<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD Journal Publishing DTD v3.0 20080202//EN" "journalpublishing3.dtd">
<article article-type="research-article" dtd-version="3.0" xml:lang="es" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink">

	<front>
		
		<journal-meta>
			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
			<journal-title-group>
				<journal-title>ASCLEPIO. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
			</journal-title-group>
			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
			<publisher>
				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
			</publisher>
		</journal-meta>
		
		<article-meta>
			<article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2014.07</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/asclepio.2014.07</article-id>
			 
			<article-categories>
				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>ESTUDIOS / RESEARCH STUDIES</subject>
				</subj-group>
			</article-categories>
							
			<title-group>
				<article-title>La melancol&#x00ED;a en la obra de Pedro Gatell, cirujano y marino ilustrado</article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en">
				<trans-title>The melancholy in the work of Pedro Gatell, enlightened surgeon and seaman</trans-title>
				</trans-title-group>
				<alt-title alt-title-type="running-head">PEDRO GATELL</alt-title>
			</title-group>
				
			<contrib-group>
			  <contrib contrib-type="author" corresp="yes"> 
				<name>
				 <surname>Peset</surname>
				 <given-names>Jose Luis</given-names>
				</name>
				<xref ref-type="aff" rid="U1"/>
			  </contrib>
			  <aff id="U1">Instituto de Historia. Centro de Ciencias Humanas y Sociales. CSIC</aff>
			</contrib-group>
			
			<author-notes>
				<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="joseluis.peset@cchs.csic.es">joseluis.peset@cchs.csic.es</email>
				</corresp>
			</author-notes>
			
			<pub-date pub-type="epub">		<!-- NEW!! -->
					<day>30</day>
					<month>06</month>
					<year>2014</year>
			</pub-date>
			
			<pub-date pub-type="collection">   <!-- NEW!! -->
				<year>2014</year>
			</pub-date>
			
			<volume>66</volume>
			<issue>1</issue>
			
			<elocation-id content-type="doi">10.3989/asclepio.2014.07</elocation-id>

			<history>
				<date date-type="received">
					<day>12</day>
					<month>12</month>
					<year>2012</year>
				</date>
				<date date-type="accepted">
					<day>02</day>
					<month>06</month>
					<year>2013</year>
				</date>
			</history>
			 
			<permissions>
				<copyright-statement>&#x00A9; 2014 CSIC</copyright-statement>
				<copyright-year>2014</copyright-year>
				<license license-type="open-access" xlink:href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/">
					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
				</license>
			</permissions>
			
			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>La melancol&#x00ED;a es una emoci&#x00F3;n de moda desde el Renacimiento hasta hoy, tambi&#x00E9;n en la Ilustraci&#x00F3;n la raz&#x00F3;n se vio acompa&#x00F1;ada de fuertes sentimientos que anunciaban el Romanticismo. Personaje destacado en este terreno es Pedro Gatell, cirujano naval e infatigable escritor. En sus novelas y textos morales muestra las principales novedades que surgen en la vivencia melanc&#x00F3;lica y en su comprensi&#x00F3;n.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>Melancholy is an emotion that has been in fashion from the Renaissance until now. During the Enlightenment, human reason was accompanied by strong feelings preparing for Romanticism. A prominent personality in this field was Pedro Gatell, naval surgeon and untiring writer. Throughout his novels and moral writings he shows the main developments coming from the experience of melancholy and its interpretation</p>
			</trans-abstract>
			
			<kwd-group xml:lang="es">
				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Melancol&#x00ED;a</kwd>
				<kwd>Espa&#x00F1;a</kwd>
				<kwd>Siglo XVIII</kwd>
				<kwd>Emociones</kwd>
			</kwd-group>
			
			<kwd-group xml:lang="en">
				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Melancholy</kwd>
				<kwd>Spain</kwd>
				<kwd>18th century</kwd>
				<kwd>Emotions</kwd>
			</kwd-group>
		
		</article-meta>
	</front>		
	
	<body>
		
		<sec id="S1">
		<title></title>
		
		<p>La figura del cirujano y marino Pedro Gatell (1745-1792) es notable por su peculiar trayectoria. Nacido en Catalu&#x00F1;a y educado en C&#x00E1;diz, viaja luego a Am&#x00E9;rica y a su vuelta por enfermedad y al parecer por poca afici&#x00F3;n a la cirug&#x00ED;a decide retirarse. Intenta conseguir empleo o ayuda para dedicarse a la ciencia y termina como escritor, de prensa y de libros. Es un gacetillero que mezcla novedades cient&#x00ED;ficas con descripciones y cr&#x00ED;ticas sociales. Su peri&#x00F3;dico <italic>El Argonauta espa&#x00F1;ol</italic> es un buen ejemplo de la prensa ilustrada y un buen testimonio costumbrista de la vida en C&#x00E1;diz o Madrid. Tambi&#x00E9;n fue un ilustrado buen lector de Cervantes, cuya obra cumbre prolonga en una vida del escudero Sancho Panza. Tambi&#x00E9;n toma el <italic>Quijote</italic> como un texto &#x00E9;tico, que ampl&#x00ED;a con una obra moralizante inspirada en el caballero y otra en el sirviente. No es extra&#x00F1;o este inter&#x00E9;s por el personaje cervantino en los marinos, desde Malaspina hasta Mart&#x00ED;n Fern&#x00E1;ndez de Navarrete lo frecuentan. Alg&#x00FA;n otro texto breve tiene inter&#x00E9;s entre los escritos del catal&#x00E1;n, como unos comentarios sobre el futuro impacto de la independencia de las colonias inglesas en las espa&#x00F1;olas. Se&#x00F1;ala con antelaci&#x00F3;n e inteligencia la llegada al sur del joven vecino del norte. (Gatell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1912</xref>).  </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S2">
		<title>UN CIRUJANO Y UN SIRVIENTE ENTRISTECIDOS </title>
		
		<p>Siendo la melanc&#x00F3;lica una emoci&#x00F3;n de moda en la Ilustraci&#x00F3;n, no pod&#x00ED;a faltar en sus muchas p&#x00E1;ginas. Al fin y al cabo es un militar triste como fue Cadalso, personaje prerrom&#x00E1;ntico, quien prefiriendo Her&#x00E1;clito a Dem&#x00F3;crito, con ambos encabeza <italic>Los eruditos a la violeta</italic> (Cadalso, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">s.d.</xref>). Sin duda, la biograf&#x00ED;a de Gatell est&#x00E1; marcada por las desventuras y las tristezas, sus fracasos como cirujano, como cient&#x00ED;fico y t&#x00E9;cnico. Proyect&#x00F3; obras en La Habana, quiso dedicarse a la observaci&#x00F3;n y la ense&#x00F1;anza astron&#x00F3;micas. Pero los ecos de la revoluci&#x00F3;n francesa terminaron con lo que parec&#x00ED;a asentada generosidad del poder hacia la cultura, tambi&#x00E9;n con sus propias convicciones ilustradas. As&#x00ED; el cirujano, sin abandonar su fe en la educaci&#x00F3;n y la ciencia, se muestra retr&#x00F3;grado en filosof&#x00ED;a y moral. Sobre todo, le preocup&#x00F3; el posible cambio social, al que se opuso terminantemente. Lo expres&#x00F3; bien en much&#x00ED;simas p&#x00E1;ginas, escritas con rapidez y tosquedad, a veces con acierto estil&#x00ED;stico, siempre repletas de citas cl&#x00E1;sicas espa&#x00F1;olas y grecolatinas. Public&#x00F3; mucho de forma tard&#x00ED;a, pero sin duda encontr&#x00F3; apoyo editorial, incluso en la Imprenta Real. Elisabel Larriba lo ha estudiado y editado con inteligencia y esmero (Larriba, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2003a</xref>; Larriba, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2005</xref>). Otros marinos prolongaron las dif&#x00ED;ciles experiencias del fin de siglo, h&#x00E9;roes siempre en dificultades como Mendoza, Ciscar o Malaspina. Este sab&#x00ED;a bien que se encontraba en un v&#x00F3;rtice que lo arrastraba con el dif&#x00ED;cil cambio de siglo (Peset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">1988</xref>). </p>
		
		<p>Dejando aparte su propia biograf&#x00ED;a, varios son los caminos a la melancol&#x00ED;a para Gatell, desde luego de forma primordial la lectura del <italic>Quijote</italic> y la escritura sobre &#x00E9;l. La aceptaci&#x00F3;n, como Cervantes impuso, de su obra cumbre como un libro para diversi&#x00F3;n de melanc&#x00F3;licos, se muestra en las figuras que Gatell recrea del hidalgo de la Triste Figura y del deprimido escudero, mayor novedad (P&#x00E9;rez Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">2006</xref>). Por otro lado, sus lecturas de una literatura que &#x00E9;l considera mala e imp&#x00ED;a, pero que triunfa en la &#x00E9;poca, es otro camino hacia la tristeza. Su formaci&#x00F3;n m&#x00E9;dica y los abundantes escritos de su tiempo sobre los sufrimientos del alma son otro ancho cauce. Mientras los m&#x00E9;dicos inician los estudios del alma, los escritores anuncian el Romanticismo. Tambi&#x00E9;n las nuevas costumbres, afrancesadas, alejadas seg&#x00FA;n nos dice del vigor de la tradici&#x00F3;n propia, afectan al cirujano, que no acepta novedades. Siempre est&#x00E1; detr&#x00E1;s el miedo a Francia, en donde se ha producido un cambio pol&#x00ED;tico fundamental y donde ate&#x00ED;smo y republicanismo estaban a la orden del d&#x00ED;a. Si Herv&#x00E1;s y Panduro se resist&#x00ED;a a la mesa francesa (Herv&#x00E1;s y Panduro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1807</xref>, v. I, pp. 16-17), en Gatell son perseguidos trajes, bailes y costumbres de all&#x00E1; venidos. A la postre, la ca&#x00ED;da de la cabeza del Borb&#x00F3;n aterrorizar&#x00E1; a la corona espa&#x00F1;ola, as&#x00ED; como a muchos ilustrados. Pero sin duda, hay que repetir que la lectura es un camino real hacia la melancol&#x00ED;a, el camino que ya est&#x00E1; presente en los <italic>Problemata</italic> aristot&#x00E9;licos, en Marsilio Ficino o en Huarte de San Juan (Peset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">1999</xref>). No pod&#x00ED;a faltar el tema del literato arrepentido y apesadumbrado –como el militar Cadalso- en que Gatell mismo se inserta, &#x00E1;ngel ca&#x00ED;do por su antigua y culpable pasi&#x00F3;n por los fil&#x00F3;sofos modernos. </p>
		
		<p>En sus p&#x00E1;ginas, la brevedad y la incertidumbre de la vida son temas repetidos, en espera de una buena muerte. Para esta no sirven otras ciencias, ni las opiniones del mundo, todav&#x00ED;a menos la moderna «filosofia pestilente» que desprecia a la religi&#x00F3;n, las leyes y los monarcas. Son nuevos titanes estos autores, con depravada corrupci&#x00F3;n, peores que los antediluvianos, hay que esperar otro diluvio universal. Estamos, nos dice, en una nueva y peligrosa guerra:  </p>
		
		<p>Nos presta las armas esta filosof&#x00ED;a decantada, que sin mas instrumentos b&#x00E9;licos que la mentira, la falsedad, la suposici&#x00F3;n, ha sabido sacar del centro de la bondad a tanta multitud de hombres. Somos Quixotes, ¿pero qu&#x00E9; Quixotes? Quixotes que jam&#x00E1;s ser&#x00E1;n Alonsos buenos. </p>
		
		<p>As&#x00ED; pide, adem&#x00E1;s del diluvio, un rayo divino sobre el pueblo espa&#x00F1;ol, para que no se corrompa, que como sus antepasados venere la religi&#x00F3;n, los reyes y las costumbres. Volver&#x00E1; as&#x00ED; a los triunfos de anta&#x00F1;o.  </p>
		
		<p>&#x00C9;l desea buscar la soledad, tal como muestra en alg&#x00FA;n soneto que aporta, no quiere palacios ni tiranos, como demostrar&#x00E1; su criatura el alcalde Sancho ante los duques. Le alcanzaron en tiempos las «obras filos&#x00F3;ficas», «bellas producciones», que son sin embargo «venenosa peste», pues «era veneno lo que beb&#x00ED;a en copas doradas.» Teme esa pretendida «elegancia» y «libertad de conciencia», sin premio para el justo y con premio al injusto. As&#x00ED;, «las causas, el objeto, las miras de los Fil&#x00F3;sofos modernos», «los libros Quixotescos del d&#x00ED;a», aunque ponen «las razones, los fundamentos», son el parto de un rat&#x00F3;n, orgullo, vanidad, pues «todas las miras de la filosof&#x00ED;a moderna, no se dirigen mas que a la perdici&#x00F3;n de la especie humana. Aprended de mi desenga&#x00F1;o, ved que sin embargo mi coraz&#x00F3;n est&#x00E1; lleno de amargura y de pesar solo con la memoria de que tambi&#x00E9;n he sido desdichado. Ya dixe que en castigo no he merecido llenar mis deseos, que son la soledad, el verme distante de o&#x00ED;r y de ver, y acabar mis d&#x00ED;as con tranquilidad.» (Gatell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1792-1793</xref>, t. II, pp. 294-300). Cierra <italic>La moral de don Quijote</italic> con melancol&#x00ED;a y culpa, hastiado de la filosof&#x00ED;a moderna, buscando la soledad del mis&#x00E1;ntropo. Pero iracundo pide rayos, habla de guerras que restauren el orden que cree perdido. Rayos y guerras que vendr&#x00E1;n, pero &#x00E9;l no llegar&#x00E1; a conocer. El tan solo escribir&#x00E1; insistentemente desde el dolor.  </p>
		
		<p>Una muy rica y primera presentaci&#x00F3;n literaria de la tristeza en la Espa&#x00F1;a del siglo XVIII es sin duda la autobiograf&#x00ED;a de Diego de Torres Villarroel. En la profunda melancol&#x00ED;a del profesor salmantino se barajan de forma magistral humores, pasiones, pecados y culpas, junto a tratamientos, diversiones y confesiones. Conoce bien la medicina de su &#x00E9;poca, como el mismo Gatell. Tambi&#x00E9;n ambos son personajes aislados. Torres se siente incomprendido en su universidad, tanto por ser un estudioso de las ciencias, materias despreciadas en las aulas, como por no ser reconocido como escritor. Pedro Gatell tendr&#x00E1; la misma sensaci&#x00F3;n en la marina y en el mundo de las ciencias, tan precario entonces como ahora, y no menos en el de las letras. Ambos buscar&#x00E1;n la distracci&#x00F3;n de sus negros pensamientos, si bien con diverso resultado. Torres nos cuenta que se encuentra envuelto en vapores, o humazos, haciendo tal vez un juego con el tabaco y el galenismo (Alsinet, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1794</xref>; Gusdorf, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1976</xref>, pp. 209-215). Recurre como soluci&#x00F3;n a sus diversiones de siempre, amigos y toros, coches y paseos. Va a Madrid, lejana de su tediosa Salamanca (Peset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">1999</xref>, pp. 65-83). </p>
		
		<p>Gatell parece responder a Torres, cuando a la vuelta de un fantasioso viaje a la luna, que inserta en <italic>El Argonauta espa&#x00F1;ol</italic>, se siente afectado por un &#x00ED;ntimo pesar. Es asaltado &#x00E9;l tambi&#x00E9;n por cruel melancol&#x00ED;a y marcha a Madrid, visitando como Torres con un amigo el paseo del Prado, Sol y la Plaza Mayor. Este lo amenaza con llevarlo a Zaragoza, sin duda al Hospital de Gracia, como a don Quijote condujo Avellaneda al del Nuncio en Toledo. Era el aragon&#x00E9;s un importante hospital para dementes, como muestran bien los elogios de Philippe Pinel, si bien hay que matizar la excelencia de este hospicio (Fern&#x00E1;ndez Doctor, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1987</xref>; Di&#x00E9;guez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2001</xref>). Pero en la capital, como nada lo divierte ni quita la pena, ni diversiones ni amenazas, su amigo lo lleva a casa de gente de broza en barrio de gente del bronce, es decir libre y ociosa, resuelta y pendenciera, a escuchar la guitarra y la pandereta, para asistir a un baile de candil, unas seguidillas boleras. As&#x00ED;, con esto, se podr&#x00ED;a quitar la hipocondr&#x00ED;a. Este rico vocabulario se enlaza con costumbres populares, as&#x00ED; el sombrero de tres picos, sin embargo mostrando un desprecio hacia esas formas y diversiones. La posible contaminaci&#x00F3;n de gustos entre clases sociales, asusta al timorato cirujano.  </p>
		
		<p>Advierte que al fin gritan bien parado, bien parado; se r&#x00ED;e el paciente de tal expresi&#x00F3;n, que considera lengua siria: </p>
		
		<p>A esto agarr&#x00F3; de nuevo la risa, pero con tal fuerza, que les fue preciso desocupar el puesto antes que se levantase un temporal de los que suelen acontecer en semejantes parajes, porque a un decir Jes&#x00FA;s levanta un Manolo la mano, da un manot&#x00F3;n al candil, all&#x00E1; van los truenos y lluvia de garrotazos. </p>
		
		<p>&#x00C9;l pregunta de d&#x00F3;nde han salido, supone que se bailar&#x00E1; as&#x00ED; solo por gentes de esta catadura, de «gentalla», con origen en un medio &#x00ED;nfimo. Pero no, no es as&#x00ED;. Las ni&#x00F1;as pronto aprenden el bolero con el bien parado y el toque de las casta&#x00F1;uelas. «No es en el d&#x00ED;a marcial la que no las sabe cantar y bailar, sin separar las de m&#x00E1;s fuste.» (Larriba, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2003a</xref>, 121-125 y 206). Se para con el &#x00FA;ltimo estribillo. En la comedia repiten dos o tres veces y con «palmeteo». A lo bolero se lleva el peinado, con cintas como el toro o la mula, con bandas y flecos (tambi&#x00E9;n los hombres), adem&#x00E1;s flores y cabello cubriendo la cabeza, tan rid&#x00ED;cula seg&#x00FA;n Gatell como la mondada de los moros. Son las seguidillas mejor consideradas que un aria de c&#x00E9;lebres cantantes l&#x00ED;ricas, comenta con sorna. Se lamenta de tantos cascos vac&#x00ED;os, que compara con don Quijote y sus molinos de viento (Gallego, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1988</xref>; Lolo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">2003</xref>). </p>
		
		<p>Estas aficiones son locuras, no presentes en la historia de Espa&#x00F1;a, nos dice arremetiendo a la vez contra las comedias de figur&#x00F3;n. Eran elementos frecuentes, esas piezas teatrales y musicales. Buen ejemplo es un manuscrito de la Biblioteca Men&#x00E9;ndez Pelayo de Santander, que contiene las representaciones que en el d&#x00ED;a de Carnestolendas de 1785 tuvieron lugar en el teatro de la casa del duque de H&#x00ED;jar. As&#x00ED; las canciones y el fin de fiesta escrito por su abogado Miguel Garc&#x00ED;a Asensio con el t&#x00ED;tulo «El Lacayo Marques». Un rid&#x00ED;culo figur&#x00F3;n se presenta en escena, junto a estos gustos populares. No dejan de aparecer rid&#x00ED;culas tonadillas, seguidillas, adem&#x00E1;s de canciones pastoriles interpretadas por elegantes j&#x00F3;venes (Garc&#x00ED;a Asensio, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1785</xref>, pp. 70r-123v; Artigas y S&#x00E1;nchez Reyes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1957</xref>, t. I, p. 371). Estos gustos, sin duda, se han impuesto. Si alguien se burla de estas modas, saldr&#x00E1; castigado como Sancho Panza de la venta. Aunque sea sabio ser&#x00E1; juzgado loco como el fil&#x00F3;sofo Dem&#x00F3;crito, nos dice Gatell. Es preciso retornar a las recias tradiciones como las de Espa&#x00F1;a, semejantes a las de Roma y Esparta.  </p>
		
		<p>Este texto es una buena muestra de las largu&#x00ED;simas –y casi siempre farragosas- cr&#x00ED;ticas de las modas a las que acostumbra este autor, muchas veces aderezadas de franca misoginia. Sus ataques constantes a las vestimentas muestran su encono con Francia, su preocupaci&#x00F3;n ilustrada por el lujo, tambi&#x00E9;n su miedo al cambio social. Cada uno debe vestir como conviene a su condici&#x00F3;n. Tambi&#x00E9;n comportarse o casarse. No estaba solo, si Herv&#x00E1;s y Panduro critica la influencia de los gustos culinarios franceses, en el an&#x00F3;nimo <italic>Discurso sobre el luxô de las se&#x00F1;oras</italic> de 1788 se quiere un traje unificado y anticuado, respetando las modas nacionales y tradicionales, que son baratas y honestas, acordes con nuestras tradiciones y creencias, evitando lujo y corrupci&#x00F3;n de costumbres (la inmoralidad, el boato y la frivolidad). Son m&#x00E1;s hermosas y evitar&#x00E1;n la ruina en la vejez y con ella la enfermedad. Sin duda, el miedo a los cambios en las costumbres femeninas, lleva a un intento de sometimiento de la mujer por la moral, la pol&#x00ED;tica y la econom&#x00ED;a. Incluso se quieren inspirar sus vestidos en la moda militar (<italic>Discurso</italic>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2005</xref>; Hoffmann, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1995</xref>; Bolufer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1998</xref>).  </p>
		
		<p>Si este texto comentado se trata de un art&#x00ED;culo de prensa, m&#x00E1;s vuelo quieren tener los que incluye en su prolongaci&#x00F3;n de la vida de Sancho Panza. Si Cervantes quita de en medio a Alonso Quijano, deja en pie a casi todos los personajes de su novela. Y, desde luego, a Sancho, por lo que no es extra&#x00F1;o que muchos quisieran prolongar su vida (Flores, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1982</xref>). Sin duda, su descripci&#x00F3;n de la melancol&#x00ED;a del criado en el libro en que Gatell quer&#x00ED;a dilatar su existencia hasta la muerte, alcanza inter&#x00E9;s si no literario, al menos psicol&#x00F3;gico. No olvidando ni la moral ni la utilidad, la nueva sensibilidad burguesa, consigue un retrato psicol&#x00F3;gico del dolor del personaje, motivado por la culpa, la ausencia y la nueva educaci&#x00F3;n.  </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S3">
		<title>RAZ&#x00D3;N, EMOCI&#x00D3;N Y TRABAJO </title>
		
		<p>Tras la muerte de Alonso es el escudero el personaje m&#x00E1;s afectado, a quien siguiendo las chanzas de Cervantes, tambi&#x00E9;n Gatell relaciona con la herencia. Atiende Sancho como buen hombre su casa y a las mujeres, llorando o conteniendo las l&#x00E1;grimas por imposici&#x00F3;n del cura. Se describen los lamentos del criado –que contrapone a los sirvientes de su &#x00E9;poca- motivados por el agradecimiento al bienhechor caballero, al que considera amo y se&#x00F1;or, maestro, amigo e incluso padre. Desaseado y con mal aspecto acompa&#x00F1;a a Alonso a la sepultura, permaneciendo hasta que es de all&#x00ED; arrancado por el sacrist&#x00E1;n, Teresa y su hija. El aprendiz de melanc&#x00F3;lico parece cercano al suicidio. En casa llora sin consuelo, deja de comer y pierde el sue&#x00F1;o. «Todo era dar vueltas de un lado y otro, gemir y suspirar». La vida es imposible, debi&#x00F3; acompa&#x00F1;arlo en la muerte. Era un amo que lo reprend&#x00ED;a con dulzura, pero era &#x00E9;l quien decid&#x00ED;a sobre los dineros, los caminos e incluso en la palabra: </p>
		
		<p>La confianza que de m&#x00ED; hac&#x00ED;a no cabe en comparaci&#x00F3;n. Yo era el depositario de su caudal, yo le distribu&#x00ED;a a mi gusto, en fin era yo m&#x00E1;s due&#x00F1;o de sus cosas que su merced. Era tanta su benignidad y docilidad, que le llevaba por donde quer&#x00ED;a, y le merec&#x00ED;a tan buena opini&#x00F3;n, que en todo me daba cr&#x00E9;dito. Hasta sufr&#x00ED;a que le respondiese. ¡Ay Dios! ¿puede decirse m&#x00E1;s de su bondad? </p>
		
		<p>Hay un aprendizaje de la melancol&#x00ED;a y un cambio de modelos de virtud, de modelos de h&#x00E9;roe virtuoso. A los <italic>bellatores</italic> siguen los <italic>oratores</italic> y en fin los <italic>laboratores</italic>. Primero fue ejemplo el caballero cervantino, pero en Gatell viene luego el cl&#x00E9;rigo y, por &#x00FA;ltimo, el escudero. No come, enflaquece y pierde el color, va en pos de su se&#x00F1;or por tanto. Teresa suplica, como los vecinos, pero todo es in&#x00FA;til. «Ya tem&#x00ED;a llegase a perder el juicio, no perdiese la vida».  </p>
		
		<p>La tristeza del cl&#x00E9;rigo, el llanto por un justo, se debe al remordimiento por haberlo retornado por la fuerza en jaula a casa y a la ausencia de las «conversaciones que tantas veces divirtieron sus melancol&#x00ED;as» (Gatell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1794</xref>, t. I, pp. 9-16 y 22). Llamado por Teresa reconviene al escudero, a&#x00F1;adiendo reflexiones y consejos. Fracasa y se retira, invadiendo la tristeza a los personajes y a la aldea. Piensa entonces el cl&#x00E9;rigo que ha usado palabras «por lo bajo», pero estando el escudero acostumbrado al caballero, debe volver a «hablarle por el estilo de Alonso» (Guti&#x00E9;rrez Cuadrado, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2005</xref>). Rega&#x00F1;a al criado, pide su resignaci&#x00F3;n y conformidad, para evitar hacerse homicida de s&#x00ED; mismo. Teniendo en cuenta el recuerdo del caballero que se dej&#x00F3; morir de melancol&#x00ED;a, le pide como si se tratara de un m&#x00E9;dico: «divertid en otras cosas la imaginaci&#x00F3;n». Enferma esta facultad del alma, es bueno reconducir sus pensamientos, recomendaban los m&#x00E9;dicos y por supuesto Gatell. El cura ordena darle vino y as&#x00ED; toma algo de sopa. Le exige escuchar a dios, atender a la familia y a los amigos y recordar al caballero, maestro de paciencia, sufrimiento y conocimientos. Pide equilibrada actitud, estar sereno, no quejarse, paciencia, sufrimiento e insensibilidad. No sentir es torpeza pero tambi&#x00E9;n sabidur&#x00ED;a, estoicismo y cristianismo. Reflexi&#x00F3;n y entendimiento llevan a una vida justa, estoica, cat&#x00F3;lica. </p>
		
		<p>Tambi&#x00E9;n reacciona el buen Sancho al amor familiar, ante las recriminaciones de esposa e hija. Sobre todo ante el amor de la pareja, ese sanador matrimonio: </p>
		
		<p>un amor sencillo, casto y honesto; no el amor que reina en la &#x00E9;poca presente, amor interesado y nada puro el m&#x00E1;s, amor aparente, que dura solo, que solo se manifiesta en el exterior y cuyas demostraciones son solo hijas del porque no digan. ¡Triste &#x00E9;poca la presente! (Gatell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1794</xref>, t. I, pp. 23-28, 35-36, 74-75 y 94; Staël, <xref ref-type="bibr" rid="CIT51">2007</xref>). </p>
		
		<p>Teresa escucha a Sancho llamar en sue&#x00F1;os al caballero, intentando con su famosa propuesta de una nueva vida buc&#x00F3;lica arrebatarlo de brazos de la muerte. Son as&#x00ED; recordadas las cr&#x00ED;ticas cervantinas al bucolismo literario, que se superponen a las dirigidas a los libros de caballer&#x00ED;a. Es un tema que le interesar&#x00E1; sobremanera, as&#x00ED; en otra amplia cita en <italic>La moral del mas famoso escudero Sancho Panza</italic>, vuelve sobre la tristeza de la muerte del caballero, a las frases con que lo llama el sirviente a la vida campestre para evitar la mortal melancol&#x00ED;a (Gatell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2010</xref>, pp. 241-244). Ese sue&#x00F1;o lo hace feliz, riendo alegre en esas sendas arc&#x00E1;dicas.  </p>
		
		<p>La raz&#x00F3;n se debe oponer a la locura, el cari&#x00F1;o a la tristeza. Pero ante el recuerdo del amo, incluso de sus estoicos consejos, de nuevo recae. As&#x00ED; teme el cura que vaya a perder la cabeza. Cambia este entonces la estrategia, pues no han valido ni principios ni ejemplos. Ahora combina raz&#x00F3;n y autoridad, usa del arte de persuadir. El alma de Sancho no es tan ingenua ni tan torpe y ha aprendido mucho junto al se&#x00F1;or. Ya no es ese ser semejante a su amado pollino que era Sancho: </p>
		
		<p>Se&#x00F1;or, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias (<italic>Quijote</italic>, II, c. 11). </p>
		
		<p>Comenta esta frase Sancho en <italic>La moral del mas famoso escudero Sancho Panza</italic>. Es preciso intentar salir de la tristeza, sabiendo el peligro de devenir bestias, o locos furiosos, o bien morir. El consuelo est&#x00E1; en las reflexiones y en las consideraciones cristianas (Gatell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2010</xref>, pp. 131-136). El barbero entonces propone que vaya a trabajar al campo, a cuidar la hacienda, una inmejorable diversi&#x00F3;n de los pesares. Gran pesar, que vencer&#x00E1; por el trabajo y la evitaci&#x00F3;n del ocio. La esposa parece estar de acuerdo, mejor hubiera sido no conocer a Alonso, quedar cuidando cabras o labrando. </p>
		
		<p>Sin duda, el trabajo ser&#x00E1; muy apreciado en la &#x00E9;poca –ya lo era para los arbitristas y reformadores desde el Renacimiento- y as&#x00ED; lo muestran ahora las reformas ilustradas. La persecuci&#x00F3;n de vagos y maleantes, la dignificaci&#x00F3;n del trabajo o la labor de las Sociedades Econ&#x00F3;micas lo evidencian. Asimismo hay disposiciones valorando la producci&#x00F3;n textil de las mujeres y procurando su ense&#x00F1;anza, lo que se propuso el imaginario alcalde Sancho de Gatell. Tambi&#x00E9;n los m&#x00E9;dicos, como el franc&#x00E9;s Pinel, consideran favorable para la curaci&#x00F3;n de los enfermos mentales el trabajo, tal como seg&#x00FA;n &#x00E9;l se practicaba en el hospital de Zaragoza. Los recuerdos de Altisidora sobre la labor manual, tambi&#x00E9;n fueron conocidos a un buen lector de Cervantes. D&#x00E9;cadas antes Crist&#x00F3;bal M&#x00E9;ndez, un m&#x00E9;dico de Lepe, que estudi&#x00F3; en Salamanca y trabaj&#x00F3; en M&#x00E9;xico, public&#x00F3; en Ja&#x00E9;n en 1553 un <italic>Libro del ejercicio corporal</italic>. Sus primeras citas son para Arist&#x00F3;teles y, desde luego, Galeno, cuyas <italic>sex res non naturales</italic> sin duda tendr&#x00ED;a en cuenta.  </p>
		
		<p>Reconoce el autor que habla para las mujeres ociosas, que caen en enfermedades por esta causa. Por el ocio tienen menos hijos, aseguraba. Se remonta a Ptolomeo para afirmar que en Espa&#x00F1;a las mujeres trabajaban en el hogar, con sus hijos y en el campo. Trabajo es considerado el vigilar y corregir los fallos de las sirvientas, incluso si son provocados. Recomienda a las mujeres limpiar y suavizar el lino –tareas precisas para su preparaci&#x00F3;n-, hilar y devanar madejas, trabajarlas, coser, tejer cintas y hacer trenzas. Y ahora tambi&#x00E9;n tejidos ricos de oro, gorgueras, tocados o franjas. En 1530 mand&#x00F3; la emperatriz –nos dice- provisi&#x00F3;n a M&#x00E9;xico para que las mujeres hicieran alg&#x00FA;n ejercicio, ofreciendo lino. Ofendidas las se&#x00F1;oras, el obispo las convenci&#x00F3; del alto honor que se las dispensaba. Recomienda para ellas el m&#x00E9;dico los paseos por casa; a las monjas adem&#x00E1;s de estos, el coro y sus trabajos que no les faltan (M&#x00E9;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1991</xref>, pp. 231-235; Ruiz Somavilla, <xref ref-type="bibr" rid="CIT50">1993</xref>). Gatell encomienda a su personaje Sancho, en el relato de su vida, como alcalde de aldea, arcadia ilustrada, la ense&#x00F1;anza del hilado a las mujeres. </p>
		
		<p>En la Ilustraci&#x00F3;n renacen estos temas, as&#x00ED; en otro escritor de prensa, como es Nipho. Se queja de la Espa&#x00F1;a de su tiempo, por los abusos que ve como cortejos y lujos, considera a la naci&#x00F3;n como inconstante francesa, enga&#x00F1;osa italiana y lasciva inglesa. Amancebada con la riqueza y la sensualidad, que son extranjeros males que la llevan a su declive. Se echa de menos los antiguos tiempos en que la propia reina Isabel acud&#x00ED;a a los conventos con una canastilla, pues las camisas de Fernando proced&#x00ED;an de sus manos. Las activas &#x00F3;rdenes renacentistas, las de Ignacio de Loyola o Teresa de Cepeda y Ahumada est&#x00E1;n a las puertas. </p>
		
		<p>Con este prodigioso exemplo puso estacada a los abusos y todas las Monjas aun las mal contentas, por tener parte en la imitaci&#x00F3;n de tan santa y discreta Reyna, trabajaban a porf&#x00ED;a, de modo que insensiblemente la tarea las redimi&#x00F3; de much&#x00ED;ssimas locuras, que se creyeron incurables, aun con haver aplicado antes remedios m&#x00E1;s fuertes (Nipho, <xref ref-type="bibr" rid="CIT39">1755</xref>, pp. 5-18, cita en 17; Enciso, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1956</xref>). </p>
		
		<p>En aquella &#x00E9;poca se dudaba de los lujos, se estimaba el trabajo, por lo que Altisidora pod&#x00ED;a hacer bolillos y encajes y Sancho cuidar tierras y ganados. El arte ha reproducido a muchas reinas, santas y monjas –luego burguesas y proletarias- trabajando. Hasta la reina Victoria ha sido representada con una rueca. Tambi&#x00E9;n san Juli&#x00E1;n el patr&#x00F3;n de la ciudad de Cuenca, que fue famosa y rica por sus textiles, se relaciona con tareas de esta naturaleza para el socorro de pobres. </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S4">
		<title>SUE&#x00D1;OS, LABRANZA Y NARRACI&#x00D3;N </title>
		
		<p>El sue&#x00F1;o es un tema cl&#x00E1;sico y moderno en la Ilustraci&#x00F3;n, Luciano de Samosata y Diderot son buenos ejemplos de lo uno y lo otro. En la literatura castellana, Quevedo o Torres son modelos a imitar. Cadalso inaugura con un sue&#x00F1;o su <italic>&#x00D3;ptica del cortejo</italic> (M. A. Ram&#x00ED;rez y G&#x00F3;ngora en obra falsamente atribuida a Cadalso, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1790</xref>). Y, en la &#x00E9;poca, es difundido Shakespeare. As&#x00ED; es empleado por Pedro Gatell el so&#x00F1;ar, como se&#x00F1;al&#x00F3; E. Larriba, para la cr&#x00ED;tica de la medicina, sin duda en la senda del matem&#x00E1;tico salmantino. Arremete contra el cervantino graduado por Osuna, quien lo mataba de hambre en Barataria, siempre deseoso de evitar en su &#x00ED;nsula la presencia de m&#x00E9;dicos malos, ignorantes, imprudentes e indiscretos. Tambi&#x00E9;n contra los m&#x00E9;dicos que no saben ni a s&#x00ED; mismos curarse. No duda en discutir como ilustrado la peligrosa y tradicional medicina gal&#x00E9;nica, queriendo sencillez, prudencia, observaci&#x00F3;n y pr&#x00E1;ctica, defensa hipocr&#x00E1;tica de la naturaleza. No parece creer en muchos medicamentos, siguiendo las ideas de la &#x00E9;poca, pues critica a quienes abusan en busca de la inmortalidad. En <italic>El Argonauta</italic> una voz sobrenatural le encomienda la salvaci&#x00F3;n de la medicina, quemando libros como en una nueva inquisici&#x00F3;n cervantina, salvando tan solo a Hip&#x00F3;crates y van Swieten, entre los espa&#x00F1;oles a Solano de Luque (Gatell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1794</xref>, t. 1, pp. 168-170; Larriba, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2003a</xref>, pp. 147-152 y 203-206; Larriba, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2005</xref>, pp. 115-123.) </p>
		
		<p>Se pregunta Sancho por qu&#x00E9; no so&#x00F1;aba don Quijote, tan lleno de ilusiones; responde el beneficiado que por la fortaleza del cerebro bien constituido (ni d&#x00E9;bil ni enfermo), o porque no ten&#x00ED;a hambre, pues ocurre al no cenar. Los m&#x00E9;dicos, desde luego, se ocupan tambi&#x00E9;n de los trastornos del sue&#x00F1;o (Cullen, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1788-1791</xref>, t. III, pp. 386-387). Pero sin duda este pertenece a Sancho, si bien el caballero so&#x00F1;&#x00F3; en la cueva de Montesinos. Incluso el cura cervantino considera los libros de caballer&#x00ED;a «ficci&#x00F3;n, f&#x00E1;bula y mentira, y sue&#x00F1;os contados por hombres despiertos, o por mejor decir, medio dormidos» (<italic>Quijote</italic>, II, c. 1). Pero Sancho en las p&#x00E1;ginas cervantinas har&#x00E1; un maravilloso paralelismo con la muerte, que entristece, iguala o bien consuela y premia. Herencia de la palabra del caballero y de la iglesia, se enriquece el simbolismo on&#x00ED;rico, significando curaci&#x00F3;n y felicidad, o bien tristeza y muerte. Se puede recordar que en el mundo cl&#x00E1;sico, la misma familia divina re&#x00FA;ne sue&#x00F1;o y muerte. Si el Romanticismo renovar&#x00E1; este inter&#x00E9;s (Montiel, Gonz&#x00E1;lez de Pablo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2003</xref>; Montiel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">2008</xref>), antes Luis Antonio Muratori el ilustrado bibliotecario de M&#x00F3;dena, considera el sue&#x00F1;o resultado de la fantas&#x00ED;a. Puede venir de malas digestiones, fiebres o por problemas en los humores, as&#x00ED; la sangre, o bien la melancol&#x00ED;a. Les reconoce efectos sanadores, a veces se encuentran en ellos remedios contra la enfermedad. Pueden informar –adem&#x00E1;s de sobre aspectos exteriores- sobre nuestro cuerpo y nuestra alma y nuestras melancol&#x00ED;as. Si bien no son revelaciones, no se trata del diablo. A veces alteran las im&#x00E1;genes de la mente, causan terror, pero otras la fantas&#x00ED;a forma comedias ordenadas y graciosas (Muratori, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">1777</xref>, p. 125; Cardano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1999</xref>; Egido, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1994</xref>). </p>
		
		<p>Va mejorando el juicio del criado en las p&#x00E1;ginas de Gatell, pero se acuerda de su se&#x00F1;or, a la vez que el dinero mengua. Ri&#x00F1;e con el bachiller, a pesar de mediar el cl&#x00E9;rigo, asegurando que «muri&#x00F3; Alonso de melancol&#x00ED;a de haberse visto vencido». La derrota, una derrota &#x00FA;ltima ser&#x00ED;a el motivo de la tristeza y la muerte, ya que: </p>
		
		<p>lo mat&#x00F3; por la melancol&#x00ED;a que le ocasion&#x00F3;: que no es menester espada, trabuco ni pu&#x00F1;al para matar a uno, que una palabra sola basta para echar al otro mundo mil hombres de honor. Esto bastantes veces lo dijo mi difunto amo. </p>
		
		<p>El bachiller lo admite, es acusado por la gente, el cura tambi&#x00E9;n lamentaba siempre su propio papel en traerlo de Sierra Morena. Teresa pide calma y reconciliaci&#x00F3;n, pero es apedreado el culpable por unos chicos, encerr&#x00E1;ndose en casa con «f&#x00FA;nebres meditaciones», rendido «en cama sin consuelo» (Gatell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1794</xref>, t. 1, pp. 41, 48, 53, 66-69, 75-76 y 81; Pi y Molist, <xref ref-type="bibr" rid="CIT48">1886</xref>). Ante los rumores y cr&#x00ED;ticas del pueblo, temiendo el castigo huye el bachiller. </p>
		
		<p>El cl&#x00E9;rigo aprovecha la mala conciencia de Sancho -religioso por sentimiento y coraz&#x00F3;n- y as&#x00ED;, tras confesarse, vuelve al trabajo de campo. Pero ante la dureza de la labor, pronto echa de menos las dulzuras de la vida caballeresca, las casas de los duques y don Antonio, las bodas de Camacho, el cargo de gobernador y sus esperanzas en m&#x00E1;s altos destinos. Siempre Gatell teme el abandono del campo por la ciudad y sobre todo la corte. «¡Ojala que nunca hubiera dejado una vida que ahora me es tan pesada!». La soledad aumenta la tristeza, recordando la pasada felicidad, «y as&#x00ED; Sancho se ve&#x00ED;a molestado de las reflexiones, que aumentaban su melancol&#x00ED;a» (Gatell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1794</xref>, t. 1, pp. 92-94 y 136). Teresa trabaja en el hilado y la cocina, cuid&#x00E1;ndolo, el cl&#x00E9;rigo emplea la persuasi&#x00F3;n y la oratoria –profana o sagrada- y la palabra amiga. Cuando encuentra compa&#x00F1;&#x00ED;a y charla se anima, as&#x00ED; preguntado por don Quijote se convierte en narrador. Nos recuerda las lecturas en las ventas, la literatura de transmisi&#x00F3;n oral, los contadores de cuentos, los relatos de bandidos como Francisco Esteban, famoso bandolero andaluz. Se&#x00F1;alemos a ese nuevo Sancho narrador, nada extra&#x00F1;o en las tradiciones orales antiguas, en Cervantes aparecen con frecuencia esas lecturas o narraciones. Contrapone as&#x00ED; las comedias de la ciudad con los relatos del campo.  </p>
		
		<p>El cura y los otros amigos comparan con el original impreso y admiran la veracidad de Sancho. No es soluci&#x00F3;n sin embargo, la memoria de la desgracia empeora al criado, quien llora y teme enloquecer como el se&#x00F1;or. Elogia la vida del escudero y la militar; mientras, Teresa prefiere el trabajo y el hogar, la familia sin duda (Gatell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1794</xref>, t. 1, pp. 98-114). Gatell afirma la importancia de los viajes para el conocimiento, &#x00E9;l puede presumir de los suyos por Am&#x00E9;rica y Espa&#x00F1;a, incluso a la luna como Cyrano de Bergerac. Tambi&#x00E9;n el escudero con Gatell se hace poeta. Recordemos la afirmaci&#x00F3;n del Sancho cervantino de que habla en exceso por enfermedad. La melancol&#x00ED;a en Huarte permit&#x00ED;a hablar, adivinar, incluso profetizar, si bien nunca en colaboraci&#x00F3;n diab&#x00F3;lica. La naturaleza y la cultura permiten esos aprendizajes, que son curaci&#x00F3;n. Sancho en la Ilustraci&#x00F3;n ser&#x00E1; cuentista, poeta, alcalde y modelo de virtudes. Aldea y naturaleza, temperamento y enfermedad hacen al narrador y al poeta. El criado se convierte tambi&#x00E9;n en poeta macarr&#x00F3;nico, repitiendo rimas. En la Ilustraci&#x00F3;n se impone el aprendizaje de normas neocl&#x00E1;sicas, el <italic>Arte po&#x00E9;tica</italic> cl&#x00E1;sico e ilustrado manda aprender y repetir a los poetas cl&#x00E1;sicos. Los poetas ya no nacen, se hacen (Gatell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1794</xref>, t. 1, pp. 192-197; &#x00C1;lvarez Barrientos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1991</xref>; &#x00C1;lvarez Barrientos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2006</xref>, pp. 146-155; Carnero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2009</xref>). Pero tambi&#x00E9;n Sancho ha aprendido oyendo al amo, como los autores dram&#x00E1;ticos. Y como aprendi&#x00F3; la virtud y puede convertirse con el sabio Gatell en magn&#x00ED;fico alcalde, mejorando ense&#x00F1;anza, artes (teatro, danza, lecturas) y costumbres (Larriba, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2005</xref>, pp. 135-149).  </p>
		
		<p>En la ense&#x00F1;anza cl&#x00ED;nica de la &#x00E9;poca tienen gran importancia dos autores, el escoc&#x00E9;s William Cullen y el franc&#x00E9;s Philippe Pinel. Ambos son cl&#x00ED;nicos hipocr&#x00E1;ticos, ecl&#x00E9;cticos, si bien cercanos al vitalismo. La clasificaci&#x00F3;n de Cullen es compleja… asienta la melancol&#x00ED;a entre las vesanias. La de Boissier de Sauvages da una hermosa descripci&#x00F3;n cl&#x00ED;nica de los tipos de melancol&#x00ED;as, que F&#x00E9;lix Miquel ense&#x00F1;ar&#x00E1; en Valencia (Peset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT47">2013</xref>). Por el contrario, la de Pinel coloca en un gran apartado las melancol&#x00ED;as, tambi&#x00E9;n consideradas vesanias. Estudia este de forma hipocr&#x00E1;tica casos de man&#x00ED;a y melancol&#x00ED;a por a&#x00F1;os en los hospitales de Par&#x00ED;s, pensando en desequilibrios y equilibrios de la naturaleza. Las pasiones desatadas por fuertes sentimientos deben ser compensadas, o bien olvidadas con est&#x00ED;mulos contrarios o diversiones. As&#x00ED;, sin llevar la contraria, hay que inducir pensamientos enfrentados que enderecen la mente. Incluso propone fingimientos teatrales, como los que introducir&#x00E1; m&#x00E1;s tarde el marqu&#x00E9;s de Sade en Charenton. Intenta, mediante un falso tribunal, sanar a un enfermo que teme la persecuci&#x00F3;n y las penas del Terror revolucionario. Al fin y al cabo no eran m&#x00E1;s que continuadores de la puesta en escena de matrimonios fingidos para curar el mal de amores que mucho atr&#x00E1;s propuso Lope de Vega (Peset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT43">1993</xref>; Peset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">2003</xref>; Peset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT46">2010</xref>; Larriba, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2003b</xref>). </p>
		
		<p>Aunque algunos de estos autores no pudieron ser le&#x00ED;dos por el bachiller Gatell, eran ideas que estaban en la tradici&#x00F3;n y en la cultura, (Porter, <xref ref-type="bibr" rid="CIT49">1992</xref>) por lo que no es extra&#x00F1;o ver el reflejo en sus escritos. As&#x00ED;, al llegar a la cercan&#x00ED;a de la muerte del hidalgo, el cirujano militar Gatell parece resucitar, el m&#x00E9;dico sustituye al moralista. Al darle con cari&#x00F1;o sopa la sobrina, «apenas pod&#x00ED;a dar sonido a la voz, no tanto por un efecto de la enfermedad, quanto por el pesar que angustiaba su coraz&#x00F3;n afligido». Nos indica la causa: el loco hidalgo, en sus ataques contra gigantes, caballeros y ej&#x00E9;rcitos, estaba «dirigido de una imaginaci&#x00F3;n siempre enferma». Como Hip&#x00F3;crates, como Pinel quiere que la naturaleza recupere su curso, contraponiendo a las emociones las contrarias, las opuestas: </p>
		
		<p>Consult&#x00F3;me Sans&#x00F3;n, si ser&#x00ED;a &#x00FA;til contrarrestar vuestras ideas, o bien favorecerlas buscando al mismo tiempo otro medio m&#x00E1;s poderoso que la persecuci&#x00F3;n, la misma que tiene muy poco poder para convencernos. Persuadidos ambos de esta verdad nos dex&#x00E1;bamos llevar muchas veces del mismo torrente que os arrastraba, pero para ocurrir a otros medios. Y en esto ni Sans&#x00F3;n ni yo hicimos m&#x00E1;s de lo que deb&#x00ED;amos; bien ciertos por la experiencia antecedente, de que no podr&#x00ED;an las razones vencer tan fuerte preocupaci&#x00F3;n. </p>
		
		<p>Al despertar la sobrina llama al cl&#x00E9;rigo, el caballero reconoce el da&#x00F1;o de la imaginaci&#x00F3;n, tambi&#x00E9;n la culpa y la expiaci&#x00F3;n: </p>
		
		<p>¡Ha imaginaci&#x00F3;n! ¡terrible verdugo eres de mi quietud! Todos los trabajos que he pasado en mi vida por mi necedad, no pueden igualarse, Seor Licenciado, con los que he sufrido en este corto rato que he dormido (Gatell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1792-1793</xref>, t. II, pp. 28, 31 y 37-38; Esquirol y Daquin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2000</xref>).  </p>
		
		<p>Vuelve, en definitiva, el moralista cat&#x00F3;lico, al decirnos que no escribe para aliviar las penas, es imposible la felicidad humana. El cl&#x00E9;rigo siempre se&#x00F1;ala la infelicidad del rico, la presencia continua del dolor y los avisos de la muerte. Aqu&#x00ED; de nuevo, cuando Alonso el Bueno despierta, recorre su vida como el cervantino (<italic>Quijote</italic>, II, c. 74). Arremete contra los libros de caballer&#x00ED;as, el fin de la vida es propicio para el arrepentimiento. Si los cincuenta a&#x00F1;os es la edad del delirio, a ella tan solo una d&#x00E9;cima parte de la poblaci&#x00F3;n llega, afirma citando autores de forma erudita: </p>
		
		<p>¡Fuerte desdicha de la humana miseria! la misma fatalidad que se atraxo mi Amigo por haber empleado tan mal aquella mitad del siglo consigue todo hombre que no se ocupa desde su juventud, que sigue solo las sendas de la indolencia, ociosidad y dem&#x00E1;s vicios (Gatell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1792-1793</xref>, t. I, 156 y 4). </p>
		
		<p>Nos muestra, en fin, la maldad del siglo, en sus j&#x00F3;venes, en sus mujeres. De aquellos algunos van a Am&#x00E9;rica, buscando ricos metales, otros van al contrabando. En definitiva, tambi&#x00E9;n a los regimientos, que es mejor salida, servir al rey y a la patria por las armas, ya que no por la agricultura, las artes y las ciencias. La moral ilustrada se une al arbitrismo y reformismo de la &#x00E9;poca (Hontanilla, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2010</xref>; P&#x00E9;rez Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2012</xref>). Prosigue entonces con cr&#x00ED;ticas morales a su tiempo. Aunque fue Alonso Quijano un enfermo de su «dislocada imaginacion», al ingresar en la «caballer&#x00ED;a imaginaria» —si bien su deseo por Dulcinea, causado por nublado entendimiento, «no sobrepas&#x00F3; los t&#x00E9;rminos de su imaginacion»—, (Gatell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1792-1793</xref>, t. I, pp. 5, 8, 10, 15) los Quijotes no perdonaban mujer en el d&#x00ED;a, doncella, casada o viuda son objeto de su desatada lascivia. Si don Quijote cabalg&#x00F3; en un ardiente julio fue contra agravios, entuertos, sinrazones, abusos y deudas, hoy los caballeros no buscan nada de esto, «pues su deseo no se satisface sino dando rienda &#x00E1; sus vicios.» (Gatell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1792-1793</xref>, t. I, citas en 5-16). En definitiva, lo importante es la moral, parece decirnos.  </p>
		
		<p>Hay que rastrear en cientos de p&#x00E1;ginas de dura doctrina cat&#x00F3;lica de Pedro Gatell los posibles rasgos ilustrados. Tal vez sus cientos de p&#x00E1;ginas significan la graforrea del melanc&#x00F3;lico, (Huertas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">en prensa</xref>; Molinari, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2005</xref>) tal vez el signo de los tiempos de contrarrevoluci&#x00F3;n de fines del XVIII. Sin embargo, resultan interesantes sus p&#x00E1;ginas en cuanto representan cr&#x00ED;ticas y por tanto espejos de costumbres. Tambi&#x00E9;n en cuanto muestran la evoluci&#x00F3;n del imaginario m&#x00E9;dico desde humores y melancol&#x00ED;as a emociones y pecados. O bien la subjetividad de un olvidado escritor, que grita para ser le&#x00ED;do.</p>


		</sec>
	</body>

	<back>
	
	
	
	
	
		<ref-list>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>

			<ref id="CIT01">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>&#x00C1;lvarez Barrientos</surname>
				  <given-names>Joaqu&#x00ED;n</given-names>
				  </name>  
			  </person-group>
			  <year>1991</year>
			  <chapter-title>La Novela del Siglo XVIII</chapter-title>
			 <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
				  <surname>de la Fuente</surname>
				  <given-names>R.</given-names>
				  </name>  
			  </person-group>  
			  <source>Historia de la literatura espa&#x00F1;ola 28</source> 
			  <publisher-loc>Madrid, Gij&#x00F3;n</publisher-loc>
			  <publisher-name>J&#x00FA;car</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT02"> 
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>&#x00C1;lvarez Barrientos</surname>
				  <given-names>Joaqu&#x00ED;n</given-names>
				  </name>  
			  </person-group>
			  <year>2006</year> 
			  <source>Los hombres de letras en la Espa&#x00F1;a del siglo XVIII. Ap&#x00F3;stoles y arribistas</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Castalia</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT03">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Alsinet</surname>
				  <given-names>Josef</given-names>
				  </name>  
			  </person-group>
			  <year>1794</year> 
			  <source>Nuevo m&#x00E9;todo para curar flatos (…), extractado y traducido por (…)</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Pl&#x00E1;cido Barco L&#x00F3;pez</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT04">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Artigas</surname>
				  <given-names>Miguel</given-names>
				  </name>  
				  <name>
				  <surname>S&#x00E1;nchez Reyes</surname>
				  <given-names>Enrique</given-names>
				  </name>  
			  </person-group>
			  <year>1957</year> 
			  <source>Cat&#x00E1;logos de la Biblioteca de Men&#x00E9;ndez Pelayo. I Manuscritos</source> 
			  <publisher-loc>Santander</publisher-loc>
			  <publisher-name>Cuerpo facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arque&#x00F3;logos, Sociedad Men&#x00E9;ndez Pelayo</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT05">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Bolufer</surname>
				  <given-names>M&#x00F3;nica</given-names>
				  </name>  
			  </person-group>
			  <year>1998</year>  
			  <source>Mujeres e Ilustraci&#x00F3;n. La construcci&#x00F3;n de la feminidad en la Espa&#x00F1;a del siglo XVIII</source> 
			  <publisher-loc>Valencia</publisher-loc>
			  <publisher-name>Instituci&#x00F3; Alfons el Magnànim, Diputaci&#x00F3;n de Valencia</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT06">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Cadalso</surname>
				  <given-names>Josep</given-names>
				  </name>  
			  </person-group>
			  <year>s.d.</year>   
			  <source>Los eruditos a la violeta</source> 
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Viuda Piferrer</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT07">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Cadalso</surname>
				  <given-names>Josep</given-names>
				  </name>  
			  </person-group>
			  <year>1790</year>   
			  <source>Optica del cortejo</source> 
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Viuda Piferrer</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
				
			<ref id="CIT08">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Cardano</surname>
				  <given-names>Gerolamo</given-names>
				  </name>  
			  </person-group>
			  <year>1999</year>
			  <source>El libro de los sue&#x00F1;os</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>AEN</publisher-name>
			  <comment>trad. Marciano Villanueva Salas</comment>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT09">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Carnero</surname>
				  <given-names>Guillermo</given-names>
				  </name>  
			  </person-group>
			  <year>2009</year>
			  <source>Estudios sobre narrativa y otros temas dieciochescos</source> 
			  <publisher-loc>Salamanca</publisher-loc>
			  <publisher-name>Ediciones Universidad de Salamanca, Prensas Universitarias de Zaragoza</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT10"> 
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Cullen</surname>
				  <given-names>Guillermo</given-names>
				  </name>  
			  </person-group>
			  <year>1788-1791</year>
			  <source>Elementos de Medicina Pr&#x00E1;ctica, 4 vols</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Benito Cano</publisher-name>
			  <comment>trad. Bartholom&#x00E9; Pi&#x00F1;era</comment>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT11">
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Di&#x00E9;guez</surname>
				  <given-names>Antonio</given-names>
				  </name>     
			  </person-group>
			  <year>2001</year>  
			  <article-title>Mitificaci&#x00F3;n de lo siniestro: sobre La Casa de Locos de Zaragoza</article-title> 
			  <source>Frenia</source>  
			  <volume>1</volume>
			  <issue>1</issue>
			  <fpage>129</fpage>
			  <lpage>140</lpage>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT12">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				<anonymous></anonymous>
			  </person-group>
			  <source>Discurso sobre el luxô de las se&#x00F1;oras, y proyecto de un trage nacional</source>	  	 	  
			  <year>2005</year> 
			  <publisher-loc>Madrid, Valladolid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Imprenta Real</publisher-name>
			  <comment>1788. Edici&#x00F3;n facs&#x00ED;mil, Editorial Maxtor</comment>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT13">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Egido</surname>
				  <given-names>Aurora</given-names>
				  </name>  	    
			  </person-group>
			  <year>1994</year> 
			  <source>Cervantes y las puertas del sue&#x00F1;o. Estudios sobre La Galatea, El Quijote y El Persiles</source>  
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>PPU, Promociones y Publicaciones Universitarias</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT14">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Enciso</surname>
				  <given-names>Luis Miguel</given-names>
				  </name>    
			  </person-group>
			  <year>1956</year> 
			  <source>Nipho y el periodismo espa&#x00F1;ol del siglo XVIII</source>  
			  <publisher-loc>Valladolid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Universidad</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT15">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Esquirol</surname>
				  <given-names>&#x00C9;tienne</given-names>
				  </name> 
				  <name>
				  <surname>Daquin</surname>
				  <given-names>Joseph</given-names>
				  </name>    
			  </person-group>
			  <year>2000</year> 
			  <source>Sobre las pasiones, La filosof&#x00ED;a de la locura</source>  
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>AEN</publisher-name>
			  <comment>trad. Mar&#x00ED;a Jos&#x00E9; Pozo, pr&#x00F3;logo Jos&#x00E9; Luis Peset</comment>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT16">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Fern&#x00E1;ndez Doctor</surname>
				  <given-names>Asunci&#x00F3;n</given-names>
				  </name>      
			  </person-group>
			  <year>1987</year> 
			  <source>El Hospital Real y General de Nuestra Se&#x00F1;ora de Gracia de Zaragoza en el siglo XVIII</source>  
			  <publisher-loc>Zaragoza</publisher-loc>
			  <publisher-name>Instituci&#x00F3;n Fernando el Cat&#x00F3;lico</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>
			 
			<ref id="CIT17">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author"> 
				  <name>
				  <surname>Flores</surname>
				  <given-names>R. M.</given-names>
				  </name> 	      
			  </person-group>
			  <year>1982</year>  
			  <source>Sancho Panza Through Three Hundred Seventy-five Years of Continuations, Imitations, and Criticism, 1605-1980</source>  
			  <publisher-loc>Newark, Delaware</publisher-loc>
			  <publisher-name>Juan de la Cuesta - Hispanic Monographs</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT18">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author"> 
				  <name>
				  <surname>Gallego</surname>
				  <given-names>Antonio</given-names>
				  </name> 	      
			  </person-group>
			  <year>1988</year>  
			  <source>La m&#x00FA;sica en tiempos de Carlos III</source>  
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Alianza Editorial</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT19">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Garc&#x00ED;a Asensio</surname>
				  <given-names>Miguel</given-names>
				  </name>     
			  </person-group>
			  <year>1785</year>  
			  <source>El Lacayo Marques Fin de Fiesta</source>  
			  <publisher-loc>Santander</publisher-loc>
			  <publisher-name>Biblioteca Marcelino Men&#x00E9;ndez Pelayo</publisher-name>
			  <comment>Manuscritos, sig. M 42, pp. 70r-123v</comment>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT20">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Gatell</surname>
				  <given-names>Pedro</given-names>
				  </name>     
			  </person-group>
			  <year>1792-1793</year>  
			  <source>La moral de don Quijote, deducida de la historia que de sus gloriosas haza&#x00F1;as escribi&#x00F3; Cide-Hamete Benengel&#x00ED;. Por su grande amigo el cura. Dala &#x00E1; luz el Br. D. P. Gatell, 2 vols</source>  
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Imprenta de Gonz&#x00E1;lez</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT21">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Gatell</surname>
				  <given-names>Pedro</given-names>
				  </name>     
			  </person-group>  
			  <year>1794</year> 
			  <source>Historia del mas famoso escudero Sancho Panza, despues de la muerte de Don Quixote de la Mancha, t. I.</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Imprenta Real</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT22">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Gatell</surname>
				  <given-names>Pedro</given-names>
				  </name>     
			  </person-group>  
			  <year>1912</year> 
			  <chapter-title>Memoria en la que se demuestra la absoluta necesidad en que se halla la corte de Espa&#x00F1;a de poblar y fortificar la Luisiana…(A&#x00F1;o 11 octubre 1780)</chapter-title>
			  <source>Documentos hist&#x00F3;ricos de la Florida y la Luisiana siglos XVI al XVIII</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Librer&#x00ED;a General de Victoriano Su&#x00E1;rez</publisher-name>
			  <fpage>353</fpage>
			  <lpage>360</lpage>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT23">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Gatell</surname>
				  <given-names>Pedro</given-names>
				  </name>     
			  </person-group>  
			  <year>2010</year> 
			  <source>Cide Hamet Benengell, La moral del mas famoso escudero Sancho Panza</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Imprenta Real</publisher-name>
			  <comment>1793, facsimilar Extramuros Edici&#x00F3;n, Mairena del Aljarafe, Sevilla</comment>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT24">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Gusdorf</surname>
				  <given-names>Georges</given-names>
				  </name>     
			  </person-group>  
			  <year>1976</year> 
			  <source>Naissance de la conscience romantique au si&#x00E8;cle des Lumi&#x00E8;res</source> 
			  <publisher-loc>Paris</publisher-loc>
			  <publisher-name>Payot</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT25">
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Guti&#x00E9;rrez Cuadrado</surname>
				  <given-names>Juan</given-names>
				  </name>     
			  </person-group>
			  <year>2005</year> 
			  <article-title>Arca&#x00ED;smos y otros ‘-ismos’: la selecci&#x00F3;n l&#x00E9;xica en el Quijote</article-title>
			  <source>Bolet&#x00ED;n de la Real Academia Espa&#x00F1;ola</source> 
			  <volume>LXXXV</volume> 
			  <fpage>335</fpage>
			  <lpage>374</lpage>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT26">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Herv&#x00E1;s y Panduro</surname>
				  <given-names>Lorenzo</given-names>
				  </name>     
			  </person-group>  
			  <year>1807</year> 
			  <source>Causas de la revolucion de Francia en el a&#x00F1;o de 1789, 2 vols.</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>s.i.</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT27">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Hoffmann</surname>
				  <given-names>Paul</given-names>
				  </name>	       
			  </person-group>
			  <year>1995</year>  
			  <source>La femme dans la pens&#x00E9;e des Lumi&#x00E8;res</source>
			  <publisher-loc>G&#x00E8;neve</publisher-loc>
			  <publisher-name>Slatkine Reprints</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT28">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Hontanilla</surname>
				  <given-names>Ana</given-names>
				  </name>	       
			  </person-group>
			  <year>2010</year>  
			  <source>El gusto de la raz&#x00F3;n. Debates de arte y moral en el siglo XVIII espa&#x00F1;ol</source>
			  <publisher-loc>Madrid, Frankfurt am Main</publisher-loc>
			  <publisher-name>Iberoamericana, Vervuert Verlag</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT29">
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Huertas</surname>
				  <given-names>Rafael</given-names>
				  </name>	       
			  </person-group>
			  <year>en prensa</year> 
			  <article-title>'You will have observed that I am not mad'. Emotional Writings inside the Mental Asylum</article-title>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT30">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
				  <surname>Larriba</surname>
				  <given-names>Elisabel</given-names>
				  </name>    	    
			  </person-group>
			  <year>2003a</year> 
			  <source>El Argonauta espa&#x00F1;ol. Peri&#x00F3;dico gaditano por el bachiller D. P. Gatell</source>
			  <publisher-loc>C&#x00E1;diz</publisher-loc>
			  <publisher-name>Servicio de Publicaciones de la Universidad de C&#x00E1;diz</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT31">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Larriba</surname>
				  <given-names>Elisabel</given-names>
				  </name>    	    
			  </person-group>
			  <year>2003b</year> 
			  <chapter-title>El matrimonio en la obra del bachiller Pedro Gatell y Carnicer (1745-1792)</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
				  <surname>Fern&#x00E1;ndez</surname>
				  <given-names>Roberto</given-names>
				  </name>
				  <name>
				  <surname>Soubeyroux</surname>
				  <given-names>Jacques</given-names>
				  </name>	  	       
			  </person-group>  
			  <source>Historia social y literatura. Familia y burgues&#x00ED;a en Espa&#x00F1;a (siglos XVIII y XIX)</source>
			  <publisher-loc>Lleida, Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Editorial Milenio</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT32">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Larriba</surname>
				  <given-names>Elisabel</given-names>
				  </name>    	    
			  </person-group>
			  <year>2005</year> 
			  <source>De la lancette à la plume: Pedro Pablo Gatell y Carnicer. Un chirurgien de la Marine Royale dans l’Espagne des Lumi&#x00E8;res</source>
			  <publisher-loc>Aix-en Provence</publisher-loc>
			  <publisher-name>Publications de l’Universit&#x00E9; de Provence</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT33">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Lolo</surname>
				  <given-names>Bego&#x00F1;a</given-names>
				  <suffix>(Comisaria)</suffix>
				  </name>    	    
			  </person-group>
			  <year>2003</year> 
			  <source>Paisajes sonoros en el Madrid del siglo XVIII. La tonadilla esc&#x00E9;nica</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Museo de San Isidro, Ayuntamiento de Madrid</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT34">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>M&#x00E9;ndez</surname>
				  <given-names>Crist&#x00F3;bal</given-names>
				  </name>    	    
			  </person-group>
			  <year>1991</year> 
			  <source>Libro del ejercicio corporal, y de sus prouechos, por el qual cada vno podra entender que exercicio le sea necessario para conservar su salud</source>
			  <publisher-loc>Ja&#x00E9;n</publisher-loc>
			  <comment>s.i., 1553. Edici&#x00F3;n Academia Nacional de Medicina, M&#x00E9;xico, estudio y edici&#x00F3;n Juan Somolinos Palencia, Rafael Z&#x00E1;rate Cueto y Esperanza Medina Navascuez</comment>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT35">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Molinari</surname>
				  <given-names>Augusta</given-names>
				  </name>    	    
			  </person-group>
			  <year>2005</year> 
			  <chapter-title>Autobiograf&#x00ED;as de mujeres en un manicomio italiano a principios del siglo XX</chapter-title>
				<person-group person-group-type="editor">
				  <name>
				  <surname>Castillo</surname>
				  <given-names>Antonio</given-names>
				  </name> 
				  <name>
				  <surname>Sierra</surname>
				  <given-names>Ver&#x00F3;nica</given-names>
				  </name> 	     	    
			  </person-group>
			  <source>Letras bajo sospecha</source>
			  <publisher-loc>Gij&#x00F3;n</publisher-loc>
			  <publisher-name>Trea</publisher-name>
			  <comment>379-400</comment>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT36">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Montiel</surname>
				  <given-names>Luis</given-names>
				  </name> 
			  </person-group>
			  <year>2008</year> 
			  <source>Magnetizadores y son&#x00E1;mbulas en la Alemania rom&#x00E1;ntica</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Frenia</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT37">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="coordinator">
				  <name>
				  <surname>Montiel</surname>
				  <given-names>Luis</given-names>
				  </name> 
				  <name>
				  <surname>Gonz&#x00E1;lez de Pablo</surname>
				  <given-names>&#x00C1;ngel</given-names>
				  </name>   	    
			  </person-group>
			  <year>2003</year> 
			  <source>En ning&#x00FA;n lugar en parte alguna. Estudios sobre la historia del magnetismo animal y del hipnotismo</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Frenia</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT38">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Muratori</surname>
				  <given-names>Luis Antonio</given-names>
				  </name>  
			  </person-group>
			  <year>1777</year> 
			  <source>Fuerza de la humana fantas&#x00ED;a</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Imprenta de D. Manuel Mart&#x00ED;n</publisher-name>
			  <comment>trad. Br. Vicente Mª. de Tercilla</comment>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT39">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Nipho</surname>
				  <given-names>Francisco Mariano</given-names>
				  </name>    	    
			  </person-group>
			  <year>1755</year> 
			  <source>Representacion (de burlas hecha de veras) al nobilissimo gremio de los hombres de juicio de esta gloriosa Monarquia, en la que manifiesta la Espa&#x00F1;a antigua sus honrados sentimientos contra los perniciosos, y detestables abusos de la Espa&#x00F1;a moderna</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Oficina de Joseph de Orga</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT40">
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">   
				  <name>
				  <surname>P&#x00E9;rez Garc&#x00ED;a</surname>
				  <given-names>Norberto</given-names>
				  </name>   	    
			  </person-group>
			  <year>2006</year> 
			  <article-title>Una continuaci&#x00F3;n dieciochesca del Quijote: la Historia del m&#x00E1;s famoso escudero Sancho Panza</article-title>
			  <source>Anales cervantinos</source>
			  <volume>38</volume>
			  <fpage>247</fpage>
			  <lpage>257</lpage>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT41">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>P&#x00E9;rez Mart&#x00ED;nez</surname>
				  <given-names>A.</given-names>
				  </name>   
			  </person-group>
			  <year>2012</year> 
			  <source>El Quijote y su idea de virtud</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>CSIC</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT42">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Peset</surname>
				  <given-names>Jos&#x00E9; Luis</given-names>
				  </name>   	    
			  </person-group>
			  <year>1988</year> 
			  <chapter-title>Malaspina, el h&#x00E9;roe necesario (a modo de pr&#x00F3;logo)</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
				  <surname>Galera</surname>
				  <given-names>Andr&#x00E9;s</given-names>
				  </name>   	    
			  </person-group>  
			  <source>La Ilustraci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola y el conocimiento del Nuevo Mundo</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>CSIC</publisher-name>
			  <comment>pp. ix-xviii</comment>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT43">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Peset</surname>
				  <given-names>Jos&#x00E9; Luis</given-names>
				  </name>   	    
			  </person-group>
			  <year>1993</year> 
			  <source>Las heridas de la ciencia</source>
			  <publisher-loc>Valladolid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Junta de Castilla y Le&#x00F3;n</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT44">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Peset</surname>
				  <given-names>Jos&#x00E9; Luis</given-names>
				  </name>   	    
			  </person-group>
			  <year>1999</year> 
			  <source>Genio y desorden</source>
			  <publisher-loc>Valladolid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Cuatro Ediciones</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT45">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Peset</surname>
				  <given-names>Jos&#x00E9; Luis</given-names>
				  </name>   
			  </person-group>
			  <year>2003</year> 
			  <chapter-title>Philippe Pinel’s Hippocratic Revolution</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
				  <surname>Fuentenebro</surname>
				  <given-names>Jos&#x00E9;</given-names>
				  </name> 
				  <name>
				  <surname>Huertas</surname>
				  <given-names>R.</given-names>
				  </name> 
				  <name>
				  <surname>Valiente</surname>
				  <given-names>C.</given-names>
				  </name> 	  	    
			  </person-group>
			  <source>Historia de la Psiquiatr&#x00ED;a en Europa. Temas y tendencias</source>
			  <publisher-name>Frenia, S. C.</publisher-name>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <fpage>93</fpage>
			  <lpage>106</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT46">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">  
				  <name>
				  <surname>Peset</surname>
				  <given-names>Jos&#x00E9; Luis</given-names>
				  </name>   	    
			  </person-group>
			  <year>2010</year>  
			  <source>Las melancol&#x00ED;as de Sancho. Humores y pasiones entre Huarte y Pinel</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>AEN</publisher-name> 
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT47">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Peset</surname>
				  <given-names>Jos&#x00E9; Luis</given-names>
				  </name>   	    
			  </person-group>
			  <year>2013</year> 
			  <chapter-title>La melancol&#x00ED;a y los m&#x00E9;dicos: humores y pasiones en la Ilustraci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
				  <surname>Claver&#x00ED;a</surname>
				  <given-names>Gloria</given-names>
				  </name> 
				  <etal/>  	    
			  </person-group>
			  <source>Historia, lengua y ciencia: una red de relaciones</source>
			  <publisher-loc>Frankfurt am Main</publisher-loc>
			  <publisher-name>Peter Lang Edition</publisher-name>
			  <fpage>217</fpage>
			  <lpage>236</lpage>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT48">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">   
				  <name>
				  <surname>Pi y Molist</surname>
				  <given-names>Emilio</given-names>
				  </name>   	    
			  </person-group>
			  <year>1886</year> 
			  <source>Primores del don Quijote</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Imprenta Barcelonesa</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT49">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="editor">   
				  <name>
				  <surname>Porter</surname>
				  <given-names>Roy</given-names>
				  </name>   	    
			  </person-group>
			  <year>1992</year> 
			  <source>The Popularization of Medicine 1650-1850</source>
			  <publisher-loc>London and New York</publisher-loc>
			  <publisher-name>Routledge</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT50">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">   
				  <name>
				  <surname>Ruiz Somavilla</surname>
				  <given-names>Mª. Jos&#x00E9;</given-names>
				  </name>   	    
			  </person-group>
			  <year>1993</year> 
			  <chapter-title>El cuerpo limpio</chapter-title>
			  <source>An&#x00E1;lisis de las pr&#x00E1;cticas higi&#x00E9;nicas en la Espa&#x00F1;a del mundo moderno</source>
			  <publisher-loc>M&#x00E1;laga</publisher-loc>
			  <publisher-name>Universidad de M&#x00E1;laga</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT51">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">   
				  <name>
				  <surname>Staël</surname>
				  <given-names>Madame de</given-names>
				  </name>   	    
			  </person-group>
			  <year>2007</year> 
			  <source>De la influencia de las pasiones en la felicidad de los individuos y de las naciones. Reflexiones sobre el suicidio</source>
			  <publisher-loc>C&#x00F3;rdoba</publisher-loc>
			  <publisher-name>Berenice</publisher-name>
			  <comment>edici&#x00F3;n, introducci&#x00F3;n y traducci&#x00F3;n de David Mar&#x00ED;n Hern&#x00E1;ndez</comment>
			</element-citation> 
			</ref>

		</ref-list>
	</back>
</article>