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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
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				<journal-title>ASCLEPIO Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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		<article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2013.r012</article-id>
		
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			<subject>RESE&#x00D1;AS / BOOK REVIEWS</subject>
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			<article-title>Medicina, enfermedad y muerte en la Espa&#x00F1;a tardoantigua. Un acercamiento hist&#x00F3;rico a las patolog&#x00ED;as de las poblaciones de la &#x00E9;poca tardorromana e hispanovisigoda (siglos IV-VIII)</article-title>
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		<year>2013</year>
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		<volume>65</volume>
		<issue>2</issue>
		
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				<p><bold>Men&#x00E9;ndez Bueyes, Luis R</bold>. <italic>Medicina, enfermedad y muerte en la Espa&#x00F1;a tardoantigua. Un acercamiento hist&#x00F3;rico a las patolog&#x00ED;as de las poblaciones de la &#x00E9;poca tardorromana e hispanovisigoda (siglos IV-VIII)</italic>, Salamanca, Ediciones Universidad, 2013. 186 p&#x00E1;ginas [ISBN: 978-84-9012-126-9]</p>
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				<p>El trabajo de Men&#x00E9;ndez Bueyes pretende establecer un bosquejo acerca de la calidad de vida, que de forma quiz&#x00E1;s algo confusa el autor define como «nivel de vida», en la Hispania tardoantigua. Para conseguir su objetivo el autor utiliza dos elementos b&#x00E1;sicos de informaci&#x00F3;n; por un lado las fuentes literarias o textuales que le permitir&#x00E1;n establecer un primer cat&#x00E1;logo de las patolog&#x00ED;as que Men&#x00E9;ndez Bueyes analiza desde la cl&#x00ED;nica actual; en segundo lugar, en la monograf&#x00ED;a se analizan los datos aportados por el registro arqueol&#x00F3;gico, en concreto los restos osteol&#x00F3;gicos procedentes de necr&#x00F3;polis de la Tardoantigüedad. El autor logra as&#x00ED; completar con mucha amplitud el an&#x00E1;lisis aportado por la tesis doctoral de Joaqu&#x00ED;n Baxarias (<italic>La enfermedad en la Hispania romana: estudio de una necr&#x00F3;polis tarraconense</italic>. Zaragoza, 2002). Y lo hace mediante la introducci&#x00F3;n conceptual, cada vez m&#x00E1;s difundida en los investigadores, de la consideraci&#x00F3;n de la Antigüedad Tard&#x00ED;a como el periodo que se extiende desde la &#x00E9;poca romana final hasta la invasi&#x00F3;n isl&#x00E1;mica. </p>
				
				<p>La obra de Men&#x00E9;ndez Bueyes se articula a partir de un primer cap&#x00ED;tulo introductorio (pp. 11-19) en el que plantea el objeto de estudio, y analiza algunas aportaciones recientes en relaci&#x00F3;n con los estudios m&#x00E9;dico-antropol&#x00F3;gicos sobre las poblaciones de la Antigüedad Tard&#x00ED;a en pa&#x00ED;ses de Europa occidental. Apunta los motivos por los que da prioridad informativa a un tipo de fuentes sobre otros, planteando tambi&#x00E9;n la problem&#x00E1;tica arqueol&#x00F3;gica de las numerosas necr&#x00F3;polis hispanas documentadas y que son conocidas como «necr&#x00F3;polis del Duero», pese a que rebasan ampliamente esa indicaci&#x00F3;n geogr&#x00E1;fica. El autor destaca la amplia presencia en las mismas de individuos infantiles, y acepta el an&#x00E1;lisis reciente de A. Gonz&#x00E1;lez-Mart&#x00ED;n (2008) al respecto de las caracter&#x00ED;sticas osteol&#x00F3;gicas. En relaci&#x00F3;n al volumen de poblaci&#x00F3;n de Hispania, el autor considera que las cifras apuntadas son especulaciones, si bien rechaza las cifras altas y acepta como m&#x00E1;s prudente el c&#x00E1;lculo en torno a los 4 millones de habitantes, se&#x00F1;alado por A. Balil, C. Carreras y por uno de nosotros (E. Gozalbes). Finalmente, Men&#x00E9;ndez Bueyes indica las razones por las que renuncia a realizar un estudio centrado en la paleodemograf&#x00ED;a: «nuestra intenci&#x00F3;n se focaliza en el conocimiento de las enfermedades y el estado sanitario de estas poblaciones». </p>
				
				<p>El segundo cap&#x00ED;tulo (pp. 21-65) se dedica a tratar en detalle los datos aportados por las fuentes textuales. El an&#x00E1;lisis sobre la ciencia m&#x00E9;dica en la Tardoantigüedad es breve, considerando principalmente las figuras de Oribasio de P&#x00E9;rgamo o Alejandro de Tralles. Pero la &#x00E9;poca de la que se trata es un periodo de disminuci&#x00F3;n de los movimientos en el mundo mediterr&#x00E1;neo, lo que sin duda dificultaba el que los conocimientos de los principales m&#x00E9;dicos, que eran de la parte oriental del imperio romano-bizantino, fluyeran al mundo occidental. Las pr&#x00E1;cticas m&#x00E9;dicas y curativas en el mundo tardoantiguo en Hispania quedan reflejadas sobre todo en las <italic>Regula</italic> de las &#x00F3;rdenes mon&#x00E1;sticas, entre las que naturalmente destacan como mejor conocidas las de Leandro y de Isidoro de Sevilla. Y no es menos cierto que la transmisi&#x00F3;n de la medicina romana a la &#x00E9;poca visigoda est&#x00E1; bien representada en los p&#x00E1;rrafos que dedica a la Medicina, y sobre todo a los diversos medicamentos, el citado Isidoro en sus <italic>Etimolog&#x00ED;as</italic>. </p>
				
				<p>El autor aporta como novedad textual para este tipo de trabajos las fuentes de car&#x00E1;cter hagiogr&#x00E1;fico, las vidas de santos. Por ejemplo, en <italic>La Vida de San Mill&#x00E1;n</italic>, obra de Braulio de Zaragoza, se recogen numerosas curaciones realizadas por la actuaci&#x00F3;n de ese personaje, con algunos detalles bastante gen&#x00E9;ricos acerca de las afecciones. No obstante, pese a la curiosidad de este tipo de noticias, las curaciones de ciegos o de cojos que est&#x00E1;n insertas en estas obras forman parte de la tradici&#x00F3;n cristiana de las curaciones realizadas por Jes&#x00FA;s. En este sentido, no puede menos que dudarse de la efectividad de esta informaci&#x00F3;n acerca de la «nube blanca que le cubri&#x00F3; un ojo», los espasmos atribuidos a una posesi&#x00F3;n demoniaca, la desaparici&#x00F3;n de la par&#x00E1;lisis de una mujer, o la resurrecci&#x00F3;n naturalmente inesperada y sorprendente de una ni&#x00F1;a de cuatro a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de tres horas muerta. Y tambi&#x00E9;n la <italic>Autobiograf&#x00ED;a</italic> de Valerio del Bierzo recoge casos de curaciones milagrosas producidas sin acci&#x00F3;n alguna de m&#x00E9;dicos de los que, por otra parte, la regi&#x00F3;n no dispon&#x00ED;a.  </p>
				
				<p>En cualquier caso, mucho m&#x00E1;s valor tienen las informaciones que se recogen en las <italic>Vidas de los Santos Padres de M&#x00E9;rida</italic>, un texto an&#x00F3;nimo del siglo VII, en los que se describen algunas enfermedades con apariencia de reales, as&#x00ED; como actuaciones de praxis m&#x00E9;dica desarrolladas por algunos religiosos. Y tambi&#x00E9;n muchas de estas fuentes tard&#x00ED;as son importantes en la medida en la que, siguiendo el esp&#x00ED;ritu cristiano de curaci&#x00F3;n del alma y del cuerpo, se documenta el establecimiento de <italic>senodochia</italic>, es decir hospitales (en realidad de forma textual significa asilo de peregrinos). En este sentido el autor destaca con bastante acierto el caso que las citadas <italic>Vidas</italic> reflejan de la fundaci&#x00F3;n en M&#x00E9;rida de un <italic>xenodochia</italic> por parte del obispo Masona: </p>
				
				<p>edific&#x00F3; un hospital y lo dot&#x00F3; con un gran patrimonio, lo equip&#x00F3; con sirvientes auxiliares y m&#x00E9;dicos, dio orden de que se atendieran las necesidades de los peregrinos y de los enfermos, y orden&#x00F3; a los m&#x00E9;dicos que, recorriendo de una forma incesante los alrededores de toda la ciudad, llevaran en brazos al hospital a todo el que encontraran enfermo, fuera siervo o libre, cristiano o jud&#x00ED;o… </p>
				
				<p>Aspecto importante del que trata brevemente el autor es el de las epidemias y plagas. Ya L. A. Garc&#x00ED;a Moreno, en su monograf&#x00ED;a sobre <italic>El fin del reino visigodo de Toledo</italic> (Madrid, 1975) hab&#x00ED;a recogido una lista de cat&#x00E1;strofes de la Hispania visigoda, y hab&#x00ED;a tratado de hacer una aproximaci&#x00F3;n a su sentido evolutivo. Las plagas y sequ&#x00ED;as son, sin embargo, mucho m&#x00E1;s numerosas que las epidemias que, contra lo que se se&#x00F1;ala en ocasiones, aparecen de una forma meramente excepcional. No cabe duda de que la malnutrici&#x00F3;n, que est&#x00E1; bien documentada en momentos concretos, influ&#x00ED;a en la proliferaci&#x00F3;n de las enfermedades, y por supuesto en las epidemias. Pero los escasos brotes epid&#x00E9;micos importantes que parecen indiscutibles son un estallido especialmente fuerte de viruela hacia el 580 a. C., y sobre todo con anterioridad la primera aparici&#x00F3;n de la peste bub&#x00F3;nica en el 542, que representaba la extensi&#x00F3;n hasta en el extremo Occidente de la famosa «Peste de Justiniano» estallada en Bizancio. No obstante, parece cierto que otras epidemias de menor intensidad existieron en otros momentos. Por cierto, que la inscripci&#x00F3;n del a&#x00F1;o 609 que se reproduce en la portada de la obra que comentamos es el epitafio hallado en Cortijo de Chinales (C&#x00F3;rdoba) de un individuo fallecido en un proceso infeccioso inguinal. Men&#x00E9;ndez Bueyes finaliza el cap&#x00ED;tulo se&#x00F1;alando que algunas inhumaciones colectivas de la &#x00E9;poca, como las de la Cueva Larga en Palencia, Las Penas en Cantabria, l´Almoina de Valencia o San Ant&#x00F3;n en Cartagena, podr&#x00ED;an relacionarse con epidemias.  </p>
				
				<p>El tercero y extenso cap&#x00ED;tulo de la monograf&#x00ED;a (pp. 67-115) se dedica a las evidencias osteol&#x00F3;gicas a partir del registro arqueol&#x00F3;gico de la Hispania Tardoantigua. El cap&#x00ED;tulo est&#x00E1; dividido en numerosos apartados que nombramos para reflejar los contenidos de la obra: patolog&#x00ED;a nasosinusal y oral (con an&#x00E1;lisis de la caries, accesos bucales, enfermedades periodontales, hipoplasia de esmalte, c&#x00E1;lculo dental, bruxismo), patolog&#x00ED;a osteoarticular y traumatismos (artrosis, artritis reumatoide, osteoporosis, tuberculosis, etc.), patolog&#x00ED;as infecciosas entre las que destaca la discusi&#x00F3;n acerca de la supuesta presencia de la s&#x00ED;filis, respecto a la que el autor presenta con dudas un caso documentado en Alcal&#x00E1; de Henares; entre estas enfermedades destaca tambi&#x00E9;n la lepra, que parece documentada al menos en dos casos en Gomac&#x00ED;n (Navarra) y en Valencia, as&#x00ED; como la tuberculosis. Completa los an&#x00E1;lisis con la inclusi&#x00F3;n de las patolog&#x00ED;as cong&#x00E9;nitas y hereditarias, con las neoplasias y las patolog&#x00ED;as endocrino-metab&#x00F3;licas, a las que presta una especial atenci&#x00F3;n, sobre todo al raquitismo.  </p>
				
				<p>El &#x00FA;ltimo cap&#x00ED;tulo est&#x00E1; dedicado a la discusi&#x00F3;n de los resultados aportados hasta este punto (pp. 117-140). Se trata, obviamente, del cap&#x00ED;tulo m&#x00E1;s interesante desde la perspectiva puramente hist&#x00F3;rica, en la que la exposici&#x00F3;n m&#x00E1;s o menos erudita se conduce al terreno de la interpretaci&#x00F3;n y de las conclusiones. En &#x00E9;l se apunta a la pueril elementalidad del saber m&#x00E9;dico en la Antigüedad Tard&#x00ED;a, que part&#x00ED;a de la existencia de fuerzas mal&#x00E9;ficas que supon&#x00ED;an las posesiones demoniacas, que son sin duda interpretaciones acerca de los fen&#x00F3;menos de locura, as&#x00ED; como la interpretaci&#x00F3;n de la acci&#x00F3;n de la epilepsia. Todo ello deriva de la visi&#x00F3;n de la enfermedad como un castigo divino, ante la que la actuaci&#x00F3;n de los religiosos, de un lado mediante la curaci&#x00F3;n del alma y del cuerpo, y de la medicina popular, del otro, eran consideradas como remedios eficaces. En este sentido, tan solo en las grandes ciudades como M&#x00E9;rida existieron realmente m&#x00E9;dicos profesionales con cualificaci&#x00F3;n. </p>
				
				<p>Respecto a las afecciones, Men&#x00E9;ndez Bueyes considera que existi&#x00F3; una fort&#x00ED;sima incidencia de las enfermedades endocrino-metab&#x00F3;licas, que calcula a nivel general con estad&#x00ED;stica. No es novedad del estudio que realiza la constataci&#x00F3;n de la baja talla de los individuos cuyos restos &#x00F3;seos se han estudiado, un reflejo indudable de la pervivencia de la vieja poblaci&#x00F3;n de &#x00E9;poca romana. Respecto a las patolog&#x00ED;as endocrino-metab&#x00F3;licas, que no dejan evidencias &#x00F3;seas, sin embargo el autor defiende una alta incidencia debido a la documentaci&#x00F3;n literaria, se&#x00F1;alando que sin duda el origen de estas patolog&#x00ED;as podr&#x00ED;a encontrarse en las deficiencias de nutrici&#x00F3;n incluso desde la vida uterina. Y las infecciones parecen evidentes en unas piezas dentarias enormemente desgastadas, en la caries generalizada, enfermedades periodontales, p&#x00E9;rdidas de piezas dentarias, hipoplasia del esmalte: «ello es muestra de una alimentaci&#x00F3;n caracterizada por el consumo de productos poco depurados o contaminados y la ingesta de aguas no filtradas o ausentes de fl&#x00FA;or». Caracter&#x00ED;sticas que no deben ocasionar el despiste del lector, es improbable que fueran propias de la Tardoantigüedad sino que estaban sin duda presentes ya en la &#x00E9;poca romana. </p>
				
				<p>En este cap&#x00ED;tulo de discusi&#x00F3;n de los resultados, el autor dedica un apartado especial a la mortalidad infantil. El autor extiende su an&#x00E1;lisis a los enterramientos; en la Hispania romana, al contrario que en la Galia, por lo general los ni&#x00F1;os eran enterrados aparte de los adultos, como en el caso de los reci&#x00E9;n nacidos, y solo de una forma excepcional se les dedicaba l&#x00E1;pida con inscripci&#x00F3;n, como muestran los miles de epitafios conservados de &#x00E9;poca imperial romana. Por el contrario, a partir del Bajo Imperio comenz&#x00F3; a cambiar la situaci&#x00F3;n. Aunque no lo cite el autor, en la necr&#x00F3;polis tarraconense estudiada por el citado Joaqu&#x00ED;n Baxarias, con 243 individuos enterrados entre los siglos III al V, hay ya documentados un n&#x00FA;mero importante de fallecidos con una edad entre 0 y 5 a&#x00F1;os, entre 6 y 10 a&#x00F1;os y entre 11 y 15 a&#x00F1;os. De hecho, estos tramos entre los 0 y los 15 a&#x00F1;os supon&#x00ED;an el 30% del total, lo que contrasta con las l&#x00E1;pidas del conjunto de Hispania en &#x00E9;poca alto-imperial, cuando apenas un 11% de los casos documentados son de esos grupos de edad. Esta inhumaci&#x00F3;n no segregada de los ni&#x00F1;os se atribuye generalmente a la influencia del cristianismo que supuso una nueva organizaci&#x00F3;n de los espacios funerarios.  </p>
				
				<p>En el apartado dedicado a la paleodemograf&#x00ED;a, como hemos visto apenas desarrollada en la aportaci&#x00F3;n, Men&#x00E9;ndez Bueyes consideraba que en torno al 42% de la poblaci&#x00F3;n no alcanzaba los 40 a&#x00F1;os de edad, en torno al 38% fallec&#x00ED;a entre los 40 y los 60 a&#x00F1;os, y un 25% superaba esa edad. Pese a todo, el autor apunta a la posibilidad de que en grupos de personas acomodadas se alcanzara una longevidad bastante mayor, lo que por otra parte parece una obviedad (poco demostrada). Aunque se indican algunos datos referidos a la mujer, no deja de constituir un vac&#x00ED;o de informaci&#x00F3;n el que no se trate de un tema tan importante como la muerte diferenciada de hombres y mujeres, simplemente con la indicaci&#x00F3;n de la existencia de una importante mortalidad femenina en los a&#x00F1;os de mayor fertilidad.  </p>
				
				<p>Todos los estudios demogr&#x00E1;ficos realizados muestran c&#x00F3;mo hasta el siglo XVIII en todo el mundo, y hasta mucho despu&#x00E9;s en zonas escasamente desarrolladas, la media de vida de las mujeres fue muy inferior a la de los varones, en una diferencia entre los 4 y los 6 a&#x00F1;os. Aunque no se han desarrollado estudios concretos en necr&#x00F3;polis hispanas de la Tardoantigüedad, sin embargo s&#x00ED; poseemos algunos datos significativos para la &#x00E9;poca romana. As&#x00ED; las l&#x00E1;pidas romanas de Hispania documentan que en torno al 31% de los hombres que sobreviv&#x00ED;an a los 20 a&#x00F1;os superaban los 60 a&#x00F1;os de edad, pero tan solo lo hac&#x00ED;an un 23% de las mujeres. Exist&#x00ED;a pues un reparto desigual de ese 25% que alcanzaba y superaba los 60 a&#x00F1;os, hab&#x00ED;a m&#x00E1;s ancianos que ancianas, justamente al contrario que en la actualidad en los pa&#x00ED;ses desarrollados.  </p>
				
				<p>La obra finaliza con una extens&#x00ED;sima bibliograf&#x00ED;a, recogida en las pp. 140-173, en la que se recogen junto a otras las referencias apuntadas en las notas a pie de p&#x00E1;gina, as&#x00ED; como una serie de tablas sobre yacimientos analizados y patolog&#x00ED;as mencionadas por las fuentes, as&#x00ED; como un conjunto de gr&#x00E1;ficos sobre las diversas patolog&#x00ED;as, as&#x00ED; como una tabla final con algunos datos paleodemogr&#x00E1;ficos. De la misma se deduce sobre todo, como una constante en las evidencias arqueol&#x00F3;gicas, la existencia de una fuerte mortalidad infantil.  </p>
				
				<p>En suma, la obra que comentamos representa una valios&#x00ED;sima aportaci&#x00F3;n, con un primer acercamiento bastante completo a todo un conjunto de temas afrontados desde un acercamiento de car&#x00E1;cter hist&#x00F3;rico a la enfermedad y a la muerte, en un periodo por lo general obscuro de la Historia de Espa&#x00F1;a. Se abren as&#x00ED; pinceladas de conocimiento acerca de unas sociedades que marcan un periodo de transici&#x00F3;n y que, a la luz de los datos, a nuestro juicio no aparenta tanto retroceso respecto a la &#x00E9;poca romana como muchas veces se considera. Por los resultados de la investigaci&#x00F3;n, as&#x00ED; como por las numerosas dudas en los temas que la lectura del libro suscitan, y que quedan abiertas para posteriores investigaciones, nos encontramos indudablemente ante una obra importante que forma parte de la prestigiosa colecci&#x00F3;n de publicaciones de la Universidad de Salamanca. </p>

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