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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Asclepio</journal-id>
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				<journal-title>ASCLEPIO Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-4466</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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		<article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2013.r001</article-id>
		
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			<subject>RESE&#x00D1;AS / BOOK REVIEWS</subject>
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			<article-title>Rese&#x00F1;a del libro "Todos son hojas: Literatura e historia natural en el Barroco espa&#x00F1;ol"</article-title>
			<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
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			  <contrib contrib-type="author" corresp="yes"> 
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				 <surname>Carriazo Ruiz</surname>
				 <given-names>Jos&#x00E9; Ram&#x00F3;n</given-names>
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			  <aff id="U1">UNED</aff>
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		<pub-date pub-type="collection">
		<year>2013</year>
		</pub-date>
		
		<volume>65</volume>
		<issue>1</issue>
		
		<elocation-id>r001</elocation-id>

			 
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			<copyright-statement>&#x00A9; 2013 CSIC</copyright-statement>
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			<license-p> Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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		<sec id="S0">
			<p><bold>Slater, John</bold>. <italic>Todos son hojas: Literatura e historia natural en el barroco espa&#x00F1;ol</italic>, Madrid, CSIC [Estudios sobre la Ciencia, nº 58], 2010. 310 p&#x00E1;ginas [ISBN: 978-84-00-09192-7]</p>
		</sec>

		<sec id="S1">
		<p>«Es como un descubrimiento de la naturaleza, hacia la que se camina empujado por una sensibilidad nueva —y en este caso ser&#x00E1; 				
		Petrarca el abanderado—, pero a la que se tratar&#x00E1; de conocer cient&#x00ED;ficamente para poder dominarla. Y no es un azar que esta sea la 	
		&#x00E9;poca de los grandes descubrimientos geogr&#x00E1;ficos…»</p>
		<p>Manuel Fern&#x00E1;ndez &#x00C1;lvarez: La sociedad espa&#x00F1;ola del Renacimiento</p>
		<p>(Madrid, C&#x00E1;tedra, 1974: 20)</p>
		</sec>
		
		<sec id="S2">		
		<p>Man gave names to all the animals</p>
		<p>In the beginning, in the beginning</p>
		<p>Man gave names to all the animals</p>
		<p>In the beginning, long time ago.</p>
		<p>Bob Dylan</p>
		</sec>		



		<sec id="S3">
								
				<p>Hay en el G&#x00E9;nesis dos relatos sobre la creaci&#x00F3;n del mundo, el de inspiraci&#x00F3;n Sacerdotal y el de la fuente Yavista, que ocupan los dos primeros cap&#x00ED;tulos del primer libro del Pentateuco. En ambas narraciones se trata el origen del mundo vegetal: la fuente Sacerdotal sit&#x00FA;a la creaci&#x00F3;n de las plantas en el tercer d&#x00ED;a, cuando dijo Dios: «Produzca la tierra hierbas, plantas sement&#x00ED;feras de su propia especie y &#x00E1;rboles frutales que dan fruto conteniendo en ellos la simiente propia de su especie»<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>. A partir del vers&#x00ED;culo 4b, del cap&#x00ED;tulo segundo, comienza el relato Yavista de la creaci&#x00F3;n y de la ca&#x00ED;da, con estas palabras: «Al tiempo de hacer Yav&#x00E9; Dios la tierra y el cielo, no hab&#x00ED;a todav&#x00ED;a arbusto alguno del campo sobre la tierra, ni hab&#x00ED;a hombre que cultivase el suelo e hiciese subir de la tierra el agua con que regar la superficie del suelo. Entonces Yav&#x00E9; Dios form&#x00F3; al hombre del polvo de la tierra…»<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>. El Creador se convierte, tras la formaci&#x00F3;n del hombre, en agricultor: «Plant&#x00F3; despu&#x00E9;s Yav&#x00E9; Dios un jard&#x00ED;n en Ed&#x00E9;n, al oriente, y en &#x00E9;l puso al hombre que hab&#x00ED;a formado. Hizo Yav&#x00E9; Dios germinar del suelo toda clase de &#x00E1;rboles agradables a la vista y apetitosos para comer […]. Tom&#x00F3; pues, Yav&#x00E9; Dios al Hombre y le puso en el jard&#x00ED;n del Ed&#x00E9;n para que lo cultivase y guardase»<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>. En este segundo mito, no se produce la creaci&#x00F3;n de las plantas, como en el primero, sino que Dios <italic>planta</italic> el Ed&#x00E9;n y <italic>hace germinar</italic> los &#x00E1;rboles, para dar al hombre un lugar que ocupar y una misi&#x00F3;n que cumplir: cultivar y cuidar el jard&#x00ED;n del Para&#x00ED;so.</p>
				
				<p>De los dos grandes sucesos taxon&#x00F3;micos de la historia de la humanidad recogidos en la Biblia y se&#x00F1;alados por John Slater: «el momento en que Ad&#x00E1;n dio nombre a los animales y la entrada de los animales en el arca de No&#x00E9;» <italic>(Todos son hojas: literatura e historia natural en el Barroco espa&#x00F1;ol.</italic> Madrid: CSIC [Estudios sobre la Ciencia, nº 58], 2010, p&#x00E1;gina 26), el relato Yavista narra el primero, de profundo significado antropol&#x00F3;gico, simb&#x00F3;lico y semi&#x00F3;tico, al hilo de la formaci&#x00F3;n de los animales con barro de la tierra, a semejanza de la creaci&#x00F3;n del hombre: «Form&#x00F3; de la tierra, pues, Yav&#x00E9; Dios toda clase de animales campestres y aves del cielo y los llev&#x00F3; ante el Hombre para ver c&#x00F3;mo los llamar&#x00ED;a este, ya que el nombre que les diera, ese ser&#x00ED;a su nombre. El Hombre impuso, pues, el nombre a todos los animales dom&#x00E9;sticos, a todas las aves del cielo y a todas las bestias del campo; mas para s&#x00ED; no encontr&#x00F3; una ayuda semejante»<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>. A continuaci&#x00F3;n, llega la creaci&#x00F3;n de la mujer, la tentaci&#x00F3;n, la ca&#x00ED;da y el protoevangelio, y con &#x00E9;l toda la historia de la humanidad. </p>
				
				<p>Pero, entonces, ¿qui&#x00E9;n le puso el nombre a las plantas, arbustos, &#x00E1;rboles…, que Dios hab&#x00ED;a plantado y hecho germinar, que no creado, para conformar el Para&#x00ED;so? En el relato b&#x00ED;blico de inspiraci&#x00F3;n Yavista queda bien claro el origen de la zoonimia, en la que se introducir&#x00ED;a confusi&#x00F3;n s&#x00F3;lo a partir de los sucesos de Babel, si bien se deja ignoto el de la fitonimia original: ¿ser&#x00ED;a esta obra del propio Dios? </p>
				
				<p>La lenta construcci&#x00F3;n de una nomenclatura bot&#x00E1;nica a lo largo de la primera modernidad, hasta la culminaci&#x00F3;n del proceso que suponen los esfuerzos de Linneo, va a ser la historia de la revoluci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica en cuanto a la bot&#x00E1;nica y a la historia natural. El papel del humanismo del Renacimiento y de la literatura del Barroco fue fundamental en el devenir de tal proceso hist&#x00F3;rico. La revoluci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica, por lo que respecta a la bot&#x00E1;nica, ser&#x00ED;a ese lento paso del paradigma b&#x00ED;blico medieval, en el que las plantas pasan desapercibidas, tanto en cuanto a su origen o creaci&#x00F3;n como en cuanto a su denominaci&#x00F3;n o nomenclatura, al nuevo contexto de modernidad, donde la taxonom&#x00ED;a y la nomenclatura son creadas <italic>ex nihilo</italic> pr&#x00E1;cticamente. Si est&#x00E1; claro que el proceso culmina en la obra de Linneo, ¿cu&#x00E1;ndo se inicia? ¿por qu&#x00E9; empieza a recorrerse ese camino que llevar&#x00E1; a la independencia de la ciencia bot&#x00E1;nica de otras disciplinas como la medicina, la farmacia, la historia natural…? </p>
				
				<p>Los colegas historiadores de la Astronom&#x00ED;a tienen relativamente f&#x00E1;cil la clasificaci&#x00F3;n de un determinado cient&#x00ED;fico como anterior o posterior a la revoluci&#x00F3;n copernicana: los astr&#x00F3;nomos geocentristas ser&#x00E1;n precopernicanos y los heliocentristas postcopernicanos, revolucionarios, galileanos, newtonianos… en cualquier caso: modernos. Sin embargo, en la historia natural, como apunta John Slater, «hay pocos signos de modernidad f&#x00E1;cilmente cuantificables como los que se encuentran en las comparaciones entre literatura y cosmolog&#x00ED;a: no hay ninguna prueba tan simple como la relativa a si un autor cree en el universo geoc&#x00E9;ntrico o en el helioc&#x00E9;ntrico» (p&#x00E1;gina 73). </p>
				<p>El profesor Slater presenta un l&#x00FA;cido resumen de las tres principales teor&#x00ED;as que tratan de explicar este proceso: la humanista, la institucional y la comercial. «Mientras Smith y otros autores sit&#x00FA;an el desarrollo de la bot&#x00E1;nica moderna en un contexto humanista, hay estudios que ubican el nacimiento de las ciencias de la vida moderna en otras esferas. Por ejemplo, Antonio Barrera (2006: 36) ha sugerido que las “knowledge-producing structures” [estructuras de producci&#x00F3;n de conocimiento], concretamente instituciones espa&#x00F1;olas como la Casa de Contrataci&#x00F3;n o el Consejo de Indias, promovieron una serie de “pr&#x00E1;cticas emp&#x00ED;ricas” que condujeron a lo que este autor ha denominado “Early Scientific Revolution” [la temprana revoluci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica] del siglo XVI. Por otro lado, Harold Cook ha defendido con autoridad que a lo largo del siglo XVII fue el comercio, y no las pr&#x00E1;cticas intelectuales humanistas, lo que dio el impulso definitivo al desarrollo de la moderna historia natural» (p&#x00E1;gina 39). En mi opini&#x00F3;n, las explicaciones institucional y comercial estar&#x00ED;an &#x00ED;ntimamente unidas, pues organismos como la Casa de Contrataci&#x00F3;n hispalense o la Academia Matem&#x00E1;tica matritense tienen una finalidad doble, docente y comercial, por lo que instituci&#x00F3;n y desarrollo econ&#x00F3;mico aparecen en ellas claramente imbricadas. Desde otros enfoques, por ejemplo el del arte de navegar, es inobjetable que existi&#x00F3; esa <italic>Early Scientific Revolution</italic> de la que habla Antonio Barrera Osorio <italic>(Experiencing Nature: The Spanish American Empire and the Early Scientific Revolution</italic>. Austin, University of Texas Press, 2006). </p>
				
				<p>Se podr&#x00ED;a, por tanto, reducir la primac&#x00ED;a del origen para la revoluci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica en el &#x00E1;rea de la bot&#x00E1;nica a una dicotom&#x00ED;a: humanismo o mundializaci&#x00F3;n, entendida como el proceso que abarca los grandes descubrimientos geogr&#x00E1;ficos y los subsiguientes contactos comerciales a escala global soportados por las instituciones protoestatales modernas. La mundializaci&#x00F3;n o primera fase de la globalizaci&#x00F3;n corresponde con el nacimiento del capitalismo mercantilista en Europa occidental, sistema econ&#x00F3;mico que se va extendiendo hasta alcanzar los rincones m&#x00E1;s rec&#x00F3;nditos del orbe, transformando todo, incluidos el trabajo y las tierras, en mercanc&#x00ED;as, en objetos de compra-venta y comercio (Eric Wolf: <italic>Europe and the People without History</italic>. Berkeley, University of California Press, 1982, 1997). El desarrollo de las matem&#x00E1;ticas financieras, la protoeconom&#x00ED;a, la geograf&#x00ED;a, la navegaci&#x00F3;n astron&#x00F3;mica, la exploraci&#x00F3;n de nuevos territorios, su conquista y/o colonizaci&#x00F3;n, las manufacturas m&#x00E1;s o menos industriales y el comercio a gran escala no son sino aspectos de este impulso en las relaciones mercantiles a escala global.</p>
				
				<p>Ahora bien, ni siquiera esa dicotom&#x00ED;a se sostiene a no ser con fines did&#x00E1;cticos y explicativos. Incluso en el &#x00E1;mbito de la navegaci&#x00F3;n, se entrelazan los descubrimientos geogr&#x00E1;ficos y la ideolog&#x00ED;a humanista (Pedro M&#x00E1;rtir de Angler&#x00ED;a, <italic>De Orbe Novo Decades</italic>. Alcal&#x00E1; de Henares, Miguel de Egu&#x00ED;a, 1530; <italic>D&#x00E9;cadas del Nuevo Mundo</italic>, traducci&#x00F3;n de J. Torres Asensio, revisada y corregida por J. Mart&#x00ED;nez Mesanza, Madrid, Polifemo, 1989), de modo que los primeros tratadistas del arte de navegar fueron humanistas antes que navegantes (Ursula Lamb, <italic>A Navigators Universe. The «Libro de Cosmograph&#x00ED;a» of 1538 by Pedro de Medina. Translated and with an introduction by...</italic> Chicago, University of Chicago Press, 1972). Lo propio ocurri&#x00F3; con los bot&#x00E1;nicos: la traducci&#x00F3;n del Diosc&#x00F3;rides por Andr&#x00E9;s Laguna fue la obra de un humanista m&#x00E9;dico (Pedanio Diosc&#x00F3;rides Anazarbeo, s. I d. C., <italic>De materia m&#x00E9;dica</italic>. Salamanca: Caja Duero-Universidad de Salamanca, 2006. Versi&#x00F3;n multimedia del manuscrito BUSA 2659) y la peculiar evoluci&#x00F3;n de los estudios bot&#x00E1;nicos en el reino de Valencia, que como se&#x00F1;ala John Slater: «no formaba parte de la Corona de Castilla y, por lo tanto, no estuvo tan involucrado en la Administraci&#x00F3;n colonial» por lo que all&#x00ED; «la historia natural se desarroll&#x00F3; de forma m&#x00E1;s similar a los casos estudiados en Alemania por Cooper» (p&#x00E1;gina 19), se explica porque la Universidad de Valencia fue una de las sedes principales del movimiento humanista espa&#x00F1;ol del Quinientos, en concreto de la que Luis Gil denomin&#x00F3; segunda generaci&#x00F3;n de humanistas espa&#x00F1;oles. De hecho, uno de sus representantes, Juan Lorenzo «Palmireno», tuvo un gran inter&#x00E9;s por cuestiones bot&#x00E1;nicas y se ocup&#x00F3; de la nomenclatura bot&#x00E1;nica en alguna de sus obras lexicogr&#x00E1;ficas:</p>
				
				<p>Aunque Palmireno nunca public&#x00F3; un tratado independiente sobre nombres de &#x00E1;rboles o plantas, s&#x00ED; incluy&#x00F3; voces de este campo sem&#x00E1;ntico en dos de los abecedarios que re&#x00FA;ne en 1569 el <italic>Vocabulario del Humanista, compuesto por Lorenço Palmyreno: donde se trata de aues, peces, quadr&#x00FA;pedos, con sus vocablos de caçar y pescar, yeruas, metales, monedas, piedras preciosas, gomas, drogas, olores, y otras cosas que el estudioso en letras humanas ha menester</italic>. Tanto el tercer como el cuarto abecedario del <italic>Vocabulario del humanista</italic> contienen l&#x00E9;xico relacionado con hierbas, simientes, frutas y flores, entre otros. Por ello, aunque nunca publicara un tratado de los &#x00E1;rboles independiente, parece que s&#x00ED; ten&#x00ED;a inter&#x00E9;s en este l&#x00E9;xico y que pudo redactarlo para incluirlo entre las p&#x00E1;ginas del <italic>Vocabulario</italic>. (Mar&#x00ED;a &#x00C1;ngeles Garc&#x00ED;a Aranda: <italic>Un cap&#x00ED;tulo de la lexicograf&#x00ED;a did&#x00E1;ctica del espa&#x00F1;ol: nomenclaturas hispanolatinas (1493-1745</italic>). Tesis doctoral, Universidad Complutense, Madrid, 2003, p&#x00E1;gina 388). </p>

				<p>Resulta imposible, en definitiva, separar humanismo y revoluci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica en el campo de la historia natural, como es imposible desligar esta de los grandes descubrimientos geogr&#x00E1;ficos y de los contactos comerciales mundiales que inauguran la modernidad, pues humanismo y mundializaci&#x00F3;n no son sino dos aspectos de un nuevo paradigma antropol&#x00F3;gico, etnol&#x00F3;gico, cultural e hist&#x00F3;rico, que es lo que conocemos precisamente como Modernidad y que para Ortega y Gasset, por ejemplo, comenzar&#x00ED;a en la m&#x00E1;s ilustre «estufa» o <italic>poêle</italic>, donde Descartes se puso a pensar en las <italic>Reglas para gobernar el ingenio</italic> y pudo ocurr&#x00ED;rsele su m&#x00E9;todo o «artilugio met&#x00F3;dico» (<italic>La idea de principio en Leibniz</italic>, en: <italic>Obras completas</italic> Madrid: Fundaci&#x00F3;n Ortega-Mara&#x00F1;&#x00F3;n/Taurus, tomo IX, 2009, p&#x00E1;gina 1105). Pero ni Descartes, ni Leibniz, ni Newton, ni Galileo, ni Cop&#x00E9;rnico, ni por supuesto Linneo hubieran sido posibles sin la conjunci&#x00F3;n de humanismo y mundializaci&#x00F3;n, por lo que resulta est&#x00E9;ril intentar dilucidar cu&#x00E1;l fue, de los dos, el primer motor de la revoluci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica. </p>
				
				<p>Lo trascendental de esta pol&#x00E9;mica es que resulta evidente que no se puede dejar de lado la literatura y el arte a la hora de historiar el proceso del nacimiento y g&#x00E9;nesis de la ciencia moderna: el conocimiento del mundo se cuela en las obras literarias y art&#x00ED;sticas, y a su trav&#x00E9;s se puede vislumbrar el imparable avance del conocimiento humano sobre el mundo, de su comprensi&#x00F3;n y diversificaci&#x00F3;n, que en un proceso acumulativo llevar&#x00E1;, precisamente, a la cristalizaci&#x00F3;n de la Modernidad. Esas vislumbres, en lo referido a la fitonimia, ha expuesto magistralmente el profesor Slater en su <italic>Todos son hojas: literatura e historia natural en el Barroco espa&#x00F1;ol</italic>. El propio autor enumera los provechos del libro:</p>
				
				<p>«La utilidad de este libro es triple. En primer lugar, permitir&#x00E1; a los lectores de la literatura del Siglo de Oro identificar algunas de las plantas mencionadas en los textos de Lope de Vega, Pedro Calder&#x00F3;n de la Barca o Miguel de Cervantes, entre otros. Por otra parte, proporcionar&#x00E1; a los investigadores interesados en la Historia moderna de Espa&#x00F1;a una idea general de la difusi&#x00F3;n de los saberes bot&#x00E1;nicos durante este per&#x00ED;odo, incluyendo temas como las propiedades m&#x00E9;dicas de las especies, su cultivo o los significados simb&#x00F3;licos y aleg&#x00F3;ricos de las plantas. En tercer y &#x00FA;ltimo lugar, probar&#x00E1; la existencia de lo que yo llamo una est&#x00E9;tica fitol&#x00F3;gica, una caracter&#x00ED;stica de la literatura del Siglo de Oro que ha sido en gran medida olvidada» (p&#x00E1;gina 20). </p>
				
				<p>El libro es, en su mayor parte (p&#x00E1;ginas 75 a 278), un vocabulario de fit&#x00F3;nimos o m&#x00E1;s espec&#x00ED;ficamente un «Diccionario de las plantas», en el que se identifican un buen n&#x00FA;mero de especies bot&#x00E1;nicas, ordenadas alfab&#x00E9;ticamente seg&#x00FA;n sus nombres cient&#x00ED;ficos; se recogen sus nombres vulgares espa&#x00F1;oles cl&#x00E1;sicos, y se ejemplifican mediante obras literarias de los Siglos de Oro (XVI y XVII). La ordenaci&#x00F3;n alfab&#x00E9;tica de acuerdo con los nombres cient&#x00ED;ficos de las especies puede dificultar la localizaci&#x00F3;n de cada una de las plantas estudiadas; no obstante, John Slater soslaya este posible inconveniente incluyendo al final del volumen dos completos &#x00ED;ndices (<italic>&#x00CD;ndice de plantas identificadas</italic> —nombres vulgares— e <italic>&#x00CD;ndice de nombres cient&#x00ED;ficos</italic>), que ayudan al lector a localizar la informaci&#x00F3;n que precisa en cada consulta. La microestructura es sencilla: tras el nombre cient&#x00ED;fico en cursivas, acompa&#x00F1;ado de la indicaci&#x00F3;n de la nomenclatura de la que se toma (L.= Linneo, en la mayor&#x00ED;a de los casos; Medikus = Friedrich Kasimir Medikus, bot&#x00E1;nico, m&#x00E9;dico y naturalista alem&#x00E1;n; P. Mill., Mill. o Miller = <italic>Philip Miller</italic>, jardinero jefe del <italic>Chelsea Physic Garden</italic>; R. B. o R. Br. = Robert Brown, bot&#x00E1;nico; Reich. = Karl Friedrich Reiche, m&#x00E1;s conocido como Carlos Reiche en Chile, director de la secci&#x00F3;n Bot&#x00E1;nica del Museo Nacional de Historia Natural de Chile en Santiago; Schreb. = Johannes Scherbius, bot&#x00E1;nico, mic&#x00F3;logo y bri&#x00F3;logo alem&#x00E1;n; etc&#x00E9;tera), aparecen las denominaciones vulgares en espa&#x00F1;ol, seguidas de los fragmentos de obras literarias (textos l&#x00ED;ricos, dram&#x00E1;ticos y narrativos) en los que se ejemplifica el uso de la voz o las voces castellanas por autores del Siglo de Oro (Lope de Vega, Calder&#x00F3;n de la Barca, Tirso de Molina, Luis de G&#x00F3;ngora, Pedro Mex&#x00ED;a, Esteban Manuel de Villegas, Agust&#x00ED;n de Rojas Villadrando, Juan de Castellanos, Alonso de Castillo Sol&#x00F3;rzano, Miguel de Cervantes, Juana In&#x00E9;s de la Cruz, Francisco de Quevedo, <italic>La Celestina</italic> de Fernando de Rojas…).</p>
				
				<p>El contenido, tanto de las entradas como de la macroestructura, es muy variado y rico. Algunas citas se repiten varias veces (Agust&#x00ED;n de Rojas Villadrando, <italic>El viaje entretenido</italic>; el Villancico IV, de Sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz; Tirso de Molina, <italic>El amor m&#x00E9;dico</italic>; Calder&#x00F3;n de la Barca, <italic>La vida es sue&#x00F1;o…</italic>), pero esta circunstancia s&#x00F3;lo salta a la vista si se realiza la lectura corrida del texto, no en el modo de consulta lexicogr&#x00E1;fico habitual. En muchos casos, se agradecer&#x00ED;a, adem&#x00E1;s de la fecha de la edici&#x00F3;n manejada, la dataci&#x00F3;n de la composici&#x00F3;n del texto, o de su primera edici&#x00F3;n, para situar cronol&#x00F3;gicamente con mayor precisi&#x00F3;n los empleos de los nombres vulgares castellanos. No hubiera estado mal, asimismo, el resalte gr&#x00E1;fico sistem&#x00E1;tico de los fit&#x00F3;nimos castellanos ejemplificados, como en la entrada <italic>peon&#x00ED;a</italic> (Pedro Mex&#x00ED;a, <italic>Silva de varia lecci&#x00F3;n</italic>, p&#x00E1;gina 200), para facilitar, al lector que realiza la consulta de manera apresurada, la r&#x00E1;pida localizaci&#x00F3;n de los t&#x00E9;rminos en las citas, a veces largas. </p>
				
				<p>Si bien son escasas, y por tanto anecd&#x00F3;ticas, llaman poderosamente la atenci&#x00F3;n algunas erratas en las citas aducidas: ausencia de acentos («que quiere que su esperanza / de [<italic>sic</italic>] fruto a la primavera», fragmento de Lope de Vega, p&#x00E1;gina 183, falta acento en <italic>d&#x00E9;</italic>), trueque de caracteres («Christo representado en los misterios del S. Rosario es como Sol, quien mira singularmente a este Sol ass&#x00ED; representado con [<italic>sic</italic>] los Cofrades del Rosario, que como Helioprios o Tornasoles est&#x00E1;n mirando mediante la meditaci&#x00F3;n, o contemplaci&#x00F3;n a este soberano Sol, y se inclinan a &#x00E9;l», <italic>co</italic>n por <italic>son</italic>, cita de Thom&#x00E1;s Bafarull y Rosell&#x00F3;, p&#x00E1;gina 157), ausencia de alguna letra («Que apenas s&#x00E9; cundo [<italic>sic</italic>] entra el sol en G&#x00E9;minis», verso de Lope de Vega, <italic>La pastoral de Jacinto</italic>, ya citado antes, repetido por tanto en la p&#x00E1;gina 216, pero con una errata: <italic>cundo</italic> por <italic>cuando</italic>), alteraci&#x00F3;n del orden de graf&#x00ED;as («…he aqu&#x00ED; la olla: una libra de carnero, catorce maraved&#x00ED;s; media de vaca, seis, son veinte; de tocino un cuarto, otro de carb&#x00F3;n [<italic>sic</italic>]…», ¿por <italic>cabr&#x00F3;n</italic>?, texto tambi&#x00E9;n de Lope de Vega, <italic>La Dorotea</italic>, citado en la p&#x00E1;gina 203), o alguna inconsistencia en la separaci&#x00F3;n de palabras («Al pie de un &#x00E1;lamo blanco, / y mas que blanco neutral, / supuesto que aparte [<italic>sic</italic>] alguna, / jam&#x00E1;s se supo inclinar»,<italic>apart</italic>e por <italic>a part</italic>e, fragmento del romance de Lorenzo Borr&#x00E1;s: «Pintura de un Hidalgo pobre, imitando el rumbo del romance de Don Luys de G&#x00F3;ngora», 1659, citado en la p&#x00E1;gina 211; o en este pasaje de <italic>la Guerra de Granada</italic> de Diego Hurtado de Mendoza, en la p&#x00E1;gina 233: «…en los Alpes que llaman Monsenishaycierta [<italic>sic</italic>] hierba poco diferente…», donde leemos <italic>Monsenishayciert</italic>a por <italic>Monsenis hay cierta</italic>). </p>
				
				<p>La selecci&#x00F3;n de las autoridades resulta magistral, e invita a la lectura corrida del vocabulario: no falta ninguno de los t&#x00F3;picos fitol&#x00F3;gicos de mayor inter&#x00E9;s en la literatura aurisecular. En unos versos de Sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz se cuela el Romero, una de las especies de mayor inter&#x00E9;s m&#x00E9;dico en el Barroco, protagonista del <italic>Tratado segundo</italic> («De las excelencias del romero y su calidad») del <italic>Libro de phisonom&#x00ED;a natural y varios secretos de naturaleza, el qual contiene cinco tratados de materias diferentes, no menos curiosas que provechosas</italic> (Madrid: Pedro Madrigal, 1598), de Ger&#x00F3;nimo Cort&#x00E9;s, &#x00E9;xito editorial de finales del siglo XVI y obra fundamental de la divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica en el Siglo de Oro hispano. La medicina gal&#x00E9;nica est&#x00E1; presente en las referencias a los humores: la flema («Cuerpo de Dios con la flema, / ¿sembrando agora achicorias / y escardando berenjenas?» Tirso de Molina, <italic>Amazonas de Indias</italic>, p&#x00E1;gina 117) o la melancol&#x00ED;a («Digo, que Vus&#x00ED;a coma / manjar entre h&#x00FA;medo y seco, / […]. / Si apeteciere cocido, / mandar&#x00E1; echar en las ollas / culantro verde, mastuerzo, / verdolagas, &#x00F3; buglosa, / borrajas, y yerbabuena; / que mezcladas unas con otras / templar&#x00E1;n lo seco y fr&#x00ED;o, / mas no ha de llevar cebolla», receta para la cura de un enfermo de melancol&#x00ED;a recogida en una cita de <italic>El amor m&#x00E9;dico</italic>, de Tirso de Molina, repetida en varias entradas: <italic>borraja</italic> en las p&#x00E1;ginas 100-101, y <italic>cilantro, celiandro, culantro</italic> en la p&#x00E1;gina 128, por ejemplo). Tambi&#x00E9;n aparecen las enfermedades propias de los desequilibrios humorales y sus tratamientos, uno de los t&#x00F3;picos capitales para comprender el Siglo de Oro espa&#x00F1;ol —como expuso hace una d&#x00E9;cada Roger Bartra en su magistral <italic>Cultura y melancol&#x00ED;a. Las enfermedades del alma en la Espa&#x00F1;a del Siglo de Oro</italic> (Barcelona, Anagrama, 2001)—, tanto en su vertiente psicol&#x00F3;gica: el humor negro, la melarqu&#x00ED;a, la locura o el frenes&#x00ED; y la sangre ruin («Las coles me cr&#x00ED;an flema; / nabos, la sangre ruin; / zanahoria y berenjenas, / melarch&#x00ED;a y frenes&#x00ED;», Juan Valladares de Valdelomar, <italic>Caballero venturoso</italic>); como en cuanto a otros padecimientos m&#x00E1;s fisiol&#x00F3;gicos, como las hemorroides («…y apl&#x00ED;quenle un cristel luego / por preservar almorroides», Tirso de Molina, <italic>La fingida Arcadia</italic>, p&#x00E1;gina 210). Al igual que la hipocondr&#x00ED;a, la locura melanc&#x00F3;lica y las almorranas eran dolencias de jud&#x00ED;os y enamorados: «Un tratado m&#x00E9;dico del siglo XVIII todav&#x00ED;a describe la melancol&#x00ED;a, junto con la hipocondr&#x00ED;a y las hemorroides, como una enfermedad jud&#x00ED;a» (R Bartra, 2001, p&#x00E1;gina 147).</p>
				
				<p>El «Diccionario de las plantas» se completa con un magn&#x00ED;fico estudio introductorio titulado «Literatura e historia natural en la primera Modernidad» (p&#x00E1;ginas 15 a 73), precedido por unos agradecimientos y dividido a su vez en seis cap&#x00ED;tulos y una conclusi&#x00F3;n, que constituyen sin duda uno de los principales valores de la obra del profesor Slater. Ya he hecho algunas referencias al ensayo preliminar en la primera parte de esta rese&#x00F1;a, quiero ahora, para ir finalizando, detenerme detalladamente en el contenido de este primer apartado, muy did&#x00E1;ctico y erudito, donde se a&#x00FA;nan la historia de la ciencia, la ret&#x00F3;rica humanista y literaria, el arte y los conocimientos del autor sobre el Siglo de Oro, para exponer la importancia de la est&#x00E9;tica fitol&#x00F3;gica en el Renacimiento y Barroco espa&#x00F1;oles.</p>
				
				<p>Tras la presentaci&#x00F3;n de la intenci&#x00F3;n del libro y del m&#x00E9;todo empleado, el autor da paso a un primer bloque de tres cap&#x00ED;tulos donde analiza el estatus del reino vegetal durante los Siglos de Oro fundamentalmente en las ciencias naturales. En el primero, titulado «La est&#x00E9;tica fitol&#x00F3;gica del Barroco espa&#x00F1;ol», se definen los campos de aplicaci&#x00F3;n del concepto de <italic>est&#x00E9;tica fitol&#x00F3;gica</italic>, que Slater emplea «para describir, por un lado, el elevado estatus que el reino vegetal disfrut&#x00F3; a finales del siglo XVI, y m&#x00E1;s especialmente durante el siglo XVII, en el arte, la ciencia y la literatura» y que, por otro lado, «hace referencia a los cambios que experimentaron las formas de representaci&#x00F3;n de las plantas en cada uno de estos campos» (p&#x00E1;gina 20). El ensayo introductorio va a discurrir guiado por ese concepto y abarca la evoluci&#x00F3;n de la representaci&#x00F3;n de las plantas en los tres campos mencionados: el cient&#x00ED;fico, el art&#x00ED;stico y el literario. El segundo cap&#x00ED;tulo, «El estatus conceptual de las plantas en la cosmovisi&#x00F3;n moderna», se centra en la revoluci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica, entendida como el paso del paradigma medieval, b&#x00ED;blico y cristiano, al de la modernidad linneana, cuyas implicaciones he repasado en la primera parte de esta rese&#x00F1;a. Superada la dicotom&#x00ED;a entre humanismo y mundializaci&#x00F3;n en los planteamientos sobre el nacimiento de la ciencia moderna desde sus distintas vertientes (t&#x00E9;cnica o pr&#x00E1;ctica y te&#x00F3;rica o estrictamente cient&#x00ED;fica) y disciplinas (astronom&#x00ED;a, matem&#x00E1;ticas, f&#x00ED;sica, historia natural, etc&#x00E9;tera), o mejor entre las posturas evolucionistas («los modelos antirrevolucionarios de L&#x00F3;pez Pi&#x00F1;ero, Pardo Tom&#x00E1;s y Reeds», como los llama Slater en el texto, p&#x00E1;gina 41) y revolucionarias, queda fijado el protagonismo del humanismo en el paso de la <italic>res herbaria</italic> medieval a la bot&#x00E1;nica moderna, papel central que Slater analiza en el tercer cap&#x00ED;tulo de la introducci&#x00F3;n, «La <italic>res herbaria</italic> y las humanidades».</p>
				
				<p>En el segundo bloque, compuesto asimismo por tres cap&#x00ED;tulos, se dedica Slater al an&#x00E1;lisis m&#x00E1;s preciso del lugar ocupado por el mundo vegetal en la literatura, la ret&#x00F3;rica y la simbolog&#x00ED;a del Barroco espa&#x00F1;ol, especialmente centr&#x00E1;ndose en la composici&#x00F3;n literaria, aunque con referencias tambi&#x00E9;n a la pintura, a la teor&#x00ED;a pol&#x00ED;tica y otras &#x00E1;reas de la creaci&#x00F3;n est&#x00E9;tica y filos&#x00F3;fica. El cap&#x00ED;tulo cuarto, titulado «Las flores y la composici&#x00F3;n literaria», describe la constituci&#x00F3;n de la obra literaria renacentista como antolog&#x00ED;a o florilegio de t&#x00F3;picos o <italic>loci</italic>, extra&#x00ED;dos de un jard&#x00ED;n o <italic>thesaurus</italic>, y acomodados por el autor en cada texto de manera arm&#x00F3;nica y enriquecedora; tendencia a la acumulaci&#x00F3;n que se ve acentuada en el paso del siglo XVI al XVII, cuando «los autores barrocos enfatizaron y ampliaron las met&#x00E1;foras florales para reflejar los cambios en el gusto asociados a la transici&#x00F3;n del Renacimiento al Barroco» (p&#x00E1;gina 46). La abundancia rebosante del ramillete, guirnalda, silva, jard&#x00ED;n o floresta en la literatura vino acompa&#x00F1;ada por el desarrollo de los ramilleteros o bodegones pict&#x00F3;ricos, «pr&#x00E1;cticamente contempor&#x00E1;neo al gran incremento de las representaciones dram&#x00E1;ticas de finales del siglo XVI. […] Calder&#x00F3;n, adem&#x00E1;s de escribir diversas obras con t&#x00ED;tulos bot&#x00E1;nicos —[…]— fue coleccionista de pinturas de flores» (p&#x00E1;gina 51). En el quinto cap&#x00ED;tulo, «Cat&#x00E1;logos bot&#x00E1;nicos y <italic>copia</italic> ret&#x00F3;rica», analiza Slater la conjunci&#x00F3;n entre <italic>varietas y copia</italic> en el gusto barroco, fuente de las enumeraciones de plantas caracter&#x00ED;sticas, entre otros, de Lope de Vega, en quien los lectores de la literatura barroca estaban acostumbrados a pensar «por la abundancia ret&#x00F3;rica, como el &#x00FA;ltimo de los exponentes del gusto barroco. Ya resulta sorprendente el elevado n&#x00FA;mero de escritos atribuidos al F&#x00E9;nix, pero es todav&#x00ED;a m&#x00E1;s pasmoso el n&#x00FA;mero de plantas diferentes que se mencionan en ellos, lo que asemeja sus obras de teatro y poemas a “jardincillos”» (p&#x00E1;gina 55).</p>
				
				<p>En 2010 (Madrid, C&#x00E1;tedra, colecci&#x00F3;n <italic>Letras hisp&#x00E1;nicas</italic>, n&#x00FA;mero 656), ha aparecido una edici&#x00F3;n del poema ge&#x00F3;rgico por excelencia de Lope: el <italic>Isidro. Poema castellano</italic> (1599), compuesto en Madrid tras una prolongada estancia formativa en la corte del Duque de Alba, a orillas del r&#x00ED;o Tormes. En su introducci&#x00F3;n, dedica el editor, el profesor Antonio S&#x00E1;nchez Jim&#x00E9;nez de la Universiteit van Amsterdam, 18 p&#x00E1;ginas (46-64) al tema del <italic>bodeg&#x00F3;n</italic> y la composici&#x00F3;n floral en el poema, con un suculento y muy erudito repaso de la historia del g&#x00E9;nero pict&#x00F3;rico y po&#x00E9;tico de la representaci&#x00F3;n de frutas, verduras y hortalizas en el Barroco europeo. Despu&#x00E9;s de constatar el misterio que a&#x00FA;n envuelve al surgimiento paneuropeo del motivo est&#x00E9;tico y literario a finales del siglo XVI, propone tres causas plausibles para explicarlo: «La posibilidad de entender estos cuadros como reflexiones morales atraer&#x00ED;a a muchos coleccionistas de la &#x00E9;poca. Adem&#x00E1;s, el grado de urbanizaci&#x00F3;n cre&#x00F3; contrastes y fluctuaciones de abastecimiento que llevaron a los habitantes de las populosas y pr&#x00F3;speras ciudades a prestar especial atenci&#x00F3;n a los objetos materiales —los alimentos— que constru&#x00ED;an su abundancia. Gracias a esta atenci&#x00F3;n, las representaciones de vituallas funcionaron como objeto privilegiado para practicar una de las obsesiones ideol&#x00F3;gicas del Barroco, la imitaci&#x00F3;n extrema de la naturaleza, que enga&#x00F1;a a nuestros sentidos y nos hace dudar acerca de d&#x00F3;nde se sit&#x00FA;an las fronteras entre realidad y ficci&#x00F3;n, y reflexionar sobre esta separaci&#x00F3;n y sobre el poder de las apariencias» (p&#x00E1;ginas 59). Estas tres razones explicar&#x00ED;an, seg&#x00FA;n S&#x00E1;nchez Jim&#x00E9;nez, no s&#x00F3;lo los bodegones literarios que Lope realiz&#x00F3; a finales del siglo XVI y principios del XVII, sino tambi&#x00E9;n la moda de los bodegones pict&#x00F3;ricos que floreci&#x00F3; por los mismos a&#x00F1;os. En el caso del <italic>Isidro</italic>, para la composici&#x00F3;n del mon&#x00F3;logo en que el pastor Silvano enumera a su amada, la desde&#x00F1;osa Silvia, las riquezas r&#x00FA;sticas que pondr&#x00ED;a a su disposici&#x00F3;n si ella le correspondiera (Canto VI, versos 821-935), Lope se sirve de modelos latinos, reelaborando «un t&#x00F3;pico arc&#x00E1;dico que se puede retrotraer a los <italic>Idilios</italic> de Te&#x00F3;crito, a Bion y, ciertamente, a la <italic>&#x00C9;gloga II</italic> de Virgilio y al libro XIII de las <italic>Metamorfosis</italic> de Ovidio» (p&#x00E1;gina 47); es evidente, por tanto, que el editor del <italic>Isidro</italic> y el autor de Todos son hojas: <italic>literatura e historia natural en el Barroco espa&#x00F1;ol</italic>, coinciden en se&#x00F1;alar el protagonismo indiscutible de la ret&#x00F3;rica en la g&#x00E9;nesis y desarrollo de estas formas compositivas tan caracter&#x00ED;sticas de finales del Quinientos y de los primeros a&#x00F1;os del Seiscientos. En este pasaje se muestra, paradigm&#x00E1;tico, el modo de composici&#x00F3;n en <italic>ramilletes</italic> y bodegones tan propio del Barroco y caracter&#x00ED;stico no s&#x00F3;lo del F&#x00E9;nix, como se&#x00F1;ala el propio S&#x00E1;nchez Jim&#x00E9;nez en su edici&#x00F3;n del <italic>Isidro</italic>, a cuyas tres causas principales bien pudiera unirse la del inter&#x00E9;s cient&#x00ED;fico por la naturaleza analizado en la obra que rese&#x00F1;amos, y que explica el tr&#x00E1;nsito del humanismo renacentista a la moderna taxonom&#x00ED;a linneana alumbradora de la moderna bot&#x00E1;nica. As&#x00ED; lo expresa John Slater en los dos p&#x00E1;rrafos que cierran la conclusi&#x00F3;n del estudio introductorio: </p>
				
				<p>“Los elementos de la est&#x00E9;tica fitol&#x00F3;gica —la enumeraci&#x00F3;n de plantas y la proliferaci&#x00F3;n de especies, su protagonismo en obras de arte y de literatura, el uso de la alegor&#x00ED;a bot&#x00E1;nica— apuntan todos ellos hacia un renovado inter&#x00E9;s por el mundo natural, que es bastante m&#x00E1;s que un simple inter&#x00E9;s documental y taxon&#x00F3;mico. Pero durante mucho tiempo se ha prestado poca atenci&#x00F3;n a las intersecciones entre la historia natural y la literatura del Siglo de Oro, al igual que a la propia historia de la bot&#x00E1;nica. Sin embargo, como hemos visto en este estudio, y m&#x00E1;s claramente a&#x00FA;n en el diccionario, el inter&#x00E9;s por las flores es uno de los rasgos que definen el Barroco hispano.
				La est&#x00E9;tica fitol&#x00F3;gica no significa, como ya he dicho, una ruptura radical con el pasado, sino que es una forma de ver, desde unos intereses semejantes, el convencionalismo de la rosa y la novedad de la maravilla. En los estudios hist&#x00F3;ricos sobre las relaciones entre literatura e historia natural hay pocos signos de modernidad f&#x00E1;cilmente cuantificables como los que se encuentran en las comparaciones entre literatura y cosmolog&#x00ED;a: no hay ninguna prueba tan simple como la relativa a si un autor cree en el universo geoc&#x00E9;ntrico o en el helioc&#x00E9;ntrico. En lugar de ello, podemos encontrar momentos de exuberancia en medio de las crisis econ&#x00F3;micas y militares del siglo XVII, celebraciones a la flora americana ante las dificultades coloniales, y un enorme inter&#x00E9;s por la naturaleza frente al colapso cient&#x00ED;fico” (p&#x00E1;ginas 72-73).</p>

				<p>Cierra el profesor Slater este segundo bloque literario con el sexto y &#x00FA;ltimo cap&#x00ED;tulo, «La <italic>res herbaria</italic> y la <italic>res publica</italic>», en el cual repasa los cambios producidos durante el Barroco en los significados aleg&#x00F3;ricos y simb&#x00F3;licos de las plantas, bajo tres aspectos fundamentales: </p>
				
				<p>1. Los m&#x00FA;ltiples significados de las plantas<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>,</p>
				<p>2. El protagonismo de las plantas, y</p>
				<p>3. Los significados de las plantas y la alegor&#x00ED;a pol&#x00ED;tica.</p>
				
				<p>Los tres est&#x00E1;n muy presentes especialmente en los autos sacramentales, donde el valor aleg&#x00F3;rico y las isotop&#x00ED;as fitol&#x00F3;gicas llegan a vertebrar el significado de obras enteras en su conjunto: «el auto es un ramillete visual y aleg&#x00F3;rico que depende de la capacidad de la audiencia para reconocer y leer la gram&#x00E1;tica de las flores<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref>» (p&#x00E1;gina 68). Los significados de las flores, como parte no material de sus nombres, no fueron impuestos por el hombre, como en el caso de los animales, sino que emanan directamente de Dios, como quedo apuntado al principio de esta rese&#x00F1;a, y por tanto no s&#x00F3;lo la nomenclatura, sino tambi&#x00E9;n, y sobre todo, sus valores simb&#x00F3;licos tienen algo de divino, de modo que permiten leer la naturaleza como una suerte de emblema realizado por el Creador en el principio de los tiempos, cuando «(8) plantaverat autem Dominus Deus paradisum voluptatis a principio in quo posuit hominem quem formaverat (9) produxitque Dominus Deus de humo omne lignum pulchrum visu et ad vescendum suave […] tulit ergo Dominus Deus hominem et posuit eum in paradiso voluptatis ut operaretur et custodiret illum».</p>
				</sec>
				
		
	</body>

	<back>
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
			<fn-group>
				
					<fn id="NOTE01"><label>1</label>
					<p>«(11) et ait germinet terra herbam virentem et facientem semen et lignum pomiferum faciens fructum iuxta genus suum cuius semen in semet ipso sit super terram et factum est ita (12) et protulit terra herbam virentem et adferentem semen iuxta genus suum lignumque faciens fructum et habens unumquodque sementem secundum speciem suam et vidit Deus quod esset bonum (13) factumque est vespere et mane dies tertius» (Vulgata, G&#x00E9;nesis, cap&#x00ED;tulo 1).</p></fn>

					<fn id="NOTE02"><label>2</label>
					<p>«(4b) in die quo fecit Dominus Deus caelum et terram (5) et omne virgultum agri antequam oreretur in terra omnemque herbam regionis priusquam germinaret non enim pluerat Dominus Deus super terram et homo non erat qui operaretur terram (6) sed fons ascendebat e terra inrigans universam superficiem terrae (7) formavit igitur Dominus Deus hominem de limo terrae» (Vulgata, G&#x00E9;nesis, cap&#x00ED;tulo 2).</p>.</fn>

					 <fn id="NOTE03"><label>3</label>
					<p>«(8) plantaverat autem Dominus Deus paradisum voluptatis a principio in quo posuit hominem quem formaverat (9) produxitque Dominus Deus de humo omne lignum pulchrum visu et ad vescendum suave […] tulit ergo Dominus Deus hominem et posuit eum in paradiso voluptatis ut operaretur et custodiret illum» (Vulgata, G&#x00E9;nesis, cap&#x00ED;tulo 2).</p></fn>

					<fn id="NOTE04"><label>4</label>
					<p>«(19) formatis igitur Dominus Deus de humo cunctis animantibus terrae et universis volatilibus caeli adduxit ea ad Adam ut videret quid vocaret ea omne enim quod vocavit Adam animae viventis ipsum est nomen eius (20) appellavitque Adam nominibus suis cuncta animantia et universa volatilia caeli et omnes bestias terrae Adam vero non inveniebatur adiutor similis eius» (Vulgata, G&#x00E9;nesis, cap&#x00ED;tulo 2).</p></fn>

					<fn id="NOTE05"><label>5</label>
					<p>«Hist&#x00F3;ricamente estos significados han sido objeto de enormes cambios. Por ejemplo, la violeta en la <italic>Psychomachia</italic> de Prudencio es un arma de la sensual Lujuria, pero durante el Renacimiento fue un s&#x00ED;mbolo de la humildad. No obstante, la tendencia a utilizar m&#x00FA;ltiples significados a un mismo tiempo es, con mucho, una innovaci&#x00F3;n del Barroco» (p&#x00E1;gina 63).</p></fn>

					<fn id="NOTE06"><label>6</label>
					<p>«Este c&#x00F3;digo no es […] un producto de la invenci&#x00F3;n humana, sino que se escribe en la naturaleza por Dios para que lo descubran los humanos» (<italic>ibidem</italic>).</p></fn> 
	
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