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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2015.29</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/asclepio.2015.29</article-id>
			 
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				<subject>ESTUDIOS / RESEARCH STUDIES</subject>
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				 <article-title>Una momia en el sal&#x00F3;n. Los museos anat&#x00F3;micos dom&#x00E9;sticos del doctor Velasco (1854-1874)<xref ref-type="fn" rid="NOTE00">*</xref></article-title>
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					<trans-title>A mummy in the living room. The domestic anatomical museums of doctor Velasco (1854-1874)</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Una momia en el sal&#x00F3;n. Los museos anat&#x00F3;micos dom&#x00E9;sticos del doctor Velasco (1854-1874)</alt-title>
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				 <surname>S&#x00E1;nchez G&#x00F3;mez</surname>
				 <given-names>Luis &#x00C1;ngel</given-names>
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			  <aff id="U1">Universidad Complutense</aff>

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				<corresp id="cor1"><email xlink:href="langel@ucm.es">langel@ucm.es</email></corresp>
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				<year>2015</year>
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				<year>2015</year>
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			<issue>2</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>El art&#x00ED;culo estudia los museos anat&#x00F3;micos organizados por el doctor Pedro Gonz&#x00E1;lez Velasco en dos de sus domicilios particulares en el Madrid decimon&#x00F3;nico. Se revisan las circunstancias que hacen posible su creaci&#x00F3;n, vinculadas tanto con el estudio y la docencia de la anatom&#x00ED;a como con los proyectos pol&#x00ED;ticos de regeneraci&#x00F3;n y modernizaci&#x00F3;n de la Medicina espa&#x00F1;ola que trata de poner en marcha su propietario. Se comentan sus singulares colecciones (de anatom&#x00ED;a, teratolog&#x00ED;a, zoolog&#x00ED;a, etnograf&#x00ED;a y curiosidades diversas) y se analiza la proyecci&#x00F3;n docente y sociopol&#x00ED;tica de ambos centros, sin cuya existencia no hubiera sido posible que Velasco construyera poco despu&#x00E9;s su gran Museo Antropol&#x00F3;gico, sede del actual Museo Nacional de Antropolog&#x00ED;a en Madrid.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>In this article we examine the two anatomical museums organized by Dr. Pedro Gonz&#x00E1;lez Velasco in his own homes in nineteenth-century Madrid. We analyze the circumstances that made possible the formation of the centers, which were related to the study and teaching of anatomy and to some Velasco’s political projects of regeneration and modernization of Spanish Medicine. We explore its collections (of anatomy, teratology, zoology, ethnography and “curiosities”) and we try to show how Velasco used his museums with both teaching and sociopolitical objectives. Finally, it is clear that without the formation of these little museums it would not have been possible for Velasco the construction of his great Anthropological Museum, in 1875, which now houses the National Museum of Anthropology.</p>
			</trans-abstract>

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				<title>PALABRAS CLAVE</title> 
				<kwd>Doctor Velasco</kwd>	
				<kwd>Museo Anat&#x00F3;mico</kwd>
				<kwd>Museo Antropol&#x00F3;gico</kwd>
				<kwd>Anatom&#x00ED;a</kwd>
				<kwd>Antropolog&#x00ED;a</kwd>
			</kwd-group>

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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Doctor Velasco</kwd>	
				<kwd>Anatomical Museum</kwd>
				<kwd>Anthropological Museum</kwd>
				<kwd>Anatomy</kwd>
				<kwd>Anthropology</kwd>
			</kwd-group>
		
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		<sec id="S1">
			<p>El m&#x00E9;dico y cirujano segoviano Pedro Gonz&#x00E1;lez Velasco (1815-1882) es un personaje citado de forma habitual en los estudios sobre historia de la medicina y la antropolog&#x00ED;a en Espa&#x00F1;a. Su figura se asocia a tres circunstancias singulares: a un tard&#x00ED;o, poco predecible y finalmente vertiginoso &#x00E9;xito profesional; a una personalidad exc&#x00E9;ntrica y morbosa; y, por &#x00FA;ltimo, a la creaci&#x00F3;n en Madrid del Museo Antropol&#x00F3;gico, sede del actual Museo Nacional de Antropolog&#x00ED;a. Si el acercamiento se hace con algo m&#x00E1;s de detalle, no dejar&#x00E1;n de advertirse otras iniciativas, como la creaci&#x00F3;n de sociedades m&#x00E9;dicas y antropol&#x00F3;gicas o la fundaci&#x00F3;n de relevantes publicaciones peri&#x00F3;dicas de car&#x00E1;cter cient&#x00ED;fico. Por el contrario, si el interesado es alguien ajeno a la historia de la ciencia, su atenci&#x00F3;n se focalizar&#x00E1; casi exclusivamente en dos temas: el «Gigante extreme&#x00F1;o» y la momia de la hija del doctor, ambos ciertamente relevantes en su biograf&#x00ED;a pero en modo alguno definidores de sus ambiciosos proyectos m&#x00E9;dicos y antropol&#x00F3;gicos. En las p&#x00E1;ginas que siguen estudiaremos un &#x00E1;mbito muy poco conocido de esa ingente actividad: los museos anat&#x00F3;micos que Velasco instala en sus domicilios particulares de la madrile&#x00F1;a calle de Atocha entre 1854 y 1874, previos a la construcci&#x00F3;n del gran Museo Antropol&#x00F3;gico cuyo edificio a&#x00FA;n contemplamos.</p>
		</sec>


		<sec id="S2">
			<title>LAS COLECCIONES ANAT&#x00D3;MICAS (CIENCIA, EDUCACI&#x00D3;N Y NEGOCIO) </title>

			<p>Los afanes coleccionistas de nuestro protagonista echan a andar en fecha temprana<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>. En sus apuntes autobiogr&#x00E1;ficos, Gonz&#x00E1;lez Velasco (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1864</xref>, p. 7) asegura que ya antes de comenzar sus estudios de Medicina, en el segundo a&#x00F1;o de los correspondientes a «cirujano de tercera clase» (en 1841-42), dispone de preparaciones y vaciados que usa tanto para su propio estudio como para los «repasos» que comienza a impartir a otros estudiantes. Los ingresos que obtiene con estas clases y el (escaso) sueldo que gana desde agosto de 1845, cuando es ascendido al cargo de «aparatista» en el Hospital Militar de Madrid, son suficientes para que comience a poner en pr&#x00E1;ctica la idea de «conservar y reproducir las preparaciones y disecciones anat&#x00F3;micas para formar un museo» (Gonz&#x00E1;lez Velasco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1864</xref>, p. 9). </p>

			<p>En mayo de 1854, con 38 a&#x00F1;os, Velasco obtiene por fin el doctorado en Medicina, aunque para entonces es ya un reconocido cirujano que disfruta de un nivel de vida envidiable. De hecho, durante los meses de julio y agosto de ese mismo a&#x00F1;o puede permitirse el lujo de realizar su primer viaje cient&#x00ED;fico por Europa (Gonz&#x00E1;lez Velasco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1854</xref>)<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>. Es durante esta &#x00E9;poca de &#x00E9;xito profesional, y tras superar no pocas tribulaciones, cuando su prestigio como cirujano y ciertas influencias hacen posible que alcance su primer y casi &#x00FA;nico triunfo acad&#x00E9;mico, vinculado adem&#x00E1;s de forma directa con sus proyectos museogr&#x00E1;fico-docentes: en marzo de 1857 el nuevo ministro de Fomento, el progresista Claudio Moyano, le nombra director de los «Museos Anat&#x00F3;micos» de la Facultad de Medicina de la Universidad Central<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref> (ve&#x00E1;se <xref ref-type="fig" rid="F1">figura 1</xref>). </p>

			<p>Velasco asume con entusiasmo esta nueva responsabilidad, que ciertamente resulta muy positiva para la instituci&#x00F3;n. Su inter&#x00E9;s se centra no tanto en los vaciados como en las «desecaciones» que &#x00E9;l mismo prepara, que considera mucho m&#x00E1;s &#x00FA;tiles para la docencia. Gracias a estas colecciones, profesores y estudiantes disponen de unos recursos esenciales para el desarrollo de las pr&#x00E1;cticas, con los que en buena medida se evitan los problemas asociados a la disponibilidad de cad&#x00E1;veres y a su conservaci&#x00F3;n. No obstante, pese a la intensa actividad que desarrolla (o quiz&#x00E1;s precisamente por ello), durante los a&#x00F1;os que permanece al frente del centro los enfrentamientos con autoridades pol&#x00ED;ticas y acad&#x00E9;micas son recurrentes, y de ello da buena cuenta, con abundantes protestas, lamentos y documentos de descargo, en la memoria de 1864<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>. Lo m&#x00E1;s llamativo del caso es que en este inestable escenario se entremezclan sin pudor intereses p&#x00FA;blicos y privados: de un lado, la direcci&#x00F3;n del museo y la ense&#x00F1;anza de la Medicina; de otro, los proyectos empresariales —preparaciones y vaciados— del propio Velasco, que por una u otra raz&#x00F3;n acaban siendo frustrados (Gonz&#x00E1;lez Velasco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1864</xref>, pp. 38-39). Ante tal c&#x00FA;mulo de contratiempos y dificultades, en mayo de 1864 (cuando est&#x00E1; fechada su memoria)<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref> renuncia a la direcci&#x00F3;n del centro, «porque ya he cumplido mi misi&#x00F3;n en mi pa&#x00ED;s, que tan mal ha comprendido e interpretado mis trabajos y mis esfuerzos en el trascendental ramo de la anatom&#x00ED;a, base de la ciencia m&#x00E9;dica» (Gonz&#x00E1;lez Velasco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1864</xref>, p. 72). </p>
			
			
						<fig id="F1">
							<label>Figura 1</label>
							<caption>
								<title>Gabinete (museo) Anat&#x00F3;mico de la Facultad de Medicina de Madrid (La Ilustraci&#x00F3;n, 21 de julio de 1849). Las figuras de las vitrinas exentas (y muchas de las restantes piezas) se conservan hoy en el Museo de Anatom&#x00ED;a “Javier Puerta”, en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense</title>
							</caption>
							<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F1.jpg"/>
						</fig>
						
						
		</sec>


		<sec id="S3">
			<title>EL MUSEO DE ATOCHA 135 (1854-1864)</title>

			<p>Pero volvamos atr&#x00E1;s. Como el af&#x00E1;n coleccionista de Velasco se incrementa seg&#x00FA;n aumentan sus recursos econ&#x00F3;micos, tres a&#x00F1;os antes de acceder a la direcci&#x00F3;n del museo universitario puede hacer realidad la «primera edici&#x00F3;n» de sus planes museogr&#x00E1;ficos particulares. Nos referimos a la formaci&#x00F3;n de su primer «Museo Anat&#x00F3;mico», inaugurado el 9 de noviembre de 1854 en la que por entonces es su residencia familiar en Madrid, en el «cuarto entresuelo de la derecha» del n&#x00FA;mero 135 de la calle de Atocha<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref> (Gonz&#x00E1;lez Velasco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1854</xref>, p. 96). </p>

			<p>A diferencia de lo que ocurre con su segundo museo, el de Atocha 90, de este proyecto inicial no existe documento gr&#x00E1;fico alguno. Sin embargo, s&#x00ED; disponemos de una descripci&#x00F3;n que el propio doctor adjunta a la primera y m&#x00E1;s extensa de sus memorias de viaje por Europa, la que edita en 1854. Con la mezcla de pragmatismo y ampulosidad que le caracteriza, asegura haber «aprendido muchas verdades» en su reciente viaje y ser consciente de las tremendas limitaciones que tiene —y parece que seguir&#x00E1; teniendo— el estudio de la Medicina y la Anatom&#x00ED;a en Espa&#x00F1;a. Por ello, para mostrar «hasta qu&#x00E9; punto podemos llegar por nuestra actividad propia» y para «ilustrar [a] la juventud que puebla las aulas m&#x00E9;dicas», decide «poner a disposici&#x00F3;n del p&#x00FA;blico» su Museo Anat&#x00F3;mico (Gonz&#x00E1;lez Velasco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1854</xref>, p. 92) (v&#x00E9;ase <xref ref-type="fig" rid="F2">figura 2</xref>). </p>
			
			
						<fig id="F2">
							<label>Figura 2</label>
							<caption>
								<title>Anuncio del Museo Anat&#x00F3;mico de Atocha 135 (Gonz&#x00E1;lez Velasco, 1854: 90)</title>
							</caption>
							<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F2.jpg"/>
						</fig>
						
						

			<p>¿Qu&#x00E9; se muestra en esta primera creaci&#x00F3;n muse&#x00ED;stica velasque&#x00F1;a? En primer lugar, es obvio que el uso del t&#x00E9;rmino «museo» responde en parte a intereses propagandistas, a la intenci&#x00F3;n de generar una imagen acad&#x00E9;mica e institucional del centro ante la opini&#x00F3;n p&#x00FA;blica; en realidad, ni su tama&#x00F1;o, ni su estructura, ni su funcionamiento se adec&#x00FA;an a lo que ya a mediados del XIX se considera un verdadero museo. Es cierto, no obstante, que el concepto se usa entonces —como ahora— de forma harto despreocupada, y que sirve para nombrar tanto a instituciones especializadas de gran relevancia hist&#x00F3;rica y patrimonial como a cualquier colecci&#x00F3;n o conjunto de objetos que se presenta de forma m&#x00E1;s o menos ordenada para su contemplaci&#x00F3;n. Poco m&#x00E1;s, y hasta menos, que esto eran muchos museos anat&#x00F3;micos universitarios, sobre todo los espa&#x00F1;oles, a los que ciertamente supera ya —me refiero a los nacionales— esta primera creaci&#x00F3;n de Velasco. El museo re&#x00FA;ne «una sorprendente colecci&#x00F3;n de huesos humanos, comprendiendo desde los primeros rudimentos de la osificaci&#x00F3;n, hasta el completo desarrollo»; le sigue otra con ejemplos reales y modelos de «deformidades, lesiones anat&#x00F3;micas […], y los vicios generales reum&#x00E1;tico, sifil&#x00ED;tico y escrofuloso»; una «complet&#x00ED;sima y numerosa reuni&#x00F3;n de cr&#x00E1;neos, entre los que se encuentran varios de criminales, idiotas y monomaniacos»; «fetos de todas edades» y «maniqu&#x00ED;es para vendajes y colocaci&#x00F3;n de los mismos» (Gonz&#x00E1;lez Velasco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1854</xref>, pp. 94-95). Tambi&#x00E9;n incluye materiales que hoy pueden parecer incongruentes pero que a mediados del XIX forman parte de cualquier museo anat&#x00F3;mico: la secci&#x00F3;n de «anatom&#x00ED;a comparada», con esqueletos, v&#x00ED;sceras y animales disecados. Finalmente, completan la colecci&#x00F3;n otras «muchas curiosidades», cuyo detalle no se especifica. El car&#x00E1;cter cient&#x00ED;fico-docente de todo este despliegue se refuerza con «un excelente microscopio», instrumentos quir&#x00FA;rgicos antiguos y modernos, un laboratorio y un «gabinete de lecturas m&#x00E9;dicas», en el que se pueden consultar los «atlas anat&#x00F3;micos y quir&#x00FA;rgicos de m&#x00E1;s nota, diccionarios, obras cl&#x00E1;sicas y peri&#x00F3;dicos cient&#x00ED;ficos de todas las naciones».</p>

			<p>Pese a que Velasco establece unas cuotas para hacer uso (profesional) de su museo, las visitas no parecen ser una fuente de ingresos significativa<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref>. S&#x00ED; lo son sus «repasos», cuyo &#x00E9;xito depende en parte de la singular colecci&#x00F3;n anat&#x00F3;mica que ofrece a los estudiantes para el desarrollo de las pr&#x00E1;cticas. De hecho, la propaganda que hace de su docencia privada destaca la relevancia del instrumental, de la bibliograf&#x00ED;a m&#x00E9;dica y, muy especialmente, de los materiales museogr&#x00E1;ficos de que dispone:</p>

			<p>Mis colecciones de embriolog&#x00ED;a, tambi&#x00E9;n hoy sin rival, recogidas a costa de sacrificios y desvelos en el transcurso de 20 a&#x00F1;os, como las magn&#x00ED;ficas de osteolog&#x00ED;a, figuras artificiales y dem&#x00E1;s objetos que constituyen mi museo, <italic>todo a vuestra disposici&#x00F3;n</italic> [&#x00E9;nfasis de Velasco], os facilitar&#x00E1; el camino de vuestra carrera […] y os har&#x00E1; entrar con elementos s&#x00F3;lidos en la pr&#x00E1;ctica del profesorado<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref>.</p>

			<p>Obviamente, este primer museo dom&#x00E9;stico consolida el prestigio de su propietario. Gracias a un completo despliegue de colecciones anat&#x00F3;micas y anatomopatol&#x00F3;gicas, Velasco se presenta ante el conjunto de la sociedad —y muy especialmente ante los colegas m&#x00E9;dicos, los estudiantes y la potencial clientela— no s&#x00F3;lo como un extraordinario cirujano, sino como un estudioso de primer&#x00ED;simo nivel, capaz de elevarse muy por encima del acto m&#x00E9;dico cotidiano y adentrarse en el reservado mundo de la investigaci&#x00F3;n y la sistematizaci&#x00F3;n de los conocimientos cient&#x00ED;ficos. Tambi&#x00E9;n es verdad que la singularidad de sus colecciones, su car&#x00E1;cter para algunos macabro, le otorgan un aura de misterio y necrofilia que no har&#x00E1; sino incrementarse con el transcurso de los a&#x00F1;os<xref ref-type="fn" rid="NOTE09">9</xref>.</p>

			<p>Por unas u otras razones, y a pesar de sus reducidas dimensiones y al hecho de localizarse en un domicilio privado —lo que, por otra parte, genera m&#x00E1;s morbo— la existencia del museo es bien conocida por la gente de la calle, aunque pocos lo hayan visitado. La prensa —tanto la m&#x00E9;dica como la generalista— se encarga de dar noticia puntual de su evoluci&#x00F3;n, del incremento de las colecciones y de la visita de personajes ilustres. Entre estas &#x00FA;ltimas, sabemos de la realizada por tres «embajadores marroqu&#x00ED;es» en septiembre de 1860, que al parecer tambi&#x00E9;n hab&#x00ED;an visitado la Facultad de Medicina<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref>. En el museo de Velasco se «maravillan» ante todo lo que all&#x00ED; se exhibe. Por el art&#x00ED;culo sabemos que en el centro del sal&#x00F3;n una vitrina muestra «curiosos y variados objetos […] de los tres reinos de la naturaleza», muy probablemente rocas, f&#x00F3;siles, alg&#x00FA;n peque&#x00F1;o animal disecado y quiz&#x00E1;s incluso alguna curiosidad hist&#x00F3;rica o arqueol&#x00F3;gica. Tambi&#x00E9;n se introducen los visitantes en el despacho del doctor, donde quedan fuertemente impresionados por una «momia embalsamada […] vestida de blanco», que hace guardia junto al sill&#x00F3;n de trabajo de su propietario<xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref>.</p>

			<p>La visita de los ciudadanos marroqu&#x00ED;es es tan ex&#x00F3;tica como exitosa. Sin embargo, mucho m&#x00E1;s llamativa y en buena medida desconcertante es la que realiza tres a&#x00F1;os despu&#x00E9;s, el 26 de mayo de 1863, un personaje de especial&#x00ED;simas caracter&#x00ED;sticas: el cardenal arzobispo de Toledo y primado de Espa&#x00F1;a, el franciscano P. Cirilo de Alameda Brea<xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref>. El suelto del cat&#x00F3;lico y ultraconservador diario <italic>La Espa&#x00F1;a</italic>, que informa de tan extraordinario acontecimiento, anota que «Su eminencia se estuvo enterando con suma minuciosidad de cuantos objetos llamaban su atenci&#x00F3;n y dirigi&#x00F3; las m&#x00E1;s halag&#x00FC;e&#x00F1;as alabanzas al entendido profesor que tanto amor manifiesta a los progresos de la ciencia». ¿C&#x00F3;mo fue posible semejante visita? ¿Pretend&#x00ED;a el cardenal escenificar un acercamiento entre ciencia y fe? No, indudablemente no<xref ref-type="fn" rid="NOTE13">13</xref>. Aunque no se ofrece ninguna informaci&#x00F3;n al respecto, podemos presumir que el cardenal acude al doctor como paciente, para ser atendido por uno de los m&#x00E1;s eminentes cirujanos del momento; por aquellos a&#x00F1;os, el m&#x00E1;s famoso de Madrid y probablemente de toda Espa&#x00F1;a. El hecho de que Velasco sea p&#x00FA;blicamente reconocido como progresista, republicano y hasta cierto punto anticlerical —o, quiz&#x00E1;s mejor, «antifrailuno»— no es obst&#x00E1;culo para que la jerarqu&#x00ED;a eclesi&#x00E1;stica recurra a sus servicios y para que aqu&#x00E9;l se los proporcione a un precio seguramente acorde a su prestigio.</p>

			<p>Como dec&#x00ED;amos, tambi&#x00E9;n informa la prensa sobre la entrada de nuevas piezas. La mayor&#x00ED;a de las incorporaciones procede de la pr&#x00E1;ctica m&#x00E9;dica del doctor; casi todas son moldes o preparaciones anat&#x00F3;micas de patolog&#x00ED;as, pero tambi&#x00E9;n hay &#x00F3;rganos con alg&#x00FA;n tipo de alteraci&#x00F3;n y numerosos fetos, bien sean sus esqueletos o preservados &#x00ED;ntegramente en alcohol. Raro era que Velasco atendiese un parto teratol&#x00F3;gico, o tuviera noticia del mismo, y que no se hiciera con el feto. Cuando no puede disponer del cad&#x00E1;ver, se apresta a elaborar un molde de la patolog&#x00ED;a o del cuerpo completo. El ritmo de entrada de nuevos materiales casi se podr&#x00ED;a calificar de fren&#x00E9;tico durante estos primeros a&#x00F1;os de la d&#x00E9;cada de 1860. Buena prueba de ello —y del tipo de piezas que interesan al doctor— la tenemos en el resumen que hace <italic>El Genio quir&#x00FA;rgico</italic><xref ref-type="fn" rid="NOTE14">14</xref> de las incorporaciones registradas durante 1861: «[…] modelos de elefantiasis<xref ref-type="fn" rid="NOTE15">15</xref>, c&#x00E1;nceres de todas clases, espinas ventosas enormes<xref ref-type="fn" rid="NOTE16">16</xref>, afecciones sifil&#x00ED;ticas curios&#x00ED;simas […], quistes de todas clases, modelos de hidroceles<xref ref-type="fn" rid="NOTE17">17</xref> y aneurismas confundidos indebidamente con hernias, monstruosidades de fetos y de ni&#x00F1;os, lo m&#x00E1;s raro y extraordinario que presentan los anales de la obstetricia, con otra multitud de objetos de historia natural, que para bien de la ciencia y gloria nacional han aumentado la riqueza de este museo». </p>

			<p>Como el museo es tambi&#x00E9;n un extraordinario escaparate para exhibir los &#x00E9;xitos de su propietario, &#x00E9;ste modela en determinados casos la patolog&#x00ED;a que presenta el paciente y el (feliz) resultado de su intervenci&#x00F3;n. Es lo que ocurre, por ejemplo, tras extirpar un enorme «tumor encefaloideo del ojo» en octubre de 1862<xref ref-type="fn" rid="NOTE18">18</xref>. En otras ocasiones (aunque m&#x00E1;s en los dos museos posteriores que en este), se hace referencia al ingreso de piezas anat&#x00F3;micas artificiales con las que sus entusiastas creadores pretenden resolver la carencia o p&#x00E9;rdida de las originales. Una de las m&#x00E1;s llamativas es una «cabeza con nariz postiza de plata, tan bien ejecutada y aplicada, tan esbelta en su forma, que cualquiera duda si es artificial o verdadera»<xref ref-type="fn" rid="NOTE19">19</xref>. </p>

			<p>Y, ¿qu&#x00E9; ocurre con las colecciones etnogr&#x00E1;ficas? Realmente, apenas sabemos nada sobre la existencia de este tipo de materiales en las vitrinas de Atocha 135, lo que no significa que no los hubiere. La &#x00FA;nica informaci&#x00F3;n precisa sobre la entrada de una singular pieza ex&#x00F3;tica es la que documenta la prensa, en septiembre de 1862, relativa al ingreso de «la cabeza de un indio antrop&#x00F3;fago […] de un jefe de tribu salvaje»<xref ref-type="fn" rid="NOTE20">20</xref>. Se trata de la cabeza reducida de un j&#x00ED;baro (shuar), una tzantza, que el art&#x00ED;culo de prensa describe de forma correcta, anotando tambi&#x00E9;n de manera sumaria en qu&#x00E9; consiste el proceso de reducci&#x00F3;n y cu&#x00E1;l es el significado simb&#x00F3;lico de tan singular pieza. </p>

			<p>Al margen de las visitas y de la incorporaci&#x00F3;n de objetos que anota la prensa, disponemos de escasa informaci&#x00F3;n sobre el funcionamiento cotidiano del museo. No obstante, s&#x00ED; podemos confirmar que el doctor recurre a algunos de sus m&#x00E1;s fieles disc&#x00ED;pulos y colaboradores para desarrollar alguna tarea singularizada en el centro. As&#x00ED;, en octubre de 1861 se cita en la prensa a un «interno del museo anat&#x00F3;mico-patol&#x00F3;gico» encargado (seguramente entre otras tareas) de inscribir a los alumnos en sus c&#x00E9;lebres repasos y cursos de anatom&#x00ED;a<xref ref-type="fn" rid="NOTE21">21</xref>. Justo un a&#x00F1;o despu&#x00E9;s se pone nombre al responsable de esa tarea: se trata de Teodoro Mu&#x00F1;oz Sede&#x00F1;o, a quien Velasco cataloga como «jefe de mi museo y cl&#x00ED;nica particular», personaje sobre el que m&#x00E1;s adelante volveremos<xref ref-type="fn" rid="NOTE22">22</xref>. Por cierto, que en el detallado texto que informa sobre los cursos se indica que &#x00E9;stos tendr&#x00E1;n lugar no ya en Atocha 135, sino en el nuevo domicilio (y sede del museo) del doctor: en el n&#x00FA;mero 100 (hoy el 102) de esa misma calle madrile&#x00F1;a. Esta nueva vivienda no se cita en los textos autobiogr&#x00E1;ficos de Velasco ni en ninguna otra bibliograf&#x00ED;a. Sin embargo, el cambio de residencia y la nueva instalaci&#x00F3;n de su museo se mencionan de forma expresa en otros dos sueltos de prensa: en <italic>La Correspondencia de Espa&#x00F1;a</italic> (20 de septiembre de 1862) y en <italic>El Genio quir&#x00FA;rgico</italic> (30 de septiembre de 1862). Lo extra&#x00F1;o del caso es que justo un a&#x00F1;o m&#x00E1;s tarde, el 7 de octubre de 1863, el mismo peri&#x00F3;dico m&#x00E9;dico informa de la nueva apertura de los cursos y ahora dice que tendr&#x00E1;n lugar en el domicilio y museo del doctor, «calle de Atocha, n&#x00FA;mero 135». Quiz&#x00E1;s se trate en este &#x00FA;ltimo caso de un lapsus, pero no podemos confirmarlo. Es posible, por tanto, que al menos durante un a&#x00F1;o (antes del traslado a la nueva casa de Atocha 90) el domicilio-museo del doctor Velasco se situara en el n&#x00FA;mero 100 de su muy amada calle de Atocha, nunca a m&#x00E1;s de cinco minutos a pie de la Facultad de Medicina. </p>
		</sec>


		<sec id="S4">
			<title>EL MUSEO DE ATOCHA 90 (1864-1874) </title>

			<p>Ya a comienzos de la d&#x00E9;cada de 1860 el imparable incremento de las colecciones conduce a una situaci&#x00F3;n agobiante en el domicilio de Atocha 135. Como su boyante situaci&#x00F3;n econ&#x00F3;mica se lo permite, Velasco soluciona el problema de forma radical: en 1863 adquiere un viejo edificio en la acera de enfrente, menos de treinta metros calle arriba, en el n&#x00FA;mero 90 de Atocha (hoy el 92), lo derriba y all&#x00ED; levanta su nueva vivienda<xref ref-type="fn" rid="NOTE23">23</xref> (v&#x00E9;ase <xref ref-type="fig" rid="F3">figura 3</xref>). Desconocemos cu&#x00E1;ndo se produce el cambio efectivo de la residencia y el traslado del museo, pero s&#x00ED; sabemos que es en el nuevo domicilio donde fallece su hija Mar&#x00ED;a de la Concepci&#x00F3;n, y esto ocurre el 12 de mayo de 1864. </p>
			
			
						<fig id="F3">
							<label>Figura 3</label>
							<caption>
								<title>Imagen actual del edificio construido por Velasco en Atocha 90 (hoy 92), que acogi&#x00F3; su segundo museo</title>
							</caption>
							<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F3.jpg"/>
						</fig>
						
						

			<p>Es indudable que la muerte de Concha, de s&#x00F3;lo 15 a&#x00F1;os, le resulta traum&#x00E1;tica; m&#x00E1;s a&#x00FA;n porque se considera culpable del fatal desenlace. Ya anotamos que muy probablemente su inicial renuncia a la direcci&#x00F3;n del Museo Anat&#x00F3;mico de la Facultad de Medicina est&#x00E1; condicionada por tan dram&#x00E1;tico suceso. Es m&#x00E1;s, por la ausencia de noticias en la prensa (al menos no las hemos localizado), da la impresi&#x00F3;n de que durante varios meses el doctor se a&#x00ED;sla del mundo, deja de ser el extraordinario personaje p&#x00FA;blico que hasta entonces hab&#x00ED;a sido. Pero el retiro no pod&#x00ED;a durar mucho. Antes de que los a&#x00F1;os revolucionarios lo instalen (de forma temporal) en lo m&#x00E1;s alto del escalaf&#x00F3;n universitario, Velasco retoma y da nuevo impulso a sus proyectos cient&#x00ED;fico-profesionales. La ampliaci&#x00F3;n y mejora de su museo se convierte en un objetivo prioritario, m&#x00E1;s a&#x00FA;n que en etapas anteriores. A ello se suma el fomento de nuevas iniciativas con las que parece querer expandir su &#x00E1;mbito de intereses, dando paso a proyectos m&#x00E1;s ambiciosos, en los que la medicina y la anatom&#x00ED;a se al&#x00ED;an con las nuevas «ciencias antropol&#x00F3;gicas». La m&#x00E1;s importante es la creaci&#x00F3;n de la Sociedad Antropol&#x00F3;gica Espa&#x00F1;ola (SAE) que, pese a sufrir notables altibajos (y alguna refundaci&#x00F3;n) hasta su disoluci&#x00F3;n en 1883 (tras la muerte del doctor), ocupa un destacado lugar en la historia de la antropolog&#x00ED;a y la etnograf&#x00ED;a espa&#x00F1;olas<xref ref-type="fn" rid="NOTE24">24</xref>. </p>

			<p>Aunque la inauguraci&#x00F3;n oficial de la SAE tiene lugar el 5 de junio de 1865, el acto de constituci&#x00F3;n formal se celebra unos d&#x00ED;as antes, el 14 de mayo. Su anfitri&#x00F3;n es el doctor Velasco y la reuni&#x00F3;n se organiza precisamente en el museo de Atocha 90. La rese&#x00F1;a que hace un diario progresista de tan destacado acontecimiento nos permite conocer, aunque sea de forma sumaria, las caracter&#x00ED;sticas del nuevo centro<xref ref-type="fn" rid="NOTE25">25</xref>. La exposici&#x00F3;n ocupa el entresuelo de la finca y, seg&#x00FA;n la actual ficha catastral, tendr&#x00ED;a una superficie &#x00FA;til de unos 152 metros cuadrados. El articulista lo explica con detalle: </p>

			<p>El sal&#x00F3;n es muy capaz, recibiendo la luz por la parte superior, y s&#x00F3;lido, gracias a varias columnas de hierro pintadas de blanco, con adornos dorados. A uno y otro lado se encuentran las paredes cubiertas por una elegante estanter&#x00ED;a, en la que campean ejemplares de anatom&#x00ED;a patol&#x00F3;gica, monstruosidades, etc., ocultas por vidrieras con cortinillas. </p>

			<p>En medio de la habitaci&#x00F3;n, y dentro de una caja de cristal, hay un esqueleto. A la derecha y sobre atriles de terciopelo, est&#x00E1;n colocados colosales atlas de anatom&#x00ED;a, y entre atril y atril magn&#x00ED;ficos y costosos microscopios que descansan sobre m&#x00E9;nsulas, tapizadas tambi&#x00E9;n de terciopelo. </p>

			<p>En el testero del sal&#x00F3;n y en la parte superior se lee: nosce te ipsum: a las ciencias antropol&#x00F3;gicas: libre examen. </p>

			<p>Debajo, y a los lados sobre dos pedestales, se alzan los bustos del doctor Gonz&#x00E1;lez Velasco y su malograda ni&#x00F1;a. </p>

			<p>A la derecha y sobre las columnas, en una l&#x00ED;nea dice: <italic>A los hombres ilustres de Tebas, Alejandr&#x00ED;a, Are&#x00F3;pago de Atenas, Salerno, Montecasino, Guadalupe, Zaragoza, Valladolid y Madrid</italic>, y m&#x00E1;s adelante: <italic>A las glorias de la patria</italic>. </p>

			<p>La cornisa del testero de la derecha sostiene los bustos de Hip&#x00F3;crates, Arist&#x00F3;teles, Her&#x00F3;filo, Eras&#x00ED;strato, Galeno, [Jos&#x00E9; Miguel] Guardia [Bagur (?)], [Juan] Drumen [Millet] y otros hombres notables en ciencias m&#x00E9;dicas. </p>

			<p>Llama la atenci&#x00F3;n la teatralidad del espacio: las columnas blancas con dorados, los atriles cubiertos de terciopelo, los bustos, las inscripciones y las cortinillas de algunos armarios, que impiden que personas sensibles o no preparadas contemplen aquello que nunca deber&#x00ED;an contemplar. Aparece ya el famoso <italic>Nosce te ipsum</italic>, que a&#x00F1;os despu&#x00E9;s campea sobre el friso de su gran Museo Antropol&#x00F3;gico, y tambi&#x00E9;n se hace menci&#x00F3;n a las «ciencias antropol&#x00F3;gicas», aunque en realidad los personajes y lugares hist&#x00F3;ricos que se evocan en bustos y escritos pertenecen exclusivamente a la historia de la Medicina. La inscripci&#x00F3;n «Libre examen» reivindica la libertad de c&#x00E1;tedra y sintetiza la ideolog&#x00ED;a pol&#x00ED;tica progresista de nuestro protagonista.  </p>

			<p>Si al museo de Atocha 135 se hab&#x00ED;an acercado unos destacados ciudadanos marroqu&#x00ED;es y el arzobispo de Toledo, el nuevo «Museo Anat&#x00F3;mico-Patol&#x00F3;gico»<xref ref-type="fn" rid="NOTE26">26</xref> (v&#x00E9;ase <xref ref-type="fig" rid="F4">figura 4</xref>) atrae a visitantes mucho m&#x00E1;s ilustres. En primer lugar, al pr&#x00ED;ncipe heredero de M&#x00F3;naco, el futuro Alberto I. Cuando Albert Honor&#x00E9; Charles Grimaldi se acerca al domicilio del doctor Velasco, en mayo de 1866, a&#x00FA;n no ha cumplido los 18 a&#x00F1;os. ¿Qu&#x00E9; hace en Madrid tan principesco personaje? Pues se encuentra en Espa&#x00F1;a porque se ha incorporado, o va a hacerlo de forma inmediata, a la Academia Naval, sirviendo luego en la Marina Espa&#x00F1;ola durante cuatro a&#x00F1;os, hasta alcanzar el rango de capit&#x00E1;n de nav&#x00ED;o. Es bien conocida la pasi&#x00F3;n del pr&#x00ED;ncipe por la navegaci&#x00F3;n, la oceanograf&#x00ED;a y las exploraciones, pero tambi&#x00E9;n su inter&#x00E9;s por la prehistoria y la paleontolog&#x00ED;a, que le lleva a fundar y sufragar algunas destacadas instituciones de investigaci&#x00F3;n en M&#x00F3;naco y Francia. La visita de 1866 prueba que esa atracci&#x00F3;n del futuro Alberto I por las ciencias antropol&#x00F3;gicas se remonta a su juventud. Desgraciadamente, lo &#x00FA;nico que sabemos de aquella jornada, un 3 de mayo, es que hizo de gu&#x00ED;a el oftalm&#x00F3;logo Francisco Jos&#x00E9; Delgado Jugo, amigo de Velasco, y que el pr&#x00ED;ncipe «observ&#x00F3; con mucha atenci&#x00F3;n todos los objetos de que se compone dicho museo, par&#x00E1;ndose muy particularmente en la secci&#x00F3;n de craneolog&#x00ED;a»<xref ref-type="fn" rid="NOTE27">27</xref>. </p>
			
			
						<fig id="F4">
							<label>Figura 4</label>
							<caption>
								<title>Carta manuscrita de Velasco con membrete del Museo Anat&#x00F3;mico-Patol&#x00F3;gico de Atocha 90 (Biblioteca Nacional, mss. 12945/32)</title>
							</caption>
							<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F4.jpg"/>
						</fig>
						
						

			<p>La egregia visita de 1866 es una buena propaganda para el doctor y su museo, pero Velasco es ambicioso y quiere m&#x00E1;s. Al a&#x00F1;o siguiente se le ofrece la oportunidad de mostrar a Europa, y al mundo, al menos una parte del rico entramado cient&#x00ED;fico y muse&#x00ED;stico que ha levantado: la Exposici&#x00F3;n Universal de Par&#x00ED;s de 1867. Participa con algunas piezas, e incluso es recompensado con una «menci&#x00F3;n honor&#x00ED;fica» (Gonz&#x00E1;lez Velasco, 1869, p. 10), pero el asunto no va m&#x00E1;s all&#x00E1;. Mucho mejor se le presentan las cosas un a&#x00F1;o m&#x00E1;s tarde y en su propio pa&#x00ED;s. El triunfo revolucionario de septiembre de 1868 y el destronamiento de Isabel II abren paso a un nuevo e intenso periodo en la historia de Espa&#x00F1;a; una &#x00E9;poca en la que muchos de los ideales pol&#x00ED;ticos de Velasco se hacen realidad. Tambi&#x00E9;n es un momento convulso, que afecta de forma intensa a la Universidad y a la propia Facultad de Medicina. En cualquier caso, la renovada coyuntura pol&#x00ED;tica beneficia de forma inmediata al doctor que, sin tener que superar oposici&#x00F3;n alguna (algo que &#x00E9;l siempre hab&#x00ED;a criticado), en diciembre de ese mismo a&#x00F1;o es nombrado catedr&#x00E1;tico de «anatom&#x00ED;a quir&#x00FA;rgica, operaciones, ap&#x00F3;sitos y vendajes»<xref ref-type="fn" rid="NOTE28">28</xref>. Durante algo m&#x00E1;s de cinco a&#x00F1;os Velasco vive lo m&#x00E1;s parecido a un sue&#x00F1;o hecho realidad: sigue en la c&#x00FA;spide de la cirug&#x00ED;a pr&#x00E1;ctica, dispone de un museo que no para de crecer y es, ¡por fin!, catedr&#x00E1;tico de Anatom&#x00ED;a en la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid. El sue&#x00F1;o termina bruscamente unos meses despu&#x00E9;s del golpe militar de Pav&#x00ED;a: tras finalizar el curso en 1874, es cesado como catedr&#x00E1;tico<xref ref-type="fn" rid="NOTE29">29</xref>; no habr&#x00E1; ya ninguna otra vinculaci&#x00F3;n oficial con la universidad. </p>

			<p>Pero antes de que se produzca tan amarga derrota, Velasco sabe sacar partido del momento que vive. Como hab&#x00ED;a ocurrido a&#x00F1;os atr&#x00E1;s, pero ahora con mayor intensidad, el museo no es solo un recurso que prestigia a su propietario: tambi&#x00E9;n puede y debe ser utilizado en clave pol&#x00ED;tica e ideol&#x00F3;gica. En realidad, su mera existencia y el hecho de tratarse de un centro privado que supera con creces a los p&#x00FA;blicos equivalentes lo sit&#x00FA;a ya como referente simb&#x00F3;lico de lo que se deber&#x00ED;a hacer y fomentar –pero ni se hace ni se fomenta– desde las administraciones p&#x00FA;blicas, ni siquiera durante el periodo revolucionario. Pero Velasco va a&#x00FA;n m&#x00E1;s all&#x00E1;, utilizando de forma expl&#x00ED;cita su museo como herramienta pol&#x00ED;tica de propaganda a favor del progreso cient&#x00ED;fico y social. Aunque es en el posterior museo del paseo de Atocha donde tienen lugar los acontecimientos pol&#x00ED;ticos m&#x00E1;s relevantes de la vida del doctor, ya en el local que nos ocupa se documentan sendos llamativos encuentros entre ciencia y pol&#x00ED;tica: el primero esencialmente ideol&#x00F3;gico y personal; el segundo, de much&#x00ED;simo mayor calado pol&#x00ED;tico y profesional, aunque al final no conduzca a (casi) nada. </p>

			<p>Hablaremos en primer lugar de la visita que realiza, el 18 de mayo de 1871, un nutrido grupo de ciudadanos portugueses (entre ellos m&#x00E9;dicos, periodistas, profesores, ingenieros, militares y alg&#x00FA;n «rico propietario»), que forman parte de una extensa comitiva recibida unos d&#x00ED;as antes en la capital del Reino. Han llegado en tren, a trav&#x00E9;s de la l&#x00ED;nea directa Madrid-Lisboa que hab&#x00ED;a sido inaugurada s&#x00F3;lo cinco a&#x00F1;os atr&#x00E1;s, en octubre de 1866, y lo han hecho gracias a la singular iniciativa de un destacado pol&#x00ED;tico espa&#x00F1;ol, progresista y ferviente defensor de postulados iberistas: &#x00C1;ngel Fern&#x00E1;ndez de los R&#x00ED;os. Aunque la estancia es de s&#x00F3;lo una semana, la actividad que despliegan es muy intensa, e incluye una ofrenda en la tumba del gran h&#x00E9;roe progresista e iberista asesinado solo unos meses antes en Madrid: el general Prim. Ese mismo d&#x00ED;a visitan el Museo Anat&#x00F3;mico, acto que se recoge de forma entusiasta en <italic>La Iberia</italic><xref ref-type="fn" rid="NOTE30">30</xref>: </p>

			<p>El se&#x00F1;or Velasco ense&#x00F1;&#x00F3; a los visitantes la numerosa colecci&#x00F3;n de cr&#x00E1;neos que posee, ya normales, ya patol&#x00F3;gicos, as&#x00ED; como el vaciado en yeso del famoso por lo cruel y despiadado conde de Espa&#x00F1;a<xref ref-type="fn" rid="NOTE31">31</xref>, y el natural del inmortal Vall&#x00E9;s, llamado el divino<xref ref-type="fn" rid="NOTE32">32</xref>.</p>

			<p>Entre los esqueletos hizo notar a los lusitanos el de un criminal que a los veintiocho a&#x00F1;os de edad hab&#x00ED;a cometido catorce asesinatos […], y el de un negro cuya desproporci&#x00F3;n en los radios de los miembros tor&#x00E1;cicos manifiesta la distancia que separa a la raza cauc&#x00E1;sica de la africana<xref ref-type="fn" rid="NOTE33">33</xref>.</p>

			<p>Pieza por pieza y objeto por objeto, el se&#x00F1;or Velasco hizo notar a sus hu&#x00E9;spedes las inmensas riquezas cient&#x00ED;ficas que posee […].</p>

			<p>El recorrido contin&#x00FA;a con la contemplaci&#x00F3;n de las piezas de anatom&#x00ED;a patol&#x00F3;gica, los «poderosos microscopios» y el «arsenal de instrumentos quir&#x00FA;rgicos»; finalmente, los invitados conocen la c&#x00E1;tedra (aula) y el laboratorio, «donde reputados artistas, bajo la direcci&#x00F3;n del se&#x00F1;or Velasco, construyen en cera, cart&#x00F3;n-piedra o escayola los ejemplares que enriquecen el museo».</p>

			<p>S&#x00F3;lo unos d&#x00ED;as despu&#x00E9;s de tan exitosa y significativa jornada, el 1 de junio, visita el museo de Atocha 90 el personaje m&#x00E1;s relevante que podr&#x00ED;a haberlo hecho nunca: nada menos que el rey Amadeo I. Curiosamente, s&#x00F3;lo en dos medios se informa del acontecimiento: en un brev&#x00ED;simo suelto de <italic>El Imparcial</italic> y en un detallado y entusiasta art&#x00ED;culo de <italic>La Iberia</italic>, el diario republicano e iberista que dirige precisamente Fern&#x00E1;ndez de los R&#x00ED;os. La prensa conservadora, y otra que en teor&#x00ED;a no lo es tanto, no parece interesada en destacar tan notable &#x00E9;xito personal de Velasco. Pese al boicot informativo, el acontecimiento debe ser interpretado como un rotundo respaldo del nuevo y constitucional monarca al empe&#x00F1;o cient&#x00ED;fico de nuestro protagonista. As&#x00ED; lo hace <italic>La Iberia</italic>, donde se afirma que «El Rey, al honrar la casa de nuestro amigo, hombre del pueblo, y cuyo amor a la humanidad y a la ciencia raya en lo imposible, ha dado una prueba m&#x00E1;s de la ilustraci&#x00F3;n que le distingue y de lo digno que es de ocupar el solio espa&#x00F1;ol»<xref ref-type="fn" rid="NOTE34">34</xref>.</p>

			<p>Como el museo de Atocha 90 no deja de recibir nuevos materiales, a finales de 1872 se puede dar por colapsado. El &#x00E9;xito de las dos visitas rese&#x00F1;adas, el renovado ambiente pol&#x00ED;tico que vive el pa&#x00ED;s y el extraordinario reconocimiento social de que disfruta hacen que el siempre en&#x00E9;rgico Velasco proyecte planes de futuro para su museo que permitan resolver de forma dr&#x00E1;stica, y por mucho tiempo, los problemas de espacio. Su objetivo es extremadamente ambicioso: ya no se plantea comprar o hacerse construir una casa m&#x00E1;s grande en la que instalar su nuevo museo; ahora pretende levantar un palacio-museo e instalar en &#x00E9;l su propia casa. Aunque disfruta de una desahogada posici&#x00F3;n econ&#x00F3;mica, la inversi&#x00F3;n econ&#x00F3;mica que requiere el proyecto parece quedar fuera de sus posibilidades. En esta coyuntura, la combinaci&#x00F3;n de ingenuidad y grandilocuencia de que hace gala Velasco en no pocas ocasiones le llevan al extremo de proponer al rey Amadeo I algo muy poco sensato: «construir en esta corte un museo anat&#x00F3;mico humano comparado y de historia natural, que ser&#x00E1; de su propiedad, y cuyo coste de un mill&#x00F3;n de reales ser&#x00E1; sufragado por el Estado, comprometi&#x00E9;ndose el mismo Sr. Velasco a pagar al Estado 4.000 duros anuales»<xref ref-type="fn" rid="NOTE35">35</xref>. Como era de esperar, el apoyo moral recibido por parte del rey en junio del a&#x00F1;o anterior no sirve de nada: el Ministerio de Fomento rechaza la solicitud. Al igual que en otras ocasiones, el contundente traspi&#x00E9; no arredra al doctor, m&#x00E1;s bien produce el efecto contrario: si el Estado no financia su museo, tendr&#x00E1; que asumir personalmente los gastos de su construcci&#x00F3;n. Y no lo duda: a primeros de marzo de 1873 comienzan las obras de explanaci&#x00F3;n de su nuevo y «grandioso museo» al final del entonces paseo de Atocha; el 16 de abril (onom&#x00E1;stica de su esposa) se coloca la primera piedra.</p>

			<p>Ese mismo a&#x00F1;o echa a andar otro proyecto largamente anhelado por Velasco: la edici&#x00F3;n de su propia revista de estudios m&#x00E9;dicos y anat&#x00F3;micos, <italic>El Anfiteatro Anat&#x00F3;mico Espa&#x00F1;ol</italic><xref ref-type="fn" rid="NOTE36">36</xref><italic> </italic>(v&#x00E9;ase <xref ref-type="fig" rid="F5">figura 5</xref>). Al margen de cualquier otra consideraci&#x00F3;n sobre sus contenidos, lo que nos interesa es que gracias a esta publicaci&#x00F3;n disponemos de m&#x00E1;s y mejor informaci&#x00F3;n sobre las actividades desarrolladas en los dos &#x00FA;ltimos museos de Velasco, con datos precisos sobre la incorporaci&#x00F3;n de nuevos materiales.</p>
			
			
						<fig id="F5">
							<label>Figura 5</label>
							<caption>
								<title>Cabecera de El Anfiteatro Anat&#x00F3;mico Espa&#x00F1;ol (enero de 1873)</title>
							</caption>
							<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F5.jpg"/>
						</fig>
						
						

			<p>Como en &#x00E9;pocas previas, las piezas que se incorporan al museo de Atocha 90 durante estos a&#x00F1;os siguen teniendo su origen en actos m&#x00E9;dicos protagonizados o conocidos por Velasco. El doctor mantiene vivo su inter&#x00E9;s por coleccionar modelos, preparaciones y ejemplares reales de llamativas patolog&#x00ED;as y de casos teratol&#x00F3;gicos. Puede tratarse de un enorme «tumor canceroso», de alg&#x00FA;n adenoma gigantesco (v&#x00E9;ase <xref ref-type="fig" rid="F6">figura 6</xref>), del vaciado de la cabeza de «un idiota toledano», de un alargad&#x00ED;simo cr&#x00E1;neo dolicoc&#x00E9;falo (con presuntos indicios de que «el individuo se masturbaba») o de fetos humanos monstruosos (v&#x00E9;ase <xref ref-type="fig" rid="F7">figura 7</xref>), alguno de los cuales se consigue tras «sacrificar alg&#x00FA;n dinero y trabajar mucho hasta persuadir a un sepulturero de la utilidad cient&#x00ED;fica que resultaba en examinar dicho caso»<xref ref-type="fn" rid="NOTE37">37</xref>.</p>
			
			
						<fig id="F6">
							<label>Figura 6</label>
							<caption>
								<title>Modelo de busto con “adenomas con degeneraci&#x00F3;n cancerosa”, perteneciente al Museo Anat&#x00F3;mico-Patol&#x00F3;gico de Atocha 90 (El Anfiteatro Anat&#x00F3;mico Espa&#x00F1;ol, nº 4, 15 de marzo de 1873, p. 48)</title>
							</caption>
							<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F6.jpg"/>
						</fig>
						
						
						<fig id="F7">
							<label>Figura 7</label>
							<caption>
								<title>“Feto monstruoso”, conservado en el museo de Atocha 90 (El Anfiteatro Anat&#x00F3;mico Espa&#x00F1;ol, nº 22, 15 de diciembre de 1873, p. 262)</title>
							</caption>
							<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F7.jpg"/>
						</fig>
						

			<p>En numerosas ocasiones el inter&#x00E9;s de las piezas que ingresan se circunscribe al &#x00E1;mbito de la casu&#x00ED;stica teratol&#x00F3;gica, lacra de la que Velasco es s&#x00F3;lo una v&#x00ED;ctima m&#x00E1;s durante aquellos a&#x00F1;os. Tambi&#x00E9;n se menciona en <italic>El Anfiteatro </italic>la entrada de objetos no vinculados con la pr&#x00E1;ctica m&#x00E9;dica, unos adquiridos por el doctor y otros procedentes de donaciones. Como en el caso de la tzantza que mencion&#x00E1;bamos en otro lugar, algunos materiales combinan un presunto inter&#x00E9;s anat&#x00F3;mico-antropol&#x00F3;gico con el etnogr&#x00E1;fico. As&#x00ED; pudo ocurrir con un pretendido «cr&#x00E1;neo australiano de una cabeza momificada». Sin embargo, ser&#x00E1; a partir de 1875, ya en el nuevo museo, cuando la donaci&#x00F3;n de «curiosidades» de todo tipo y condici&#x00F3;n se incremente de manera exponencial.</p>

			<p>A pesar de lo que acabamos de anotar, quiz&#x00E1;s el regalo m&#x00E1;s singular hecho nunca al doctor Velasco sea el que se documenta en un suelto de prensa en marzo de 1873: «Se ha autorizado a D. Manuel Ta&#x00ED;n para trasladar al museo anat&#x00F3;mico patol&#x00F3;gico del doctor Gonz&#x00E1;lez de Velasco el cad&#x00E1;ver momificado de la hija de aqu&#x00E9;l, que falleci&#x00F3; ha seis a&#x00F1;os a los 13 de edad»<xref ref-type="fn" rid="NOTE38">38</xref>. El apellido correcto de tan peculiar individuo es Tar&#x00ED;n, y la fallecida, su hija Carmen. Y bien, ¿qu&#x00E9; inter&#x00E9;s tiene tan escabroso asunto? Pues un inter&#x00E9;s grande, aunque relacionado exclusivamente con la leyenda del doctor Velasco y su hija difunta: como ha demostrado hace poco una detallada y completa investigaci&#x00F3;n (Dorado <italic>et al.</italic>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2010</xref>), la momia en cuesti&#x00F3;n es la que durante d&#x00E9;cadas se ha conservado (y se conserva) en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense con una cartela (err&#x00F3;nea) que dice «534 Momia de la hija del Dr. Velasco» (v&#x00E9;ase <xref ref-type="fig" rid="F8">figura 8</xref>), y se corresponder&#x00ED;a con aquella que seg&#x00FA;n la leyenda era visitada todas las noches por su presunto novio, el ya citado Teodoro Mu&#x00F1;oz Sede&#x00F1;o, ayudante del propio doctor<xref ref-type="fn" rid="NOTE39">39</xref>.</p>
			
			
						<fig id="F8">
							<label>Figura 8</label>
							<caption>
								<title>Presunta momia de la hija del doctor Velasco, conservada inicialmente en el museo de Atocha 90 y luego trasladada a la Facultad de Medicina de Madrid. En realidad, se trata de la momia de la hija del m&#x00E9;dico Manuel Tar&#x00ED;n, donada a Velasco en 1873 (Cr&#x00F3;nica, 7 de julio de 1935)</title>
							</caption>
							<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F8.jpg"/>
						</fig>
						
						

			<p>Durante 1873 las obras del nuevo museo avanzan, aunque no sin contratiempos, por lo que el prop&#x00F3;sito de inaugurarlo en la primavera de 1874 resulta una quimera. Como contrapartida, la actividad que se despliega durante todo ese a&#x00F1;o en la sede de Atocha 90 es ciertamente intensa, sobre todo tras la refundaci&#x00F3;n de la Sociedad Antropol&#x00F3;gica Espa&#x00F1;ola, pues all&#x00ED; siguen teniendo lugar, hasta la inauguraci&#x00F3;n del nuevo edificio, sus reuniones y conferencias, algunas de las cuales se publican luego en el &#x00F3;rgano de expresi&#x00F3;n de la Sociedad, la <italic>Revista de Antropolog&#x00ED;a</italic>, cuyo primero n&#x00FA;mero sale a la luz a finales de enero de 1874. En octubre de este a&#x00F1;o Velasco traslada ya su famosa y concurrida «visita de pobres» al nuevo edificio. Unos meses despu&#x00E9;s, probablemente entre enero y marzo de 1875, las colecciones de Atocha 90 se instalan en los salones del impresionante Museo Antropol&#x00F3;gico.</p>

			<p>Gracias a una interesant&#x00ED;sima litograf&#x00ED;a que se publica en <italic>El Anfiteatro</italic><xref ref-type="fn" rid="NOTE40">40</xref>,<italic> </italic>a modo de homenaje de despedida al que se califica como «primitivo museo», podemos conocer hasta d&#x00F3;nde hab&#x00ED;a llegado el segundo proyecto museogr&#x00E1;fico dom&#x00E9;stico de Velasco (v&#x00E9;ase <xref ref-type="fig" rid="F9">figura 9</xref>).</p>
			
			
						<fig id="F9">
							<label>Figura 9</label>
							<caption>
								<title>El Museo Anat&#x00F3;mico-Patol&#x00F3;gico de Atocha 90 (El Anfiteatro Anat&#x00F3;mico Espa&#x00F1;ol, nº 36, 15 de julio de 1874, p. 150)</title>
							</caption>
							<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F9.jpg"/>
						</fig>
							
							

			<p>Casi todo lo que se describe en el art&#x00ED;culo de <italic>La Soberan&#x00ED;a Nacional</italic>, de 15 de mayo de 1865, se puede contemplar en esta imagen de 1874: el gran lucernario<xref ref-type="fn" rid="NOTE41">41</xref>, las columnas de hierro forjado, el esqueleto en la vitrina, las dos filas de armarios, los atriles que guardan los atlas de anatom&#x00ED;a, los bustos de personajes de la Antig&#x00FC;edad, los del doctor y su hija (al fondo de la sala) y las inscripciones de los muros, aunque de &#x00E9;stas &#x00FA;ltimas s&#x00F3;lo se distingue la que se sit&#x00FA;a sobre la mesa que parece ocupar el doctor Velasco, que dice «a las ciencias antropol&#x00F3;gicas». No se ven los microscopios, que deb&#x00ED;an de guardarse en otra dependencia, pero s&#x00ED; aparecen otros muchos elementos que no se citan en el art&#x00ED;culo y que, al menos en parte, se incorporan al museo en fechas posteriores. Llaman la atenci&#x00F3;n los animales disecados y el maniqu&#x00ED; con lanza, sombrero y abalorios, que habr&#x00E1; de ocupar un destacado lugar en el sal&#x00F3;n grande del nuevo museo. En un plano posterior se sit&#x00FA;a una llamativa momia vendada, seguramente la que ya est&#x00E1; presente en el domicilio de Atocha 135 y que hab&#x00ED;a preparado (¿c&#x00F3;mo imitaci&#x00F3;n de las egipcias?) el propio Velasco. Detr&#x00E1;s se observa un maniqu&#x00ED; anat&#x00F3;mico a tama&#x00F1;o natural, con el brazo izquierdo levantado, que tambi&#x00E9;n se exhibe poco despu&#x00E9;s en el gran Museo Antropol&#x00F3;gico. Los armarios se muestran repletos de piezas anat&#x00F3;micas y teratol&#x00F3;gicas, aunque en una de las vitrinas (la que hace <italic>pendant</italic> a la del esqueleto)<italic> </italic>parecen guardarse tambi&#x00E9;n aves y reptiles. Entre estas dos vitrinas se puede ver (sobre una mesa baja) una m&#x00E1;quina el&#x00E9;ctrica de Ramdsen, utilizada habitualmente para hacer demostraciones del fen&#x00F3;meno de la electricidad y entonces sin ninguna aplicaci&#x00F3;n pr&#x00E1;ctica en el &#x00E1;mbito m&#x00E9;dico, un ejemplo m&#x00E1;s del extenso abanico de intereses del doctor<xref ref-type="fn" rid="NOTE42">42</xref>.</p>

			<p>La sugerente litograf&#x00ED;a que comentamos demuestra que el sal&#x00F3;n de Atocha 90 no da para m&#x00E1;s. La creaci&#x00F3;n de un nuevo museo responde pues a una necesidad objetiva de espacio; cuesti&#x00F3;n diferente es que la empresa se considerase razonable por cualquier otro mortal que no fuera Velasco. Fuera sensato o no, el tozudo segoviano al final lo consigue: el 29 de abril de 1875 el joven rey Alfonso XII inaugura el nuevo y grandioso Museo Antropol&#x00F3;gico, el templo-museo que un m&#x00E9;dico heterodoxo y republicano consagra a una hija fallecida (y momificada) y a un pa&#x00ED;s moribundo (y anquilosado)<xref ref-type="fn" rid="NOTE43">43</xref>.</p>
		</sec>


		<sec id="S5">
			<title>CONCLUSIONES</title>

			<p>Tras la sumaria revisi&#x00F3;n que hemos realizado, ¿qu&#x00E9; conclusiones podemos extraer sobre el significado y la relevancia de estos dos museos anat&#x00F3;micos <italic>dom&#x00E9;sticos</italic>? En primer lugar, es obvio que sin su formaci&#x00F3;n, sin el empe&#x00F1;o puesto por Velasco en disponer de colecciones m&#x00E9;dico-anat&#x00F3;micas en su propio domicilio, el futuro proyecto del Museo Antropol&#x00F3;gico no hubiera podido materializarse. Tambi&#x00E9;n es evidente que, en comparaci&#x00F3;n con este &#x00FA;ltimo, las dimensiones de aquellos son muy modestas, lo cual no es obst&#x00E1;culo para asumir que debieron de cumplir sobradamente el doble objetivo para el que hab&#x00ED;an sido dise&#x00F1;ados: mejorar y prestigiar la docencia m&#x00E9;dica privada impartida por su propietario y prestigiar al propio doctor como profesional de la cirug&#x00ED;a, al mostrarse capaz de trascender (en clave cient&#x00ED;fica y acad&#x00E9;mica) la mera proyecci&#x00F3;n emp&#x00ED;rica de sus habilidades con el bistur&#x00ED;.</p>

			<p>Aunque ser&#x00ED;a necesario analizar la cuesti&#x00F3;n con mayor detalle, lo que sabemos de ambos museos nos permite afirmar que su orientaci&#x00F3;n y contenidos no difieren de lo que se documenta en centros similares europeos<xref ref-type="fn" rid="NOTE44">44</xref>. Nos referimos a colecciones formadas por m&#x00E9;dicos, con fines cient&#x00ED;fico-docentes, instaladas mayoritariamente en sus domicilios. Su base es m&#x00E9;dico-anat&#x00F3;mica, pero es habitual que incluyan parcelas dedicadas a la antropolog&#x00ED;a (f&#x00ED;sica), la etnograf&#x00ED;a, la zoolog&#x00ED;a y hasta la mineralog&#x00ED;a, sin dejar de acoger siempre muy variadas «curiosidades». Tambi&#x00E9;n hemos de anotar que los materiales de todos estos centros no son muy diferentes de los que exhiben los «museos anat&#x00F3;mico-antropol&#x00F3;gicos» comerciales, tanto estables como itinerantes, habituales en Europa a partir de la d&#x00E9;cada de 1840. No obstante, es evidente que los comerciales optan por escenificaciones m&#x00E1;s llamativas y espectaculares y que su objetivo esencial no es la docencia, sino la obtenci&#x00F3;n de beneficios econ&#x00F3;micos; aunque precisamente el factor educativo est&#x00E1; siempre presente en sus reclamos propagand&#x00ED;sticos.</p>

			<p>Para terminar, debemos llamar la atenci&#x00F3;n sobre una circunstancia especialmente significativa: el doctor Velasco es de uno de los poqu&#x00ED;simos propietarios de colecciones anat&#x00F3;micas acad&#x00E9;micas que consigue reconvertirlas en un verdadero museo; y bien podr&#x00ED;a ser el &#x00FA;nico que, en la Europa del siglo XIX, es capaz de alojar su creaci&#x00F3;n en un nuevo y suntuoso edificio concebido expresamente con ese objetivo. Otros muchos acaban don&#x00E1;ndolas o transfiri&#x00E9;ndolas a instituciones p&#x00FA;blicas, que (si lo consideran oportuno) son las encargadas de instalarlas en la debida forma. Desgraciadamente, muchos de estos museos son pronto desmantelados, ya desde finales del XIX: se consideran obsoletos para la docencia y tampoco se valoran desde una perspectiva patrimonial, y ello a pesar de la relevancia hist&#x00F3;rico-cultural de muchas de sus colecciones. &#x00C9;ste es tambi&#x00E9;n el destino que sufre el gran Museo Antropol&#x00F3;gico de Velasco, que pese a sus singularidades y limitaciones fue y contin&#x00FA;a siendo (ya solo en el recuerdo) el m&#x00E1;s relevante museo m&#x00E9;dico-anat&#x00F3;mico-antropol&#x00F3;gico construido nunca en Espa&#x00F1;a.</p>

		</sec>
		
	</body>


	
	
	<back>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE00"><label>*</label>
					<p>Estudio realizado en el &#x00E1;mbito del proyecto de investigaci&#x00F3;n «Ciencia y espect&#x00E1;culo de la naturaleza. Viajes cient&#x00ED;ficos y museos de historia natural», codirigido por M. A. Puig-Samper y Carmen Ortiz (ref. HAR2013-48065-C2-2-P). </p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE01"><label>1</label>
					<p>Temprana en el contexto de su nuevo proyecto de vida en Madrid, donde llega sin recursos en 1838 y se gana la vida durante unos a&#x00F1;os como criado, despu&#x00E9;s de haber sido porquero, fraile y soldado. Junto con sus escritos autobiogr&#x00E1;ficos, la principal fuente para conocer la vida y la obra de Velasco es el texto que publica su disc&#x00ED;pulo &#x00C1;ngel Pulido en <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1894</xref>, pero ni en ese trabajo ni en la bibliograf&#x00ED;a posterior se dice nada sobre los museos que estudiamos. S&#x00ED; se hace alguna breve anotaci&#x00F3;n en un art&#x00ED;culo sobre historia de la medicina de Porras Gallo (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2002</xref>) y en el extenso estudio sobre Velasco publicado por Gim&#x00E9;nez Rold&#x00E1;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2012</xref>). Adem&#x00E1;s de los textos citados, ofrecen datos biogr&#x00E1;ficos sobre Velasco –casi todos poco o nada originales– Muguerza (<xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1935-36</xref>), Benavente (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1962</xref> [1944]), Moreno (<xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1945</xref>), Perera (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1967</xref>), Cabezas (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1971</xref>) y Uranga (<xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1973</xref>). A estos habr&#x00ED;a que a&#x00F1;adir trabajos de &#x00ED;ndole m&#x00E1;s estrictamente acad&#x00E9;mica (interesados por la historia de la medicina o la antropolog&#x00ED;a) que hacen referencia a su obra: Verde Casanova (<xref ref-type="bibr" rid="CIT28">1980</xref>), Arquiola (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1986</xref>), Puig-Samper (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1982</xref>), Puig-Samper y Galera (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1983</xref>), Ronz&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1991</xref>), Romero de Tejada (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1992</xref>), varios art&#x00ED;culos en Ortiz y S&#x00E1;nchez (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1994</xref>), Martin-M&#x00E1;rquez (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2003</xref>), Goode (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2009</xref>), Dorado <italic>et al.</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2010</xref>) y Valis (<xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2011</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE02"><label>2</label>
					<p>En Par&#x00ED;s queda impresionado por el Museo Dupuytren, que ser&#x00E1; la instituci&#x00F3;n a la que siempre trate de emular e incluso superar. En realidad, este museo es obra del gran m&#x00E9;dico e investigador menorqu&#x00ED;n Mateo Orfila (1787-1853), algo que destaca con orgullo patri&#x00F3;tico el propio Velasco.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE03"><label>3</label>
					<p>Este museo (articulado en varias secciones, de ah&#x00ED; el uso del plural) es heredero del Gabinete Anat&#x00F3;mico del Real Colegio de Cirug&#x00ED;a de San Carlos, que ordena crear Carlos III en 1787, y antecesor del actual Museo de Anatom&#x00ED;a «Javier Puerta» de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, que trata de mantener vivo su entusiasta director, el profesor Ferm&#x00ED;n Viejo. M&#x00E1;s que un museo, se trata de una extraordinaria colecci&#x00F3;n anat&#x00F3;mica que requerir&#x00ED;a de mucha mayor atenci&#x00F3;n (e inversi&#x00F3;n econ&#x00F3;mica) por parte de las instituciones p&#x00FA;blicas.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE04"><label>4</label>
					<p>Velasco reedita esta memoria en 1868, con el &#x00FA;nico a&#x00F1;adido de un «proyecto de decreto de reorganizaci&#x00F3;n de los trabajos y museos de Anatom&#x00ED;a de las Facultades de medicina y cirug&#x00ED;a de Espa&#x00F1;a».</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE05"><label>5</label>
					<p>Su hija Concha muere el 12 de mayo de ese mismo a&#x00F1;o. Es muy posible que la renuncia a la direcci&#x00F3;n del centro est&#x00E9; condicionado por tan dram&#x00E1;tico acontecimiento. No obstante, hemos comprobado que retira esta primera dimisi&#x00F3;n, renunciando definitivamente en 1868. </p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE06"><label>6</label>
					<p>Pudo haber estado a la altura del actual n&#x00FA;mero 107, pero parece que el edificio que hoy se contempla es posterior, construido hacia 1880.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE07"><label>7</label>
					<p>Es m&#x00E1;s, en su folleto autobiogr&#x00E1;fico Gonz&#x00E1;lez Velasco (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1864</xref>, p. 25) asegura que todos los museos anat&#x00F3;micos deben estar «cerrados siempre para las se&#x00F1;oras y los profanos», aunque &#x00E9;ste es un principio que en realidad no cumple.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE08"><label>8</label>
					<p><italic>El Genio quir&#x00FA;rgico</italic>, 7 de octubre de 1862, p. 590. El acceso a la prensa hist&#x00F3;rica ha sido posible gracias a la magn&#x00ED;fica Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional (<uri>http://hemerotecadigital.bne.es)</uri>.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE09"><label>9</label>
					<p>La sociedad espa&#x00F1;ola no est&#x00E1; acostumbrada a este tipo de centros. A diferencia de lo que ocurre en otros pa&#x00ED;ses, en Espa&#x00F1;a los museos anat&#x00F3;micos no son frecuentes, menos a&#x00FA;n los particulares. La prensa de Madrid y Barcelona (y en mucha menor medida la de otras capitales) recoge en la d&#x00E9;cada de 1860 la presentaci&#x00F3;n de algunos «museos anat&#x00F3;micos» comerciales itinerantes. Tambi&#x00E9;n se menciona alg&#x00FA;n peque&#x00F1;o «museo» particular no estrictamente comercial, pero sin apenas proyecci&#x00F3;n p&#x00FA;blica. Los hay tambi&#x00E9;n en casi todas las Facultades de Medicina y en algunos hospitales, tanto civiles como militares, pero la mayor&#x00ED;a son de escasa relevancia y acceso restringido. No obstante, en la d&#x00E9;cada de 1880 (y luego durante el primer cuarto del siglo XX) los museos anat&#x00F3;micos comerciales viven un nuevo periodo de apogeo, muy especialmente en Barcelona (March, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2014</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE10"><label>10</label>
					<p><italic>La Correspondencia de Espa&#x00F1;a</italic> (Madrid), 18 de septiembre de 1860. Probablemente la estancia de estos personajes en Madrid est&#x00E1; relacionada con la firma del Tratado de Wad-Ras, en abril de ese mismo a&#x00F1;o, entre Espa&#x00F1;a y el Sultanato de Marruecos, y la visita del sult&#x00E1;n Muley el-Abbas al a&#x00F1;o siguiente. </p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE11"><label>11</label>
					<p>Sin duda se trata de la momia que aparece en la litograf&#x00ED;a publicada en <italic>El Anfiteatro Anat&#x00F3;mico Espa&#x00F1;ol</italic> (que m&#x00E1;s adelante comentamos) en 1874, en la que se representa el museo de Atocha 90.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE12"><label>12</label>
					<p><italic>La Espa&#x00F1;a</italic> (Madrid), 28 de mayo de 1863. La visita es desconcertante en un contexto cat&#x00F3;lico y sobre todo espa&#x00F1;ol. En el mundo protestante, y especialmente en Inglaterra y Estados Unidos, los miembros de la jerarqu&#x00ED;a eclesi&#x00E1;stica suelen tener acceso privilegiado a este tipo de centros durante el siglo XIX (Bates, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2008</xref>; Wolf, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2010</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE13"><label>13</label>
					<p>De hecho, en la misma p&#x00E1;gina del diario que informa de esta visita, otro de los sueltos indica que el propio cardenal acaba de prohibir dos novelas por ser «abiertamente contrarias a la fe y las buenas costumbres». Se trata de <italic>Los miserables</italic>, de V&#x00ED;ctor Hugo, y de <italic>La jud&#x00ED;a errante</italic>, del catal&#x00E1;n Ceferino Tresserra. </p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE14"><label>14</label>
					<p>Ejemplar de 7 de enero de 1862.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE15"><label>15</label>
					<p>Inflamaci&#x00F3;n patol&#x00F3;gica, de gran tama&#x00F1;o, de alguna parte del cuerpo.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE16"><label>16</label>
					<p>Tuberculosis o inflamaci&#x00F3;n &#x00F3;sea que afecta a los huesos largos de pies y manos.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE17"><label>17</label>
				<p>Quistes por acumulaci&#x00F3;n de l&#x00ED;quido, esencialmente en los test&#x00ED;culos.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE18"><label>18</label>
					<p><italic>El Genio quir&#x00FA;rgico</italic>, 15 de octubre de 1862.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE19"><label>19</label>
					<p><italic>La Iberia</italic>, 31 de abril de 1860.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE20"><label>20</label>
					<p><italic>Escenas contempor&#x00E1;neas</italic>, nº 4, 25 de septiembre de 1862, p. 96.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE21"><label>21</label>
					<p><italic>El Genio quir&#x00FA;rgico</italic>, 7 de octubre de 1861.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE22"><label>22</label>
					<p><italic>El Genio quir&#x00FA;rgico</italic>, 7 de octubre de 1862.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE23"><label>23</label>
					<p>El expediente de construcci&#x00F3;n se conserva en el Archivo de Villa, en Madrid, con la signatura 4-280-22. El edificio contin&#x00FA;a en pie, sin placa alguna que recuerde que all&#x00ED; vivi&#x00F3; y tuvo su museo el doctor Velasco.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE24"><label>24</label>
					<p>Sobre la SAE, sus actividades y publicaciones, v&#x00E9;ase Verde (<xref ref-type="bibr" rid="CIT28">1980</xref>), Galera, Puig-Samper y Pelayo (1984), Ronz&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1991</xref>: 258-289), Puig-Samper (1994) y Ayarzag&#x00FC;ena (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1997</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE25"><label>25</label>
					<p><italic>La Soberan&#x00ED;a Nacional</italic>, 15 de mayo de 1865.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE26"><label>26</label>
					<p>Esta es la denominaci&#x00F3;n que aparece en el membrete de una carta, sin fechar, que se guarda en la Biblioteca Nacional (mss. 12945/32) y que es uno de los escas&#x00ED;simos documentos originales de Velasco que se conserva. V&#x00E9;ase <xref ref-type="fig" rid="F4">figura 4</xref>.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE27"><label>27</label>
					<p><italic>La Correspondencia de Espa&#x00F1;a</italic>, 5 de mayo de 1866.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE28"><label>28</label>
					<p><italic>La Correspondencia de Espa&#x00F1;a</italic>, 29 de diciembre de 1868.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE29"><label>29</label>
					<p><italic>La Correspondencia de Espa&#x00F1;a</italic>, 9 de febrero de 1874.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE30"><label>30</label>
					<p><italic>La Iberia</italic>, 20 de mayo de 1871.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE31"><label>31</label>
					<p>Sin duda se trata de Roger-Bernard-Charles d’Espagnac de Ramefort (1775-1839), conocido como Conde de Espa&#x00F1;a y Carlos de Espa&#x00F1;a, noble y militar franc&#x00E9;s enrolado en el Ej&#x00E9;rcito Espa&#x00F1;ol y fiel servidor de Fernando VII. Su sadismo y crueldad fueron proverbiales, muy especialmente durante su etapa como capit&#x00E1;n general de Catalu&#x00F1;a. Asesinado con sa&#x00F1;a por sus propios correligionarios, se cuenta que alguien se apoder&#x00F3; de su cr&#x00E1;neo. En <italic>La senda dolorosa</italic> (1928), P&#x00ED;o Baroja se hace eco de la leyenda, presentando al fren&#x00F3;logo catal&#x00E1;n Mariano Cub&#x00ED; en una m&#x00E1;gica y alucinada conversaci&#x00F3;n con la calavera del conde.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE32"><label>32</label>
					<p>Francisco Vall&#x00E9;s (o Valles), conocido como «El divino» (1524-1592), es una de las figuras de la historia de la medicina idolatradas por Velasco. Cuando construye su gran museo del paseo de Atocha, una escultura suya (acompa&#x00F1;ada por la de Miguel Servet) flanquea la gran escalinata de acceso. Curiosamente, los restos de Vall&#x00E9;s fueron localizados no hace mucho, en abril de 2011, en la Capilla de San Ildefonso de la Universidad de Alcal&#x00E1; de Henares. Hab&#x00ED;an sido exhumados en 1862 y trasladados a una urna que hasta aquella fecha se daba por desaparecida. Seg&#x00FA;n <italic>El Siglo M&#x00E9;dico</italic> (28 de diciembre de 1862), Velasco particip&#x00F3; en el acto de reinhumaci&#x00F3;n y obtuvo autorizaci&#x00F3;n para modelar el cr&#x00E1;neo y un f&#x00E9;mur de Vall&#x00E9;s. No es posible, por tanto, que en 1871 mostrara a los visitantes portugueses el cr&#x00E1;neo «natural» del m&#x00E9;dico, sino la citada reproducci&#x00F3;n.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE33"><label>33</label>
					<p>La ideolog&#x00ED;a «progresista» de Velasco, del diario y de los visitantes no es incompatible con tan singular y racista anotaci&#x00F3;n.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE34"><label>34</label>
					<p><italic>La Iberia</italic>, 2 de junio de 1871.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE35"><label>35</label>
					<p><italic>El Imparcial</italic>, 9 de noviembre de 1872.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE36"><label>36</label>
					<p>De periodicidad quincenal, se publica con esta cabecera hasta diciembre de 1875; a partir de enero de 1876 aparece como <italic>El Anfiteatro Anat&#x00F3;mico Espa&#x00F1;ol y El Pabell&#x00F3;n M&#x00E9;dico</italic>, pues absorbe a este &#x00FA;ltimo. Desde enero de 1881 se refunde con la <italic>Revista de Medicina y Cirug&#x00ED;a Pr&#x00E1;cticas</italic>, y deja de ser propiedad del doctor Velasco. Una dato curioso: en el grabado aleg&#x00F3;rico que adorna la portada de la revista, la figura de Fama porta una corona con cintas en las que se leen los t&#x00E9;rminos «Ciencia», «Celo», «Humanidad» y «Divinidad». Son las cuatro cualidades que debe poseer todo profesional de la medicina, aunque obviamente en la &#x00FA;ltima se ha deslizado un grave error, pues deber&#x00ED;a decir «Dignidad». La aclaraci&#x00F3;n se hace en el n&#x00FA;mero de 15 de febrero de 1873, pero el grabado nunca se corrige.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE37"><label>37</label>
					<p><italic>El Anfiteatro</italic>, n&#x00FA;mero 22, 15 de diciembre de 1873, p. 262. Esta publicaci&#x00F3;n no est&#x00E1; disponible en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional. Se ha consultado en la biblioteca de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE38"><label>38</label>
					<p><italic>El Imparcial</italic>, 28 de marzo de 1873.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE39"><label>39</label>
					<p>La leyenda cuenta que tras la compra del Museo Antropol&#x00F3;gico por el Estado en 1887, la momia de Concha es trasladada a la Facultad de Medicina, y que all&#x00ED; la visita todas las noches –lloroso y alcoholizado– quien fuera su novio, el doctor Mu&#x00F1;oz Sede&#x00F1;o. Lo que en realidad ocurre es que, contraviniendo los deseos de su difunto esposo, la viuda de Velasco devuelve el cuerpo de su hija a la Sacramental de San Isidro, en Madrid, en 1886 (Dorado <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2010</xref>, p. 21).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE40"><label>40</label>
					<p>N&#x00FA;mero 36, 15 de julio de 1874, p. 150.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE41"><label>41</label>
					<p>Seg&#x00FA;n informaci&#x00F3;n proporcionada por Antonio G&#x00F3;mez Iruela (profesor de la Escuela de Arte n&#x00FA;mero 10 de la Comunidad de Madrid y conocedor del inmueble), hace a&#x00F1;os que el lucernario fue sustituido por una «plataforma de hormig&#x00F3;n que hoy es el patio del edificio a la altura del segundo piso».</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE42"><label>42</label>
					<p>Agradezco a Ignacio de la Lastra Gonz&#x00E1;lez (del Museo Nacional de Ciencia y Tecnolog&#x00ED;a, en su sede de Madrid) la identificaci&#x00F3;n e informaci&#x00F3;n proporcionada sobre este aparato.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE43"><label>43</label>
					<p>En S&#x00E1;nchez G&#x00F3;mez (<xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2014</xref>) se estudia con alg&#x00FA;n detalle este importante museo, demostr&#x00E1;ndose que fue mucho m&#x00E1;s que un simple dep&#x00F3;sito de fetos monstruosos y curiosidades, como algunos han pretendido.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE44"><label>44</label>
					<p>En la reciente obra colectiva editada por Alberti y Hallam (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2013</xref>) se puede acceder a interesante informaci&#x00F3;n sobre las caracter&#x00ED;sticas de los principales museos m&#x00E9;dicos y anat&#x00F3;micos creados en Europa y Estados Unidos desde finales del siglo XVIII.</p>
				</fn>
			</fn-group>
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