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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2016.p163</article-id>
				 
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				<subject>RESE&#x00D1;AS / BOOK REVIEWS</subject>
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				<article-title>Rese&#x00F1;a del libro "Arte y ciencia en el barroco espa&#x00F1;ol. Historia natural, coleccionismo y cultura visual"</article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en"><trans-title>Book review</trans-title></trans-title-group>
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				 <surname>Lumbreras</surname>
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			  <aff id="U1">Johns Hopkins University</aff>
			 
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				<day>31</day>
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				<year>2016</year>
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				<year>2016</year>
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			<volume>68</volume>
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				<copyright-statement>&#x00A9; 2016 CSIC</copyright-statement>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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				<p><bold>Marcaida, Jos&#x00E9; Ram&#x00F3;n.</bold> <italic>Arte y ciencia en el barroco espa&#x00F1;ol. Historia natural, coleccionismo y cultura visual</italic>, Sevilla y Madrid, Fundaci&#x00F3;n Focus-Abengoa/Marcial Pons Historia, 2014, 340 p&#x00E1;ginas [ISBN: 978-84-15963-36-3].</p>
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			<p>En lo que se refiere al desarrollo de la ciencia en Espa&#x00F1;a y su semblanza historiogr&#x00E1;fica, el siglo XVII nunca ha gozado de gran fortuna. A su descripci&#x00F3;n como un periodo de tr&#x00E1;nsito (las d&#x00E9;cadas que median entre los grandes proyectos cient&#x00ED;ficos de Felipe II y el despertar de los Novatores), ha ido siempre unida cierta idea de que el Seiscientos espa&#x00F1;ol representa un mundo de saber en decadencia y que, por tanto, en &#x00E9;l se encuentra el verdadero campo de batalla a la hora de juzgar el lugar la ciencia espa&#x00F1;ola a la historia de la modernidad. Cualquiera que est&#x00E9; familiarizado con la bibliograf&#x00ED;a sobre el tema conoce bien este discurso: a diferencia del siglo XVI, donde, por ejemplo, el comercio americano o el primer desarrollo de una ciencia imperial se han acomodado f&#x00E1;cilmente a la imagen cambiante de la revoluci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica –a su apertura hacia nuevos objetos, agentes y contextos–, el siglo XVII ha permanecido anclado a su imagen de declive, extra&#x00F1;amente incapaz de exorcizar sus propios mitos historiogr&#x00E1;ficos o de formalizar una nueva mirada. Por supuesto, desde al menos los a&#x00F1;os noventa, generaciones de historiadores se han preguntado por los fundamentos de esta decadencia y por las herramientas necesarias para encararla de forma cr&#x00ED;tica. Pero ha sido s&#x00F3;lo en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os, con el deterioro de la revoluci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica como marco interpretativo y la apertura definitiva de la historia de la ciencia a una historia cultural, que la vieja anti-modernidad enquistada de Seiscientos espa&#x00F1;ol ha cobrado un nuevo sentido: si el panorama que ofrece el mundo hisp&#x00E1;nico –nos plantean ahora ciertos investigadores– no se deja acomodar a nuestras representaciones del saber cient&#x00ED;fico del momento, ¿puede ser que tambi&#x00E9;n ofrezca otras formas de revisar nuestros discursos? ¿Es posible elaborar una historia de la ciencia que no s&#x00F3;lo no se deje arrastrar por el relato de la modernidad y su hacer geneal&#x00F3;gico –que no s&#x00F3;lo no se estructure en torno a lo que la ciencia espa&#x00F1;ola aporta– sino que atienda, <italic>adem&#x00E1;s</italic>, a las formas particulares de saber desarrolladas en la Espa&#x00F1;a de la &#x00E9;poca? ¿Pero de qu&#x00E9; tipos de conocimiento estar&#x00ED;amos hablando, de qu&#x00E9; exactamente ser&#x00ED;a historia esta historia de la ciencia?</p>

			<p><italic>Arte y ciencia en el barroco espa&#x00F1;ol</italic> es la original respuesta de Jos&#x00E9; Ram&#x00F3;n Marcaida a estas preguntas. Basado en la tesis doctoral del autor, realizada en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, y ganador del IV Premio Internacional Alfonso E. P&#x00E9;rez S&#x00E1;nchez, el libro es un ambicioso proyecto que explora la relaci&#x00F3;n entre coleccionismo, historia natural y producci&#x00F3;n art&#x00ED;stica en las primeras d&#x00E9;cadas del siglo XVII, aunque en realidad esto es s&#x00F3;lo el trasfondo de una reflexi&#x00F3;n m&#x00E1;s amplia sobre la posibilidad de hablar de una “ciencia del barroco” y sobre los desaf&#x00ED;os que supone constituirla en objeto de estudio. La premisa de la que el autor parte es sencilla: si aceptamos que todo saber cient&#x00ED;fico participa de la cultura en la que se gesta, entonces es necesario admitir que algunas de las actitudes y modos de estudiar la naturaleza surgidos en la Espa&#x00F1;a de Felipe IV s&#x00F3;lo cobran sentido, incluso s&#x00F3;lo pueden reconocerse como tales, cuando se miran bajo el prisma cultural del Barroco. Este enfoque explica el inter&#x00E9;s del libro en revisar la relaci&#x00F3;n entre arte y ciencia: la historia que aqu&#x00ED; se cuenta no es exactamente la de c&#x00F3;mo ciertas im&#x00E1;genes barrocas contribuyen a adquirir, producir o visualizar conocimiento; aunque este es uno de los elementos que interesan a Marcaida, el relato se centra m&#x00E1;s bien en el conjunto dispar de pr&#x00E1;cticas y h&#x00E1;bitos de pensamiento, compartidos por artistas, patronos e intelectuales, sobre los que reposa el conocimiento del mundo natural. La diferencia es sutil pero importante. La ciencia del momento, nos dice Marcaida, se difumina bajo el umbral de nuestra mirada si no entendemos que conocer entra&#x00F1;aba un espectro ampl&#x00ED;simo e inesperado de formas de hacer y formas de pensar, entre las que la producci&#x00F3;n y recepci&#x00F3;n de im&#x00E1;genes habr&#x00ED;a de ser central. Pinturas de gabinete, p&#x00E1;jaros disecados, <italic>vanitas</italic> o colecciones semi-ficticias se dan encuentro en las p&#x00E1;ginas del libro y contribuyen a hilar su argumento. Seg&#x00FA;n Marcaida, es la actitud pesimista y esc&#x00E9;ptica hacia la realidad propia del Barroco hispano la que permite valorar de forma nueva el papel que el ilusionismo, la imitaci&#x00F3;n o el coleccionismo pict&#x00F3;rico van a adquirir en este momento en la comprensi&#x00F3;n de la naturaleza y, por tanto, en la producci&#x00F3;n de ciencia.</p>

			<p>Es posible que muchos lectores encuentren este enfoque doblemente anacr&#x00F3;nico. Al fin y al cabo, ni ciencia ni barroco se usaban en la &#x00E9;poca con el sentido que el autor les da. Lo que le interesa a Marcaida, no obstante, es la “reorientaci&#x00F3;n metodol&#x00F3;gica” que surge del encuentro cr&#x00ED;tico entre ciencia moderna y lo que &#x00E9;l llama “cultura del barroco.” Como para Ofer Gal y Raz Chen-Morris,<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref> que tambi&#x00E9;n se han interesado por esta idea, para Marcaida, que el barroco (como invenci&#x00F3;n historiogr&#x00E1;fica) nunca haya formado parte de la historia de la ciencia pone de relieve hasta qu&#x00E9; punto hemos construido las realidades que cada uno de estos conceptos representa como opuestos incompatibles, el uno marcado por su apego a la raz&#x00F3;n y la sistematizaci&#x00F3;n, el otro entregado al exceso ilusionista y la extravagancia arbitraria. Dejando que uno y otro se iluminen mutuamente, su proyecto pretende invertir los t&#x00E9;rminos de una historiograf&#x00ED;a que ha puesto un peso excesivo en la formaci&#x00F3;n de grandes teor&#x00ED;as y la acci&#x00F3;n coordinada de esfuerzos, para recuperar as&#x00ED; “algo del car&#x00E1;cter contingente, azaroso y circunstancial del gran proyecto de la ciencia moderna” (p. 286). Esto no significa que este giro hacia el barroco aspire a una simple recontextualizaci&#x00F3;n o, a&#x00FA;n peor, que sea una forma ret&#x00F3;rica de aludir a los cambios recientes en nuestros modos de entender el saber cient&#x00ED;fico de los siglos XVI y XVII, cada vez m&#x00E1;s atentos a la dimensi&#x00F3;n material, visual y socio-cultural de la producci&#x00F3;n de conocimiento. El barroco, por el contrario, adquiere aqu&#x00ED; una funci&#x00F3;n t&#x00E1;ctica en el sentido que de Certeau diera a esta palabra.</p>

			<p>Marcaida bebe en este punto de un conjunto de ideas que han ido tomando cuerpo en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os a la luz de una doble reflexi&#x00F3;n sobre el barroco. De un lado est&#x00E1; aquella que rescata el valor que le dieran Benjamin y Deleuze como territorio en el que vislumbrar modernidades alternativas o modernidades a contrapelo. Del otro, est&#x00E1; cierto inter&#x00E9;s por revisar las tesis de J. A. Maravall sobre el barroco como el marco que mejor define la cultura espa&#x00F1;ola del momento. En efecto, no es dif&#x00ED;cil encontrar afinidades entre <italic>Arte y ciencia en el barroco espa&#x00F1;ol</italic> y trabajos como los de Monika Kaup, Luis Vives-Ferr&#x00E1;ndiz o Fernando R. De la Flor.<xref ref-type="fn" rid="NOTE2">2</xref> En ellos, como en el m&#x00E1;s reciente y monumental <italic>Lexikon of the Hispanic Baroque</italic>, hay un intento deliberado por reinventar lo que podr&#x00ED;amos llamar la irreverencia cr&#x00ED;tica del t&#x00E9;rmino, su capacidad, como dijera Roland Greene, para funcionar como un “antiprograma de resistencias”.<xref ref-type="fn" rid="NOTE3">3</xref> Aun con distintos matices, todos estos autores parecen coincidir en que, en su adscripci&#x00F3;n al exceso, lo recargado y lo irracional –en definitiva, lo Otro–, el barroco permite reinscribir pr&#x00E1;cticas hist&#x00F3;ricas, muchas veces olvidadas, en la riqueza (geogr&#x00E1;ficamente) heterog&#x00E9;nea de sus contextos, de Madrid a Goa y de M&#x00E9;xico a Roma, formalizando una nueva mirada sobre una &#x00E9;poca marcada, por supuesto, por la contra-reforma, la g&#x00E9;nesis del absolutismo y la revoluci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica, pero marcada tambi&#x00E9;n por la formaci&#x00F3;n de imperios, la expansi&#x00F3;n de redes de comercio o el poder transformador de las periferias. En el caso de Marcaida, que sigue especialmente de cerca los planteamientos de Rodr&#x00ED;guez de la Flor, esto se traduce en un barroco hispano enraizado en el problema de la distinci&#x00F3;n epistemol&#x00F3;gica entre apariencia y realidad, es decir, un barroco fundamentalmente caracterizado por su actitud esc&#x00E9;ptica hacia ciertas formas de racionalizaci&#x00F3;n. Desenga&#x00F1;o, desilusi&#x00F3;n, “desautorizaci&#x00F3;n de lo real”; &#x00E9;stos son los mimbres que dan forma a la ciencia del barroco de la que habla el libro.</p>

			<p>En el primer cap&#x00ED;tulo, “Acumulaci&#x00F3;n”, Marcaida revisa y expande la famosa tesis de Jonathan Brown sobre el triunfo de la pintura, ofreciendo una nueva mirada sobre un fen&#x00F3;meno hist&#x00F3;rico bien conocido: el progresivo desplazamiento del coleccionismo de objetos raros y ex&#x00F3;ticos, propio de los gabinetes de curiosidades, por las colecciones de pintura. Donde Brown (y otros autores antes que &#x00E9;l) hab&#x00ED;an reconocido el valor del gesto diplom&#x00E1;tico, as&#x00ED; como la creaci&#x00F3;n de un nuevo expertizaje que transforma el cuadro pintado en un objeto de inter&#x00E9;s pol&#x00ED;tico y representativo, Marcaida percibe la fuerza del coleccionismo americanista. Ya a finales del siglo XVI, el inter&#x00E9;s europeo por lo ex&#x00F3;tico hab&#x00ED;a hecho de la imagen un veh&#x00ED;culo particularmente adecuado para la apropiaci&#x00F3;n de realidades y objetos ausentes, y es en esta otra genealog&#x00ED;a del triunfo de la pintura donde, seg&#x00FA;n Marcaida, se articula mejor su devenir barroco. La creciente fascinaci&#x00F3;n por lo pict&#x00F3;rico –que no s&#x00F3;lo dise&#x00F1;a nuevas jerarqu&#x00ED;as est&#x00E9;ticas, inventado su propio canon de antiguos maestros, sino que activamente promueve la inclusi&#x00F3;n de g&#x00E9;neros como la naturaleza muerta– da lugar a un nuevo tipo de posesi&#x00F3;n de la naturaleza: la posesi&#x00F3;n de su “ficcionalizaci&#x00F3;n”. En ella puede apreciarse una nueva actitud hacia el mundo natural en la que &#x00E9;ste es definido abiertamente como mundo de apariencias, reavivando as&#x00ED; la dimensi&#x00F3;n epistemol&#x00F3;gica del gusto por lo ficticio, en sinton&#x00ED;a con su dimensi&#x00F3;n est&#x00E9;tica. Tanto el conjunto de pinturas que atesoraba Felipe IV en el cuarto bajo de verano como la enigm&#x00E1;tica colecci&#x00F3;n de Juan de Espina muestran que lo que cuenta ahora no es tanto la capacidad de la imagen para actuar como substituto de objetos existentes pero inasibles, cuanto su disposici&#x00F3;n para proveer ilusiones coextensivas al car&#x00E1;cter ficticio de la propia realidad.</p>

			<p>Obviamente, no es posible separar este inter&#x00E9;s por lo fingido e ilusorio de los modos de representaci&#x00F3;n que lo alimentan, y es en el segundo cap&#x00ED;tulo donde se explora esta relaci&#x00F3;n. Marcaida aborda aqu&#x00ED; el car&#x00E1;cter fundamentalmente mediatorio de las im&#x00E1;genes. Presta para ello especial atenci&#x00F3;n a la <italic>Historia Naturae</italic> del jesuita Juan Eusebio Nieremberg, la obra que dio origen a la investigaci&#x00F3;n de <italic>Arte y ciencia en el barroco espa&#x00F1;ol</italic>. Las escasas ilustraciones de este erudito tratado de historia natural dan cuenta de c&#x00F3;mo la imagen cient&#x00ED;fica se convierte progresivamente, no en un repositorio de experiencia o en un registro de la observaci&#x00F3;n emp&#x00ED;rica, sino en un dispositivo de acumulaci&#x00F3;n de informaci&#x00F3;n que la representaci&#x00F3;n misma permite seleccionar, intercambiar o redefinir. Es el tipo de imagen perfecto para el tipo de naturaleza que muestra: en los a&#x00F1;os treinta del siglo XVII la naturaleza que estudia Nieremberg no es s&#x00F3;lo una forma de teolog&#x00ED;a encarnada, es tambi&#x00E9;n una masa inabarcable de elementos curiosos y significados ocultos cuyo conocimiento exige descifrar, ya sea emblemas, s&#x00ED;mbolos, simpat&#x00ED;as o correspondencias. El argumento de Marcaida apunta a que esta forma de conocer es paradigm&#x00E1;tica de cierta hermen&#x00E9;utica barroca en la que lo que cuenta es la extracci&#x00F3;n de un significado situado detr&#x00E1;s o m&#x00E1;s all&#x00E1; de lo visible.</p>

			<p>El libro se cierra con una reflexi&#x00F3;n en torno a la preservaci&#x00F3;n que conecta el problema material de la transitoriedad –por ejemplo, en la conservaci&#x00F3;n de espec&#x00ED;menes– con su dimensi&#x00F3;n filos&#x00F3;fica, tal como se articula en los cuadros de vanitas. La paradoja que interesa a Marcaida no es s&#x00F3;lo la de unas im&#x00E1;genes que para hablar de la brevedad de la vida hacen permanentes las cosas que representan; es la de un discurso sobre la vanidad del saber que termina apoy&#x00E1;ndose en los propios resortes de la ciencia: la capacidad de la imagen para generar conocimiento. Marcaida salta de la fascinaci&#x00F3;n europea por el ave del para&#x00ED;so a la literatura sobre el buen morir con una agilidad admirable, poniendo de manifiesto uno de los principales aciertos del libro, a saber, su capacidad para conectar temas y objetos aparentemente ajenos y para moverse con soltura entre disciplinas. Es notable el esfuerzo del autor por dar coherencia a una variedad ampl&#x00ED;sima de materiales hist&#x00F3;ricos, aunque tambi&#x00E9;n es cierto que, en ocasiones, la necesidad de construir esta coherencia como &#x00ED;ndice de un sesgo propiamente barroco hace que el libro peque de cierta homogeneizaci&#x00F3;n cultural. En <italic>Arte y ciencia en el barroco espa&#x00F1;ol</italic> hay una superposici&#x00F3;n casi perfecta entre modos de ver, modos de representar y modos de pensar que deja poco margen para la pol&#x00E9;mica, la duda o la resistencia, sobre todo por parte de los artistas (la &#x00FA;nica excepci&#x00F3;n son quiz&#x00E1;s las teor&#x00ED;as sobre el arte naturalista de Carducho y Pacheco, aunque &#x00E9;stas no llegan a discutirse abiertamente desde este punto de vista). Gracias a los trabajos de Jeremy Robbins, entre otros, hoy sabemos que la “mentalidad epistemol&#x00F3;gica del barroco espa&#x00F1;ol” dista mucho de ser un&#x00ED;voca y que, de hecho, en cuanto parte de una historia m&#x00E1;s amplia del escepticismo, est&#x00E1; plagada de conflictos internos y pugnas por la autoridad cuya implicaci&#x00F3;n art&#x00ED;stica todav&#x00ED;a est&#x00E1;, en gran medida, por estudiar.<xref ref-type="fn" rid="NOTE4">4</xref> Esto, obviamente, no ensombrece el trabajo de Marcaida; m&#x00E1;s bien al contrario. <italic>Arte y ciencia en el barroco espa&#x00F1;ol</italic> es una obra de referencia para todo aquel interesado en la historia del conocimiento en la Edad Moderna. Como todo libro ambicioso, su val&#x00ED;a est&#x00E1; tanto en el terreno que cubre como en las v&#x00ED;as que abre para seguir investigando.</p>
			
					
					<p>Mar&#x00ED;a Lumbreras</p>
					<p>Johns Hopkins University</p>

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		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
			
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					<fn id="NOTE1"><label>1</label>
						<p>Ofer Gal and Raz Chen-Morris, <italic>Baroque science</italic>. Chicago y Londres: The University of Chicago Press, 2013; idem, <italic>Science in the Age of Baroque</italic>. Dordrecht: Springer, 2013.</p>
					</fn>
					
					<fn id="NOTE2"><label>2</label>
						<p>Monika Kaup, “Neobaroque: Latin America’s Alternative Modernity.” <italic>Comparative Literature</italic> 58.2 (2006): 128-52; Luis Vives-Ferr&#x00E1;ndiz S&#x00E1;nchez, <italic>Vanitas. Ret&#x00F3;rica visual de la Mirada</italic>. Madrid: Encuentro, 2011; Fernando R. de la Flor, <italic>Barroco. Representaci&#x00F3;n e ideolog&#x00ED;a en el mundo hisp&#x00E1;nico, 1580-1680.</italic> Madrid: C&#x00E1;tedra, 2002; idem, <italic>Imago. La cultura visual y figurativa del Barroco.</italic> Madrid: Abada, 2009.</p>
					</fn>
					
					<fn id="NOTE3"><label>3</label>
						<p>Roland Greene, “Baroque and Neobaroque: Making Thistory.” <italic>PMLA</italic> 124.1 (2009): 150-55.</p>
					</fn>
					
					<fn id="NOTE4"><label>4</label>
						<p>Jeremy Robbins, <italic>Arts of Perception. The Epistemological Mentality of the Spanish Baroque, 1580-1720.</italic> Abingdon and New York: Routledge, 2007.</p>
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