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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2017.p181</article-id>
				 
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				<subject>RESE&#x00D1;AS / BOOK REVIEWS</subject>
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				<article-title>Rese&#x00F1;a del libro "Observing by Hand: Sketching the Nebulae in the Nineteenth Century"</article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en"><trans-title>Book review</trans-title></trans-title-group>
				<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
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			<aff id="U1">Instituto universitario europeo, Florencia / Instituto Max Planck de Historia de la Ciencia, Berl&#x00ED;n</aff>
			 
			
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				<day>30</day>
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				<year>2017</year>
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			<volume>69</volume>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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				<p><bold>Nasim, Omar W</bold>. <italic>Observing by Hand: Sketching the Nebulae in the Nineteenth Century</italic>. Chicago y Londres, The University of Chicago Press, 2014, 304 p&#x00E1;ginas [ISBN: 978-0-226-08437-4]</p>
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			<p>Hace ya dos o tres d&#x00E9;cadas al menos que la historia de la ciencia (si no la historia en general) se ha estado afianzando en lo que podr&#x00ED;amos llamar un paradigma material. Hemos pasado de interrogar en exclusiva las ideas, algo desencarnadas, de los grandes cient&#x00ED;ficos a interesarnos por las cosas mismas, aquellas que rodeaban a los hombres y mujeres del pasado que, de un modo u otro, participaron en la producci&#x00F3;n y transmisi&#x00F3;n del conocimiento. Los objetos del saber no siempre tiene historias heroicas: telescopios averiados sin remedio, espec&#x00ED;menes perdidos en naufragios, libros que los autores creen escribir pero que un buen n&#x00FA;mero de agentes (de impresores a correctores) acaban por producir. Y sin embargo hay un objeto, posiblemente el m&#x00E1;s ubicuo de todos, que a&#x00FA;n parece resist&#x00ED;rsenos a los historiadores de la ciencia: los papeles mismos (las notas, apuntes, garabatos y bosquejos) que todo investigador produce para recordar y elaborar una idea que se nos ha ocurrido, un pasaje que hemos le&#x00ED;do, o un fen&#x00F3;meno que hemos observado.</p>

			<p><italic>Observing by Hand</italic> de Omar W. Nasim es un libro sobre c&#x00F3;mo la observaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica, tema privilegiado de la m&#x00E1;s reciente historia de la ciencia, no es s&#x00F3;lo cosa del ojo, sino tambi&#x00E9;n (y sobre todo) de la mano que registra, que anota, que bosqueja. Nasim nos narra una historia fascinante: la de c&#x00F3;mo una serie de astr&#x00F3;nomos del siglo diecinueve trataron de capturar un objeto lejano y confuso, las nebulosas, a base de dibujarlos. Aviso a navegantes: es un libro especializado, centrado en un per&#x00ED;odo y una pr&#x00E1;ctica espec&#x00ED;ficos. El lector no encontrar&#x00E1; grandes panor&#x00E1;micas sobre la historia de la representaci&#x00F3;n visual de los cielos. Pero <italic>Observing by Hand</italic> es un trabajo sofisticado y con fuerza, que revisita temas cl&#x00E1;sicos (observaci&#x00F3;n, cultura visual) con una perspectiva l&#x00FA;cida y extremadamente s&#x00F3;lida, al tiempo que ampl&#x00ED;a poderosamente los horizontes de investigaci&#x00F3;n en historia de la ciencia. Puede que sea un caso de estudio concreto y situado, pero a buen seguro que su lectura recompensar&#x00E1; a cualquier historiador de la ciencia.</p>

			<p><italic>Observing by Hand</italic> es original en muchos aspectos. El afortunado t&#x00ED;tulo para empezar, algo as&#x00ED; como “observar a mano,” pues un gesto aparentemente inmaterial como observar, nos recuerda Nasim, es un arte manual. O el objeto mismo que estudian los protagonistas de su historia, las nebulosas: entes tenues, ambiguos y escurridizos a la mirada cient&#x00ED;fica. Pero hay dos aspectos en particular que resultan cruciales en el panorama historiogr&#x00E1;fico actual. Primero, el autor da profundidad a la imagen cient&#x00ED;fica: frente a los estudios visuales de la ciencia que son incapaces de ir m&#x00E1;s all&#x00E1; de la superficie de una imagen concreta (infiriendo conclusiones a base de comparar con otras su estilo, modos de representaci&#x00F3;n, etc.), el libro argumenta que cualquier representaci&#x00F3;n es el resultado de una historia a menudo tortuosa, de muchos intentos, correcciones, ajustes y versiones. Segundo, y por la misma raz&#x00F3;n, Nasim desplaza el foco de atenci&#x00F3;n de la imagen acabada a la imagen privada o de trabajo (“working image,” lo llama &#x00E9;l, o el bosquejo que no aspira a otro p&#x00FA;blico que el del solo autor que lo produce), y nos recuerda que fuentes tan abandonadas por los historiadores como los papeles de trabajo (notas, cuadernos, apuntes, listas, esbozos) nos permiten escribir historias muy distintas a las que se basan en un libro, una pintura, un instrumento: son historias de incertidumbres, de intentos fallidos, de m&#x00E9;todos de trabajo elaborados y retocados sobre la marcha.</p>

			<p><italic>Observing by Hand</italic> consta de cuatro cap&#x00ED;tulos. El primero, “Consolidaci&#x00F3;n y coordinaci&#x00F3;n,” se centra en las din&#x00E1;micas de trabajo en el observatorio del castillo de Birr, en Irlanda. A mediados de los a&#x00F1;os 1840, el arist&#x00F3;crata y astr&#x00F3;nomo William Parsons (1800-1867), tercer Conde de Rosse, se hizo construir all&#x00ED; un colosal telescopio reflector (el m&#x00E1;s grande del mundo por aquel entonces) con una apertura de casi dos metros de di&#x00E1;metro. Rosse se rode&#x00F3; de operarios que manejaban el mastod&#x00F3;ntico instrumento y un nutrido grupo de asistentes (j&#x00F3;venes astr&#x00F3;nomos y en ocasiones artistas) que se sucedieron al ocular a lo largo de los a&#x00F1;os llevando a cabo el programa de observaci&#x00F3;n dise&#x00F1;ado por el lord. Las dimensiones del telescopio hac&#x00ED;an posible algo pr&#x00E1;cticamente in&#x00E9;dito: el examen de objetos celestes extremadamente imprecisos. Y nada m&#x00E1;s nebuloso que las nebulosas: ¿qu&#x00E9; eran aquellas formas tenues y relucientes? ¿C&#x00FA;mulos de estrellas? ¿Un material desconocido? Nasim sostiene que debido a la naturaleza elusiva de las nebulosas y al car&#x00E1;cter colectivo del programa de Rosse, el dibujo se convirti&#x00F3; en un medio privilegiado para estabilizar una mirada plural a entes tan ambiguos como aquellos: es decir, para consolidar y coordinar las observaciones. A cada asistente de Rose se le asign&#x00F3; un libro de observaci&#x00F3;n en el que tomar notas y bosquejar formas durante las largas horas en el ocular. Consolidaci&#x00F3;n, porque los cuadernos permit&#x00ED;an lo que Nasim llama un “proceso de familiarizaci&#x00F3;n”: fue a base de dibujarlas una y otra vez que las extra&#x00F1;as nebulosas empezaron a tomar forma. Coordinaci&#x00F3;n, porque las notas y dibujos de cada asistente deb&#x00ED;an trasladarse a un &#x00FA;nico libro (algo as&#x00ED; como un libro maestro, com&#x00FA;n a todo el programa), en el que se pul&#x00ED;a y negociaba la representaci&#x00F3;n definitiva de cada objeto observado. </p>

			<p>Pero incluso para un equipo como el de Rosse (que contaba probablemente con el mejor instrumental del momento), estabilizar por medio del dibujo no estaba exento de controversia y dudas. ¿Cu&#x00E1;l es el mejor modo de representar fen&#x00F3;menos naturales? ¿Por qu&#x00E9; el dibujo, un medio al fin y al cabo creativo y personal? O simplemente: ¿cu&#x00E1;l es el mejor modo de considerar im&#x00E1;genes como las de Rosse? ¿C&#x00F3;mo saber lo que representan? ¿C&#x00F3;mo inferir conclusiones a partir de ellas cuando pocos contaban con instrumental para observar por s&#x00ED; mismos las nebulosas? &#x00C9;stas son las preguntas del segundo cap&#x00ED;tulo, “Uso y recepci&#x00F3;n,” una biograf&#x00ED;a de dos im&#x00E1;genes de un mismo objeto celeste: la Gran Espiral, hoy conocida como la galaxia Remolino o M51 en jerga astron&#x00F3;mica. Mientras que una de las im&#x00E1;genes (basada en un dibujo de John Herschel de 1833) presentaba la M51 como una nebulosa de forma anular, la otra (la de Rosse, de 1850) descubr&#x00ED;a una morfolog&#x00ED;a nunca antes vista en los cielos, la forma espiral, que iba a cautivar a cient&#x00ED;ficos y artistas por igual. La famos&#x00ED;sima <italic>Noche estrellada</italic> de van Gogh, por ejemplo, exhibe la nebulosa espiral en pleno cielo, ampliando as&#x00ED; la realidad que el artista pod&#x00ED;a contemplar desde su habitaci&#x00F3;n de un sanatorio mental provenzal con los m&#x00E1;s recientes descubrimientos astron&#x00F3;micos. Lo interesante del cap&#x00ED;tulo es que nos muestra c&#x00F3;mo las lecturas de las im&#x00E1;genes de la M51 variaban ligeramente con cada nuevo uso. Nasim sabe prestar atenci&#x00F3;n a un aspecto sobre el que la historia del libro ha sido particularmente insistente, pero que los estudios visuales ignoran con demasiada frecuencia: copiar, plagiar, editar, publicar, o simplemente manipular cualquier forma discursiva (ya sea un texto, una imagen o – ¿por qu&#x00E9; no? – un objeto) no s&#x00F3;lo la reubica en un nuevo contexto social e intelectual, sino que adem&#x00E1;s altera su significado.</p>

			<p>El tercer cap&#x00ED;tulo se centra en una forma particular de visualizaci&#x00F3;n: los mapas descriptivos, una puesta en imagen que inclu&#x00ED;a no s&#x00F3;lo la representaci&#x00F3;n de las nebulosas, si no tambi&#x00E9;n detalladas mediciones. Mapas descriptivos como los de John Herschel, por ejemplo, aspiraban a una representaci&#x00F3;n pict&#x00F3;rica susceptible de c&#x00E1;lculos y mediciones. Nasim introduce aqu&#x00ED; la noci&#x00F3;n de “concepci&#x00F3;n,” con la que se refiere al papel que este tipo de im&#x00E1;genes jugaba en la visualizaci&#x00F3;n de relaciones espaciales. Los mapas descriptivos, en otras palabras, permit&#x00ED;an explicitar (o hacer visualmente evidentes) relaciones entre fen&#x00F3;menos astron&#x00F3;micos que, de otro modo, quedaban ocultos en la masa confusa de hechos observables. Pero no s&#x00F3;lo eso: adoptando un tono de historiador intelectual, Nasim argumenta que inscripciones como estos mapas reflejan el modo en que sus autores razonaban sobre el papel, la forma en que diger&#x00ED;an cognitivamente sus observaciones. &#x00C9;sta es una importante diferencia con la fotograf&#x00ED;a, que no pod&#x00ED;a m&#x00E1;s que captar apariencias mientras que el dibujo permit&#x00ED;a disciplinar no s&#x00F3;lo la observaci&#x00F3;n, sino tambi&#x00E9;n el pensamiento. Trazar l&#x00ED;neas entre distintas nebulosas o delinear sus estructuras internas constitu&#x00ED;an gestos para coleccionar, conectar, reducir y procesar fen&#x00F3;menos celestes.</p>

			<p>El cuarto y &#x00FA;ltimo cap&#x00ED;tulo se centra en demostrar c&#x00F3;mo habilidades e instrumentos espec&#x00ED;ficos influencian de manera crucial los resultados finales de las observaciones y de los procesos de visualizaci&#x00F3;n, pero tambi&#x00E9;n las conclusiones. William Lassell, por ejemplo, contaba con instrumentos &#x00FA;nicos: sus telescopios de montura ecuatorial le permit&#x00ED;an seguir un objeto en los cielos durante mucho m&#x00E1;s tiempo que Rosse o Herschel. Mientras que &#x00E9;stos borraron toda traza de los instrumentos que utilizaron, para Lassell el tipo de telescopio utilizado importaba: distintas condiciones de observaci&#x00F3;n daban lugar a formas de representaci&#x00F3;n. Otro caso es el de Wilhelm Tempel, el &#x00FA;nico artista de formaci&#x00F3;n dedicado a dibujar nebulosas. Como Lassell con los instrumentos, Tempel quiso hacer evidente en las im&#x00E1;genes mismas algo que antes no lo era: que para dibujar hay que saber dibujar. Para Tempel, los que le precedieron no dieron suficiente importancia al efecto que las habilidades pict&#x00F3;ricas de cada observador ten&#x00ED;an no ya sobre el dibujo, sino sobre los argumentos cient&#x00ED;ficos mismos.</p>

			<p>Hay que decir que el tono te&#x00F3;rico del argumento a lo largo del libro puede resultar en ocasiones abrumador, y uno puede llegar a preguntarse (sobre todo si se es m&#x00E1;s historiador que fil&#x00F3;sofo) por la necesidad de utilizar, como hace Nasim, conceptos te&#x00F3;ricos relativamente nuevos (“procedimiento,” “familiarizaci&#x00F3;n,” “concepci&#x00F3;n”) para describir situaciones o actitudes que tal vez no necesiten nombre. </p>

			<p>Sea como fuere, <italic>Observing by Hand</italic> constituye una lectura indispensable para cualquier historiador de la astronom&#x00ED;a, especialmente para aquellos que se interesen por el Ochocientos ingl&#x00E9;s (la historia del alem&#x00E1;n Temple en el observatorio florentino de Arcetri constituye una refrescante excepci&#x00F3;n en un estudio que hace uso mayoritario de casos brit&#x00E1;nicos). Los expertos sabr&#x00E1;n evaluar el argumento del autor en lo que respecta a la cronolog&#x00ED;a mejor que el autor de esta rese&#x00F1;a. Las d&#x00E9;cadas de 1820 a 1890 constituyen, nos dice &#x00E9;l, un per&#x00ED;odo distintivo de la pr&#x00E1;ctica observacional: uno, sin embargo, ignorado con frecuencia en la historia de la representaci&#x00F3;n visual de fen&#x00F3;menos celestes dada la tendencia a considerarlo desde nuestros est&#x00E1;ndares visuales actuales. La fotograf&#x00ED;a nos ha acostumbrado a visiones diacr&#x00F3;nicas, acumulativas o topogr&#x00E1;ficas de los cielos frente los modos sincr&#x00F3;nicos de Rosse o John Herschel, que prefer&#x00ED;an el estudio focalizado y casi obsesivo de determinados objetos siderales. </p>

			<p>&#x00C9;sta es, precisamente, una de las claves m&#x00E1;s importantes del libro, uno de los aspectos que hacen de este trabajo algo m&#x00E1;s que un caso interesante para especialistas en la &#x00E9;poca o la disciplina. Nasim, de hecho, adopta la misma perspectiva que los protagonistas de su historia: frente a tendencias diacr&#x00F3;nicas en la historia de las im&#x00E1;genes cient&#x00ED;ficas (que comparan im&#x00E1;genes acabadas, mayormente publicadas, de una &#x00E9;poca con otra, y que tienden a buscar grandes l&#x00ED;neas de cambio), Nasim tiene un ojo diacr&#x00F3;nico: se centra en pocos casos de un per&#x00ED;odo concreto, lo que le permiten observar la producci&#x00F3;n de sus fuentes en profundidad. Las consecuencias son fundamentales. Porque presta atenci&#x00F3;n a los registros de la mirada cient&#x00ED;fica —“no puede haber observaci&#x00F3;n sin alg&#x00FA;n tipo de registro” (239)— y demuestra que el gesto ocular no es tan inmaterial como pueda parecer. Y porque explota la noci&#x00F3;n de observaci&#x00F3;n en una mir&#x00ED;ada de etapas —registros, procesos, resultados—, lo que pone en duda influyentes narrativas que anclan la evoluci&#x00F3;n de grandes nociones cient&#x00ED;ficas (la de objetividad, por poner un caso) a un an&#x00E1;lisis de convenciones estil&#x00ED;sticas. El trabajo de Nasim acaba cuestionando, aunque sea de manera impl&#x00ED;cita, todo estudio de historia de la ciencia que utilice im&#x00E1;genes sin interrogarse por su producci&#x00F3;n, circulaci&#x00F3;n, y recepci&#x00F3;n. Pr&#x00E1;cticamente toda imagen, nos viene a decir, es una versi&#x00F3;n m&#x00E1;s entre otras muchas: los dibujos preparatorios que la preceden, de un lado, y las copias y apropiaciones por las que circula, de otro. Ignorar esto es focalizarse sobre un solo momento de la larga vida que tiene todo producto cient&#x00ED;fico, gr&#x00E1;fico o no.</p>

			<p>Nasim nos da un buen ejemplo a este respecto. Puede que los distintos dibujos de nebulosas en aquella &#x00E9;poca nos parezcan similares hoy en d&#x00ED;a, nos dice. Pero cuando prestamos atenci&#x00F3;n a los “procedimientos” (<italic>procedures</italic>, los llama &#x00E9;l) por los que fueron creadas, empezamos a apreciar que se trata a menudo de modos de visualizaci&#x00F3;n radicalmente distintos. Los dibujos y litograf&#x00ED;as de nebulosas del Ochocientos son, como toda imagen, productos inferidos: el resultado de pr&#x00E1;cticas de producci&#x00F3;n, manejo, recepci&#x00F3;n. Algo que la mano hace y rehace. Una imagen, nos viene a decir, no es s&#x00F3;lo superficie.</p>

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