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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2014.13</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/asclepio.2014.13</article-id>
			 
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				<subject>TEXTOS / TEXTS</subject>
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				<article-title>El ensayo <italic>Ars Medica</italic> de John Locke, y la influencia de sus ideas m&#x00E9;dicas sobre la filosof&#x00ED;a empirista</article-title>
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				<trans-title>The John Locke’s <italic>Ars Medica</italic> essay, and the influence of his medical ideas on the empirical philosophy</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">ARS MEDICA</alt-title>
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				 <surname>S&#x00E1;nchez Gonz&#x00E1;lez</surname>
				 <given-names>Miguel &#x00C1;ngel</given-names>
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			  <aff id="U1">Unidad de Historia de la Medicina. Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid.</aff>
				
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			<pub-date pub-type="epub">		<!-- NEW!! -->
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				<year>2014</year>
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			<volume>66</volume>
			<issue>1</issue>
			
			<elocation-id content-type="doi">10.3989/asclepio.2014.13</elocation-id>

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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
			<title>RESUMEN</title>
			<p>Se presenta, analiza y traduce por primera vez al castellano, el ensayo <italic>Ars Medica</italic> escrito por John Locke en 1669. Este ensayo muestra los problemas m&#x00E9;dicos que dieron origen al conjunto de la filosof&#x00ED;a de Locke; y ofrece claves esenciales para comprender los motivos, las metas y los rasgos de la teor&#x00ED;a del conocimiento empirista. Ideas originariamente m&#x00E9;dicas que tuvieron una repercusi&#x00F3;n directa en la obra posterior de Locke fueron: 1) Confianza en la perfectibilidad de la ciencia y elucidaci&#x00F3;n del papel que la reflexi&#x00F3;n filos&#x00F3;fica pod&#x00ED;a desempe&#x00F1;ar en ello. 2) Rechazo del conocimiento deducido de principios, hip&#x00F3;tesis o m&#x00E1;ximas. 3) El m&#x00E9;todo «hist&#x00F3;rico simple» para edificar el conocimiento; que intentaba registrar los hechos descriptivamente, renunciando al estudio de las causas &#x00FA;ltimas. 4) Una clasificaci&#x00F3;n tripartita de las ciencias que instaura la semi&#x00F3;tica, ciencia m&#x00E9;dica por antonomasia, y la define como un mero conocimiento de los signos de las cosas, que no pretende discernir las esencias ni las sustancias. Locke, en su epistemolog&#x00ED;a, generaliza para todo el conocimiento cient&#x00ED;fico la teor&#x00ED;a m&#x00E9;dica de los signos de las enfermedades. Convierte todo conocimiento posible se en mero saber descriptivo de signos. Y atribuye al conocimiento un car&#x00E1;cter probabil&#x00ED;stico y pragm&#x00E1;tico. </p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
			<title>ABSTRACT</title>
			<p>John Locke’s essay <italic>Ars Medica</italic> of 1669, is presented, analyzed and translated into Spanish. This essay shows the medical problems that prompted Locke´s philosophy and provides essential clues to understanding the motives, aims and characteristics of the empiricist`s theory of knowledge. Ideas originated in medicine that profoundly influenced subsequent Locke`s works were: 1) Trust in the perfectibility of science and elucidation of the role that philosophical thinking could play. 2) Rejection of knowledge deduced from principles, hypotheses or maxims. 3) Reliance on a «plain historical method» for the production of knowledge, which tried to register facts descriptively, while abandoning the study of ultimate causes. 4) Use of a three-part classification of the sciences that enthrones semiotics, medical science par excellence, and defines it as a mere knowledge of the signs of things, that is not intended to discern either essences or substances. Locke, in his epistemology, applies to all scientific knowledge the medical theory of the signs of illnesses. He envisions all possible science as a mere descriptive knowledge of signs; and thinks that knowledge is probabilistic, analogous and pragmatic.</p>
			</trans-abstract>
			
			<kwd-group xml:lang="es">
				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Empirismo</kwd>
				<kwd>Medicina de Sydenham</kwd>
				<kwd>Semi&#x00F3;tica</kwd>
				<kwd>Epistemolog&#x00ED;a</kwd>
				<kwd>Certeza y Probabilidad de la Ciencia</kwd>
			</kwd-group>
			
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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Empiricism</kwd>
				<kwd>Sydenham´s medicine</kwd>
				<kwd>Semiotics</kwd>
				<kwd>Epistemology</kwd>
				<kwd>Certainty and Probability of Science</kwd>
			</kwd-group>
		
		</article-meta>
	</front>		
	
	<body>


		<sec id="S0">
		<title></title>
		
		<p>El pensamiento filos&#x00F3;fico suele construirse generalizando las reflexiones que suscita el estudio de alg&#x00FA;n campo de la realidad. En su formulaci&#x00F3;n final, las ideas filos&#x00F3;ficas intentan tener validez universal. Es decir: pretenden ser tambi&#x00E9;n verdaderas en campos de la realidad distintos al que suscit&#x00F3; la reflexi&#x00F3;n inicial. Seg&#x00FA;n esto, para entender en profundidad a un fil&#x00F3;sofo, debemos preguntarnos cu&#x00E1;l fue su campo concreto de reflexi&#x00F3;n inicial. Y muchas discrepancias filos&#x00F3;ficas podr&#x00ED;an explicarse teniendo en cuenta las diferencias entre los campos que motivaron las afirmaciones en conflicto. </p>
		
		<p>As&#x00ED;, en la Edad Moderna, las discrepancias entre las escuelas filos&#x00F3;ficas racionalistas y empiristas se deben en gran medida a que sus autores tomaron distintos campos y disciplinas cient&#x00ED;ficas como base para sus reflexiones filos&#x00F3;ficas. Los fil&#x00F3;sofos racionalistas tomaron como material paradigm&#x00E1;tico de estudio a las ciencias cl&#x00E1;sicas f&#x00ED;sico-matem&#x00E1;ticas. Mientras que los fil&#x00F3;sofos empiristas tuvieron <italic>in mente</italic> las ciencias llamadas «baconianas»: qu&#x00ED;mica, magnetismo, calor y electricidad. Era esperable, por tanto, que sus generalizaciones epistemol&#x00F3;gicas fueran distintas. (S&#x00E1;nchez Gonz&#x00E1;lez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1986</xref>, pp. 159-161). </p>
		
		<p>John Locke (1632-1704) tambi&#x00E9;n tuvo un campo de reflexi&#x00F3;n original, sin el cual su filosof&#x00ED;a empirista no puede ser bien entendida. Y ese campo de reflexi&#x00F3;n fue la medicina de su &#x00E9;poca. Hasta hace unas d&#x00E9;cadas no se hab&#x00ED;a tenido suficientemente en cuenta la profesi&#x00F3;n m&#x00E9;dica de John Locke, por considerarla inoperante o marginal. Pero hoy sabemos que Locke, durante toda su vida, fue m&#x00E9;dico por vocaci&#x00F3;n, por dedicaci&#x00F3;n y por conocimientos. Desde el primer a&#x00F1;o de su llegada como estudiante a la Universidad de Oxford en 1652 comenz&#x00F3; a rellenar libros de notas m&#x00E9;dicas con toda clase de informaci&#x00F3;n disponible a trav&#x00E9;s de sus lecturas, contactos personales y observaciones propias. Inicialmente se gradu&#x00F3; como <italic>Masters of Arts</italic>, en 1658. En 1660 fue nombrado <italic>Lecturer</italic> de griego, y en 1663 <italic>Censor</italic> de Filosof&#x00ED;a moral. Pero desde el a&#x00F1;o de su graduaci&#x00F3;n en 1658 hab&#x00ED;a continuado realizando estudios informales de medicina en Oxford como <italic>Senior Student</italic>. Hasta el punto de que en 1666, transcurridos los siete a&#x00F1;os preceptivos, se consider&#x00F3; capacitado para optar simult&#x00E1;neamente a los t&#x00ED;tulos de<italic> Bachelor </italic>y<italic> Doctor of Medicine</italic>. Sin embargo, aunque su propuesta fue aceptada por el <italic>Chancelor</italic>, Locke desisti&#x00F3; de presentar su solicitud en ese momento, temiendo el rechazo de algunos profesores. En 1670 realiz&#x00F3; un segundo intento de acumular ambos t&#x00ED;tulos m&#x00E9;dicos, pero nuevamente se encontr&#x00F3; con la oposici&#x00F3;n de algunas autoridades. Hasta que por fin, en 1675, en su tercera tentativa de titulaci&#x00F3;n acad&#x00E9;mica consigui&#x00F3; su graduaci&#x00F3;n como <italic>Bachelor of Medicine</italic> por la Universidad de Oxford. Por entonces tuvo que contentarse con un puesto de <italic>medical studentship</italic>. En 1678 estuvo a punto de conseguir la c&#x00E1;tedra de medicina del <italic>Gresham College</italic>, pero finalmente, le dieron el puesto a otro. Y John Locke nunca llegar&#x00ED;a a conseguir el grado de <italic>Doctor of Medicine</italic>. </p>
		
		<p>Lo cierto es que John Locke siempre se consider&#x00F3; a s&#x00ED; mismo como m&#x00E9;dico. Desde 1666 gan&#x00F3; su sustento como m&#x00E9;dico y secretario personal de Lord Ashley, un conocido arist&#x00F3;crata, l&#x00ED;der del partido Whig, que m&#x00E1;s tarde llegar&#x00ED;a a ser el primer Earl of Shaftesbury. Pero el aspecto m&#x00E9;dico m&#x00E1;s importante de la vida de Locke fue su relaci&#x00F3;n personal con el Dr. Thomas Sydenham, con quien trabaj&#x00F3; conjuntamente desde 1667 hasta 1675. Posteriormente, nunca perdi&#x00F3; su inter&#x00E9;s por la medicina, y nunca dej&#x00F3; de actuar ocasionalmente como consultor m&#x00E9;dico. Pero su trabajo al servicio de Lord Ashley le oblig&#x00F3; a diversificar sus esfuerzos y dedicarse a los m&#x00E1;s variados temas. De modo que, al final de su vida, lament&#x00F3; no haber podido dedicarse m&#x00E1;s completa y exclusivamente a la medicina. As&#x00ED; lo confiesa en una carta dirigida a un amigo: </p>
		
		<p>si yo hubiera empleado esos a&#x00F1;os en los que viv&#x00ED; con &#x00E9;l [Lord Ashley, recientemente fallecido] en la pr&#x00E1;ctica p&#x00FA;blica de la medicina creo que puedo decir sin alardear que me hubiera podido procurar a m&#x00ED; mismo otra forma de establecimiento que la que tengo ahora; […] Yo, en los &#x00FA;ltimos e infelices tiempos me dediqu&#x00E9; al estudio de la medicina. Pero, ¡Dios m&#x00ED;o!, un accidente de mi vida (el ir a parar entre la familia de un gran hombre) y una falla en mi salud (una indisposici&#x00F3;n consuntiva que me impidi&#x00F3; un asentamiento sosegado para cuidar de la salud de otros y me dio bastante trabajo en cuidar de m&#x00ED; mismo), han confundido (yo no s&#x00E9; por qu&#x00E9; brujer&#x00ED;a) el sosiego que yo siempre busqu&#x00E9;<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>.  </p>
		
		<p>Teniendo en cuenta todos estos antecedentes, la epistemolog&#x00ED;a de John Locke puede ser vista como una generalizaci&#x00F3;n de perspectivas y problemas que inicialmente fueron m&#x00E9;dicos. Y sus propuestas sobre el m&#x00E9;todo cient&#x00ED;fico fueron sobre todo un intento de justificar y promover el m&#x00E9;todo que el doctor Thomas Sydenham estaba aplicando a la medicina. Ese m&#x00E9;todo, originalmente m&#x00E9;dico, fue luego generalizado y propuesto por el fil&#x00F3;sofo como un instrumento para la elaboraci&#x00F3;n de todas las ciencias naturales (Romanell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1984</xref>, y S&#x00E1;nchez Gonz&#x00E1;lez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1987</xref>). </p>
		
		<p>Recordemos la declaraci&#x00F3;n del propio Locke sobre los problemas que dieron origen a su <italic>Ensayo sobre el entendimiento humano</italic>: «Estando reunidos cinco o seis amigos en mi despacho, y conversando sobre un tema muy alejado de &#x00E9;ste, pronto nos vimos en un punto muerto […] llegu&#x00E9; a pensar que hab&#x00ED;amos tomado un camino equivocado; y que antes que nos dedic&#x00E1;ramos a las indagaciones de esa naturaleza, era necesario examinar nuestras propias capacidades, y ver cu&#x00E1;les eran los objetos para cuyo trato era o no adecuado nuestro entendimiento […]. Algunos pensamientos apresurados y mal digeridos sobre un tema que nunca hab&#x00ED;a yo considerado antes, y que redact&#x00E9; para nuestra siguiente reuni&#x00F3;n, dieron la primera entrada a este tratado»<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>. </p>
		
		<p>Locke omiti&#x00F3; mencionar cu&#x00E1;l fue el tema concreto que motiv&#x00F3; aquella discusi&#x00F3;n inicial. No obstante, la cr&#x00ED;tica filos&#x00F3;fica ha cre&#x00ED;do tradicionalmente que el <italic>Ensayo</italic> fue motivado por problemas de &#x00ED;ndole teol&#x00F3;gico y moral. Pero, en la segunda mitad del siglo XX, Patrick Romanell ofreci&#x00F3; argumentos convincentes para pensar que el problema inicial que motiv&#x00F3; el <italic>Ensayo</italic> fue de car&#x00E1;cter m&#x00E9;dico (Romanell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1958</xref>). Y tambi&#x00E9;n, en la copiosa correspondencia que mantuvo John Locke pueden encontrarse indicios de que &#x00E9;l mismo no consideraba su obra como una respuesta a interrogantes de orden &#x00E9;tico-religioso. Baste citar la siguiente carta, escrita por Locke en 1697: «Hace siete a&#x00F1;os que se ha publicado este libro [el <italic>Ensayo sobre el entendimiento humano</italic>]. Despu&#x00E9;s de un silencio de cinco o seis a&#x00F1;os se comienza a descubrir all&#x00ED; no s&#x00E9; yo qu&#x00E9; defectos de los que no se hab&#x00ED;an apercibido antes; y, lo que es m&#x00E1;s singular, se pretende encontrar materia para controversias de Religi&#x00F3;n en esta obra donde yo no he tenido la intenci&#x00F3;n de tratar m&#x00E1;s que cuestiones de pura especulaci&#x00F3;n filos&#x00F3;fica»<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>. </p>
		
		<p>As&#x00ED; pues, no parece adecuado imaginar que el famoso <italic>Ensayo</italic> tuvo su origen en una preocupaci&#x00F3;n teol&#x00F3;gica. Y el silencio de Locke sobre el tema de su reuni&#x00F3;n inicial debe interpretarse como una prueba m&#x00E1;s de su af&#x00E1;n de generalizar al conjunto de la ciencia unas premisas que fueron primordialmente m&#x00E9;dicas. </p>
		
		<p>Algunos aspectos de la filosof&#x00ED;a de John Locke en los que puede detectarse la influencia de la medicina de su &#x00E9;poca fueron los siguientes (S&#x00E1;nchez Gonz&#x00E1;lez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1990</xref>): </p>
		
		<p>Su descripci&#x00F3;n y recomendaci&#x00F3;n entusiasta del llamado «m&#x00E9;todo hist&#x00F3;rico simple» para la construcci&#x00F3;n de la ciencia. Un m&#x00E9;todo que hab&#x00ED;a sido usado por Sydenham para confeccionar sus historias cl&#x00ED;nicas. </p>
		
		<p>Su &#x00E9;nfasis en la observaci&#x00F3;n y la experiencia sensorial para sustituir la b&#x00FA;squeda de las esencias de las cosas, tal y como recomendaba la medicina sydenhamiana. </p>
		
		<p>Su rechazo de las hip&#x00F3;tesis y de los principios. </p>
		
		<p>Su negativa a investigar las causas &#x00FA;ltimas y los mecanismos &#x00ED;ntimos de los acontecimientos. </p>
		
		<p>Su ideal de evidencia sensorial irrefutable. </p>
		
		<p>Su escepticismo sobre las posibilidades de certeza de la ciencia. </p>
		
		<p>Por todo lo cual, la lectura de los ensayos m&#x00E9;dicos de John Locke puede resultar iluminadora; precisamente porque en ellos encontramos muchas claves interpretativas de su pensamiento filos&#x00F3;fico. </p>
		
		</sec>
		
		
		<sec id="S1">
		<title>EL ENSAYO ARS MEDICA, ESCRITO EN 1669 </title>
		
		<p>En 1669 escribi&#x00F3; <italic>Ars Medica</italic>, un ensayo en el que analizaba los fundamentos de la medicina y el m&#x00E9;todo para perfeccionarla. Nunca lleg&#x00F3; a publicarse en vida del autor, y se ha conservado entre los manuscritos de John Locke en el <italic>Public Record Office </italic>de Londres<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>. </p>
		
		<p>El per&#x00ED;odo de 1666 a 1670 fue para Locke su etapa de mayor dedicaci&#x00F3;n a la medicina pr&#x00E1;ctica, en contacto con el Dr. Sydenham. Y, como ya hizo constar su bi&#x00F3;grafo Fox Bourne, Locke: «Estaba ahora aplicando a las cuestiones m&#x00E9;dicas m&#x00E1;s urgentes el mismo criterio de verdad y utilidad que luego iba a aplicar a las cuestiones metaf&#x00ED;sicas en su<italic> Ensayo sobre el entendimiento humano</italic>» (Fox Bourne, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1969</xref>, p. 222). Efectivamente, poco tiempo despu&#x00E9;s comenz&#x00F3; a escribir su monumental <italic>Ensayo,</italic> cuyo manuscrito<italic> «A</italic>» lleva la fecha de 1671<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>. </p>
		
		<p>En la redacci&#x00F3;n de <italic>Ars Medica</italic> manifiesta un estilo descuidado, con abundantes correcciones e intercalaciones. Y el escrito queda abruptamente interrumpido en un cierto punto. Tiene pues el car&#x00E1;cter de un manuscrito previo para un escrito m&#x00E9;dico m&#x00E1;s largo que nunca lleg&#x00F3; a escribir. </p>
		
		<p>Kenneth Dewhurst puso en duda la autor&#x00ED;a de John Locke, y pens&#x00F3; que este borrador expresa m&#x00E1;s bien las ideas del Dr. Thomas Sydenham (Dewhurst, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1966</xref>, p. 73). Otros autores, por el contrario, han opinado que este ensayo fue algo m&#x00E1;s que una mera copia o reproducci&#x00F3;n de las ideas de Sydenham. </p>
		
		<p>Los argumentos que inclinan a atribuir la autor&#x00ED;a intelectual al famoso fil&#x00F3;sofo son los siguientes. En primer lugar, es cierto que Locke copiaba a menudo en sus cuadernos los textos o las ideas de otros autores; pero casi siempre que actuaba as&#x00ED; a&#x00F1;ad&#x00ED;a al final del texto copiado el nombre o las iniciales de su verdadero autor, y esto no lo hizo en este ensayo. Por otra parte, no se ha encontrado ninguna otra obra de Sydenham que resulte lo bastante superponible a este fragmento. Adem&#x00E1;s, François Duchesneau (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1973</xref>, pp. 47-59 y 68-83) ha encontrado diferencias entre la filosof&#x00ED;a de la Medicina que se expresa en el fragmento en cuesti&#x00F3;n y la filosof&#x00ED;a m&#x00E9;dica que se deduce del resto de las obras de Sydenham. Debido a &#x00E9;stas y otras razones, Patrick Romanell (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1984</xref>, p. 50), incluy&#x00F3; ya el fragmento<italic> Arte M&#x00E9;dica </italic>entre las obras de Locke. Guy Meynell (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1994</xref>) sugiri&#x00F3; que tanto este fragmento como el <italic>de Anatom&#x00ED;a</italic> (S&#x00E1;nchez Gonz&#x00E1;lez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1988</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2009</xref>), fueron concebidos como borradores para un prefacio a las <italic>Observationes medicae </italic>que Thomas Sydenham publicar&#x00ED;a en 1676. El mismo Meynell (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2006</xref>) considera incluso el prefacio a dichas <italic>Observationes </italic>como una obra de colaboraci&#x00F3;n entre Locke y Sydenham, bas&#x00E1;ndose en las similitudes casi literales que pueden reconocerse entre el citado prefacio y los fragmentos de Locke. Asimismo Jonathan Walmsley (<xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1998</xref>) ofreci&#x00F3; argumentos a favor de la autor&#x00ED;a de Locke. Y finalmente Anstey y Burrows (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2009</xref>), aplicando a los textos las &#x00FA;ltimas t&#x00E9;cnicas de estil&#x00ED;stica computacional, han suministrado pruebas, al parecer definitivas, para considerar a Locke como autor del fragmento.  </p>
		
		<p>En cualquier caso, la compenetraci&#x00F3;n conceptual entre Locke y Sydenham en materias de medicina fue tanta que podemos considerar este ensayo sobre el <italic>Arte M&#x00E9;dica </italic>como un tratado caracter&#x00ED;stico de aquella medicina sydenhamiana que John Locke aprob&#x00F3; y defendi&#x00F3; sin reservas. </p>
		
		<p>Locke manifest&#x00F3; repetidamente su entusiasta aprobaci&#x00F3;n del m&#x00E9;todo observacional de Sydenham; como por ejemplo, en esta carta al doctor Thomas Molyneux escrita tras la muerte del maestro de la medicina: «Espero que esta &#x00E9;poca tenga muchos que sigan su ejemplo, y por la v&#x00ED;a de las observaciones pr&#x00E1;cticas exactas, tal y como &#x00E9;l [Sydenham] ha comenzado tan felizmente, incrementen la historia de las enfermedades, y perfeccionen el arte de la Medicina»<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref>. </p>
		
		<p>Lo interesante del fragmento <italic>Ars Medica</italic> es que no podemos dudar de que Locke suscribi&#x00F3; plenamente las ideas que expone. Hasta el punto de convertirse en lo sucesivo en su portavoz y defensor sin reservas. </p>
		
		<p>El prop&#x00F3;sito declarado de este escrito es el de proponer los asuntos m&#x00E9;dicos a la consideraci&#x00F3;n de los sabios, para incitarlos a la mutua asistencia en el perfeccionamiento de este arte y al establecimiento de una pr&#x00E1;ctica segura en la cura de las enfermedades. Empe&#x00F1;os &#x00E9;stos que, como dice John Locke, superan la capacidad de un hombre solo. Nuestro m&#x00E9;dico fil&#x00F3;sofo se muestra esperanzado de que la medicina es capaz de grandes adiciones, con tal que se siga un m&#x00E9;todo algo diferente del tradicionalmente usado. Exige este m&#x00E9;todo renunciar a las vanas especulaciones sobre hip&#x00F3;tesis y teor&#x00ED;as sistem&#x00E1;ticas, para concentrarse en la observaci&#x00F3;n y la experiencia propia. Piensa John Locke que la «gran f&#x00E1;brica del mundo» no puede ser comprendida perfectamente en sus causas ocultas y sus mecanismos &#x00ED;ntimos. Pero la observaci&#x00F3;n minuciosa y los experimentos pr&#x00E1;cticos bien dise&#x00F1;ados pueden ofrecernos invenciones &#x00FA;tiles para las conveniencias de la vida humana. </p>
		
		<p>Todo el ensayo <italic>Ars Medica</italic> es una exposici&#x00F3;n y comentario de la medicina sydenhamiana. Y esta medicina, en esquema, puede ser entendida como una nueva y original s&#x00ED;ntesis entre la antigua medicina hipocr&#x00E1;tica y la nueva metodolog&#x00ED;a cient&#x00ED;fica de Francis Bacon. Estas dos corrientes coexisten arm&#x00F3;nicamente en el ensayo, y pueden ser claramente detectadas. Pero, para nuestro objetivo, interesa m&#x00E1;s se&#x00F1;alar las ideas de <italic>Ars medica</italic> que tuvieron una repercusi&#x00F3;n directa en la obra posterior de John Locke. Algunas de estas ideas son las siguientes: </p>
		
		<p>1)	<italic>La confianza en la perfectibilidad de la Ciencia y elucidaci&#x00F3;n del papel que la reflexi&#x00F3;n filos&#x00F3;fica pod&#x00ED;a desempe&#x00F1;ar siempre que se limite a procurar nuestro bienestar material </italic> </p>
		
		<p>En general, el optimismo cient&#x00ED;fico fue muy propio del ambiente intelectual de principios y mediados del siglo XVII. Esta fue la &#x00E9;poca de los grandes alegatos &#x00E9;picos en pro del perfeccionamiento de las ciencias, tal y como pueden encontrarse de modo eminente en la obra de Francis Bacon. Los hombres de principios de aquel siglo albergaban la idea de que la revoluci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica pod&#x00ED;a producirse en una sola generaci&#x00F3;n, o quiz&#x00E1; dos. Si bien es cierto que a finales de ese mismo siglo se hab&#x00ED;an dado cuenta de que s&#x00F3;lo se hab&#x00ED;a abierto un camino hacia un futuro ilimitado, y que las ciencias estaban a&#x00FA;n en sus comienzos. Pero, todav&#x00ED;a en 1678, John Locke manifestaba su confianza en las incre&#x00ED;bles realizaciones cient&#x00ED;ficas que consideraba inminentes: «Para m&#x00ED; es seguro que nuestros descendientes han de descubrir muchas cosas que a nosotros no s&#x00F3;lo nos son desconocidas sino que hasta nos parecen imposibles; incluso no hay que desesperar de este mismo siglo»<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref>.<italic> </italic>Tambi&#x00E9;n en su <italic>Ars Medica</italic> expresa rotundamente esta confianza en el futuro de la ciencia, y la ve confirmada precisamente por los recientes avances que ha experimentado la medicina en los &#x00FA;ltimos tiempos. Esos hombres de mediados del siglo XVII, cuando buscaban ejemplos de adelantos cient&#x00ED;ficos sobre los que poder fundamentar su optimismo, encontraban frecuentemente esos ejemplos en el seno de la Medicina. Recordemos que, as&#x00ED; como la Medicina, desde el Renacimiento, hab&#x00ED;a comenzado a renovarse en todos sus frentes, la obra de Newton todav&#x00ED;a no hab&#x00ED;a sido dada a la luz, y por su parte la qu&#x00ED;mica s&#x00F3;lo ofrec&#x00ED;a unos escasos resultados pr&#x00E1;cticos. </p>
		
		<p>En 1669 John Locke dedica su <italic>Ars Medica</italic> al an&#x00E1;lisis del m&#x00E9;todo de la medicina y al de las posibles v&#x00ED;as para mejorarlo. Y s&#x00F3;lo dos a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde elabor&#x00F3; su magno Ensayo sobre el <italic>Entendimiento</italic> con ese mismo objetivo, pero generalizado ya para el conjunto de la ciencia: «es ya bastante ambici&#x00F3;n emplearse como un trabajador de base para limpiar un poco el terreno, y quitar algunos de los escombros que permanecen en el camino del conocimiento»<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref>. </p>
		
		<p>De todas formas, el optimismo cient&#x00ED;fico del siglo XVII nunca fue ilimitado. Y su m&#x00E1;xima aspiraci&#x00F3;n fue la de rescatar todo el relativamente peque&#x00F1;o resto de conocimiento accesible al hombre en su actual estado de humana limitaci&#x00F3;n. Dentro de una concepci&#x00F3;n providencialista, ese m&#x00E1;ximo grado de conocimiento posible era el permitido por Dios. Y estaba constituido casi exclusivamente por los conocimientos que pod&#x00ED;an ser de utilidad para satisfacer las necesidades humanas m&#x00E1;s aut&#x00E9;nticas. Por eso Locke, en su <italic>Ensayo</italic> llega a decir: «Podemos tener experimentos y observaciones hist&#x00F3;ricas, de las que podemos extraer ventajas de comodidad y salud, e incrementar por ello nuestro arsenal de utilidades para esta vida; pero m&#x00E1;s all&#x00E1; de esto temo que nuestros talentos no alcanzan, y tampoco son nuestras facultades, seg&#x00FA;n yo imagino, capaces de progresar»<xref ref-type="fn" rid="NOTE09">9</xref>. </p>
		
		<p>2)	<italic>Otra idea de John Locke relacionada con la medicina fue su rechazo del conocimiento deducido de principios, hip&#x00F3;tesis o m&#x00E1;ximas.</italic> </p>
		
		<p>Esta idea militaba en contra del antiguo ideal cient&#x00ED;fico de la sistematizaci&#x00F3;n deductiva. Este ideal antiguo, de inspiraci&#x00F3;n aristot&#x00E9;lica hab&#x00ED;a llegado a su culminaci&#x00F3;n en la geometr&#x00ED;a de Euclides y en la est&#x00E1;tica de Arqu&#x00ED;medes. Y toda la ciencia antigua, incluyendo la medicina gal&#x00E9;nica, aspiraba a satisfacer ese ideal deductivo. Seg&#x00FA;n &#x00E9;l, los cient&#x00ED;ficos deb&#x00ED;an descubrir los «principios universales del conocimiento», los cuales podr&#x00ED;an usarse despu&#x00E9;s como premisas silog&#x00ED;sticas desde las que deducir todos los enunciados cient&#x00ED;ficos. Se obten&#x00ED;an as&#x00ED; demostraciones y explicaciones que eran «necesariamente ciertas». Pero la reforma metodol&#x00F3;gica que llevaron a cabo los cient&#x00ED;ficos modernos, encabezados por Francis Bacon, estuvo encaminada principalmente, a reemplazar ese ideal deductivo. Bacon hab&#x00ED;a dicho: «no se puede permitir que el entendimiento salte y vuele de los casos particulares a los axiomas m&#x00E1;s remotos y generales (como los llamados principios de las artes y de las cosas) y pruebe y confirme los axiomas intermedios mediante la inm&#x00F3;vil verdad de los mismos»<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref>. Por eso Robert Boyle titul&#x00F3; su obra principal<italic> El qu&#x00ED;mico esc&#x00E9;ptico,</italic> habiendo observado que: <italic>«</italic>gran parte de los err&#x00F3;neos razonamientos y conclusiones provienen de asumir principios falsos o inseguros de los que extraer consecuencias<italic>»</italic> <xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref>. Y a&#x00FA;n el propio Isaac Newton adopt&#x00F3; como lema: <italic>Hypotheses non fingo </italic>[no imagino hip&#x00F3;tesis]. Sobre estos precedentes se inserta el rechazo de John Locke a los principios generales porque, «en lugar de ser conducidos hacia la verdad a trav&#x00E9;s de los principios, s&#x00F3;lo seremos confirmados en la equivocaci&#x00F3;n y el error»<xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref>.<italic>  </italic></p>
		
		<p>Ahora bien, en el caso de Locke ese rechazo ten&#x00ED;a motivos a&#x00F1;adidos que eran espec&#x00ED;ficamente m&#x00E9;dicos. Y es que entre todas las ciencias, la Medicina era la que m&#x00E1;s se hab&#x00ED;a resistido siempre a la sistematizaci&#x00F3;n deductiva. Ya en el <italic>Corpus hipocraticum</italic>, escrito dos mil a&#x00F1;os antes, se hab&#x00ED;a denunciado que: «Los que fabrican estos sistemas y desv&#x00ED;an la medicina en la direcci&#x00F3;n de las hip&#x00F3;tesis, lejos del verdadero camino, no s&#x00E9; c&#x00F3;mo podr&#x00E1;n tratar a los enfermos de acuerdo con sus principios»<xref ref-type="fn" rid="NOTE13">13</xref>. Sydenham, por su parte, fue conocido como «el Hip&#x00F3;crates ingl&#x00E9;s» por la reconocida semejanza entre la manera de proceder de los dos m&#x00E9;dicos. Lo cierto es que Sydenham no ahorra elogios a Hip&#x00F3;crates y le muestra como un ejemplo. En este sentido dijo, por ejemplo, que: «el excelente Hip&#x00F3;crates lleg&#x00F3; hasta la cima de la Medicina y estableci&#x00F3; los s&#x00F3;lidos fundamentos para edificar este arte […] &#x00E9;l mostr&#x00F3; plenamente los fen&#x00F3;menos de cada enfermedad sin forzar ninguna hip&#x00F3;tesis para su servicio»<xref ref-type="fn" rid="NOTE14">14</xref>. En la misma l&#x00ED;nea, el ensayo <italic>Ars Medica</italic> de John Locke expresa un decidido rechazo por a la edificaci&#x00F3;n de la medicina sobre principios generales preestablecidos. M&#x00E1;s tarde, en el <italic>Ensayo sobre el entendimiento humano</italic>, Locke manifestar&#x00E1; id&#x00E9;ntico rechazo no limitado ya a la medicina sino referido a la totalidad del conocimiento. Podemos, por tanto suponer que el camino intelectual seguido por nuestro autor fue la generalizaci&#x00F3;n de sus argumentos desde el caso particular de la medicina hasta la totalidad del conocimiento cient&#x00ED;fico. </p>
		
		<p>3)	<italic>El m&#x00E9;todo «hist&#x00F3;rico simple» para la edificaci&#x00F3;n del conocimiento, que renuncia al estudio de las causas &#x00FA;ltimas.</italic> </p>
		
		<p>John Locke dijo haber empleado un «m&#x00E9;todo hist&#x00F3;rico simple» <italic>(plain historical method)</italic> en la elaboraci&#x00F3;n de su teor&#x00ED;a del conocimiento. En su c&#x00E9;lebre <italic>Ensayo </italic>declar&#x00F3; que: <italic>«</italic>con este m&#x00E9;todo hist&#x00F3;rico simple puedo dar alguna relaci&#x00F3;n de las v&#x00ED;as por las que nuestros entendimientos llegan a alcanzar esas nociones que tenemos de las cosas, y puedo establecer algunas medidas de la certeza de nuestro conocimiento»<xref ref-type="fn" rid="NOTE15">15</xref>. </p>
		
		<p>Cuando Locke habla de un m&#x00E9;todo «hist&#x00F3;rico», se est&#x00E1; refiriendo a una forma de registro de los hechos que es meramente observacional, descriptiva, intersubjetiva y no interpretativa. Este concepto de «historia» pod&#x00ED;a incluir el inventario de todos los fen&#x00F3;menos observables en la Naturaleza. Se inspiraba en las llamadas «Historias Naturales» que tan intenso cultivo tuvieron en los siglos XVI y XVII. Pero, sobre todo, tomaba ejemplo de las «Historias Cl&#x00ED;nicas» descriptivas de casos m&#x00E9;dicos cuya publicaci&#x00F3;n se increment&#x00F3; durante esa misma &#x00E9;poca (La&#x00ED;n Entralgo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1961</xref>, pp.82-88). </p>
		
		<p>Francis Bacon hab&#x00ED;a consagrado un cap&#x00ED;tulo de su <italic>Gran Restauraci&#x00F3;n </italic>a la «preparaci&#x00F3;n para la Historia Natural», partiendo de la idea de que: «ning&#x00FA;n progreso digno del esp&#x00ED;ritu humano se hubiera podido realizar o podr&#x00ED;a realizarse en el futuro en el &#x00E1;mbito de la Filosof&#x00ED;a y de las ciencias si faltara una Historia Natural y Experimental»<xref ref-type="fn" rid="NOTE16">16</xref>. </p>
		
		<p>En tiempos de Locke, el m&#x00E9;todo hist&#x00F3;rico estaba consagrado en todos los campos de la Filosof&#x00ED;a Natural. Pero la Medicina y la Qu&#x00ED;mica M&#x00E9;dica fueron las ciencias naturales mejor conocidas por nuestro autor. Locke, por tanto, aprendi&#x00F3; y se ejercit&#x00F3; en el m&#x00E9;todo hist&#x00F3;rico a trav&#x00E9;s de estas dos ciencias. La medicina, contrariamente a como hab&#x00ED;a sido conceptuada en otros tiempos o en otras escuelas, era entendida y practicada por Sydenham y por Locke como una ciencia plenamente hist&#x00F3;rico-natural. As&#x00ED; se presenta, por ejemplo, el tratado sydenhamiano escrito en 1669 sobre la viruela y manuscrito por el propio Locke: «Esta es la historia natural de la viruela que comprende los fen&#x00F3;menos verdaderos y genuinos que le pertenecen, tal y como son en su propia naturaleza»<xref ref-type="fn" rid="NOTE17">17</xref>. Para describir este m&#x00E9;todo hist&#x00F3;rico podemos utilizar las palabras del propio Locke en una de sus cartas al m&#x00E9;dico Thomas Molyneux: «Observar con meticulosidad la historia de las enfermedades en todos sus cambios y circunstancias, es un trabajo de tiempo, precisi&#x00F3;n, atenci&#x00F3;n y juicio; y en donde si los hombres se equivocan, por vanidad o negligencia, pueden convencerse de su error por la naturaleza inequ&#x00ED;voca y los hechos materiales <italic>(matter of fact</italic>), los cuales dejan poco espacio para las sutilezas y las disputas verbales que tanto se utilizan en lugar del conocimiento»<xref ref-type="fn" rid="NOTE18">18</xref>. Comparemos el m&#x00E9;todo as&#x00ED; descrito con la siguiente declaraci&#x00F3;n epistolar de John Locke sobre la forma en que &#x00E9;l llev&#x00F3; a cabo su examen del entendimiento humano: «Estando resuelto a examinar el entendimiento humano y las formas de nuestro conocimiento, no por la opini&#x00F3;n de otros sino por lo que yo pudiera recolectar por m&#x00ED; mismo desde mis propias observaciones, he evitado expresamente la lectura de todos los libros que trataran del tema en alguna forma, para poder as&#x00ED; no tener nada que me predispusiera de ninguna manera, y poder dejar a mi pensamiento libre para emprender s&#x00F3;lo lo que la materia por s&#x00ED; misma sugiriera a mis meditaciones»<xref ref-type="fn" rid="NOTE19">19</xref>. </p>
		
		<p>Adem&#x00E1;s el m&#x00E9;todo hist&#x00F3;rico de Locke es «simple». Como &#x00E9;l mismo aclar&#x00F3; en otra de sus cartas, hab&#x00ED;a elaborado: «un tratado escrito en un estilo simple y popular, que no teniendo en &#x00E9;l nada del aire de los instruidos y tampoco mucho del lenguaje de las escuelas, era poco adecuado para el uso o el esparcimiento de aquellos que, como profesores o instructores, se aplicaban a s&#x00ED; mismos a los misterios del conocimiento escol&#x00E1;stico».<xref ref-type="fn" rid="NOTE20">20</xref> As&#x00ED; pues, cuando John Locke afirma que su m&#x00E9;todo es simple, est&#x00E1; haciendo alusi&#x00F3;n a su car&#x00E1;cter antiespeculativo, y por lo tanto pr&#x00E1;ctico. No olvidemos que este fil&#x00F3;sofo conceb&#x00ED;a su propio lugar en la ciencia como el de un removedor de la basura especulativa que hab&#x00ED;an ido acumulando las «Escuelas». «Ya es ambici&#x00F3;n suficiente el estar empleado como un obrero subalterno en despejar un poco el terreno y apartar algo de la basura que est&#x00E1; situada en el camino hacia el conocimiento»<xref ref-type="fn" rid="NOTE21">21</xref>. En este sentido los objetivos de <italic>De arte medica</italic> y del <italic>Ensayo sobre el entendimiento humano</italic> son coincidentes. De manera que, mientras en la primera obra se intenta apartar la «basura» especulativa del terreno de la Medicina, en la segunda se intenta apartar esa «basura» especulativa de todo el conjunto del conocimiento, que estar&#x00ED;a afectado, seg&#x00FA;n Locke de una misma enfermedad especulativa. Y no resulta impropio decir que en John Locke detect&#x00F3; en el conocimiento establecido una «enfermedad especulativa» que era preciso curar. Se&#x00F1;alemos, a este respecto, que en el contexto de la medicina de su &#x00E9;poca siempre se utiliza la palabra «m&#x00E9;todo» para hacer alusi&#x00F3;n a una terap&#x00E9;utica o <italic>methodus medendi</italic>. Este es, desde luego, el significado que se le atribuye en la obra de Sydenham quien precisamente titul&#x00F3; su primer libro: <italic>Methodus curandi Febres</italic>. </p>
		
		<p>Sobre la palabra «m&#x00E9;todo», Donald Bates ha distinguido tres usos distintos durante los siglos XVI y XVII: «como forma de ense&#x00F1;anza o persuasi&#x00F3;n en la Ret&#x00F3;rica, cultivado por los Humanistas; como forma de conocimiento o descubrimiento en la Filosof&#x00ED;a, cultivado por los hombres de «Escuela; y como actuaci&#x00F3;n o pr&#x00E1;ctica en Medicina, cultivado por los m&#x00E9;dicos» (Bates, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1977</xref>, p. 337). El m&#x00E9;todo del que habla Locke no es el ret&#x00F3;rico. Y &#x00E9;l tampoco se consideraba a s&#x00ED; mismo como un hombre de «Escuela», a quienes atac&#x00F3; repetidamente. Su m&#x00E9;todo conservaba algo del car&#x00E1;cter terap&#x00E9;utico que ten&#x00ED;a para Sydenham y los m&#x00E9;dicos de su &#x00E9;poca. Y debemos pensar que Locke, en su epistemolog&#x00ED;a, habr&#x00ED;a perseguido un equivalente a lo que hizo Sydenham en Medicina: elaborar una historia natural del conocimiento para prescribirle un m&#x00E9;todo de curaci&#x00F3;n. Si esto es as&#x00ED;, el t&#x00ED;tulo de su c&#x00E9;lebre <italic>Ensayo</italic>, parafraseando a Sydenham, podr&#x00ED;a haber sido: <italic>Methodus curandi intellectum. </italic>Porque John Locke se vio a s&#x00ED; mismo diagnosticando una enfermedad del conocimiento de los hombres, y pretendi&#x00F3; encontrar un m&#x00E9;todo para su curaci&#x00F3;n. Fue as&#x00ED; como interpretaron su trabajo epistemol&#x00F3;gico algunos de sus amigos m&#x00E1;s &#x00ED;ntimos; a saber: como una labor de diagn&#x00F3;stico y terap&#x00E9;utica de las enfermedades del intelecto. En este sentido, su amigo el Dr. Guenelon le escribi&#x00F3;: «El se&#x00F1;or le Clerc me ha dicho que est&#x00E1; usted trabajando en una nueva obra para descubrir las enfermedades del esp&#x00ED;ritu, esto es una nueva obligaci&#x00F3;n que el p&#x00FA;blico le deber&#x00E1;. ¡Qu&#x00E9; beneficio no se producir&#x00E1;, si usted puede curar a los hombres de sus falsas ideas, y ponerles por medio de un m&#x00E9;todo en el camino de la verdad!»<xref ref-type="fn" rid="NOTE22">22</xref>. </p>
		
		<p>Ya en <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1949</xref> Gunnar Aspelin, hablando de la similitud existente entre las ideas metodol&#x00F3;gicas de Sydenham y las de Locke, se&#x00F1;alaba que ambos autores hab&#x00ED;an empleado un mismo «m&#x00E9;todo hist&#x00F3;rico». «Sydenham aplica este m&#x00E9;todo hist&#x00F3;rico al estudio de las enfermedades y los padecimientos […] Locke a los cambiantes fen&#x00F3;menos de la mente» (Aspelin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1949</xref>, p. 36). Y, algunos a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde, Patrick Romanell afirmaba: «El m&#x00E9;todo hist&#x00F3;rico simple de Locke es el m&#x00E9;todo hist&#x00F3;rico natural de la medicina de Sydenham generalizado. Esto es, un m&#x00E9;todo que deliberadamente evita todas las explicaciones de naturaleza especulativa y aparentemente se restringe a s&#x00ED; mismo a la observaci&#x00F3;n, descripci&#x00F3;n y clasificaci&#x00F3;n de los hechos. Tal y como Sydenham, siguiendo a Hip&#x00F3;crates y Francis Bacon, se vio a s&#x00ED; mismo como un historiador natural de la enfermedad, as&#x00ED; Locke a su vez, siguiendo a Sydenham y a su propia experiencia m&#x00E9;dica, intenta denodadamente en su Ensayo ser un historiador natural del conocimiento» (Romanell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1958</xref>, p. 316). </p>
		
		<p>Como conclusi&#x00F3;n podemos afirmar que el m&#x00E9;todo hist&#x00F3;rico simple es la pieza clave de todo el empirismo lockeano. En su <italic>Ensayo sobre el entendimiento humano</italic> encontramos abundantes manifestaciones de este m&#x00E9;todo. M&#x00E1;s a&#x00FA;n, todo su Ensayo puede entenderse como un intento de justificar, fundamentar y promover este mismo m&#x00E9;todo como instrumento para la elaboraci&#x00F3;n de todas las ciencias naturales. </p>
		
		<p>4)	<italic>La clasificaci&#x00F3;n tripartita de las ciencias, que instaura la semi&#x00F3;tica, ciencia m&#x00E9;dica por antonomasia, y la define como un mero conocimiento de los signos de las cosas, que no pretende discernir las esencias ni las sustancias. </italic></p>
		
		<p>En su <italic>Ensayo sobre el entendimiento humano</italic>, Locke divide la ciencia en tres grandes clases. La primera ser&#x00ED;a la F&#x00ED;sica o Filosof&#x00ED;a Natural; la segunda es la Pr&#x00E1;ctica o habilidad de aplicar correctamente nuestros actos, y cuya parte m&#x00E1;s importante ser&#x00ED;a la &#x00E9;tica. Pero la tercera clase es bautizada por Locke con el significativo nombre de Semi&#x00F3;tica, y la define de la siguiente forma: «La tercera rama se puede llamar <italic>Semeiotik&#x00E8;</italic> o doctrina de los signos; y como los m&#x00E1;s usuales de los cuales son las palabras, tambi&#x00E9;n se le llama con bastante propiedad <italic>Logik&#x00E8;</italic>, L&#x00F3;gica; cuya materia es la consideraci&#x00F3;n de la naturaleza de los signos de los que la mente hace uso para la comprensi&#x00F3;n de las cosas o para comunicar su conocimiento a otros»<xref ref-type="fn" rid="NOTE23">23</xref>. Semejante clasificaci&#x00F3;n tripartita de las ciencias disfrutaba de antecedentes cl&#x00E1;sicos. Los estoicos hab&#x00ED;an ya dividido el conocimiento en tres partes: L&#x00F3;gica, F&#x00ED;sica y &#x00C9;tica. Pero Locke introduce, en primer lugar, la novedad de convertir a la &#x00E9;tica en parte de una ciencia m&#x00E1;s amplia llamada Pr&#x00E1;ctica. En lo cual podemos adivinar un intento de conceder estatuto epistemol&#x00F3;gico a otras actividades pr&#x00E1;cticas, entre las que no podr&#x00ED;a dejar de figurar la terap&#x00E9;utica m&#x00E9;dica. Pero la segunda novedad introducida por John Locke revela m&#x00E1;s claramente sus or&#x00ED;genes m&#x00E9;dicos. Consiste en utilizar el t&#x00E9;rmino «semi&#x00F3;tica» en lugar del tradicional de «L&#x00F3;gica». Esta elecci&#x00F3;n debe hacernos recordar que en la Antig&#x00FC;edad el t&#x00E9;rmino semi&#x00F3;tica fue usado para designar la parte de la Medicina que se ocupaba de interpretar los signos de las enfermedades, y que abarcaba la diagnosis y la prognosis. Y en la &#x00E9;poca de Locke el t&#x00E9;rmino en cuesti&#x00F3;n conservaba su significaci&#x00F3;n m&#x00E9;dica. Como prueba de ello podemos ver que alguno de los libros m&#x00E9;dicos que pose&#x00ED;a el propio John Locke llevaba el t&#x00ED;tulo de semi&#x00F3;tica cuando hac&#x00ED;a referencia a los signos de las enfermedades. As&#x00ED;, por ejemplo, la obra de Th. Fienus titulada <italic>Semiotice</italic> (1664), que llevaba como subt&#x00ED;tulo:<italic> </italic>«Tratado de los signos m&#x00E9;dicos» (Harrison and Laslett, p.135) Y la inspiraci&#x00F3;n m&#x00E9;dica de la semi&#x00F3;tica de Locke es importante porque puede explicar el moderno giro epistemol&#x00F3;gico que tuvo lugar en la forma de elaborar la sem&#x00E1;ntica. Como se&#x00F1;ala N. Kretzmann: «Las investigaciones sem&#x00E1;nticas durante la Edad Media y el Renacimiento se hab&#x00ED;an vinculado &#x00ED;ntimamente a la L&#x00F3;gica y a la Gram&#x00E1;tica. La nueva orientaci&#x00F3;n epistemol&#x00F3;gica de la sem&#x00E1;ntica, evidente incluso en los libros de L&#x00F3;gica de la Ilustraci&#x00F3;n, qued&#x00F3; establecida expl&#x00ED;citamente por primera vez en el <italic>Ensayo</italic> de Locke» (Kretzmann, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1981</xref>, p. 226). John Locke parec&#x00ED;a consciente de esta novedad cuando afirmaba que: «si las ideas y las palabras fueran sopesadas distintamente y consideradas debidamente nos proporcionar&#x00ED;an una clase de l&#x00F3;gica y de cr&#x00ED;tica distinta de aqu&#x00E9;lla con la que hasta ahora hemos estado familiarizados»<xref ref-type="fn" rid="NOTE24">24</xref>. Seg&#x00FA;n la doctrina semi&#x00F3;tica de John Locke los instrumentos del conocimiento, que son las ideas y las palabras, no son m&#x00E1;s que signos directos o indirectos de las cosas. Sin que sea posible ning&#x00FA;n conocimiento inmediato de las cosas en s&#x00ED; mismas. De este modo, todo conocimiento posible consiste en un mero conocimiento de signos. Ahora bien, entender as&#x00ED; todo el conocimiento humano puede verse como una generalizaci&#x00F3;n del caso particular en el que se encuentra el diagn&#x00F3;stico m&#x00E9;dico. Porque lo &#x00FA;nico que puede conocer el m&#x00E9;dico son los signos y s&#x00ED;ntomas externos indicativos de las distintas enfermedades. Adem&#x00E1;s, para la medicina de Sydenham, las enfermedades son incognoscibles en su esencia. Sydenham dec&#x00ED;a: «La esencia de esta enfermedad no pretendo definirla con precisi&#x00F3;n; […]. La Naturaleza lleva a cabo la generaci&#x00F3;n de todas las cosas; y aun cuando saca muchas cosas desde el abismo de la causa hasta la clara luz del efecto, deja veladas en la m&#x00E1;s profunda oscuridad sus esencias, sus diferencias constitutivas y sus naturalezas»<xref ref-type="fn" rid="NOTE25">25</xref>. Locke, al declarar que todas las esencias son incognoscibles, no hace sino generalizar para todo conocimiento posible el postulado m&#x00E9;dico de Sydenham sobre la imposibilidad de conocer la esencia de las especies morbosas: «Las esencias reales no las conocemos. Nuestras facultades no nos llevan m&#x00E1;s all&#x00E1;, en el conocimiento y distinci&#x00F3;n de las sustancias, que a una colecci&#x00F3;n de aquellas ideas sensibles que observamos en ellas»<xref ref-type="fn" rid="NOTE26">26</xref>. Es decir, que todos los objetos del Universo, al igual que ocurr&#x00ED;a con la especies morbosas de Sydenham, s&#x00F3;lo pueden conocerse por sus respectivos signos sensibles. No obstante, sigue siendo posible elaborar una ciencia de los signos, esto es, una semi&#x00F3;tica. Aunque ese conocimiento, al no estar fundado sobre la verdadera naturaleza de las cosas, s&#x00F3;lo podr&#x00E1; llegar a tener un car&#x00E1;cter probabil&#x00ED;stico. Y curiosamente, Locke explica el car&#x00E1;cter probabil&#x00ED;stico del conocimiento con argumentos que podr&#x00ED;a haber hecho suyos cualquier m&#x00E9;dico de su &#x00E9;poca: «en asuntos de probabilidad […]. ¿Qui&#x00E9;n hay que haya tenido el ocio, paciencia y medios para reunir todas las pruebas y as&#x00ED; concluir con seguridad que posee una visi&#x00F3;n clara y completa, y que no hay nada m&#x00E1;s que se podr&#x00ED;a agregar para mejorar su informaci&#x00F3;n? Y sin embargo estamos obligados a determinarnos en un sentido o en otro»<xref ref-type="fn" rid="NOTE27">27</xref>. Oigamos a Sydenham expresar unas reflexiones semejantes: «Estoy lejos de atribuirme el m&#x00E9;rito de haber agotado mi tema con las presentes observaciones. Es altamente probable que yo me haya equivocado incluso en la enumeraci&#x00F3;n completa de las epidemias»<xref ref-type="fn" rid="NOTE28">28</xref>. As&#x00ED; pues, el car&#x00E1;cter probabil&#x00ED;stico acompa&#x00F1;a siempre al juicio m&#x00E9;dico. No ocurre igual con el conocimiento del matem&#x00E1;tico o el del f&#x00ED;sico. Por eso, cuando Locke implant&#x00F3; una concepci&#x00F3;n probabilista del conocimiento, tuvo que sentirse inspirado fundamentalmente por el modelo de las ciencias m&#x00E9;dicas. </p>
		
		<p>Adem&#x00E1;s, la semi&#x00F3;tica lockeana hace un hincapi&#x00E9; desconocido hasta entonces en la investigaci&#x00F3;n de la naturaleza del error y de las causas de nuestra ignorancia. Porque como &#x00E9;l dijo: «Si miramos un poco el lado oscuro y echamos una mirada a nuestra ignorancia: la cual, siendo infinitamente m&#x00E1;s amplia que nuestro conocimiento, puede servirnos mucho para acallar las disputas y mejorar el conocimiento &#x00FA;til»<xref ref-type="fn" rid="NOTE29">29</xref>. La l&#x00F3;gica cl&#x00E1;sica anterior se hab&#x00ED;a presentado m&#x00E1;s bien como un sistema garantizador de la verdad de la verdad de las proposiciones. Pero Locke no indagar&#x00E1; prioritariamente en los criterios indicativos del conocimiento verdadero sino en los s&#x00ED;ntomas reveladores de nuestra ignorancia. De esta forma, pretendiendo descubrir las manifestaciones de nuestra ignorancia, Locke est&#x00E1; actuando en analog&#x00ED;a con el m&#x00E9;dico cuya labor es la de revelar los s&#x00ED;ntomas de las enfermedades. Y al actuar as&#x00ED;, tambi&#x00E9;n puede decirse que est&#x00E1; concibiendo el error intelectual como el contrapunto ps&#x00ED;quico de la enfermedad f&#x00ED;sica. </p>
		
		<p>Tambi&#x00E9;n debi&#x00F3; tener inspiraci&#x00F3;n m&#x00E9;dica la importancia que Locke concedi&#x00F3; al m&#x00E9;todo de la analog&#x00ED;a para la edificaci&#x00F3;n del conocimiento, especialmente en el caso de causas y mecanismos ni directamente accesibles a los sentidos. «La analog&#x00ED;a en estos asuntos es la &#x00FA;nica ayuda que tenemos, y solamente en ella fundamos todos los cimientos de la probabilidad […], y un cauteloso razonamiento a partir de la analog&#x00ED;a nos conduce a menudo al descubrimiento de verdades y producciones &#x00FA;tiles que de otro modo permanecer&#x00ED;an ocultas»<xref ref-type="fn" rid="NOTE30">30</xref>. Tenemos en esto un nuevo argumento para defender el trasfondo m&#x00E9;dico de la semi&#x00F3;tica de Locke. Puesto que la analog&#x00ED;a es un antiguo m&#x00E9;todo de edificaci&#x00F3;n del conocimiento m&#x00E9;dico. Tal y como L. Edelstein se&#x00F1;al&#x00F3;: «Las investigaciones de los m&#x00E9;dicos presocr&#x00E1;ticos sobre los &#x00F3;rganos internos del cuerpo humano se basaban en analog&#x00ED;as. Tambi&#x00E9;n los m&#x00E9;dicos hipocr&#x00E1;ticos explicaron lo desconocido por comparaci&#x00F3;n con lo conocido» (Edelstein, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1967</xref>, p. 292). </p>
		
		<p>Podemos llegar a la conclusi&#x00F3;n de que la transformaci&#x00F3;n de la l&#x00F3;gica en una semi&#x00F3;tica de los signos del conocimiento es una trasposici&#x00F3;n a la epistemolog&#x00ED;a de la teor&#x00ED;a m&#x00E9;dica de los signos de enfermedades. De esta forma el <italic>Ensayo</italic> <italic>sobre el entendimiento humano</italic>, ateni&#x00E9;ndonos a la clasificaci&#x00F3;n del propio Locke, debe ser considerado como un tratado de semi&#x00F3;tica. Y podemos afirmar que John Locke concibi&#x00F3; su tarea como l&#x00F3;gico en analog&#x00ED;a con la del m&#x00E9;dico diagnosticador y curador de enfermedades. </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S3">
		<title>ARS MEDICA 1669<xref ref-type="fn" rid="NOTE31">31</xref></title>
		
		<p>La prolongaci&#x00F3;n de la vida, libre de enfermedad y dolor, tanto como sea capaz la constituci&#x00F3;n de nuestra fr&#x00E1;gil contextura, es una preocupaci&#x00F3;n tan importante para el g&#x00E9;nero humano que apenas se puede encontrar un empe&#x00F1;o m&#x00E1;s grande que la profesi&#x00F3;n de curar enfermedades; ni hay otro arte que merezca tanto todo el cuidado, la industria y la observaci&#x00F3;n de sus profesores para mejorarlo y llevarlo a la perfecci&#x00F3;n, la cual yo no dudo que es posible en muchas partes y hasta un alto grado. Aqu&#x00E9;l que se lance a hacer esto merecer&#x00E1; sin duda el agradecimiento del g&#x00E9;nero humano por tener una intenci&#x00F3;n tan buena como es la de someter a certeza esas reglas y m&#x00E9;todos de cuya pr&#x00E1;ctica depende el bienestar y la recuperaci&#x00F3;n de los enfermos; pero cualquiera que piense abarcarlo en soledad se encontrar&#x00E1; a s&#x00ED; mismo empe&#x00F1;ado en un negocio demasiado amplio para la comprensi&#x00F3;n de cualquier hombre y demasiado grande para su propio esfuerzo solitario. Mi intenci&#x00F3;n es, por tanto, proponer unas pocas cosas a la consideraci&#x00F3;n de los hombres instruidos de esta facultad tan &#x00FA;til, y promover su apoyo mutuo para perfeccionar el arte y asentar una pr&#x00E1;ctica habitual segura en la curaci&#x00F3;n de las enfermedades; para que as&#x00ED;, reduciendo cada d&#x00ED;a el amplio cat&#x00E1;logo de las enfermedades todav&#x00ED;a incurables y los frecuentes acontecimientos tristes en el resto de ellas (y siendo anulados por el creciente &#x00E9;xito cotidiano de los m&#x00E9;dicos tanto la falta de confianza que algunos hombres sensatos sobre la base de consideraciones serias parecen tener hacia el arte en s&#x00ED; mismo, como el descr&#x00E9;dito que otros procuran atraer artificiosamente sobre la pr&#x00E1;ctica de la medicina), los practicantes de la medicina ingeniosos e instruidos puedan atender su vocaci&#x00F3;n con m&#x00E1;s confianza y satisfacci&#x00F3;n, cuando ya no puedan ser amonestados por esos confesables <italic>opprobia medicorum </italic>que ceder&#x00E1;n todos los d&#x00ED;as ante la eficacia de sus medicinas o de sus m&#x00E9;todos bien ordenados. Si esto se acometiera alguna vez, quiz&#x00E1; este prop&#x00F3;sito no se encontrar&#x00ED;a tan imposible como se imagina a primera vista; y el gran mejoramiento que algunas partes de la medicina han recibido en estos pocos a&#x00F1;os me da confianza para creer que a&#x00FA;n es capaz de grandes adiciones, y ello de una manera algo diferente a la que hasta ahora parece haber sido seguida generalmente por la mayor&#x00ED;a de aquellos que han sido tan ben&#x00E9;volos como para propagar el conocimiento de la medicina y dejar las reglas de la pr&#x00E1;ctica a la posteridad, tal y como aparecer&#x00E1; a cualquiera que examine cuidadosamente sus escritos, por los cuales a&#x00FA;n debe estar muy agradecida la posteridad; y no se les puede censurar porque ellos hicieron algo que es muy agradable al entendimiento humano el cual, no content&#x00E1;ndose con observar la operaci&#x00F3;n de la naturaleza y el acontecer de las cosas, es muy inquisitivo de su causa, y muy impaciente e inquieto hasta que, en aquellas cosas en las que est&#x00E1; interesado, forja para s&#x00ED; mismo alguna hip&#x00F3;tesis y establece un fundamento desde donde establecer todos sus razonamientos. Por tanto, si los hombres instruidos de las edades previas emplearon una gran parte de su tiempo y sus pensamientos en buscar las causas ocultas de los trastornos, fueron curiosos en imaginar la actividad secreta de la naturaleza y los variados instrumentos imperceptibles con los cuales ella trabaja, y poniendo juntas todas estas fantas&#x00ED;as crearon para s&#x00ED; mismos sistemas e hip&#x00F3;tesis, no hay que sorprenderse ni censurarles puesto que se acomodaron a las costumbres de sus tiempos y pa&#x00ED;ses, y siguieron de esa forma sus inclinaciones m&#x00E1;s naturales; ahora bien, desear tener alguna base sobre la que apoyar sus pensamientos y alg&#x00FA;n fundamento para guiarse en la pr&#x00E1;ctica de su arte, mantenerse ocupado y sutil en disputar sobre los principios aceptados, no fue m&#x00E1;s que estar empe&#x00F1;ado en el camino de la fama, la reputaci&#x00F3;n y la ilustraci&#x00F3;n valorados en esa &#x00E9;poca; y el que su pr&#x00E1;ctica no se haya extendido m&#x00E1;s all&#x00E1; de lo que permit&#x00ED;an los principios sagrados en los que cre&#x00ED;an no debe sorprendernos m&#x00E1;s que el hecho de que no hayamos encontrado ninguna edificaci&#x00F3;n justa y duradera legada por nuestros antecesores sobre fundamentos estrechos y poco s&#x00F3;lidos. Aqu&#x00ED; no se pensar&#x00E1; de m&#x00ED; que estoy censurando a los autores instruidos de tiempos pret&#x00E9;ritos, o que repudio las ventajas que ellos han dejado a la posteridad. A ellos debemos un gran n&#x00FA;mero de observaciones excelentes y varios discursos ingeniosos, y no hay ninguna regla de pr&#x00E1;ctica fundada sobre observaciones no sesgadas que yo no acoja y sostenga con veneraci&#x00F3;n y agradecimiento: pero aun as&#x00ED; yo pienso que puedo afirmar confiadamente que esas hip&#x00F3;tesis que hilvanaron los largos y elaborados discursos de los antiguos, y que no se sometieron a indagaciones para extenderlas m&#x00E1;s all&#x00E1; del cometido de explicar los fen&#x00F3;menos de las enfermedades seg&#x00FA;n las doctrinas y las reglas de la pr&#x00E1;ctica acomodadas a los principios recibidos, no han hecho finalmente m&#x00E1;s que limitar y estrechar los pensamientos de los hombres, entretener sus entendimientos con finas pero in&#x00FA;tiles especulaciones, y alejar sus investigaciones del verdadero y ventajoso conocimiento de las cosas. Las nociones que han sido suscitadas en las cabezas de los hombres por principios especulativos remotos, aunque sean ver&#x00ED;dicas, son como la curiosa imaginer&#x00ED;a que los hombres ven a veces en las nubes y que se complacen en llamar «los cielos», las cuales, aunque son fant&#x00E1;sticas en su mayor parte y en el mejor caso no son m&#x00E1;s que la contextura accidental de una niebla, realmente perturban la vista y acortan la perspectiva. Y aunque estas apariciones pintadas son suscitadas por el sol y parecen la progenie genuina de la gran fuente de luz, no son realmente nada m&#x00E1;s que oscuridad y una nube; y cualquiera que viaje con sus ojos fijos en ellas est&#x00E1; con una probabilidad de diez contra uno fuera de su camino. Aqu&#x00E9;l que en Medicina establezca m&#x00E1;ximas fundamentales y desde all&#x00ED;, extrayendo consecuencias y suscitando disputas, la reduzca a la forma regular de una ciencia, ha hecho en realidad algo que ampl&#x00ED;a el arte de charlar y ha establecido quiz&#x00E1; el fundamento para disputas interminables. Pero si espera llevar a los hombres por medio de tal sistema hacia el conocimiento de las enfermedades de los cuerpos de los hombres, la constituci&#x00F3;n, naturaleza, signos, cambios e historia de las enfermedades con la forma segura y directa de curarlas, emprende una senda parecida a la del que camina arriba y abajo por un bosque demasiado frondoso cubierto de zarzas y espinas, con el designio de adquirir una panor&#x00E1;mica y dibujar un mapa del territorio. Estos teoremas especulativos ofrecen a la medicina un provecho tan peque&#x00F1;o como el que producir&#x00ED;an d&#x00E1;ndolos de alimento a los hombres. Y aqu&#x00E9;l que piense que lleg&#x00F3; a ser experto en las enfermedades estudiando la doctrina de los humores, que las nociones de obstrucciones y putrefacciones le ayudan a curar las fiebres, o que por la familiaridad que tiene con el azufre y el mercurio fue conducido hacia este descubrimiento &#x00FA;til, o que con ciertas medicinas y r&#x00E9;gimen mata con tanta seguridad en el final tard&#x00ED;o de algunas fiebres como cura en otras, puede con la misma racionalidad creer que su cocinero debe su habilidad en asar y hervir a su estudio de los elementos y que sus especulaciones sobre el fuego y el agua le han ense&#x00F1;ado que los mismos licores burbujeantes que hierven el huevo hasta endurecerlo ponen a la gallina tierna. El comienzo y el mejoramiento de las artes &#x00FA;tiles, y las ayudas de la vida humana, han surgido todos de la industria y la observaci&#x00F3;n; el conocimiento verdadero surgi&#x00F3; primero en el mundo por la experiencia y las operaciones racionales; y si este m&#x00E9;todo hubiera sido continuado y todos los pensamientos de los hombres hubieran sido empleados en a&#x00F1;adir sus propias pruebas a la observaci&#x00F3;n de otros, la medicina sin duda, as&#x00ED; como muchos otros artes, habr&#x00ED;a estado en una condici&#x00F3;n mucho mejor que en la que est&#x00E1; ahora. Pero el hombre orgulloso, no contento con ese conocimiento del cual era capaz y que era &#x00FA;til para &#x00E9;l, necesita penetrar en las causas ocultas de las cosas, instaura principios y establece m&#x00E1;ximas para s&#x00ED; mismo sobre las operaciones de la naturaleza, y despu&#x00E9;s espera en vano que la Naturaleza, o en verdad Dios mismo, proceda seg&#x00FA;n esas leyes que sus m&#x00E1;ximas le hab&#x00ED;an prescrito. Mientras que sus estrechas y d&#x00E9;biles facultades no podr&#x00ED;an alcanzar m&#x00E1;s all&#x00E1; de la observaci&#x00F3;n y la memoria de unos pocos efectos producidos por causas visibles y externas, y aun as&#x00ED; de una manera completamente fuera del alcance de su aprehensi&#x00F3;n, no siendo quiz&#x00E1; ning&#x00FA;n absurdo pensar que esta grande y curiosa f&#x00E1;brica del mundo, la obra del Todopoderoso, no puede ser comprendida perfectamente por ning&#x00FA;n entendimiento excepto por aqu&#x00E9;l que la hizo, aun as&#x00ED; el hombre pretendiendo algo propio de una deidad se afan&#x00F3; en hacer que su imaginaci&#x00F3;n suministrara aquello en lo que le fall&#x00F3; su observaci&#x00F3;n, y cuando &#x00E9;l no pudo descubrir los principios y las causas y los m&#x00E9;todos de la obra de la naturaleza, necesit&#x00F3; crear todo ello sac&#x00E1;ndolo de su propio pensamiento, y fabric&#x00F3; un mundo para s&#x00ED; mismo, estructurado y gobernado por su propia inteligencia (y as&#x00ED; el hombre por deseo de conocer m&#x00E1;s de lo que era capaz perdi&#x00F3; una segunda vez el peque&#x00F1;o resto de conocimiento que le fue dejado). Esta vanidad se extiende a muchas de las partes &#x00FA;tiles de la filosof&#x00ED;a natural, y ello, cuanto m&#x00E1;s parec&#x00ED;a sutil, sublime o instruido en la misma medida se mostraba pernicioso y da&#x00F1;ino, impidiendo el crecimiento del conocimiento pr&#x00E1;ctico. As&#x00ED;, estando empe&#x00F1;ados el conjunto de hombres m&#x00E1;s agudos e ingeniosos en especulaciones vac&#x00ED;as por costumbre y educaci&#x00F3;n, el mejoramiento de las artes &#x00FA;tiles fue dejado a la clase de gente m&#x00E1;s humilde que ten&#x00ED;a recursos m&#x00E1;s d&#x00E9;biles y menos oportunidades de hacerlo, y fueron por eso mismo calificados con el desgraciado nombre de ‘mec&#x00E1;nicos’. Por consiguiente lleg&#x00F3; a ocurrir que el mundo se llen&#x00F3; de libros y disputas, y los libros se multiplicaron sin incrementar el conocimiento: las generaciones sucesivas crecieron m&#x00E1;s instruidas sin ser m&#x00E1;s sabias o m&#x00E1;s felices, y si por casualidad las conveniencias de la vida humana fueron promovidas por alguna invenci&#x00F3;n nueva, los hombres no fueron conducidos a tales descubrimientos felices por la direcci&#x00F3;n de especulaciones filos&#x00F3;ficas, sino por lo que el azar o los experimentos bien dise&#x00F1;ados ense&#x00F1;aban a aquellos que empleaban su tiempo y pensamientos en los trabajos de la naturaleza m&#x00E1;s que en las m&#x00E1;ximas de las escuelas. De esto son testigos los labradores, curtidores, herreros, panaderos, tintoreros, pintores, etc. Las grandes invenciones de la p&#x00F3;lvora y del im&#x00E1;n, que han alterado todos los asuntos del g&#x00E9;nero humano, son ejemplos innegables. As&#x00ED; pues aquellos que hab&#x00ED;an le&#x00ED;do y escrito vol&#x00FA;menes enteros sobre la generaci&#x00F3;n y la corrupci&#x00F3;n no supieron la forma de preservar o propagar las m&#x00E1;s humildes especies de criaturas, aqu&#x00E9;l que pod&#x00ED;a disputar instruidamente de nutrici&#x00F3;n, cocci&#x00F3;n y asimilaci&#x00F3;n, ten&#x00ED;a que observar al cocinero y a la buena ama de casa, para lograr una comida sana y sabrosa, y cualquiera que desease tener jardines hermosos y campos fruct&#x00ED;feros, ten&#x00ED;a m&#x00E1;s motivo para consultar la experiencia del labrador torpe y del jardinero iletrado que la del fil&#x00F3;sofo profundo o el agudo discutidor. Que nadie se ofenda si yo catalogo al cocinero y al granjero junto con el acad&#x00E9;mico y el fil&#x00F3;sofo. Puesto que hablando aqu&#x00ED; del conocimiento de los cuerpos naturales, cuya finalidad y beneficio no puede ser otro que las ventajas y conveniencias de la vida humana, todas las especulaciones sobre este tema por m&#x00E1;s curiosas o refinadas o aparentemente profundas y s&#x00F3;lidas, si no ense&#x00F1;an a sus seguidores a hacer algo mejor, o de una forma m&#x00E1;s corta y m&#x00E1;s f&#x00E1;cil que como podr&#x00ED;an hacerlo sin ellas, o si no les conducen al descubrimiento de algunos inventos nuevos y &#x00FA;tiles, no merecen el nombre de conocimiento, y no valen el tiempo derrochado en tales filosof&#x00ED;as vac&#x00ED;as y ociosas. Aquellos que est&#x00E1;n ocupados en cultivar y adornar aplicadamente tales nociones secas y est&#x00E9;riles se emplean vigorosamente para poca cosa, y por la misma raz&#x00F3;n, ahora que son hombres, podr&#x00ED;an haber retenido los mu&#x00F1;ecos que hicieron cuando eran ni&#x00F1;os, e intercambiarlos por esas nociones impr&#x00E1;cticas y vac&#x00ED;as que no son m&#x00E1;s que las mu&#x00F1;ecas de las fantas&#x00ED;as e imaginaciones de los hombres, que por bien vestidas que est&#x00E9;n, despu&#x00E9;s de cuarenta a&#x00F1;os de jugar con ellas siguen sin ser m&#x00E1;s que mu&#x00F1;ecas, desprovistas de fuerza, empleo o actividad. Pero para no extenderme en el amplio campo de la filosof&#x00ED;a natural, donde quiz&#x00E1; se implant&#x00F3; primero la fundaci&#x00F3;n del da&#x00F1;o, me limitar&#x00E9; en el momento presente, de acuerdo con mi prop&#x00F3;sito, a esa rama de la misma que se ocupa inmediatamente de la salud de los hombres; y sobre la medicina tomar&#x00E9; en consideraci&#x00F3;n: </p>
		
		<p>1) El presente estado de la facultad de Medicina tal y como ahora se encuentra en lo que ata&#x00F1;e a las enfermedades y su curaci&#x00F3;n. </p>
		
		<p>2) Los varios grados y pasos por los cuales creci&#x00F3; hasta esa altura a la que ha llegado en el presente, los cuales yo supongo que son estos que siguen: 1. Experiencia. 2. M&#x00E9;todo fundado sobre la filosof&#x00ED;a y la hip&#x00F3;tesis. 3. Bot&#x00E1;nica. 4. Qu&#x00ED;mica. 5. Anatom&#x00ED;a. En todo lo cual intentar&#x00E9; mostrar cu&#x00E1;nto ha contribuido cada uno al avance del arte de la medicina, y d&#x00F3;nde se quedaron cortos para perfeccionarlo. </p>
		
		<p>3) Qu&#x00E9; se puede hacer m&#x00E1;s all&#x00E1; de todo lo anterior, para avanzar hacia una cura de las enfermedades m&#x00E1;s r&#x00E1;pida y segura; es decir, por qu&#x00E9; medios y m&#x00E9;todo de pr&#x00E1;ctica de la medicina se puede llevar m&#x00E1;s cerca de a perfecci&#x00F3;n. </p>
		
		<p>1. Las enfermedades tal y como se presentan bajo el r&#x00E9;gimen de la medicina, y son m&#x00E1;s o menos controladas por las aplicaciones y los m&#x00E9;todos de ese arte tal y como ahora se encuentra, pueden ser convenientemente divididas en 4 clases. 1. Aquellas que est&#x00E1;n casi perfectamente bajo el control de la medicina, y en su mayor parte ceden constantemente a la mano de los m&#x00E9;dicos h&#x00E1;biles guiados por las reglas establecidas de su arte, y donde ellos pueden a primera vista (en la medida en que es adecuado, con sometimiento a la providencia y al gran dispensador de las vidas de los hombres) emprender la cura con seguridad de tener un desenlace feliz. Aunque no hay que esperar que la enfermedad m&#x00E1;s humilde deba obedecer siempre a la habilidad del m&#x00E9;dico m&#x00E1;s capaz, ni tal vanidad ser&#x00ED;a tolerable en hombres d&#x00E9;biles ignorantes que pretendieran ser los dispensadores de la salud y la vida que son los dones libres del Dios todopoderoso, y aunque su mano incontrolablemente quita u otorga donde le place, aun as&#x00ED; lo m&#x00E1;s com&#x00FA;n es que &#x00E9;l lo haga por la intervenci&#x00F3;n de medios secundarios adecuados; y por consiguiente yo no dudo de que un m&#x00E9;dico puede en algunos casos con poca presunci&#x00F3;n asegurar a un hombre enfermo su recuperaci&#x00F3;n, tal como una madre emprende la cura del hambre de su hijo, que tambi&#x00E9;n es una enfermedad, pero aun as&#x00ED; esto no lo hace &#x00E9;l por ning&#x00FA;n poder o autoridad suya sobre la naturaleza de las cosas, sino por una correcta aplicaci&#x00F3;n de aquellos remedios que fueron ordenados para la producci&#x00F3;n de tales efectos, las medicinas correctamente ordenadas siendo tan seguras para recuperar algunos cuerpos enfermos como los conejos y los pollos bien aderezados para alimentar a otros que est&#x00E1;n sanos, aunque quiz&#x00E1;s pueden encontrarse algunas constituciones con las cuales incluso esa clase de dieta saludable no se acomodar&#x00E1; del todo. Pero aun as&#x00ED;, a cualquiera que haya tra&#x00ED;do la cura de alguna enfermedad a un grado de seguridad cercano al que tiene la alimentaci&#x00F3;n de un hombre sano con cualquier tipo de carne saludable, puede permit&#x00ED;rsele ser confiado en su empe&#x00F1;o de haber perfeccionado el arte de la medicina en esa parte y para esas especies de trastorno, aunque quiz&#x00E1;s en algunos casos pertinaces e irregulares su m&#x00E9;todo bien constituido pueda fallarle, y la enfermedad pueda frustrar el habitual &#x00E9;xito de sus empresas. Y a un grado tal de perfecci&#x00F3;n como &#x00E9;se yo creo que puedo afirmar confiadamente que el arte de la medicina ha llegado en muchas enfermedades que raramente se resisten a los h&#x00E1;biles intentos de los buenos pr&#x00E1;cticos. Y no permitamos que la malicia de las personas prejuiciadas sugiera aqu&#x00ED; que en estas promesas seguras de salud no puede confiarse m&#x00E1;s que en enfermedades tales que por s&#x00ED; mismas nos dejan, donde la naturaleza trabaja com&#x00FA;nmente por la curaci&#x00F3;n sin la asistencia del arte y puede sospecharse con raz&#x00F3;n que el paciente debi&#x00F3; su recuperaci&#x00F3;n m&#x00E1;s al vigor de su propia constituci&#x00F3;n que a las drogas del farmac&#x00E9;utico, algunas enfermedades como algunas semillas…. (FIN DEL MANUSCRITO)</p>


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	<sec id="notas">
	<title>NOTAS</title>
	
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			<fn id="NOTE01"><label>1</label><p>Locke, John (1976), «Carta a Thomas Herbert, earl of Pembroke”, 28-XI-1684: <italic>The Correspondence of John Locke,</italic> ed. por S. de Beer, Oxford, Clarendon Press, vol. 2, p. 663.</p></fn>
			<fn id="NOTE02"><label>2</label><p>Locke, John (1963),<italic> </italic>«Of Human Understanding: the Epistle to the Reader” en: <italic>The Works of John Locke, </italic>en 10 vols. Londres, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1823</xref>, reimpreso en Aalen, Scientia, vol.1, pp. xlvi-xlvii.</p></fn>
			<fn id="NOTE03"><label>3</label><p>Locke (1976). «Carta a Philippus Van Limborch” 29-X-1697: <italic>Correspondence</italic>, vol. 6, 1981, p. 243.</p></fn>
			<fn id="NOTE04"><label>4</label><p><italic>Public Record Office of London</italic>, PRO 30/24/47 /2, ff. 47-56</p></fn>
			<fn id="NOTE05"><label>5</label><p>La primera edici&#x00F3;n del llamado <italic>Draft A </italic>del<italic> Essay concerning Human Understanding</italic> fue publicada por R.I. Aaron y Jocelyn Gibb en <italic>An early draft of Locke’s Essay</italic>, Oxford, Clarendon Press, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1936</xref>.</p></fn>
			<fn id="NOTE06"><label>6</label><p>Locke, «Carta al Dr. Thomas Molyneux”, 1-XI-1692: <italic>Correspondence</italic>, vol. 4, 1979, p. 563.</p></fn>
			<fn id="NOTE07"><label>7</label><p>Locke, «Carta a Nicolas Toinard” 16-VII-1678: <italic>Correspondence</italic>, vol. 1, 1976, pp. 594-5.</p></fn>
			<fn id="NOTE08"><label>8</label><p>Locke, <italic>«Of human understanding: The Epistle to the Reader”</italic>: <italic>The Works, </italic>vol.1, p. L</p></fn>
			<fn id="NOTE09"><label>9</label><p>Locke, <italic>Essay on human understanding</italic>, vol. 3, B.4., cap. 12, S. 10, p. 86.</p></fn>
			<fn id="NOTE10"><label>10</label><p>Bacon, Francis (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1985</xref>), <italic>La Gran Restauraci&#x00F3;n. «Novum Organum”</italic>, Madrid, Alianza, p.159.</p></fn>
			<fn id="NOTE11"><label>11</label><p>Boyle, Robert (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1680</xref>). <italic>The Sceptical chymist (2ª ed.) «Experiments and notes”</italic>, The Authors Preface. Oxford. (Traducci&#x00F3;n castellana: <italic>El qu&#x00ED;mico esc&#x00E9;ptico</italic>, Barcelona, Cr&#x00ED;tica, 2012).</p></fn>
			<fn id="NOTE12"><label>12</label><p>Locke, <italic>Essay on Human Understanding</italic>, vol. 3, B.4., cap. 12, S.5, p. 82.</p></fn>
			<fn id="NOTE13"><label>13</label><p>Hip&#x00F3;crates, <italic>«</italic>De l’ancienne m&#x00E9;decine<italic>”. Opera Omnia</italic> (Littr&#x00E9;), Amsterdam. Adolf M. Hakkert, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1962</xref>, vol.1, p. 605.</p></fn>
			<fn id="NOTE14"><label>14</label><p>Sydenham, Thomas (<xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1848</xref>), <italic>The Works of Thomas Sydenham</italic>, R.G. Latham (tr.), Londres, The Sydenham Society, vol.1, <italic>«The Preface”</italic>, p. IX.</p></fn>
			<fn id="NOTE15"><label>15</label><p>Locke, E<italic>ssay on Human Understanding”</italic>, vol.1, B.1, cap. 1, S. 2, p. 2.</p></fn>
			<fn id="NOTE16"><label>16</label><p>Bacon, <italic>La Gran Restauraci&#x00F3;n</italic>, pp. 368-9.</p></fn>
			<fn id="NOTE17"><label>17</label><p>Sydenham, «Smallpox, 1669”, publicado por Kenneth Dewhurst en: <italic>Dr. Thomas Sydenham</italic>, p. 111-2.</p></fn>
			<fn id="NOTE18"><label>18</label><p>Locke, «Carta al Dr. Thomas Molyneux”, 20-I-1693:<italic> Correspondence</italic>, vol. IV, p. 629.</p></fn>
			<fn id="NOTE19"><label>19</label><p>Locke, «Carta a Edward Clarke” 21-XII-1686: <italic>Correspondence</italic>, vol. III, 1978, p. 89.</p></fn>
			<fn id="NOTE20"><label>20</label><p>Locke, «Carta a John Wynne” 8-II-1695: <italic>Correspondence</italic>, vol. V, 1979, p. 266.</p></fn>
			<fn id="NOTE21"><label>21</label><p>Locke, <italic>Essay on Human Understanding</italic>, «The Epistle to the Reader” vol. 1, p. L.</p></fn>
			<fn id="NOTE22"><label>22</label><p>Guenellon, Dr. P., «Carta a Locke” 9-VII-1700: <italic>Correspondence</italic>, vol. VII, 1982, p. 105.</p></fn>
			<fn id="NOTE23"><label>23</label><p>Locke, <italic>Essay</italic>, col. 3, B.4, cap. 21, S. 4, p. 175.</p></fn>
			<fn id="NOTE24"><label>24</label><p>Locke, <italic>Essay</italic>, vol. 3, B.4, cap. 21, S. 4, p. 176.</p></fn>
			<fn id="NOTE25"><label>25</label><p>Sydenham (<xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1848</xref>), <italic>The Works of TS</italic>, vol. 1, p. 102.</p></fn>
			<fn id="NOTE26"><label>26</label><p>Locke, <italic>Essay</italic>, vol. 2, B.4, cap. 3, S. 22, p. 373.</p></fn>
			<fn id="NOTE27"><label>27</label><p>Locke, <italic>Essay</italic>, vol. 3, B.4, cap.16, S. 3, p. 102.</p></fn>
			<fn id="NOTE28"><label>28</label><p>Sydenham, <italic>The Works of TS</italic>, p. 40.</p></fn>
			<fn id="NOTE29"><label>29</label><p>Locke, <italic>Essay</italic>, vol. 2, B.3, cap. 6, S. 9, pp. 213-4</p></fn>
			<fn id="NOTE30"><label>30</label><p>Locke, <italic>Essay</italic>, vol. 3, B.4, cap. 17, S. 12, pp. 110 y 112</p></fn>
			<fn id="NOTE31"><label>31</label><p>La primera edici&#x00F3;n, modernizada, de este manuscrito fue realizada por Fox Burne en 1876 en su: <italic>The Life of John Locke</italic>, pp. 222-227. Posteriormente hubo otras ediciones, como la de Alexander Gibson de 1933: <italic>The physician’s art, </italic>Oxford, Clarendon Press, pp. 13-26. Y la de Kenneth Dewhurst en: <italic>Dr. Thomas Sydenham (1624-1689) His Life and Original Writings,</italic> Berkeley, University of California Press, 1966, pp. 79-84. Se ofrece a continuaci&#x00F3;n su primera traducci&#x00F3;n al castellano.</p></fn>
			
						
		
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>

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				  <surname>Aaron</surname>
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				  <surname>Gibb</surname>
				  <given-names>Jocelyn</given-names>
				  </name>	     	    
			  </person-group>
			  <year>1936</year> 
			  <source>An early draft of Locke’s Essay</source>
			  <publisher-loc>Oxford</publisher-loc>
			  <publisher-name>Clarendon Press</publisher-name>
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				  <given-names>John</given-names>
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			  <year>2009</year> 
			  <article-title>John Locke, Thomas Sydenham, and the Authorship of Two Medical Essays</article-title>
			  <source>Electronic British Library Journal</source>
			  <volume>3</volume>
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			  <year>1949</year> 
			  <article-title>Locke and Sydenham</article-title>
			  <source>Theoria</source>
			  <volume>15</volume>
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			  <year>1977</year> 
			  <article-title>Sydenhan and the medical meaning of method</article-title>
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			  <year>1680</year> 
			  <source>The Sceptical chymist (2ª ed.) «Experiments and notes”</source>
			  <publisher-loc>Oxford</publisher-loc>
			  <comment>Traducci&#x00F3;n castellana: (2012) El qu&#x00ED;mico esc&#x00E9;ptico, Barcelona, Cr&#x00ED;tica</comment>
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				  <surname>de Beer</surname>
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			  <year>de 1976 &#x00E1; 1989</year> 
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			  <year>1823</year> 
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			  <comment>printed By Thomas Tegg. Reprinted in 1963, in Aalen, by Scientia Verlag</comment>
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			  <year>2006</year> 
			  <article-title>John Locke and the Preface to Thomas Sydenham`s Observationes Medicae</article-title>
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