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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2017.p182</article-id>
				 
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				<subject>RESE&#x00D1;AS / BOOK REVIEWS</subject>
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				<article-title>Rese&#x00F1;a del libro "El Caso Morillo: Crimen, locura y subjetividad en la Espa&#x00F1;a de la Restauraci&#x00F3;n"</article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en"><trans-title>Book review</trans-title></trans-title-group>
				<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
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				 <surname>Villasante</surname>
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			<aff id="U1">Hospital Universitario Severo Ochoa. Legan&#x00E9;s, Madrid</aff>
			 
			
			<pub-date pub-type="epub">
				<day>30</day>
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				<year>2017</year>
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			<volume>69</volume>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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			<p><bold>Campos, Ricardo</bold>. <italic>El Caso Morillo: Crimen, locura y subjetividad en la Espa&#x00F1;a de la Restauraci&#x00F3;n</italic>. Frenia-CSIC, 2012, 270 p&#x00E1;ginas. [ISBN: 978-84-00-09593-2]</p>
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			<p>Ricardo Campos ha reconstruido minuciosamente en <italic>El Caso Morillo: Crimen, locura y subjetividad en la Espa&#x00F1;a de la Restauraci&#x00F3;n</italic>, el interesante proceso judicial del asesinato de Carolina Lanzaco y el intento de homicidio de Jos&#x00E9; Fern&#x00E1;ndez. La noche del 28 de octubre de 1883 los padres de Amparo Fern&#x00E1;ndez Lanzaco fueron atacados cuando bajaban del tranv&#x00ED;a en la esquina del Tribunal de Cuentas con la calle San Vicente de Madrid, deteni&#x00E9;ndose inmediatamente al m&#x00E9;dico Manuel Morillo, quien hab&#x00ED;a sido novio de Amparo. </p>

			<p>La prensa se hizo eco de la noticia atribuy&#x00E9;ndole una identidad al asesinato vinculada al lugar de los hechos para conocerse, a partir de entonces, como el “Crimen de la calle de San Vicente”. Este ameno libro reconstruye el crimen, el sumario y el juicio a partir de las noticias period&#x00ED;sticas y dos folletos publicados poco despu&#x00E9;s. El primero de ellos, <italic>El Crimen de la Calle de San Vicente. Amores de Morillo. Asesinatos perpetrados por el mismo el d&#x00ED;a 28 de octubre de 1883, </italic>escrito por Vicente de la C&#x00E1;mara Cuadros presentaba “los amores” del m&#x00E9;dico como reclamo para los lectores. El segundo folleto titulado <italic>Proceso Morillo. Asesinatos de la calle San Vicente. Sumario–Juicio oral-Sentencia</italic>, editado en 1884, rese&#x00F1;aba en su portada “<italic>Juzgado Instructor de la Universidad. Audiencia de Madrid</italic>”, tratando de otorgarle mayor veracidad al relato, a pesar de que la autor&#x00ED;a se atribuye al periodista Agust&#x00ED;n S&#x00E1;ez Domingo.</p>

			<p>Desde el famoso caso de Pierre Rivi&#x00E9;re podemos explorar numerosos procesos criminales que han enriquecido la historiograf&#x00ED;a – Garayo el Sacamantecas, Hillaireaud, el cura Galeote- al estudiar peritajes e intervenciones de los psiquiatras en los tribunales. En la descripci&#x00F3;n de este asesinato perpetrado por un m&#x00E9;dico que pretend&#x00ED;a que los padres de su novia le permitieran convivir con ella extramatrimonialmente, Ricardo Campos ha contado con algunas fuentes que dan un valor a&#x00F1;adido a la investigaci&#x00F3;n. Por una parte, enriquece este libro el an&#x00E1;lisis del contenido vertido por Manuel Morillo en 37 cartas que dirigi&#x00F3; a &#x00C1;mparo y a su padre, en las que amenazaba a sus v&#x00ED;ctimas antes de cometer su crimen. Por otra, el autor ha utilizado para la reconstrucci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica dos cuadernos: <italic>Mi declaraci&#x00F3;n,</italic> escrito por Morillo posiblemente cuando ces&#x00F3; la citada actividad epistolar y <italic>En la c&#x00E1;rcel. Reflexiones acerca de la justicia</italic>. En el primero de ellos el m&#x00E9;dico anunciaba y justificaba su futuro crimen, argumentando que obedec&#x00ED;a &#x00F3;rdenes de Dios y fue transcrito pr&#x00E1;cticamente entero en diversas publicaciones, mientras que la segunda reflexi&#x00F3;n escrita despu&#x00E9;s del crimen, nos ha llegado fragmentariamente, gracias al libro <italic>Locos y an&#x00F3;malos</italic> (1895), de Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a Escuder. </p>

			<p>El libro de Campos, que se estructura en cuatro cap&#x00ED;tulos, se inscribe en una trayectoria investigadora que ha explorado las relaciones entre la criminalidad y la locura ya presente en otros libros del autor como <italic>Los ilegales de la naturaleza</italic>.<italic> Medicina y degeneracionismo en la Espa&#x00F1;a de la Restauraci&#x00F3;n (1876-1923) (1)</italic>. El primer cap&#x00ED;tulo describe el crimen a trav&#x00E9;s de fuentes period&#x00ED;sticas como <italic>El Imparcial, El Liberal, La Correspondencia de Espa&#x00F1;a </italic>o<italic> El D&#x00ED;a</italic>. La fascinaci&#x00F3;n, el dramatismo o los tintes literarios de relato costumbrista que imprimieron distintos diarios lo convirtieron en un c&#x00E9;lebre proceso que gener&#x00F3; debates y corrientes de opini&#x00F3;n que traspasaron los l&#x00ED;mites de los profesionales m&#x00E9;dicos y jur&#x00ED;dicos. Es de destacar tambi&#x00E9;n la contextualizaci&#x00F3;n del crimen en un ambiente de cambios sustanciales en la concepci&#x00F3;n de la prensa, que seg&#x00FA;n el autor pas&#x00F3; en estos a&#x00F1;os a convertirse en un negocio que aprovech&#x00F3; los crimenes como reclamo para aumentar las ventas. Asimismo, ofrece inter&#x00E9;s el an&#x00E1;lisis de los sustratos comunes entre literatura, ciencia y derecho en torno al crimen que el caso Morillo ilustra bastante bien. </p>

			<p>En el segundo cap&#x00ED;tulo se reconstruye la identidad del criminal, no s&#x00F3;lo con datos biogr&#x00E1;ficos contrastados, sino con la propia subjetividad de &#x00E9;ste al utilizar las cartas enviadas a sus v&#x00ED;ctimas y los textos ya referidos. Las cartas presentan un car&#x00E1;cter espont&#x00E1;neo, vindicativo y, a pesar de su fragmentariedad atrapan al lector por la pasi&#x00F3;n con que su autor justifica actitudes “inmorales” o reprobables socialmente, pero que formaban parte de una cierta normalidad del universo masculino burgu&#x00E9;s decimon&#x00F3;nico. Los textos de Morillo, escritos sin intervenci&#x00F3;n de los m&#x00E9;dicos y que pasan al dominio p&#x00FA;blico a trav&#x00E9;s de la intervenci&#x00F3;n judicial, tratan de ofrecer una versi&#x00F3;n de su conducta alternativa a la ofrecida por peritos, magistrados y prensa. </p>

			<p>El tercer cap&#x00ED;tulo reconstruye el juicio y ahonda en los peritajes psiqui&#x00E1;tricos, cuyo tel&#x00F3;n de fondo era una campa&#x00F1;a forense que Jos&#x00E9; Mª Esquerdo y su c&#x00ED;rculo hab&#x00ED;an emprendido, desde 1880, con el fin de legitimar el papel de los alienistas como expertos de la locura ante la magistratura y la opini&#x00F3;n p&#x00FA;blica. Los peritos nominados por el defensor de Morillo fueron el Catedr&#x00E1;tico de Medicina Legal y Toxicolog&#x00ED;a de la Universidad Central de Madrid, Teodoro Y&#x00E1;&#x00F1;ez y Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a Escuder, m&#x00E9;dico que trabajaba en el Manicomio de Carabanchel, propiedad del mismo Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a Esquerdo. Pese a los denodados esfuerzos de &#x00E9;stos por convencer al tribunal de la locura del acusado los argumentos chocaron con los de la acusaci&#x00F3;n que, por el contrario encontraban en los escritos signos de premeditaci&#x00F3;n y alevos&#x00ED;a. La fiscal&#x00ED;a describ&#x00ED;a al acusado como un hombre de una perversidad moral poco com&#x00FA;n, rebelde que intentaba exculparse simulando una enfermedad mental, lo que le vali&#x00F3; una condena a cadena perpetua. Todo ello transcurri&#x00F3; como muestra el autor del libro en un contexto de importantes cambios en el contexto judicial como fueron la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1882 que recog&#x00ED;a, entre otras novedades, la realizaci&#x00F3;n de los juicios orales y p&#x00FA;blicos, produciendo un cambio sustancial en la puesta en escena de las partes en la salas de justicia. </p>

			<p>El periplo carcelario, que incluy&#x00F3; el traslado de la C&#x00E1;rcel del Saladero a la Modelo de Madrid, que Manuel Morillo tuvo el dudoso privilegio de inaugurar en 1884, son relatadas en el cuarto y &#x00FA;ltimo cap&#x00ED;tulo del libro. Su experiencia en prisi&#x00F3;n no iba, sin embargo, a finalizar en la capital y a&#x00FA;n sufri&#x00F3; las extremadamente duras condiciones de la Prisi&#x00F3;n Militar del Pe&#x00F1;&#x00F3;n de V&#x00E9;lez La Gomera o la prisi&#x00F3;n de M&#x00E1;laga –donde permaneci&#x00F3; en espera de su ingreso en la prisi&#x00F3;n de Ceuta-. Gran parte del relato estremecedor del deterioro f&#x00ED;sico y mental de Morillo nos ha llegado a trav&#x00E9;s de Escuder que no ces&#x00F3; en su empe&#x00F1;o de demostrar la locura del m&#x00E9;dico madrile&#x00F1;o. Informes de m&#x00E9;dicos de las diferentes prisiones afirmaban que el reo presentaba demencia epil&#x00E9;ptica o una demencia lipemaniaca reforzando la tesis de una herencia patol&#x00F3;gica –asociada al degeneracionismo- que se hab&#x00ED;a sostenido durante el juicio. No obstante, no ingres&#x00F3; en el Manicomio de Legan&#x00E9;s, donde fue diagnosticado de par&#x00E1;lisis general progresiva, hasta un decisivo Dictamen de la Real Academia de Medicina.</p>

			<p>Ricardo Campos ya hab&#x00ED;a realizado una primera aproximaci&#x00F3;n al caso en un articulo publicado en la revista Frenia, pero la tenacidad del investigador en la b&#x00FA;squeda de fuentes le ha llevado hasta la historia cl&#x00ED;nica que, afortunadamente, se conserva en el Archivo Hist&#x00F3;rico del Instituto Psiqui&#x00E1;trico Jos&#x00E9; Germain. Probablemente su estancia como pensionista de primera en el Manicomio Nacional, donde falleci&#x00F3; en enero de 1892, supuso un alivio al dram&#x00E1;tico devenir por penitenciarias tan alejadas de su domicilio y madre -la &#x00FA;nica familiar con la que mantuvo contacto-. Campos nos entrega una monograf&#x00ED;a de f&#x00E1;cil lectura en la se aportan, adem&#x00E1;s, numerosos detalles que Escuder, defensor a ultranza de la locura del reo, recab&#x00F3; en las visitas que le llevaron, incluso a la prisi&#x00F3;n del Pe&#x00F1;&#x00F3;n V&#x00E9;lez de la Gomera. Morillo que, parad&#x00F3;jicamente hab&#x00ED;a defendido su doctorado en 1880, con la tesis <italic>Importancia y necesidad del estudio de las pasiones en medicina,</italic> no encarnaba, a priori la clase popular equiparada a la degradaci&#x00F3;n moral o la criminalidad en el discurso disciplinador burgu&#x00E9;s del siglo XIX. El libro nos confronta a la voz desbocada y la representaci&#x00F3;n biogr&#x00E1;fica de un criminal-loco, como en los trabajos de Philippe Arti&#x00E8;res (<italic>Le livre des vies coupables. Autobiographies de criminels (1896-1909)</italic>. Paris, Albin Michel, 2000) o de Yonissa Marmitt Wadi (<italic>A hist&#x00F3;ria de Pierina. Subjetividade, crime e locura</italic> Edufu, 2009), quienes han recuperado textos escritos desde el internamiento –prisi&#x00F3;n o instituciones psiqui&#x00E1;tricas-.</p>

			<p>El autor, muestra como los textos de Morillo fueron interpretados por cada parte para justificar sus argumentos. Los peritos de la defensa lo hicieron como una manifestaci&#x00F3;n escrita de un delirio, mientras que los de la acusaci&#x00F3;n como ejemplo de un comportamiento malvado o perverso sin relaci&#x00F3;n con la enfermedad mental. Sin embargo la encarnizada disputa entre alienistas y juristas no dio la raz&#x00F3;n a las tesis de los primeros. Los defensores de su locura &#x00FA;nicamente consiguieron librarle de la pena capital a diferencia de Charles J. Guiteau, el asesino del Presidente de los Estados Unidos Garfield, con quien se ha comparado. </p>

			<p>Rico por la gran cantidad de cuestiones que pone sobre el tapete, asi como por la diversidad de fuentes utilizadas (prensa, literarias, judiciales, legislativas, m&#x00E9;dicas, etc.), este libro constituye un interesante y completo an&#x00E1;lisis de las relaciones entre la locura y el crimen y de los intereses en juego de los diversos actores sociales que intervienen en relaci&#x00F3;n a dichas relaciones. Recomendable, sin duda, para todos aquellos que quieran acercarse a las tortuosas y, a veces divergentes versiones entre juristas y peritos m&#x00E9;dicos sobre la conducta de un sujeto. Gustar&#x00E1;, sin duda, a quienes interesan las aproximaciones a la historia desde el apasionante campo de la subjetividad que, en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os, est&#x00E1; dando numerosos frutos en nuestro entorno.</p>
	
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