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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2014.14</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/asclepio.2014.14</article-id>
			 
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				<subject>ESTUDIOS / RESEARCH STUDIES</subject>
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				<article-title>La investigaci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica y el debate actual sobre la salud masculina: el caso de Alemania</article-title>
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				<trans-title>Historical research and the current debate about men’s health: the German case</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Investigaci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica y salud masculina en Alemania</alt-title>
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				 <surname>Dinges</surname>
				 <given-names>Martin</given-names>
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			  <aff id="U1">Institut f&#x00FC;r Geschichte der Medizin der Robert Bosch Stiftung</aff>
			 
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				<day>30</day>
				<month>06</month>
				<year>2014</year>
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			<pub-date pub-type="collection">   <!-- NEW!! -->
				<year>2014</year>
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			<volume>66</volume>
			<issue>1</issue>
			
			<elocation-id content-type="doi">10.3989/asclepio.2014.14</elocation-id>

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					<day>04</day>
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					<year>2013</year>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>El discurso actual sobre la salud masculina remite con demasiada insistencia a una imagen obsoleta y monol&#x00ED;tica de la masculinidad contrastando de manera simplista el colectivo “hombres” con el de las “mujeres”. Sin embargo, el an&#x00E1;lisis hist&#x00F3;rico hace muy evidentes los notables cambios que se han producido en la salud de los hombres, tanto en lo que se refiere a sus actitudes como a sus comportamientos, desde la revoluci&#x00F3;n industrial; as&#x00ED;, por ejemplo, se ha transformado no solamente la vida profesional y el mundo del trabajo, sino tambi&#x00E9;n la relaci&#x00F3;n entre la masculinidad y el comportamiento de riesgo a lo largo de la vida y, asimismo, la evaluaci&#x00F3;n m&#x00E9;dica de ciertos comportamientos de alto riesgo como fumar. Las diferencias en la esperanza de vida entre hombres y mujeres merecen una explicaci&#x00F3;n m&#x00E1;s precisa y menos simplista. Desde una perspectiva hist&#x00F3;rica de <italic>longue-dur&#x00E9;e</italic>, tambi&#x00E9;n es un mito que los hombres guarden silencio en asuntos de salud.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>The current discourse on men’s health refers too insistently to an obsolete and monolithic pattern of masculinity contrasting “men” with “women” in a simplistic manner. However, historical analysis shows the remarkable changes that have occurred in the health of men, both in terms of their attitudes and their behaviors, since the industrial revolution; so, for example, the relationship between masculinity and risk behavior throughout life, the professional life and the world of work, and also the medical evaluation of certain high-risk behaviors such as smoking. Differences of the life expectancy between men and women deserve an explanation more accurate and less simplistic. From a historical perspective of <italic>longue-dur&#x00E9;e</italic>, it is also a myth that men keep silent on matters of health.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>salud masculina</kwd>
				<kwd>masculinidad</kwd>
				<kwd>comportamientos de salud</kwd>
				<kwd>esperanza de vida</kwd>
				<kwd>mundo del trabajo</kwd>
				<kwd>comportamientos de riesgo</kwd>
				<kwd>uso de los servicios m&#x00E9;dicos</kwd>
				<kwd>h&#x00E1;bito de fumar tabaco</kwd>
				<kwd>Alemania</kwd>
				<kwd>siglos XIX, XX y XXI</kwd>
			</kwd-group>
			
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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Men’s health</kwd>
				<kwd>masculinity</kwd>
				<kwd>health behavior</kwd>
				<kwd>life expectancy</kwd>
				<kwd>labor market</kwd>
				<kwd>risk behavior</kwd>
				<kwd>use of medical services</kwd>
				<kwd>smoking</kwd>
				<kwd>Germany</kwd>
				<kwd>XIX, XX and XXI centuries</kwd>
			</kwd-group>
		
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		<sec id="S1">
		<title>INTRODUCCI&#x00D3;N </title>
		
		<p>A la luz de los estudios epidemiol&#x00F3;gicos y antropol&#x00F3;gicos, la salud de los hombres ofrece a menudo una imagen negativa y, desde luego, siempre problem&#x00E1;tica. Su esperanza de vida es muy inferior a la de las mujeres y la forma en que cuidan de su salud deja mucho que desear: son totalmente sedentarios o hacen ejercicio en exceso, tienen malos h&#x00E1;bitos alimenticios, fuman mucho y beben demasiado alcohol (sobre todo ante las adversidades). Adem&#x00E1;s, no se toman en serio los s&#x00ED;ntomas corporales ni hablan sobre sus problemas de salud; no expresan sus dolencias y con frecuencia se vuelven agresivos contra los dem&#x00E1;s o contra s&#x00ED; mismos. Consultan con sus m&#x00E9;dicos cuando ya es demasiado tarde, o no consultan con ellos en absoluto. Se suelen saltar las revisiones m&#x00E9;dicas y apenas cumplen los tratamientos que se les prescriben.  </p>
		
		<p>Este «discurso sobre la salud masculina» no es m&#x00E1;s que una peque&#x00F1;a muestra de la gran cantidad de material publicado en las revistas en particular y en la literatura cient&#x00ED;fica en general. Con raz&#x00F3;n el soci&#x00F3;logo Michael Meuser lo denomina un «discurso del d&#x00E9;ficit», ya que pone de relieve la debilidad, si no la inferioridad, de los hombres en el &#x00E1;mbito de la salud y el bienestar (Meuser, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2007</xref>, pp. 73-86). En ocasiones, agrega Meuser, da la impresi&#x00F3;n incluso de que sea necesario sermonear a los hombres: si no cuidan m&#x00E1;s de su salud, se les castigar&#x00E1; con la enfermedad o con una corta vida.  </p>
		
		<p>La cuesti&#x00F3;n es que, pese a que la informaci&#x00F3;n que tenemos sobre la salud masculina est&#x00E1; estad&#x00ED;sticamente bien documentada y a que los expertos tratan de promover la concienciaci&#x00F3;n acerca del problema, los discursos del d&#x00E9;ficit casi nunca llegan a las personas a las que les conciernen m&#x00E1;s directamente. Ante un mensaje que critica el comportamiento deficiente o inadecuado de un sujeto, &#x00E9;ste suele reaccionar mediante el rechazo y la negaci&#x00F3;n.  </p>
		
		<p>Llegados a este punto, me gustar&#x00ED;a destacar un enfoque que se practica en educaci&#x00F3;n para la salud, seg&#x00FA;n el cual se pueden obtener mejores resultados con refuerzos positivos. Este enfoque se emplea en las jornadas de informaci&#x00F3;n sobre la salud masculina organizadas por profesionales de la salud. En mi opini&#x00F3;n, el discurso sobre la salud masculina deber&#x00ED;a abstenerse de hacer comparaciones de forma general y alejarse de la imagen negativa y parcial que se tiene de los hombres. En lugar de tratar de alarmarles con pron&#x00F3;sticos pesimistas, deber&#x00ED;amos centrarnos en aquellos aspectos de su comportamiento relativos a la salud que ofrecen una buena base para una discusi&#x00F3;n m&#x00E1;s matizada y polifac&#x00E9;tica acerca de las conexiones entre la masculinidad y la salud. A esto puede contribuir la investigaci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica. </p>
		
		<p><bold>Primero: El actual discurso sobre la salud masculina hace referencia con demasiada frecuencia a una imagen obsoleta y monol&#x00ED;tica de la masculinidad.</bold></p>
		
		<p>Hollstein describe la «masculinidad tradicional» vigente durante los &#x00FA;ltimos veinte a&#x00F1;os como un complejo de predisposiciones conductuales expansivas, agresivas, insensibles, posesivas y sedientas de poder; en definitiva, tales comportamientos son malos para la salud. Su idea es sencillamente que la «masculinidad tradicional» perjudica la salud (Hollstein, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2002</xref>, pp. 53-66). De esto tambi&#x00E9;n podr&#x00ED;a deducirse que los hombres son unos aut&#x00E9;nticos «idiotas de la salud» (Dinges, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2009</xref>, pp. 19-23). Esta cr&#x00ED;tica, como la mayor&#x00ED;a de las estad&#x00ED;sticas divulgadas, es el resultado de una comparaci&#x00F3;n que contrapone dos grandes poblaciones: los hombres y las mujeres. Este enfoque oculta, al menos en el discurso p&#x00FA;blico, las considerables diferencias existentes dentro del grupo de los hombres. Aunque puede que la mayor&#x00ED;a de los hombres cuide poco de su salud, en la investigaci&#x00F3;n epidemiol&#x00F3;gica se ha identificado una parte de la poblaci&#x00F3;n masculina que se preocupa mucho por su bienestar. La media estad&#x00ED;stica, que representa el comportamiento de la mayor&#x00ED;a, no basta para dar por hecho afirmaciones generales sobre una «esencia de la masculinidad». Tener en cuenta s&#x00F3;lo a la mayor&#x00ED;a implica que se omite a la minor&#x00ED;a de dos maneras: en relaci&#x00F3;n a los problemas de salud y en relaci&#x00F3;n a la construcci&#x00F3;n del comportamiento masculino general. Por lo tanto, los discursos de este tipo no tienen en cuenta ni los comportamientos saludables de los hombres ni el denominado comportamiento masculino «no tradicional», de acuerdo con la deliberada simplificaci&#x00F3;n de Hollstein. Este discurso tan contrapuesto impide reconocer comportamientos masculinos m&#x00E1;s saludables que pueden apreciarse a lo largo de la historia y que, a su vez, podr&#x00ED;an constituir un recurso para promover el cambio (Hoffmann, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2010</xref>, pp. 130 y 137; Schweig, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2008</xref>, pp. 118 y 156; Dinges, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2011</xref>, p. 33; Dinges, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2012</xref>, p. 130).  </p>
		
		<p><bold>Segundo: La investigaci&#x00F3;n m&#x00E9;dica tiende a favorecer el pensamiento simplista que compara de manera reducida el colectivo «hombres» con el de las «mujeres».</bold></p>
		
		<p>Para facilitar la investigaci&#x00F3;n tiene sentido dividir los colectivos de pacientes en mujeres y hombres. Esta separaci&#x00F3;n de acuerdo con el sexo es un requisito cada vez m&#x00E1;s importante en, por ejemplo, pruebas de medicamentos, estudios de medicina basada en la evidencia y estudios sobre los servicios sanitarios. Esto se debe a que las medicinas, los tratamientos y la estructura de los servicios sanitarios afectan de diferente forma a hombres y a mujeres. Este tipo de investigaciones que diferencia entre ambos sexos todav&#x00ED;a se consideran deseables en muchas &#x00E1;reas de estudio. Adem&#x00E1;s, en la Uni&#x00F3;n Europea es una exigencia pol&#x00ED;tica, ya que la transversalidad de la perspectiva de g&#x00E9;nero (gender mainstreaming), viene siendo un requisito imprescindible desde hace algunos a&#x00F1;os, y su aplicaci&#x00F3;n es ineludible. Las buenas pol&#x00ED;ticas se apoyan en las conclusiones de investigaciones relevantes como base para la toma de decisiones. La divisi&#x00F3;n convencional entre hombres y mujeres conlleva el peligro de promover la idea de dos mundos separados, al codificar conceptos de g&#x00E9;nero opuestos (Babitsch, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2005</xref>). As&#x00ED; pues, los estudios que apuntan a la igualdad de g&#x00E9;nero no deben contribuir a la fijaci&#x00F3;n de estereotipos en los que el sexo biol&#x00F3;gico sea un criterio fundamental, cosa en la que es relativamente f&#x00E1;cil caer. Esto puede conducir a nuevas ideas ficticias sobre comportamientos que se presuponen esencialmente masculinos. </p>
		
		<p><bold>Tercero: La salud masculina se ve fuertemente influida por el desarrollo hist&#x00F3;rico.</bold></p>
		
		<p>Como apuntar&#x00E9; seguidamente con algunos ejemplos, este aserto hace referencia a la esperanza de vida al nacer, el mundo laboral y la vida profesional, la actitud de los hombres hacia la salud, la conexi&#x00F3;n entre comportamientos de riesgo y masculinidad, y el uso que hacen los hombres de la asistencia m&#x00E9;dica y los medicamentos. </p>
		
		<p>En general, los cambios acontecidos son considerables. En su mayor&#x00ED;a, han surgido a lo largo de un per&#x00ED;odo de tiempo relativamente corto, hablando en t&#x00E9;rminos hist&#x00F3;ricos, y algunos han tenido lugar muy recientemente, en las &#x00FA;ltimas generaciones. En otras palabras, el estado de salud de los hombres y su conducta en relaci&#x00F3;n a la salud y a la enfermedad son el resultado de procesos hist&#x00F3;ricos. Por lo tanto, aunque vuelvan a cambiar o a sufrir modificaciones, no son en absoluto la expresi&#x00F3;n esencial de la masculinidad. En lugar de atribuir el comportamiento de los hombres a una supuesta masculinidad arquet&#x00ED;pica, la perspectiva hist&#x00F3;rica permite una percepci&#x00F3;n m&#x00E1;s clara de los cambios que se han ido sucediendo en el pasado.  </p>
		
		<p><bold>Cuarto: El desarrollo hist&#x00F3;rico se hace m&#x00E1;s evidente al estudiar los considerables cambios que ha sufrido la diferencia de esperanza de vida entre hombres y mujeres a lo largo del tiempo.</bold></p>
		
		<p>El mejor indicativo del estado de salud de una poblaci&#x00F3;n es la esperanza de vida media al nacer. Este dato tambi&#x00E9;n desempe&#x00F1;a una funci&#x00F3;n primordial en el debate actual sobre la salud masculina. Hoy en d&#x00ED;a, en la mayor&#x00ED;a de las sociedades posindustriales, las mujeres viven mucho m&#x00E1;s tiempo que los hombres. Concretamente en Alemania viven en torno a cinco a&#x00F1;os y medio m&#x00E1;s. ¿C&#x00F3;mo se explica esta diferencia? Los factores a tener en cuenta, as&#x00ED; como su relevancia, son objeto de debate cient&#x00ED;fico y m&#x00E9;dico. Un estudio realizado con decenas de miles de frailes y monjas que viv&#x00ED;an en monasterios y conventos sugiere que las mujeres tienen una ventaja biol&#x00F3;gica de esperanza de vida de alrededor de un a&#x00F1;o. Esto nos deja cuatro a&#x00F1;os y medio de diferencia por explicar. Se podr&#x00ED;a deducir del estudio de los frailes y las monjas que una vida en la que hay seguridad econ&#x00F3;mica y social, con poca competitividad y relaciones sociales asiduas y estables, parece ser muy saludable. Adem&#x00E1;s, el uso reducido de las «libertades nocivas» como fumar y beber, tambi&#x00E9;n contribuye a una mayor esperanza de vida de los frailes. Por lo pronto, este dato apunta a un par de razones que podr&#x00ED;an explicar la existencia de esa diferencia de g&#x00E9;nero. </p>
		
		<p>Desde el punto de vista del historiador son de especial inter&#x00E9;s los importantes cambios de la brecha de g&#x00E9;nero en cuanto a la esperanza de vida (Weigl, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2007</xref>, pp. 23-40). En Alemania, en 1850, ambos sexos ten&#x00ED;an una esperanza de vida al nacer cercana a los 40 a&#x00F1;os. Despu&#x00E9;s se redujo para los hombres en casi cuatro a&#x00F1;os, y entre las mujeres en s&#x00F3;lo uno, lo que significa que en los a&#x00F1;os 1880/1890 la diferencia se hab&#x00ED;a quedado en torno a los tres a&#x00F1;os a favor de las mujeres (36 y 39 a&#x00F1;os, respectivamente). En 1900/1910, ambos sexos ten&#x00ED;an una mayor esperanza de vida (44,8 y 48,3), y las mujeres viv&#x00ED;an tres a&#x00F1;os y medio m&#x00E1;s. En aquella &#x00E9;poca, mejoraron las condiciones de higiene en los partos. Para el a&#x00F1;o 1950, la brecha se hab&#x00ED;a ampliado ligeramente, a cuatro a&#x00F1;os de diferencia, con una mayor esperanza de vida de las mujeres. Despu&#x00E9;s, durante la &#x00E9;poca de la reconstrucci&#x00F3;n de Alemania, mejor&#x00F3; con m&#x00E1;s rapidez: en 1960 la diferencia de esperanza de vida entre hombres y mujeres era de 5,5 a&#x00F1;os y, a partir de 1970, se elev&#x00F3; a 6,5 a&#x00F1;os. Continu&#x00F3; creciendo lentamente hasta 1985, llegando a 6,7 a&#x00F1;os, y en 2002 la ventaja de las mujeres se redujo a 5,7 a&#x00F1;os, siendo actualmente de 5 a&#x00F1;os (Weiland, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2006</xref>, pp. C874-C879). La tendencia existente desde 1850 de una mayor esperanza de vida de las mujeres respecto a la de los hombres est&#x00E1; revirtiendo desde mediados de la d&#x00E9;cada de 1980. Esto podr&#x00ED;a deberse al esfuerzo por conseguir la igualdad en las condiciones de vida de hombres y mujeres.  </p>
		
		<fig id="T1">
					<label>Tabla I</label>
					<caption>
					<title>Esperanza de vida al nacer de hombres y mujeres en Alemania (1850-2010)<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref></title>
					</caption>
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				</fig>
		
		<p><bold>Quinto: Este desarrollo hist&#x00F3;rico se debe a diversos factores.</bold></p>
		
		<p>Desde el punto de vista de la historia de la salud, la industrializaci&#x00F3;n benefici&#x00F3; menos a los hombres que a las mujeres en lo relativo a la esperanza de vida. El ritmo de los cambios muestra que durante los per&#x00ED;odos de la primera y la segunda Revoluci&#x00F3;n Industrial, as&#x00ED; como el cuarto de siglo que sigui&#x00F3; a la reconstrucci&#x00F3;n de Alemania tras 1945, los hombres se vieron mucho m&#x00E1;s afectados que las mujeres. </p>
		
		<p>De acuerdo con esto podemos afirmar que durante la segunda Revoluci&#x00F3;n Industrial el riesgo profesional espec&#x00ED;fica de cada g&#x00E9;nero, a menudo inevitable, fue un factor perjudicial para la salud mucho m&#x00E1;s influyente para los hombres que su supuesta predisposici&#x00F3;n «t&#x00ED;picamente masculina» de exponerse voluntariamente a los peligros. Los trabajadores poco cualificados que migraban de zonas rurales ten&#x00ED;an entonces tan poca libertad de decisi&#x00F3;n como la tienen en la actualidad. El concepto de «masculinidad tradicional» encubre los importantes cambios a lo largo de la historia, as&#x00ED; como las enormes desigualdades entre, por ejemplo, los hombres que reciben una mejor educaci&#x00F3;n y los que no. Asimismo, dentro del conjunto de exposiciones perjudiciales para la salud, algunos factores individuales son m&#x00E1;s significativos en unos per&#x00ED;odos hist&#x00F3;ricos que en otros. Los sistemas pol&#x00ED;ticos tambi&#x00E9;n influyeron en esto, y no s&#x00F3;lo durante la &#x00E9;poca nazi. Para ambos sexos, la esperanza de vida en la Rep&#x00FA;blica Democr&#x00E1;tica Alemana era inferior a la de la Rep&#x00FA;blica Federal Alemana. Sin embargo, en los primeros siete a&#x00F1;os tras la reunificaci&#x00F3;n, la esperanza de vida en la Rep&#x00FA;blica Democr&#x00E1;tica Alemana se ajust&#x00F3; casi totalmente a los niveles de Alemania Occidental, para las mujeres algo m&#x00E1;s r&#x00E1;pidamente que para los hombres. Esta diferencia de ritmo sugiere que, m&#x00E1;s all&#x00E1; de la mera «masculinidad tradicional», hubo una serie de factores que fueron responsables de estos cambios. Esto se confirma cuando analizamos las subidas y bajadas en la esperanza de vida, ya que est&#x00E1;n relacionadas con edades totalmente diferentes. Antes de la I Guerra Mundial, la mortalidad infantil se redujo mucho y de manera definitiva. Despu&#x00E9;s de la guerra, la mortalidad de la gente joven disminuy&#x00F3;. Finalmente, despu&#x00E9;s de la II Guerra Mundial la poblaci&#x00F3;n empez&#x00F3; a vivir cada vez m&#x00E1;s a&#x00F1;os, hasta llegar en grandes cohortes a edades avanzadas. Como las epidemias han desaparecido en Alemania casi por completo, en la actualidad la mortalidad se debe principalmente a enfermedades cardiovasculares y degenerativas.  </p>
		
		<p><bold>Sexto: La vida profesional y el mundo del trabajo han cambiado considerablemente los recursos y los riesgos para la salud a lo largo de las cinco &#x00FA;ltimas generaciones.</bold></p>
		
		<p>Desde la d&#x00E9;cada de 1980, se aprecia una diferencia decreciente en la esperanza de vida de hombres y mujeres, lo cual sugiere que debemos analizar m&#x00E1;s de cerca los cambios en las condiciones laborales. Este an&#x00E1;lisis puede hacerse considerando per&#x00ED;odos de unos 33 a&#x00F1;os por generaci&#x00F3;n, empezando con la construcci&#x00F3;n del primer ferrocarril en Alemania (1835). Durante la primera generaci&#x00F3;n, el trabajo sigui&#x00F3; siendo predominantemente rural, aunque ya hab&#x00ED;a comenzado la migraci&#x00F3;n a las ciudades y las condiciones laborales de la era industrial. La actividad aument&#x00F3; tremendamente durante la Segunda Industrializaci&#x00F3;n, y una gran cantidad de mano de obra masculina se incorpor&#x00F3; a puestos de trabajo que eran perjudiciales para la salud. Adem&#x00E1;s, debido al desarraigo por la migraci&#x00F3;n, sus condiciones de vida se hicieron precarias. El trabajo de las mujeres sigui&#x00F3; desarroll&#x00E1;ndose principalmente en el hogar, lo que implicaba una mejor nutrici&#x00F3;n y mejores condiciones de vida en general. Tan s&#x00F3;lo un peque&#x00F1;o n&#x00FA;mero de mujeres trabajaron en la industria y tambi&#x00E9;n se vieron expuestas a considerables riesgos para la salud. La mayor&#x00ED;a de las mujeres trabajadoras sol&#x00ED;an acabar cas&#x00E1;ndose y dejando sus empleos en las f&#x00E1;bricas tras unos ocho a&#x00F1;os de trabajo por t&#x00E9;rmino medio, y raramente volv&#x00ED;an a trabajar. Para los hombres la vida laboral consist&#x00ED;a en un trabajo fuera del hogar a tiempo completo, y para toda la vida. Entretanto, para las mujeres este tipo de empleos normalmente se limitaba, en ocasiones en contra de su voluntad, a la &#x00E9;poca previa al matrimonio, debido a convenciones sociales o incluso a prohibiciones laborales. La proporci&#x00F3;n de mujeres empleadas se mantuvo extremadamente estable a largo plazo. Pese a peque&#x00F1;as fluctuaciones a corto plazo, ascend&#x00ED;a a exactamente el 36% en los a&#x00F1;os de las muestras analizadas (1882; 1907; 1925; 1939; 1950 y 1972). </p>
		
		<p>El trabajo que sol&#x00ED;an desempe&#x00F1;ar los hombres presentaba mayores riesgos para la salud<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>. En t&#x00E9;rminos generales, la separaci&#x00F3;n imperante entre el desempe&#x00F1;o de trabajos m&#x00E1;s peligrosos por hombres y el desempe&#x00F1;o de trabajos sedentarios, de escritura y de tipo administrativo, por hombres y mujeres, se extiende hasta el segundo tercio del siglo XX. Despu&#x00E9;s, la dicotom&#x00ED;a se agrava a&#x00FA;n m&#x00E1;s y el riesgo de mortalidad masculina aumenta debido al servicio militar obligatorio durante las dos guerras mundiales, que a menudo duraba varios a&#x00F1;os. Los riesgos para la salud de los hombres a largo plazo tambi&#x00E9;n eran ligeramente superiores debido a la guerra, y a que eran tomados como prisioneros. Tras el per&#x00ED;odo de reconstrucci&#x00F3;n que sucedi&#x00F3; a la II Guerra Mundial, la &#x00FA;ltima generaci&#x00F3;n del siglo XX redujo relativamente el trabajo f&#x00ED;sico duro debido a los progresos t&#x00E9;cnicos y al traslado de los procesos de producci&#x00F3;n b&#x00E1;sicos a otros pa&#x00ED;ses, lo que condujo a la correspondiente reducci&#x00F3;n de los riesgos para la salud en Alemania.  </p>
		
		<p>Pese a los r&#x00E1;pidos cambios que suceden en torno a 1970, las mujeres siguieron trabajando a tiempo parcial en mayor medida que los hombres. Casi el 94% de los hombres empleados en 2004 ten&#x00ED;an un trabajo a tiempo completo, frente a s&#x00F3;lo el 57,9% de las mujeres. El 85,4% de todos los contratos a tiempo parcial los realizaban mujeres. Esta proporci&#x00F3;n sigue en aumento<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>. Adem&#x00E1;s, el 10% de los hombres hac&#x00ED;a horas extras, frente al 5% de las mujeres. Las horas extras realizadas durante cierto tiempo contribuyen a aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares (Siegrist, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2010</xref>, p. 79). </p>
		
		<p>Habr&#x00ED;a que distinguir importantes diferencias dentro de este esbozo general de los cambios, teniendo en cuenta las diferentes regiones y etapas de la vida. No obstante, demuestra que el trabajo y la vida profesional cambiaron de manera significativa, pero conservaron unas importantes constantes generales propias de cada g&#x00E9;nero.  </p>
		
		<p>Los riesgos para la salud derivados de puestos de trabajo peligrosos siempre son m&#x00E1;s aplicables a los hombres durante la totalidad de su vida laboral. El hecho de que el porcentaje de mujeres que desempe&#x00F1;aban trabajos de oficina creciera r&#x00E1;pidamente desde la &#x00E9;poca de la Rep&#x00FA;blica de Weimar no present&#x00F3; ninguna desventaja sobre la salud de las mujeres (Weigl, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2011</xref>, p. 132).  </p>
		
		<p>No obstante, el trabajo tambi&#x00E9;n puede ser un recurso para la salud (Hoffmann, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2007</xref>, pp. 241-256). En algunos relatos personales, los hombres mencionan a sus compa&#x00F1;eros de trabajo como importantes asesores en cuestiones de salud. Posiblemente este tipo de redes sea menos relevante para las mujeres porque ellas tienden a contar con redes sociales m&#x00E1;s amplias. En cualquier caso, fue a partir de 1850 cuando el trabajo cobr&#x00F3; mayor importancia para su comportamiento, el de los hombres, en relaci&#x00F3;n a la salud, coincidiendo con un creciente alejamiento del hogar. Sin embargo, no sabemos en detalle c&#x00F3;mo afect&#x00F3; a la salud de los hombres, dado que el desempleo tambi&#x00E9;n implicaba un riesgo para la salud en aquellos hombres que depend&#x00ED;an de un trabajo a tiempo completo. El paradigma masculino asociado al trabajo industrializado a jornada completa dificulta el cambio hacia una actitud m&#x00E1;s saludable. Pese a todo, la jornada completa sigue siendo el indicador principal en la vida profesional de los hombres. Se considera que el empleo a tiempo parcial que desempe&#x00F1;an casi exclusivamente las mujeres es m&#x00E1;s saludable porque proporciona mayor autonom&#x00ED;a y satisfacci&#x00F3;n personal. No debe sorprender que las madres con un trabajo a tiempo parcial est&#x00E9;n mucho m&#x00E1;s sanas que las que s&#x00F3;lo son amas de casa (Resch, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2002</xref>, p. 405). Muchos problemas de salud de los hombres tienen que ver con su vida laboral, resultado de la «modernizaci&#x00F3;n» del trabajo durante los &#x00FA;ltimos 150 a&#x00F1;os. </p>
		
		<p><bold>S&#x00E9;ptimo: Existe, a lo largo de la vida, una relaci&#x00F3;n variable entre la masculinidad y el comportamiento de riesgo que tambi&#x00E9;n afecta a la salud de los hombres de diversas maneras.</bold></p>
		
		<p>La actitud de los hombres hacia la salud var&#x00ED;a considerablemente en cada etapa de su vida. Entre la pubertad y la formaci&#x00F3;n de una pareja para casarse, se observan con mayor frecuencia comportamientos perjudiciales para la salud que en la edad adulta. Por otra parte, para algunos hombres los comportamientos de riesgo pueden continuar formando parte de su vida adulta. El entusiasmo de los hombres j&#x00F3;venes por los deportes de riesgo es tan t&#x00ED;pico en esta etapa de la vida como la conducci&#x00F3;n peligrosa tras el consumo de alcohol.  </p>
		
		<p>Hist&#x00F3;ricamente, este comportamiento de riesgo (post)adolescente da lugar a consecuencias muy diversas. Los accidentes de coche mortales empezaron a tener devastadoras tasas de mortalidad entre los hombres j&#x00F3;venes con el inicio de la motorizaci&#x00F3;n masiva, en la d&#x00E9;cada de 1960. La reducci&#x00F3;n en muertes masculinas en la carretera desde 1980 no se debe tanto a un cambio en la «masculinidad tradicional» sino a las vallas protectoras y a la mejora de los servicios de emergencia. Esto ha elevado la esperanza de vida de los hombres en casi medio a&#x00F1;o.  </p>
		
		<p>Por otro lado, los «juegos peligrosos y competitivos de la masculinidad» son, en gran medida, previsibles y socialmente aceptados. A los hombres j&#x00F3;venes se les sigue elogiando si muestran bravura en situaciones de peligro y cuando resisten al dolor, porque esta actitud les hace aptos para muchos trabajos y tareas sociales como, por ejemplo, el ej&#x00E9;rcito. Puede que esta fuera la verdadera raz&#x00F3;n por la que se criaba a los ni&#x00F1;os para que se hicieran «duros», especialmente entre los a&#x00F1;os 1880 y 1960.  </p>
		
		<p>No obstante, muchos hombres relatan que trataron de protegerse de peligros en los puestos de trabajo industriales o durante la guerra, teniendo mucho cuidado o evitando tomar riesgos (Bourke, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1996</xref>). Por lo tanto, aparte del comportamiento adquirido con el que se les cri&#x00F3; y de que se les impusiera la obligaci&#x00F3;n de ser arriesgados, los hombres a menudo tambi&#x00E9;n mostraron las tendencias opuestas. Los discursos de salud que se basan en evitar riesgos tienen que lidiar con la proyecci&#x00F3;n social de una imagen determinada de la masculinidad, sobre todo durante la adolescencia (Dinges, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2011a</xref>). Sin embargo, el desarrollo hist&#x00F3;rico en el mundo laboral que hemos descrito demuestra que cada vez se exige menos de los hombres esa temeraria disposici&#x00F3;n de tomar riesgos. Parad&#x00F3;jicamente, esto podr&#x00ED;a motivar a los hombres j&#x00F3;venes a buscar desaf&#x00ED;os y a obtener el reconocimiento simb&#x00F3;lico, de una «masculinidad tradicional» que empieza a perder su relevancia de hecho, en el culturismo, el sexo y el alcohol.  </p>
		
		<p>Los discursos m&#x00E9;dicos que pretendan evitar los riesgos criticando los comportamientos perjudiciales para la salud de los j&#x00F3;venes deber&#x00ED;an tener en cuenta las razones hist&#x00F3;ricas que hay detr&#x00E1;s de esa educaci&#x00F3;n encaminada hacia la dureza y la reciedumbre, as&#x00ED; como los recientes cambios en el mundo del trabajo.  </p>
		
		<p><bold>Octavo: Los marcadores de g&#x00E9;nero y la evaluaci&#x00F3;n m&#x00E9;dica de ciertos comportamientos de alto riesgo han cambiado considerablemente a lo largo de la historia.</bold></p>
		
		<p>En la imagen de la «masculinidad tradicional» y en el actual discurso de la salud masculina, la idea de hombr&#x00ED;a se asocia estrechamente a comportamientos que son perjudiciales para la salud. Sin embargo, el ejemplo del tabaco revela que la pr&#x00E1;ctica de fumar y su significado han cambiado mucho a lo largo de la historia. </p>
		
		<p>En el siglo XIX fumar se consideraba una pr&#x00E1;ctica restringida casi exclusivamente a los hombres, con la excepci&#x00F3;n de algunas mujeres, como las prostitutas y las artistas. A partir del a&#x00F1;o 1900, aproximadamente, las mujeres empezaron a ser el blanco de los anuncios de cigarrillos. Se hac&#x00ED;an continuas alusiones a la emancipaci&#x00F3;n, que acabaron personific&#x00E1;ndose socialmente en la figura de la «nueva mujer» de la Rep&#x00FA;blica de Weimar. S&#x00F3;lo a partir de la d&#x00E9;cada de 1960 las mujeres fumadoras fueron aceptadas en p&#x00FA;blico casi sin restricciones, as&#x00ED; como las mujeres que tomaban bebidas alcoh&#x00F3;licas fuertes. Este cambio fue sucediendo a lo largo de varias generaciones, y parece ser el motivo por el que fumar todav&#x00ED;a se considera un signo de la emancipaci&#x00F3;n de las mujeres en los espacios p&#x00FA;blicos. Esta idea la comparten tanto historiadoras feministas como la industria del tabaco. El concepto de emancipaci&#x00F3;n podr&#x00ED;a explicar todav&#x00ED;a por qu&#x00E9; fuman tantas chicas j&#x00F3;venes<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>.  </p>
		
		<p>Hist&#x00F3;ricamente, la masculinidad y el tabaco siempre han estado relacionados. Para muchos chicos el primer cigarrillo simboliza la entrada en la vida adulta; es casi como un rito de iniciaci&#x00F3;n. En consecuencia, fumaban, y a&#x00FA;n a d&#x00ED;a de hoy fuman, muchos m&#x00E1;s hombres que mujeres, lo que contribuye a una mayor mortalidad masculina por el consumo de tabaco. Sin embargo, en el discurso p&#x00FA;blico el v&#x00ED;nculo entre el rol de g&#x00E9;nero masculino y el comportamiento perjudicial para la salud no est&#x00E1; tan claro.  </p>
		
		<p>Es anacr&#x00F3;nico el argumento de que, antes de comenzar a fumar, los hombres «siempre» se hab&#x00ED;an comportado de modo que perjudicaban su salud. Puede que esto sea objetivamente cierto en el a&#x00F1;o 2013, pero subjetivamente tanto los hombres como las mujeres no sol&#x00ED;an estar bien informados sobre los efectos del tabaco. En Alemania, la cr&#x00ED;tica de que fumar es cancer&#x00ED;geno y malo para la salud apareci&#x00F3; y lleg&#x00F3; a un p&#x00FA;blico general en la d&#x00E9;cada de 1920 (Dinges, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2012</xref>, p. 136). El gobierno nazi realiz&#x00F3; una serie de campa&#x00F1;as antitabaco. Aunque la profesi&#x00F3;n m&#x00E9;dica pudo haber advertido sobre los riesgos de fumar a lo largo de las d&#x00E9;cadas siguientes, hasta los a&#x00F1;os sesenta se subestimaron los peligros del tabaco. Con la ayuda de los anuncios de la industria tabacalera, el tabaco goz&#x00F3; de una imagen positiva en la sociedad y fue ampliamente aceptado hasta los a&#x00F1;os noventa. Teniendo en cuenta estos mensajes contradictorios, el tabaco no puede considerarse un «comportamiento de riesgo t&#x00ED;picamente masculino», ya que el riesgo no se hizo evidente hasta hace poco. Anteriormente, la gente era mucho menos consciente de los peligros del tabaco que en la actualidad<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>.  </p>
		
		<p><bold>Noveno: Es un mito que los hombres guarden silencio en asuntos de salud.</bold></p>
		
		<p>La moderna investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica participa de la idea de que los hombres no hablan lo suficiente sobre sus problemas de salud y que, cuando lo hacen, ya es demasiado tarde, y que no consultan con un experto m&#x00E9;dico competente cuando debieran hacerlo. Se dice que en relaci&#x00F3;n a sus parejas, o bien se quejan sobre la m&#x00E1;s m&#x00ED;nima dolencia o bien se guardan para s&#x00ED; los problemas m&#x00E1;s graves. </p>
		
		<p>Sin embargo, la investigaci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica halla gran cantidad de evidencia en cartas, diarios y autobiograf&#x00ED;as de que a los hombres les gustaba expresar sus pensamientos sobre asuntos relacionados con la salud y la enfermedad en muchas y variadas situaciones. Aparte de hablar de sus dolencias en pareja, en el siglo XIX las reuniones sociales mixtas eran la ocasi&#x00F3;n preferida para sacar a la luz los problemas de salud, como puede verse en informes y cartas de la &#x00E9;poca (Dinges, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2002</xref>, pp. 25f.). Asimismo, la correspondencia entre parejas casadas y prometidas a menudo contiene referencias a cuestiones de salud. Las parejas incluso desarrollan roles de g&#x00E9;nero, aconsej&#x00E1;ndose mutuamente sobre estos temas. Aunque es m&#x00E1;s frecuente que las mujeres adopten este rol en una relaci&#x00F3;n, los hombres tambi&#x00E9;n son bastante activos como consultores de salud, en calidad de parejas, padres y hermanos (Schweig, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2007</xref>, pp. 211-226). Algo similar sucede con los amigos.  </p>
		
		<p>Las autobiograf&#x00ED;as escritas por hombres tambi&#x00E9;n contienen referencias a asuntos de salud, tanto en la escrita por el sencillo mercenario de la Guerra de los Treinta A&#x00F1;os como en la m&#x00E1;s popular autobiograf&#x00ED;a del siglo XX. Si se analizan m&#x00E1;s de cerca estas fuentes se descubre que los hombres de todas las clases sociales sab&#x00ED;an de la existencia de los recursos de salud y hac&#x00ED;an uso de ellos. Por s&#x00F3;lo aludir a unos cuantos ejemplos de los siglos XIX y XX, ya fueran trabajadores o emprendedores, prisioneros pol&#x00ED;ticos o combatientes, todos presentaban comportamientos muy similares para promover y proteger la salud, pese a que los medios econ&#x00F3;micos disponibles estaban distribuidos de forma desigual.  </p>
		
		<p>Estos documentos hist&#x00F3;ricos sit&#x00FA;an las estad&#x00ED;sticas actuales en otra perspectiva. Ya no se puede decir sin m&#x00E1;s que la actitud de los hombres hacia su salud sea descuidada en general y est&#x00E9; basada en una relaci&#x00F3;n de negligencia hacia sus cuerpos. Tiene mucho m&#x00E1;s sentido emplear la evidencia hist&#x00F3;rica como base para la investigaci&#x00F3;n en contextos y situaciones en las que los hombres s&#x00ED; se han preocupado por su salud.  </p>
		
		<p><bold>D&#x00E9;cimo: Los hombres sol&#x00ED;an hacer un uso distinto de los servicios m&#x00E9;dicos.</bold></p>
		
		<p>El hecho de que los hombres se muestren reacios a hacer uso de los servicios m&#x00E9;dicos en oferta se asocia cr&#x00ED;ticamente con la «masculinidad tradicional» , que proh&#x00ED;be buscar ayuda a los hombres. Hasta 1995 el 60% de todos los pacientes en las consultas m&#x00E9;dicas en Alemania eran mujeres. A&#x00FA;n teniendo en cuenta la proporci&#x00F3;n ligeramente mayor de mujeres en el total de la poblaci&#x00F3;n, la diferencia de uso sigue siendo del 16,8%. Si a esto le restamos las actuales «necesidades ginecol&#x00F3;gicas», consecuencia de la medicalizaci&#x00F3;n de los &#x00FA;ltimos 150 a&#x00F1;os, seguimos teniendo una diferencia del 12,2% para la que no hay explicaci&#x00F3;n.  </p>
		
		<p>La tasa del 60% de mujeres frente al 40% de hombres no demuestra antropol&#x00F3;gicamente que los hombres tengan menos voluntad de buscar ayuda, porque la presencia de los hombres en las consultas de los m&#x00E9;dicos ha variado a lo largo de los &#x00FA;ltimos siglos. Entre 1800 y 1850-1860 a veces hab&#x00ED;a m&#x00E1;s mujeres y a veces hab&#x00ED;a m&#x00E1;s hombres. Sin embargo, antes de 1800, predominaban los pacientes masculinos en las consultas m&#x00E9;dicas. El hecho decisivo que hizo que la mayor&#x00ED;a de los pacientes fuesen mujeres tuvo lugar a mediados del siglo XIX. Desde entonces, la cifra del 60% (en 2008/11: 58%) se ha mantenido asombrosamente constante pese a los avances habidos en el campo de la medicina<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref>. Estos cambios, acontecidos en la primera mitad del siglo XIX, tuvieron en parte que ver con la supuesta mejor&#x00ED;a de los servicios m&#x00E9;dicos relacionados con el parto. Esto condujo a una mayor afluencia de mujeres a las consultas de los m&#x00E9;dicos; consultas que, a su vez, sol&#x00ED;an acabar derivando a la paciente a otros especialistas. Las mujeres aprendieron as&#x00ED; un nuevo <italic>habitus</italic> de salud seg&#x00FA;n el cual acud&#x00ED;an a los especialistas en mayor medida que los hombres (Dinges, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2007a</xref>, pp. 293-320).  </p>
		
		<p>Lo significativo de todo esto es la transformaci&#x00F3;n que tuvo lugar. No se puede interpretar el cambio hist&#x00F3;rico en el sentido de que los hombres buscaban ayuda m&#x00E9;dica cada vez menos o s&#x00F3;lo en algunas ocasiones. M&#x00E1;s bien eran las mujeres quienes hac&#x00ED;an un uso cada vez mayor de la asistencia m&#x00E9;dica desde la d&#x00E9;cada de 1860. Esto se deb&#x00ED;a, en principio, a sus particulares necesidades de salud y a los servicios que se les ofrec&#x00ED;a. El que esto tuviera o no una influencia positiva en su comportamiento general en relaci&#x00F3;n a la salud es otro asunto. El desarrollo hist&#x00F3;rico es el resultado de una relaci&#x00F3;n m&#x00E1;s reciente entre las mujeres y los m&#x00E9;dicos que ha ido en aumento a lo largo de la historia. Esta relaci&#x00F3;n tiene tan poco que ver con la «feminidad esencial» como la relaci&#x00F3;n entre el comportamiento masculino y una «masculinidad» atemporal. De esto se deduce el siguiente aserto. </p>
		
		<p><bold>Und&#x00E9;cimo: La toma de medicamentos por parte de mujeres es el resultado de un proceso hist&#x00F3;rico y no puede convertirse en un modelo para los hombres.</bold></p>
		
		<p>Es un hecho ampliamente conocido que las mujeres toman m&#x00E1;s medicinas que los hombres. En la literatura encontramos dudas respecto a si este consumo es, o no, aconsejable desde el punto de vista m&#x00E9;dico. La toma de medicamentos se ve fuertemente determinado por los m&#x00E9;dicos, sobre todo en el caso de medicamentos psicotr&#x00F3;picos disponibles s&#x00F3;lo bajo receta. Por lo tanto, se puede afirmar que la toma de medicamentos por parte de las mujeres es un ejemplo m&#x00E1;s de su medicalizaci&#x00F3;n, que consultan con mayor frecuencia a los m&#x00E9;dicos, quienes, a su vez, tienden a diagnosticarles en mayor medida des&#x00F3;rdenes mentales.  </p>
		
		<p>Esto queda confirmado por las conclusiones de estudios hist&#x00F3;ricos. La reciente investigaci&#x00F3;n sobre el consumo de medicamentos seg&#x00FA;n el g&#x00E9;nero muestra que, en los siglos XVIII y XIX, en Alemania y los EE.UU. los hombres consum&#x00ED;an m&#x00E1;s medicamentos que las mujeres. Durante el siglo XVIII, en N&#x00FA;remberg el consumo de los hombres triplicaba al de las mujeres (Blessing, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2011</xref>, p. 86). De nuevo, el punto de inflexi&#x00F3;n es la d&#x00E9;cada de 1850. Desde ese momento el consumo de medicamentos por parte de las mujeres es cada vez mayor (Hoffmann, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2013</xref>). De esto se deduce que las actitudes propias de cada g&#x00E9;nero hacia el consumo de medicamentos no est&#x00E1;n relacionadas con una «masculinidad» o «feminidad» inherente o esencial. Son el resultado, por un lado, de los discursos m&#x00E9;dicos y antropol&#x00F3;gicos y, por otro, de la oferta m&#x00E9;dica, que han ido moldeando a lo largo de la historia los comportamientos de hombres y mujeres.  </p>
		
		<p>Este ejemplo genera una reflexi&#x00F3;n cr&#x00ED;tica acerca del «discurso del d&#x00E9;ficit» del comportamiento de los hombres hacia su salud. Puede que los hombres recurran menos a tomar medicamentos porque son menos sensibles al dolor. Con respecto al consumo de medicamentos, esto no es necesariamente una actitud negativa<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref>. M&#x00E1;s problem&#x00E1;tico es el discurso parcial sobre la salud que siempre etiqueta el comportamiento de las mujeres como positivo. En este caso, por ejemplo, se tratar&#x00ED;a de una «percepci&#x00F3;n m&#x00E1;s diferenciada de los s&#x00ED;ntomas». </p>
		
		<p>En cualquier caso, puede que la evidencia m&#x00E9;dica sugiera que hacer un uso m&#x00E1;s frecuente de los servicios sanitarios no es necesariamente lo mejor para la salud de los hombres. Esto quiere decir que la manera de recurrir a la medicina por parte de los hombres deber&#x00ED;a verse de un modo diferenciado, m&#x00E1;s que de un modo exclusivamente negativo.  </p>
		
		<p><bold>Duod&#x00E9;cimo: La historia de la salud masculina proporciona una visi&#x00F3;n m&#x00E1;s distanciada, y por lo tanto m&#x00E1;s amplia y contrastada, acerca de la salud de los hombres, que la que adoptan las ciencias de la salud, que se centran principalmente en el presente inmediato.</bold></p>
		
		<p>La investigaci&#x00F3;n en salud estudia los comportamientos actuales en relaci&#x00F3;n a la salud y los problemas asociados a estas conductas. Con frecuencia tienen una fuerte vertiente de g&#x00E9;nero, como por ejemplo respecto al uso de los servicios m&#x00E9;dicos, bien sea con fines diagn&#x00F3;sticos o terap&#x00E9;uticos. El comportamiento de los pacientes, los diagn&#x00F3;sticos, la investigaci&#x00F3;n, los discursos sobre la medicalizaci&#x00F3;n y los servicios m&#x00E9;dicos son factores que pueden contribuir a la creaci&#x00F3;n de estereotipos de g&#x00E9;nero que se asumen precipitadamente como si fuesen naturales o «genuinamente» masculinos.  </p>
		
		<p>Debido a la distancia respecto a la situaci&#x00F3;n presente, los estudios hist&#x00F3;ricos permiten una mejor comprensi&#x00F3;n de las constelaciones de g&#x00E9;nero, que sol&#x00ED;an ser muy distintas en el pasado. En lugar de insistir, como hace Hollstein, en una «masculinidad esencial» que supuestamente conduce a comportamientos perjudiciales, el enfoque hist&#x00F3;rico abre de manera heur&#x00ED;stica perspectivas mucho m&#x00E1;s interesantes, como por ejemplo la distinci&#x00F3;n entre generaciones de hombres y entre diferentes edades de la vida (Dinges, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2013</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2011a</xref>). El estudio hist&#x00F3;rico defiende, junto con las ciencias de la salud, una diferenciaci&#x00F3;n dentro de la comunidad «masculina» que tenga en cuenta las situaciones econ&#x00F3;micas y sociales y las diferentes etapas de la vida, y que se emplee el g&#x00E9;nero como una categor&#x00ED;a relacional. Siempre deber&#x00ED;amos tratar de dar una explicaci&#x00F3;n al comportamiento de los hombres o de las mujeres dentro de un contexto concreto, como puede ser un mercado m&#x00E9;dico determinado. Finalmente, una perspectiva hist&#x00F3;rica nos permite comprender mejor los condicionantes y las consecuencias de la medicalizaci&#x00F3;n, que no deber&#x00ED;an subestimarse.</p>


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	<title>NOTAS</title>
	
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			<fn id="NOTE01"><label>1</label><p>Statistisches Bundesamt, Periodensterbetafeln f&#x00FC;r Deutschland. Allgemeine und abgek&#x00FC;rzte Sterbetafeln 1871/1881 bis 2004/2006, publicado el 28. 3. 2008, Wiesbaden 2008, 401–414 para todos datos desde 1870. Datos para 1850 seg&#x00FA;n Imhof, Arthur E. (1990), Lebenserwartungen in Deutschland vom 17. bis 19. Jahrhundert, Weinheim, VCH acta humaniora, 462 f. (Perioden); para 2009/2011. V&#x00E9;ase: https://www.destatis.de/DE/ZahlenFakten/GesellschaftStaat/Bevoelkerung/Sterbefaelle/Tabellen/LebenserwartungDeutschland.html [consultado el 12/7/2013].</p></fn>
			<fn id="NOTE02"><label>2</label><p>Para una reflexi&#x00F3;n acerca del reconocimiento m&#x00E1;s tard&#x00ED;o de las enfermedades profesionales en las mujeres, v&#x00E9;ase: Lengwiler, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2007</xref>, pp. 257-274.</p></fn>
			<fn id="NOTE03"><label>3</label><p>En el mes de marzo de 2004, de un total de 7,17 millones de contratos a tiempo parcial, 6,13 millones correspond&#x00ED;an a mujeres. En ese mismo a&#x00F1;o, 93,8% de los hombres (97,1 % en 1991) trabajaban a jornada completa, mientras que solo lo hac&#x00ED;an un 57,9% (69,8 % en 1991) de las mujeres. Statistisches Bundesamt, <italic>Leben und Arbeiten in Deutschland, Ergebnisse des Mikrozensus</italic> 2004, Tabellenanhang, Tab. Nr. 21. Teilzeitbeschäftigung von Frauen: 1991: 1,8 Mio; 2004: 6,1 Mio (Marzo 2004; p. 44).  </p>
		
		<p>El informe de 2004 demuestra tambi&#x00E9;n que los hombres hacen el doble de horas extras que las mujeres: 10% en lugar de 5%; p. 47 Statistisches Bundesamt, <italic>Datenreport 2006</italic>: 42,3% ratio de mujeres en todas personas con empleo; 52,2% de las mujeres casadas tienen empleo (datos para 2004). Esta tendencia de la feminizaci&#x00F3;n del empleo a tiempo parcial contin&#x00FA;a en el mismo sentido, como lo demuestra el reciente informe: Keller, Matthias; Haustein, Thomas (2012), „Vereinbarkeit von Familie und Beruf. Ergebnisse des Mikrozensus 2011“, <italic>Wirtschaft und Statistik,</italic> Dezember, pp. 1079-1099, 1093. https://www.destatis.de/DE/Publikationen/WirtschaftStatistik/WirtschaftStatistik_Aufsatz.html;jsessionid=827D11D9E80004BD2718C712E2A9972F.cae1 [consultado el 12/7/2013].</p></fn>
			<fn id="NOTE04"><label>4</label><p>La esperanza de vida al nacer de los hombres ha aumentado una vez y media m&#x00E1;s que la de las mujeres (0.35 al lugar de 0.23 a&#x00F1;os) durante los &#x00FA;ltimos 20 a&#x00F1;os debido a la disminuci&#x00F3;n de las enfermedades respiratorias, Weiland, pp. C.875y ss., 878.</p></fn>
			<fn id="NOTE05"><label>5</label><p>Gracias a las manipulaciones de la industria del tabaco.</p></fn>
			<fn id="NOTE06"><label>6</label><p>Rattay, P.; Butschalowsky, H. et al. (2013), Inanspruchnahme der ambulanten und stationären medizinischen Versorgung in Deutschland. Ergebnisse der Studie zur Gesundheit Erwachsener in Deutschland (DEGS1), 56, <italic>Bundesgesundheitsblatt</italic>, pp. 832-844, 835.</p></fn>
			<fn id="NOTE07"><label>7</label><p>El mayor consumo de bebidas alcoh&#x00F3;licas entre los hombres podr&#x00ED;a ser el equivalente funcional del consumo de medicamentos psicotr&#x00F3;picos s entre las mujeres.</p></fn>
			
		
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