<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD Journal Publishing DTD v3.0 20080202//EN" "journalpublishing3.dtd">
<article article-type="book-review" dtd-version="3.0" xml:lang="es" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink">

	<front>
		<journal-meta>
			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
			<journal-title-group>
				<journal-title>ASCLEPIO Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
			</journal-title-group>
			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
			<publisher>
				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
			</publisher>
		</journal-meta>
		
		<article-meta>
			 <article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2013.r002</article-id>
			 
			<article-categories>
			<subj-group subj-group-type="heading">
			<subject>RESE&#x00D1;AS / BOOK REVIEWS</subject>
			</subj-group>
			</article-categories>
		<title-group>
			<article-title>Rese&#x00F1;a del libro "La Ciencia Espa&#x00F1;ola. Estudios"</article-title>
			<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
		</title-group>
			
		<contrib-group> 
			  <contrib contrib-type="author" corresp="yes"> 
				<name>
				 <surname>Peset</surname>
				 <given-names>Jos&#x00E9; Luis</given-names>
				</name>
				<xref ref-type="aff" rid="U1"/>
			  </contrib>
			  <aff id="U1">Instituto de Historia, CCHS-CSIC</aff>
  		</contrib-group>
			
		
		<pub-date pub-type="collection">
		<year>2013</year>
		</pub-date>
		
		<volume>65</volume>
		<issue>1</issue>
		
		<elocation-id>r003</elocation-id>


		 
		<permissions>
			<copyright-statement>&#x00A9; 2013 CSIC</copyright-statement>
			<copyright-year>2013</copyright-year>
			<license license-type="open-access" xlink:href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/">
			<license-p> Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
			</license>
		</permissions>
		
		</article-meta>
	</front>	

	<body>

		<sec id="S0">
			<p><bold>Mandado Guti&#x00E9;rrez, Ram&#x00F3;n E.; Bolado Ochoa, Gerardo (Dir.)</bold>. <italic>La Ciencia Espa&#x00F1;ola. Estudios</italic>, Real Sociedad Men&#x00E9;ndez Pelayo, Publican Ediciones, Santander, 2011, 348 pp. [ISBN: 978-84-8102-616-0 (Universidad Cantabria) ISBN: 978-84-938719-3-2 (Real Sociedad Men&#x00E9;ndez Pelayo)]</p>
		</sec>
		
		<sec id="S1">

			<p>Se ha conmemorado en 2012 el centenario de la muerte de Marcelino Men&#x00E9;ndez Pelayo, el sabio santanderino. A quienes vivimos el franquismo, el Men&#x00E9;ndez Pelayo neocat&#x00F3;lico nunca nos abandon&#x00F3;. Nuestro encuentro con &#x00E9;l fue precoz y constante, en sellos y billetes, m&#x00E1;s tarde en cada visita a la Biblioteca Nacional, en la que su exagerada estatua obliga a desviar el paso. En mi caso concreto, en el curso de preuniversitario de 1962-1963, uno de los temas monogr&#x00E1;ficos era su figura y obra. El estudio me fue provechoso, en parte por el profesor, exigente, erudito e inteligente. Tambi&#x00E9;n por mi afici&#x00F3;n a la literatura, al adentrarnos en nuestros grandes cl&#x00E1;sicos. Los otros dos temas, fueron para m&#x00ED; de menor aprovechamiento. Uno sobre las provincias africanas de Espa&#x00F1;a, sin duda propaganda franquista ante el miedo a la descolonizaci&#x00F3;n, que ser&#x00ED;a seguida pronto por la independencia y por un vergonzoso intento de olvido. En fin, el dedicado a la persona humana dej&#x00F3; en m&#x00ED; vagos recuerdos de Boecio o Santo Tom&#x00E1;s. Tan solo la idea de que ese nombre procede de <italic>prosopon</italic>, la careta de los actores griegos, me ha sido sugerente.  </p>

			<p>Desde luego, mi trabajo junto a Pedro La&#x00ED;n volvi&#x00F3; a refrescar mis escasos conocimientos del c&#x00E1;ntabro, pues los escritos de mi maestro fueron esenciales para rescatar y revalorizar su figura. La&#x00ED;n apreciaba su obra de erudito investigador e insist&#x00ED;a en la evoluci&#x00F3;n del personaje, desde sus terribles diatribas de la pol&#x00E9;mica de la ciencia y de la historia de los heterodoxos, a las m&#x00E1;s cuidadas opiniones en la segunda edici&#x00F3;n de esta obra y al tratar m&#x00E1;s tarde a personajes antiguos y coet&#x00E1;neos con los que disent&#x00ED;a. Ese estar entre dos aguas, entre progresistas e integristas, que ya comienza en la segunda etapa de la pol&#x00E9;mica, fue la misma angustia de La&#x00ED;n al estar entre estos mismos polos, cuando poco a poco fue moderando su posici&#x00F3;n. El papel siempre complejo de Pedro La&#x00ED;n, quien junto a Dionisio Ridruejo y Antonio Tovar intent&#x00F3; una transici&#x00F3;n amable, no fue siempre comprendido, como tampoco lo fue el de su admirado c&#x00E1;ntabro. Se sent&#x00ED;a pues cercano a Men&#x00E9;ndez Pelayo por su propia evoluci&#x00F3;n y por su posici&#x00F3;n entre dos posturas de dif&#x00ED;cil reconciliaci&#x00F3;n. Como se&#x00F1;ala en el santanderino, entre la exageraci&#x00F3;n <italic>innovadora</italic> y la exageraci&#x00F3;n <italic>reaccionaria</italic>, inspiradas en libros extranjeros.  </p><p>Sus primeros escritos son propios de un joven falangista en los primeros a&#x00F1;os triunfales, luego se matiza mucho, encontr&#x00E1;ndose, como estudioso liberal y abierto, ante los acosos de falangistas y cat&#x00F3;licos extremos. Su punto de vista aporta la creencia en una ciencia espa&#x00F1;ola, si bien no valios&#x00ED;sima, y en la necesidad de rescatar la tradici&#x00F3;n. &#x00C9;l conoc&#x00ED;a la m&#x00E9;dica —Valverde, Mara&#x00F1;&#x00F3;n— y la cient&#x00ED;fica —Laguna y su <italic>Diosc&#x00F3;rides</italic>—, terrenos ambos que ahondar&#x00ED;a Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a L&#x00F3;pez Pi&#x00F1;ero. Pero era entusiasta de la ciencia positiva y sab&#x00ED;a que era importante la apertura al extranjero (como los kraustistas), conociendo bien la universalidad del saber. De La&#x00ED;n he heredado el inter&#x00E9;s por la pol&#x00E9;mica de la ciencia espa&#x00F1;ola, a la que he vuelto repetidamente. De hecho, todos los historiadores de la ciencia, al menos los que nos preocupamos por la espa&#x00F1;ola, somos algo menendezpelayistas, defendiendo la existencia de una tradici&#x00F3;n cient&#x00ED;fica propia. Desde luego, La&#x00ED;n aceptaba el entusiasmo de Men&#x00E9;ndez Pelayo por el clasicismo y el humanismo, como excelente hipocratista y buen conocedor que era &#x00E9;l mismo de muchas figuras espa&#x00F1;olas del renacimiento. Y tambi&#x00E9;n, no lo olvidemos, Juan Luis Vives fue retomado en &#x00E9;poca franquista.  </p>

			<p>Esa identificaci&#x00F3;n permiti&#x00F3; a Pedro La&#x00ED;n Entralgo adentrarse bien en la figura del santanderino, con inter&#x00E9;s biogr&#x00E1;fico que luego retomar&#x00ED;a para algunos cl&#x00E1;sicos, como Claude Bernard, William Harvey o Thomas Sydenham (con Agust&#x00ED;n Albarrac&#x00ED;n), o bien para sus coet&#x00E1;neos como Gregorio Mara&#x00F1;&#x00F3;n, quien fue tambi&#x00E9;n excelente bi&#x00F3;grafo. Se plantea La&#x00ED;n las bases del arte de la biograf&#x00ED;a, que equipara al del cient&#x00ED;fico, por la necesidad de exponer los m&#x00E9;todos que se van a emplear, “indagando los ‘problemas’ vivos de ese hombre”. Quiere averiguar “lo que” hizo, “c&#x00F3;mo” y “por qu&#x00E9;” lo hizo y “qu&#x00E9;” lo movi&#x00F3; a hacerlo. (Pedro La&#x00ED;n Entralgo, <italic>Men&#x00E9;ndez Pelayo historia de sus problemas intelectuales, Segunda entrega de la serie “Sobre la cultura espa&#x00F1;ola”</italic>, Madrid, Instituto de Estudios Pol&#x00ED;ticos, 1944, pp. 8-9) Para &#x00E9;l dos temas son centrales en la obra del c&#x00E1;ntabro, el de generaci&#x00F3;n y el del casticismo. Ambos eran cuestiones muy apreciadas por La&#x00ED;n, quien plantea con rigor la importancia de esa generaci&#x00F3;n de sabios que renov&#x00F3; la cultura espa&#x00F1;ola en la segunda mitad del siglo XIX. Esa generaci&#x00F3;n que renuncia a la pol&#x00E9;mica (como hizo m&#x00E1;s tarde el santanderino) y se dedica al estudio y al trabajo personal y a estar al d&#x00ED;a “espa&#x00F1;olamente”. En esta decisi&#x00F3;n, como en la evoluci&#x00F3;n de la biograf&#x00ED;a de Pedro La&#x00ED;n, est&#x00E1; impl&#x00ED;cita la necesaria “regeneraci&#x00F3;n” (idea que surge en paralelo a la idea de degeneraci&#x00F3;n), as&#x00ED; como el recurso al trabajo y al estudio, sea el refugiarse en la est&#x00E9;tica en el caso del santanderino, sea en la historia en el del aragon&#x00E9;s.  </p>

			<p>Aqu&#x00ED; se enlaza con el segundo tema principal de Men&#x00E9;ndez Pelayo, acerca del modo de los pueblos de hacer ciencia: nos hablar&#x00E1; del estilo, del “genio nacional”; en el caso espa&#x00F1;ol, del sentido pr&#x00E1;ctico y la tendencia a la acci&#x00F3;n, del armonismo y el criticismo, del sentimiento del “yo” y el pante&#x00ED;smo. Plantea temas de casticismo, que en tiempos de la pol&#x00E9;mica de la ciencia est&#x00E1;n muy influidos por el fuerte racismo de Gobineau y en la postguerra por el del fascismo y los te&#x00F3;ricos alemanes e italianos. Libra La&#x00ED;n al santanderino de esa posible lacra racista y se separa &#x00E9;l mismo de un casticismo peligroso, pero ser&#x00E1; un tema al que volver&#x00E1; a trav&#x00E9;s de Am&#x00E9;rico Castro. Para &#x00E9;ste Espa&#x00F1;a surge de la confrontaci&#x00F3;n de las tres castas que la conformaron. En continuo enfrentamiento, con mutuas influencias y rechazos, es el “vivir desvivi&#x00E9;ndose” en su “morada vital” la verdadera “vividura hisp&#x00E1;nica”. Tambi&#x00E9;n quedar&#x00ED;a La&#x00ED;n influido por la concepci&#x00F3;n de Castro de la historia como biograf&#x00ED;a, como descripci&#x00F3;n llena de sentido de una forma de vida valiosa. Era preciso entrar en el existir de quienes vivieron su propia vida, los sujetos-agentes hist&#x00F3;ricos. (Julio Valde&#x00F3;n Baruque, “Castro Quesada, Am&#x00E9;rico”, <italic>Diccionario Biogr&#x00E1;fico Espa&#x00F1;ol</italic>, RAH, Madrid, 2009, t. XII, pp. 692-696) </p>

			<p>Esa vida colectiva del pueblo de la Contrarreforma cat&#x00F3;lica en lucha contra la Reforma protestante y contra los enemigos de dentro y fuera —la expulsi&#x00F3;n de las minor&#x00ED;as, el gigantesco esfuerzo americano—, llev&#x00F3; a bellas producciones, pero no a sabias ciencias. Se retorna as&#x00ED; a la falta de inter&#x00E9;s por la ciencia, social y personal. La libertad ignaciana o celestinesca convivi&#x00F3; con la usura de una gastada nobleza, que esquilma la tierra y esclaviza a los siervos. Si la nobleza arranca los frutos a la tierra, la corona o la burgues&#x00ED;a los metales ricos y &#x00FA;tiles. Pero en fin, lo que es cierto es que cada naci&#x00F3;n produce o recibe la ciencia de una manera, lo que entronca hoy con los debates centro-periferia, de recepci&#x00F3;n de la ciencia. La ciencia, en su producci&#x00F3;n, difusi&#x00F3;n, ense&#x00F1;anza y aplicaci&#x00F3;n recorre largos caminos a trav&#x00E9;s de distintas y lejanas culturas, adquiriendo peculiares caracteres. Tal como se vio en la pol&#x00E9;mica, hay estilos de ciencia.  </p>

			<p>La pol&#x00E9;mica hab&#x00ED;a siempre atra&#x00ED;do la escritura, no solo la de La&#x00ED;n. Nos podemos referir a una de las obras recientes, la de Gonzalo Capell&#x00E1;n de Miguel y Xavier Agenjo Bull&#x00F3;n (Eds.) <italic>Hacia un nuevo inventario de la ciencia espa&#x00F1;ola</italic> (Santander, Asociaci&#x00F3;n de Hispanismo Filos&#x00F3;fico, Sociedad Men&#x00E9;ndez Pelayo, 2000). El nuevo volumen de estudios que ahora comento, siguiendo a otros consagrados a <italic>Los or&#x00ED;genes de la novela</italic> y a <italic>Historia de las ideas est&#x00E9;ticas</italic>, recoge una reuni&#x00F3;n en Santander en oto&#x00F1;o de 2010 organizado por la Real Sociedad Men&#x00E9;ndez Pelayo y la Real Academia de Medicina de Cantabria, contando adem&#x00E1;s con la colaboraci&#x00F3;n de otras instituciones. Sin duda, es una aportaci&#x00F3;n muy valiosa, que subraya aspectos importantes y nuevos de los escritos pol&#x00E9;micos. Se&#x00F1;ala as&#x00ED; el profesor Ram&#x00F3;n Mandado en Men&#x00E9;ndez Pelayo, entre otros, el valor de haber atendido a la ciencia anterior a la modernidad (el racionalismo y el empirismo), al tener en cuenta la necesaria conjunci&#x00F3;n de humanismo y filosof&#x00ED;a, que se remonta a la antigüedad. Conjunci&#x00F3;n que inclu&#x00ED;a en esas p&#x00E1;ginas patriotismo y moral, el <italic>ethos</italic> intelectual.  </p>

			<p>Tambi&#x00E9;n se&#x00F1;ala como indudable valor la recuperaci&#x00F3;n de noticias y fuentes espa&#x00F1;olas olvidadas (obras, personajes, hechos), as&#x00ED; como de las aplicaciones y profesiones tecnol&#x00F3;gicas (incluyendo ingenieros, marinos, m&#x00E9;dicos, arquitectos, militares, etc.). Se consideraba as&#x00ED;, el sustrato cient&#x00ED;fico de una comunidad, ese “<italic>peque&#x00F1;o relato</italic> (el valor de la investigaci&#x00F3;n local que no produce personajes o hechos publicitados con &#x00E9;xito, pero que existe y tiene una influencia social innegable y por tanto en la g&#x00E9;nesis de la cultura y en el devenir de los pueblos)”. Se ten&#x00ED;an en cuenta las aplicaciones a las necesidades de la vida cotidiana de la comunidad, el ejercicio del poder, el influjo en la conciencia colectiva y en sus posibilidades de transformaci&#x00F3;n, tanto de los &#x00E9;xitos como de los fracasos en el desarrollo de la ciencia. “Y es que no s&#x00F3;lo el descubrimiento de las leyes naturales, o la formulaci&#x00F3;n de principios, teoremas o c&#x00E1;lculos o la creaci&#x00F3;n de paradigmas de conocimiento y modelos epistemol&#x00F3;gicos, articula la historia de la ciencia, sino tambi&#x00E9;n los modos que todo ello tiene de incardinarse en la conciencia y en la sociedad humanas, en su dial&#x00E9;ctica y su devenir, pues sin tales componentes, la de la ciencia ser&#x00ED;a una extra&#x00F1;a historia sin historicidad”. (p. 10)  </p>

			<p>La nueva publicaci&#x00F3;n tiene por tanto para los historiadores de la ciencia un valioso y doble inter&#x00E9;s. Por un lado, se ha invitado a algunos de estos colegas a aportar sus puntos de vista. Por otro, se ha seguido la invitaci&#x00F3;n de Marcelino Men&#x00E9;ndez y Pelayo de estudiar las viejas monograf&#x00ED;as, muchas veces olvidadas por anticuadas, latinas o fuera de la ciencia moderna. El mismo mostr&#x00F3; ese camino con su magn&#x00ED;fico estudio sobre la <italic>Antoniana Margarita</italic> y, al parecer, hubiera querido ocuparse de Valles. En fin, tras una primera aportaci&#x00F3;n de Jos&#x00E9; Luis Abell&#x00E1;n sobre la regeneraci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica en el proceso de modernizaci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola, son presentados algunos de los principales participantes en la pol&#x00E9;mica, as&#x00ED; Manuel de la Revilla (F. Hermida de Blas), Jos&#x00E9; del Perojo (P. Ribas Ribas), tambi&#x00E9;n algunos testigos como el novelista Benito P&#x00E9;rez Gald&#x00F3;s (Jos&#x00E9; Luis Mora Garc&#x00ED;a) y el naturalista Augusto Gonz&#x00E1;lez Linares (Carlos Nieto Blanco). La actuaci&#x00F3;n de Men&#x00E9;ndez Pelayo en defensa del Laboratorio de este en Santander es notable, pues lo estimaba como sabio que buscaba en los mares y en el laboratorio la nueva ciencia (Carlos Nieto Blanco, “Un krausista en el laboratorio. La aportaci&#x00F3;n del naturalista Augusto Gonz&#x00E1;lez de Linares (1845-1904)”, <italic>Revista de Hispanismo filos&#x00F3;fico</italic>, 15, 2010, 77-102). Tambi&#x00E9;n es considerada la otra parte tomista de la pol&#x00E9;mica, en los trabajos de E. Forment y A. Alonso Garc&#x00ED;a. La discusi&#x00F3;n sobre la filosof&#x00ED;a espa&#x00F1;ola de Jos&#x00E9; Miguel Guardia, por Yvan Lissorgues, se completa con una aportaci&#x00F3;n sobre la historia editorial de la obra, por Francisco Jos&#x00E9; Mart&#x00ED;n. </p>

			<p>Resulta muy inspirador el estudio de Gerardo Bolado, quien analiza el estilo de argumentaci&#x00F3;n empleado en la pol&#x00E9;mica, as&#x00ED; tipos de argumentos, fuentes empleadas, desarrollos dial&#x00E9;cticos. A&#x00F1;ade a la influencia de Laverde la recibida de la tradici&#x00F3;n cat&#x00F3;lica de disputa, m&#x00E1;s historicista que hermeneuta, y la relaciona con la historia agustiniana. Concluye sosteniendo la inviabilidad de una pol&#x00E9;mica, trazada desde posiciones de principios y conceptos no conciliables sobre filosof&#x00ED;a y ciencia. Insiste en la aportaci&#x00F3;n del santanderino a comprender la ciencia espa&#x00F1;ola desde la historia, sus valores y decadencia, tambi&#x00E9;n al desarrollo de su bibliograf&#x00ED;a y cronolog&#x00ED;a, su relaci&#x00F3;n con la filosof&#x00ED;a, en cuyo estudio tanto insiste Laverde tambi&#x00E9;n. Sin duda su trabajo fue acompa&#x00F1;ado de benevolencia ante esos cient&#x00ED;ficos espa&#x00F1;oles, que trabajaron en penosas condiciones, con graves riegos muchas veces. Tambi&#x00E9;n sin gran valoraci&#x00F3;n p&#x00FA;blica y sin esperanzas de mejora social y econ&#x00F3;mica.  </p>

			<p>De gran inter&#x00E9;s en este volumen es la aportaci&#x00F3;n de los historiadores de la ciencia, importante a&#x00F1;adido en estos estudios, siguiendo las indicaciones del mismo Men&#x00E9;ndez Pelayo acerca de la necesidad de estudios y monograf&#x00ED;as. En palabras de V&#x00ED;ctor Navarro: “Todos los que nos hemos dedicado a reconstruir nuestro pasado cient&#x00ED;fico tenemos una deuda importante con Men&#x00E9;ndez Pelayo.” As&#x00ED; se produce en su propia biograf&#x00ED;a, desde su contacto con <italic>La ciencia espa&#x00F1;ola</italic> cincuenta a&#x00F1;os atr&#x00E1;s, hasta su destacado papel en el grupo de historiadores de la ciencia de Valencia, que tras el magisterio de L&#x00F3;pez Pi&#x00F1;ero ha continuado de alguna manera la labor del santanderino. La labor de b&#x00FA;squeda, elaboraci&#x00F3;n y estudio de fuentes, diccionarios, as&#x00ED; como en bibliograf&#x00ED;a, bibliometr&#x00ED;a, prosopograf&#x00ED;a, estad&#x00ED;sticas… ha sido notabil&#x00ED;sima. Adem&#x00E1;s, con el mismo esp&#x00ED;ritu, se tienen en consideraci&#x00F3;n todos los autores y todas las obras, que han sido y ser&#x00E1;n analizados… no solo las primeras figuras o las obras destacadas. Siempre han considerado la ciencia como una actividad social y, gracias a su trabajo, podemos volver a asentir hoy sin duda en que Espa&#x00F1;a ha tenido relevante papel en las ciencias de la naturaleza y en la matem&#x00E1;tica pr&#x00E1;ctica, sin perder sin embargo el inter&#x00E9;s por la te&#x00F3;rica, estudio dificultado por la filosof&#x00ED;a, la profesi&#x00F3;n, el poder y la iglesia. Sin duda el Renacimiento fue brillante, pero tambi&#x00E9;n ha sido la Ilustraci&#x00F3;n. Salvador Ord&#x00F3;&#x00F1;ez por su parte, siguiendo a Nicol&#x00E1;s Garc&#x00ED;a Tapia, encuentra en el Siglo de Oro “una pol&#x00ED;tica tecnol&#x00F3;gica, con todos los elementos b&#x00E1;sicos, de lo que se entiende hoy en la ciencia moderna, por investigaci&#x00F3;n, desarrollo, propiedad intelectual, y sobre todo capacidad de acogida de investigadores de toda Europa.” (p. 298) Y su opini&#x00F3;n es semejante para el per&#x00ED;odo ilustrado. </p>

			<p>Sin duda, el consejo del santanderino de estudiar a fondo los autores espa&#x00F1;oles, era importante, pues como &#x00E9;l afirmaba poco se hab&#x00ED;a atendido a la historia de la ciencia. Se hab&#x00ED;a sin duda aportado bastante cuando desde la Enciclopedia se hab&#x00ED;a dudado de la contribuci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola a la cultura mundial. Las respuestas de Cavanilles, Andr&#x00E9;s, Denina… hab&#x00ED;an sido un paso en este sentido. Las largas listas bibliogr&#x00E1;ficas del santanderino tambi&#x00E9;n lo fueron (Ernesto y Enrique Garc&#x00ED;a Camarero, <italic>La pol&#x00E9;mica de la ciencia espa&#x00F1;ola</italic>, Madrid, Alianza Editorial, 1970). Pero su cr&#x00ED;tica de que a muy pocos gustaba ojear viejos libros, en especial si estaban en lat&#x00ED;n, era objetiva. Incluso lo eran sus caricaturas con gracia de los krausistas, formados seg&#x00FA;n &#x00E9;l en caf&#x00E9;s, en tertulias y en sus propias c&#x00E1;tedras, con esa docencia de dif&#x00ED;cil palabrer&#x00ED;a. Por ello la atenci&#x00F3;n que &#x00E9;l mismo dedica a la Antoniana Margarita es buena muestra del camino a seguir. Para &#x00E9;l G&#x00F3;mez Pereira ha quebrantado el galenismo, inspirado en el libro de la naturaleza. Tambi&#x00E9;n, desde un cierto racionalismo, ha preservado la filosof&#x00ED;a frente a la teolog&#x00ED;a: resistente a los cl&#x00E1;sicos, conocedor del nominalismo, incluso del averro&#x00ED;smo. Heredero de Juan Luis Vives, est&#x00E1; en la direcci&#x00F3;n de los mejores fil&#x00F3;sofos espa&#x00F1;oles (el Brocense, Francisco S&#x00E1;nchez, Fox Morcillo, o bien Francisco Valles, Oliva Sabuco, Pedro de Valencia, Caramuel, Cardoso). Su exagerado intento de convertirlo en precedente de Descartes, en sus ideas sobre el automatismo animal y sobre las facultades del alma humana, no restan m&#x00E9;rito alguno al esfuerzo por rescatar esos viejos mamotretos de nuestra cultura. Ser&#x00E1; precursor tambi&#x00E9;n G&#x00F3;mez Pereira en medicina, pues “se adelanta cien a&#x00F1;os a Sydenham en echar a volar la hip&#x00F3;tesis de que la fiebre es un esfuerzo de la naturaleza para restablecer el equilibrio de la salud.” (Marcelino Men&#x00E9;ndez Pelayo, “La ‘Antoniana Margarita’ de G&#x00F3;mez Pereira”, O.C., LIX, Madrid, Santander, CSIC, 1953, 277-355, p. 285) Y en fin entre los herejes, que tanto lo atraen como repugnan, no puede faltar Miguel Servet. </p>

			<p>Es por tanto muy interesante esta aportaci&#x00F3;n de historiadores y cient&#x00ED;ficos acerca del pasado de la ciencia espa&#x00F1;ola. No es extra&#x00F1;o el acuerdo entre historiadores de la ciencia y la filosof&#x00ED;a en defender entre nosotros esos campos, minusvalorados respecto a la historia del arte, la pintura o la escritura. Y ayuda a entender, como se&#x00F1;ala Mandado al principio del libro, la historicidad de esos campos. Por eso es muy valiosa la aportaci&#x00F3;n sobre la Antoniana Margarita (T. Gonz&#x00E1;lez Vila), Juan Tom&#x00E1;s Porcell (J. Fernando Val-Bernal), Andr&#x00E9;s Laguna (J. J. Fern&#x00E1;ndez Teijeiro), los cirujanos, m&#x00E9;dicos y alb&#x00E9;itares renacentistas y humanistas (F. V&#x00E1;zquez de Quevedo, B. Madariaga de la Campa). Y tambi&#x00E9;n esa reflexi&#x00F3;n sobre el valor de la ciencia espa&#x00F1;ola que he mencionado, en los trabajos de Salvador Ord&#x00F3;&#x00F1;ez y V&#x00ED;ctor Navarro, o sobre su decadencia en el firmado por Alberto Gomis.  </p> 		
		</sec>
				
	</body>

	<back>
	</back>
</article>					

