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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
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				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2014.12</article-id>
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				<subject>ESTUDIOS / RESEARCH STUDIES</subject>
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				<article-title>Los Pacientes del “Hospital de paisanos” de Zamora en el Siglo XVIII</article-title>
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				<trans-title>Health care and patients in the “Hospital de paisanos” in Zamora in the 18th century</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">HOSPITAL DE PAISANOS</alt-title>
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				 <surname>P&#x00E9;rez &#x00C1;lvarez</surname>
				 <given-names>Mar&#x00ED;a Jos&#x00E9;</given-names>
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			  <aff id="U1">Universidad de Le&#x00F3;n</aff>
			 
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				<year>2014</year>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>El gran n&#x00FA;mero de hospitales que tuvo la ciudad de Zamora durante la Edad Media qued&#x00F3; notablemente simplificado en la &#x00E9;poca Moderna. La fundaci&#x00F3;n en el siglo XVI del hospital de Sotelo y en el XVII de La Encarnaci&#x00F3;n, supuso dotar a la ciudad con dos importantes centros que ofrec&#x00ED;a atenci&#x00F3;n m&#x00E9;dico-sanitaria. Este trabajo est&#x00E1; centrado en el de La Encarnaci&#x00F3;n, entre cuyos administradores se hallaban el Ayuntamiento y el Cabildo de la Catedral, y el objeto de an&#x00E1;lisis han sido los asistidos. A partir de los registros de ingreso y defunciones, dependiendo del momento, hemos trazado el perfil de los mismos, pero, sobre todo, nos hemos centrado en el radio de influencia del establecimiento, que, como hemos podido comprobar, superaba ampliamente el marco geogr&#x00E1;fico de emplazamiento.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>The numerous hospitals in existence in the city of Zamora in the Middle Ages were considerably streamlined in the Early Modern Era. The foundation of the Sotelo hospital in the 16th century and the La Encarnaci&#x00F3;n hospital in the 17th century endowed the city with two main centres offering medical and health care. This study focused on an analysis of the patients who received care at the La Encarnaci&#x00F3;n hospital, which was governed by the City Council and the Cathedral Chapter. A patient profile was constructed from admission and mortality records, depending on the case. However, the main focus was an analysis of the hospital’s area of influence, which was found to amply exceed its immediate geographical context.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Zamora</kwd>
				<kwd>Siglo XVIII</kwd>
				<kwd>Hospitales</kwd>
				<kwd>Asistencia</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Zamora</kwd>
				<kwd>Eighteenth Century</kwd>
				<kwd>Hospitals</kwd>
				<kwd>Health Care</kwd>
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		<sec id="S0">
		<title></title>
		
		<p>Las investigaciones hist&#x00F3;ricas centradas en la hospitalidad suelen estar ligadas al estudio del mundo de la pobreza y de la beneficencia. Dentro de la historiograf&#x00ED;a modernista tuvieron un gran auge durante el &#x00FA;ltimo cuarto del siglo pasado, posteriormente fueron perdiendo vitalidad y pasaron a tener un car&#x00E1;cter casi marginal. Pero el trabajo sobre este tipo de instituciones, por los diversos enfoques que permite la documentaci&#x00F3;n que han generado, a&#x00FA;n tiene mucho que aportar para el conocimiento de nuestro pasado<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>. </p>
		
		<p>El an&#x00E1;lisis de los hospitales, tal y como en su momento se&#x00F1;al&#x00F3; Esteban de la Vega (Esteban De Vega, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1997</xref>), resulta muy atrayente por el relativo f&#x00E1;cil acceso a las fuentes. Pero a&#x00FA;n m&#x00E1;s seductora resulta la valiosa y variada informaci&#x00F3;n generada por estos centros. Los registros hospitalarios nos abren un gran abanico de posibilidades para la investigaci&#x00F3;n. Las tem&#x00E1;ticas a las que pueden dar respuesta son muy amplias, desde las relacionadas con los estudios puramente econ&#x00F3;micos hasta las vinculadas al &#x00E1;mbito de las mentalidades o de la pol&#x00ED;tica social, pasando por las formas de gesti&#x00F3;n de sus patrimonios, la capacidad de acci&#x00F3;n de los centro, los movimientos de la poblaci&#x00F3;n, la historia de la medicina, de la farmacia o de la alimentaci&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>.  </p>
		
		<p>En esta ocasi&#x00F3;n hemos abordado el tema de la hospitalidad desde abajo, es decir, el objeto de estudio van a ser las personas que fueron asistidas en el hospital de La Encarnaci&#x00F3;n de Zamora a lo largo de un siglo, entre 1680<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref> y 1788. El emplazamiento geogr&#x00E1;fico de esta ciudad, lugar de paso entre Galicia y la Meseta, la hace muy propicia para acercarnos al papel que cumplieron este tipo de obras p&#x00ED;as en el auxilio a la poblaci&#x00F3;n for&#x00E1;nea. En ese colectivo podemos encontrar cuadrillas de trabajadores estacionales, cuya presencia en la instituci&#x00F3;n aumentaba considerablemente durante los meses de verano, pobres estructurales y vagabundos o aquellas personas a las que los problemas coyunturales les obligaron a dejar atr&#x00E1;s su hogar. </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S1">
		<title>1. ZAMORA: EL MARCO ESPACIAL Y LA HOSPITALIDAD </title>
		
		<p>A mediados del siglo XVIII la ciudad de Zamora contaba con algo m&#x00E1;s de 1.900 vecinos seglares, y por esas fechas ya estaba sufriendo una nueva etapa de recesi&#x00F3;n, tras haber gozado de un periodo de relativa estabilidad. Hab&#x00ED;a comenzado aquel, t&#x00ED;midamente, en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os del siglo XVII y se prolong&#x00F3; hasta la d&#x00E9;cada de los cuarenta de la centuria siguiente, en que, de nuevo, el territorio fue v&#x00ED;ctima de un ciclo de malas cosechas (&#x00C1;lvarez V&#x00E1;zquez <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1995</xref>; Rueda <xref ref-type="bibr" rid="CIT53">1991</xref>). Superada esa coyuntura, volv&#x00ED;a a vivirse una &#x00E9;poca de expansi&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>, que lleg&#x00F3; hasta los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os del siglo XVIII.  </p>
		
		<p>La provincia zamorana era paso, casi obligado, de los transe&#x00FA;ntes o viajeros que circulaban entre el noroeste peninsular y la meseta, ya fueran asturianos, leoneses o gallegos. Precisamente, Galicia, ten&#x00ED;a una larga trayectoria en las migraciones temporales hacia el interior de Castilla<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>. No obstante, las motivaciones laborales, aunque por s&#x00ED; solas pon&#x00ED;an en circulaci&#x00F3;n a un contingente importante de personas, no eran las &#x00FA;nicas que generaban movimientos de poblaci&#x00F3;n. Hay que hablar tambi&#x00E9;n de los vinculados a las bolsas de pobreza o los de car&#x00E1;cter religioso, caso de las peregrinaciones. En este sentido, tambi&#x00E9;n la provincia de Zamora tuvo un papel destacado, pues la V&#x00ED;a de la Plata fue utilizada como ruta de peregrinaci&#x00F3;n hacia Santiago. Todos esos flujos migratorios se intensificaban en los meses de verano, que eran los de mayor actividad en el hospital de La Encarnaci&#x00F3;n. As&#x00ED;, por ejemplo, la herencia que recibi&#x00F3; el centro, a mediados del siglo XVIII, del can&#x00F3;nigo D. Dionisio de Castro para que se ampliara la oferta ocupacional, los patronos la invirtieron en dotar seis camas para los «cuatro meses de verano y de mayor calor».  </p>
		
		<p>Por otro lado, el hecho de que la provincia zamorana fuera fronteriza con Portugal dio lugar a que se generaran fluidas relaciones entre ambos territorios, tanto en periodos de paz como de inestabilidad, y por motivos bien diferentes. Pero esa circunstancia, adem&#x00E1;s, le proporcion&#x00F3; car&#x00E1;cter estrat&#x00E9;gico, convirti&#x00E9;ndose la capital en centro de acuartelamiento desde la Edad Media y sede de la Capitan&#x00ED;a General de Castilla la Vieja, entre 1737 y 1806. La presencia de soldados en Zamora se incrementaba cada vez que hab&#x00ED;a un enfrentamiento b&#x00E9;lico con el reino vecino o cuando, sin llegar a ese extremo, se viv&#x00ED;an momentos de tensi&#x00F3;n derivados del juego de alianzas pol&#x00ED;ticas.  </p>
		
		<p>La red hospitalaria zamorana de la Edad Moderna no respond&#x00ED;a a una estrategia planificada y dirigida a solucionar los problemas sanitarios de la ciudad, sino que era herencia de la voluntad caritativa, muchas veces individual, que oper&#x00F3; en la &#x00E9;poca anterior, y que a&#x00FA;n lo har&#x00ED;a durante aquella<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref>. En esta ciudad, a mediados del siglo XVIII, seg&#x00FA;n las Respuestas Generales del Catastro del marqu&#x00E9;s de Ensenada, hab&#x00ED;a cinco hospitales<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref>. De los cuales dos eran producto de la actividad fundacional llevada a cabo durante los siglos XVI y XVII<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref>. El del comendador D. Alonso de Sotelo, abri&#x00F3; sus puertas en el primer tercio del siglo XVI -para acoger «pobres enfermos»- y en la centuria siguiente lo har&#x00ED;a el de La Encarnaci&#x00F3;n. Por su parte, el de Convalecientes, a pesar de ser fundaci&#x00F3;n de esta &#x00E9;poca, no entr&#x00F3; en funcionamiento hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Estos nuevos centros, que podr&#x00ED;amos considerar que ya respond&#x00ED;an al nuevo concepto de hospital y asistencia que surgi&#x00F3; en aquella etapa hist&#x00F3;rica, como resultado de los avances en el campo de la medicina (Carasa Soto, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1985</xref>: 37; Lindemann 2001:143-145), acabaron por monopolizar la atenci&#x00F3;n sanitaria zamorana<xref ref-type="fn" rid="NOTE09">9</xref>. A esa nueva situaci&#x00F3;n se lleg&#x00F3;, no porque aquellos fueran concebidos de acuerdo con los nuevos avances cient&#x00ED;ficos<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref>, sino porque el potencial econ&#x00F3;mico que los sosten&#x00ED;a les permitir&#x00ED;a, modestamente, encaminar la gesti&#x00F3;n hacia esa vertiente.  </p>
		
		<p>Esos hospitales surgidos en la Edad Moderna, lo hicieron a partir de obras p&#x00ED;as mucho m&#x00E1;s poderosas que las de &#x00E9;poca medieval, contaban con un rico patrimonio para sostenerse y, adem&#x00E1;s, sus patronos ten&#x00ED;an la obligaci&#x00F3;n de construir un edificio, m&#x00E1;s o menos grandioso, para albergarlos. Las fundaciones, en todos los casos, y aunque no cabe duda de la fuerte carga espiritual que impuls&#x00F3; a los bienhechores a patrocinarlas, cristalizaron por la falta de descendientes directos. Por lo tanto, la labor caritativa ser&#x00ED;a la que pasaba a otorgar proyecci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica a una familia cuyo patrimonio, de otro modo, ser&#x00ED;a absorbido o diluido entre los colaterales. A su vez, esa forma de dar continuidad al apellido iba a proporcionar al linaje lustre y gran publicidad. As&#x00ED; pues, estos hospitales contribuir&#x00ED;an, por un lado, a mantener viva la memoria de la familia extinguida de los Pereira o los Sotelo, y, por otro, servir&#x00ED;an para remediar los problemas de salud que pudiera sufrir un colectivo concreto, el de los pobres<xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref>, y a mejorar la salubridad de la ciudad.  </p>
		
		<p>El hospital de La Encarnaci&#x00F3;n fue fundado en 1629, con los bienes que para ello dejaron los hermanos Pereira<xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref>. Este centro, al igual que hab&#x00ED;a ocurrido con el de Sotelo, naci&#x00F3; en un momento en el que en Zamora se viv&#x00ED;a un proceso de recesi&#x00F3;n econ&#x00F3;mica, lo que supondr&#x00ED;a una esperanza para poder cubrir las necesidades de asistencia sanitaria de las personas carentes de recursos, que los peque&#x00F1;os centros, faltos de infraestructura, no pod&#x00ED;an afrontar. En el modesto complejo hospitalario que mandaron construir los fundadores, quedaba reflejado el contexto ideol&#x00F3;gico dominante, en el que eran inseparables salud corporal y espiritual (Ortiz Quezada, 2000). Deb&#x00ED;a construirse un edificio, para poner remedio a la primera, con una iglesia adosada, en la cual ped&#x00ED;an ser enterrados los bienhechores, y que, a la vez, servir&#x00ED;a para aliviar el otro tipo de padecimiento. As&#x00ED; mismo, los Pereira ordenaban que en el recinto religioso se dijeran varias misas a la semana por su alma, actos que tambi&#x00E9;n servir&#x00ED;an de propaganda para mantener viva la memoria del linaje. </p>
		
		<p>Desde la fundaci&#x00F3;n del hospital de La Encarnaci&#x00F3;n hasta su entrada en funcionamiento, en 1678, pas&#x00F3; pr&#x00E1;cticamente medio siglo. Durante sus primeros a&#x00F1;os de actividad se dedic&#x00F3; a curar a hombres y mujeres, de «todas las enfermedades, heridas y llagas, excepto de las contagiosas», hasta que finalizara el periodo de convalecencia. Pero desde mediados del siglo XVIII solamente atendi&#x00F3; a varones, debido a la restructuraci&#x00F3;n que se llev&#x00F3; a cabo en la red hospitalaria zamorana, a ra&#x00ED;z de los decretos reales en los que se ordenaba que se remediaran en ellos militares. En sus inicios, dispon&#x00ED;a, seg&#x00FA;n los dict&#x00E1;menes del fundador, de catorce aposentos para varones y diez para mujeres, y, en caso de ser necesario, pod&#x00ED;an reservarse algunas plazas para personas que padecieran enfermedades de larga curaci&#x00F3;n como «t&#x00ED;sicos, &#x00E9;ticos, hidr&#x00F3;picos o llagas curables»<xref ref-type="fn" rid="NOTE13">13</xref>. La plantilla sanitaria que deb&#x00ED;a prestar servicio en el hospital, seg&#x00FA;n orden&#x00F3; D. Pedro Mor&#x00E1;n, deb&#x00ED;a estar formada por uno o dos m&#x00E9;dicos<xref ref-type="fn" rid="NOTE14">14</xref>, un cirujano, enfermeros y otra serie de personas que se encargar&#x00ED;an del aseo y alimento de los enfermos. A mediados del siglo XVIII, fruto de la din&#x00E1;mica y la experiencia que hab&#x00ED;an ido adquiriendo el centro, la estructura era m&#x00E1;s compleja, por ejemplo, cada facultativo ten&#x00ED;a sus propios ayudantes, adem&#x00E1;s de los enfermeros que formaban parte del cuadro de personal.  </p>
		
		<p>En la d&#x00E9;cada de los cincuenta del XVIII, el hospital complet&#x00F3; sus instalaciones con una botica. Hasta 1756 las medicinas se las hab&#x00ED;an surtido boticarios particulares, la Compa&#x00F1;&#x00ED;a se Jes&#x00FA;s y, fundamentalmente, el convento de San Jer&#x00F3;nimo. Aquel a&#x00F1;o, a iniciativa del comisario se retomaba una vieja cuesti&#x00F3;n, la que consideraba «que por estar el convento muy distante…se segu&#x00ED;a grave perjuicio para los enfermos», por lo que los patronos decidieron comprar la un botica. Les ped&#x00ED;an 4.600 reales, que ellos decidieron negociar<xref ref-type="fn" rid="NOTE15">15</xref>, «por los pertrechos y diferentes remedios y frascos de vidrio de la botica». Pocos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de aquella inversi&#x00F3;n, el centro ampli&#x00F3; sus infraestructuras construyendo un cementerio para «enterrar los cad&#x00E1;veres de los pobres paisanos y militares». Este centro supuso un paso m&#x00E1;s en la oferta de tratamiento terap&#x00E9;utico para la abundante poblaci&#x00F3;n necesitada que hab&#x00ED;a en la ciudad de Zamora.  </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S2">
		<title>2. LA ACTIVIDAD EN EL HOSPITAL DE LA ENCARNACI&#x00D3;N </title>
		
		<p>Los registros de entradas y defunciones que se han conservado del hospital de La Encarnaci&#x00F3;n nos permitir&#x00E1;n acercarnos al perfil de los socorridos y a la din&#x00E1;mica asistencial en la capital zamorana. Nos hemos centrado exclusivamente en el personal civil<xref ref-type="fn" rid="NOTE16">16</xref>, pues el registro militar adolece de grandes lagunas. Disponemos de datos desde 1678 hasta julio de 1788, ahora bien, esos son de diferente naturaleza. En el registro que se inici&#x00F3; el 27 de enero de 1678, se anotaba el nombre del enfermo, su procedencia y, en caso de fallecimiento, la fecha en que tuvo lugar el &#x00F3;bito, pero desde el mes de julio de 1680 hasta el 27 de agosto de 1767 s&#x00F3;lo se asentaron las defunciones. En esa &#x00FA;ltima fecha, los administradores retomaron el esquema inicial, es decir, el control prioritario volvieron a ejercerlo sobre los ingresos.  </p>
		
		<p>En este centro fallecieron entre 1678 y 1767, prescindiendo de los datos del segundo quinquenio de la d&#x00E9;cada de los cuarenta del siglo XVIIII, bastante incompleta, 2.644 personas civiles, y desde 1768 hasta 1787 ingresaron 8.582 varones. Para acercarnos un poco m&#x00E1;s a la capacidad de respuesta de este hospital es preciso se&#x00F1;alar que el n&#x00FA;mero medio de personas que cada a&#x00F1;o fallec&#x00ED;an era de 33,3 y el de ingresos, que como ya hemos expuesto solamente conocemos para la segunda mitad del siglo XVIII, era de cuatrocientas<xref ref-type="fn" rid="NOTE17">17</xref> -429,1-. Esas medias son el resultado de importantes alteraciones, fruto de la incidencia de enfermedades en a&#x00F1;os especialmente cr&#x00ED;ticos, bien sea por ciclos epid&#x00E9;micos, crisis agrarias o episodios b&#x00E9;licos. A su vez, tambi&#x00E9;n repercutieron en la cifra de atenciones las labores de ampliaci&#x00F3;n o una mayor disponibilidad econ&#x00F3;mica. Una muestra de esas oscilaciones se aprecia en las defunciones: en la dos &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas del siglo XVII acontec&#x00ED;an 25,2 por a&#x00F1;o, siete puntos por encima de las que se produjeron en la primera mitad del siglo XVIII -17,3- y la mitad, pr&#x00E1;cticamente, de las que se alcanzaron entre 1750 y 1787 -54,9-. Esta &#x00FA;ltima cifra fue el resultado, m&#x00E1;s que de las dificultades econ&#x00F3;micas de la etapa, que de hecho se padecieron, de la mayor capacidad de respuesta que tuvo el centro tras las obras llevadas a cabo a mediados de la centuria. A su vez, durante gran parte de este &#x00FA;ltimo ciclo, podemos conocer, gracias al cruce entre ingresos y defunciones, la mortandad hospitalaria en dicho centro. El resultado medio, en el que quedan compensados los a&#x00F1;os especialmente cr&#x00ED;ticos, fue de poco m&#x00E1;s del 15%<xref ref-type="fn" rid="NOTE18">18</xref>.  </p>
		
		<p>A trav&#x00E9;s de las ordenanzas elaboradas para el gobierno del hospital, en 1760<xref ref-type="fn" rid="NOTE19">19</xref>, podemos conocer el personal sanitario que prestaba servicio en el hospital. Esa platilla estaba formaban por dos m&#x00E9;dicos, un cirujano, dos practicantes al menos, y un n&#x00FA;mero variable de enfermeros. Los cirujanos y m&#x00E9;dicos, que trabajaban por turnos de un mes, deb&#x00ED;an atender, adem&#x00E1;s, a los pacientes del hospital de Sotelo. Respecto a los practicantes, su n&#x00FA;mero variaba en funci&#x00F3;n de las salas que estuvieran abiertas y entre sus actividades estaba el practicar sangr&#x00ED;as y curas, aplicar ventosas o encargarse del que cada paciente recibiera el tipo de alimentaci&#x00F3;n recomendada. Los enfermeros eran los encargados del aseo de las salas y de los enfermos. Finalmente, el boticario y su mancebo eran los responsables de preparar y administrar la medicaci&#x00F3;n que necesitaban los pacientes.  </p>
		
		
		<sec id="S2.1">
		<title>2.1 Los asistidos </title>
		
		<p>Los beneficiarios de la asistencia hospitalaria eran los grupos m&#x00E1;s desfavorecidos de la sociedad, pues conocido es que aquellos que gozaban de recursos no sol&#x00ED;an utilizar este tipo de instalaciones. Apenas disponemos de ciento cincuenta partidas en las que la informaci&#x00F3;n que se ofrece del asistido supera los datos b&#x00E1;sicos de identificaci&#x00F3;n, no obstante, esa muestra nos ha permitido realizar un peque&#x00F1;o bosquejo de la clientela del centro. Tres de cada cuatro personas, ya fueran hombres o mujeres, zamoranos o forasteros, llevaba, al menos, uno de los tres calificativos que con m&#x00E1;s frecuencia se repet&#x00ED;an: «viejo», «pobre» y «muy pobre». Entre los numerosos ejemplos que pueden citarse est&#x00E1; el de Manuel G&#x00F3;mez. Este hombre, que viv&#x00ED;a de la limosna en Zamora, era natural de Madrid y «hab&#x00ED;a sido casado y maestro de ni&#x00F1;os». Tambi&#x00E9;n con las limosnas se manten&#x00ED;a Mar&#x00ED;a Villalba, natural de Villafafila<xref ref-type="fn" rid="NOTE20">20</xref>. En la partida de esa mujer, que era viuda y ten&#x00ED;a una hija, anotaron que era «pobre y muy virtuosa». Por su parte, Francisco Mongil, que falleci&#x00F3; en el centro en diciembre de 1688, era «muy pobre» y se hab&#x00ED;a trasladado temporalmente desde Villalpando a la ciudad, «a pedir limosna». Pero la pobreza no s&#x00F3;lo se cebaba con los ancianos, otro importante colectivo de potenciales v&#x00ED;ctimas estaba en el otro extremo del ciclo vital. Es relativamente frecuente, pero sobre todo en momentos de especial dificultad, como los a&#x00F1;os finales del siglo XVII, encontrar muchachos hu&#x00E9;rfanos o abandonados que entraban en el hospital a curarse o que eran recogidos por las calles. En diciembre 1691 ingres&#x00F3; un joven gallego, de doce a&#x00F1;os, que seg&#x00FA;n dijo «a su padre lo mataron unos gitanos este verano en el monte del cubo y su madre Mar&#x00ED;a Antonia es difunta». A su vez, en las partidas en que aparece reflejada la actividad econ&#x00F3;mica que desempe&#x00F1;aba el enfermo/a, la situaci&#x00F3;n, en t&#x00E9;rminos generales, no era muy diferente a la que acabamos de relatar. Las profesiones m&#x00E1;s repetidas eran las de sirviente, zapatero, barbero o herrero. La gran mayor&#x00ED;a, adem&#x00E1;s, ped&#x00ED;an la limosna, por lo que la actividad declarada la ejercer&#x00ED;an de forma ocasional. Posiblemente fuera la enfermedad o la vejez la que les imped&#x00ED;a desempe&#x00F1;ar el trabajo de forma continuada.  </p>
		
		<p>En lo que respecta al uso que hombres y mujeres hicieron del hospital de La Encarnaci&#x00F3;n, que como ya hemos se&#x00F1;alado fue mixto desde su fundaci&#x00F3;n hasta mediados del siglo XVIII, las fuentes s&#x00F3;lo nos permiten conocerlo entre 1680-1743. Durante aquellos a&#x00F1;os, poco m&#x00E1;s de sesenta, las mujeres representaron en los &#x00F3;bitos un 29,4%, frente al 70,6% de los varones<xref ref-type="fn" rid="NOTE21">21</xref> (<xref ref-type="table" rid="T1">tabla I</xref>). S&#x00F3;lo durante la Guerra de Sucesi&#x00F3;n el peso masculino fue la m&#x00E1;s elevado, llegando en alg&#x00FA;n a&#x00F1;o a superar la media en un 45%. Se trataba, fundamentalmente, de personas c&#x00E9;libes, pues el 40,6% de las mujeres y el 43,6% de los varones fallecidos en ese centro declaraban ese estado civil, a continuaci&#x00F3;n aparec&#x00ED;an los casados, 33,3% y 42% respectivamente, y menos frecuente era la viudedad, sobre todo masculina. </p>
		
		<fig id="T1">
					<label>Tabla I</label>
					<caption>
					<title>Sexo de las personas fallecidas en el hospital de La Encarnaci&#x00F3;n entre 1680 y 1743</title>
					</caption>
					<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T1.jpg"/>
				</fig>
		
		<p>Para los varones podemos completar esa informaci&#x00F3;n, pues en la segunda mitad del siglo XVIII disponemos de las partidas de ingreso (<xref ref-type="table" rid="T2">tabla II</xref>). El resultado que arrojan es una representaci&#x00F3;n de la solter&#x00ED;a m&#x00E1;s abultada que la que se desprende de los registros de defunciones, lo cual es reflejo de la diferente naturaleza de las fuentes. Te&#x00F3;ricamente, casados y viudos tendr&#x00ED;an una edad m&#x00E1;s avanzada que los c&#x00E9;libes, por lo tanto podr&#x00ED;an tener m&#x00E1;s dificultades para superar la enfermedad. A su vez, tambi&#x00E9;n podemos constatar el predominio de la solter&#x00ED;a entre los desplazados, ya fueran de la propia provincia o de otra. Pues si el celibato representaba 34,1% en los &#x00F3;bitos de los zamoranos y el 57,6% para los oriundos de otras provincias, en los ingresos pasaba a suponer el 51,0% y 65,7%, respectivamente<xref ref-type="fn" rid="NOTE22">22</xref>. Una situaci&#x00F3;n semejante se aprecia tambi&#x00E9;n en el colectivo femenino, pues entre las forasteras el mayor peso porcentual reca&#x00ED;a notoriamente en las solteras<xref ref-type="fn" rid="NOTE23">23</xref>. Se tratar&#x00ED;a, al igual que los varones, de j&#x00F3;venes que sal&#x00ED;an de su tierra a buscar un trabajo, bien estacional o de m&#x00E1;s larga duraci&#x00F3;n. </p>
		
		<fig id="T2">
					<label>Tabla II</label>
					<caption>
					<title>Estado civil de los varones fallecidos e ingresados en el Hospital de La Encarnaci&#x00F3;n (1680-1781)</title>
					</caption>
					<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T2.jpg"/>
				</fig>
		
		<p>Para conocer el origen geogr&#x00E1;fico de los hombres y mujeres que eran asistidos en el hospital de La Encarnaci&#x00F3;n, nos valdremos de la informaci&#x00F3;n que nos ofrecen las partidas de 1.833 personas fallecidas entre 1680 y 1766 y de 2.088 ingresadas -1.073 entre 1767 y 1770 y 1.015 en 1780 y 1781-. As&#x00ED; pues, para trazar su radio de influencia de este centro hospitalario, disponemos del lugar de procedencia 3.921 asistidos (<xref ref-type="table" rid="T3">tabla III</xref>). </p>
		
		<fig id="T3">
					<label>Tabla III</label>
					<caption>
					<title>Procedencia de los fallecidos e ingresados en el hospital de La Encarnaci&#x00F3;n de Zamora (1680-1781)</title>
					</caption>
					<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T3.jpg"/>
				</fig>
		
		<p>El grupo mayoritario de asistidos, l&#x00F3;gicamente, era el de los zamoranos<xref ref-type="fn" rid="NOTE24">24</xref>. Su representaci&#x00F3;n, que nivel global supuso el 54%, fue ganando peso a lo largo de la muestra, pasando del 47,6%, entre 1680 y 1766, al 64,9% en el bienio 1780-1781. No obstante, y dada la diferente naturaleza de las fuentes, posiblemente en el primer porcentaje est&#x00E9;n un tanto infravalorados los forasteros. La desviaci&#x00F3;n se deber&#x00ED;a a que los c&#x00E1;lculos de la primera etapa solamente podemos realizarlos a partir de las defunciones, donde el porcentaje de c&#x00E9;libes era bastante inferior al que se desprende de los ingresos, y entre ese grupo, como hemos podido comprobar, abundaban los forasteros. Esto es, gente m&#x00E1;s joven, con, al menos aparentes, mayores posibilidades de sortear la muerte. </p>
		
		<p>Esa p&#x00E9;rdida porcentual de forasteros en la muestra se debe, fundamentalmente, al considerable aumento de la demanda de asistencia por parte de los zamoranos, que en el bienio 1780-81 la media anual aument&#x00F3; en un 124%, respecto a mediados de esa misma centuria. Por su parte, la afluencia de gentes provenientes de otras provincias tambi&#x00E9;n experiment&#x00F3; un notable avance, aunque en menor medida que los anteriores (46,5%). Ahora bien, dentro de &#x00E9;stos nos encontramos casos extremos, pues si la representaci&#x00F3;n de orensanos creci&#x00F3; en algo m&#x00E1;s un 70%, la del resto de gallegos descendi&#x00F3; ligeramente, salvo la de pontevedreses del Bajo Mi&#x00F1;o, que continu&#x00F3; en los mismos niveles<xref ref-type="fn" rid="NOTE25">25</xref>.  </p>
		
		<p>Entre los zamoranos, la presencia de los habitantes de la ciudad fue aumentando a medida que avanzaba la centuria dieciochesca. Los oriundos de Zamora pasaron de suponer un 50,2%, durante la etapa en la que solamente disponemos de &#x00F3;bitos, a un 64,5%, entre 1780-81. Lo cual ser&#x00ED;a el reflejo del proceso inmigratorio que vivi&#x00F3; la ciudad en la segunda mitad del siglo XVIII, muy relacionado con una tendencia econ&#x00F3;mica nefasta que se hab&#x00ED;a iniciado a comienzos de la d&#x00E9;cada de los sesenta<xref ref-type="fn" rid="NOTE26">26</xref>, y que en el conjunto de la Corona de Castilla afect&#x00F3; con gran intensidad entre 1762 y 1765 (P&#x00E9;rez Moreda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">1980</xref>). Esa coyuntura desencaden&#x00F3; un proceso migratorio entre los campesinos, que fueron a asentarse a los arrabales de la ciudad, donde, por otro lado, la construcci&#x00F3;n les ofrec&#x00ED;a algunas expectativas laborales (Velasco Merino, <xref ref-type="bibr" rid="CIT63">1993</xref>, Rup&#x00E9;rez Almajano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT54">1993</xref>). Esos desplazamientos de la pobreza tambi&#x00E9;n quedaron reflejados en la actividad hospitalaria, pues entre 1767 y 1781 fue disminuyendo el n&#x00FA;mero de asistencias a personas procedentes del campo en favor de gentes asentadas en la ciudad.  </p>
		
		<p>De los que llegaban del &#x00E1;mbito rural, y fueron ingresados en La Encarnaci&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE27">27</xref>, cabe destacar la elevada representaci&#x00F3;n que tuvieron las procedentes de las comarcas situadas en el norte y este de la provincia. Casi el 50% de los asistidos proced&#x00ED;an de Sanabria y La Carballeda, Alba-Aliste y Sayago, territorios en los que el medio geogr&#x00E1;fico frenaba el desarrollo de la agricultura. Las personas oriundas de esas zonas ser&#x00ED;an, generalmente, desheredadas, que buscaban en la ciudad una salida laboral, o peque&#x00F1;os propietarios, necesitados de unos ingresos complementarios que les permitieran garantizar la reproducci&#x00F3;n social de sus unidades dom&#x00E9;sticas<xref ref-type="fn" rid="NOTE28">28</xref>. Un segundo grupo de asistidos era el de los que llegaban del &#x00E1;rea de influencia de la ciudad, desde el punto de vista econ&#x00F3;mico y humano. Se trataba de las comarcas de Tierra del Pan y Tierra del Vino, de donde salieron algo m&#x00E1;s del 30% de las personas que fueron socorridas en el hospital. Finalmente, el apenas 20% restante, se repart&#x00ED;a por las tierras de Benaventanas, Campos, Toro y la Guare&#x00F1;a. Las dos primeras bajo el &#x00E1;rea de influencia de la villa de Benavente, donde tambi&#x00E9;n se encontraban importantes centros asistenciales, y las otras formaban parte de la antigua provincia de Toro (<xref ref-type="fig" rid="F1">figura 1</xref>).  </p>
		
		<fig id="F1">
				<label>Mapa 1</label>
				<caption>
				<title>Distribuci&#x00F3;n comarcal de los ingresados zamoranos en el Hospital de la Encarnaci&#x00F3;n de Zamora (1680-1781)</title>
				</caption>
				<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F1.jpg"/>
			</fig>
		
		<p>En las asistencias prestadas a los zamoranos del &#x00E1;mbito rural, se puede apreciar una marcada estacionalidad, lo que nos sit&#x00FA;a ante movimientos migratorios de car&#x00E1;cter pendular dentro de la propia provincia. Esas gentes se trasladar&#x00ED;an a la ciudad, a juzgar por la incidencia mensual de las demandas hospitalarias, una vez que en su tierra hab&#x00ED;an recogido la cosecha de cereal, para emplearse en las obras se realizaban durante los meses de verano y comienzos del oto&#x00F1;o. A partir del mes de noviembre los ingresos comenzaban a descender. Pero adem&#x00E1;s de estos desplazamientos exist&#x00ED;an otros, m&#x00E1;s minoritarios, los protagonizados por campesinos sin despensa que llegaban a la ciudad en los meses de invierno para vivir de la limosna que ofrec&#x00ED;an las instituciones religiosas y los particulares.  </p>
		
		<p>En torno al 46% de los hombres y mujeres que fueron asistidos en La Encarnaci&#x00F3;n, eran forasteros (<xref ref-type="fig" rid="F2">figura 2</xref>, <xref ref-type="fig" rid="F3">figura 3</xref> y <xref ref-type="fig" rid="F4">figura 4</xref>). Por el mes de mayo comenzaban a dispararse en el centro hospitalario los ingresos de estas gentes, resultando imparables hasta agosto, en que se invert&#x00ED;a la tendencia hasta que al a&#x00F1;o siguiente comenzara un nuevo ciclo. La gran mayor&#x00ED;a de estas personas no ten&#x00ED;an fijada su residencia en Zamora, sino que la enfermedad o la muerte los alcanzaron en tr&#x00E1;nsito. No obstante, no podemos descartar que algunos de los forasteros atendidos en el centro hubieran focalizado sus exceptivas laborales en la esta ciudad, a pesar de no tratarse de un centro urbano con grandes perspectivas de trabajo. En los casos que tenemos noticia de ello, es decir, entre los asistidos que estaban avecindados en la ciudad y no eran oriundos de la misma, las procedencias m&#x00E1;s frecuentes coinciden con las mayoritarias en los ingresos: Galicia, Portugal o Le&#x00F3;n. En unos casos quedaron vinculados a la ciudad por trabajo y en otros por matrimonio. </p>
		
		<fig id="F2">
				<label>Mapa 2</label>
				<caption>
				<title>Procedencia geogr&#x00E1;fica de los fallecidos en el Hospital de la Encarnaci&#x00F3;n de Zamora (1680-1766)</title>
				</caption>
				<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F2.jpg"/>
			</fig>
			
		<fig id="F3">
				<label>Mapa 3</label>
				<caption>
				<title>Procedencia geogr&#x00E1;fica de los ingresados en el Hospital de la Encarnaci&#x00F3;n de Zamora (1767-1770)</title>
				</caption>
				<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F3.jpg"/>
			</fig>
			
		<fig id="F4">
				<label>Mapa 4</label>
				<caption>
				<title>Procedencia geogr&#x00E1;fica de los ingresados en el Hospital de la Encarnaci&#x00F3;n de Zamora (1780-1781)</title>
				</caption>
				<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F4.jpg"/>
			</fig>
		
		<p>El segundo colectivo en importancia, que hizo uso del hospital de La Encarnaci&#x00F3;n, fue el de los gallegos (<xref ref-type="fig" rid="F5">figura 5</xref>). Generalmente, y a juzgar por la distribuci&#x00F3;n de sus movimientos a lo largo del a&#x00F1;o, se tratar&#x00ED;a de trabajadores estacionales, representantes de un sistema econ&#x00F3;mico organizado en torno a esas salidas<xref ref-type="fn" rid="NOTE29">29</xref>. Como es bien sabido, estas gentes viajaban en cuadrillas, y hay algunos casos en que la enfermedad atac&#x00F3; a la vez a varios compa&#x00F1;eros o miembros de una misma familia<xref ref-type="fn" rid="NOTE30">30</xref>.  </p>
		
		<fig id="F5">
				<label>Mapa 5</label>
				<caption>
				<title>Distribuci&#x00F3;n comarcal de los ingresados gallegos en el Hospital de la Encarnaci&#x00F3;n de Zamora (1680-1781)</title>
				</caption>
				<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F5.jpg"/>
			</fig>
		
		<p>La presencia de gallegos, en el total de asistidos, supon&#x00ED;a el 26,1%<xref ref-type="fn" rid="NOTE31">31</xref>, entre 1680 y 1765, el 29,2%, desde 1767 hasta 70 y el 22,5%<xref ref-type="fn" rid="NOTE32">32</xref>, en el bienio 1780-81. Ese descenso porcentual no supuso una p&#x00E9;rdida en t&#x00E9;rminos absolutos, puesto que su presencia fue aumentando a lo largo de la centuria<xref ref-type="fn" rid="NOTE33">33</xref>. Pas&#x00F3; de una media anual de 82 ingresos, entre 1767 y 1770, a otra de 118, de 1780 a 1781. De mantenerse las proporciones que se reflejan en el registro de defunciones, estos varones supon&#x00ED;an el 80% del colectivo de desplazados que llegaban de tierras gallegas, siendo mujeres el resto<xref ref-type="fn" rid="NOTE34">34</xref>.  </p>
		
		<p>La demanda de asistencia de las diferentes provincias gallegas fue muy desigual. La realizada por los orensanos<xref ref-type="fn" rid="NOTE35">35</xref> pr&#x00E1;cticamente duplic&#x00F3; a la suma de las otras tres. El mayor n&#x00FA;mero de enfermos proced&#x00ED;a de la Baixa Limia, concretamente uno de cada cinco orensanos ingresados en La Encarnaci&#x00F3;n, les segu&#x00ED;an, en importancia, las comarcas que hac&#x00ED;an frontera con Zamora, Viana y Valdeorras, que juntas aportaron una cuarta parte de los orensanos asistidos en este establecimiento, y a continuaci&#x00F3;n las de Ver&#x00ED;n y Limia. Se trataba de desplazamientos que respond&#x00ED;an a motivaciones bien distintas, pues si la parte occidental de la provincia de Orense, con una econom&#x00ED;a m&#x00E1;s din&#x00E1;mica, no pudo reabsorber el crecimiento de poblaci&#x00F3;n al que esa dio lugar, en la oriental fueron las arcaicas estructuras agrarias las que no permitieron el desarrollo demogr&#x00E1;fico (Eiras Roel, 1996; Rodr&#x00ED;guez Fern&#x00E1;ndez, 2004, pp. 149-184).  </p>
		
		<p>La llegada de orensanos aument&#x00F3; considerablemente a lo a medida que avanzaba el siglo XVIII<xref ref-type="fn" rid="NOTE36">36</xref>. A partir de los registros de defunciones resulta complicado calcular el n&#x00FA;mero de personas que ingresaron en el centro entre 1680 y 1766, pero suponiendo que la mortandad se moviera en valores muy similares a los de la segunda mitad del XVIII -entre el 15-20%-, en ese periodo habr&#x00ED;an entrado entre 10 y 14 al a&#x00F1;o, mientras que desde 1767 hasta 1770 lo hicieron 50,8 y en el bienio 1780-81 se llegaron a las 87,5.  </p>
		
		<p>Una de las salida naturales de los gallegos hacia territorio castellano, y sobre todo de los orensanos, era a trav&#x00E9;s de la fronteriza provincia de Zamora, con la que exist&#x00ED;a una comunicaci&#x00F3;n relativamente f&#x00E1;cil. Pod&#x00ED;an utilizar la v&#x00ED;a que comunicaba Braga con Astorga, tomando la ruta norte o bien por la que atravesaba territorio portugu&#x00E9;s, la cual se solapaba con la que un&#x00ED;a Salamanca con Monterrey. Para los de Valdeorras o Trives, el viaje podr&#x00ED;a resultar m&#x00E1;s c&#x00F3;modo cruzando por la provincia de Le&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE37">37</xref>. Esa proximidad fue la que dio lugar a la importante presencia de temporeros procedentes de Galicia en el hospital de La Encarnaci&#x00F3;n, obra p&#x00ED;a que para ellos supondr&#x00ED;a un gran apoyo en el camino.  </p>
		
		<p>La presencia de gentes de las otras tres provincias gallegas, como ya hemos se&#x00F1;alado, fue mucho m&#x00E1;s modesta. Se movi&#x00F3; entre el 11,1% y el 5,8%, sobre el total de la muestra, y el 25,7% y el 17,1% si la calculamos entre los forasteros. La demanda media anual de este colectivo fue bastante estable. Pues si desde 1767 hasta 1770 el centro atendi&#x00F3; 31,3 personas por a&#x00F1;o, entre 1780 y 1781 fueron 30,5. A medida que avanzaba el siglo el siglo XVIII los ingresos de pontevedreses fueron desplazando al resto, pasaron de una media de 13,8, en el segundo quinquenio de la d&#x00E9;cada de los sesenta, a otra de casi de casi 19, en el bienio 1780-981. Entre ellos cabe destacar a los procedentes del Bajo Mi&#x00F1;o, donde la fuerte presi&#x00F3;n sobre los recursos, que hab&#x00ED;a generado el cultivo del ma&#x00ED;z, desemboc&#x00F3; en importantes movimientos migratorios<xref ref-type="fn" rid="NOTE38">38</xref>. El destino de los mismos, fundamentalmente de car&#x00E1;cter temporal, fueron las ciudades castellanas.  </p>
		
		<p>Despu&#x00E9;s de zamoranos y gallegos, el siguiente grupo en importancia, atendido en La Encarnaci&#x00F3;n, fue el de los Castellano-leoneses. La demanda asistencial de estos territorios, que oscil&#x00F3; entre el 12,3% y el 7,1%, del total y el 25,3% y el 17,5%, de los forasteros, tambi&#x00E9;n aument&#x00F3; en la segunda mitad del siglo XVIII, pasando de una media anual de 21,2 enfermos a otra de 37. En este caso, el radio de acci&#x00F3;n del hospital se concentraba, fundamentalmente, en las tres provincias lim&#x00ED;trofes. Pero fueron los leoneses los que mayor uso hicieron del establecimiento, llegando a acaparar m&#x00E1;s de la mitad de los ingresos correspondientes a este territorito. Entre ellos, cabe destacar a las gentes del Bierzo, la maragater&#x00ED;a, la Cepeda o el Paramo; todas ellas comarcas bien comunicadas con Zamora. En estos casos los movimientos de la pobreza los gener&#x00F3; la ausencia de recursos.  </p>
		
		<p>Otro colectivo, que tambi&#x00E9;n fue perdiendo representaci&#x00F3;n en t&#x00E9;rminos relativos, pero no en absolutos, fue el de los extranjeros, pr&#x00E1;cticamente todos oriundos de Portugal (<xref ref-type="fig" rid="F6">figura 6</xref>). De entre ellos cabe destacar, l&#x00F3;gicamente, a los enfermos provenientes de territorios fronterizos -Miranda, Almeida o Chaves-, consecuencia evidente de la complementariedad econ&#x00F3;mica y de las afinidades culturales que genera la proximidad geogr&#x00E1;fica. Adem&#x00E1;s de aquellos, tambi&#x00E9;n ingresaron portugueses de otros lugares un poco m&#x00E1;s alejados de la capital zamorana, como el obispado de Braga y, excepcionalmente, del de Oporto. La presencia lusa en este hospital era consecuencia de dos problem&#x00E1;ticas territoriales bien distintas, pues si en la regi&#x00F3;n del Minho la prosperidad agr&#x00ED;cola fue la causante de los movimientos migratorios<xref ref-type="fn" rid="NOTE39">39</xref>, en Tras-os-Montes estar&#x00ED;a motivada por un sistema agrario muy condicionando por la orograf&#x00ED;a, que pudieron sortear, a lo largo de la centuria dieciochesca, gracias a la viticultura. As&#x00ED; mismo, en estas localidades fronterizas fue muy importante el trabajo estacional, protagonizado por segadores, que agrupados en cuadrillas se desplazaban al Reino de Le&#x00F3;n o a los territorios del centro y sur de la Corona de Castilla (Oliveira, 1995, pp. 259-307). Posiblemente, esa fuera la actividad laboral de algunos de los transmontanos que cada verano eran atendidos en La Encarnaci&#x00F3;n.  </p>
		
		<fig id="F6">
				<label>Mapa 6</label>
				<caption>
				<title>Distribuci&#x00F3;n comarcal de los ingresados portugueses en el Hospital de la Encarnaci&#x00F3;n de Zamora (1680-1781)</title>
				</caption>
				<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F6.jpg"/>
			</fig>
		
		<p>Finalmente, tampoco faltaron los asturianos en La Encarnaci&#x00F3;n, donde llegaron a suponer un 3,5% de las asistencias a for&#x00E1;neos; y bajo el ep&#x00ED;grafe otros (4,9%) est&#x00E1;n incluidos un peque&#x00F1;o grupo de enfermos de procedencia muy variada, como Andaluc&#x00ED;a, Extremadura, Madrid o Catalu&#x00F1;a (<xref ref-type="fig" rid="F2">figura 2</xref>, <xref ref-type="fig" rid="F3">figura 3</xref> y <xref ref-type="fig" rid="F4">figura 4</xref>).  </p>
		
		</sec>
		
		</sec>
		
		<sec id="S3">
		<title>CONCLUSI&#x00D3;N </title>
		
		<p>La importancia que tuvo durante en Antiguo R&#x00E9;gimen la asistencia hospitalaria entre la poblaci&#x00F3;n m&#x00E1;s necesitada es incuestionable, pero quiz&#x00E1; lo m&#x00E1;s destacado del establecimiento zamorano de la Encarnaci&#x00F3;n sea, tal y como hemos podido conocer a trav&#x00E9;s de este estudio, fue el apoyo que ofreci&#x00F3; a los temporeros. Su localizaci&#x00F3;n, en medio del camino que cada a&#x00F1;o transitaban gallegos, portugueses e incluso algunos asturianos, permiti&#x00F3; poner la atenci&#x00F3;n sanitaria al servicio de los flujos migratorios que pendularmente circulaban por la Pen&#x00ED;nsula. La actividad asistencial se repart&#x00ED;a, pr&#x00E1;cticamente a partes iguales, entre los zamoranos y los forasteros, y dentro de &#x00E9;stos, estaba totalmente focalizada en el noroeste peninsular. Una oferta asistencial que aument&#x00F3; a lo largo del siglo XVIII, gracias a las labores de ampliaci&#x00F3;n, m&#x00E1;s relacionadas con la ocupaci&#x00F3;n militar que tuvo el centro en momentos de especial complicaci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica, que como resultado de una mayor demanda.  </p>


		</sec>
	</body>

	<back>
	
	
	
	<sec id="notas">
	<title>NOTAS</title>
	
		<fn-group>
	
			<fn id="NOTE01"><label>1</label><p>Este trabajo forma parte de un proyecto de investigaci&#x00F3;n titulado <italic>Marginaci&#x00F3;n y respuesta social en el Noroeste de la Pen&#x00ED;nsula Ib&#x00E9;rica durante el Antiguo R&#x00E9;gimen</italic>, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovaci&#x00F3;n (Ref. HAR2010-17780).</p></fn>
			<fn id="NOTE02"><label>2</label><p>El estudio de la red asistencial espa&#x00F1;ola ha desembocado en un gran n&#x00FA;mero de trabajos, en los que se analizaron, desde diversas perspectivas, un s&#x00F3;lo establecimiento, la red hospitalaria regional, provincial o local; tambi&#x00E9;n, a partir de los registros de ingresos o defunciones, se abordaron los movimientos migratorios, se ha estudiado la organizaci&#x00F3;n sanitaria, la arquitectura hospitalaria, etc… La bibliograf&#x00ED;a general sobre los hospitales del Antiguo R&#x00E9;gimen en Espa&#x00F1;a y fuera de ella es muy abundante, sirvan como ejemplo: Sanz Sampelayo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT61">1974</xref>; Carmona Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1979</xref>; Garc&#x00ED;a Guerra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1983</xref>; Coronas Tejada, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1990</xref>; L&#x00F3;pez Terrada, Mª Luz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1990</xref>; Barreiro Mall&#x00F3;n y Rey Castelao, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1998</xref>; Salvador Esteban y Ben&#x00ED;tez S&#x00E1;nchez-Blanco <xref ref-type="bibr" rid="CIT58">1998</xref>; N&#x00FA;&#x00F1;ez Olarte, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">1999</xref>; Anes Fern&#x00E1;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2000</xref>; Fern&#x00E1;ndez Doctor, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2000</xref>; S&#x00E1;nchez S&#x00E1;nchez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT59">2000</xref>; Pulido Serrano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT47">2004</xref>; L&#x00F3;pez Mu&#x00F1;oz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2005</xref>; Duroux, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2008</xref>; Ryckebusch, <xref ref-type="bibr" rid="CIT55">2008</xref>; Gonz&#x00E1;lez De Fauve, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2010</xref>; Monclova Gonz&#x00E1;lez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">2011</xref>; Oueslati, <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">2006</xref>.</p></fn>
			<fn id="NOTE03"><label>3</label><p>El 16 de marzo de 1678 «se acord&#x00F3; que empezar&#x00ED;an a curar el d&#x00ED;a de Nuestra Se&#x00F1;ora de la Encarnaci&#x00F3;n. Se diga una misa cantada en dicho hospital y se reciban a los pobres para curarse». El registro de pacientes, que comienza ese a&#x00F1;o, no ofrece continuidad hasta 1680 y finaliza el d&#x00ED;a 22 de julio de 1788. Despu&#x00E9;s de esta fecha no hemos logrado localizar m&#x00E1;s documentaci&#x00F3;n referente a este aspecto hospitalario.</p></fn>
			<fn id="NOTE04"><label>4</label><p>Parece que ese resurgimiento de la poblaci&#x00F3;n estuvo muy relacionado con las manufacturas. Sobre las explicaciones de este proceso pueden consultarse: &#x00C1;lvarez V&#x00E1;zquez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1991</xref>.</p></fn>
			<fn id="NOTE05"><label>5</label><p>La cifra de los desplazados lleg&#x00F3; a ser tan elevada que Feijoo habl&#x00F3; de «las tropas de gallegos que van a segar a Castilla». Un viajero ingl&#x00E9;s, Dalrymple, coincidi&#x00F3; con esos trabajadores en Benavente y volvi&#x00F3; a hacerlo en Ponferrada, donde uno de ellos le dijo que cada a&#x00F1;o llegaban a moverse m&#x00E1;s de 60.000 temporeros. &#x00C9;l consider&#x00F3; que la cifra era un tanto exagerada, aunque «llegara a confirm&#x00E1;rsela una autoridad m&#x00E1;s importante». (Casado Lobato y Carreira P&#x00E9;rez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1985</xref>). En 1775, las Juntas del Reino consideraban que cada a&#x00F1;o sal&#x00ED;an de Galicia unos 40.000 hombres. (Rey Castelao, <xref ref-type="bibr" rid="CIT49">1998</xref>, p. 177).</p></fn>
			<fn id="NOTE06"><label>6</label><p>Entre la Baja Edad Media y la Moderna, se fue fortaleciendo la red hospitalaria europea. El caso portugu&#x00E9;s es paradigm&#x00E1;tico, respecto a otros pa&#x00ED;ses, por la intervenci&#x00F3;n mucho m&#x00E1;s directa de la corona en la pol&#x00ED;tica hospitalaria, creando una densa red de misericordias. (Dos Guimarães S&#x00E1; y Lopes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT56">2008</xref>; Lobo de Ara&#x00FA;jo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2010</xref>). En lo que respecta a los beneficios que se esperaban de la pr&#x00E1;ctica de la caridad, puede consultarse Cavallo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1995</xref>, pp. 82-96.</p></fn>
			<fn id="NOTE07"><label>7</label><p>La Encarnaci&#x00F3;n, Sotelo, El Ca&#x00F1;o, San L&#x00E1;zaro y la Casa de Misericordia. Seg&#x00FA;n la citada fuente, el primero, pose&#x00ED;a unas rentas anuales de 22.000 reales y ten&#x00ED;a 26 camas para la curaci&#x00F3;n de civiles, de sexo masculino, y 80 para soldados. El de Sotelo disfrutaba de 24.800 reales y contaba con 23 plazas «para asistir a pobres». Uno y otro ten&#x00ED;an los mismos administradores, el Ayuntamiento, el Cabildo catedralicio y los priores de los monasterios de Santo Domingo y San Jer&#x00F3;nimo. M&#x00E1;s modestas eran las rentas de la Misericordia, que ten&#x00ED;a seis camas, y el de Nuestra Se&#x00F1;ora del Ca&#x00F1;o, 1.100 y 800 reales al a&#x00F1;o, respectivamente. Ambos administrados por cofrad&#x00ED;as. Del segundo sabemos que ofrec&#x00ED;a a los pobres hospedaje, «paja para dormir, lumbre para calentarse, vestido y, llegado el caso, asistencia mortuoria, costeando su entierro». (Crespo Gonz&#x00E1;lez y De La Mata Vega, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2009</xref>, p. 226). Finalmente, el de San L&#x00E1;zaro, era de patronato real y gozaba de 750 reales cada a&#x00F1;o. Este funcionaba en el &#x00FA;ltimo cuarto del siglo XV, por lo que posiblemente su fundaci&#x00F3;n estuviera relacionada con los episodios pest&#x00ED;feros de la centuria precedente. (Howard, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">1791</xref>). Vemos pues, como en la Zamora del siglo XVIII perviv&#x00ED;an los dos modelos institucionales que surgieron en el siglo XV, partiendo del hospital medieval, uno destinado a la curaci&#x00F3;n de enfermos y otro para la atenci&#x00F3;n de pobres. (L&#x00F3;pez Pi&#x00F1;ero,<xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1979</xref>, p. 37).</p></fn>
			<fn id="NOTE08"><label>8</label><p>En esta &#x00E9;poca hist&#x00F3;rica, a&#x00FA;n no hab&#x00ED;a desaparecido la idea medieval que consideraba la caridad y el auxilio al pobre como una manera de lograr la salvaci&#x00F3;n espiritual. La caridad, voluntaria y estimulada por la moral, era una forma de redistribuci&#x00F3;n de la riqueza, que tambi&#x00E9;n se ha considerado como una especie de «contrato social». (Callaham, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1978</xref>; Piccinni, <xref ref-type="bibr" rid="CIT46">2010</xref>).</p></fn>
			<fn id="NOTE09"><label>9</label><p>Sobre el papel de las cofrad&#x00ED;as zamoranas en la asistencia, puede consultarse Flynn, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1989</xref>.</p></fn>
			<fn id="NOTE10"><label>10</label><p>Este hospital, como pr&#x00E1;cticamente todos los de la Pen&#x00ED;nsula Ib&#x00E9;rica, independientemente de su tama&#x00F1;o y dotaci&#x00F3;n, y a diferencia de otros, incluso de fundaci&#x00F3;n mucho m&#x00E1;s temprana, no pudo beneficiarse de la proximidad de una escuela de medicina. Como le sucedi&#x00F3;, por ejemplo, al de Treviso con la de Padua. (D’Andrea, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2007</xref>).</p></fn>
			<fn id="NOTE11"><label>11</label><p>En La Encarnaci&#x00F3;n, su fundador, D. Pedro Mor&#x00E1;n Pereira, justifica la necesidad de un establecimiento de ese tipo porque «habiendo considerado la gran necesidad que hay en la ciudad de Zamora de que se curen los pobres y necesitados que hay en ella y que la m&#x00E1;s de la gente que tiene es pobr&#x00ED;sima y que por falta de albergue y cura se mueren o padecen largas enfermedades». Archivo de la Diputaci&#x00F3;n de Zamora (A.D.Z.), Leg. 65-(1). As&#x00ED; mismo, durante esa &#x00E9;poca, otra vertiente hospitalaria era la de mantener el orden publico, pues los hab&#x00ED;a que recog&#x00ED;an a los mendigos de las calles. (Rosen, <xref ref-type="bibr" rid="CIT52">1980</xref>, p. 354).</p></fn>
			<fn id="NOTE12"><label>12</label><p>D. Isidro Mor&#x00E1;n Pereira, que fue el primero en fallecer, concretamente en 1602, dej&#x00F3; todos sus bienes a su hermano, D. Pedro Mor&#x00E1;n Pereira, para que, en caso de no tener descendientes, los invirtiera en un monasterio o en la fundaci&#x00F3;n de una Obra P&#x00ED;a. D. Pedro decidi&#x00F3; dotar un hospital. (Lorenzo Pinar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1991</xref>, p. 249).</p></fn>
			<fn id="NOTE13"><label>13</label><p>A.D.Z. Leg. 65-(1).</p></fn>
			<fn id="NOTE14"><label>14</label><p>En 1757, el patronato decidi&#x00F3; que el centro necesitaba dos m&#x00E9;dicos, en atenci&#x00F3;n al excesivo trabajo que ten&#x00ED;a. El salario anual, de 1.800 reales, pasar&#x00ED;a a repartirse entre ellos, que trabajar&#x00ED;an por turnos de un mes. Decisi&#x00F3;n que no content&#x00F3; al su titular, D. Jos&#x00E9; Lucas Prieto, que, tras varias propuestas y desacuerdos entre las partes, acab&#x00F3; por ser despedido. A.D.Z. <italic>Libros de Acuerdos del Hospital de La Encarnaci&#x00F3;n</italic>, Leg. 65-(3).</p></fn>
			<fn id="NOTE15"><label>15</label><p>A.D.Z. <italic>Libros de Acuerdos del Hospital de la Encarnaci&#x00F3;n</italic>, Leg. 65-(3).</p></fn>
			<fn id="NOTE16"><label>16</label><p>Los flujos de movimiento de la poblaci&#x00F3;n militar pueden consultarse en Sanz De La Higuera, <xref ref-type="bibr" rid="CIT60">2009</xref>.</p></fn>
			<fn id="NOTE17"><label>17</label><p>Esa media, si la comparamos con la de los pr&#x00F3;ximos centros leonesas, era importante. Estaba m&#x00E1;s pr&#x00F3;xima a la de San Antonio, de la capital, que a la de los maragatos. En Astorga, el de las Cinco Llagas ofrec&#x00ED;a poco m&#x00E1;s de 70 asistencia al a&#x00F1;o y el de San Juan 285,6. Por su parte, el San Antonio, para el per&#x00ED;odo 1766-1896, ten&#x00ED;a 634 entradas al a&#x00F1;o. Ahora bien, hemos de tener en cuenta que en esa cifra est&#x00E1;n contabilizados hombres y mujeres y La Encarnaci&#x00F3;n s&#x00F3;lo atend&#x00ED;a a varones, las mujeres eran tratadas en el de Sotelo. Por lo tanto, parece que la capital zamorana, menos poblada que la leonesa, ten&#x00ED;a mayor capacidad de asistencia. (Mart&#x00ED;n Garc&#x00ED;a y P&#x00E9;rez &#x00C1;lvarez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">2007</xref>; Mart&#x00ED;n Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2009</xref>; P&#x00E9;rez &#x00C1;lvarez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT43">2011</xref>).</p></fn>
			<fn id="NOTE18"><label>18</label><p>Esta cifra de mortandad hospitalaria se hallaba a medio camino entre la registrada en los centros madrile&#x00F1;os, del 13% de 1798 a 1807, y la constatada en el hospital murciano de San Juan de Dios, donde, a finales del siglo XVIII alcanzaba el 18,6%. (Soubeyroux, <xref ref-type="bibr" rid="CIT62">1978</xref>; Garc&#x00ED;a Hourcade, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1996</xref>). No se trata de porcentajes muy elevados si tenemos en cuenta la visi&#x00F3;n popular que se ten&#x00ED;a de los hospitales. (Carasa Soto, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1985</xref>; Grandshaw Lindsay, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1989</xref>).</p></fn>
			<fn id="NOTE19"><label>19</label><p>A.D.Z., Leg. 77-(3).</p></fn>
			<fn id="NOTE20"><label>20</label><p>A.D.Z. <italic>Libros de ingresos y difuntos del Hospital de la Encarnaci&#x00F3;n</italic>. Leg. 65-(5).</p></fn>
			<fn id="NOTE21"><label>21</label><p>Entre los centros en los que el sector femenino fue m&#x00E1;s importante est&#x00E1;n los burgaleses, el de San Antonio de Le&#x00F3;n o el de las Cinco Llagas de Astorga. Pero los mayoritarios fueron aquellos en los que, como en este, primaron las atenciones masculinas. Es el caso de San Juan de Astorga –un 53,2% por un 46,8%-; de San Antol&#x00ED;n de Palencia, donde los varones representaban el 51,3%, en la segunda mitad del siglo XVIII; del Hospital General de Valencia, en el que se curaron una aplastante mayor&#x00ED;a de hombres, al menos en el siglo XVII; del Hospital Real de Santiago de Compostela, donde las mujeres supon&#x00ED;an el 42%, en 1793, o el 47%, en 1826; del Hospital General de Pamplona o el de Santa Mar&#x00ED;a de Esgueva de Valladolid. (Mart&#x00ED;n Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2009</xref>; Marcos Mart&#x00ED;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1985</xref>; Vilar Dev&#x00ED;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT64">1996</xref>; Barreiro y Rey, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1998</xref>; Ramos Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT48">1989</xref>; Carasa Soto, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1987</xref>).</p></fn>
			<fn id="NOTE22"><label>22</label><p>Entre los forasteros tuvieron gran importancia los gallegos, y dentro de ellos cabe destacar a los procedentes del Bajo Mi&#x00F1;o, que fue uno de los territorios que m&#x00E1;s gente aportaba a este centro asistencial. Pues bien, en Morrazo, la emigraci&#x00F3;n estaba protagonizada por solteros, que representaban el 72%, la de casados el 26,3 y la de viudos no llegaba al 2%. (Rodr&#x00ED;guez Ferreiro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT51">1989</xref>, p. 60). As&#x00ED; mismo, en esa misma comarca, concretamente en el Rosal, a mediados del siglo XVIII, estaban fuera el 47% de los varones casados. (Rey Castelao, <xref ref-type="bibr" rid="CIT49">1998</xref>, p.185).</p></fn>
			<fn id="NOTE23"><label>23</label><p>Dentro de este grupo, el colectivo m&#x00E1;s importante era el de las gallegas, y aunque la muestra, como hemos se&#x00F1;alado, no es excesiva, apunta a que las migraciones estuvieron protagonizadas por solteras. Lo cual coincide con los estudios globales sobre el tema. (Fern&#x00E1;ndez Cortizo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2012</xref>, p. 77).</p></fn>
			<fn id="NOTE24"><label>24</label><p>Lo que nos ofrece un radio de acci&#x00F3;n ben&#x00E9;fica superior al del hospital de San Antol&#x00ED;n de Palencia o el de San Juan de Astorga. En el primero, el 72,9% de los atendidos eran de la provincia y en el otro ese porcentaje rondaba el 80%, a nivel general, y en las mujeres alcanzaba el 90%. (Marcos Mart&#x00ED;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1985</xref>; Mart&#x00ED;n Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2009</xref>).</p></fn>
			<fn id="NOTE25"><label>25</label><p>Por lo que la emigraci&#x00F3;n americana, que ya hab&#x00ED;a comenzado en ese territorio a mediados del siglo XVIII no tuvo grandes repercusiones en este centro asistencial. (Rodr&#x00ED;guez Ferreiro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT51">1989</xref>, p. 69).</p></fn>
			<fn id="NOTE26"><label>26</label><p>Los ciclos de cosechas en la provincia de Zamora pueden consultarse en &#x00C1;lvarez V&#x00E1;zquez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1987</xref>, pp. 154-156.</p></fn>
			<fn id="NOTE27"><label>27</label><p>Esos zamoranos que llegaban del el &#x00E1;mbito rural para ser atendidos ten&#x00ED;an que aportar, al menos a finales del siglo XVIII, un certificado del pobreza emitido por el sacerdote de su parroquia. Certificados no muy completos, o redactados con prisas. Por ejemplo, en el de Tomas Vicente, de la localidad de Pontejos, D. Pedro Andr&#x00E9;s, cura de la Iglesia de Santa Mar&#x00ED;a, tan s&#x00F3;lo anot&#x00F3; su nombre y estado civil «se ignoran los nombres y apellidos de los padres».</p></fn>
			<fn id="NOTE28"><label>28</label><p>Pero tambi&#x00E9;n los hab&#x00ED;a que llegaban expresamente a la ciudad para curarse, como Miguel Alonso, aunque este hombre no lo hizo por su propio pie, sino que fue trasladado al centro gracias a las redes solidarias. Ven&#x00ED;a «desde el lugar de Pontejos; y el mozo que le condujo expres&#x00F3; que en el d&#x00ED;a catorce de dicho mes en la noche le hab&#x00ED;an conducido a dicho Pontejos desde Cazurra». A.D.Z. <italic>Libros de ingresos y difuntos del Hospital de la Encarnaci&#x00F3;n</italic>. Leg. 65-(5).</p></fn>
			<fn id="NOTE29"><label>29</label><p>La emigraci&#x00F3;n gallega sol&#x00ED;a nutrirse de una mano de obra escasamente cualificada, que se empleaban como jornaleros agr&#x00ED;colas o bien en el sector servicios. (Rey Castelao, <xref ref-type="bibr" rid="CIT49">1998</xref>, p. 174).</p></fn>
			<fn id="NOTE30"><label>30</label><p>En noviembre de 1681 fallecieron tres hermanas de la jurisdicci&#x00F3;n de Viana, en Orense, Isabel, Catalina y Francisca, unos d&#x00ED;as antes hab&#x00ED;a muerto, en el mismo centro, el padre. A.D.Z. <italic>Libros de ingresos y difuntos del Hospital de la Encarnaci&#x00F3;n</italic>. Leg. 65-(5).</p></fn>
			<fn id="NOTE31"><label>31</label><p>La presencia del colectivo gallego en el hospital zamorano de la Encarnaci&#x00F3;n fue mucho m&#x00E1;s importante, tanto en t&#x00E9;rminos absolutos como relativos, que en el de San Antonio de Le&#x00F3;n, donde los forasteros con mayor presencia fueron los asturianos. En cambio, s&#x00ED; que fue m&#x00E1;s frecuente su presencia en el de San Juan de Astorga, pues esta ciudad les era m&#x00E1;s favorable en su ruta de desplazamiento. (Mart&#x00ED;n Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2009</xref>; y P&#x00E9;rez &#x00C1;lvarez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT43">2011</xref>).</p></fn>
			<fn id="NOTE32"><label>32</label><p>Durante esta d&#x00E9;cada fue muy importante la llegada de gallegos, flujo que se intensific&#x00F3; entre 1768 y 1770 a consecuencia de la importante crisis que sufr&#x00ED;a el territorio en esos momentos. (Meijide Pardo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT39">1965</xref>; Eiras Roel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1984</xref>, p. 409).</p></fn>
			<fn id="NOTE33"><label>33</label><p>Por lo tanto, el paso por estos territorios de gentes del Reino de Galicia no se resinti&#x00F3; de la emigraci&#x00F3;n masiva que comenzaron a practicar, a partir de 1714, hacia Portugal, impulsados por unas buenas expectativas laborales. (Rey Castelao, <xref ref-type="bibr" rid="CIT49">1998</xref>; Fern&#x00E1;ndez Cortizo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2007</xref>).</p></fn>
			<fn id="NOTE34"><label>34</label><p>En este hospital la representaci&#x00F3;n femenina de gallegas, del 20%, est&#x00E1; diez puntos por debajo de la estimada entre los temporeros. No obstante, se halla en valores intermedios a la constatada en diversos territorios portugueses. (Fern&#x00E1;ndez Cortizo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2007</xref>). Sobre la presencia de gallegas en otras provincias espa&#x00F1;olas o a Am&#x00E9;rica, puede consultarse Rial Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT50">2009</xref>.</p></fn>
			<fn id="NOTE35"><label>35</label><p>En 1775, los representantes del municipio de Orense expon&#x00ED;an la sangr&#x00ED;a de mozos solteros que sufr&#x00ED;a el territorio. Rey Castelao, <xref ref-type="bibr" rid="CIT49">1998</xref>, p. 177. No obstante, Orense no era la provincia gallega con mayores &#x00ED;ndices migratorios, aunque s&#x00ED; eran elevados los de temporeros. (Saavedra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT57">1992-93</xref>).</p></fn>
			<fn id="NOTE36"><label>36</label><p>Orense y Lugo fueron las &#x00FA;ltimas provincias gallegas en participar de forma activa en la emigraci&#x00F3;n a Am&#x00E9;rica, pero cuando lo hicieron, a comienzos del siglo XIX, se colocaron a la cabeza. (M&#x00E1;rquez Mac&#x00ED;as, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">1989</xref>, p.45)</p></fn>
			<fn id="NOTE37"><label>37</label><p>En el puerto de Foncebad&#x00F3;n, Dalrymple se encontr&#x00F3; «a la luz de la luna, a un pobre gallego dormido en el suelo en el borde del camino y ya r&#x00ED;gido de fr&#x00ED;o; mi compa&#x00F1;ero, con mucha humanidad, le oblig&#x00F3; a levantarse aunque a pesar suyo y le puso sobre una de las mulas; me dijo que todos los a&#x00F1;os varios de esos desgraciados perec&#x00ED;an de ese modo en esas monta&#x00F1;as». (Casado Lobato y Carreira Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1985</xref>).</p></fn>
			<fn id="NOTE38"><label>38</label><p>En la parte suroccidental de Galicia, y con anterioridad al siglo XVII, se produjo una saturaci&#x00F3;n poblacional que se prolong&#x00F3; en la siguiente centuria, a lo que se a&#x00F1;adieron las crisis agr&#x00ED;colas y pesqueras de los dos &#x00FA;ltimos tercios del siglo XVIII, que desembocaron en movimientos migratorios. El 60% de los emigrantes temporales que sal&#x00ED;an del Bajo Mi&#x00F1;o se dirig&#x00ED;an a ciudades castellanas. (P&#x00E9;rez Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">2006</xref>; Rodr&#x00ED;guez, 1990).</p></fn>
			<fn id="NOTE39"><label>39</label><p>Se trataba de una agricultura minifundista, basada en el cultivo intensivo y dinamizada por la introducci&#x00F3;n del ma&#x00ED;z, fundamentalmente, y de la patata. Las buenas expectativas, cercenadas por la excesiva parcelaci&#x00F3;n del terreno, la polarizaci&#x00F3;n social y los sistemas de reparto de la herencia, desembocaron en fuertes corrientes migratorias. (Durães, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2002</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2006</xref>).</p></fn>
			
			
			
		
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