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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2015.14</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/asclepio.2015.14</article-id>
			 
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				<subject>ESTUDIOS / RESEARCH STUDIES</subject>
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				 <article-title>Anatom&#x00ED;a de la monstruosidad: la figura del monstruo como objeto de la mirada m&#x00E9;dico-anat&#x00F3;mica moderna</article-title>
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					<trans-title>Monstrosity’s Anatomy: The Figure of the Monster as the Object of a Modern Medical-Anatomical Look</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Anatom&#x00ED;a de la monstruosidad: la figura del monstruo como objeto de la mirada m&#x00E9;dico-anat&#x00F3;mica moderna</alt-title>
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				 <surname>Fortanet</surname>
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				<year>2015</year>
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			<volume>67</volume>
			<issue>1</issue>
			
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				<copyright-statement>&#x00A9; 2015 CSIC</copyright-statement>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Este texto plantea un an&#x00E1;lisis de la sustituci&#x00F3;n de la categor&#x00ED;a m&#x00E9;dica de monstruo por la de hermafrodita. Para ello, se basa en el desarrollo de la anatom&#x00ED;a humana en el siglo XVI y en el estudio de la relaci&#x00F3;n fisiol&#x00F3;gica de los &#x00F3;rganos del cuerpo a partir del XIX. Se supondr&#x00E1; como necesaria la investigaci&#x00F3;n anat&#x00F3;mica cartesiana y su reflexi&#x00F3;n sobre el cuerpo para poder abrir el camino a la mirada fisiol&#x00F3;gica sobre la vida como preludio de la medicina legal y social.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This paper presents an analysis of the monster category on medical research in the modernity. This analysis is based on the development of human anatomy in the sixteenth century and in the study of the physiological relationship between body and organs in the XIX. The Cartesian anatomical research and the naturalization of monster category will open the way to the physiological view of life as a prelude to legal and social medicine.</p>
			</trans-abstract>

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				<title>PALABRAS CLAVE</title> 
				<kwd>Monstruo</kwd>	
				<kwd>Anatom&#x00ED;a</kwd>
				<kwd>Descartes</kwd>
				<kwd>Hermafrodita</kwd>
				<kwd>Medicina</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Monster</kwd>	
				<kwd>Anatomy</kwd>
				<kwd>Descartes</kwd>
				<kwd>Hermaphrodites</kwd>
				<kwd>Medicine</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title>1. EL MECANISMO DEL ALMA </title>

			<p>Desde el momento en que el Renacimiento inicia el proyecto humanista encaminado a fundar el saber en el ser humano, la categor&#x00ED;a de monstruo planea por los diferentes saberes como el elemento excesivo que no puede ser contenido en la base fundamental de las ciencias. Ser&#x00E1; la medicina, concretamente la anatom&#x00ED;a humana, una de las primeras disciplinas encargadas de establecer la demarcaci&#x00F3;n entre persona y monstruo a partir de caracter&#x00ED;sticas anat&#x00F3;micas que permitan una definici&#x00F3;n cient&#x00ED;fica del cuerpo humano. Para encontrar el sentido de la irrupci&#x00F3;n de la categor&#x00ED;a de monstruo en el saber cient&#x00ED;fico del siglo XVI y XVII, no s&#x00F3;lo debemos atender a los tratados de anatom&#x00ED;a de la &#x00E9;poca, sino tambi&#x00E9;n al progresivo alejamiento entre alma y cuerpo que, desde una filosof&#x00ED;a ya notablemente secularizada, se estaba llevando a cabo simult&#x00E1;neamente a la construcci&#x00F3;n te&#x00F3;rica del sujeto moderno. </p>

			<p>Los grandes tratados sobre monstruos del siglo XVII llevados a cabo por m&#x00E9;dicos y cirujanos de la &#x00E9;poca nos muestran toda una bater&#x00ED;a de deformidades anat&#x00F3;micas investidas con el componente de lo maravilloso (Daston, Park, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1998</xref>). Son extraordinarias, responden en numerosas ocasiones a lo sobrenatural y atrapan la mirada fascinada de nuestra modernidad. Ser&#x00E1; la &#x00E9;poca ilustrada la encargada de secularizar al monstruo, de neutralizar completamente su componente fascinante (Canguilhem, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1980</xref>) a trav&#x00E9;s una taxonom&#x00ED;a teratol&#x00F3;gica de la anormalidad anat&#x00F3;mica (Saint-Hilaire, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1832</xref>). Sin embargo, consideramos aqu&#x00ED; que la Ilustraci&#x00F3;n completa un proceso que se prefigura en el nacimiento de la raz&#x00F3;n moderna y, m&#x00E1;s concretamente, en el establecimiento de la subjetividad cartesiana. Es el esfuerzo cartesiano por distinguir la mente razonable del cuerpo donde podemos entrever por primera vez un comienzo del proceso de naturalizaci&#x00F3;n de la deformidad a trav&#x00E9;s de la anatom&#x00ED;a mecanicista, que se opone a la mirada maravillada fundada en lo sobrenatural (Boaistuau, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1561</xref>). Desde los primeros tratados modernos sobre monstruos, como el de Lycosthenes de 1557 o el de Boaistuau en <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1561</xref>, que opon&#x00ED;an la maravilla de la diferencia anat&#x00F3;mica al saber m&#x00E9;dico propiciado por las disecciones, hasta el tratado de Saint-Hilaire en <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1832</xref>, en el que se identifica monstruosidad con anomal&#x00ED;a naturalizada, media toda la historia subterr&#x00E1;nea de las miradas y los enfrentamientos, de las proximidades y lejan&#x00ED;as entre los monstruos y el saber que los define. Es por ello por lo que en este texto se tratar&#x00E1; de dar cuenta de algunos pasos esenciales en esta historia de la monstruosidad que nace en el momento en que el saber m&#x00E9;dico en ciernes la toma por objeto te&#x00F3;rico y muere en el XIX, en el momento en que la medicina destila su verdad epocal: el hermafrodita. </p>
		</sec>

		<sec id="S2">
			<title>2. ABRIR EL CUERPO</title>

			<p>A lo largo del siglo XV, el Renacimiento promueve una conexi&#x00F3;n entre arte, filosof&#x00ED;a y medicina orientada al conocimiento del cuerpo humano. El inter&#x00E9;s por los cad&#x00E1;veres y sus disecciones ya no es algo propio de m&#x00E9;dicos exc&#x00E9;ntricos que deb&#x00ED;an acudir al delito para hacerse con un cuerpo muerto, generalmente conseguidos con unas pocas monedas. Pese a que la pr&#x00E1;ctica de la disecci&#x00F3;n prosperaba en el exterior de colegios y universidades desde el a&#x00F1;o 1300, rituales, cultos, autopsias con fines sanitarios u obstr&#x00E9;ticos (Park, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2006</xref>, p. 11), las disecciones acad&#x00E9;micas comienzan a cobrar protagonismo respondiendo, por una parte, a un inter&#x00E9;s art&#x00ED;stico naturalista consistente en el conocimiento visual del interior del cuerpo humano. Por otro lado, la medicina anat&#x00F3;mica, que tradicionalmente hab&#x00ED;a bebido de los hallazgos fisiol&#x00F3;gicos de Galeno a partir de disecciones animales<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>, comienza a girar su mirada hacia la posibilidad de comprender el mecanismo &#x00ED;ntimo del cuerpo humano, con un particular inter&#x00E9;s por el cuerpo femenino: «L’&#x00E9;lucidation des secrets des femmes devint l’un des principaux objetifs des m&#x00E9;decins» (Park, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2006</xref>, p. 20). Las primeras disecciones humanas documentadas y legales las encontramos en Italia a partir del siglo XIV— Mondino di Luzzi- aunque ser&#x00E1; a lo largo del siglo XV, de la mano de los maestros anatomistas de la escuela italiana, cuando encontremos una mayor profusi&#x00F3;n e inter&#x00E9;s de las autopsias, muchas veces p&#x00FA;blicas, realizadas en teatros anat&#x00F3;micos, algunas veces desmontables, en los cuales incluso se cobraba entrada, refrendando as&#x00ED; su car&#x00E1;cter espectacular. </p>

			<p>A. Benedetti, B. De Carpi, G. Zerbi y Benivieni (Nogales, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2004</xref>, p.16) desarrollaron su investigaci&#x00F3;n anat&#x00F3;mica mostrando la importancia de la autopsia y la disecci&#x00F3;n a la hora de comprender el fundamento del cuerpo, abriendo al mismo tiempo un terreno fascinante, anteriormente vedado y oculto, que era vivido como una ventana a lo desconocido, mezcla de sangre, muerte y ciencia: «La disecci&#x00F3;n p&#x00FA;blica fue durante toda una &#x00E9;poca un espect&#x00E1;culo a la vez instructivo y edificante, que se efectuaba en invierno para retrasar la putrefacci&#x00F3;n: el cad&#x00E1;ver siempre deb&#x00ED;a ser el de un criminal ejecutado» (Porter, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2004</xref>, p.100). </p>

			<p>Sin embargo, la fascinaci&#x00F3;n primera se va desplazando hacia el inter&#x00E9;s puramente cient&#x00ED;fico. La mirada que anteriormente era una mirada fascinada, mezcla de horror y curiosidad, va dejando paso a una visi&#x00F3;n objetiva, el ojo cient&#x00ED;fico se posa sobre el cad&#x00E1;ver haciendo abstracci&#x00F3;n de la sangre y bilis, contemplando cuantitativamente los &#x00F3;rganos, humores, l&#x00ED;quidos y conductos a trav&#x00E9;s de los cuales el cuerpo que &#x00E9;ramos funcionaba como una f&#x00E1;brica. De tal suerte que a partir del siglo XVI la publicidad de tales disecciones comienza a caer en desuso. La disecci&#x00F3;n pasa a ser un elemento cient&#x00ED;fico que debe realizarse &#x00FA;nicamente para ojos versados en la ciencia m&#x00E9;dica. Su significaci&#x00F3;n comienza a medicalizarse. </p>

			<p>Vesalio es, sin duda, la principal figura italiana del saber m&#x00E9;dico del siglo XVI. Su contribuci&#x00F3;n a la anatom&#x00ED;a s&#x00F3;lo fue comparable al tratado de Galeno. La influencia de su trabajo se dej&#x00F3; sentir en toda Europa, llegando a Valencia, Alcal&#x00E1; y Salamanca a trav&#x00E9;s de dos de sus disc&#x00ED;pulos, Pedro Jimeno y Lu&#x00ED;s Collado (Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1976</xref>, p.55).  </p>

			<p>Una revoluci&#x00F3;n anat&#x00F3;mica tal no era posible sin la pr&#x00E1;ctica cotidiana de la disecci&#x00F3;n, que permiti&#x00F3; a Vesalio acercarse como nadie lo hab&#x00ED;a hecho al cuerpo humano, con una mirada que separa y objetiva al cuerpo, concebido ahora como <italic>f&#x00E1;brica</italic>. Los 300 grabados de la gran obra de Vesalio, <italic>De humanis corpori fabrica</italic>, publicada en 1543, sintetizan esa particular mezcla renacentista entre hermetismo y cientificismo; el horror y lo sagrado conviven con el rigor apasionado por la descripci&#x00F3;n detallada, por el patetismo de las posturas, por la desolaci&#x00F3;n de los rostros. Imposible acercarse a los grabados de los desollados de un modo neutro. Porque, justamente, el rigor cient&#x00ED;fico por la descripci&#x00F3;n unido a la desolaci&#x00F3;n por la muerte que provoca un cad&#x00E1;ver sajado, va a reforzar una mirada que «olvida metodol&#x00F3;gicamente al hombre para considerar tan s&#x00F3;lo su cuerpo» (Le Breton, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1990</xref>, p. 52). El cuerpo se separa definitivamente del ser humano al que pertenec&#x00ED;a, abriendo una brecha entre anatom&#x00ED;a y la antigua fisiolog&#x00ED;a, entre estructura y funci&#x00F3;n seg&#x00FA;n el biologismo aristot&#x00E9;lico. La mirada anat&#x00F3;mica lo toma como una totalidad ajena a la mente, como una f&#x00E1;brica de c&#x00E1;lculos y tumores, de circulaci&#x00F3;n y m&#x00FA;sculos, en definitiva, como una sustancia que requiere un acercamiento epistemol&#x00F3;gico radicalmente diferente a la mente. El cuerpo entra de lleno en el terreno de la extensi&#x00F3;n, del mecanismo. De ah&#x00ED; el conocido reproche que Vesalio realiza a Galeno y a todos aquellos que rechazan el arte anat&#x00F3;mico de la disecci&#x00F3;n en su <italic>Pr&#x00F3;logo </italic>(Vesalio, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">1960</xref>): </p>

						<p>el &#x00FA;nico modo de conocer la f&#x00E1;brica corporal es a trav&#x00E9;s de la observaci&#x00F3;n directa. No hay nada en el cuerpo que pueda ser comprendido por recurso a instancias ajenas al mismo cuerpo. Ese resto ajado del ser humano que es el cuerpo debe comprenderse necesariamente desde el mismo cuerpo. </p>

			<p>Cuando la <italic>F&#x00E1;brica</italic> insist&#x00ED;a en el imperativo metodol&#x00F3;gico de que la estructura humana s&#x00F3;lo puede observarse en el hombre […] Vesalio presentaba una estructura del hombre en la que el hombre mismo, y s&#x00F3;lo &#x00E9;l, era su referencia y su medida […] Vesalio hac&#x00ED;a del cuerpo humano el &#x00FA;nico documento ver&#x00ED;dico sobre la f&#x00E1;brica del cuerpo humano. Al interesarse en la anatom&#x00ED;a del perro o el mono a la vez que la del hombre, lo hac&#x00ED;a para confirmar la diferencia de este &#x00FA;ltimo (Canguilhem, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2009</xref>, p. 32) </p>

			<p>Tanto las l&#x00E1;minas de la <italic>F&#x00E1;brica</italic> como al mirada anat&#x00F3;mica de Vesalio nos emplazan ante la superaci&#x00F3;n del paradigma renacentista, iniciando el camino hacia una nueva subjetividad en la cual se hace imperativo una definici&#x00F3;n precisa de la materia corporal que d&#x00E9; cuenta de la situaci&#x00F3;n de la mente y el cuerpo en un universo que ha perdido las referencias escol&#x00E1;sticas tradicionales y debe guiarse a trav&#x00E9;s de una nueva raz&#x00F3;n cient&#x00ED;fica. Sin embargo, no basta con la mirada anat&#x00F3;mica, no basta con la descripci&#x00F3;n fascinante de los mil nervios que pueblan el interior de nuestra f&#x00E1;brica-cuerpo. El mecanismo debe ser explicitado totalmente, objetivamente, cient&#x00ED;ficamente. La retirada de la visi&#x00F3;n p&#x00FA;blica de las disecciones responden a ese envite del saber: afilar la mirada, comprender el mecanismo-cuerpo, despojarlo de todo excedente significativo, convertirlo en resto, en una m&#x00E1;quina de huesos y carne. Para ello se precisa, primero, dar el paso de la observaci&#x00F3;n a la definici&#x00F3;n program&#x00E1;tica de qu&#x00E9; es un cuerpo. Y, en ese paso metodol&#x00F3;gico fundamental de la anatom&#x00ED;a, es d&#x00F3;nde se nos aparece como central la categor&#x00ED;a de monstruo a partir del siglo XVI. </p>
		</sec>

		<sec id="S3">
			<title>3. MONSTRUOS, TERATOLOG&#x00CD;A Y SEXUALIDAD</title>

			<p>En 1585 Ambroise Par&#x00E9;, uno de los principales cirujanos de su &#x00E9;poca, publica uno de los tratados m&#x00E1;s c&#x00E9;lebres sobre la monstruosidad: <italic>Monstruos y Prodigios</italic>. Su obra se nos aparece como un repertorio fant&#x00E1;stico de las monstruosidades del cuerpo, de los defectos anat&#x00F3;micos que forman el elenco de lo anormal anat&#x00F3;mico. Por primera vez, la mirada m&#x00E9;dica de un cirujano se enfrenta a la tarea sistem&#x00E1;tica de categorizar la anormalidad patol&#x00F3;gica. No era la primera vez que los monstruos eran objeto de la literatura cient&#x00ED;fica.  </p>

			<p>De hecho, durante el siglo XVI aparecen numerosos textos que hacen del monstruo su objeto principal, animados por una suerte de fascinaci&#x00F3;n colectiva que se extender&#x00E1; a lo largo del siglo entre los ambientes intelectuales alemanes y franceses, particularmente en aquellos influenciados por la influencia evangelista, por la reforma luterana o por el c&#x00ED;rculo de Wittenberg (Vega, <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">1995</xref>, p. 226). Ser&#x00ED;a posible establecer una categorizaci&#x00F3;n de los tratados sobre la monstruosidad dependiendo del modo de acercamiento al fen&#x00F3;meno. As&#x00ED;, los tratados modernos de la primera mitad del siglo XVI, desde el <italic>De Prodigis </italic>de P.Vergilius en 1531 hasta el primer <italic>Wunderzeichen</italic> de Fincelus en 1556, constituir&#x00ED;an un primer grupo que se definen por el intento de interpretar el prodigio sobrenatural que es el monstruo. La interpretaci&#x00F3;n es, en todos los casos, sobrenatural, siguiendo el esquema cl&#x00E1;sico que, desde la Edad Media con Isidoro de Sevilla y Tom&#x00E1;s de Aquino, hab&#x00ED;a concebido al monstruo o bien como un signo que advierte del porvenir o como un signo del diablo, en todo caso ligado a lo sobrenatural (Davidson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2004</xref>, p. 156). Un segundo grupo de tratados se inaugurar&#x00ED;a con el <italic>Prodigiorum ac ostentorum chronicon</italic> de Lycosthenes en 1557, contar&#x00ED;a con los textos de Boaistuau y Par&#x00E9; y se definir&#x00ED;a como un intento de compilaci&#x00F3;n de las figuras monstruosas que comienza a utilizar los caminos m&#x00E9;dicos para iniciar la naturalizaci&#x00F3;n de lo monstruoso. Un tercer grupo de tratados, que ahondan en la naturalizaci&#x00F3;n de la monstruosidad, se inaugura con la obra <italic>Thaumatographia naturalis</italic>, del naturalista polaco J.Jonstonus en 1632. Estos estudios desembocan, ya en 1832, en la &#x00FA;ltima figura de los tratados monstruosos, ya plenamente naturalizados y por ello mismo condenados a su propia desaparici&#x00F3;n: el <italic>Trait&#x00E9; de T&#x00E9;ratologie, </italic>de I. G. Saint-Hilaire. En Espa&#x00F1;a, destacan los tratados sobre monstruos de A. Torquemada, El <italic>Jard&#x00ED;n de Flores Curiosas</italic>, en 1575, <italic>Curiosa y oculta filosof&#x00ED;a, </italic>de E.Nieremberg en 1643, <italic>El ente dilucidado</italic>, de A.Fuentelape&#x00F1;a en 1643 y <italic>Desv&#x00ED;os de la naturaleza o tratado del origen de los monstruos</italic> publicado en Lima por el Dr. Jos&#x00E9; Rivilla y Bonet en 1695. Todos ellos participan de la ambivalencia entre lo sagrado y lo anat&#x00F3;mico que Lycosthenes expresa en su obra. Ambivalencia que ser&#x00E1; combatida parcialmente por las consideraciones m&#x00E9;dicas que se suceden de la difusi&#x00F3;n de la traducci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola en 1603 de <italic>Monstruos y Prodigios </italic>de Par&#x00E9;.  </p>

			<p>La clave de los cambios de modulaci&#x00F3;n de esta historia de los tratados monstruosos es, sin duda, el proceso de naturalizaci&#x00F3;n y la p&#x00E9;rdida de protagonismo de lo maravilloso que sufre el tratamiento de la monstruosidad. Sin embargo, no debemos atribuir dicha naturalizaci&#x00F3;n a un progreso de la raz&#x00F3;n fruto de la evoluci&#x00F3;n del ser humano y de su conocimiento. Otros elementos intervienen en este particular juego de la monstruosidad en el que se dan cita la medicina, la anatom&#x00ED;a, el alma, la sexualidad y la normalidad. Es por ello por lo que se tratar&#x00E1; de ajustar convenientemente los motivos y los actores principales en este progresivo borrado y quiz&#x00E1;s transformaci&#x00F3;n de la figura del monstruo en el universo del saber.  </p>

			<p>Uno de los primeros tratados modernos que intenta establecer un compendio de las monstruosidades es el de Pierre Boaistuau de <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1561</xref> quien, en su <italic>Historias Prodigiosas</italic> explicita el v&#x00ED;nculo cl&#x00E1;sico y medieval entre el monstruo y lo maravilloso que recorre en mayor o menor medida la modernidad hasta la Ilustraci&#x00F3;n. Boaistuau explicita su negativa a que la posibilidad de que lo monstruoso sea explicado a trav&#x00E9;s del saber anat&#x00F3;mico y mec&#x00E1;nico, inscribi&#x00E9;ndose en la l&#x00ED;nea de Lyconsthenes, catalogando lo maravilloso y sospechando de quienes intentan reducir su signo fant&#x00E1;stico a mera raz&#x00F3;n: </p>

						<p>Il [Boaistuau] critiquait les m&#x00E9;decins «qui se sont souvent tromp&#x00E9;s en la dissection de la fabrique du corps humain» et rappelle que «parce que notre sujet est les prodiges, nous ferons fin de cette mati&#x00E8;re»[11]. L’approche mat&#x00E9;rialiste est une «la&#x00EF;cisation» et une naturalisation des naissances monstrueuses qui justement s’attachera &#x00E0; la «fabrique du corps humain» et de l’embryon afin d’en &#x00E9;vacuer la dimension prodigieuse (Wolfe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">2008</xref>, p. 56). </p>

			<p>Ser&#x00E1; Ambroise Par&#x00E9;, pocos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s, quien comience a establecer la primac&#x00ED;a de la mirada m&#x00E9;dica sobre el monstruo. Los conocimientos anat&#x00F3;micos ya se encuentran lo suficientemente desarrollados como para ostentar un saber descriptivo del mecanismo del cuerpo y, precisamente, esa mirada positiva sobre la f&#x00E1;brica corporal es lo que permitir&#x00E1; una categorizaci&#x00F3;n de la anormalidad patol&#x00F3;gica que Par&#x00E9; ha contemplado como objetivo de su trabajo. Sin embargo, debido principalmente al divorcio vesaliano entre anatom&#x00ED;a y fisiolog&#x00ED;a, la clasificaci&#x00F3;n de la monstruosidad debe realizarse siguiendo un criterio puramente anat&#x00F3;mico, evitando las referencias a la fisiolog&#x00ED;a gal&#x00E9;nica. Nada hay fuera del cuerpo que explique el cuerpo. Salvo Dios, el demonio y la imaginaci&#x00F3;n: </p>

						<p>Las causas de los monstruos son varias. La primera es la gloria de Dios. La segunda, su c&#x00F3;lera. La tercera, la cantidad excesiva de semen. Cuarta, su cantidad insuficiente. Quinta, la imaginaci&#x00F3;n. Sexta, la estrechez de la matriz. S&#x00E9;ptima, el modo inadecuado de sentarse de la madre que, al hallarse encinta, ha permanecido demasiado tiempo sentada con los muslos cruzados y oprimidos contra el vientre. Octava, por ca&#x00ED;da, o golpes causados a la madre. Novena, debido a enfermedades hereditarias o accidentales. D&#x00E9;cima, por podredumbre o corrupci&#x00F3;n del semen. Und&#x00E9;cima, por profusi&#x00F3;n o mezcla de semen. Duod&#x00E9;cima, debido al enga&#x00F1;o de los malvados mendigos itinerantes. Y, decimotercera, por los demonios o diablos (Par&#x00E9;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1987</xref>, p.22) </p>

			<p>Par&#x00E9; divide a los monstruos en dos grandes grupos. Lo realmente significativo de esta clasificaci&#x00F3;n es que el criterio de ordenaci&#x00F3;n parece responder a causas o bien naturales o bien sobrenaturales. Sin embargo, si profundizamos en mayor medida en el particular bestiario de Par&#x00E9;, nos encontramos con que los tipos de monstruos pueden clasificarse, m&#x00E1;s all&#x00E1; de sus causas sobrenaturales, en funci&#x00F3;n de la particular mezcla que los afecta. </p>

			<p>Observemos algunos de los monstruos referidos por Par&#x00E9;: potro con cabeza humana, monstruo asombroso (con alas en lugar de brazos), ni&#x00F1;a con dos cabezas, dos gemelas pegadas, un hombre de cuyo vientre sal&#x00ED;a otro, ni&#x00F1;as unidas por la frente, hombre con cabeza en el vientre, cerdo con cabeza de caballo, mujeres encintas de 20 hijos, hermafroditas, mujer que se convierte en hombre, hombre sin brazos, ni&#x00F1;o con rostro de rana, ni&#x00F1;o con cuerpo de perro… </p>

			<p>Resulta evidente que la noci&#x00F3;n de mezcla atraviesa esta clasificaci&#x00F3;n, y, de hecho, parece que la idea de Par&#x00E9; a la hora de pensar una causa natural de la monstruosidad apunta a ello. En su clasificaci&#x00F3;n pueden observarse dos tipos de mezcla: entre seres humanos y entre seres humanos y animales. La mezcla con animales responde, seg&#x00FA;n Par&#x00E9;, a elementos sobrenaturales cuya causa es atribuida a lo divino o demon&#x00ED;aco- y que forma parte de la tradici&#x00F3;n religiosa de la &#x00E9;poca. Todav&#x00ED;a Par&#x00E9; no puede obviar el elemento de lo maravilloso. La fascinaci&#x00F3;n que ejerce el monstruo en el siglo XVI empa&#x00F1;a la mirada positiva de la ciencia m&#x00E9;dica que, sin embargo, trata de avanzar caracterizando aquello que se le escapa (Ancet, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2006</xref>, p.41). </p>

			<p>A pesar del componente fant&#x00E1;stico de la monstruosidad, Par&#x00E9; nos ofrece un intento de abordar el exceso propio de la caracterizaci&#x00F3;n del monstruo: la mezcla entre seres humanos requiere una explicaci&#x00F3;n natural, esto es, anat&#x00F3;mica. Ya sea en la procreaci&#x00F3;n o en la gestaci&#x00F3;n, la causa que produce la mezcla entre seres humanos es perfectamente reconocible e incluso objetivable. </p>

			<p>Desde este punto, la mirada anat&#x00F3;mica de Par&#x00E9; va a centrarse en definir estos casos extraordinarios, tomando un hecho singular que resulta altamente significativo para la nueva mirada m&#x00E9;dica: el hermafroditismo. La monstruosidad que pasa a ser objeto de los tratados del siglo XVI y XVII es aquella que pone en cuesti&#x00F3;n no s&#x00F3;lo el orden anat&#x00F3;mico humano, sino el orden del saber que se est&#x00E1; constituyendo en torno a la figura del sujeto. El verdadero monstruo es aquel que deja sin respuesta, que interrumpe el funcionamiento de los saberes encargados de fundar el sujeto moderno, de regular las conductas posibles del ser humano. Es aquel que introduce lo sobrenatural en el decurso natural, privando de suelo a las reglas humanas establecidas sobre las bases de la naturaleza humana (Foucault, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2007</xref>, p. 69). Uno de los casos de mezcla humana que la mirada anat&#x00F3;mica eleva a categor&#x00ED;a central de la monstruosidad va a ser el hermafrodita. Hasta el siglo XIX, podemos convenir que, en l&#x00ED;neas generales, los hermafroditas pertenecen al &#x00E1;mbito de lo monstruoso:  </p>

						<p>En la Edad Cl&#x00E1;sica se privilegia un tercer tipo de monstruosidad: los hermafroditas. Alrededor de &#x00E9;stos se elabor&#x00F3; o, en todo caso, empez&#x00F3; a elaborarse la nueva figura del monstruo que va a aparecer a fines del siglo XVIII y funcionar&#x00E1; a principios del XIX (Foucault, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2007</xref>, p.73). </p>

			<p>Hay, no obstante, que conceder excepciones a esta l&#x00ED;nea interpretativa, como son aquellas pertenecientes a la l&#x00ED;nea te&#x00F3;rica gal&#x00E9;nica, (Daston, Park, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1998</xref>, pp. 11-19) en la que se manten&#x00ED;a la idea de que el hermafroditismo pertenec&#x00ED;a al &#x00E1;mbito natural y no monstruoso (Laqueur, 1994, pp. 23-37). </p>

			<p>El hermafrodita es tratado ampliamente en la obra de Par&#x00E9;, identificando diferentes tipos de hermafroditismo, todos ellos contemplados bajo la noci&#x00F3;n de mezcla entre hombre y mujer. Esta mezcla va a convertirse en una de las transgresiones m&#x00E1;s complejas de manejar por parte de los saberes de las ciencias humanas que van desarroll&#x00E1;ndose. El derecho no puede dar cuenta de lo extraordinario de la mezcla, la misma anatom&#x00ED;a parece quedarse muda ante la posibilidad de un ser que represente la unidad de ambos sexos. Ser&#x00E1; preciso que la anatom&#x00ED;a profundice en el mecanismo humano, que comience a indagar en el car&#x00E1;cter m&#x00E1;s &#x00ED;ntimo de nuestra f&#x00E1;brica, que intente naturalizar al monstruo a trav&#x00E9;s del an&#x00E1;lisis de la sexualidad: «Le monstre est &#x00E0; la fois l’effet d’une infraction &#x00E0; la r&#x00E8;gle de s&#x00E9;gregation sexuelle sp&#x00E9;cifique et le signe d’une volont&#x00E9; de perversi&#x00F3;n» (Canguilhem, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1980</xref>, p. 174). Podemos observar el progresivo hundimiento en el an&#x00E1;lisis de la sexualidad por la utilizaci&#x00F3;n de todo un nuevo vocabulario antes prohibido. La normalizaci&#x00F3;n del vocabulario sexual en los tratados m&#x00E9;dico-anat&#x00F3;micos responde a este hundimiento de la mirada anal&#x00ED;tico-quir&#x00FA;rgica en los usos y costumbres de la sexualidad de la f&#x00E1;brica del cuerpo. Hasta tal punto la mirada m&#x00E9;dica se hunde en la sexualidad que, tal y como nos refiere Par&#x00E9;, es el cirujano, por primera vez y anticipando la medicina legal posterior, el encargado de elegir el sexo del hermafrodita: «Los m&#x00E9;dicos y cirujanos experimentados y entendidos pueden discernir si los hermafroditas son m&#x00E1;s aptos para ostentar y utilizar un sexo u otro» (Par&#x00E9;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1987</xref>, p. 38). </p>

			<p>El criterio utilizado pasa por analizar los caracteres anat&#x00F3;micos del hermafrodita como el tama&#x00F1;o de los sexos, la voz y el aspecto, a partir de los cuales el cirujano debe decidir qu&#x00E9; sexo es el predominante, llegando incluso, en ciertos casos, a anular la posibilidad de la pr&#x00E1;ctica sexual con el sexo elegido a trav&#x00E9;s de la cirug&#x00ED;a (Par&#x00E9;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1987</xref>, p. 39). Sin embargo, el cirujano no ostentaba el papel que posteriormente se le conceder&#x00E1; y, en m&#x00FA;ltiples casos como los de sexo dudoso, se pon&#x00ED;an en marcha mecanismos establecidos por el derecho can&#x00F3;nico a trav&#x00E9;s de lo cuales las autoridades eclesi&#x00E1;sticas determinaban un sexo provisional que el hermafrodita deb&#x00ED;a respetar (V&#x00E1;zquez, Cleminson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT39">2013</xref>, p. 32). </p>

			<p>Si observamos a lo largo del siglo XVI y XVII la bibliograf&#x00ED;a dedicada al tema, nos encontramos con una profusi&#x00F3;n de los an&#x00E1;lisis anat&#x00F3;micos y m&#x00E9;dicos sobre los hermafroditas. A la publicaci&#x00F3;n por Caspar Bauhin de su <italic>De hermaphroditorum monstrosorumque </italic>(Bahuin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1600</xref>), donde atribuye las causas del hermafroditismo a errores en la uni&#x00F3;n sexual, le siguen los tratados de J. Schenk (<xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1608</xref>), y de F. Liceti (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1616</xref>), que dar&#x00E1;n pie a toda un nuevo modo de observar el fen&#x00F3;meno de la monstruosidad en el cual el inter&#x00E9;s por la monstruosidad sexual y los nacimientos mostruosos perfilar&#x00E1;n el camino posterior de la mirada m&#x00E9;dica sobre la sexualidad reproductiva y, por lo tanto, el fin de la categor&#x00ED;a monstruo como elemento central en el XIX. Ser&#x00E1; el tratado de I. Geoffroy Saint-Hilaire, <italic>Trait&#x00E9; de T&#x00E9;ratologie</italic>, en <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1832</xref>, el &#x00FA;ltimo de los intentos de cartografiar la anormalidad seg&#x00FA;n los dictados de la monstruosidad, a trav&#x00E9;s ya de una explicaci&#x00F3;n plenamente positiva y cient&#x00ED;fica. A medida que avanza la naturalizaci&#x00F3;n y consiguiente desaparici&#x00F3;n del monstruo, el hermafrodita es rescatado desde una mirada paralela y oblicua: la de la medicalizaci&#x00F3;n sexual. </p>

			<p>Hasta su fin, la monstruosidad represent&#x00F3; para m&#x00E9;dicos, cirujanos y anatomistas un enigma en el que se jugaba tanto la bondad de Dios como la l&#x00F3;gica de la ley natural y el orden de lo humano. La disecci&#x00F3;n de monstruos fue practicada desde 1530 hasta mediados del XVII, &#x00FA;nicamente sobre cuerpos hermafroditas o <italic>dobles</italic>. El hermafrodita, el monstruo doble, objeto de fascinaci&#x00F3;n durante siglos, fue objetivado a trav&#x00E9;s del bistur&#x00ED;, intentando hallar una soluci&#x00F3;n anat&#x00F3;mica a un nuevo problema que en siglo XVII se iba abriendo paso una vez el cuerpo queda anatomizado. Las disecciones y experimentaci&#x00F3;n m&#x00E9;dica sobre los monstruos se extendi&#x00F3;, fomentando el intento de reducir los componentes maravillosos y fascinantes de la monstruosidad. El monstruo se convierte, progresivamente, en objeto enigm&#x00E1;tico de la investigaci&#x00F3;n m&#x00E9;dica (Tort, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1980</xref>), pues en &#x00E9;l se juegan la amplitud y el dise&#x00F1;o de las definiciones de normalidad, sexualidad y reproducci&#x00F3;n, hasta llegar a desaparecer como objeto, disuelto en el cruce de miradas positivas e iluminadoras del saber.  </p>

			<p>Pero en el siglo XVII, el problema no se planteaba en estos t&#x00E9;rminos. Era m&#x00E1;s urgente y m&#x00E1;s pr&#x00F3;ximo, de bordes gruesos que ir&#x00E1;n perfil&#x00E1;ndose. El monstruo era un cuerpo anormal, y, en mecanicismo, nos pod&#x00ED;a ofrecer alguna cifra de la conexi&#x00F3;n entre cuerpo y alma. Las monstruosidades, extravagancias maravillosas del orden natural, nos ofrec&#x00ED;an todo un campo de experimentaci&#x00F3;n para comprobar los avances del saber anat&#x00F3;mico. El monstruo nos lleva al cuerpo, el cuerpo al alma y el alma a la vida misma. </p>
		</sec>

		<sec id="S4">
			<title>4. CUERPO, ALMA Y MECANISMO</title>

			<p>En 1643 Descartes responde a una carta de la princesa Elisabeth afirmando que, lamentablemente, en su obra no se ha podido ocupar lo suficiente del cuerpo, habi&#x00E9;ndose centrado, quiz&#x00E1;s en exceso, en hacer comprender el car&#x00E1;cter de la mente y en probar la distinci&#x00F3;n entre sustancias (Descartes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1988</xref>, p. 8). Sin embargo, pese a que Descartes no haya tratado hasta entonces el cuerpo de un modo sistem&#x00E1;tico, no podemos afirmar que haya sido desatendido, sino todo lo contrario. En sus cartas a Mersenne de 1930, Descartes afirma haber comenzado los estudios y la pr&#x00E1;ctica anat&#x00F3;mica (Descartes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1897a</xref>, p. 137) con el fin de intentar comprender totalmente el mecanismo del cuerpo, esperando aplicar dichos conocimientos a la tarea m&#x00E9;dica de prolongar la vida y encontrar remedios a las enfermedades —entre ellas, a la infecci&#x00F3;n de piel que padec&#x00ED;a el propio Mersenne. </p>

			<p>En la quinta parte del <italic>Discurso,</italic> Descartes menciona un «tratado, que algunas consideraciones me impiden publicar». Dicho tratado es <italic>El Mundo o Tratado de la luz</italic>, escrito en 1633, en el cual se trata particularmente el tema del hombre en tanto <italic>res extensa</italic>. Evidentemente, tal y como Descartes menciona en las Cartas a Mersenne de fin de noviembre de 1633, febrero de 1634 y abril de 1634, las <italic>consideraciones</italic> que le imped&#x00ED;an publicar tal tratado eran la condena de Galileo y la creciente suspicacia por el mecanicismo. Descartes nunca publicar&#x00E1; esta obra en vida— se public&#x00F3; en 1664. Pero supone un documento privilegiado para poder observar el an&#x00E1;lisis del cuerpo que Descartes realiza siguiendo los principios del mecanicismo y aplicando el saber anat&#x00F3;mico —experimental— que hab&#x00ED;a adquirido recientemente. Posteriormente, Descartes, en la etapa del final de su vida, escribir&#x00E1; su <italic>Descripci&#x00F3;n del Cuerpo, </italic>el <italic>Tratado de las pasiones del alma, </italic>la <italic>Generationem Animalium</italic>, y los breves textos <italic>Remedia Vires Medicamentorum, </italic>y <italic>Anat&#x00F3;mica </italic>(Descartes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1897b</xref>). Vemos entonces que el inter&#x00E9;s cartesiano por el cuerpo se extiende a lo largo de su obra, desarrollando una reflexi&#x00F3;n anat&#x00F3;mica mecanicista que abrir&#x00E1; el camino a la mirada anatomofisiol&#x00F3;gica moderna (Peset,<xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1973</xref>, p. 219).  </p>

			<p>El <italic>Tratado del Hombre</italic> aplica los principios f&#x00ED;sicos generales de la extensi&#x00F3;n al cuerpo humano. El cuerpo humano es analizado sin recurso al animismo aristot&#x00E9;lico, pensado a la manera de un aut&#x00F3;mata cuyo juego de elementos internos mec&#x00E1;nicos produce todas las funciones corporales. As&#x00ED;, Descartes anula las referencias a las partes de alma aristot&#x00E9;licas que produc&#x00ED;an el movimiento y la vida misma (Descartes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1897b</xref>, p. 202). Descartes no atribuye ning&#x00FA;n principio exterior al cuerpo. La sustancia extensa, autosuficiente y ontol&#x00F3;gicamente independiente, participa de la naturaleza mec&#x00E1;nica de la f&#x00ED;sica y, por lo tanto, la fisiolog&#x00ED;a del cuerpo humano, las funciones de los &#x00F3;rganos, se explican a trav&#x00E9;s de la mec&#x00E1;nica interna y la disposici&#x00F3;n de los &#x00F3;rganos. Incluso el principio de movimiento y el principio de vida son refractarios a la intervenci&#x00F3;n del alma sobre el cuerpo: dependen del propio mecanismo corporal. </p>

			<p>Es sin duda el saber anat&#x00F3;mico el que le permite a Descartes aplicar el mecanicismo al cuerpo, encontrar sus propias leyes a partir de los movimientos involuntarios, su particular mec&#x00E1;nica de vida en el fluir de la sangre y los llamados esp&#x00ED;ritus, semejantes a corrientes nerviosas. A partir de estas consideraciones, Descartes va a plantearse diversos problemas: <italic>la nutrici&#x00F3;n, el movimiento y las percepciones</italic>. A todos estos problemas responder&#x00E1; con explicaciones mec&#x00E1;nicas fruto de la observaci&#x00F3;n y experimentaci&#x00F3;n anat&#x00F3;mica. En cuanto a la nutrici&#x00F3;n, los alimentos son fermentados en el est&#x00F3;mago a trav&#x00E9;s de un proceso qu&#x00ED;mico y mec&#x00E1;nico de agitaci&#x00F3;n de part&#x00ED;culas (calor). Descartes explica el movimiento de la sangre a trav&#x00E9;s del modelo circulatorio de Harvey, de la respiraci&#x00F3;n y de la regeneraci&#x00F3;n y crecimiento del cuerpo. El sistema nervioso sigue un modelo hidr&#x00E1;ulico, semejante al circulatorio, y para Descartes, en conexi&#x00F3;n con el cerebro, es el causante del movimiento del cuerpo, tanto de los involuntarios (que &#x00FA;nicamente se refieren al cuerpo) como de los voluntarios (que requieren la conexi&#x00F3;n alma–cuerpo a trav&#x00E9;s de la gl&#x00E1;ndula pineal, la cual se comunica con el cuerpo a trav&#x00E9;s del mismo fluido nervioso). Por otra parte, las percepciones son explicadas siguiendo el modelo cl&#x00E1;sico de la linealidad de transmisi&#x00F3;n de est&#x00ED;mulo entre los &#x00F3;rganos sensibles y la gl&#x00E1;ndula pineal, la cual comunica al alma las informaciones captadas por el cuerpo. La gl&#x00E1;ndula pineal es afectada por las sensaciones transmitidas por los esp&#x00ED;ritus, que a su vez son informados por los &#x00F3;rganos perceptivos. </p>

			<p>La anatom&#x00ED;a le ha permitido a Descartes aproximarse a una explicaci&#x00F3;n mec&#x00E1;nica del funcionamiento del cuerpo. Sin embargo, en su af&#x00E1;n por evitar las explicaciones fisiol&#x00F3;gicas que remiten a instancias ajenas al puro mecanismo, el cuerpo ha quedado reducido a un resto, a un aut&#x00F3;mata ajeno a la subjetividad, a un elemento m&#x00E1;s de la naturaleza extensa. Se ha provocado un desplazamiento tal entre la mente y el cuerpo que Descartes se enfrentar&#x00E1; en sus obras ulteriores a otra cuesti&#x00F3;n: el problema de la generaci&#x00F3;n de la vida, el cual esconde otra pregunta mucho m&#x00E1;s inc&#x00F3;moda para el pensador que m&#x00E1;s lejos llev&#x00F3; la mec&#x00E1;nica fisiol&#x00F3;gica: la pregunta por la vida misma. De la anatom&#x00ED;a, entonces, Descartes abrir&#x00E1; la posibilidad de la pregunta por el motor de la vida, a trav&#x00E9;s de las relaciones entre anatom&#x00ED;a, fisiolog&#x00ED;a y biolog&#x00ED;a (Roger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">1963</xref>). </p>
		</sec>

		<sec id="S5">
			<title>5. SANGRE, ORGANISMO Y VIDA: LA ANATOM&#x00CD;A EN MOVIMIENTO</title>

			<p>En el cap&#x00ED;tulo 65 de su <italic>Cr&#x00ED;tica del Juicio</italic>, Kant pone en marcha la tarea de distinguir entre mecanismo y organismo. Su distinci&#x00F3;n ser&#x00E1; de suma importancia, pues apunta a la misma cuesti&#x00F3;n en la que va a desembocar la investigaci&#x00F3;n cartesiana: la generaci&#x00F3;n y la vida: </p>

						<p>Un organismo, pues, no es s&#x00F3;lo un m&#x00E1;quina, pues &#x00E9;sta no tiene m&#x00E1;s que fuerza motriz, sino que posee en s&#x00ED; fuerza formadora y tal que la comunica a las materias que no la tienen (las organiza), fuerza formadora, pues, que se propaga y que no puede ser explicada por la sola facultad del movimiento (el mecanismo) (Kant, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1999</xref>, p. 346) </p>

			<p>Generar vida es aquello que demarca la separaci&#x00F3;n entre organismo y mecanismo, aquello que nos permite elevarnos por encima del aut&#x00F3;mata y suponer que en el cuerpo humano hay elementos que no pueden ser explicados desde el modelo mec&#x00E1;nico de la f&#x00E1;brica. Sin embargo, para Descartes la explicaci&#x00F3;n mecanicista de la vida pasa por desvelar los enigmas de la generaci&#x00F3;n de la vida a trav&#x00E9;s de la cartograf&#x00ED;a est&#x00E1;tica de la anatom&#x00ED;a humana. Ser&#x00E1;, como veremos, necesario el hundimiento cartesiano en el problema de la <italic>Generatio</italic> para que la anatom&#x00ED;a se ponga en movimiento a trav&#x00E9;s de la fisiolog&#x00ED;a. </p>

			<p>La formaci&#x00F3;n de la vida desde el punto de vista cartesiano no contempla ning&#x00FA;n alma que conforme, seg&#x00FA;n el modelo aristot&#x00E9;lico, el cuerpo que va gener&#x00E1;ndose. El proceso de generaci&#x00F3;n es de naturaleza qu&#x00ED;mica, y se pone en marcha a partir de la afectaci&#x00F3;n de la materia femenina por el principio masculino. La excitaci&#x00F3;n de la materia femenina por el principio masculino produce calor, esto es, agitaci&#x00F3;n de part&#x00ED;culas, que se expanden en el medio, extendi&#x00E9;ndose y dilat&#x00E1;ndose, formando el coraz&#x00F3;n. El coraz&#x00F3;n es, por tanto, el principio de la vida, y el organismo va constituy&#x00E9;ndose a medida que se forma m&#x00E1;s sangre, que provoca una mayor presi&#x00F3;n en el circuito mec&#x00E1;nico que se va creando, formando as&#x00ED; arterias, venas, &#x00F3;rganos, etc. El sistema sangu&#x00ED;neo es fundamental para formar el cuerpo a trav&#x00E9;s de una suerte de auto-organizaci&#x00F3;n de la materia. Vemos, entonces, que la funci&#x00F3;n —la circulaci&#x00F3;n de la sangre— precede al &#x00F3;rgano —el coraz&#x00F3;n— y esta caracter&#x00ED;stica se extiende a toda la concepci&#x00F3;n gen&#x00E9;tica cartesiana. </p>

			<p>La posici&#x00F3;n mecanicista y est&#x00E1;tica a la hora de definir el cuerpo desde un punto de vista anat&#x00F3;mico, lleva a Descartes a renunciar a la posibilidad de establecer la intervenci&#x00F3;n divina en el caso de la generaci&#x00F3;n. El proceso de auto-constituci&#x00F3;n de la materia prescinde de explicaciones que no sean puramente f&#x00ED;sicas y, por ello mismo, lleva a la propia anatom&#x00ED;a mecanicista a sus propios l&#x00ED;mites. A pesar que Descartes afirme una y otra vez, tanto en su <italic>Descripci&#x00F3;n del cuerpo humano</italic> como en <italic>Los principios de la filosof&#x00ED;a</italic> que la generaci&#x00F3;n sigue un modelo estrictamente mec&#x00E1;nico tal que es posible deducir la generaci&#x00F3;n a partir de leyes f&#x00ED;sicas, su <italic>Generatio</italic> abre una brecha din&#x00E1;mica en el estatismo del mecanismo, poniendo en evidencia la aproximaci&#x00F3;n entre aut&#x00F3;mata y organismo. </p>

			<p>Si desde el paradigma del hombre mecanicista los &#x00F3;rganos eran contemplados est&#x00E1;ticamente como complejos mecanismos que desarrollaban una funci&#x00F3;n determinada, la generaci&#x00F3;n hace saltar por los aires el inmovilismo est&#x00E1;tico: los &#x00F3;rganos se crean en un movimiento de flujo, bajo un modelo hidr&#x00E1;ulico, que resulta auto–finalista. Parece que en ese movimiento bullente de la sangre, del calor excitado de repente por el encuentro entre dos principios, para Descartes no se exprese otra cosa que el v&#x00E9;rtigo de la vida. La sangre se apelmaza, se contrae y expande y en su finalidad se coagula creando un &#x00F3;rgano-mecanismo encargado de realizar y facilitar el dinamismo funcional, la finalidad del movimiento de flujo. El movimiento de los fluidos crea las condiciones de posibilidad para su dinamismo. Y el dinamismo es el principio mismo que anima todos y cada uno de los pasos de la embriolog&#x00ED;a. El mecanismo, entonces, queda regulado en su funci&#x00F3;n por la intenci&#x00F3;n &#x00ED;ntima de lo din&#x00E1;mico, queda ensombrecido por el exceso din&#x00E1;mico. La anatom&#x00ED;a deja de ser el cuadro est&#x00E1;tico de la f&#x00E1;brica humana que Vesalio propon&#x00ED;a, para ponerse en movimiento al dictado de la funci&#x00F3;n din&#x00E1;mica, aunque todav&#x00ED;a no podemos hablar de vitalismo, ni siquiera de un Descartes vitalista (Bibtol-Hesp&#x00E9;ri&#x00E8;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2002</xref>). El cuerpo ya no es resto, se encuentra formado y atravesado por un impulso que lo forma, lo conforma en cada uno de sus &#x00F3;rganos, huecos, humores, nervios. Y, sin embargo, esa aparente finalidad de la vida no es atribuida al alma, a Dios, a leyes eternas, sino a una qu&#x00ED;mica enigm&#x00E1;tica de la materia. Descartes prefigura la mirada cient&#x00ED;fica sobre la vida, anticipa la fisiolog&#x00ED;a moderna centrada en la funci&#x00F3;n a partir de las consideraciones sobre el movimiento de part&#x00ED;culas min&#x00FA;sculas que se agitan desde el momento en que comienzan a vivir: </p>

						<p>Quelqu’un dira avec d&#x00E9;dain qu’il est ridicule d’attribuer un ph&#x00E9;nom&#x00E8;ne aussi important que la formation de l’homme &#x00E0; de si petites causes; mais quelles plus grandes causes faut-il donc que les lois &#x00E9;ternelles de la nature? Veut-on l’intervention inm&#x00E9;diate d’une intelligence? De Dieu lui-m&#x00EA;me? Pourquoi naît-il des monstres? Veut-on y voir l’op&#x00E9;ration de cette sage d&#x00E9;esse de la nature qui ne doit son origine qu’&#x00E0; la folie de l’esprit humain? (Descartes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1897b</xref>, p. 404) </p>

			<p>Los errores, los monstruos, son errores qu&#x00ED;micos que no pueden ser atribuidos a leyes divinas. Al igual que la locura, afectaci&#x00F3;n de los negros vapores de la bilis, no puede ser atribuida a leyes sobrenaturales. La naturalizaci&#x00F3;n de lo sobrenatural comienza a ser evidente, y comienza a planear en torno al concepto de lo irregular. De hecho, en el momento en que Descartes hable de la generaci&#x00F3;n de los sexos, contemplar&#x00E1; como una irregularidad en el camino entre funci&#x00F3;n y &#x00F3;rgano el caso del hermafroditismo (Descartes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1897b</xref>, p. 504). Al igual que la locura, la monstruosidad es la irregularidad que se produce en un proceso din&#x00E1;mico que deber&#x00ED;a autorregularse. Un error de exceso de la vida misma ya naturalizada. </p>

			<p>Todo parece ocurrir como si estuviesen entrelazadas la progresiva a aparici&#x00F3;n de la vida en el campo del saber y el paulatino borrado de la monstruosidad. Como si los monstruos, enfocados desde el saber m&#x00E9;dico sobre la vida, s&#x00F3;lo fuesen contemplados como errores. Descartes comienza a entender a los monstruos y los hermafroditas como un error de generaci&#x00F3;n —no un error moral, ni siquiera una consecuencia de una procreaci&#x00F3;n desajustada como era el caso de A.Par&#x00E9;—, es decir, como un error del proceso din&#x00E1;mico autorregulado de la vida misma. Es la vida la que hace a los monstruos errores, anormalidades (Canguilhem, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1980</xref>, p. 118). Y la prueba de tal cosa es el camino que en XVIII y en el XIX siguen tanto la fisiolog&#x00ED;a como la monstruosidad. </p>

						<p>Anatomical interest in monsters did not disappear; indeed, it intensified. Monsters became embedded in a larger embryological context, en listed as evidence for one or another ontogenetic theory [….] Thus by the early eighteen century, monsters had been normalized in the sense taht they were habitually related to a functional standard: the irregular. … The new anatomical view of monsters corresponded to a particular view of the natural order as absolutely uniform and not subject to exceptions (Daston, Park, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1998</xref>, p. 208) </p>

			<p>El Siglo XVIII acelera la naturalizaci&#x00F3;n del monstruo desterrando, en su af&#x00E1;n enciclop&#x00E9;dico, todo resto de lo maravilloso. Queda expuesto el monstruo, signo ya vac&#x00ED;o, a la mirada escrutadora de la medicina. La medicina, la ciencia, crecer&#x00E1; y se objetivar&#x00E1; a partir de la fagotizaci&#x00F3;n de la rareza intr&#x00ED;nseca al monstruo. Esa extra&#x00F1;eza que anta&#x00F1;o fascinaba, signo de dios o del demonio, o incluso de la propia imaginaci&#x00F3;n desbocada, queda ce&#x00F1;ida para siempre y de un solo golpe a la estricta fijeza establecida por el orden de lo natural. As&#x00ED; lo evidencia el art&#x00ED;culo de la <italic>Enciclopedia</italic> dedicado a los hermafroditas, que niega categ&#x00F3;ricamente su existencia asimil&#x00E1;ndolos a fantas&#x00ED;as y supersticiones (V&#x00E1;zquez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1997</xref>, p. 199). Aquello que no pod&#x00ED;a ser contemplado todav&#x00ED;a como parte constituyente del orden natural y racional era, generalmente, desestimado, si bien no en todas las teor&#x00ED;as m&#x00E9;dicas (V&#x00E1;zquez, Cleminson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">2011</xref>,p. 32). Los hermafroditas, hasta el siglo XIX, todav&#x00ED;a se hurtaban a la mirada naturalizadora (Domurat, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2000</xref>). De este modo, la monstruosidad es progresivamente naturalizada o negada hasta su posterior naturalizaci&#x00F3;n. Es posible afirmar que el siglo XVIII es el siglo del gran rechazo de la monstruosidad, ejemplificada en la no asunci&#x00F3;n del hermafroditismo por parte de numerosas l&#x00ED;neas te&#x00F3;ricas ilustradas. El monstruo no naturalizado sigue poniendo en cuesti&#x00F3;n el orden, transgrediendo la identidad que se va conformando, interrumpiendo los saberes fundadores de subjetividad. S&#x00F3;lo en la medida en que el monstruo es utilizado para definir la norma, entendi&#x00E9;ndolo como signo patol&#x00F3;gico, es posible asumirlo como error, como anomal&#x00ED;a funcional. El monstruo, entonces, ha pasado de ser un signo de lo maravilloso a un desaf&#x00ED;o para la medicina, de una nada fant&#x00E1;stica a una anomal&#x00ED;a funcional. Y, cuando el monstruo se convierte en una anomal&#x00ED;a funcional, su figura se borra dejando libre el terreno para que se forjen nuevas figuras que dibujen el l&#x00ED;mite del nuevo orden de la vida: el hermafrodita, el loco, el perverso, el delincuente. </p>

			<p>El extremo de esta naturalizaci&#x00F3;n de lo monstruoso la encontramos en el c&#x00E9;lebre <italic>Trait&#x00E9; de T&#x00E9;ratologie</italic> de G. Saint Hilaire, en 1837. La uni&#x00F3;n de la embriolog&#x00ED;a epigenetista de Meckel y la anatom&#x00ED;a comparada fundada en las series animales de Cuvier, permiten a G. Saint Hilaire establecer una nueva teratolog&#x00ED;a que supondr&#x00E1; el fin de los compendios monstruosos. Saint Hilaire domestica todo resquicio de lo extraordinario en el monstruo sustituy&#x00E9;ndolo por la anomal&#x00ED;a, llevando a cabo una clasificaci&#x00F3;n seg&#x00FA;n las reglas del m&#x00E9;todo natural, utilizando una nomenclatura met&#x00F3;dica, logrando, en definitiva, que la monstruosidad revele el secreto de su existencia, de sus causas, de sus leyes: la anomal&#x00ED;a explica la formaci&#x00F3;n de lo normal, ya que «le pathologique est du normal emp&#x00EA;ch&#x00E9; ou d&#x00E9;vi&#x00E9;» (Canguilhem, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1980</xref>, p. 180). La monstruosidad, ahora plenamente categorizada por la mirada positiva, nos ofrecer&#x00E1; la clave de interpretaci&#x00F3;n y definici&#x00F3;n de lo normal a partir de la idea de que lo patol&#x00F3;gico es un camino errado que nos marca el correcto. Si obtenemos la desviaci&#x00F3;n, obtenemos la norma. El monstruo se convertir&#x00E1;, entonces, una vez naturalizado, en un objeto del saber normal, del saber encargado de establecer las bases de la normalidad. Y, precisamente, es esta normalidad la que comienza a entreverse como base de la identidad. El monstruo, nos ha ayudado a comprender qui&#x00E9;nes somos en tanto sujetos normales y disciplinados, posibilitando la extensi&#x00F3;n del saber m&#x00E9;dico al marco jur&#x00ED;dico, es decir, la medicina legal. </p>

			<p>Ahora bien, ¿cu&#x00E1;les son las condiciones de posibilidad del saber cient&#x00ED;fico que han permitido que la ciencia traspase la opacidad del signo monstruo convirti&#x00E9;ndolo en el espejo an&#x00F3;malo de esos seres normales que somos? El nacimiento de la biolog&#x00ED;a, esto es, la instauraci&#x00F3;n de la relaci&#x00F3;n entre el individuo y la vida se revela como fundamental a la hora de conseguir una naturalizaci&#x00F3;n total del monstruo. Porque el monstruo, considerado ya como anomal&#x00ED;a que funda lo normal morfol&#x00F3;gico, confiere un valor total al &#x00E9;xito de la estructuraci&#x00F3;n de la vida. El monstruo se opone a la vida en tanto representa una distorsi&#x00F3;n, un no acabamiento de la forma, un fracaso de la generaci&#x00F3;n. El monstruo es la vida no viable. G. Saint Hilaire afirmaba: «Il n’y a pas d’exceptions aux lois de la nature, il y a des exceptions aux lois des naturalistes» (Saint-Hilaire, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1832</xref>, p. 37). La naturalizaci&#x00F3;n del monstruo implica el conocimiento positivo de las leyes de la vida, entendida &#x00E9;sta como un sistema cerrado y l&#x00F3;gico de &#x00E9;xito generativo, que, a su vez, de manera impl&#x00ED;cita, casi subterr&#x00E1;nea, niega aquello contra lo que se levanta: un caos de «excepciones sin leyes» (Canguilhem, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1980</xref>, p. 184). La vida como sistema positivo de saber excluye, por tanto, aquello que discute su reino positivo. Excluye aquello que la funda como sistema normativo, desterrando a la monstruosidad al reino de la anomal&#x00ED;a, a partir de ahora elemento superfluo, excluido, encerrado, una suerte de anti-mundo poblado tan s&#x00F3;lo de excepciones gimientes, encerradas a trav&#x00E9;s del contorno del l&#x00ED;mite normativo que ellas mismas han inaugurado.  </p>

			<p>Y, aquellos &#x00FA;ltimos elementos de la monstruosidad que todav&#x00ED;a resisten irreductibles a la mirada positiva de la vida, como es el caso del hermafrodita, van a ser expulsados de la antigua caracterizaci&#x00F3;n teratol&#x00F3;gica y, progresivamente, mientras permanecen ignorados y negados, van conform&#x00E1;ndose en una nueva relaci&#x00F3;n con la vida y los saberes. Los antiguos monstruos, todav&#x00ED;a maravillosos, todav&#x00ED;a inquietantes y perturbadores, desaparecen para siempre de la escena del saber. </p>
		</sec>

		<sec id="S6">
			<title>6. EL SILENCIOSO CAOS DE LAS EXCEPCIONES</title>

			<p>En 1561, para Pierre Boaistuau el monstruo era una ventana a lo maravilloso que jam&#x00E1;s podr&#x00ED;a ser reducido a la positividad de la ciencia porque hab&#x00ED;a algo en &#x00E9;l que exced&#x00ED;a las leyes humanas, esas leyes con las cuales los naturalistas intentaban dar cuenta de la realidad. Los monstruos y lo maravilloso, lo demoniaco y lo fant&#x00E1;stico surca la Edad Media entera como un signo mudo de la incapacidad humana para hacerse con el mundo entero. No s&#x00F3;lo con el mundo. Tambi&#x00E9;n con nuestro propio cuerpo. Desde la perspectiva aristot&#x00E9;lica y gal&#x00E9;nica mantenida hasta Vesalio, resulta imposible sacar a la luz positiva todos los secretos del cuerpo y del alma. El desarrollo m&#x00E9;dico y anat&#x00F3;mico, entonces, tom&#x00F3; una senda particular. Separ&#x00F3; el cuerpo del alma como &#x00FA;nico modo de entender los mecanismos &#x00ED;ntimos del cuerpo. Y el monstruo naci&#x00F3; para la mirada anal&#x00ED;tica, ya no como excepci&#x00F3;n de la ley divina, sino como mezcla, como error, como enigma a solventar. Lycosthenes, Par&#x00E9; y tantos otros comenzaron su particular categorizaci&#x00F3;n de la monstruosidad, en un intento de naturalizarla y concebirla bajo un prisma humano —racional, cient&#x00ED;fico, positivo. Los trabajos m&#x00E9;dicos de Descartes constituir&#x00E1;n un punto de inflexi&#x00F3;n fundamental a la hora de pensar el cuerpo como mecanismo sin referencia a ninguna instancia trascendental, posibilitando as&#x00ED; el progresivo hundimiento de la mirada cient&#x00ED;fica y positiva en generaci&#x00F3;n de vida. El desarrollo de la fisiolog&#x00ED;a permitir&#x00ED;a naturalizar las anomal&#x00ED;as monstruosas, trat&#x00E1;ndolas ya como una desviaci&#x00F3;n de la norma, como la anormalidad que constituye la normalidad y, al mismo tiempo, es negada, excluida, encerrada: patologizada. El saber m&#x00E9;dico va pobl&#x00E1;ndose de anormalidades, a la par que va extendiendo sus ra&#x00ED;ces jur&#x00ED;dicas y legales hacia la noci&#x00F3;n de vida que aparece en el momento en que individuo y poblaci&#x00F3;n se unen en el mismo cuerpo org&#x00E1;nico a trav&#x00E9;s de la sexualidad. Y los antiguos monstruos, que ya tan s&#x00F3;lo viv&#x00ED;an en las antiguas teratolog&#x00ED;as, vuelven bajo el signo del hermafrodita para permitir el avance de la mirada m&#x00E9;dica, esta vez hacia la medicina social del XIX. </p>

			<p>Desde esta perspectiva, aquellas silenciosas excepciones que la medicina legal hab&#x00ED;a dejado en suspenso en su proceso naturalizador de la anormalidad, reaparecen con un nuevo sentido. El hermafrodita, que hab&#x00ED;a sido negado en su existencia por la raz&#x00F3;n ilustrada, que hab&#x00ED;a sido resuelto por el dictamen del experto en la medicina legal, vuelve a presentarse como un enigma a resolver: el de la identidad sexual. Es preciso delimitar los contornos exactos y positivos de la sexualidad, y, por lo tanto, apuntalar las desviaciones y anomal&#x00ED;as que exhiben los hermafroditas. Porque ser&#x00E1; la sexualidad el lugar en d&#x00F3;nde a partir del siglo XIX se va a buscar las verdades m&#x00E1;s profundas de los individuos a partir de una profusi&#x00F3;n de discursos cient&#x00ED;ficos acerca de la relaci&#x00F3;n identidad-sexo – con el psicoan&#x00E1;lisis como uno de los momentos m&#x00E1;s evidentes de esta centralidad de la pareja verdad–sexualidad. La apertura de la vida que hay en el individuo permite un nuevo control sobre el cuerpo, sobre la verdad &#x00ED;ntima de s&#x00ED;, al mismo tiempo que establece unos mecanismos de higiene y salud p&#x00FA;blica en virtud de su implicaci&#x00F3;n con el organismo social. El hermafrodita, antiguo obst&#x00E1;culo borrado por la definici&#x00F3;n de su identidad sexual que llevaba a cabo el experto-m&#x00E9;dico legal, reaparece como lugar privilegiado donde medir la relaci&#x00F3;n entre verdad y sexualidad. Habr&#x00E1; una verdad de la sexualidad, y esa verdad representar&#x00E1; la identidad de un individuo que, en el siglo XIX, comienza a definirse primordialmente no por su cuerpo anat&#x00F3;mico individual, sino por la uni&#x00F3;n entre su cuerpo y la especie. </p>

			<p>A lo largo de esta breve historia hemos visto una desaparici&#x00F3;n de la monstruosidad maravillosa para dar pie a otro tipo de monstruosidad naturalizada— en la que ya no cab&#x00ED;an los monstruos m&#x00ED;ticos, ni demonios, ni ecat&#x00F3;nquiros, ni bic&#x00E9;falos, ni s&#x00E1;tiros. Durante la Ilustraci&#x00F3;n los monstruos fueron borrados por la necesidad de hallar unas reglas de la naturaleza que no contuviesen excepciones. Las posibles excepciones fueron convenientemente categorizadas y naturalizadas hasta el l&#x00ED;mite de lo posible: locura, criminalidad, perversi&#x00F3;n. Cuando la medicina se abre a la sexualidad proponiendo una verdad del ser humano que lo vincule con la especie, la misma necesidad de delimitar la normalidad rescata la figura muda del hermafrodita, aplastada por el experto legal, y la interroga para que desvele la verdad de su sexo. </p>

			<p>La monstruosidad, entonces, se nos aparece durante la modernidad no como una categor&#x00ED;a fija que ha sido tallada sin titubeos por la ciencia m&#x00E9;dica. M&#x00E1;s bien, podr&#x00ED;amos entender a lo monstruoso como el silencioso caos de excepciones que se van oponiendo, sucesivamente, al orden natural establecido por los saberes modernos, particularmente m&#x00E9;dicos. Las excepciones, sin regla alguna, sin ley, sin racionalidad que las gu&#x00ED;e, se presentan como contra-conductas, como herej&#x00ED;as, como desplantes existenciales a las reglas de formaci&#x00F3;n, de comportamiento, de existencia, de salud. Cuando el saber m&#x00E9;dico cambia, se afila, cuando hunde su mirada en un nuevo campo, modificando sus relaciones con el resto de saberes y con sus objetos, nuevas excepciones sin ley alguna pasan a poblar el caos de la anormalidad, el mundo otro d&#x00F3;nde se agolpan, encerrados y dolientes, los fantasmas de una cultura. </p>

			<p>El inter&#x00E9;s por la monstruosidad que ha traspasado toda la modernidad no es sino el inter&#x00E9;s por los fantasmas que constituyen el env&#x00E9;s de la normalidad, el caos de excepciones que, encerrado y silenciado, acompa&#x00F1;a a cada uno de las verdades producidas por los discursos sobre el saber. El hermafrodita, uno de los signos de la monstruosidad en el XIX, se borrar&#x00E1; a su vez cuando el discurso sobre la sexualidad adquiera su estatuto positivo de verdad, propiciando un nuevo caos de excepciones que, en siglo XX, tomar&#x00E1; otros caminos cuando la medicina social pase a constituirse como una estrategia biopol&#x00ED;tica y la noci&#x00F3;n de raza entre en juego. Porque, en definitiva, como afirma Bataille (Bataille, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1970</xref>, p. 229), la incongruencia que el monstruo y todas y cada una de las excepciones supusieron para la mirada del saber m&#x00E9;dico, se manifiesta a nivel individual en cada comportamiento distinto, excesivo, soberano. En la medida en que un comportamiento individual escapa a la norma com&#x00FA;n, el saber comienza a fijar el contorno de un nuevo monstruo, una nueva excepci&#x00F3;n, esto es, una subjetividad normalizada a prueba de excepciones. Excepciones, aparentes desv&#x00ED;os de la naturaleza, que posibilitar&#x00E1;n toda la nueva econom&#x00ED;a saber-poder que constituye nuestro aqu&#x00ED; y nuestro ahora. Aqu&#x00ED; y ahora donde nuestros monstruos son historia. </p>

		</sec>
		
	</body>


	
	
	<back>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE01"><label>1</label>
					<p>“No es imposible ver huesos humanos […] Pero si no has tenido la fortuna de verlos, haz una disecci&#x00F3;n a un simio, qu&#x00ED;tale las carnes y en &#x00E9;l f&#x00ED;jate con exactitud en cada uno de sus huesos. Entre los simios elige a los que sean m&#x00E1;s parecidos al hombre”, (Galeno, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2002</xref>, p. 86).</p>
				</fn>
			</fn-group>
		</sec>
				
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>


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			  <source>Ph&#x00E9;nom&#x00E9;nologie des corps monstrueux</source>
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					  <surname>Bahuin</surname>
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			  <year>1600</year>
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			  <publisher-loc>Frankfurt</publisher-loc>
			  <publisher-name>Oppenheim</publisher-name>
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					  <given-names>Georges</given-names>	  
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			  <year>1970</year>
			  <chapter-title>Les &#x00E9;cartes de la nature</chapter-title>
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					  <surname>Bataille</surname>
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			  <article-title>Early Modern Classifications of Monstrous Births</article-title>
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