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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2016.p139</article-id>
				 
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				<subject>RESE&#x00D1;AS / BOOK REVIEWS</subject>
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				<article-title>Rese&#x00F1;a del libro "Las m&#x00E1;quinas del imperio y el reino de Dios: reflexiones sobre ciencia, tecnolog&#x00ED;a y religi&#x00F3;n en el mundo atl&#x00E1;ntico del siglo XVI"</article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en"><trans-title>Book review "Las m&#x00E1;quinas del imperio y el reino de Dios: reflexiones sobre ciencia, tecnolog&#x00ED;a y religi&#x00F3;n en el mundo atl&#x00E1;ntico del siglo XVI"</trans-title></trans-title-group>
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				 <surname>S&#x00E1;nchez</surname>
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			  <aff id="U1">Universidad de Lisboa</aff>
			 
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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				<p><bold>Nieto, Mauricio</bold>. <italic>Las m&#x00E1;quinas del imperio y el reino de Dios: reflexiones sobre ciencia, tecnolog&#x00ED;a y religi&#x00F3;n en el mundo atl&#x00E1;ntico del siglo XVI</italic>. Bogot&#x00E1;, Ediciones Uniandes, 2013, 288 p&#x00E1;ginas. [ISBN: 9789586959131]</p>
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			<p>Ning&#x00FA;n estudio hist&#x00F3;rico que se precie merecer&#x00E1; el m&#x00E1;s m&#x00ED;nimo respeto por parte de la comunidad acad&#x00E9;mica si no remite expl&#x00ED;citamente a fuentes y archivos. Esta afirmaci&#x00F3;n, lejos de ser obvia, se convierte en el pan de cada d&#x00ED;a para los investigadores que se someten sin descanso a la pregunta: <italic>Pero… entonces … ¿cu&#x00E1;les son sus fuentes?</italic>, especialmente aquellos fil&#x00F3;sofos convertidos en historiadores. En &#x00FA;ltima instancia, esta pregunta interroga por la legitimidad del trabajo hist&#x00F3;rico. Pues bien, las fuentes son imprescindibles, sin fuentes no hay historia, pero lo cierto es que no lo son todo. Muchos lo saben. En el caso de los estudios sobre lo que se ha llamado ‘ciencia ib&#x00E9;rica’ el problema se hace evidente. La pregunta por las fuentes nos exporta inexorablemente hacia otra cuesti&#x00F3;n, a la pregunta por la forma o el modo de contar la historia, y este no es un tema menor. En este sentido, parece que la historia de la ciencia moderna del mundo ib&#x00E9;rico ha sufrido en lo que va de siglo importantes metamorfosis. En Espa&#x00F1;a y Portugal los estudios sobre ciencia moderna han sido, con algunas excepciones, profundamente descriptivos, lo cual lejos de ser una cr&#x00ED;tica no les resta todo su valor. Se trata tan solo de una forma de historia. Estos estudios han abierto infinidad de caminos antes inexplorados. Por su parte, el mundo anglosaj&#x00F3;n, especialmente norteamericano – con autores de origen hispano afincados en prestigiosas universidades de Estados Unidos – dio hace aproximadamente un par de lustros un nuevo paso para explotar un campo con enorme potencial y aport&#x00F3; una nueva narrativa, aguda y elegante a la vez. Se trata de otro modo de contar la misma historia, y el modo s&#x00ED; que importa. Desde la pen&#x00ED;nsula se afirma con desd&#x00E9;n <italic>nada nuevo bajo el Sol… aqu&#x00ED; llevamos d&#x00E9;cadas escribiendo lo mismo… solo que ahora se escribe en ingl&#x00E9;s</italic>, pero no es cierto. Mientras tanto, la historiograf&#x00ED;a italiana, francesa y alemana sigue a lo suyo, con estudios concienzudos que responden m&#x00E1;s a trabajos aislados de alta erudici&#x00F3;n que a un programa colectivo. Esto tampoco es una cr&#x00ED;tica. Pero la verdad es que ante el riesgo de morir de forma prematura la ciencia ib&#x00E9;rica estaba pidiendo a gritos algo m&#x00E1;s, algo as&#x00ED; como un an&#x00E1;lisis te&#x00F3;rico de las fuentes y de los problemas que su inagotable manantial de novedad deposit&#x00F3; en el mundo moderno, un an&#x00E1;lisis – cabe mencionar - de car&#x00E1;cter m&#x00E1;s sociol&#x00F3;gico que intelectual, pues este &#x00FA;ltimo siempre ha considerado el mundo ib&#x00E9;rico como un hijo bastardo de la Europa civilizada. Los componentes hist&#x00F3;ricos de esta historia as&#x00ED; lo requieren. El historiador no puede perder esa oportunidad, pues se antoja un nuevo Potos&#x00ED; tanto para el historiador espa&#x00F1;ol y portugu&#x00E9;s como para el nortemaricano o latinoamericano. No hablamos simplemente de aprovechar una moda pasajera, pues todas lo son, sino de responder a una deuda hist&#x00F3;rica y a un vac&#x00ED;o historiogr&#x00E1;fico si no inexplicable al menos s&#x00ED; injustificado. Y esto es algo que Mauricio Nieto sabe muy bien.</p>
			
			<p><italic>Las m&#x00E1;quinas del imperio</italic> representa una notable respuesta a esta situaci&#x00F3;n. Si bien los trabajos precedentes de autores como Antonio Barrera o Maria Portuondo han destacado los procesos de acumulaci&#x00F3;n de conocimiento emp&#x00ED;rico y las pr&#x00E1;cticas asociadas a ellas bajo los imperios ib&#x00E9;ricos, Mauricio Nieto ha intentado dar un nuevo paso interpretativo, a nuestro juicio no definitivo, pero s&#x00ED; exitoso. Al contrario de lo que indica su subt&#x00ED;tulo, este trabajo va m&#x00E1;s all&#x00E1; de una mera reflexi&#x00F3;n sobre ciencia, tecnolog&#x00ED;a y religi&#x00F3;n en el mundo atl&#x00E1;ntico del siglo XVI. El libro de Nieto es tambi&#x00E9;n una aproximaci&#x00F3;n a las relaciones entre conocimiento e imperio – clave en la historia de la ciencia occidental -, y sobre todo, un estudio sobre las bases del Renacimiento y los or&#x00ED;genes de la modernidad que gira en torno a un importante hiato historiogr&#x00E1;fico, esto es, “la consolidaci&#x00F3;n de un imperio cristiano de pretensiones globales y la conformaci&#x00F3;n de un nuevo orden mundial centrado en la Europa occidental” (p. 265). He aqu&#x00ED; una de las novedades de este libro, el eurocentrismo como unidad de medida. Por su parte, el adjetivo cristiano ocupa un lugar especial en el discurso de Nieto, pues los agentes divinos se suman a la tr&#x00ED;ada de agentes sociales, t&#x00E9;cnicos y naturales. Este es otro de los aspectos m&#x00E1;s originales y atrevidos de la obra, que muchos considerar&#x00ED;an un tanto expresionista e, incluso, exagerado, aunque los textos del siglo XVI dicten lo contrario. Que juzgue el lector! A nosotros, nos basta con un ejemplo. M&#x00E1;s all&#x00E1; de pensar la conquista del Atl&#x00E1;ntico como una misi&#x00F3;n de expansi&#x00F3;n de la fe cristiana y de la autoridad de la Iglesia, especulemos por un instante con el mundo de la navegaci&#x00F3;n, desde la en&#x00E9;rgica motivaci&#x00F3;n religiosa de la exploraci&#x00F3;n mar&#x00ED;tima hasta la fe ciega de los hombres de mar pasando por la consideraci&#x00F3;n de la vida que transcurre en un barco como ‘afirmaci&#x00F3;n de vivencias religiosas’. “Si quer&#x00E9;s saber orar, aprended a navegar” (p. 179) resumir&#x00ED;a Fern&#x00E1;ndez de Oviedo. Los asuntos burocr&#x00E1;ticos, comerciales, jur&#x00ED;dicos, n&#x00E1;uticos, cartogr&#x00E1;ficos o los de historia moral y natural fueron en la Espa&#x00F1;a expansionista una y la misma cosa. Todos conforman una ciencia global. En otras palabras, “el Estado imperial cat&#x00F3;lico fue una organizaci&#x00F3;n t&#x00E9;cnica y cient&#x00ED;fica, y la ciencia y la tecnolog&#x00ED;a, un asunto de gobierno al servicio tanto del rey como de Dios” (p. 261).</p>

			<p>Su autor no elude ni las grandes preguntas ni las antiguas paradojas que han rodeado a la ciencia ib&#x00E9;rica. Vuelve sobre la dif&#x00ED;cil relaci&#x00F3;n entre modernidad y pasado ib&#x00E9;rico, y se suma as&#x00ED; a la denuncia, iniciada por Jorge Ca&#x00F1;izares-Esguerra, sobre el lugar marginal que la exploraci&#x00F3;n ib&#x00E9;rica del Atl&#x00E1;ntico ha ocupado siempre en la historiograf&#x00ED;a de la ciencia. En palabras de Nieto, “la producci&#x00F3;n de un mapa del mundo fue una labor de poderosas instituciones que permitieron sistematizar bajo un marco de referencia com&#x00FA;n la experiencia de muchos. Esta es precisamente una de las caracter&#x00ED;sticas esenciales de la idea de ciencia moderna y, por lo mismo, se trata de un episodio que debe ser incorporado en cualquier narraci&#x00F3;n que pretenda dar cuenta del nacimiento de esta &#x00FA;ltima” (p. 209); por no mencionar los paralelismos – tambi&#x00E9;n sugeridos por Nieto - que el proyecto espa&#x00F1;ol comparte con el programa baconiano cuando hablamos de ciencia al servicio del imperio.</p>

			<p>Nieto lleva a cabo varias apuestas metodol&#x00F3;gicas. Por un lado y tomando como inspiraci&#x00F3;n los trabajos del soci&#x00F3;logo de la ciencia John Law sobre los m&#x00E9;todos de control de la larga distancia empleados por el imperio portugu&#x00E9;s, reanaliza la conquista espa&#x00F1;ola de las Indias Occidentales desde el enfoque sociol&#x00F3;gico de la Teor&#x00ED;a del Actor-Red (<italic>Actor-Netwotk Theory</italic>) – que considera los artefactos humanos y no humanos como parte de los sistemas de control a distancia y no como medios para un fin. Por otro lado, lejos de referirse a la conquista en t&#x00E9;rminos de ‘descubrimiento’, ‘encuentro’ o ‘invenci&#x00F3;n’, Nieto reconstruye dicha conquista en t&#x00E9;rminos de ‘comprensi&#x00F3;n del Nuevo Mundo’, a saber, explicar c&#x00F3;mo determinadas pr&#x00E1;cticas cient&#x00ED;ficas convirtieron lo extra&#x00F1;o en cotidiano. Para ello nos advierte de un importante error hist&#x00F3;rico: separar el relato de la historia de las ciencias de aquel otro que narra la historia pol&#x00ED;tica de la Europa moderna. Releamos a los naturalistas espa&#x00F1;oles del siglo XVI. “La construcci&#x00F3;n de un imperio demanda la existencia de una actividad cient&#x00ED;fica que haga posible ordenar la naturaleza y la sociedad bajo c&#x00F3;digos comunes. Por lo tanto, la cosmograf&#x00ED;a, la n&#x00E1;utica y la cartograf&#x00ED;a, as&#x00ED; como la historia natural y la pol&#x00ED;tica, deben ser consideradas expresiones de un mismo prop&#x00F3;sito de control y dominio […] La mayor&#x00ED;a de quienes escribieron por primera vez sobre el Nuevo Mundo, como Oviedo o Acosta, entend&#x00ED;an la descripci&#x00F3;n de la naturaleza y de la cultura, de la historia natural y de la historia moral, de Dios, de las acciones humanas, y del mundo natural en general, como parte indisoluble de una misma historia” (p.245). De acuerdo con Nieto, las pr&#x00E1;cticas tecnol&#x00F3;gicas eran partes constitutivas del poder imperial y no simples herramientas. S&#x00F3;lo as&#x00ED; deben ser entendidas las m&#x00E1;quinas del imperio, a saber, como artefactos que desarrollaron sus funciones en el reino h&#x00ED;brido de Dios.</p>

			<p>Este es un libro sobre la creaci&#x00F3;n de marcos de referencia comunes, el establecimiento de normas para la organizaci&#x00F3;n de informaci&#x00F3;n, formas de normalizaci&#x00F3;n de la experiencia, la implantaci&#x00F3;n de c&#x00F3;digos estables de observaci&#x00F3;n, la estandarizaci&#x00F3;n de datos y medidas, sobre las instituciones imperiales del siglo XVI, pero tambi&#x00E9;n sobre pilotos, cart&#x00F3;grafos, cosm&#x00F3;grafos, naturalistas, viajeros, comerciantes y pr&#x00ED;ncipes; y decididamente sobre reglamentos, velas, barcos, mapas, tratados de navegaci&#x00F3;n, astrolabios, plantas, animales y un largo y heterog&#x00E9;neo etc&#x00E9;tera. Se trata de un trabajo heterog&#x00E9;neo, como su propio enfoque. Es tambi&#x00E9;n un libro sobre la puesta en cuesti&#x00F3;n de los antiguos, sobre la articulaci&#x00F3;n de complejas redes de circulaci&#x00F3;n de informaci&#x00F3;n, sobre las estrategias ib&#x00E9;ricas de domesticaci&#x00F3;n del mundo natural americano y sobre los procesos de comprensi&#x00F3;n del Nuevo Mundo, no s&#x00F3;lo entendidos como mecanismos de apropiaci&#x00F3;n de la naturaleza, sino sobre todo como dispositivos de traducci&#x00F3;n y apropiaci&#x00F3;n de saberes nativos. Contiene ingredientes sumamente at&#x00ED;picos, como la consideraci&#x00F3;n – aunque insuficiente - de Portugal en la configuraci&#x00F3;n de esta historia; la rica aportaci&#x00F3;n de los tratados de navegaci&#x00F3;n; el nivel de detalle y reflexi&#x00F3;n sobre las embarcaciones; la aportaci&#x00F3;n de interesantes reflexiones sobre instrumentos n&#x00E1;uticos, caso de la carta n&#x00E1;utica y el Padr&#x00F3;n Real; el papel de las tradiciones ind&#x00ED;genas; una descripci&#x00F3;n minuciosa acerca de la tripulaci&#x00F3;n que conformaba un viaje a las Indias; y sobre todo, una atractiva explicaci&#x00F3;n sobre la vida a bordo que supone un deleite para la historia cultural de la ciencia. Entretanto, todos estos ingredientes son sazonados con una prosa &#x00E1;cida que apunta hacia la autocomplaciente narrativa tradicional y que desmitifica la heroicidad que rodea a la expansi&#x00F3;n ib&#x00E9;rica, aquella que no solo se olvida del problema del eurocentrismo, sino que nunca reconocer&#x00ED;a que ser due&#x00F1;os y se&#x00F1;ores del Atl&#x00E1;ntico supone tambi&#x00E9;n ‘condiciones naturales favorables’ (p. 28). Por momentos, Nieto lo deja todo en manos de Dios y la naturaleza. Esta es una de sus virtudes. De cara a ofrecer un abordaje inusual, tambi&#x00E9;n lo es el lugar geopol&#x00ED;tico desde donde escribe – que la narrativa occidental llamar&#x00ED;a ultraperif&#x00E9;rico -, pues como todos sabemos el lugar determina la visi&#x00F3;n.</p>

			<p>En s&#x00ED;ntesis, el lector encontrar&#x00E1; en las <italic>Las m&#x00E1;quinas del imperio y el reino de Dios</italic> un libro nuevo sobre ciencia ib&#x00E9;rica, un libro ensay&#x00ED;stico sobre el lugar que &#x00E9;sta &#x00FA;ltima ocup&#x00F3; en la historia de la ciencia occidental. Volviendo sobre las primeras l&#x00ED;neas de esta rese&#x00F1;a, lo cierto es que las fuentes de Nieto no son nuevas y tampoco los son sus herramientas metodol&#x00F3;gicas. Nueva es, no obstante, su mirada sobre el problema. Y esto es de agradecer.</p>



						<p>Antonio S&#x00E1;nchez</p>
						<p><italic>Universidad de Lisboa</italic></p>

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