Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia 77 (2)
julio-diciembre 2025, 1450
ISSN-L: 0210-4466, eISSN: 1988-3102
https://doi.org/10.3989/asclepio.2025.1450

DOSIER ESPECIAL: MIRADAS HISTORIOGRÁFICAS SOBRE HISTORIA DE LA CIENCIA Y DE LA MEDICINA EN EL 75º ANIVERSARIO DE ASCLEPIO (1949-2024)/ HISTORIOGRAPHICAL PERSPECTIVES ON THE HISTORY OF SCIENCE AND MEDICINE ON THE 75TH ANNIVERSARY OF ASCLEPIUS (1949-2024)

ENTREVISTA A MONTSERRAT CABRÉ I PAIRET

INTERVIEW WITH MONTSERRAT CABRÉ I PAIRET

Ciencia y género

Science and gender

Leida Fernández Prieto

José Ramón Marcaida López

Recibido: 09-12-2025. Aceptado: 09-12-2025. Publicado: 16-02-2026.

Cómo citar este artículo / Citation: Fernández Prieto, Leida y José Ramón Marcaida López. 2025. “Ciencia y género”, Asclepio 77 (2): 1450. DOI: https://doi.org/10.3989/asclepio.2025.1450

CONTENIDO

Montserrat Cabré i Pairet es catedrática de historia de la ciencia en la Universidad de Cantabria. Sus líneas de investigación abordan la historia del cuerpo y de la diferencia sexual en la medicina y en la filosofía natural de la Edad Media y la primera Edad Moderna; la historia de las prácticas de salud de las mujeres; la historia de los saberes y del pensamiento de las mujeres, especialmente durante la querelle des femmes; así como las perspectivas feministas en los estudios culturales e históricos de la ciencia y la tecnología.

1. ¿Cómo se enmarca el género como categoría de análisis dentro del área de los estudios de historia de la ciencia y la medicina?

 

Diría que un hito en este sentido fue la publicación del artículo de Joan Scott en 1986, “Gender: A Useful Category of Historical Analysis”, que tuvo un impacto enorme en el conjunto de la disciplina histórica a nivel internacional y enseguida alcanzó a la historia de la medicina y de la ciencia. Ese brillante trabajo de conceptualización situó las preocupaciones del feminismo en el corazón de la historiografía dominante, en buena medida por la revista en que se publicó, la American Historical Review. El artículo actuó como catalizador, pero el éxito de su recepción tiene mucho que ver con las críticas, propuestas y debates que se habían producido con anterioridad y que eclosionaron en la década de los 1980.

Para la historia de la medicina y de la ciencia, la adopción de la categoría género en su arsenal analítico significó fundamentalmente integrar como propias de su ámbito de trabajo la comprensión de dos cuestiones diferentes. Por un lado, estudiar las prácticas científicas y las actividades sanadoras de las mujeres en toda su complejidad, incluyendo los modos y cronologías de acceso a la formación reglada y no reglada. Esta línea tiene sus precedentes en una tradición historiográfica muy antigua, vinculada a las biografías de mujeres ilustres, si bien la historia social y cultural transformó completamente sus métodos y sus objetivos. Por otro, analizar el carácter sexuado del conocimiento mismo, una línea muy vinculada al desarrollo de la filosofía de la ciencia feminista durante el último cuarto del siglo XX. La historiografía sobre la participación de las mujeres en las profesiones médicas y científicas se produjo más tempranamente que la que aborda la dimensión de género del conocimiento, encadenando con ese acervo previo existente en el seno de la disciplina. Es importante distinguir entre estas dos cuestiones, aunque con frecuencia están directamente relacionadas, como la propia historiografía ha demostrado.

En una ocasión como esta, merece la pena recordar que la historia de Asclepio ofrece ejemplos tempranos del cultivo en España de ambas vías de trabajo. En 1969 publicó dos artículos de María del Carmen Álvarez Ricart, en los que avanzaba aspectos de la tesis doctoral que defendió en 1971 en la Universitat de València, La mujer como profesional de la medicina en la España del siglo XIX, finalmente publicada por Anthropos en 1988. Ese último año, Asclepio publica el trabajo de Elvira Arquiola, “Bases biológicas de la feminidad en la España moderna (siglos XVI y XVII)”, que podría asociarse a la segunda de las grandes líneas anteriormente apuntadas. Ya en 2008, la edición de un dosier monográfico con el título “Significados científicos del cuerpo de mujer”, que coordinamos Teresa Ortiz y yo misma, recogió los frutos de un esfuerzo colectivo ya consolidado en el que ambas aproximaciones aparecen combinadas de manera consustancial.

2. ¿Por qué es necesario incorporar esta perspectiva a los estudios de la historia de la ciencia?

 

Sin duda la incorporación de la perspectiva de género nos ofrece un conocimiento más rico y más ajustado a las realidades históricas y también a las inquietudes de nuestro tiempo. Parece obvio que, sin tener en cuenta a las mujeres, la historia de la humanidad es un proyecto fallido. Pero para que la mirada que las integre sea relevante, debe buscar la comprensión de su experiencia, de aquello que han hecho, no solo lo que no han podido hacer. Eso exige explorar lugares de hibridación, zonas desdibujadas, marginales a las instituciones o formalizadas defectuosamente dentro de las mismas al no encajar en los parámetros establecidos de corte patriarcal.

Pienso también que la historia de la ciencia tiene una capacidad muy singular para mostrar hasta qué punto el androcentrismo permea el modo en que explicamos e interrogamos el mundo -para desvelar esa dimensión de género del conocimiento que no siempre es fácil de reconocer porque requiere romper marcos interpretativos que, sin hacer un ejercicio serio de reflexión, pueden parecer “naturales”. En verdad, ha hecho ya aportaciones muy importantes que revelan cómo ha impregnado las disciplinas científicas: en el ámbito de la anatomía o de la fisiología, en la economía, la psicología o la historia natural, por poner solo algunos ejemplos, y también en múltiples formas de desarrollo tecnológico. En este sentido, la perspectiva de género resulta útil a la historiografía de la ciencia para identificar sesgos en el conocimiento, le ayuda a hacer mejor su tarea de “desnaturalización” de la ciencia.

3. ¿De qué manera ha marcado este tema tu propia investigación?

 

En realidad, lo ha marcado completamente, porque ha sido el eje de toda mi trayectoria. Me formé como historiadora en la Universitat de Barcelona en la década de los 1980 y llegué a la historia de las mujeres y de género antes que a la historia de la ciencia, que no se impartía en las facultades de historia españolas en esa época. En cambio, me encontré con un núcleo muy activo de profesoras que enseñaban historia de las mujeres en las asignaturas clásicas que impartían y que, además, promovían su investigación insistiendo en la importancia crucial de explorar nuevas metodologías y en la de mantener una mirada abierta a la historiografía internacional. Fue una etapa efervescente del feminismo académico, muy creativa. De modo que cuando me encontré con la historia de la medicina, a través de Luis García Ballester en la Institució Milà i Fontanals del CSIC, llevaba ya esa primera lección aprendida, que fue bien acogida y que pude desarrollar.

4. ¿Podrías mencionar algunas figuras o publicaciones que consideres especialmente relevantes para alguien que quiere empezar a leer sobre estos temas?

 

Es una pregunta muy difícil. Afortunadamente tenemos muchos trabajos preciosos, sobre una gran variedad de temas.

Tres libros que por su amplio alcance pueden ser útiles para introducirse:

Teresa Ortiz Gómez, Medicina, historia y género. 130 años de investigación feminista. Oviedo: KRK, 2006, 2018, ofrece una introducción a diversos conceptos clave para el abordaje historiográfico.

Montserrat Cabré i Pairet y Teresa Ortiz Gómez, eds., Sanadoras, matronas y médicas en Europa, siglos XII-XX. Barcelona: Icaria, 2001 [ed. original: Dynamis 19 (1999)], aporta una visión muy amplia e internacional a diversos aspectos de la historia de la salud.

Hannah Wills et al., eds., Women in the History of Science: A Sourcebook. Londres: UCL Press, 2023, ofrece una selección comentada de fuentes.

Dos libros clásicos vinculados a los temas que trabajo:

Joan Cadden, Meanings of Sex Difference in the Middle Ages. Medicine, Science and Culture. Cambridge: Cambridge University Press, 1993.

Londa Schiebinger, ¿Tiene sexo la mente? Las mujeres en los orígenes de la ciencia moderna. Madrid: Cátedra, 2004 [ed. original, Harvard University Press, 1989].

En nuestro entorno, investigadoras de varias generaciones con líneas muy consolidadas en este ámbito son Mónica Balltondre, María Eugenia Galiana, Agata Ignaciuk, Isabel Jiménez Lucena, Consuelo Miqueo, Dolores Martín Moruno, Rosa Medina, Teresa Ortiz, Ana Romero de Pablos, María Dolores Ruiz Berdún, María José Ruiz Somavilla, María Jesús Santesmases, Elena Serrano, Marta Velasco, entre otras.

5. Dentro de este tema, ¿qué áreas o líneas de investigación consideras que merecen más atención en estos momentos?

 

Hay muchas apasionantes en marcha. Una línea transversal que me interesa mucho es la exploración de ámbitos del conocimiento marginales a las grandes interpretaciones disciplinares, pero que han conformado prácticas sociales en las que las mujeres han tenido un gran protagonismo a lo largo del tiempo. A menudo tienen que ver con lo doméstico y lo cotidiano, sin embargo, desde el paradigma de las epistemologías artesanales pueden pasar también desapercibidos, diluidos entre los saberes “productivos”. Me refiero, por ejemplo, a los conocimientos sobre la belleza del cuerpo humano. Son conocimientos que requieren destrezas técnicas y prácticas de observación muy sistemáticas y su estudio sin duda puede hacernos comprender mejor cómo han sido las aportaciones de las mujeres al conocimiento.

Un reto pendiente es la articulación de una mirada larga que recoja los frutos de la investigación de las últimas décadas. Creo que es necesario reflexionar sobre cómo lo que sabemos, que es mucho ya, transforma el relato tradicional de la historia de la ciencia. Pienso que es urgente integrar todos esos conocimientos en un hilo argumental que se despliegue a lo largo del tiempo. Es un desafío, pero abordarlo podría ayudarnos a ofrecer explicaciones más complejas. En nuestra sociedad hay una demanda muy clara por conocer la historia de las científicas y la historia del androcentrismo científico, pero con demasiada frecuencia las narrativas que circulan sobre estas cuestiones están inmersas en visiones fragmentadas, simplistas y alejadas de las investigaciones actuales de la historiografía de la ciencia. Debemos pensar en relatos transmisibles congruentes con el trabajo que desarrollamos y creo que tenemos muchas piezas ya para montar ese puzzle.