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				<journal-title>Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Asclepio</abbrev-journal-title>
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			<issn publication-format="print">0210-4466</issn>
			<issn publication-format="electronic">1988-3102</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#xed;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">asclepio.2023.02</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/asclepio.2023.02</article-id>
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				<subj-group subj-group-type="heading">
					<subject>Art&#xed;culos</subject>
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					<subject>Dosier: acercamientos hist&#xf3;ricos a las relaciones terap&#xe9;uticas / Dossier: historical approaches to therapeutic relationships</subject>
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				<article-title>La medicina de los ni&#xf1;os. Las peculiaridades pedi&#xe1;tricas de la relaci&#xf3;n m&#xe9;dico-enfermo en Espa&#xf1;a (1880-1960)</article-title>
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					<trans-title>Medicine of children. Pediatric peculiarities of the doctor-patient relationship in Spain (1880-1960)</trans-title>
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				<contrib contrib-type="author" corresp="yes">
					<contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-7870-4185</contrib-id>
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						<surname>Ballester A&#xf1;&#xf3;n</surname>
						<given-names>Rosa</given-names>
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					<aff id="aff1"><institution>Universidad Miguel Hern&#xe1;ndez</institution></aff>
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			<pub-date pub-type="epub">
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			<issue>1</issue>
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					<license-p>Este es un art&#xed;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#xe9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#xf3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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			<abstract>
				<title>Resumen</title>
				<p> La aparici&#xf3;n del especialismo pedi&#xe1;trico en el siglo XIX y primeras d&#xe9;cadas del XX, fue un proceso muy complejo que oblig&#xf3; a reformular aspectos de la ciencia y, sobre todo, de la pr&#xe1;ctica m&#xe9;dica. La necesidad de hacer frente a los problemas de un paciente peculiar, con unos rangos de edad que hab&#xed;a que definir y cuyas caracter&#xed;sticas singulares eran las de ser un organismo en fase de crecimiento y desarrollo, planteaba unos retos nuevos a estos nuevos profesionales, entre ellos, la relaci&#xf3;n que hab&#xed;a que establecer con la madre y la familia. A esta tarea se enfrentaron los nuevos especialistas, que pusieron todo su empe&#xf1;o en transmitir sus experiencias a las nuevas generaciones de profesionales lo que supuso, por un lado, abordar las enfermedades infantiles desde nuevas perspectivas y por otro, legitimar su posici&#xf3;n de expertos.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p> The appearance of pediatric specialization in the 19th century and the first decades of the 20th was a very complex process that forced the reformulation of aspects of science and, above all, of medical practice. The need to deal with the problems of a peculiar patient, with age ranges that had to be defined and whose specific characteristics were that of being an organism in a phase of growth and development, posed new challenges for these new professionals. This task was faced by the new specialists, who made every effort to transmit their experiences to the new generations of professionals, which meant, on the one hand, addressing childhood diseases from new perspectives and, on the other, legitimizing their position as experts.</p>
			</trans-abstract>
			<kwd-group>
				<kwd>Relaci&#xf3;n m&#xe9;dico-enfermo</kwd>
				<kwd>Pediatr&#xed;a</kwd>
				<kwd>Espa&#xf1;a</kwd>
				<kwd>Siglos XIX y XX</kwd>
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				<kwd>Doctor-patient relationship</kwd>
				<kwd>Pediatrics</kwd>
				<kwd>Spain</kwd>
				<kwd>19th-20th centuries</kwd>
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	<body>
		<sec id="sec1" sec-type="intro">
			<title>Introducci&#xf3;n</title>
			<disp-quote>
				<p>El pediatra es el m&#xe9;dico de los ni&#xf1;os, el psic&#xf3;logo de los padres y el psiquiatra de los abuelos porque se vuelven locos por los nietos (Jos&#xe9; Jord&#xe1;n Rodr&#xed;guez, pediatra cubano, 1920-2006).</p>
			</disp-quote>
			<p> Las palabras de Jord&#xe1;n, a quien se le concedi&#xf3; en el centenario de la fundaci&#xf3;n de la Organizaci&#xf3;n Panamericana de Salud (2002) el nombramiento de &#x201c;H&#xe9;roe de la Salud P&#xfa;blica de las Am&#xe9;ricas&#x201d;, representan una determinada visi&#xf3;n de los pediatras y, sobre todo, reflejan, con un lenguaje coloquial, la amplitud de las relaciones entre m&#xe9;dicos, pacientes y sus entornos familiares y de otro tipo, cuando el enfermo al que nos estamos refiriendo es una criatura. De hecho, como un ejemplo de esta particularidad, las sociedades cient&#xed;ficas especializadas como, en nuestro entorno, la Asociaci&#xf3;n Espa&#xf1;ola de Pediatr&#xed;a (AEP), tiene una entrada especial en su p&#xe1;gina oficial denominada &#x201c;En familia, Escrito por pediatras, pensado para las familias&#x201d;. </p>
			<p> No son pocas las reflexiones de pediatras actuales quienes, en diferentes modalidades comunicativas, hacen referencia e intentan explicar, desde sus propias experiencias, ese tipo de relaci&#xf3;n y, sobre todo, como deber&#xed;a ser, en la doble vertiente cient&#xed;fica y &#xe9;tica, el encuentro cl&#xed;nico (<xref ref-type="bibr" rid="B8">Cruz Hern&#xe1;ndez, 2004</xref>). Una de las orientaciones, por ejemplo, insiste en dos ideas, en alguna medida, innovadoras: en primer lugar, que el ni&#xf1;o es el principal protagonista como paciente, por lo que la entrevista, con todas sus etapas es con &#xe9;l y no con sus padres, aunque el familiar es necesario para enriquecer la informaci&#xf3;n y guiar el tratamiento. En segundo t&#xe9;rmino, que es preciso ense&#xf1;ar al ni&#xf1;o qu&#xe9; hacer ante su problema de salud porque debe hacerse responsable del mismo y porque hay que prepararlo para asumir actitudes adecuadas hacia el mantenimiento de su salud y a ser responsable en el caso que enferme, no solo en la ni&#xf1;ez, sino en etapas posteriores de la vida (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Rodr&#xed;guez Arce, 2008</xref>). Otra perspectiva es la relativa a los componentes espec&#xed;ficos de esta relaci&#xf3;n y los problemas &#xe9;ticos subyacentes en el caso de la participaci&#xf3;n de ni&#xf1;os y ni&#xf1;as en investigaciones cl&#xed;nicas (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Luchtenberg, <italic>et al</italic>. 2020</xref>).</p>
			<p> La salud de la infancia es, en los &#xfa;ltimos treinta a&#xf1;os, un asunto ejemplar en la historiograf&#xed;a contempor&#xe1;nea, como se pone de relieve por la cantidad y calidad de los trabajos publicados, la celebraci&#xf3;n de reuniones espec&#xed;ficamente referidas a esta cuesti&#xf3;n a nivel nacional e internacional, y el inter&#xe9;s que ha despertado y que puede verse reflejado en n&#xfa;meros de revistas especializadas y monograf&#xed;as (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Rodr&#xed;guez Oca&#xf1;a, 2003</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B20">Perdiguero, 2004</xref>). Como hemos tenido ocasi&#xf3;n de analizar en otras ocasiones (<xref ref-type="bibr" rid="B3">Ballester y Balaguer, 1995</xref>), en torno a los a&#xf1;os veinte del siglo pasado, mediante un proceso iniciado en las &#xfa;ltimas d&#xe9;cadas del siglo XIX, la infancia llega a ser considerada un objeto valioso y un problema social. El discurso m&#xe9;dico atribuye a las criaturas un cat&#xe1;logo de caracter&#xed;sticas que conforman, en su conjunto, un modelo ideal dentro del &#xe1;mbito familiar y dom&#xe9;stico. Cuidado, protecci&#xf3;n e intervenci&#xf3;n es la tr&#xed;ada que subyace en las luchas sanitarias en pro de la salud y el bienestar infantiles, como ha sido analizado para el caso de Espa&#xf1;a (<xref ref-type="bibr" rid="B24">Rodr&#xed;guez Oca&#xf1;a, 2021</xref>). </p>
			<p> Existe una amplia bibliograf&#xed;a que puede consultarse en los trabajos de conjunto citados arriba y que est&#xe1; focalizada preferentemente en aspectos relativos a la higiene y la salud p&#xfa;blica, en todas sus vertientes desde las figuras m&#xe1;s significativas a instituciones de todo tipo (como las gotas de leche), legislaci&#xf3;n, movimientos de protecci&#xf3;n a la infancia, las escuelas de puericultura, los servicios de medicina escolar, o el papel jugado por las madres y por diferentes figuras femeninas como maestras y enfermeras en la promoci&#xf3;n de la salud infantil (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Galiana, 2021</xref>). Son de referencia obligada las historias de la pediatr&#xed;a en Espa&#xf1;a desde la pionera obra de Granjel (<xref ref-type="bibr" rid="B25">S&#xe1;nchez Granjel, 1965</xref>), a las m&#xe1;s recientes (<xref ref-type="bibr" rid="B14">L&#xf3;pez Pi&#xf1;ero y Brines, 2009</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B29">Zafra Anta y Garc&#xed;a Nieto, 2016</xref>), donde aparecen reflejados los principales hitos en el desarrollo tanto de los aspectos acad&#xe9;micos, como fue la creaci&#xf3;n de la primera c&#xe1;tedra de &#x201c;Enfermedades de la infancia y su cl&#xed;nica&#x201d; (Francisco Criado Aguilar, Universidad Central de Madrid, 1886), como en lo referente a los inicios de instituciones asistenciales propias (Hospital del Ni&#xf1;o Jes&#xfa;s de Madrid, 1877), la aparici&#xf3;n de las primeras revistas, el asociacionismo o los primeros congresos espa&#xf1;oles de Pediatr&#xed;a (Palma de Mallorca, 1914). En el entorno de las sociedades cient&#xed;ficas pedi&#xe1;tricas, como la AEP, en el caso espa&#xf1;ol, se est&#xe1; llevando a cabo una encomiable labor en sus actividades y publicaciones relativas a la historia de la pediatr&#xed;a.</p>
			<p> Nuestro objetivo en el presente estudio aborda un aspecto menos conocido, el del encuentro cl&#xed;nico en la pediatr&#xed;a espa&#xf1;ola a lo largo del proceso de institucionalizaci&#xf3;n y consolidaci&#xf3;n de la especialidad entre las &#xfa;ltimas d&#xe9;cadas del siglo XIX y los a&#xf1;os sesenta del siglo XX, cuando, entre otras cosas, comienzan a surgir en Espa&#xf1;a las subespecialidades pedi&#xe1;tricas, proceso paralelo al desarrollo de la Pediatr&#xed;a hospitalaria en la Seguridad Social (<xref ref-type="bibr" rid="B29">Zafra Anta y Garc&#xed;a Nieto, 2016</xref>). A trav&#xe9;s de una selecci&#xf3;n de fuentes variadas, fundamentalmente monograf&#xed;as y tratados originales o traducidos de otros idiomas, en especial del franc&#xe9;s y del alem&#xe1;n, obras de referencia y art&#xed;culos de algunas de las revistas especializadas de ese periodo, vamos a analizar las caracter&#xed;sticas de la relaci&#xf3;n entre el pediatra y el ni&#xf1;o o ni&#xf1;a como paciente. Previamente, de forma sumaria, nos acercaremos al contexto en el que esta relaci&#xf3;n m&#xe9;dico-paciente tuvo lugar, para pasar a explorar la figura del m&#xe9;dico de ni&#xf1;os y la particularidad de la interacci&#xf3;n de esta relaci&#xf3;n en estas etapas de la vida y el papel de la familia como mediadoras en este encuentro. De este modo pretendemos contribuir al mejor conocimiento de la historia de la relaci&#xf3;n entre paciente y profesional sanitario en estas etapas de la vida humana.</p>
		</sec>
		<sec id="sec2" sec-type="cases">
			<title>El contexto. Los m&#xe9;dicos de ni&#xf1;os. El caso de Espa&#xf1;a</title>
			<p> El redescubrimiento de la infancia en las nuevas orientaciones de principios de siglo XX part&#xed;a de dos supuestos distintos. En primer lugar, que hab&#xed;a que situarlos en su justo lugar en el entramado social y este no era otro que el considerado ideal dentro del &#xe1;mbito familiar de los estratos medios y acomodados, en definitiva, que hab&#xed;a que pasar del ni&#xf1;o trabajador al ni&#xf1;o escolar. Ello significaba que, por primera vez, se entend&#xed;a que todos los ni&#xf1;os deb&#xed;an volver al lugar que les era propio y que su vida, literalmente, no ten&#xed;a precio. </p>
			<p> El segundo de los supuestos supone tambi&#xe9;n la transmutaci&#xf3;n del &#x201c;ni&#xf1;o rom&#xe1;ntico&#x201d;, una figura literaria que hab&#xed;a ligado, como coment&#xe1;bamos arriba, la inocencia a la muerte, al acercarse a esta &#xfa;ltima desde una perspectiva diferente en la que la ret&#xf3;rica de &#x201c;angelitos al cielo&#x201d; y la consideraci&#xf3;n de la muerte infantil como algo ligado necesariamente a su propia naturaleza, dejan de tener sentido para pasar a hablarse de enfermedad y muerte evitables, concepto que aparece con insistencia en las obras de higienistas y pediatras espa&#xf1;oles (<xref ref-type="bibr" rid="B3">Ballester y Balaguer, 1995</xref>). Es decir, la mortalidad infantil (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Bernabeu,1994</xref>) comienza a ser vista como un problema nacional que potencialmente pod&#xed;a tener soluci&#xf3;n. Aunque es evidente que los primeros signos de este cambio de actitud son bien claros en el per&#xed;odo moderno, no ser&#xe1; hasta el siglo XX cuando este problema alcance una aut&#xe9;ntica visibilidad pol&#xed;tica de dimensiones m&#xe1;s amplias y se produzca la internalizaci&#xf3;n de la protecci&#xf3;n a la infancia, consider&#xe1;ndola como un asunto de la m&#xe1;xima urgencia. Para entenderlo, debe tambi&#xe9;n tenerse en cuenta que la mortalidad infantil, como problema social y pol&#xed;tico, formaba parte de un discurso m&#xe1;s amplio en el que la defensa de la salud y bienestar de los ni&#xf1;os iba ligada a la preocupaci&#xf3;n por el deterioro nacional, la despoblaci&#xf3;n y la raza, es decir, estaba &#xed;ntimamente relacionada con los movimientos de medicina social y eugenesia as&#xed; como con situaciones pol&#xed;ticas y sociales particulares en los diferentes pa&#xed;ses, tal como sucedi&#xf3; en el nuestro, en conexi&#xf3;n con las crisis pol&#xed;ticas y sociales finiseculares y las concepciones regeneracionistas (<xref ref-type="bibr" rid="B6">Campos, Mart&#xed;nez y Huertas, 2001</xref>).</p>
			<p> La gran tarea del siglo XX es la redenci&#xf3;n de los ni&#xf1;os. Una de las voces que, en el espacio geogr&#xe1;fico espa&#xf1;ol, lo expres&#xf3; mejor fue <xref ref-type="bibr" rid="B27">Tolosa Latour (1881, pp. 8-9)</xref>:</p>
			<disp-quote>
				<p>Nuestro siglo, inspir&#xe1;ndose en altos sentimientos de justicia, ha roto las cadenas del esclavo, ha redimido de la ignorancia a la mujer, ha protegido, secuestr&#xe1;ndolo, al loco, pero todav&#xed;a le falta mucho que hacer para que el ni&#xf1;o no siga siendo un pobre desvalido, un infeliz desamparado que sumido en trist&#xed;simo abandono, experimentan en ciertos casos los crueles tratamientos de los que todos somos testigos.</p>
			</disp-quote>
			<p> La protecci&#xf3;n de la salud de la infancia no es, en absoluto, un asunto neutral de tipo t&#xe9;cnico que tengan que resolver los Estados, como sucede con otro tipo de problemas, sino que se trata de una actividad cargada de valores (<xref ref-type="bibr" rid="B3">Ballester y Balaguer, 1995</xref>). <xref ref-type="bibr" rid="B16">Mart&#xed;nez Vargas (1906)</xref> los resum&#xed;a se&#xf1;alando que los ni&#xf1;os poseen valores positivos para la familia, la sociedad y la naci&#xf3;n. Su ausencia acarrea consecuencias negativas: soledad y desvalimiento para la familia, extinci&#xf3;n de la raza y desaparici&#xf3;n de la naci&#xf3;n. A ello hay que a&#xf1;adir, valores econ&#xf3;micos apoyados en las p&#xe9;rdidas ocasionadas por las muertes prematuras y las discapacidades f&#xed;sicas; y se contrapone el desembolso econ&#xf3;mico que hab&#xed;a que hacer al adoptar medidas preventivas, con las p&#xe9;rdidas de dinero si estas no se efect&#xfa;an (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Mart&#xed;nez Vargas, 1906</xref>): &#x201c;La higiene infantil es cara, pero no m&#xe1;s que la enfermedad y la muerte&#x201d; (<xref ref-type="bibr" rid="B28">Tolosa Latour, 1900, p. 56</xref>). Existe, finalmente, una apreciaci&#xf3;n que m&#xe1;s tarde retomaremos: la valoraci&#xf3;n cient&#xed;fica del cuerpo infantil en el nuevo campo de la pr&#xe1;ctica profesional m&#xe9;dica. Los m&#xe9;todos objetivos y cuantificadores aplicados al organismo infantil har&#xe1;n que este se convierta en objeto precioso de consideraci&#xf3;n cient&#xed;fica, en concordancia con la mentalidad de la &#xe9;poca y la consecuente visi&#xf3;n de toda la vida humana. Se considera que en esta lucha ya hay algunas batallas ganadas como la paulatina introducci&#xf3;n de la pediatr&#xed;a en las facultades de medicina. Es decir, los problemas de la infancia, en general, se encuadran dentro de un discurso t&#xe9;cnico medicalizado y las pol&#xed;ticas dirigidas a disminuir la mortalidad infantil se basan en estas concepciones, consider&#xe1;ndose como los aspectos pr&#xe1;cticos derivados de una concepci&#xf3;n m&#xe9;dica de la infancia. Y el papel de los m&#xe9;dicos, en esta tarea, es crucial. La medicina y la civilizaci&#xf3;n son inseparables dir&#xe1; un m&#xe9;dico; y, sobre todo, en lo concerniente a la redenci&#xf3;n de los ni&#xf1;os, &#xbf;qui&#xe9;nes si no, podr&#xed;an hacerlo? (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Guerra y Cort&#xe9;s, 1880, pp. 56-82</xref>).</p>
			<p> Las caracter&#xed;sticas del movimiento de especializaci&#xf3;n pedi&#xe1;trica en Espa&#xf1;a son bien conocidas, como tambi&#xe9;n la medicina social de la infancia y sus componentes institucionales: legislaci&#xf3;n protectora, consultorios de lactantes, escuelas de puericultura y servicios de medicina escolar. En cualquier caso, el periodo cronol&#xf3;gico al que nos estamos refiriendo en este trabajo coincide plenamente con los hitos m&#xe1;s significativos en el desarrollo de la especialidad (<xref ref-type="bibr" rid="B25">S&#xe1;nchez Granjel, 1965</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B29">Zafra Anta y Garc&#xed;a Nieto, 2006</xref>). Los modelos a seguir proceden de la pediatr&#xed;a francesa y centroeuropea y se reivindican tanto la creaci&#xf3;n de hospitales espec&#xed;ficos como la ense&#xf1;anza de la pediatr&#xed;a en el curr&#xed;culo m&#xe9;dico y el desgajamiento de la medicina infantil de la obstetricia y ginecolog&#xed;a (<xref ref-type="bibr" rid="B1">Ballester, 1977</xref>).</p>
			<p> Entre 1880 y 1960 se publicaron una veintena de revistas de tema pedi&#xe1;trico, algunas de ellas de vida muy corta. Entre las m&#xe1;s importantes figuran <italic>El Hospital de Ni&#xf1;os</italic> y <italic>La Medicina de los Ni&#xf1;os</italic> en las primeras etapas y <italic>Acta Pedi&#xe1;trica Espa&#xf1;ola</italic> y <italic>Revista Espa&#xf1;ola de Pediatr&#xed;a</italic> a partir de los a&#xf1;os cuarenta. La necesidad de la introducci&#xf3;n de la especialidad pedi&#xe1;trica en las facultades de medicina es uno de los temas clave y, junto a ello, la reivindicaci&#xf3;n del m&#xe9;dico como el agente clave no solo para la asistencia m&#xe9;dica <italic>stricto sensu,</italic> sino tambi&#xe9;n en el papel que los m&#xe9;dicos deben desempe&#xf1;ar en la defensa de la infancia, ya que &#x201c;no hay asunto relacionado con ella en que dejen de intervenir los m&#xe9;dicos&#x201d; (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Mart&#xed;nez Vargas, 1906</xref>). Hasta tal punto es importante la figura del m&#xe9;dico en esta empresa que se considera que la gran tarea de la medicina del siglo XX hab&#xed;a sido, primero, crear puericultores, luego, puericultura, y m&#xe1;s tarde, unirla a la pediatr&#xed;a. </p>
		</sec>
		<sec id="sec3">
			<title>El perfil del buen m&#xe9;dico de ni&#xf1;os en la medicina espa&#xf1;ola contempor&#xe1;nea</title>
			<p> En este momento de definici&#xf3;n profesional se insiste en la b&#xfa;squeda del perfil del &#xab;buen m&#xe9;dico de ni&#xf1;os&#xbb;, el &#xfa;nico que puede ofrecer soluciones definitivas y correctas al problema de la mortalidad infantil, el que debe decir lo que hay que hacer y lo que nunca debe hacerse. Hay, en opini&#xf3;n de los autores, un modo de vida propio de los pediatras, Para serlo, es preciso poseer en alto grado los conocimientos propios y espec&#xed;ficos de la nueva especialidad, pero como la pediatr&#xed;a no es solo un saber te&#xf3;rico, sino una actividad pr&#xe1;ctica, es necesario ser adem&#xe1;s un m&#xe9;dico virtuoso, y que esta actitud sea una especie de segunda naturaleza, un modo de vida. Como es bien conocido, este, en definitiva, es el objetivo, en general de cualquier galeno; y como ha sido muy bien estudiado por Diego Gracia (<xref ref-type="bibr" rid="B10">Gracia Guill&#xe9;n, 1989, pp. 597-605</xref>), la literatura sobre el &#x201c;perfecto m&#xe9;dico&#x201d; se inici&#xf3; con la propia medicina occidental, y experiment&#xf3; una serie de cambios a lo largo del tiempo. En el caso de la infancia, hemos tenido la ocasi&#xf3;n de estudiarlo en las fuentes pedi&#xe1;tricas espa&#xf1;olas del periodo moderno (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Ballester, 2001</xref>). Algunos de los valores que all&#xed; se&#xf1;al&#xe1;bamos persisten, en un contexto completamente diferente, en el periodo contempor&#xe1;neo: procurar el bien del enfermo y preservar su vida; no producir perjuicio alguno en el paciente, beneficiar m&#xe1;s que perjudicar a la hora de establecer una gu&#xed;a de actuaci&#xf3;n y ampliaci&#xf3;n de la responsabilidad profesional m&#xe1;s all&#xe1; de propio paciente, porque el m&#xe9;dico, con su rol protector de la infancia, no puede dejar de lado una serie de actuaciones paralelas en el &#xe1;mbito de las personas que rodean al ni&#xf1;o.</p>
			<p> En el caso del m&#xe9;dico de ni&#xf1;os, la dualidad ciencia/virtudes morales, se subraya especialmente. El cat&#xe1;logo de cualidades que dicho profesional debe poseer, seg&#xfa;n planteaban los propios m&#xe9;dicos, era muy extenso (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Mart&#xed;nez Vargas, 1908</xref>), desde una formaci&#xf3;n cient&#xed;fica s&#xf3;lida, a la abnegaci&#xf3;n; adem&#xe1;s se considera que debe de ser capaz de dar a la sociedad m&#xe1;ximas higi&#xe9;nicas para prevenir las muertes evitables e, incluso, cooperar en el gobierno de los pueblos. Por todo ello, el pediatra debe ser el aut&#xe9;ntico <italic>vir bonus medendi peritus</italic> del que hablaban los m&#xe9;dicos latinos en la doble acepci&#xf3;n del que sabe su oficio y del que es moralmente bueno. El principal encargado de velar por el porvenir de la sociedad, representado por los ni&#xf1;os, ha de ser una persona especial y el mejor de los m&#xe9;dicos. </p>
			<p> Las palabras del traductor espa&#xf1;ol de la obra del gran pediatra franc&#xe9;s <xref ref-type="bibr" rid="B7">Jules Comby (1914)</xref>: &#x201c;Hoy la pediatr&#xed;a cuenta con un caudal cient&#xed;fico de autonom&#xed;a absoluta&#x201d;, reflejan muy bien la finalidad y el empuje de estos nuevos profesionales que reivindican esta parcela de la ciencia y la pr&#xe1;ctica m&#xe9;dicas ya presente en las obras finiseculares (<xref ref-type="bibr" rid="B19">Perales, 1892</xref>) que se separa de lo que rotulan como una m&#xe9;dico-quir&#xfa;rgica en peque&#xf1;o para entrar en las nuevas corrientes que hablan de anatom&#xed;a, fisiolog&#xed;a y patolog&#xed;a propias de la infancia, y que ser&#xe1;, desde ese momento, el hilo conductor de su actividad (<xref ref-type="bibr" rid="B18">Mart&#xed;nez Vargas, 1915</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B26">Su&#xf1;er y Ord&#xf3;&#xf1;ez, 1921</xref>).</p>
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		<sec id="sec4">
			<title>Condiciones de la relaci&#xf3;n m&#xe9;dico-enfermo en las edades infantiles y sus peculiaridades</title>
			<p> Un acercamiento para reconstruir con la mayor fidelidad posible una pr&#xe1;ctica es recurrir a las historias cl&#xed;nicas recogidas bien de forma monogr&#xe1;fica como conjunto de patograf&#xed;as, bien incluidas en las principales obras pedi&#xe1;tricas espa&#xf1;olas contempor&#xe1;neas de referencia. La idea era generar gu&#xed;as pr&#xe1;cticas de casos cl&#xed;nicos para quienes se dedicaran al estudio de las enfermedades infantiles, ilustrando las diferentes clases de enfermedades con una selecci&#xf3;n de casos cl&#xed;nicos que se intercalan, en muchas ocasiones, en los textos. Tienen pues una finalidad did&#xe1;ctica y est&#xe1;n por ello escogidas de forma representativa. Junto a ello, son la norma cap&#xed;tulos espec&#xed;ficos en los tratados pedi&#xe1;tricos con t&#xed;tulos como &#x201c;Exploraci&#xf3;n y cuidado del ni&#xf1;o sano y del ni&#xf1;o enfermo&#x201d; (<xref ref-type="bibr" rid="B13">Keller y Wiskott, 1964</xref>) o el extenso cap&#xed;tulo, &#x201c;Exploraci&#xf3;n del ni&#xf1;o enfermo&#x201d; firmado por uno de los maestros europeos de la naciente pediatr&#xed;a, H. Finkelstein, en el tratado enciclop&#xe9;dico m&#xe1;s usado en los entornos cl&#xed;nicos, sobre todo, hospitalarios, en sus sucesivas ediciones desde la inicial de 1909 (<xref ref-type="bibr" rid="B21">Pfaundler y Schlossmann, 1934, vol. I, pp. 100-120</xref>). Es interesante recalcar la homogeneidad en los planteamientos que se presentan en los textos desde los correspondientes a los inicios de los a&#xf1;os 60, en lo tocante a los aspectos fundamentales del encuentro cl&#xed;nico. Los cambios se refieren sobre todo a la, cada vez m&#xe1;s sofisticada, aplicaci&#xf3;n de t&#xe9;cnicas diagn&#xf3;sticas y terap&#xe9;uticas, pero los fundamentos b&#xe1;sicos y la apelaci&#xf3;n a la experiencia directa, son id&#xe9;nticos.</p>
			<p> Lo que define la infancia es el crecimiento y desarrollo de estas etapas de la vida humana. Las enfermedades de los ni&#xf1;os est&#xe1;n plagadas de dificultades en lo tocante a su diagn&#xf3;stico debido a varios factores. En primer lugar, dicho crecimiento est&#xe1; en activo progreso y la intensa actividad vital de los &#xf3;rganos aumenta su susceptibilidad para la enfermedad, pudiendo afectarse por causas m&#xed;nimas y siendo el curso diferente, el ataque m&#xe1;s r&#xe1;pido y los s&#xed;ntomas m&#xe1;s severos. En segundo t&#xe9;rmino, existe una gran sensibilidad de los &#xf3;rganos ante los agentes tanto externos, por ejemplo, los cambios de temperatura o el problema de la asimilaci&#xf3;n correcta de los materiales nutritivos. Finalmente, las especiales caracter&#xed;sticas de su sistema nervioso, la m&#xe1;s importante de las cuales es su gran excitabilidad imprime un car&#xe1;cter especial a los des&#xf3;rdenes patol&#xf3;gicos que aparecen en estas etapas de la vida (<xref ref-type="bibr" rid="B1">Ballester, 1977</xref>). Y la fragilidad y vulnerabilidad de su cuerpo: fragilidad t&#xe9;rmica, osm&#xf3;tica, h&#xed;drica y tr&#xf3;fica (<xref ref-type="bibr" rid="B21">Pfaundler y Schlossmann, 1934, p. 17</xref>).</p>
			<p> Contrariamente a lo que sucede con los adultos, a los ni&#xf1;os se les lleva al m&#xe9;dico, no son los agentes de esa decisi&#xf3;n. Esto plantea una situaci&#xf3;n especial en la relaci&#xf3;n m&#xe9;dico-enfermo. Ya en el primer contacto se pone de manifiesto c&#xf3;mo la criatura se presenta o c&#xf3;mo est&#xe1; preparada. No rara vez se utiliza al miedo equivocadamente como un recurso educativo o para asustar a los ni&#xf1;os. Por ello es fundamental como primera norma, tal y como se se&#xf1;ala en los tratados, el tomarse el tiempo necesario, irradiar tranquilidad y despertar confianza (<xref ref-type="bibr" rid="B13">Keller y Wiskott, 1964, p. 939</xref>).</p>
			<p> Lo que siempre se indica es que, en la exploraci&#xf3;n y el tratamiento, el m&#xe9;dico no solo tiene que ocuparse del enfermo, sino tambi&#xe9;n de la persona que lo cuida, generalmente, la madre. A la criatura hay explorarla y tratarla, pero a la madre debe convencerla de que ambas cosas no se han podido hacer mejor. Independientemente de la capacidad profesional, este convencimiento depende de muchos factores externos, por ejemplo, del tiempo del que dispone el m&#xe9;dico para la madre y la criatura. Es indispensable una ficha en la que se anotar&#xe1;n cuidadosamente, adem&#xe1;s de la anamnesis, los datos de la exploraci&#xf3;n y el tratamiento, y todo lo referente a especiales condiciones de vida (<xref ref-type="bibr" rid="B13">Keller y Wiskott, 1964, p. 22</xref>). Durante la conversaci&#xf3;n con la madre debe observarse disimuladamente al ni&#xf1;o, su comportamiento general y su reacci&#xf3;n ante el medio extra&#xf1;o. Muchos detalles importantes sugieren los tratados, pueden desaparecer al dirigirse el m&#xe9;dico a la criatura (por ejemplo, una ligera somnolencia), por tanto, no debe explorarse todav&#xed;a mientras se efect&#xfa;a la anamnesis.</p>
			<p> En primer lugar, es llamativo que siempre se haga referencia a las peculiaridades que presenta el organismo infantil y los problemas que plantea en la anamnesis, la exploraci&#xf3;n cl&#xed;nica y el diagn&#xf3;stico:</p>
			<disp-quote>
				<p>Hay que tener en cuenta que el ni&#xf1;o no es un adulto en miniatura; a&#xfa;n en el caso de que el m&#xe9;dico conozca de antemano al ni&#xf1;o enfermo, tiene que reconstruir la historia de no pocas de sus molestias ya que la autobservaci&#xf3;n falta casi por completo, hasta en los ni&#xf1;os de alguna edad (<xref ref-type="bibr" rid="B12">Heubner, 1911, Vol. I, p. 89</xref>).</p>
			</disp-quote>
			<p> Y un poco m&#xe1;s adelante, al analizar el estado actual, en su tratado de 1911, Otto Heubner comenta:</p>
			<disp-quote>
				<p>La primera regla que se debe tener presente en su estudio, es no dirigirse directamente al ni&#xf1;o que vamos a inspeccionar, Tampoco mientras se le desnuda nos dirigiremos de un modo inmediato hacia &#xe9;l, sino que continuaremos hablando con la madre para que el ni&#xf1;o no se muestre intranquilo como ocurrir&#xed;a especialmente si viese que le ayudaban en esta maniobra manos extra&#xf1;as (<xref ref-type="bibr" rid="B12">Heubner, 1911, Vol. I, p. 90</xref>). </p>
			</disp-quote>
			<p> Hay una especial sensibilidad al preguntar sobre antecedentes familiares, sobre todo, si se trata de enfermedades de alguna manera etiquetadas como vergonzantes como la epilepsia o las enfermedades ven&#xe9;reas, y se dice que en esos casos hay que apuntar discretamente los citados antecedentes que pudieran guardar relaci&#xf3;n con la enfermedad actual del ni&#xf1;o.</p>
			<p> Reiteradamente se da mucha importancia a la informaci&#xf3;n que pueda dar la madre a la hora de realizar la anamnesis, aunque, como veremos m&#xe1;s adelante, esta puede que no sea del todo fiable. Tambi&#xe9;n son muy detalladas y comunes las reglas a seguir para la exploraci&#xf3;n cl&#xed;nica del paciente infantil. Se trata de acostumbrarle a la presencia del m&#xe9;dico; observar, si est&#xe1; durmiendo, la expresi&#xf3;n corporal, pulso, respiraci&#xf3;n y temperatura; y explorar de forma met&#xf3;dica, perfectamente sistematizada, los distintos aparatos, sin pretender nunca acelerar el examen. </p>
			<p> Como insisten los textos, es decisiva la manera de aproximarse a la criatura durante la exploraci&#xf3;n cl&#xed;nica. Los movimientos precipitados del m&#xe9;dico pueden convertir en miedo declarado la expectativa generalmente tensa y temerosa del enfermito. De ah&#xed; que las manipulaciones y los movimientos del m&#xe9;dico deba ser mesurados y acompa&#xf1;arse de palabras cari&#xf1;osas. Pero, por otro lado, no debe surgir tampoco duda alguna de que cada paso de la exploraci&#xf3;n se realice seg&#xfa;n el plan trazado, quiera o no la criatura. En caso eventual de tener que recurrir a la violencia (por ejemplo, en un examen de la faringe), hay que proceder siempre seg&#xfa;n la norma del m&#xe1;ximo cuidado y atenci&#xf3;n. Se le puede decir al ni&#xf1;o lo que se le va a hacer. Las sorpresas (por ejemplo, un pinchazo con una aguja) o las mentiras, crean un clima de desconfianza justificado. El mismo trato afable que se emplea para los infantes, debe emplearse tambi&#xe9;n, en caso necesario, con la madre. Las criaturas que gritan y patalean abandonan a menudo con rapidez su resistencia cuando se ruega a la madre que salga de la sala de exploraciones. </p>
			<p> Para la exploraci&#xf3;n f&#xed;sica, es condici&#xf3;n indispensable que la criatura est&#xe9; totalmente desnuda, pero un pa&#xf1;o, la camisa o una pieza de vestir pueden emplearse para cubrir sucesivamente las diferentes regiones corporales. Este proceder hay que tenerlo en cuenta ante el sentimiento de pudor que existe ya acentuado en criaturas bastante peque&#xf1;as (<xref ref-type="bibr" rid="B13">Keller y Wiskott, 1964, p. 25</xref>). Explorar no quiere decir acercarse al ni&#xf1;o con la mano que palpa, el estetoscopio o el martillo de reflejos. Sin necesidad de tocar al ni&#xf1;o se pueden hacer toda una serie de comprobaciones interesantes a trav&#xe9;s de la vista, el olfato y el o&#xed;do. En este &#xfa;ltimo caso, por ejemplo, las diversas modalidades del grito a las que tempranamente hizo referencia el pediatra franc&#xe9;s pionero, Charles M. Billard (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Billard, 1828</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B1">Ballester, 1977, pp. 56-59</xref>).</p>
			<p> En todo caso, se destaca la necesaria paciencia y habilidad, practicando la exploraci&#xf3;n a la manera de un juego divertido. En los tratados, las instrucciones pr&#xe1;cticas son detallad&#xed;simas para todos y cada uno de los pasos de la exploraci&#xf3;n cl&#xed;nica: por ejemplo, con la palpaci&#xf3;n, adem&#xe1;s de cuidar la temperatura de las manos del m&#xe9;dico, se sigue un procedimiento sistem&#xe1;tico que se inicia con el examen de las caracter&#xed;sticas de la piel, y sigue con la palpaci&#xf3;n de h&#xed;gado y bazo (mano aplicada de plano, sin presionar con la punta de los dedos), de los ri&#xf1;ones, de las ingles (existencia de adenopat&#xed;as, pulso femoral) palpaci&#xf3;n del, t&#xf3;rax, axilas, cr&#xe1;neo y extremidades. En la auscultaci&#xf3;n, a los peque&#xf1;os asustados y que al contacto del estetoscopio se agitan, se recomienda explorar dej&#xe1;ndolos en los brazos de su madre.</p>
			<p> La terap&#xe9;utica es otro de los grandes caballos de batalla que hab&#xed;a que abordar en el encuentro cl&#xed;nico, no solo por su contenido adaptado a las condiciones propias de cada etapa de la infancia, sino tambi&#xe9;n por la necesidad de que hubiera una adherencia al tratamiento por parte de la madre o del cuidador del ni&#xf1;o. En l&#xed;neas generales, la regla general fue la de que &#x201c;cuanto m&#xe1;s joven sea el ni&#xf1;o, m&#xe1;s sobrios debemos ser en drogas y m&#xe1;s pr&#xf3;digos en consejos y medidas higi&#xe9;nicas&#x201d; (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Comby, 1914, p. 22</xref>).</p>
			<p> En general, en el cuidado de la criatura enferma hay que procurar que su situaci&#xf3;n sea lo m&#xe1;s alegre y agradable posible. Unos cuidados correctos, pero exentos de cari&#xf1;o, conducen a los mismos fracasos que unos cuidados llenos de atenci&#xf3;n, pero incorrectos. El papel de la familia, y muy en particular de la madre, que suele ser la persona que los pediatras citan como acompa&#xf1;ante del ni&#xf1;o en la consulta, es crucial, pero desde la perspectiva del profesional, no carente de ambig&#xfc;edad en cuanto a su consideraci&#xf3;n como mediadora entre el profesional y el ni&#xf1;o. En ocasiones, incluso, los tratados se&#xf1;alan que pueda resultar, de alg&#xfa;n modo, un obst&#xe1;culo: &#x201c;&#x2026; lo que indican la madre y las familias son (aspectos) subjetivos, pecan de imprecisas y poco seguras y a menudo son inexactas, exageradas o desfiguradas por perjuicios y detalles sin importancia&#x201d; (<xref ref-type="bibr" rid="B21">Pfaundler y Schlossmann, 1934, p. 100</xref>).</p>
			<p> Sin embargo, precisamente lo que define a un buen profesional en este entorno es su &#x201c;destreza&#x201d; no solo desde el punto de vista t&#xe9;cnico, sino que debe poseer una buena dosis de sensibilidad y comprensi&#xf3;n (t&#xe9;rminos que se repiten en muchas de las fuentes), sin las cuales el trato con los ni&#xf1;os y con las madres resulta punto menos que imposible. La serenidad y la paciencia son fundamentales, de tal modo que la resistencia o rebeld&#xed;a ante la exploraci&#xf3;n no debe verse como algo molesto, sino como algo que forma parte de la propia personalidad del ni&#xf1;o, dependiente de su educaci&#xf3;n f&#xed;sica y ps&#xed;quica, y de su constituci&#xf3;n corporal con la que hay que contar, as&#xed; como de las caracter&#xed;sticas de la familia. Y como recompensa, el pediatra tendr&#xe1; grandes satisfacciones en el desarrollo de su actividad, a menudo &#x201c;llena de atractivos&#x201d;. El pediatra debe sentir una inclinaci&#xf3;n hacia los peque&#xf1;os cuyos sentimientos e intereses ha de ser capaz de entender. </p>
			<p> La revisi&#xf3;n de los principales textos pedi&#xe1;tricos que circularon en Espa&#xf1;a entre las dos &#xfa;ltimas d&#xe9;cadas del siglo XIX hasta 1960 muestran, en esta etapa constituyente de la especialidad y de las primeras etapas de su desarrollo, como se fue configurando una especial relaci&#xf3;n entre el paciente pedi&#xe1;trico, y su entorno familiar y social, con el m&#xe9;dico especialista. Las diferencias fundamentales de esta relaci&#xf3;n en comparaci&#xf3;n con la de las personas adultas, se fueron delineando y construyendo, en gran medida <italic>ex novo</italic>, desde la ciencia y desde la experiencia de la pr&#xe1;ctica cl&#xed;nica. Las principales novedades fueron la delimitaci&#xf3;n de una serie de procedimientos y reglas de actuaci&#xf3;n entre las que no bastaba la pericia t&#xe9;cnica en el diagn&#xf3;stico y el tratamiento, sino que hab&#xed;a que a&#xf1;adir elementos procedentes de otras esferas, como la sensibilidad, la empat&#xed;a, en muchos casos, la compasi&#xf3;n, sin los cuales el encuentro cl&#xed;nico y el resultado de la asistencia, pod&#xed;a verse comprometido. La figura del &#x201c;buen m&#xe9;dico&#x201d;, aplicado en este caso al nuevo pediatra, inclu&#xed;a necesariamente estas cualidades</p>
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					<source>Historia de la pediatr&#xed;a espa&#xf1;ola, Cuadernos de Historia de la Medicina Espa&#xf1;ola, III</source>
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