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				<journal-title>Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia</journal-title>
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					<italic>Canguilhem e a g&#xea;nese do poss&#xed;vel</italic>. Estudo sobre a historiza&#xe7;ao das ciencias</source>, <publisher-loc>Sao Paulo</publisher-loc>, <publisher-name>Libers Ars</publisher-name>, <year>2018</year>, <size units="pages">568</size> pp. [ISBN <isbn>978-85-9459-089-3</isbn>]</product>
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		<p>Este libro es la reelaboraci&#xf3;n de la tesis doctoral defendida en la Universidad de Sao Paulo por Tiago Santos Almeida, profesor en la Facultad de Historia de la Universidad Federal de Goi&#xe2;s, y sin duda una de los mejores conocedores actuales de la obra del fil&#xf3;sofo, m&#xe9;dico e historiador de las ciencias Georges Canguilhem. La monograf&#xed;a ha sido prologada Carvalho Mesquita Ayres, profesor de Medicina Preventiva en la Universidad de Sao Paulo, y esto no es una casualidad. A diferencia de lo acontecido en Espa&#xf1;a, los estudios sobre Salud Colectiva y Medicina Preventiva fueron marcados decisivamente en Brasil, desde su despegue en la d&#xe9;cada de 1970, por algunos de los trabajos m&#xe1;s representativos de la tradici&#xf3;n francesa en historia de las ciencias, en particular textos como <italic>Lo normal y lo patol&#xf3;gico</italic> de Canguilhem y <italic>El nacimiento de la cl&#xed;nica</italic>, de Michel Foucault.</p>
		<p>El desaf&#xed;o del libro consiste en dilucidar, a trav&#xe9;s de distintas calas en la obra de Canguilhem, hasta qu&#xe9; punto existe un “estilo franc&#xe9;s” a la hora de pensar la historicidad de las disciplinas cient&#xed;ficas. En su indagaci&#xf3;n, el autor no recurre s&#xf3;lo a los vol&#xfa;menes publicados por Canguilhem. Avalado por una prolongada estancia de investigaci&#xf3;n en el CAPH&#xc8;S (Centre d’Archives de Philosophie, Histoire et &#xc8;dition des Siences), donde frecuent&#xf3; a algunos de los principales especialistas y disc&#xed;pulos del pesador franc&#xe9;s (Limoges, Debru, Braunstein), utiliza entrevistas y art&#xed;culos poco conocidos del fil&#xf3;sofo de Castelnadaury, y lo m&#xe1;s importante, un importante acopio de los manuscritos in&#xe9;ditos procedentes del Fond Canguilhem, sito en el mencionado centro.</p>
		<p>En la Introducci&#xf3;n (“Combates por la Historia de las Ciencias”), el autor se interroga por el sorprendente di&#xe1;logo de sordos instaurado en Francia desde las primeras d&#xe9;cadas del siglo XX, entre una boyante y reconocida escuela de historia social -el grupo de los Annales- y una tradici&#xf3;n muy influyente pero mucho m&#xe1;s discreta, por la propia condici&#xf3;n de la disciplina concernida, de historia de las ciencias (Cavaill&#xe8;s, Koyr&#xe9;, Bachelard, Canguilhem). A pesar de encontrarse durante d&#xe9;cadas en emplazamientos como el Centre Internationale de Synth&#xe8;se, era como si la historia de las ciencias no fuese reconocida por los profesionales de Cl&#xed;o como una rama m&#xe1;s de la historia social. Y de este modo, durante mucho tiempo, la historia de las ciencias de la vida impulsada por Canguilhem fue considerada como ejemplo de un enfoque puramente internalista, centrado en la constituci&#xf3;n de los conceptos cient&#xed;ficos, pero olvidando por completo su conexi&#xf3;n con las representaciones pol&#xed;ticas, art&#xed;sticas, filos&#xf3;ficas y religiosas, con el desarrollo de las t&#xe9;cnicas y de las instituciones, con los conflictos sociales.</p>
		<p>Esta falsa representaci&#xf3;n de la historiograf&#xed;a cient&#xed;fica y m&#xe9;dica de Canguilhem por parte de los historiadores, s&#xf3;lo recientemente se habr&#xed;a puesto en cuesti&#xf3;n en esta comunidad disciplinar, siendo Roger Chartier en los a&#xf1;os ochenta uno de los primeros en llamar la atenci&#xf3;n sobre esa falla interpretativa de sus colegas. Canguilhem no s&#xf3;lo pon&#xed;a en primer plano el estudio de la circunstancia social y cultural en la que se sustenta la actividad cient&#xed;fica, como ejemplifican sus nociones de “ideolog&#xed;a cient&#xed;fica” e “ideolog&#xed;a m&#xe9;dica”, sino que desde primera hora se interes&#xf3; por los problemas de la teor&#xed;a y metodolog&#xed;a de la historia, conociendo muy bien los trabajos de Febvre y de Bloch y planteando por su cuenta la cuesti&#xf3;n -crucial en Braudel- de la multiplicidad de los tiempos hist&#xf3;ricos y de la discontinuidad como herramienta de an&#xe1;lisis.</p>
		<p>El cap&#xed;tulo 1 (“Retratos de Georges Canguilhem”) sale precisamente al paso de algunas lecturas que minimizan la relevancia de la historia de las ciencias en la obra canguilhemiana. Este es el caso de Bruno Latour, que forma parte del s&#xe9;quito de los que achacan al pensador franc&#xe9;s su desd&#xe9;n por las condiciones sociales de la pr&#xe1;ctica cient&#xed;fica, focaliz&#xe1;ndose exclusivamente en el estudio de los conceptos y de sus transformaciones seg&#xfa;n una l&#xed;nea progresiva jalonada por la ruptura con las representaciones ideol&#xf3;gicas, las ilusiones de la imaginaci&#xf3;n y todo lo procedente de la inmediatez pr&#xe1;ctico-social. Esta visi&#xf3;n de Canguilhem como puro analista de rectificaciones conceptuales y de sus “cortes epistemol&#xf3;gicos” con lo imaginario y lo ideol&#xf3;gico, aline&#xe1;ndolo con Bachelard como maestro y con Foucault como su disc&#xed;pulo, fue consagrada por lo que el autor denomina la “fagocitaci&#xf3;n althusseriana” de Canguilhem. En efecto, en el curso de la d&#xe9;cada de 1960, incitados por el propio Althusser, sus disc&#xed;pulos (Balibar, Macherey, Lecourt, Fichant, Pecheux, Badiou) se convirtieron el fieles seguidores de los cursos de Canguilhem en el Institut d’Histoire des Sciences et des Techniques asociado a la Sorbona y dirigido por el fil&#xf3;sofo desde 1955. La epistemolog&#xed;a canguilhemiana, en mayor medida a&#xfa;n que la bachelardiana y para gran sorpresa del propio Canguilhem, que siempre marc&#xf3; sus distancias con el legado marxista, parec&#xed;a armonizar perfectamente con los supuestos del materialismo hist&#xf3;rico en la versi&#xf3;n de Althusser. Los primeros comentarios sobre la obra de Canguilhem, publicados por Macherey y por Lecourt y los textos que Foucault escribi&#xf3; sobre el propio Canguilhem, analizados pormenorizadamente en el libro, afianzaron ese retrato “concept&#xf3;mano” del fil&#xf3;sofo de Castelnadaury. </p>
		<p>Por otro lado Tiago Santos Almeida corrige le lectura realizada por el disc&#xed;pulo de Canguilhem, Camile Limoges, sin duda uno de los principales expertos en la obra de su maestro. Este considera que la dedicaci&#xf3;n de Canguilhem a la historia de las ciencias, siendo importante, tuvo lugar en una fase tard&#xed;a de su pensamiento -posterior a 1955, con la publicaci&#xf3;n de la tesis doctoral dirigida por Bachelard sobre la formaci&#xf3;n del concepto de reflejo. Estima entonces que el cultivo de la historia de las ciencias fue secundario y permaneci&#xf3; subordinado a la elaboraci&#xf3;n de una filosof&#xed;a sustantiva, dedicada al examen de los valores y con pretensiones especulativas m&#xe1;s generales.</p>
		<p>En el curso del cap&#xed;tulo 2 (“Historia de las ciencias e Historia de las ideas”) se trata de demostrar, a trav&#xe9;s de una meticulosa lectura del <italic>Essai concernant le normal et le pathologique</italic> (1943), del art&#xed;culo sobre la teor&#xed;a celular (1946) y de otros cursos in&#xe9;ditos fechados en la d&#xe9;cada de 1940, que el inter&#xe9;s de Canguilhem por la historia de las ciencias es muy anterior a lo sugerido por Limoges. Aqu&#xed; resulta imprescindible el v&#xed;nculo de Canguilhem, explorado por primera vez en esta monograf&#xed;a, con los trabajos del germanoestadounidense Henry Sigerist sobre historia de la medicina, una historiograf&#xed;a que proyecta el estudio del discurso m&#xe9;dico en la historia de las ideas, de la cultura y de las instituciones. Ampliando las fuentes a textos posteriores, se disciernen tambi&#xe9;n las diferencias y las proximidades entre la historia de las ciencias tal como la entienden respectivamente Canguilhem y Bachelard. Este &#xfa;ltimo establece una separaci&#xf3;n estricta entre imaginaci&#xf3;n y concepto; la primera debe ser destruida para que el segundo pueda nacer. En Canguilhem las cosas no funcionan de ese modo, la relaci&#xf3;n es m&#xe1;s compleja, pues los mitos y las im&#xe1;genes -como lo revela ejemplarmente la met&#xe1;fora &#xf3;ptica que le permiti&#xf3; a Willis inventar la noci&#xf3;n de reflejo- pueden contribuir positivamente a la historia sancionada de un concepto. De este modo, la historicidad del trabajo cient&#xed;fico no est&#xe1; escindida de la historicidad del trabajo intelectual no cient&#xed;fico, esta debe ser pensada en su duraci&#xf3;n propia y no asimilada, como hace el psicoan&#xe1;lisis bachelardiano, a la atemporalidad de la libido. Se contrasta tambi&#xe9;n la tonalidad diferente que posee lo que Bachelard denominaba “historia recurrente” -una historia juzgada a partir de los valores conquistados por la actualidad cient&#xed;fica, como la formalizaci&#xf3;n- en las disciplinas f&#xed;sico-qu&#xed;micas, respecto a lo que entiende Canguilhem por esa misma noci&#xf3;n en el terreno de las ciencias biom&#xe9;dicas, lo que le conduce a reconocer el vitalismo como la epistemolog&#xed;a m&#xe1;s fecunda en estas disciplinas.</p>
		<p>El cap&#xed;tulo 3 (“Lo Social a Tiempo Completo”) centra la atenci&#xf3;n en el tratamiento canguilhemiano de la dimensi&#xf3;n de lo social dentro de la historia de las ciencias. Aqu&#xed;, adem&#xe1;s de los libros publicados, se hace una amplia utilizaci&#xf3;n del material in&#xe9;dito de Canguilhem, especialmente de los cursos impartidos por el fil&#xf3;sofo en el ya mencionado Institut d’Histoire des Sciences et des Techniques entre 1959 y 1967. Se efect&#xfa;a un excelente an&#xe1;lisis del concepto de “ideolog&#xed;a cient&#xed;fica”, que a diferencia de la “ideolog&#xed;a” a secas, no ve reducido su contenido te&#xf3;rico a su funci&#xf3;n pr&#xe1;ctico-social. Las ideolog&#xed;as cient&#xed;ficas presuponen (como el evolucionismo o la neurociencia) una disciplina cient&#xed;fica preexistente, cuyas nociones extrapolan de manera incontrolada a toda clase de dominios fenom&#xe9;nicos; pero adem&#xe1;s son el punto de partida de otra disciplina cient&#xed;fica constituida a partir de ella (como la teor&#xed;a darwiniana de la selecci&#xf3;n natural). </p>
		<p>En el cap&#xed;tulo 4 (“Un Estilo Franc&#xe9;s de Historia de la Medicina”), se explora el lugar ocupado por la historia de la medicina de corte canguilhemiano en el panorama internacional de la historiograf&#xed;a m&#xe9;dica, distinguiendo, junto a una escuela germanoestadounidense encabezada por Sigerist y otra polaca representada por Ludwig Fleck, una tercera, calificada como “estilo” m&#xe1;s que como escuela y encarnada principalmente por Canguilhem y Foucault. Aprovecha entonces para reconstruir el di&#xe1;logo impl&#xed;cito entre estos dos fil&#xf3;sofos en relaci&#xf3;n con los conceptos de “normalizaci&#xf3;n” y “sociedad de normalizaci&#xf3;n”. Finalmente, distingui&#xe9;ndola de la “ideolog&#xed;a cient&#xed;fica”, se pasa revista a la noci&#xf3;n de “ideolog&#xed;a m&#xe9;dica”, a fin de valorar epistemol&#xf3;gicamente el papel desempe&#xf1;ado por la medicina en ese poder de normalizaci&#xf3;n. En ese mismo cap&#xed;tulo se examina asimismo, no agotando el tema pero s&#xed; ofreci&#xe9;ndolo como una pista por proseguir, la cuesti&#xf3;n del impacto del “estilo franc&#xe9;s” de historiograf&#xed;a m&#xe9;dica, de Canguilhem y en particular de <italic>Lo normal y lo patol&#xf3;gico</italic>, en el campo de los estudios brasile&#xf1;os sobre Salud Colectiva. Por un lado se refiere a los estudios pioneros de Roberto Machado, Jurandir Freire y Sergio Arouca en la d&#xe9;cada de los 70, en un momento de represi&#xf3;n y Dictadura que coincidi&#xf3; adem&#xe1;s con el &#xe9;xito de Althusser en la intelectualidad progresista brasile&#xf1;a, cuando las contribuciones de Canguilhem y de Foucault fueron recibidas como aportaciones epistemol&#xf3;gicas “de izquierdas”. Por otro lado subraya la importancia de este legado franc&#xe9;s a la hora de pensar la historicidad de las pr&#xe1;cticas m&#xe9;dicas (promoci&#xf3;n, rehabilitaci&#xf3;n, recuperaci&#xf3;n, protecci&#xf3;n) en la constituci&#xf3;n m&#xe1;s espec&#xed;fica del dominio de la Salud Colectiva, tan relevante en Brasil. Aqu&#xed; destaca las obras de Cecilia Donnangelo, Ricardo Bruno Mendes-Gon&#xe7;alves y Jos&#xe9; Ricardo Ayres.</p>
		<p>En el quinto cap&#xed;tulo (“La Historizaci&#xf3;n de la Epistemolog&#xed;a”), quiz&#xe1;s el de m&#xe1;s “alto vuelo” filos&#xf3;fico, se aborda directamente la pregunta que atraviesa todo el libro: ¿c&#xf3;mo se hizo posible el reconocimiento de la historicidad y por tanto de la heterogeneidad temporal de las ciencias? Siguiendo a Lebrun y a Bachelard, localiza esa emergencia en la ruptura con la arquitectura kantiana de la raz&#xf3;n pura; esta constitu&#xed;a el principal obst&#xe1;culo que imped&#xed;a aceptar la historicidad del conocimiento cient&#xed;fico. Las ciencias no son expresiones de una raz&#xf3;n universal cuyas condiciones trascendentales, esto es <italic>a priori</italic>, dilucida el fil&#xf3;sofo. En Kant las funciones de la raz&#xf3;n (las ciencias) se subordinan y derivan de la estructura de la raz&#xf3;n; Bachelard, como an&#xe1;logamente hab&#xed;a hecho la fisiolog&#xed;a incipiente de Harvey en relaci&#xf3;n con la anatom&#xed;a, quiere subordinar el &#xf3;rgano a las funciones, la est&#xe1;tica a la din&#xe1;mica, la epistemolog&#xed;a a la historia. La cuesti&#xf3;n de la historicidad de las ciencias, abierta por Bachelard, se formula en plural: ¿c&#xf3;mo las distintas ciencias particulares producen en el curso de la historia sus propios y heterog&#xe9;neos criterios de racionalidad?</p>
		<p>Para ahondar en la pregunta se hace comparecer, junto a Bachelard, a otro de los fundadores del concepto de “historicidad de las ciencias”: Ludwig Fleck. Rheinberger subray&#xf3; hace tiempo las afinidades entre Bachelard y Fleck, que no son pocas, pero resultan mucho m&#xe1;s impresionantes las que pueden encontrarse entre Fleck y Canguilhem, estudiadas por Braunstein y por Mauro Conde. Ambos, el polaco y el franc&#xe9;s, resaltan el papel de lo social y de las instituciones, no s&#xf3;lo como obst&#xe1;culo, sino como instancia impulsora de la innovaci&#xf3;n cient&#xed;fica. Ambos, como Bachelard en su momento, recusan la epistemolog&#xed;a idealista formulada por el positivismo l&#xf3;gico, que a partir del an&#xe1;lisis de los enunciados f&#xed;sicos y matem&#xe1;ticos engendran el patr&#xf3;n atemporal de la Ciencia Unificada. Siendo esto cierto, se le puede achacar a Tiago Santos su olvido de la figura de Otto Neurath, que siendo parte del C&#xed;rculo de Viena trabaj&#xf3; tambi&#xe9;n como ayudante de Max Weber; siempre rechaz&#xf3; la partici&#xf3;n simplista entre contexto de justificaci&#xf3;n y contexto de descubrimiento, y era muy consciente de la historicidad del pensamiento cient&#xed;fico.</p>
		<p>En la conclusi&#xf3;n del volumen (“El Estilo Franc&#xe9;s de Historia de las Ciencias”) se pretende proporcionar una definici&#xf3;n rigurosa de la epistemolog&#xed;a hist&#xf3;rica, integrando las aportaciones m&#xe1;s recientes, venidas del &#xe1;mbito germ&#xe1;nico (Rheinberger) y anglosaj&#xf3;n (Daston) y las contribuciones francesas de Bachelard y Canguilhem. Se ampl&#xed;an entonces los rasgos que seg&#xfa;n Braunstein defin&#xed;an a la epistemolog&#xed;a hist&#xf3;rica como “estilo de pensamiento”. Este trabajo de conceptualizaci&#xf3;n se complementa con un interesante contraste entre el pensamiento geneal&#xf3;gico y vitalista de Nietzsche y el modo “franc&#xe9;s” (Bachelard, Canguilhem) de entender la historia de las ciencias. Finaliza as&#xed; una monograf&#xed;a de sumo inter&#xe9;s para los cultivadores de la historiograf&#xed;a cient&#xed;fica, pues destruye muchos de los t&#xf3;picos acerca de Canguilhem y resalta su papel fundamental en la construcci&#xf3;n de esa disciplina hoy internacionalmente tan influyente, conocida como “epistemolog&#xed;a hist&#xf3;rica”.</p>
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