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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2016.28</article-id>
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				<subject>ESTUDIOS / RESEARCH STUDIES</subject>
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				 <article-title>“Males vergonzantes” y prostituci&#x00F3;n reglamentada. Rosario, Argentina (1874-1932)</article-title>
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					<trans-title>“Shameful diseases” and the legal regulation of prostitution. Rosario-Argentina (1874-1932)</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">“Males vergonzantes” y prostituci&#x00F3;n reglamentada. Rosario, Argentina (1874-1932)</alt-title>
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				 <surname>M&#x00FA;gica</surname>
				 <given-names>Mar&#x00ED;a Luisa</given-names>
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			  <aff id="U1">Profesora Asociada. Universidad Nacional de Rosario-Argentina</aff>
			  
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				<corresp id="cor1"><email xlink:href="marialuisamugica@gmail.com">marialuisamugica@gmail.com</email></corresp>
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				<year>2016</year>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>A fines del siglo XIX y principios del XX las enfermedades ven&#x00E9;reas despertaron especial atenci&#x00F3;n en los discursos m&#x00E9;dicos, period&#x00ED;sticos y pol&#x00ED;ticos. Las normativas municipales en torno a la cuesti&#x00F3;n de la prostituci&#x00F3;n y a un conjunto de problemas propios de ciudades, que como Rosario sufrieron un proceso de modernizaci&#x00F3;n brusca, daban cuenta de lo mencionado. La prostituci&#x00F3;n aparec&#x00ED;a vinculada en las representaciones epocales con las enfermedades ven&#x00E9;reas, en especial, la s&#x00ED;filis y la blenorragia, caracterizadas junto con el alcoholismo y la tuberculosis como algunos de los grandes males sociales evitables. La prostituci&#x00F3;n era percibida como el principal foco de difusi&#x00F3;n de &#x00E9;stas. En este trabajos analizamos discursos sobre las enfermedades ven&#x00E9;reas, “secretas”, como tambi&#x00E9;n se las conoc&#x00ED;a por entonces, los miedos que despertaban y algunas pr&#x00E1;cticas profil&#x00E1;cticas desplegadas a los efectos de proteger los cuerpos individuales y el cuerpo social de la ciudad en el per&#x00ED;odo de vigencia del sistema de prostituci&#x00F3;n reglamentada en Rosario (1874-1932).</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>In late 19th and early 20th century venereal diseases received special attention in the medical, journalistic and political speeches. Local regulations regarding the issue of prostitution and the tipical problems of cities which, like Rosario, underwent a process of sudden modernization, accounted for this special attention. Prostitution appeared in epochal representations associated with venereal diseases, especially syphilis and gonorrhea, witch, together with alcoholism and tuberculosis, were characterized as some of the major preventable social ills. Prostitution was perceived as the main source of sexually transmitted infections. In this work we analyze discourses on venereal diseases also called “secret” at that time; we also analyse the fears these instilled in society and the prophylactic practices adopted to protect the individual bodies and the social body of the city when the regulated prostitution system was in force in Rosario (1874-1932).</p>
			</trans-abstract>
			
			<kwd-group xml:lang="es">
				<title>PALABRAS CLAVE</title> 
				<kwd>Prostituci&#x00F3;n</kwd>	
				<kwd>Reglamentaci&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>Enfermedades ven&#x00E9;reas</kwd>
				<kwd>Representaciones</kwd>
				<kwd>Rosario</kwd>
				<kwd>1874-1932</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Prostitution</kwd>	
				<kwd>Regulation</kwd>
				<kwd>Venereal diseases</kwd>
				<kwd>Rosario</kwd>
				<kwd>Representations</kwd>
				<kwd>1874-1932</kwd>
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		<sec id="S1">
		
			<p>Entre fines del siglo XIX y principios del XX, tanto el cuerpo social como el individual gozaron de especial inter&#x00E9;s en los discursos m&#x00E9;dicos, period&#x00ED;sticos y pol&#x00ED;ticos. La poblaci&#x00F3;n pas&#x00F3; a ser considerada un problema «cient&#x00ED;fico» y objeto de an&#x00E1;lisis, observaciones, intervenciones, estad&#x00ED;sticas y de pol&#x00ED;ticas de control social. Nuevos t&#x00E9;rminos como multitud, muchedumbre, fueron corrientes y al mismo tiempo trasudaban miedos y fantas&#x00ED;as dis&#x00ED;miles. La poblaci&#x00F3;n como asunto pol&#x00ED;tico puso de manifiesto nuevas preocupaciones derivadas de este enunciado demasiado homogeneizador, Foucault lo marcaba muy bien: natalidad, mortalidad, fecundidad, procesos de salud/enfermedad, modos de habitar, sexualidad, etc... Esa atenci&#x00F3;n en el cuerpo-especie se tradujo en intervenciones, dise&#x00F1;os, puestas en pr&#x00E1;ctica de pol&#x00ED;ticas de control no siempre necesariamente exitosas. </p>

			<p>La sexualidad se transform&#x00F3; en uno de esos temas puestos en la mira del poder pol&#x00ED;tico y, al mismo tiempo, fue matriz de las disciplinas y principio de las regulaciones, organiz&#x00E1;ndose a su alrededor una suerte de polic&#x00ED;a del sexo, no en el sentido represivo o de prohibici&#x00F3;n, sino en el que se le daba por entonces, esto era de mejor&#x00ED;a ordenada de las fuerzas colectivas e individuales, en cuanto a esa necesidad de reglamentar la sexualidad mediante discursos «&#x00FA;tiles» y p&#x00FA;blicos. Incitaci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica, econ&#x00F3;mica y t&#x00E9;cnica para hablar y hacer hablar acerca de la sexualidad, a trav&#x00E9;s no de una teor&#x00ED;a general, sino m&#x00E1;s bien de estad&#x00ED;sticas, discursos, sistemas de clasificaci&#x00F3;n y registro, de investigaciones. Estos nuevos discursos que se diseminaban sobre la sexualidad, no se pronunciaban exclusivamente desde la moralidad sino desde esas nuevas disciplinas, que se ocupaban de ella, como la medicina, la estad&#x00ED;stica, la sociolog&#x00ED;a, el periodismo, entre otras. Ese inter&#x00E9;s por la sexualidad estuvo presente en ciertos procedimientos de gesti&#x00F3;n o de intervenci&#x00F3;n urbana y de &#x00E9;ste nacieron m&#x00FA;ltiples reglamentaciones y en ese sentido, la prostituci&#x00F3;n, la homosexualidad, la masturbaci&#x00F3;n, las perversiones o lo que as&#x00ED; se llamaba por entonces, entre otros, se constituyeron en objeto de atenci&#x00F3;n.</p>

			<p>La sexualidad como concepto actual apareci&#x00F3; en Europa a fines del siglo XIX y algunas obras como la de Richard Krafft-Ebing <italic>Psychopathia Sexualis</italic> publicada en 1886; <italic>La cuesti&#x00F3;n sexual</italic> de Auguste Forel, de 1905, los <italic>Tres ensayos sobre la teor&#x00ED;a de la sexualidad</italic> de 1905 de Sigmund Freud y los vol&#x00FA;menes de Havelock Ellis, publicados entre 1897 y 1928 jugaron con las de otros autores un papel fundamental en el desarrollo de una «ciencia sexual», que indag&#x00F3; acerca del comportamiento sexual, clasificando sus patolog&#x00ED;as y perversiones. (Trochon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2003</xref>, p.66) Sin embargo este tipo de reflexiones no se impuso sin resistencias. Foucault se&#x00F1;alaba que ya desde fines del siglo XVI «la puesta en discurso» de la sexualidad lejos de sufrir restricciones estuvo sometida a un mecanismo de incitaci&#x00F3;n creciente y «que la voluntad de saber no se ha detenido ante un tab&#x00FA; intocable sino que se ha encarnizado —a trav&#x00E9;s, sin duda, de numerosos errores— en constituir una ciencia de la sexualidad» (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1985</xref>, p.20). </p>

			<p>Precisamente el asunto de la prostituci&#x00F3;n fue uno de esos temas que gener&#x00F3; enorme inter&#x00E9;s p&#x00FA;blico y fue objeto de fuertes intervenciones a trav&#x00E9;s de normativas y tecnolog&#x00ED;as sanitarias m&#x00FA;ltiples y diversas, por lo menos desde el siglo XIX y principios del XX en Argentina, aunque en Europa hubo reglamentaciones sobre el asunto ya en la Edad Media. El sistema conocido como prostituci&#x00F3;n reglamentada era una suerte de dispositivo que combinaba aspectos pol&#x00ED;tico-administrativos, sanitarios y policiales aplicables exclusivamente a prostitutas y casas de tolerancia. Si bien el meretricio como pr&#x00E1;ctica es anterior a la existencia de normativas, adquiri&#x00F3; en ese per&#x00ED;odo una dimensi&#x00F3;n, sin duda, novedosa. Fue considerado un mal social necesario, peligroso aunque erradicable y un oficio que el Estado municipal pas&#x00F3; a regular.</p>

			<p>La prostituci&#x00F3;n aparec&#x00ED;a vinculada en las representaciones epocales con las enfermedades ven&#x00E9;reas, en especial, la s&#x00ED;filis y la blenorragia, caracterizadas junto con el alcoholismo y la tuberculosis como algunos de los grandes males sociales evitables. La prostituci&#x00F3;n era percibida como el principal foco de difusi&#x00F3;n de &#x00E9;stas, de all&#x00ED; el papel que desde el Estado Municipal se le otorg&#x00F3; a las normativas, reglament&#x00E1;ndose su ejercicio, a los efectos de que funcionaran como barreras para la salud, la moral y la «decencia». Las permanentes referencias a los «j&#x00F3;venes escu&#x00E1;lidos» «en lamentables condiciones de salud f&#x00ED;sica», que llevaban en s&#x00ED; las marcas de la «degeneraci&#x00F3;n», aparec&#x00ED;an, en muchas notas period&#x00ED;sticas relacionadas con los excesos, el consumo de alcohol, una vida de «org&#x00ED;as» y el noctambulismo. La prensa visualizaba mencion&#x00E1;ndolo en t&#x00E9;rminos alarmantes el crecimiento de las «enfermedades contagiosas e inconfesables», entre los j&#x00F3;venes menores de edad en su mayor&#x00ED;a «contra&#x00ED;das en horas de irreflexi&#x00F3;n», de verdadera «inconsciencia». Consultorios m&#x00E9;dicos invadidos por j&#x00F3;venes de caras demacradas, de espaldas encorvadas, cual seres caducos. Casos de degradaci&#x00F3;n f&#x00ED;sica y moral de la juventud. «Males vergonzantes que minan a toda la juventud del Rosario preparando generaciones decr&#x00E9;pitas, organismos mercurializados y cerebros d&#x00E9;biles o insanos» dec&#x00ED;a el diario m&#x00E1;s antiguo de la Argentina<italic> La Capital </italic>de Rosario el 22/4/1906. La prensa denunciaba la difusi&#x00F3;n de los “males secretos” en nombre de la raza, la familia, el humanitarismo y el derecho.</p>

			<p>Ac&#x00E1; analizaremos discursos sobre las enfermedades ven&#x00E9;reas, «secretas», como tambi&#x00E9;n se las conoc&#x00ED;a por entonces, los fantasmas que despertaban y algunas pr&#x00E1;cticas profil&#x00E1;cticas desplegadas a los efectos de proteger los cuerpos individuales y el cuerpo social de la ciudad en el per&#x00ED;odo de vigencia del sistema de prostituci&#x00F3;n reglamentada en Rosario (1874-1932).</p>

			</sec>
			
			<sec id="S2">
			
			<title>«ENFERMEDADES SECRETAS» Y PROSTITUCI&#x00D3;N</title>

			<p>Entre fines del siglo XIX y las primeras d&#x00E9;cadas del XX, Argentina fue un pa&#x00ED;s reglamentarista en lo que a prostituci&#x00F3;n se refer&#x00ED;a. Sin embargo conviene recordar que &#x00E9;sta por entonces era catalogada como un asunto de higiene p&#x00FA;blica, equiparable a otros como las epidemias, los festejos p&#x00FA;blicos, la basura, el aire, los desechos, el agua, las cloacas, las letrinas, los cementerios, la vacunaci&#x00F3;n, los problemas profil&#x00E1;cticos, las casas de inquilinatos, conventillos, teatros, calles, etc.. Un asunto de higiene, que al mismo tiempo fue ganando en especificidad: la profusi&#x00F3;n de normativas, de discursos, instituciones, tecnolog&#x00ED;as y pr&#x00E1;cticas daba cuenta de ello y de la importancia que fue alcanzando por entonces. No se trataba de cualquier cuesti&#x00F3;n, tampoco era un problema que carec&#x00ED;a de visibilidad o del que no se hablaba, por el contrario, se hablaba y cotidianamente sobre ella, transform&#x00E1;ndose en fundamental a la hora de discutirse la agenda de problemas citadinos. Era, por lo dem&#x00E1;s, una cuesti&#x00F3;n de estricta incumbencia municipal, y s&#x00ED; era dif&#x00ED;cil pensarlo por entonces en t&#x00E9;rminos nacionales, porque las reglamentaciones eran locales. Este estilo local y fragmentado de normativas y pr&#x00E1;cticas, no era exclusivo de la Argentina, sino m&#x00E1;s bien estaba inspirado en las reglamentaciones francesas y en su modo de aplicaci&#x00F3;n en la materia, situaci&#x00F3;n que se modificar&#x00E1; con la adopci&#x00F3;n de pol&#x00ED;ticas abolicionistas en relaci&#x00F3;n con la prostituci&#x00F3;n primero en Rosario y luego replicar&#x00E1; a nivel nacional desde 1937, con la puesta en pr&#x00E1;ctica de la Ley 12.331 votada en diciembre de 1936, por la que se prohibi&#x00F3; el ejercicio de la prostituci&#x00F3;n regulada en el territorio argentino y que, por cierto, significar&#x00E1; una transformaci&#x00F3;n desde el punto de vista de la profilaxis y el control sanitario de los cuerpos<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref>. Justamente esa <italic>inexistencia</italic> de normativas «nacionales» fue uno de los argumentos esgrimidos por el m&#x00E9;dico higienista rosarino Manuel Pignetto en la comunicaci&#x00F3;n que present&#x00F3; al Segundo Congreso Nacional de Medicina al analizar el asunto de la profilaxis p&#x00FA;blica de la avariosis en el pa&#x00ED;s hacia 1922, para &#x00E9;l directamente asociado con la prostituci&#x00F3;n. Indicaba que era necesario encarar la protecci&#x00F3;n del cuerpo social e individual «como un problema nacional de no f&#x00E1;cil resoluci&#x00F3;n por su complejidad para la lucha». Desde su perspectiva la falta de unidad de acci&#x00F3;n o «de comando» en cuanto a la organizaci&#x00F3;n de la pol&#x00ED;tica sanitaria, hab&#x00ED;a «robustecido» al «enemigo invisible» impidiendo realizar una eficaz acci&#x00F3;n sanitaria contra semejante estrago. Obs&#x00E9;rvese el uso de met&#x00E1;foras militares al mencionar la enfermedad y los modos de enfrentarla. Seg&#x00FA;n &#x00E9;l bastar&#x00ED;a que los Consejos de Higiene provinciales dependiesen de una organizaci&#x00F3;n central, (como el Departamento Nacional de Higiene o Salud P&#x00FA;blica), con lo que se sellar&#x00ED;a una suerte de «unidad nacional» y se favorecer&#x00ED;a la «acci&#x00F3;n tutelar del Estado, pues todo el poder de la naci&#x00F3;n se desplegar&#x00ED;a en el territorio o en aquella comarca del pa&#x00ED;s donde se requiriese». Mencionaba que la lucha contra ciertas «endemias y plagas sociales», entre las que se hallaba la s&#x00ED;filis y las ven&#x00E9;reas quedaba reducida a esfuerzos aislados, oficiales o privados, «desproporcionados» en relaci&#x00F3;n «con los sacrificios impuestos» (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1922</xref>, p.4). Aclararemos que, en ese per&#x00ED;odo los Consejos de Higiene depend&#x00ED;an del poder pol&#x00ED;tico provincial (no nacional) y no se ocupaban del asunto de la prostituci&#x00F3;n reglamentada, por lo menos en Rosario o en Buenos Aires, como bien lo sab&#x00ED;a el propio Pignetto, que adem&#x00E1;s de Intendente, fue Director de la Asistencia P&#x00FA;blica de la ciudad, sino el municipio a trav&#x00E9;s de organismos que configuraban una especie de polic&#x00ED;a sanitaria y de polic&#x00ED;a de las costumbres. La funci&#x00F3;n de polic&#x00ED;a sanitaria era confiada al &#x00F3;rgano t&#x00E9;cnico en materia de higiene y asistencia p&#x00FA;blica y estaba en manos de la Administraci&#x00F3;n Sanitaria y Asistencia P&#x00FA;blica; en tanto que la polic&#x00ED;a de costumbres o moralidad p&#x00FA;blica que inclu&#x00ED;a la vigilancia de la prostituci&#x00F3;n, juegos, espect&#x00E1;culos p&#x00FA;blicos, etc. a cargo de la Inspecci&#x00F3;n General (M&#x00FA;gica, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2014</xref>, pp.329-383).</p>

			<p>En Rosario entre 1874 y 1932 se pusieron en funcionamiento ordenanzas que reglamentaban el ejercicio de la prostituci&#x00F3;n transform&#x00E1;ndose as&#x00ED;, en el primer lugar de la Argentina en el que se aplic&#x00F3; el reglamentarismo y el primero tambi&#x00E9;n en el que se desinstal&#x00F3;, imponi&#x00E9;ndose el abolicionismo. El tema de las ven&#x00E9;reas, fue <italic>el</italic> argumento desplegado sobre el que se sostuvo el sistema regulativo y, la prostituci&#x00F3;n se ve&#x00ED;a como el «origen de todas las contaminaciones ven&#x00E9;reas» se debiera o no al contacto sexual accidental, indicaba Pignetto citando a Neisser, pero la suya no era en absoluto una voz aislada, ya que todo el sistema estaba basado en ese principio. Pignetto indicaba que «el meretrizmo» que era el «principal vector del peligro ven&#x00E9;reo debe estar sometido a la vigilancia m&#x00E9;dica y bacteriol&#x00F3;gica, obligatoria, gratuita debiendo desaparecer la segregaci&#x00F3;n (…)» (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1922</xref>, p.10 y 13). Veinti&#x00FA;n a&#x00F1;os antes el mismo Pignetto atribu&#x00ED;a a la prostituci&#x00F3;n clandestina la mayor responsabilidad en la difusi&#x00F3;n de la s&#x00ED;filis (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1901</xref>). </p>

			<p>La prostituci&#x00F3;n era un asunto relativo no solo a la higiene p&#x00FA;blica, sino tambi&#x00E9;n a la moralidad de los habitantes de la ciudad, y como dijimos, de estricta incumbencia municipal, del cual el Estado se hizo cargo ejerciendo su poder de polic&#x00ED;a y de control y era registrado como un problema p&#x00FA;blico en tanto afectaba o pod&#x00ED;a afectar a otros. El Estado Municipal inclu&#x00ED;a la higiene y la moralidad dentro de sus atribuciones y se reservaba el derecho a intervenir a trav&#x00E9;s de sus organismos y funcionarios especializados cuando as&#x00ED; lo cre&#x00ED;a conveniente, sin que mediara ning&#x00FA;n prurito de avasallamiento de las libertades individuales, pues cuestiones como la salud eran enunciados como superiores a los intereses privados, ley suprema como se dec&#x00ED;a por entonces. La higiene era, quiz&#x00E1;s, la &#x00FA;ltima palabra en el campo de la medicina social y procuraba dar cuenta de manera pormenorizada de preocupaciones que ten&#x00ED;an que ver con la habitabilidad de la poblaci&#x00F3;n, como el agua, las cloacas, el aire, las inmundicias (entre las que se inclu&#x00ED;a a la prostituci&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE2">2</xref>). Pas&#x00F3; a ser concebida como un verdadero bien pol&#x00ED;tico, ideal del gobierno de la ciudad, bien p&#x00FA;blico, social, de todos. As&#x00ED; lo indicaba Charles Omn&#x00E9;s —m&#x00E9;dico higienista franc&#x00E9;s disc&#x00ED;pulo de Pasteur residente en la ciudad— era necesario someterse a los decretos de la Higiene. Ella era como un gran juez que ten&#x00ED;a la capacidad de velar por todos los habitantes, de se&#x00F1;alar los distintos focos infecciosos, de inspeccionar en los lugares m&#x00E1;s rec&#x00F3;nditos y de contar con el conocimiento cient&#x00ED;fico adecuado como para evitar la propagaci&#x00F3;n de enfermedades contagiosas. Seg&#x00FA;n Omn&#x00E9;s la higiene en tanto <italic>ciencia biol&#x00F3;gica</italic> ten&#x00ED;a como finalidad lograr la adaptaci&#x00F3;n del hombre a los medios en los cuales estaba llamado a vivir y deb&#x00ED;a mejorar el “modus vivendi” de las comunidades constituy&#x00E9;ndose en uno de los elementos esenciales de la lucha por la vida (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1904</xref>, pp. 6 y 3-4). </p>

			<p>El asunto de la prostituci&#x00F3;n aparec&#x00ED;a directamente vinculado en los discursos y representaciones de &#x00E9;poca (<xref ref-type="fig" rid="F1">imagen 1</xref>), con una cuesti&#x00F3;n clave y era la del gran fantasma que representaban las enfermedades ven&#x00E9;reas, en particular, la s&#x00ED;filis y la blenorragia (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1904</xref>, p.11).</p>
			
			
					<fig id="F1">
						<label>Imagen 1</label>
						<caption>
							<title>Tapa del libro del m&#x00E9;dico anarquista Dr. Juan Lazarte, Sociedad y prostituci&#x00F3;n, Rosario, Ed Argos, 1935. Dibujo hecho en tinta china. Muestra ciertas representaciones sociales que condensaban simb&#x00F3;licamente s&#x00ED;filis, prostituci&#x00F3;n y muerte.</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F1.jpg"/>
					</fig>
						
						

			<p>M&#x00E9;dicos como Omn&#x00E9;s, Pignetto, Camilo Muniagurria (pediatra, tambi&#x00E9;n fue Director de la Asistencia P&#x00FA;blica), inclu&#x00ED;an a la tuberculosis y a la s&#x00ED;filis dentro de los «grandes problemas sociales» de entonces y a la &#x00FA;ltima, dentro de las «enfermedades evitables» (Pignetto, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1922</xref>, p. 14). Diego Armus menciona el valor que fue ganando en este per&#x00ED;odo el discurso focalizado en el hombre y la cultura higi&#x00E9;nica, que respond&#x00ED;a a las nuevas urgencias producto de la urbanizaci&#x00F3;n y la incipiente industrializaci&#x00F3;n. La higiene aparec&#x00ED;a como un valor universal —supremo, agregar&#x00ED;amos—, y en tanto ciencia se hallaba por encima de las diferencias sociales y asociada a una labor instrumental de generadora de cambio social, jugaba un papel disciplinador, estimulaba la integraci&#x00F3;n y el reconocimiento social. Esa cultura del hombre higi&#x00E9;nico empez&#x00F3; a emerger a fines del siglo XIX, al calor de las preocupaciones por la mortalidad y la morbilidad producidas por las enfermedades infecciosas primero y, m&#x00E1;s tarde, por los llamados males sociales, la tuberculosis, la s&#x00ED;filis y el alcoholismo y en el entresiglo aparec&#x00ED;a como higiene social un corpus de discursos y pr&#x00E1;cticas que cruzaban la medicina, las ciencias sociales y la pol&#x00ED;tica (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2000</xref>, pp. 544-545). </p>

			<p>Las ven&#x00E9;reas monopolizaron —la s&#x00ED;filis en particular— ciertas ansiedades biol&#x00F3;gicas difundidas por entonces. El temor a la herencia m&#x00F3;rbida se plasm&#x00F3; en la imagen de la heredos&#x00ED;filis, cuyos tormentos y durabilidad parec&#x00ED;a no tener fin. El placer se ti&#x00F1;&#x00F3; de tragedia y el fantasma de la degeneraci&#x00F3;n expandi&#x00E9;ndose a trav&#x00E9;s de las distintas generaciones alcanz&#x00F3; dimensiones inusitadas. La s&#x00ED;filis acechaba los cuerpos y pod&#x00ED;a despertarse en cualquier momento, a veces al final de la vida de los sujetos<xref ref-type="fn" rid="NOTE3">3</xref>. En ese contexto se consagr&#x00F3; Fournier como el papa de la sifilograf&#x00ED;a y &#x00E9;sta como una rama nueva e importante de la medicina (Corbin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2005</xref>, p.198; <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1991</xref>, pp. 137-169). La angustia que despertaban la degeneraci&#x00F3;n y las ven&#x00E9;reas se puso de manifiesto en los controles a que eran sometidas las prostitutas, cuerpos que simbolizaban el terror, el placer y la posible tragedia, de all&#x00ED;, la atenci&#x00F3;n puesta en las medidas profil&#x00E1;cticas a que las obligaban, como la inscripci&#x00F3;n en la Asistencia P&#x00FA;blica, los ex&#x00E1;menes sanitarios semanales, las cartillas que deb&#x00ED;an portar, etc., medidas que exclusivamente estaban focalizadas en los cuerpos de las prostitutas excluyendo a los clientes como si &#x00E9;stos no fueran factores de contagio. Vale advertir que en las normativas decimon&#x00F3;nicas, s&#x00ED; lo estaban.</p>

			<p>Las enfermedades ven&#x00E9;reas eran calificadas tambi&#x00E9;n como «enfermedades vergonzantes» o «secretas» (<xref ref-type="fig" rid="F2">imagen 2</xref>), en funci&#x00F3;n del modo de contracci&#x00F3;n, ya que en general, ten&#x00ED;an un origen sexual y por las pr&#x00E1;cticas de ocultamiento de los mismos afectados. Para el ya citado Pignetto la caracterizaci&#x00F3;n de «enfermedad vergonzante», producto del «libertinaje» del individuo fue lo que coadyuv&#x00F3; —en el pa&#x00ED;s y en el extranjero— a la difusi&#x00F3;n del contagio (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1922</xref>, p.3).</p>
			
			
					<fig id="F2">
						<label>Imagen 2</label>
						<caption>
							<title>Enfermedades Secretas- C&#x00E1;psulas Santalino Gayoso- Caras y Caretas. Semanario festivo, literario, art&#x00ED;stico y de actualidades, A&#x00F1;o III, Nº 69, Bs As, 27/1/1900- Bs As</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F2.jpg"/>
					</fig>
						
						

			<p>El Dr. Camilo Muniagurria en su folleto «Como se evita y c&#x00F3;mo se cura la s&#x00ED;filis» se&#x00F1;alaba que no era una enfermedad vergonzante y ninguna deb&#x00ED;a ser considerada en esos t&#x00E9;rminos. Dec&#x00ED;a: «La s&#x00ED;filis se propaga, precisamente, protegida por el silencio y el misterio de que la rodea este error social». El falso pudor a veces imped&#x00ED;a que se encarara un tratamiento con la energ&#x00ED;a, rapidez y la constancia necesaria para lograr la «completa curaci&#x00F3;n» o bien la atenuaci&#x00F3;n de las consecuencias del mal (<xref ref-type="bibr" rid="CIT15">s/f</xref>, pp. 5-7). Tambi&#x00E9;n pod&#x00ED;an encontrarse opiniones similares en la prensa como <italic>La Acci&#x00F3;n</italic> que el 25/5/1927 se&#x00F1;alaba que ocultar el mal ven&#x00E9;reo no hac&#x00ED;a sino contribuir a su propagaci&#x00F3;n. Al mismo tiempo una ven&#x00E9;rea era vista como emblema de masculinidad. Muniagurria indicaba que se visualizaba a la s&#x00ED;filis como s&#x00ED;mbolo de virilidad «y como la virilidad enorgullece, la s&#x00ED;filis no es un estigma sino un galard&#x00F3;n. ‘ Ya soy hombre, tengo una s&#x00ED;filis’…». Para el m&#x00E9;dico era «una enfermedad que produce la ruina de los organismos mejor dotados», y no supon&#x00ED;a ninguna distinci&#x00F3;n contraerla, tampoco era una «cicatriz gloriosa que proclama el valor desplegado en las batallas, sino de la invalidez m&#x00E1;s o menos definitiva e inutilizante»(<xref ref-type="bibr" rid="CIT15">s/f</xref>, p. 35)<xref ref-type="fn" rid="NOTE4">4</xref>.</p>

			<p>Esta misma aureola que fluctuaba entre la verg&#x00FC;enza, la masculinidad y la adultez tambi&#x00E9;n complicaba el asunto de las estad&#x00ED;sticas sobre las ven&#x00E9;reas, instrumental sumamente apreciado por entonces a los efectos de poder «atacar» los diferentes males sociales y por lo dem&#x00E1;s tan caro a los objetivos de ese Estado y de una ciudad como Rosario, tan nueva y «tan moderna» al mismo tiempo. Podr&#x00ED;a resultar sorprendente la exig&#x00FC;idad num&#x00E9;rica respecto de los afectados por alguna ven&#x00E9;rea al contraponer las cifras con los discursos alarmistas de la prensa o de los m&#x00E9;dicos, pero en realidad las estad&#x00ED;sticas ligadas a la prostituci&#x00F3;n y las casas de tolerancia patentadas iban en el mismo sentido. Mientras Rosario pod&#x00ED;a ser calificada por el periodismo como «la ciudad de los burdeles»<xref ref-type="fn" rid="NOTE5">5</xref>, presentada casi como una ciudad «tomada» por las prostitutas, la existencia m&#x00E1;s o menos estable de unas veintinueve casas patentadas pod&#x00ED;a ponerlo perfectamente en entredicho. (M&#x00FA;gica, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2014</xref>) Los relatos de la prensa alud&#x00ED;an a las «desenvueltas damas de las noches b&#x00E1;quicas» que con desenfado «propio de su condici&#x00F3;n» circulaban sin prurito alguno por las calles y paseos centrales y parec&#x00ED;an asaltar por las noches la ciudad. Calificaban esas puestas en escena como «espect&#x00E1;culos deprimentes», verdadera «provocaci&#x00F3;n a las ordenanzas municipales dictadas para tenerlas a raya»<xref ref-type="fn" rid="NOTE6">6</xref> y daban cuenta m&#x00E1;s bien de paranoias y temores colectivos, tal vez respecto de sexualidades y cuerpos mucho m&#x00E1;s libres. Una situaci&#x00F3;n parecida pod&#x00ED;a verse en Europa dec&#x00ED;a Peter Gay se&#x00F1;alando que era corriente la exageraci&#x00F3;n num&#x00E9;rica en cuanto a las prostitutas existentes, afirm&#x00E1;ndose, por ejemplo, que hacia 1862 hab&#x00ED;a 80.000 prostitutas en Londres, en Par&#x00ED;s diez a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde unas 120.000, c&#x00E1;lculos que hablaban de una notable «histeria» sobre el asunto y variaban «de acuerdo con las oportunidades, la credulidad o el fervor religioso de los observadores». El p&#x00FA;blico decidi&#x00F3; aceptar estas cifras y transform&#x00F3; a las mujeres p&#x00FA;blicas que desfilaban nocturnamente por las calles en verdaderos ej&#x00E9;rcitos de la noche, manifestando as&#x00ED; sus temores, inter&#x00E9;s que era m&#x00E1;s bien producto de las emociones que de las estad&#x00ED;sticas (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1992</xref>, pp. 336-337).</p>

			<p>Resulta dif&#x00ED;cil tener un claro panorama estad&#x00ED;stico de las muertes acaecidas por una ven&#x00E9;rea, lo que pon&#x00ED;a de manifiesto por un lado, los miedos sociales que despertaban, ocultables y temibles, las limitaciones de la medicina en cuanto a su cura a lo que se sumaban, entre otras, esas representaciones sociales en t&#x00E9;rminos de emblemas de masculinidad.</p>

			<p>Entre los datos oficiales locales anotados encontramos entre 1904 y 1911 los siguientesque se indican en la <xref ref-type="table" rid="T1">tabla 1</xref>.</p>
			
			
					<fig id="T1">
						<label>Tabla 1</label>
						<caption>
							<title>Datos oficiales locales anotados entre 1904 y 1911</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T1.jpg"/>
					</fig>
						
						

			<p>Posteriormente el <italic>Anuario Estad&#x00ED;stico</italic> de 1928 y 1929 consign&#x00F3;, no ya los muertos por s&#x00ED;filis o blenorragia, sino la movilidad del Consultorio de piel, s&#x00ED;filis y ven&#x00E9;reas de la Administraci&#x00F3;n Sanitaria y Asistencia P&#x00FA;blica: 25.343 en 1928 (s/p) y en 1929 el movimiento fue de 22.367 (s/p). de todos modos son necesarias ciertas precauciones a la hora de interpretar las cifras, puesto que en modo alguno hay que entenderlas como iguales a 22.367 afectados, sino hay que suponer m&#x00E1;s de una visita, ya que, como se sabe, los tratamientos eran largos, bastante sucios y muy dolorosos. El m&#x00E9;dico Nicol&#x00E1;s Greco mencionaba que el 30 % de la poblaci&#x00F3;n estaba «sifilizada» e indicaba 2251 defunciones por s&#x00ED;filis en la Argentina entre 1911 a 1914, principalmente por heredos&#x00ED;filis precoz o tard&#x00ED;a. Esta cifra era muy baja en relaci&#x00F3;n con la mortalidad que se hab&#x00ED;a registrado en esos a&#x00F1;os y cre&#x00ED;a que estaba relacionada con c&#x00F3;mo se anotaban los diagn&#x00F3;sticos (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1922</xref>, pp. 116, 117 y 6).</p>

			<p>En general, fruto del contacto sexual, las enfermedades ven&#x00E9;reas pon&#x00ED;an en evidencia aspectos culturales de una &#x00E9;poca reacia a hablar directamente de sexualidad, aunque, la proliferaci&#x00F3;n de discursos al respecto era significativa<xref ref-type="fn" rid="NOTE7">7</xref>. La prostituci&#x00F3;n patentada y en especial, la clandestina, eran vistas como focos que irradiaban enfermedad y contaminaban la raza y hablaban tambi&#x00E9;n de pr&#x00E1;cticas, de cuidados profil&#x00E1;cticos de los que se conoce algo a trav&#x00E9;s de los m&#x00E9;dicos o de la prensa. Porque el temor a las enfermedades, su profilaxis y las pr&#x00E1;cticas de la sexualidad remite no exclusivamente a cuestiones t&#x00E9;cnicas, tales como bacilos o microbios, sino m&#x00E1;s bien, a la vida &#x00ED;ntima y a la vida social o colectiva, apela a ciertas ideas, met&#x00E1;foras, miedos o misterios ante lo desconocido que cobraban significado en la sociedad y en la &#x00E9;poca a que nos estamos refiriendo y, a los desarrollos de la ciencia en una coyuntura en que era compleja la eliminaci&#x00F3;n de algunos de esos «azotes». La s&#x00ED;filis dec&#x00ED;a Muniagurria era un nombre que se pronunciaba no sin titubear, no sin cierta «vacilaci&#x00F3;n p&#x00FA;dica en presencia de personas a quienes se respeta por su sexo, edad o condici&#x00F3;n», de all&#x00ED; que se hab&#x00ED;an aceptado otros menos apropiados, como si las palabras estuvieran cargadas de «inmoralidad», se la llam&#x00F3; «mal franc&#x00E9;s, g&#x00E1;lico, mal napolitano, lues, avariosis» (<xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1922</xref>, pp. 5-7). Fournier calificaba a la s&#x00ED;filis de «lepra o peste moderna», «azote de la humanidad» y Greco dec&#x00ED;a que hab&#x00ED;a que llamar al mal por su nombre, pues en asuntos de salud no hab&#x00ED;a que enga&#x00F1;arse (Greco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1922</xref>, pp. V y XIII y Fournier, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">s/f</xref>, pp. 11 y 17). </p>

			<p>Susan Sontag analizando met&#x00E1;foras sobre la s&#x00ED;filis se&#x00F1;alaba como rasgo com&#x00FA;n con la peste, la extranjer&#x00ED;a, la necesidad que fuera de otra parte, y sus m&#x00FA;ltiples nominaciones apuntaban a la alteridad, a lo que era extra&#x00F1;o, as&#x00ED; para los ingleses era el «morbo g&#x00E1;lico», para los parisinos el «morbus germanicus», la enfermedad napolitana para los florentinos y el mal chino para los japoneses (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2012</xref>, pp. 154-155). Representaciones nada extra&#x00F1;as en una ciudad moderna, cosmopolita como Rosario, que sufri&#x00F3; un brusco proceso de crecimiento fruto de su estrat&#x00E9;gica ubicaci&#x00F3;n geogr&#x00E1;fica dentro del modelo agroexportador (era el segundo puerto de la Argentina) y que lleg&#x00F3; a registrar tasas de masculinidad superiores al 51%, fruto de la inmigraci&#x00F3;n y del movimiento portuario. Una significativa cantidad de hombres circulaba por la ciudad —solteros, casados, sin familias— situaci&#x00F3;n que en consonancia con ciertos c&#x00F3;digos epocales sobre la sexualidad imperantes los visibilizaba como verdaderos focos de libido, de deseos sexuales, lascivia y lujuria contenidos que deb&#x00ED;an tratar de encauzarse sin que se «desparramaran» las enfermedades de origen sexual sobre el cuerpo social, de all&#x00ED; tambi&#x00E9;n el papel que desempe&#x00F1;aron las distintas formas de regulaciones pol&#x00ED;tico-administrativas, sanitarias y policiales para las mujeres que se inscrib&#x00ED;an en los registros de prostituci&#x00F3;n. </p>

			<p>A partir del siglo XIX hubo un conocimiento m&#x00E1;s importante en el campo de la medicina en relaci&#x00F3;n con las enfermedades ven&#x00E9;reas: ya se distingu&#x00ED;a perfectamente entre s&#x00ED;filis y blenorragia, conoci&#x00E9;ndose que la primera no pod&#x00ED;a inducir a la otra. Tambi&#x00E9;n fue fundamental el descubrimiento del bacilo microsc&#x00F3;pico que hizo Neisser en 1879 y llam&#x00F3; gonococo, transmisor de la blenorragia; en 1905, los alemanes Fritz R.Schaudinn y Erich Hoffman descubrieron que el agente espec&#x00ED;fico de la s&#x00ED;filis era un microbio conocido como <italic>spirochaeta pallida</italic> y al a&#x00F1;o siguiente, en 1906, la reacci&#x00F3;n de Wasserman, permiti&#x00F3; detectar el microbio en la sangre, a trav&#x00E9;s de un simple an&#x00E1;lisis. Metchnikoff junto con Roux logr&#x00F3; en 1903 inocular la s&#x00ED;filis en monos antropoides y avanzando en el terreno experimental desarroll&#x00F3; una pomada mercurial a base de calomel de aplicaci&#x00F3;n post-coito, a fin de prevenir la infecci&#x00F3;n sifil&#x00ED;tica por v&#x00ED;a genital (Costler y Willy, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1954</xref>, pp. 387-403; Costa, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1977</xref>; Trochon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2003</xref>, pp. 239-240).</p>

			<p>El inter&#x00E9;s por las enfermedades ven&#x00E9;reas se acrecent&#x00F3; en particular en la d&#x00E9;cada del 20 y en la prensa puede verse mayor profusi&#x00F3;n de notas y art&#x00ED;culos m&#x00E9;dicos dedicadas a estos temas; inter&#x00E9;s similar al que se dio alrededor de la coyuntura de 1909/1910 (<xref ref-type="fig" rid="F3">imagen 3</xref>), en que se descubri&#x00F3; y dio a conocer el Salvars&#x00E1;n (606), m&#x00E1;s all&#x00E1; que las referencias a las ven&#x00E9;reas estuvieron constantemente presentes como elemento sustancial para justificar el sistema reglamentarista aplicado a la prostituci&#x00F3;n.</p>
			
			
					<fig id="F3">
						<label>Imagen 3</label>
						<caption>
							<title>Propaganda acerca del 606- Caras y Caretas. Semanario festivo, literario, art&#x00ED;stico y de actualidades, A&#x00F1;o XIII, Nº 638, Bs As, 24/12/1910- Bs As</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F3.jpg"/>
					</fig>
						
						

			<p>Desde la propia Administraci&#x00F3;n Sanitaria y Asistencia P&#x00FA;blica que dirig&#x00ED;a en 1923 el Dr. Pignetto impuls&#x00F3; el dictado de conferencias como medidas de profilaxis que se matizaban con pel&#x00ED;culas alusivas como «Y los hijos pagan». En una de ellas volvi&#x00F3; a se&#x00F1;alar —como en su tesis— que las tres enfermedades que exterminaban a la poblaci&#x00F3;n eran: la s&#x00ED;filis, la tuberculosis y el alcoholismo, siendo la primera —si no se tomaban medidas—, la piedra basal en la que se erigir&#x00ED;a «el monumento simbolizante de nuestra raza degenerada». Sosten&#x00ED;a que en el siglo XIX se hab&#x00ED;an denunciado las «miserias» que tra&#x00ED;an aparejadas las dos &#x00FA;ltimas enfermedades pero no as&#x00ED; las propias de la s&#x00ED;filis quiz&#x00E1;s porque &#x00E9;sta parec&#x00ED;a denunciar «el libertinaje del individuo». Para Pignetto era, a veces, la consecuencia de una vida desorbitada, que pod&#x00ED;a afectar a v&#x00ED;ctimas inocentes, de ambos sexos y de todas las clases sociales. Por eso, eran necesarias medidas de profilaxis individual y p&#x00FA;blica, porque la herencia de la s&#x00ED;filis pod&#x00ED;a transmitirse hasta la 4ª generaci&#x00F3;n y aconsejaba la higiene antes y despu&#x00E9;s de todo contacto. Mencionaba cifras alarmantes: la s&#x00ED;filis era responsable del 60 % de los que poblaban los manicomios argentinos, el 33 % era por alcoholismo.</p>

			<p>Tampoco le parec&#x00ED;an aventurados los datos aportados por el Dr. &#x00C1;ngel Gim&#x00E9;nez<xref ref-type="fn" rid="NOTE8">8</xref> en el Congreso de Sifilograf&#x00ED;a reunido en 1921 en Montevideo que indic&#x00F3; que en Argentina mor&#x00ED;an por a&#x00F1;o 30.000 personas por s&#x00ED;filis, el doble que por la tuberculosis. Le parec&#x00ED;an muy preocupantes las cifras que se daban entre los conscriptos, porque en caso de «defender la integridad nacional», &#x00E9;sa iba a ser una tarea para los viejos porque los muchachos de 20 a&#x00F1;os, edad de mayor capacidad y virilidad eran «los in&#x00FA;tiles, los par&#x00E1;sitos de la sociedad» que solo serv&#x00ED;an para «ostentar el sibaritismo de nuestro mundo social corro&#x00ED;do por enfermedad ven&#x00E9;rea». Responsabilizaba por un lado, al hombre como principal transmisor ya fuere por «imprudencia o ignorancia» y fundamentalmente, a la prostituci&#x00F3;n clandestina<xref ref-type="fn" rid="NOTE9">9</xref>. </p>

			<p>El fantasma de la herencia m&#x00F3;rbida y del peligro ven&#x00E9;reo se transform&#x00F3; en una obsesi&#x00F3;n porque representaba no solo una amenaza al cuerpo individual sino especialmente al cuerpo social. El &#x00E9;nfasis puesto en la s&#x00ED;filis cong&#x00E9;nita o herederos&#x00ED;filis como se la conoc&#x00ED;a por entonces, ten&#x00ED;a que ver con atravesaba impiadosamente los cuerpos, las clases sociales y hasta las generaciones pudiendo «despertarse», en el momento menos esperado, a veces, al final de la vida del individuo. La s&#x00ED;filis pod&#x00ED;a propagarse hasta tres o cuatro generaciones y en algunos casos se lleg&#x00F3; a sostener, hasta siete generaciones. Contra&#x00ED;da, tal vez, en un momento de «locura juvenil», azotaba a una familia, la imprudencia de un joven castigaba a tantos «inocentes», degenerando, asimismo, la raza. Era, adem&#x00E1;s una infecci&#x00F3;n «que siempre progresa», «por regularidad y no por insuficiencia del tratamiento». Pignetto en una conferencia se&#x00F1;alaba «Mediten sobre lo dicho: la s&#x00ED;filis adquirida a los 20 a&#x00F1;os se epiloga 10, 15 o 20 a&#x00F1;os despu&#x00E9;s con lesiones irreparables como el drama que hab&#x00E9;is visto desarrollado en la pantalla cinematogr&#x00E1;fica [era «Y los hijos pagan»] donde la perversi&#x00F3;n, la ignorancia, la herencia, la poca educaci&#x00F3;n del pueblo y la falta de leyes protectoras para la mujer determina el destino de la personalidad humana»<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref>.</p>

			<p>Seg&#x00FA;n Muniagurria no era una enfermedad individual que afectaba solo al que la contra&#x00ED;a, sino se transformaba en «un mal para la propia familia del enfermo», la esposa, contagiada y los hijos la recib&#x00ED;an como herencia, transform&#x00E1;ndose en «hombres degenerados, sin aptitudes para la vida, cuyo destino prematuro es el cementerio o el asilo». Las fotos que ilustraban el escrito retrataban al heredosifil&#x00ED;tico: deformaci&#x00F3;n de los huesos, tibias en forma de sable, «estigmas distr&#x00F3;ficos», reci&#x00E9;n nacidos envejecidos, con aspecto simiesco, flacos, prematuros, gris&#x00E1;ceos, piel terrosa, miembros atrofiados, dientes raros, entre otros, plasmaban el mal, que se derramaba en la larga duraci&#x00F3;n y casi impune atravesaba las distintas generaciones. Estas perspectivas angustiantes estaban focalizadas en los temores que generaba la transmisi&#x00F3;n biol&#x00F3;gica y la herencia m&#x00F3;rbida, que obligaba a «defender la salud y el vigor de la propia familia» y «la de su propia raza», pues «Dar hijos sanos y fuertes a la patria es amarla y sentir el patriotismo en la forma m&#x00E1;s inteligente y elevada posible» (Muniagurria, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1922</xref>, pp. 35-36). Fournier hab&#x00ED;a pintado el retrato del heredosifil&#x00ED;tico e incitado acerca del peligro ven&#x00E9;reo y agregaba a los s&#x00ED;ntomas descriptos: abortos, muerte al nacer o en las primeras semanas de vida, degeneraciones f&#x00ED;sicas y ps&#x00ED;quicas de distinto tipo: jorobas, raquitismo, enanismo, pie equino, malformaci&#x00F3;n craneal o de alg&#x00FA;n miembro, sordomudez, infantilismo testicular y registraba «hasta monstruos» que constitu&#x00ED;an el «colmo de la degeneraci&#x00F3;n» (Fournier, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">s/f</xref>, pp. 18-19). Unos a&#x00F1;os antes, en 1921, el Dr. Alfredo Fern&#x00E1;ndez Verano en la conferencia inaugural de la Liga Argentina de Profilaxis Social, comparaba a la s&#x00ED;filis con un «verdadero castigo b&#x00ED;blico» que pesaba sobre la humanidad, por ser la responsable de la persecuci&#x00F3;n y el exterminio de los hijos hasta la 4ta generaci&#x00F3;n, por eso algunos la llamaban «azote humano», aunque la blenorragia no se quedaba atr&#x00E1;s, si se transformaba en cr&#x00F3;nica pod&#x00ED;a producir desde esterilidad, ceguera, hasta la muerte (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1935</xref>, pp. 6-8)<xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref>.</p>
			
			<p><italic>Sifilipsiquismo</italic> era la denominaci&#x00F3;n que el m&#x00E9;dico Greco daba a distintos signos neurops&#x00ED;quicos que mostraban la acci&#x00F3;n de la s&#x00ED;filis en el organismo plasmando «estados de conciencia» de la personalidad o de la «anormalidad» como: genialidad, virtudes, vicios, atrasos, degeneraci&#x00F3;n, delincuencia, anormalidad y as&#x00ED; la s&#x00ED;filis hereditaria, por su transmisi&#x00F3;n sucesiva, imprim&#x00ED;a en el individuo los caracteres que lo marcaban. La s&#x00ED;filis forjaba cualidades y defectos y Greco trazaba un cuadro tan amplio acerca de los s&#x00ED;ntomas a observar que bien valdr&#x00ED;a la caracterizaci&#x00F3;n de sifilizaci&#x00F3;n de la sociedad y de peligrosidad latente en cada individuo que pod&#x00ED;a despertarse en cualquier momento. Algunos s&#x00ED;ndromes sifilips&#x00ED;quicos puros eran: la ambici&#x00F3;n, la avaricia, el coraje, la crueldad, el desorden, la prodigalidad, la pusilanimidad, el despotismo, la tiran&#x00ED;a, la traici&#x00F3;n, la deslealtad, la rapi&#x00F1;a, el ego&#x00ED;smo, la fuerza, la infidelidad, la injuria, la hipocres&#x00ED;a, la intolerancia, la irritabilidad, el lujo, la perversidad, la mentira, la amenaza, la burla, el desprecio, la ofensa, el orgullo, el miedo, el ocio, el pesimismo, la haraganer&#x00ED;a, el abuso, la apat&#x00ED;a, el suicidio, la concupiscencia, la adulaci&#x00F3;n, la afectaci&#x00F3;n, la aflicci&#x00F3;n, la enemistad, el reproche, el vituperio, el odio, la pena, los celos, la inconstancia, la presunci&#x00F3;n, la indiferencia, el error, el enga&#x00F1;o, la inexperiencia, el escepticismo, la incredulidad, la astucia, el abuso, la disimulaci&#x00F3;n, la timidez, la pereza, el aburrimiento, la obstinaci&#x00F3;n, el altruismo, la generosidad, el amor, la amistad, la lealtad, el trabajo y la lista sigue. Seg&#x00FA;n &#x00E9;l muchas de estas ideas mov&#x00ED;an a los dirigentes pol&#x00ED;ticos y se preguntaba cu&#x00E1;n responsable era la s&#x00ED;filis de estimular la voluntad, la inteligencia o los sentimientos de esos hombres (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1922</xref>, pp. 33-36, 91-92 y 125-126). Como puede verse la sintomatolog&#x00ED;a aludida era vast&#x00ED;sima y dif&#x00ED;cil sin duda de encuadrar debido a la vaguedad e indeterminaci&#x00F3;n en el uso de conceptos tales como la indiferencia, el altruismo, la pereza, la perversidad, etc., categor&#x00ED;as que por cierto solo pod&#x00ED;an pensarse en t&#x00E9;rminos completamente subjetivo/valorativos con lo que ello implicaba, puesto que su aplicaci&#x00F3;n depend&#x00ED;a de la maleabilidad o de la labilidad de criterios morales, cient&#x00ED;ficos, etc. desde los que pensaban los m&#x00E9;dicos y la sociedad de entonces. Al mismo tiempo instalaba la sospecha en particular aunque no exclusivamente sobre aquellos sujetos que a trav&#x00E9;s de sus conductas, ex-abruptos, sus languideces, etc. no hac&#x00ED;an otra cosa que revelar la latencia o la manifestaci&#x00F3;n de la enfermedad. Esta l&#x00F3;gica paranoica, si se quiere, exig&#x00ED;a al mismo tiempo un ejercicio decodificador que estaba basado en presupuestos o creencias que rayaban en general en la estigmatizaci&#x00F3;n de la diferencia. Muchos de los s&#x00ED;ntomas mencionados eran por lo pronto dif&#x00ED;ciles de diagnosticar por ello apuntaba Greco a la pedagog&#x00ED;a y al Consejo Nacional de Educaci&#x00F3;n, para que las escuelas fueran no solo espacios destinados a la educaci&#x00F3;n y a la instrucci&#x00F3;n sino tambi&#x00E9;n al tratamiento f&#x00ED;sico y medicamentoso, gener&#x00E1;ndose desde all&#x00ED; campa&#x00F1;as y tratamientos antisifil&#x00ED;ticos que iban a actuar a modo de ortopedias sobre aquellos d&#x00ED;scolos, insumisos a los que calificaba de «anormales».</p>

			<p>Hemos se&#x00F1;alado que era frecuente la articulaci&#x00F3;n clandestinismo igual a difusi&#x00F3;n de enfermedades ven&#x00E9;reas a la que la prensa sum&#x00F3; otro elemento: las transgresiones a las reglamentaciones en vigencia para los burdeles patentados, pivote fundamental sobre el cual se asent&#x00F3; la cr&#x00ED;tica abolicionista<xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref>. Como indicador de la significaci&#x00F3;n social que alcanzaron las ven&#x00E9;reas, vale mencionar que el diario <italic>Am&#x00E9;rica</italic> empez&#x00F3; a sacar en 1929, en su primera p&#x00E1;gina, una serie de notas tituladas <italic>«¡El hombre enfermo!»</italic> (<xref ref-type="fig" rid="F4">imagen 4</xref>), que sintetizaba algunas de las dimensiones que, a trav&#x00E9;s de los subt&#x00ED;tulos, se pon&#x00ED;an en juego. As&#x00ED; aparec&#x00ED;an entre otros: la s&#x00ED;filis, la blenorragia y sus consecuencias, el matrimonio, la coca&#x00ED;na y los alcaloides, el examen m&#x00E9;dico prenupcial, la «herencia morbosa», la cura y los «falsos» tratamientos, la educaci&#x00F3;n sexual de los j&#x00F3;venes. Eran peque&#x00F1;&#x00ED;simos art&#x00ED;culo, casi suerte de avisos como los publicitarios, firmados por un tal Dr. Delaville, probablemente un nombre de fantas&#x00ED;a. Procuraban a trav&#x00E9;s del ejercicio de la s&#x00ED;ntesis conmover al lector, hacerlo «tomar conciencia» de lo que pod&#x00ED;a acarrear una ven&#x00E9;rea, el «olor a carne en descomposici&#x00F3;n», los sujetos «amarillentos, esquel&#x00E9;ticos, repulsivos», eran «los que no han curado a tiempo sus males ven&#x00E9;reos», junto a la tipograf&#x00ED;a en may&#x00FA;sculas, con letras grandes que iba en el mismo sentido<xref ref-type="fn" rid="NOTE13">13</xref>. As&#x00ED; el mayor castigo para un hombre era tener «ante s&#x00ED; el producto de su imprevisi&#x00F3;n: el hijo, con su marca patol&#x00F3;gica»<xref ref-type="fn" rid="NOTE14">14</xref>.</p>
			
			
					<fig id="F4">
						<label>Imagen 4</label>
						<caption>
							<title>Serie: «El hombre enfermo»-Blenorragia, Am&#x00E9;rica, Rosario, 13/09/1929</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F4.jpg"/>
					</fig>
						
						
			
			</sec>
			
			<sec id="S3">
			
			<title>«UNA NOCHE CON VENUS Y UNA VIDA CON MERCURIO»</title>

			<p>En cuanto a las formas de contagio tanto Pignetto, como el propio Muniagurria disparaban sus dardos, especialmente, contra el beso (a las criaturas, a las im&#x00E1;genes religiosas, etc.), las nodrizas y los ni&#x00F1;os y viceversa, la bombilla del mate (responsable de «verdaderas epidemias familiares de s&#x00ED;filis»), los vasos, tenedores, cubiertos, hisopos de jab&#x00F3;n, instrumentos no bien desinfectados por dentistas, peluqueros, parteras, m&#x00E9;dicos, las cornetas del tranways eran importantes veh&#x00ED;culos de contaminaci&#x00F3;n, aunque el contacto sexual era el que produc&#x00ED;a mayor porcentaje de enfermos. Habitualmente los discursos apuntaban a la profilaxis y la responsabilidad individual m&#x00E1;s que a la profilaxis p&#x00FA;blica que parec&#x00ED;a salvarse con el impulso de campa&#x00F1;as de educaci&#x00F3;n sexual, insistiendo en el cumplimiento de las reglamentaciones sobre la prostituci&#x00F3;n regulada, especialmente en lo referido a los dos ex&#x00E1;menes sanitarios semanales que deb&#x00ED;an efectuar las prostitutas inscriptas, creando Dispensarios espec&#x00ED;ficos y obligando a la hospitalizaci&#x00F3;n de la afectada. Las fuentes municipales —dado que no existen relatos de clientes o prostitutas— pr&#x00E1;cticamente no alud&#x00ED;an al asunto, ni a los cuidados que deb&#x00ED;an desplegar tanto las prostitutas como los clientes. Salvo las pocas referencias a determinadas «revisaciones» que les practicaban las prostitutas a los clientes en el siglo XIX pudiendo negarse a tener relaciones sexuales con alguno que estuviera afectado, menci&#x00F3;n por cierto muy escueta que aparec&#x00ED;a en los <italic>Digestos</italic> de esa &#x00E9;poca. Sin embargo, los cuidados exigidos por el Estado municipal reci&#x00E9;n aparecieron estipulados, muy tard&#x00ED;amente en el <italic>Compendio de Digesto de 1931</italic>. &#x00C9;ste se&#x00F1;alaba obligatoria la presencia en cada una de las habitaciones de las prostitutas de un aparato distribuidor de dosis individuales de pomada profil&#x00E1;ctica contra la s&#x00ED;filis y la blenorragia, del tipo de la conocida como Metchtnikoff y un cuadro de instrucciones acerca de c&#x00F3;mo usarlo provisto por la Administraci&#x00F3;n Sanitaria<xref ref-type="fn" rid="NOTE15">15</xref>. Si bien podr&#x00ED;a resultar parad&#x00F3;jico que se fijaran estas obligaciones cuando el reglamentarismo estaba m&#x00E1;s que impugnado o resquebrajado (de hecho al a&#x00F1;o siguiente se elimin&#x00F3; el sistema en la ciudad), quiz&#x00E1;s, se pueda explicar sigui&#x00E9;ndolo a Kuhn, que las reglas solo se fijan cuando el paradigma peligra o est&#x00E1; por desaparecer (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2013</xref>, pp. 161-172), sin embargo el uso de pomadas, lavajes, etc., m&#x00E1;s all&#x00E1; de la no inclusi&#x00F3;n ret&#x00F3;rica en las fuentes estaba difundido en el mundo prostibulario, como pr&#x00E1;cticas previas y posteriores al acto sexual, tanto para evitar contraer una ven&#x00E9;rea, como probablemente, pr&#x00E1;cticas contraconcepcionales o, tal vez, abortivas. Las fuentes policiales y la prensa frecuentemente daban cuenta de la extensi&#x00F3;n de sus usos, de hecho se alude, en m&#x00E1;s de una oportunidad y muy escuetamente, a tentativas de suicidio con pastillas de bicloruro de mercurio y ciertas mezclas de agua con permanganato de potasio, que formaban parte del universo de las pr&#x00E1;cticas sexuales del mundo prostibulario, por lo menos, desde 1909<xref ref-type="fn" rid="NOTE16">16</xref>.</p>

			<p>Distintas drogas fueron utilizadas en los tratamientos de combate a la s&#x00ED;filis, una de ellas fue el mercurio, que se administraba en general a trav&#x00E9;s de inyecciones, tambi&#x00E9;n en forma de polvos, p&#x00ED;ldoras, bebidas, elixires, pociones, ba&#x00F1;os a vapor, por medio de fricciones o bien de supositorios, de modo casi vitalicio, intensivamente al principio —los seis primeros a&#x00F1;os— y en forma m&#x00E1;s espaciada luego. Se suministraba a trav&#x00E9;s de p&#x00ED;ldoras que pod&#x00ED;an afectar el aparato digestivo, de una pomada gris que generaba, a veces, dermatitis, m&#x00E9;todo muy sucio o inyecciones de calomel, productos que se alternaban con la toma oral de yoduros. Al cabo de un tiempo de ingesti&#x00F3;n de mercurio se visualizaban s&#x00ED;ntomas de intoxicaci&#x00F3;n cr&#x00F3;nica (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">Costa</xref>, pp. 43-44; <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">Greco</xref>, pp. 53-64; Walkowitz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1996</xref>, pp. 48-57). El mercurio era un metal utilizado —antes de aplicarlo al tratamiento de la s&#x00ED;filis—, contra la sarna, ti&#x00F1;a, imp&#x00E9;tigo, etc... Desde el siglo XVI se empez&#x00F3; a emplear en la avariosis a trav&#x00E9;s de fricciones, aunque algunos adoptaban los procedimientos que se conoc&#x00ED;an para curar la lepra u otros procesos cut&#x00E1;neos. Generaba reacciones encontradas entre los propios galenos, desde decididos antimercurialistas que enfatizaban que implicaba largos tratamientos, inseguros, «los preparados mercuriales nunca eliminan (…) los productos morbosos de la enfermedad»<xref ref-type="fn" rid="NOTE17">17</xref>, muy dolorosos y t&#x00F3;xicos, en algunos pacientes generaba dolores &#x00F3;seos o ca&#x00ED;da del pelo, hasta los defensores que ve&#x00ED;an al mercurio como un purificador de la sangre alterada por la s&#x00ED;filis y a veces se lo responsabilizaba de trastornos que produc&#x00ED;a la misma enfermedad. Se eliminaba por los ri&#x00F1;ones, pod&#x00ED;a provocar diarrea, irritaci&#x00F3;n de las mucosas, evitables con la dosis adecuada, debiendo utilizarse otra droga cuando no se toleraba (Costler y Willy, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1954</xref>, pp. 400-401). </p>

			<p>Se usaba tambi&#x00E9;n el ars&#x00E9;nico en sus diferentes versiones dos de ellas fueron el 606 o «la bala m&#x00E1;gica» y el 914. El Salvars&#x00E1;n (606) fue muy empleado como elemento de cura, dado a conocer por Paul Ehrlich, su base fue el ars&#x00E9;nico<xref ref-type="fn" rid="NOTE18">18</xref>, reemplazando los tratamientos en base al mercurio, de acci&#x00F3;n m&#x00E1;s r&#x00E1;pida y, a posteriori, se utiliz&#x00F3; el Neosalvars&#x00E1;n, que reduc&#x00ED;a las reacciones secundarias. Tambi&#x00E9;n hubo voces cr&#x00ED;ticas mostrando que las opiniones no eran uniformes ni homog&#x00E9;neas en cuanto a la «bala m&#x00E1;gica».Mencionaban que mataba al treponema p&#x00E1;lido pero tambi&#x00E9;n al enfermo y reaparec&#x00ED;an las manifestaciones sifil&#x00ED;ticas despu&#x00E9;s de su aplicaci&#x00F3;n, provocaba accidentes y en algunos casos su efecto era nulo, y el 914 era todav&#x00ED;a m&#x00E1;s peligroso sin ser m&#x00E1;s eficaz<xref ref-type="fn" rid="NOTE19">19</xref>. Adem&#x00E1;s del mercurio y el ars&#x00E9;nico (<xref ref-type="fig" rid="F5">imagen 5</xref>), se utilizaba el yodo y el bismuto (desde 1921)<xref ref-type="fn" rid="NOTE20">20</xref> y la plata. Las terapias consist&#x00ED;an en series de inyecciones que implicaban muchos a&#x00F1;os de aplicaciones, a veces hasta toda la vida y la prensa sol&#x00ED;a ser muy cr&#x00ED;tica contra ciertos «espec&#x00ED;ficos» porque los afectados quedaban arruinados econ&#x00F3;micamente por la enfermedad ya que los tratamientos eran interminables<xref ref-type="fn" rid="NOTE21">21</xref>. Hasta el descubrimiento de la penicilina como terap&#x00E9;utica para la s&#x00ED;filis, los m&#x00E9;dicos utilizaban los se&#x00F1;alados o bien los combinaban; estrategia que aparec&#x00ED;a como m&#x00E1;s efectiva. </p>
			
			
					<fig id="F5">
						<label>Imagen 5</label>
						<caption>
							<title>Compuesto arsenical para el tratamiento de la s&#x00ED;filis- Caras y Caretas. Semanario festivo, literario, art&#x00ED;stico y de actualidades, A&#x00F1;o XVIII, Nº 855, 20/2/1915, Bs As.</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F5.jpg"/>
					</fig>
						
						

			<p>La abundancia de avisos publicitarios sobre «enfermedades secretas» o «vergonzantes» daba cuenta no solo de la importancia social de estas enfermedades, sino de la profusi&#x00F3;n de tratamientos alternativos. Los m&#x00E9;dicos sol&#x00ED;an alertar sobre los «charlatanes» (<xref ref-type="fig" rid="F6-7">imagen 6 y 7</xref>), que ofrec&#x00ED;an curas o soluciones m&#x00E1;gicas que iban desde pastillas, espec&#x00ED;ficos hasta sesiones de espiritismo. </p>
			
			
					<fig id="F6-7">
						<label>Imagen 6 y 7</label>
						<caption>
							<title>«Charlatanes»- Magnetizador y psic&#x00F3;logo espiritista- Divisi&#x00F3;n Investigaciones Polic&#x00ED;a de Rosario Moralidad P&#x00FA;blica Prontuario N° 1252, Antonio Caprara o Guillermo o Domingo Maickels, 24/10/1916. En su prontuario hay notas de «estafados» por no haberse curado.</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F6-7.jpg"/>
					</fig>
					
					
						
						

			<p>Los avisos publicitarios promet&#x00ED;an curas radicales y en pocos d&#x00ED;as para la s&#x00ED;filis o la blenorragia (<xref ref-type="fig" rid="F8">imagen 8</xref>). Este tipo de pr&#x00E1;cticas eran formas de impugnaci&#x00F3;n de la medicina alop&#x00E1;tica. </p>
			
			
					<fig id="F8">
						<label>Imagen 8</label>
						<caption>
							<title>Cachets Antiblenorr&#x00E1;gicos Collazo- Caras y Caretas. Semanario festivo, literario, art&#x00ED;stico y de actualidades, A&#x00F1;o XXIII, Nº 1107, 20/12/1919- Bs As</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F8.jpg"/>
					</fig>
						
						

			<p>Entre las pr&#x00E1;cticas y creencias extendidas que se utilizaban para evitar posibles contagios, algunas eran m&#x00E1;s eficaces que otras y a veces solo hac&#x00ED;an desaparecer algunos s&#x00ED;ntomas. En el caso de la blenorragia los lavajes con ciertos «espec&#x00ED;ficos» deten&#x00ED;an algunos «derrames», en cuanto a la s&#x00ED;filis, ciertos polvos y ung&#x00FC;entos frenaban las erupciones, suspendiendo su curso normal. Se aconsejaban los lavajes de agua y jab&#x00F3;n antes y despu&#x00E9;s del acto sexual y la micci&#x00F3;n luego del coito, el uso de ung&#x00FC;entos (de calomel, sin sebo seg&#x00FA;n el m&#x00E9;todo de Meissners o grasa seg&#x00FA;n el de Metchnikoff), untarse el pene con &#x00E9;ste antes y despu&#x00E9;s del acto sexual o el uso del cond&#x00F3;n que no era muy popular por entonces. A las mujeres suger&#x00ED;an adem&#x00E1;s de los lavajes con agua y jab&#x00F3;n y la micci&#x00F3;n antes y despu&#x00E9;s del coito, otros con permanganato de potasio, supositorios antis&#x00E9;pticos, untarse con ung&#x00FC;entos de calomel, el uso del preservativo y la desinfecci&#x00F3;n de la uretra despu&#x00E9;s del acto sexual, con jeringa y soluci&#x00F3;n de plata o bien manteca cacao (Costler y Willy, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1954</xref>, pp. 404-410). </p>

			<p>El Dr. Muniagurria recomendaba adem&#x00E1;s de los aseos con agua y jab&#x00F3;n o con agua ligeramente alcoholizada con agua de colonia, brevedad en el coito, lavaje «prolijo» y lo m&#x00E1;s pr&#x00F3;ximo a la finalizaci&#x00F3;n del encuentro sexual, los «protectores de cauchout», la micci&#x00F3;n luego del coito y el lavado con compresi&#x00F3;n «intermitente del glande» y el uso de pomadas tipo la de Metchnikoff. Propon&#x00ED;a el empleo de una pomada que conten&#x00ED;a calomel, aceite de vaselina, lanolina, agua, agua de rosas, extracto de mil flores y proteinato de plata. Una porci&#x00F3;n de esa pomada deb&#x00ED;a ser introducida en la uretra y en el miembro masculino donde deb&#x00ED;a permanecer un buen n&#x00FA;mero de horas durante las noches y retirada en el primer ba&#x00F1;o. Se&#x00F1;alaba precauciones para el sifil&#x00ED;tico que deseaba casarse: esperar por lo menos cinco a&#x00F1;os, tres a&#x00F1;os consecutivos de tratamiento y siempre que no aparecieran nuevas manifestaciones debiendo recomenzar el tratamiento. De all&#x00ED; la necesidad del certificado pre-nupcial (<xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1922</xref>, pp. 31-36). Pignetto al uso de inyecci&#x00F3;n de permanganato de potasio, fricciones con pomada de calomel le agregaba un lavado con bicloruro de mercurio (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1922</xref>, p. 6). Costler y Willy recomendaban para los afectados de una blenorragia acompa&#x00F1;ar los tratamientos con «una vida regular», una «dieta ligera», beber jugo de frutas frescas, agua mineral, entre dos litros y medio a tres por d&#x00ED;a, evitar los platos condimentados, las especias y los alimentos &#x00E1;cidos y el alcohol, esos elementos no la curaban pero contribu&#x00ED;an al restablecimiento (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1954</xref>, p. 395).</p>

			<p>Otra pr&#x00E1;ctica preventiva y contraconcepcional indicaba utilizar preservativos o <italic>«cauchout»</italic> aunque al mismo tiempo resulta dif&#x00ED;cil conocer el nivel de difusi&#x00F3;n o aceptaci&#x00F3;n que gozaban. Corbin se&#x00F1;ala que en el siglo XIX hasta la primera guerra mundial se esperaba, entre otras cosas de las prostitutas que difundieran el uso del preservativo, que en Francia hab&#x00ED;a seguido siendo limitado y del pesario, sin olvidar la ense&#x00F1;anza de la higiene &#x00ED;ntima (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2005</xref>, p.176)<xref ref-type="fn" rid="NOTE22">22</xref>. Probablemente, como cuidado profil&#x00E1;ctico p&#x00FA;blico, en Rosario se diera ese mismo fen&#x00F3;meno, el de un uso no demasiado extendido. De hecho, el 7 de agosto de 1927, Ismael Peralta y Alejandro Beltramino, solicitaron una concesi&#x00F3;n para explotar <italic>«la venta de preservativos de goma»</italic> a trav&#x00E9;s de m&#x00E1;quinas autom&#x00E1;ticas a instalarse en la v&#x00ED;a p&#x00FA;blica en el barrio de las casas de tolerancia y en los lugares que indicara el municipio. Aduc&#x00ED;an que esos aparatos iban a desempe&#x00F1;ar un importante papel en la profilaxis social de la ciudad, pues abarataban el precio de los preservativos y contribuir&#x00ED;an «enormemente a generalizar su uso entre la juventud», la que por los «imperiosos mandatos de la naturaleza» se ve&#x00ED;a obligada a concurrir «a esos lugares» en los que los «acecha[ba]n» constantemente. Consideraban que si se lograba propagar —lo que pon&#x00ED;a en evidencia que no lo estaba— el uso del preservativo de goma, la juventud no iba a estar tan maltrecha ni llenos los hospitales «de m&#x00ED;seros seres que vienen al mundo macerados y deformes», «triste herencia» de las enfermedades de los progenitores, por esas «imprevisiones de ayer» y que recoger&#x00ED;an las generaciones venideras por las «imprevisiones de hoy». Se&#x00F1;alaban que el uso obligatorio del preservativo era el «medio m&#x00E1;s eficaz» para combatir y extirpar las enfermedades ven&#x00E9;reas, aunque no se pod&#x00ED;a imponer, si se pod&#x00ED;a «inducir» a los j&#x00F3;venes por ese medio. El aparato era atrayente y novedoso y los «buzones» a la vista de los concurrentes les recordar&#x00ED;an «los grandes peligros de esas uniones con prostitutas» invit&#x00E1;ndolos a tomar precauciones, al mismo tiempo que la facilidad y comodidad para adquirirlos aumentar&#x00ED;a el uso. Apelaban a la «suprema raz&#x00F3;n de la salud p&#x00FA;blica». El aparato autom&#x00E1;tico, previa introducci&#x00F3;n de 0,20 centavos m/n expulsaba un preservativo. Indicaban que se pod&#x00ED;an reglamentar las horas de funcionamiento de los aparatos evitando as&#x00ED; toda duda sobre los resultados pr&#x00E1;cticos del servicio<xref ref-type="fn" rid="NOTE23">23</xref>. Esta propuesta fue desestimada por el Concejo Deliberante de la ciudad por considerar que se pod&#x00ED;an adquirir en farmacias, droguer&#x00ED;as o negocios de goma, dejando, una vez m&#x00E1;s librado el control y la prevenci&#x00F3;n profil&#x00E1;ctica casi exclusivamente en manos de las prostitutas o de los art&#x00ED;culos que hubiera en los burdeles.</p>

			<p>Algunos medios de prensa publicitaban por entonces las «gomas higi&#x00E9;nicas Dacapo» o las «Cabeza de Negro»<xref ref-type="fn" rid="NOTE24">24</xref>, aunque resulta por lo menos escueta la informaci&#x00F3;n como para poder medir el consumo o la difusi&#x00F3;n de su uso solo a partir de avisos. Estos temas apuntan a la necesidad de construir historias del o de los pudores, de los gustos sexuales, que est&#x00E1; lejos de ser estudiada, por lo menos en la Argentina.</p>

			<p>La s&#x00ED;filis y las ven&#x00E9;reas eran vistas como «flagelos», «lacras» que estigmatizaban a la familia, destru&#x00ED;an el hogar y degeneraban a la raza. Dado el potencial destructivo que portaban necesitaban de «paladines» que las combatieran, «hombres de voluntad» que detuvieran sus avances, gobiernos que apoyaran o fundaran instituciones con el mismo objeto, ya que constitu&#x00ED;an «peligros» que acechaban a la juventud. Los tratamientos de la s&#x00ED;filis eran muy largos, bastante desalentadores, muy caros, con reapariciones despu&#x00E9;s de a&#x00F1;os, motivos por los cuales los pacientes tend&#x00ED;an a abandonarlos, a tomar medidas por cuenta propia, a fin de abaratar costos cayendo, a veces, en manos de «charlatanes» (<xref ref-type="fig" rid="F9">imagen 9</xref>).</p>
			
			
						
					<fig id="F9">
						<label>Imagen 9</label>
						<caption>
							<title>«Charlatanes»-Curandero-Divisi&#x00F3;n Investigaciones Polic&#x00ED;a de Rosario Moralidad P&#x00FA;blica Prontuario N°1295, Profesor O´Donnell «curandero», Bartolom&#x00E9; C. o Pedro A. de la Sant&#x00ED;sima Trinidad. El informe policial dec&#x00ED;a que hab&#x00ED;a sido disc&#x00ED;pulo del curandero Ildefonso Echeverr&#x00ED;a (a) «Orom&#x00ED;» de qui&#x00E9;n obtuvo unas f&#x00F3;rmulas de medicina naturalista que era las que pregonaba por entonces. Recorte de un diario de la ciudad de Mendoza remitido por esa polic&#x00ED;a a la de Rosario resguardado en el prontuario.</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F9.jpg"/>
					</fig>
						
						

			<p>Advirtamos que no se conoc&#x00ED;an por entonces curas definitivas de la enfermedad, situaci&#x00F3;n que se lograr&#x00ED;a con la penicilina, descubierta por Alexander Fleming en 1928. Aunque ser&#x00E1; reci&#x00E9;n a fines de 1939 que un equipo de la escuela de Oxford, integrado por Ernest Chain, Howard Florey y N. Heatley, procur&#x00F3; producir penicilina a gran escala y en 1943 Mahoney comprob&#x00F3; su eficacia en el tratamiento de la s&#x00ED;filis. En Argentina, en 1947 la penicilina no estaba disponible en forma masiva, ni se produc&#x00ED;a localmente y durante la guerra las remesas hab&#x00ED;an sido limitadas. Ese a&#x00F1;o Per&#x00F3;n permiti&#x00F3; que la firma norteamericana Squibb y C&#x00ED;a instalara una f&#x00E1;brica local de penicilina, que se abri&#x00F3; dos a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde (Costa, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1977</xref>, pp. 51-53; Guy, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1994</xref>, pp. 237-239).</p>

			</sec>
			
			<sec id="S4">
			
			<title>CONCLUSI&#x00D3;N</title>

			<p>Las enfermedades ven&#x00E9;reas despertaban entre fines del siglo XIX y principios del XX fuertes temores sociales. Eran vistas como «males sociales» que pod&#x00ED;an afectar al cuerpo social e individual, de all&#x00ED; la atenci&#x00F3;n puesta en las prostitutas a las que se ve&#x00ED;a como las principales diseminadoras de las afecciones ven&#x00E9;reas. Precisamente el tema del control y freno de las ven&#x00E9;reas fue el argumento m&#x00E1;s importante que sosten&#x00ED;a el sistema reglamentarista que en la ciudad de Rosario se impuso entre 1874 y 1932 y consist&#x00ED;a en ex&#x00E1;menes sanitarios y otras obligaciones para las mujeres que decid&#x00ED;an inscribirse como prostitutas. Normativas regulacionistas sobre cuerpos vistos como d&#x00ED;scolos y sobre todo como responsables de la difusi&#x00F3;n de las ven&#x00E9;reas sobre el cuerpo social. </p>

			<p>Si bien la prensa y los m&#x00E9;dicos de entonces sol&#x00ED;an criticar y responsabilizar casi exclusivamente a aquellas que no estaban matriculadas, o que transgred&#x00ED;an las normas y eran apresadas por la polic&#x00ED;a como «clandestinas», vale indicar que la condici&#x00F3;n de inscripta o clandestina era muy l&#x00E1;bil, tambi&#x00E9;n era cierto que los cuerpos de los clientes no eran objeto de ning&#x00FA;n tipo de control exigido por el Estado municipal, como si &#x00E9;stos no fueran agentes de contagio. Datos estad&#x00ED;sticos municipales hab&#x00ED;an dado a conocer cifras rotundas entre 1930 y 1931: sobre 100 pupilas inscriptas tomadas al azar, <italic>100% de blenorr&#x00E1;gicas</italic> y <italic>75 % sifil&#x00ED;ticas</italic> seg&#x00FA;n la reacci&#x00F3;n de Wasserman «<italic>sencillamente pavoroso</italic>» indicaba un concejal cuando se discuti&#x00F3; la abolici&#x00F3;n del reglamentarismo, tambi&#x00E9;n con explicaciones sanitarias en el recinto municipal el 29 de abril de 1932 (M&#x00FA;gica, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2004</xref>, p.220). Conviene se&#x00F1;alar siguiendo a Trochon que se obten&#x00ED;an con &#x00E9;sta muchos falsos positivos y que reci&#x00E9;n a posteriori de la Segunda Guerra Mundial surgieron nuevos test que permitieron detectar espec&#x00ED;ficamente el treponema en la sangre, super&#x00E1;ndose los errores cometidos durante varias d&#x00E9;cadas (Trochon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2003</xref>, pp. 239 y 282). Para los abolicionistas el sistema reglamentarista hab&#x00ED;a fracasado en sus objetivos sanitarios porque estrecho de miras apuntaba sus dardos solo sobre una de las partes que configuraba la relaci&#x00F3;n sexual: la prostituta. Adem&#x00E1;s era injusto porque desconoc&#x00ED;a la figura del cliente como agente de contagio e instalaba un sistema que daba «falsas seguridades» a los hombres, qui&#x00E9;nes no tomaban las precauciones debidas. Cuestionaban entre otras la validez y la «seguridad» que pod&#x00ED;an otorgar los ex&#x00E1;menes sanitarios que les practicaban a las prostitutas en el Dispensario, pero esos asuntos no forman parte de este texto. </p>

			<p>Las ven&#x00E9;reas, la s&#x00ED;filis en particular, condensaban simb&#x00F3;licamente miedos y representaciones diversas propias de una &#x00E9;poca en la que no se conoc&#x00ED;an curas definitivas, por lo menos para la &#x00FA;ltima. Los diferentes tratamientos eran largos, caros, casi vitalicios, de all&#x00ED; que en muchos casos los afectados eran v&#x00ED;ctimas de los que ofrec&#x00ED;an soluciones casi milagrosas. Los discursos m&#x00E9;dicos apuntaban a la profilaxis y responsabilidad individual m&#x00E1;s que a la profilaxis p&#x00FA;blica que parec&#x00ED;a resolverse con charlas o conferencias sobre educaci&#x00F3;n sexual y casi exclusivamente insistiendo en los controles sobre los cuerpos de las prostitutas inscriptas en el registro p&#x00FA;blico. La s&#x00ED;filis era vista como un fantasma acechante, que modelaba no solo comportamientos presentes, sino que pod&#x00ED;a impune derraparse por las generaciones venideras. Fuertemente unida al concepto de degeneraci&#x00F3;n muy presente en la prensa y la sociedad de entonces, de enorme circulaci&#x00F3;n y perdurabilidad, derivaba de la psiquiatr&#x00ED;a francesa y fueron Beno&#x00EE;t-Augustin Morel y Valentin Magnam los que inauguraron precisamente la escuela «degeneracionista». Para ellos, la humanidad presa de la herencia y de las leyes la vida, tend&#x00ED;a hacia la degeneraci&#x00F3;n. Las lesiones org&#x00E1;nicas especialmente del sistema nervioso eran las que se perpetuaban por medio de la herencia y se agravaban por el ambiente, el alcoholismo y la s&#x00ED;filis. (Peset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1983</xref>, pp. 188-189) Foucault mencionaba que «<italic>la degeneraci&#x00F3;n es la gran pieza te&#x00F3;rica de la medicalizaci&#x00F3;n del anormal</italic>». La degeneraci&#x00F3;n daba cuenta de un estado de anomal&#x00ED;a y el personaje del degenerado se entend&#x00ED;a a partir del &#x00E1;rbol de la herencia. Estas teor&#x00ED;as gozaron de mucho inter&#x00E9;s en el campo de la psiquiatr&#x00ED;a y tambi&#x00E9;n de la medicina legal. La fatalidad de la degeneraci&#x00F3;n se derramar&#x00ED;a sobre generaciones futuras produci&#x00E9;ndoles efectos nocivos y presupon&#x00ED;a una fuerte articulaci&#x00F3;n entre lo moral y lo f&#x00ED;sico a punto tal que ciertos hechos morales o f&#x00ED;sicos pod&#x00ED;an producir variados padecimientos que repercutir&#x00ED;an necesariamente en la descendencia<xref ref-type="fn" rid="NOTE25">25</xref>.</p>

		</sec>
		
	</body>


	
	
	<back>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
	
			<fn id="NOTE01"><label>1</label>
				<p>Alguna bibliograf&#x00ED;a se ocup&#x00F3; de pensar c&#x00F3;mo se fue organizando una estructura administrativa nacional que coordinar&#x00ED;a la profilaxis de las ven&#x00E9;reas, centralizada a trav&#x00E9;s del Departamento Nacional de Higiene, esfuerzo que se implement&#x00F3; desde la Ley nacional 12.331 (llamada de Profilaxis de las Enfermedades Ven&#x00E9;reas). A partir de &#x00E9;sta se elimin&#x00F3; el sistema de prostituci&#x00F3;n reglamentada con casas toleradas y controladas por los estados municipales o la incitaci&#x00F3;n a &#x00E9;sta, se impuso el certificado m&#x00E9;dico pre-nupcial gratuito y obligatorio para los varones que estuvieran por contraer matrimonio impidiendo la uni&#x00F3;n en caso de estar afectado, el tratamiento de las enfermedades por correspondencia o cualquier anuncio sobre supuestos m&#x00E9;todos curativos, castig&#x00E1;ndose a la prensa que insertaba anuncios de especialistas que usaban “medios secretos o m&#x00E9;todos rechazados por la ciencia” y se desplaz&#x00F3; as&#x00ED; la atenci&#x00F3;n y las pol&#x00ED;ticas de control higi&#x00E9;nico de los cuerpos de las prostitutas inscriptas hacia el de los varones a punto de contraer matrimonio. &#x00C9;ste y otro conjunto de cuestiones y problemas corresponden a per&#x00ED;odos <italic>posteriores</italic> al que analizamos aqu&#x00ED;, por ejemplo Carolina Biernat, “M&#x00E9;dicos, especialistas, pol&#x00ED;ticos y funcionarios en la organizaci&#x00F3;n centralizada de la profilaxis de las enfermedades ven&#x00E9;reas en la Argentina (1930-1954)” en <italic>Anuario de Estudios Americanos 64</italic>, 1, enero-junio, Sevilla, 2007, pp. 257-288, o “Entre el abolicionismo y la reglamentaci&#x00F3;n: prostituci&#x00F3;n y salud p&#x00FA;blica en Argentina (1930-1955) en <italic>Cuadernos del Sur Nº 40, </italic>Bah&#x00ED;a Blanca, 2013, pp.29-48, “El certificado m&#x00E9;dico pre-nupcial como pol&#x00ED;tica social (1936-1955) en <italic>De Pr&#x00E1;cticas y discursos</italic>, A. 4 N° 5, julio-diciembre, 2015; Karin Gramm&#x00E1;tico, “Obreras, prostitutas y mal ven&#x00E9;reo. Un Estado en busca de la profilaxis” en F. Gil Lozano, V. Pita e M.G. Ini, <italic>Historia de las mujeres en la Argentina.</italic> T. 2 , Buenos Aires, Ed Taurus, 2000, pp. 116-135. Marisa Miranda, <italic>Controlar lo incontrolable. Una historia de la sexualidad en la Argentina</italic>, Buenos Aires, Ed. Biblos, 2011, en especial el cap&#x00ED;tulo 3, pp. 101-117 o “Buenos Aires, entre Eros y T&#x00E1;natos. La prostituci&#x00F3;n como amenaza disg&#x00E9;nica (1930-1955)” en <italic>Dynamis</italic> 2012; 32 (1), Granada, pp. 93-113, <uri>http://ref.scielo.org/6n2hkt</uri>; Natalia Milanesio, “Redefining men’s sexualy, resignifying male bodies: the Argentine Law of Anti-Venereal Profilaxis, 1936 en Gender&amp;History, Vol 17, N° 2, August 2005, pp. 463-491. Tambi&#x00E9;n Julien Comte, <italic>Syphilis and sex: Transatlantic medicine and public health in Argentina and the United States, 1880-1940</italic>, University of Pittsburgh, 2013. <uri>http://d-scholarship.pitt.edu/18523/</uri> (Doctoral Dissertation), <italic>Anales de Legislaci&#x00F3;n Argentina. Complemento A&#x00F1;os 1920-1940</italic>, Bs As, Ed La Ley, 1953, pp. 703-744 (Ley 12.331, sanci&#x00F3;n: 17/12/1936, promulgaci&#x00F3;n: 30/12/1936).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE02"><label>2</label>
				<p>La palabra puta derivaba del lat&#x00ED;n putida (hedionda), en A. Corbin, <italic>El perfume o el miasma. El olfato o lo imaginario social. Siglos XVIII y XIX</italic>, M&#x00E9;xico, FCE, 1987, p. 57. Se&#x00F1;ala que en el siglo XVIII se cre&#x00ED;a que la pr&#x00E1;ctica excesiva del coito provocaba verdaderos derrames esperm&#x00E1;ticos en los humores de la mujer, engendrando un hedor insoportable.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE03"><label>3</label>
				<p><italic>La Capital</italic>, 20/2/1923</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE04"><label>4</label>
				<p>En el mismo sentido Alfred Fournier hablaba de “patente de virilidad” en “Consejos del profesor Fournier” en <italic>La s&#x00ED;filis y dem&#x00E1;s enfermedades ven&#x00E9;reas. Sus or&#x00ED;genes y medios para combatirla</italic>, Bs As, Claridad, p. 7.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE05"><label>5</label>
				<p><italic>Rosario Gr&#x00E1;fico</italic>, 11/2/1932.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE06"><label>6</label>
				<p><italic>La Capital</italic>, 20/10/1907.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE07"><label>7</label>
				<p>Ludwick Fleck mostr&#x00F3; a la s&#x00ED;filis como un “hecho cient&#x00ED;fico” o hecho social, como producto de un colectivo de pensamiento o comunidad de personas que comparten un estilo de pensamiento y muestra diferentes interpretaciones epocales sobre &#x00E9;sta en <italic>La g&#x00E9;nesis y desarrollo de un hecho cient&#x00ED;fico</italic>, Madrid, Alianza Editorial, 1986. Tambi&#x00E9;n Claude Quetel, <italic>Le Mal de Naples. Histoire de la syphilis</italic>, Par&#x00ED;s, Ed Seghers, 1986.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE08"><label>8</label>
				<p>&#x00C1;ngel Gim&#x00E9;nez (1878-1941) fue miembro del Partido Socialista, de notable proyecci&#x00F3;n tanto en la vida pol&#x00ED;tica partidaria como en el campo m&#x00E9;dico argentino.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE09"><label>9</label>
				<p><italic>La Capital</italic>, 20/2/1923.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE10"><label>10</label>
				<p><italic>La Capital</italic>, 20/2/1923.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE11"><label>11</label>
				<p>Greco hablaba de “enfermedad de los inocentes”, tambi&#x00E9;n de “sombra de la civilizaci&#x00F3;n universal”, pp. V y XVII.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE12"><label>12</label>
				<p><italic>La Capital</italic>, 26/4/1926, <italic>Am&#x00E9;rica, 7,</italic> 17/9/1929, “Una prostituta no puede asegurar, al levantarse de ma&#x00F1;ana, que a la noche no estar&#x00E1; gangrenada”.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE13"><label>13</label>
				<p><italic>Am&#x00E9;rica</italic>, 5/8/1929.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE14"><label>14</label>
				<p><italic>Am&#x00E9;rica,</italic> 7/7/1929.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE15"><label>15</label>
				<p><italic>Compendio de Digesto Municipal hasta el 31/5/1931</italic>, Rosario, Tall. Gr&#x00E1;ficos Pomponio, 1931, p. 62.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE16"><label>16</label>
				<p><italic>El Municipio</italic>, 19/9/1909, tentativa de suicidio con bicloruro de mercurio.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE17"><label>17</label>
				<p><italic>La Capital</italic>, 26/7/1911.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE18"><label>18</label>
				<p><italic>La Capital</italic>, 5/2/1912, 11/10/1910, el 21/10/1910, anunciaba que hab&#x00ED;a sido aplicado el d&#x00ED;a anterior, por primera vez en Rosario, tambi&#x00E9;n 22, 23 y 27/10/1910 y 27/11/1910.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE19"><label>19</label>
				<p><italic>La Capital</italic>, 5/3/1913.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE20"><label>20</label>
				<p>Pedro Bali&#x00F1;a,“Concepto general de la infecci&#x00F3;n sifil&#x00ED;tica y de su tratamiento” en <italic>Revista del C&#x00ED;rculo M&#x00E9;dico Argentino y Centro de Estudiantes de Medicina</italic> , A. XXV, septiembre de 1925, N° 289, Bs.As, pp.1318-1338. Debo el conocimiento de este art&#x00ED;culo a Jorge Requejo.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE21"><label>21</label>
				<p><italic>La Defensa</italic>, 9/11/1929, <italic>La Cr&#x00ED;tica</italic>, 11/4/1928.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE22"><label>22</label>
				<p>Para el caso espa&#x00F1;ol cfr. Jean-Louis Guere&#x00F1;a, “Elementos para una historia del preservativo en la Espa&#x00F1;a contempor&#x00E1;nea” en <italic>Hispania</italic> [Online], LXIV/3, N° 218 (2004), Madrid, pp.869-895, <uri>http://hispania.revistas.csic.es/index.php/hispania/article/viewArticle/171</uri>.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE23"><label>23</label>
				<p><italic>Expedientes Terminados Honorable Concejo Deliberante de Rosario. A&#x00F1;o 1927. N° 249</italic>, f. 2885- 2886.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE24"><label>24</label>
				<p><italic>Tribuna,</italic> 8/6/1929 las ofrec&#x00ED;an como <italic>“las m&#x00E1;s reforzadas siempre frescas. Blancas, docena $ 1.50, morochos, docena $ 2”.La Reacci&#x00F3;n,</italic> 27/12/1925 dec&#x00ED;a que los profil&#x00E1;cticos <italic>Cabeza de Negro</italic> eran los de mayor venta. La docena costaba $ 3 y la cajita con tres, $ 1. <italic>Tribuna,</italic> 10/11/1928 el aviso anunciaba <italic>“Las gomas higi&#x00E9;nicas Cabeza de Negro tan diferentes a las dem&#x00E1;s”.</italic> El precio era el mismo que tres a&#x00F1;os antes.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE25"><label>25</label>
				<p>Michel Foucault, <italic>Los anormales. Curso en el Coll&#x00E8;ge de France (1974-1975),</italic> Bs As, FCE, 2000, pp. 292-295. <italic>Sandra </italic>Caponi, “Para una genealog&#x00ED;a de la anormalidad: la teor&#x00ED;a de la degeneraci&#x00F3;n de Morel” en <italic>Scientiae Studia</italic>, S&#x00E3;o Paulo, 7 (3), pp. 425-445, 2009 en <uri>http://www.scielo.br/pdf/ss/v7n3/v7n3a04.pdf</uri></p>
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