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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2016.12</article-id>
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				<subject>ESTUDIOS / RESEARCH STUDIES</subject>
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				 <article-title>Terap&#x00E9;utica para tratar el c&#x00F3;lera en Yucat&#x00E1;n, M&#x00E9;xico (1833-1853). Medicina fisiol&#x00F3;gica, herbolaria local y r&#x00E9;gimen moral</article-title>
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					<trans-title>Therapy for the treatment of cholera in Yucatan, Mexico (1833-1853). Physiological medicine, local herbalist and moral regiment</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Terap&#x00E9;utica para tratar el c&#x00F3;lera en Yucat&#x00E1;n, M&#x00E9;xico (1833-1853). Medicina fisiol&#x00F3;gica, herbolaria local y r&#x00E9;gimen moral</alt-title>
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				 <surname>Peniche Moreno</surname>
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				<aff id="U1">Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&#x00ED;a Social, Unidad Peninsular (M&#x00E9;rida, Yucat&#x00E1;n, M&#x00E9;xico)</aff>
			  
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			<issue>1</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Este art&#x00ED;culo analiza los pilares que sostuvieron la pr&#x00E1;ctica terap&#x00E9;utica en Yucat&#x00E1;n para tratar a los enfermos de c&#x00F3;lera durante los brotes registrados antes del descubrimiento de su etiolog&#x00ED;a bacteriana, uno en 1833 y otro en 1853. Debido en parte a una importante evoluci&#x00F3;n del pensamiento m&#x00E9;dico-cient&#x00ED;fico y a la divulgaci&#x00F3;n de los principios del positivismo, en esta &#x00E9;poca se vivi&#x00F3; un profundo proceso de transformaci&#x00F3;n que signific&#x00F3;, entre otras cosas, nuevas percepciones sobre la enfermedad y esquemas distintos a los coloniales para afrontar las emergencias y procurar la salud p&#x00FA;blica. Sin embargo, ante la falta de consensos en cuanto al origen del c&#x00F3;lera y sus medios de propagaci&#x00F3;n, el gobierno estatal promovi&#x00F3; la difusi&#x00F3;n de diferentes t&#x00E9;cnicas terap&#x00E9;uticas empleadas en Europa o Estados Unidos, que se sumaron al conocimiento local respecto al empleo medicinal de la herbolaria, retomando tambi&#x00E9;n antiguas ideas sobre la incidencia de las conductas morales individuales en la propensi&#x00F3;n al contagio y eventualmente a la muerte.</p>
			</abstract>
			
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				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This article analyzes the pillars that supported the therapeutic practice in Yucat&#x00E1;n to treat cholera patients during the outbreaks preceding the discovery of its bacterial etiology, one in 1833 and another in 1853. Due partly to a significant evolution in scientific and medical ideas, and the dissemination of the principles of positivism, a profound process of transformation was experienced, which brought, among other things, new perceptions of the disease as well as schemes different from the colonials to deal with emergencies and ensure public health. However, given the lack of consensus about the origin of cholera and its means of propagation, the government promoted different therapeutic techniques practiced in Europe or the United States, alongside local knowledge on the medicinal use of herbs, while also reviving old ideas on the impact of individual moral behavior in the tendency to contract the disease and eventually die.</p>
			</trans-abstract>

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				<title>PALABRAS CLAVE</title> 
				<kwd>c&#x00F3;lera</kwd>	
				<kwd>historia de la medicina</kwd>
				<kwd>terap&#x00E9;utica</kwd>
				<kwd>herbolaria</kwd>
				<kwd>Yucat&#x00E1;n</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>cholera</kwd>	
				<kwd>History of Medicine</kwd>
				<kwd>therapy</kwd>
				<kwd>herbalist</kwd>
				<kwd>Yucatan</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title>INTRODUCCI&#x00D3;N</title>

			<p>El 16 de julio de 1833, Nicol&#x00E1;s Uc, cacique del poblado maya de Nohcacab, escribi&#x00F3; al gobernador del estado de Yucat&#x00E1;n, M&#x00E9;xico, que desde hac&#x00ED;a diez d&#x00ED;as sufr&#x00ED;an «el temible mal devorador nominado c&#x00F3;lera» y que a pesar de haber tomado todas las medidas para impedir su voracidad y marcha, contaban ya varios contagiados y muertos. El alcalde del pueblo de Baca asegur&#x00F3; que en tan s&#x00F3;lo tres d&#x00ED;as hab&#x00ED;an fallecido 29 personas por el mismo mal, observando que algunos «con s&#x00F3;lo asistir a la agon&#x00ED;a del atacado caen muertos sin esperanza de remedio». Las autoridades de Hunucm&#x00E1; afirmaron que a las haciendas de su jurisdicci&#x00F3;n el mal se hab&#x00ED;a extendido «con toda su fuerza desoladora» sin poder saber el n&#x00FA;mero exacto de muertos, porque «los mayordomos que ten&#x00ED;an la orden de mandar diariamente las listas de los que han enterrado en sus respectivas haciendas, han sido casi los primeros que han fallecido»<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>.</p>

			<p>En efecto, de su origen asi&#x00E1;tico el c&#x00F3;lera morbus lleg&#x00F3; a Yucat&#x00E1;n en 1833. Inaugur&#x00F3; una nueva ruta de entrada a M&#x00E9;xico en cuanto a microbios se refiere pues no lleg&#x00F3; directamente desde Europa ni desembarc&#x00F3; en Veracruz, sino que procedente de Nueva Orleans descendi&#x00F3; en el puerto de Campeche, tambi&#x00E9;n entrando al pa&#x00ED;s a pie, por la frontera norte<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>.</p>

			<p>Se trataba de una nueva patolog&#x00ED;a en M&#x00E9;xico. Los habitantes de Yucat&#x00E1;n, como los de Am&#x00E9;rica y Europa, ten&#x00ED;an breves noticias sobre sus efectos, desarrollo y desenlace. Tras la experiencia vivida en 1833, en 1853 la regi&#x00F3;n enfrent&#x00F3; un nuevo azote de la misma enfermedad, ahora esparcida por tropas federalistas disidentes e ind&#x00ED;genas sublevados de la Guerra de Castas<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref></p>

			<p>El contexto pol&#x00ED;tico y social en el que se vivieron estas dos epidemias fue particularmente convulso para Yucat&#x00E1;n. Tras la declaraci&#x00F3;n de Independencia, durante toda la primera mitad del siglo XIX, el estado vivi&#x00F3; conflictos sucesivos entre federalistas y centralistas, experiment&#x00F3; varios sistemas de gobierno, revis&#x00F3; sus relaciones con la Rep&#x00FA;blica, renov&#x00F3; su marco institucional, promulg&#x00F3; tres textos constitucionales (1825, 1841, 1850), sin solventar los problemas sociales que estallaron con la sublevaci&#x00F3;n ind&#x00ED;gena de 1847 que dur&#x00F3; varias d&#x00E9;cadas. Por otro lado, tambi&#x00E9;n hubo una paulatina secularizaci&#x00F3;n de distintos &#x00E1;mbitos de la sociedad, dejando atr&#x00E1;s el dominio de la Iglesia sobre muchos aspectos sociales, econ&#x00F3;micos y pol&#x00ED;ticos, entre ellos las explicaciones sobre las enfermedades y el manejo de las emergencias epid&#x00E9;micas.</p>

			<p>Quiz&#x00E1; por el v&#x00ED;nculo inestable con la federaci&#x00F3;n y el continuo enfrentamiento pol&#x00ED;tico entre facciones referido l&#x00ED;neas antes, los inicios de la profesionalizaci&#x00F3;n de la medicina en Yucat&#x00E1;n, con la fundaci&#x00F3;n de la Escuela de Medicina el 10 de junio de 1833, no se hicieron eco de la reforma en la educaci&#x00F3;n emprendida por el vicepresidente Valent&#x00ED;n G&#x00F3;mez Fr&#x00ED;as que llev&#x00F3; a la fundaci&#x00F3;n del Establecimiento de Ciencias M&#x00E9;dicas en octubre de 1833 (Rodr&#x00ED;guez de Romo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT75">2000</xref>, p. 219). En la educaci&#x00F3;n m&#x00E9;dica, se rompi&#x00F3; con moldes tradicionales tomando como referencia a la Escuela de Medicina de Par&#x00ED;s, cuyo modelo biol&#x00F3;gico lesional planteaba a la enfermedad como una alteraci&#x00F3;n funcional de los &#x00F3;rganos del cuerpo humano. En consecuencia, en el nuevo plan de estudios la anatom&#x00ED;a y fisiolog&#x00ED;a cobraron gran relevancia, y la cirug&#x00ED;a se uni&#x00F3; con la medicina para formar las «ciencias m&#x00E9;dicas» (Rodr&#x00ED;guez de Romo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT75">2000</xref>, pp. 217-217; Rodriguez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT73">2001</xref>, p. 18). Sin embargo, Yucat&#x00E1;n no tuvo que «romper» con antiguos modelos en la educaci&#x00F3;n m&#x00E9;dica, porque no hab&#x00ED;a tal antes de 1833, y los m&#x00E9;dicos que ejerc&#x00ED;an su profesi&#x00F3;n desde finales del siglo XVIII hab&#x00ED;an sido formados precisamente en la Escuela de Par&#x00ED;s. El primer programa de estudios en Yucat&#x00E1;n incluy&#x00F3; anatom&#x00ED;a, fisiolog&#x00ED;a, patolog&#x00ED;a y medicina operatoria, entre otras c&#x00E1;tedras, replicando las ideas m&#x00E9;dicas vigentes en Francia, pero conservando las c&#x00E1;tedras de Prima y V&#x00ED;speras que en otras partes se hab&#x00ED;an suprimido (Erosa Barbachano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">1997</xref>, p. 268). Tras su apertura, la Escuela de Medicina en el estado continu&#x00F3; con el mismo plan de estudios en medio de dos epidemias de c&#x00F3;lera (1833 y 1853), continuos enfrentamientos entre facciones pol&#x00ED;ticas y el estallido del conflicto armado conocido como la Guerra de Castas en 1847. No fue hasta 1869 que en Yucat&#x00E1;n se promulg&#x00F3; la ley de Instrucci&#x00F3;n P&#x00FA;blica del Estado y con ello se cre&#x00F3; la Escuela Especial de Medicina, Cirug&#x00ED;a y Farmacia, m&#x00E1;s acorde con la reforma emprendida d&#x00E9;cadas antes a nivel nacional (Erosa, <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">1997</xref>, p. 269).</p>

			<p>Este art&#x00ED;culo analiza los pilares que sostuvieron la pr&#x00E1;ctica terap&#x00E9;utica en Yucat&#x00E1;n para tratar a los enfermos de c&#x00F3;lera durante las epidemias registradas antes del descubrimiento de su etiolog&#x00ED;a bacteriana<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>. Se presiguen tres objetivos: 1) mostrar la compleja interrelaci&#x00F3;n entre ideas y pr&#x00E1;cticas m&#x00E9;dicas a partir del estudio de la terap&#x00E9;utica; 2) considerar la base l&#x00F3;gica de los tratamientos, y distinguir el papel de conocimiento y especies locales en el tratamiento de enfermedades; 3) revelar en qu&#x00E9; medida las ideas cient&#x00ED;ficas y m&#x00E9;dicas europeas incidieron en el proceso salud/enfermedad/atenci&#x00F3;n, en una provincia de M&#x00E9;xico con una fuerte tradici&#x00F3;n en medicina ind&#x00ED;gena.</p>

			<p>Se parte de una perspectiva de Historia Social que permite, a trav&#x00E9;s de un enfoque relacional, comprender la imbricaci&#x00F3;n, adaptaci&#x00F3;n y transformaci&#x00F3;n de distintos sectores de la sociedad, con sus propias pr&#x00E1;cticas e ideas relativas a la salud, pero vinculados coyunturalmente a trav&#x00E9;s de las epidemias de c&#x00F3;lera. De la antropolog&#x00ED;a m&#x00E9;dica se retoma la noci&#x00F3;n del proceso salud/enfermedad/atenci&#x00F3;n como un constructo hist&#x00F3;rico que se desarrolla y transforma en un espacio-tiempo determinado, profundamente vinculado con la vida de un colectivo, sus pr&#x00E1;cticas culturales y formas de percibir el mundo (Men&#x00E9;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT61">1981</xref>, pp. 12-13; Rosen, <xref ref-type="bibr" rid="CIT77">2005</xref>, p. 50). En este proceso, los colectivos sociales acuden a diferentes «modelos, saberes y formas de atenci&#x00F3;n y prevenci&#x00F3;n de los padecimientos» con distintas t&#x00E9;cnicas diagn&#x00F3;sticas y variados tipos de tratamiento y estrategias de curaci&#x00F3;n (Men&#x00E9;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT63">2009</xref>, p.25) Pero esta coexistencia es din&#x00E1;mica, pues al entrar en contacto y relacionarse se modifican constantemente mediante la s&#x00ED;ntesis de concepciones y pr&#x00E1;cticas derivadas de diferentes saberes (Men&#x00E9;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT62">1994</xref>, pp. 72, 74; Campos-Navarro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">1997</xref>, p. 69).</p>

			<p>Para desarrollar los objetivos propuestos, se acudi&#x00F3; a fuentes primarias como literatura m&#x00E9;dica de la &#x00E9;poca, folleter&#x00ED;a, hemerograf&#x00ED;a y manuscritos en archivos locales. Se privilegi&#x00F3; un tipo de selecci&#x00F3;n y lectura que no se restringiera a Yucat&#x00E1;n sino que permitiera ubicar al estado en contextos nacional e internacional, reconociendo distintos modelos y saberes, su difusi&#x00F3;n y concreci&#x00F3;n a nivel local.</p>
		</sec>	

		
		<sec id="S2">
			<title>LA MEDICINA FISIOL&#x00D3;GICA COMO ESQUELETO DE LA TERAP&#x00C9;UTICA</title>

			<p>Desde la temprana &#x00E9;poca colonial, a Yucat&#x00E1;n llegaron de Europa virus y bacterias lo mismo que ideas sobre el origen de las patolog&#x00ED;as, explicaciones sobre el funcionamiento de los &#x00F3;rganos del cuerpo y pr&#x00E1;cticas m&#x00E9;dicas para conservar la salud y combatir la enfermedad. Las muy antiguas teor&#x00ED;as humorales llegaron a Am&#x00E9;rica con los colonizadores espa&#x00F1;oles, y su aparente correspondencia con pr&#x00E1;cticas m&#x00E9;dicas de tradici&#x00F3;n ind&#x00ED;gena ha sido ampliamente discutida por distintos autores (Foster, <xref ref-type="bibr" rid="CIT48">1987</xref>; P&#x00E9;rez-Tamayo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT70">1988</xref>, t. 1, p. 144)<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>.</p>

			<p>Cuando el c&#x00F3;lera apareci&#x00F3; por primera vez en Europa, era tan ininteligible como lo fue la peste cinco siglos antes, y los recursos te&#x00F3;ricos y pr&#x00E1;cticos de los m&#x00E9;dicos eran los mismos que los de sus predecesores medievales (Rosenberg, <xref ref-type="bibr" rid="CIT78">1962</xref>, p. 226). Pero si bien el saber epidemiol&#x00F3;gico cambi&#x00F3; poco desde tiempos hipocr&#x00E1;ticos, a partir del Renacimiento —y m&#x00E1;s en la primera mitad del siglo XIX— los m&#x00E9;dicos adoptaron nuevas actitudes: pusieron mayor atenci&#x00F3;n en saber en qu&#x00E9; consiste el hecho de la enfermedad epid&#x00E9;mica y buscaron combatir y prevenir el morbo con recursos nuevos (La&#x00ED;n Entralgo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT54">1978</xref>, p. 314).</p>

			<p>Desde su primera aparici&#x00F3;n en Europa en 1832 y hasta antes del descubrimiento de su etiolog&#x00ED;a bacteriana, prevaleci&#x00F3; la noci&#x00F3;n de que el origen del c&#x00F3;lera (como de otras enfermedades epid&#x00E9;micas) se encontraba en un veneno o fermento transmitido por contacto directo con personas u objetos infectados, o a trav&#x00E9;s de la atm&#x00F3;sfera<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref>. Los primeros en formular el concepto de «miasmas» como portadores de enfermedades epid&#x00E9;micas fueron Hip&#x00F3;crates y Galeno, idea relacionada con una constituci&#x00F3;n epid&#x00E9;mica de la atm&#x00F3;sfera corrompida por el clima u otras influencias atmosf&#x00E9;ricas o astron&#x00F3;micas (Baldwin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2004</xref>, p. 2). Este paradigma constituy&#x00F3; el eje del conocimiento epidemiol&#x00F3;gico hasta ya entrado el siglo XIX.</p>

			<p>Los miasmas se defin&#x00ED;an como «las part&#x00ED;culas p&#x00FA;tridas surgidas del fondo de la tierra que entran en contacto con el aire», o un «efluvio maligno que exhalan algunos cuerpos enfermos y generalmente las aguas corrompidas o estancadas» (Diario General, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1832</xref>, p. 616). Se pensaba que al entrar en contacto con mucosas, poros o piel, o por ingesti&#x00F3;n directa o indirecta, los miasmas pod&#x00ED;an provocar un desbalance interno de humores y afectar a los &#x00F3;rganos del cuerpo humano. Estas ideas se sosten&#x00ED;an a partir de aprensiones emp&#x00ED;ricas sobre el v&#x00ED;nculo entre sitios f&#x00E9;tidos y epidemias; especialmente frente al c&#x00F3;lera que evidenciaba su asociaci&#x00F3;n con aguas contaminadas, basura y excretas humanas (Rivals, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1834</xref>, p. 11; Corbin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">1987</xref>, p. 29; Palmer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT68">2003</xref>, p. 24).</p>

			<p>En la prensa yucateca se tom&#x00F3; como ejemplo grandes urbes europeas como Par&#x00ED;s, donde calles enteras como la contaminada Rue de la Mortellerie se hab&#x00ED;an contagiado de c&#x00F3;lera en poco tiempo. Seg&#x00FA;n el semanario El Baluarte, la suciedad de aquellas calles no era comparable con la que hab&#x00ED;a en algunos rincones de la ciudad de M&#x00E9;rida, como en la calle Tiburcio que arrojaba incesantemente «miasmas mort&#x00ED;feros», de suerte que popularmente se le conoc&#x00ED;a como la calle «Tiburcio cloaca»<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref>. Tambi&#x00E9;n se pensaba que los cuerpos enfermos o muertos eran igualmente met&#x00ED;ficos; los primeros por sus desechos y emanaciones (eructos, borborigmos, ventosidades, v&#x00F3;mitos, diarreas, etc.), y los &#x00FA;ltimos por su olorosa descomposici&#x00F3;n org&#x00E1;nica (Corbin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">1987</xref>, pp. 10, 28). El clima tambi&#x00E9;n era considerado como otra fuente de emanaci&#x00F3;n de miasmas, especialmente donde hab&#x00ED;a calor, humedad, pantanos, orillas de ci&#x00E9;nagas o lagos<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref>.</p>

			<p>Para la prevenci&#x00F3;n, estas ideas fueron particularmente importantes porque a fin de evitar la extensi&#x00F3;n y voracidad de la epidemia, se busc&#x00F3; eliminar los focos de emanaci&#x00F3;n de miasmas mediante la higiene, y evitar su transmisi&#x00F3;n a trav&#x00E9;s del aislamiento o la purificaci&#x00F3;n del aire (Rosenberg, <xref ref-type="bibr" rid="CIT78">1962</xref>, pp. 72-73; Cipolla, <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">1993</xref>, pp. 18-19)<xref ref-type="fn" rid="NOTE09">9</xref>. Con este marco de ideas las autoridades enfrentaron en buena parte del siglo XIX epidemias como viruela, fiebre amarilla y c&#x00F3;lera<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref>.</p>

			<p>La teor&#x00ED;a miasm&#x00E1;tica convivi&#x00F3; muchos siglos con la teor&#x00ED;a humoral, pues la primera buscaba explicar la manera en que una enfermedad se transmit&#x00ED;a entre la poblaci&#x00F3;n, convirti&#x00E9;ndose en epid&#x00E9;mica, y la segunda en el da&#x00F1;o que causaba en el cuerpo el desequilibrio de humores.</p>

			<p>La teor&#x00ED;a humoral sobrevivi&#x00F3; por m&#x00E1;s de catorce siglos revestida bajo diferentes disfraces pero conservando su estructura l&#x00F3;gica. Const&#x00F3; de dos postulados b&#x00E1;sicos: a) el cuerpo humano est&#x00E1; formado por un n&#x00FA;mero variable pero finito de l&#x00ED;quidos o humores diferentes; b) la salud es el equilibrio de los humores, y la enfermedad es el predominio de algunos de ellos. Los principales humores eran sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra:</p>

						<p>cuando cierto humor disminuye su concentraci&#x00F3;n, los s&#x00ED;ntomas corresponden a la ausencia de algo como sensaci&#x00F3;n de vac&#x00ED;o, mareo, p&#x00E9;rdida de peso, etc.; el exceso o acumulaci&#x00F3;n de cualquiera de los humores provocaba dolor, congesti&#x00F3;n o irritaci&#x00F3;n. Esta teor&#x00ED;a, adem&#x00E1;s, postul&#x00F3; la existencia de un calor interno localizado en el ventr&#x00ED;culo izquierdo del coraz&#x00F3;n, necesario al cuerpo para derivar los cuatro humores de los alimentos, mantenerlos en movimiento y conservar el equilibrio entre ellos (P&#x00E9;rez-Tamayo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT70">1988</xref>, t. 1, pp. 95-13).</p>

			<p>El t&#x00E9;rmino con el que se design&#x00F3; al c&#x00F3;lera ten&#x00ED;a impl&#x00ED;cita la idea de la constituci&#x00F3;n humoral del cuerpo humano, compuesto por la locuci&#x00F3;n latina morbus que significaba enfermedad y la voz griega chole que refer&#x00ED;a bilis.</p>

			<p>La teor&#x00ED;a humoral convivi&#x00F3; con el desarrollo de la fisiolog&#x00ED;a, entendida a partir del siglo XVIII como «el estudio cient&#x00ED;fico de los movimientos y las funciones de los seres vivientes». El organismo se conceb&#x00ED;a como una composici&#x00F3;n de formas que integraban un «sistema m&#x00F3;vil», y el movimiento de cada una de sus partes como un desplazamiento local. Por ello, la anatom&#x00ED;a era una disciplina previa y distinta a la fisiolog&#x00ED;a; era el estudio de las formas del organismo. La forma configuraba la funci&#x00F3;n, y la funci&#x00F3;n era el desplazamiento de la forma en el espacio; la fisiolog&#x00ED;a se explicaba como una suerte de «anatom&#x00ED;a impulsada» (La&#x00ED;n Entralgo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT54">1978</xref>, pp. 275-276).</p>

			<p>En este marco de ideas, la enfermedad se entend&#x00ED;a como un «desorden morboso del mecanismo que parece ser el cuerpo humano»; desorden de movimientos. Esa fue la definici&#x00F3;n de la patolog&#x00ED;a llamada «iatromec&#x00E1;nica»; para la cual la enfermedad era una disposici&#x00F3;n an&#x00F3;mala de las fibras del organismo y de las relaciones mec&#x00E1;nicas de &#x00E9;stas con los fluidos org&#x00E1;nicos. As&#x00ED;, el m&#x00E9;todo anatomocl&#x00ED;nico adquiri&#x00F3; relevancia, ya que la lesi&#x00F3;n anat&#x00F3;mica se convirti&#x00F3; en la clave para un diagn&#x00F3;stico y el fundamento de toda la patolog&#x00ED;a (La&#x00ED;n Entralgo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT54">1978</xref>, pp. 286, 320-322).</p>

			<p>La&#x00ED;n Entralgo (1978, p. 334) postula que mientras la iatromec&#x00E1;nica fue un fen&#x00F3;meno de mayor difusi&#x00F3;n en los pa&#x00ED;ses cat&#x00F3;licos de Europa, la iatroqu&#x00ED;mica se desarroll&#x00F3; en los pa&#x00ED;ses protestantes. Sin embargo, para la primera mitad del siglo XIX la fisiolog&#x00ED;a a nivel general registr&#x00F3; una s&#x00ED;ntesis de ambos paradigmas, mezclada con importantes novedades emp&#x00ED;ricas de la anatomopatolog&#x00ED;a (La&#x00ED;n Entralgo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT54">1978</xref>, pp. 325, 337).</p>

			<p>La iatroqu&#x00ED;mica surgi&#x00F3; a partir de la introducci&#x00F3;n en la medicina de nociones qu&#x00ED;mico cualitativas. Los primeros iatroqu&#x00ED;micos fueron anatomistas y anatomopat&#x00F3;logos defensores de la circulaci&#x00F3;n sangu&#x00ED;nea. Sus nociones sobre la estructura y din&#x00E1;mica de la materia viva se urdieron con las ideas de Paracelso sobre la fermentaci&#x00F3;n y lo vol&#x00E1;til. La fisiolog&#x00ED;a iatroqu&#x00ED;mica tom&#x00F3; la fermentatio como una interpretaci&#x00F3;n qu&#x00ED;mica de los procesos digestivos y la circulaci&#x00F3;n de la sangre, convierti&#x00E9;ndola en un concepto clave para entender las formas biol&#x00F3;gicas sustanciales. De esta manera, se explic&#x00F3; que la digesti&#x00F3;n es una actividad fisiol&#x00F3;gica fermentativa y, por tanto, qu&#x00ED;mica, teniendo como agentes principales a la saliva, la bilis y el jugo pancre&#x00E1;tico (La&#x00ED;n Entralgo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT54">1978</xref>, p. 332).</p>

			<p>En el siglo XIX la fisiolog&#x00ED;a alcanz&#x00F3; su «mayor&#x00ED;a de edad», convirti&#x00E9;ndose en la segunda «ciencia b&#x00E1;sica» de la medicina, precedida s&#x00F3;lo por la anatom&#x00ED;a. Entre 1800 y 1850 la fisiolog&#x00ED;a francesa fue vitalista; es decir, estableci&#x00F3; la diferencia entre lo viviente y lo no viviente sobre la hip&#x00F3;tesis de la existencia de un principio vital, entendido como una fuerza espec&#x00ED;fica (qu&#x00ED;mica o mec&#x00E1;nica) activa en los seres vivos y superior a las fuerzas de la naturaleza. Se postul&#x00F3; que esta fuerza vital era com&#x00FA;n a todos los seres vivos, y as&#x00ED; la patolog&#x00ED;a vitalista francesa explicaba que el movimiento del cuerpo y sus partes –regido por una fuerza interna— se ve&#x00ED;a amenazado por fuerzas externas (como miasmas). Francia fortaleci&#x00F3; estas hip&#x00F3;tesis en la primera mitad del siglo XIX y as&#x00ED; las ense&#x00F1;&#x00F3; al mundo (La&#x00ED;n Entralgo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT54">1978</xref>, pp. 345, 351, 438, 439, 442, 466).</p>

			<p>En este marco, el m&#x00E9;dico franc&#x00E9;s Joseph Victor Broussais propuso una «medicina fisiol&#x00F3;gica» basada en el concepto de «irritaci&#x00F3;n». A partir de la afirmaci&#x00F3;n anatomopatol&#x00F3;gica de que en casi todos los cad&#x00E1;veres era posible hallar lesiones de gastroenteritis, plante&#x00F3; la existencia de una irritaci&#x00F3;n anormal del tubo digestivo provocada por causas externas (agua, fr&#x00ED;o, calor, fuego, etc.), causando una abundancia extraordinaria de sangre (hiperemia), gastroenteritis primaria y un consecuente da&#x00F1;o generalizado por simpat&#x00ED;a en otras partes del organismo. Desde esta perspectiva, la patolog&#x00ED;a no era extra&#x00F1;a al funcionamiento del ser vivo, pues los s&#x00ED;ntomas eran «el grito de dolor de los &#x00F3;rganos sufrientes» (Arquiola, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1992</xref>, pp. 203-206). Al reducir todas las enfermedades a un proceso de irritaci&#x00F3;n, particularmente de la mucosa gastrointestinal, Broussais propuso una pr&#x00E1;ctica terap&#x00E9;utica contundente para casi todos los padecimientos, incluyendo al c&#x00F3;lera (Broussais, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1832</xref>). Su tratamiento se basaba en un r&#x00E9;gimen antiflog&#x00ED;stico a partir de debilitantes, principalmente la flebotom&#x00ED;a (Rolleston, <xref ref-type="bibr" rid="CIT76">1939</xref>, p. 411). Algunos historiadores consideran que, en toda la historia de la terap&#x00E9;utica, no existe un cap&#x00ED;tulo m&#x00E1;s grotesco que el del tratamiento del c&#x00F3;lera: al v&#x00F3;mito persistente se administraban vomitivos, se exacerbaba la diarrea con purgantes y se practicaban sangr&#x00ED;as a pacientes debilitados que necesitaban sangre (Howard-Jones, <xref ref-type="bibr" rid="CIT51">1972</xref>, p. 373; Kiple, <xref ref-type="bibr" rid="CIT52">1985</xref>, p. 173).</p>

			<p>Este esquema fue de gran &#x00E9;xito en la medicina europea hacia 1830 (La&#x00ED;n Entralgo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT54">1978</xref>, p. 467); pero tambi&#x00E9;n se difundi&#x00F3; por Am&#x00E9;rica entre 1820 y 1840, y su impacto fue sustancial en las terap&#x00E9;uticas empleadas para tratar a los enfermos de c&#x00F3;lera durante casi todo el siglo XIX (Miqueo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT64">1987</xref>, p. 176).</p>

			<p>Las hip&#x00F3;tesis y pr&#x00E1;cticas m&#x00E9;dicas desarrolladas en Francia llegaron a Yucat&#x00E1;n por medio de m&#x00E9;dicos que se formaron ah&#x00ED; y llegaron a ejercer en el estado desde los primeros a&#x00F1;os del siglo XIX, formando nuevas generaciones de facultativos e influyendo de formas decisivas en las nuevas pol&#x00ED;ticas de salud p&#x00FA;blica gestadas al amparo de los gobiernos liberales. Destaca el Dr. Alejo Dancourt, originario de Francia y titulado en Medicina por la Escuela de Par&#x00ED;s, que lleg&#x00F3; a M&#x00E9;rida en 1802; dos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s fue designado «conservador» de la vacuna antivariolosa de la reci&#x00E9;n fundada Junta Provincial de Vacunaci&#x00F3;n y m&#x00E1;s tarde fungi&#x00F3; como rector de la Universidad (Erosa, <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">1997</xref>, pp. 22-23). En 1832 fue nombrado, junto con otros m&#x00E9;dicos, miembro de la Comisi&#x00F3;n Permanente de la Junta de Sanidad del Estado, que un a&#x00F1;o despu&#x00E9;s ser&#x00ED;a la entidad responsable por dirigir la pol&#x00ED;tica de salud p&#x00FA;blica para enfrentar la pandemia del c&#x00F3;lera<xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref>. Sobresale tambi&#x00E9;n el Dr. Ignacio Vado Lugo, originario de Guatemala, quien despu&#x00E9;s de haberse graduado tambi&#x00E9;n en Par&#x00ED;s lleg&#x00F3; a Yucat&#x00E1;n en 1833 donde pronto se involucr&#x00F3; en las tareas de prevenci&#x00F3;n contra el c&#x00F3;lera y luego en la atenci&#x00F3;n a enfermos; paralelamente particip&#x00F3; como director de la reci&#x00E9;n fundada escuela de medicina<xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref>. En 1853, despu&#x00E9;s de haber redactado un m&#x00E9;todo curativo contra el c&#x00F3;lera morbus, falleci&#x00F3; de esta enfermedad (Osorio y Carvajal, <xref ref-type="bibr" rid="CIT67">1977</xref>, p. 285).</p>

			<p>En efecto, cuando se vivi&#x00F3; la primera epidemia de c&#x00F3;lera en el estado, muchos de los facultativos que ten&#x00ED;an permiso oficial para ejercer la profesi&#x00F3;n m&#x00E9;dica se hab&#x00ED;an formado en Europa, cuando m&#x00E1;s auge ten&#x00ED;a la propuesta de la Medicina Fisiol&#x00F3;gica del Dr. F.J.V. Broussais. Consecuentemente, los m&#x00E9;dicos en Yucat&#x00E1;n siguieron dos tipos generales de tratamiento: revulsivos y antiflog&#x00ED;sticos. Ambos buscaban reestablecer la proporci&#x00F3;n de los humores y revertir los efectos da&#x00F1;inos de este supuesto desequilibrio en &#x00F3;rganos espec&#x00ED;ficos, como la irritaci&#x00F3;n. Dentro de los tratamientos revulsivos, se cuentan vomitivos, lavativas y purgantes; en teor&#x00ED;a estos procedimientos ten&#x00ED;an la cualidad de eliminar los humores que se encontraban en exceso<xref ref-type="fn" rid="NOTE13">13</xref>.</p>

			<p>Las terapias antiflog&#x00ED;sticas buscaban disminuir la irritaci&#x00F3;n patol&#x00F3;gica. Su principal t&#x00E9;cnica era la flebotom&#x00ED;a, bas&#x00E1;ndose en la idea de que la circulaci&#x00F3;n normal de la sangre manten&#x00ED;a la digesti&#x00F3;n activa y las evacuaciones normales, en tanto que una variaci&#x00F3;n (provocada por una alteraci&#x00F3;n de los humores) ten&#x00ED;a el efecto de irritar el est&#x00F3;mago, provocando espasmos y da&#x00F1;ando al resto de los &#x00F3;rganos internos (P&#x00E9;rez-Tamayo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT70">1988</xref>, t.2, p. 20; Buzzi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1968</xref>, p. 159). El de barberos/sangradores o flebotomistas era un oficio caracter&#x00ED;stico de la pr&#x00E1;ctica emp&#x00ED;rica de la medicina desde siglos anteriores, y trabajaban como artesanos que entre otras cosas sacaban muelas, pon&#x00ED;an ventosas y realizaban sangr&#x00ED;as (Amezcua, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1997</xref>, pp. 31-36; Ortiz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT66">2004</xref>, pp. 35-38; Exp&#x00F3;sito, <xref ref-type="bibr" rid="CIT47">2011</xref>, pp. 32-38).</p>

			<p>Durante las dos epidemias de c&#x00F3;lera, en 1833 y 1853, el gobierno yucateco a trav&#x00E9;s de la Junta General de Sanidad contrat&#x00F3; «sangradores» o «barberos inteligentes» que se encargaran de aplicar ventosas y sangrar a los enfermos. Esta Junta ten&#x00ED;a una n&#x00F3;mina vigente de flebot&#x00F3;manos, de donde se eligieron los que se consideraban «m&#x00E1;s diestros» para realizar curaciones<xref ref-type="fn" rid="NOTE14">14</xref>. El 14 de julio de 1833, el cabildo de M&#x00E9;rida convino el reclutamiento sangradores de los cuales nombr&#x00F3; uno para el servicio de cada hospital provisional (cuatro en total) y otros tantos que atendieran el centro, turn&#x00E1;ndose semanalmente por grupos de cuatro. Se les autoriz&#x00F3; un pago mensual de 10 pesos y su principal obligaci&#x00F3;n era aplicar sangr&#x00ED;as a los enfermos de c&#x00F3;lera<xref ref-type="fn" rid="NOTE15">15</xref>. En caso de que tuvieran que salir durante su turno, deb&#x00ED;an fijar carteles en las puertas de sus casas, a fin de que se les ubicara en todo momento<xref ref-type="fn" rid="NOTE16">16</xref>. La manera espec&#x00ED;fica en que deb&#x00ED;an realizar las curaciones era indicada por los facultativos autorizados por la Junta General de Sanidad; para la epidemia de 1853, por ejemplo, el Dr. Ignacio Vado indic&#x00F3; sangr&#x00ED;as de 12 onzas para cuerpos robustos (Vado, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1853</xref>).</p>

			<p>En el siglo XIX la flebotom&#x00ED;a se hac&#x00ED;a empleando b&#x00E1;sicamente tres t&#x00E9;cnicas: incisiones en venas o arterias, aplicaci&#x00F3;n de sanguijuelas y ventosas. Las sangr&#x00ED;as realizadas quir&#x00FA;rgicamente, hac&#x00ED;an incisiones en dos venas: la yugular derecha para enfermedades consideradas «internas», y la izquierda para las «externas». Dependiendo del &#x00F3;rgano que se quisiera curar, los cortes se realizaban en cabeza, cara y cuello; extremidades superiores y vientre; o extremidades inferiores (Fern&#x00E1;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1794</xref>, pp. 141-143). Espec&#x00ED;ficamente para el c&#x00F3;lera, los cortes eran en el brazo<xref ref-type="fn" rid="NOTE17">17</xref>.</p>

			<p>Las ventosas se consideraban un m&#x00E9;todo menos agresivo que las escarificaciones en venas. A su favor se afirmaba que «no son peligrosas y su efecto es pront&#x00ED;simo», por lo que se practicaban cuando las sangr&#x00ED;as se contraindicaban por la debilidad extrema del paciente. Se sosten&#x00ED;a que su efecto curativo se deb&#x00ED;a a que «extraen una parte de la superabundante sangre y la atraen a la parte que se desea». El procedimiento finalizaba con una peque&#x00F1;a incisi&#x00F3;n para extraer el humor acumulado. Se pod&#x00ED;a aplicar en cualquier parte del cuerpo, dependiendo del sitio que se quisiera sanar (Fern&#x00E1;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1794</xref>, pp. 148-155).</p>

			<p>Otra forma de extraer sangre del cuerpo era mediante la aplicaci&#x00F3;n de sanguijuelas<xref ref-type="fn" rid="NOTE18">18</xref>. Este hectopar&#x00E1;sito, como hu&#x00E9;sped, se alimenta de la sangre de otro animal al que se adhiere mediante una ventosa y, mientras succiona su sangre, segrega anticoagulantes, vasodilatadores y anest&#x00E9;sicos (Vera, Blu y Torres, <xref ref-type="bibr" rid="CIT81">2005</xref>). Las sanguijuelas de uso medicinal deb&#x00ED;an reunir ciertas caracter&#x00ED;sticas para evitar aquellas ponzo&#x00F1;osas, como que se hubieran criado en agua dulce y corriente; que fueran delgadas y largas, de cabeza peque&#x00F1;a, color del dorso verde con rayas amarillas y el vientre encarnado; de esas se seleccionaban las m&#x00E1;s peque&#x00F1;as. No obstante, se entend&#x00ED;a que «a&#x00FA;n estas tienen siempre algo de veneno», por lo que deb&#x00ED;an tenerse en un frasco de vidrio desde dos o tres meses antes de ser aplicadas, cambi&#x00E1;ndoles constantemente el agua para que de esa forma quedaran «purificadas». Unas horas antes de usarse se sacaban del agua para que, hambrientas, se adhirieran al cuerpo con m&#x00E1;s fuerza (Fern&#x00E1;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1794</xref>, pp. 162-163).</p>

			<p>El empleo de sanguijuelas fue muy extendido en la medicina pre-pasteuriana, especialmente en la primera mitad del siglo XIX con el auge de la «medicina fisiol&#x00F3;gica». En consecuencia, las poblaciones naturales de sanguijuelas se vieron fuertemente mermadas, particularmente en Inglaterra y Francia. Para satisfacer la demanda creciente, se exportaron grandes cantidades de sanguijuelas de un pa&#x00ED;s a otro, tanto que en 1823 Inglaterra dict&#x00F3; normas para controlar su tr&#x00E1;fico; Rusia, por su parte, estableci&#x00F3; temporadas de colectas para evitar su extinci&#x00F3;n (Buzzi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1968</xref>, p. 159). En M&#x00E9;xico las sanguijuelas tambi&#x00E9;n fueron muy utilizadas en el siglo XIX<xref ref-type="fn" rid="NOTE19">19</xref>. En los escritos m&#x00E9;dicos mexicanos de esta &#x00E9;poca se registran especies procedentes del Valle de M&#x00E9;xico, Quer&#x00E9;taro, Tehuac&#x00E1;n y del pueblo de Ixmiquilpan (Jim&#x00E9;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1856</xref>, pp. 483-485). Para su recolecci&#x00F3;n, los indios se introduc&#x00ED;an semidesnudos hasta los muslos en acequias y canales e iban recogiendo todas las que se les pegaban al cuerpo, y se transportaban en recipientes de barro cubiertos con lodo y yerbas (Ramos de Viesca, <italic>et al.</italic>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT71">2002</xref>, p. 57). Su uso en caso de c&#x00F3;lera fue muy recomendado en el pa&#x00ED;s, seg&#x00FA;n los diversos m&#x00E9;todos curativos de distintos lugares como Ciudad de M&#x00E9;xico, Michoac&#x00E1;n, Tlaxcala, San Luis Potos&#x00ED; y Yucat&#x00E1;n (Febles, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1833</xref>, p. 7; Zavala, <xref ref-type="bibr" rid="CIT82">2007</xref>, p. 54; Alcal&#x00E1;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2008</xref>, p. 164; Netzahualcoyotzin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT65">2011</xref>, p. 68). Se entend&#x00ED;a que estos gusanos, al extraer sangre, ten&#x00ED;an efectos desinflamatorios en el est&#x00F3;mago, pero tambi&#x00E9;n se empleaban en las sienes para disminuir el dolor de cabeza que acompa&#x00F1;aba al c&#x00F3;lera y evitar una posible «congesti&#x00F3;n cerebral» (Can&#x00FA;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1848</xref>, p. 8). Existen referencias de que, en efecto, la aplicaci&#x00F3;n de sanguijuelas fue especialmente recurrida para la epidemia de c&#x00F3;lera de 1850 en el Valle Central (Jim&#x00E9;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1856</xref>, p. 487).</p>
		</sec>	

		
		<sec id="S3">
			<title>M&#x00C9;TODOS CURATIVOS Y PR&#x00C1;CTICA M&#x00C9;DICA</title>

			<p>La terap&#x00E9;utica para el c&#x00F3;lera incluy&#x00F3; diversas sustancias qu&#x00ED;micas, minerales o bot&#x00E1;nicas que se administraban en formas variables seg&#x00FA;n las fases identificadas de la enfermedad. Cada facultativo recomendaba o segu&#x00ED;a alguna receta o m&#x00E9;todo en particular, pero todos buscaban los mismos efectos: purgar al cuerpo del exceso de humores, restablecer la circulaci&#x00F3;n regular de la sangre, tranquilizar al sistema nervioso cerebral, excitar a sistema nervioso ganglionario, disminuir la irritaci&#x00F3;n de los &#x00F3;rganos internos y rehabilitar su buen funcionamiento. Las diferencias entre m&#x00E9;todos estribaban en la manera y cantidades para mezclar sustancias parecidas, org&#x00E1;nicas y/o inorg&#x00E1;nicas. Los procedimientos terap&#x00E9;uticos indicados en todos los m&#x00E9;todos curativos impresos (<xref ref-type="table" rid="T1">Tabla 1</xref>) que circularon en el estado incluyeron la administraci&#x00F3;n de sustancias de la mano de otras t&#x00E9;cnicas como sangr&#x00ED;as, masajes y «friegas» o «frotaciones», ba&#x00F1;os de vapor, etc.</p>
			
			
					<fig id="T1">
						<label>Tabla 1</label>
						<caption>
							<title>Impresos que circularon en Yucat&#x00E1;n y Campeche sobre el c&#x00F3;lera, 1832-1853</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T1.jpg"/>
					</fig>
						

			<p>Desde 1832 el gobierno de Yucat&#x00E1;n decret&#x00F3; la «libertad» de adoptar el m&#x00E9;todo que se creyera m&#x00E1;s conveniente<xref ref-type="fn" rid="NOTE20">20</xref>. En los pueblos los religiosos asist&#x00ED;an a los enfermos administr&#x00E1;ndoles remedios terap&#x00E9;uticos, lo mismo que auxilios espirituales. Con seguridad localmente se acud&#x00ED;a tambi&#x00E9;n a lo que hoy se conoce como «m&#x00E9;dicos tradicionales», pero al actuar independientemente de la estructura (m&#x00E1;s o menos) formal de sanidad, sus procedimientos no quedaron registrados en papel<xref ref-type="fn" rid="NOTE21">21</xref>. En contraste, subsisten en el Archivo General del Estado de Yucat&#x00E1;n informes de p&#x00E1;rrocos detallando c&#x00F3;mo en 1833 atendieron a los enfermos de c&#x00F3;lera en sus respectivas jurisdicciones (<xref ref-type="table" rid="T2">Tabla 2</xref>). Por disposici&#x00F3;n oficial, las juntas de sanidad locales quedaron obligadas de enviar al gobierno esta informaci&#x00F3;n y otros asuntos relacionados con la epidemia, como n&#x00FA;meros de contagiados y muertos y medidas de prevenci&#x00F3;n implementadas.</p>
			
			
					<fig id="T2">
						<label>Tabla 2</label>
						<caption>
							<title>Remedios utilizados contra el c&#x00F3;lera por distintos curas de pueblos de Yucat&#x00E1;n (1833)</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T2.jpg"/>
						<p>Fuente: AGEY, Poder Ejecutivo, Correspondencia Oficial, Vol. 3, exp. 15</p>
					</fig>
						

			<p>La Junta de Sanidad del pueblo de Xul, por ejemplo, dirigi&#x00F3; un escrito a la Junta General de Sanidad, incluyendo cifras de enfermos y &#x00F3;bitos as&#x00ED; como «el m&#x00E9;todo curativo con el que el p&#x00E1;rroco administra a los enfermos con medicinas, alimentos y cuanto necesitan para el socorro de sus enfermedades». En esta localidad, como en muchas otras, era el cura quien aplicaba «los remedios tanto de yerbas conocidas como medicinales como los de botica»<xref ref-type="fn" rid="NOTE22">22</xref>. Por ello, a las cabeceras parroquiales (residencia de los religiosos) acud&#x00ED;a gente de pueblos anexos y haciendas en busca de ayuda. As&#x00ED; fue que en Tizim&#x00ED;n se socorri&#x00F3; a personas de Kikil, Espita y la Hacienda Culucmul, las cuales recibieron del p&#x00E1;rroco local «instrucciones» sobre c&#x00F3;mo asistir a sus enfermos<xref ref-type="fn" rid="NOTE23">23</xref>.</p>

			<p>A falta de p&#x00E1;rrocos, en algunos pueblos se nombraron «comisionados practicantes» que deb&#x00ED;an visitar localidades para instruir a sus habitantes sobre m&#x00E9;todos curativos. No en todos los lugares fueron bien recibidos: las autoridades locales de Teabo informaron que en Chumayel se registraron algunos «des&#x00F3;rdenes» entre los ind&#x00ED;genas, como negarse a dar la dieta recomendada por los comisionados practicantes, rechazar la aplicaci&#x00F3;n de cualquier medicina e, incluso, «en las m&#x00E1;s de las casas de estos [ind&#x00ED;genas] les agarraban a garrotes [a los comisionados] para corretearlos»<xref ref-type="fn" rid="NOTE24">24</xref>.</p>

			<p>En la informaci&#x00F3;n proporcionada por los curas, destaca el uso medicinal de especies locales que todav&#x00ED;a hoy son empleadas en padecimientos estomacales, como hojas de naranja agria, kantunbub (o sanguinaria), pozol (o agua de ma&#x00ED;z), epazote, chile habanero y hierbabuena.</p>

			<p>La publicaci&#x00F3;n de m&#x00E9;todos profil&#x00E1;cticos y curativos constituy&#x00F3; una forma de prevenci&#x00F3;n contra la amenaza que representaba la epidemia. Desde 1833, el gobierno de Yucat&#x00E1;n dispuso que se publicaran en la prensa local algunos de los m&#x00E9;todos curativos cuya «efectividad» fuera conocida. Si bien entre 1832 y 1833 fueron gran cantidad los que se difundieron en Europa y Estados Unidos, algunos en M&#x00E9;xico, la &#x00FA;nica informaci&#x00F3;n sobre la terap&#x00E9;utica contra el c&#x00F3;lera que se emple&#x00F3; en Yucat&#x00E1;n durante la primera epidemia de c&#x00F3;lera procede de la correspondencia oficial entre los ayuntamientos y el gobierno del estado. Una d&#x00E9;cada despu&#x00E9;s comenzaron a circular en la prensa local traducciones de m&#x00E9;todos curativos originalmente escritos en otros idiomas.</p>

			<p>A un a&#x00F1;o de haberse declarado en Yucat&#x00E1;n la hoy llamada Guerra de Castas, el intelectual e impresor yucateco Joaqu&#x00ED;n Castillo Peraza tradujo al espa&#x00F1;ol y public&#x00F3; en su imprenta el m&#x00E9;todo contra el c&#x00F3;lera del Dr. Can&#x00FA; (<xref ref-type="table" rid="T3">Tabla 3</xref>). Se tem&#x00ED;a que el conflicto trajera consigo una nueva epidemia de aquella «enfermedad aterradora y temible». Esta difusi&#x00F3;n de iniciativa privada buscaba contribuir a que, en caso de emergencia, los enfermos fuesen atendidos de manera inmediata salvando la gran carencia de facultativos. El m&#x00E9;todo del Dr. Can&#x00FA; circul&#x00F3; originalmente en la prensa de Londres y luego fue traducido y replicado en otros lugares como Espa&#x00F1;a y Estados Unidos<xref ref-type="fn" rid="NOTE25">25</xref>.</p>
			
			
					<fig id="T3">
						<label>Tabla 3</label>
						<caption>
							<title>Remedios preservativos y curativos contra el c&#x00F3;lera morbus del Dr. Can&#x00FA; (1847)</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T3.jpg"/>
						<p>Fuente: Can&#x00FA;, Remedios preservativos y curativos, 1849</p>
					</fig>
						

			<p>Un a&#x00F1;o despu&#x00E9;s el peri&#x00F3;dico liberal campechano El F&#x00E9;nix public&#x00F3; en uno de sus n&#x00FA;meros una nota titulada Disminuci&#x00F3;n de los estragos del c&#x00F3;lera morbus en la que se incluyen consejos terap&#x00E9;uticos, adem&#x00E1;s de explicaciones sobre el c&#x00F3;lera, su marcha mundial y m&#x00E9;todos preventivos (<xref ref-type="table" rid="T4">Tabla 4</xref>). El autor reconoce haber tomado informaci&#x00F3;n de varios peri&#x00F3;dicos de Londres, San Petesburgo, Hamburgo, &#x00C1;msterdam y Par&#x00ED;s.</p>
			
			
					<fig id="T4">
						<label>Tabla 4</label>
						<caption>
							<title>Remedios indicados en Disminuci&#x00F3;n de los estragos del c&#x00F3;lera morbo (1848)</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T4.jpg"/>
						<p>Fuente: “Disminuci&#x00F3;n de los estragos del c&#x00F3;lera morbus”, en: El F&#x00E9;nix, Peri&#x00F3;dico pol&#x00ED;tico y mercantil, Campeche, viernes 15 de diciembre de 1848, no. 10</p>
					</fig>
						

			<p>En 1849 la amenaza de una nueva epidemia en Yucat&#x00E1;n cobraba m&#x00E1;s fuerza; mientras que en el estado se viv&#x00ED;a un serio conflicto b&#x00E9;lico, corr&#x00ED;an infaustas noticias del asolador paso del c&#x00F3;lera por La Habana y Nueva York. En ese contexto, en la prensa campechana se public&#x00F3; la traducci&#x00F3;n de un texto del Dr. Foy sobre el c&#x00F3;lera morbus, originalmente redactado para el peri&#x00F3;dico liberal de M&#x00E9;xico El Siglo XIX (Foy, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1849</xref>).</p>

			<p>Este texto contiene «consejos» dirigidos a la «gente com&#x00FA;n» para que, sin un facultativo especializado (<xref ref-type="table" rid="T5">Tabla 5</xref>), se enfrentara al c&#x00F3;lera en caso de una nueva epidemia. El Dr. Foy era un prominente f&#x00ED;sico de Varsovia que atestigu&#x00F3; en dos ocasiones los estragos de la epidemia:</p>

						<p>en 1831 en su natal Polonia y en 1832 en Francia. Adopt&#x00F3; una postura fervientemente anticontagionista; fue incluso de aquellos que para rebatir la posibilidad de que la epidemia fuera contagiosa, se inyect&#x00F3; sangre de personas infectadas (Bourdelais, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2006</xref>, p. 54).</p>
						
						
					<fig id="T5">
						<label>Tabla 5</label>
						<caption>
							<title>Remedios indicados en El c&#x00F3;lera-morbus del Dr. Foy (1849)</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T5.jpg"/>
						<p>Fuente: Foy, “El c&#x00F3;lera-morbus”, en: <italic>El F&#x00E9;nix, Peri&#x00F3;dico mercantil y pol&#x00ED;tico</italic>, Campeche, 5 de septiembre de 1849, No. 62 al 66.</p>
					</fig>
						

			<p>El &#x00FA;nico m&#x00E9;todo curativo escrito en Yucat&#x00E1;n fue el del Dr. Ignacio Vado Lugo, quien –como ya se dijo— estuvo involucrado en las tareas de prevenci&#x00F3;n y atenci&#x00F3;n a los enfermos de c&#x00F3;lera desde la primera epidemia de 1833. Reci&#x00E9;n llegado a Yucat&#x00E1;n fue el facultativo responsable del hospital provisional del cuartel de Santa Ana y meses despu&#x00E9;s fue nombrado director de la nueva Escuela de Medicina de la Universidad de Yucat&#x00E1;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE26">26</xref>. En 1832 fue testigo presencial de la invasi&#x00F3;n del c&#x00F3;lera en Par&#x00ED;s, donde se encontraba terminando sus estudios de medicina.</p>

			<p>Despu&#x00E9;s de redactar en 1850 su Higiene y moral razonadas, y frente a la inminencia de una nueva epidemia de c&#x00F3;lera, la Junta Suprema de Sanidad del Estado le encarg&#x00F3; un breve ensayo que orientara «al p&#x00FA;blico» respecto a la manera de atender a los enfermos sin la necesidad de especialistas. Su escrito, titulado M&#x00E9;todo curativo contra el c&#x00F3;lera morbo, sin necesidad de m&#x00E9;dicos ni botica se divide en dos partes: en la primera se abordan estrategias de prevenci&#x00F3;n y en la segunda procedimientos terap&#x00E9;uticos.</p>

			<p>En cuanto a la prevenci&#x00F3;n, las recomendaciones del Dr. Vado est&#x00E1;n a tono con las concepciones de la &#x00E9;poca sobre el cuerpo, la salud individual y colectiva, y la enfermedad:</p>

						<p>aseo individual y de espacios colectivos y/o p&#x00FA;blicos, cuidado del comportamiento y moral personales, alimentaci&#x00F3;n y vestidos adecuados.</p>

			<p>Si bien no niega el papel de los miasmas en la transmisi&#x00F3;n del c&#x00F3;lera, destaca su opini&#x00F3;n de que la mejor protecci&#x00F3;n era el total aislamiento. Detalla los s&#x00ED;ntomas caracter&#x00ED;sticos de la enfermedad para que la gente la identificara y actuara de manera inmediata, pues se consideraba que de ello depend&#x00ED;a la vida de los atacados.</p>

			<p>Para la preparaci&#x00F3;n de este m&#x00E9;todo, el Dr. Vado se vali&#x00F3; de lo que observ&#x00F3; en Francia durante la epidemia de c&#x00F3;lera en 1832, as&#x00ED; como tambi&#x00E9;n de los resultados obtenidos con la terap&#x00E9;utica que &#x00E9;l mismo aplic&#x00F3; durante la epidemia de 1833 en Yucat&#x00E1;n. Esta experiencia, sumada a su formaci&#x00F3;n como m&#x00E9;dico en Europa, le permiti&#x00F3; conjuntar en su escrito concepciones propias de la medicina humoral, m&#x00E9;todos fisiol&#x00F3;gicos y condiciones regionales espec&#x00ED;ficas a tomar en cuenta para la recuperaci&#x00F3;n. Cuando aborda la alimentaci&#x00F3;n, por ejemplo, previene sobre ciertas «frutas indigestas» como aguacate, mango o chico zapote, todas especies locales. Cuando en los m&#x00E9;todos escritos para el viejo continente se insiste en la importancia de conservar a los enfermos bien abrigados, el Dr. Vado indica que «en nuestro clima ardiente» la vestimenta deb&#x00ED;a ser ligera. En este mismo sentido expresa sus dudas sobre el uso de una franela en el vientre por temor a que «sea m&#x00E1;s perjudicial que provechoso en nuestro clima» (Vado, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1853</xref>).</p>
		</sec>	

		
		<sec id="S4">
			<title>LA HERBOLARIA Y LA QU&#x00CD;MICA AL SERVICIO DE LA MEDICINA</title>

			<p>En los m&#x00E9;todos escritos y/o circulados en Yucat&#x00E1;n se consigna que para combatir al c&#x00F3;lera se emplearon diversas sustancias qu&#x00ED;micas, minerales o hierbas. Se aplicaban casi siempre en combinaci&#x00F3;n con otras, diluidas en agua o alcohol, preparadas como medicamentos o en infusiones a base de distintos extractos. De hecho, en el siglo XIX la terap&#x00E9;utica estuvo estrechamente relacionada con los avances alcanzados en el ramo de la qu&#x00ED;mica que, desde el siglo anterior, estrech&#x00F3; sus conexiones con la medicina y la farmac&#x00E9;utica (Alegre y Gil, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1992</xref>, pp. 46-48). La carrera de medicina en Yucat&#x00E1;n incluy&#x00F3; como una de sus materias b&#x00E1;sicas la qu&#x00ED;mica, enfocada en parte a la terap&#x00E9;utica (<xref ref-type="table" rid="T6">Tabla 6</xref>). Sobre el abastecimiento de productos farmacoqu&#x00ED;micos en Yucat&#x00E1;n sabemos muy poco, pero es posible que muchos llegaran de Europa donde hab&#x00ED;a laboratorios con cient&#x00ED;ficos que trabajaban aislando sustancias activas (Alegre y Gil, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1992</xref>, p. 49-50). Otros, como el azufre, llegaron desde Florida, donde se descubri&#x00F3; el primer yacimiento en Am&#x00E9;rica y pronto comenz&#x00F3; a ser explotado con tecnolog&#x00ED;a novedosa, tras decaer los yacimientos de Sicilia, principal proveedor hasta el siglo XVIII.</p>
			
			
					<fig id="T6">
						<label>Tabla 6</label>
						<caption>
							<title>Sustancias qu&#x00ED;micas empleadas como tratamiento contra el c&#x00F3;lera en Yucat&#x00E1;n, 1833, 1853</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T6.jpg"/>
						<p>Fuente: AGEY, Poder Ejecutivo, Correspondencia Oficial, Vol. 3, exp. 15; Can&#x00FA;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1848</xref>; Descubrimientos contra el c&#x00F3;lera, 1848; Disminuci&#x00F3;n de los estragos, 1849; Foy, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1849</xref>; Quinn, 1850; Vado, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1853</xref>.</p>
					</fig>
						

			<p>Hoy sabemos que muchas de estas sustancias tienen propiedades toxicol&#x00F3;gicas y/o narc&#x00F3;ticas, y los efectos que producen bien podr&#x00ED;an haberse confundido con los del c&#x00F3;lera, como c&#x00F3;licos, v&#x00F3;mito y diarrea (Bartomeu y Nieto, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2006</xref>, p. 105). Entre los narc&#x00F3;ticos destaca la estricnina, sustancia altamente t&#x00F3;xica que en dosis cercanas a los 15 mg. puede provocar la muerte tan solo media hora despu&#x00E9;s de haberla ingerido. Como alcaloide, serv&#x00ED;a para tratar el dolor y los fuertes calambres que se manifiestan con el c&#x00F3;lera. Sus propiedades venenosas fueron reconocidas desde su descubrimiento a principios del siglo XIX, junto con otros alcaloides como brucina, morfina, emetina o keratina (S&#x00E1;nchez y Nieto, 2006, p. XVI). El Dr. Vado asegura haber utilizado estricnina desde 1833 (Vado, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1853</xref>).</p>

			<p>La quinina era otro alcaloide empleado para combatir el c&#x00F3;lera (Rivals, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1834</xref>, p. 61). Esta sustancia se obtiene de la corteza de la quina, &#x00E1;rbol nativo de los bosques andinos que por cerca de tres siglos fue el &#x00FA;nico remedio con el que se trataba la malaria. En el siglo XVIII circulaban entre Am&#x00E9;rica y Europa extractos y tinturas de corteza de quina, pero no fue hasta 1820 que la quinina fue aislada como principio activo y posteriormente comercializada como medicamento industrializado (Alegre y Gil, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1992</xref>, p. 61; Amurrio, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2003</xref>, p. 241). Contra el c&#x00F3;lera, se aconsejaba administrarse en la fase m&#x00E1;s cr&#x00ED;tica del desarrollo de la enfermedad<xref ref-type="fn" rid="NOTE27">27</xref>.</p>

			<p>Dentro del rubro de alcaloides se encuentran los derivados del opio, sustancia narc&#x00F3;tica muy empleada entonces por sus propiedades revulsivas y tranquilizantes. Si bien su principio m&#x00E1;s activo es la morfina, tambi&#x00E9;n incluye cantidades menores de code&#x00ED;na y narcotina. Desde el siglo XVIII se expend&#x00ED;an en boticas distintas preparaciones con opio con las denominaciones de l&#x00E1;udano o tintura teb&#x00E1;ica. La f&#x00F3;rmula m&#x00E1;s difundida de l&#x00E1;udano en el siglo XIX era la del doctor ingles Sydenham (siglo XVII), que consist&#x00ED;a en una tintura alcoh&#x00F3;lica de opio compuesta por vino blanco, azafr&#x00E1;n, clavo, canela y otras sustancias, adem&#x00E1;s de opio. Para tratar los c&#x00F3;licos caracter&#x00ED;sticos del c&#x00F3;lera, el Dr. Ignacio Vado indic&#x00F3; 10 gotas de l&#x00E1;udano diluidas en agua de arroz con un poco de almid&#x00F3;n; el empleo de esta sustancia era tan com&#x00FA;n, que de acuerdo con este facultativo «este tratamiento es el que ha tenido mejores resultados» y se pod&#x00ED;a administrar sin la presencia de un profesional experto en la «administraci&#x00F3;n de drogas» (Vado, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1853</xref>). Otros m&#x00E9;todos que tambi&#x00E9;n circularon en Yucat&#x00E1;n prescribieron esta sustancia para el tratamiento de c&#x00F3;licos en bebidas «ligeramente opiadas», con dos cucharadas de extracto de menta o aguardiente y cinco o seis gotas de l&#x00E1;udano. De esta sustancia se dice que formaba parte de los medicamentos que «regularmente se utilizan para toda enfermedad de las entra&#x00F1;as cuando se advierten los primeros s&#x00ED;ntomas»<xref ref-type="fn" rid="NOTE28">28</xref>. La tintura teb&#x00E1;ica tambi&#x00E9;n era un medicamento preparado a base de opio. A diferencia del l&#x00E1;udano, la tintura teb&#x00E1;ica es pr&#x00E1;cticamente la &#x00FA;nica preparaci&#x00F3;n referida por los curas de los pueblos de Yucat&#x00E1;n durante la epidemia de 1833.</p>

			<p>Asimismo, en las terapias revulsivas se suger&#x00ED;a el uso de ciertas sustancias «de tanto uso en la higiene de los ingleses»: «sales de Glauber» compuestas por sulfato de sodio, sustancia conocida por sus propiedades astringentes y aceleradoras del tr&#x00E1;nsito intestinal; «sales de Epsom» y «polvos de Sedlitz», ambos sulfato de magnesio, con efectos laxantes, relajantes de los m&#x00FA;sculos intestinales y desinflamatorios<xref ref-type="fn" rid="NOTE29">29</xref>.</p>

			<p>Adem&#x00E1;s de las sustancias referidas, para el tratamiento del c&#x00F3;lera se usaban tambi&#x00E9;n varias hierbas locales y for&#x00E1;neas que se administraban generalmente en infusiones, pero tambi&#x00E9;n mezcladas con harinas para cataplasmas y otras m&#x00E1;s como enemas (<xref ref-type="table" rid="T7">Tabla 7</xref>).</p>
			
			
					<fig id="T7">
						<label>Tabla 7</label>
						<caption>
							<title>Especies botánicas empleadas como tratamiento contra el cólera en Yucatán, 1833, 1853</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T7.jpg"/>
					</fig>
						

			<p>Algunas de estas especies bot&#x00E1;nicas se emplearon buscando efectos acordes con la misma l&#x00F3;gica de la medicina humoral: revulsivos para purgar al cuerpo del exceso de humores, antiflog&#x00ED;sticos para reducir la irritaci&#x00F3;n, antiespasm&#x00F3;dicos para relajar los m&#x00FA;sculos contra&#x00ED;dos y estimulantes para devolver al cuerpo la vitalidad perdida. Otras m&#x00E1;s sirvieron como base para ser combinadas con otras sustancias qu&#x00ED;micas y/o narc&#x00F3;ticas, como opio o cloroformo.</p>

			<p>Dentro de las que se usaban como revulsivas o cat&#x00E1;rticas destacan ruibarbo, ipecuana, mostaza, pimienta y aceite de palma. Ninguna es una especie local, sino que proven&#x00ED;an de Asia, &#x00C1;frica o Sudam&#x00E9;rica y hab&#x00ED;an sido incorporadas a la farmacopea desde tiempo atr&#x00E1;s. El ruibarbo, por ejemplo, es un poderoso purgante y estimulante de las funciones del est&#x00F3;mago e h&#x00ED;gado. Al igual que el clavo y la canela, se importaba desde China (Reyna, <xref ref-type="bibr" rid="CIT72">2009</xref>), y en Yucat&#x00E1;n era expendido en polvo por boticarios, emple&#x00E1;ndose como cat&#x00E1;rtico para tratar diversas enfermedades (Osorio y Carvajal, <xref ref-type="bibr" rid="CIT67">1977</xref>, p. 310). Originaria de Brasil, la ipecuana se utilizaba tambi&#x00E9;n como vomitivo. Fue introducida en la farmacopea europea desde el siglo XVII, y en el XIX M&#x00E9;xico recib&#x00ED;a este producto de La Habana. Las especies que se administraban como antiflog&#x00ED;sticos eran hierbas arom&#x00E1;ticas como menta, manzanilla, toronjil, hojas de naranjo, s&#x00E1;bila y tila.</p>

			<p>El c&#x00F3;lera ten&#x00ED;a como uno de sus s&#x00ED;ntomas principales espasmos y c&#x00F3;licos; se cre&#x00ED;a que los c&#x00F3;licos eran se&#x00F1;al de un espasmo intestinal severo que conduc&#x00ED;a a una extinci&#x00F3;n s&#x00FA;bita de la vitalidad (Valdez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1835</xref>, p. 37). La consecuencia terap&#x00E9;utica de este esquema es l&#x00F3;gica: incluir sustancias antiespasm&#x00F3;dicas y calmantes a los procesos curativos. En la prensa local en Yucat&#x00E1;n circulaba en 1833 la aseveraci&#x00F3;n de que a pesar de ser el c&#x00F3;lera un «mal temible», en todas partes se hab&#x00ED;a comprobado que:</p>

						<p>aplicados los remedios antiespasm&#x00F3;dicos […] se ha conseguido salvar un considerable n&#x00FA;mero de individuos que hubieran sido v&#x00ED;ctimas en el caso contrario<xref ref-type="fn" rid="NOTE30">30</xref>.</p>

			<p>Todas las sustancias con efectos narc&#x00F3;ticos, como opio, cloruro de mercurio, quinina o estricnina se empleaban como coadyuvantes antiespasm&#x00F3;dicos al «tranquilizar» el sistema nerviosos cerebral, al igual que el cocimiento de la ra&#x00ED;z de jengibre, extracto de lechuga y jugo de hojas y tallo del guaco.</p>

			<p>Este &#x00FA;ltimo es un bejuco originario de Am&#x00E9;rica del Sur, principalmente del actual Colombia. El conocimiento sobre sus propiedades se atribuye a la poblaci&#x00F3;n de negros esclavos que «transmit&#x00ED;an de unos a otros, acompa&#x00F1;&#x00E1;ndole con rezos, ceremonias y actos supersticiosos». En la Colonia se empleaba como contraveneno en casos de mordedura de serpiente, aunque en el siglo XVIII se extendi&#x00F3; su uso por Puerto Pr&#x00ED;ncipe, Cuba y Veracruz para tratar diarreas cr&#x00F3;nicas y disenter&#x00ED;a. Su empleo en Yucat&#x00E1;n a finales de la Colonia qued&#x00F3; registrado en el Libro de medicinas muy seguro … de 1751 (Gubler, <xref ref-type="bibr" rid="CIT49">2010</xref>). En el siglo XIX se produc&#x00ED;a en los campos de Veracruz, Tampico y Nueva Orleans. Se distribu&#x00ED;a en boticas, ya fueran directamente tallos y hojas, o extractos embotellados hechos con alcanfor, aguardiente o &#x00E9;ter.</p>

			<p>Las especies empleadas en los pueblos de Yucat&#x00E1;n en 1833, seg&#x00FA;n reportes de curas, eran plantas disponibles localmente, algunas de tradici&#x00F3;n ind&#x00ED;gena y otras procedentes de Europa pero que ya crec&#x00ED;an en suelo yucateco: hierbabuena, granada, naranja agria, sanguinaria, epazote y chile habanero. Todas se empleaban desde la Colonia para curar diferentes dolencias, especialmente relacionadas con el est&#x00F3;mago y la digesti&#x00F3;n. Es posible que de la herbolaria regional se emplearan m&#x00E1;s especies para tratar el c&#x00F3;lera que las que aqu&#x00ED; se refieren, pues las sustancias tan recomendadas en los distintos m&#x00E9;todos curativos habr&#x00ED;an sido de dif&#x00ED;cil acceso; al ser elementos qu&#x00ED;micos o plantas procedentes de Europa, Asia, &#x00C1;frica, u otras partes de M&#x00E9;xico y Am&#x00E9;rica, s&#x00F3;lo se expend&#x00ED;an en las boticas existentes en la ciudad de M&#x00E9;rida o Campeche. Por otro lado, las fuentes de la herbolaria yucateca del siglo XVIII revelan una amplia, rica y variada gama de hierbas, plantas y otras sustancias (como arcilla, excremento de distintos animales o piedras bezares) utilizadas para tratar distintas patolog&#x00ED;as y padecimientos (cfr. Gubler, <xref ref-type="bibr" rid="CIT49">2010</xref>).</p>
		</sec>	

		
		<sec id="S5">
			<title>CONSIDERACIONES FINALES</title>

			<p>El estudio del proceso salud/enfermedad/atenci&#x00F3;n en el Yucat&#x00E1;n del siglo XIX a partir de las dos primeras epidemias de c&#x00F3;lera, muestra una coyuntura importante en la que las ideas en torno a las enfermedades, su tratamiento y la administraci&#x00F3;n y gesti&#x00F3;n de la salud p&#x00FA;blica se encontraban en proceso de secularizaci&#x00F3;n, sent&#x00E1;ndose las bases para la profesionalizaci&#x00F3;n y la pr&#x00E1;ctica m&#x00E9;dica.</p>

			<p>La terap&#x00E9;utica y la base l&#x00F3;gica de los tratamientos es el terreno que nos permiti&#x00F3; analizar la interrelaci&#x00F3;n entre ideas y pr&#x00E1;cticas m&#x00E9;dicas, as&#x00ED; como la imbricaci&#x00F3;n y adaptaci&#x00F3;n de hip&#x00F3;tesis de la &#x00E9;poca y su expresi&#x00F3;n en el tratamiento de enfermedades. A grandes rasgos, encontramos que los pilares que sostuvieron la terap&#x00E9;utica para atender a los enfermos de c&#x00F3;lera en Yucat&#x00E1;n, se construyeron con las ideas entonces vigentes en Europa en torno a la salud y la enfermedad, particularmente en Francia. Estas ideas llegaron con los m&#x00E9;dicos que ejercieron en el estado y fueron formados en la Escuela de Par&#x00ED;s, pero tambi&#x00E9;n se difundieron gracias a la prensa liberal que localmente hacia circular escritos dirigidos a p&#x00FA;blico no especializado, retomando ideas publicadas originalmente en Europa o Estados Unidos.</p>

			<p>Como en Europa, en Yucat&#x00E1;n la teor&#x00ED;a de los miasmas sirvi&#x00F3; para explicar c&#x00F3;mo una misma enfermedad atacaba a muchas personas, fortaleciendo las aprensiones emp&#x00ED;ricas respecto al v&#x00ED;nculo entre basura, contaminaci&#x00F3;n y enfermedad, tan patente en el c&#x00F3;lera. A trav&#x00E9;s de distintos mecanismos (respiraci&#x00F3;n, ingesti&#x00F3;n, contacto directo, etc.), se pensaba que los miasmas provocaban un desbalance interno de humores, da&#x00F1;ando &#x00F3;rganos del cuerpo humano por irritaci&#x00F3;n o inflamaci&#x00F3;n. Si bien es cierto que la teor&#x00ED;a humoral era entonces bastante antigua, en el siglo XIX la fisiolog&#x00ED;a permiti&#x00F3; a los m&#x00E9;dicos explicar el da&#x00F1;o espec&#x00ED;fico de los &#x00F3;rganos y sus consecuencias en el funcionamiento general del mecanismo entero del cuerpo humano.</p>

			<p>Se pensaba que el desbalance de humores provocado por el c&#x00F3;lera, como veneno o fermento, generaba una irritaci&#x00F3;n patol&#x00F3;gica en el est&#x00F3;mago, y ello da&#x00F1;aba al resto de los organos del cuerpo y los hac&#x00ED;a perder su vitalidad. La consecuencia terap&#x00E9;utica de este esquema de ideas fue el uso de t&#x00E9;cnicas revulsivas para volver a nivelar los humores, antiflog&#x00ED;sticas para disminuir la irritaci&#x00F3;n patol&#x00F3;gica y vitalistas (masajes, «friegas») para devolver a los &#x00F3;rganos la vitalidad vulnerada. Para coadyuvar en estas terapias se utilizaban sustancias minerales y/o qu&#x00ED;micas expendidas en boticas locales, pero tambi&#x00E9;n de la herbolaria local a las que se pod&#x00ED;a acceder en pr&#x00E1;cticamente cualquier parte.</p>

			<p>La terap&#x00E9;utica para tratar el c&#x00F3;lera en Yucat&#x00E1;n, registra asimismo un esfuerzo de los m&#x00E9;dicos para adaptar las t&#x00E9;cnicas recomendadas en Europa a las condiciones particulares del estado, como el clima o la alimentaci&#x00F3;n, adem&#x00E1;s de la adpoci&#x00F3;n de especies locales y la necesidad de que los enfermos fueran atendidos prontamente sin la necesidad de facultativos, tan escasos entonces.</p>
			
		</sec>
		
	</body>

	
	
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		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE01"><label>1</label>
				<p>AGEY, Poder Ejecutivo, Correspondencia Oficial, Vol. 3, exp. 10, “1833. Correspondencia de autoridades de varios pueblos con el gobernador del Estado, 3 de abril al 16 de julio de 1833”.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE02"><label>2</label>
				<p>Cuenya y Malvido apuntan que el c&#x00F3;lera hizo obvia la supeditaci&#x00F3;n de M&#x00E9;xico a Estados Unidos en el proceso de globalizaci&#x00F3;n, pues la bacteria sigui&#x00F3; el camino de las mercanc&#x00ED;as y los hombres que invadieron el pa&#x00ED;s (Cuenya y Malvido, <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">1992</xref>, p. 12-13). Malvido, por su parte, asegura que a partir de 1833 “todos nuestros males entran a pie por la frontera norte y el c&#x00F3;lera morbus reaparece casualmente con el libre comercio, 1833, 1993” (Malvido, <xref ref-type="bibr" rid="CIT57">2006</xref>, p. 147).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE03"><label>3</label>
				<p>CAIHY, X-1853-18 [Manifestaci&#x00F3;n a los habitantes de Yucat&#x00E1;n] [folleter&#x00ED;a] / Su gobernador y comandante general R&#x00F3;mulo D&#x00ED;az de la Vega, E. L&#x00F3;pez Secretario.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE04"><label>4</label>
				<p>La bacteria del cholera fue aislada por primera vez por el m&#x00E9;dico alem&#x00E1;n Robert Koch en 1883 (Magner, <xref ref-type="bibr" rid="CIT56">2002</xref>, 268).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE05"><label>5</label>
				<p>Estos autores plantean que la dicotom&#x00ED;a fr&#x00ED;o/calor presente en la medicina ind&#x00ED;gena contempor&#x00E1;nea deriva de una degeneraci&#x00F3;n de la teor&#x00ED;a humoral que fue difundida en suelo Americano por los espa&#x00F1;oles; en contraste L&#x00F3;pez Austin (<xref ref-type="bibr" rid="CIT55">1996</xref>, pp. 303-318) considera que esta dualidad es de origen americano, porque no se reduce al campo se la salud, la enfermedad y la medicina, sino que comprende todo el cosmos y existe una imbricaci&#x00F3;n de los poderes del cosmos con la enfermedad; y porque existen menciones muy antiguas sobre este sistema.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE06"><label>6</label>
				<p>Sobre la idea de que el c&#x00F3;lera era un veneno o fermento emanado a la atm&#x00F3;sfera que da&#x00F1;aba el funcionamiento de los &#x00F3;rganos alterando su fuerza vital, cfr. (Rivals, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1834</xref>, p. 11; Foy, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1849</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE07"><label>7</label>
				<p>AGEY, Justicia, Serie Civil, Secci&#x00F3;n Alcald&#x00ED;a de primera instancia de lo civil, Subserie Testamentos, Vol. 14, exp. 1, <italic>El Baluarte de la Libertad</italic> (No. 94, Vol. 1), julio 6 de 1833.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE08"><label>8</label>
				<p>“Disminuci&#x00F3;n de los estragos del c&#x00F3;lera morbus”, 1848. Este argumento difundido en Yucat&#x00E1;n tambi&#x00E9;n se puede leer en el semanario <italic>El Baluarte de la Libertad</italic>, julio 6 de 1833.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE09"><label>9</label>
				<p>Sobre la falta de higiene en M&#x00E9;rida en 1833 y su asociaci&#x00F3;n con el c&#x00F3;lera, cfr. El Baluarte de la Libertad (No. 94, Vol.1), julio 6 de 1833.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE10"><label>10</label>
				<p>Sobre la fiebre amarilla en Yucat&#x00E1;n en el siglo XIX cfr. (Bustamante, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1994</xref>; Men&#x00E9;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT61">1981</xref>, p. 166; Alcal&#x00E1;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2012</xref>). Sobre viruela cfr. (Alcal&#x00E1;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2009</xref>). Sobe el c&#x00F3;lera cfr. (Dond&#x00E9;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT43">1920</xref>; Laviada, Laviada y Puga, <xref ref-type="bibr" rid="CIT53">1993</xref>; Rubio y Tzuc, <xref ref-type="bibr" rid="CIT79">1995</xref>; Alcal&#x00E1;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2013</xref>; Peniche, <xref ref-type="bibr" rid="CIT69">2013</xref>; Malvido y Peniche, <xref ref-type="bibr" rid="CIT58">2013</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE11"><label>11</label>
				<p>Esta comisi&#x00F3;n se form&#x00F3; adem&#x00E1;s con el Dr. Juan H&#x00FC;bbe (de Alemania), el Dr. Sebasti&#x00E1;n Sotomayor (de Espa&#x00F1;a) y Enrique Perrin&#x00E9; (de Francia), (&#x00C1;lvarez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1912</xref>, p. 254).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE12"><label>12</label>
				<p>CAIHY XXVI -1833-2/2-012 [Constancia de la toma de posesi&#x00F3;n de la c&#x00E1;tedra de cirug&#x00ED;a pl&#x00E1;stica y medicina al Dr. Ignacio Vado] [manuscritos] / Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a Meneses, Pedro Almeida, Ignacio Vado.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE13"><label>13</label>
				<p>Como evidencia del empleo de terapias revulsivas en Yucat&#x00E1;n cfr. “Remedios preservativos y curativos contra el c&#x00F3;lera morbus” (Campeche, 1849); “Remedios preservativos y curativos del Dr. Can&#x00FA;”, (Campeche, 1848); “M&#x00E9;todo curativo contra el c&#x00F3;lera” del Dr. Ignacio Vado, (M&#x00E9;rida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1853</xref>).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE14"><label>14</label>
				<p>CAIHY, LMEP-024, [Libro de actas de cabildo]/Altares, Mugartegui, 1833.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE15"><label>15</label>
				<p>CAIHY, LMEP-024…</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE16"><label>16</label>
				<p>CAIHY, LMEP-058 [Libro copiador de correspondencia de Cabildo] / Vicente M, 1853.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE17"><label>17</label>
				<p><italic>M&#x00E9;todo preservativo y curativo</italic>, 1833.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE18"><label>18</label>
				<p><italic>M&#x00E9;todo preservativo y curativo</italic>, 1833.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE19"><label>19</label>
				<p>Para enfermedades mentales, ver por ejemplo Ramos de Viesca et.al, <xref ref-type="bibr" rid="CIT71">2002</xref>.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE20"><label>20</label>
				<p>CAIHY, 348.7265 A96 1849 t. 1 -- 1 29. Colecci&#x00F3;n de leyes, decretos, &#x00F3;rdenes o acuerdos de tendencia general del Poder Legislativo del Estado Libre y Soberano de Yucat&#x00E1;n / Alonso Aznar P&#x00E9;rez, Rafael Pedrera.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE21"><label>21</label>
				<p>Sobre la “medicina tradicional” maya en la &#x00E9;poca colonial, cfr. Ch&#x00E1;vez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT39">2013</xref>.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE22"><label>22</label>
				<p>AGEY, Poder Ejecutivo, Correspondencia Oficial, Vol. 3, exp. 15, “1833. C&#x00F3;lera morbus. Correspondencia de varios funcionarios de los pueblos con el gobernador del Estado con informes de la epidemia del c&#x00F3;lera morbus. Julio 30 de 1833”.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE23"><label>23</label>
				<p>AGEY, Poder Ejecutivo, Correspondencia Oficial, Vol. 3, exp. 15 …</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE24"><label>24</label>
				<p>AGEY, Poder Ejecutivo, Correspondencia Oficial, Vol. 3, exp. 15 …</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE25"><label>25</label>
				<p><italic>El Balear. Peri&#x00F3;dico de la tarde</italic>, Mallorca, s&#x00E1;bado 23 de septiembre de 1848.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE26"><label>26</label>
				<p>CAIHY XXVI -1833-2/2-012 [Constancia de la toma de posesi&#x00F3;n de la c&#x00E1;tedra …</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE27"><label>27</label>
				<p><italic>Prevenciones higi&#x00E9;nicas y m&#x00E9;todo curativo</italic>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1866</xref>, p. 22-23.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE28"><label>28</label>
				<p>“Disminuci&#x00F3;n de los estragos del c&#x00F3;lera morbus”, 1848.</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE29"><label>29</label>
				<p>En: “Disminuci&#x00F3;n de los estragos del c&#x00F3;lera morbus”, 1848. Sobre composiciones y efectos cfr. (Jourdan, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1839</xref>, t. 2, p. 165; S&#x00E1;nchez y Belmar, 2006, pp. 119-120).</p>
			</fn>
			
			<fn id="NOTE30"><label>30</label>
				<p><italic>El Baluarte de la Libertad</italic> (No. 94, Vol. 1), julio 6 de 1833.</p>
			</fn>
			</fn-group>
		</sec>
				
		<ref-list>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
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			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
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			</ref>

			<ref id="CIT02"> 
			<element-citation publication-type="book">
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			  <source>M&#x00E9;todo preservativo y curativo de la Colera morbus epid&#x00E9;mica que la Junta de Sanidad erigida al intento en la Capital del Estado eleva al gobierno del mismo para su publicaci&#x00F3;n</source>
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					  <surname>Can&#x00FA;</surname>
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