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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2015.28</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/asclepio.2015.28</article-id>
			 
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				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>ESTUDIOS / RESEARCH STUDIES</subject>
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				 <article-title>Naturaleza y graf&#x00ED;a. El corpus documental de las colecciones animales en el Real Gabinete de Madrid, 1752-1790<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref></article-title>
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					<trans-title>Nature and grafia. The animal collections’ documentary corpus in the Royal Cabinet of Madrid, 1752-1790</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Naturaleza y graf&#x00ED;a. El corpus documental de las colecciones animales en el Real Gabinete de Madrid, 1752-1790</alt-title>
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				 <surname>Constantino</surname>
				 <given-names>Mar&#x00ED;a Eugenia</given-names>
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			  <aff id="U1">Instituto de Historia - CSIC</aff>
			  
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				<corresp id="cor1"><email xlink:href="maru.cons@gmail.com">maru.cons@gmail.com</email></corresp>
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			<pub-date pub-type="epub">		
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				<year>2015</year>
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			<pub-date pub-type="collection">  
				<year>2015</year>
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			<volume>67</volume>
			<issue>2</issue>
			
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				<copyright-statement>&#x00A9; 2015 CSIC</copyright-statement>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>En 1776, Pedro Franco D&#x00E1;vila, director del Real Gabinete de Historia Natural en Madrid, implement&#x00F3; una estrategia de adquisici&#x00F3;n de ejemplares naturales para ampliar las colecciones mon&#x00E1;rquicas. En ella involucr&#x00F3; a corresponsales, expedicionarios, eruditos y aficionados en Am&#x00E9;rica y Europa que deb&#x00ED;an enviar remesas de producciones naturales asociadas a una serie de &#x00ED;ndices e inventarios que documentaban los env&#x00ED;os y permit&#x00ED;an controlar su tr&#x00E1;nsito hasta Madrid. Este art&#x00ED;culo explora el <italic>corpus</italic> documental generado alrededor de las colecciones de historia natural enviadas al Real Gabinete de Madrid y busca analizar su dimensi&#x00F3;n instrumental como herramientas indispensables para registrar y estabilizar la informaci&#x00F3;n sobre los diversos procesos, pr&#x00E1;cticas y actores implicados en el coleccionismo y la producci&#x00F3;n de conocimientos sobre la naturaleza.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>In 1776, a strategy to acquire and increase the number of specimens in the collections of the Royal Cabinet of Natural History in Madrid was implemented by its director, Pedro Franco D&#x00E1;vila. The plan that involved correspondents, expeditionaries, savants and amateurs in America and Europe, asked for the sending of consignments of natural products usually associated to a series of indexes and inventories that documented the shipments, and allowed the control of their transit to Madrid. This article explores the documentary <italic>corpus</italic> generated around the collections of natural history sent to the Royal Cabinet of Natural History of Madrid, and searches for the analysis of its instrumental dimension as indispensable tools for the registration and stabilization of information about the diverse processes, practices and actors implied in nature’s collecting and knowledge production.</p>
			</trans-abstract>

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				<title>PALABRAS CLAVE</title> 
				<kwd>Gabinete</kwd>	
				<kwd>Inventarios</kwd>
				<kwd>Coleccionismo</kwd>
				<kwd>Pedro Franco D&#x00E1;vila</kwd>
				<kwd>Historia natural</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Cabinet</kwd>	
				<kwd>Inventories</kwd>
				<kwd>Collecting</kwd>
				<kwd>Pedro Franco D&#x00E1;vila</kwd>
				<kwd>Natural History</kwd>
			</kwd-group>
		
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		<sec id="S1">
						
						<p>Hay relaciones entre el gran almac&#x00E9;n y el museo, entre las cuales el bazar es el eslab&#x00F3;n intermedio. La acumulaci&#x00F3;n de obras de arte en el museo se asemeja a la de las mercanc&#x00ED;as all&#x00ED; donde, al ofrec&#x00E9;rsele masivamente al paseante, despiertan en &#x00E9;l la idea de que tambi&#x00E9;n tendr&#x00ED;a que corresponderle una parte.</p>

						<p>Walter Benjamin, <italic>El libro de los pasajes.</italic></p>


						
			<p>Museo y almac&#x00E9;n es una analog&#x00ED;a que se repite con frecuencia cuando se observan con detenimiento algunas de las pr&#x00E1;cticas asociadas a uno y otro espacio. Incluso si lo miramos superficialmente, no es gratuito ni inocente que la asociaci&#x00F3;n de ambas acumulaciones de objetos se presente en nuestra mente cuando pensamos que tales objetos comparten, como dice Benjamin, el estatuto de mercanc&#x00ED;as en tanto bienes de consumo cultural o comercial. Ahora bien, si vamos m&#x00E1;s all&#x00E1; y pensamos en las pr&#x00E1;cticas que se dan al interior de ambos espacios, veremos que contabilizar, describir, clasificar y supervisar son actividades compartidas que generan un <italic>corpus</italic> documental vinculado a la necesidad de controlar aquello que entra, sale, circula o se conserva almacenado o en su caso, expuesto. En su dimensi&#x00F3;n pr&#x00E1;ctica, que es la que lo origina, el <italic>corpus</italic>, formado por listas, descripciones e inventarios, tiene como finalidad estabilizar la informaci&#x00F3;n sobre los movimientos realizados alrededor de una colecci&#x00F3;n. Sin embargo, en una dimensi&#x00F3;n m&#x00E1;s bien te&#x00F3;rica, los documentos del coleccionismo tambi&#x00E9;n pueden interpretarse como instrumentos de visibilizaci&#x00F3;n de lugares, personas, pr&#x00E1;cticas y procesos soslayados historiogr&#x00E1;ficamente, o bien, como herramientas &#x00FA;tiles para fabricar conocimiento fiable y dar fluidez a la comunicaci&#x00F3;n entre las distintas comunidades cient&#x00ED;ficas, como mediadores entre los distintos usuarios de una comunidad epist&#x00E9;mica, o como intermediarios que muestran c&#x00F3;mo entran en contacto e interact&#x00FA;an distintos reg&#x00ED;menes de conocimiento (Schaffer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2011</xref>, p. 285). Lo cual les confiere una dimensi&#x00F3;n instrumental asociada a lo que en alg&#x00FA;n momento se ha llamado «Tecnolog&#x00ED;as de papel» (Hess y Mendelsohn, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2010</xref>, p. 287; M&#x00FC;ller-Wille y Charmantier, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2012</xref>, p. 743)<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>.</p>

			<p>En el Real Gabinete de Madrid y sus colecciones de historia natural, que es el tema que enmarca este art&#x00ED;culo, la documentaci&#x00F3;n fue tan importante como los objetos mismos, pues las producciones naturales colectadas viajaban por mar y tierra sin la certeza de que llegar&#x00ED;an en buenas condiciones a destino, lo cual implicaba que solo a trav&#x00E9;s de la observaci&#x00F3;n de las descripciones, clasificaciones y dibujos habr&#x00ED;a una posibilidad de (re)conocer y completar, en lo posible, al ejemplar y las p&#x00E9;rdidas que pudiera sufrir<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>. Las inminentes contingencias provocadas por el tr&#x00E1;nsito de la naturaleza entre su lugar de origen y los puertos de llegada en Europa hac&#x00ED;an indispensable la producci&#x00F3;n de inventarios: una pr&#x00E1;ctica propia de navegantes, viajeros y comerciantes que requer&#x00ED;an de herramientas para controlar la circulaci&#x00F3;n de objetos y mercanc&#x00ED;as, y que hab&#x00ED;a sido adoptada por los naturalistas al enfrentar el reto de movilizar ejemplares para los gabinetes. Un hecho que provoc&#x00F3; que los inventarios migraran del &#x00E1;rea comercial a la intelectual, transform&#x00E1;ndose en instrumentos te&#x00F3;ricos susceptibles de confrontar el conocimiento europeo sobre la naturaleza colonial con lo que en realidad se encontraba en los territorios explorados, adem&#x00E1;s de una eficaz forma de retroalimentaci&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>.</p>

			<p>Los cat&#x00E1;logos e inventarios de las remesas permit&#x00ED;an un primer nivel de lectura, donde los lectores (usualmente los transportistas, y ciertamente, los destinatarios) pod&#x00ED;an obtener la informaci&#x00F3;n sint&#x00E9;tica del env&#x00ED;o, basada en cifras y nombres. Sin embargo la mirada anal&#x00ED;tica del coleccionista, habitualmente dirigida por preguntas espec&#x00ED;ficas, permit&#x00ED;a ir m&#x00E1;s all&#x00E1; para rescatar un conocimiento que cartografiaba el terreno y sus producciones, tanto como a los actores participantes en la red de adquisici&#x00F3;n de piezas. Lo cual daba a las notas de remisi&#x00F3;n el car&#x00E1;cter de mediadores entre distintos grupos de personas, y entre personas y grupos de objetos, mientras adquir&#x00ED;an una plasticidad que ahora se considera como uno de sus principales atributos en cuanto herramientas epist&#x00E9;micas &#x00FA;tiles para generar problemas de investigaci&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>. El potencial epist&#x00E9;mico de los inventarios, emerge cuando tratamos de descubrir las diferentes capas de conocimientos, pr&#x00E1;cticas, procesos y actores que se esconden debajo de sus letras y n&#x00FA;meros. Un acto que implica un proceso de revelaci&#x00F3;n en el que James Delbourgo y Staffan M&#x00FC;ller-Wille (<xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2012</xref>, p.710) nos piden observar a las pr&#x00E1;cticas de producci&#x00F3;n, porque ello nos permitir&#x00E1; vislumbrar c&#x00F3;mo los ejercicios de escritura asociados a la ciencia, la administraci&#x00F3;n y el comercio se amalgamaron para contribuir con el esfuerzo de reorganizar la labor cient&#x00ED;fica, organizar los contenidos del mundo y registrar los procesos por los cuales se conoc&#x00ED;a y describ&#x00ED;a su contenido. Pr&#x00E1;cticas que habr&#x00ED;a que apreciar como intr&#x00ED;nsecas y permanentes del ejercicio de naturalistas y coleccionistas de producciones naturales<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref>.</p>

			<p>La documentaci&#x00F3;n que resultaba de esas pr&#x00E1;cticas conten&#x00ED;a visiones espaciales y temporales de la naturaleza, registraba pr&#x00E1;cticas relacionadas con procesos de intercambio y colecci&#x00F3;n de objetos, mostraba ejercicios vinculados al reconocimiento social y se usaba como medio de difusi&#x00F3;n (o de presentaci&#x00F3;n) de las identidades de los cient&#x00ED;ficos (Delbourgo y M&#x00FC;ller-Wille, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2012</xref>, p. 710), no obstante que la escritura de los naturalistas de gabinete fuera distinta de la de aquellos que recolectaban u observaban directamente en el campo; diferencia que al final result&#x00F3; evidente en las circulares, misivas e instrucciones que desde la Corte se exped&#x00ED;an para solicitar piezas para el Real Gabinete de Madrid, tanto como las notas e inventarios que los corresponsales remit&#x00ED;an desde el campo con los objetos.</p>

			<p>Los documentos cortesanos conten&#x00ED;an una percepci&#x00F3;n de la naturaleza sustentada en los libros de historia natural, pero tambi&#x00E9;n influenciada por relatos de viajeros, navegantes y comerciantes que, por diversas razones, fabulaban o repet&#x00ED;an dislates heredados de sus antecesores (Pimentel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2003a</xref>, p. 47). Lo cual, en una comunidad cient&#x00ED;fica preocupada por la precisi&#x00F3;n, la verdad y la raz&#x00F3;n, obligaba al destierro de errores, la confirmaci&#x00F3;n de verdades a medias o, simplemente, la observaci&#x00F3;n de lo desconocido, buscando evidencia material que ayudara a confrontar lo ya sabido con lo reci&#x00E9;n encontrado. En ese esfuerzo se insertaba, sin duda, la conformaci&#x00F3;n de colecciones para el Real Gabinete de Historia Natural de Madrid.</p>
		</sec>


		<sec id="S2">
			<title>EXPECTATIVAS DE ULTRAMAR</title>

			<p>La iniciativa de crear una colecci&#x00F3;n mon&#x00E1;rquica de historia natural tuvo un primer antecedente en 1752, cuando el marino Antonio de Ulloa mand&#x00F3; a las provincias y virreinatos hispanos una circular que solicitaba el env&#x00ED;o de minerales y piedras preciosas para conformar el Real Gabinete de Minas<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref>. La solicitud, que se insertaba en la tradici&#x00F3;n de documentos normativos enviados por la Corona espa&#x00F1;ola para recopilar informaci&#x00F3;n de sus virreinatos, buscaba que los habitantes remitieran cualquier mineral digno pertenecer a una colecci&#x00F3;n mon&#x00E1;rquica, no obstante que en sus l&#x00ED;neas no se especificara con claridad el tipo de minerales requeridos ni las caracter&#x00ED;sticas de la documentaci&#x00F3;n que deb&#x00ED;a acompa&#x00F1;arlos. Lo cual, tuvo como resultado que los habitantes de los virreinatos respondieran con objetos tan variados como plantas, semillas, «una concha con dos perlas»,<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref> «una piedra de cobre virgen de extraordinario peso y tama&#x00F1;o»<xref ref-type="fn" rid="NOTE09">9</xref> o «siete piedras de plata»<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref> que a lo sumo estaban documentadas por alguna nota que especificaba el nombre del remitente, el lugar de procedencia, su nomenclatura local y una sucinta descripci&#x00F3;n del objeto. Datos que en su momento no eran suficientes para hacer una verdadera historia natural de los ejemplares pero que, por el contrario, resultaron relevantes para el conocimiento del potencial del territorio al cual pertenec&#x00ED;an, tanto como para dise&#x00F1;ar una segunda estrategia de acopio m&#x00E1;s clara y consecuente con los objetivos de una colecci&#x00F3;n imperial<xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref>.</p>

			<p>La segunda iniciativa surgi&#x00F3; despu&#x00E9;s de que, en 1771, la Corona adquiriera el acervo conformado por el guayaquile&#x00F1;o afincado en Par&#x00ED;s, Pedro Franco D&#x00E1;vila, quien al ser nombrado director de la instituci&#x00F3;n enfrent&#x00F3; la consigna de conformar para el Gabinete Real una verdadera colecci&#x00F3;n mon&#x00E1;rquica que visibilizara el potencial natural de la Corona. El mandato requer&#x00ED;a de estrategias dise&#x00F1;adas para motivar la participaci&#x00F3;n de los habitantes en territorios hispanos y extranjeros, y eso llev&#x00F3; a D&#x00E1;vila a emprender una estrategia de adquisici&#x00F3;n de ejemplares basada en la redacci&#x00F3;n y difusi&#x00F3;n de un documento normativo que funcionara para involucrar a una gran cantidad de personas (aficionados, especialistas, eruditos y legos) en la formaci&#x00F3;n del Gabinete. El resultado fue la <italic>Instrucci&#x00F3;n</italic> <italic>Circular</italic><xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref> (v&#x00E9;ase <xref ref-type="fig" rid="F1">imagen 1</xref>).</p>

			<p>La <italic>Instrucci&#x00F3;n </italic>dise&#x00F1;ada por D&#x00E1;vila como elemento protagonista de su estrategia de acopio apareci&#x00F3; publicada en Espa&#x00F1;a por primera vez en las p&#x00E1;ginas del <italic>Mercurio Hist&#x00F3;rico y Pol&#x00ED;tico de Madrid</italic> de mayo de 1776<xref ref-type="fn" rid="NOTE13">13</xref> y, para asegurar un mayor alcance, fue enviada un mes despu&#x00E9;s a las provincias, virreinatos e intendencias hispanos bajo el formato de un cuadernillo de veinticuatro p&#x00E1;ginas impreso por ambas caras. Su contenido era un reflejo del conocimiento que a trav&#x00E9;s de los a&#x00F1;os D&#x00E1;vila hab&#x00ED;a adquirido como resultado de la correspondencia con sus pares y el intercambio con aficionados, tanto como de la lectura de libros de historia natural e informes sobre la naturaleza europea y colonial. Lo cual era indispensable para saber con acierto y pedir con precisi&#x00F3;n el tipo de ejemplares que requer&#x00ED;a para sus colecciones; eso inclu&#x00ED;a desde especificar el nombre ordinario, las caracter&#x00ED;sticas y la ubicaci&#x00F3;n geogr&#x00E1;fica de los ejemplares, hasta explicar los m&#x00E9;todos para conservarlos y la forma de remitirlos al Real Gabinete.</p>

			<p>Cada apartado de la <italic>Instrucci&#x00F3;n</italic> separaba y agrupaba por semejanza las producciones naturales de acuerdo con los c&#x00E1;nones de la historia natural contempor&#x00E1;nea. Hab&#x00ED;a una secci&#x00F3;n para el Reino Mineral, con sus respectivas «Tierras, Piedras, Minas, Sales y Betunes», otra para el Reino Animal, separado a su vez en cuadr&#x00FA;pedos, p&#x00E1;jaros, insectos, reptiles, peces y conchas, y la &#x00FA;ltima dedicada al Reino Vegetal, subdivido en petrificaciones. Un apartado distinto solicitaba curiosidades del arte, espec&#x00ED;ficamente «vestidos, armas, instrumentos, muebles, m&#x00E1;quinas, &#x00ED;dolos y otras cosas de que usaron los Antiguos Indios, u otras Naciones». Mientras que el apartado final, titulado «Modo de preparar y enviar todo lo que se pide» era un manual de m&#x00E9;todos de conservaci&#x00F3;n y embalaje<xref ref-type="fn" rid="NOTE14">14</xref>.</p>

			<p>El texto, que comienza enunciando las producciones minerales solicitadas, se lee desde el inicio como una larga lista de formato horizontal que menciona, casi en su totalidad, el mundo conocido de las piedras, las minas, las tierras, las sales y los betunes. L&#x00ED;neas como &#x00E9;stas «Las Tierras y Arenas son de diferentes colores, como blancas, negras, rojas, amarillas, azules, etc. Unas son puras, otras mixtas con ocres, con sales, azufres o betunes, con partes animales y vegetales, con polvos o pajitas de oro, etc.»,<xref ref-type="fn" rid="NOTE15">15</xref> enlistaban en lo posible toda la taxonom&#x00ED;a asignada a los espec&#x00ED;menes requeridos por D&#x00E1;vila, no obstante que en la <italic>Instrucci&#x00F3;n</italic> el reino mineral se redujera s&#x00F3;lo a tres p&#x00E1;ginas.</p>

			<p>Contrario a lo que suced&#x00ED;a con los minerales, el reino de los animales aparec&#x00ED;a m&#x00E1;s profuso que el anterior, y desplegaba en sus l&#x00ED;neas una mayor cantidad y variedad de caracter&#x00ED;sticas, detalles particulares y lugares de origen. El inventario se enriquec&#x00ED;a en ese apartado con descripciones minuciosas de lo que se esperaba recibir, pues D&#x00E1;vila ten&#x00ED;a la expectativa de que los lectores de la <italic>Instrucci&#x00F3;n</italic> le corresponder&#x00ED;an al pie de la letra con sus encargos, lo cual era una variable que le obligaba a proveer la mayor cantidad de informaci&#x00F3;n posible si en verdad quer&#x00ED;a cumplir sus expectativas. Esta minuciosidad se ve&#x00ED;a en ejemplares como el «Oso hormiguero de M&#x00E9;xico», al cual D&#x00E1;vila enfatizaba que era «llamado por los Indios <italic>Izquiepatl»</italic>; o en «otra Ardilla muy rara de Nueva Espa&#x00F1;a» que el naturalista explicaba que ten&#x00ED;a «pintas blancas sobre un color gris, que tiene la cola abierta o partida en cuatro colas, que parecen otras tantas ramas que salen de un tronco»<xref ref-type="fn" rid="NOTE16">16</xref>.</p>

			<p>Los p&#x00E1;rrafos descriptivos, aunados a sus nombres aut&#x00F3;ctonos y coloquiales ten&#x00ED;an como objetivo prefigurar en la mente de los lectores, la imagen de los animales solicitados. Lo cual era necesario e indispensable si consideramos que los destinatarios de la instrucci&#x00F3;n poco o nada ten&#x00ED;an que ver con su autor, que pod&#x00ED;an conocer los espec&#x00ED;menes con nombres distintos, o que pod&#x00ED;an ser tan ignorantes como conocedores de la historia natural europea. Variables que al final prefiguraban un lector heterog&#x00E9;neo y an&#x00F3;nimo que muy probablemente ignorar&#x00ED;a los nombres en lat&#x00ED;n o los sistemas taxon&#x00F3;micos al uso en Europa, tal y como explicaba D&#x00E1;vila en una nota al pie de la primera p&#x00E1;gina<xref ref-type="fn" rid="NOTE17">17</xref>. Pero las peticiones del director del gabinete, aunque eruditas, no siempre correspond&#x00ED;an con la realidad y, en algunos casos, incluso pudieron haber contribuido a distorsionar o desviar la b&#x00FA;squeda. Esto podemos verlo en tres ejemplos: las serpientes bic&#x00E9;falas que D&#x00E1;vila pensaba no como monstruosidades sino como una especie propia de las costas de Malabar por el hecho de haberse conocido m&#x00E1;s de un ejemplar y por encontrarse descritas en las historias naturales de Aldrovandi y Seba; los <italic>cucuyos</italic>, insectos americanos que deseaba con especial inter&#x00E9;s porque hab&#x00ED;a tenido noticia de «la luz tan clara y durable que despiden sus ojos en la oscuridad», de la cual se val&#x00ED;an los nativos para iluminar sus aposentos permanentemente, «pues se ve alternativamente que cuando unos ocultan la luz, otros la manifiestan»; y el «Perro volador que se encuentra en la Am&#x00E9;rica Austral», del cual se dec&#x00ED;a que ten&#x00ED;a «desde la cabeza hasta la extremidad del cuerpo una membrana extendida de ambos lados con la que vuela»<xref ref-type="fn" rid="NOTE18">18</xref>.</p>

			<p>Con los casos anteriores se puede inferir que parte de la naturaleza descrita en la <italic>Instrucci&#x00F3;n</italic> era, probablemente, un producto de los relatos de viajeros y no de la propia experiencia del naturalista, lo cual terminaba ayudando a difundir creencias comunes, aunque quiz&#x00E1;, poco veraces, sobre lo que pod&#x00ED;a encontrarse en los territorios de ultramar. Esto podr&#x00ED;a ser claro en el ejemplo del «Perro volador» que bien pod&#x00ED;a tratarse de un animal imaginario o bien de uno real que, al ser descrito solamente por palabras y sin referentes materiales o un nombre gen&#x00E9;rico que lo significara, deriv&#x00F3; en el ser descrito que incluso puede imaginarse como un ente fant&#x00E1;stico<xref ref-type="fn" rid="NOTE19">19</xref>. De ah&#x00ED; que la necesidad de descartar o aprobar esas creencias permaneciera latente en la mente de los naturalistas, que buscaban en los animales naturalizados la prueba de confirmaci&#x00F3;n de su existencia. En consecuencia parecer&#x00ED;a que, D&#x00E1;vila, adem&#x00E1;s de buscar el aumento <italic>per se</italic> de las colecciones, buscaba tambi&#x00E9;n contribuir al mundo de la historia natural con la evidencia material de aquello que sab&#x00ED;a que exist&#x00ED;a en alg&#x00FA;n lugar del territorio espa&#x00F1;ol. No obstante, si pedir y esperar la llegada de animales extraordinarios para aprobar y validar un conocimiento del cual se dudaba era una de las prerrogativas del director de un Gabinete mon&#x00E1;rquico, lo que se encontrara y enviara en respuesta a estas solicitudes fue el privilegio de sus corresponsales y recolectores, y eso se configur&#x00F3; como una variable definitiva en el proceso.</p>
			
			
						<fig id="F1">
							<label>Imagen 1</label>
							<caption>
								<title>N&#x00F3;mina hecha de orden del Rey Nuestro Se&#x00F1;or, por Dn. Pedro Franco D&#x00E1;vila Director del Real Gabinete de Historia Natural. AMNCN. <italic>Cat&#x00E1;logo de documentos del Real Gabinete de Historia Natural (1752-1786)</italic>. Ref. 276</title>
							</caption>
							<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F1.jpg"/>
						</fig>
						
						
		</sec>


		<sec id="S3">
			<title>CORRESPONSALES Y RECOLECTORES</title>

			<p>Al estar en distintos puntos geogr&#x00E1;ficos y tener contacto directo con la naturaleza, los corresponsales se enfrentaban a un mundo que poco o nada ten&#x00ED;a que ver con el que desde la Corte prefiguraba Pedro Franco D&#x00E1;vila en su <italic>Instrucci&#x00F3;n</italic>. Como naturalista de gabinete, su mundo estaba circunscrito a las paredes que resguardaban la colecci&#x00F3;n y, de cierto modo, a &#x00E9;l tambi&#x00E9;n. Su trabajo resid&#x00ED;a en actos de gesti&#x00F3;n, reflexi&#x00F3;n, lectura, escritura y observaci&#x00F3;n pausada, llevados a cabo en un ambiente cerrado, controlado y protegido lejano del campo que enmarcaba el trabajo de los corresponsales, quienes, por su parte, deb&#x00ED;an enfrentar las contingencias del mundo natural: lluvias, cambios clim&#x00E1;ticos, ataques de insectos, enfermedades, recorridos accidentados por lugares inh&#x00F3;spitos y dem&#x00E1;s situaciones propias de quien viaja y se adentra en la naturaleza.</p>

			<p>En su devenir, los corresponsales, que pod&#x00ED;an o no ser tambi&#x00E9;n recolectores, observaban, consegu&#x00ED;an, acopiaban y documentaban ejemplares con la presi&#x00F3;n de un tiempo dividido en tres momentos: buscar y cazar al animal; conservarlo de la mejor manera para que soportara el tr&#x00E1;nsito de varios meses hasta llegar a Madrid sin perder sus atributos f&#x00ED;sicos; nombrarlo y describirlo<xref ref-type="fn" rid="NOTE20">20</xref>. Procesos que implicaban pericia y habilidad, pero que tambi&#x00E9;n requer&#x00ED;an estrategia, inteligencia y visi&#x00F3;n; cualidades necesarias para reconocer la naturaleza que sal&#x00ED;a a su paso contrast&#x00E1;ndola con aquello que encontraban escrito en las solicitudes mon&#x00E1;rquicas.</p>

			<p>La cantidad de variables impl&#x00ED;citas en las pr&#x00E1;cticas de conformaci&#x00F3;n de la colecci&#x00F3;n mon&#x00E1;rquica era grande, y esto afectaba especialmente a los corresponsales, que pocas veces -o ninguna- pod&#x00ED;an asegurar que el ejemplar colectado llegara con las cualidades que esperaba el director del Gabinete, es decir, bien conservados, completos y con el menor deterioro posible. Los fracasos en los m&#x00E9;todos de conservaci&#x00F3;n, los accidentes sucedidos durante la cacer&#x00ED;a y los malos manejos de las remisiones eran cuestiones que incid&#x00ED;an y afectaban el buen estado de los ejemplares, y que, ciertamente, repercut&#x00ED;an en el prestigio del corresponsal. Por ello, quien realizaba el proceso de localizar, capturar y preparar deb&#x00ED;a, adem&#x00E1;s, producir una documentaci&#x00F3;n que sirviera no s&#x00F3;lo para controlar el tr&#x00E1;nsito de los ejemplares, sino tambi&#x00E9;n para demostrar su trabajo, validar su conocimiento y justificar cualquier desperfecto del que no fuera directamente responsable. Con esa finalidad surgieron los &#x00ED;ndices y cat&#x00E1;logos o inventarios que enlistaban y describ&#x00ED;an el contenido de las remesas enviadas al Real Gabinete.</p>

			<p>En Espa&#x00F1;a uno de los principales corresponsales de D&#x00E1;vila fue Crist&#x00F3;bal Vilella, pintor aficionado a la historia natural y residente en Palma de Mallorca que, desde 1773, enviaba importantes remesas de aves y peces principalmente. Con ellas contribuy&#x00F3; en gran medida al reconocimiento de la naturaleza de las Islas Baleares, mientras daba cuenta de las pr&#x00E1;cticas y los procesos que hab&#x00ED;a llevado a cabo para conformar y conservar sus ejemplares<xref ref-type="fn" rid="NOTE21">21</xref>.</p>

			<p>En abril de 1778, dos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de la emisi&#x00F3;n de la <italic>Instrucci&#x00F3;n Circular</italic>, Vilella envi&#x00F3; a Madrid una remesa de nueve cajones con diversas piezas acompa&#x00F1;adas de un extenso inventario que estaba hecho para describir m&#x00E1;s que para nombrar ejemplares. En sus listas, el pintor numeraba y designaba los ejemplares por su nombre com&#x00FA;n, lo cual correspond&#x00ED;a con el estilo de muchos otros naturalistas que por comodidad, ignorancia o falta de tiempo permanec&#x00ED;an al margen de los problemas que la insuficiencia de los sistemas de clasificaci&#x00F3;n al uso provocaba entre los naturalistas eruditos. Sus descripciones se quedaban en el terreno de lo coloquial y tampoco configuraban problemas m&#x00E1;s complejos que informar acerca de los detalles necesarios para hacer una breve historia del ejemplar. Las caracter&#x00ED;sticas morfol&#x00F3;gicas externas, los h&#x00E1;bitos alimenticios, la forma de vida y el potencial utilitario de los ejemplares era lo que generalmente se dec&#x00ED;a sobre ellos, y quiz&#x00E1; con eso bastaba para que en el Gabinete Real se les clasificara y ordenara en el sitio que les correspond&#x00ED;a.</p>

			<p>Por ejemplo, un macho cabrito, conocido en la isla como «<italic>Boch</italic>», era enviado con varias aves en el caj&#x00F3;n n&#x00FA;mero cuatro de esa remesa. Vilella lo describ&#x00ED;a como un animal de color negro, de pelo raso, «con pintas blancas de barba larga», que se hab&#x00ED;a «criado casero en la Villa de Santanyi, distante siete leguas de esta Capital [la de Mallorca]», y que hab&#x00ED;a disecado «persuadido que tal vez en el R. Gabinete a&#x00FA;n no lo tendr&#x00ED;an y por ser bien conservado». Sobre sus virtudes mencionaba que era comestible y que su carne la vend&#x00ED;an «en la carnicer&#x00ED;a todos d&#x00ED;as, como y tambi&#x00E9;n la de vaca, carnero, oveja y cabra», y que «todas las guardas o manadas de cabras tienen dos machos cabritos de igual tama&#x00F1;o por servir de padres»<xref ref-type="fn" rid="NOTE22">22</xref>.</p>

			<p>En sus descripciones, el pintor-corresponsal nunca alud&#x00ED;a a los autores paradigm&#x00E1;ticos de la historia natural y evitaba en todos los casos usar los sistemas de clasificaci&#x00F3;n habituales, mientras que los aspectos que resaltaba y validaba sin dudar eran su habilidad como gestor y recolector de ejemplares, m&#x00E1;s su pr&#x00E1;ctica como disecador. Esto se hac&#x00ED;a evidente cuando explicaba los medios por los que hab&#x00ED;a obtenido un animal y justificaba las circunstancias ajenas a &#x00E9;l que en todo caso podr&#x00ED;an afectar el buen estado de conservaci&#x00F3;n de la colecci&#x00F3;n. Un ejemplo de ello era el n&#x00FA;mero dos del mismo cuarto caj&#x00F3;n: un buitre o <italic>volt&#x00F3;</italic> -en mallorqu&#x00ED;n-, descrito por Vilella como «el ave m&#x00E1;s grande de las de Rapi&#x00F1;a que se cr&#x00ED;an en esta Isla», y que med&#x00ED;a «de un cavo de ala al otro diez y siete [<italic>sic</italic>] palmos Mallorquines», ten&#x00ED;a «el pico muy fuerte y puntiagudo, [y] las u&#x00F1;as fuertes y romas»<xref ref-type="fn" rid="NOTE23">23</xref>. Se criaba en los «Pe&#x00F1;ascos m&#x00E1;s escabrosos de esta Isla», ten&#x00ED;a la carne negra e in&#x00FA;til como alimento y hac&#x00ED;a su nido con varios troncos de gran tama&#x00F1;o. La forma en que lo hab&#x00ED;a obtenido se explicaba en un par de l&#x00ED;neas, donde el corresponsal enunciaba que el animal hab&#x00ED;a llegado vivo a sus manos despu&#x00E9;s de que un cazador lo encontrara en un arenal donde desollaban ganado, y le disparara «con escopeta, con bala, y ocho postas» rompi&#x00E9;ndole el «hueso maestro de una ala»<xref ref-type="fn" rid="NOTE24">24</xref>. Lo cual era una informaci&#x00F3;n que, aunque breve, explicaba tres cosas: una, que para conseguir el ejemplar Vilella se hab&#x00ED;a valido de un tercer recolector que en este caso era un cazador, pero que pod&#x00ED;a haber sido tambi&#x00E9;n un pescador o un buzo, como explic&#x00F3; en alg&#x00FA;n otro caso; dos, que ese recolector hab&#x00ED;a cazado al animal sin preocuparse por lastimarlo demasiado, esto significaba que el cazador no ten&#x00ED;a el sentido est&#x00E9;tico, cient&#x00ED;fico y anal&#x00ED;tico necesarios para pensar en que un animal destinado a la investigaci&#x00F3;n, la naturalizaci&#x00F3;n y la colecci&#x00F3;n deb&#x00ED;a permanecer lo menos lastimado e incompleto posible;<xref ref-type="fn" rid="NOTE25">25</xref> tres, que cualquier desperfecto en el ala no era su responsabilidad, o hab&#x00ED;a sucedido antes de su posesi&#x00F3;n, lo cual lo exoneraba de cualquier acusaci&#x00F3;n de brutalidad o descuido que pudiera denunciarse sobre el mal estado de las piezas. En pocas palabras, el naturalista estaba dando cuenta de los actores y las acciones implicados en un primer paso del proceso de acopio de colecciones, pero tambi&#x00E9;n estaba manifestando entre l&#x00ED;neas aquello de lo que &#x00E9;l era o no responsable para justificar su cr&#x00E9;dito como naturalista.</p>

			<p>El formato del inventario de Vilella segu&#x00ED;a en partes el ejemplo de la<italic> Instrucci&#x00F3;n</italic> de D&#x00E1;vila, ya fuera al usar los nombres comunes o al ocuparse de mostrar una cartograf&#x00ED;a que ubicaba ejemplares &#x00FA;tiles en lugares que pod&#x00ED;an situarse como potenciales fuentes de recursos naturales. El di&#x00E1;logo entre los escritos de ambos naturalistas se completaba cuando Vilella reportaba a D&#x00E1;vila su pr&#x00E1;ctica en los m&#x00E9;todos de conservaci&#x00F3;n. Un proceso en el que ten&#x00ED;a participaci&#x00F3;n directa y se destacaba, pues era reconocido como un buen disecador debido, en parte, a su formaci&#x00F3;n como pintor anat&#x00F3;mico. En su inventario, el pintor hac&#x00ED;a expl&#x00ED;cito el haber aplicado los m&#x00E9;todos de preservaci&#x00F3;n de ejemplares prescritos en la <italic>Instrucci&#x00F3;n </italic>y afirmaba haber seguido las indicaciones en cuanto al uso de polvos y barnices recomendados por el director del Gabinete<xref ref-type="fn" rid="NOTE26">26</xref>. Sin embargo, tambi&#x00E9;n explicaba sus percances, pues peces como la «musola» hab&#x00ED;an sido dif&#x00ED;ciles de disecar por «tener mucha carne gorda, con huesos fuertes y duros»<xref ref-type="fn" rid="NOTE27">27</xref>.</p>

			<p>El problema de la conservaci&#x00F3;n de ejemplares que aparec&#x00ED;a en los inventarios de Vilella era uno de los temas de preocupaci&#x00F3;n y ocupaci&#x00F3;n entre naturalistas, corresponsales y recolectores, y desde ambos lados del Atl&#x00E1;ntico se manifestaba como uno de los factores decisivos para el env&#x00ED;o de ejemplares. Desde Nueva Espa&#x00F1;a, por ejemplo, la queja era similar. Josef de Ibargoyen, Contador de Tabacos en la provincia de Guadalajara y corresponsal desde el virreinato, declaraba en el inventario que escribi&#x00F3; para documentar la remesa de 13 cajones con producciones naturales, que no ten&#x00ED;a «dificultad en adquirir animales particulares, pero [que] no hay quien sepa desecarlos», y que los poco expertos disecadores que hab&#x00ED;a encontrado, apenas hab&#x00ED;an podido preparar un par de aves -alcatraces-, que mandaba aunque no duraran lo suficiente para soportar el traslado a Madrid<xref ref-type="fn" rid="NOTE28">28</xref>.</p>

			<p>La remesa que Ibargoyen remit&#x00ED;a al Gabinete Real en julio de 1783 respond&#x00ED;a como la de Vilella al llamado que D&#x00E1;vila hab&#x00ED;a emitido siete a&#x00F1;os antes,<xref ref-type="fn" rid="NOTE29">29</xref> y las coincidencias entre los inventarios de ambas eran evidentes: tanto el novohispano como el mallorqu&#x00ED;n enumeraban sus ejemplares y los llamaban con nombres aut&#x00F3;ctonos, cartografiaban espec&#x00ED;menes, daban cuenta de su pr&#x00E1;ctica y mostraban la red de actores involucrados en el proceso de recolecci&#x00F3;n.</p>
			
			
						<fig id="F2">
							<label>Imagen 2</label>
							<caption>
								<title>Relaci&#x00F3;n de las curiosidades que remite el Excelent&#x00ED;simo Se&#x00F1;or Don Mat&#x00ED;as de G&#x00E1;lvez Virrey de Nueva Espa&#x00F1;a para el Real Gabinete de Historia Natural de Madrid que le dirigi&#x00F3; de la Provincia de Guadalajara en aquel Reino el Contador de Tabacos Don Josef Ibargoyen. AMNCN. <italic>Cat&#x00E1;logo de documentos del Real Gabinete de Historia Natural (1752-1786)</italic>. Ref. 792.</title>
							</caption>
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						</fig>
						
						<fig id="F3">
							<label>Imagen 3</label>
							<caption>
								<title>Relaci&#x00F3;n de las curiosidades que remite el Excelent&#x00ED;simo Se&#x00F1;or Don Mat&#x00ED;as de G&#x00E1;lvez Virrey de Nueva Espa&#x00F1;a para el Real Gabinete de Historia Natural de Madrid que le dirigi&#x00F3; de la Provincia de Guadalajara en aquel Reino el Contador de Tabacos Don Josef Ibargoyen. AMNCN. <italic>Cat&#x00E1;logo de documentos del Real Gabinete de Historia Natural (1752-1786)</italic>. Ref. 792.</title>
							</caption>
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						</fig>
						
						

			<p>En su inventario, Ibargoyen mostraba lo que a sus ojos era tan valioso, extraordinario y curioso, como para ser coleccionado en el Gabinete Real: piedras de plata y oro, cristalizaciones, minerales, piedras bezoares, mariposas, «excremento de caim&#x00E1;n», «huesos de gigantes», conchas, caracoles, ra&#x00ED;ces y maderas petrificadas que en conjunto pretend&#x00ED;an mostrar un fragmento de lo que podr&#x00ED;a llamarse naturaleza novohispana(v&#x00E9;anse im&#x00E1;genes <xref ref-type="fig" rid="F2">2</xref> y <xref ref-type="fig" rid="F3">3</xref>). As&#x00ED;, Zacatecas, Tapalpa, Guanajuato, Coahuila, Sonora, Sayula, Guadalajara, Colima y varias otras regiones del norte de lo que hoy se conoce como M&#x00E9;xico, se configuraban como regiones f&#x00E9;rtiles e incluso productoras de algunas monstruosidades y animales extraordinarios cuyo registro contribu&#x00ED;a de alg&#x00FA;n modo con alguna de las varias fabulaciones que D&#x00E1;vila hab&#x00ED;a plasmado en su texto. Junto al «becerrito monstruoso de dos cabezas» y el «corderito de dos cabezas, seis pies y dos colas que estaba cubierto de lana y se la comi&#x00F3; la polilla»,<xref ref-type="fn" rid="NOTE30">30</xref> Ibargoyen enviaba tambi&#x00E9;n</p>

						<p>La piel rellena de un animal que unos cazadores mataron pocos meses ha en un cerro inmediato a Cocula. Dicen no haberse visto otro semejante; que ten&#x00ED;a hocico largo y delgado, los dientes agudos, los ojos muy peque&#x00F1;os y redondos, y las u&#x00F1;as corvas y envainadas; que su carrera era poco veloz, y que perseguido por perros se volv&#x00ED;a con furor para morderlos; a&#x00F1;aden que su carne ol&#x00ED;a a pez o marisco.<xref ref-type="fn" rid="NOTE31">31</xref></p>
			
			<p>La pieza que evidenciaba la existencia de ese ejemplar raro llegaba, seg&#x00FA;n dec&#x00ED;a una nota a bando, «muy maltratada [y] sin piel»<xref ref-type="fn" rid="NOTE32">32</xref>. Lo cual evidenciaba el deterioro que los viajes causaban, mientras explicaba c&#x00F3;mo el inventario llegaba sin un referente f&#x00ED;sico adecuado que materializara las palabras que dibujaban un animal que podr&#x00ED;a haber sido m&#x00E1;s o menos grande, feroz o fant&#x00E1;stico. El texto, que es tan descriptivo como un cuento, tambi&#x00E9;n narra una escena de caza en la que hay un contexto (actores, acciones y el uso de otros sentidos complementarios a la vista) que difer&#x00ED;a de los c&#x00E1;nones de escritura encontrados en los libros de historia natural. Un recurso que tambi&#x00E9;n Vilella us&#x00F3; al describir las cualidades de algunos ejemplares, como por ejemplo el &#x00C1;guila de mar, cuya carne no se com&#x00ED;a por tener «sabor de marisco», o las condiciones de caza de un ave llamada «<italic>Corp</italic>» de la especie de los grajos, a quien un cazador mat&#x00F3; con una escopeta despu&#x00E9;s de esconderse en un hoyo cubierto de algas al que le hizo una abertura para poder apuntar y disparar al ave<xref ref-type="fn" rid="NOTE33">33</xref>.</p>

			<p>Los inventarios de Vilella e Ibargoyen ciertamente ten&#x00ED;an un estilo de escritura que se alejaba de la erudici&#x00F3;n sobria de algunos naturalistas europeos, pero no por ello perd&#x00ED;an su valor cient&#x00ED;fico. Al dar cuenta de su propia pr&#x00E1;ctica y buscar la validaci&#x00F3;n a su ejercicio como corresponsales, disecadores o naturalistas aficionados, tanto el mallorqu&#x00ED;n como el novohispano evidenciaron la intervenci&#x00F3;n de actores secundarios que, sabi&#x00E9;ndolo o no, tambi&#x00E9;n formaron parte de una cultura de coleccionistas: cazadores, pescadores, nativos, te&#x00F1;idores y campesinos que compart&#x00ED;an pr&#x00E1;cticas y saberes incorporados poco a poco en los distintos procesos de selecci&#x00F3;n, recolecci&#x00F3;n y conservaci&#x00F3;n de ejemplares. Pero estos detalles no siempre fueron documentados y, en el caso de algunos expedicionarios, como aquellos en Nueva Espa&#x00F1;a, lo que se plasm&#x00F3; en los inventarios que acompa&#x00F1;aron sus remesas para el Real Gabinete se vincul&#x00F3; m&#x00E1;s al mundo de la erudici&#x00F3;n que al de las pr&#x00E1;cticas.</p>
		</sec>


		<sec id="S4">
			<title>&#x00CD;NDICES, EXPEDICIONES Y CONSENSOS</title>

			<p>Las expediciones espa&#x00F1;olas por Am&#x00E9;rica y las Filipinas hab&#x00ED;an iniciado en 1777 como parte de una estrategia mon&#x00E1;rquica que, entre sus m&#x00FA;ltiples objetivos pol&#x00ED;ticos, sociales y cient&#x00ED;ficos, ten&#x00ED;a el de recopilar informaci&#x00F3;n y objetos naturales para el Gabinete Real. Sus miembros, usualmente naturalistas, m&#x00E9;dicos, cirujanos, pintores y bot&#x00E1;nicos reconocidos, remit&#x00ED;an sus hallazgos a Madrid con toda la frecuencia que les fuera posible. En Nueva Espa&#x00F1;a, Mart&#x00ED;n de Sess&#x00E9;, Vicente Cervantes, Jos&#x00E9; Longinos Mart&#x00ED;nez, Juan del Castillo y Jaime Senseve enviaron, desde marzo de 1789, remesas de cajones con ejemplares naturales, cat&#x00E1;logos y dibujos del virreinato a la pen&#x00ED;nsula<xref ref-type="fn" rid="NOTE34">34</xref>.</p>

			<p>El naturalista de la Expedici&#x00F3;n, Jos&#x00E9; Longinos Mart&#x00ED;nez, fue el encargado de seleccionar, colectar, conservar, describir y clasificar las colecciones de animales destinadas al Gabinete Real<xref ref-type="fn" rid="NOTE35">35</xref>. Su consigna, entre otras cosas, deb&#x00ED;a cumplir con lo que Jos&#x00E9; Pardo (<xref ref-type="bibr" rid="CIT33">2012</xref>, p.34) ha llamado «el esclarecimiento cr&#x00ED;tico de la dif&#x00ED;cil frontera entre lo imaginario y lo real», que era equivalente a erradicar con m&#x00E1;s contundencia las fabulaciones e ideas err&#x00F3;neas que permanec&#x00ED;an en el marco de la historia natural. Con esa premisa, los textos de Mart&#x00ED;nez y el resto de los expedicionarios deb&#x00ED;an situarse en el canon de las ciencias naturales y cumplir con el rigor que mandaba la adopci&#x00F3;n del sistema linneano como eje taxon&#x00F3;mico en el Gabinete y el Jard&#x00ED;n mon&#x00E1;rquicos. Esto les llevar&#x00ED;a a soslayar, en lo posible, la nomenclatura aut&#x00F3;ctona para realizar un ejercicio de clasificaci&#x00F3;n en el que se demostrara su conocimiento de todos los sistemas al uso y su correcta aplicaci&#x00F3;n, en caso de que el linneano no fuera suficiente para nombrar los m&#x00FA;ltiples espec&#x00ED;menes novedosos que encontraran.</p>

			<p>Las remesas que Mart&#x00ED;nez expidi&#x00F3; para el Real Gabinete estaban documentadas regularmente por lo que &#x00E9;l llamaba «n&#x00F3;minas», manuscritos que ten&#x00ED;an el formato de listas de n&#x00FA;meros y nombres que correspond&#x00ED;an a los animales y dibujos que se hallaban igualmente numerados dentro de los cajones. El &#x00ED;ndice que el naturalista mand&#x00F3; a Jos&#x00E9; Clavijo desde Cuernavaca el 22 de abril de 1789 registraba una remesa con ejemplares pertenecientes a las categor&#x00ED;as de <italic>Mammalia </italic>y Aves, y se divid&#x00ED;a en dos partes<xref ref-type="fn" rid="NOTE36">36</xref>. En la primera, el naturalista mostraba su conocimiento de los distintos sistemas taxon&#x00F3;micos y nombraba respectivamente a las especies que &#x00E9;l consideraba reconocidas de antemano en los textos de Aldrovandi, Linneo, Catesby, Brisson, Klein y Hern&#x00E1;ndez; mientras que en la segunda, los ejemplares enunciados eran los reci&#x00E9;n descubiertos por &#x00E9;l, y sobre ellos propon&#x00ED;a una nomenclatura acorde a Linneo y Hern&#x00E1;ndez. As&#x00ED;, t&#x00E9;rminos como «<italic>Trochilus Purpureus. Sp. Na.», «Quetzalhoitzitzilin. </italic>Hdez. mex. p. 321» o «<italic>Anaes Clipoata. </italic>Linn. p. 200» identificaban si se trataba de una especie nueva o ya reconocida por los sistemas hernandino y linneano respectivamente<xref ref-type="fn" rid="NOTE37">37</xref>.</p>

			<p>Las listas, de acuerdo con el m&#x00E9;todo propuesto por Linneo, se pod&#x00ED;an leer verticalmente, de arriba hacia abajo, pero tambi&#x00E9;n, horizontalmente, de izquierda a derecha. La lectura vertical refer&#x00ED;a los ejemplares, mientras que la horizontal daba cuenta del sistema de clasificaci&#x00F3;n usado y la referencia a la p&#x00E1;gina exacta donde dicho nombre se encontraba.</p>

			<p>La remisi&#x00F3;n hecha en agosto de 1791, por otro lado, inclu&#x00ED;a un nuevo elemento: el dibujo de cada ejemplar. Un documento m&#x00E1;s que servir&#x00ED;a como referencia en caso de que el animal disecado se perdiera, cambiara su apariencia o simplemente se descompusiera. La aparici&#x00F3;n de este nuevo instrumento de identificaci&#x00F3;n implicaba un reajuste necesario en la documentaci&#x00F3;n, por lo que la remesa ahora integraba una serie de &#x00ED;ndices que tambi&#x00E9;n deb&#x00ED;an controlar el tr&#x00E1;nsito de los dibujos.</p>

			<p>A diferencia de la <italic>Instrucci&#x00F3;n</italic> de D&#x00E1;vila, que usaba una clasificaci&#x00F3;n aristot&#x00E9;lica y taxonom&#x00ED;as coloquiales para designar los ejemplares que solicitaba, los inventarios de Mart&#x00ED;nez mostraban clasificaciones y series de nombres «cient&#x00ED;ficos», normalmente escritos en lat&#x00ED;n, para referirse a los espec&#x00ED;menes de las n&#x00F3;minas. Lo cual era com&#x00FA;nmente entendido como un despliegue de erudici&#x00F3;n y una forma de validar su autoridad como naturalista. Ya la <italic>Instrucci&#x00F3;n</italic> hab&#x00ED;a servido para que D&#x00E1;vila mostrara su saber al enlistar todos los t&#x00E9;rminos aut&#x00F3;ctonos conocidos, y los inventarios de los corresponsales hab&#x00ED;an ayudado a exaltar su capacidad como buscadores o conservadores de ejemplares; ahora los &#x00ED;ndices de Mart&#x00ED;nez se configuraban como un medio para exponer su conocimiento de los sistemas de clasificaci&#x00F3;n, as&#x00ED; como su capacidad para nombrar los ejemplares reci&#x00E9;n reconocidos en el territorio novohispano. La validaci&#x00F3;n de todos esos conocimientos y capacidades vendr&#x00ED;a despu&#x00E9;s de que se evaluara lo escrito, se confrontara con lo que de antemano se sab&#x00ED;a y se generara un consenso sobre el conocimiento que en todos los casos se manifestaba.</p>

			<p>La documentaci&#x00F3;n que acompa&#x00F1;aba a los espec&#x00ED;menes estabilizaba en palabras la materialidad de los objetos que se desplazaban, pero las mismas palabras, aunadas a los dibujos, consolidaban tambi&#x00E9;n los conocimientos tanto como los hallazgos que surg&#x00ED;an en el proceso de recolecci&#x00F3;n de ejemplares. Al llegar a su destino, &#x00ED;ndices e inventarios dejaban de ser una herramienta pr&#x00E1;ctica y de control para transformarse en instrumentos te&#x00F3;ricos que desplegaban su dimensi&#x00F3;n epist&#x00E9;mica y completaban un proceso de construcci&#x00F3;n de saberes sobre la naturaleza desconocida. Si esos saberes alcanzaban la fase final de evaluaci&#x00F3;n y consenso, entonces el proceso tendr&#x00ED;a como resultado el conocimiento fiable que tanto se buscaba.</p>

			<p>La b&#x00FA;squeda de esa fiabilidad conduc&#x00ED;a, casi inevitablemente, a disputas sustentadas o provocadas con frecuencia por los contenidos de los inventarios. En el caso de los expedicionarios novohispanos, el conflicto surgi&#x00F3; alrededor de un &#x00ED;ndice escrito por Longinos Mart&#x00ED;nez hacia finales de 1789 para documentar un grupo de aves enviadas al Gabinete de Madrid<xref ref-type="fn" rid="NOTE38">38</xref>.</p>

			<p>El naturalista hab&#x00ED;a colectado en sus recorridos veinte aves novohispanas desconocidas por los sistemas taxon&#x00F3;micos al uso y, coherente con su quehacer, las hab&#x00ED;a clasificado con una nomenclatura propuesta por &#x00E9;l. El expedicionario, as&#x00ED; como otros estudiosos y aficionados de Europa y Am&#x00E9;rica, hab&#x00ED;a comprobado con el tiempo y la pr&#x00E1;ctica que los sistemas de clasificaci&#x00F3;n eran insuficientes, y en el cumplimiento de sus objetivos deb&#x00ED;a ajustar e incluso, inventar, nuevas denominaciones para nombrar los ejemplares reci&#x00E9;n conocidos. Los usos y las costumbres entre expedicionarios dictaban que antes de enviar las remesas a Madrid hab&#x00ED;a que hacer un consenso entre ellos para acordar la clasificaci&#x00F3;n de los ejemplares y obtener la aprobaci&#x00F3;n del director, lo cual garantizaba que aquello que se escrib&#x00ED;a era correcto. Sin embargo, en esta remesa espec&#x00ED;fica Mart&#x00ED;nez actu&#x00F3; por su cuenta y remiti&#x00F3; las aves sin cumplir con el protocolo<xref ref-type="fn" rid="NOTE39">39</xref>. El hecho provoc&#x00F3; que el director de la expedici&#x00F3;n, Mart&#x00ED;n de Sess&#x00E9;, se sintiera agraviado porque el naturalista hab&#x00ED;a ignorado su autoridad tanto como la «cl&#x00E1;usula con acuerdo del Director»<xref ref-type="fn" rid="NOTE40">40</xref>. En consecuencia mand&#x00F3;, el 13 de agosto de 1791, una misiva a la Corte dirigida al Marqu&#x00E9;s de Bajamar, pidi&#x00E9;ndole que otros especialistas metropolitanos revisaran y corrigieran los inventarios del naturalista, pues su clasificaci&#x00F3;n era arbitraria y poco ten&#x00ED;a que ver con los textos que entonces se estaban trabajando.</p>

			<p>Sess&#x00E9; argumentaba que los dibujos remitidos en el a&#x00F1;o ochenta y nueve ten&#x00ED;an errores y que la denominaci&#x00F3;n que Longinos hab&#x00ED;a hecho de las aves ah&#x00ED; representados era err&#x00F3;nea, lo cual representar&#x00ED;a, a los ojos de «los inteligentes que pudieran verlas, sin estar instruidos de su capricho», el descr&#x00E9;dito de la Expedici&#x00F3;n. Por eso el director solicitaba que «Personas peritas» examinaran los documentos y le hicieran saber los resultados de su an&#x00E1;lisis para poder corregir con tiempo los manuscritos, de modo que ni la autoridad de su empleo ni las instrucciones cortesanas se vieran mermadas, pero s&#x00ED; se contrarrestara la «altaner&#x00ED;a» y la «insurrecci&#x00F3;n» del naturalista<xref ref-type="fn" rid="NOTE41">41</xref>.</p>

			<p>Anexo a esta carta, Sess&#x00E9; enviaba una lista comparativa donde contrastaba las clasificaciones hechas por ambos contendientes. La n&#x00F3;mina (v&#x00E9;ase <xref ref-type="fig" rid="F4">imagen 4</xref>) estaba conformada por tres columnas: la primera era num&#x00E9;rica y vinculaba los nombres con el esp&#x00E9;cimen remitido; la segunda era la taxonom&#x00ED;a propuesta por el naturalista y la tercera era la nomenclatura corregida por el director. El ideal era que ambas listas se contrastaran con el ejemplar, su dibujo y los libros de historia natural correspondientes para poder as&#x00ED; llegar a un consenso y, por ende, a una nomenclatura definitiva. La ventaja, en este caso ser&#x00ED;a que Sess&#x00E9; ten&#x00ED;a los dibujos como referencia para realizar el contraste, aunque esto no significaba que las im&#x00E1;genes representaran con verdad las caracter&#x00ED;sticas necesarias e indispensables para realizar con precisi&#x00F3;n una clasificaci&#x00F3;n. Llevar esto a cabo era, por consiguiente, m&#x00E1;s complicado de lo que aqu&#x00ED; se dice debido a la incidencia de varios factores. Uno de ellos, y quiz&#x00E1; el m&#x00E1;s importante, resid&#x00ED;a en el ejemplar mismo.</p>
			
			
						<fig id="F4">
							<label>Imagen 4</label>
							<caption>
								<title>N&#x00F3;mina de algunas aves remitidas al Real Gabinete por la expedici&#x00F3;n Bot&#x00E1;nica de N.E. que conviene se examinen por hallarse en cuesti&#x00F3;n entre el Director y el Naturalista de ella. ARJB. <italic>Cat&#x00E1;logo de los documentos de la Real Expedici&#x00F3;n a Nueva Espa&#x00F1;a del Archivo del Real Jard&#x00ED;n Bot&#x00E1;nico</italic>. Ref. 95.</title>
							</caption>
							<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F4.jpg"/>
						</fig>
						
						

			<p>Consideremos que para realizar la clasificaci&#x00F3;n de un esp&#x00E9;cimen hab&#x00ED;a que tomar en cuenta todos y cada uno de los rasgos morfol&#x00F3;gicos que, idealmente, deber&#x00ED;an conservarse iguales a cuando el animal estaba vivo para evitar confusiones. Pero esto no era lo usual. Sabemos que algunos ejemplares llegaban despu&#x00E9;s de haber sido cazados por terceros (como los de Vilella e Ibargoyen) y que a otros, como era l&#x00F3;gico, no se les pod&#x00ED;a seguir y observar durante mucho tiempo en su estado natural, lo cual obligaba a los naturalistas a clasificarles despu&#x00E9;s de haberlos matado e incluso, conservado. La posible alteraci&#x00F3;n que afectar&#x00ED;a a las caracter&#x00ED;sticas f&#x00ED;sicas en el paso entre la vida y la muerte era una variable importante, pues la modificaci&#x00F3;n de cualidades como el pelo, los bigotes, las aletas, las plumas y las patas representaba un aspecto sustancial al momento de definir las taxonom&#x00ED;as y escribir sus historias naturales<xref ref-type="fn" rid="NOTE42">42</xref>. Esto, por supuesto, tendr&#x00ED;a que tomarse en cuenta para evaluar la precisi&#x00F3;n en la nomenclatura propuesta por los expedicionarios, pues los ejemplares hab&#x00ED;an sido cazados y remitidos muchos meses antes de la carta de Sess&#x00E9;, y seguramente habr&#x00ED;an sufrido p&#x00E9;rdidas y variaciones que, no obstante, quiz&#x00E1; podr&#x00ED;an compensarse si los evaluadores observaban con atenci&#x00F3;n los dibujos que se hab&#x00ED;an hecho de las aves.</p>

			<p>No obstante los esfuerzos de Sess&#x00E9; para dejar claro qui&#x00E9;n de los dos expedicionarios ten&#x00ED;a raz&#x00F3;n, la verdad es que hasta el d&#x00ED;a de hoy se ignora el resultado de esta disputa, aunque tambi&#x00E9;n es muy probable que no se haya llegado a conclusi&#x00F3;n alguna. Al final de cuentas, en Madrid tanto como en M&#x00E9;xico, Sess&#x00E9; y Mart&#x00ED;nez compartieron el cr&#x00E9;dito por los ejemplares que remitieron a nombre de la expedici&#x00F3;n, no obstante que al final de este problema terminaron trabajando por separado sin que su m&#x00E9;rito como naturalistas se viese afectado. Por otro lado, en el Gabinete Real de Madrid la cantidad de ejemplares que llegaban de los virreinatos y del mismo territorio insular y peninsular superaba las expectativas num&#x00E9;ricas, as&#x00ED; como al personal que pod&#x00ED;a encargarse de estudiarlas. Lo cual, aunado a los posteriores problemas pol&#x00ED;ticos sufridos en Espa&#x00F1;a en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os del siglo XVIII y principios del siglo XIX, propici&#x00F3; que muchos ejemplares se perdieran o permanecieran sin ser reconocidos y clasificados propiamente y que muchos documentos tambi&#x00E9;n se perdieran, dejando incompleto o desconocido el trabajo de todos los implicados.</p>
		</sec>


		<sec id="S5">
			<title>LISTAS QUE VIENEN, LISTAS QUE VAN</title>

			<p>Entre los siglos diecis&#x00E9;is y dieciocho, los naturalistas buscaron comprender y conocer el mundo asignando a las producciones naturales la cualidad de signos, referentes materiales a los que se les designaba un orden y un significado en funci&#x00F3;n de sus caracter&#x00ED;sticas morfol&#x00F3;gicas. El juego de desciframientos e interpretaciones que implicaba la transformaci&#x00F3;n de un ejemplar en objeto de conocimiento, propici&#x00F3; un proceso cognitivo en el que los espec&#x00ED;menes sufrieron una metamorfosis que los convirti&#x00F3; en graf&#x00ED;as, palabras y nombres que transformaban simb&#x00F3;licamente al complejo mundo natural en un libro. La conversi&#x00F3;n, como era de esperarse, propici&#x00F3; a su vez actos de representaci&#x00F3;n y reconstrucci&#x00F3;n del mundo natural en los que jardines bot&#x00E1;nicos y gabinetes de historia natural se configuraron como grandes libreros que exhib&#x00ED;an el tan esperado libro abierto de la naturaleza.</p>

			<p>El viraje de la naturaleza a un conjunto de signos le imprimi&#x00F3; en su momento una dimensi&#x00F3;n cultural y social: cada individuo vegetal, animal o mineral pas&#x00F3; a ser un sintagma del paradigma de la naturaleza. Desde cada conjunto se estableci&#x00F3;, a manera de sin&#x00E9;cdoque, la totalidad del mundo exterior contenida entre las l&#x00ED;neas de un inventario, las p&#x00E1;ginas de un libro o las colecciones de historia natural. En el proceso de visibilizaci&#x00F3;n de la naturaleza y significaci&#x00F3;n de las colecciones, la fase de documentaci&#x00F3;n fue un factor esencial que gener&#x00F3; pr&#x00E1;cticas de escritura poco exploradas: desde lo que se ha llamado «escritura de lo cotidiano» (Pardo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2010</xref>, p.32), hasta textos m&#x00E1;s complejos (libros, cat&#x00E1;logos, inventarios) que quiz&#x00E1; pudieran considerarse un g&#x00E9;nero dentro de la literatura cient&#x00ED;fica.</p>

			<p>Si bien varios historiadores han asumido que la producci&#x00F3;n de textos, impresos y manuscritos relacionados con la historia natural y sus colecciones era una pr&#x00E1;ctica cotidiana y sistem&#x00E1;tica asociada al desarrollo de las ciencias, tambi&#x00E9;n se ha manifestado la idea de que en ese acto interven&#x00ED;an m&#x00E1;s factores que el puro inter&#x00E9;s por el conocimiento. El estudio, la difusi&#x00F3;n y el desarrollo de las ciencias de la naturaleza fueron aspectos que formaron parte de los proyectos mon&#x00E1;rquicos para el avance del pa&#x00ED;s y su poblaci&#x00F3;n. Con la intenci&#x00F3;n de obtener el progreso individual y en consecuencia, el del Estado, desde la Corte espa&#x00F1;ola se dise&#x00F1;aron planes y estrategias que buscaron una correspondencia exitosa entre intereses pol&#x00ED;ticos, ciencias y escritura para impulsar la instrucci&#x00F3;n p&#x00FA;blica de los habitantes. Una idea que coincid&#x00ED;a claramente con el pensamiento de Linneo, quien ve&#x00ED;a en el estudio de la naturaleza una herramienta para el desarrollo econ&#x00F3;mico de los pa&#x00ED;ses.</p>

			<p>El naturalista sueco propon&#x00ED;a un m&#x00E9;todo de acopio de informaci&#x00F3;n basado en la formaci&#x00F3;n de listas e inventarios que no s&#x00F3;lo ayudaban a identificar el orden en la naturaleza, sino que tambi&#x00E9;n propiciaban procesos cognitivos sobre quien las escrib&#x00ED;a tanto como sobre quien las le&#x00ED;a y/o estudiaba a profundidad. Seg&#x00FA;n Staffan M&#x00FC;ller-Wille e Isabel Charmantier (<xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2012</xref>, p.744) el peculiar efecto cognitivo de las listas resid&#x00ED;a en dos aspectos: el potencial informativo acerca de lugares, instrucciones y l&#x00ED;mites, y el proceso que se llevaba a cabo para ordenar los &#x00ED;tems por nombre, sonido inicial, categor&#x00ED;a o cualquier otro criterio. Las listas y los inventarios fueron entonces herramientas indispensables para la circulaci&#x00F3;n del conocimiento en su forma conceptual tanto como material y sus cualidades sint&#x00E9;ticas permitieron la transmisi&#x00F3;n de informaci&#x00F3;n y la manipulaci&#x00F3;n del saber que conten&#x00ED;an estabilizado en palabras. Sin embargo, esas palabras no eran suficientes para construir un conocimiento profundo en el contexto de un gabinete de historia natural, y la presencia de dibujos, tanto como de los objetos mismos eran fundamentales para completar el proceso de significaci&#x00F3;n de la naturaleza. De ese modo, en el contexto del coleccionismo natural las tecnolog&#x00ED;as de papel quintaesenciaron la comunicaci&#x00F3;n entre la Corona espa&#x00F1;ola y sus posesiones, adem&#x00E1;s de haber sido &#x00FA;tiles para ordenar el mundo y configurar un entorno material que permit&#x00ED;a generar, estabilizar e incluso, modificar el conocimiento<xref ref-type="fn" rid="NOTE43">43</xref>. Los inventarios, los &#x00ED;ndices e incluso los dibujos fueron, como podemos ver actualmente, la &#x00FA;nica forma de preservar efectivamente las colecciones de animales que, despu&#x00E9;s de tres siglos, existen a&#x00FA;n como colecciones de papel.</p>
	
		</sec>
		
	</body>


	
	
	<back>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE01"><label>1</label>
					<p>Este art&#x00ED;culo se ha realizado en el contexto de una estancia de investigaci&#x00F3;n posdoctoral en el Instituto de Historia del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas, financiada por el CONACYT en su programa de becas a Estancias Posdoctorales y Sab&#x00E1;ticas en el Extranjero.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE02"><label>2</label>
					<p>En su art&#x00ED;culo, M&#x00FC;ller-Wille y Charmantier defienden, con base en la antropolog&#x00ED;a de la escritura, el uso de las listas como tecnolog&#x00ED;as de investigaci&#x00F3;n. Su objeto de estudio son b&#x00E1;sicamente los inventarios producidos por el naturalista sueco Carlos Linneo. Por su parte, Hess y Mendelsohn miran los documentos producidos en el entorno de la medicina cl&#x00ED;nica para analizar su potencial como soporte material de informaci&#x00F3;n.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE03"><label>3</label>
					<p>Sobre el Real Gabinete se han escrito muchos textos en Espa&#x00F1;a y &#x00E9;ste ha sido motivo de varios estudios como referente de la ciencia espa&#x00F1;ola ilustrada. Los principales autores que se consultan para este tema son Solano (<xref ref-type="bibr" rid="CIT42">1871</xref>), Barreiro (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1992</xref>), Calatayud (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1986</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1987</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1988</xref>) y Mieg (<xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2009</xref>). Aunque Solano fue de los primeros autores en escribir acerca de la historia del Gabinete, Barreiro es uno de los m&#x00E1;s importantes al menos para el siglo veinte –la primera edici&#x00F3;n de su texto es de 1936-, Calatayud realiz&#x00F3; varias biograf&#x00ED;as de Pedro Franco D&#x00E1;vila y sistematiz&#x00F3; los fondos documentales del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, producidos entre 1771 y 1845, mientras que Mieg realiz&#x00F3; una descripci&#x00F3;n exhaustiva del Real Gabinete a principios del siglo diecinueve. El texto m&#x00E1;s extenso y reciente sobre este tema es el realizado por Villena, et. al. (<xref ref-type="bibr" rid="CIT43">2009</xref>), en &#x00E9;l los autores recogen la biograf&#x00ED;a de D&#x00E1;vila y la suman a la historia del Gabinete hasta inicios del siglo diecinueve haciendo especial &#x00E9;nfasis en las colecciones marinas. Con una visi&#x00F3;n m&#x00E1;s cr&#x00ED;tica est&#x00E1;n tambi&#x00E9;n los textos de Juan Pimentel (<xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2003a</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">2003b</xref>), Helen Cowie (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2011a</xref>) y Camilla Ruud (<xref ref-type="bibr" rid="CIT38">2012</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE04"><label>4</label>
					<p>Staffan M&#x00FC;ller-Wille e Isabelle Charmantier, reconocen en las listas su capacidad de presentar y preservar el conocimiento de forma sin&#x00F3;ptica, concisa, estructurada y abierta como los atributos fundamentales que les permiten ser reconocidos como herramientas te&#x00F3;ricas (M&#x00FC;ller-Wille y Charmantier <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2012</xref>, p.744).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE05"><label>5</label>
					<p>Las listas han sido analizadas como objetos de arte, historia y ciencia. Por citar s&#x00F3;lo algunos ejemplos cito los textos de Kirwin (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2010</xref>), Eco (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2009</xref>), el monogr&#x00E1;fico introductorio a la revista <italic>Isis</italic> hecho por Delbourgo y M&#x00FC;ller-Wille (<xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2012</xref>), o el seminario llevado a cabo en Madrid en 2013 <italic>Por una historia de las listas en la &#x00E9;poca moderna (siglos XV-XIX)</italic>, programa disponible en: <uri> http://www.casadevelazquez.org/es/investigacion/novedad/por-una-historia-de-las-listas-en-la-epoca-moderna-siglos-xv-xix/</uri> [consultado el 28/05/2014].</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE06"><label>6</label>
					<p>Sobre las pr&#x00E1;cticas de escritura en el coleccionismo y la ciencia ver  Johns (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1996</xref>), Lafuente y Pimentel (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2002</xref>), Pardo (<xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2010</xref>) y Pugliano (<xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2012</xref>) entre otros.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE07"><label>7</label>
					<p>Sobre la iniciativa de Ulloa y el Gabinete de Minas ver: Calatayud (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1986</xref>), Corella (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1987</xref>) y Losada y Varela (<xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1995</xref>). Sobre la respuesta novohispana a esta solicitud ver: Constantino (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2011</xref>). El original de la solicitud enviada al gobierno novohispano se encuentra en: Archivo General de la Naci&#x00F3;n, M&#x00E9;xico (AGN). <italic>Instituciones Coloniales, Gobierno Virreinal, Reales C&#x00E9;dulas Originales</italic>, vol. 177. Exp. 64.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE08"><label>8</label>
					<p>AGN. Gobierno Virreinal, <italic>Correspondencia de Virreyes (036),</italic> vol. 189, fojas 165-166.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE09"><label>9</label>
					<p>AGN. Gobierno Virreinal, <italic>Reales C&#x00E9;dulas Originales</italic>, vol. 185, exp. 73.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE10"><label>10</label>
					<p>AGN. Gobierno Virreinal, <italic>Indiferente Virreinal,</italic> caja 1959, exp. 006.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE11"><label>11</label>
					<p>No obstante que la idea de Antonio de Ulloa se hab&#x00ED;a adaptado con facilidad a las empresas mon&#x00E1;rquicas que en su momento se estaban llevando a cabo para recuperar la historia y el conocimiento antiguo hispano, la iniciativa de establecer un gabinete Real no prosper&#x00F3; en su momento como tal. Sin embargo, del proyecto inicial de Ulloa se desprendi&#x00F3; en 1753 la Real Casa de la Geograf&#x00ED;a y Gabinete de Historia Natural. Ambos se mantuvieron en pie con algunos tropiezos durante trece a&#x00F1;os, hasta que en 1766, despu&#x00E9;s de varios intentos por conservarlo, sus colecciones fueron repartidas entre el Protomedicato y la Corona (Barreiro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1992</xref>, p. 57-58). No obstante lo ef&#x00ED;mero de su existencia, ese primer intento por establecer una colecci&#x00F3;n favoreci&#x00F3; a la larga la conformaci&#x00F3;n de otros gabinetes de dimensiones menores. El “Gabinete del Pr&#x00ED;ncipe” (Calatayud, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1988</xref>, p. 50) fue uno de ellos: era una sala adornada con armarios y cristales, destinada a guardar y exhibir ejemplares naturales, para apoyar y complementar la educaci&#x00F3;n e instrucci&#x00F3;n del heredero de la Corona, Carlos IV (Barreiro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1992</xref>, p. 59). El gabinete reflejaba el inter&#x00E9;s mon&#x00E1;rquico por incluirse en la tradici&#x00F3;n coleccionista propia de los gobernantes y hombres sabios de la &#x00E9;poca. Sin embargo era muy peque&#x00F1;o y no ten&#x00ED;a acceso p&#x00FA;blico. No era suficiente para mostrar toda la riqueza que hab&#x00ED;a en el territorio, y eso era algo que deb&#x00ED;a solucionarse.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE12"><label>12</label>
					<p><italic>Instrucci&#x00F3;n hecha de Orden del Rey N.S. para que los Virreyes, Gobernadores, Corregidores, Alcaldes Mayores e Intendentes de Provincias de todos los dominios de S. M. puedan hacer escoger, preparar y enviar a Madrid, todas las producciones curiosas de la Naturaleza que se encontraren en tierras y pueblos de sus distritos, a fin de que se coloquen en el Real Gabinete de Historia que S.M. ha establecido en esta corte para beneficio e instrucci&#x00F3;n p&#x00FA;blica.  </italic>. Sobre este documento, necesario para entender el proceso del coleccionismo de historia natural en Espa&#x00F1;a se ha escrito ya con anterioridad. El texto completo de la <italic>Instrucci&#x00F3;n</italic> de D&#x00E1;vila puede consultarse en: Lemoine (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1961</xref>), y<italic> Mercurio Hist&#x00F3;rico y Pol&#x00ED;tico</italic> (Mayo, 1776). Sobre la <italic>Instrucci&#x00F3;n</italic> y su relaci&#x00F3;n con las pr&#x00E1;cticas de coleccionismo de corresponsales y expedicionarios ver: Constantino (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2011</xref>) y Cowie (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2011b</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2011c</xref>). El recuento de c&#x00F3;mo surgi&#x00F3; este documento, su estrategia de difusi&#x00F3;n, su car&#x00E1;cter enciclop&#x00E9;dico y su v&#x00ED;nculo con otras instrucciones mon&#x00E1;rquicas de coleccionismo aparece en Constantino y Pimentel (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2014</xref>). El documento impreso que lleg&#x00F3; a Nueva Espa&#x00F1;a se encuentra en: AGN. Instituciones Coloniales, Indiferente Virreinal, <italic>Impresos Oficiales</italic>, vol. 10, exp. 8.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE13"><label>13</label>
					<p>Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de Espa&#x00F1;a. <italic>Mercurio Hist&#x00F3;rico y Pol&#x00ED;tico</italic> (Mayo, 1776): 92-133, <uri>http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0012206113&amp;page=94&amp;search=mercurio&amp;lang=es</uri> [consultado el 15/03/ 2014].</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE14"><label>14</label>
					<p>El texto de Constantino y Lafuente (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2012</xref>) explica en detalle la relevancia que los procesos de conservaci&#x00F3;n ten&#x00ED;an para llevar a cabo una pr&#x00E1;ctica coleccionista exitosa. Ah&#x00ED; se muestran los procesos indicados por D&#x00E1;vila en la <italic>Instrucci&#x00F3;n</italic>, as&#x00ED; como los posibles actores que intervinieron en el proceso y las respuestas alternativas que los naturalistas novohispanos propon&#x00ED;an a los m&#x00E9;todos europeos.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE15"><label>15</label>
					<p>AGN. Instituciones Coloniales, Indiferente Virreinal, <italic>Impresos Oficiales</italic>, vol. 10, exp. 8. </p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE16"><label>16</label>
					<p>AGN. Instituciones Coloniales, Indiferente Virreinal, <italic>Impresos Oficiales</italic>, vol. 10, exp. 8.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE17"><label>17</label>
					<p>La nota al pie dice as&#x00ED;: “Siendo nuestro intento nombrar solamente con toda brevedad las producciones m&#x00E1;s conocidas, no observaremos el m&#x00E9;todo de los Autores, ni la nomenclatura conocida en Europa, e ignorada ciertamente de muchos en Am&#x00E9;rica, por evitar a cada paso definiciones que ser&#x00ED;an indispensables para la inteligencia de la materia.” AGN. Instituciones Coloniales, Indiferente Virreinal, <italic>Impresos Oficiales</italic>, vol. 10, exp. 8.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE18"><label>18</label>
					<p>AGN. Instituciones Coloniales, Indiferente Virreinal, <italic>Impresos Oficiales</italic>, vol. 10, exp. 8.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE19"><label>19</label>
					<p>Para este caso particular podemos pensar, por ejemplo, que el perro volador podr&#x00ED;a haber sido en realidad un murci&#x00E9;lago de grandes dimensiones, similar a los asi&#x00E1;ticos que a&#x00FA;n hoy en d&#x00ED;a son conocidos en occidente como zorros voladores.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE20"><label>20</label>
					<p>Dado que este art&#x00ED;culo habla espec&#x00ED;ficamente del <italic>corpus</italic> documental de las colecciones no entrar&#x00E9; en detalles sobre los procesos y el trabajo que implicaba la pr&#x00E1;ctica de recolecci&#x00F3;n, conservaci&#x00F3;n y naturalizaci&#x00F3;n de los ejemplares coleccionados. Sin embargo, sobre esto puede leerse en Constantino y Lafuente (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2012</xref>) y en Constantino (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2013</xref>, p. 165-224).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE21"><label>21</label>
					<p>Sobre la vida y obra de Vilella ver: Azc&#x00E1;rate (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1987</xref>) y Villena, M., et al. (<xref ref-type="bibr" rid="CIT43">2009</xref>, p. 695).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE22"><label>22</label>
					<p>AMNCN (Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales). <italic>Cat&#x00E1;logo de documentos del Real Gabinete de Historia Natural (1752-1786)</italic>. Ref. 504.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE23"><label>23</label>
					<p>AMNCN. <italic>Cat&#x00E1;logo de documentos del Real Gabinete de Historia Natural (1752-1786)</italic>. Ref. 504.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE24"><label>24</label>
					<p>AMNCN. <italic>Cat&#x00E1;logo de documentos del Real Gabinete de Historia Natural (1752-1786)</italic>. Ref. 504.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE25"><label>25</label>
					<p>Un problema similar lo ten&#x00ED;a en el virreinato de La Plata el corresponsal F&#x00E9;lix de Azara, quien cazaba a punta de escopeta las aves que quer&#x00ED;a remitir al Gabinete Real sin tener mayor cuidado de no da&#x00F1;arlas o de conservarlas lo mejor posible, lo cual repercuti&#x00F3; en que D&#x00E1;vila no aceptara la mayor parte de sus remisiones por no cumplir con los est&#x00E1;ndares m&#x00ED;nimos de sus requisitos. Ver Figueroa (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2011</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE26"><label>26</label>
					<p>Los m&#x00E9;todos de conservaci&#x00F3;n y preparaci&#x00F3;n se divid&#x00ED;an en secos y h&#x00FA;medos. Entre los primeros se encontraba la deshidrataci&#x00F3;n de las pieles por medio del salado; el rellenado de las mismas con mezclas de sal, especias de olor fuerte, hierbas arom&#x00E1;ticas y algunos venenos; tambi&#x00E9;n mezclas de alumbre, pimienta, salitre –<italic>saltpetre-</italic>, polvo de tabaco –<italic>ground tobacco snuff</italic>-, clavo, alcanfor, azufre, almizcle y mercurio -<italic>corrosive sublimate-</italic> y polvos de otras plantas como lavanda, albahaca, laurel, salvia, tomillo o ajenjo para tratar de mantener lejos a los bichos (Pequignot, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">2002</xref>, Constantino y Lafuente, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2012</xref>, Constantino, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2013</xref>). Mientras que los m&#x00E9;todos h&#x00FA;medos consist&#x00ED;an b&#x00E1;sicamente en sumergir al animal en esp&#x00ED;ritu de vino o aguarr&#x00E1;s dentro de frascos herm&#x00E9;ticos. La decisi&#x00F3;n de usar unos u otros m&#x00E9;todos depend&#x00ED;an principalmente del tama&#x00F1;o de los ejemplares. Los barnices a los que se refer&#x00ED;a Vilella estaban hechos normalmente con alcanfor, trementina cruda y esp&#x00ED;ritu de trementina o aguarr&#x00E1;s y serv&#x00ED;an para protegerlos de las polillas una vez disecados y naturalizados.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE27"><label>27</label>
					<p>AMNCN. <italic>Cat&#x00E1;logo de documentos del Real Gabinete de Historia Natural (1752-1786).</italic> Ref. 504.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE28"><label>28</label>
					<p>AMNCN. <italic>Cat&#x00E1;logo de documentos del Real Gabinete de Historia Natural (1752-1786).</italic> Ref. 792.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE29"><label>29</label>
					<p>Hay una imprecisi&#x00F3;n en las fechas de este documento porque el borrador est&#x00E1; fechado el 17 de julio de 1784 y dice que los cajones se enviaron por medio del Ministro de Indias, Jos&#x00E9; de G&#x00E1;lvez. El inventario hecho por el copiador de cartas No. 18, tiene el mismo documento fechado el 18 de julio de 1783, no menciona a Jos&#x00E9; de G&#x00E1;lvez sino al virrey Mat&#x00ED;as de G&#x00E1;lvez y atribuye la recolecci&#x00F3;n a Jos&#x00E9; Ibargoyen. Ambos documentos est&#x00E1;n clasificados con la misma referencia en el Archivo del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, y aunque comparten algunas cosas en el listado, el inventario hecho por el copiador es mucho m&#x00E1;s extenso y descriptivo. AMNCN. <italic>Cat&#x00E1;logo de documentos del Real Gabinete de Historia Natural (1752-1786). </italic>Ref. 792. Por otro lado, en el Archivo General de la Naci&#x00F3;n (AGN) aparece un documento con fecha 21 de junio de 1784 donde desde el Real Gabinete de Historia Natural de Madrid se acusa de recibido y se agradece a Ibargoyen la remisi&#x00F3;n de producciones naturales. AGN. <italic>Instituciones Coloniales</italic>. Gobierno Virreinal. Reales C&#x00E9;dulas y Duplicados. Reales C&#x00E9;dulas Originales, Vol. 128, exp. 151.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE30"><label>30</label>
					<p>AMNCN. <italic>Cat&#x00E1;logo de documentos del Real Gabinete de Historia Natural (1752-1786). </italic>Ref. 792.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE31"><label>31</label>
					<p>AMNCN. <italic>Cat&#x00E1;logo de documentos del Real Gabinete de Historia Natural (1752-1786). </italic>Ref. 792.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE32"><label>32</label>
					<p>AMNCN. <italic>Cat&#x00E1;logo de documentos del Real Gabinete de Historia Natural (1752-1786). </italic>Ref. 792.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE33"><label>33</label>
					<p>AMNCN. <italic>Cat&#x00E1;logo de documentos del Real Gabinete de Historia Natural (1752-1786)</italic>. Ref. 504.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE34"><label>34</label>
					<p>Sobre la Expedici&#x00F3;n Bot&#x00E1;nica a Nueva Espa&#x00F1;a pueden leerse los textos de Arias (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1968</xref>), Taracena (<xref ref-type="bibr" rid="CIT44">1983</xref>), Lozoya (<xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1984</xref>), S&#x00E1;nchez, Puig-Samper y Sota (<xref ref-type="bibr" rid="CIT39">1987</xref>), San P&#x00ED;o y Puig-samper (<xref ref-type="bibr" rid="CIT40">2000</xref>), Maldonado (<xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2001</xref>), Labastida, et.al (coords.) (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2010</xref>). El inventario correspondiente a su primera remesa se encuentra en: AMNCN. <italic>Cat&#x00E1;logo de las expediciones y viajes cient&#x00ED;ficos espa&#x00F1;oles, siglos XVIII y XIX. Expedici&#x00F3;n a Nueva Espa&#x00F1;a.</italic> Ref. 491.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE35"><label>35</label>
					<p>Sobre este cirujano riojano y su labor como expedicionario y naturalista han escrito Bernabeu (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1994</xref>), Maldonado (<xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1997</xref>), y Constantino y Lafuente (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2012</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE36"><label>36</label>
					<p>AMNCN. <italic>Cat&#x00E1;logo de las expediciones y viajes cient&#x00ED;ficos espa&#x00F1;oles. Siglos XVIII y XIX</italic>. <italic>Expedici&#x00F3;n a Nueva Espa&#x00F1;a.</italic> Ref. 493.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE37"><label>37</label>
					<p>AMNCN. <italic>Cat&#x00E1;logo de las expediciones y viajes cient&#x00ED;ficos espa&#x00F1;oles, siglos XVIII y XIX. Expedici&#x00F3;n a Nueva Espa&#x00F1;a</italic>. Ref. 505.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE38"><label>38</label>
					<p>Para conocer los antecedentes y repercusiones de esta disputa, ver: Constantino (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2013</xref>, pp. 38-102).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE39"><label>39</label>
					<p>AGN D257. <italic>Historia</italic>. Vol. 527. Exp. 14. Carta de Sess&#x00E9; a Longinos. 1º de abril de 1790.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE40"><label>40</label>
					<p>AGN D257. <italic>Historia</italic>. Vol. 527. Exp. 14. Carta de Sess&#x00E9; a Revillagigedo. 6 de abril de 1790.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE41"><label>41</label>
					<p>AMNCN. <italic>Cat&#x00E1;logo de las expediciones y viajes cient&#x00ED;ficos espa&#x00F1;oles, siglos XVIII y XIX. Expedici&#x00F3;n a Nueva Espa&#x00F1;a</italic>. Ref. 505.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE42"><label>42</label>
					<p>Estos eran los elementos m&#x00E1;s susceptibles de verse afectados por la disecaci&#x00F3;n, el estofado o la inmersi&#x00F3;n en esp&#x00ED;ritu de vino. Recordemos el caso del ave del para&#x00ED;so en el que la falta de conservaci&#x00F3;n de sus patas llev&#x00F3; a los naturalistas del siglo XVI y XVII a pensar que en la naturaleza carec&#x00ED;a de ellas. Sobre este caso particular ver: Marcaida (<xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2011</xref>). Sobre los problemas de conservaci&#x00F3;n en las remesas novohispanas para el Real Gabinete ver: Constantino y Lafuente (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2012</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE43"><label>43</label>
					<p>Esto seg&#x00FA;n las caracter&#x00ED;sticas que Hess y Mendelsson (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2010</xref>) exponen acerca de las tecnolog&#x00ED;as de papel.</p>
				</fn>
			</fn-group>
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
			
			<ref id="CIT01">
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			  <person-group person-group-type="author">
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					  <given-names>Juan Carlos</given-names>	  
				  </name>
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			  <year>1968</year>
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			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Cultura Hisp&#x00E1;nica</publisher-name>
			</element-citation>
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     		<ref id="CIT02"> 
			<element-citation publication-type="journal">
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					  <surname>Azc&#x00E1;rate</surname>
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					  <surname>Bernab&#x00E9;u Albert</surname>
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					  <surname>Calatayud Arinero</surname>
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					  <surname>Calatayud Arinero</surname>
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					  <surname>Constantino</surname>
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