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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2017.15</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/asclepio.2017.15</article-id>
			 
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				<subject>ESCENARIOS DE LAS PR&#x00C1;CTICAS PSIQUI&#x00C1;TRICAS EN AM&#x00C9;RICA LATINA (SIGLOS XIX Y XX) / OVERVIEW OF PSYCHIATRIC PRACTICES IN LATIN AMERICA (19TH AND 20TH CENTURIES)</subject>
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				 <article-title>De la Casa de Orates al Open Door: el paisaje en el proyecto asilar chileno, 1852-1928</article-title>
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					<trans-title>From the Madhouse to the Open Door: the Landscape in the Chilean Asylum Project, 1852-1928</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">De la Casa de Orates al Open Door: el paisaje en el proyecto asilar chileno, 1852-1928</alt-title>
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					 <surname>Correa G&#x00F3;mez</surname>
					 <given-names>Mar&#x00ED;a Jos&#x00E9;</given-names>
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			<aff id="U1">Departamento de Humanidades, Universidad Andr&#x00E9;s Bello</aff>
			
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				<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="maria.correa@unab.cl">maria.correa@unab.cl</email>
					ORCID iD: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://orcid.org/0000-0002- 4252-8538">http://orcid.org/0000-0002-4252-8538</ext-link>
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			<pub-date pub-type="epub">		
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				<year>2017</year>
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				<year>2017</year>
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			<volume>69</volume>
			<issue>2</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>En un contexto de desarrollo de la anatom&#x00ED;a patol&#x00F3;gica y de la irrupci&#x00F3;n de la mirada cient&#x00ED;fica sobre el cuerpo de los enfermos mentales, los asilos de locos subrayaron la importancia del espacio, real o simulado, como recurso curativo. Las Casas de Orates se armaron a partir de una propuesta que en su dise&#x00F1;o, emplazamiento y realizaci&#x00F3;n represent&#x00F3; los principios del alienismo, ajustados a la realidad chilena. Este proceso impuls&#x00F3; un escenario asilar espec&#x00ED;fico, con paisajes interiores y exteriores, que caracterizaron al alienismo local y a su promesa de tratar la locura. Este art&#x00ED;culo estudia los asilos proyectados o levantados en Chile desde la Casa de Locos (1852) hasta el Open Door Nacional (1928), dando cuenta de los procesos de apropiaci&#x00F3;n de un modelo internacional desde las particularidades del paisaje local asilar.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>In a period shaped by the development of anatomical pathology and by the entrance of the scientific gaze over the body of the insane, the mental asylum underscored the key importance of the space, real or simulate, as a therapeutic tool. Madhouses were influenced by a proposal that followed in terms of design, location and implementation, the principles of alienism, adjusted to the Chilean setting. This process contributed to develop a specific asylum space, with internal and external landscapes, which characterized local alienism and its promise to treat madness. This article studies the Chilean asylums -planned or built- from the Madhouse (1852) to the National Open Door (1928), in order to show the process of appropriation of an international therapeutic model from the peculiarities of the institutional landscape.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title> 
				<kwd>Casa de Orates</kwd>	
				<kwd>Tratamiento Moral</kwd>
				<kwd>Espacio Terap&#x00E9;utico</kwd>
				<kwd>Chile</kwd>
				<kwd>Siglos XIX y XX</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Madhouse</kwd>	
				<kwd>Moral Treatment</kwd>
				<kwd>Therapeutic Landscape</kwd>
				<kwd>Chile</kwd>
				<kwd>XIX and XX Centuries</kwd>
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		<sec id="S0">
			<title/>

			<p>La creaci&#x00F3;n de la primera Casa de Orates de Chile en 1852 represent&#x00F3; un momento fundacional en la conceptualizaci&#x00F3;n de la locura. Su instalaci&#x00F3;n en Santiago implic&#x00F3; la apropiaci&#x00F3;n de un modelo terap&#x00E9;utico que se situ&#x00F3; como epicentro e ideal del desarrollo alienista de las siguientes d&#x00E9;cadas. La instituci&#x00F3;n ofreci&#x00F3;, con el paso del tiempo, un espacio curativo in&#x00E9;dito, y represent&#x00F3; un lugar de construcci&#x00F3;n de identidad, saber, autoridad y sedici&#x00F3;n, que la proyect&#x00F3; durante el siglo XX como un sitio protag&#x00F3;nico del estudio y administraci&#x00F3;n de la locura, con sus matices y vaivenes. Locos, orates, dementes y furiosos, entre los varios calificativos utilizados para nombrar a quienes parec&#x00ED;an haber perdido la raz&#x00F3;n, se encontraron con un espacio de internaci&#x00F3;n que determin&#x00F3; su capacidad, su condici&#x00F3;n y su accionar. M&#x00E9;dicos y estudiantes de medicina se vincularon con un sitio formativo y de definici&#x00F3;n profesional, que les permiti&#x00F3; desarrollar la nueva rama del alienismo. Autoridades y vecinos reconocieron un espacio que separ&#x00F3; la raz&#x00F3;n de la insania y que ofreci&#x00F3; contenci&#x00F3;n a la locura furiosa y curaci&#x00F3;n a la afecci&#x00F3;n mental. Y la locura, en tanto problema y pregunta, se identific&#x00F3; con un territorio de creaci&#x00F3;n de conocimiento cient&#x00ED;fico y de formalizaron de categor&#x00ED;as patol&#x00F3;gicas centrales para el posicionamiento del alienismo en la sociedad.</p>

			<p>La propuesta europea de aislar a los locos para limitar las consecuencias de sus acciones y de contribuir a su cuidado, cruz&#x00F3; al continente americano influyendo en las instituciones de asistencia y escuelas de medicina. Como resultado se construyeron en la regi&#x00F3;n m&#x00E1;s de una decena de Casas de Orates, surgieron los llamados alienistas y se crearon las primeras c&#x00E1;tedras universitarias de enfermedades mentales. Estos elementos actuar&#x00ED;an como signos protag&#x00F3;nicos del proceso de medicalizaci&#x00F3;n de la locura en Chile, y de su conceptualizaci&#x00F3;n como una enfermedad capaz de ser curada, o al menos, aminorada, a trav&#x00E9;s de distintos recursos, entre ellos, la internaci&#x00F3;n de los enfermos en recintos de salud regidos por los preceptos del tratamiento moral. La implementaci&#x00F3;n de este &#x00FA;ltimo estar&#x00ED;a acompa&#x00F1;ada por la entrada de idearios escoceses y franceses, asociados a figuras como William Cullen (1719-1790), Philippe Pinel (1745-1826) y Jean Esquirol (1772-1840), arribados al pa&#x00ED;s por diversos canales, como la formaci&#x00F3;n que recibi&#x00F3; el fundador de la primera Escuela de Medicina del Chile republicano, William Blest (1800-1884) en la University of Edinburgh, o la influencia francesa absorbida por los forjadores del alienismo nacional, Jos&#x00E9; Ram&#x00F3;n Elguero (1821-1897), Carlos Sazi&#x00E9; (1852-1921) y Augusto Orrego Luco (1849-1933), entre otros, en la Universidad de Chile y en el extranjero.</p>

			<p>La Casa de Orates represent&#x00F3; un sitio de construcci&#x00F3;n de identidad y de poder, al mismo tiempo que se constituy&#x00F3; como marco material del alienismo y como espacio de ensayo de sus recursos curativos. Encarn&#x00F3; las potencialidades y al mismo tiempo las dificultades de la medicina chilena y de sus instituciones de beneficencia para administrar la salud mental de la poblaci&#x00F3;n. Esta doble caracterizaci&#x00F3;n no resulta contradictoria, sino m&#x00E1;s bien refleja las particularidades de los procesos de apropiaci&#x00F3;n nacional de modelos terap&#x00E9;uticos europeos y las din&#x00E1;micas que acompa&#x00F1;aron la construcci&#x00F3;n de un alienismo local, con todas sus complejidades y tonos. Es esta ambivalencia la que este art&#x00ED;culo se interesa en recorrer, desde los espacios y paisajes asilares propuestos, dise&#x00F1;ados o implementados entre 1852 y 1928. De esta forma, y siguiendo la noci&#x00F3;n de <italic>landscape</italic> (Mitchell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2002</xref>), busca revisar el proyecto y sus caracter&#x00ED;sticas, entendiendo a sus espacios como recursos activos y din&#x00E1;micos, gestadores de identidades y modificadores activos del modelo representado; como soportes del patr&#x00F3;n asilar, que sustentaron y unieron sus paisajes plurales, al mismo tiempo que contribuyeron a dibujar una escena m&#x00E1;s amplia asociada al programa higi&#x00E9;nico de la naci&#x00F3;n (Cosgrove, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2002</xref>). </p>

			<p>Este art&#x00ED;culo revisa y recorre los primeros espacios manicomiales de Chile: la Casa de Orates de Santiago (1852 y 1856), la Casa de Orates de Providencia (1894), el Manicomio de Concepci&#x00F3;n (1895) y el Opendoor del Peral (1928). Explora los espacios institucionales que acompa&#x00F1;aron el tr&#x00E1;nsito de la Casa de Orates al Open Door, revisando su materialidad difusa, quim&#x00E9;rica, precaria y contradictoria, forjadora de paisajes con continuidad, reales e imaginados, deseados y cuestionados. El surgimiento de sitios de locura y su apropiaci&#x00F3;n por parte de una comunidad de personas y saberes, defini&#x00F3; el encierro psiqui&#x00E1;trico. En este sentido, y siguiendo una lectura foucaultiana del espacio que permite ver a la Casa no como un sitio vac&#x00ED;o e impuesto, sino como un espacio heterot&#x00F3;pico, definido y ordenado desde las diversas relaciones en ella desarrolladas, vinculadas a su vez con distintos niveles del hacer, asociados a deseos, rebeliones y realizaciones de la comunidad que interact&#x00FA;a con ella (Foucault y Miskowiec, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1986</xref>), este estudio propone un recorrido por los espacios asilares forjados en el pa&#x00ED;s entre 1852 y 1928 y un an&#x00E1;lisis preliminar de sus formas y usos. Revisa a trav&#x00E9;s de fuentes diversas<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref>, los cambios del paisaje asilar desde la Casa al Manicomio, y desde la propuesta de tratamiento moral al de puertas abiertas, en una contribuci&#x00F3;n general, pero necesaria (Sacrist&#x00E1;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2009</xref>). En esta aproximaci&#x00F3;n busca relacionar el &#x00E1;mbito material con el terap&#x00E9;utico y contribuir a una discusi&#x00F3;n sobre el valor del paisaje y del espacio en el proyecto asilar (Hickman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2005</xref>; Edginton, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2003</xref>; MacKinnon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2009</xref>).</p>

			<p>La Casa de Orates determina nuevos “contra-espacios”, espacialidades imaginarias que se sustentan en espacios reales y que revelan la pluralidad y heterogeneidad, pero al mismo tiempo la unidad, del lugar de la locura asilada. Este &#x00E9;nfasis busca ir m&#x00E1;s all&#x00E1; de las tesis totalizantes heredadas de los sesenta y setenta respecto a los asilos m&#x00E9;dicos como dispositivos eficaces al servicio del proyecto liberal (Goffman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1961</xref>), con el objeto de revisar otras agencias y contextos que colaboraron en la implementaci&#x00F3;n local del ideal m&#x00E9;dico reformista. El manicomio fue, como propone Valeria Pita para el caso bonaerense, una construcci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica compleja que respondi&#x00F3; a conflictos, imaginarios, proyectos pol&#x00ED;ticos, representaciones colectivas, en ocasiones “distantes de lo que hoy en d&#x00ED;a reconocemos, aceptamos o rechazamos” (Pita, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2012</xref>, p. 14). En base a este reconocimiento, interesa visitar sus espacios y pensar sus paisajes, para analizar el molde particular del modelo de tratamiento moral.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S1">
			<title>EL MODELO ASILAR DECIMON&#x00D3;NICO EN LA CASA DE ORATES DE LOS OLIVOS</title>

			<p>El plano del arquitecto Pedro Dejean identificaba en 1856 una peque&#x00F1;a construcci&#x00F3;n llamada Loquer&#x00ED;a<xref ref-type="fn" rid="NOTE2">2</xref>. Al poniente de la capital y separada de ella por chacras y vi&#x00F1;edos, la Casa de Orates de Nuestra Se&#x00F1;ora de los &#x00C1;ngeles, fundada en agosto de 1852, se elevaba como uno de los primeros esfuerzos institucionales por tratar m&#x00E9;dicamente la locura. A esta iniciativa, se sumar&#x00ED;a en 1856 una segunda instituci&#x00F3;n - la Casa de Orates de los Olivos- que, ubicada en la periferia nororiente de Santiago, reemplazar&#x00ED;a a la Casa de Yungay (Osorio, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2016</xref>, p. 391). </p>

			<p>La creaci&#x00F3;n de este establecimiento se inspir&#x00F3; en los nuevos paradigmas decimon&#x00F3;nicos sobre la locura y su administraci&#x00F3;n, generosamente abordados por la historiograf&#x00ED;a internacional (Grob, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1973</xref>, Rothman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1971</xref> y Goldberg, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2001</xref>). Herederos de ideas preexistentes sobre la integraci&#x00F3;n del cuerpo y la mente, y receptores del proceso de reducci&#x00F3;n de la locura a una condici&#x00F3;n cerebral, estos arquetipos subrayaron la importancia de lo corporal y lo s&#x00ED;quico en la terap&#x00E9;utica mental y permitieron el desarrollo del llamado tratamiento moral, un modelo curativo que busc&#x00F3; sanar la locura a trav&#x00E9;s del aislamiento y la disciplina y que se implement&#x00F3; primero en los asilos de locos europeos del siglo XVIII y principalmente del XIX (Huertas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2008</xref>). Estos establecimientos sirvieron de modelo para su desarrollo en Am&#x00E9;rica Latina a mediados del siglo XIX, en una coincidencia temporal regional que reflej&#x00F3; la apropiaci&#x00F3;n local del marco ideol&#x00F3;gico, en un sentido que evidentemente se distanci&#x00F3; de las condiciones de emergencia y producci&#x00F3;n europea, y que entreg&#x00F3; caracter&#x00ED;sticas dis&#x00ED;miles propias de los contextos locales.</p>

			<p>La Casa de los Olivos fue presentada como una necesidad social, acorde a todo pa&#x00ED;s civilizado<xref ref-type="fn" rid="NOTE3">3</xref>. Metaforiz&#x00F3; los cambios enfrentados por la enajenaci&#x00F3;n mental, que dejaba de ser comprendida como un estado de endemoniamiento, para pasar a constituirse como “una enfermedad como cualquiera”, que deb&#x00ED;a inspirar “interes i compasi&#x00F3;n”. Este giro introduc&#x00ED;a el tratamiento racional del asilo e intentaba abandonar, en palabras de Manuel Beca, el abordaje inhumano que llevaba a los locos a enfrentarse con suplicios que iban “desde el cadalzo hasta la hogera”, o al olvido silencioso que los hac&#x00ED;a vagar precariamente por el pa&#x00ED;s<xref ref-type="fn" rid="NOTE4">4</xref>. El tratamiento moral, considerado por Jos&#x00E9; Ram&#x00F3;n Elguero -primer alienista del asilo- como el &#x00FA;nico capaz de ofrecer resultados eficaces, se sosten&#x00ED;a en la separaci&#x00F3;n del enfermo de su familia y de las relaciones y h&#x00E1;bitos que incid&#x00ED;an en su estado patol&#x00F3;gico<xref ref-type="fn" rid="NOTE5">5</xref>. Sostenido sobre el efecto ben&#x00E9;fico de alejar al enfermo de la vida citadina, que comenzaba a ser vista como epicentro patol&#x00F3;gico y como sitio malsano, comprend&#x00ED;a el acceso a un nuevo espacio terap&#x00E9;utico en el que conflu&#x00ED;an una variedad de recursos terap&#x00E9;uticos adicionales que complementaban y al mismo tiempo defin&#x00ED;an la aislaci&#x00F3;n (Correa, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2009</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2013</xref>).</p>

			<p>El tratamiento moral sostuvo el desarrollo de la instituci&#x00F3;n, gracias a una promesa curativa que ofrec&#x00ED;a reducir las desviaciones de la mente por medio de la internalizaci&#x00F3;n de las normas del r&#x00E9;gimen asilar. Este sistema se presentaba como capaz de modificar voluntades, afectos y sensibilidades desviadas, y se mostraba como parte de un giro epistemol&#x00F3;gico que caracterizaba a la locura como una afecci&#x00F3;n de la voluntad y la sensibilidad, es decir, de las facultades del hacer y sentir. Bajo estos lineamientos, la propuesta del asilo brindaba un espacio de contenci&#x00F3;n y salud diferenciado, que inauguraba mecanismos para movilizar y transformar estas facultades, entre los que se consideraba el espacio, por ser determinante en la aislaci&#x00F3;n y por vigilar los factores que impresionaban y, por tanto, afectaban los sentidos de los internos. </p>

			<p>La Casa se inspir&#x00F3; en el aislamiento y el retiro, y desde esa perspectiva dibuj&#x00F3; su paisaje. Correspondi&#x00F3; a una instituci&#x00F3;n demarcada f&#x00ED;sicamente, circundada por vi&#x00F1;as y chacras, ubicada en la ciudad, pero separada de ella simb&#x00F3;licamente, sea por hitos, como el r&#x00ED;o Mapocho, que diferenciaba la urbe ilustrada, de los arrabales y la ruralidad, o por su posicionamiento en los m&#x00E1;rgenes urbanos (Castillo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2014</xref>). La Casa se present&#x00F3;, en dicha periferia, como una chispa de modernidad, que introdujo a los extramuros elementos propios del desarrollo cient&#x00ED;fico e intelectual citadino, y que con el tiempo contribuy&#x00F3;, junto a otros recintos m&#x00E9;dicos y hospitalarios, a la expansi&#x00F3;n del suelo urbano. Su edificio, a cargo del arquitecto Ferm&#x00ED;n Vivaceta (1829-1890), fue inaugurado pese a estar inconcluso, acogiendo inicialmente a un n&#x00FA;mero menor que los 270 internos proyectados. De adobe y de madera, con piso de ladrillo, la casa cambi&#x00F3; su materialidad con el paso del tiempo. Su suelo se reemplazar&#x00ED;a por un entablado de madera, se cambiar&#x00ED;an los pesados candados de las puertas por chapas y se abrir&#x00ED;an nuevos arcos y ventanas en reemplazo de los antiguos tragaluces. Contaba con alrededor de diez patios, cinco por lado y dos fuentes de agua, adem&#x00E1;s de acequias que comunicaban los patios y atravesaban el asilo las que ser&#x00ED;an substituidas a fines del siglo por ca&#x00F1;er&#x00ED;as para evitar anegaciones y problemas de higiene<xref ref-type="fn" rid="NOTE6">6</xref>.</p>

			<p>Durante sus primeros a&#x00F1;os la Casa cont&#x00F3; con pocos internos. Si bien en Yungay la media anual no super&#x00F3; las 30 personas, en los Olivos su n&#x00FA;mero se elev&#x00F3; a 367 en 1870 y 634 en 1879, expandi&#x00E9;ndose a 1773 a fin de siglo y a 2100 hacia 1922, para un pa&#x00ED;s que hab&#x00ED;a visto crecer sostenidamente su poblaci&#x00F3;n, de 1.439.120 a 3.753.799 habitantes entre 1854 y 1922<xref ref-type="fn" rid="NOTE7">7</xref>. Gran parte de los insanos fueron identificados como man&#x00ED;acos, dementes o fatuos. Con el tiempo dichas clasificaciones generales disminuyeron, frente a una carta de afecciones m&#x00E1;s diversa, que ampli&#x00F3; la paleta diagn&#x00F3;stica. Al mismo tiempo, comenzaron a predominar ciertas patolog&#x00ED;as, como el delirio alcoh&#x00F3;lico, que si bien en 1896 solo alud&#x00ED;a a 38 internos, representaba el mayor problema entre los que acud&#x00ED;an a la instituci&#x00F3;n, con un total de 117 casos<xref ref-type="fn" rid="NOTE8">8</xref>. </p>

			<p>El aumento y la diversificaci&#x00F3;n de la poblaci&#x00F3;n determinaron cambios en la infraestructura. Se crearon los pensionados, secciones pagadas que con sus propios guardianes, cocinera y espacios privados reproduc&#x00ED;an las jerarqu&#x00ED;as sociales del exterior. Se levantaron recintos especiales para dar cabida a ciertos tipos de enfermos y a sus necesidades terap&#x00E9;uticas, particularmente a alcoh&#x00F3;licos bajo el Asilo de Temperancia (Fern&#x00E1;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2009</xref>). La ley de alcoholes empuj&#x00F3; estos cambios, y hacia 1925 oficializ&#x00F3; el cuidado de los alcoh&#x00F3;licos cr&#x00F3;nicos y reincidentes, lo que se hab&#x00ED;a implementado de facto hac&#x00ED;a ya un tiempo<xref ref-type="fn" rid="NOTE9">9</xref>. Tambi&#x00E9;n empujaron estos cambios las grandes transformaciones que experiment&#x00F3; el alienismo entre mediados del siglo XIX e inicios del XX, bajo los presupuestos de las ideas de la anatom&#x00ED;a patol&#x00F3;gica, la degeneraci&#x00F3;n y el impulso de la higiene social (Araya, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2015</xref>, S&#x00E1;nchez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2014</xref> y Ruperthuz y S&#x00E1;nchez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2015</xref>). De esta manera el establecimiento cambi&#x00F3; su espacio y sus paisajes de acuerdo a los presupuestos m&#x00E9;dicos que ampliaban el registro etiol&#x00F3;gico y a las soluciones asociadas a ellos, promoviendo el ingreso de nuevos tipos de enfermos y de terapias. Entre la oferta terap&#x00E9;utica del proyecto moral se encontraban, por una parte, como indicaban los mismos m&#x00E9;dicos del establecimiento, los “medios higi&#x00E9;nicos” o acervos morales, conceptualizados como constitutivos de la terapia asilar, como el aislamiento, el entretenimiento, la ocupaci&#x00F3;n, el trabajo, la lectura, la disciplina, la reglamentaci&#x00F3;n ordenada y el buen empleo del tiempo<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref>. Por otra parte, se ubicaban los “medios terap&#x00E9;uticos” que correspond&#x00ED;an a la aplicaci&#x00F3;n de medicamentos y drogas, y a los agentes “psico-f&#x00ED;sicos” -como el agua, la electricidad y el hipnotismo- propuestos por la medicina.</p>

			<p>Los “medios higi&#x00E9;nicos”, comandados por el retiro y el encierro, fueron centrales a la propuesta de la Casa y entre sus beneficios se encontraba su capacidad de generar quietud, alejar al enfermo de las causas de exitaci&#x00F3;n, protegerlo de reacciones nuevas y desarrollar elementos eficaces para su salud mental<xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref>. Estos buscaron activar los recursos morales del sistema asilar y determinaron marcadamente las caracter&#x00ED;sticas materiales y espaciales del asilo. La internaci&#x00F3;n del enfermo defini&#x00F3; a la Casa como un espacio cerrado. Muros y puertas separaban el mundo exterior del interior, junto a normas y procesos estipulados por administradores, jueces y m&#x00E9;dicos. El aislamiento deb&#x00ED;a ser asegurado por condiciones materiales, vigiladas por estatutos que fijaban la vinculaci&#x00F3;n y conexi&#x00F3;n del espacio interno con el externo. A la Casa de Orates se entraba y sal&#x00ED;a siguiendo los reglamentos de 1856, 1883 y 1927, que reg&#x00ED;an la aislaci&#x00F3;n y ordenaban el asilo para los interdictos, furiososos o que causasen esc&#x00E1;ndalo, presos enjuiciados, indigentes, o dementes remitidos por un curador, autoridad o pariente, y permit&#x00ED;an la salida a quienes hubiesen sido reconocidos por el m&#x00E9;dico como curados, o en caso de no estar sanados, fueran retirados por los familiares o por qui&#x00E9;nes los hab&#x00ED;an internado<xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref>.</p>

			<p>El ideario cat&#x00F3;lico, nutriente terap&#x00E9;utico del proyecto asilar, se escenific&#x00F3; en la capilla que se ubicaba al centro del asilo, rodeada, como muestran los mapas<xref ref-type="fn" rid="NOTE13">13</xref>, de jardines y corredores. Con grandes ventanas por las cuales los internos del credo cat&#x00F3;lico pod&#x00ED;an “ver” las misas celebradas los domingos y festivos, recib&#x00ED;a a los favorecedores del asilo, y a todos quienes de una u otra forma se vinculaban con el establecimiento. De esta forma la capilla ofrec&#x00ED;a un espacio donde la raz&#x00F3;n se intersectaba con la insania bajo la vigilancia de la religi&#x00F3;n. Este di&#x00E1;logo fue respaldado por las normativas internas del establecimiento, las que obligaron la presencia de un capell&#x00E1;n, cuya silueta se mezclar&#x00ED;a con las de las religiosas que a fines del siglo administrar&#x00ED;an la instituci&#x00F3;n. El reglamento de 1883 estableci&#x00F3;, que la Casa deb&#x00ED;a contar con un sacerdote para la misa y la administraci&#x00F3;n del sacramento de la penitencia a “los enfermos que lo soliciten i el estado de su cerebro lo permita”<xref ref-type="fn" rid="NOTE14">14</xref>. A esta presencia se sum&#x00F3; el inter&#x00E9;s de las autoridades de poner el asilo en manos de religiosas. Desde el inicio se discuti&#x00F3; sobre la conveniencia de traer a congregaciones como las Hermanas de la Caridad y las Monjas de la Providencia. Finalmente, en 1895, arribaron las religiosas de San Jos&#x00E9; de Cluny, contratadas en Par&#x00ED;s por el gobierno para hacerse cargo de los servicios generales de administraci&#x00F3;n y tambi&#x00E9;n de la secci&#x00F3;n de mujeres. Esta presencia se relacionaba con una pol&#x00ED;tica implementada por el gobierno respecto a los sitios de salud, que ve&#x00ED;a en el apoyo cat&#x00F3;lico un empuje para el desarrollo de la nueva medicina hospitalaria de inicios del siglo XX, como engranaje del paso de la beneficencia a la salud p&#x00FA;blica (Ponce de Le&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2011</xref>). La presencia de la religi&#x00F3;n, patr&#x00F3;n compartido por otros estableciamientos, como los nuevos hospitales que se construyeron a fines del XIX que entregaron varias de las tareas centrales a congregaciones cat&#x00F3;licas, se visualiz&#x00F3; en los diferentes signos del paisaje asilar, como la capilla, los crucifijos, las figuras de las monjas, los cantos religiosos, entre otros. </p>

			<p>El cruce entre medicina y religi&#x00F3;n explica tambi&#x00E9;n el recorrido administrativo de la Casa durante el siglo XIX. Como espacio de beneficencia p&#x00FA;blica, fue administrada hasta 1891 por una junta integrada por representantes de la elite y de la Iglesia, pasando luego a depender de la Junta de Beneficencia de la Capital. Como instituci&#x00F3;n sostenida por la caridad mostr&#x00F3; problemas para alcanzar los proyectos que se presupuestaban y para desarrollar su potencial. Por una parte, la tensa relaci&#x00F3;n entre los m&#x00E9;dicos y la Junta Directiva, y que en ocasiones llev&#x00F3; a la destituci&#x00F3;n de alg&#x00FA;n especialista, obstaculiz&#x00F3; el trabajo en conjunto de los hombres de ciencia y los de caridad (Camus, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1993</xref>). Estos &#x00FA;ltimos parecieron no comprender del todo la finalidad curativa del sistema asilar, reduciendo el accionar del m&#x00E9;dico a la aplicaci&#x00F3;n de medicinas, sin permitirles participar de la toma de decisiones respecto del funcionamiento de la instituci&#x00F3;n, y por tanto, de las condiciones de aplicaci&#x00F3;n del tratamiento moral. Por otra, los recursos estatales fueron reducidos, apoy&#x00E1;ndose en la caridad de las elites y la limosna p&#x00FA;blica, graficada en las dos alcanc&#x00ED;as ubicadas en la entrada principal para recibir donaciones.</p>

			<p>Entre los medios higi&#x00E9;nicos promulgados por el asilo, destac&#x00F3; el uso del tiempo libre. Si bien las cr&#x00ED;ticas respecto a la ociosidad de los internos fueron abundantes, se dise&#x00F1;aron varios proyectos para fomentar su movimiento, los que incidieron a su vez sobre el espacio y sus usos. Citando los postulados de alienistas europeos y aludiendo a los logros alcanzados en los asilos extranjeros, Sazi&#x00E9; y sus contempor&#x00E1;neos, valoraron el quehacer productivo, &#x00FA;til adem&#x00E1;s a la econom&#x00ED;a del establecimiento. El trabajo activaba el cuerpo, haciendo descansar el cerebro de las ideas fijas, las divagaciones y la fantas&#x00ED;a, ayudaba al “reposo del esp&#x00ED;ritu por el alejamiento de las preocupaciones enfermizas del loco”, manten&#x00ED;a la salud f&#x00ED;sica y produc&#x00ED;a un “equilibrio de las fuerzas utiliz&#x00E1;ndolas”<xref ref-type="fn" rid="NOTE15">15</xref>. Esta atenci&#x00F3;n se tradujo en la creaci&#x00F3;n de propuestas laborales definidas por el g&#x00E9;nero y anudadas a las necesidades del asilo. Para los hombres se impulsaron talleres de zapater&#x00ED;a, para la fabricaci&#x00F3;n del calzado de los internos, y de carpinter&#x00ED;a, para el arreglo del espacio asilar. Luego se sumaron otros de herraje, hojalater&#x00ED;a y gasfiter&#x00ED;a, junto a labores agr&#x00ED;colas<xref ref-type="fn" rid="NOTE16">16</xref>. Las mujeres accedieron a talleres diferenciados, menos provistos espacialmente. Cos&#x00ED;an al aire libre los vestidos de internas indigentes, y algunas trabajaban en la lavander&#x00ED;a. Pese al impulso y quiz&#x00E1;s como consecuencia de la demora en su implementaci&#x00F3;n, la participaci&#x00F3;n de los internos en los talleres fue baja durante las primeras cinco d&#x00E9;cadas de funcionamiento de la instituci&#x00F3;n, increment&#x00E1;ndose en las primeras d&#x00E9;cadas del siglo XX (Torres, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2014</xref>). Con el tiempo, el espacio psiqui&#x00E1;trico continu&#x00F3; ofreciendo talleres, orientados a apoyar la econom&#x00ED;a interna del establecimiento, con un alcance limitado y con una trayectoria fragmentada. La historiograf&#x00ED;a se ha interesado en este prop&#x00F3;sito, en tanto signo pol&#x00ED;tico y moral del llamado dispositivo asilar (Leyton, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2005</xref>), sin embargo, m&#x00E1;s all&#x00E1; de la ret&#x00F3;rica visual y promocional, la instituci&#x00F3;n continu&#x00F3; operando en base a carencias y limitaciones que no permitieron transformar la laborterapia en un modelo terap&#x00E9;utico eficiente y efectivo al proposito terap&#x00E9;utico y econ&#x00F3;mico del asilo, y posteriormente del manicomio.</p>

			<p>No solo el trabajo apelaba al control de la mente y su divagaci&#x00F3;n, sinto tambi&#x00E9;n el entretenimiento como base sustantiva del tratamiento moral (MacKinnon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2009</xref>). Sazi&#x00E9; destacar&#x00ED;a las actividades recreativas ofrecidas en los asilos extranjeros, bastante m&#x00E1;s nutridas que las brindadas por el asilo de Santiago, restringidas a la pr&#x00E1;ctica de bolas y palitroques, mientras que el alienista Germ&#x00E1;n Greve ense&#x00F1;ar&#x00ED;a que todos los “asilos modernos”, contaban con “juegos agradables y recreativos, palitroques, billares”, como de “salones de espect&#x00E1;culos, bailes y <italic>soir&#x00E9;es</italic> musicales”<xref ref-type="fn" rid="NOTE17">17</xref>. La reducida oferta del asilo de Santiago se ampli&#x00F3; tras la construcci&#x00F3;n de uno de sus espacios m&#x00E1;s emblem&#x00E1;ticos, el teatro inaugurado en 1897, siguiendo indicaciones que se remontaban al menos hacia 1875, cuando Benham sugiri&#x00F3; construir “un grande espacio o sal&#x00F3;n cubierto” para comedor y para diversiones, como conciertos y bailes<xref ref-type="fn" rid="NOTE18">18</xref>. El Teatro o Sal&#x00F3;n Grez se edific&#x00F3; como muchas otras iniciativas gracias a un acto filantr&#x00F3;pico, bajo la administraci&#x00F3;n de Pedro Montt, qui&#x00E9;n ser&#x00ED;a presidente del pa&#x00ED;s entre 1906 y 1910, periodo en el cual se realizaron importantes cambios en la Casa en un af&#x00E1;n de reposicionar y cumplir sus espectativas<xref ref-type="fn" rid="NOTE19">19</xref>. Acompa&#x00F1;aron la definici&#x00F3;n de un espacio teatral, los esfuerzos de constituci&#x00F3;n y habilitaci&#x00F3;n de espacios comunes para los internos asociados al canto, al rezo, a la comida, a la lectura y a la actuaci&#x00F3;n, acomodados a su vez en jerarqu&#x00ED;as patol&#x00F3;gicas y de comportamiento. Estos lugares ampliaron la circulaci&#x00F3;n, favorecieron la interacci&#x00F3;n entre hombres y mujeres, y sirvieron como puente para la interacci&#x00F3;n con la comunidad en general, m&#x00E1;s all&#x00E1; de la asilar.</p>

			<p>Junto a las acciones directas que activaban la pedagog&#x00ED;a moral, se ofrecieron tratamientos m&#x00E1;s espec&#x00ED;ficos, que podemos asociar a “los medios terapeuticos” identificados por los facultativos del establecimiento. Estos si bien se modificaron con el paso del tiempo, apelaron al uso de medicinas –preparados de botica y luego espec&#x00ED;ficos– y la aplicaci&#x00F3;n de sangr&#x00ED;a, as&#x00ED; tambi&#x00E9;n de electricidad e hidroterapia, entre otros. Estos sistemas, determinaron el espacio e impulsaron la creaci&#x00F3;n de gabinetes y recintos dirigidos al uso de la nueva tecnolog&#x00ED;a en circulaci&#x00F3;n. En el transcurso del siglo se rehicieron los ba&#x00F1;os de duchas y de lluvia, y siguiendo los principios de la hidroterapia se le dio importancia a los ba&#x00F1;os tibios de tina. A fines del siglo XIX se construy&#x00F3; un gabinete de electricidad, con aparatos nuevos, costosos y eficaces, que constitu&#x00ED;an, seg&#x00FA;n los m&#x00E9;dicos, “la mejor instalaci&#x00F3;n en su j&#x00E9;nero” en los establecimientos de la beneficencia p&#x00FA;blica<xref ref-type="fn" rid="NOTE20">20</xref>. La importancia de la anatomopatolog&#x00ED;a y la vinculaci&#x00F3;n de lesiones org&#x00E1;nicas con condiciones mentales incentivaron el estudio del cuerpo. Como consecuencia, la Casa se dot&#x00F3; de instrumentos quir&#x00FA;rgicos para operaciones y autopsias, y de un laboratorio de microscop&#x00ED;a, microfotograf&#x00ED;a y fotograf&#x00ED;a, y un n&#x00FA;mero cada vez m&#x00E1;s elevado de m&#x00E9;dicos realizando investigaci&#x00F3;n. </p>

			<p>En 1900, el doctor Carlos Ugarte, encargado del laboratorio, informaba con satisfacci&#x00F3;n y confianza al administrador, en un intento quiz&#x00E1;s de ampliar los recursos destinados a su &#x00E1;rea, que los numerosos estudios realizados en el laboratorio hab&#x00ED;an contribuido significativamente a esclarecer los diagn&#x00F3;sticos de los pacientes. Los ex&#x00E1;menes de orina en melanc&#x00F3;licos y man&#x00ED;acos mostraban datos interesantes. En el caso de la melancol&#x00ED;a identificaba un aumento considerable de ciertas sustancias en el intestino, interpretados como “verdaderos venenos del sistema nervioso”<xref ref-type="fn" rid="NOTE21">21</xref>. Las autopsias y an&#x00E1;lisis histol&#x00F3;gicos establec&#x00ED;an causas de muerte y permit&#x00ED;an cruces con el historial m&#x00E9;dico de los internos. El reconocimiento del valor del estudio del cuerpo llev&#x00F3; a que el asilo se convirtiera en el &#x00FA;nico establecimiento que siguiendo a las cl&#x00ED;nicas europeas, contaba hacia 190 con 900 autopsias protocolarizadas y m&#x00E1;s de 100 piezas anat&#x00F3;micas<xref ref-type="fn" rid="NOTE22">22</xref>. A esto se sumaban secciones de bacteriolog&#x00ED;a para la realizaci&#x00F3;n de examenes de espectoraci&#x00F3;n, y de qu&#x00ED;mica para la ejecuci&#x00F3;n de examenes de orina, jugo g&#x00E1;stricos, l&#x00ED;quidos patol&#x00F3;gicos y leche u alimentaci&#x00F3;n. Junto con apoyar la estad&#x00ED;stica, estas instancias mostraban el potencial productivo del establecimiento, aportando algunas conclusiones preliminares, como las de Carlos Ugarte sobre algunos procesos internos relacionados con ciertos estados mentales. En su inter&#x00E9;s por dialogar con las investigaciones europeas respecto al origen y desarrollo de las enfermedades mentales, comprobaba “los resultados obtenidos por algunos autores como Ballet, Regis i Chevallier” respecto a una disminuci&#x00F3;n de la toxicidad urinaria en la man&#x00ED;a y un aumento en la melancol&#x00ED;a<xref ref-type="fn" rid="NOTE23">23</xref>.</p>

			<p>Durante la segunda mitad del XIX la implementaci&#x00F3;n y el perfeccionamiento del tratamiento moral se incrust&#x00F3; a un determinado paisaje asilar que desde sus usos y formatos determin&#x00F3; al proyecto chileno. Si bien adolec&#x00ED;a de m&#x00FA;ltiples problemas y carencias, este se organiz&#x00F3; y se present&#x00F3; desde los espacios conquistados, m&#x00E1;s que desde las posibilidades reales de sanaci&#x00F3;n ofrecidas. El siglo cerraba con aires de reforma, que llevar&#x00ED;an a la b&#x00FA;squeda de soluciones y la implementaci&#x00F3;n de nuevos espacios, que renovar&#x00ED;an la propuesta, pero permitir&#x00ED;an interesantes traspasos. Como resultado, la &#x00FA;ltima d&#x00E9;cada del siglo, se caracteriz&#x00F3; por un dinamismo que acogi&#x00F3; debates y proyectos, y que impuls&#x00F3; futuros establecimientos como los Manicomios de la Providencia y de Concepci&#x00F3;n, y el <italic>Open Door</italic> del Peral.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S2">
			<title>LOS NUEVOS MANICOMIOS, LA NECESIDAD DE REFORMA Y EL VALOR DEL PAISAJE</title>

			<p>Para fines del siglo XIX el establecimiento asilar de Santiago se hac&#x00ED;a insuficiente para cubrir las necesidades nacionales. Pese a que el reconocimiento de sus problemas se remontaba a d&#x00E9;cadas atr&#x00E1;s, los cambios en sus espacios y en sus presupuestos terap&#x00E9;uticos no hab&#x00ED;an logrado aplacar las dificultades. El alienista William Benham reclamaba ya en 1875 que los internos, desde su entrada al establecimiento, deb&#x00ED;an “luchar contra todas las circunstancias desfavorables del proceso de restablecimiento”. Si bien esta cr&#x00ED;tica le vali&#x00F3; su destituci&#x00F3;n como m&#x00E9;dico del asilo, ciertamente la Casa, no ofrec&#x00ED;a las condiciones terap&#x00E9;uticas prometidas, ni tampoco garantizaba la ejecuci&#x00F3;n del tratamiento moral, por problemas de toda &#x00ED;ndole, que consideraban hasta la ausencia de un reloj, s&#x00ED;mbolo de la rutina y de la disciplina que se buscaba implementar. Como dec&#x00ED;a Benham, sin “el conocimiento del tiempo” hab&#x00ED;a sido casi imposible observar alguna regularidad en el recinto<xref ref-type="fn" rid="NOTE24">24</xref>.</p>

			<p>La reflexi&#x00F3;n en torno al espacio y sus usos, as&#x00ED; como la definici&#x00F3;n de sus paisajes, fueron parte importante de los debates que acompa&#x00F1;aron la reforma de las instituciones asilares en Chile y en la regi&#x00F3;n (Sacrist&#x00E1;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2008</xref>). Los viajes de los especialistas a Europa y Estados Unidos, desde la d&#x00E9;cada del ochenta, para explorar distintas alternativas en el tratamiento de la locura, les permitieron conocer otras experiencias asilares y reflexionar sobre sus diferencias con el modelo chileno. A trav&#x00E9;s de ellos se incorporaron en la discusi&#x00F3;n nacional nuevos ideales y paisajes que se constru&#x00ED;an desde sus percepciones y descripciones, publicadas y compartidas tanto en las revistas especializadas, como en la prensa. Estos contenidos funcionaron como materia prima de los nuevos proyectos asilares que se pensaban en el pa&#x00ED;s, y a diferencia de las influencias que impulsaron el primer asilo, funcionar&#x00ED;an como un suministro m&#x00E1;s directo para los arquitectos y autoridades que empujar&#x00ED;an los proyectos locales.</p>

			<p>Uno de los primeros elementos destacados por los m&#x00E9;dicos fue el emplazamiento y la extensi&#x00F3;n del territorio hospitalario. Para fines del siglo XIX la Casa de Orates de Santiago se hab&#x00ED;a vuelto m&#x00E1;s estrecha y hab&#x00ED;a perdido el car&#x00E1;cter aislado que la caracteriz&#x00F3; en sus inicios. En este escenario, los m&#x00E9;dicos pidieron reubicar a los asilos en espacios alejados. Algunos, como el doctor Aureliano Oyarzun, sugirieron ubicarlos en el campo, donde hay “mayor cantidad de terreno”<xref ref-type="fn" rid="NOTE25">25</xref>. Aparte del sustrato econ&#x00F3;mico de esta afirmaci&#x00F3;n, la necesidad de terreno apelaba a solucionar el asunto del hacinamiento, y principalmente, a satisfacer el deseo de contar con espacios exteriores apropiados, en concordancia con la valorizaci&#x00F3;n del car&#x00E1;cter curativo que adquir&#x00ED;an los espacios externos. Como planteaba Oyarz&#x00FA;n, el contar con terrenos adecuados, en tama&#x00F1;o y ubicaci&#x00F3;n, permitir&#x00ED;a que los enfermos tuvieran a su disposici&#x00F3;n jardines, lagos donde bogar y hasta bosques, elementos que influ&#x00ED;an “favorablemente en sus estraviadas facultades cerebrales”<xref ref-type="fn" rid="NOTE26">26</xref>. </p>

			<p>La presencia de “jardines y parques”, como indicaba Germ&#x00E1;n Greve, eran constitutivos de los asilos modernos<xref ref-type="fn" rid="NOTE27">27</xref>. Enviado a Europa en 1893 para instruirse en los nuevos manicomios y en la electroterapia, Greve relat&#x00F3;, al igual que lo har&#x00ED;a un par de a&#x00F1;os despu&#x00E9;s Manuel Segundo Beca, m&#x00E9;dico residente de la Casa de Orates, en su visita a los establecimientos ingleses, las bondades de la naturaleza en el cuidado de la locura. Beca destac&#x00F3; la decoraci&#x00F3;n, las flores y la vista al exterior del cl&#x00E1;sico asilo de Bethlem en Londres y el extenso pa&#x00F1;o de terreno, “h&#x00E1;bil y hermosamente cultivado”, plantado de “&#x00E1;rboles y bosquecillos y de bien acabados parques y jardines” del Sanatorio de Holloway, vecino a Windsor, un establecimiento de lujo y de car&#x00E1;cter privado<xref ref-type="fn" rid="NOTE28">28</xref>. Estos elementos pese a que no se encontraban bien desarrollados en Chile, por lo estrecho de los terrenos hospitalarios y por su bajo presupuesto, tampoco eran inexistentes. Desde un inicio las &#x00E1;reas verdes fueron consideradas relevantes. La Casa de Orates de los Olivos, como proyectan sus mapas y fotograf&#x00ED;as, cont&#x00F3; con amplios terrenos al aire libre, contabiliz&#x00E1;ndose alrededor de diez patios y un parque, los que fueron presentados como signos del progreso moral de la instituci&#x00F3;n. Estos lugares “bien plantados”, con arboledas que entregaban sombra “contra los rayos del ardiente sol de verano”, y con flores que crec&#x00ED;an a su alrededor, daban “un aire de alegr&#x00ED;a y de frescura” que en palabras del alienista William Benham, produc&#x00ED;a “un buen efecto en los pacientes”, en un contexto donde el mismo profesional reconoc&#x00ED;a que el desarrollo de actividades variadas, “un t&#x00E9; en alg&#x00FA;n punto de la quinta con un poco de m&#x00FA;sica o una ‘zamacueca’ u otros entretenimientos” ayudaban significativamente a la felicidad de los internos y a su curaci&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE29">29</xref>. Los m&#x00E9;dicos recomendaban paseos diarios, y tambi&#x00E9;n, excursiones fuera de sus murallas, como “paseos campestres”, al menos “cinco o diez veces en el a&#x00F1;o”<xref ref-type="fn" rid="NOTE30">30</xref>. El propio reglamento de 1884 autorizaba a los internos del pensionado, a pasearse por la arboleda de la casa, acompa&#x00F1;ados de uno o m&#x00E1;s guardianes<xref ref-type="fn" rid="NOTE31">31</xref>. </p>

			<p>Los beneficios de la naturaleza tambi&#x00E9;n pod&#x00ED;an aprovecharse por medio de referencias indirectas y representaciones aleg&#x00F3;ricas, como una “sencilla decoraci&#x00F3;n de los patios, pinturas divertidas e interesantes en las murallas i en los dormitorios; distribuci&#x00F3;n de flores, p&#x00E1;jaros, gatos, perros i otros animales de regalo, como tambi&#x00E9;n libros i diarios”<xref ref-type="fn" rid="NOTE32">32</xref>. La ornamentaci&#x00F3;n de los Olivos fue simple, sin embargo, acogi&#x00F3; espacios particulares, como el Teatro Grez, que despleg&#x00F3; un discurso visual que apoy&#x00F3; la significancia de la naturaleza dentro del proyecto moral. El sal&#x00F3;n, a diferencia del resto de la casa, ofreci&#x00F3; un espacio decorado con grandes murales que inclu&#x00ED;an figuras de la literatura, como Homero, Dante y Goethe, musas mitol&#x00F3;gicas y amplias escenas campestres que en conjunto generaban un aire buc&#x00F3;lico, y terap&#x00E9;utico, in&#x00E9;dito para la instituci&#x00F3;n, pero no para el proyecto asilar en general (Fuentes y Gallardo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2014</xref>). </p>

			<p>La naturaleza en su formato natural o reproducido buscaba rebajar el car&#x00E1;cter institucional del asilo y fortalecer su perfil familiar. Como plantea Clare Hickman para el contexto victoriano, se consideraba que para que el tratamiento moral surtiera efecto, los asilos de locos deb&#x00ED;an asemejarse lo m&#x00E1;s posible a un hogar (Hickman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2013</xref>). Los jardines y parques, huertas y terrenos, permit&#x00ED;an que el establecimiento se alejara de la idea de prisi&#x00F3;n y se presentara como un lugar dom&#x00E9;stico, amable y libre. En Chile este inter&#x00E9;s tambi&#x00E9;n fue parte del proyecto asilar, especialmente en las primeras d&#x00E9;cadas de funcionamiento. El mismo nombre de la instituci&#x00F3;n “Casa de Orates” hac&#x00ED;a eco de esa aspiraci&#x00F3;n. Aplicado solamente a ciertas instituciones de beneficencia, que podr&#x00ED;an haber compartido la necesidad de reflejar el ambiente familiar, la “Casa” buscaba proyectar y comunicar un cotidiano asilar que se asemejara lo m&#x00E1;s posible al espacio dom&#x00E9;stico, que ofreciera sus beneficios, pero desprovisto de los problemas e inconvenientes que incid&#x00ED;an sobre la locura. Como planteaba Greve, se deb&#x00ED;a “despojar” a estas instituciones “del car&#x00E1;cter de lazaretos &#x00FA; hospitales y por el contrario darles el de casas habitaciones confortables, cuya vida interior sea la m&#x00E1;s familiar posible”<xref ref-type="fn" rid="NOTE33">33</xref>. Esta tendencia se mostraba con m&#x00E1;s claridad en los espacios destinados a las elites. La cuidada escenograf&#x00ED;a del pensionado, con habitaciones amobladas, cortinajes y ornamentaciones, adem&#x00E1;s de vincularse con los preceptos del tratamiento moral, cumpl&#x00ED;an funciones ret&#x00F3;ricas, reproducidas en las memorias de la instituci&#x00F3;n y en la prensa, con el objeto de convencer a los miembros de las elites que la Casa de Orates era tambi&#x00E9;n un lugar adecuado para ellos. </p>

			<p>Con el tiempo, el &#x00E9;nfasis dado al espacio exterior, a parques, jardines y el terreno en general, se vincul&#x00F3; con la importancia que comenzaron a adquirir los nuevos sistemas “tan aplaudidos por distinguidos alienistas” de “puertas abiertas, non restraint y open door”<xref ref-type="fn" rid="NOTE34">34</xref>. Este protagonismo segu&#x00ED;a un proceso de cambio que se expresaba en otras latitudes que, en palabras de Ricardo Campos, respond&#x00ED;a a la dualidad que manifestaba el espacio asistencial, derivado de la ordenaci&#x00F3;n de los enfermos mentales en base a nociones asociadas a la cronicidad y la peligrosidad social que diferenciaba los tipos de encierro seg&#x00FA;n enfermos y condiciones mentales (Campos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2001</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2007</xref>). Pese a que estos principios de profilaxia mental no fueron mayormente aplicados en Chile, al menos para el periodo estudiado, incidieron en el desarrollo del Asilo de Temperancia de la Casa de Orates, y posteriormente, como se ha se&#x00F1;alado, en la discusi&#x00F3;n de los cambios asilares. As&#x00ED;, cuando comenz&#x00F3; a barajarse la posibilidad de construir nuevos manicomios, su ubicaci&#x00F3;n, las condiciones del terreno y sus usos, fueron temas recurrentes que respondieron a criterios econ&#x00F3;micos de valor y disponibilidad de la tierra, y al mismo tiempo, a los nuevos idearios m&#x00E9;dicos y profil&#x00E1;cticos de la temprana psiquiatr&#x00ED;a. Si bien los siguientes establecimientos construidos en Chile no se inscribieron en su totalidad en el sistema de puertas abiertas, si comenzaron a incorporar gradualmente algunos de los elementos constitutivos del modelo, sea en discusiones preliminares o en su implementaci&#x00F3;n.</p>

			<p>El asilo de locos de Concepci&#x00F3;n fue uno de los primeros establecimientos estatales para el cuidado de la locura en inaugurarse tras el de Santiago<xref ref-type="fn" rid="NOTE35">35</xref>. Creado en septiembre de 1895 en un edificio perteneciente al Buen Pastor, se pens&#x00F3; para los enfermos del sur del pa&#x00ED;s y los problemas que generaba su traslado a la capital en un pa&#x00ED;s con m&#x00E1;s de 4.000 kil&#x00F3;metros de extensi&#x00F3;n (Sievers, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2012</xref>). La centralizaci&#x00F3;n del proyecto asilar hab&#x00ED;a generado problemas en provincia. Los enfermos se acumulaban en recintos policiales u hospitalarios en la espera de ser remitidos a Santiago, para embarcarse luego en un traslado penoso, en el que eran acompa&#x00F1;ados por un guardi&#x00E1;n, generalmente de polic&#x00ED;a, descrito como “torpe e ignorante a menudo”, “vigoroso, de gran desarrollo muscular” elegido “para emplear la fuerza bruta, de la que se abusaba con frecuencia”. Durante el viaje no contaban con asistencia m&#x00E9;dica, y en el caso de locuras furiosas se documentaban situaciones como la de un hombre de Valdivia que, poseedor de fortuna, se traslad&#x00F3; a Santiago acompa&#x00F1;ado de su m&#x00E9;dico, pero amarrado a una escalera<xref ref-type="fn" rid="NOTE36">36</xref>.</p>

			<p>El nuevo asilo de Concepci&#x00F3;n no solucion&#x00F3; los problemas, ni desahog&#x00F3; mayormente a la capital, sino m&#x00E1;s bien contribuy&#x00F3; a la institucionalizaci&#x00F3;n de una poblaci&#x00F3;n que se encontraba en espacios perif&#x00E9;ricos. Por ello, las solicitudes de recursos por parte del Ministerio del Interior para mejorar la Casa de los Olivos y las conversaciones respecto a la necesidad de construir un nuevo establecimiento manicomial, actualizaron la discusi&#x00F3;n. Para juicio de algunos, el proyecto asilar no mejorar&#x00ED;a solo con unas cuantas reparaciones, sino que requer&#x00ED;a repensar los espacios que se estaban destinando al cuidado de los locos, enfoc&#x00E1;ndose no tanto en la construcci&#x00F3;n de espacios provisorios, como los galpones que algunos suger&#x00ED;an levantar en el ala sur de los Olivos, sino m&#x00E1;s bien en la edificaci&#x00F3;n de establecimientos nuevos y apropiados<xref ref-type="fn" rid="NOTE37">37</xref>. </p>

			<p>Como resultado, a inicios de la d&#x00E9;cada de 1890 comenz&#x00F3; a dise&#x00F1;arse un nuevo asilo. En octubre de 1894 se aprobaron los planos y el presupuesto presentado por Carlos Barroilhet para levantar un manicomio en los terrenos de la chacra de la Providencia, situados al oriente de la capital, entre la Avenida Providencia y el Camino de &#x00D1;u&#x00F1;oa<xref ref-type="fn" rid="NOTE38">38</xref>. El lugar correspond&#x00ED;a a un espacio alejado, “ubicado aguas arriba” de la ciudad, cercano a otros lugares de salud en construcci&#x00F3;n, como el Hospital del Salvador, tambi&#x00E9;n dirigido por Barroilhet. Los m&#x00E9;dicos celebraron la elecci&#x00F3;n del lugar, al lado de los estanques de agua potable, “en medio de un paisaje encantador”, cuyo terreno presentaba “condiciones hiji&#x00E9;nicas inmejorables”, sobre un suelo en declive y seco, con libre acceso de aire y luz, con agua pura en abundancia, “con un horizonte sin l&#x00ED;mites” enmarcado por la Cordillera de los Andes, “donde los alienados podr&#x00E1;n admirar los paisajes que les rodean”<xref ref-type="fn" rid="NOTE39">39</xref>. El llamado Manicomio Nacional se presentaba como construcci&#x00F3;n extensa y soberbia, con 45 mil metros cuadrados construidos, pabellones aislados, la mayor&#x00ED;a de dos pisos, diseminados en medio de jardines, totalmente diferente al espacio de la antigua loquer&#x00ED;a. A los edificios y &#x00E1;reas verdes, se sumaban las 10 hect&#x00E1;reas de la colonia agr&#x00ED;cola, destinados primero a una poblaci&#x00F3;n de 1.200 enfermos, y luego de 650, siguiendo los presupuestos psiqui&#x00E1;tricos que permit&#x00ED;an ordenar a los internos en criterios de peligrosidad y cronicidad<xref ref-type="fn" rid="NOTE40">40</xref>. Tras varios a&#x00F1;os de trabajo, el establecimiento se erig&#x00ED;a como ejemplo del proceso de modernidad de las instituciones hospitalarias y en espec&#x00ED;fico, asilares. Si bien, el ideal de una “casa” comenzaba a quedar atr&#x00E1;s, segu&#x00ED;a vigente el inter&#x00E9;s por la naturaleza y el espacio exterior. Sin embargo, pese al impulso, el proyecto no prospero. En la etapa final de construcci&#x00F3;n, el establecimiento fue ocupado por el batall&#x00F3;n Escuela de Clases, que perpetu&#x00F3; su estad&#x00ED;a en el establecimiento, lo que sumado a defectos sanitarios que atrasaron su uso por parte de los enajenados, finalmente terminaron por entregar en 1904 el edificio a los militares. </p>

			<p>Las demandas por mejoras y la validaci&#x00F3;n del espacio como base curativa hicieron eco en Concepci&#x00F3;n. Apenas dos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de su fundaci&#x00F3;n, las autoridades solicitaron el traslado de los enfermos a espacios m&#x00E1;s apropiados, como la Quinta Agr&#x00ED;cola y el sector del Molino de Puchacai, lugares m&#x00E1;s higi&#x00E9;nicos, por ubicaci&#x00F3;n y altura. Se pensaba que estos espacios permitir&#x00ED;an entregar un r&#x00E9;gimen de trabajo que siguiera “las colonias agr&#x00ED;colas para enajenados”, que representaban para esos a&#x00F1;os, “una aspiraci&#x00F3;n universal”<xref ref-type="fn" rid="NOTE41">41</xref>. El proyecto de un Manicomio Moderno se implement&#x00F3; finalmente en Concepci&#x00F3;n hacia 1915, con la aprobaci&#x00F3;n de la construcci&#x00F3;n del Manicomio Jos&#x00E9; Cardenio Avello en un terreno de 14 hect&#x00E1;reas en la esquina de Avenida Ignacio Collao con Irarr&#x00E1;zaval, bajo la direcci&#x00F3;n del arquitecto franc&#x00E9;s Emilio Doy&#x00E8;re, creador de varios edificios institucionales en el pa&#x00ED;s. Este manicomio, al igual que el de Providencia, ser&#x00ED;a vendido al Ministerio de Guerra, traspaso que refleja las luchas internas y externas que debieron darse para la definici&#x00F3;n, implementaci&#x00F3;n y luego conservaci&#x00F3;n de las instituciones manicomiales en el pa&#x00ED;s (Le&#x00F3;n y Rojas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2016</xref>).</p>

			<p>El inter&#x00E9;s por modernizar el manicomio respond&#x00ED;a a coyunturas internas, y tambi&#x00E9;n al surgimiento de nuevos paradigmas que invitaban a transformar la “Casa” en una “ciudad”, con mayores espacios de circulaci&#x00F3;n, interacci&#x00F3;n y autonom&#x00ED;a para los internos, de acuerdo a la diversificaci&#x00F3;n de su poblaci&#x00F3;n, tanto enferma, como m&#x00E9;dica. Esta instituci&#x00F3;n se comunic&#x00F3; y present&#x00F3; en la prensa como “una verdadera ciudad en peque&#x00F1;o (…) una ciudad donde encuentran albergue tranquilo muchos de los infelices que han perdido la raz&#x00F3;n”<xref ref-type="fn" rid="NOTE42">42</xref>, y comenz&#x00F3; a pensarse desde los principios del Open Door. Este modelo buscaba una mayor libertad de los internos, puertas sin llaves, circulaci&#x00F3;n no controlada, vigilancia sin coerci&#x00F3;n espacial, destinada a los convalecientes y a los enfermos tranquilos, pensionistas, y tambi&#x00E9;n a casos ya cr&#x00F3;nicos e incurables, como relataba el doctor Beca en 1898, en referencia al asilo de Binghamton<xref ref-type="fn" rid="NOTE43">43</xref>. Una d&#x00E9;cada despu&#x00E9;s, el informe que presentaba el doctor Joaqu&#x00ED;n Castro en el Congreso Internacional de Alienistas celebrado en Viena, informaba de la necesidad de aplicar este sistema en Chile<xref ref-type="fn" rid="NOTE44">44</xref>. En este escenario de amplitud, donde el horizonte cobraba sentido, el exterior nuevamente fue sindicado como protagonista, ya no tanto en t&#x00E9;rminos morales, sino econ&#x00F3;micos y productivos.</p>

			<p>La discusi&#x00F3;n en Chile sobre la conveniencia y viabilidad del modelo de Open Door surgi&#x00F3; a fines del siglo XIX. Alcanz&#x00F3; mayor contingencia durante los procesos de definici&#x00F3;n de los nuevos manicomios. Para el caso del asilo Avello, en Concepci&#x00F3;n, la Junta de Beneficenci, en concordancia con las tensiones y diferencias entre el cuerpo administrativo y el cuerpo m&#x00E9;dico de estos establecimientos, no dio mayores indicaciones al arquitecto respecto del principio rector del establecimiento, indic&#x00E1;ndole que su deseo era que tuviese una capacidad para dos mil enfermos. Se eligi&#x00F3; un modelo en forma de x, al considerarse que el modelo del Open Door no parec&#x00ED;a ser recomendable para un pa&#x00ED;s que contaba con solo dos manicomios y que no pod&#x00ED;a ofrecer las garant&#x00ED;as de separaci&#x00F3;n para locos tranquilos y furiosos. Sin embargo, la buena recepci&#x00F3;n del modelo de puertas abiertas, llev&#x00F3; a que se decidiera destinar la chacra anexa al Manicomio para que los locos tranquilos pudiesen trabajar y de esta forma, aplicar al menos, algunos de sus principios<xref ref-type="fn" rid="NOTE45">45</xref>.</p>

			<p>El establecimiento de un proyecto de Open Door se concret&#x00F3; reci&#x00E9;n hacia fines de la d&#x00E9;cada del veinte. El Plan General de Manicomios de Chile, aprobado por la Junta de Beneficencia en julio de 1929 con el objeto de asistir cient&#x00ED;ficamente a los enfermos, dividi&#x00F3; el pa&#x00ED;s en tres zonas -norte, centro y sur- buscando descentralizar el servicio. En provincia, defini&#x00F3; la construcci&#x00F3;n de espacios asistenciales, en su mayor&#x00ED;a pabellones especiales asociados a hospitales provinciales, y en Santiago, indic&#x00F3; la construcci&#x00F3;n de un Hospital Psiqui&#x00E1;trico en la zona de la Casa de los Olivos, espec&#x00ED;ficamente donde se ubicaba el Asilo de Temperancia. Tambi&#x00E9;n estableci&#x00F3; la creaci&#x00F3;n de un Asilo Colonia en el fundo “El Peral” adquirido por el Estado en 1928, algunos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de la compra de la Quinta Bella en Conchal&#x00ED; en 1923. El plan consideraba vender el Hospicio de Santiago, trasladar a los internos en estado de demencia a El Peral y a los inv&#x00E1;lidos a la Quinta Bella. Se autorizaba a la Junta Central de Beneficencia vender los terrenos de la Casa de Orates, conservando solo los espacios que se destinar&#x00ED;an a Hospital Psiqui&#x00E1;trico, con el objeto de solventar la deuda del establecimiento y financiar el Plan de Manicomios<xref ref-type="fn" rid="NOTE46">46</xref>. </p>

			<p>Este Plan General de Manicomios formaliz&#x00F3; un proyecto que se hab&#x00ED;a gestado ya hacia en 1925 con la aprobaci&#x00F3;n para adquirir un predio agr&#x00ED;cola para el desarrollo de un Open Door. Se buscaba una superficie con un m&#x00ED;nimo de 1500 hect&#x00E1;reas, adquiri&#x00E9;ndose finalmente el fundo Concepci&#x00F3;n del Peral para el establecimiento del Open Door destinado a cuatro mil enfermos. Junto con la compra del terreno, se deb&#x00ED;a planear el r&#x00E9;gimen a implementar, lo que requiri&#x00F3; nuevamente el env&#x00ED;o de una comisi&#x00F3;n compuesta por el Director de la Casa de Orates, Francisco Echenique, el m&#x00E9;dico subdirector, Ger&#x00F3;nimo Letelier y el arquitecto de la Junta de Beneficencia Oscar Oyadenel, para que fuesen a estudiar modelos de puertas abiertas al extranjero, consider&#x00E1;ndose los establecimientos de Buenos Aires, Montevideo y R&#x00ED;o de Janeiro, particularmente respecto a su funcionamiento, reglamento y edificaci&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE47">47</xref>. As&#x00ED;, nuevamente, sobre terrenos definidos como higi&#x00E9;nicos, se perfil&#x00F3; un modelo asilar asociado a nuevos ideales psiqui&#x00E1;tricos, que pese a su car&#x00E1;cter renovado, continuaba confiando en el retiro y el encierro, asociado esta vez a uno de los principales criterios terap&#x00E9;uticos que avalaban la Open Door: el trabajo<xref ref-type="fn" rid="NOTE48">48</xref>. </p>

		</sec>
		
		<sec id="S3">
			<title>CONCLUSIONES</title>

			<p>El proyecto asilar, devenido en proyecto manicomial, se levant&#x00F3; sobre determinados espacios, cuya identificaci&#x00F3;n y selecci&#x00F3;n, reflej&#x00F3; parte de las din&#x00E1;micas de apropiaci&#x00F3;n y desarrollo de la terapia moral en Chile. En esos espacios, dibuj&#x00F3; una serie de paisajes, forjados por sujetos, saberes y pr&#x00E1;cticas, entre varios otros elementos, que se proyectaron en el tiempo y que se posicionaron como elementos constitutivos de los asilos, fundantes y vinculantes. Estos paisajes cambiaron con el tiempo, de la mano de la transformaci&#x00F3;n del alienismo decimon&#x00F3;nico en la psiquiatr&#x00ED;a de inicios del siglo XX, pero mantuvieron vigente la idea de retiro y disciplina como base de curaci&#x00F3;n, paralelo a la expansi&#x00F3;n de nuevas fuentes terap&#x00E9;uticas basadas en la terapia de shock y en la farmacolog&#x00ED;a. Estos espacios fueron armados y reproducidos, compartidos y comunicados, como parte de las estrategias de la instituci&#x00F3;n, y como aquel opuesto que permit&#x00ED;a no solo definir la ciudad de los locos, sino tambi&#x00E9;n la de los cuerdos.</p>

			<p>Los paisajes se abrieron a la comunidad a trav&#x00E9;s de la prensa y las editoriales. Las cr&#x00F3;nicas describieron el interior cotidiano del asilo y en ocasiones sus falencias, mientras que las fotograf&#x00ED;as celebraron su mundo material: los vol&#x00FA;menes, los edificios, los patios y parques, como muestras del avance y de la concreci&#x00F3;n de los ideales terap&#x00E9;uticos, funcionando como soporte del proyecto. Los espacios de las casas y manicomios mostraron un paisaje compartido bajo aquellas ambiciones e ideales que forjaron el imaginario asilar. As&#x00ED;, espacios como los de la Casa de Orates, el Manicomio Avello y el Manicomio Nacional, se presentaron no solo como sostenes materiales y diferenciados de un modelo, sino como parte de un sistema integrado de alegor&#x00ED;as, estructuras y formas, que articuladas a determinadas narrativas y tipolog&#x00ED;as, calaron en el proyecto m&#x00E9;dico de la &#x00E9;poca y en la concepci&#x00F3;n de la locura, m&#x00E1;s all&#x00E1; de su concreci&#x00F3;n y diferenciaci&#x00F3;n. </p>

			<p>Las casas, asilos y manicomios se entendieron y discutieron desde su espacialidad. La problematizaci&#x00F3;n de las categor&#x00ED;as patol&#x00F3;gicas usadas, las tasas de recuperaci&#x00F3;n, la operatividad de otros medicamentos, entre varios otros temas, fueron determinantes del espacio y de sus cambios, pero tambi&#x00E9;n fueron subsumidos en el discurso p&#x00FA;blico respecto a estas instituciones por el protagonismo que tuvo el espacio manicomial como espacio de realizaci&#x00F3;n e implementaci&#x00F3;n concreto del ideal alienista y psiqui&#x00E1;trico. As&#x00ED;, los paisajes asilares, entendidos como parte de un discurso visual din&#x00E1;mico, surgidos del encuentro del espacio intervenido, con el espacio en s&#x00ED;, ofrecieron tambi&#x00E9;n un circuito de tr&#x00E1;nsito y construcci&#x00F3;n de sentido que super&#x00F3; las instituciones particulares, proyect&#x00E1;ndose como un panorama institucional que se extendi&#x00F3; tanto en el espacio, como en el tiempo.</p>

			<p>El proyecto asilar se describi&#x00F3;, se represent&#x00F3; y se ofreci&#x00F3;, a trav&#x00E9;s de sus paisajes, los que constituyeron por, sobre todo, medios de proyecci&#x00F3;n de un ideario nacional y m&#x00E9;dico, en proceso de definici&#x00F3;n. En ellos destacaron panoramas interiores y exteriores, que hicieron converger civilizaci&#x00F3;n con naturaleza, y que aludieron a paisajes ic&#x00F3;nicos que buscaron comunicar el desarrollo material, cient&#x00ED;fico y profesional logrado por el alienismo, las autoridades y los m&#x00E9;dicos, en las condiciones naturales y sociales dadas en Chile. As&#x00ED;, pese a que durante el siglo XX los manicomios seguir&#x00ED;an cambiando significativamente, mantendr&#x00ED;an un paisaje com&#x00FA;n, derivado de la dificultad de renovar y de la falta de recursos, que mantuvo el gui&#x00F1;o decimon&#x00F3;nico al r&#x00E9;gimen moral, paralelo al desarrollo e introducci&#x00F3;n de nuevos criterios patol&#x00F3;gicos y terap&#x00E9;uticos para comprender y tratar la locura. </p>

			<p>Las condiciones espaciales hacen pensar en el poder psiqui&#x00E1;trico y en sus condiciones de implementaci&#x00F3;n y acci&#x00F3;n. El desarrollo de los asilos de locos da cuenta de cambios significativos en el mundo m&#x00E9;dico y de la salud p&#x00FA;blica, pero tambi&#x00E9;n revela la distancia entre el hacer y el querer, en recintos que no lograron monopolizar las pr&#x00E1;cticas de cuidado y tratamiento de los enfermos mentales en un Chile en el que la locura continu&#x00F3; vivi&#x00E9;ndose, para fines del siglo XIX e inicios del XX, en las calles y en los espacios familiares.</p>
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	</body>
	
	
	<back>
	
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
	
			<fn id="NOTE1"><label>1</label>
				<p>Hasta el momento no ha sido posible consultar fichas cl&#x00ED;nicas de la Casa de Orates, salvo los partes de internaci&#x00F3;n y egreso que se encuentran en los fondos de la Municipalidad e Intendencia de Santiago, en los Archivos Judiciales o en los fondos m&#x00E9;dicos del Museo de Medicina Enrique Laval. Si bien parte de los espacios f&#x00ED;sicos de las Casas de Orates se mantienen, existen pocos registros que aluden a ellos, por tanto se recurri&#x00F3; a fuentes diversas que entregaran pistas de su creaci&#x00F3;n e implementaci&#x00F3;n.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE2"><label>2</label>
				<p>Dejean, Pedro (1856), <italic>Plano topogr&#x00E1;fico de la ciudad de Santiago</italic>, Chile, Biblioteca Nacional de Chile, Sala Medina.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE3"><label>3</label>
				<p>Junta de Beneficencia (1901), <italic>Casa de Orates de Santiago. Actas de la Junta Directiva, 1854-1891. Documentos anteriores a la primera Acta: 1852-1854</italic>, Santiago, Imprenta Valpara&#x00ED;so de Federico T. Lathrop, p. V.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE4"><label>4</label>
				<p>Beca, Manuel (1885), <italic>Sobre las enfermedades mentales en Chile. Recopilaci&#x00F3;n i estudio de la Estad&#x00ED;stica de la Casa de Orates desde su fundaci&#x00F3;n en 1852 hasta la fecha</italic>, Santiago, Imprenta Nacional, p. 5.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE5"><label>5</label>
				<p>Elguero, Jos&#x00E9; Ram&#x00F3;n (1863), “Informe del M&#x00E9;dico de la Casa de Locos”, <italic>Memoria que el Ministro de Estado en el departamento del Interior presenta al Congreso Nacional de 1863</italic>, Santiago, Imprenta Nacional, p. 183.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE6"><label>6</label>
				<p>Zilleruelo, Julio (1896), “Estudio sobre la hospitalizaci&#x00F3;n de la locura”, <italic>Revista Chilena de Hijiene</italic>, Tomo III, pp. 77-114.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE7"><label>7</label>
				<p>Los asilados inclu&#x00ED;an enfermos agudos y curables, cr&#x00F3;nicos incurables, degenerados conj&#x00E9;nitos y degenerados secundarios y enajenados peligrosos y criminales considerados irresponsables por la justicia. MIM (1871), Santiago, Imprenta Nacional, p. 187 y <italic>Movimiento de la Casa de Orates (1899)</italic>, 131 y Rojas Troncoso, H. (1929), “La asistencia de los alienados en Chile”. En, <italic>Actas de la Primera Conferencia Latino Americana de Neurolog&#x00ED;a, Psiquiatr&#x00ED;a y Medicina Legal</italic>. <italic>Tomo II</italic>, Buenos Aires, Imprenta de la Universidad, pp. 442-463.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE8"><label>8</label>
				<p><italic>Movimiento de la Casa de Orates de Santiago en el segundo semestre de 1895</italic> (1896), Santiago, Imprenta Gutenberg, p. 6 y p. 27. El delirio alcoh&#x00F3;lico era un problema asociado principalmente a los hombres, correspondiendo a 95 de los 117 casos. Probablemente el bajo n&#x00FA;mero de ingresados con esa etiqueta, se deb&#x00ED;a a que los casos de locura alcoh&#x00F3;lica eran transitorios y no requer&#x00ED;an internaci&#x00F3;n, en un momento adem&#x00E1;s en que la patologizaci&#x00F3;n del consumo excesivo de alcohol reci&#x00E9;n comenzaba a ser debatida por los m&#x00E9;dicos.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE9"><label>9</label>
				<p>Rojas Troncoso, H. (1929) “La asistencia de los alienados en Chile”. En, <italic>Actas de la Primera Conferencia Latino Americana de Neurolog&#x00ED;a, Psiquiatr&#x00ED;a y Medicina Legal</italic>, Tomo II, Buenos Aires, Imprenta de la Universidad, pp. 442-463, p. 445.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE10"><label>10</label>
				<p><italic>El Diario Oficial</italic>, 23 de agosto de 1893.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE11"><label>11</label>
				<p>Biblioteca Museo Enrique Laval (1898), <italic>Correspondencia de la Casa de Orates</italic>, p. 4 y p. 5.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE12"><label>12</label>
				<p>“Casa de Locos. Lei sobre la materia. Santiago, 31 de julio de 1856”. En Anguita, Ricardo (1912), <italic>Leyes promulgadas en Chile. Desde 1810 hasta el 1 de junio de 1913</italic>, Santiago, Imprenta, Litografia I Encuadernaci&#x00F3;n Barcelona, tomo II, pp. 27-28 y “Reglamento para la Casa de Orates, Decreto de 19 de Diciembre de 1883”. En (1889), <italic>Disposiciones Vigentes en Chile sobre Polic&#x00ED;a Sanitaria y Beneficencia P&#x00FA;blica</italic>, Santiago, Roberto Miranda Editor, p. 128. Pese a que no fue muy frecuente, los propios internos pod&#x00ED;an solicitar su salida al juez letrado de la provincia del establecimiento.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE13"><label>13</label>
				<p>Por ejemplo el de Murillo, Adolphe (1889), <italic>Hygiene et Assitance Publique au Chili</italic>, Paris, Exposition Universelle de Paris.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE14"><label>14</label>
				<p>Junta de Beneficencia (1901), <italic>Casa de Orates de Santiago. Actas de la Junta Directiva, 1854-1891. Documentos anteriores a la primera Acta: 1852-1854</italic>, Santiago, Imprenta Valpara&#x00ED;so de Federico T. Lathrop, p. 209.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE15"><label>15</label>
				<p>Sazi&#x00E9;, Carlos (1881), “Influencia del trabajo y de las distracciones en el tratamiento de la enajenaci&#x00F3;n mental”, <italic>Revista Chile</italic>, tomo I, pp. 178-188.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE16"><label>16</label>
				<p><italic>El Diario Ilustrado</italic>, 22 de abril de 1902.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE17"><label>17</label>
				<p>Greve, Germ&#x00E1;n (1895) “Corrrespondencia. Cartas sobre Manicomio”, <italic>Revista M&#x00E9;dica</italic>, tomo 23, feb-marzo, p. 71.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE18"><label>18</label>
				<p>Benham, William (1875), <italic>Casa de Orates. Informe pasado al Ministerio del Interior</italic>, Santiago, Imprenta de la Rep&#x00FA;blica, p. 24.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE19"><label>19</label>
				<p>Fuentes, Alejandra y Gallardo, Ximena (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2014</xref>), <italic>Locura y arte. Teatro Grez</italic>, Santiago, Salviat.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE20"><label>20</label>
				<p>Biblioteca Museo Enrique Laval, <italic>Correspondencia de la Casa de Orates</italic>, 1898, 6.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE21"><label>21</label>
				<p>Ugarte, Carlos (1901), <italic>Memoria sobre el laboratorio</italic>, Santiago, Imprenta Valpara&#x00ED;so de Federico T. Lathrop, p. 4.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE22"><label>22</label>
				<p>Ulloa, Arturo (1905), <italic>Estudio estad&#x00ED;sticio sobre mil doscientas autopsias i mui especialmente sobre la tuberculosis en Santiago</italic>, Santiago, Imprenta i Encuadernaci&#x00F3;n Universitaria.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE23"><label>23</label>
				<p>Ugarte, Carlos (1901), <italic>Memoria sobre el laboratorio</italic>, Santiago, Imprenta Valpara&#x00ED;so de Federico T. Lathrop, p. 13.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE24"><label>24</label>
				<p>Benham, William T. (1875), <italic>Casa de Orates. Informe pasado al Ministerio del Interior</italic>, Santiago, Imprenta de la Rep&#x00FA;blica, p. 12 y p. 30.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE25"><label>25</label>
				<p>“22ª. Sesi&#x00F3;n en 31 de agosto de 1893”, <italic>Diario Oficial</italic>, 13 de septiembre de 1893, p. 1723.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE26"><label>26</label>
				<p>“22ª. Sesi&#x00F3;n en 31 de agosto de 1893”, <italic>Diario Oficial</italic>, 13 de septiembre de 1893, p. 1723.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE27"><label>27</label>
				<p>Greve, Germ&#x00E1;n (1895), “Corrrespondencia. Cartas sobre Manicomio”, <italic>Revista M&#x00E9;dica</italic>, tomo 23, feb-marzo, p. 71.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE28"><label>28</label>
				<p>Beca, Manuel Segundo (marzo de 1898), “Ministerio del Interior. Informe sobre visita a manicomios extranjeros”, <italic>Diario Oficial</italic>, p. 542.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE29"><label>29</label>
				<p>Benham, William T. (1875), <italic>Casa de Orates. Informe pasado al Ministerio del Interior</italic>, Santiago, Imprenta de la Rep&#x00FA;blica, p. 9 y 22.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE30"><label>30</label>
				<p>Marquez, Ernesto (1901), <italic>Consideraciones sobre las curaciones I mortalidad de la Casa de Orates de Santiago</italic>, Santiago, Imp. Centro Editorial La Prensa, p. 7.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE31"><label>31</label>
				<p>Junta de Beneficencia (1901), <italic>Casa de Orates de Santiago. Actas de la Junta Directiva, 1854-1891. Documentos anteriores a la primera Acta: 1852-1854</italic>, Santiago, Imprenta Valpara&#x00ED;so de Federico T. Lathrop, p. 263.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE32"><label>32</label>
				<p>Benham, William T. (1875), <italic>Casa de Orates. Informe pasado al Ministerio del Interior</italic>, Santiago, Imprenta de la Rep&#x00FA;blica, p. 21.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE33"><label>33</label>
				<p>Greve, Germ&#x00E1;n (1895), “Correspondencia. Cartas sobre Manicomio”, <italic>Revista M&#x00E9;dica</italic>, tomo 23, p. 71.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE34"><label>34</label>
				<p>Valdivia, Samuel (1900), <italic>Breves consideraciones sobre el Servicio de Enajenados en Chile</italic>, Santiago, Imprenta Espa&#x00F1;ola, p. 16.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE35"><label>35</label>
				<p>Durante el siglo XIX existieron otros espacios privados donde se acogi&#x00F3; a los locos, por ejemplo, aquellos destinados a las mujeres y supervisados por monjas, como las del Buen Pastor y de la Preciosa Sangre.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE36"><label>36</label>
				<p>Valdivia, Samuel (1900), <italic>Breves consideraciones sobre el Servicio de Enajenados en Chile</italic>, Santiago, Imprenta Espa&#x00F1;ola, p. 10 y 13.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE37"><label>37</label>
				<p>“22ª. Sesi&#x00F3;n en 31 de agosto de 1893”, <italic>Diario Oficial</italic>, 13 de septiembre de 1893, pp. 1722-1724.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE38"><label>38</label>
				<p>“Correspondencia del Consejo”, <italic>Diario Oficial</italic>, 27 de octubre de 1894.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE39"><label>39</label>
				<p>Zilleruelo, Julio (1896), “Estudio sobre la hospitalizaci&#x00F3;n de la locura”, <italic>Revista Chilena de Hijiene</italic>, tomo III, pp. 77-114</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE40"><label>40</label>
				<p>Valdivia, Samuel (1900), <italic>Breves consideraciones sobre el Servicio de Enajenados en Chile</italic>, Santiago, Imprenta Espa&#x00F1;ola, p. 23.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE41"><label>41</label>
				<p><italic>Diario Oficial</italic>, 10 de noviembre de 1896, p. 2374.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE42"><label>42</label>
				<p><italic>Diario Ilustrado</italic>, 22 de abril de 1902.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE43"><label>43</label>
				<p><italic>Diario Oficial</italic>, 14 de marzo de 1898, p. 637-638.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE44"><label>44</label>
				<p><italic>Diario Oficial</italic>, 21 de mayo de 1910, p. 5647.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE45"><label>45</label>
				<p><italic>Diario Oficial</italic>, 19 de noviembre 1915.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE46"><label>46</label>
				<p><italic>Diario Oficial</italic>, 17 de diciembre de 1925, p. 3097 y 7 de septiembre de 1929, pp. 4956-4957.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE47"><label>47</label>
				<p><italic>Diario Oficial</italic>, 21 de agosto de 1928.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE48"><label>48</label>
				<p>Rojas Troncoso, H. (1929),“La asistencia de los alienados en Chile”. En, <italic>Actas de la Primera Conferencia Latino Americana de Neurolog&#x00ED;a, Psiquiatr&#x00ED;a y Medicina Legal</italic>, tomo II, Buenos Aires, Imprenta de la Universidad, 1929, p. 442-463, p. 447 y Fernando Delb&#x00E9;s (1918), <italic>El trabajo en los alienados</italic>, Santiago, Sociedad Imprenta-Litograf&#x00ED;a Universo, p. 11.</p>
			</fn>
			
		</fn-group>
		
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
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					  <surname>Araya</surname>
					  <given-names>Claudia</given-names>	  
				  </name>
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			  <year>2015</year>
			  <source>Profesionalizaci&#x00F3;n de la psiquiatr&#x00ED;a en Chile: saberes y pr&#x00E1;cticas, 1826-1949</source>
			  <publisher-name>Pontificia Universidad Cat&#x00F3;lica de Chile</publisher-name>
			  <comment>Tesis no publicada para acceder al grado de Doctor en Historia</comment>
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			<ref id="CIT02"> 
			<element-citation publication-type="journal">
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					  <surname>Campos</surname>
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			  <article-title>De la higiene del aislamiento a la higiene de la libertad. La reforma de la instituci&#x00F3;n manicomial en Francia (1860-1940)</article-title>
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			  <volume>I</volume>
			  <fpage>37</fpage>
			  <lpage>64</lpage>
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			<ref id="CIT03">
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					  <surname>Campos</surname>
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			  <lpage>140</lpage>
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			  <source>Revista de Historia Social y de las Mentalidades</source>
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