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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2016.23</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/asclepio.2016.23</article-id>
			 
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				<subject>ESTUDIOS / RESEARCH STUDIES</subject>
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				 <article-title>Inmunizar contagiando. La pr&#x00E1;ctica de la inoculaci&#x00F3;n como tratamiento preventivo frente a la viruela en la Capitan&#x00ED;a General de Chile a fines del siglo XVIII<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref></article-title>
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					<trans-title>To immunize while infecting. The practice of variolation as preventive treatment against smallpox in the General Captaincy of Chile in the late eighteenth century</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Inmunizar contagiando. La pr&#x00E1;ctica de la inoculaci&#x00F3;n como tratamiento preventivo frente a la viruela en la Capitan&#x00ED;a General de Chile a fines del siglo XVII</alt-title>
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				 <surname>Caffarena Barcenilla</surname>
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			  <aff id="U1">Universidad Finis Terrae, Facultad de Comunicaciones y Humanidades, Escuela de Historia, Santiago, Chile</aff>
			  
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				<corresp id="cor1"><email xlink:href="pcaffarenab@uft.edu">pcaffarenab@uft.edu</email></corresp>
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			<pub-date pub-type="epub">		
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				<year>2016</year>
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				<year>2016</year>
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			<volume>68</volume>
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				<copyright-statement>&#x00A9; 2016 CSIC</copyright-statement>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Este art&#x00ED;culo examina el estado en que se encontraba la inoculaci&#x00F3;n a fines del siglo XVIII en la Capitan&#x00ED;a General de Chile, a trav&#x00E9;s de una epidemia de viruela que afect&#x00F3; a Concepci&#x00F3;n y sus alrededores entre 1789 y 1791. Una de las preguntas centrales de este estudio es en qu&#x00E9; medida la inoculaci&#x00F3;n puede considerarse como el primer tratamiento preventivo para enfrentar la viruela y el papel que la poblaci&#x00F3;n jug&#x00F3; en ello. Buscamos tambi&#x00E9;n determinar la importancia que tuvo la variolizaci&#x00F3;n en la configuraci&#x00F3;n y aceptaci&#x00F3;n de la noci&#x00F3;n de inmunizaci&#x00F3;n en la sociedad del periodo, pues m&#x00E1;s all&#x00E1; del n&#x00FA;mero de personas que se sometieron a la pr&#x00E1;ctica, su implementaci&#x00F3;n se tradujo en la discusi&#x00F3;n temprana de nociones como prevenci&#x00F3;n y universalidad. Dichas nociones fueron fundamentales en el desarrollo de las posteriores medidas que se utilizaron para enfrentar la viruela en la sociedad chilena.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This article delves onto the state of variolation at the end of the eighteenth century in the General Captaincy of Chile, by studying a smallpox epidemic which affected Concepci&#x00F3;n and its surrounding areas. One central question of this study is to what extent variolation might be regarded as the first preventive treatment against smallpox and the role played by the population. It also aims to determine the importance of variolation for both the configuration and acceptance of the notion of immunization by the society of the period. This is because beyond the amount of persons who adopted this practice, its implementation led to an early debate on notions such as prevention and universality. Such notions were fundamental for the development of further measures against smallpox in Chilean society.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title> 
				<kwd>Viruela</kwd>	
				<kwd>Inoculaci&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>Epidemia</kwd>
				<kwd>Prevenci&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>Inmunizaci&#x00F3;n</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Smallpox</kwd>	
				<kwd>Variolation</kwd>
				<kwd>Epidemic</kwd>
				<kwd>Prevention</kwd>
				<kwd>Immunization</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title>INTRODUCCI&#x00D3;N</title>

			<p>El estudio de la inoculaci&#x00F3;n o variolizaci&#x00F3;n en los territorios hispanoamericanos representa un &#x00E1;mbito de investigaci&#x00F3;n en gran medida inexplorado, pues a pesar de que los primeros registros de esta pr&#x00E1;ctica datan de 1760, poco sabemos respecto a su impacto en la lucha contra la viruela y sobre su real alcance en la poblaci&#x00F3;n del periodo. La escasez de fuentes, posiblemente sea la mayor dificultad para trabajar estos temas, pues no contamos con datos estad&#x00ED;sticos ni informes continuos respecto a los progresos de la inoculaci&#x00F3;n. Este trabajo busca ser un aporte en este sentido, analizando el caso la Capitan&#x00ED;a General de Chile y espec&#x00ED;ficamente la epidemia que afect&#x00F3; a Concepci&#x00F3;n y sus alrededores entre 1789 y 1791. Esto nos permitir&#x00E1; examinar una situaci&#x00F3;n concreta en la cual la variolizaci&#x00F3;n se puso en pr&#x00E1;ctica y fue recomendada por las autoridades. Una de las preguntas centrales de este estudio es en qu&#x00E9; medida la inoculaci&#x00F3;n puede considerarse como el primer tratamiento preventivo para enfrentar la viruela y el papel que la poblaci&#x00F3;n jug&#x00F3; en ello. Del mismo modo, nos interesa determinar si la implementaci&#x00F3;n de la inoculaci&#x00F3;n en la Capitan&#x00ED;a General de Chile dio origen a aplicaciones permanentes o espor&#x00E1;dicas y c&#x00F3;mo &#x00E9;stas pudieron influir en el desarrollo y aceptaci&#x00F3;n de la noci&#x00F3;n de inmunizaci&#x00F3;n en la sociedad del periodo, pues m&#x00E1;s all&#x00E1; del n&#x00FA;mero de personas que se sometieron a la pr&#x00E1;ctica, su implementaci&#x00F3;n se tradujo en la discusi&#x00F3;n temprana de nociones como prevenci&#x00F3;n y universalidad. </p>

			</sec>
			
			<sec id="S2">
			
			<title>REFERENTES EN LA INOCULACI&#x00D3;N DE LA VIRUELA: MIEDOS, CONTROVERSIAS Y MASIFICACI&#x00D3;N</title>

			<p>El siglo XVIII no solo marc&#x00F3; cambios a ra&#x00ED;z del inter&#x00E9;s de las autoridades en la salud de la poblaci&#x00F3;n, sino tambi&#x00E9;n por la masificaci&#x00F3;n de nuevas t&#x00E9;cnicas que permitieron combatir la viruela<xref ref-type="fn" rid="NOTE2">2</xref>. Una de ellas fue la variolizaci&#x00F3;n, que bajo el principio de la inmunizaci&#x00F3;n consigui&#x00F3; precaver de viruela a quienes se sometieron a dicho tratamiento. En palabras del m&#x00E9;dico peruano Cosme Bueno, el fin de la inoculaci&#x00F3;n era provocar en el paciente «unas viruelas benignas, de cuyas consecuencias no se sigan los peligros y accidentes, que suelen experimentarse en las viruelas naturales, eligiendo para ello las circunstancias del tiempo, y otras, que son m&#x00E1;s al prop&#x00F3;sito para su buen &#x00E9;xito»<xref ref-type="fn" rid="NOTE3">3</xref> (Cosme Bueno, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1777</xref>, p.7). Esta t&#x00E9;cnica era practicada en China e India desde el a&#x00F1;o 2550 A.C. y hacia 1721 se introdujo en Europa cuando la esposa del embajador ingl&#x00E9;s en Constantinopla, Lady Mary Worthley Montague, la llev&#x00F3; a Inglaterra despu&#x00E9;s de haber hecho inocular a su hijo por una mujer turca (Piedrola, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1977</xref>, p.354). Los m&#x00E9;dicos Emmanuel Timoni y Hans Sloane vieron sus beneficios y la difundieron en dicho lugar.</p>

			<p>Casi de modo paralelo, hay registros de ella en Am&#x00E9;rica del Norte, espec&#x00ED;ficamente en la ciudad de Boston, cuando el reverendo Cotton Marther puso en pr&#x00E1;ctica la inoculaci&#x00F3;n para combatir una epidemia que hab&#x00ED;a sido introducida por un barco de esclavos africanos. De acuerdo al estudio realizado por Sheldon Watts, Cotton aprendi&#x00F3; la t&#x00E9;cnica alrededor de quince a&#x00F1;os antes, cuando adquiri&#x00F3; un esclavo africano que «temeroso de que &#x00E9;ste estuviera enfermo, le pregunt&#x00F3; si alguna vez hab&#x00ED;a tenido viruelas. El esclavo le respondi&#x00F3; que s&#x00ED; y que no, que como todos los de su edad, lo hab&#x00ED;an inoculado cuando ni&#x00F1;o y hab&#x00ED;a tenido entonces un brote benigno que le dio inmunidad vitalicia»<xref ref-type="fn" rid="NOTE4">4</xref> (Watts, 1977, p. 113). Opini&#x00F3;n distinta tienen Pilar Le&#x00F3;n y Dolores Barretino, quienes se&#x00F1;alan que Cotton Marther y el m&#x00E9;dico Zabdiel Boyslton «ten&#x00ED;an noticias de la pr&#x00E1;ctica por la lectura de publicaciones inglesas que trataban sobre las experiencias de Timoni y de otros m&#x00E9;dicos» (Le&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2007</xref>, p.212). Otras fuentes del periodo, como por ejemplo los escritos de Charles Marie de la Condamine, tambi&#x00E9;n dieron cuenta de que los m&#x00E9;dicos de Boston hab&#x00ED;an conocido la variolizaci&#x00F3;n antes o de modo paralelo que Inglaterra, de tal manera que es posible aceptar la tesis tambi&#x00E9;n planteada por Peter Skold respecto a que «la inoculaci&#x00F3;n hab&#x00ED;a sido practicada en muchas partes fuera de Europa» (Skold, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1996</xref>, p. 249). </p>

			<p>Estos antecedentes cuestionan la noci&#x00F3;n tradicional respecto a que la inoculaci&#x00F3;n fue difundida desde Inglaterra al resto del mundo occidental, poniendo en duda la idea de una transferencia unidireccional del conocimiento m&#x00E9;dico. Tanto los contactos comerciales como las conexiones sociales y culturales que hab&#x00ED;a en aquel periodo, permiten pensar que la masificaci&#x00F3;n de la variolizaci&#x00F3;n no se explica por la idea de un descubrimiento. M&#x00E1;s bien, se trat&#x00F3; probablemente de focos simult&#x00E1;neos, que no siguieron un recorrido &#x00FA;nico, y que se explican por las interconexiones que existieron durante el siglo XVIII, que se tradujeron en un mayor dinamismo en la adquisici&#x00F3;n y pr&#x00E1;ctica de &#x00E9;sta. </p>

			<p>Hasta la masificaci&#x00F3;n de la vacuna a partir de 1796, tanto la inoculaci&#x00F3;n como todos los otros tratamientos contra la viruela, funcionaron de modo paralelo<xref ref-type="fn" rid="NOTE5">5</xref>. Sin embargo, la variolizaci&#x00F3;n abri&#x00F3; un debate pr&#x00E1;ctico y te&#x00F3;rico sobre los l&#x00ED;mites del saber y la pr&#x00E1;ctica m&#x00E9;dica. De acuerdo al m&#x00E9;dico espa&#x00F1;ol Francisco Gil, inocular se trataba de «comunicar la materia variolosa de unos en otros» (Gil, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1784</xref>, p.30), de modo que preguntas como si acaso era leg&#x00ED;timo prevenir la viruela introduciendo la misma enfermedad en el ser humano predominaron en el debate. Esta idea, que hoy conocemos bajo la noci&#x00F3;n de «inmunizaci&#x00F3;n», no fue aceptada con facilidad por la sociedad del periodo. De acuerdo a Emma Spary, el principal problema es que al fundamentarse la variolizaci&#x00F3;n en dicho principio, se contrapuso al modelo humoral que explicaba la salud y la enfermedad en funci&#x00F3;n del restablecimiento del equilibrio de los humores (Spary, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2011</xref>, p.93). La inoculaci&#x00F3;n, entonces, represent&#x00F3; una nueva forma de pensar la enfermedad y tambi&#x00E9;n de c&#x00F3;mo enfrentarse a ella, pues ya no se trataba de curar a quien padec&#x00ED;a viruela, sino de evitar que la poblaci&#x00F3;n se infectara. </p>

			<p>Si bien la medida gener&#x00F3; inter&#x00E9;s dado que era el &#x00FA;nico medio que aseguraba proteger al ser humano de la viruela, su uso no fue aceptado por todos dados los riesgos que implicaba variolizar. En Espa&#x00F1;a, por ejemplo, las controversias respecto a esta t&#x00E9;cnica se expresaron en la publicaci&#x00F3;n de una serie de tratados m&#x00E9;dicos a favor y en contra de la inoculaci&#x00F3;n. Quienes se opon&#x00ED;an a ella argumentaron que la t&#x00E9;cnica no garantizaba el no padecer viruela y que, por el contrario, la persona padecer&#x00ED;a una viruela de car&#x00E1;cter suave, que si bien le permitir&#x00ED;a conseguir la inmunizaci&#x00F3;n, pod&#x00ED;a dejar secuelas que la acompa&#x00F1;ar&#x00ED;an de por vida. Asimismo, la inoculaci&#x00F3;n no evitaba el contagio, dado que la persona inoculada pod&#x00ED;a propagar en otros la enfermedad, al igual que ocurr&#x00ED;a con la viruela natural. Tambi&#x00E9;n hubo cuestionamientos de &#x00ED;ndole religioso, como por ejemplo, si era l&#x00ED;cito o no introducir viruela de manera artificial<xref ref-type="fn" rid="NOTE6">6</xref>. Fue el cient&#x00ED;fico franc&#x00E9;s Charles Marie de la Condamine quien mejor argument&#x00F3; en su favor, se&#x00F1;alando que de acuerdo a la teolog&#x00ED;a cristiana, la vida se consideraba como un dep&#x00F3;sito de conservaci&#x00F3;n del cual est&#x00E1;bamos obligados a cuidar, por tanto, «si ese dep&#x00F3;sito corre riesgo de sernos quitado, es nuestro deber, por todos los medios que la prudencia puede sugerir, ponerlo al abrigo de la invasi&#x00F3;n» (De La Condamine, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1783</xref>, p. 192). Bajo este razonamiento, la inoculaci&#x00F3;n no contraven&#x00ED;a la ley de Dios, lo que permiti&#x00F3; a m&#x00E9;dicos como Cosme Bueno defender su utilizaci&#x00F3;n en el marco de la monarqu&#x00ED;a hispana.</p>

			</sec>
			
			<sec id="S3">
			
			<title>DIFUSI&#x00D3;N, TEMOR Y RESISTENCIA. LA INOCULACI&#x00D3;N EN LA CAPITAN&#x00CD;A GENERAL DE CHILE</title>

			<p>En Hispanoam&#x00E9;rica la inoculaci&#x00F3;n fue tambi&#x00E9;n practicada y aceptada por los m&#x00E9;dicos en la segunda mitad del siglo XVIII. Cosme Bueno se&#x00F1;al&#x00F3; que la primera variolizaci&#x00F3;n se realiz&#x00F3; en Popay&#x00E1;n hacia 1738, mientras que Paula De Demerson ha mostrado que &#x00E9;sta se puso en uso desde al menos 1746. Al respecto, se&#x00F1;ala adem&#x00E1;s que «en una carta dirigida al Semanario de Agricultura y Artes Jos&#x00E9; Celestino Mutis, residente en Santa Fe de Bogot&#x00E1;, confirma que tan important&#x00ED;sima pr&#x00E1;ctica se ha hecho general en el nuevo Reino de Granada» (De Demerson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1993</xref>, p.30). En Caracas la inoculaci&#x00F3;n contra la viruela fue introducida por el doctor Juan Perdomo en 1765 (Amodio, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1997</xref>, p. 115), mientras que en el R&#x00ED;o de la Plata la primera referencia a la inoculaci&#x00F3;n es de 1796 cuando Miguel Gorman comenz&#x00F3; a practicarla. Para el caso de la Capitan&#x00ED;a General de Chile su uso se inici&#x00F3; en 1765 por Fray Pedro Manuel Chaparro de la Orden San Juan de Dios, mientras que en el Virreinato del Per&#x00FA;, fue Fray Domingo de Soria, tambi&#x00E9;n de la Orden San Juan de Dios, el primero en practicar la variolizaci&#x00F3;n en Lima en 1766<xref ref-type="fn" rid="NOTE7">7</xref>.</p>

			<p>Tanto la bibliograf&#x00ED;a como los documentos del periodo estudiado muestran que las primeras inoculaciones que se realizaron en Chile datan de 1765 y que fue Pedro Manuel Chaparro quien las llev&#x00F3; a cabo. El cronista Carvallo Goyeneche se&#x00F1;al&#x00F3; que fue este sacerdote quien «comenz&#x00F3; la inoculaci&#x00F3;n con tanto acierto que fue el iris que seren&#x00F3; aquella horrible tempestad. Excedieron el n&#x00FA;mero de cinco mil las personas inoculadas y ninguna pereci&#x00F3;» (Carvallo y Goyeneche, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1875</xref>, p. 311). Adem&#x00E1;s de estas informaciones, en una exposici&#x00F3;n que Chaparro realiz&#x00F3; para que se le nombrara protom&#x00E9;dico, argument&#x00F3; su idoneidad para el cargo aludiendo que hab&#x00ED;a sido &#x00E9;l quien introdujo la inoculaci&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE8">8</xref>. </p>

			<p>No sabemos con certeza c&#x00F3;mo Chaparro aprendi&#x00F3; la t&#x00E9;cnica. Su figura se ha asociado a la de un autodidacta que pudo haber adquirido la t&#x00E9;cnica en base a sus lecturas, lo cual lo vincula con la circulaci&#x00F3;n por Hispanoam&#x00E9;rica de diversos escritos que pudieron estar a su alcance (Guti&#x00E9;rrez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2008</xref>, p.29). Esto mismo lo record&#x00F3; Chaparro a&#x00F1;os despu&#x00E9;s en una comunicaci&#x00F3;n a la Universidad de San Felipe fechada en 1776, donde enfatiz&#x00F3; que «inquiriendo mi desvelo y estudio alg&#x00FA;n modo f&#x00E1;cil y de m&#x00E1;s acertado &#x00E9;xito para la curaci&#x00F3;n de viruelas puse por obra el experimento de la inoculaci&#x00F3;n (…) cuyos &#x00E9;xitos y resultados puede decir el p&#x00FA;blico» (Guti&#x00E9;rrez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2008</xref>, p.30).</p>

			<p>Sobre las cifras de inoculados que com&#x00FA;nmente se mencionan en la bibliograf&#x00ED;a, es dif&#x00ED;cil saber qu&#x00E9; tan confiables son, pues solo disponemos de unos pocos documentos que se refieren directamente al n&#x00FA;mero de personas que se sometieron a la variolizaci&#x00F3;n. Una fuente importante al respecto es un oficio de la Real Audiencia, donde se expres&#x00F3; la confianza en la t&#x00E9;cnica. Se afirm&#x00F3;, tambi&#x00E9;n, que durante siete a&#x00F1;os Chaparro inocul&#x00F3; a cerca de diez mil personas, de las cuales solo hab&#x00ED;an muerto cuatro y, casi con certeza, por motivos ajenos a la inoculaci&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE9">9</xref>.</p>

			<p>Todo ello muestra que a pesar de que la variolizaci&#x00F3;n no cont&#x00F3; con un registro detallado ni fue parte de una iniciativa coordinada por la autoridad central, se practic&#x00F3; en la Capitan&#x00ED;a General de Chile y dependi&#x00F3; de la voluntad de quienes quisiesen someterse al tratamiento preventivo. Gracias a algunos testimonios disponibles, podemos comprender el alcance que &#x00E9;sta tuvo en la Capitan&#x00ED;a General de Chile. En 1796, Manuel de Salas se refiri&#x00F3; a las ventajas de Chile en un escrito dirigido al Ministro Diego Gardoqui, caracterizando al territorio como un lugar «en que jam&#x00E1;s truena ni graniza, con unas estaciones regladas que rar&#x00ED;sima vez se alteran, sembrado de minas de todos los metales conocidos, con salinas abundantes, regados de muchos arroyos, manantiales y r&#x00ED;os, que a cortas distancias desciendes de la cordillera…» (De Salas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1910</xref>, p. 45). Salas present&#x00F3; a Chile como un pa&#x00ED;s ideal, donde incluso plante&#x00F3; que «se han olvidado los estragos de la viruela por medio de la inoculaci&#x00F3;n» (De Salas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1910</xref>, p. 45), pues hab&#x00ED;a disminuido la mortalidad causada por esta enfermedad. Sobre esto &#x00FA;ltimo, no podemos estar tan seguros de que as&#x00ED; haya sido, dado que precisamente dos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de estas palabras una epidemia en Concepci&#x00F3;n cobr&#x00F3; m&#x00E1;s de mil vidas. Por otra parte, no tenemos evidencias que demuestren que en Chile la inoculaci&#x00F3;n abarc&#x00F3; a un gran n&#x00FA;mero de personas ni que se hubiese puesto en pr&#x00E1;ctica alg&#x00FA;n programa de inoculaci&#x00F3;n masiva. Al respecto, Diego Barros Arana ha planteado que si bien fue una medida preventiva &#x00FA;til, fue aceptada con muchas resistencias y que se difundi&#x00F3; mayormente entre las clases acomodadas de las ciudades con mayor cantidad de habitantes. La situaci&#x00F3;n era distinta tanto en los campos como en los pueblos m&#x00E1;s peque&#x00F1;os, pues en aquellos lugares era dif&#x00ED;cil aplicar la inoculaci&#x00F3;n ya fuese por falta de medios o de personas que supieran hacerlo. Adem&#x00E1;s, «las gentes se resist&#x00ED;an tenazmente a someterse a ella, persuadidas de su ineficacia, o de que era a veces origen de grav&#x00ED;simas enfermedades» (Barros Arana, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2002</xref>, p. 270).</p>

			<p>Esta resistencia estuvo estrechamente vinculada a la incertidumbre que generaban los nuevos tratamientos, as&#x00ED; como al desconocimiento de los efectos de inocular y al temor al contagio, lo cual qued&#x00F3; de manifiesto en otras ocasiones. Por ejemplo, en una sesi&#x00F3;n del cabildo de octubre de 1789, se solicit&#x00F3; a Ambrosio O’Higgins que publicara un bando por el que se prohibiera inocular durante las fiestas reales que se realizar&#x00ED;an en honor a Carlos IV, destacando que no era conveniente que se llevara a cabo esta pr&#x00E1;ctica, pues muchas personas vendr&#x00ED;an a la capital «entre las cuales ser&#x00E1;n raras las personas que hayan tenido las viruelas, recel&#x00E1;ndose justamente que de continuarse la inoculaci&#x00F3;n se propague dicha enfermedad con peligro de las personas que no la han experimentado»<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref>. Esta petici&#x00F3;n del cabildo muestra que se tem&#x00ED;a que por medio de la inoculaci&#x00F3;n la viruela se propagara, de modo que O’Higgins emiti&#x00F3; el decreto solicitado, prohibiendo la inoculaci&#x00F3;n de viruelas durante las fiestas reales, «siendo de la obligaci&#x00F3;n del protom&#x00E9;dico el cumplimiento de esta orden»<xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref>. </p>

			<p>El temor al contagio fue un factor determinante en la resistencia que gener&#x00F3; variolizar, pues, como veremos en el caso de la epidemia de 1789, no fueron argumentos religiosos o de valor, como generalmente se piensa, los que se esgrimieron para rechazarla, sino que aqu&#x00E9;llos vinculados a los riesgos propios de esta pr&#x00E1;ctica. </p>

			</sec>
			
			<sec id="S4">
			
			<title>UNA PRERROGATIVA DE LOS M&#x00C9;DICOS. LA INOCULACI&#x00D3;N DURANTE LA EPIDEMIA DE 1789 EN CONCEPCI&#x00D3;N</title>

			<p>Durante la epidemia que azot&#x00F3; a Concepci&#x00F3;n en 1789, la inoculaci&#x00F3;n fue un medio recomendado para enfrentarla, tanto por el gobernador Ambrosio O’Higgins como por el Protomedicato, pues ambos asumieron que era el medio m&#x00E1;s efectivo de prevenir el contagio. O’Higgins autoriz&#x00F3; la inoculaci&#x00F3;n, dado que al recibir las noticias de Francisco de la Mata Linares tom&#x00F3; la decisi&#x00F3;n de enviar al inoculador Juan Jos&#x00E9; Morales a la zona afectada. Morales no era m&#x00E9;dico sino un pr&#x00E1;ctico de medicina, que en palabras de O’Higgins, «en esta capital ejercita con acierto la inoculaci&#x00F3;n y curaci&#x00F3;n de las viruelas»<xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref>. Morales ten&#x00ED;a experiencia en la lucha contra la viruela, pues durante la epidemia de 1787 que afect&#x00F3; a Santiago, fue encargado de atender a los enfermos del hospital provisional instalado en la casa de hu&#x00E9;rfanos. Si bien en los documentos no se especific&#x00F3; quienes deb&#x00ED;an ser inoculados, es posible deducir que todos quienes la quisieran pod&#x00ED;an obtenerla, ya que no se estipularon costos ni condiciones especiales para el inoculado, salvo las vinculadas al procedimiento»<xref ref-type="fn" rid="NOTE13">13</xref>.</p>

			<p>La puesta en pr&#x00E1;ctica de la inoculaci&#x00F3;n en la epidemia de 1789 requiere estudiarse con atenci&#x00F3;n, dado que no se trat&#x00F3; de un programa obligatorio de inoculaci&#x00F3;n, si no de poner a disposici&#x00F3;n la medida para quienes quisieran utilizarla. No obstante, Ambrosio O’Higgins reconoci&#x00F3; que hab&#x00ED;a m&#x00E9;dicos que se opon&#x00ED;an a ella, de modo que se&#x00F1;al&#x00F3; que su ejecuci&#x00F3;n «se premedite con la seriedad que exigen el caso, y sus incidencias, a presencia del &#x00E1;nimo de los mismos pacientes, y de todas las dem&#x00E1;s circunstancias que observara»<xref ref-type="fn" rid="NOTE14">14</xref>. Igualmente, cuando el Protomedicato recomend&#x00F3; la variolizaci&#x00F3;n para enfrentar dicha epidemia, lo hizo bajo las mismas directrices planteadas por Francisco Gil. De este modo, la primera indicaci&#x00F3;n que dieron los protom&#x00E9;dicos fue la de instalar dos hospitales provisionales en funci&#x00F3;n de la direcci&#x00F3;n del viento. Por ello, el hospital de preparaci&#x00F3;n deb&#x00ED;a situarse a barlovento de la ciudad de modo que «los individuos que se dispongan a la operaci&#x00F3;n, no se contagien en esta estaci&#x00F3;n por las exhalaciones de la ciudad», mientras que el otro, donde las personas se inoculaban, deb&#x00ED;a situarse a sotavento, «para que los inoculados, no a&#x00F1;adan miasmas al pueblo»<xref ref-type="fn" rid="NOTE15">15</xref>.</p>

			<p>Los hospitales de inoculaci&#x00F3;n tuvieron por objeto reducir la posibilidad que el inoculado contagiara a otros la enfermedad, as&#x00ED; como no continuar infectando el aire de la ciudad. Es por ello que el Protomedicato recomend&#x00F3; instalar estos hospitales en la Isla de la Quiriquina, lugar que tanto en 1759 como en 1760 fue usado para que la fragata Soplo de Lero y el nav&#x00ED;o Begonia, respectivamente, realizaran la cuarentena por arribar a puerto con enfermos de viruela. Una vez establecidos estos hospitales, los protom&#x00E9;dicos precisaron la importancia de que tanto los inoculados como los infectados por viruela natural estuvieran bajo el «cuidado de un m&#x00E9;dico de profesi&#x00F3;n, porque una y otra mal manejadas sacrificar&#x00E1;n muchas vidas»<xref ref-type="fn" rid="NOTE16">16</xref>. La importancia de que los m&#x00E9;dicos estuvieran a cargo tanto de los inoculados como de los enfermos de viruela natural ya hab&#x00ED;a sido expresada en un acuerdo del Cabildo de Santiago del 9 de octubre de 1789, en el que se advirti&#x00F3; que el procedimiento de inocular deb&#x00ED;a hacerse «por personas peritas que siguieran las «observancias prevenidas para ellas y generalmente practicadas en la Europa, disminuy&#x00E9;ndose con ellas los estragos padecidos antes de haberse puesto en pr&#x00E1;ctica la referida inoculaci&#x00F3;n»<xref ref-type="fn" rid="NOTE17">17</xref>.</p>

			<p>La precisi&#x00F3;n respecto de que solo las personas peritas pod&#x00ED;an llevar a cabo la inoculaci&#x00F3;n form&#x00F3; parte del esfuerzo por regular el ejercicio de la medicina propio del siglo XVIII. En el caso de dicha pr&#x00E1;ctica, se estableci&#x00F3;, por ejemplo, que solo la pod&#x00ED;an realizar m&#x00E9;dicos o pr&#x00E1;cticos de medicina que supieran aplicar la t&#x00E9;cnica, como Juan Jos&#x00E9; Morales y Pedro Manuel Chaparro. El primero de ellos, si bien no era m&#x00E9;dico, hab&#x00ED;a recibido licencia del cabildo para curar enfermos, mientras que el segundo obtuvo el grado de doctor en la Universidad de San Felipe en 1772. Esta disposici&#x00F3;n fue importante, pues fue la primera vez, al menos durante esta epidemia, que se estableci&#x00F3; que el cuidado de los enfermos deb&#x00ED;a quedar a cargo de un m&#x00E9;dico. Esto no es extra&#x00F1;o si pensamos que precisamente entre las funciones del Protomedicato estuvo el inter&#x00E9;s por disciplinar el ejercicio de la medicina y la inoculaci&#x00F3;n era, adem&#x00E1;s, parte de los tratamientos m&#x00E9;dicos usados contra la viruela. Se practicaba en Chile hace veinticuatro a&#x00F1;os y al parecer hab&#x00ED;a adquirido cierta popularidad, pues, a pesar de los riesgos, hubo personas que inocularon y otras que se sometieron a dicho tratamiento. </p>

			<p>Por otro lado, las tensiones frente a la inoculaci&#x00F3;n salieron tambi&#x00E9;n a la luz a ra&#x00ED;z de esta epidemia, ya que aunque O’Higgins y el Protomedicato recomendaron la medida, el Fiscal de la Real Audiencia, Joaqu&#x00ED;n P&#x00E9;rez de Uriondo se opuso en&#x00E9;rgicamente al uso de ella en Concepci&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE18">18</xref>. Los argumentos que emple&#x00F3; plantearon que inocular pod&#x00ED;a agravar la situaci&#x00F3;n de la ciudad por la posibilidad de contagio que implicaba. De este modo y haciendo referencia a la epidemia que hab&#x00ED;a afectado a Santiago en 1787, explic&#x00F3; que en dicha oportunidad la viruela hab&#x00ED;a llegado a Santiago desde la ciudad de Mendoza por dos peones de arriero que exhib&#x00ED;an unas p&#x00FA;stulas de viruela de buena calidad. Frente a ello, muchos vecinos usaron el remedio precautorio de la inoculaci&#x00F3;n, y por este medio lo que al principio era una peque&#x00F1;a chispa que en su origen pudo muy bien sofocarse del todo, se hizo r&#x00E1;pidamente un incendio tan grande que en pocos meses se comunic&#x00F3; a innumerables vivientes<xref ref-type="fn" rid="NOTE19">19</xref>.</p>

			<p>Esta situaci&#x00F3;n de alerta que expuso el fiscal, enfatiz&#x00F3; los riesgos de la inoculaci&#x00F3;n en tanto puso en evidencia la dificultad de los inoculadores para identificar las p&#x00FA;stulas de viruela benigna y extraer de all&#x00ED; el pus para inocular. De acuerdo a su testimonio, el gran riesgo se encontraba en dicha operaci&#x00F3;n, pues si se escog&#x00ED;a el pus incorrecto se corr&#x00ED;a el riesgo de infectar a un gran n&#x00FA;mero de personas de viruela maligna. Si bien el fiscal reconoci&#x00F3; que la t&#x00E9;cnica cumpl&#x00ED;a con el objetivo de inmunizar contra la viruela, pues «libra ciertamente del riesgo de padecer de nuevo viruelas, y que es contingencia sumamente rara el que alguno muera de las artificiales o ingestadas»<xref ref-type="fn" rid="NOTE20">20</xref>, manifest&#x00F3; que la situaci&#x00F3;n en la que se encontraba Concepci&#x00F3;n no era la m&#x00E1;s adecuada para implementarla, pues la ciudad se encontraba en medio de un brote epid&#x00E9;mico «en la cual han muerto muchos de los mismos que procuraban precaverlas con la inoculaci&#x00F3;n, y han contagiado a infinitos, que tal vez no las hubieran padecido sino se hubiese dado lugar a la propagaci&#x00F3;n difundida violentamente con la inoculaci&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE21">21</xref>. As&#x00ED;, m&#x00E1;s que rechazar la inoculaci&#x00F3;n en tanto remedio preventivo, el fiscal destac&#x00F3; que la situaci&#x00F3;n particular de Concepci&#x00F3;n no era la apropiada para aplicarlo. Con la experiencia conocida, el fiscal recomend&#x00F3; no poner en pr&#x00E1;ctica la variolizaci&#x00F3;n ante la epidemia de Concepci&#x00F3;n, pues se&#x00F1;al&#x00F3; que «… de lo que ha ense&#x00F1;ado al fiscal la experiencia en esta ciudad, nunca ser&#x00E1; de opini&#x00F3;n que en aquella se usase el remedio precautorio de la inoculaci&#x00F3;n porque juzga que ese no es el modo de extinguir la epidemia»<xref ref-type="fn" rid="NOTE22">22</xref>. El temor de que la inoculaci&#x00F3;n aumentara el contagio fue un factor relevante en la puesta en marcha de la inoculaci&#x00F3;n. Finalmente, sin embargo, bajo recomendaci&#x00F3;n del Protomedicato y a pesar de dichas objeciones, la variolizaci&#x00F3;n se practic&#x00F3; en Concepci&#x00F3;n a partir de octubre de 1789, cuando a&#x00FA;n la epidemia se encontraba en su fase inicial. </p>

			<p>Las razones que permitieron que esta t&#x00E9;cnica se impusiera y venciera los temores que el propio fiscal de la Real Audiencia manifestaba, podemos encontrarlas en las palabras del Intendente y en las discusiones de las sesiones del cabildo realizadas en la ciudad, dado que hacia octubre de 1789 aun hab&#x00ED;a una gran cantidad de casos de viruela benigna en Concepci&#x00F3;n. Es dif&#x00ED;cil saber a ciencia cierta si la inoculaci&#x00F3;n influy&#x00F3; o no en el agravamiento de la epidemia y si existi&#x00F3; una correlaci&#x00F3;n entre el aumento de los contagiados y la inoculaci&#x00F3;n. Sin embargo, los documentos muestran que la variolizaci&#x00F3;n se practic&#x00F3; siguiendo las instrucciones de Francisco Gil, lo que se tradujo en el establecimiento de hospitales fuera de la ciudad. Seg&#x00FA;n un informe del cabildo de octubre de 1789, la inoculaci&#x00F3;n hac&#x00ED;a «felices progresos, sin que se deba entender esta exposici&#x00F3;n en ning&#x00FA;n modo, influyente o directiva a los &#x00E1;nimos, sino especialmente voluntaria»<xref ref-type="fn" rid="NOTE23">23</xref>. A la luz de los antecedentes, es poco probable que la inoculaci&#x00F3;n haya tenido una repercusi&#x00F3;n directa en el aumento de los contagiados, dado que no fue una pr&#x00E1;ctica masiva y es probable que el contagio natural haya bastado para agravar la epidemia. Por otra parte, aunque la actitud de la poblaci&#x00F3;n frente a la inoculaci&#x00F3;n es dif&#x00ED;cil de rastrear, sabemos que algunos accedieron a ella cuando la posibilidad de contagio era inminente, mientras que otros se resistieron. Francisco de la Mata Linares dio cuenta de esta situaci&#x00F3;n se&#x00F1;alando que, aunque la inoculaci&#x00F3;n era voluntaria «y su importancia muy grande para cada particular, de aqu&#x00ED; nace, que casi todos los que se han inoculado, han dilatado la operaci&#x00F3;n hasta verse rodeados de los peligrosos estragos de la viruela natural»<xref ref-type="fn" rid="NOTE24">24</xref>. Otro factor importante fue el efecto generado cuando circulaba la noticia de que alg&#x00FA;n habitante de la ciudad con cierta notoriedad social era inoculado, lo que llevaba a otros a imitar su comportamiento: </p>

						<disp-quote><p>Do&#x00F1;a Isabel de Santa Mar&#x00ED;a, y su familia, fueron los primeros que se inocularon, y viendo con la facilidad que se curaron todos empezaron varios a ejecutar lo mismo: creo que a esta se&#x00F1;ora le es la Concepci&#x00F3;n y su Obispado, deudores de este beneficio, pues seguramente se han libertado muchos de ser v&#x00ED;ctimas de la peste, como lo confiesan no con poco dolor algunas familias quienes no padecer&#x00ED;an las indigencias a que han quedado expuestas por no haber admitido aquel arbitrio<xref ref-type="fn" rid="NOTE25">25</xref>. </p></disp-quote>

			<p>Los progresos de la inoculaci&#x00F3;n en Concepci&#x00F3;n tambi&#x00E9;n fueron parte del informe que Juan Jos&#x00E9; Morales envi&#x00F3; a O’Higgins, el que si bien no incorpor&#x00F3; el n&#x00FA;mero de variolizados, s&#x00ED; expres&#x00F3; los t&#x00E9;rminos en que se puso en marcha. Este informe fue escrito un mes despu&#x00E9;s de que esta pr&#x00E1;ctica llegara a la ciudad y se&#x00F1;al&#x00F3; que si bien «no falt&#x00F3; parecer en contra, con todo la mayor parte convino en que se inoculase quien quisiese»<xref ref-type="fn" rid="NOTE26">26</xref>. Adem&#x00E1;s, dio cuenta de que su labor no solo consisti&#x00F3; en inocular sino tambi&#x00E9;n en que «instruyese yo aqu&#x00ED; a los facultativos en el m&#x00E9;todo de inocular para que habido este conocimiento pasase con la mitad de los medicamentos a socorrer la ciudad de Chill&#x00E1;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE27">27</xref>.</p>

			<p>De acuerdo a los documentos revisados, la ciudad de Chill&#x00E1;n enfrent&#x00F3; una viruela m&#x00E1;s mortal que la de Concepci&#x00F3;n, pues en cuarenta d&#x00ED;as entre julio y agosto hab&#x00ED;an muerto ciento seis personas<xref ref-type="fn" rid="NOTE28">28</xref>. Esto explica que el env&#x00ED;o de Morales a la zona tuviera por objeto conformar una red de inoculadores que cubrieran los distintos lugares afectados. De este modo, Morales parti&#x00F3; a Chill&#x00E1;n con una asignaci&#x00F3;n de treinta pesos mensuales, gratificaci&#x00F3;n que fue entregada por la ciudad de Concepci&#x00F3;n, por lo que el Intendente se&#x00F1;al&#x00F3; que, «aunque corta en realidad para &#x00E9;l, podr&#x00E1; ser bastante fuerte para la ciudad, si su existencia en ella fuese larga, como es presumible, ya sea considerando el paso natural de la epidemia o ya el de la inoculaci&#x00F3;n»<xref ref-type="fn" rid="NOTE29">29</xref>. Este plan no fue del todo exitoso, pues Francisco de la Mata Linares indic&#x00F3; que a pesar de encontrarse en Chill&#x00E1;n, Morales no hab&#x00ED;a podido introducirla «porque no ha encontrado viruela bastante benigna para ello». As&#x00ED;, el Intendente recomend&#x00F3; a Morales volver a la ciudad de Concepci&#x00F3;n para que «despu&#x00E9;s de instruir a las personas que all&#x00ED; asistan a los enfermos, se venga a ense&#x00F1;ar y practicar aqu&#x00ED; la inoculaci&#x00F3;n mientras todav&#x00ED;a se mantenga buena la viruela…»<xref ref-type="fn" rid="NOTE30">30</xref>. Morales sigui&#x00F3; esta recomendaci&#x00F3;n y continu&#x00F3; inoculando en la ciudad as&#x00ED; como llevando a cabo los otros tratamientos que el Protomedicato hab&#x00ED;a recomendado. </p>

			<p>En mayo de 1790, Juan Ubera, capell&#x00E1;n del cuerpo de dragones y que a la vez era m&#x00E9;dico y cirujano, puso nuevamente en debate el tema de la inoculaci&#x00F3;n. Espec&#x00ED;ficamente, se preguntaba si se deb&#x00ED;a proceder o no a inocular las nuevas zonas amenazadas por la viruela. En el caso del partido de Rere, se mostr&#x00F3; proclive a inocular lo antes posible, considerando que m&#x00E1;s que los resultados negativos fue el temor de la poblaci&#x00F3;n hacia esta t&#x00E9;cnica nueva lo que fren&#x00F3; su avance<xref ref-type="fn" rid="NOTE31">31</xref>. Ubera se mostr&#x00F3; a favor de la inoculaci&#x00F3;n argumentando los buenos resultados que hab&#x00ED;a tenido en Concepci&#x00F3;n y destacando que a pesar de que «dir&#x00E1;n que es temeridad introducir una enfermedad donde no la hay», precisaba que hab&#x00ED;a visto «con bastante dolor, los funestos destrozos que acaba de hacer en la Concepci&#x00F3;n la viruela natural, por no haber querido sus habitantes tomar el consejo de la inoculaci&#x00F3;n»<xref ref-type="fn" rid="NOTE32">32</xref>. Su confianza en la variolizaci&#x00F3;n se complement&#x00F3; con las recomendaciones de Francisco Gil, pues al igual que la indicaci&#x00F3;n que el Protomedicato envi&#x00F3; a Concepci&#x00F3;n, mostr&#x00F3; su preocupaci&#x00F3;n respecto a que la t&#x00E9;cnica se aplicara con cautela y en los lugares habilitados para ello. En este sentido, se&#x00F1;al&#x00F3; que «no es se&#x00F1;or mi pensamiento que proceda a la inoculaci&#x00F3;n en la Isla de la Laja, y plazas de la frontera indistintamente, sino que se pongan hospitales en parajes oportunos como llevo dicho para el efecto Yumbel donde hay cuarteles a prop&#x00F3;sito de ir bien preparados para la inoculaci&#x00F3;n»<xref ref-type="fn" rid="NOTE33">33</xref>. </p>

			<p>La aplicaci&#x00F3;n de la inoculaci&#x00F3;n implic&#x00F3; un nuevo debate y un nuevo pronunciamiento del Protomedicato, que si bien hab&#x00ED;a aceptado su uso en Concepci&#x00F3;n, en esta oportunidad no era de igual parecer. En esta oportunidad se plante&#x00F3; que la amenaza de epidemia para la zona mencionada apareci&#x00F3; en junio, y se deb&#x00ED;a esperar hasta la primavera para inocular, ya que el invierno no era la estaci&#x00F3;n adecuada para hacerlo<xref ref-type="fn" rid="NOTE34">34</xref>. Los protom&#x00E9;dicos, a pesar de que confiaban en que la inoculaci&#x00F3;n era el mejor remedio para precaverse de la viruela, recalcaron que «debe hacerse (como todas las cosas), en un tiempo, modo y proporci&#x00F3;n debida, porque de lo contrario se sacrificar&#x00E1;n a los mismos que se procura libertar. El tiempo presente, se&#x00F1;or que es el del invierno, es el m&#x00E1;s contrario a esta operaci&#x00F3;n…»<xref ref-type="fn" rid="NOTE35">35</xref>. Los reparos del Protomedicato no eran sobre la utilidad de la inoculaci&#x00F3;n, si no sobre el momento apropiado en que se deb&#x00ED;a aplicar; sin embargo, dado el avance de la enfermedad y ante «el deseo de los jefes del reino por el bien del Estado» tanto Ubera como los protom&#x00E9;dicos, «han resuelto proponer el m&#x00E9;todo de la inoculaci&#x00F3;n»<xref ref-type="fn" rid="NOTE36">36</xref>.</p>

			<p>En esta oportunidad se convoc&#x00F3; a una asamblea p&#x00FA;blica de los jueces, oficiales militares y vecinos de la Plaza de Los &#x00C1;ngeles y de la Isla de Laja que eran las zonas amenazadas por la epidemia, con el objetivo de que acordaran y dieran su parecer «con la libertad y fundamentos sobre el uso de la inoculaci&#x00F3;n»<xref ref-type="fn" rid="NOTE37">37</xref>. Esta consulta se explica porque poner en pr&#x00E1;ctica la inoculaci&#x00F3;n ten&#x00ED;a sus riesgos y aunque algunos decidieran no utilizarla, el contagio pod&#x00ED;a aumentar. Adem&#x00E1;s, el &#x00E9;xito y seguridad de la pr&#x00E1;ctica depend&#x00ED;a del seguimiento estricto del procedimiento. Precisamente, esta fue la raz&#x00F3;n por la cual la asamblea que se reuni&#x00F3; el 4 de julio decidi&#x00F3; no poner en pr&#x00E1;ctica la inoculaci&#x00F3;n, pues se puso en duda que quienes acudiesen a inocularse cumpliesen la cuarentena en los hospitales establecidos. La asamblea se&#x00F1;al&#x00F3; que si el hospital se pusiera en Yumbel, «har&#x00ED;a muy pocos o ningunos, y aun cuando fuesen muchos, no podr&#x00ED;an lograrse el fin en dilatado tiempo, y suceder&#x00ED;a sin duda que los inoculados incapaces de subsistir el de la cuarentena de la otra banda de la laja se volver&#x00ED;an a sus casas, aventur&#x00E1;ndose al r&#x00ED;o»<xref ref-type="fn" rid="NOTE38">38</xref>. La otra alternativa consist&#x00ED;a en instalar hospitales en la Isla de la Laja, la que tampoco fue bien acogida, ya que</p>

						<disp-quote><p>ser&#x00ED;a sin duda m&#x00E1;s prontamente infestada por las dificultades de mantener en la preciosa cuarentena a los inoculados, quienes al momento de verse libres del accidente se mudar&#x00ED;an a sus casas por m&#x00E1;s guardias y precauciones que se tomasen, tanto por su barbarie como por las escaseces que all&#x00ED; tendr&#x00ED;an en los cuarenta o cincuenta d&#x00ED;as de su permanencia, y de este modo, vendr&#x00ED;a a contagiarse el pa&#x00ED;s y mucho m&#x00E1;s si se permit&#x00ED;a que se inoculasen a discreci&#x00F3;n en sus estancias, pues en este caso para salvar la Isla de la frontera y extendida poblaci&#x00F3;n de campa&#x00F1;a ser&#x00ED;a menester much&#x00ED;simos facultativos llenos de celo y robuste, para correr su dilatada extensi&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE39">39</xref>.</p></disp-quote>

			<p>Durante 1791 la viruela se mantuvo en la zona de la frontera afectando a la poblaci&#x00F3;n del lugar. En el estudio realizado por Fernando Casanueva sobre esta fase de la epidemia, no hay referencias a que la inoculaci&#x00F3;n hubiese sido aplicada. Si bien se refiere al testimonio de Ambrosio O’Higgins que mand&#x00F3; tener «preparado cuanto sea posible para ocurrir a tiempo con el remedio de la inoculaci&#x00F3;n precavida en el evento de suceder aquella desgracia que me ser&#x00E1; muy sensible»<xref ref-type="fn" rid="NOTE40">40</xref>, no hay evidencias que muestren que efectivamente se haya inoculado en aquella zona. Por una parte, como se&#x00F1;ala Casanueva, porque los ind&#x00ED;genas siempre estaban «recelosos de todo de lo que proviniera de sus enemigos»; por otra, por el lento avance de la enfermedad que no lleg&#x00F3; a encender las alertas ni el temor frente al contagio. En este sentido, como informaron los capitanes de amigos en diciembre de 1791, el avance de la viruela era muy lento en esa zona, causando pocos estragos por lo dispersa que se encontraba la poblaci&#x00F3;n. Al respecto, se&#x00F1;alaban que «los indios no le tienen miedo (…) cada d&#x00ED;a est&#x00E1;n m&#x00E1;s distantes de servirse de nuestras medicinas, ni de los religiosos misioneros a quienes miran m&#x00E1;s como m&#x00E9;dicos que como pastores espirituales<xref ref-type="fn" rid="NOTE41">41</xref>.</p>

			</sec>
			
			<sec id="S5">
			
			<title>INMUNIZAR, ERRADICAR Y UNIVERSALIZAR. LA MIRADA DE LUIS MU&#x00D1;OZ DE GUZM&#x00C1;N SOBRE LA INOCULACI&#x00D3;N A INICIOS DEL SIGLO XIX</title>

			<p>Esta forma de entender la inoculaci&#x00F3;n dio un giro importante a inicios del siglo XIX, momento en que el gobernador Luis Mu&#x00F1;oz de Guzm&#x00E1;n destac&#x00F3; la importancia de difundir la inoculaci&#x00F3;n. En 1803, siete a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de la difusi&#x00F3;n de la vacuna en Europa y dos a&#x00F1;os antes de que &#x00E9;sta llegara a Chile, Mu&#x00F1;oz de Guzm&#x00E1;n envi&#x00F3; un reglamento al intendente de Concepci&#x00F3;n, donde entreg&#x00F3; detalles sobre el modo de curar la viruela. All&#x00ED; dio especial importancia a la inoculaci&#x00F3;n y, por primera vez, lo hizo con un claro &#x00E9;nfasis en que m&#x00E1;s que servir para atacar la epidemia su objeto era prevenir que &#x00E9;sta se desarrollase. Mu&#x00F1;oz de Guzm&#x00E1;n demostr&#x00F3; tener una clara noci&#x00F3;n respecto a que era posible prevenir el contagio de viruela, de modo que si bien reconoci&#x00F3; que «la peste de las viruelas es el azote cruel que despuebla, y desgracia la propagaci&#x00F3;n de sus moradores», «tiene con todo eso la buena cualidad de poder precaver de ante mano casi enteramente el peligro de ella con la inoculaci&#x00F3;n»<xref ref-type="fn" rid="NOTE42">42</xref>. </p>

			<p>En esta instrucci&#x00F3;n curativa la forma de practicar la inoculaci&#x00F3;n fue distinta a lo que se plante&#x00F3; en la epidemia de 1789, pues Mu&#x00F1;oz de Guzm&#x00E1;n entendi&#x00F3; que la efectividad de la t&#x00E9;cnica estaba estrechamente vinculada a la masificaci&#x00F3;n de la misma. El primer cambio respecto a c&#x00F3;mo se hab&#x00ED;a aplicado anteriormente fue que llam&#x00F3; a que «todos los vecinos y hacendados dispongan que en sus casas y posesiones no haya muchacho de seis a&#x00F1;os de edad en adelante que no est&#x00E9; inoculado…»<xref ref-type="fn" rid="NOTE43">43</xref>. Entender esta pr&#x00E1;ctica en un sentido universal implic&#x00F3; un segundo cambio respecto a las disposiciones anteriores, pues ya no solo los m&#x00E9;dicos pod&#x00ED;an administrarla. A su juicio, la inoculaci&#x00F3;n «no es obra que necesita de m&#x00E9;dicos, pueden y deben ejecutarla las madres con sus hijos». De todos modos, pon&#x00ED;a el acento en que el inoculado deb&#x00ED;a estar en una buena condici&#x00F3;n de salud, por lo que «las madres y las amas que cr&#x00ED;an a los ni&#x00F1;os, deben observar estos y para asegurar mejor le dar&#x00E1;n cuando vayan a intentar a inoculaci&#x00F3;n un purgatorio suave que los limpie»<xref ref-type="fn" rid="NOTE44">44</xref>.</p>

			<p>La intenci&#x00F3;n de ampliar la cobertura de la inoculaci&#x00F3;n estuvo acompa&#x00F1;ada de un tercer cambio vinculado a una simplificaci&#x00F3;n del procedimiento, pues el objeto era hacerlo asequible a todos quienes quisieran ponerlo en pr&#x00E1;ctica. A diferencia de lo que a&#x00F1;os antes plante&#x00F3; el Protomedicato, Mu&#x00F1;oz de Guzm&#x00E1;n, ya no crey&#x00F3; indispensables los hospitales provisionales de inoculaci&#x00F3;n, sino que enfatiz&#x00F3; que el &#x00E9;xito de la operaci&#x00F3;n estaba en la buena conducta del inoculado, en la medida que se procurase «que se mantenga fresco con el vientre corriente a fin de que la calentura no exceda de un grado moderado y que no sea demasiado abundante la erupci&#x00F3;n»<xref ref-type="fn" rid="NOTE45">45</xref>. De esta manera, al igual que en los casos anteriores, destac&#x00F3; la importancia «que la viruela que ha de tomar para su operaci&#x00F3;n debe ser de la discreta y de mejor calidad»<xref ref-type="fn" rid="NOTE46">46</xref>. </p>

			<p>Este cambio tan evidente de la autoridad puede explicarse porque entre fines del siglo XVIII y los primeros a&#x00F1;os del siglo XIX, se produjo la masificaci&#x00F3;n de la vacuna y con ello se reforz&#x00F3; la idea de que era posible inmunizar al ser humano. Adem&#x00E1;s, se hab&#x00ED;an desarrollado ideas respecto a que era deber de las autoridades velar por la salud de la poblaci&#x00F3;n, de modo que siguiendo las directrices de la Corona, se puso de manifiesto una actitud activa frente a la viruela, considerando la variolizaci&#x00F3;n un remedio efectivo para prevenirla. De este modo, Mu&#x00F1;oz de Guzm&#x00E1;n esperaba que la instrucci&#x00F3;n para curar la viruela que estaba publicando «se propague, la tengan si posible fuere todos los vecinos, la usen en todas partes, se propague por todos los gobiernos, y ranchos…»<xref ref-type="fn" rid="NOTE47">47</xref>.</p>

			<p>Los marcos de referencia utilizados tambi&#x00E9;n hab&#x00ED;an cambiado, pues si bien frente a la epidemia de 1789 fue el tratado de Francisco Gil el que sirvi&#x00F3; de modelo para los tratamientos contra la viruela y la puesta en pr&#x00E1;ctica de la inoculaci&#x00F3;n, en el caso de Luis Mu&#x00F1;oz de Guzm&#x00E1;n lo fue el <italic>Tratado de Medicina Dom&#x00E9;stica</italic> del doctor Guillermo Buchan<xref ref-type="fn" rid="NOTE48">48</xref>. En dicho tratado apareci&#x00F3; con claridad la idea de la prevenci&#x00F3;n y la eliminaci&#x00F3;n definitiva de la viruela, lo cual fue un cambio importante, porque ya no solo se trat&#x00F3; de curar la viruela o frenar una epidemia, sino de erradicar definitivamente la enfermedad. La variolizaci&#x00F3;n era as&#x00ED; un tratamiento preventivo en el sentido de que las personas deb&#x00ED;an inocularse antes de que comenzara a desarrollarse una epidemia, pues solo as&#x00ED; ser&#x00ED;a posible eliminar dicha enfermedad. </p>

			</sec>
			
			<sec id="S6">
			
			<title>CONCLUSIONES</title>

			<p>Si bien la pr&#x00E1;ctica de inocular se ejerc&#x00ED;a desde larga data, durante la segunda mitad del siglo XVIII registr&#x00F3; un impulso que estuvo dado por su aceptaci&#x00F3;n y difusi&#x00F3;n en el mundo occidental. El proceso de medicalizaci&#x00F3;n que viv&#x00ED;an dichas sociedades se tradujo en que la inoculaci&#x00F3;n se introdujo como un tratamiento m&#x00E9;dico, siendo practicaba por m&#x00E9;dicos o personas designadas que hab&#x00ED;an aprendido la t&#x00E9;cnica. Los documentos que aluden a la inoculaci&#x00F3;n, nos permiten tener certeza de su implementaci&#x00F3;n en la Capitan&#x00ED;a General de Chile as&#x00ED; como de las discusiones que se suscitaron en torno a ella. Del mismo modo, los oficios sobre la peste de viruela que afect&#x00F3; a Concepci&#x00F3;n y sus alrededores entre 1789 y 1791, muestran que en Chile tambi&#x00E9;n hubo controversias por su aplicaci&#x00F3;n y que al igual que en otros territorios de la Am&#x00E9;rica Hispana se debi&#x00F3; a la posibilidad de que el inoculado propagara el contagio o bien muriera producto de la variolizaci&#x00F3;n. </p>

			<p>Para el caso de los territorios hispanoamericanos, es dif&#x00ED;cil precisar el impacto real de la inoculaci&#x00F3;n, pues tanto en la Capitan&#x00ED;a General de Chile, como en Nueva Granada, Nueva Espa&#x00F1;a y el Virreinato del Per&#x00FA; lo que vemos son aplicaciones espor&#x00E1;dicas vinculadas a la amenaza de epidemia, de modo que la inoculaci&#x00F3;n no fue un remedio preventivo en el sentido que se usara para evitar una epidemia, pues si bien inocular preven&#x00ED;a el contagio, en la pr&#x00E1;ctica se us&#x00F3; como un elemento m&#x00E1;s de las medicinas curativas disponibles en aquel momento. En el caso de la Capitan&#x00ED;a General de Chile, hemos podido seguir el rastro de la inoculaci&#x00F3;n y de ese modo corroborar que no hubo una organizaci&#x00F3;n central que llamara expl&#x00ED;citamente a la poblaci&#x00F3;n a inocularse ni se dise&#x00F1;&#x00F3; una estructura m&#x00E9;dica que permitiera ponerla en pr&#x00E1;ctica, por lo que no podemos asumir que haya sido una pr&#x00E1;ctica permanente, pero si usada en m&#x00E1;s de alguna oportunidad. En este sentido, creemos que la relativa aceptaci&#x00F3;n se debi&#x00F3; a que la experiencia hab&#x00ED;a demostrado que la t&#x00E9;cnica era efectiva y los riesgos muy bajos, lo que permiti&#x00F3; incorporar la variolizaci&#x00F3;n como uno m&#x00E1;s de los tratamientos destinados a combatir la viruela.</p>

			<p>La<italic> Instrucci&#x00F3;n</italic> difundida por el gobernador Lu&#x00ED;s Mu&#x00F1;oz de Guzm&#x00E1;n represent&#x00F3; un cambio de mirada importante, en la medida que manifest&#x00F3; claramente la necesidad de universalizar la inoculaci&#x00F3;n con el fin de aumentar el n&#x00FA;mero de inmunizados. Los bajos riesgos que la experiencia mostr&#x00F3; que ten&#x00ED;a la variolizaci&#x00F3;n, fueron fundamentales en que se promoviera la aplicaci&#x00F3;n de la t&#x00E9;cnica por quienes quisieran hacerlo. Este tipo de discusiones muestran que a ra&#x00ED;z de la variolizaci&#x00F3;n se comenzaron a discutir conceptos como prevenci&#x00F3;n y universalidad, enfrentando a las sociedades al tema de la inmunizaci&#x00F3;n, nociones centrales en el desarrollo de las medidas posteriores usadas para enfrentar la viruela.</p>

			
		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
	
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
	
			<fn id="NOTE1"><label>1</label>
				<p>Este art&#x00ED;culo est&#x00E1; basado en un cap&#x00ED;tulo de mi tesis doctoral titulada “Viruela y Vacuna. Difusi&#x00F3;n y circulaci&#x00F3;n de una pr&#x00E1;ctica m&#x00E9;dica. Chile en el contexto hispanoamericano 1780 -1830”. Dirigida por el Dr. Rafael Sagredo Baeza y el Dr. Matthew Brown.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE2"><label>2</label>
				<p>Autores como Emma Spary, han descrito al siglo XVIII como un periodo de aumento en la medicalizaci&#x00F3;n de las sociedades occidentales, lo cual se explica tanto por el mayor poder de los m&#x00E9;dicos sobre la poblaci&#x00F3;n, como por un incremento en el compromiso de &#x00E9;sta con la medicina. Michel Foucault, ha definido el proceso de medicalizaci&#x00F3;n como “el desarrollo del sistema m&#x00E9;dico y el modelo seguido por el ‘despegue’ m&#x00E9;dico y sanitario de Occidente a partir del siglo XVIII” (Foucault, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1977</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE3"><label>3</label>
				<p>Francisco Antonio Cosme Bueno y Alegre, naci&#x00F3; en Espa&#x00F1;a y hacia 1730 fue enviado al Virreinato del Per&#x00FA;, donde estudi&#x00F3; Farmacia y Medicina en la Universidad de San Marcos, gradu&#x00E1;ndose de doctor en 1750.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE4"><label>4</label>
				<p>V&#x00E9;ase (Mart&#x00ED;n y Thomas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2012</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE5"><label>5</label>
				<p>A fines del siglo XVIII convivieron dos formas de combatir la viruela, la terapia c&#x00E1;lida y la terapia fr&#x00ED;a. La primera de ellas consist&#x00ED;a en someter al enfermo a procedimientos como transpiraci&#x00F3;n, restricci&#x00F3;n en la circulaci&#x00F3;n del aire en la pieza en que se encontraba, y la casi total privaci&#x00F3;n de l&#x00ED;quido. La segunda, propon&#x00ED;a permitir al enfermo hidratarse y alimentarse de modo de no perder la vitalidad. Tambi&#x00E9;n fueron recomendadas las medidas de aislamiento, sangr&#x00ED;as y fumigaciones para purificar el aire.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE6"><label>6</label>
				<p>Uno de los primeros en referirse a la inoculaci&#x00F3;n fue el padre Feijoo quien transcribi&#x00F3; los ensayos ingleses sobre la medida. A &#x00E9;l siguieron diversos escritos entre los que destacan (O’Scanlan, 1784) (Joseph Amar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1774</xref>). Para profundizar sobre el tema se sugiere revisar el completo estudio realizado por (Le&#x00F3;n y Dolores Barettino, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2007</xref>)</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE7"><label>7</label>
				<p>Fray Manuel Chaparro y Fray Domingo de Soria trabajaron juntos en Valdivia, pudiendo all&#x00ED; haber intercambiado opiniones y conocimientos respecto a la inoculaci&#x00F3;n.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE8"><label>8</label>
				<p>Archivo Nacional Fondo Capitan&#x00ED;a General (ANCG), vol. 971, s/f, enero de 1776.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE9"><label>9</label>
				<p>Archivo Nacional Fondo Real Audiencia (ANRA), vol. 319, s/f. De acuerdo a los estudios demogr&#x00E1;ficos de Marcelo Carmagnani, en la di&#x00F3;cesis de Santiago habitaban hacia 1755 un total de 155.000 personas, lo que equivaldr&#x00ED;a que el total de inoculados alcanz&#x00F3; al 6,4%. (Carmagnani, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1967</xref>, p.185).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE10"><label>10</label>
				<p>Actas de Cabildo de Santiago, 9 de octubre de 1789, disponible en <uri>http://historia.uchile.cl/CDA/fh_article/0,1389,SCID%253D18139%2526ISID%253D647%2526JNID%253D27,00.html</uri> </p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE11"><label>11</label>
				<p>ANCG, vol. 811, fj. 29, octubre de 1789.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE12"><label>12</label>
				<p>Archivo General de Indias (AGI), Chile, 196, fj. 591, septiembre de 1789. Sobre Juan Jos&#x00E9; Morales, v&#x00E9;ase (Laval, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1958</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE13"><label>13</label>
				<p>AGI, Chile, 196, fj. 591, septiembre de 1789.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE14"><label>14</label>
				<p>AGI, Chile, 196, fj. 592, septiembre de 1789.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE15"><label>15</label>
				<p>ANCG, vol. 967, fj. 54 y ss.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE16"><label>16</label>
				<p>ANCG, vol. 967, fj. 54 y ss.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE17"><label>17</label>
				<p>Actas de Cabildo de Santiago, 9 de octubre de 1789.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE18"><label>18</label>
				<p>El fiscal de la Real Audiencia era un funcionario de la Monarqu&#x00ED;a que pod&#x00ED;a comunicarse directamente con la corona, sobretodo en cuestiones vinculadas a la tesorer&#x00ED;a.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE19"><label>19</label>
				<p>AGI, Chile, 196, fj. 612, octubre de 1789.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE20"><label>20</label>
				<p>AGI, Chile, 196, fj. 612, octubre de 1789.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE21"><label>21</label>
				<p>AGI, Chile, 196, fj. 612, octubre de 1789.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE22"><label>22</label>
				<p>AGI, Chile, 196, fj. 612, octubre de 1789.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE23"><label>23</label>
				<p>AGI, Chile, 196, fj. 607, octubre de 1789.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE24"><label>24</label>
				<p>ANCG, vol. 967, fj. 113, junio de 1790.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE25"><label>25</label>
				<p>ANCG, vol. 967, fj. 105- 108, mayo de 1790.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE26"><label>26</label>
				<p>AGI, Chile, 196, fj. 604, octubre de 1789.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE27"><label>27</label>
				<p>AGI, Chile, 196, fj. 604, octubre de 1789.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE28"><label>28</label>
				<p>AGI, Chile, 196, fj. 586, septiembre de 1789.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE29"><label>29</label>
				<p>AGI, Chile, 196, fj. 608, octubre de 1789.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE30"><label>30</label>
				<p>AGI, Chile, 196, fj. 615, noviembre de 1789.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE31"><label>31</label>
				<p>ANCG, vol. 967, fj. 105- 108, mayo de 1790.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE32"><label>32</label>
				<p>ANCG, vol. 967, fj. 108, mayo 1790.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE33"><label>33</label>
				<p>ANCG, vol. 967, fj. 108, mayo de 1790.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE34"><label>34</label>
				<p>Respecto a si hab&#x00ED;a o no un tiempo m&#x00E1;s adecuado para inocular los tratadistas del periodo difieren. Por ejemplo, Timoteo O’scanlan se&#x00F1;ala que se puede inocular en cualquier momento. O’Scalan, plante&#x00F3; que “la inoculaci&#x00F3;n indistintamente tiene pr&#x00F3;speras resultas en los climas fr&#x00ED;os del norte, como en los ardientes calores del mediod&#x00ED;a”. (O’Scalan, 1784, p.81).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE35"><label>35</label>
				<p>ANCG, vol. 967, fj. 111, junio de 1790.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE36"><label>36</label>
				<p>ANCG, vol. 967, fj. 120, julio de 1790.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE37"><label>37</label>
				<p>ANCG, vol. 967, fjs. 120-122, julio de 1790. Participaron Pedro Joseph Salcedo, el Capit&#x00E1;n de Dragones Joseph Ruiz, el Ayudante don Gregorio escamilla, los tenientes de Justicia don Peregrino Hortega, Salvador Pradena y Francisco Alarc&#x00F3;n, el teniente don Ferm&#x00ED;n Villagr&#x00E1;n y el subdelegado Pedro Lagos, capit&#x00E1;n de milicias Joseph Mieres.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE38"><label>38</label>
				<p>ANCG, vol. 967, fj. 121, julio de 1791.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE39"><label>39</label>
				<p>ANCG, vol. 967, fj. 122, julio de 1791.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE40"><label>40</label>
				<p>ANCG, vol. 967, fj. 15, agosto de 1791.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE41"><label>41</label>
				<p>ANCG, vol. 967, fj. 29, diciembre de 1791.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE42"><label>42</label>
				<p>Luis Mu&#x00F1;oz de Guzm&#x00E1;n, “Reglamento sobre tratamiento de la viruela”, Santiago, 6 de agosto de 1803, Archivo Nacional de Chile, Fondos Varios (en adelante ANFV), vol. 914, fjs.153-155.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE43"><label>43</label>
				<p>ANFV, vol. 914, fjs. 153-155.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE44"><label>44</label>
				<p>ANFV, vol. 914, fjs. 153-155.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE45"><label>45</label>
				<p>ANFV, vol. 914, fjs. 153-155.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE46"><label>46</label>
				<p>ANFV, vol. 914, fjs. 153-155.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE47"><label>47</label>
				<p>ANFV, vol. 914, fjs. 153-155.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE48"><label>48</label>
				<p>La obra de Buchan fue traducida al espa&#x00F1;ol por el sacerdote Pedro Sinnot y publicada en Madrid en siete ocasiones entre 1785 y 1798 (Perdiguero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1989</xref>)</p>
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			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Impreso por don Joachim Ibarra</publisher-name>
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