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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2015.p093</article-id>
				 
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				<subject>RESE&#x00D1;AS / BOOK REVIEWS</subject>
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				<article-title>Rese&#x00F1;a del libro "En la piel de un animal. El Museo de Ciencias Naturales y sus colecciones de Taxidermia"</article-title>
				<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
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			  <aff id="U1">Instituto de Historia, CSIC</aff>
			 
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				<corresp id="cor1"><email xlink:href="maru.cons@gmail.com">maru.cons@gmail.com</email></corresp>
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			<pub-date pub-type="epub">
				<day>30</day>
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				<year>2015</year>
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				<year>2015</year>
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			<volume>67</volume>
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				<copyright-statement>&#x00A9; 2015 CSIC</copyright-statement>
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		<sec id="S0">
				<p><bold>Arag&#x00F3;n, Santiago</bold>. <italic>En la piel de un animal. El Museo de Ciencias Naturales y sus colecciones de Taxidermia</italic>. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas-Ediciones Doce Calles, 2014. 291 p&#x00E1;ginas [ISBN: 978-84-00-09802-5 (CSIC), 978-84-9744-161-2 (Doce Calles)]</p>
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		<sec id="S1">
			<p><italic>En la piel de un animal</italic> es un libro que habla de metamorfosis: la que experiment&#x00F3; el Real Gabinete de Historia Natural de Madrid para transformarse en Museo de Ciencias Naturales, la que sufrieron los animales al ser naturalizados y convertidos en piezas de colecci&#x00F3;n, y la que vivieron los propios funcionarios y conservadores al enfrentar los problemas que implicaba el devenir diario del museo. Con la mirada del zo&#x00F3;logo interesado en el coleccionismo de animales, Santiago Arag&#x00F3;n busca vincular la historia de la ciencia con la de la museolog&#x00ED;a para dar cuenta de los itinerarios que llevaron a las colecciones mon&#x00E1;rquicas del siglo XVIII a convertirse en un museo p&#x00FA;blico del siglo XX, comprometido &#x00E9;ste con los paradigmas que hasta hoy definen a tales instituciones: conservar, investigar, exhibir, divulgar e instruir, en este caso, sobre la naturaleza y la historia natural.</p>

			<p>El hoy Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid ha sido, desde hace algunas decenas de a&#x00F1;os, objeto de observaci&#x00F3;n e inter&#x00E9;s. Su historia, estudiada principalmente en sus or&#x00ED;genes, ha motivado investigaciones que dan cuenta de los a&#x00F1;os posteriores a la adquisici&#x00F3;n, en 1771, del gabinete particular del guayaquile&#x00F1;o afincado en Par&#x00ED;s, Pedro Franco D&#x00E1;vila, quien dirigi&#x00F3; las primeras iniciativas de acopio de las deseadas, y necesarias, colecciones mon&#x00E1;rquicas que mostrar&#x00ED;an la diversidad y el potencial econ&#x00F3;mico de la naturaleza perteneciente al territorio peninsular, insular y colonial espa&#x00F1;ol. La historiograf&#x00ED;a que habla del Real Gabinete de Madrid, en el contexto de la ciencia ilustrada espa&#x00F1;ola, usualmente se ha ocupado de revelarnos de manera hagiogr&#x00E1;fica al coleccionista (D&#x00E1;vila), y de mostrarnos el coleccionismo natural como una pr&#x00E1;ctica de dimensiones imperialistas, donde el Gabinete se configuraba como un centro de c&#x00E1;lculo y acumulaci&#x00F3;n de objetos coherente con la teor&#x00ED;a del actor red de Bruno Latour. Desde ah&#x00ED;, diversos autores nos han explicado las trayectorias de objetos emblem&#x00E1;ticos como el elefante asi&#x00E1;tico y el megaterio americano, la problem&#x00E1;tica que enfrentaba la historia natural respecto a los sistemas de clasificaci&#x00F3;n y la reci&#x00E9;n conocida naturaleza colonial, o las aportaciones que expedicionarios y naturalistas de todo el territorio hicieron a las colecciones mon&#x00E1;rquicas. Y si bien todas estas historias nos han permitido atisbar la complejidad del proceso coleccionista del siglo XVIII, poco nos han dicho sobre la problem&#x00E1;tica que en la vida diaria supuso conformar y conservar una colecci&#x00F3;n, o administrar y gestionar un gabinete hasta modelarlo como uno m&#x00E1;s de los llamados museos modernos decimon&#x00F3;nicos. </p>

			<p>En ese hueco historiogr&#x00E1;fico que soslaya las pr&#x00E1;cticas cotidianas del museo y sus actores se inserta la investigaci&#x00F3;n de Santiago Arag&#x00F3;n. En un estudio que puede mirarse como una historia de largo aliento que va de la segunda mitad del siglo XVIII a mediados del siglo XX, el autor da cuenta de la problem&#x00E1;tica que se enfrent&#x00F3; en el Museo de Ciencias Naturales ante sus dos grandes mudanzas, las de 1895 y 1910. Tomando como eje tem&#x00E1;tico la naturalizaci&#x00F3;n de los ejemplares animales y los procesos de taxidermia y conservaci&#x00F3;n a los que eran sometidos, Arag&#x00F3;n coadyuva a la historiograf&#x00ED;a que se hab&#x00ED;a quedado truncada al mirar con mayor detenimiento el devenir del Museo en el siglo XIX, y sacar a la luz la compleja red de actores en la que las colecciones se configuraron como puntos vertebradores de un quehacer com&#x00FA;n. Para lograrlo, el autor no s&#x00F3;lo se basa en fuentes documentales (correspondencia, facturas, n&#x00F3;minas, etc.) del Museo Nacional de Ciencias Naturales, sino que tambi&#x00E9;n recurre al potencial evocador de los animales expuestos en el Museo, y aprovecha su objetividad para plantear preocupaciones asociadas a problemas actuales m&#x00E1;s amplios como la caza y la extinci&#x00F3;n de ciertas especies. As&#x00ED;, la interpretaci&#x00F3;n de las fuentes est&#x00E1; permeada por la mirada del zo&#x00F3;logo, que, con el riesgo de parecer anacr&#x00F3;nico ante los ojos de los puristas, eventualmente enriquece el argumento hist&#x00F3;rico con terminolog&#x00ED;a cient&#x00ED;fica, datos y preguntas contempor&#x00E1;neos que ayudan al lector a comprender, desde el presente, las colecciones del Museo.</p>

			<p>El cap&#x00ED;tulo I, titulado <italic>Animaluchos y monstruos,</italic> comienza relat&#x00E1;ndonos el momento en que la Junta del Museo debi&#x00F3; enfrentar, en octubre de 1895, la primera mudanza inminente de las colecciones alojadas desde 1774 en el n&#x00FA;mero 13 de la calle de Alcal&#x00E1;. En una visi&#x00F3;n retrospectiva, Arag&#x00F3;n nos habla del Real Gabinete de Historia Natural y nos explica la concepci&#x00F3;n de las salas, el origen de sus colecciones y la percepci&#x00F3;n de los responsables del Gabinete acerca de sus objetos, centrando su mirada en los primeros disecadores: Juan Bautista Bru, Francisco de Egu&#x00ED;a y Pascal Moineau. </p>

			<p>El cap&#x00ED;tulo II, <italic>Colecciones en construcci&#x00F3;n,</italic> explica el desarrollo de la taxidermia en el siglo XIX como una pr&#x00E1;ctica que hab&#x00ED;a entrado en el gusto popular debido, en primer lugar, a la comercializaci&#x00F3;n y el conocimiento p&#x00FA;blico del jab&#x00F3;n de ars&#x00E9;nico desarrollado en Francia por Jean-Baptiste B&#x00E9;coeur, y en segundo, a las clases gratuitas que se daban en Madrid sobre el «arte de embalsamar». Sin embargo, el argumento evita que nos formemos una idea simplista de la taxidermia, pues m&#x00E1;s all&#x00E1; de banalizar esta pr&#x00E1;ctica, el autor exalta la complejidad de una disciplina que requiere de los saberes propios del naturalista, tanto como de las habilidades propias del pintor y el escultor; variables que le permiten moverse entre dos mundos (ciencia y arte) y que se reflejan en el trabajo de los disecadores del siglo XVIII y de Jos&#x00E9; Duchen, Jefe del Laboratorio de Disecaci&#x00F3;n del Museo en la &#x00E9;poca que el autor denomina «Periodo Graells».</p>

			<p>El tercer cap&#x00ED;tulo se centra en <italic>La primera mudanza,</italic> aquella que llev&#x00F3; las colecciones naturales del edificio de la calle de Alcal&#x00E1; al reci&#x00E9;n terminado Palacio de Museos y Bibliotecas ubicado en el paseo de Recoletos. En este apartado, Arag&#x00F3;n se sit&#x00FA;a desde fuera para observar el posicionamiento de sus protagonistas en cuanto a la recepci&#x00F3;n de la noticia de una mudanza inminente. Desde ah&#x00ED;, hace una pausa en la historia para analizar actas y oficios que le permiten mirar desde dentro las tensiones y discusiones generadas por la transici&#x00F3;n.</p>

			<p>El cuarto apartado, <italic>Al p&#x00FA;blico se lo debemos,</italic> explica la transici&#x00F3;n del Periodo de Mariano de la Paz Graells al de Ignacio Bol&#x00ED;var como director del Museo. Aqu&#x00ED; se habla de las problem&#x00E1;ticas que enfrentaron los protagonistas para resolver los asuntos cotidianos relacionados con la financiaci&#x00F3;n y el mantenimiento de sus colecciones y sus recursos museogr&#x00E1;ficos, para mostrarnos lo que implica sacar a flote un proyecto museol&#x00F3;gico institucional de la envergadura del Museo de Ciencias Naturales. El quinto cap&#x00ED;tulo, <italic>Los art&#x00ED;fices del cambio,</italic> es su continuaci&#x00F3;n. En &#x00E9;ste, el autor nos adentra un poco m&#x00E1;s en las pr&#x00E1;cticas y la vida cotidiana en esa &#x00E9;poca del Museo, nos habla de los aspectos implicados en la adquisici&#x00F3;n de ejemplares, los factores pol&#x00ED;ticos, sociales y econ&#x00F3;micos que afectaban el devenir de la instituci&#x00F3;n, y los problemas que provocaba en el Museo la ausencia de un taller de taxidermia. Lo cual nos conduce directamente a encontrarnos con dos de sus principales artistas de la naturalizaci&#x00F3;n: los hermanos Luis y Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a Benedito.</p>

			<p>El cap&#x00ED;tulo VI est&#x00E1; situado desde el t&#x00ED;tulo. <italic>El laboratorio de taxidermia,</italic> nos relata las aportaciones de los Benedito en cuanto a las t&#x00E9;cnicas de montaje, representaci&#x00F3;n y preparaci&#x00F3;n de grupos biol&#x00F3;gicos. Con ello, se nos muestra que las colecciones de animales resultan de sumar una serie de factores en los que interviene la caza, la recolecci&#x00F3;n y la habilidad de los taxidermistas para rescatar, formar y conservar animales naturalizados. Lo cual nos lleva de la mano a encontrarnos con la segunda mudanza que se explica en el apartado final, <italic>En los altos del hip&#x00F3;dromo.</italic> Aqu&#x00ED;, el autor nos transporta a la actual sede del Museo Nacional de Ciencias Naturales en Paseo de la Castellana, y nos relata su devenir entre 1935 y el inicio de la Guerra Civil en el verano de 1936, centr&#x00E1;ndose en las movilizaciones que debieron sufrir las colecciones de animales, tanto como sus responsables (Bol&#x00ED;var y los Benedito), en los albores del conflicto armado, concluyendo, en un apartado final, con una reflexi&#x00F3;n a manera de ep&#x00ED;logo titulado <italic>Unos objetos de perpetua actualidad. </italic>En &#x00E9;l nos plantea sus preocupaciones respecto al uso e interpretaci&#x00F3;n actual de las colecciones de animales, y nos deja en la mente como colof&#x00F3;n, un problema para pensar: el de aprender a utilizar estos objetos como instrumentos &#x00FA;tiles para ense&#x00F1;ar a entender y respetar la vida animal por medio de sus restos.</p>

			<p>El libro de Arag&#x00F3;n plantea una historia que privilegia la actuaci&#x00F3;n de los protagonistas sobre la biograf&#x00ED;a de sus objetos, poniendo sobre la mesa cuestiones de orden m&#x00E1;s museol&#x00F3;gico que cient&#x00ED;fico en los que la constante es la problem&#x00E1;tica de la administraci&#x00F3;n del museo y la gesti&#x00F3;n de sus colecciones. Esto, desde mi apreciaci&#x00F3;n, es una aportaci&#x00F3;n que ayuda a robustecer el v&#x00ED;nculo entre la historia de la ciencia y la de la museolog&#x00ED;a, inspirando la realizaci&#x00F3;n de futuras investigaciones que quiz&#x00E1; responder&#x00E1;n a otras preguntas, tambi&#x00E9;n interdisciplinarias.</p>


			<p><bold>Mar&#x00ED;a Eugenia Constantino </bold></p>
			<p><italic>Instituto de Historia, CSIC </italic></p>
			<p>maru.cons@gmail.com</p>

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