La historia de la medicina y sus revistas
⌅A mediados del pasado siglo se inaugura la principal revista consagrada a historia de la medicina en nuestro país. Se tituló Archivos Iberoamericanos de Historia de la Medicina y fue fundada por Pedro Laín Entralgo, nuevo catedrático de esta especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad madrileña. Sustituía en la postguerra a Eduardo García del Real, quien había publicado unos Trabajos de la Cátedra de Historia Crítica de la Medicina, con contenidos muy interesantes. Ahora el joven falangista venía con aires distintos, practica una rigurosa enseñanza y pone en marcha una nueva revista, en la que sus intereses médicos y antropológicos se aúnan. Así entra en escena quien llevará esta disciplina a una altura internacional, desarrollando una labor ininterrumpida por décadas desde la Universidad y también desde el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Fue heredera esta institución de las propiedades de la Junta para Ampliación de Estudios, duramente modificada esta por José María Albareda, a quien se encomendó esta tarea que se pretendía renovadora y purificadora. 1 Peset 2020 Disponía, por tanto, Pedro Laín de una cátedra y de un instituto de investigación, escribirá libros de texto y se dispondrá a fundar una revista en el seno de la reciente institución, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Pedro Laín Entralgo, fundador de la revista hoy llamada Asclepio, había estudiado en la Universidad de Valencia, en donde había conocido modernos métodos científicos y profesores innovadores. En las aulas levantinas se empezó la enseñanza de la psiquiatría, por la que se interesó y lo llevó a tierras de habla y cultura germanas. Se adentró en ellas, en donde encontró disciplinas como la historia y la antropología médicas. Al establecerse en Madrid consiguió la cátedra de Historia de la Medicina en la Universidad y el Instituto Arnau de Vilanova en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Arnaldo de Vilanova entonces. Tuvo una rica formación, con amplios horizontes, tal como era posible en la España de antes de la guerra civil. Buen conocedor de la ciencia y la medicina de la época, no solo fue capaz de conocer el positivismo científico que llegaba de Alemania, también la filosofía que de allá provenía. Nunca cesó en él el interés por la ciencia y el saber teórico, interesándose por la antropología filosófica y la medicina psicosomática. 2 Torres Norry 1950 Se convierte así Pedro Laín en un joven catedrático con formas tradicionales, posee ideas y se rodea de una escuela, si bien más de forma pasiva que activa. Laín más que buscador de talentos, fue capaz de aceptarlos y reconocerlos. Siempre con gran generosidad, pues como él mismo afirmaba, aceptaba el trabajo ajeno hecho con una suficiente calidad.
Otras revistas se han publicado en nuestro país, que ha sido rico en este sentido. Aparecerá Medicina & Historia que, acompañada de premios a jóvenes historiadores, tuvo un papel fundamental. Al frente Juan Uriach y José Danón la sostenían. Es necesario recordar además el Boletín de la Sociedad Española de Historia de la Medicina. Con gran calidad editorial, propia de la tradición tipográfica castellana, ha tenido un papel relevante en la historia de la medicina española. Se puede mencionar también alguna revista de historia de la ciencia, como la de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas que se denomina Llull, pionera en su campo y que siempre ha estado abierta a temas de historia de la medicina.
Dos publicaciones con soporte académico son muy importantes en este terreno: en primer lugar, Cuadernos de Historia de la Medicina Española en 1962, que encabezó Luis S. Granjel en la Universidad de Salamanca, con Rafael Sancho de San Román y José María López Piñero como secretarios. Fue una publicación de corta vida, pero de alta calidad y bella edición. Se concibe como complemento a los Archivos Iberoamericanos, aportando un interesante proyecto de renovación. Se dedicará al pasado de la medicina española y quiere ser portavoz de la cátedra universitaria y del Seminario de Historia de la Medicina Española. Pero está abierta a otros colaboradores, como la Sociedad Española de Historia de la Medicina. Prosigue los ya iniciados Estudios de la Medicina Española (1959-1960) y las Publicaciones de Seminario (1956-1959). Asimismo, las muchas tesis que allí se dirigieron. Aparte de la colaboración con personajes muy notables como Sancho de San Romás y M.ª Teresa Santander, se considera con estrechos lazos con los núcleos de Madrid y Valencia. Se menciona también el Índice de Médicos Escritores Españoles, y se interesa por el Índice Histórico Médico Español.
Está entonces la revista muy abierta, a las actividades propias y a otras muchas. Relaciona un viaje de Pedro Laín a Argentina y lamenta la muerte de Augusto d’Esaguy, médico portugués de gran importancia por sus obras y su generosidad. Lo mismo señala la aparición del Instituto de Historia de la Medicina de la Institución Alfonso el Magnánimo de Valencia, o el XVIII Congreso Internacional de Historia de la Medicina, que novedades en la historiografía histórico-médica alemana o algunos congresos británicos de esta especialidad. Las recensiones son muchas y riquísimas, tanto de medicina española como internacional. Aparecen como comentadores o comentados, nombres bien conocidos. Así ilustres historiadores alemanes, Leibbrand, Seidler o Schipperges, pero también el italiano Mario Tabanelli. Y un amplio despliegue de españoles, Marañón o Millás Vallicrosa, junto a Vicente Peset, Marceliano Sayans, Diego Ferrer o Francisco Guerra. En general, se dedicó gran atención a la anatomía y la psiquiatría, a la literatura y la iconografía. Supone también un primer paso del que fuera gran historiador de la medicina española, desde su cátedra de Salamanca y sus publicaciones, más tarde desde su extraordinario instituto dedicado a la historia de la medicina en el bellísimo Colegio Fonseca, sus ficheros y biblioteca, las series monográficas y tesis.
Más tarde, aparecerá otra de gran valor, ideada por Luis García Ballester y el brillante grupo de profesores en Granada. La revista Dynamis. Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustrandam ha sido ejemplar en su originalidad y proyección internacional. Muchos temas novedosos han aparecido en sus páginas, incluidos los de historia de las ciencias. Publica su primer volumen en 1981, señalando la desaparición de la revista Cuadernos de Salamanca. Se debe resaltar junto al cuidado del empleo del inglés, también su clasicismo, como muestran en el primer número artículos de Pedro Laín, García Ballester y Michael R. McVaugh. Su complejo título habla de esta orientación. También su impronta lainiana con un trabajo de López Piñero sobre Pedro Laín y la historia de la medicina. Queriendo abrirse a las más modernas tendencias en historia de la medicina, nos dice en su presentación. “La historia de la medicina es algo más que la historia de las ideas médicas. Es también, y debe serlo, historia de los aspectos prácticos y sociales de la medina e historia de las instituciones científicas, educacionales y asistenciales médicas”. 3 Editorial 1981, I Se quiere comprender y explicar, no solo describir la tarea médica en el seno de variadas y complejas tramas sociales y culturales, con un rico acercamiento multidisciplinar que tenga en cuenta los problemas actuales del quehacer médico. Señalemos por tanto la aparición en este número primerizo de varios artículos de historia social y de la ciencia. Asimismo, en las reseñas, en las que además se puede destacar la de Rodríguez Ocaña sobre Las crisis de mortalidad en la España interior (siglos XVI-XIX) de Vicente Pérez Moreda. Y, en fin, las amistosas palabras de este autor junto con Teresa Ortiz dirigidas a comentar los primeros pasos de la Sociedad Española de Historia de la Ciencia. Junto a los nombres mencionados, hay que recordar en esa época a Guillermo Olagüe y Rosa Moreno.
Al terminar este breve repaso de las principales revistas de Historia de la Medicina en el panorama español, me vienen a la cabeza algunas ideas y recuerdos. Estas revistas surgen como producto del esfuerzo y la inteligencia de grupos de trabajo, que quieren dar a luz sus investigaciones y sus métodos. Con el tiempo, tanto en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas como en el marco internacional, se quiere abrir las páginas de las revistas a colaboraciones amplias, en especial externas e internacionales. Siempre me he preguntado si las revistas –o las editoriales– deben ser expresión de grupos de trabajo o receptores de valiosos autores y de amplios movimientos internacionales. La pregunta siempre me ha inquietado y sigue en mi cabeza. La ha rondado durante las décadas en que he mantenido interés por las ediciones de libros y revistas. Desde luego la respuesta debe ser equilibrada, las revistas deben estar abiertas con inteligencia y generosidad. Pero no olvidemos que muchas de las importantes han surgido como expresión de grupos, instituciones, temas y metodologías. Tan solo citaré Social History of Medicine, o bien antes, Annales.
Un programa científico
⌅El primer volumen de los Archivos Iberoamericanos de Historia de la Medicina es un programa de investigación, un planteamiento de intenciones y una fotografía de la escuela en esa primera época. El título era muy habitual entre las revistas académicas, archivo, o archivos eran palabras que gustaban mucho. Así había, por ejemplo, entre 1907-1928 el Archiv für Geschichte der Medizin que se convertirá entre 1929-1933 en Sudhoffs Archiv für Geshichte der Medizin. Sin duda, el germanismo de Laín y la admiración por el gran maestro Sudhoff facilitan esa elección. En la Junta para Ampliación de Estudios y en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas otras revistas llevan ese título. El Archivo Español de Arte y Arqueología procede de 1925, tras la guerra se divide en las dos especialidades.
El primer número de Archivos Iberoamericanos se publica en 1949 con Pedro Laín Entralgo y Aníbal Ruiz Moreno (Buenos Aires) como directores, se firma el lainiano prólogo en octubre de ese año. Es secretario Juan Antonio Paniagua Arellano. En sus páginas se justifica una revista de historia de la medicina por el derecho al conocimiento –histórico, en este caso– y por su aportación a la formación del médico, pues siempre Laín gustaría de la relación con el saber y la práctica de la medicina. Se buscaría en el futuro en sus páginas la razón intelectual de lo que hoy sabemos. “Sólo de quien conoce la historia de su saber puede decirse, en rigor, que sabe algo”. 4 Laín Entralgo y Ruiz Moreno 1949, 4 Se afirma con talante aristotélico, este lema clásico, esa búsqueda del conocimiento de la verdad histórica para el saber futuro. Además, sería una valiosa ayuda en la conquista de nuevos saberes. Redescubriendo algo que se sabía, incluso de forma imperfecta, sea la circulación de la sangre, o la auscultación. Se analizaría el sistema de las actitudes que se han ensayado frente a los problemas, sería así una historia del método científico.
Es interesante el papel de la historia de la medicina. Durante siglos fueron mantenidas como válidas las teorías de los clásicos, en especial griegos y romanos. Hipócrates y Galeno –además Avicena– eran estudiados en las universidades, los estudiantes aprendían a leer, comentar y discutir los antiguos libros. Incluso en el período moderno, las novedades consistían en gran medida en la recuperación de los clásicos, su edición crítica o traducción y sus comentarios, muchas veces de una complejidad insoportable. En el siglo XVIII se critican a esos comentaristas y se quiere volver a la pureza de los antiguos. Pero los tiempos han cambiado, la observación, la experiencia, la ciencia moderna han obligado a la medicina a cambiar. Ahora se empieza a estudiar y aprender por los “modernos”. Los “antiguos” pasan a las bibliotecas en manos de los bibliotecarios y bibliófilos, apareciendo los historiadores de la medicina, que a veces coinciden.
La historia sigue siendo sin embargo importante. Por una parte, sirve para dignificar saberes y oficios. Se supone un pasado mítico a la medicina, que procede del dios Apolo y del centauro Quirón. Asimismo, viene de una larga genealogía de ilustres médicos que han aportado saber, esfuerzo e incluso sacrifico para el desarrollo de los conocimientos y el bienestar de sus clientes y empleadores. Por otra parte, la historia sirve para comprender los saberes actuales, pues tanto internalistas como externalistas son seguidores fieles de la idea del progreso agustiniano. Se quiere conocer el desarrollo del saber médico, sea por razones internas o por condicionamientos externos. Con esa explicación de experiencias, observaciones, teorías y condicionamientos se valora y explica el saber médico actual. En este sentido se orienta la presentación de la nueva revista.
Se denominan estos archivos Iberoamericanos por “La comunidad del idioma y tres siglos de historia compartida”, por “la verdad histórica en nuestro idioma”. 5 Laín Entralgo y Ruiz Moreno 1949, 5 Eran tiempos del franquismo y la hispanidad. Asimismo, de interés por los estudios clásicos, también de moda en la época, con grandes especialistas en griego y latín, incluso en árabe culto. Los intereses culturales y científicos se alían en la revista con un afán por llegar a las tierras americanas, tal como el nuevo régimen pretendía. Para ello colabora esta publicación con algunos eminentes historiadores sudamericanos, colocando en la dirección a Aníbal Ruiz Moreno. Serán asimismo fundamentales los secretarios, contando con distinguidos profesionales como Juan Antonio Paniagua y Agustín Albarracín. Además, se añadirá luego en la redacción a sabios pioneros como José María López y Luis García Ballester.
Las secciones eran varias y meditadas, así Estudios, Notas y estudios breves, recensiones de libros y revistas. También Trabajos del Instituto, que recordarán las ediciones de García del Real, si bien eran publicaciones frecuentes en las cátedras e instituciones académicas. Se incluían textos clásicos, para poner a disposición del lector páginas importantes de historia de la medicina, de difícil consulta por la lengua en que estaban escritos o por las escasas ediciones. Se otorga gran importancia a la tradición científica española, junto a grandes personajes de la medicina mundial. Se debe asociar con la colección de libros de clásicos de la medicina del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que continúa en cierto modo a la Biblioteca Clásica de la Medicina Española, publicada por la Real Academia Nacional de Medicina. Consistían en traducciones de autores de importancia, precedidas de un estudio por un especialista. Laín mismo se encargó de algunos, como Hipócrates, Harvey, Laennec y Sydenham. Afirmaba con acierto que “los historiadores de una ciencia no hacemos, a la postre, sino ‘prólogos’ a las obras de los autores por nosotros estudiados”. 6 Laín Entralgo 1958, 198
Con motivo de la muerte de Viktor von Weizsecker, se publican
en la revista dos artículos sobre este autor, que nos permiten
profundizar en el proyecto editorial. Uno de Richard Siebeck (1958Siebeck, Richard. 1958. “Homenaje a Viktor von Weizsecker (1886-1957)”. Archivo Iberoamericano de Historia de la Medicina y Antropología Médica 10 (2): 195-197.
)
7
Siebeck 1958
y otro de Pedro Laín. Este es la introducción a
un libro del médico germano publicado en España. Se insiste en ella en
el camino que la medicina había seguido desde finales del siglo XIX
hasta mediados del XX. Como una reacción contra el positivismo y el
mecanicismo había llegado un movimiento que –tal como expuso en La historia clínica–
convertía la enfermedad en una biografía, al enfermo en sujeto y al
médico en observador convivencial. Señala así Pedro Laín cómo el autor
convierte la sentencia de Bacon natura parendo vincitur en natura convivendo vincitur.8
Laín Entralgo 1958, 204
Podemos detenernos en estas sentencias, con gran
importancia. Siempre llamó la atención que el gran filósofo de la
modernidad, predicador del dominio del universo a través de la ciencia y
la técnica, afirme la necesidad de aprender de la naturaleza. Pues
bien, el profesor germano y su comentador prefieren señalar esa
necesaria convivencia con la naturaleza. Se trataría esa servidumbre de
la naturaleza de una herencia hipocrática, tan grata a Pedro Laín, y
asimismo de una anticipación del respeto actual por ella.
Tiene gran interés en el texto la metáfora de los jugadores de ajedrez –comprensiva de observación, azar y reglas– que Laín lee en el alemán y en un relato de Miguel de Unamuno. Se produce este movimiento psicosomático antes en la clínica que en la patología e incluso antes en la filosofía (Dilthey, Nietzsche, Bergson y Scheler). Von Monakov hablaba de “conducta vital” y von Weizsecker de “persona”, pues la relación del médico con el enfermo es una biografía, una empresa biográfica, una percepción biográfica. Un acto vital es para Siebeck. Se produciría el paso de la resignación hipocrática al ánimo cristiano. Según Pedro Laín, Verdad y Dios. Y la obra de Sigmund Freud es esencial. El paso del psicoanálisis a la medicina psicosomática y a la medicina antropológica, que debe ser político-social, convivencial y científica. Lo refiere a la crisis de fin de siglo, a la neurosis fin de siglo. Pero se trata de la crisis social, política, moral, de valores de la belle époque. 9 Kalifa 2017; Laín Entralgo 1958b Él pudo conocer este movimiento por Barcia Goyanes y López Ibor. El paso por Valencia se refleja bien en la vida y la obra de Pedro Laín. También le influyó Jiménez Díaz. Se entiende por tanto el rápido añadido de la Antropología médica al título de la revista.
La realización del proyecto
⌅Es difícil encontrar hilos conductores en las hojas de Archivos Iberoamericanos de Historia de la Medicina, pero mi intención es hacerlo para salir del laberinto de esas páginas. Para ello repaso los nombres y títulos y rebusco en mi memoria, pues algunos personajes todavía sonaban o estaban a mi llegada a Madrid en 1970. Debo inevitablemente seleccionar unos pocos autores y artículos y valerme de los índices que de la revista se realizaron en sus veinticinco años. 10 Peset y Chanes 1974-1975 Desde luego, había un aprovechamiento de los estudios en curso y de las personas que se acercaban a Pedro Laín, como será el caso de Martín Santos –autor de Tiempo de Silencio– con su estudio de la psicopatología en Dilthey.11 Martín Santos 1950 Pero también hay un reflejo de las ideas y proyectos de Pedro Laín y de Juan Antonio Paniagua, representantes de los dos grupos dirigentes de la España de postguerra, en la que mucha inteligencia se había eliminado o marginado y en la que las opiniones y los saberes progresistas siempre eran mal mirados y con frecuencia perseguidos.
En los años de gestación de la revista se vive una dura postguerra, en España y en Europa. Se han arruinado instituciones y se han producido desapariciones y emigraciones. Las potentes naciones Francia y Gran Bretaña, aunque vencedoras, se resienten. Y mucho más Alemania, que ve destrozado su poderío intelectual, científico, político y económico. Se yerguen por tanto como nación todopoderosa los Estados Unidos de Norteamérica, que ejercen un decisivo influjo en artes y ciencias, poder y dinero. Europa iniciará una lenta recuperación, poco a poco lograda. El área de influencia se amplía hacia el oeste, junto a los nombres de Artelt, Steudel, Schipperges 12 Schipperges 1959 y Leibbrand, aparecen Sigerist y O’Malley.
Los proyectos del joven catedrático serán plasmados en sus páginas. Muchos de quienes participaron en el primer número fueron quienes lo acompañaron en sus primeros años de catedrático. Igual sucede con los temas que se trataron. Encabeza así el volumen primero de Archivos Iberoamericanos un artículo del mismo Pedro Laín Entralgo sobre “La historia clínica hipocrática”. Sin duda contiene los dos grandes temas lainianos, la escuela hipocrática y el relato patográfico. Tras sus esfuerzos por aprender lenguas clásicas se dedicó al estudio de los escritos hipocráticos, de donde surgieron sus grandes libros: uno La historia clínica terminado por entonces y el otro más tardío La medicina hipocrática de 1970. 13 Laín Entralgo 1949a, 1950, 1970 Pienso que constituyen la gran obra historiográfica de Pedro Laín, dejando aparte sus aportaciones a la historia de la literatura y la cultura españolas.
La vertiente americanista se plasma en las recensiones a los libros de J. Joaquín Izquierdo, Balance cuatricentenario de la fisiología en México; Ignacio Chávez, México en la cultura médica; Guillermo Furlong, Médicos argentinos durante la dominación hispánica y Carlos Martínez Durán sobre Las ciencias médicas en Guatemala. Se encuentra además comentado el libro del director de la revista Aníbal Ruiz Moreno La medicina en la legislación medieval española, que muestra el interés por la relación entre medicina y derecho. Así estudiará este el Protomedicato y con Luisa Galimberti de Carbajo temas médicos en el Corpus Iuris Civilis. 14 Ruiz Moreno 1950; Ruiz Moreno y Galimberti de Carbajo 1958 El mundo americano nunca se abandonará en la revista, así Washington Buño estudiará el escorbuto y el primer libro de anatomía en América.15 Buño 1953, 1958 Escribirá Carlos Rico-Avello sobre la quina del Perú y sobre el bocio en este país prehispano publicará Juan B. Lastres.16 Rico-Avello 1951; Lastres 1958 Leopoldo Cortejoso Villanueva lo hará sobre la tuberculosis precolombina.17 Cortejoso Villanueva 1950
Sigue en los artículos de ese primer tomo el dedicado por Juan Antonio Paniagua a “La patología general de Arnaldo de Vilanova”. 18 Paniagua 1949, 1951 Ambos personajes, el estudioso y el estudiado, son bien significativos. Aquel fue un amable, inteligente e importante clérigo perteneciente al Opus Dei, siempre leal discípulo del maestro Laín. Fue notable, por un lado, por sus estudios sobre medicina medieval, que dieron origen a la importante edición del Corpus arnaldiano, en la que se incorporaron Luis García Ballester y Michael MacVaugh. Y luego otros más.19 Arrizabalaga 2023 Por otro, por su papel en un ambiente dominado por José María Albareda, miembro del Opus Dei, en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas primero y luego en la construcción de la Universidad de Navarra. Recordemos que Pedro Laín dirigió en la primera institución el Instituto Arnaldo de Vilanova. Y el primer “Texto ejemplar” se dedica al mismo Arnau de Vilanova. También recensiona Paniagua un libro de José Janini Cuesta sobre la antropología y la medicina pastoral de Gregorio de Nisa. El mismo Janini escribirá en las últimas páginas de Estudios un artículo sobre “’Pathos’ y dieta en San Jerónimo”.20 Janini 1949
Pero antes se incluirán dos artículos de interesante relieve. De Carlos del Valle-Inclán “El léxico anatómico de Bernardino Montaña de Monserrate y de Juan de Valverde”, que muestra el interés por la anatomía y la lengua en ese círculo. En Notas y Estudios breves el mismo autor escribirá sobre anatomía española ilustrada y Pedro Laín sobre conceptos fundamentales en historia de la anatomía. 21 Valle-Inclán 1949a, 1949b; Laín Entralgo 1949b Sin duda, siempre interesó al maestro aragonés la morfología, añadiendo muy acertadas páginas en el futuro. Si se consultan los índices de la revista, la anatomía muestra muy elevado número de contribuciones, junto a la literatura. Alfredo Lapuente Mateos inicia aquí el estudio sobre los primeros tiempos del Colegio de San Carlos, también aulas de renovación anatómica y quirúrgica.22 Lapuente Mateos 1949, 1952 Pedro Laín recensiona el libro de M. Usandizaga Historia de la Obstetricia y la Ginecología en España. Estaba trabajando sobre el colegio de san Carlos.23 Usandizag, 1948 No es extraño porque fue este un lugar privilegiado de la renovación médica y quirúrgica en la Ilustración y también origen de la facultad madrileña en que se asienta Laín Entralgo y la cátedra de historia de la medicina. Esta institución procedente del viejo colegio de cirujanos fue siempre modelo ejemplar para las mejoras de la enseñanza de la medicina. Se puede recordar la magnífica tesis sobre esta institución de Gloria García del Carrizo en este mismo ámbito intelectual.24 García del Carrizo 1961; Peset y Peset 1974 No podía faltar la recensión del libro de Luis Alberti, otro de los que acompañaron a Laín en esta época, La anatomía y los anatomistas españoles del Renacimiento, escrita por Luis S. Granjel.
Otras especialidades e instituciones también aparecen. La riqueza de la revista y la amplitud de la personalidad de su creador permiten la apertura a amplios campos del saber y la cultura, siempre en relación con la medicina. De Luis S. Granjel se publica en el primer volumen “La psicología de C. G. Jung en la historia de las relaciones entre medicina y religión”. 25 Sánchez Granjel 1949 Muestra el interés de esa escuela por la psiquiatría, con Laín al frente. Recordemos el artículo mencionado de Martín Santos y añadamos la serie larga de Vicente Peset sobre el léxico psiquiátrico en la corona de Aragón medieval.26 Peset 1955 Pedro Laín escribía sobre Platón y la terapia verbal, iniciando uno de sus hallazgos más importantes en la historia de la curación mental.27 Laín Entralgo 1958a Juan B. Lastres escribió sobre epilepsia y delito y sobre medicina legal Antonio Cardoner Planas.28 Lastres 1955; Cardoner Planas 1950
Se añaden otros caminos de la curación y el cuidado. Silverio Palafox se ocupa de José de Letamendi en varios artículos y enfoques. 29 Palafox 1951 Se convertirá este autor –amable personaje y colaborador entusiasta de Pedro Laín– en un adalid del neohipocratismo. Hipócrates ha sido usado y reusado constantemente a lo largo de la historia en muy diversos movimientos médicos.30 Laín Entralgo 1964b Muy interesante es el artículo de Santiago Montero sobre la antropología en Novoa Santos.31 Montero 1954 Merece asimismo ser mencionado el de Francisco Grande Covián sobre “La fisiología contemporánea y su futuro”.32 Grande Covián 1950 O bien el de Alberto Ruiz de Galarreta, “El Doctor José Gómez de Ocaña; su vida y su obra”.33 Ruiz de Galarreta 1958 Se añadirá una sección de Trabajos del Instituto –que recuerda los Trabajos de la Cátedra de García del Real– y se incluirá así de José Jiménez Girona “La medicina de Baglivi”. 34 Jiménez Girona 1954 Y, por su rareza, por referirse a una mujer dedicada al cuidado, se puede mencionar el texto de José F. Rulfo titulado “Isabel Rodríguez enfermera en la conquista de México”.35 Rulfo 1952 En los primeros años se añade la colaboración de los historiadores de la farmacia, en una etapa de buenas relaciones. Así Rafael Roldán Guerrero iniciará en 1953 una serie de artículos sobre la historia del cuerpo de farmacia militar del ejército español.36 Roldán Guerrero 1953 Pilar Herrero escribe sobre historia de la farmacia en Navarra37 Herrero Hinojo 1953 Asimismo hay artículos de Rafael y Guillermo Folch
No pueden ser olvidados otros trabajos, relacionados con el arte y la cultura. Así la aportación de Martí Ibáñez sobre arte. 38 Martí Ibañez 1952 O las patografías, los análisis de vidas sobresalientes que van marcadas por la enfermedad. No es extraño, pues es la época en que Thomas Mann escribe Doktor Faustus y Gregorio Marañón sus muchas vidas marcadas por el sufrimiento, Amiel, Enrique IV o el Conde Duque. Francisca Vendrell escribía sobre la enfermedad en el rey Fernando de Antequera. (1959) También se puede encontrar la enfermedad en las vidas del brutal Fernando VII y del delicado Rainer Maria Rilke. Nos lleva este camino a la literatura y su relación con la medicina. Fueron germinales los textos de Agustín Albarracín Teulón sobre el dramaturgo Lope de Vega. 39 Albarracín Teulón 1951; Vendrell de Millas 1958 También el de Luis Alberti sobre medicina y naturalismo.40 Alberti López 1958 Y desde luego hay que señalar los abundantes trabajos de Luis Sánchez Granjel sobre historia de la literatura española. Se convertirá este en uno de sus grandes temas de estudio, así escribirá sobre Pero Mexía, la picaresca, Pérez Galdós o Baroja.
Muy frecuentada sería la senda de la folkmedicina, o medicina popular. Así Antonio Castillo de Lucas será desde el principio de la revista un autor prolífico, al que se deben muchas páginas de estudios y comentarios. 41 Castillo de Lucas 1952 Víctor Lis Quibén fue asimismo un activo colaborador.42 Lis Quibén 1951 Estas aportaciones supusieron un riquísimo acervo sobre una antropología médica distinta de la perseguida por el maestro Pedro Laín Entralgo. Sus contribuciones supusieron un notable interés por otras formas de la curación y la enfermedad. Un enfoque antropológico diferente se encuentra en J. Amades sobre magia y danza.43 Amades 1958 Asimismo en A. Álvarez de Miranda con su escrito sobre “Magia y medicina popular en el mundo clásico y en la península ibérica”.44 Álvarez de Miranda 1953
Curiosamente hay en las revisiones de revistas que por
entonces se publicaron mucha influencia anglosajona, así en las firmadas
por Julio Gutiérrez Sesma sobre el Bulletin of the History of Medicine con mucha frecuencia, asimismo sobre el Journal of the History of Medicine and Allied Sciences. Pero las hay francesas, alemanas, portuguesas; no faltan brasileñas, venezolanas, etc., pero irrumpe José María López Piñero en 1959López
Piñero, José María. 1959. “Hombres y obras en la historiografía médica
actual. El Instituto de Historia de la Medicina de Munich: Werner
Leibbrand y Annemarie Wettley”. Archivo Iberoamericano de Historia de la Medicina y Antropología Médica 11 (1): 94-98.
–se han cumplido diez años de la fundación– volviendo a fuentes
alemanas, en el sendero marcado por el maestro Laín Entralgo. Se refiere
al Zeitschrift für Soziologie und Sozialpsychiologie,
mencionando a René König y Margret Tönnesmann. Asimismo, al Instituto de
Historia de la Medicina de Munich citando a Werner Leibbrand y Anne
Marie Wettley.
45
López Piñero 1959
Sin duda estaba siguiendo el consejo de Pedro
Laín de estudiar la mente humana en el paso del siglo XIX al XX, que
luego se completaría con la aportación de Morales Meseguer en el libro
conjunto Neurosis y psicoterapia.
Hay que señalar asimismo el interés de Pedro Laín Entralgo por la consolidación y acreditación de la disciplina. La revista se hará eco de algunas de sus realizaciones, sin duda de gran valor. Si la Sociedad Internacional de Historia de la Medicina había celebrado en Madrid un congreso en 1935, la celebración en 1956 del XV Congreso Internacional de Historia de la Medicina es señalada en sus páginas, en las que se recogen las abundantes aportaciones. Palafox o Marañón colaboran, asimismo el profesor Francisco Oliver de Zaragoza. 46 Crónica 1956 Si se estudian sus páginas se verán reflejados los temas caros a Pedro Laín. Asimismo, se quiere plantear –en un momento de aislamiento– las relaciones históricas de España con Europa y América, así como con el mundo árabe. Además, se recoge en las páginas de la revista la constitución de la Sociedad Española de Historia de la Medicina. Se trata de la otra cara del proyecto de Pedro Laín, pues junto a la apertura internacional –que Albareda impulsa en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas– se quiere interesar a un posible público de aficionados a este saber, en especial entre las filas de médicos buenos lectores.47 Sociedad Española de Historia de la Medicina 1960 En efecto, la Sociedad se ha comprobado eficaz difusora de esta disciplina, a través de sus publicaciones, premios, simposios y congresos.
La revista se ampliará con los años, añadiendo temas y enfoques. Llegará la historia social, se notará la influencia de Annales y de Michel Foucault. La apertura de la revista se ve ya por entonces en una recensión a los trabajos de sociología del Instituto Balmes del Consejo Superior de Investigaciones Científicas que se encontraban cerca cuando yo llegué al hermoso y vetusto edificio de Duque de Medinaceli, antigua y heredada sede del Centro de Estudios Históricos. 48 Albarracín Teulón 1952 Pedro Laín era sensible a este enfoque, como mostró en su libro La relación médico-enfermo.49 Laín Entralgo 1964a Asimismo las páginas de la revista fueron ampliamente abiertas al influjo de las escuelas francesas, anglosajonas y alemana. Ampliamente a la historia de las ciencias, más tarde llegará la historia cultural. Se incluirán temas de primera importancia, como la mujer, el racismo y la diversidad, la ecología, las emociones, asimismo los métodos científicos, los instrumentos y la experimentación. Bajo el nombre de Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia –que recuerda los anhelos de clasicismo y la amplitud de miras de su fundador y de sus seguidores– ha seguido la edición de la revista hasta el día de hoy. Gracias, desde luego, a la generosidad de una institución tan fundamental en la historia de la ciencia española como es el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Creado para borrar y sustituir a la Junta para Ampliación de Estudios, supo con el tiempo recobrar el impulso y la sabiduría de aquella magna institución, que honra la memoria de la cultura y la ciencia españolas.
Declaración de conflicto de intereses
⌅El autor de este artículo declara no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.
Declaración de contribución de autoría
⌅José Luis Peset: Conceptualización, Análisis formal, Investigación, Metodología, Administración de proyecto, Redacción – borrador original, Redacción – revisión y edición.