Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia 77 (2)
julio-diciembre 2025, 1438
ISSN-L: 0210-4466, eISSN: 1988-3102
https://doi.org/10.3989/asclepio.2025.1438

ENSAYO/ESSAYS

Las tecnologías biomédicas y la emergencia de las personas intersex como sujeto político

Biomedical technologies and the emergence of intersex people as a political subject

Francisco Vázquez García

Universidad de Cádiz, España

https://orcid.org/0000-0003-3950-4313

Recibido: 25-11-2026. Aceptado: 25-11-2026. Publicado: 16-02-2026.

Cómo citar este artículo / Citation: Vázquez García, Francisco. 2025. “Las tecnologías biomédicas y la emergencia de las personas intersex como sujeto político”, Asclepio, 77 (2): 1438. DOI: https://doi.org/10.3989/asclepio.2025.1438

Gregori Flor, Nuria. Intersexualidades. Emergencias y debates en torno a personas con características sexuales diversas. Madrid, Libros de La Catarata, 2024, 302 pp. [ISBN: 978-84-1352-956-1].

Gómez, Mer. Las hermafroditas del siglo XXI. De objetos del discurso a sujetos políticos intersex. Barcelona, Bellaterra, 2024, 299 pp. [ISBN: 978-84-19160-78-2].

Desde hace al menos dos décadas, la cuestión de las intersexualidades ha sufrido una modificación fundamental. De ser un asunto oscuro, confinado al ámbito de las especialidades médicas, ha acabado trascendiendo al espacio de la opinión pública, proyectándose en la arena política, dando lugar a un nuevo y vigoroso activismo; en la esfera jurídica y legislativa, en los medios de comunicación y en el campo de la creación artística y literaria. Este acontecimiento ha sucedido en la confluencia de una miríada de procesos dispersos, tanto políticos como epistémicos, que acabaron llevando a problematizar el protocolo de intervención biosanitaria surgido a mediados del siglo XX a partir de las indagaciones de John Money y más tarde generalizado a escala planetaria.

Ya en la década de 1990, partiendo de los Estados Unidos, comenzó a gestarse un movimiento intersex que hacía visible el sufrimiento físico y psíquico de un creciente contingente de personas víctimas del protocolo Money. Este encuadraba a las intersexualidades como una emergencia psicosocial que ponía en riesgo la incuestionable división binaria sexogenérica y arbitraba para remediarlo una tecnología de normalización genital a fin de ajustar todos los cuerpos disonantes a esa norma. El procedimiento se sustentaba además en la permanente sumisión del cuerpo de estas personas bajo la mirada y la intervención permanentes del especialista y exigía al respecto una incomunicación y un silencio absolutos. Las voces de esa primera militancia intersex –encarnada principalmente por Cheryl Chase y la Intersex Society of North America– que se rebelaba contra esta situación, vino pronto acompañada por el murmullo proliferante de trabajos académicos procedentes del ámbito de las Humanidades y las Ciencias Sociales, que desenmascaraban el carácter arbitrario e ideológico de una biomedicina que daba carta de objetividad científica a un prejuicio cultural heterosexista según el cual la especie humana está escindida en dos sexogéneros perfectamente congruentes, diferenciados y reconocibles: hombre y mujer. Por último, también en los años noventa comenzaron a publicarse distintos trabajos endocrinológicos, destacando aquí la figura de Milton Diamond, que ponían en tela de juicio el planteamiento ambientalista de Money y ponían en evidencia que la diversidad sexogenérica estaba arraigada en las mismas bases biológicas de nuestra especie, no tratándose meramente de una “construcción social”.

El entrecruzamiento de estos diferentes procesos condujo a que las principales sociedades de endocrinología pediátrica a escala mundial modificaran el protocolo de Money, dando lugar en 2006 al conocido consenso de Chicago. Más que un punto de llegada, este episodio fue el comienzo de una transformación que acabó traduciéndose desde el segundo decenio del siglo en curso, en una cascada de normativas legales, dictadas inicialmente a partir de las directrices dadas por organismos internacionales en defensa de los derechos humanos (como Naciones Unidas y el Consejo de Europa). Estos denunciaban como mutilación las normalizaciones genitales de menores derivadas del protocolo Money y rechazaban asimismo las inspecciones invasivas y el imperativo del silencio impuesto a las familias. Pero el motor principal de estos cambios fue sin duda el empuje del activismo intersex, al que se empezaron a sumar colectivos españoles hace apenas veinte años. Por otro lado, el nuevo paisaje que empieza a barruntarse trae también consigo nuevos dilemas y conflictos, no es un escenario de hermandad y emancipación unánimes.

Pues bien, los dos libros que recensionamos se sitúan en cierto modo, en la estela de toda esta transformación. Forman parte, a mi modo de ver, de lo mejor que han producido en nuestro país los Estudios Intersex –donde destacan los procedentes de los Science Studies– situados a medio camino entre la academia y la militancia, entre la vocación científica y la política. Se trata, no obstante, a pesar de su afinidad e incluso complementariedad, de dos monografías muy dispares, tanto en la forma como en el fondo. Intersexualidades es la obra de una antropóloga y enfermera feminista, con una muy prolongada experiencia en un terreno sobre el que lleva trabajando más de veinte años. Conoce con extremo detalle y competencia, especialmente en nuestro país, la evolución de los discursos biomédicos y de las prácticas clínicas, así como los prejuicios culturales que campean en el mundo de los sanitarios, y al mismo tiempo tiene mucha familiaridad con la experiencia vivida y los “saberes sometidos”, por decirlo con Foucault, de las personas intersex y de sus parientes, manteniendo un contacto dilatado con los grupos de autoayuda y con las organizaciones activistas.

Los hermafroditas del siglo XXI, volumen que es el resultado de un trabajo de tesis doctoral, constituye sin embargo un texto muy diferente. Su autora formal es Mer Gallego, graduada en periodismo, especialista en Estudios de Género y autodefinida como mujer intersex, con un decidido compromiso activista y artístico, autora de distintas piezas de “microteatro” y del libro La rebelión de las hienas. Relatos corporales de personas intersex. No obstante, por sus características, Los hermafroditas del siglo XXI es un libro de autoría coral. El trabajo de campo no consiste en una etnografía elaborada a partir de entrevistas semiestructuradas o historias de vida. No; se trata de “soliloquios corporales” donde diez mujeres intersex toman la palabra para pronunciarse sobre las vivencias que jalonan las distintas trayectorias (por ejemplo la experiencia de la despatologización, de la “desarmarización” y del “acuerpamiento”, esto es, de la necesidad de asociarse), pero también acerca de los distintos marcos teóricos y debates que vertebran la investigación (por ejemplo la opinión sobre las prácticas biomédicas que afectan a las personas intersex, la diferencia entre género y sexo, la relación con el feminismo, etcétera). De este modo, a medida que se va tejiendo la trama del libro, se conforma también la identidad del grupo –evocado ya en La rebelión de las hienas y bautizado como “Hermafroditas a Caballo”, HAC– que surge, así como sujeto político con voz propia.

Intersexualidades, por otra parte, es un libro analítico, que presenta una cartografía del problema situando el caso español en un contexto internacional. Lleva a cabo un recorrido histórico por las tecnologías y discursos biomédicos; traza una vasta etnografía deslindando la morfología de las vivencias a partir de un amplio espectro de relatos en primera persona; reconstruye las “carreras morales” de los afectados y las estrategias creativas que despliegan para hacer frente a la estigmatización. Por último, sigue la actualidad del problema desde el consenso de Chicago en adelante, focalizándose en el caso español. Valora en qué medida los nuevos protocolos se han implantado en las prácticas clínicas de nuestro país, el estado del activismo y de los grupos de apoyo; finalmente, pasa revista minuciosa a la abundante legislación autonómica y nacional, señalando sus lagunas y la tendencia a absorber y a desdibujar la diversidad y las singularidades de la cuestión intersex dentro de las demandas más generales del colectivo LGTBQ.

La investigación emprendida por Nuria Gregori pone de relieve tres aspectos principales. En primer lugar, la gran diversidad del espectro intersex (síndrome de insensibilidad a los andrógenos, hiperplasia suprarrenal congénita, síndrome de Klinefelter, síndrome de Rokytansky, hipospadias, micropenes, entre muchos otros), con problemáticas no ya clínicas, sino vivenciales específicas, irreductibles entre sí en muchos casos. En segundo lugar, y en lo relativo a las “biosocialidades”, como las denomina Paul Rabinow, el libro enfatiza las tensiones y conflictos internos entre, por una parte, personas intersex que no se reconocen en las reivindicaciones identitarias LGTBQ, que asumen el binarismo sexogenérico y cuyas demandas conciernen sobre todo al apoyo y a la atención derivada de poseer una condición determinada, y por otra parte, aquellas que se alinean con las reclamaciones LGTBQ y que utilizan la etiqueta intersex poniendo en tela de juicio el orden binario de los sexos y de los géneros. Tanto unas como otras comparten sin embargo una experiencia corporal y discriminatoria. En tercer lugar, este estudio se aleja de los relatos utópicos que sugieren una progresiva liberación y reconocimiento de las intersexualidades una vez desmantelado el protocolo Money y desplegadas las nuevas guías clínicas basadas en el consenso de Chicago. Muy al contrario; aparte de poner de relieve la tardía, limitada y deficiente, salvo excepciones, aplicación de los nuevos procedimientos en el Estado español, se revelan muchos de los prejuicios culturales y sesgos de género enquistados en el ethos de unas profesiones sanitarias cuya formación necesita urgentemente ser reprogramada. Se insiste también en la precariedad y dispersión de la nueva legislación aprobada, que al integrar exclusivamente la “i” en la perspectiva LGTBQ, refuerza el repliegue de los trabajadores de la salud sobre sus propios prejuicios, por no hablar de las discriminaciones que ciertas medidas traen consigo, como la tentativa de reconocer legalmente una suerte de “tercer sexo”, aunque afortunadamente esta posibilidad no se ha propuesto en nuestro país. El libro obviamente invita a profundizar en la senda despatologizadora y defiende por ello una acepción del término DSD, postulado por el consenso de Chicago, en clave de “diferencias de desarrollo” y no de “desórdenes” o “trastornos”. Sin embargo, esto no significa olvidar que muchas de las variantes intersex requieren una monitorización médica y psicosocial permanente, a cargo de equipos multidisciplinares. Lo que esto puede implicar en una era de creciente gubernamentalidad neoliberal dentro del campo de la atención a la salud, de modo que la persona afectada tenga que ajustarse a los requerimientos de un consumidor activo dentro de un variopinto mercado de bienes sanitarios, no es asunto abordado en el libro, tampoco en el de Mer Gallego, pese a sus alusiones generales al “capitalismo”. Se trata sin duda de una cuestión pendiente y en la que habrá que ahondarse en los próximos años.

A diferencia del primado analítico de Intersexualidades, Los hermafroditas del siglo XXI, aun tratándose de una investigación, presenta una tonalidad más militante. No se trata tanto de cartografiar lo que hay –aunque ofrece una información abundante y contrastada– sino de hacer emerger un sujeto político desde una experiencia y unas convicciones determinadas dentro del universo intersex. El recurso a los “soliloquios corporales”, la confección de un grupo de intervención (“Hermafroditas a Caballo”) refuerzan este objetivo. La obra encarna la perspectiva de un sector concreto dentro del movimiento: el constituido por las “mujeres intersex”, en este caso poseyendo una variación de desarrollo sexual que en su mayoría fue diagnosticado como síndrome de insensibilidad a los andrógenos. Se trata también de un grupo que asume la militancia intersex dentro del feminismo y de los colectivos LGTBIQ y que desafía el sistema binario sexogenérico, poniendo de relieve su sesgo heteropatriarcal.

Desde este planteamiento, la autora combina el procedimiento de los “soliloquios corporales” y la propia reflexión crítica sobre una serie de marcos teóricos asimilados (Estudios Intersex, Estudios de Género, Teoría Queer, Feminismo Interseccional). En la alternancia de estas dos maneras de hacer, las diez componentes del grupo HAC, una vez deslindado su modo de afrontar los “hitos” que atraviesan su experiencia vivida (despatologización, desarmarización y acuerpamiento) son interpeladas acerca de cuestiones a la vez epistémicas y políticas: la diferencia entre sexo y género, la relación con el feminismo, la orientación sexual, la identificación con el sujeto mujer, el binarismo, el posible reconocimiento de un tercer sexo, el feminismo TERF y la escisión del movimiento de mujeres en España.

El libro finaliza con una completa revisión crítica de la actual situación legislativa en España, del estado de la militancia intersex y de las distintas tendencias académicas dentro de nuestro país, de interés para las reivindicaciones del movimiento. Mer Gómez coincide con Nuria Gregori a la hora de subrayar la diseminación y el escaso desarrollo específico de unas legislaciones bienintencionadas, pero que no han contado suficientemente con la participación de las personas afectadas por su articulado.

El tono más propositivo que analítico domina en el texto de Mer Gómez en contraste con el de Nuria Gregori, pero esto no los hace incompatibles sino más bien complementarios y en este sentido ambos comparten una visión realista de la situación actual, muy ajustada al terreno que pisan, excelentemente informada y a la vez con una voluntad emancipadora, de transformación, pero sin esos utopismos identitarios que en vez de ayudar pueden contribuir a fragmentar un movimiento que no es un bloque sino un archipiélago.