Marcos Cueto es historiador graduado de la Universidad de Columbia de Nueva York. Es autor del libro El regreso de las epidemias. Salud y sociedad en el Perú del siglo XX, publicado en Lima en 1997 por el Instituto de Estudios Peruanos, el cual fue galardonado con el Premio Iberoamericano de la Latin American Studies Association (LASA), traducido al inglés por Ashgate Press (Reino Unido) y reeditado en Lima en 2020. Actualmente, se desempeña como profesor en la Casa de Oswaldo Cruz – Fiocruz, en Río de Janeiro, Brasil.
1. ¿Cómo se enmarca la historia de las epidemias dentro del área de los estudios de historia de la ciencia y la medicina?
⌅La historia de las epidemias se ha consolidado como un subcampo fundamental dentro de la historia de la ciencia y la medicina, al funcionar como una lente de aumento, un prisma, que permite observar con mayor claridad procesos históricos que, en tiempos de “silencio epidemiológico”, resultan más difíciles de rastrear.
Entre estos procesos destacan las formas en que el conocimiento médico y científico se construye en contextos de crisis sanitarias y políticas y las múltiples respuestas sociales, culturales e institucionales frente a la enfermedad. Además, el estudio histórico de las epidemias contribuye a visibilizar cómo las prioridades del Estado tienden a minimizar, invisibilizar o incluso silenciar los brotes que afectan a poblaciones vulnerables. También permite analizar críticamente el papel del estigma, muchas veces promovido o reforzado desde el poder, que desplaza la atención hacia la culpabilización de las víctimas en lugar de abordar las raíces estructurales de la crisis sanitaria.
2. ¿Cuáles han sido las contribuciones más importantes de esta línea de investigación en el contexto de la pandemia COVID-19 y en el desarrollo de la historia de la ciencia en los últimos años?
⌅Durante la pandemia de COVID-19, historiadores de la medicina ofrecieron marcos comparativos valiosos –como los referentes a la gripe de 1918 o al VIH/SIDA– que ayudaron a contextualizar la crisis, a poner en evidencia desigualdades persistentes en el ámbito de la salud, la importancia crucial de la inmunización, la búsqueda de legitimidad de médicos y científicos en medios de comunicación masiva, así como a visibilizar la persistencia insidiosa del negacionismo científico, del estigma y de la xenofobia. También permitieron identificar patrones recurrentes en la gestión de pandemias, como la tendencia a proponer soluciones parciales o centradas exclusivamente en el enfoque biomédico.
3. ¿De qué manera ha marcado este tema tu propia investigación?
⌅Como muchos historiadores, durante la pandemia me vi impulsado a priorizar el estudio y la comparación entre distintas epidemias, lo que me llevó a publicar varios artículos y a ver uno de mis libros reeditado. Además, la experiencia del COVID-19 reforzó en mí la necesidad de adoptar una perspectiva más global y transnacional –en la que ya venía trabajando desde hace algunos años–, al comprender con mayor profundidad cómo las epidemias revelan y amplifican las asimetrías estructurales del orden mundial.
Lamentablemente creo el interés inicial ha ido desvaneciéndose a medida que la epidemia retrocedía. Hoy enfrentamos el riesgo de que ocurra con el coronavirus lo mismo que con la pandemia de gripe de comienzos del siglo XX: que, poco después de su fin, se termine de convertir en una tragedia olvidada, y con ella, se desperdicie una oportunidad invaluable de aprendizaje y transformación.
4. ¿Podrías mencionar algunas figuras o publicaciones que consideres especialmente relevantes para alguien que quiere empezar a leer sobre estos temas?
⌅No podría enumerar todos los trabajos relevantes, porque han sido muchos y de gran calidad; sin embargo, me atrevo a decir que los artículos publicados en revistas especializadas como Asclepio, Dynamis, História, Ciências, Saúde – Manguinhos y el Journal of the History of Medicine and Allied Sciences, entre otras se encuentran entre los más significativos.
Para alguien que recién empiece están los trabajos clásicos:
Charles E. Rosenberg, The Cholera Years (1962): analiza el impacto social y cultural de las epidemias de cólera en el siglo XIX en EE. UU.
María Isabel Porras Gallo, Un reto para la sociedad madrileña: la epidemia de gripe de 1918-1919 (1997) El libro trata de las deficiencias en los servicios de salud, las medidas aplicadas para contener la enfermedad, el impacto social y económico de la pandemia y cómo se entendía la salud y la higiene en la esfera pública.
Paul Farmer, AIDS and accusation: Haiti and the geography of blame: combina antropología médica e historia en una excelente narrativa para analizar las desigualdades estructurales en salud.
5. Dentro de este tema, ¿qué áreas o líneas de investigación consideras que merecen más atención en estos momentos?
⌅Queda pendiente una mayor atención a las voces marginalizadas como personas viviendo con la enfermedad, sus familiares, trabajadores de salud en salas de emergencia y actores no institucionales cuya experiencia fue central, pero escasamente analizada. Sigue siendo un desafío la incorporación sistemática de las experiencias de grupos históricamente subrepresentados, como mujeres, pueblos indígenas y migrantes; aunque una excelente estrategia que han adoptado algunos investigadores es estudiar la actuación de las enfermeras.
También es necesario avanzar hacia una reflexión teórica más robusta, que vaya más allá de la descripción empírica de la existencia –fragmentada y discontinua– de epistemologías del Sur en torno a la salud y la enfermedad. Esto implica interrogar y valorar críticamente los saberes locales, tradicionales y comunitarios, especialmente en países del Sur Global, y explorar cómo distintas culturas han conceptualizado y enfrentado las epidemias desde marcos no necesariamente biomédicos u occidentales.
Otro campo aún poco desarrollado es el de la historia ambiental de las enfermedades, que exige investigar las conexiones entre cambio climático, pérdida de biodiversidad, transformaciones en los ecosistemas y la emergencia de nuevas enfermedades infecciosas.