La historia de la tecnología ha tenido un desarrollo atropellado en España, debido, sin duda, a la falta del apoyo institucional y a las inercias y obsesiones de la historiografía nacional. Por una parte, la historia generalista suele considerar los temas relacionados con la tecnología como algo poco relevante para sus investigaciones. De ese modo, apenas se ha prestado atención a la rica producción académica actual sobre historia de la tecnología para refinar determinadas hipótesis e incorporar nuevas preguntas. En el mejor de los casos, la historiografía generalista considera a la tecnología como un elemento instrumental; es decir, la tecnología aparece como “algo” situado y aprehendido desde fuera –siendo este “algo” un puente, una presa, internet o una lavadora–, empleada y movilizada de acuerdo con diferentes lógicas y objetivos por los distintos grupos, individuos e instituciones históricas. En la base de esta comprensión de la tecnología subyacen determinados a priori que parten del desconocimiento de una disciplina que ha evolucionado mucho más allá del simple recuento de artefactos, de la descripción internalista de los mismos, así como de las hagiografías de inventores, científicos e ingenieros.
Por otra parte, no existen estructuras académicas específicas que hayan permitido el desarrollo autónomo de la historia de la tecnología en nuestro país, a diferencia, por ejemplo, de la historia de la medicina que sí ha podido crecer y madurar debido, en gran parte, a la creación de áreas y departamentos en las facultades de Medicina. 1 Dos excepciones relevantes en este panorama son el Instituto Interuniversitario López Piñero (IILP), adscrito a la Universitat de València y el Institut d’Història de la Ciència (IHC), de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). El ejemplo alemán de las universidades técnicas (las antiguas Technische Hochschulen) como núcleos de una historiografía de la tecnología robusta y dotada de estabilidad institucional es un sueño lejano, aunque en las politécnicas siga habiendo personas que investigan la historia de la tecnología y promueven el diálogo entre las humanidades y las ingenierías. En Estados Unidos, la historia de la tecnología aparece como disciplina autónoma desde la década de 1960, aunque manteniendo relaciones con sus aliados naturales: profesionales de la historia económica, la historia de la ciencia o ingenieros. Además, los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad (Science, Technology and Society Studies, o STS) cuentan con décadas de experiencia, sobre todo en el mundo anglosajón, y participan activamente en el diálogo entre departamentos. En concreto, el campo de los estudios STS aspira no solamente a analizar desde una perspectiva interdisciplinar el impacto de los cambios tecnológicos (y sus inercias) en las sociedades, sino, sobre todo, entender estos cambios e inercias como fenómenos sociales, condicionados por lo político, lo socioeconómico y lo cultural, sin que existan rupturas o demarcaciones entre estas diferentes esferas de lo humano. Con todas estar aportaciones, la historia de la tecnología pudo transitar desde los relatos heroicos de artefactos y nombres señeros, a un análisis mucho más matizado de las relaciones tecnología-sociedad-cultura.
A falta de estructuras propias de investigación y de enseñanza, la historia de la tecnología en España se ha alimentado tradicionalmente de las aportaciones de la historia económica e historia industrial, además de la historia de la ciencia, de la historia y sociología de las profesiones y, más recientemente, de la historia ambiental. Aun siendo positivo, una historia de la tecnología atravesada por los enfoques de la historia económica, empresarial y la sociología del trabajo ha terminado por convertirse en una “provincia” subordinada a campos considerados más relevantes y, por ello, sujeta a sus agendas e intereses. Peor aún, en algunos casos la disciplina no ha logrado superar visiones meramente instrumentales de lo tecnológico, en parte por la falta de diálogo con las corrientes internacionales más actualizadas. Por último, la escasa transversalidad y convergencia se evidencia en la dispersión de las líneas de trabajo, y en la falta de acercamiento entre historiadores y otros científicos sociales interesados por las diversas vertientes de la historia de la tecnología, quienes rara vez se asoman a las trayectorias de colegas situados en ámbitos institucionales diferentes. Esta realidad ha dotado a la disciplina de un carácter que, de forma benévola, podría definirse como “interdisciplinar”, o, de forma más crítica, como mosaico o “en migajas”, en el sentido que quiso darle a esta expresión el historiador francés François Dosse, refiriéndose a la creciente compartimentalización de la investigación historiográfica, al escaso diálogo entre sus distintas ramas y a la falta de voluntad de establecer o renovar grandes relatos.
En este artículo aspiramos a animar un más que necesario debate en torno al estatuto y tipo de relaciones que la historia de la tecnología puede establecer con otras disciplinas en nuestro país, dada la magnitud de las tareas que aún quedan por hacer para crear un marco historiográfico propio en España. En concreto, pretendemos hacer un balance, en absoluto exhaustivo, del estado actual de la historia de la tecnología partiendo de la historia de las profesiones técnicas y la historia de las energías, dejando de lado un abanico de aportaciones desde otros enfoques, o mencionándolos solo de paso. El objetivo es destacar el carácter maduro de la historia de la tecnología, un campo con entidad propia y décadas de consolidación en otros entornos académicos. También destacamos su voluntad de diálogo con la historia social, la historia cultural, la historia medioambiental o la historia económica y política. La riqueza y la variedad de la producción que abarca temas relativos a la historia de la tecnología es tal que hacer un análisis sistemático de todas las tendencias y aportaciones resultaría inabarcable. En concreto, presentamos dos ejemplos de especial vigor (historia de las profesiones técnicas; historia de la energía) que ejemplifican el carácter abierto de la historia de la tecnología y donde han galvanizados discusiones y marcos interpretativos traídos de campos y disciplinas afines. Del mismo modo, ambas temáticas nos permitirán señalar las posibles convergencias y conexiones entre especialistas en historia política, historia económica e historia de la tecnología; de hecho, en nuestro país existen ejemplos de intercambios fructíferos en los últimos años.
En España, por ejemplo, la historia económica ha sido durante décadas el principal motor de la producción de investigaciones originales ligadas a la historia de la tecnología y merecería su propio ensayo bibliográfico. Algunos de los estudios, sobre todo aquellos enfocados en temas como el ferrocarril, la minería o la siderurgia, han logrado llamar la atención a la historia generalista y han sido movilizados en los debates sobre las características de la modernidad industrial en nuestro país, sobre la presencia de intereses extranjeros, o sobre la corrupción. En particular, estas temáticas han sido utilizadas en las polémicas sobre las razones del desarrollo desigual de las distintas regiones de España en comparación con otros países europeos. Desgraciadamente, en las últimas dos décadas, en vez de seguir estrechándose los lazos entre esta historia económica de la tecnología y la historia política, el ocaso de los enfoques marxistas ha causado una creciente desconexión y los historiadores políticos y económicos desarrollan sus investigaciones en paralelo, dialogando menos que en el pasado.
Recientemente, gracias al trabajo de los historiadores rurales y medioambientales, el diálogo entre la historia económica e historia política en los temas relacionados con la tecnología parece reanudarse tímidamente, cómo se ha podido apreciar en el último congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas (SEHCYT) en Gijón (2025). 2 Ver: https://ih.csic.es/sites/default/files/Programa%2C%20XV%20CONGRESO%20sehcyt%2C%20Gijo%CC%81n%202025._0.pdf La historia de la tecnología ha mostrado también una clara voluntad de participar en algunos debates que se están produciendo en la sociedad actual, por ejemplo, las polémicas en torno al legado del Franquismo en cuanto a las obras hidráulicas o la repoblación de montes, así como desafíos tales como el cambio climático, los cambios de régimen energético o el paulatino agotamiento de los recursos a nivel global, incorporando interesantes reflexiones acerca de las interconexiones y múltiples escalas del cambio tecnológico, social y medioambiental. De ese modo, la historia de la tecnología se perfila como una disciplina capaz de aportar datos, contexto histórico y perspectiva comparada para una interpretación más profunda, matizada y reflexiva de las políticas y desafíos recientes. En este sentido, el diálogo interdisciplinar en nuestro país entre la historia política, económica y una nueva historia de la tecnología, actualizada e interconectada, alejada de las hagiografías o de la descripción de los artefactos, resulta fundamental para generar interpretaciones robustas y duraderas tanto en la historiografía general como en el debate público, que se resistan a la instrumentalización política más burda.
I. Los técnicos en la época contemporánea: entre la historia social y la sociología de las profesiones
⌅La historia de la tecnología no se entiende sin la historia de los técnicos, hombres y mujeres que crearon, operaron y arreglaron las máquinas, desarrollaron todo tipo de técnicas para resolver problemas prácticos o diseñaron y construyeron infraestructuras que facilitan la vida y la movilidad de los seres humanos. Se trata de un tema que, a nivel internacional, ha sido abordado ante todo desde la biografía, desde la historia institucional y de la educación, desde la historia del trabajo (labour history) y desde la historia y sociología de las profesiones.
La biografía quizás sea el género que mayor desarrollo ha tenido y, sin duda, el que más difusión y popularidad ha alcanzado, debido a la fascinación notoria por los grandes inventores y por cómo este enfoque encaja a la perfección tanto con el relato del progreso tecnológico, como con el afán nacionalista y regionalista de reivindicar la aportación de grandes figuras (casi siempre hombres) a la historia de la Humanidad. Este afán ha tenido su máxima expresión en obras como la Enciclopedia soviética, que forzaba la primacía de los innovadores rusos hasta rozar el ridículo, pero hasta hoy en día sigue siendo común poner el énfasis en “nuestro inventor” en vez de explicar que la innovación suele ser un proceso multifocal (en el caso de España, Agustín de Betancourt, Isaac Peral y Narcís Monturiol suelen ser objeto de estas aproximaciones). Sin embargo, el género biográfico sigue siendo tremendamente popular entre el público general y suele gozar también del apoyo económico de instituciones locales, por lo que no es de sorprender que quienes se acercan a los debates que se dan en la historia de la ciencia y de la tecnología –no necesariamente con una formación historiográfica– sigan optando por la biografía. 3 Algunos trabajos individuales y colectivos en castellano que aportan excelencia al género biográfico incluyen Chastagnaret 2020; Rábano Gutiérrez del Arroyo 2024; Gouzévitch 2018 y Roca-Rosell 2000. También los aniversarios del nacimiento o fallecimiento de los grandes personajes pueden impulsar la investigación y las publicaciones sobre la historia de la tecnología, aunque es necesario resistir las tendencias hagiográficas que tanto lastran este género.
Las biografías colectivas, las aportaciones desde la prosopografía, son más bien escasas, pero, al fijarse en los técnicos de segunda y tercera fila, resultan muy útiles para analizar las pautas de las carreras profesionales de los técnicos, su movilidad, sus orígenes sociales y etnorreligiosos, la representatividad de los personajes destacados y un largo etcétera. 4 Algunos ejemplos de estudios prosopográficos en Sáenz Ridruejo 1990; Lykknes 2022; Martykánová 2017. Los estudios prosopográficos ayudarían a resolver algunos debates relativos al perfil social de los ingenieros en distintos países, a cómo este ha ido cambiando en el tiempo, a los condicionamientos sociales –y, a veces, etnorreligiosos– de sus carreras profesionales, y también centrar el debate sobre la entrada de las mujeres en la ingeniería desde una perspectiva comparada.
La historia institucional es, justo con la biografía, el enfoque más frecuente en la historia de los técnicos. Las escuelas de ingenieros y, en menor medida, los cuerpos de ingenieros son un objeto predilecto de estudio, por su clara definición y por la accesibilidad de las fuentes primarias y, quizás, también porque estas instituciones promueven y financian este tipo de investigaciones. 5 Además de numerosas monografías especializadas en distintas ramas de la ingeniería, destaquemos la obra enciclopédica editada por Silva Suárez 2004-2019. Aun así, faltan estudios básicos sobre las instituciones ligadas a profesiones técnicas subordinadas y menos prestigiosas, como los peritos o los capataces. Este tipo de estudios puede informar los debates sobre la naturaleza cambiante de la acción gubernamental, sobre la construcción del Estado y sobre la articulación del sector privado. Sin embargo, las principales aportaciones se han centrado en el carácter de la formación de los técnicos, sobre todo en el peso de las ciencias como las matemáticas. De esta preocupación han salido interpretaciones sobre “el modelo inglés” y el “modelo francés” de la formación de ingenieros, pero también teorías como la de la “deriva académica” de Jonathan Harwood, que sostiene, basándose en el estudio de las escuelas de agronomía alemanas en el siglo XIX, que hubo un aumento constante de contenidos “científicos” en la formación de los técnicos con el afán de dotarlos de mayor prestigio y de estatus social. En esta línea se inscribe también el trabajo de los historiadores de la tecnología catalanes6 Ver Roca-Rosell 1996; Roca-Rosell y Lusa Monforte 1998. que muestran cómo el debate finisecular que se dio en la Europa continental sobre la excesiva matematización de la formación de los ingenieros no se resolvió implantando una formación en el taller al estilo británico (asociado a una figura de ingeniero de estatus social a priori bajo, cuyas opciones de ascenso dependían exclusivamente de su capacidad de enriquecerse), sino introduciendo prácticas en el laboratorio e incluso redefiniendo el taller como “laboratorio”.7 Ver Harwood 2006.
Si bien es innegable que hay muchas obras valiosas con un enfoque biográfico y también desde la historia institucional, las aportaciones más analíticas, más capaces de dialogar con la historiografía general, provienen de la historia del trabajo y la historia y sociología de las profesiones. Mencionemos por ejemplo la obra de Donald Quataert sobre la minería en el Imperio Otomano tardío o el trabajo de Gerard Chastagnaret sobre la minería en la España del siglo XIX, que abordan desde la entrada de capital extranjero y la innovación tecnológica, pasando por el papel del Estado y de los ingenieros, hasta las condiciones de trabajo de los mineros, incluyendo, en el caso de Quataert, una magnífica investigación sobre los accidentes laborales. 8 Ver Quataert 2006 y Chastagnaret 2000. Es precisamente la historia del trabajo la que ha aportado a la historia de las profesiones técnicas los estudios más estimulantes sobre los obreros y los cuadros medios, que, habitualmente, quedan en la sombra de los ingenieros, a pesar de su papel fundamental en la transformación tecnológica y en la adaptación, mantenimiento y uso de la tecnología.9 Ver Papastefanaki y Kabadayı 2020 y Akgöz 2021.
Los sociólogos como Pierre Bourdieu o André Grelon, por otra parte, han sabido aportar desde la sociología histórica de las ingenierías, ejemplos e interpretaciones que revolucionaron tanto la historia de la construcción del Estado, como también los análisis sobre la reproducción de las élites sociales en los tres últimos siglos. 10 Ver Bourdieu 1989 y Grelon 1998. Dialogando con su trabajo han surgido los estudios sobre los ingenieros y el nacionalismo.11 Ver Chatzis 2007. La sociología de las profesiones también ha aportado estudios como el de Anne-Catherine Wagner sobre la globalización de las comunidades profesionales o los de Florent Le Bot y Alain P. Michel y de otros autores de las academias francófonas sobre la posición cambiante de los ingenieros en las empresas, sobre su ascenso hacia las posiciones de gestión, desde las que participan en la toma de las decisiones estratégicas, pero también su pugna con los economistas y, últimamente, con los directores financieros que apoyan sus estrategias en los algoritmos.12 Ver Wagner 2020; Le Bot y Michel 2020. La historia económica, que, como ya se ha constatado, ha tenido en España el peso decisivo en estas temáticas, ha iluminado el papel de los ingenieros en distintos sectores de la producción industrial y energética (las industrias de gas y electricidad) y, en menor medida, en la producción e innovación agrícola.13 Ver Bartolomé et al. 2020; Medina Ruiz et al. 2022. Salvo excepciones14 Ver Rosich Angelich 2025. , esta historia de los ingenieros en el sector privado se suele analizar desvinculada de sus dimensiones políticas, lo que resulta limitador incluso en los contextos democráticos, pero es difícil de justificar cuando tratamos regímenes autoritarios y clientelares.15 Ver Quiroga 2020.
Afortunadamente, cada vez más investigadores se animan a repensar la historia de los ingenieros desde la historia política. Mientras Ken Alder puso el énfasis en la Revolución Francesa como un punto de cambio no solo para la profesión, sino también en cuanto a la producción en serie de las armas y de otro tipo de material bélico, otros como Antoine Picon o Janis Langins subrayan la continuidad con las políticas absolutistas de los Borbones, que se podría extender a otros soberanos absolutistas, como los zares de Rusia. 16 Ver Alder 1999; Picon 1992; Langins 2004; Gouzévitch 2004. Este debate podría iluminar también a la historiografía española que, condicionada por las barreras cronológicas institucionalizadas en departamentos de Historia Moderna y Contemporánea, favorece demasiado, en nuestra opinión, las interpretaciones rupturistas en las que los historiadores contemporaneistas suelen entender los cambios institucionales como intrínsecamente ligados a la aparición del denominado “Estado liberal”.
Otro eje que vertebra los debates sobre los técnicos y la política se centra en su implicación en los movimientos de masas y en los regímenes que surgieron de ellos. La historia y la sociología se han fijado en la representación significativa de los ingenieros en movimientos como el fascismo o el islamismo y se interrogaron sobre las razones de tal fenómeno, atribuyéndolo a su formación, a su cercanía tradicional a los poderes políticos a la vez que subordinados a las grandes élites capitalistas, a su socialización en el sentirse con derecho a moldear los destinos de sus respectivos países, e incluso a la mentalidad del ingeniero, centrada en la búsqueda de soluciones prácticas a problemas concretos. 17 Ver Gambetta y Hertog 2016; Katz 2011; Lintsen 2024. Este ethos profesional ensalza la capacidad de acción a la vez que educa en la capacidad de reducir fenómenos complejos a una serie de pautas simples para facilitar su solución, algo que puede resultar desastroso aplicado a las sociedades humanas.
Asimismo, han proliferado estudios que examinan los elementos tecnocráticos en los regímenes de todo tipo, incluido el papel que desempeñaron los expertos técnicos en ellos. 18 Ver, entre otros, Belhoste y Chatzis 2007; Diogo y Saraiva 2021. De este modo, la URSS aparece como un régimen profundamente “ingenieril”, en el que los ingenieros llegaron a ocupar posiciones de poder, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, y que además fomentaba su imagen como un gobierno basado en la gestión tecnocientífica de la naturaleza y de la sociedad.19 Ver Schmid 2008, Gerovitch 2014. Esta estrategia, plasmada además en proyectos, inversiones y colaboraciones internacionales, fue exitosa a nivel interno, hasta el golpe que supuso la catástrofe de Chernóbil, pero particularmente vis à vis los países surgidos de la descolonización. Un caso paradigmático es la participación de la URSS en la construcción de la presa de Asuán en el Egipto de Nasser, aportando capital, ingenieros y obreros cualificados.
Las grandes obras hidráulicas hicieron de los ingenieros protagonistas en todo tipo de regímenes en las décadas centrales del siglo XX; no es, por tanto, de sorprender que muchos estudios sobre los ingenieros y la política los tuvieran como trasfondo o como estudios de caso. Así es también en el caso de la historiografía española. En torno de las obras hidráulicas confluyen estudios sobre la relación del régimen franquista con las élites locales, 20 Ver D’Amaro 2022. sobre la represión, sobre las relaciones con potencias extranjeras,21 Ver Brendel 2020. sobre el nacimiento de la conciencia medioambiental o sobre la tecnocracia. La agricultura y la gestión de los montes son otros campos de acción de los ingenieros y técnicos subalternos que han sido analizados prestando atención a las políticas del régimen franquista.22 Ver Pan-Montojo 2011; Iriarte Goñi 2025. En este sentido, algunas aproximaciones a los ingenieros durante el periodo franquista pretenden contribuir a los grandes debates de la historiografía española. Por ejemplo, en sus Ingenieros de Franco (2017), el historiador y filósofo de la ciencia Lino Camprubí aspira a mostrar la importancia que dio el régimen franquista a ciertas áreas de “ciencia y tecnología” que entendía como útiles y cómo los ingenieros leales al régimen aprovecharon eso para situarse en posiciones clave a la hora de tomar decisiones sobre las políticas del Estado en varios ámbitos.23 Ver Camprubí 2017. Su interpretación dio lugar a una polémica con el historiador económico Carlos Barciela, que pone énfasis en la destrucción que supuso la represión franquista y el abandono presupuestario en algunos campos técnicos y científicos durante las primeras dos décadas del Franquismo.24 Ver Barciela y Camprubí 2018. El diálogo que mantuvieron ambos autores por escrito es un buen ejemplo de un debate historiográfico muy necesario y bien llevado, del que los lectores aprenden casi tanto como de las obras de investigación.
En términos generales, en España, ha habido un interés renovado por aproximarse a la historia de los técnicos desde distintas perspectivas, sobre todo en lo que concierne a los cuadros superiores. Existe una larga tradición de la historia institucional, gracias a la que tenemos una idea precisa, basada en el estudio riguroso de fuentes primarias, sobre la institucionalización de la formación de los ingenieros y algunas profesiones técnicas subalternas, sobre la creación de los cuerpos del Estado y, en menor medida, sobre las revistas y el asociacionismo de los profesionales técnicos. Hace unos años las grandes aportaciones en esta línea fueron recogidas por Manuel Silva Suárez en la enciclopédica obra Técnica e Ingeniería en España, que sigue siendo la principal obra de referencia para cualquiera que quiera acercarse al tema. 25 Ver Silva Suárez 2004-2019. Algunas ramas de las ingenierías tradicionales cuentan con grandes historiadores que han hecho investigaciones profundas basadas en fuentes primarias, lo que ha permitido matizar o corregir los mitos que se han ido perpetuando en la memoria histórica ingenieril. Entre ellos destacan el trabajo de Sáenz Ridruejo para la ingeniería de caminos, el de Viçenc Casals para la ingeniería de montes, el ya señalado de Chastagnaret para la ingeniería de minas y el de Juan Pan-Montojo para los ingenieros agrónomos.26 Ver Sáenz Ridruejo 1993; Casals Costa 1996; Chastagnaret 2000; Pan-Montojo 2005. Recientemente ha visto la luz una monografía sobre los ingenieros en la España del siglo XIX, que dialoga con la historia de la construcción del Estado (state building), además de prestar atención a los temas habituales en la historia y sociología de las profesiones como la identidad profesional, las estrategias de ascenso social, las rivalidades con otros grupos socio-profesionales o el género.27 Ver Martykánová 2023.
Últimamente, se percibe una renovación temática que concierne a la historia de las profesiones en España. Daniel Pérez-Zapico en su trabajo muestra las maneras en las que los ingenieros y su trabajo interactuaron con los discursos como el nacionalismo, el regeneracionismo o el catolicismo, y cómo sus visiones de una sociedad jerárquica influyeron en su práctica profesional e incluso en la preferencia por una u otra tecnología o forma de producir energía. 28 Ver Pérez-Zapico 2023. Jaume Valentines-Álvarez ha aportado valiosos estudios sobre tecnocracia y el catalanismo y nacionalismo catalán.29 Ver Valentines-Álvarez 2019. En su trabajo, además, no solo prioriza la perspectiva de los ingenieros o élites técnicas señeras, sino que considera a otros técnicos intermedios. Santiago Gorostiza, además de su fascinante trabajo sobre los paisajes de guerra, muestra cómo en la posguerra los ingenieros participaron en las dinámicas de dominación y represión de clase a la vez que transformaron el territorio.30 Ver Gorostiza 2025. Además de la renovación de la investigación sobre los ingenieros, han aparecido estudios como los de Diego Palacios y Sergio Vaquero centrados en otro tipo de “técnicos”, como pueden ser, por ejemplo, la policía científica y su uso de distintas técnicas para identificar y clasificar a los delincuentes y resolver crímenes.31 Ver Palacios y Vaquero 2024. La historia social ha recuperado para la historiografía a figuras profesionales que han quedado en la sombra de los ingenieros y arquitectos a pesar de su importancia; mencionemos el trabajo de Joaquim Puigvert sobre arquitectos diocesanos o la investigación en curso de Adrià Velasco sobre los aparejadores, maestros de obra y otras figuras en el campo de la construcción.32 Ver Puigvert 2022; Velasco 2024.
Desgraciadamente, en España apenas se ha estudiado el papel de los técnicos en la adaptación y mantenimiento de las infraestructuras y de la maquinaria. La historia de la tecnología en uso y la historia del mantenimiento han puesto el foco en la importancia del mantenimiento en el éxito o fracaso de la implantación de ciertas tecnologías y han permitido ofrecer una imagen más matizada del desarrollo tecnológico de distintos países frente a la visión basada exclusivamente en los orígenes sociales de la innovación. 33 La obsesión con la innovación ha condicionado la selección de temas en la historiografía de la tecnología hasta, al menos, la década de 1980. Para una evaluación ya clásica, ver Edgerton 1999. También han subrayado el papel creador e innovador de los que usan y “arreglan” las tecnologías, incorporando a nuevos sujetos históricos en los relatos sobre la modernidad tecnológica e industrial. En la historiografía española este tipo de estudios está, por el momento, ausente.34 La historia de la tecnología ha transitado desde el interés casi exclusivo por la innovación, pasando por los usos y apropiaciones, hasta llegar a analizar los procesos de mantenimiento y reparación. Muestra de ello es el reciente congreso conjunto de la Society for the History of Technology (SHOT) y the International Committee for the History of Technology (ICOHTEC) celebrado en Viña del Mar (Chile) en julio de 2024 bajo el título “Reparando / Repair en la Historia de la Tecnología”. Ver también Oldenziel y Hard 2013; Krebs y Weber 2021.
II. Historia de la tecnología desde la perspectiva de la historia de la energía
⌅¿Qué ocurre, si desplazamos el foco de interés desde los técnicos, ingenieros y expertos en la historia del cambio tecnológico a las infraestructuras, recursos naturales y tecnologías sobre las que actúan? A continuación, abordaremos algunos de los desarrollos más recientes en historia de la tecnología a través del acercamiento a un prometedor subcampo cuyo desarrollo en España es aún seminal: la historia de la energía. Esta área de conocimiento, configurada en apenas una década, 35 La primera revista dedicada íntegramente a la historia de la energía, el Journal of Energy History-Revue d’histoire de l’énergie (JEHRHE), vinculada al Comité d’histoire de l’électricité et de l’énergie de la Fondation EDF, se fundó en 2018. Ver: https://stm.cairn.info/journal-of-energy-history?lang=en&tab=a-propos. Por su parte Energy Research & Social Science (ERSS), editada por Benjamin K. Sovacool (Aarhus University / University of Sussex), se fundó solo cuatro años antes, en 2014. ha galvanizado la disciplina, produciendo algunos de los desarrollos más innovadores donde confluye no solo la historia de la tecnología, sino también la historia ambiental y otros campos afines desde una vocación interdisciplinar y donde el diálogo con las dimensiones socioeconómica, cultural y política se efectúa con naturalidad. El repaso a esta subdisciplina permitirá ilustrar los cambios operados en la historia de la tecnología en las últimas décadas, considerando una trayectoria que va desde la historiografía de la construcción y desarrollo de las grandes infraestructuras y sistemas tecnológicos, al estudio del despliegue cotidiano, las recepciones y representaciones de la energía y la tecnología. Este recorrido debe considerar también factores como el género, los conflictos (políticos, sociales y medioambientales) hasta cuestionar la noción lineal y teleológica de “transición energética”, tal y como se plantea en el debate público.
Como señalábamos en la introducción, muchas de las temáticas y líneas de investigación en historia de la tecnología muestran una vocación explícita de conectar con problemáticas y desafíos actuales. No cabe duda de que la energía es un tema que suscita cada vez mayor preocupación y escrutinio público. Cambiar la organización y el funcionamiento de nuestros sistemas energéticos es un reto complejo que va más allá de la reducción de las emisiones de carbono o de la elección entre recursos y tecnologías alternativas. Como tal, implicará desenmarañar los complejos ensamblajes sociales, políticos, culturales y económicos que, en combinación con las tecnologías y los recursos energéticos (fósiles o de cualquier tipo), han institucionalizado determinados regímenes energéticos, incluyendo estilos de vida, patrones de consumo y concepciones culturales de la energía. 36 Acerca de esta perspectiva, ver Miller et al. 2013. Los desafíos actuales, por tanto, presentan amplias oportunidades para que el gremio historiográfico y las ciencias sociales reevalúen las implicaciones, limitaciones y consecuencias de la energía en la sociedad y a lo largo de la historia.37 Ver Mazur 2013; Sovacool et al. 2015; Hasenöhrl y Meyer 2020. En efecto, la energía constituye una de las fuerzas y procesos que han configurado el desarrollo histórico, sobre todo en los dos últimos siglos.38 Ver Hausman et al. 2008; Shulman 2015. Los temas relacionados con la energía no se han excluido, de hecho, de la investigación histórica y la energía ha estado presente en la historia de la tecnología, la historia urbana, la historia ambiental y la historia económica desde fechas tempranas.39 Un ejemplo temprano de una voluntad explícita de construir una “historia de la energía” en Debeir et al. 1986. No obstante, en las dos últimas décadas, la historia de la energía ha surgido como un campo específico, mejorando sus metodologías y propuestas.
Es importante, no obstante, interrogar qué tipo de representaciones históricas del suministro y el uso de la energía se han institucionalizado y predominado en la historiografía. Informadas por los grandes sistemas tecnológicos (LTS por sus siglas en inglés – large technological systems), las investigaciones han tendido a mostrar el desarrollo de los grandes sistemas de producción y suministro como un proceso condicionado por las elecciones de las empresas y el conocimiento de los ingenieros, encargados de dar forma a la “cultura de los sistemas”. Desde esta perspectiva, los sistemas tecnológicos aparecen como entornos caracterizados por su coherencia interna cuyo crecimiento dependería de elementos como la racionalidad técnica o la eficiencia económica. Así, las causas estructurales y administrativas del desarrollo y crecimiento de los sistemas han ocupado un lugar central en la historiografía, incluyendo las interacciones de las infraestructuras de producción y transporte con el Estado, los organismos gubernamentales y otros entornos políticos y legislativos. De ese modo, la historiografía ha tendido a centrarse en procesos a escala macrosocial, privilegiando aspectos institucionales, así como la dimensión de la producción. 40 Ver Kander et al. 2013; Gross y Needham 2023. El crecimiento industrial, urbano y económico –descritos como los resultados deseables del acceso a cantidades cada vez mayores de energía– ocupan un lugar destacado en estas narrativas.41 Un ejemplo clásico en Wrigley 2010. Estas investigaciones han dado lugar a obras imprescindibles para entender el papel de los inventores, ingenieros, empresas y empresarios en la creación y crecimiento de los sistemas tecnológicos y su capacidad para evolucionar en diferentes escenarios.42 Ver, por ejemplo, Neufeld 2016. En España, esta línea de trabajo ha resultado especialmente fructífera, con una nutrida literatura materializada en grupos de investigación que han sido capaces de situar el ejemplo ibérico en un contexto transnacional.43 Algunos ejemplos, entre otros, en Rubio-Varas y De la Torre 2017; De la Torre et al. 2021; Bartolomé et al. 2017, 2022; Martínez López et al. 2025.
A pesar de su importancia, en estos análisis la energía aparece como una fuente de cambio social, tecnológico, cultural, económico o político radical, pero en gran medida no afectada por los entornos culturales, políticos, urbanos o naturales de los que forma parte. 44 De hecho, muchas obras de referencia siguen ignorando las conexiones entre la energía, la sociedad y la cultura. Un ejemplo en Smil 2017. Una reflexión acerca de este tipo de narrativas teleológicas en Turnbull 2021. Las energías parecen incorporarse dentro de una retórica triunfalista de una modernidad fundamentalmente occidental,45 Un análisis ya clásico en Adas 1989. donde cada etapa en el desarrollo histórico estaría asociada a los avances en las tecnologías de conversión de la energía.46 Un ejemplo en Crosby 2006. Este tipo de enfoques un tanto deterministas del cambio tecnológico y de la configuración de las opciones y elecciones energéticas a lo largo de la historia derivan en perspectivas antropocéntricas –ya que tienden a ignorar el impacto medioambiental del consumo de energía, así como otras agencias no humanas– y privilegian, tal y como se ha señalado para la historiografía de los ingenieros, la innovación.
En la última década, las Humanidades Energéticas han emergido como un campo floreciente que busca integrar el conocimiento científico sobre las causas y consecuencias del cambio climático, con perspectivas socioculturales sobre los orígenes de nuestros regímenes energéticos y sus implicaciones socioambientales. 47 Ver Szeman y Boyer 2017. En este sentido, algunos estudios desde las ciencias sociales, en particular, la antropología, señalan cómo la energía ha sido fundamental para moldear y sostener estructuras sociales y fuerzas político-económicas, infraestructuras materiales, pero también prácticas culturales, sistemas de creencias, ordenamiento, valores y ontologías.48 Ver Abram et al. 2019. Con estos antecedentes, el gremio historiográfico está empezando a ofrecer una comprensión más detallada y crítica de la capacidad de transición de los regímenes energéticos del pasado (y presente).49 Möllers y Zachmann, 2012. Una literatura creciente está explorando la historia de la energía desde múltiples ángulos, incluyendo, por supuesto, la producción y el transporte de energía.50 Una historia de la relevancia de las infraestructuras de transporte de energía en Jones 2014. Los esfuerzos actuales incluyen, por ejemplo, una reevaluación de cómo surgieron los diferentes sistemas energéticos y las particularidades de las distintas historias de la energía a nivel local, regional, nacional y transnacional.51 Algunos ejemplos en Kaijser et al. 2021; Vergara 2021; Tan 2021; Mohsin 2023; Mattina et al. 2023. Los cambios entre paisaje, energía y sociedad también han figurado como vía privilegiada de análisis.52 Ver Desbiens 2013; Werner 2015. También, la evaluación de las prácticas de consumo como resultado de tradiciones culturales, de prácticas y consensos sociales,53 Ver Gooday y Harrison-Moore 2021. así como la distribución desigual de los recursos energéticos a lo largo de la historia, la variedad de opciones disponibles y las interrelaciones entre formas de energía nuevas y antiguas. En este sentido, la historia de la energía está demostrando cómo las pretendidamente “nuevas” energías renovables (viento, solar, geotérmica) han competido o suplementado a los combustibles fósiles ya desde finales del siglo XIX.54 Uno de los primeros análisis históricos de la trayectoria de diferentes energías y tecnologías “renovables”, puede consultarse en el volumen especial Hasenöhrl y Kupper 2021. En particular, Latinoamérica está proporcionando abundantes estudios en este sentido.55 Ver Arellano Escudero 2011; Escobar Andrade y Arellano Escudero 2019; Amaya Núñez 2022.
En suma, más allá de relatos lineales y heroicos –característicos de la manera de describir los cambios en historia de la tecnología durante bastante tiempo– o del sesgo hacia la producción, la historiografía internacional está realizando un gran esfuerzo por subrayar la compleja naturaleza social e histórica de las energías, donde, al lado de los elementos materiales (tecnologías e infraestructuras), se confunden otras dimensiones ambientales, sociales, culturales y políticas, además de diversas agencias y protagonistas. 56 Para un estado actual, ver Russ y Turnbull 2025. ¿Qué trayectoria, por tanto, podría señalarse en el estudio histórico de los sistemas y regímenes energéticos?
III. Infraestructuras y tecnologías banales
⌅¿Cuál es el valor de seguir estudiando los grandes sistemas tecnológicos? El análisis de las infraestructuras energéticas sigue siendo importante, ya que la producción y distribución de energía ha dado lugar a todo un sistema de redes, conexiones y tecnologías de diferente escala y dimensiones, cuya gestión y mantenimiento han implicado relaciones entre los ciudadanos, empresas, estados, organismos públicos, regiones, naciones y territorios. Los Infrastructure Studies, por ejemplo, señalan cómo estos entramados materiales dan forma y reflejan todo, desde nuestros sistemas políticos, patrones de trabajo, prácticas de ocio, salud y condiciones ambientales. 57 Algunos ejemplos en Josephson 2006; Harvey et al. 2019; Van Laak 2023; Bonan y Occhi 2023; Truelove y Sabhlok 2024. Los sistemas energéticos parecen estables y resilientes y, de hecho, la fiabilidad de la oferta y la demanda es una de las características esenciales para el crecimiento de nuestras economías; sin embargo, esa estabilidad se ha construido históricamente.58 Ver Cohn 2017; Cardoso de Matos et al. 2020. El estado actual de las investigaciones trata de mostrar cómo la organización social y material de estas infraestructuras convirtió a los sistemas energéticos en lugares de controversia; de ese modo, la construcción de sistemas no fue un proceso automático, mucho menos neutral.59 Ver Luque-Ayala y Silver 2016.
La organización social y material de las infraestructuras y sistemas energéticos materializa y depende también de asimetrías políticas derivadas de la expansión capitalista y colonial, del nacionalismo o del imperialismo. 60 Ver Kale 2014; Meiton 2016; Barak 2020; Straeten 2021. De hecho, la investigación histórica está mostrando las fuerzas ideológicas representadas por el marco analítico de los grandes sistemas tecnológicos (LTS). El influyente trabajo de Timothy Mitchell, Carbon Democracy,61 Ver Mitchell 2011. exploró el entrelazamiento entre la energía y la economía política relacionada con la construcción de los estados modernos en Occidente. En particular, Mitchell vinculó la organización social y material de la industria del carbón con la posibilidad del desarrollo de la democracia de masas a principios del siglo XX. Siguiendo a Mitchell, algunos académicos están proponiendo la noción de “energopolítica” (energopolitics) –definida como el poder sobre (y a través) de la energía– como una genealogía alternativa de la construcción de maquinarias estatales y del complejo funcionamiento de otros modos e instituciones del poder moderno.62 Ver Boyer 2011; Humeres y Gil 2024. Sobre la noción complementaria de “tecnopolítica”, ver Edwards y Hecht 2010. Un enfoque histórico de este tipo permite ponderar cómo las infraestructuras energéticas encarnaron el poder y la autoridad del Estado a través del control sobre el espacio y el territorio, o sobre diferentes clientelas políticas, mientras que se promovían nociones de modernización y desarrollo a través de la construcción de sistemas a gran escala.63 Ver Plaza Azuaje 2019; Chatterjee 2020; Seow 2021. Las topografías de las infraestructuras energéticas y las conexiones a la red también iluminan el desarrollo histórico del tipo de relaciones establecidas entre el sector público y privado,64 Ver Fernández Paradas 2016. entre los ciudadanos y el Estado (incluido el tipo de contratos sociales derivados de esta relación), 65 Ver Spinak 2020. así como el papel de la energía en la configuración de las relaciones internacionales.66 Ver Sneddon 2015; Cantoni 2017; Tristani 2024. La historia de la energía emerge, por tanto, como un relato de conflictos y de relaciones de poder desiguales. La energía y los grandes sistemas tecnológicos dieron literalmente el poder a ciertos sectores –empresarios e ingenieros, clases altas, políticos, burócratas, élites científicas, naciones del norte global– a expensas de otros –mujeres, trabajadores y sectores populares, naciones y comunidades del sur global, o el medio ambiente–. No obstante, las relaciones entre infraestructuras energéticas y poder también implican evaluar cómo los diferentes actores históricos adaptaron, se apropiaron o resistieron las diferentes redes y tecnologías, o cómo utilizaron la construcción de sistemas para facilitar o socavar las agendas y el control colonial, capitalista o nacionalista.67 Algunos ejemplos en Glaser 2009; Tate 2021; Valentines-Álvarez 2022; D’Amaro 2022. Numerosos estudios, por ejemplo, han abordado la diplomacia energética después de la Segunda Guerra Mundial, o la competencia por posicionarse en sectores estratégicos por parte de los países en el contexto de la descolonización, aprovechándose de manera estratégica de las pugnas entre la URSS y Estados Unidos.68 Ver Brew 2022.
Por otro lado, numerosos estudios demuestran cómo el relato de los grandes sistemas tecnológicos es particularmente occidental, o, más bien, prioriza tecnologías modernas y las asocia con Occidente, cuando su despliegue ha sido multifocal. El enfoque occidentalista invisibiliza sistemáticamente los desarrollos en la URSS, China y en algunos contextos periféricos, a pesar de su importancia y rendimiento demostrable incluso en términos puramente cuantitativos. Además, muchos países del sur global, pero también algunas poblaciones en los países industrializados, dependieron (y siguen dependiendo) de fuentes de energía supuestamente “tradicionales”. 69 Un ejemplo en Gupta 2015. Los suministros de energía a escala local o “fuera de la red” fueron, de hecho, un fenómeno relevante en la historia de la energía incluso antes del desarrollo de grandes redes,70 Ver Sandwell y Harrison-Moore 2018. como ha demostrado ostensiblemente para el caso español la historia económica.71 Ver Garrués-Irurzun 2012. Por último, la investigación histórica está indagando sobre aquellos procesos, actores o artefactos que, hasta hace poco, se habían considerado periféricos en la construcción de los grandes sistemas, incluyendo el papel de los actores no humanos, las víctimas de accidentes, o, como ha quedado señalado, los mantenedores de la tecnología. Se trata, de nuevo, de temáticas marginales en nuestro país.
¿Qué ocurre, precisamente, si nos movemos de lo macro –es decir, la perspectiva estructural de los grandes sistemas– al enfoque micro del despliegue cotidiano de la tecnología? Tal y como hemos indicado, en España este tipo de estudios apenas han tenido recorrido, en parte por la dificultad de su estudio y lo escurridizo de las fuentes primarias. Algunas investigaciones en sociología de la energía están, de hecho, ofreciendo interpretaciones más matizadas de la oferta y la demanda al situar las energías dentro de la reproducción de nuestras prácticas sociales, en una línea de trabajo inspirada por Anthony Giddens y su “teoría de la estructuración”. 72 Un ejemplo en Shove et al. 2014. En las últimas décadas, la historia de la tecnología ha venido ofreciendo un acercamiento mucho más complejo a la historia del cambio tecnológico analizando las historias de las tecnologías en uso.73 Ver Oudshoorn y Pinch, 2008. Poner el énfasis en el uso banalizado de las tecnologías implica rastrear otras fuentes, geografías y temporalidades, así como ampliar el repertorio tradicional de temas, actores y protagonistas históricos.74 Edgerton 1999. En vez de pensar en términos de los grandes sistemas, un punto de vista que enfatiza la importancia del suministro y legitima ciertas formas de conocimiento centradas en los empresarios, expertos científicos y técnicos, el enfoque micro, centrado en la vida cotidiana, permite visualizar actores y grupos tradicionalmente marginados: mujeres, niños, clases populares, pero también otras formas de conocimiento. En efecto, la perspectiva de las “tecnologías en uso” permite analizar cómo el despliegue de las tecnologías, o el suministro de nuevos recursos energéticos, moldeó y, a su vez, fue moldeado por las formas en las que grupos e individuos de diferentes edades, estatus, clase, género, etnia y educación se identificaron con ellas o, de manera contraria, desearon distanciarse dependiendo de sus posiciones, identidades, valores e imaginarios sociales, culturales o políticos.75 Ver Ileri 2024; Chatterjee y Pérez-Zapico 2022. Las discusiones y debates que emergieron de esas interacciones cotidianas determinaron las formas y espacios en los que las nuevas tecnologías fueron introducidas, instaladas, usadas (bien o mal), resistidas o rechazadas.76 Ver Trentmann 2018.
La perspectiva de las “tecnologías en uso” implica también trazar las subjetividades y percepciones o, de manera general, los valores e ideas que se atribuyen a las nuevas tecnologías. De ese modo, tanto la historia de la tecnología como de la energía mantienen un creciente diálogo con la historia de las emociones. Así, los valores que atribuimos a una tecnología y sus sensaciones cambian dependiendo del lugar y momento histórico, pueden estar mediadas por consideraciones de clase o género e, incluso, participar en la articulación de emociones políticas. 77 Pérez-Zapico 2021. De manera complementaria, resultan pertinentes perspectivas metodológicas como las del antropólogo norteamericano Arjun Appadurai (1986) y sus ya clásicas “biografías socioculturales” de los objetos. El reciente “material turn” en la historiografía también apunta hacia la importancia del simbolismo de los objetos que nos rodean. Ver Eglash 2006; Beaudry y Hicks 2010. Lo mismo podría decirse de los códigos estéticos o culturas sensoriales asociados a un objeto técnico y su carácter variable y contingente.78 Un ejemplo de las diferentes percepciones culturales en torno al calor en el entorno doméstico, entre Japón y Noruega, en Wilhite et al. 1996. Por último, lo cotidiano también proporciona oportunidades para que las tecnologías contribuyan a la construcción de identidades, o a la formación cultural de grupos, comunidades o, incluso, naciones.79 Un ejemplo en Arnold 2015. Reivindicar el aspecto vivencial y emocional en el descubrimiento de las nuevas tecnologías y recursos supone, en todo caso, rescatar no solo diferentes voces, sino también fuentes cualitativas frecuentemente marginadas –frente al cuantitativismo de los grandes sistemas–, como la literatura.80 Un ejemplo de empleo de literatura como fuente primaria a la hora de construir una historia cultural (y sensible) de las energías, en Scott 2018.
IV. Energía, cultura y transiciones energéticas
⌅Hablar de la perspectiva de la vida cotidiana y de las tecnologías banales, implica considerar la dimensión de género. Ruth Oldenziel señalaba hace ya más de veinte años cómo la división de las esferas de producción y consumo se había realizado en torno a líneas de género. 81 Ver Oldenziel 2001. En este sentido, el tradicional sesgo de la historia de la energía hacia la producción ha implicado la centralidad de los ingenieros, administradores y planificadores (predominantemente masculinos) en la mayoría de los relatos. Una cantidad creciente de investigaciones está explorando, precisamente, la dimensión de género en las historias de la energía en conexión con aquellos enfoques que privilegian la experiencia y despliegue de las tecnologías de lo cotidiano. Estudios recientes, por ejemplo, están rescatando la agencia de las mujeres de diferentes sectores sociales, culturales y geográficos a la hora de tomar decisiones en torno a la energía en una esfera doméstica predominantemente femenina (aunque no siempre).82 Ver Harrison-Moore y Sandwell 2020, 2021; O’Brien 2022. En nuestro país, están apareciendo los primeros estudios sobre energía y consumo doméstico, donde la variable de género constituye un vector esencial.83 Algunos ejemplos en Ferrán Boleda 2021; Rodríguez Martín y Mirás Araujo 2021; Fernández Paradas y Rodríguez Martín 2022a, 2022b. La dimensión masculina de las culturas energéticas se ha integrado también en la agenda investigadora, aunque solo recientemente. Probablemente, Cara New Dagget haya sido la pionera en enfatizar la experiencia de género de los sistemas energéticos y su papel en la construcción de identidades culturales y subjetividades políticas.84 Ver Dagget 2018. A través de la noción de “petro-masculinidades” Dagget sugiere cómo las identidades masculinas (y los órdenes patriarcales que las sustentan) son importantes para comprender las culturas energéticas y los patrones de consumo de energía.85 Sobre el Antropoceno como “Andropoceno”, ver también Szeman y Boyer 2017, 21. Una línea fructífera de investigación, tanto en España como fuera, podría desentrañar la importancia de las identidades de género en la conformación de las visiones y deseos colectivos de los ingenieros (masculinos) como “constructores de los sistemas”, pero también de los diferentes usuarios y consumidores.
Lo señalado hasta aquí parece indicar un desplazamiento desde los grandes sistemas tecnológicos a los usos, prácticas, significados y discursos en las historias de la energía y del cambio tecnológico, en lo que parece ser un verdadero “giro cultural”. En efecto, los sistemas energéticos se encuentran informados por valores culturales que, en gran medida, han quedado fuera del escrutinio, 86 Ver LeMenager 2014; Dagget 2019. hasta el punto de que, al menos parcialmente, han determinado nuestra producción y reproducción cultural.87 Ver Balkan y Nandi 2021; Holtzman 2024. Como señalan recientes estudios, es imposible separar los recursos energéticos de la cultura, ya que la energía se ha convertido en el elemento esencial de las culturas materiales y simbólicas de la modernidad.88 Ver Barrett y Worden 2014; Szeman y Boyer 2017, 14. La antropología, en particular, está avanzando nociones como la de “epistemologías energéticas” para entender el papel de la energía en los “sistemas de ordenamiento” del mundo, incluyendo los lenguajes, metáforas y los sistemas de clasificación que utilizamos para interpretar, tratar e imaginar la energía en nuestra vida cotidiana y en nuestras sociedades.89 Gold 2010; MacDuffie 2014. Para una elaboración del concepto de “epistemologías energéticas”, ver Imre Szeman (2013).
Dentro de una línea de trabajo donde se privilegian los vínculos entre energía y cultura, la investigación está analizando cómo las percepciones y representaciones de la energía han podido moldear las maneras en las que las sociedades y las naciones entienden las energías y su futuro con ellas. Sheila Jasanoff y Sang-Hyun Kim introdujeron la noción de “imaginarios sociotécnicos”, entendidos como “poderosos recursos culturales que ayudan a dar forma a las respuestas sociales frente la innovación”. 90 Ver Jasanoff y Kim, 2009; Jasanoff y Kim 2013, 189-190. En esta línea, algunos análisis de la energía desde las ciencias sociales están evaluando cómo se forman los futuros utópicos en torno a ciertos recursos y tecnologías, cómo evolucionan a lo largo del tiempo, qué implicaron para las elecciones de los consumidores en el pasado, y lo que podrían significar para las discusiones actuales. En efecto, la investigación histórica revela cómo los imaginarios de la energía han sido decisivos para asignar los costos y beneficios del cambio tecnológico y energético, guiando las políticas públicas, perpetuando determinadas decisiones y marginando alternativas.91 Ver Sovacool y Brent 2013. En España, el análisis de los imaginarios de la energía desde la perspectiva de los estudios culturales y de la crítica cultural se perfila como un prometedor vector de consolidación de las llamadas Humanidades Energéticas en nuestro país. Recientes estudios, por ejemplo, analizan la configuración de los imaginarios socios-energéticos de la modernidad plasmados, fundamentalmente, en producciones culturales como el arte, el cine o la literatura, en diálogo además con la historia política.92 Ver Vindel 2020, 2023.
Este conjunto de perspectivas ofrece interesantes puntos de partida para problematizar la noción de “transición energética”, tal y como están realizando las ciencias sociales. 93 Algunas reflexiones a modo de estado de la cuestión en Fouquet y Pearson 2012; Laird 2013; Araújo 2014. Un corpus creciente de obras en historia de las energías está situando las transiciones energéticas en un escenario en el que convergen empresas, gobiernos, estados y grandes infraestructuras, pero también los usos cotidianos de los consumidores, usuarios y no usuarios. Estos estudios enfatizan el carácter situado de estos procesos, de tal modo que las transiciones energéticas han estado y siguen estando integradas en transformaciones sociales, económicas y políticas mucho más amplias.94 Ver Hasenöhrl y Meyer 2020. Así, la relación entre la energía y la sociedad debe entenderse como parte de la reproducción y transformación de la sociedad misma (y de los desafíos inherentes a todo proceso de crisis y cambio).95 Ver Shove et al. 2014. En esta línea, David E. Nye (2023) propone el concepto de “reconfiguraciones energéticas”, frente al lenguaje determinista y teleológico de las “transiciones energéticas”, basadas en el simple recambio de una tecnología o recurso por otro. La investigación histórica señala, además, el carácter incompleto de estos procesos, con diferentes tecnologías y regímenes energéticos conviviendo al mismo tiempo hasta el punto de que trabajos recientes como el de Jean-Baptiste Fressoz plantean la necesidad de considerar las múltiples y dinámicas “adiciones energéticas” a lo largo de la historia, basadas en la progresiva incorporación (y acumulación) de recursos y tecnologías.96 Ver Fressoz 2024. Por último, frente al desafío global del cambio climático, la investigación histórica puede enfatizar la naturaleza local y localizada de las transiciones, así como las variaciones y diferencias entre regiones (y dentro de ellas), una línea de trabajo de la que no son ajenos, por ejemplos, los numerosos estudios sobre historia de la electrificación en España, realizados desde la historia económica y de la empresa. Las variaciones locales y regionales pueden verse distorsionadas por el análisis agregado y estadístico de las transformaciones en los paradigmas energéticos a nivel macro, algo también señalado por Fressoz.
Conclusiones
⌅Hace veinticinco años, Agustí Nieto-Galán señalaba cómo la incorporación de determinados marcos, debates y preguntas de la historiografía de la tecnología en nuestro país supondría “un trabajo ingente que requerirá probablemente más de una generación” si es que se quería constituir una historia de la tecnología propia. 97 Ver Nieto-Galán 2000, 213. Tras más de dos décadas, puede que el panorama sea menos desolador, pero siguen faltando profesionales especializados cuyas reflexiones se centren en problematizar lo tecnológico, y la disciplina sigue mostrando debilidades patentes. En primer lugar, la institucionalización sigue siendo una tarea pendiente y, en algunos casos, la historia de la tecnología no ha logrado sacudirse su carácter de “provincia” de otros campos. La historiografía generalista continúa prestándole poca atención y se ve a la historia de la tecnología como irrelevante para construir, por ejemplo, los grandes relatos de la historia política, en parte debido a la persistencia de visiones instrumentales de lo técnico.
Si Nieto-Galán sugería la necesidad de escribir una buena e interesante historia de la tecnología con la que ir penetrando progresivamente en otros campos y ganarse nuevas audiencias, nuestro artículo ha pretendido ilustrar –desde la historia de las profesiones técnicas y la historia de la energía– la robustez de la historia de la tecnología, pero también sus potencialidades para la historiografía general en España donde, en algunos casos, ya se están produciendo interesantes intercambios. Hemos querido mostrar una trayectoria que incluye una visión mucho más compleja y matizada de la historia de las profesiones técnicas y la sociología de las profesiones; también la historia de las infraestructuras energéticas y de los grandes sistemas tecnológicos como lugares de controversia, la historia de las tecnologías banales y las prácticas y usos cotidianos de los artefactos, pasando por la historia del mantenimiento, las representaciones y percepciones de la tecnología o de la energía.
El creciente énfasis en que la historia de la tecnología no es solo la historia de la innovación, sino también la del mantenimiento y uso puede, de hecho, favorecer la incorporación a la narrativa de la historia económica en nuestro país de nuevos temas, fuentes y sujetos, como consumidores, usuarios (y no usuarios), algo que empieza a realizarse tímidamente. Asimismo, abre la puerta a un diálogo mucho más estrecho con la historia social y política, al poner de relieve las diversas y cambiantes agendas, intereses y filiaciones de clase, género, etnia, profesión o geográfico-espaciales de los actores históricos. Estas perspectivas plantean la necesidad de estudiar distintos entornos geográficos y sociales que, sin constituir grandes focos de innovación tecnológica, fueron escenarios de su aplicación, adaptación y uso. Estos contextos no solo fueron transformados por los diferentes artefactos, sino que contribuyeron a insertar la tecnología en marcos socioculturales cada vez más diversos, transformándola y dotándola de nuevos significados. Con estas líneas de trabajo podría revitalizarse un contexto académico como el español, demasiado obsesionado durante bastante tiempo con nociones de “éxito” o “fracaso” a la hora de abordar el modelo de modernización industrial del país en el pasado. La historia económica y política también ofrecen a la historia de la tecnología amplias oportunidades para reevaluar la biografía sociocultural y sociopolítica de las grandes infraestructuras y sistemas energéticos en nuestro país, y no solo en contextos autoritarios. Se trata de una línea de trabajo que se encuentra en pleno proceso de consolidación, incluyendo el impacto de la tecnología y la energía en la producción cultural.
Por otro lado, se está dando una confluencia particularmente fructífera entre la historia de la tecnología, la historia ambiental y la historia política, alimentando debates historiográficos sobre la participación popular en las políticas científicas, el impacto de la industrialización, o la represión política. La historia de la tecnología y de los técnicos también está siendo útil para reforzar las debilitadas conexiones entre la historia económica y política. Es precisamente de este diálogo a tres partes de dónde pueden y deben surgir nuevas aportaciones que ayuden a dilucidar la trayectoria tortuosa de la autoridad de las comunidades expertas y de la lógica tecnocrática en la España contemporánea y aportar pistas para la investigación sobre estos temas a nivel mundial.
Por último, la historia de la tecnología, tanto a nivel local como global, parece adolecer de lo que François Dosse denominó “historia en migajas”, con focos múltiples y, a menudo, desconectados. ¿Es este carácter de mosaico su fortaleza o debilidad? Entre las desventajas destaquemos, como se mencionó para el caso español, la falta del entramado institucional propio desde el que producir las investigaciones especializadas, divulgarlas y dialogar con confianza con otras ramas de la historiografía. Sin embargo, la pluralidad de enfoques añade riqueza a la producción sobre la historia de la tecnología y facilita, si hay voluntad para ello, la inserción de sus hallazgos e hipótesis en los relatos elaborados desde otras disciplinas. En todo caso, la base que han ido formando las investigaciones de las últimas décadas en historia de la tecnología ofrece amplias oportunidades para seguir dialogando con la historia económica, política, social y cultural. Ya no hay excusas que valgan a otros campos –en particular, historia económica, política, cultural y social– para negarse a abrazar una disciplina que, desde hace mucho, va más allá de las hagiografías y la descripción interna de artefactos. Por lo tanto, animamos a un diálogo multidireccional que sea capaz de consolidar en nuestro país una nueva historia de la tecnología interconectada, madura y abierta.
Declaración de conflictos de intereses
⌅Los/as autores/as de este artículo declaran no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.
Uno de los autores, Darina Martykánová, pertenece al Consejo de Redacción de Asclepio y es coautora a petición del CR como investigadora experta en el tema. Este artículo ha sido sometido al proceso de revisión y valoración editorial habitual, incluida la revisión por pares externos.
Declaración de contribución de autoría
⌅Daniel Pérez-Zapico. Conceptualización; Investigación; Redacción (borrador original); Redacción (revisión y edición).
Darina Martykánová. Conceptualización; Investigación; Redacción (borrador original); Redacción (revisión y edición).