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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2015.02</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/asclepio.2015.02</article-id>
			 
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				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>DOSSIER: CIENCIA Y SABERES AGR&#x00CD;COLAS EN CONSTRUCCI&#x00D3;N EN LA HISTORIA DE AM&#x00C9;RICA LATINA Y EL CARIBE: AGENTES, REDES Y CIRCUITOS  (SIGLOS XVIII-XX) / AGRICULTURAL SCIENCE AND KNOWLEDGE IN CONSTRUCTION IN THE HISTORY OF LATIN AMERICA AND THE CARIBBEAN: NETWORKS, ACTORS AND CIRCUITS (XVIII-XX CENTURIES)</subject>
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				 <article-title>Di&#x00E1;logo de saberes ambientales entre Europa-Am&#x00E9;rica. Agroecosistemas oasianos en Baja California Sur s. XVIII-XX<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref></article-title>
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					<trans-title>Environmental knowledge dialogue between Europe and Latin American. Agroecosystems oasiens in Baja California Sur s. XVIII-XX</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Di&#x00E1;logo de saberes ambientales entre Europa-Am&#x00E9;rica</alt-title>
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				 <surname>Ortega Santos</surname>
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			  <aff id="U1">Departamento Historia Contempor&#x00E1;nea. Facultad de Filosof&#x00ED;a y Letras. Universidad de Granada</aff>
			  
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				<corresp id="cor1"><email xlink:href="aortegas@ugr.es">aortegas@ugr.es</email></corresp>
			</author-notes>
	
			<pub-date pub-type="epub">		
				<day>30</day>
				<month>06</month>
				<year>2015</year>
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			<pub-date pub-type="collection">  
				<year>2015</year>
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			<volume>67</volume>
			<issue>1</issue>
			
			<elocation-id content-type="doi">10.3989/asclepio.2015.02</elocation-id>

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					<day>08</day>
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					<year>2014</year>
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					<day>01</day>
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				<copyright-statement>&#x00A9; 2015 CSIC</copyright-statement>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>Desde hace m&#x00E1;s de dos siglos, las Comunidades Oasianas de Baja California Sur han estado viviendo en intima conexi&#x00F3;n con su medio ambiente. Con la llegada de los Jesuitas se produjo un intenso proceso de exterminio biocultural de los saberes sociambientales de esas comunidades, repoblando estas huertas y llanos con poblaci&#x00F3;n -en muchos casos colonos- procedentes del sur de Espa&#x00F1;a-, redimensionado la identidad territorial como ranchera que gestion&#x00F3; los ecosistemas bajo pautas de autosuficiencia y subconsumo, dadas las fuertes constricciones socioambientales de agroecosistemas sudcalifornianos. A inicios del siglo XXI, las comunidades oasianas luchan contra la p&#x00E9;rdida de sus saberes comunitarios, enclavados en edenes de enorme potencial biocultural, rescatando y manteniendo los cultivos tra&#x00ED;dos con la llegada de los jesuitas. Este marco nos permite describir un proceso de colonizaci&#x00F3;n de los ecosistemas a lo largo de los dos &#x00FA;ltimos siglos.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>During two centuries, Oasis Communities of Baja California had been living in a intense connection with their environment. With the arrival of Jesuits, a deep extermination of biocultural heritage and socioenvironmental knowledges of these communities, repopulating of vegetable garden and drylands with people –in many cases, settler from the south of Spain- reconstructing the territorial identity as <italic>ranchera</italic> to manage the ecosystems under pattern of self-competence and under-consumption, due to the strong environmental constraints of lower california agro-ecosystem. At the beginning of XXIth century, Oasis Communities are fighting against the loss of community heritage, embedded in Eden with enormous bio-cultural dimension, rescuing and keeping crops from Europe with the Jesuits arrival. This frame allow us to draw a colonization process of ecosystems during contemporary age.</p>
			</trans-abstract>

			<kwd-group xml:lang="es">
				<title>PALABRAS CLAVE</title> 
				<kwd>Pensamiento Decolonial</kwd>	
				<kwd>Patrimonio Biocultural</kwd>
				<kwd>Historia Ambiental</kwd>
				<kwd>Historia Rural</kwd>
				<kwd>Agrobiodiversidad</kwd>
			</kwd-group>

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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Decolonial Thought</kwd>	
				<kwd>Biocultural Heritage</kwd>
				<kwd>Environmental History</kwd>
				<kwd>Rural History</kwd>
				<kwd>Agrobiodiversity</kwd>
			</kwd-group>
		
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	<body>	
			
		<sec id="S1">
			<title>INTRODUCCI&#x00D3;N: BAJA CALIFORNIA SUR. GEOGRAF&#x00CD;A DE UNA PAISAJE DE CONTRASTES: MAR Y ARIDEZ </title>

			<p>Con 1,300 km de longitud, Baja California es la segunda pen&#x00ED;nsula m&#x00E1;s larga del mundo y una de las m&#x00E1;s esbeltas (140km de ancho en promedio). Ubicada en el noroeste de M&#x00E9;xico, en su mitad septentrional se localiza el estado de Baja California y en la mitad meridional el estado de Baja California Sur. La pen&#x00ED;nsula est&#x00E1; flanqueada en sus dos costas por vastos espacios marinos: el Golfo de California al este y el Oc&#x00E9;ano Pac&#x00ED;fico al oeste. La une al continente una peque&#x00F1;&#x00ED;sima porci&#x00F3;n de tierra que representa solamente el 4% del total del per&#x00ED;metro peninsular, lo que pr&#x00E1;cticamente la convierte en una isla, como bien refleja la <xref ref-type="fig" rid="F1">Figura 1</xref>. Este car&#x00E1;cter insular no s&#x00F3;lo se debe a estar separada del macizo continental por mares de dif&#x00ED;cil navegaci&#x00F3;n, sino que por tierra la separan del resto del mundo vastos y despoblados desiertos cuya traves&#x00ED;a sigue siendo ardua y tardada. </p>
			
					<fig id="F1">
						<label>Figura 1</label>
						<caption>
							<title>Pen&#x00ED;nsula de Baja California Sur</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F1.jpg"/>
					</fig>

			<p>A lo largo de su historia, este severo aislamiento impuso a sus habitantes considerables desaf&#x00ED;os. Para la sociedad colonial implic&#x00F3; una extrema dificultad para establecerse, ya que no solamente demoraron en ello diecisiete d&#x00E9;cadas, sino que una vez establecidas las misiones y los pueblos, la ocupaci&#x00F3;n del territorio tuvo fuertes constricciones ambientales. A la sociedad decimon&#x00F3;nica, compuesta en su mayor&#x00ED;a por rancheros, el aislamiento les llev&#x00F3; a desarrollar estrategias de adaptaci&#x00F3;n a un tipo de vida casi en autarqu&#x00ED;a.</p>

			<p>La Pen&#x00ED;nsula de Baja California se ubica entre las latitudes 23°N y 32°N, donde se localizan las grandes zonas des&#x00E9;rticas del hemisferio norte (ver <xref ref-type="fig" rid="F1">Figura 1</xref>). Por este hecho, la otra caracter&#x00ED;stica dominante de la geograf&#x00ED;a regional es la aridez. &#x00C9;sta se manifiesta con un d&#x00E9;ficit de agua superficial y la escasez (e irregularidad) de precipitaciones. En t&#x00E9;rminos generales el clima peninsular es caliente y seco, s&#x00F3;lo hay tres peque&#x00F1;os r&#x00ED;os. En verano, las temperaturas pueden llegar hasta 50°C durante varios d&#x00ED;as. La regi&#x00F3;n recibe en promedio menos de 250mm de lluvia al a&#x00F1;o. &#x00C9;stas ocurren generalmente en forma torrencial entre junio y octubre, puesto que est&#x00E1;n asociadas a la incidencia de tormentas tropicales. Tambi&#x00E9;n se registran lluvias invernales que son menos abundantes y violentas, y se conocen en la regi&#x00F3;n con el nombre local de <italic>equipatas</italic>.</p>

			<p>En la pen&#x00ED;nsula las limitaciones h&#x00ED;dricas causantes de la aridez son agravadas por el aislamiento, magnificando los retos que los pobladores han enfrentado a trav&#x00E9;s de originales estrategias fundamentadas sobre un denominador com&#x00FA;n: la disponibilidad permanente de fuentes agua. Sin la intervenci&#x00F3;n del ser humano, en las zonas &#x00E1;ridas ese fen&#x00F3;meno s&#x00F3;lo ocurre en los humedales conocidos com&#x00FA;nmente como oasis. Pero con base en esa denominaci&#x00F3;n com&#x00FA;n, un grupo de cient&#x00ED;ficos del Centro de Investigaciones Biol&#x00F3;gicas del Noroeste (CIBNOR) (Maya et al., <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1997</xref>) localiz&#x00F3; en la pen&#x00ED;nsula 184 <italic>oasis</italic>, de los cuales: 93% (171) se encuentran en Baja California Sur, 48% son oasis t&#x00ED;picos, ya que tienen aguas superficiales visibles y 52% son oasis at&#x00ED;picos, con arroyos de temporal. En ese estudio se describen las caracter&#x00ED;sticas bi&#x00F3;ticas y abi&#x00F3;ticas de estas &#x00ED;nsulas de humedad, que son espacios de excepci&#x00F3;n en el marco de una zona &#x00E1;rida, lugar id&#x00F3;neo para el desarrollo de actividades humanas tales como la agricultura y la ganader&#x00ED;a. Esos humedales son tambi&#x00E9;n &#x00E1;reas de refugio y atracci&#x00F3;n para una gran variedad de especies (end&#x00E9;micas o no), fungiendo tambi&#x00E9;n como estaciones de reabastecimiento para especies migratorias (Lluch Belda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1997</xref>).</p>

			<p>Otra caracter&#x00ED;stica geogr&#x00E1;fica de la Pen&#x00ED;nsula de Baja California es su accidentado relieve. Longitudinalmente es recorrida por una cadena monta&#x00F1;osa de origen volc&#x00E1;nico formada por macizos llamados sierras, cuyas cumbres pueden fluctuar entre 1,000 y 2,000 msnm. Sus numerosas ca&#x00F1;adas son surcadas por arroyos con cauces secos la mayor parte del a&#x00F1;o, que llegan a formar avenidas de agua durante las lluvias torrenciales, pero en los que se encuentran las pozas y los manantiales que forman los humedales-oasis. Desierto Sonorense como unidad fitogeogr&#x00E1;fica que se caracteriza por el n&#x00FA;mero y la variedad de formas de vida que all&#x00ED; se encuentran, por la diversidad de sus comunidades vegetales, y por sus temperaturas elevadas (Shreve y Wiggins, <xref ref-type="bibr" rid="CIT54">1964</xref>).</p>

			<p>Se han reportado m&#x00E1;s de 2,895 especies y subespecies de plantas (Wiggins, <xref ref-type="bibr" rid="CIT62">1980</xref>), que tienen la fisonom&#x00ED;a de un desierto de cact&#x00E1;ceas muy variadas que coexisten con &#x00E1;rboles peque&#x00F1;os y arbustos. Por arriba de los 300 msnm y hasta los 800, es com&#x00FA;n encontrar reminiscencias de lo que fue un bosque tropical caducifolio y, por arriba de los 1,400 msnm, se encuentra un bosque de pino-encino. La vegetaci&#x00F3;n riparia que prospera en las ca&#x00F1;adas m&#x00E1;s h&#x00FA;medas se caracteriza por la presencia de palmares, principalmente palma azul (<italic>Erythea armata</italic>), palma de taco (<italic>Erythea brandegeei</italic>) end&#x00E9;mica a Baja California Sur y palma real (<italic>Washingtonia robusta</italic>); tambi&#x00E9;n es com&#x00FA;n encontrar palmas datileras, introducidas en el siglo XVIII por los misioneros jesuitas en los oasis bajacalifornianos. Acompa&#x00F1;ando a los palmares se distribuyen &#x00E1;lamos (<italic>Populus spp.</italic>) y sauces (<italic>Salix spp.</italic>). En los ca&#x00F1;ones m&#x00E1;s elevados se encuentra una variedad de peque&#x00F1;os ambientes relictos (incluso con helechos arborescentes y orqu&#x00ED;deas) (Wehncke et al., <xref ref-type="bibr" rid="CIT61">2010</xref>).</p>

			<p>A pesar de los rigores que la naturaleza bajacaliforniana ha impuesto al poblamiento humano, la regi&#x00F3;n ha sido habitada constantemente desde hace m&#x00E1;s de diez mil a&#x00F1;os. Hasta finales del siglo XIX, cuando fue posible la perforaci&#x00F3;n de pozos, la vida humana dependi&#x00F3; completamente de las fuentes de agua de esos humedales y oasis, lo que les otorga un papel central en la historia ambiental bajacaliforniana, protagonizada desde la colonizaci&#x00F3;n jesu&#x00ED;tica a inicios del siglo XVIII. Luego fue reemplazada por una cultura ranchera, anclada en la <italic>autosuficiencia</italic>, <italic>austeridad</italic> y <italic>aprovechamiento variado e integral de la diversidad bi&#x00F3;tica y abi&#x00F3;tica</italic> que hunde ra&#x00ED;ces en los saberes aportados por los jesuitas junto a lo aportado por los usos ind&#x00ED;genas en un contexto de bioregi&#x00F3;n mediterr&#x00E1;nea. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S2">
			<title>1. NUEVAS EPISTEMOLOG&#x00CD;AS PARA DECOLONIZAR LA HISTORIA SOCIOAMBIENTAL  </title>

			<p>¿Podemos mirar con ojos no occidentales/occidentalizados, ni vinculados a los discursos colonizadores procesos socioambientales acaecidos en los dos &#x00FA;ltimos siglos en el contexto latinoamericano? Miradas que rompan con el egocentrismo epist&#x00E9;mico, y que pongan de relieve que existieron y existen otros saberes que pueden amparar nuevas miradas futuras para la coevoluci&#x00F3;n sociedades humanas y medio ambiente.</p>

			<p>Pero el proceso de apropiaci&#x00F3;n colonial asent&#x00F3; y consolid&#x00F3; un proceso de “ordenaci&#x00F3;n” de las fuerzas naturales mediante la imposici&#x00F3;n de pr&#x00E1;cticas productivas y extractivas propias de una europeizaci&#x00F3;n de los agroecosistemas (Escobar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2011</xref>; Gudynas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2011</xref>).</p>

			<p>Como bien indica Santiago Castro-G&#x00F3;mez, (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2011</xref>, p. 351), desde el siglo XVII, el estado colonial impreso en la huella de los Borbones, transitaba no a la b&#x00FA;squeda de apropiaci&#x00F3;n de territorios sino tambi&#x00E9;n por la correcta y eficaz gesti&#x00F3;n de las poblaciones y territorios ya pose&#x00ED;dos, mediante la ruptura simb&#x00F3;lica y metab&#x00F3;lica de los conocimientos y saberes de estas poblaciones.</p>

			<p>An&#x00ED;bal Quijano (<xref ref-type="bibr" rid="CIT45">1991</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT46">1999</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT48">2000</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT49">2001</xref>) denota que «colonialismo» supone una relaci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica y econ&#x00F3;mica en la que la soberan&#x00ED;a de una naci&#x00F3;n o pueblo descansa en el poder de otra naci&#x00F3;n, lo que convierte a esta &#x00FA;ltima en imperio; mientras que «colonialidad» refiere a un conjunto de patrones de poder de larga duraci&#x00F3;n que emergieron con el colonialismo pero definen la cultura, las relaciones intersubjetivas, la distribuci&#x00F3;n del trabajo y la producci&#x00F3;n de conocimientos m&#x00E1;s all&#x00E1; de los estrictos l&#x00ED;mites de las administraciones coloniales. Sobre esas diferencias, Grosfoguel (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2012</xref>) apunta:</p>

						<p>El colonialismo es m&#x00E1;s antiguo que la colonialidad (…) Lo nuevo en el mundo moderno-colonial es que la justificaci&#x00F3;n de dicha dominaci&#x00F3;n y explotaci&#x00F3;n colonial pasa por la articulaci&#x00F3;n de un discurso racial acerca de la inferioridad del pueblo conquistado y la superioridad del conquistador (Grosfoguel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2007</xref>).</p>

			<p>Por su parte Santiago Castro-G&#x00F3;mez (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2007</xref>, p. 79) se&#x00F1;ala que el discurso hegem&#x00F3;nico del modelo civilizatorio se articula a trav&#x00E9;s de una estructura triangular entre la «colonialidad del saber», la «colonialidad del poder», y la «colonialidad del ser». Por ello es necesario descolonizar esas tres esferas. Esta es la esencia de la cr&#x00ED;tica decolonial o perspectiva de la modernidad/colonialidad, que se ha ido conformando a partir de las cr&#x00ED;ticas que desde la noci&#x00F3;n «colonialidad del poder» hizo An&#x00ED;bal Quijano (<xref ref-type="bibr" rid="CIT45">1991</xref>) a la «teor&#x00ED;a del sistema mundo moderno» propuesta antes por el soci&#x00F3;logo estadounidense Immanuel Wallerstein (<xref ref-type="bibr" rid="CIT58">1984</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT59">1998</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT60">2006</xref>) y de forma conjunta y colaborativa en un trabajo posterior (Quijano y Wallerstein, <xref ref-type="bibr" rid="CIT47">1992</xref>).</p>

			<p>La cr&#x00ED;tica decolonial plantea que tras el fin del colonialismo y las administraciones coloniales se ha consolidado un sistema-mundo donde la epistemolog&#x00ED;a occidental domina sobre el resto de las epistemolog&#x00ED;as. En ese sentido interesa destacar, como apunta Grosfoguel (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2012</xref>) que la jerarqu&#x00ED;a epist&#x00E9;mica del sujeto de enunciaci&#x00F3;n occidental en el sistema-mundo moderno/colonial adquiere m&#x00FA;ltiples manifestaciones, de las cuales se pueden destacar las siguientes (Farr&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2013</xref>): formaci&#x00F3;n de clase global particular donde van a coexistir y organizarse una diversidad de formas de trabajo (esclavitud, semiservidumbre, trabajo asalariado, producci&#x00F3;n mercantil-simple, etc.) como fuente de producci&#x00F3;n de plusval&#x00ED;a mediante la venta de mercanc&#x00ED;as para obtener ganancias en el mercado mundial; una jerarqu&#x00ED;a etno/racial global que privilegia a los occidentales sobre los no-occidentales (Quijano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">1991</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="CIT48">2000</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT49">2001</xref>; Mignolo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">2000b</xref>); una jerarqu&#x00ED;a ecol&#x00F3;gica global donde se privilegia el concepto de “naturaleza” occidental (donde la naturaleza es siempre pasiva, exterior a los humanos e instrumental para un fin) con todas las consecuencias nefastas para el medio ambiente/ecolog&#x00ED;a planetaria y se descartan otras formas de entender el medio ambiente y la ecolog&#x00ED;a (donde las personas son parte de la ecolog&#x00ED;a y la «naturaleza» es un fin en s&#x00ED; mismo).</p>

			<p>En cuanto a la «colonialidad del poder territorial», definida siguiendo a Mignolo (<xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2000a</xref>) como el &#x00E1;mbito de la intersubjetividad en que cierto grupo de gentes define qu&#x00E9; es territorialmente correcto y, por lo tanto, sustentan el poder de enunciaci&#x00F3;n, esta se ejerce tanto en los escenarios territoriales globales como en los locales. Esta colonialidad territorial es eficaz generando jerarqu&#x00ED;as en el territorio que tienen como apoyo genealog&#x00ED;as de saber desde la primac&#x00ED;a de las epistemolog&#x00ED;as occidentales.</p>

			<p>Desde el paradigma del Imperialismo Ecol&#x00F3;gico de Crosby (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1999</xref>) se auspiciaba —con amplio seguimiento historiogr&#x00E1;fico posterior— una visi&#x00F3;n de las nuevas Europas como un proceso de colonizaci&#x00F3;n bi&#x00F3;tico, est&#x00E1;tico, impulsivo y no procesual. Si tomamos como uno de los puntos de referencia m&#x00E1;s cercano a Dunmire (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2004</xref>) la imagen de la llegada de estos frutos, &#x00E1;rboles, cultivos, son resultado de flujos globales que circunnavegan la tierra desde siglos atr&#x00E1;s, con un tamiz de enorme trascendencia como es el mediterr&#x00E1;neo en el que se combinaron civilizaciones, grupos humanos y saberes h&#x00ED;bridos que germinaron en otros mundos, en otras Europas. Este proceso es el que aqu&#x00ED; pretendemos complejizar con una mirada decolonial, ejemplificando esos oasis un buen laboratorio para el estudio de la agrodiversidad global y en un futuro, del impacto del antropoceno en la cuasi desaparici&#x00F3;n de la especie humana a manos del cambio clim&#x00E1;tico. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S3">
			<title>2. COLONIALIDAD DE TERRITORIOS. OASIS-HUERTAS EN BAJA CALIFORNIA SUR (M&#x00C9;XICO) EN EL SIGLO XVIII  </title>

			<p>La colonizaci&#x00F3;n de las tierras peninsulares de Baja California Sur se llev&#x00F3; a cabo diecisiete d&#x00E9;cadas despu&#x00E9;s de que se realizara el Primer Auto de posesi&#x00F3;n por Hern&#x00E1;n Cort&#x00E9;s en 1535. Los &#x00FA;nicos capaces de enfrentar el reto que implicaba la aridez y el aislamiento fueron los jesuitas, que en 1697 iniciaron y consolidaron el arduo proceso misional. Este proceso de colonizaci&#x00F3;n aplicado al territorio que se pone de manifiesto en la <xref ref-type="fig" rid="F2">Figura 2</xref> nos describe visualmente como lograron fundar 18 misiones con esfuerzos a&#x00FA;n mayores. La principal determinante para el establecimiento de una misi&#x00F3;n fue la disponibilidad constante de agua, la que s&#x00F3;lo hallaron en los humedales. La pr&#x00E1;ctica agr&#x00ED;cola era indispensable para alimentar a misioneros, colonos y ne&#x00F3;fitos, pero tambi&#x00E9;n para ayudar en el proceso de aculturaci&#x00F3;n de los ind&#x00ED;genas.</p>
			
					<fig id="F2">
						<label>Figura 2</label>
						<caption>
							<title></title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F1.jpg"/>
					</fig>

			<p>Desde su llegada a la primera fundaci&#x00F3;n permanente, dedicada a la virgen de Loreto, hecha en 1697 en un paraje del golfo de California al que los indios denominaban <italic>Conch&#x00F3;</italic>, los misioneros y sus auxiliares no pararon de buscar sitios propicios que cumplieran con los requisitos necesarios para realizar su tarea transformadora. Tal como lo hac&#x00ED;a ver un jesuita:</p>

						<p>Resultaba, pues, l&#x00F3;gico que los primeros misioneros, que se alimentaban al principio con los granos y carnes que trajeron consigo de Sonora y Sinaloa, sobre la otra costa del mar, estuviesen ansiosos de implantar la agricultura y ganader&#x00ED;a en California para poder mantenerse en lo futuro, no s&#x00F3;lo a s&#x00ED; mismos y a sus sucesores, sino tambi&#x00E9;n a los soldados, marineros, californios enfermos y catec&#x00FA;menos (Baegert, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1989</xref>, p. 175).</p>

			<p>Los indios que frecuentaban los parajes de la sierra de la Giganta hab&#x00ED;an tenido contacto con los extranjeros desde 1684, cuando el padre Eusebio Kino, acompa&#x00F1;ando a Isidro de Atondo y Antill&#x00F3;n hab&#x00ED;a explorado su ladera occidental (Mathes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1965</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1970</xref>). Un largo y err&#x00E1;tico trayecto hist&#x00F3;rico de entrada al territorio sudcaliforniano que se sustentaba en los abastecimientos desde la contracosta, ante el car&#x00E1;cter inh&#x00F3;spito e improductivo del nuevo lugar ocupado por el asentamiento jesu&#x00ED;tico —no exento de un amplio apoyo financiero—. El contacto, primero colaborativo, de los nuevos pobladores con <italic>cochim&#x00ED;es, guaycuras y peric&#x00FA;as</italic> auspiciaba encontrar los aguajes de aprovisionamiento de agua en los que asentar las misiones como lugar sagrado pero tambi&#x00E9;n como unidad de producci&#x00F3;n, abastecimiento y consumo.</p>

			<p>¿Cu&#x00E1;l fue el proceso de «colonialidad de saberes» que verific&#x00F3; en el territorio sudcaliforniano?, ¿C&#x00F3;mo llegaron los cultivos «europeos» que conformaron las huertas oasianas? ¿Hasta donde lleg&#x00F3; ese proceso? Son s&#x00F3;lo algunas de las preguntas que vertebran este texto pero que nos permiten afirmar que la llegada/intrusi&#x00F3;n de cultivos, saberes hidr&#x00E1;ulicos y modelos agr&#x00ED;colas supuso una europeizaci&#x00F3;n del patr&#x00F3;n territorial a largo plazo.</p>

			<p>La manifiesta aversi&#x00F3;n de los Jesuitas para con el espacio sudcaliforniano, se sustentaba en la inviabilidad de una producci&#x00F3;n agr&#x00ED;cola siempre deficitaria de suelos y agua, forzando la importaci&#x00F3;n de bienes de la contracosta, sobre todo del Valle del Yaqui del que proven&#x00ED;a el ma&#x00ED;z y trigo a Baja California. Para ello se «crearon suelos», dise&#x00F1;aron sistemas hidr&#x00E1;ulicos compuestos por acequias, presas y diques, se importaron patrones de cultivo mediterr&#x00E1;neos presentes en el tiempo hasta el d&#x00ED;a de hoy como acredita el &#x00FA;ltimo apartado de este art&#x00ED;culo. Misiones-Huertas como estrategias de colonialidad del territorio que refleja la <xref ref-type="fig" rid="F2">Figura 2</xref>, al implicar —tras la ardua trayectoria hist&#x00F3;rica hasta el definitivo asentamiento— un control decisorio sobre los individuos, conocimientos y formas de actuar de las comunidades aut&#x00F3;ctonas, subsumidas en unos nuevos agroecosistemas mediterr&#x00E1;neos.</p>

			<p>Tomemos algunos ejemplos de este proceso. El informe enviado por el Jesuita Josep de Mora en 1704 nos evidencia este proceso de colonizaci&#x00F3;n del territorio sudcaliforniano para la producci&#x00F3;n agropecuaria (Venegas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT56">1757</xref>, p. 50): </p>

						<p>Las fanegas de tierra que actualmente tiene, y siembra de trigo esta misi&#x00F3;n son ocho: Para maiz, tiene cinco fanegas largas de tierra, y esas estan sembradas este a&#x00F1;o, aunque regularmente se siembran solas tres, segun los a&#x00F1;os, y la gente que puede trabajar. Para chicharos, garbanzos, y frijol tiene como diez y seis almudes de tierra, atendiendo &#x00E1; los almudes de semilla que caben en dicha tierra: y asi han reguladas las tierras de trigo y maiz lo que se tendr&#x00E1; presente para quando hablemos de las tierras que no tienen agua (AGN: IC, Vol. 166, Exp1, 64r).</p>

			<p>A la altura de 1734 en la Misi&#x00F3;n de San Jos&#x00E9; de Comond&#x00FA;, el Jesuita Jos&#x00E9; de Vicente nos muestra un patr&#x00F3;n de cultivo m&#x00E1;s complejo, m&#x00E1;s sujeto a una diversificaci&#x00F3;n productiva y adaptativa a los suelos creados y a un manejo altamente preciso y eficiente del agua como bien escaso en su origen que no en su potencialidad (citado en Venegas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT56">1757</xref>, p. 55):</p>

						<p>… Tiene un pedaso de tierra de tres a quatro almudes sembrado de ca&#x00F1;a dulce, donde coge la panocha para su gasto, y suvenir a otras necesitadas. = Una vi&#x00F1;a que consta de mil ochocientas veinte y nueve parras, distribuida en seis pedasos, quatro de ellos esta contiguos al cerro en tierra que no puede darsele mejor destino: los dos restantes estan en tierra llana pero es dificil ajustar si ocupan una, &#x00F3; mas fanegas de tierra, por quanto nunca se han sembrado de otra cosa y por eso no se pone aqui el punto fixo. Tiene, ciento, y seis pies de olivos; distribuidos en dos partes, y en tierra pedregosa, situados en las faldas de los cerros. De ellos un a&#x00F1;o coge azeyte y otros no. = Ciento, quarenta y tres granados con chico, y grande, nuevos y viejos; nueve sapotes blancos; onze limones; ocho guayabos; diez naranjos con grandes, y chicos; tres palmas de d&#x00E1;tiles; dos limas; un aguacate; un durazno; trescientas, y catorce higueras; ochocientos, y quarenta pies de platanos; y todos estos arboles frutales estan plantados en los sanjas, y ragaderas…</p>

			<p>Esta pormenorizada descripci&#x00F3;n de un paisaje agrario, similar al que encontramos en la actualidad como manifiesta la &#x00FA;ltima parte de este texto, nos evidencia una colonialidad de los saberes agrarios por parte de los colonizadores.</p>

			<p>A partir de la fundaci&#x00F3;n de la misi&#x00F3;n de Loreto en 1697, los misioneros y sus auxiliares supieron casi enseguida que los espacios al occidente y al norte de Loreto estaban poblados por numerosas bandas de grupos que eran denominados por los catec&#x00FA;menos como «cochim&#x00ED;es» (Venegas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT56">1757</xref>). Habida cuenta del n&#x00FA;mero importante de «rancher&#x00ED;as», como los misioneros llamaban a las bandas de nativos, as&#x00ED; como de la existencia de agua permanente, en 1708 se llev&#x00F3; a cabo la fundaci&#x00F3;n de un establecimiento misional, con el nombre de San Jos&#x00E9;, cerca del arroyo de Comond&#x00FA; «distante de Loreto treinta leguas al noroeste, y situado en el centro de las monta&#x00F1;as, casi a igual distancia de ambos mares» (Clavijero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1975</xref>, p. 130). Esta localizaci&#x00F3;n en muchos momentos fue infructuosa, forzando a la relocalizaci&#x00F3;n a posteriori en aras a una mayor idoneidad para los cultivos tra&#x00ED;dos de la pen&#x00ED;nsula. Fue lo que ocurri&#x00F3; en Comond&#x00FA;: el primer sitio elegido present&#x00F3; serias dificultades para las labores agr&#x00ED;colas. Se tom&#x00F3; entonces la decisi&#x00F3;n, en 1736, de mover el asentamiento unos 48 kil&#x00F3;metros al suroeste, hacia un paraje que hab&#x00ED;a sido en un principio «pueblo de visita» de la misi&#x00F3;n de San Francisco Javier, llamado San Miguel. En 1737 la misi&#x00F3;n de San Jos&#x00E9; fue movida por tercera y &#x00FA;ltima ocasi&#x00F3;n al sitio, que tambi&#x00E9;n hab&#x00ED;a sido pueblo de visita, con el nombre de San Ignacio, unos tres kil&#x00F3;metros corriente arriba del arroyo, bajo la categor&#x00ED;a de pueblos de visita (Vernon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT57">2002</xref>, p. 56)<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>.</p>

			<p>Entre 1699 y 1720 ya hab&#x00ED;an sido fundadas siete misiones m&#x00E1;s, de las cuales, San Francisco Javier, en la sierra de La Giganta, San Juan Bautista Lig&#x00FC;ig hacia la costa del golfo de California y La Pur&#x00ED;sima Concepci&#x00F3;n, m&#x00E1;s cercana al Pac&#x00ED;fico, adem&#x00E1;s de la misi&#x00F3;n rectora de Loreto, estaban permanentemente relacionadas a trav&#x00E9;s de una red de caminos que se abri&#x00F3; trabajosamente gracias al esfuerzo ind&#x00ED;gena bajo control y coerci&#x00F3;n de los jesuitas. Y es que la concepci&#x00F3;n que los religiosos y sus auxiliares ten&#x00ED;an de las tierras californianas era muy pobre, tal y como lo asevera Miguel del Barco:</p>

						<p>Puede decirse en general que su temple es seco y caliente con exceso, y que la tierra es quebrada, &#x00E1;spera y est&#x00E9;ril, cubierta casi toda de tierras, pedregales y arenas in&#x00FA;tiles, escasa de lluvias y de manantiales, y por eso poco a prop&#x00F3;sito para ganados y del todo inepta para siembras y &#x00E1;rboles frutales si no hay agua con qu&#x00E9; regarlos con frecuencia (Del Barco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1980</xref>, p. 3).</p>

			<p>Dos cultivos fueron b&#x00E1;sicos en las misiones californianas: el ma&#x00ED;z y el trigo. El primero tuvo gran importancia para la evangelizaci&#x00F3;n, ya que los misioneros lo utilizaban para atraer a los ind&#x00ED;genas y tambi&#x00E9;n para retenerlos en la misi&#x00F3;n mientras eran adoctrinados. Al respecto, los jesuitas, como los misioneros que les siguieron en la tarea colonizadora de la Antigua California, estaban persuadidos de que, por pocas posibilidades agr&#x00ED;colas que tuviera, toda misi&#x00F3;n deb&#x00ED;a ofrecer alimento a sus habitantes. As&#x00ED; lo establece el padre Jaime Bravo: </p>

						<p>… Hasta ahora s&#x00F3;lo la &#x00FA;ltima misi&#x00F3;n del norte, del nombre de San Ignacio, ha podido con sumo trabajo coger anualmente el ma&#x00ED;z que necesita, y ni le sobra ni tiene capacidad de tierra y agua m&#x00E1;s que la muy precisa para su manutenci&#x00F3;n. Otra misi&#x00F3;n ninguna hay que pueda, con s&#x00F3;lo lo que siembra y coge, mantenerse de ma&#x00ED;z sin que necesite de mar en fuera; ni tampoco hay ninguna que haya omitido diligencia a todo costo y trabajo, como que es el principal medio para el bien de los pobres indios, los m&#x00E1;s miserables de cuantos habr&#x00E1; en todo el mundo<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>…</p>

			<p>En San Jos&#x00E9; de Comond&#x00FA;, la transformaci&#x00F3;n de los terrenos requiri&#x00F3; tanto de la continuidad en el abastecimiento de agua, as&#x00ED; como por la sedimentaci&#x00F3;n de los terrenos, construidos <italic>ex profeso</italic>. A pesar de ello, con el tiempo la misi&#x00F3;n logr&#x00F3; buenas cosechas, como la reportada en 1755, que constaba de 900 fanegas de trigo espigu&#x00ED;n y casi 500 de ma&#x00ED;z. De sus vi&#x00F1;as y olivares se llegaron a obtener m&#x00E1;s de 70 botijas de vino y algunas de aceite<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>.</p>

			<p>Por otro lado, el ganado lleg&#x00F3; con el tiempo a ser uno de los recursos m&#x00E1;s importantes de la Antigua California, pues a los pocos a&#x00F1;os de la fundaci&#x00F3;n de Loreto, evento para el cual el padre Salvatierra hab&#x00ED;a llevado “un caballo, diez carneros, cuatro cabras con su macho y cuatro lechoncitos”<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>, el ganado menor ya alcanzaba el millar de efectivos. Lleg&#x00F3; un momento en el que el ganado caprino se hizo montaraz, llamado “cimarr&#x00F3;n”, y super&#x00F3; con mucho en cantidad al que se conserv&#x00F3; bajo el control de los auxiliares misionales (Del R&#x00ED;o, <xref ref-type="bibr" rid="CIT51">1974</xref>, p. 250-251). En el inventario que dej&#x00F3; el padre Francisco Ynama cuando fue expulsado de su misi&#x00F3;n junto con sus compa&#x00F1;eros jesuitas en 1767 se establece para Comond&#x00FA; la posesi&#x00F3;n de 198, entre caballos, yeguas y potros; 69 mulas, 24 becerros, 22 burros, 840 ovejas de lana y 235 de pelo<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref>.</p>

			<p>Con el prop&#x00F3;sito de modificar la pol&#x00ED;tica de exclusividad en la toma de decisiones que hab&#x00ED;an tenido los ignacianos, la corona espa&#x00F1;ola determin&#x00F3; que los bienes y las tierras misionales fueran administrados por la milicia. No pas&#x00F3; mucho tiempo sin que se descubriera lo desacertado de la medida, puesto que las tierras dejaron de cultivarse, el ganado se sacrific&#x00F3; sin control y se desatendieron todos los trabajos de conservaci&#x00F3;n que tanto preocupaban a los antiguos fundadores del sistema misional. Entonces se rectific&#x00F3; y fueron los misioneros, ahora de la Orden de San Francisco, quienes se hicieron cargo de esos aspectos. Cuando a su vez los franciscanos dejaron los establecimientos para ir a las poblaciones de la Alta California, los dominicos pasaron a hacerse cargo de las ya exiguas y debilitadas poblaciones de la pen&#x00ED;nsula. Hacia la &#x00E9;poca en la que hab&#x00ED;an de retirarse de las misiones de la Antigua California, tenemos un reporte del franciscano Juan Ramos de Lora, quien describe as&#x00ED; las posesiones de la misi&#x00F3;n de Comond&#x00FA;:</p>

						<p>… No tiene esta misi&#x00F3;n rancho de ganado mayor vacuno por no haber en todo el aquel territorio paraje en que poder situarlo, por lo escabroso de &#x00E9;l; pero tiene los bueyes necesarios para cultivar las tierras y algunas pocas vacas para cr&#x00ED;a que mantienen la misi&#x00F3;n. Tiene tambi&#x00E9;n las mulas y los caballos necesarios para el giro de la misi&#x00F3;n y matanzas de ganado. Tambi&#x00E9;n tiene dos ranchos o pastor&#x00ED;as para cr&#x00ED;as de ganado menor, de que tiene de una y otra especie, y mayormente de lana, un n&#x00FA;mero competente de cabezas. Las siembras que aqu&#x00ED; se hacen son bastantes para poder mantener sin escasez a los indios y aun, cuando se logran bien, socorrer a otras misiones m&#x00E1;s pobres… (Del R&#x00ED;o, <xref ref-type="bibr" rid="CIT51">1974</xref>, p 26-27).</p>

			<p>Este estado de abandono de las huertas misionales no oscurece que el trabajo de apropiaci&#x00F3;n por gente de la milicia, agricultores emigrados de diversos lugares de M&#x00E9;xico y la Pen&#x00ED;nsula Ib&#x00E9;rica a lo largo del siglo XVIII, de muchas de las huertas asociadas a la ganader&#x00ED;a extensiva bajo el nombre de rancher&#x00ED;a —retomado de la denominaci&#x00F3;n que los jesuitas aplicaron a las formas ind&#x00ED;genas de ocupaci&#x00F3;n del territorio— fueran y han sido el sost&#x00E9;n de un patr&#x00F3;n de cultivos que perdur&#x00F3; hasta hoy d&#x00ED;a en los oasis sudcalifornianos. A esta continuidad dedicamos la &#x00FA;ltima parte de este art&#x00ED;culo. </p>
		</sec>

		<sec id="S4">
			<title>3. PALMERAS, OLIVOS, VIDES E HIGUERAS. MIRADAS DESDE EL PRESENTE A LOS FLUJOS DE AGRODIVERSIDAD EN LOS TERRITORIOS OASIANOS  </title>

			<p>Esta transformaci&#x00F3;n bi&#x00F3;tica de alto impacto sobre la estructura original de los oasis nos ha dejado un rastro hasta el tiempo presente. En los trabajos de campo desarrollado en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os hemos atendido a la din&#x00E1;mica hist&#x00F3;rica de la agricultura sudcaliforniana, su inserci&#x00F3;n en mercados globales-regionales, la conversi&#x00F3;n de sus patrones de cultivo hacia l&#x00F3;gicas de intercambio comercial generando como secuela el abandono de la agricultura de subsistencia y la p&#x00E9;rdida de la centralidad de los oasis huertas en el sistema agrario, al amparo de la creaci&#x00F3;n de nuevas &#x00E1;reas de expansi&#x00F3;n agr&#x00ED;cola orientadas a l&#x00F3;gicas mercantiles, sustentadas bajo el abastecimiento de agua extra&#x00ED;da de los acu&#x00ED;feros por bombeo gracias a tracci&#x00F3;n de fuerza animal y cada vez m&#x00E1;s dependiente de combustibles f&#x00F3;siles (Lass&#x00E9;pas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">1859</xref>; Ortega Santos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT43">2011</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">2013</xref>).</p>

			<p>En este contexto general, las huertas ubicadas en los oasis funcionan con base en un sistema de agricultura estratificada, donde el dosel es ocupado por palmas datileras y de taco (<italic>Washingontias</italic>) y por debajo de &#x00E9;ste se encuentran plantaciones de olivos, c&#x00ED;tricos, vides de uva misionera y otros &#x00E1;rboles frutales perennes, intercalados con espacios abiertos donde se siembran cultivos anuales. Estos incluyen variedades hist&#x00F3;ricas como habas y ch&#x00ED;charos, pero tambi&#x00E9;n cultivos comerciales tales como cebollas, chiles y ajo. Mientras que la extensi&#x00F3;n de las huertas y de las acequias se ha transformado con el tiempo, muchos de estos campos contienen variedades antiguas que han sido cultivadas por varias generaciones de agricultores: primero los ne&#x00F3;fitos ind&#x00ED;genas, luego los rancheros que les siguieron y actualmente las familias de los residentes de los oasis que atienden los campos.</p>

			<p>Los rancheros que se hicieron cargo de la gesti&#x00F3;n de los oasis despu&#x00E9;s de la expulsi&#x00F3;n de los jesuitas, construyeron su cultura con base en los conocimientos de los ind&#x00ED;genas sobre la flora local, las pr&#x00E1;cticas agr&#x00ED;colas introducidas en los oasis e incorporaron a &#x00E9;stas nuevas especies en las huertas de los oasis y generando una cultura identitaria territorial oasiana (Cari&#x00F1;o, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1996</xref>; Cari&#x00F1;o y Castrorena, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2007</xref>, Cari&#x00F1;o, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2011</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2013</xref>).</p>

			<p>Los cultivos perennes que llegaron a la Pen&#x00ED;nsula siguieron caminos largos y tortuosos para llegar a estos “destinos finales”. Los cultivos como los c&#x00ED;tricos y el taro, cruzaron el continente asi&#x00E1;tico o viajaron por v&#x00ED;a mar&#x00ED;tima a Espa&#x00F1;a (Ram&#x00F3;n Laca, <xref ref-type="bibr" rid="CIT50">2003</xref>; Dunmire, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2004</xref>). Las palmas datileras, granados, olivos, higos y uvas, vinieron de la Pen&#x00ED;nsula Ar&#x00E1;biga, &#x00C1;frica del Norte y de la regi&#x00F3;n Mediterr&#x00E1;nea; fueron transportados a Espa&#x00F1;a por los musulmanes (Nabhan, <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">2012</xref>). Estas especies cruzaron el oc&#x00E9;ano Atl&#x00E1;ntico como semillas, esquejes en vivo o plantas, hasta llegar a la costa este de M&#x00E9;xico. Algunas especies, como el coco y el mango llegaron directamente a M&#x00E9;xico por el Oc&#x00E9;ano Pac&#x00ED;fico, en los Galeones de Manila (Mukherjee, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">1953</xref>; Zizumbo-Villarreal, <xref ref-type="bibr" rid="CIT63">1996</xref>). Otras especies nativas de las Am&#x00E9;ricas, como la chirimoya, granadilla, agave, nopal, nopalillo, guayaba, papaya y zapote, fueron transportados a trav&#x00E9;s del Golfo de California hasta los oasis de la Baja California.</p>

			<p>Los estudios realizados en los oasis agr&#x00ED;colas de Egipto, Om&#x00E1;n y Baja California muestran que los oasis, que contienen colecciones de especies complejas, son sitios &#x00FA;nicos para la conservaci&#x00F3;n in-situ formal e informal, tanto de los cultivos como de los conocimientos tradicionales (Altieri y Merrick, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1987</xref>; Geubauer et al., <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2007</xref>; Nabhan, <xref ref-type="bibr" rid="CIT39">2007</xref>; Nabhan et al., <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2010</xref>). Asimismo, la diversidad agr&#x00ED;cola y el conocimiento tradicional que existe en estos sistemas activos son recursos para el futuro de la humanidad y para el de los sistemas naturales (Hammer y Teklu, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2008</xref>).</p>

			<p>Para conocer los patrones de persistencia de la agrobiodiversidad, se pueden tomar (Nabhan et al, <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">1982</xref>, Nabhan et al, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2010</xref>; Rouston 2012) doce de los quince oasis agr&#x00ED;colas habitados por los jesuitas en 1768, a&#x00F1;o en el que fueron expulsados de la pen&#x00ED;nsula de Baja California (ver <xref ref-type="fig" rid="F2">Figura 2</xref>).</p>

			<p>Los doce oasis aparecen enumerados en orden geogr&#x00E1;fico de norte a sur son: San Francisco Borja de Adac (SB), Santa Gertrudis (SG), San Ignacio Kadakaam&#x00E1;n (SI), Nuestra Se&#x00F1;ora de Guadalupe (GU), Santa Rosal&#x00ED;a de Muleg&#x00E9; (MU), La Pur&#x00ED;sima Concepci&#x00F3;n (LP), San Jos&#x00E9; / San Miguel de Comond&#x00FA; (CU), San Francisco Javier de Vigg&#x00E9; Biaund&#x00F3; (SJ), San Luis Gonzaga Chiriyaqui (SLG), Nuestra Se&#x00F1;ora de los Dolores (LD), Santa Rosa de las Palmas/Todos Santos (TS) y Santiago de los Coras (SC), cuya posici&#x00F3;n aparece reflejada en la <xref ref-type="fig" rid="T1">Tabla 1</xref>.</p>
			
					<fig id="T1">
						<label>Tabla 1</label>
						<caption>
							<title>Datos de los oasis y las misiones jesuitas de Baja California</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T1.jpg"/>
					</fig>
			
			

			<p>El principal prop&#x00F3;sito de la huerta es la producci&#x00F3;n de alimentos para el consumo interno y tambi&#x00E9;n pueden proveer forraje para el ganado, los agricultores cultivan, cosechan y transportan la cosecha y el forraje para los animales, o bien conducen a los animales a la huerta para que coman directamente el rastrojo entre los periodos de cultivo.</p>

			<p>Para determinar el alcance de la introducci&#x00F3;n de los cultivos originales a la Pen&#x00ED;nsula durante la &#x00E9;poca jesuita, se pueden rastrear informaci&#x00F3;n en los archivos del Museo del Estado de Arizona, el Archivo General de la Naci&#x00F3;n (AGN), en el Distrito Federal, y el Archivo Hist&#x00F3;rico de Baja California Sur, Pablo L. Mart&#x00ED;nez (AHPLM), en La Paz. Los primeros inventarios completos de las especies, las descripciones de la superficie agr&#x00ED;cola y de los cultivos anuales y perennes de las misiones jesu&#x00ED;ticas, se encuentran en una serie de registros de los misioneros dominicos. La mayor&#x00ED;a de los frutales registrados en estos inventarios eran ya &#x00E1;rboles maduros, lo que significa que fueron plantados durante la administraci&#x00F3;n de los jesuitas en la Pen&#x00ED;nsula, lo que verifica su papel pionero y fundamental en la introducci&#x00F3;n de t&#x00E9;cnicas agr&#x00ED;colas y cultivos en las misiones. Este inventariado de la llegada de los cultivos de la mano misional aparece precisado en la <xref ref-type="fig" rid="T2">Tabla 2</xref>.</p>
			
					<fig id="T2">
						<label>Tabla 2</label>
						<caption>
							<title>Cultivos introducidos antes de 1774 seg&#x00FA;n registros misioneros jesuitas, franciscanos y dominicos</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T2.jpg"/>
					</fig>

			<p>Se pueden utilizar registros hist&#x00F3;ricos, escritos y dibujos de los misioneros jesuitas Miguel Del Barco (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1980</xref>) y Juan Jacobo Baegert (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1989</xref>), consider&#x00E1;ndoles como fuentes primarias —fragmentarias— para los inventarios hist&#x00F3;ricos de especies agr&#x00ED;colas y pr&#x00E1;cticas introducidas durante la &#x00E9;poca de su trabajo misional. Los escritos de Francisco Javier Clavijero (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1975</xref>), que escribi&#x00F3; en ese mismo per&#x00ED;odo, tambi&#x00E9;n dan informaci&#x00F3;n acerca de la agricultura de las misiones de Baja California, aunque este misionero nunca visit&#x00F3; la Pen&#x00ED;nsula y sus obras proveen solamente una descripci&#x00F3;n parcial. Ya en la &#x00E9;poca contempor&#x00E1;nea, Harry Crosby (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1994</xref>) y Vernon (<xref ref-type="bibr" rid="CIT57">2002</xref>) ofrecen  la colecci&#x00F3;n m&#x00E1;s completa sobre datos agr&#x00ED;colas legados en los escritos de los misioneros jesuitas, as&#x00ED; como descripciones de la agricultura en las misiones hacia finales del siglo XX.</p>

			<p>Los primeros escritos originales sobre inventarios y descripciones que se incluyen todas las misiones de Baja California, fueron realizados por el misionero franciscano Francisco Palou en 1772. Estos escritos fueron recogidos y traducidos por Engelhardt (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1908</xref>) y describen el estado de los campos despu&#x00E9;s de la expulsi&#x00F3;n de los jesuitas. Los cultivos introducidos por los misioneros jesuitas, como se ha se&#x00F1;alado por estos autores incluyen uvas, higos, granadas, aceitunas, d&#x00E1;tiles, limas, limones, naranjas y pl&#x00E1;tanos, como cultivos perennes, y trigo, ma&#x00ED;z, cebada, habas, garbanzos, arroz, algod&#x00F3;n, sand&#x00ED;as, melones, calabazas, cebollas, remolacha, ajo, camote, tomate, lechuga, r&#x00E1;banos y pimientos, en cuanto a los cultivos anuales. Los inventarios cuantitativos m&#x00E1;s completos son los del dominico Vicente de Mora (<xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1774</xref> y registran 21 especies de cultivos perennes en las huertas de las misiones que completan un panorama de cultivos destinados a uso agroalimentario muy complejo que se refleja en la <xref ref-type="fig" rid="T3">Tabla 3</xref>.</p>
			
					<fig id="T3">
						<label>Tabla 3</label>
						<caption>
							<title>Total especies de cultivos perennes alimenticios en los oasis-huertas</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T3.jpg"/>
					</fig>

			<p>En el Oasis de Los Comond&#x00FA; se registran 241 huertas oasis, con un total de 89 especies de cultivos perennes, pertenecientes a 74 g&#x00E9;neros y 36 familias. Todas las 21 especies misionales observadas en los inventarios de 1774 fueron documentadas en investigaciones en campo en 2010 y 2011 (Rouston, 2012) aunque &#x00E9;stas no siempre se asocian con los mismos oasis.</p>

			<p>Los g&#x00E9;neros con m&#x00E1;s especies representados fueron <italic>Citrus</italic> (13 especies diferentes m&#x00E1;s los h&#x00ED;bridos), <italic>Prunus</italic> (5 especies), <italic>Annona</italic> (4 especies), y <italic>Morus</italic> (3 especies). Entre las familias, Rutaceae (16 g&#x00E9;neros), Rosaceae (10 g&#x00E9;neros), Moraceae (6 g&#x00E9;neros), Anacardiaceae (4 g&#x00E9;neros), y Anonaceae (4 g&#x00E9;neros) tuvieron el mayor n&#x00FA;mero de g&#x00E9;neros representados. S&#x00F3;lo tres especies fueron encontradas en los doce oasis: Naranja dulce (<italic>Citrus sinensis</italic> L. (Osbeck)), palma datilera (<italic>Phoenix dactylifera</italic> L.) y guayaba (<italic>Psidium guajava</italic> L.). Ocho especies se encontraron en 11 de los 12 oasis: las tres anteriormente mencionados y lim&#x00F3;n (<italic>Citrus × aurantiifolia</italic> (Christm.) Swingle), higo (<italic>Ficus carica</italic> L.), mango (<italic>Mangifera indica</italic> L.), granada (<italic>Punica granatum</italic> L.) y uva (<italic>Vitis vinifera</italic> L.). Las siguientes especies m&#x00E1;s frecuentes (presentes en 10 de los 12 oasis) fueron papaya (<italic>Carica papaya</italic> L.), lima dulce chichona (<italic>Citrus limettioides</italic> Tanaka), pl&#x00E1;tano (<italic>Musa × paradisiaca</italic> L.), olivo (<italic>Olea europaea</italic> L.), y nopal (<italic>Opuntia ficus-indica</italic> (L.) Mill.). Esta &#x00FA;ltima especie es un poco m&#x00E1;s problem&#x00E1;tica, ya que algunas de las plantas eran claramente <italic>Opuntia × ficus-indica</italic> o tal vez una especie de <italic>Opuntia</italic> distinta. Casi un tercio (31 spp.) de las especies en total fueron documentadas en uno de los doce oasis.</p>

			<p>Todos Santos fue el oasis que tuvo el mayor n&#x00FA;mero de especies de cultivos perennes alimentarios (79) y de familias (35) tambi&#x00E9;n. Santiago de los Coras, igualmente en el sur de la Pen&#x00ED;nsula tuvo el segundo mayor n&#x00FA;mero de especies (48) y familias (24). Todos Santos y Santiago tuvieron el mayor n&#x00FA;mero de especies misionales (19/21). San Ignacio ten&#x00ED;a 18 especies misi&#x00F3;nales, San Javier 17, y Muleg&#x00E9; y Santa Gertrudis 16 de las 21 especies misi&#x00F3;nales registradas en total. Todos los oasis tienen especies perennes de cultivos provenientes de la &#x00E9;poca misional, y todos ten&#x00ED;an m&#x00E1;s de 10 especies misionales con excepci&#x00F3;n de San Luis Gonzaga, que con s&#x00F3;lo 5, present&#x00F3; el menor n&#x00FA;mero de estas especies. Este panorama de las especies perennes y su presencia en los espacios oasianos, estudiados en la singularidad de cada uno, se pone de manifiesto en la <xref ref-type="fig" rid="T4">Tabla 4</xref>.</p>
			
			
					<fig id="T4">
						<label>Tabla 4</label>
						<caption>
							<title>Presencia/Ausencia de las especies de cultivos perennes</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T4.jpg"/>
					</fig>

			<p>Dos especies que se encuentran en las huertas, plantadas y cosechadas activamente como cultivos alimentarios, son nativas de la Pen&#x00ED;nsula, se trata del cerezo nativo (<italic>Prunus serotina</italic> Ehrh. var. <italic>virens</italic> (Woot. y Standl.) McVaugh) y de la uvalama (<italic>Bumelia peninsularis Brandegee</italic>) (Delgadillo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1998</xref>, Le&#x00F3;n de la Luz et al, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1992</xref>). Veintiuna especies son nativas de M&#x00E9;xico continental y/o de Am&#x00E9;rica Central y el Caribe, se trata de: pimienta (<italic>Pimenta dioica</italic> (L.) Merr.), anona (<italic>Annona reticulata</italic> L.), guan&#x00E1;bana (<italic>Annona muricata</italic> L.), anona (<italic>Annona squamosa</italic> L.), aguacate (<italic>Persea americana</italic> Mill.), agave (<italic>Agave</italic> spp.), pl&#x00E1;tano (<italic>Musa × paradisiaca</italic>), chiltep&#x00ED;n (<italic>Capsicum annuum</italic> L. var. <italic>glabriusculum</italic> (Dunal) Heiser y Pickersgill), pomelo (<italic>Citrus ×paradisi</italic> Macfad.), guayaba (<italic>Psidium guajava</italic>), mamey (<italic>Pouteria sapota</italic> (Jacq.) H.E. Moore &amp; Stearn), papaya (<italic>Carica papaya</italic> L.), ciruelo espa&#x00F1;ol/ciruela roja (<italic>Spondias purpurea</italic> L.), nopal (<italic>Opuntia ficus-indica</italic>), nopalillo (<italic>Opuntia cochenillifera</italic> (L.) Mill.), chico zapote (<italic>Manilkara zapota</italic> (L.) P. Royen), zapote negro (<italic>Diospyros digyna</italic> Jacq.), zapote blanco (<italic>Casimiroa edulis</italic> Llave &amp; Lex), tepeguaje (<italic>Leucaena leucocephala</italic> (Lam.) de Wit) y vainilla (<italic>Vanilla planifolia</italic> Jacks) (Dunmire <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2004</xref>; Janick y Paull <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2008</xref>)<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref>.</p>

			<p>Esta revisi&#x00F3;n de especies es m&#x00E1;s amplia que los inventarios de 1771 y 1774, demostrando as&#x00ED; que la diversidad agr&#x00ED;cola de Los Comond&#x00FA; no s&#x00F3;lo se ha mantenido, sino que ha aumentando, marcando la continuidad de colonialidad de saberes ambientales extendida en el tiempo contempor&#x00E1;neo, como revela la <xref ref-type="fig" rid="T5">Tabla 5</xref>. La persistencia de especies misionales indica que los oasis misionales de la pen&#x00ED;nsula, funcionan como reservas de la agro-biodiversidad. Como bien indica la <xref ref-type="fig" rid="T5">Tabla 5</xref>, en el caso del Oasis de los Comond&#x00FA;, la continuidad pervivencia de las especies misionales ha supuesto una transformaci&#x00F3;n antropog&#x00E9;nica de larga escala para el agroecosistema, continuando la forma de colonialidad de los usos agr&#x00ED;colas bajo la permanencia de cultivos «importados» en la &#x00E9;poca de la colonizaci&#x00F3;n, subsumiendo otros saberes vinculados a la subsistencia, anclados en los grupos ind&#x00ED;genas, erradicados de la centralidad de la formas de reproducci&#x00F3;n de la poblaci&#x00F3;n sudcaliforniana. </p>
			
					<fig id="T5">
						<label>Tabla 5</label>
						<caption>
							<title>Especies perennes del oasis de Los Comond&#x00FA;</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T5.jpg"/>
					</fig>
		</sec>

		<sec id="S5">
			<title>CONCLUSIONES  </title>

			<p>Este art&#x00ED;culo reflexiona sobre el valor hist&#x00F3;rico ambiental de los oasis sudcalifornianos en cuanto dep&#x00F3;sito de saberes ambientales mutados como transferencia desde Europa a Am&#x00E9;rica, y como resultado de la labor de experimentaci&#x00F3;n e hibridaci&#x00F3;n con los saberes de los pueblos nativos de Baja California Sur. Estos pueblos transitaron hacia la agricultura en pleno siglo XVIII con la llegada de los jesuitas que convirtieron las misiones en unidades de producci&#x00F3;n y consumo con la implantaci&#x00F3;n de un sistema de cultivos altamente europeizado, particularmente con la irrupci&#x00F3;n de cultivos mediterr&#x00E1;neos de la mano de la colonizaci&#x00F3;n de los jesuitas.</p>

			<p>El establecimiento de misiones en la Antigua California fue un proceso dif&#x00ED;cil y lleno de contratiempos. Si s&#x00F3;lo analiz&#x00E1;ramos el resultado de todo ese esfuerzo con respecto a la evangelizaci&#x00F3;n y transformaci&#x00F3;n cultural de los <italic>ne&#x00F3;fitos</italic> ind&#x00ED;genas podr&#x00ED;amos llegar a la conclusi&#x00F3;n de que fue realizado en vano. Sin embargo, debemos reconocer que los establecimientos misionales, en su mayor parte, fueron la simiente de los posteriores poblados de la pen&#x00ED;nsula; entre ellos Los Comond&#x00FA;.</p>

			<p>De igual forma, una buena parte de las especies vegetales y animales tra&#x00ED;das por los misioneros a estos territorios contribuy&#x00F3; a crear nuevos paisajes y a sostener a los pobladores que poco a poco fueron tomando la decisi&#x00F3;n de quedarse y tratar de prosperar. Los cultivos de trigo y ma&#x00ED;z, las palmas datileras, los frutales, la vid y los olivos, adem&#x00E1;s de vacas, cabras y ovejas, constituyeron los principales ingredientes de este paisaje agr&#x00ED;cola, que fueron construyendo los pobladores de San Miguel y San Jos&#x00E9; de Comond&#x00FA;, los pueblos herederos de la extinta misi&#x00F3;n. Los operarios del sistema misional, adem&#x00E1;s de realizar trabajos para adaptar cada especie que introduc&#x00ED;an, lograron acondicionar los espacios agrestes para crear huertos y sembrad&#x00ED;os que habr&#x00ED;an de perdurar mucho tiempo despu&#x00E9;s de concluida su labor transformadora.</p>

			<p>A esta perdurabilidad hist&#x00F3;rica pretende responder, por un lado, este art&#x00ED;culo, evidenciando como los flujos de agrobiodiversidad han tenido una enorme adaptabilidad en agroecosistemas de enorme vulnerabilidad ambiental, los oasis sudcalifornianos. Por otro lado, este texto propone una mirada de la perspectiva decolonial que puede ser &#x00FA;til para los an&#x00E1;lisis de las continuidades y discontinuidades de los saberes ambientales, trazando la pervivencia e injerencia de estos saberes coloniales como actores protagonistas de procesos hist&#x00F3;ricos de ecocidio y, sobre todo, del epistemicidio que supuso la llegada de los saberes europeos sobre las identidades territoriales preexistentes. El estudio se inserta igualmente dentro de los estudios sobre el intercambio colombino iniciados por Alfred Crosby. En este caso, analiza la introducci&#x00F3;n de cultivos y animales desde Europa con la transmisi&#x00F3;n no s&#x00F3;lo de saberes sino que tambi&#x00E9;n de la agencia de los jesuitas en este proceso.</p>
		</sec>
		
	</body>

	
	<back>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE01"><label>1</label>
					<p>Profesor Titular Departamento Historia Contempor&#x00E1;nea Universidad de Granada, Espa&#x00F1;a. coordinador de la red Saberes Instituyentes SAB-INS (UGR-UABCS-UV-CIECO/UNAM-UAQ, UNICAUCA, OLD WESTBURY) este art&#x00ED;culo es resultado de los proyectos de investigacion Mediterranean Mountainous Landscapes: An Historical Approach to Cultural Heritage Based on Traditional Agrosystem FP7 European Government, FP7-SS-2013-2 (2014-2018); Integraci&#x00F3;n del Paisaje en los procesos de planificaci&#x00F3;n. «Aplicaci&#x00F3;n al caso andaluz». Proyectos de Excelencia, Junta de Andaluc&#x00ED;a, c&#x00F3;d. RNM 5398 (2009-2013) y Cooperaci&#x00F3;n, conflictos y equilibrios en el manejo colectivo de recursos naturales (siglos XV-XXI): Ministerio de ciencia e innovaci&#x00F3;n (I+D+I) HAR2013-30732. Correo electr&#x00F3;nico: <uri>aortegas@ugr.es</uri></p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE02"><label>2</label>
					<p>As&#x00ED; llamaban los misioneros a ciertos parajes en los que se reun&#x00ED;a a grupos alejados del establecimiento principal para iniciar su evangelizaci&#x00F3;n. La mayor parte de estas Visitas consist&#x00ED;an solamente en algunas chozas para guardar enseres, pero en diversas ocasiones se hac&#x00ED;an algunas siembras o corrales para ganado, y en varios casos resultaron buenos parajes para la agricultura, por lo que pasaron a ser establecimientos principales, como fue el caso de Comond&#x00FA;.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE03"><label>3</label>
					<p><italic>Carta del padre Jaime Bravo al marqu&#x00E9;s del Castillo de Aysa</italic>: Loreto, 10 de marzo 1742, citada en Del R&#x00ED;o, <xref ref-type="bibr" rid="CIT52">1984</xref>, p. 133. </p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE04"><label>4</label>
					<p><italic>Autos de visita: 1755</italic>, citado por Del R&#x00ED;o, <xref ref-type="bibr" rid="CIT53">2003</xref>, p. 108.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE05"><label>5</label>
					<p><italic>Carta del padre Juan Mar&#x00ED;a de Salvatierra al padre Juan de Ugarte</italic>: Real de Nuestra Se&#x00F1;ora de Loreto, 27, noviembre, 1697, en Del R&#x00ED;o, <xref ref-type="bibr" rid="CIT53">2003</xref>, p. 71.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE06"><label>6</label>
					<p><italic>Inventario de la misi&#x00F3;n de San Jos&#x00E9; de Comond&#x00FA; hecho por el padre Fracisco Inama</italic>, diciembre 30, 1767, en Gobierno del Estado de Baja California Sur, <italic>Estad&#x00ED;sticas hist&#x00F3;ricas 1768-1879. Territorio Sur de la Baja California</italic>, La Paz, 2005, p. 45.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE07"><label>7</label>
					<p>GRIN: Germplasm Resources Information Network [Online Database]. National Germplasm Resources Laboratory, Beltsville, Maryland, disponible en: <uri>http://www.ars-grin.gov</uri> [ consultado el 05/03/2011]; USDA (United States Department of Agriculture) Plants Database [online database], disponible en: <uri>http://plants.usda.gov</uri> [ consultado el 01/11/12].</p>
				</fn>
			</fn-group>
		</sec>
				
		<ref-list>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>


			<ref id="CIT01">
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">
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					  <surname>Altieri</surname>
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				  </name>
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					  <surname>Merrick</surname>
					  <given-names>L. C.</given-names>	  
				  </name>				  
			  </person-group>
			  <year>1987</year>
			  <article-title>In situ conservation of crop genetic resources through maintenance of traditional farming systems</article-title>
			  <source>Economic Botany</source>
			  <volume>41</volume>
			  <issue>1</issue>
			  <fpage>86</fpage>
			  <lpage>96</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT02">
			<element-citation publication-type="book">
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					  <surname>Baegert</surname>
					  <given-names>J. J.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1989</year>
			  <source>Observations in Lower California</source>
			  <publisher-loc>Berkeley</publisher-loc>
			  <publisher-name>University of California Press</publisher-name>
			  <comment>disponible en: <uri>http://ark.cdlib.org/ark:/13030/ft5r29n9xv/</uri></comment>
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			</ref>

			<ref id="CIT03">
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					  <surname>Barco</surname>
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			  <year>1980</year>
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			  <publisher-name>Dawson’sBookshop</publisher-name>
			  <comment>Froylan Tiscareno (trad.), Miguel Leon-Portilla, (introd.)</comment>		  
			</element-citation>
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			<ref id="CIT04">
			<element-citation publication-type="book">
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					  <surname>Cari&#x00F1;o Olvera</surname>
					  <given-names>M. M.</given-names>	  
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			  <year>1996</year>
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			<element-citation publication-type="book">
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					  <surname>Cari&#x00F1;o Olvera</surname>
					  <given-names>M. M.</given-names>	  
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			  <year>2007</year>
			  <chapter-title>Exploraciones y descubrimientos 1533-1678</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
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				  </name>
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					  <surname>Cari&#x00F1;o Olvera</surname>
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			  <year>2011</year>
			  <chapter-title>La identidad oasiana</chapter-title>
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			  <source>Oasis: Agua, Biodiversidad y Patrimonio</source>
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			  <source>Sudcalifornia: De Sus Or&#x00ED;genes a Nuestros D&#x00ED;as</source>
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					  <surname>Cari&#x00F1;o Olvera</surname>
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					  <surname>Ojeda</surname>
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			  <year>2000</year>
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					  <surname>Cari&#x00F1;o</surname>
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