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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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					<subject>ESTUDIOS / RESEARCH STUDIES</subject>
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				 <article-title>Esferas: una aproximaci&#x00F3;n a la cosmolog&#x00ED;a renacentista en Chile colonial</article-title>
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				<trans-title>Spheres: an approach to renaissance cosmology in colonial chile</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Esferas: una aproximaci&#x00F3;n a la cosmolog&#x00ED;a renacentista en Chile colonial</alt-title>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>El presente art&#x00ED;culo analiza algunas caracter&#x00ED;sticas del pensamiento cosmol&#x00F3;gico en Chile colonial a partir del estudio comparado de dos tipos de fuentes: las anotaciones marginales a ejemplares en la materia, conservados en la Biblioteca Americana de Jos&#x00E9; Toribio Medina perteneciente a la Biblioteca Nacional de Chile; y la &#x00FA;nica obra publicada al respecto por un autor local, la <italic>Noticia General de las cosas del mundo por el orden de su colocaci&#x00F3;n</italic> de Fray Sebasti&#x00E1;n D&#x00ED;az. Se concluye que las principales caracter&#x00ED;sticas de la idea de cosmos para el Renacimiento europeo se proyectan en el medio intelectual colonial hasta mediados del siglo XVIII, destacando especialmente la defensa del modelo geoc&#x00E9;ntrico contra el copernicanismo y la noci&#x00F3;n de globo terr&#x00E1;queo.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p> This article analyses the characteristics of cosmological thought in colonial Chile considering two sources: the anonymous annotations to treatises on the subject preserved at the Biblioteca Americana of Jos&#x00E9; Toribio Medina (Biblioteca Nacional de Chile), and the only work published on the topic by a local author, friar Sebasti&#x00E1;n D&#x00ED;az’s <italic>Noticia general de las cosas del mundo por el orden de su colocaci&#x00F3;n</italic>. It concludes that until XVIII century, the main features of Renaissance idea of cosmos were accepted in the Colonial intellectual milieu, remarkably both the defense of the geocentric model against copernicanism and the notion of terraqueous globe.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title> 
				<kwd>Cosmolog&#x00ED;a</kwd>
				<kwd>Cop&#x00E9;rnico</kwd>
				<kwd>Sebasti&#x00E1;n D&#x00ED;az</kwd>
				<kwd>Chile colonial</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title> 
				<kwd>Cosmology</kwd>
				<kwd>Copernicus</kwd>
				<kwd>Sebasti&#x00E1;n D&#x00ED;az</kwd>
				<kwd>Colonial Chile</kwd>
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		<sec id="S1">
		
			<title>INTRODUCCI&#x00D3;N</title>

			<p>El estudio del pensamiento cient&#x00ED;fico en Chile colonial representa un &#x00E1;mbito de investigaci&#x00F3;n en gran medida a&#x00FA;n inexplorado. Posiblemente esto sea consecuencia de al menos tres factores relevantes. En primer lugar, se trataba de un territorio relativamente marginal en el escenario intelectual americano de los siglos XVI y XVII. El &#x00E9;nfasis en la actividad militar, la escasa importaci&#x00F3;n de libros y el dificultoso quehacer educacional durante ese per&#x00ED;odo, dan cuenta de condiciones adversas para el desarrollo de una ciencia particular<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>. Estas caracter&#x00ED;sticas condujeron en algunos casos a juicios tajantes respecto de la ausencia de elaboraciones originales en el medio local<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>. Este enfoque ha sido matizado por un segundo factor: el &#x00E9;nfasis y atenci&#x00F3;n puestos en el &#x00FA;ltimo siglo de vida colonial. El inter&#x00E9;s cifrado por la historiograf&#x00ED;a en los ochenta a&#x00F1;os que precedieron a la Independencia y las primeras d&#x00E9;cadas de vida republicana, se explica por las importantes transformaciones iniciadas a mediados del siglo XVIII. Entre ellas destacan la fundaci&#x00F3;n de la Real Universidad de San Felipe de Santiago en 1747, la intensificaci&#x00F3;n del comercio de libros y la elaboraci&#x00F3;n de escritos inspirados en la tradici&#x00F3;n ilustrada europea. El dinamismo de esta etapa ha sido contrastado con el prolongado silencio que le precedi&#x00F3;, lo que se ha traducido en lecturas que subrayan las consecuencias de la pol&#x00ED;tica borb&#x00F3;nica en materia educacional, los nexos con las obras europeas m&#x00E1;s influyentes de la &#x00E9;poca y las innovaciones inspiradas en el escenario chileno que llevaron adelante algunas figuras emblem&#x00E1;ticas del per&#x00ED;odo<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>. Desde esta perspectiva, el estudio de la ciencia colonial se ha focalizado en este &#x00FA;ltimo per&#x00ED;odo destacando sus proyecciones hacia el siglo XIX, abandonando la exploraci&#x00F3;n de la fase previa. Sin lugar a dudas un tercer factor ha sido determinante en este an&#x00E1;lisis, esto es, la escasez de fuentes. &#x00DA;nicamente en los a&#x00F1;os finales de dominaci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola y los primeros de experiencia independiente, encontramos una variedad de textos elaborados por autores formados en el medio colonial. Esta realidad ha inducido a interpretaciones que aprecian esos escritos como productos de la Ilustraci&#x00F3;n americana<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>. Aunque nos parece que dicho enfoque es pertinente, creemos que debe ser ampliado con el prop&#x00F3;sito de descubrir ciertos rasgos de la tradici&#x00F3;n intelectual anterior que se reflejan tambi&#x00E9;n en esta reducida evidencia con la que contamos. Dicho de otra manera, en este trabajo proponemos abordar esas fuentes tardocoloniales buscando identificar elementos del pensamiento cient&#x00ED;fico pre-ilustrado. Las dificultades metodol&#x00F3;gicas para dicho ejercicio son evidentes, sin embargo parece existir cierto consenso respecto del eclecticismo que caracteriz&#x00F3; el pensamiento de la segunda mitad del siglo XVIII en Am&#x00E9;rica (G&#x00F3;ngora, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1949</xref>; Rovira, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1958</xref>; Domingues, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1998</xref>; Domingues, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1999</xref>). De esta manera, la combinaci&#x00F3;n de diversas visiones teol&#x00F3;gicas, filos&#x00F3;ficas y cient&#x00ED;ficas no solo expresa la introducci&#x00F3;n de nuevos planteamientos, sino tambi&#x00E9;n la persistencia de viejas ideas.</p>

			<p>El problema espec&#x00ED;fico que trataremos en este art&#x00ED;culo son los fundamentos renacentistas del pensamiento cosmol&#x00F3;gico en Chile colonial. Para esto nos remitiremos a la obra de Fray Sebasti&#x00E1;n D&#x00ED;az, <italic>Noticia General de las cosas del mundo por el orden de su colocaci&#x00F3;n</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1783</xref>), posiblemente la fuente m&#x00E1;s relevante en la materia<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>. Con el fin de contrastar las observaciones all&#x00ED; expuestas, utilizaremos tambi&#x00E9;n las contadas, pero no por eso menos relevantes, anotaciones marginales a algunos ejemplares conservados en la Biblioteca Nacional de Chile. Aunque se trata de fuentes elaboradas con prop&#x00F3;sitos diferentes, creemos que pueden ser le&#x00ED;das en conjunto para intentar descubrir la apropiaci&#x00F3;n de algunos principios cient&#x00ED;ficos desarrollados en Europa entre los siglos XVI y XVII. No buscamos con esto afirmar que se trata de la &#x00FA;nica v&#x00ED;a posible, ni establecer conclusiones definitivas respecto de la ciencia colonial, sino sugerir una alternativa de aproximaci&#x00F3;n que pueda ser profundizada.</p>
		</sec>
		
		<sec id="S2">
			<title>EL COSMOS DEL CHRISTOPH CLAVIUS: CATOLICISMO Y COPERNICANISMO</title>

			<p>En la Sala Medina de la Biblioteca Nacional de Chile se conserva un ejemplar del comentario a la <italic>Esfera </italic>de Sacrobosco del jesuita alem&#x00E1;n Christoph Clavius (1538-1612). Esta obra fue probablemente uno de los tratados de cosmolog&#x00ED;a m&#x00E1;s estudiados entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII. Su autor propon&#x00ED;a una revisi&#x00F3;n de la tradici&#x00F3;n cl&#x00E1;sica —particularmente del legado ptolemaico y aristot&#x00E9;lico— a la luz de la doctrina cat&#x00F3;lica. Aparecido por primera vez en 1570, fue revisado y reeditado en numerosas ocasiones en respuesta a su creciente popularidad. Siguiendo un formato establecido durante la Edad Media, Clavius desarroll&#x00F3; su reflexi&#x00F3;n tomando como punto de partida el breve escrito titulado <italic>De sphaera </italic>del astr&#x00F3;nomo ingl&#x00E9;s del siglo XIII, Johannes de Sacrobosco. Este estaba dividido en cuatro cap&#x00ED;tulos que abordaban la esfericidad, centralidad e inmovilidad de la Tierra en el universo; la relaci&#x00F3;n entre la esfera celeste y la esfera terrestre; los signos zodiacales, la duraci&#x00F3;n de los d&#x00ED;as y la variedad de climas en diferentes secciones del globo, para concluir describiendo el movimiento del Sol alrededor de la Tierra y la teor&#x00ED;a de los epiciclos de Ptolomeo. Siguiendo este escrito, Clavius incorpor&#x00F3; extensas anotaciones a los fragmentos originales, buscando explicar, precisar e incluso corregir cuando estimase necesario, la obra medieval. Si Sacrobosco tend&#x00ED;a muchas veces a ser lac&#x00F3;nico e incluso algo cr&#x00ED;ptico en ciertas exposiciones —posiblemente con la intenci&#x00F3;n de no hacer m&#x00E1;s complejo un texto pensado como manual b&#x00E1;sico de estudios— el jesuita intent&#x00F3; resolver y aclarar en detalle los fundamentos del sistema cosmol&#x00F3;gico tradicional.</p>

			<p>El inter&#x00E9;s de Clavius radicaba en defender este modelo explicativo del universo frente a los ataques de Cop&#x00E9;rnico y sus seguidores, quienes promov&#x00ED;an la consideraci&#x00F3;n de la Tierra como uno m&#x00E1;s de los planetas que giran alrededor de un Sol inm&#x00F3;vil. Su discurso, no obstante, distaba mucho de ser una justificaci&#x00F3;n intransigente del legado cl&#x00E1;sico. Como ha mostrado James Lattis, Clavius no dud&#x00F3; en abandonar algunos principios de la doctrina aristot&#x00E9;lica, como la incorruptibilidad de los cielos (Lattis, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1994</xref>, pp. 150-157). Sin embargo, m&#x00E1;s all&#x00E1; de estas modificaciones, el jesuita sostuvo sin objeci&#x00F3;n la idea de una Tierra est&#x00E1;tica al centro del cosmos, vali&#x00E9;ndose de las teor&#x00ED;as griegas y de pasajes b&#x00ED;blicos que confirmaban su veracidad<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref>. Este &#x00FA;ltimo aspecto constitu&#x00ED;a uno de los cimientos de su comentario, puesto que complementaba a trav&#x00E9;s de una evidencia estimada incuestionable e infalible, la autenticidad de las especulaciones matem&#x00E1;ticas y filos&#x00F3;ficas. De esta manera, el autor admit&#x00ED;a la realidad del modelo geoc&#x00E9;ntrico combinando argumentos f&#x00ED;sicos derivados de la apreciaci&#x00F3;n aristot&#x00E9;lica del elemento terrestre como un cuerpo grave que tiende al centro del cosmos; observaciones astron&#x00F3;micas ptolemaicas y referencias a vers&#x00ED;culos del Antiguo Testamento que describ&#x00ED;an el tr&#x00E1;nsito del Sol y la inmovilidad de la Tierra. El tratado fue reputado pr&#x00E1;cticamente como la postura oficial de la Iglesia Cat&#x00F3;lica durante las primeras d&#x00E9;cadas de difusi&#x00F3;n del copernicanismo, hasta la adopci&#x00F3;n del nuevo sistema propuesto por el astr&#x00F3;nomo dan&#x00E9;s Tycho Brahe (1546-1601) durante el siglo XVII.</p>

			<p>La versi&#x00F3;n custodiada en Santiago corresponde a la cuarta reedici&#x00F3;n de la obra, publicada en Venecia el a&#x00F1;o 1591<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref>. El ejemplar contiene diversas anotaciones a lo largo del texto, aunque la mayor&#x00ED;a de ellas son subrayados y l&#x00ED;neas laterales destinados a destacar ciertos pasajes del Tratado. En el frontispicio se puede reconocer la firma de uno de sus poseedores, fray Pablo de Alboleras, de quien no tenemos m&#x00E1;s noticias. </p>

			<p>Es posible que el libro haya sido estudiado durante el viaje que lo trajo desde Europa hacia Am&#x00E9;rica. En un pasaje, Clavius describe el mecanismo para obtener la altitud meridiana del Sol midiendo el &#x00E1;ngulo formado por la sombra de un gnomon al mediod&#x00ED;a y c&#x00F3;mo esta permite obtener la latitud del observador (Clavius, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1591</xref>, p. 279). Mientras el jesuita realiza el c&#x00E1;lculo para la ciudad b&#x00E1;vara de K&#x00F6;nigsberg, el lector sigue el m&#x00E9;todo para su propia ubicaci&#x00F3;n. </p>
			
					<fig id="F1">
						<label>Figura 1</label>
						<caption>
						<title>Christoph Clavius, In sphaeram Ioannis de Sacrobosco, Venecia, 1591, p&#x00E1;gina 279. Colecci&#x00F3;n Sala Medina, Biblioteca Nacional de Chile (reproducci&#x00F3;n de Biblioteca Nacional de Chile)</title>
						</caption>
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					</fig>

			<p>Seg&#x00FA;n el resultado obtenido con el Sol en C&#x00E1;ncer el d&#x00ED;a 25 de junio, esta corresponder&#x00ED;a aproximadamente al archipi&#x00E9;lago antillano de Guadalupe. Este pasar&#x00ED;a a dominio franc&#x00E9;s en 1635 por lo que, probablemente antes de ese a&#x00F1;o, un viajero que ten&#x00ED;a consigo el libro efectu&#x00F3; el c&#x00E1;lculo despu&#x00E9;s de cruzar el Atl&#x00E1;ntico. No es seguro que haya sido el &#x00FA;nico en estudiar detalladamente el libro, pues al menos una de las apostillas est&#x00E1; en castellano, a diferencia del resto mayoritariamente en lat&#x00ED;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref>. </p>

			<p>A pesar de ser escasas, las anotaciones marginales de la obra pueden ser analizadas a partir de la difusi&#x00F3;n y relevancia de la cosmolog&#x00ED;a renacentista en el mundo colonial. Aunque se trata de notas de estudio, la informaci&#x00F3;n que revelan da cuenta de las formas de apropiaci&#x00F3;n del enfoque de Clavius. Siguiendo la organizaci&#x00F3;n de Sacrobosco, uno de los primeros temas que aborda el jesuita alem&#x00E1;n en su comentario es la estructura elemental del mundo sublunar. Continuando la tradici&#x00F3;n aristot&#x00E9;lica, el astr&#x00F3;nomo ingl&#x00E9;s describ&#x00ED;a la sucesi&#x00F3;n creciente de las esferas conc&#x00E9;ntricas de tierra —ubicada en el centro del cosmos—, agua, aire y fuego. Con el prop&#x00F3;sito de explicar la existencia aparentemente incomprensible de tierra sobre la superficie del agua, Sacrobosco alud&#x00ED;a a una excepci&#x00F3;n destinada a permitir la vida de los seres animados. M&#x00E1;s de trescientos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s, cuando el testimonio de los navegantes hab&#x00ED;a desmentido la anormalidad de esta realidad y propagaba su existencia a la extensi&#x00F3;n del globo, Clavius inclu&#x00ED;a la idea de una &#x00FA;nica esfera compuesta por ambos elementos como parte integrante de su nueva cosmolog&#x00ED;a escol&#x00E1;stica. El autor negaba que la cantidad de agua fuese diez veces mayor a la de tierra, como se hab&#x00ED;a se&#x00F1;alado durante la Edad Media, para luego reconocer la existencia de hendiduras terrestres por las cuales se introduc&#x00ED;a el elemento acuoso formando as&#x00ED; un &#x00FA;nico cuerpo. En esta secci&#x00F3;n mencionaba el an&#x00E1;lisis de Juan Damasceno sobre la separaci&#x00F3;n de las aguas de la Tierra en mares y r&#x00ED;os<xref ref-type="fn" rid="NOTE09">9</xref>, seguido tambi&#x00E9;n por Jaime P&#x00E9;rez de Valencia, obispo agustino y biblista del siglo XV (Clavius, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1591</xref>, pp. 31-32). De esta manera, Clavius recurr&#x00ED;a a referentes cristianos para confirmar la existencia de diversas irregularidades sobre la superficie terrestre entre las que se filtraba el agua<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref>. El lector destac&#x00F3; justamente este &#x00FA;ltimo fragmento con una l&#x00ED;nea lateral, acentuando la concordancia del modelo en cuesti&#x00F3;n con la tradici&#x00F3;n medieval y el texto b&#x00ED;blico. Este punto es de gran relevancia, puesto que Clavius construy&#x00F3; una referencia cristiana para que su propuesta le permitiese omitir la influyente reflexi&#x00F3;n escol&#x00E1;stica sobre una Tierra cubierta en su totalidad por la esfera de agua en el hemisferio sur<xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref>. El pasaje destacado por el lector del ejemplar de Santiago reconoc&#x00ED;a en esta menci&#x00F3;n a Damasceno y Jaime de Valencia un trozo esencial del argumento que le otorgaba validez a la interpretaci&#x00F3;n del comentario.</p>

			<p>Este problema cl&#x00E1;sico de la cosmolog&#x00ED;a aristot&#x00E9;lica no fue indiferente a los pensadores coloniales. En la que ha sido considerada la primera obra de cosmograf&#x00ED;a publicada en Am&#x00E9;rica (&#x00C1;vila Martel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1989</xref>, p. 196), el dominico chileno fray Sebasti&#x00E1;n D&#x00ED;az segu&#x00ED;a un modelo similar<xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref>. La primera parte de su <italic>Noticia general de las cosas del mundo por el orden de su colocaci&#x00F3;n</italic>, fue impresa en Lima el a&#x00F1;o 1783. En el pr&#x00F3;logo, D&#x00ED;az replicaba la descripci&#x00F3;n de las esferas conc&#x00E9;ntricas y la consideraci&#x00F3;n cl&#x00E1;sica de la regi&#x00F3;n elemental:</p>

					<p>las de cuerpo mayor, &#x00F2; que contienen &#x00E1; las demas, estan en figura Esferica, &#x00F3; redonda, como enbolviendo unas &#x00E1; otras, demodo que puesto fuera del Mundo un onbre, &#x00E0; quien Dios concediese registrarlo con la materialidad de ir destapando por sus manos aquel bulto (...) que se va allando sienpre con otros de la misma figura, pero gradualmente menores; no podria menos, que apartar el elemento del fuego (si est&#x00E1; por alla), y si no, &#x00F2; despues todo el Ayre, y para llegar al centro del Mundo, deber&#x00ED;a echar a un lado toda el Agua, y abrir toda la tierra. (D&#x00ED;az, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1783</xref>, pp. 13-14).</p>

			<p>D&#x00ED;az reproduc&#x00ED;a el modelo griego haciendo eco de las cr&#x00ED;ticas renacentistas esbozadas por el matem&#x00E1;tico Girolamo Cardano (1501-1576) respecto de la existencia efectiva de una esfera de fuego en la regi&#x00F3;n elemental, noci&#x00F3;n descrita por el propio Clavius en la misma secci&#x00F3;n del comentario antes mencionada (Clavius, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1591</xref>, p. 37<xref ref-type="fn" rid="NOTE13">13</xref>). Aunque la segunda parte de la <italic>Noticia general </italic>nunca lleg&#x00F3; a ser publicada, en la Biblioteca de la Recoleta Dominica de Santiago se conserva una copia manuscrita de la misma<xref ref-type="fn" rid="NOTE14">14</xref>. En ella, D&#x00ED;az aborda espec&#x00ED;ficamente el problema de la existencia de tierra sobre la superficie acu&#x00E1;tica, afirmando que:</p>

					<p>Y aunque por el orden, que traen las cosas continentes para subseguirse desde el primer cielo, pod&#x00ED;a el Agua ocupar toda la superficie de la tierra, &#x00F3; enserrarla dentro de si; quiso Dios exeptuar de este orden parte de esta subcesion, haciendo (para comoda habitaci&#x00F3;n de los hombres y para los demas designios de su divino beneplacito) que el Agua estuviese como encogida dentro de ciertos limites, que apareciese la tierra por algunos espacios, y que formasen ambos una misma estencion, o un plano de dos cosas asociadas &#x00E1; una figura. (C&#x00E1;ceres Riquelme, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2009</xref>, p. 368)</p>

			<p>La descripci&#x00F3;n de D&#x00ED;az coincide con lo planteado por Clavius y podr&#x00ED;a definirse como propiamente renacentista: conservando el modelo de las esferas aristot&#x00E9;licas, el dominico aceptaba la excepcionalidad del origen divino de tierra sobre la superficie acu&#x00E1;tica, para luego presentar la noci&#x00F3;n de un &#x00FA;nico cuerpo compuesto por ambos elementos. Enseguida defend&#x00ED;a la existencia de agua «por esterno, y por lo interno de la tierra» (C&#x00E1;ceres Riquelme, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2009</xref>, p. 378), aludiendo a los r&#x00ED;os y las filtraciones subterr&#x00E1;neas. Tal como hab&#x00ED;a propuesto el jesuita alem&#x00E1;n doscientos a&#x00F1;os antes, la idea de una &#x00FA;nica esfera se sosten&#x00ED;a en el entrelazamiento de la tierra y el agua no solamente en la superficie, sino tambi&#x00E9;n en las capas inferiores e invisibles del globo.</p>

			<p>D&#x00ED;az reproduce la argumentaci&#x00F3;n renacentista en defensa del modelo cl&#x00E1;sico incluyendo al menos dos de sus rasgos centrales: la incorporaci&#x00F3;n de la noci&#x00F3;n de esfera terr&#x00E1;quea como excepci&#x00F3;n en la sucesi&#x00F3;n de esferas conc&#x00E9;ntricas del cosmos y la duda respecto de la existencia de una esfera de fuego. A pesar de esta consonancia, no es extra&#x00F1;o que D&#x00ED;az omita el nombre de Clavius. En primer lugar su tratado estaba pensado como manual para j&#x00F3;venes estudiantes y este tipo de referencias parec&#x00ED;a innecesario, de hecho son inusuales a lo largo de su <italic>Noticia General. </italic>Por otra parte, al momento de publicar la obra los jesuitas ya hab&#x00ED;an sido expulsados del territorio espa&#x00F1;ol y Carlos III hab&#x00ED;a criticado oficialmente la ense&#x00F1;anza escol&#x00E1;stica jesuita y su lat&#x00ED;n como «poco diferente del que se lee en los autores del siglo XIII» (cit. en G&#x00F3;ngora, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1949</xref>, p. 218), opini&#x00F3;n que parece curiosamente pertinente a un comentario de Sacrobosco. Esta voluntad de silenciar la tradici&#x00F3;n jesuita, o mejor dicho su autor&#x00ED;a, se aprecia en la obra de D&#x00ED;az particularmente en la extensa secci&#x00F3;n dedicada a exponer la reforma del calendario promulgada por Gregorio XIII en 1582. El dominico mencionaba como principal te&#x00F3;rico del cambio al astr&#x00F3;nomo Luigi Lilio (c.1510-1576), excluyendo de su narraci&#x00F3;n la influyente participaci&#x00F3;n del propio Clavius en el proceso (D&#x00ED;az, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1783</xref>, p. 298<xref ref-type="fn" rid="NOTE15">15</xref>). Por &#x00FA;ltimo, es tambi&#x00E9;n posible que D&#x00ED;az reprodujese las ideas del jesuita gracias a una fuente indirecta. Una de las escasas referencias que el dominico citaba expl&#x00ED;citamente fue la obra <italic>Anatom&#x00ED;a de lo visible y lo invisible </italic>de Diego de Torres Villarroel (1694-1770) (D&#x00ED;az, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1783</xref>, p. 261). El autor de Salamanca, asiduo lector de Clavius, hab&#x00ED;a expuesto los principales aspectos de su cosmolog&#x00ED;a: el geocentrismo, la existencia del globo terr&#x00E1;queo como consecuencia de la voluntad divina y la profusa circulaci&#x00F3;n de aguas superficiales y sublunares (Torres Villarroel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1738</xref>, pp. 131, 34-37<xref ref-type="fn" rid="NOTE16">16</xref>). Esta posibilidad confirma la superviviencia del modelo renacentista m&#x00E1;s all&#x00E1; de la difusi&#x00F3;n misma de los tratados del siglo XVI: la proyecci&#x00F3;n del sistema aristot&#x00E9;lico de Clavius en Torres Villarroel, autor publicado y le&#x00ED;do en el mundo hispano de la segunda mitad del siglo XVIII, demuestra la adopci&#x00F3;n en dicho medio intelectual de los criterios especulativos en boga dos siglos antes en Europa.</p>
		</sec>
		
		<sec id="S3">
			<title>FRAY SEBASTI&#x00C1;N D&#x00CD;AZ Y EL SISTEMA SEMI-TICONIANO</title>

			<p>La presencia de los planteamientos de Clavius debe ser, no obstante, interpretada recogiendo la complejidad del pensamiento cosmol&#x00F3;gico de la &#x00E9;poca. Ser&#x00ED;a inapropiado imaginar que se trataba de una r&#x00E9;plica exacta de los postulados del Renacimiento. Estos eran un componente m&#x00E1;s en una alambicada concepci&#x00F3;n del universo ense&#x00F1;ada y estudiada entonces. Aunque la inclusi&#x00F3;n en el &#x00CD;ndice de Libros Prohibidos de las obras de Cop&#x00E9;rnico y Galileo confirmaba la exclusi&#x00F3;n del heliocentrismo de la doctrina cat&#x00F3;lica<xref ref-type="fn" rid="NOTE17">17</xref>, esto no implicaba que despareciese de la reflexi&#x00F3;n cient&#x00ED;fica. El ejemplar santiaguino de la <italic>Esfera </italic>de Clavius muestra el inter&#x00E9;s del lector por la cr&#x00ED;tica del jesuita al modelo del astr&#x00F3;nomo polaco. Junto a uno de los p&#x00E1;rrafos en el que Clavius expone su defensa de la teor&#x00ED;a ptolemaica de los epiciclos, no solo encontramos una l&#x00ED;nea lateral destacando el argumento sino que este es adem&#x00E1;s calificado de <italic>optimo </italic>por el an&#x00F3;nimo estudioso.</p>
			
					<fig id="F2">
						<label>Figura 2</label>
						<caption>
						<title>Christoph Clavius, In sphaeram Ioannis de Sacrobosco, Venecia, 1591, p&#x00E1;gina 452. Colecci&#x00F3;n Sala Medina, Biblioteca Nacional de Chile (reproducci&#x00F3;n de Biblioteca Nacional de Chile)</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F2.jpg"/>
					</fig>

			<p>Esta parece haber sido la tendencia general de los pensadores coloniales: no omitir las menciones a Cop&#x00E9;rnico, sino rebatir expl&#x00ED;citamente sus planteamientos. Sebasti&#x00E1;n D&#x00ED;az, por ejemplo, presentaba los modelos cosmol&#x00F3;gicos de Ptolomeo, Cop&#x00E9;rnico y Brahe. Sin declararse en favor de alguno, se&#x00F1;ala que:</p>

					<p>&#x00E0; costado mucho trabajo para entenderlo, &#x00F2; saber como sea; porque de qualquier modo que se conciba, parece que no se ajustan con &#x00E8;l los fenomenos celestes &#x00F2; apariencias de los Astros; ni se escusan los momentos de otras dificultades, que oponen, y&#x00E0; la verdad infalible de la Santa Escritura, y&#x00E1; la fidelidad de la naturaleza acreditada asta aora de uniforme, y consiguiente en su metodo de obrar, y en el de proveer a la economìa de las cosas. (D&#x00ED;az, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1783</xref>, pp. 177-178)</p>

			<p>Aunque no lo afirma expl&#x00ED;citamente, D&#x00ED;az parece favorecer el enfoque ticoniano —el &#x00FA;nico que no cataloga como antiguo— y que surge como soluci&#x00F3;n a los problemas f&#x00ED;sicos del ptolemaico y religiosos del copernicano (D&#x00ED;az, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1783</xref>, p.187).<xref ref-type="fn" rid="NOTE18">18</xref> El dominico describ&#x00ED;a de la siguiente manera el modelo:</p>

					<p>El espacio, que sigue desde la Luna asta nuestro suelo, es ocupado de otro cuerpo fluido con la distribucion, que se dir&#x00E0; ablando de el ayre; y queda la tierra como encerrada en el medio, segun el primer pensamiento de los Antiguos, y el Sistema de Tolom&#x00E9;o: el Cielo moviendose por encima de Oriente &#x00E0; Poniente con todas las Estrellas, fijas, y errantes: unas y otras con movimiento propio de Occidente para Oriente: de ellas Mercurio, y Venus al rededor del Sol, segun el Sistema Copernicano, pero el Sol no en el mismo lugar, que aquel lo pone: Saturno y Jupiter al rededor de la Tierra, &#x00E1; quien tanbien conprende en su buelta Marte, pero con la propiedad del Satelite del Sol, como quieren algunos: y todos los Planetas guardan orbitas elipticas para verificar la altura, y depresion, la magnitud, y peque&#x00F1;ez, la tardanza, y presteza de su curso, perfeccionando sus bueltas en los tienpos del otro Sistema, y las Estrellas fijas en veinte y cinco mil a&#x00F1;os (D&#x00ED;az, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1783</xref>, pp. 187-188).</p>

			<p>Como se puede apreciar, el dominico detallaba una versi&#x00F3;n diferente a la de Brahe. Mientras para este &#x00FA;ltimo los cinco planetas conocidos (Mercurio, Venus, Marte, J&#x00FA;piter y Saturno) orbitaban alrededor del Sol, D&#x00ED;az se&#x00F1;alaba que Saturno y J&#x00FA;piter rodeaban la Tierra, «a quien tanbien comprende en su buelta Marte, pero con la propiedad de sat&#x00E9;lite del Sol, como quieren algunos<xref ref-type="fn" rid="NOTE19">19</xref>». Este sistema corresponder&#x00ED;a en realidad a una versi&#x00F3;n corregida del modelo ticoniano elaborada por el jesuita Giovanni Battista Riccioli (1598-1671) en su <italic>Almagestum novum </italic>(Bologna, 1651). Retomando el legado de Marciano Capela (siglo V)<xref ref-type="fn" rid="NOTE20">20</xref>, el autor italiano hab&#x00ED;a propuesto a mediados del siglo XVII una estructura planetaria seg&#x00FA;n la cual Mercurio, Venus y Marte giraban alrededor del Sol (Grant, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1984</xref>, p. 13). Como muestra la ilustraci&#x00F3;n contenida en el texto de Riccioli, este &#x00FA;ltimo planeta conten&#x00ED;a adem&#x00E1;s a la Tierra en su &#x00F3;rbita.</p>
			
					<fig id="F3">
						<label>Figura 3</label>
						<caption>
						<title>Giovanni Battista Riccioli, Almagestum novum, Bolo&#x00F1;a, 1651, p&#x00E1;gina 103. (Reproducci&#x00F3;n Bayerische StaatsBibliothek digital)</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F3.jpg"/>
					</fig>

			<p>La obra de Riccioli parece haber tenido buena fortuna en Espa&#x00F1;a, donde el jesuita Jos&#x00E9; de Zaragoza (1627-1679) retom&#x00F3; sus postulados en su <italic>Esphera en com&#x00FA;n celeste y terr&#x00E1;quea </italic>(Madrid, 1675) (Vernet, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1972</xref>, pp. 281-284)<xref ref-type="fn" rid="NOTE21">21</xref>. Desde esta perspectiva, no resulta extra&#x00F1;o que D&#x00ED;az haya conocido esta estructura semi-ticoniana y la omisi&#x00F3;n del nombre de Riccioli posiblemente deba ser le&#x00ED;da a la luz de la controversia con los jesuitas.</p>

			<p>M&#x00E1;s all&#x00E1; del equ&#x00ED;voco, el dominico escasamente ocultaba su preferencia por el sistema del dan&#x00E9;s. Benito Jer&#x00F3;nimo Feij&#x00F3;o, posiblemente uno de los autores m&#x00E1;s influyentes entre los pensadores coloniales de la segunda mitad del siglo XVIII, tambi&#x00E9;n abord&#x00F3; el problema con semejantes conclusiones. En sus <italic>Cartas eruditas </italic>hab&#x00ED;a analizado con gran detalle los argumentos a favor y en contra de la propuesta del polaco, para terminar rechaz&#x00E1;ndola en apoyo al modelo de Brahe (Feij&#x00F3;o, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1770</xref>, p. 211). Seg&#x00FA;n Juan Vernet esta fue una de las actitudes habituales en el mundo hisp&#x00E1;nico luego de la condena de Urbano VIII al heliocentrismo en 1633. Mientras algunos se sometieron al geocentrismo ptolemaico, otros prefirieron seguir los modelos de Brahe o Descartes (Vernet, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1972</xref>, p. 279). La aproximaci&#x00F3;n en Am&#x00E9;rica a la doctrina condenada por la Iglesia se basaba fundamentalmente en descripciones contenidas en tratados aceptados, como por ejemplo el escrito de Robert Vanagonde <italic>Uso de los globos y la sphera </italic>traducido por Torres Villarroel y tambi&#x00E9;n conservado en un volumen de 1758 en la Biblioteca Nacional de Chile (Medina, 1926, I, p. 105<xref ref-type="fn" rid="NOTE22">22</xref>). Otra forma de acceso a las explicaciones prohibidas, era la solicitud de permisos a la Inquisici&#x00F3;n para que otorgase licencias de lectura de libros vedados, los que hacia finales del siglo XVIII se volvieron m&#x00E1;s habituales. Sabemos incluso que una petici&#x00F3;n de Sebasti&#x00E1;n D&#x00ED;az fue aceptada el a&#x00F1;o 1793, aunque lamentablemente desconocemos el t&#x00ED;tulo de la obra consultada (Medina, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1952</xref>, p. 648; Millar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1998</xref>, p. 401).</p>

			<p>En general la cosmolog&#x00ED;a colonial se insertaba dentro del esquema de las <italic>Esferas </italic>medievales y renacentistas, incluyendo alusiones a la tradici&#x00F3;n cient&#x00ED;fica de los siglos XVII y XVIII. A finales del per&#x00ED;odo colonial, en gran medida como consecuencia de las reformas impulsadas por Carlos III, el pensamiento filos&#x00F3;fico moderno se propag&#x00F3; en el medio universitario hispano-americano y peninsular (G&#x00F3;ngora, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1949</xref>, p. 218). Esto permitir&#x00ED;a comprender, por ejemplo, la consideraci&#x00F3;n de Mario G&#x00F3;ngora del tratado de D&#x00ED;az, el cual en su opini&#x00F3;n «carece de profundidad, coherencia e intr&#x00ED;nseca importancia, pero constituye un documento del per&#x00ED;odo de eclecticismo y desintegraci&#x00F3;n del escolasticismo colonial» (G&#x00F3;ngora, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1949</xref>, p. 175). Este escolasticismo correspond&#x00ED;a a la principal corriente intelectual en Am&#x00E9;rica durante los primeros siglos de dominaci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola y, respondiendo a una de sus caracter&#x00ED;sticas hist&#x00F3;ricas, fue incorporando nuevas teor&#x00ED;as y problemas dentro de su estructura conceptual<xref ref-type="fn" rid="NOTE23">23</xref>. As&#x00ED;, un autor como D&#x00ED;az utilizaba un modelo medieval —el de las <italic>Esferas</italic>— para ordenar su escrito, siguiendo los principios b&#x00E1;sicos de la filosof&#x00ED;a natural peripat&#x00E9;tica e incluyendo a la vez alusiones a ciertas concepciones modernas tales como las de Kepler, Descartes y Gassendi<xref ref-type="fn" rid="NOTE24">24</xref>.</p>
		</sec>
		
		<sec id="S4">
			<title>LA SUPERVIVENCIA DEL MODELO RENACENTISTA EN CHILE COLONIAL</title>

			<p>La relevancia de la cosmolog&#x00ED;a renacentista en el pensamiento colonial se sostiene fundamentalmente en dos aspectos centrales. En primer lugar, se trataba de una concepci&#x00F3;n del Universo y de la Tierra en particular concordante con las apreciaciones geogr&#x00E1;ficas posteriores al descubrimiento de Am&#x00E9;rica. Si hasta inicios del siglo XV la mayor&#x00ED;a de los autores negaban la posibilidad de tierra habitada en el hemisferio sur, los escritores del siglo XVI recurr&#x00ED;an constantemente a la evidencia recopilada por navegantes y viajeros en sus tratados. Esto sin lugar a dudas contribuy&#x00F3; al asentamiento y consolidaci&#x00F3;n de la noci&#x00F3;n de globo terr&#x00E1;queo, tema pr&#x00F3;ximo a los estudiosos americanos. Adem&#x00E1;s, los escritos tard&#x00ED;os que respond&#x00ED;an a Cop&#x00E9;rnico permit&#x00ED;an conocer indirectamente algunas caracter&#x00ED;sticas de su propuesta y tambi&#x00E9;n recoger cr&#x00ED;ticas a la misma que estuviesen enmarcadas en la doctrina cat&#x00F3;lica.</p>

			<p>Un segundo aspecto que permite considerar su importancia durante la colonia tiene relaci&#x00F3;n con el acceso a tratados de cosmolog&#x00ED;a en la &#x00E9;poca. Las investigaciones que se han realizado sobre las bibliotecas del per&#x00ED;odo en Chile, muestran la escasez de libros cient&#x00ED;ficos hasta 1750. Seg&#x00FA;n Barros Arana los vol&#x00FA;menes no solo reflejaban ‘doctrinas vetustas que los progresos de la nueva era hab&#x00ED;an pulverizado’, sino que hacia 1810 eran contados los ejemplares editados hace menos de cien a&#x00F1;os en propiedad de la Universidad de San Felipe (Barros Arana, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1886</xref>, pp. 502-503). Isabel Cruz se&#x00F1;ala que «se trata, en general, de obras bastante antiguas que ya son cl&#x00E1;sicas y que en el per&#x00ED;odo posterior van a ser superadas por los adelantos cient&#x00ED;ficos y consideradas, por tanto, fuera de &#x00E9;poca» (Cruz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1989</xref>, p. 127). Estas descripciones, cuyo &#x00E9;nfasis est&#x00E1; puesto en la antig&#x00FC;edad de los escritos cient&#x00ED;ficos conservados, reflejan la actualidad de la ciencia medieval y renacentista en el medio intelectual colonial. Esto coincide con las orientaciones te&#x00F3;ricas de los principales actores en la materia: en 1730, un decreto de la congregaci&#x00F3;n mandaba a los jesuitas a no contradecir la f&#x00ED;sica de Arist&#x00F3;teles (Hanisch, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1982</xref>, p. 25), y en la segunda mitad del siglo XVIII, el rector Jos&#x00E9; Valeriano Ahumada dictaba un reglamento sobre la C&#x00E1;tedra de Matem&#x00E1;ticas en la Universidad de San Felipe en el que llamaba a explicar «los Elementos de Euclides, Geograf&#x00ED;a, Cosmograf&#x00ED;a, conocimiento del Globo y Esfera, especialmente terrestre» (cit. en Medina, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1928</xref>, p. 438), siguiendo el formato tem&#x00E1;tico de las <italic>Esferas </italic>renacentistas.</p>

			<p>Este escenario comenz&#x00F3; a variar en las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas del siglo, cuando los reglamentos respecto a la importaci&#x00F3;n de los libros se liberalizaron, calificando de «obras indiferentes» aquellas sobre matem&#x00E1;tica, astronom&#x00ED;a y f&#x00ED;sica. (Thayer Ojeda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">1913</xref>, p. 36) <xref ref-type="fn" rid="NOTE25">25</xref>.</p>

			<p>Las anotaciones al comentario a Sacrobosco de Christoph Clavius de la Biblioteca Nacional de Chile reflejan los intereses de lectores formados en la tradici&#x00F3;n cosmol&#x00F3;gica cat&#x00F3;lica reelaborada a partir de la cr&#x00ED;tica a Cop&#x00E9;rnico. Si bien se trata de un modelo que podr&#x00ED;amos calificar de escol&#x00E1;stico-medieval, este sufri&#x00F3; determinantes variaciones en medio de la crisis del sistema aristot&#x00E9;lico a mediados del siglo XVI. Posiblemente dos de las m&#x00E1;s relevantes sean la incorporaci&#x00F3;n de la idea de globo terr&#x00E1;queo y el cuestionamiento directo a los argumentos del polaco para rebatir el geocentrismo. Como lo evidencia el tratado de Sebasti&#x00E1;n D&#x00ED;az, estas concepciones continuaron siendo reproducidas al menos hasta finales del siglo XVIII.</p>

				
		</sec>
	</body>
	
	<back>
	
		<ack>
			<title>AGRADECIMIENTOS</title>

			<p>Esta investigaci&#x00F3;n fue financiada por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, Convocatoria 2013. Proyecto Folio 6675.</p>
		
		</ack>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
		
				<fn id="NOTE01"><label>1</label>
					<p>Sobre estas caracter&#x00ED;sticas de los primeros siglos de ocupaci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola en territorio chileno, ver:  Eyzaguirre, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1850</xref>; Barros Arana, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1886</xref>; Thayer Ojeda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">1913</xref>; G&#x00F3;ngora, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1949</xref>; Hanisch, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1982</xref>; Cruz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1989</xref>.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE02"><label>2</label>
					<p>V&#x00E9;ase por ejemplo la opini&#x00F3;n de Jorge Huneeus Gana, quien afirma “Todos los historiadores de Chile parecen hallarse de acuerdo en que nuestra patria fue la colonia espa&#x00F1;ola m&#x00E1;s atrasada, bajo el punto de vista intelectual, durante el largo per&#x00ED;odo de dominaci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola” (Huneeus Gana, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1908</xref>, p.11).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE03"><label>3</label>
					<p>Los cient&#x00ED;ficos de la &#x00E9;poca m&#x00E1;s relevantes fueron el jesuita Juan Ignacio Molina (1740-1829) y el educador Manuel de Salas (1754-1841). Ver los trabajos Jos&#x00E9; Toribio Medina, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1928</xref>; de &#x00C1;vila Martel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1989</xref>. Un ejemplo reciente de desarrollo de esta l&#x00ED;nea lo constituyen los trabajos de Rafael Sagredo Baeza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2004</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2010</xref>.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE04"><label>4</label>
					<p>Una excepci&#x00F3;n notable es el estudio realizado por Augusto Salinas sobre la obra del Abate Molina, <italic>Analog&#x00ED;as menos observadas de los tres reinos de la naturaleza,</italic> quien aborda el texto a partir de la noci&#x00F3;n de cadena del ser refutando a quienes pretenden reconocer en ella un referente del pensamiento evolucionista (Salinas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1998</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE05"><label>5</label>
					<p>Aunque la dedicatoria de D&#x00ED;az est&#x00E1; fechada el 9 de julio de 1781, el proceso de aceptaci&#x00F3;n y censura del texto culmin&#x00F3; el 8 de febrero de 1783, cuando obtuvo la licencia final de impresi&#x00F3;n. Los documentos est&#x00E1;n incluidos al inicio de la edici&#x00F3;n lime&#x00F1;a.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE06"><label>6</label>
					<p>Los pasajes b&#x00ED;blicos en cuesti&#x00F3;n son: Salmo 18: 4-6, Salmo 103: 5 y Eclesiast&#x00E9;s 1: 4-5.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE07"><label>7</label>
					<p>El volumen est&#x00E1; contenido en la secci&#x00F3;n “Am&#x00E9;rica General” del tomo dedicado a los libros impresos en el “Cat&#x00E1;logo breve de la biblioteca americana que obsequia a la Nacional de Santiago” de Jos&#x00E9; Toribio Medina (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1926</xref>, I, p. 60). No tenemos m&#x00E1;s informaci&#x00F3;n sobre su procedencia o lugar de adquisici&#x00F3;n por parte del bibli&#x00F3;filo, pero de su inclusi&#x00F3;n en este apartado del cat&#x00E1;logo se infiere su pertenencia al contexto colonial americano.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE08"><label>8</label>
					<p>En la p&#x00E1;gina 256 el lector escribe <italic>“ojo” </italic>junto al p&#x00E1;rrafo dedicado a la ecl&#x00ED;ptica del Sol.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE09"><label>9</label>
					<p><italic>De orthodoxa fide</italic>, 2, 9-10</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE10"><label>10</label>
					<p>El tratado “Sphera del Universo” del astr&#x00F3;nomo murciano Gin&#x00E9;s Rocamora y Torrano publicado en Madrid en <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1599</xref>, reproduc&#x00ED;a esta referencia a Juan Damasceno para probar la formaci&#x00F3;n del relieve terrestre a partir del recogimiento de aguas en concavidades (Rocamora y Torrano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1599</xref>, f. 16v). En la Biblioteca Americana de Medina se conserva una copia de esta edici&#x00F3;n con algunas anotaciones marginales (Medina, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1926</xref>, I, p. 98).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE11"><label>11</label>
					<p>Seg&#x00FA;n la sucesi&#x00F3;n de esferas elementales conc&#x00E9;ntricas descrita por Arist&#x00F3;teles (<italic>De caelo</italic>, II, 4, 287a), la Tierra deb&#x00ED;a estar completamente cubierta de agua. La cosmolog&#x00ED;a medieval busc&#x00F3; resolver esta interrogante proponiendo, entre otras cosas, la elevaci&#x00F3;n milagrosa de una porci&#x00F3;n terrestre sobre la superficie acu&#x00E1;tica y la distinci&#x00F3;n entre los centros de gravedad y magnitud de la Tierra (Duhem, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1965</xref>, pp. 79-235; Randles, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1994</xref>). Sobre el rol de Clavius en este proceso ver: Grant, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1984</xref>; Iommi y Iommi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2013</xref>.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE12"><label>12</label>
					<p>Fray Sebasti&#x00E1;n D&#x00ED;az (1741-1812) fue Prior del convento dominico de Santiago y Doctor en Teolog&#x00ED;a por la Universidad de San Felipe. Seg&#x00FA;n Jos&#x00E9; Toribio Medina, D&#x00ED;az “conoc&#x00ED;a bastante la literatura latina, y era adem&#x00E1;s versado en el ingl&#x00E9;s, italiano y franc&#x00E9;s, lo que formaba una verdadera anomal&#x00ED;a en el sistema general de instrucci&#x00F3;n profesado durante la colonia” (Medina, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1960</xref>, p. 12). El mismo Medina destaca las numerosas anotaciones dejadas al margen de los libros que estudi&#x00F3; (Medina, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1960</xref>, p. 12), demostrando la posible variedad de fuentes en sus planteamientos cosmol&#x00F3;gicos. Sobre su biograf&#x00ED;a y comentarios respecto de la obra ver Eyzaguirre, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1850</xref>, p. 312; Barros Arana, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1886</xref>, VII, p. 573-576 y &#x00C1;vila Martel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1989</xref>.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE13"><label>13</label>
					<p>Sobre la negaci&#x00F3;n del car&#x00E1;cter elemental del fuego ver Cardano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1551</xref>, p. 44.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE14"><label>14</label>
					<p>En este art&#x00ED;culo remitiremos a la transcripci&#x00F3;n de la “Copia de la Segunda Parte de la Noticia General de las cosas del mundo. Por el M.R.P.Mro.Dr.Fr. Sebasti&#x00E1;n D&#x00ED;az” elaborada en Santiago de Chile el a&#x00F1;o 1845, realizada por Jorge C&#x00E1;ceres Riquelme en su Tesis para optar al grado de Magister en Literatura Latinoamericana y Chilena, Universidad de Santiago de Chile. Agradecemos al autor el haber brindado acceso a su trabajo de investigaci&#x00F3;n.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE15"><label>15</label>
					<p>Cabe mencionar que en el ejemplar de Santiago del Comentario de Clavius, uno de los lectores destac&#x00F3; con una l&#x00ED;nea lateral el fragmento en que expone las caracter&#x00ED;sticas de esta reforma (Clavius, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1591</xref>, pp. 274-275).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE16"><label>16</label>
					<p>Torres Villarroel se&#x00F1;ala en su autobiograf&#x00ED;a que entre sus lecturas de juventud, “especialmente me deleyt&#x00F3; con embeleso indecible un tratado de la Esfera del Padre Clavio, que creo fue la primera noticia que habia llegado a mis oidos de que habia Ciencias Matem&#x00E1;ticas en el mundo” (Torres Villarroel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1799</xref>, p. 38). Aunque se podr&#x00ED;a considerar la obra de D&#x00ED;az una versi&#x00F3;n invertida del tratado de Torres, quien comienza su descripci&#x00F3;n desde las entra&#x00F1;as de la Tierra para elevarse hacia los cielos, el dominico no reproduce totalmente sus contenidos. Por ejemplo, se muestra esc&#x00E9;ptico de la pr&#x00E1;ctica astrol&#x00F3;gica, mientras el autor salamantino establece conexiones entre los astros, las cat&#x00E1;strofes naturales y ciertas enfermedades (Torres Villarroel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1738</xref>, pp. 124-125). Por otra parte, coinciden en sus dudas sobre la existencia real de una esfera de fuego (Torres Villarroel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1738</xref>, p. 131). El libro de Torres Villarroel tambi&#x00E9;n form&#x00F3; parte de la Biblioteca Americana de Jos&#x00E9; Toribio Medina (Medina, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1926</xref>, I, p. 105).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE17"><label>17</label>
					<p>Ver por ejemplo, edici&#x00F3;n del <italic>Index</italic> de 1744, pp. 380 y 131-132. Seg&#x00FA;n Juan Vernet, se puede considerar el permiso de impresi&#x00F3;n de las teor&#x00ED;as copernicanas (entendidas como hip&#x00F3;tesis) por parte del inquisidor Francisco P&#x00E9;rez de Prado en 1747, como el hito fundamental en la aceptaci&#x00F3;n del heliocentrismo en Espa&#x00F1;a (Vernet, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1972</xref>, pp. 285-286). Sin embargo como teor&#x00ED;a, esta no fe removida del &#x00CD;ndice hasta 1835.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE18"><label>18</label>
					<p>Mientras en una nota a pie de p&#x00E1;gina D&#x00ED;az describe a Cop&#x00E9;rnico como “un matem&#x00E1;tico que viv&#x00ED;a en el siglo XVI” (D&#x00ED;az, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1783</xref>, p. 181), presentaba a Brahe como “insigne matem&#x00E1;tico, que muri&#x00F3; al principio del siglo pasado” (D&#x00ED;az, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1783</xref>, p.187), estableciendo una clara preferencia por el segundo.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE19"><label>19</label>
					<p>D&#x00ED;az incorpora las observaciones de Johannes Kepler (1571-1630) respecto de la forma el&#x00ED;ptica de las &#x00F3;rbitas planetarias dentro de su exposici&#x00F3;n <italic>sui generis </italic>del sistema de Brahe, lo que revela su obstinaci&#x00F3;n en favorecer el modelo de este &#x00FA;ltimo en desmedro de Cop&#x00E9;rnico. Sobre su consideraci&#x00F3;n de Kepler o “Quelpero”, ver D&#x00ED;az, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1783</xref>, p. 156.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE20"><label>20</label>
					<p>Seg&#x00FA;n Capela el Sol, la Luna y tres de los planetas giran en torno a la Tierra, a diferencia de Venus y Mercurio. <italic>De Nuptiis Philologiae et Mercurii, </italic>VIII, 854.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE21"><label>21</label>
					<p>Vernet tambi&#x00E9;n menciona a Juan Bautista Corach&#x00E1;n (1661-1741) como otro de sus seguidores hispanos (ver tambi&#x00E9;n Vernet, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1974</xref>). V&#x00ED;ctor Navarro Brotons analiza la cercan&#x00ED;a entre Vicente Mut, conocido de Jos&#x00E9; de Zaragoza, y el propio Riccioli (Navarro Brotons, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2009</xref>, pp. 31 y 37). Para la secci&#x00F3;n pertinente, ver Zaragoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">1675</xref>, p. 45.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE22"><label>22</label>
					<p>Es interesante notar que Vanagonde, junto con describir los tres modelos cosmol&#x00F3;gicos tradicionales, dedic&#x00F3; un cap&#x00ED;tulo al cuarto sistema de Marciano Capela.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE23"><label>23</label>
					<p>Sobre este modelo intelectual, denominado por Beatriz Helena Domingues “Modernidad medieval”, ver Domingues, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1998</xref> y Domingues, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1999</xref>.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE24"><label>24</label>
					<p>Los planteamientos de Ren&#x00E9; Descartes (1596-1650) y Pierre Gassendi (1592-1655) son referidos en numerosas ocasiones por D&#x00ED;az. La primera menci&#x00F3;n a Descartes aparece tempranamente en la secci&#x00F3;n inicial de la <italic>Noticia general </italic>cuando describe su teor&#x00ED;a de la materia, la cual es seguida por un resumen de la propuesta atomista de “Gasendo” (D&#x00ED;az, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1783</xref>, pp. 7-11). Sobre la cita a Kepler ver nota 18.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE25"><label>25</label>
					<p>Sobre las transformaciones del pensamiento cient&#x00ED;fico hacia finales del siglo XVIII ver &#x00C1;vila Martel <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1989</xref>, pp. 171-202, especialmente pp. 193-195 para el caso de Manuel Antonio Talavera y su <italic>Triennalis philosofici cursus institutiones phisicae.</italic></p>
				</fn>
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