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				<journal-title>Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
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					<subject>Rese&#xf1;as / Book reviews</subject>
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				<source>Horrores cercanos. Guerra e innovaci&#xf3;n humanitaria en la Espa&#xf1;a contempor&#xe1;nea, 1860-1939</source>
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		<p>Javier Mart&#xed;nez Antonio, especialista en historia de la medicina en la Universidad de Zaragoza coordina este interesante libro, de t&#xed;tulo sugestivo, en el que participan principalmente, aunque no solo, otros estudiosos en este &#xe1;mbito y en el de la historia de la ciencia o de la enfermer&#xed;a con contribuciones que tienen en com&#xfa;n inscribirse en un marco cronol&#xf3;gico bien definido, 1860-1939 en el que Espa&#xf1;a se vio involucrada en varias guerras civiles. Otros puntos en com&#xfa;n estar&#xed;an en el influjo que, sobre todo desde la creaci&#xf3;n del Comit&#xe9; Internationale de la Croix Rouge en 1863 comenz&#xf3; a tener el derecho humanitario o las intervenciones de ese car&#xe1;cter en el devenir b&#xe9;lico europeo, pero tambi&#xe9;n espa&#xf1;ol. En el libro se concede, adem&#xe1;s, una sobresaliente atenci&#xf3;n al periodo de la Guerra Civil de 1936-1939.</p>
		<p>Jon Arrizabalaga y Guillermo S&#xe1;nchez-Mart&#xed;nez, pulsando esa tecla humanitaria e internacionalista se ocupan de la gesti&#xf3;n de cad&#xe1;veres en las campa&#xf1;as militares (la &#xab;sepultura racional de los muertos&#xbb;), particularmente mort&#xed;feras que ocurrieron en el continente europeo y americano &#x2013;Guerra de Secesi&#xf3;n&#x2013; entre 1851-1889 de forma que el tratamiento de los cuerpos de los soldados fallecidos &#x2013;y de los espacios ocupados por los cad&#xe1;veres&#x2013; estuvo muy presente en los congresos de las sociedades de socorros a enfermos y heridos en campa&#xf1;a siendo, adem&#xe1;s, uno de los factores que llev&#xf3; a la creaci&#xf3;n de la Cruz Roja bajo el influjo del &#xab;internacionalismo humanitario&#xbb; aqu&#xed; estudiado. Los autores revisan los debates suscitados sobre estas problem&#xe1;ticas en dichas reuniones internacionales y ponen el foco en el m&#xe9;dico militar espa&#xf1;ol Nicasio Landa, relator en uno de estos congresos para asuntos como el de la identificaci&#xf3;n de los cad&#xe1;veres.</p>
		<p>Juan Carlos Garc&#xed;a Reyes rastrea esta veta humanitaria en el otro lado del Atl&#xe1;ntico, en Cuba, entre 1895-1898, a trav&#xe9;s del estudio de las cr&#xf3;nicas enviadas por varios periodistas estadounidenses. Se trataba ya de un contexto propicio para que apareciera la figura del periodista especializado en cubrir los conflictos b&#xe9;licos, el <italic>corresponsal de guerra</italic>, con la misi&#xf3;n de transmitir noticias, cr&#xf3;nicas que no ten&#xed;an por qu&#xe9; coincidir con la versi&#xf3;n facilitada por las partes en conflicto. Aspiraban, pues a moverse en un espacio de neutralidad, subrayada por su condici&#xf3;n, buscada, de &#xab;no combatientes&#xbb;. De ese modo acabar&#xed;an por convertirse en agentes muy eficaces para la difusi&#xf3;n de sentimientos humanitarios en la sociedad.</p>
		<p>Es en este marco en el que se inscribe el estudio de la construcci&#xf3;n de una narrativa de ese signo, en la prensa estadounidense de la mano de las corresponsal&#xed;as enviadas desde Cuba por periodistas o ilustradores como James Creelman, Richard Harding Davis, Stephen Crane o Frederic Remington que van a transmitir a sus diarios v&#xed;vidas cr&#xf3;nicas sobre las atrocidades espa&#xf1;olas o, por el contrario sobre la valent&#xed;a y hero&#xed;smo de los insurgentes, todo ello acompa&#xf1;ado de una visi&#xf3;n paternalista de estos &#xfa;ltimos, que estar&#xed;an necesitados entonces de gu&#xed;a y protecci&#xf3;n (lo que justificar&#xed;a la posterior tutela por la potencia americana).</p>
		<p>El propio coordinador del volumen y Alejandra de Leiva P&#xe9;rez se adentran por su parte en un asunto novedoso, como es el de los inicios de la transfusi&#xf3;n sangu&#xed;nea en Espa&#xf1;a que encontr&#xf3; un ambiente propicio en la guerra de Marruecos, pese a que la atenci&#xf3;n, hasta ahora se hab&#xed;a depositado en la Guerra Civil de 1936-39, habi&#xe9;ndose obviado las experiencias realizadas en conflictos anteriores, como el del Rif (1921-1927). Es justamente de este acontecimiento y de su impacto en la sanidad militar &#x2013;y de Cruz Roja&#x2013; de lo que tratan los autores, resaltando la figura del m&#xe9;dico Mariano G&#xf3;mez Ulla para el que hab&#xed;an sido decisivas sus prolongadas estancias en Francia durante la Primera Guerra. </p>
		<p>El conflicto marroqu&#xed;, pese a ser enfocado como una <italic>small war</italic>, ocasion&#xf3; un gran n&#xfa;mero de muertos y heridos y, adem&#xe1;s, a partir del Desastre de Annual cambi&#xf3; de escala, lo que se tradujo en un salto cuantitativo en la cifra de pacientes a los que tuvo que atender la sanidad militar, de bastante mayor gravedad, adem&#xe1;s. En este contexto la pr&#xe1;ctica de la transfusi&#xf3;n debi&#xf3; estar ya bastante extendida, aunque no se cre&#xf3; todav&#xed;a un servicio espec&#xed;fico y su uso estuvo guiado en ocasiones por ideas err&#xf3;neas como la de que la transfusi&#xf3;n era un tratamiento muy adecuado para los casos de septicemia. A falta aun de una reglamentaci&#xf3;n creen los autores que el recurso a esta t&#xe9;cnica se debi&#xf3; al empe&#xf1;o personal de G&#xf3;mez Ulla desde su cargo de director de los servicios de cirug&#xed;a del ej&#xe9;rcito de operaciones de Marruecos, una labor que llev&#xf3; a cabo a trav&#xe9;s de los denominados &#xab;equipos &#x2013;luego, centros&#x2013; quir&#xfa;rgicos&#xbb; (ayudado por Leandro Mart&#xed;n Santos).</p>
		<p>Javier Mart&#xed;nez Antonio estudia tambi&#xe9;n otra derivaci&#xf3;n del conflicto marroqu&#xed; y de la respuesta dada por la medicina: nos referimos a la guerra qu&#xed;mica tan importante entre 1914 y 1918 y que tras el descalabro de Annual el ej&#xe9;rcito espa&#xf1;ol comenz&#xf3; a poner en marcha, lo que tuvo sus repercusiones en la sanidad militar, ya que se hizo necesario dotarse de una primera organizaci&#xf3;n sanitaria adaptada a los heridos de guerra por gases, en lo que jugar&#xed;a un papel relevante el comandante m&#xe9;dico Felipe P&#xe9;rez Feito cuya trayectoria le permite al autor empezar a colmar el desconocimiento casi completo que se ten&#xed;a sobre esta otra dimensi&#xf3;n de la guerra en el Protectorado. El hecho de que se hubiera acreditado ya como experto en el tema explica que cuando fue destinado de nuevo a Marruecos, en 1924, de le asignaran cometidos relacionados con esa cualificaci&#xf3;n, tanto m&#xe1;s cuanto que el uso de armas qu&#xed;micas &#x2013;caso de la iperita o gas mostaza&#x2013; ascendi&#xf3; de escala en las operaciones dirigidas a someter y castigar a la poblaci&#xf3;n rife&#xf1;a. M&#xe1;s tarde, ya en la pen&#xed;nsula, publicar&#xed;a la que ser&#xed;a la gran obra de referencia sobre el tema, el <italic>Tratado completo de guerra qu&#xed;mica (materiales, empleo t&#xe1;ctico y protecci&#xf3;n)</italic>, de 1930. Con la Rep&#xfa;blica se implic&#xf3; en los primeros intentos de emplear gases para el control del orden p&#xfa;blico que, desde su perspectiva tendr&#xed;an tras de s&#xed; un enfoque &#xab;pacifista&#xbb; de la guerra qu&#xed;mica que explica asimismo las iniciativas de este m&#xe9;dico en orden a dar a conocer nociones esenciales, tanto te&#xf3;ricas como pr&#xe1;cticas de protecci&#xf3;n civil frente a los efectos de este tipo de arma (estaba muy en contacto con la Cruz Roja). El estudio, no obstante, de su papel durante la Guerra del 36-39, Mart&#xed;nez Antonio lo reserva para otra publicaci&#xf3;n.</p>
		<p>Pablo Larraz And&#xed;a trata de las innovaciones cient&#xed;ficas, sociales y log&#xed;sticas en el hospital &#x2013;carlista&#x2013; Alfonso Carlos, de Pamplona, entre 1936-1939. Con ello, adem&#xe1;s, el libro se abre a este periodo crucial desde el punto de vista b&#xe9;lico, sanitario y humanitario.</p>
		<p>Dicho centro, de gran envergadura (pasaron por &#xe9;l m&#xe1;s de 32.700 soldados) cont&#xf3; con un equipo bastante completo de facultativos entre los que destacan Andr&#xe9;s Mart&#xed;nez Vargas y Antonio Simonena Zabalegui. Pero quiz&#xe1;s lo que m&#xe1;s destaca es el numeroso contingente de enfermeras voluntarias &#x2013;m&#xe1;s de 300&#x2013; que trabaj&#xf3; en sus treinta y tres salas que proced&#xed;an de la amplia red de asociaciones de <italic>Margaritas</italic> que exist&#xed;an en Navarra. Es en esta dimensi&#xf3;n de la enfermer&#xed;a voluntaria en la que ahonda el texto de Larraz se&#xf1;alando, ante la falta de asociadas tituladas, c&#xf3;mo la directora del personal femenino puso en marcha una campa&#xf1;a para captar a j&#xf3;venes de toda Navarra dispuestas a trabajar como auxiliares en el centro y all&#xed; recibir una formaci&#xf3;n acelerada que les permitiera, tras un examen, recibir el t&#xed;tulo oficial de enfermera. Valora as&#xed; la experiencia como un interesante camino de promoci&#xf3;n de la mujer, palpable asimismo en otros servicios del hospital. Es cierto, de todos modos, que esta promoci&#xf3;n profesional quedar&#xed;a truncada al concluir la Guerra Civil e imponerse un modelo femenino que no era compatible con el trabajo extradom&#xe9;stico. </p>
		<p>Carlos Herv&#xe1;s Puyal se ocupa de los campos de trabajo (<italic>camps de treball</italic>) catalanes, entre los a&#xf1;os 1938-1939 abordando principalmente la atenci&#xf3;n sanitaria recibida por los internados en un marco de gran dureza. Se trataba de campos cuya gesti&#xf3;n llevaba el Servicio de informaci&#xf3;n militar (SIM) creado en 1937 por Indalecio Prieto y que devino en un organismo represivo en manos del Partido Comunista. En Catalu&#xf1;a hubo seis de estos campos siendo su finalidad m&#xe1;s probable la de fortificar ciertas zonas del territorio que presumiblemente pudieran ser objetivos para el enemigo.</p>
		<p>Aunque no existe pr&#xe1;cticamente documentaci&#xf3;n sobre ellos, el autor ha reconstruido la organizaci&#xf3;n de que se dotaron (poder absoluto del director), ha diferenciado, seg&#xfa;n sus situaciones procesales o adscripci&#xf3;n pol&#xed;tica o sexual a los internados, ha descrito la extrema dureza de la vida y lo agotador del trabajo, que queda muy patente en los datos que ofrece del campo n.&#xba; 3 (Els Omelles de Na Gaia), dirigido de forma siniestra por Manuel Astorga Vayo, para luego centrarse en la atenci&#xf3;n sanitaria, merced a un informe del propio director contrastado con el testimonio de algunos m&#xe9;dicos, presos tambi&#xe9;n, como Joan Pujol o Joan Argem&#xed; (entonces practicante) que ofrecen una visi&#xf3;n mucho m&#xe1;s cruda de las instalaciones y de las dolencias que hubieron de atender.</p>
		<p>La internacionalizaci&#xf3;n de la Guerra espa&#xf1;ola desde una perspectiva sanitaria la afronta Xavier Garc&#xed;a Ferrandis al estudiar las evacuaciones de refugiados partidarios de los sublevados (aunque no todos, pues tambi&#xe9;n hab&#xed;a republicanos moderados) desde las sedes diplom&#xe1;ticas, en Madrid, a Valencia y Marsella, un asunto que, salvo excepciones hab&#xed;a sido poco estudiado. Para cubrir en parte esta laguna el autor nos ofrece un estudio de caso, el de los refugiados en el Liceo Franc&#xe9;s de la capital espa&#xf1;ola. El hacinamiento en aulas convertidas en dormitorios, la falta de agua, el fr&#xed;o invernal, la escasez de alimentos, de higiene, daban un cuadro muy propicio para enfermedades carenciales debidas a la avitaminosis que pod&#xed;an derivar en epidemias como el tifus (desde Francia se enviaron 3.000 dosis de vacuna antit&#xed;fica para prevenirla).</p>
		<p>El estudio se ocupa luego de las evacuaciones desde Madrid a Valencia, donde recalaban en el Liceo Franc&#xe9;s de aquella ciudad, los retrasos en el embarque por la falta de transporte mar&#xed;timo, las detenciones de refugiados varones en edad militar. Tambi&#xe9;n de las gestiones de la Cruz Roja para lograr de la embajada brit&#xe1;nica o directamente del Foreign Office barcos en los que llevar hasta Marsella a los refugiados, una tarea que se realiz&#xf3; a trav&#xe9;s del buque-hospital <italic>Maine</italic>.</p>
		<p>El Hospital militar de la localidad aragonesa de Calamocha y la asistencia a los heridos y enfermos de la batalla de Teruel &#x2013;diciembre de 1937 a febrero de 1938&#x2013; son el objeto del texto de Manuel Galindo Dob&#xf3;n y &#xc0;lvar Mart&#xed;nez-Vidal que han podido contar con una interesante documentaci&#xf3;n, consistente en tres mil fichas de heridos y enfermos que se guardan en el Archivo Municipal de aquel municipio. Los autores dan por hecho que el centro contaba con cirujanos (hab&#xed;a un equipo quir&#xfa;rgico dotado de medios para practicar transfusiones), m&#xe9;dicos, practicantes, auxiliares, camilleros, adem&#xe1;s de enfermeras seglares, algunas de ellas afiliadas a Falange.</p>
		<p>Galindo y Mart&#xed;nez-Vidal aprovechan muy bien el material de las fichas encontradas para ofrecer un perfil de los pacientes, en su mayor&#xed;a soldados rasos del ej&#xe9;rcito franquista, cuyo ingreso en el hospital ocurri&#xf3; en sus dos terceras partes durante la batalla de Teruel (el pico se alcanz&#xf3; entre el 14 y el 18 de febrero de 1938), en el tipo de lesiones, en la duraci&#xf3;n de la estancia, menor durante la batalla en cuesti&#xf3;n para conseguir una r&#xe1;pida rotaci&#xf3;n de las camas, entre otros aspectos.</p>
		<p>Diferencian los autores en su an&#xe1;lisis de los pacientes, de los heridos por traumatismos (causados sobre todo por arma de fuego o por metralla) y los enfermos clasificados seg&#xfa;n distintas categor&#xed;as y su peso en el conjunto: respiratorias, gastrointestinales, reumatol&#xf3;gicas, &#xab;fiebres de trinchera&#xbb;, sarna, de gran incidencia en este caso durante la batalla de Teruel. Les llama la atenci&#xf3;n en cambio, dada la intensidad del fr&#xed;o reinante, el escaso porcentaje de congelaciones, pero porque seguramente los enfermos por esta causa fueron derivados directamente a otros centros.</p>
		<p>El &#xfa;ltimo trabajo, tambi&#xe9;n referido a la Guerra Civil, a cargo de Anna La Torre, se ocupa de las enfermeras de la Cruz Roja italiana venidas a Espa&#xf1;a para atender prioritariamente a los miembros del Corpo Truppe Volontarie (CTV). Con ello refuerza el sesgo de g&#xe9;nero presente ya en el libro (el texto de Pablo Larraz), o la inserci&#xf3;n en un marco internacional (o transnacional) de los conflictos espa&#xf1;oles. El inter&#xe9;s de este cap&#xed;tulo aumenta por la fuente utilizada, los diarios de las propias enfermeras que arrojan luz sobre sus sentimientos y emociones, la circulaci&#xf3;n de los hechos culturales, entre otros aspectos.</p>
		<p>Encuadradas en una Cruz Roja italiana completamente alineada con el gobierno fascista, estas enfermeras comenzaron ya en julio de 1936 a desarrollar su labor en los barcos-hospital (como el <italic>Aquileia</italic>) aunque posteriormente, junto con los sanitarios masculinos actuar&#xed;an tambi&#xe9;n en las zonas de operaciones. As&#xed;, en febrero de 1937 partir&#xed;an de G&#xe9;nova a los frentes espa&#xf1;oles las primeras seis voluntarias, un t&#xe9;rmino que significa que no cobraban sueldo, lo que tambi&#xe9;n explica que tuvieran por lo general una procedencia social acomodada. Otro dato de inter&#xe9;s es que la misi&#xf3;n a desarrollar era secreta debido a las fuertes tensiones, ya desde la guerra en Etiop&#xed;a con los &#xf3;rganos rectores dela Cruz Roja internacional.</p>
		<p>Quiz&#xe1;s la aportaci&#xf3;n m&#xe1;s relevante del texto de Anna La Torre sea el recurso a diarios y postales de estas mujeres (Ina Moretti, Alma Giola) en los que aparece de forma muy clara el secretismo de su labor en Espa&#xf1;a, un marcado sentimiento corporativo (entre ellas se llamaban &#xab;hermanas&#xbb;), su compenetraci&#xf3;n con la marcha de la contienda desde la &#xf3;ptica de los sublevados, la presencia de la fe cat&#xf3;lica, que siempre va de la mano de la adhesi&#xf3;n al fascismo. Aunque en algunos testimonios, como el de Maria Solari no falta una nota humana, compasiva como en su visita a una c&#xe1;rcel para presas pol&#xed;ticas en Madrid, en 1939.</p>
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