<xref ref-type="bibr" rid="CIT80">2015</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT81">2016</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE23"><label>23</label>
				<p>Sobre Greve Schlegel, v&#x00E9;ase: Ruperthuz (<xref ref-type="bibr" rid="CIT63">2014</xref>); Vezzetti (<xref ref-type="bibr" rid="CIT83">1996a</xref>); Freud (<xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1987</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">1998a</xref>); Rosenthal (<xref ref-type="bibr" rid="CIT62">1945</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE24"><label>24</label>
				<p>Para estudiar el impacto de las Jornadas Neuro-Psiqui&#x00E1;tricas panamericanas en la neuro-psiquiatr&#x00ED;a chilena, v&#x00E9;ase: Araya Ibacache (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2014</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2015</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE25"><label>25</label>
				<p>Esta serie: defecto – degeneraci&#x00F3;n – vicio, es muy com&#x00FA;n en los escritos de m&#x00E9;dicos, profesores, visitadoras sociales, abogados y juristas, y pol&#x00ED;ticos de la &#x00E9;poca. Respecto de ella, s&#x00F3;lo nos interesa de momento destacar que no necesariamente es exclusivamente heredo-degeneracionista ni eug&#x00E9;nica pura, dado que este paradigma se mezclaba con las perspectivas ambientalistas propias del higienismo, incluyendo el refuerzo del medio social ya sea para producir, ya sea para transmitir generacionalmente (degeneraci&#x00F3;n) el defecto y convertirlo as&#x00ED; en vicio.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE26"><label>26</label>
				<p>Cabe destacar que en Chile antes de la d&#x00E9;cada de 1950, las referencias no excluyentes a Freud y Adler, sobre todo en el contexto del trabajo con ni&#x00F1;os y adultos “antisociales”, es sumamente frecuente, apareciendo en casi todas las fuentes primarias de la &#x00E9;poca.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE27"><label>27</label>
				<p>Lo cual puede encontrarse expuesto en el libro de otro de los psiquiatras y psicoanalista de la Cl&#x00ED;nica de Conducta, el Dr. Ram&#x00F3;n Clar&#x00E9;s, titulado, <italic>Sobre la psicog&#x00E9;nesis del arte. Tentativas</italic>, publicado en <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1947</xref>.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE28"><label>28</label>
				<p>El uso de la teor&#x00ED;a de los complejos es tambi&#x00E9;n una caracter&#x00ED;stica de las apropiaciones del psicoan&#x00E1;lisis en Chile en esta &#x00E9;poca, sobre todo aquellas realizadas en los campos de la criminolog&#x00ED;a y del arte. Las principales referencias al respecto utilizadas por autores nacionales son los libros de los psicoanalistas franceses Charles Baudouin y Angelo Hesnard: <italic>El alma infantil y el psicoan&#x00E1;lisis</italic> de Baudouin, publicada en franc&#x00E9;s en 1931 y editada en Chile alrededor de 1934 por Pax-Chile, y <italic>El individuo y el</italic> sexo, aparecido en Francia en 1927 y publicado por Editorial Ercilla en 1936. A partir de estas obras, sabemos que la teor&#x00ED;a de los complejos no se remit&#x00ED;a exclusivamente a aquello trabajado por Freud o por Jung, sino a los aportes de dichos otros autores, quienes –para bien o para mal–, dedicaron muchas p&#x00E1;ginas a la identificaci&#x00F3;n y tipificaci&#x00F3;n de distintos tipos de complejos.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE29"><label>29</label>
				<p>Cabe advertir que en esa &#x00E9;poca en Chile no se utilizaba el concepto del “pulsi&#x00F3;n” para referirse a la noci&#x00F3;n freudiana de <italic>Trieb</italic>, sino el de “instinto”, el cual se hab&#x00ED;a popularizado ya en la d&#x00E9;cada de 1920 a partir de la traducci&#x00F3;n de Freud por Luis L&#x00F3;pez Ballesteros para la editorial Biblioteca Nueva, de Madrid.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE30"><label>30</label>
				<p>Cubillos, adem&#x00E1;s de trabajar en la Cl&#x00ED;nica de Conducta, era psiquiatra del Manicomio Nacional, de la Cl&#x00ED;nica Psiqui&#x00E1;trica Universitaria de la Universidad de Chile, profesor de Biolog&#x00ED;a Criminal en la Penitenciar&#x00ED;a de Santiago y en la Escuela T&#x00E9;cnica de Investigaciones y m&#x00E9;dico del Instituto de Clasificaci&#x00F3;n y Criminolog&#x00ED;a, fundado en 1936 en la Universidad de Chile. En 1935 hab&#x00ED;a publicado un texto muy influyente en la criminolog&#x00ED;a nacional de la &#x00E9;poca, titulado “Delincuencia: problema biol&#x00F3;gico-social y legal”, que apareci&#x00F3; por entregas en la reci&#x00E9;n fundada <italic>Revista de ciencias penales</italic>, y es demostrativo de las principales orientaciones de la medicina legal de la &#x00E9;poca (Cubillos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1935a</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1935b</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1935c</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE31"><label>31</label>
				<p>El n&#x00FA;mero total de casos que aparecen repartidos en estas categor&#x00ED;as es de 153, el cual lamentablemente no se corresponde ni con el n&#x00FA;mero total de casos ingresados en el periodo, ni con el total de ni&#x00F1;os en tratamiento. A pesar de esta inconsistencia num&#x00E9;rica, nos parece que otorgan una interesante perspectiva respecto de las categor&#x00ED;as diagn&#x00F3;sticas utilizadas y de la prevalencia detectada en ese momento entre los ni&#x00F1;os que llegaban a la Cl&#x00ED;nica de Conducta.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE32"><label>32</label>
				<p>Siguiendo a Tirapegui (<xref ref-type="bibr" rid="CIT77">1925</xref>), podemos decir que en aquella &#x00E9;poca en Chile la inteligencia no es entendida como algo puramente org&#x00E1;nico ni hereditario, as&#x00ED; como tampoco algo solamente ambiental. Retomando los postulados de William Stern, Hermann Ebbinghaus, Charles Spearman y por supuesto tambi&#x00E9;n de Alfred Binet, Tirapegui sostiene que la inteligencia es la capacidad de comprender una situaci&#x00F3;n y adaptarse a las exigencias, a los nuevos problemas y condiciones, as&#x00ED; como la capacidad de abstraer, comparar y contrastar. Tirapegui distingue adem&#x00E1;s una “inteligencia general”, que ser&#x00ED;a innata, y una “inteligencia adquirida”, y sostiene que todo ser humano tiene una capacidad innata para aprender, y que son las condiciones ambientales las que permiten que dicha capacidad se desarrolle al m&#x00E1;ximo, o no lo haga.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE33"><label>33</label>
				<p>Aqu&#x00ED;, al igual que en la estad&#x00ED;stica referente a los diagn&#x00F3;sticos, el n&#x00FA;mero total de casos es 110, el cual no corresponde con el n&#x00FA;mero total de casos ingresados en el periodo, ni con el total de ni&#x00F1;os en tratamiento. A pesar de ello, insistimos en que nos parece instructivo aun as&#x00ED; dar cuenta de los m&#x00E9;todos de tratamiento m&#x00E1;s utilizados en la instituci&#x00F3;n.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE34"><label>34</label>
				<p>Es de vital importancia destacar que las fuentes utilizadas para este estudio implican ciertas restricciones a la hora de considerar las pr&#x00E1;cticas cl&#x00ED;nicas efectivamente ejercidas en la Cl&#x00ED;nica de Conducta. Dado que no contamos a&#x00FA;n con ning&#x00FA;n tipo de historiales cl&#x00ED;nicos, archivos ni expedientes de la Cl&#x00ED;nica, s&#x00F3;lo podemos aludir a las nociones y representaciones que se ten&#x00ED;a de la “anormalidad”, la “desadaptaci&#x00F3;n”, las “conductas antisociales” en los ni&#x00F1;os. Hasta qu&#x00E9; punto se aplic&#x00F3; y practic&#x00F3; aquello que se dec&#x00ED;a, debe ser estudiado y confrontado desde otro tipo de fuentes hist&#x00F3;ricas que hasta el momento lamentablemente no hemos encontrado.</p>
			</fn>
			
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
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