A modo de introducción
⌅Allá por el año 2000, en un balance historiográfico sobre el exilio de los científicos leales a la República, se constató la lentitud de tal producción respecto a otras dimensiones del exilio republicano formado por el éxodo de medio millón de personas en el invierno de 1939. 1 Barona y Lloret Pastor 2000, 402. Un cuarto de siglo después ese rezago sigue siendo una constante de nuestra producción historiográfica, a diferencia de los notables avances efectuados en la historiografía sobre el exilio político en general y sobre los historiadores exiliados en particular 2 De Hoyos 2017; Solanas Bagüés 2020.
Así se explica que en el reciente libro colectivo Líneas de fuga. Hacia otra historiografía cultural del exilio republicano español, que pretende ser una apuesta por otras formas de exponer y pensar el legado cultural del exilio republicano español, se haya prácticamente omitido la presencia de los científicos, salvo alguna que otra aportación muy puntual. 3 En el libro coordinado por Mari Paz Balibrea, 2017 la presencia de los científicos exiliados, no vinculados a las ciencias sociales, se reduce a una breve noticia de las aportaciones efectuadas por el médico catalán Josep Trueta i Raspall en su exilio inglés efectuada por Barona (2017), a una más breve evocación de Grisolía (2017) de su amistad con Severo Ochoa y las alusiones llevadas a cabo por Aznar Soler (2017b) sobre la presencia del relevante químico y destacado político republicano José Giral –quien llegó a presidir el consejo de ministros de la República en el exilio entre el 21 de agosto de 1945 y el 26 de enero de 1947–, en los congresos mundiales por la paz celebrados sucesivamente en las ciudades polacas de Wroclaw y Varsovia, en 1948 y 1950, y en Viena en 1952. O que en las conmemoraciones del ochenta aniversario del inicio de tal exilio, celebradas a lo largo de 2019, los científicos estuviesen prácticamente ausentes en la gran exposición que tuvo lugar en Madrid en las salas de la Arquería de Nuevos Ministerios,4 Información sobre esa exposición en https://mpt.gob.es/memoria-democratica/actividades-de-difusion/80-aniversario-del-exilio-republicano/eventos-aniversario/visitas-guiadas-exposicion-80-aniversario-del-exi.html; https://canal.uned.es/video/5e1f2ffe5578f22f391731ff. si bien hubo una alusión a ellos en una de las contribuciones del catálogo correspondiente.5 Puig-Samper 2019.
Ahora bien, esa ausencia en esa exposición podría haber sido subsanada, pues en las últimas tres décadas se han ido desarrollando diversas líneas de trabajo sobre el exilio de los científicos republicanos. Por tal razón en un congreso internacional llevado a cabo en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) entre el 30 de septiembre y 2 de octubre de 2019, celebrado en paralelo al desarrollo de la mencionada exposición, los científicos estaban presentes, junto a artistas y otros creadores culturales, para ofrecer una visión de conjunto de la sangría que supuso para la sociedad española el éxodo de un amplio contingente de sus elites intelectuales, estimado en torno a cinco mil personas. Si nos fijamos en los contenidos derivados de la publicación de sus resultados 6 Cabañas et al. 2020. se constata que la atención prestada a la diáspora científica –seis trabajos– es casi equivalente a la dedicada a la labor llevada a cabo en sus destierros por artistas –ocho contribuciones– y pensadores –otras ocho aportaciones–, aunque una de ellas puede ubicarse en el ámbito científico-técnico.7 Sánchez Cuervo 2020.
La media docena de trabajos aludidos se dedicaron a cuestiones tan diversas como los devastadores efectos producidos por la guerra civil en la prestigiosa escuela de Cajal, 8 Baratas 2020. la labor desplegada en el exilio por un nutrido grupo de salubristas republicanos, encabezados por Gustavo Pittaluga,9 Barona 2020. los trabajos llevados a cabo en tierras americanas por diversos biólogos y naturalistas como el geólogo José Royo10 López Sánchez 2020. y varios oceanógrafos pertenecientes a una saga familiar como fueron los De Buen,11 Gomis 2020. las acciones y opiniones antifranquistas del botánico Josep Cuatrecasas desde su exilio norteamericano12 González Bueno 2020. y el proyecto de crear una enciclopedia diseñado por el economista Manuel Sánchez Sarto en el marco del lanzamiento de la editorial Atlante, en cuyo catálogo abundaron los libros científico-técnicos.13 López-Ocón 2020.
Todos ellos revelaban ser un jalón más de un sostenido esfuerzo historiográfico, llevado a cabo a lo largo de décadas por actores y protagonistas diversos, en las que cabe detectar diversos momentos o fases, que se presentan a continuación.
Momentos de una historiografía en construcción a través de diversas iniciativas
⌅A lo largo de ocho décadas largas las aportaciones de los científicos republicanos exiliados han sido tomados en consideración y analizadas desde diversas perspectivas. Cabe distinguir tres períodos en esos estudios.
El primero abarcaría la larga dictadura de Franco. En él predominó la orientación memorialista en el conocimiento de la obra de los científicos republicanos, efectuado por ellos mismos para combatir el olvido y menosprecio al que les sometía el régimen dictatorial. A medida que se autoorganizaban en su diáspora dieron cuenta de su labor y cada equis tiempo hicieron balance de sus aportaciones.
El segundo estaría marcado por el inicio de la recuperación de la obra de los científicos exiliados en el seno de la sociedad española cuando se inició la recuperación de las libertades tras la muerte del dictador el 20 de noviembre de 1975. Esa labor empezó a ser efectuada al alimón desde medios académicos españoles y por protagonistas del exilio científico, alguno de los cuales logró retornar reincorporándose a la nueva España democrática.
El tercero, que cubre las tres últimas décadas, se caracteriza por la acumulación de investigaciones académicas efectuadas tanto en España como en distintos países latinoamericanos tendentes a profundizar en la constatación que efectuara Thomas Glick de considerar al exilio de los científicos republicanos españoles como uno de los más importantes trasvases de conocimientos experimentados por las sociedades latinoamericanas, particularmente la mexicana, en las décadas centrales del siglo XX. 14 Glick 1992.
A continuación, se ofrecen detalles de cada una de esas etapas, destacando las contribuciones más significativas de cada una de ellas.
La etapa de rendición de cuentas de los exiliados y de aprecio de su labor en los países de acogida
⌅Una de las primeras obras que dio cuenta de la producción efectuada por los exiliados republicanos entre 1936 y 1945 en tierras americanas se debió a una iniciativa de quien era entonces director de la Fundación Hispánica de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, el historiador Lewis Hanke. Se trata de La obra de los intelectuales españoles en América (1936-1945), elaborada por Julián del Amo (Valencia 1908), quien antes de su exilio había sido director del Instituto de Segunda Enseñanza de Mora de Toledo. En México se vincularía al Departamento de Información de la Secretaría de Relaciones Exteriores. 15 Noticias biográficas y relación de su producción intelectual en https://memoriademora.com/wp-content/uploads/2021/12/profesores-del-instituto.pdf. Con la colaboración de la bibliotecaria norteamericana Charmion Clair Shelby (1902-1955), y con un prólogo de Alfonso Reyes, efectuó una recopilación bio bibliográfica de cerca de cuatrocientos cincuenta autores, muchos de ellos científicos, durante su primera década de vida exiliada.16 Amo y Shelby 1950.
Indudablemente el lugar idóneo para apreciar el esfuerzo que estaban realizando los científicos republicanos exiliados tanto en el continente americano como en Europa fue la revista Ciencia, la publicación fundada en 1940 gracias al apoyo económico de la editorial Atlante 17 López-Ocón 2013a y 2014. y en cuyo arranque desempeñó un papel importante Ignacio Bolívar 18 Puig-Samper 2017. En sus páginas, por ejemplo, se informó de la labor efectuada en Francia por diversos científicos republicanos españoles en los primeros años de la década de 1940.19 Vila 1947.
Como es sabido el contingente más amplio de científicos exiliados procedió del mundo médico. Varios de ellos efectuaron valoraciones de la labor que llevaron a cabo en su exilio. Si Antonio Peyri (Tarragona 1889), que había sido profesor de Dermatología en la Universidad de Barcelona, llevó a cabo en 1963 un balance de los trabajos efectuados por los médicos catalanes, 20 Peyri 1963. poco después –el 26 de mayo de 1965– sería Germán Somolinos quien en una importante conferencia en la Academia de Medicina de México efectuó un análisis de las aportaciones efectuadas en México por medio millar de médicos españoles exiliados a lo largo de un cuarto de siglo. Tras reconocer el abigarramiento de ese contingente humano distinguió cinco grupos entre sus integrantes: el de las grandes figuras de la medicina mundial entre los que mencionó al fisiólogo Augusto Pi-Suñer, el ginecólogo Alejandro Otero, el siquiatra Gonzalo R. Lafora y el oftalmólogo Manuel Márquez; el de médicos relevantes ya en su etapa de madurez científica como D’Harcourt, Bejarano, Puche, Cristián Cortés Lladó, Rivas Cherif y Torre Blanco; el de jóvenes emergentes que brillarían en los años posteriores como el cardiólogo Isaac Costero y el farmacólogo Rafael Méndez, –quienes posteriormente escribirían sendas obras autobiográficas en 1977 y 1987 respectivamente–, el extenso grupo de médicos preparados dedicados a su profesión y el de los más jóvenes que, apenas acabados sus estudios de medicina, tuvieron que incorporarse al ejército republicano como le sucedió a él mismo.21 Somolinos 1965. Años después, y como una muestra de tensiones y rivalidades académicas que surgieron también entre los exiliados, Francisco Guerra se quejó de que Somolinos solo “recordó los que estaban en su entorno y eran sus amigos”. Ver al respecto Guerra 2003, 16.
A esa literatura protagonizada por médicos hay que añadir la efectuada por naturalistas como Enrique Rioja, 22 Rioja 1954 y 1960. las valoraciones de la labor de químicos como José Giral en los homenajes que se le hicieron tras su fallecimiento23 Martínez Báez 1963. o las reflexiones llevadas a cabo por el filósofo José Gaos,24 Gaos 1953, 1963. autor del neologismo “transterrado” para definir el nuevo sentimiento de pertenencia experimentado por los desterrados en los nuevos países en los que lograron abrirse camino generando con ellos poderosos vínculos afectivos.
Ese esfuerzo de introspección efectuado en el seno de los exiliados acerca de sus aportaciones a la cultura científica de los países que le acogieron, y que para muchos de ellos se convirtieron en sus nuevas patrias al nacionalizarse, se vio acompañado de diversos trabajos publicados a lo largo de la década de 1950 en los que se hicieron valoraciones positivas sobre las contribuciones efectuadas por los desterrados republicanos a la cultura americana en general, y a su vida universitaria, particularmente en México. Ese fue el objetivo de obras de síntesis como las efectuadas por Mauricio Fresco, Máximo Muñoz y Carlos Martínez. 25 Fresco 1950; Muñoz 1955; Martínez 1959.
La recuperación de la ciencia nómada de los exiliados en el último cuarto del siglo XX
⌅Indudablemente una obra fundamental para el conocimiento del exilio republicano de 1939 en general, y de la presencia de los científicos en él, fueron los seis volúmenes de El exilio español de 1939, coordinados en los inicios de la transición democrática por José Luis Abellán, inspiradores de todos los estudios posteriores sobre el denominado “fenómeno exílico”. Por ello merece ser considerada como la aportación fundacional a la literatura sobre el exilio científico generada en el último medio siglo. De una manera u otra, asuntos y temas relacionados con el mundo científico están presentes en muchas de sus aportaciones.
En el primer volumen Abellán efectuó una presentación general de ese gran proyecto historiográfico gestado a principios de 1973 cuando un grupo de amigos se comprometió a cubrir “una laguna vergonzosa en nuestra bibliografía” como era la historia del exilio español de 1939 que supuso una sangría de unos cinco mil intelectuales, entendiendo por tales “todos aquellos que tuvieran una cierta notoriedad en profesiones liberales, artísticas, literarias, científicas o docentes”. 26 Abellán 1976-1978, 17. Y Vicente Llorens presentó dos amplias visiones panorámicas, resultado de sus profundas investigaciones sobre determinados exilios que también habían afectado a elites científicas como las de los liberales de la época de Fernando VII27 Llorens 1954. y de sus propias experiencias como emigrado en diversos países americanos.28 Llorens 1975. Presentó entonces una especie de cartografía de la emigración republicana de 1939 ofreciendo detalles de los lugares de destino de los millares de desterrados en diversas partes del mundo, fundamentalmente en Europa y en las Américas, resaltando cómo “intelectualmente la emigración republicana fue tanto un éxodo de hombres de ciencia como de letras” y “cómo entre los primeros figuraron varios iniciadores del renacimiento científico que se produjo en España a fines del siglo pasado y principios del presente”.29 Llorens 1976, 129.
El segundo volumen –Guerra y política– abordó distintos aspectos de la dimensión política de la emigración republicana de 1939. En él, por ejemplo, el químico Francisco Giral, subrayó en su aportación el significativo papel desempeñado por diversos científicos, como su padre José Giral, también químico, o el fisiólogo Juan Negrín, o por quienes se agruparon en la “Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero”, 30 Según Francisco Giral 1976, 197 esa Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero, que presidiera el parasitólogo Gustavo Pittaluga, especialista en medicina tropical, y que representaba a la mitad de la Universidad española oficial, “constituye un sólido basamento de la Legitimidad republicana, como lo va a demostrar en 1943 con la conferencia que celebra en la Universidad de La Habana”. en las actividades desplegadas por los gobiernos y los partidos republicanos en las diversas fases políticas del exilio sobre las que reflexionó Juan Marichal.
En el tercer volumen –Revistas, pensamiento, educación– dedicado a ofrecer una crónica de la emigración a través de las revistas, se echa en falta un análisis de la revista Ciencia, al ceñirse sus contenidos a una presentación detallada de las revistas culturales y literarias del exilio en Hispanoamérica y Francia. Otras aportaciones efectuadas en ese volumen–, como la que efectuara el geógrafo Carlos Sáenz de la Calzada sobre la labor educativa de los exiliados en la que prestó atención a documentos elaborados en La Habana en 1943 por la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero, 31 Sáenz de la Calzada 1976, 213-220. o la llevada a cabo por el arquitecto José Luis de la Loma sobre un importante lugar de sociabilidad de los científicos e intelectuales republicanos como fue el Ateneo Español de México fundado en 1949 y al que se incorporó el Ateneo Ramón y Cajal, constituido años antes, sí han sido continuadas y completadas por la historiografía reciente.32 Cruz Orozco 2005; López Sánchez 2009.
Fue en el quinto volumen, titulado “Arte y ciencia” donde evidentemente la presencia de los científicos fue más relevante. Ernesto García Camarero ofreció una visión panorámica de las causas y consecuencias que supuso para el sistema científico español construido a lo largo del primer tercio del siglo XX la emigración de un amplio contingente de investigadores. En su aportación sobre el significado de esa masiva “fuga de cerebros” ofreció un índice biográfico de más de 200 científicos y efectuó un primer balance de las aportaciones efectuadas a lo largo de su exilio por médicos, físicos y matemáticos, naturalistas y químicos y farmacéuticos. Para su balance García Camarero dispuso de una serie de informantes entre los que destacó al doctor José Puche Álvarez “quien no sólo nos ha facilitado la mayor parte del material que hemos utilizado para la redacción de este trabajo, sino que con su juvenil entusiasmo nos ha comunicado una dimensión importante del grupo humano que nos ocupa: su cálida vocación por la ciencia y porque ésta estuviese ligada al nombre de España”. 33 García Camarero 1978, 193. Las fuentes usadas por García Camarero incluyeron cartas remitidas por José Puche con valiosos testimonios de su amigo Francisco Giral acerca de lo que Laín Entralgo calificara de atroz desmoche de la universidad,34 Laín Entralgo 2003 [1976], 272-274. fenómeno bien estudiado por la reciente historiografía,35 Claret Miranda 2006; Otero Carvajal 2006. al producirse una severa represión de universitarios y científicos republicanos. Recordaba García Camarero, gracias a José Puche y Francisco Giral, cómo el escalafón de catedráticos de 1935 incluía a 575 catedráticos universitarios en activo, más cuarenta excedentes. Una década después, el de 1945, reducía esos guarismos a 319 y 320. Habían salido al exilio algo más de un centenar de los que estaban en el escalafón de 1935 y casi otros tantos de los que se quedaron en España habían sido destituidos o sujetos a proceso. Ocho de esos catedráticos –Juan Bautista Peset Aleixandre, Casto Prieto Carrasco, Joaquín García Labella, Rafael García-Duarte, José Palanco Romero, Arturo Pérez Martín y los rectores de la Universidad de Oviedo, Leopoldo Alas, y Salvador Vila, de la de Granada–, habían sido fusilados. También fallecieron en las cárceles de la dictadura franquista el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago L. Morillo quien se suicidó en 1937, y en 1940 el investigador del Instituto Nacional de Física y Química Santiago Piña de Rubies.36 García Camarero 1978, 199-200, 220. También José Puche hizo llegar a García Camarero varios ejemplares de la revista Ciencia, cuya circulación había sido prohibida por la censura franquista a partir de su tercer número, en mayo de 1940.37 García Camarero 1978, 200. Fueron varias personas las que actuaron de mediadoras entre los científicos republicanos exiliados en México y García Camarero. Este menciona entre ellas a la doctora Millares, el doctor Giral, don Victorino Rubió y también a la actriz Sara Montiel, cuyos contactos con los científicos republicanos exiliados llaman la atención.38 García Camarero 1978, 193.
En otras contribuciones de ese quinto volumen también hacen acto de presencia, científicos y técnicos, como los relevantes arquitectos Luis Lacasa y Manuel Sánchez Arcas que dejaron su huella en la edificación de diversas instalaciones científicas en los años previos al estallido de la guerra civil, 39 Sáenz de la Calzada 1978, 65-68. o los pioneros del cine científico y documental como Carlos Velo y Guillermo F. Zúñiga,40 Gubern 1998, 171-179. quienes se habían formado como naturalistas en el entorno de los Bolívar en el Museo Nacional de Ciencias Naturales en los años republicanos, y cuya trayectoria como cineastas ha suscitado la atención en las dos últimas décadas41 Redondo Neira y Velo Cobelas 2004; Redondo Neira 2011; Ortega Gálvez 2011; López-Ocón 2023, 100-105. . Asimismo, Javier Malagón ofreció una primera aproximación a la relevante labor historiográfica llevada a cabo por diversos científicos republicanos durante su exilio como el ingeniero Manuel Díaz Marta, los médicos Germán Somolinos, Francisco Guerra, Félix Martí Ibáñez y Pedro Domingo San Juan, el químico Modesto Bargalló o el matemático Francisco Vera.42 Malagón 1978, 283-289. Sobre Bargalló ver Moreno Martínez 2021.
Otros dos volúmenes –el cuarto “Cultura y literatura” y el sexto, de carácter misceláneo, aunque dedicado fundamentalmente a las literaturas catalana, vasca y gallega en el exilio– completaban la que puede ser considerada obra fundacional sobre los estudios acerca del exilio español de 1939. En ellos también hay alusiones a la labor de científicos e investigadores republicanos desterrados. Por ejemplo, Germán Gullón prestó atención de manera somera a la labor historiográfica y filológica llevada a cabo en el exilio por algunos de los representantes del antiguo Centro de Estudios Históricos de la JAE. 43 Gullón 1977. Por su parte Fermín del Pino ofreció amplias noticias de los trabajos llevados a cabo por diversos antropólogos.44 Del Pino 1978.
La senda abierta por esa obra colectiva, coordinada por José Luis Abellán, tendría prolongación en otra obra fundamental sobre esta cuestión publicada a finales del siglo XX. Me refiero a la primera monografía dedicada a la ciencia española en el exilio, publicada por la editorial Anthropos y el Centro de Investigación y Estudios Republicanos (CIERE). Su autor, el químico farmacéutico Francisco Giral González (1911-2002), había desarrollado una importante labor científica y académica en México y otros países americanos desde 1939. Fue en ese año cuando llegó a Veracruz con un grupo de familiares. Entre ellos cabe destacar a su mujer Petra Barnés González –a quien dedicaría años después Ciencia española en el exilio (1939-1989). El exilio de los científicos españoles prologado en 1992 y publicada en 1994– y a su padre José Giral, cuyo archivo fue donado en tiempos recientes por sus descendientes al Archivo Histórico Nacional, lo que ha permitido la elaboración de importantes monografías sobre su trayectoria política y científica. 45 Puerto Sarmiento 2016; Chaves Palacios 2019.
Tras la muerte del dictador Francisco Franco Francisco Giral regresó a España. Aunque tuvo cortapisas para hacer propaganda de su ideario republicano como presidente de Acción Republicana Democrática Española (ARDE), lograría reincorporarse al escalafón universitario al que había ingresado en febrero de 1936 por la Universidad de Santiago. Él, a quien se le asignó la cátedra de Química farmacéutica en la Universidad de Salamanca, y Augusto Pérez Vitoria, también químico, fueron los dos únicos catedráticos exiliados que pudieron reintegrarse a la universidad española antes de cumplir la edad reglamentaria de jubilación. Gracias a los estímulos recibidos desde Santander por Francisco González de Posada y a la inestimable colaboración de Augusto Pérez Vitoria y de su hija Adela, Francisco Giral realizó a lo largo de la década de 1980 un considerable esfuerzo para sistematizar las aportaciones de un amplio contingente de los integrantes de la diáspora científica republicana, ofreciendo sus resultados como “una buena contribución a la conmemoración del medio milenario del encuentro de dos mundos”. 46 Giral 1994, 17.
Su libro ha de ser contemplado como una obra testimonial, producto de un relevante actor y cualificado testigo del esfuerzo colectivo desplegado por los científicos republicanos en su diáspora desde que llegó a México en 1939. Francisco Giral fue secretario durante muchos años de la Unión de Profesores Universitarios en el Extranjero (o en el exilio) (UPUEE) e impulsor y animador de la revista Ciencia a lo largo de toda su existencia entre 1940 y 1975. Con sus cincuenta y ocho artículos –que significaba un 6 % del total de ellos– fue el máximo productor de esa publicación 47 Aleixandre et al. 2003, 95. que se convirtió en el principal portavoz y conector de la diáspora científica republicana. Tan relevante presencia en esas plataformas y atalayas le serían de gran ayuda para la publicación de su obra en 1994 que construyó, como reconoció en el prólogo que firmó en México en diciembre de 1992, tras la lectura de 500 curricula que le permitieron seleccionar y comentar las publicaciones más significativas de otros tantos científicos. Provista de un útil índice onomástico la obra estaba estructurada en dieciocho capítulos en los que se pueden distinguir dos partes.
La primera, que abarcaría los diez primeros capítulos, aborda distintos aspectos generales del exilio científico según los siguientes epígrafes: el alba de un nuevo siglo de oro (Edad de Plata); el exilio de los científicos españoles, la Universidad del exilio; el ejercicio de la Medicina; emigración universitaria a diversos países; las publicaciones científicas; la revista CIENCIA; el exilio interior; la ciencia historiográfica; antropólogos y arqueólogos y filosofía de las ciencias, donde destacó “la obra descomunal de García Bacca”. 48 Giral 1994, 13.
Para la segunda parte siguió el esquema de la organización universitaria española de 1936, a la que asignó los distintos científicos según la Facultad o Escuela Técnica a la que estuvieran adscritos. De esta manera, desde el capítulo 11 al 19 el lector es informado de las aportaciones de matemáticos; físicos; químicos de la Facultad de Ciencias entre los que destacó el caso singular de Enrique Moles; biólogos y naturalistas; médicos en los que distinguió a los integrantes de diecisiete especialidades destacando las aportaciones de histólogos y de los investigadores dedicados a la anatomía patológica como Río Hortega, Costero y los integrantes del laboratorio de la Residencia, y de fisiólogos y bioquímicos como el equipo del laboratorio de Negrín, Severo Ochoa, Grande Covián, la dinastía Pí Suñer, la escuela catalana, Ramón Alvarez-Buylla como una revelación rusa en México y Pedro Cuatrecasas como una revelación norteamericana en bioquímica; farmacéuticos entre los que distinguió a botánicos, bioquímicos y nutricionistas químicos de la Facultad de Farmacia; veterinarios; ingenieros, fuesen agrónomos, de minas y geólogos, industriales y mecánicos, eléctricos y electrónicos, ingenieros químicos, de caminos, ingenieros constructores (caminos y civiles), aeronáuticos y textiles; y arquitectos.
A pesar de su esfuerzo ímprobo reconoció que su obra ofrecía lagunas, pues no había podido dar cuenta del total de publicaciones y actividades de los autores reseñados, y podían haberse quedado fuera de su relación compañeros ignorados, como sucediese con diversas mujeres. Tras exponer que su libro no era “una colección fría de publicaciones o de hojas de méritos y servicios” y que él no era “un historiador riguroso ni un registrador exhaustivo de datos y fechas” señaló que su pretensión había sido la de “dar una idea del variado destino de los científicos a consecuencia de la guerra y de la posguerra, una situación que no ha tenido precedentes en la historia española”. 49 Giral 1994, 12. Ese destino, en su opinión, consistió para la mayor parte de los científicos exiliados –salvo para quienes formaban parte de alguna “escuela científica” como era el caso de la Histología, las Ciencias Naturales en su sentido más amplio o los fisiólogos catalanes– en acoplarse “en los países y en los lugares que nos acogieron como buenamente pudimos” de manera que en ese exilio de los científicos españoles hubo “una gran variedad de circunstancias” produciéndose “una compleja diversidad de problemas y de situaciones personales de adaptación”. Esa heterogeneidad de reacciones, y esa capacidad adaptativa, vivida por los científicos que tuvieron que exiliarse le recordó a Francisco Giral los versos que dedicara Antonio Machado a la encina como árbol más representativo de la Península ibérica y que dicen: Brotas derecha o torcida, // con esa humildad que cede// sólo a la ley de la vida, // que es vivir como se puede.50 Giral 1994, 16.
Ciertamente la obra de Francisco Giral no es la de un historiador, pero su libro cumplió con creces diversas funciones. Creó con él un lugar de la memoria de la rica actividad desplegada por universitarios y científicos exiliados y logró transferir a la España democrática el conocimiento de ese importante legado al que el mismo Francisco Giral efectuó aportaciones importantes con sus investigaciones farmacológicas. De manera que su monografía marcó un hito en el conocimiento de la labor de la diáspora científica republicana hasta tal punto que todas las investigaciones posteriores efectuadas sobre esa cuestión la han tenido como obra de referencia. En esa obra además su autor quiso recoger contribuciones efectuadas hasta 1989 para conmemorar los cincuenta aniversarios de la salida de España del mayor contingente de esa diáspora y para recoger aportaciones de aquellos niños del exilio que se habían formado científicamente en países hispanoamericanos y que en ese año estaban en plena productividad.
Avances en el siglo xxi desde las dos orillas: esfuerzos colectivos y monografías individuales
⌅En el último cuarto de siglo, y siguiendo la estela de los trabajos producidos en las décadas anteriores presentados anteriormente, ha ido in crescendo el interés por el estudio del exilio de los científicos republicanos. Se han efectuado numerosas investigaciones que, sin embargo, como se comentó al principio de estas páginas, no han logrado ser incorporadas plenamente a la historiografía sobre el exilio.
Varios de esos aportes fueron el resultado de congresos organizados en su mayor parte en torno a programas conmemorativos. Algunos fueron el resultado de colaboraciones hispano-mexicanas. 51 Baratas 1999; Casado 1999. Otros se organizaron en Valencia, donde el historiador de la ciencia Josep Lluís Barona impulsó una línea de investigación sobre ciencia y exilio tras profundizar en la significación histórica del fisiólogo José Puche.52 Barona y Mancebo 1989.
Así al conmemorarse en 1999 el sesenta aniversario del exilio cultural de 1939 se evocó en un congreso internacional la relevante presencia de los científicos republicanos en esa traumática experiencia colectiva mediante una serie de aportaciones en las que se dio cuenta fundamentalmente de la labor llevada a cabo en tierras americanas por una serie de personas relacionadas con las investigaciones biomédicas y con la salud pública. 53 Mancebo et al. 2001 , 405-490. En esa obra la reflexión genérica de Santos Casado “La ciencia en el exilio” estuvo acompañada de estas otras contribuciones: Josep Lluís Barona “El tortuoso camino hacia el exilio de Gustavo Pittaluga (1876-1955)”; Encarna Gascón Pérez y Josep Bernabéu Mestre “La enfermería de Salud Pública que no pudo ser. La contribución de las exiliadas españolas al desarrollo de la enfermería venezolana (1936-1964)”; Alejandro Jonguitud Acosta, Ana García García y Joan Lloret Pastor “Contribuciones de los exiliados en México a la cancerología (1939-1975). Germán García García y la oncología ginecológica”; José Vicente Martí Boscà y Antonio Rey González, “La etapa española de Félix Martí Ibáñez: bases para el exilio como plenitud profesional”; M.ª Eugenia Martínez Gorroño sobre “Pedro Mayoral Carpintero: un español muerto al servicio de Colombia. Campaña contra la bartonelosis”; Mariano Peset Mancebo sobre “Perfil biográfico científico de Rafael Méndez”. Una década después, en 2009, en el marco de la conmemoración del setenta aniversario del mencionado exilio cultural de 1939 Josep Lluís Barona organizó otro congreso dedicado específicamente al exilio científico.54 Barona 2010. Sus veinticuatro contribuciones eran un buen exponente de los avances que se habían ido produciendo en el conocimiento de la compleja labor llevada a cabo durante su destierro por los científicos exiliados. Las enumero y clasifico a continuación para apreciar la pluralidad de enfoques e intereses de quienes hacia 2010 se interesaban por el tópico que se está analizando en estas páginas.
Algunas contribuciones tuvieron un carácter genérico y sintético. En esa línea cabe situar el estudio introductorio del editor del volumen: “Destrucción y diáspora de una comunidad científica: el exilio republicano español” cuestión que también fue abordada por Luis Enrique Otero Carvajal en “Una esperanza frustrada. La destrucción de la ciencia en España y el exilio científico tras el fin de la Guerra Civil”. Por su parte el exiliado Julián de Zulueta y Cebrián (1918-2015), denominado “el señor de los mosquitos”, 55 Zulueta et al. 2011. reflexionó brevemente sobre “lo que se pudo hacer en el exilio”. A su vez Francisco Javier Donsil Mancilla prestó atención a la dinámica de las redes del exilio científico en México, basado en sus investigaciones sobre Faustino Miranda,56 Donsil 2007a. o sus acercamientos a la influencia americana de la escuela de Cajal.57 Donsil 2009. Si José María Cobos Bueno se fijó en los “científicos extremeños en el exilio de 1939”, de los que estudió especialmente al matemático e historiador de la ciencia Francisco Vera,58 Cobos 2017. Jaume Claret valoró el legado de la Universitat de Barcelona autónoma. A su vez Carmen García Colmenares dedicó su aportación a las “psicólogas republicanas en el exilio: las excusas maltrechas de la memoria”. Y Josep Bernabéu-Mestre se interesó por el exilio científico republicano y los inicios de la Organización Mundial de la Salud (1946-1956). También Josep Lluís Barona en otra contribución suya se preguntó si se logró constituir una comunidad científica en el exilio.
Otras aportaciones versaron sobre las vicisitudes en sus exilios de integrantes de diversas escuelas científicas que se habían formado en la sociedad española durante el primer tercio del siglo XX. Fue el caso de los trabajos de Alfredo Baratas Díaz, “Cuatro científicos a la sombra de un maestro: los exilios de la escuela cajaliana”; Juan del Rio-Hortega Bereciartu, “El epistolario de Pío del Río-Hortega” y Álvar Martínez Vidal y Emma Sallent del Colombo, “Entre el éxodo y la diáspora: Albert Folch i Pi, Joaquín d’Harcourt y la tentativa de restitución de la Escuela Biológica Catalana en Francia (1939-1941)”.
Varias se fijaron en trayectorias de diversos científicos, fundamentalmente médicos, pero también sicólogos, naturalistas y físicos, intentando evaluar sus aportaciones en los países que les acogieron. En ese grupo se sitúan las aportaciones de Fernando Girón Irueste y Enriqueta Barranco Castillo, “Dos ginecólogos en el exilio: Alejandro Otero Fernández (1888-1953) y Antonio Chamorro Daza (1903-2003)”; Juan José Martín Frechilla, “August Pi y Sunyer y José Royo Gómez. Balance de sus aportes a la investigación científica en Venezuela”; Alfons Zarzoso que tituló su contribución, “Sobrevivir en Inglaterra. El exilio eclipsado del cirujano plástico Pere Gabarró”; Miguel Jiménez sobre “Vicente Parra, un médico español en Dachau”, Annette Mülberger, “Un psicólogo abandona su mundo: el exilio de Emilio Mira y López”; Xosé Francisco Pardo Teijeiro y María Mercedes Álvarez Lires, “Aportación de Bibiano F. Osorio-Tafall a la ciencia mexicana”; y Francisco A. González Redondo y Rosario E. Fernández Terán sobre “la tragedia de la Tercera España: el exilio de Blas Cabrera”.
Otras aportaciones analizaron el papel desempeñado por los mecanismos represivos que sufrieron docentes e investigadores a los que se ubica en el denominado exilio interior, aunque algunos autores sugieren sustituir ese término por el de “insilio”. 59 Aznar Soler 2004, 2017a. En ese conjunto cabe ubicar las contribuciones de Joan Lloret Pastor, “Las víctimas de la represión. El exilio interior del profesorado de Ciencias, Medicina y Farmacia”; Ricardo Gurriarán, “Científicos, represión y exilio en la Universidad de Santiago”; Francisco Javier Puerto Sarmiento, “Cosas de familia. Exilio externo e interno: los profesores represaliados tras la Guerra Civil en la Facultad de Farmacia de la Universidad Central de Madrid”; Ángel Beneyto Lloris, “El Dr. Manuel Bastos, profesor y militar represaliado”; y Alejandro Sos Paradinas, “Don Vicente Sos Baynat, Biografía. Exilio interior 1939-1966”, contribución que era el preludio de un estudio más amplio dedicado a ese relevante docente e investigador naturalista que tuvo que vivir durante varios años como un topo en su domicilio madrileño por temor a las represalias de la dictadura.60 Sos Paradinas 2013.
Ese congreso de 2009 y otros esfuerzos colectivos –como
diversas contribuciones aparecidas en números especiales dedicados al
exilio científico por revistas como Ábaco
61
Huerga 2004.
En ese volumen aparecieron, entre otras, contribuciones de José María
Laso, “Exilio científico español”; José Cobos, Cristina Carapeto, Manuel
Pulgarín, “Unión de Profesores Universitarios Españoles-UPUEE”, Alción
Cheroni, “Pedro Couceiro Corral”; José Manuel Sánchez Ron, “Blas
Cabrera”, Emilio García García, “Severo Ochoa”, María Fernanda Mancebo
Peset, “Los Giral”, José Cobos Bueno, “Francisco Vera Fernández de
Córdoba”.
y Arbor–62
Naranjo Orovio 2009. Ese dossier contenía, además de las contribuciones ya mencionadas de Dosil Mancilla (2009), y López Sánchez (2009), o que se mencionarán más adelante (Ribagorda 2009),
trabajos de Antolín Sánchez Cuervo, “Memoria del exilio y exilio de la
memoria”, Consuelo Naranjo Orovio y Miguel Ángel Puig-Samper, “De isla
en isla: los españoles exiliados en República Dominicana, Puerto Rico y
Cuba” y Antonio González Bueno, “Nos asedian con el silencio.
Reflexiones y actuaciones de José Cuatrecasas Arumí (1903-1996) en torno
a la República española desde su exilio norteamericano.”
eran muestras de los avances que se estaban produciendo en la primera
década este siglo en el conocimiento del exilio científico como fenómeno
historiográfico derivado en parte de una serie de proyectos de
investigación realizados en el sistema académico español y de
iniciativas llevadas a cabo en diversos países hispanoamericanos, como
México y Venezuela 63
Martín Frechilla 2002, 2006, 2010.
o sobre Argentina.64
Díaz-Regañón 2010, 2012, 2016; Arrizabalaga 2018.
Uno de esos proyectos de investigación dio lugar, por ejemplo, a un libro colectivo compilado por Josep Lluís Barona Ciencia, salud pública y exilio (España 1875-1939) en el que este autor, basándose en las abundantes informaciones cuantitativas aportadas por Francisco Giral en su obra de 1994Giral, Francisco. 1994. Ciencia española en el exilio (1939-1989). El exilio de los científicos españoles. Barcelona – Madrid: Anthropos – Centro de Investigación y Estudios Republicanos (CIERE).
,
efectuó una serie de tablas para mostrar la descapitalización que
sufrió el sistema científico y universitario español como consecuencia
del éxodo republicano.65
Barona 2003, 46-66.
El índice de esa obra fue el siguiente: J. L. Barona, “Introducción”;
J. L. Barona y J. Lloret Pastor, “El exilio republicano como suceso
histórico” que era una versión modificada del artículo historiográfico
que esos autores habían publicado en la revista Cronos en el año 2000; R. Aleixandre, J. Micó y A. Soler, “La contribución científica del exilio a través de la revista Ciencia (1940-1975)”; Encarna Gascón, M.ª Eugenia Galiana y Josep Bernabéu, “La
aportación de las enfermeras visitadoras sanitarias al desarrollo de la
enfermería venezolana”; Joan Lloret Pastor, “La depuración de
científicos tras la guerra civil”; J.V. Martí Boscà y A. Rey González,
“El viaje de Félix Martí Ibáñez a Norteamérica en busca de apoyos
internacionales (agosto-diciembre, 1938)”, J. Bernabéu Mestre, “La
contribución del exilio científico español al desarrollo de la salud
pública venezolana: Santiago Ruesta Marco, 1938-1960”; J. L. Barona,
“Ciencia, salud y revolución en la prensa obrera”.
Entretanto, en México, continuaba la indagación ya iniciada en tiempos anteriores66
Capella 1978; Souza 1978; Cueli 1982; Hernández de León y Capella 1987; Fernández Guardiola 1997.
acerca de las contribuciones efectuadas por los científicos españoles
exiliados a diversas áreas del conocimiento, basadas fundamentalmente en
la consulta de archivos universitarios como los de la UNAM, de
instituciones como El Colegio de México, fuentes hemerográficas y
testimonios orales gracias a la existencia de un importante archivo de
la palabra constituido años antes.67
Enríquez Perea 2000; Sánchez Díaz y García de León 2001; Sánchez Andrés y Figueroa Zamudio 2001; Argueta Prado 2010.
En la década que medió entre la conmemoración del setenta y el ochenta aniversario del exilio español de 1939, es decir entre 2009 y 2019, continuaron las investigaciones y reflexiones sobre el papel desempeñado en él por los científicos y también por científicas, debido a investigaciones de diversas autoras como Pilar Domínguez-Prats 68 Domínguez-Prats 2015. o a encomiables iniciativas colectivas como la protagonizada por la asociación donostiarra Hamaika Bide Elkartea69 Gil Fombellida y Zabala Agirre 2018. Esta voluminosa obra colectiva reunía las siguientes contribuciones de María Bueno y José Ramón Zabala “Mujeres científicas: el doble exilio”; Victoria María Sueiro Rodríguez y Mario César Mantilla Sueiro, “Exiliados vascos en el desarrollo científico y tecnológico cubano”; José María Bengoa Rentería, “Basurtunik Caracasera, La Roseraiteik igarota: Venezuelan erbesteratukako euskal medikuei eskainitako ordaina”; José María Bengoa Rentería, “Al exilio tras la ruta del hambre: el legado internacional de José María Bengoa Lekanda (Bilbao 1913-2010); Alvar Martínez Vidal, “La medicina y el exilio republicano en Francia. Una reflexión historiográfica en torno a La medicina en el exilio republicano de Francisco Guerra”; Miguel Marco Igual, “Lazos entre la neurociencia soviética y española en la década de 1940, con el Instituto Burdenko de Neurocirugía y la Revista Ciencia como telón de fondo”; Jon Arrizabalaga, “Justo Garate euskal erbesteratua Argentinan: medikuntza, historia eta itzulpengintza”; Alfons Zarzoso, “Alfredo Coello: luces y sombras del exilio médico catalán en Inglaterra”; Carlos Hervás Puyal, “El Hospital Temporal de La Corniche en Sète y la cara oculta de las fracturas de guerra (1939)”; Rosa María Moreno, Ignacio Melgares, Enriqueta Barranco y Fernando Girón, “Antonio Chamorro en la Facultad de Medicina de Granada: el legado de un científico exiliado”; Ferrán Sabaté y Elisensa Sabaté, “Itinerario vital y profesional del médico Jaume Roig i Padró”; David Mota Zurdo, “La letra con sangre entra..,pero, de maestro. Carlos Sáenz de la Calzada: biólogo, geógrafo, docente (1917-1995); Arantzazu Ametzaga, “Anaia Gines (Pablo Mandazen Soto, Aezkoa, Nafarroa, 1912-Caracas, Venezuela, 2011); José Ignacio López Colón, “Vicenta Llorente Doktorea: Erbestea eta Entomologia”; José Migel Agirre Oar, “Julián de Ajuriaguerra. “L’homme se fait en se faisant”; María Bueno Martínez, “Dos psicoanalistas en el exilio: Angel Garma y Jaime Tomás”; Ana Azpiri Albistegui, “Iñaki Zubizarreta, arquitecto (1929-2002); Iñigo Viar, “Tomás Bilbao y Juan de Madariaga, vínculo y contraste”; Mario Sangalli, “Pablo Zabalo: arquitectura y compromiso”; Iñaki Aduriz, “Humilde presencia inicial”; David Mota Zurdo, “De Vitoria a México DF pasando por Madrid. Ricardo Vinós Santos: un matemático alavés al servicio de la República (1888-1959); Mariana Imaz Sheinbaum, “La crítica ‘al rigor’. Una visión frente a los infinitesimales y a la vida: Sobre Carlos Imaz Jahnke”; José Ramón Zabala Agirre, “Alfredo Lagunilla. El exilio de un economista vasco en México”; Mari Karmen Gil Fombellida, “Dorotea Barnés González kimikari nafarraren aurkako garbiketa politiko bikoitza”; Margarita Martín y Asunción Urzainki, “El Dr. Mariano Doporto desde el observatorio Meteorológico de Igeldo al exilio en Irlanda”; Zuriñe de Anzola Guerra, “La labor de Agricia de Quintana Uranga en la Universidad Central de Venezuela (Caracas); Carmen Pérez Aguado y Alberto de Leiva, “Walter B. Cannon: correspondencia y relaciones con el exilio científico español”. o por la Residencia de Estudiantes al organizar un simposio sobre la cultura institucionista en el exilio, en el que se podría haber prestado más atención a las aportaciones de los científicos institucionistas.70 El simposio “El institucionismo en el exilio” se celebró en la sede de la Institución Libre de Enseñanza los días 16 y 17 de diciembre de 2019. Sus comunicaciones se recogieron en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, n.º 119-120, diciembre 2020. En él se presentaron las siguientes aportaciones: José Carlos Mainer, “El institucionismo en el exilio: nota a un homenaje”; José García-Velasco, “El institucionismo en el ‘naufragio español’ de 1939”; James Valender, “Alberto Jiménez Fraud y José Ángel Valente”; Antonio Moreno González, “José Castillejo: un labrador ilustrado al frente de la JAE”; Fernando de Terán, “Leopoldo Torres Balbás”; Elvira Ontañón, “Julio Caro Baroja y la Institución Libre de Enseñanza”; Isabel Pérez Villanueva, “El Colegio de España en París (1936-1939)”; Isabel Vázquez de Castro, “José Ontañón y su exilio en Francia”; Consuelo Naranjo Orovio, “Caminos de ida y vuelta. Una perspectiva transnacional”; Juan Pérez de Ayala, “José Moreno Villa, el primer exiliado en México”; Miguel Ángel Puig-Samper, “El exilio de un institucionista: Ignacio Bolívar Urrutia”; José Ignacio Cruz, “Los educadores institucionistas en el exilio iberoamericano”; Alfonso Alegre Heitzmann, “Exilios compartidos: JRJ y los nietos de la ILE”; Emilia Cortés Ibáñez, “Zenobia Camprubí, nexo entre España y América”; Milagro Laín, “El exilio de Américo Castro”; Mercedes García-Arenal, “Américo Castro en Estados Unidos”; Octavio Ruiz-Manjón, “Federico de Onís, Cónsul de las Españas”; Andrés Soria Olmedo, “Profesores exiliados en Estados Unidos”, Carmen de la Guardia, “La acogida de las exiliadas españolas en las universidades americanas”.
Gracias al trabajo acumulado en esa segunda década de este siglo se pudieron efectuar nuevas visiones panorámicas entre las que destacan el libro elaborado por José María López Sánchez Los refugios de la derrota. El exilio científico e intelectual republicano de 1939 que puede ser considerado como una valiosa cartografía del exilio científico republicano además del estudio que se ofrece en él de las vivencias políticas de los exiliados. Esa obra concluía con dos apéndices en los que se ofrecían sendas relaciones de los profesores adheridos a la UPUEE tanto en 1939 como en algún momento de la década de 1940. 71 López Sánchez 2013. En el segundo de los apéndices aparecían los nombres de 182 profesores distribuidos geográficamente así: ochenta y seis residentes en México DF, nueve en diversos estados de la República mexicana, dieciséis en Argentina, dos en Bolivia, uno en Canadá, siete en Colombia, uno en Costa Rica, once en Cuba, catorce en Estados Unidos, cuatro en Panamá, tres en Puerto Rico, ocho en la República Dominicana, tres en Uruguay, cuatro en Venezuela, doce en el Reino Unido, uno en Marruecos. Se apoyaba esa obra en fuentes archivísticas novedosas ubicadas tanto en México y Puerto Rico como en Madrid donde el autor tuvo acceso a correspondencia de José Cuatrecasas custodiada en el Jardín Botánico con la que también construyó posteriormente una biografía de ese especialista en botánica tropical.72 López Sánchez 2018.
Otra monografía editada a lo largo de esa década fue la monumental obra La medicina en el exilio republicano elaborada por Francisco Guerra, 73 Guerra 2003. ya octogenario, sobre la diáspora de los médicos republicanos exiliados. Este autor era un antiguo exiliado que había sido durante la guerra de España mayor médico y jefe del hospital de Montjuic en Barcelona. Tiempo después retornó a España y finalizaría su trayectoria investigadora y docente como catedrático de historia de la medicina de la Universidad de Alcalá, y donando en 2007 una magnífica colección bibliográfica, formada en gran medida en su exilio, a la biblioteca histórica de la Universidad Complutense.74 Tesoros de la colección Francisco Guerra en la Biblioteca Complutense 2007. En su voluminoso libro de 2003 hizo en su introducción un interesante balance historiográfico ofreciendo posteriormente una exhaustiva información sobre el amplio contingente de médicos republicanos distribuidos por todos los continentes. Basándose en una nutrida y abundante bibliografía dio cuenta de aspectos tan variados como las aportaciones de esos médicos a la industria farmacéutica mexicana, a la organización de la salud pública en países como Venezuela, y a la labor de asistencia médica a los numerosos refugiados republicanos en el sur de Francia, donde el hospital Varsovia también ha sido merecedor de investigaciones específicas, al haberse constituido un “lugar de memoria” del exilio español en Francia.75 Martínez Vidal 2010.
Desafíos futuros
⌅A pesar de los adelantos que se han ido produciendo en nuestro conocimiento del exilio científico conviene seguir profundizando en su estudio, recogiendo en parte propuestas surgidas en los últimos años sobre cómo afrontar los retos suscitados por tan complejo fenómeno. Enumeraré a continuación algunos de esos desafíos, al hilo de contribuciones y planteamientos metodológicos que pueden ser operativos para ofrecer nuevas perspectivas en la comprensión del papel desempeñado por los científicos republicanos en el fenómeno exílico.
Hay que partir de la consideración de que ese exilio es consecuencia de una derrota militar acompañada de un proceso represivo de largo alcance y hondas consecuencias emprendido por los vencedores de la guerra de España. De ahí que evaluar el alcance de los métodos represivos sobre la elite científica republicana ha de seguir suscitando la atención historiográfica siguiendo investigaciones como la emprendida por Joaquim Sales y Agustí Nieto-Galán sobre el caso de Enrique Moles, 76 Sales y Nieto-Galán 2019. o las iniciadas sobre la depuración franquista de la JAE77 Canales y Gómez 2017. o sobre el sistema universitario.78 Claret Miranda 2006; Otero Carvajal 2006.
Conviene asimismo ubicar el exilio español en el conjunto de la migración de intelectuales europeos antifascistas que se desplazó al continente americano en la década de 1930, prosiguiendo estudios, ya clásicos como el de Laura Capon Fermi, 79 Fermi 1968. o continuando con los que abordan las experiencias de los exilios entre Europa y la América en el marco de una historia transnacional80 Díaz Silva et al. 2018. cuya pertinencia se ha comprobado para el estudio de exilios anteriores.81 Simal 2014. Así se podrán analizar más apropiadamente los procesos de transferencias y mediaciones culturales 82 Ver al respecto Sánchez Cuervo y Zermeño 2014. en los que participaron los científicos exiliados republicanos al interactuar con los científicos de las sociedades de acogida locales y con otros científicos o científicas exiliadas, como hiciese Ana Romero en su aproximación a las contribuciones de la científica judía vienesa Marietta Blau en las revistas Ciencia y Cuadernos Americanos83 Romero 2014. o como han destacado quienes se han interesado por la relevante labor traductora llevada a cabo por los científicos exiliados.84 Martínez Vidal y Sallent del Colombo 2010; López-Ocón 2013a; Arrizabalaga 2018.
Ese proceso de transferencias culturales fue multidireccional, 85 Chihaia 2023. considerando la gran movilidad de muchos de los científicos republicanos exiliados dada su precariedad institucional, y la experiencia acumulada en sus prácticas internacionalistas que se acentuaron durante la Segunda República cuando se celebraron en España numerosos congresos científicos internacionales.86 López-Ocón 2023, 53-182. Por esas razones, y dados sus conocimientos expertos, fueron requeridos en bastantes ocasiones por instituciones de diversos países u organismos internacionales. Así la intensa participación de un grupo significativo de científicos republicanos en organismos internacionales como la UNESCO, –que desempeñó un importante papel en estrategias de popularización de la ciencia tras la Segunda Guerra Mundial–87 Bergeron et al. en prensa. está por estudiar, siguiendo la vía abierta por Josep Bernabéu sobre la labor de médicos españoles en el arranque de la Organización Mundial de la Salud. Al respecto convendrá, por ejemplo, fijar la atención en las conexiones de científicos republicanos exiliados con el centro de cooperación científica con América Latina que la UNESCO estableció en Montevideo y que fue dirigido por el químico español y funcionario internacional Ángel Establier entre 1948 y 1952, según ha expuesto Álvaro Ribagorda en uno de los simposios del XV Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas (SEHCYT), celebrado en Gijón en junio de 2025.
Ciertamente la historia del exilio científico tuvo muchas etapas, vividas de diferente manera por los diferentes grupos generacionales que lo integraron. Para el conocimiento de las vivencias que experimentaron unos y otros puede ser útil acercarse a él a través de la historia de las emociones. 88 Rodríguez-López y Ventura 2014; Rodríguez López y Vega 2020. Hubo una fase inicial, de separación rauda del hogar y de los lugares de trabajo para escapar de la represión. Para responder a la experiencia traumática del exilio, generadora de dolor y sufrimiento, sus protagonistas tuvieron que reconstruir sus identidades, llevando a cabo un esfuerzo emocional. Así al estudiar la migración de intelectuales y científicos republicanos a Estados Unidos quienes han usado esa perspectiva de la historia emocional han constatado cómo algunos exiliados republicanos españoles encontraron en ese país refugio, construyeron comunidades emocionales y se reconstruyeron emocionalmente.89 Rodríguez López 2019.
Dado que el exilio científico fue prolongado y tuvo una proyección global pues la diáspora científica republicana abarcó varios continentes su estudio puede ser abordado también desde los presupuestos de la “histoire croisée” 90 Wener y Zimmermann 2003. dada su índole relacional, interactiva y procesual, ya que ese enfoque gira en torno a la idea de intersección y a su carácter activo y dinámico, como ya expuse en otro lugar.91 López-Ocón 2013b. Ese planteamiento permitirá, al efectuar el seguimiento de los entrecruzamientos entre los diversos actores protagonistas del exilio, delimitar el papel desempeñado por determinados líderes científicos y personalidades políticas americanas en la acogida a los investigadores españoles.
Asimismo, la aplicación de la “histoire croisée” posibilitará comprender mejor la inserción de un amplio grupo de científicos españoles en la diplomacia científica mexicana muy activa en las décadas de 1940 y 1950 cuando México desempeñó un significativo papel en organismos internacionales de las Naciones Unidas. También será útil para hacer el seguimiento del incremento de relaciones e interacciones entre los científicos exiliados y los científicos que trabajaban en la España franquista a medida que fueron pasando los años. Son significativas por ejemplo las reseñas bibliográficas enviadas desde Barcelona por el exiliado retornado a España Rafael Candel Vila, y publicadas en la revista Ciencia, allá por 1956, del primer y tercer volumen de la enciclopedia Labor, en los que tuvo un papel relevante Pío Font Quer. Y gracias a las autobiografías de Laín Entralgo y Rafael Méndez son conocidos los esfuerzos de ciertos ministros como Joaquín Ruiz Giménez y Manuel Fraga Iribarne por facilitar el retorno de determinados científicos exiliados, con resultados desiguales, que convendrá evaluar con más precisión en tiempos venideros.
También el uso de la “histoire croisée” permitirá apreciar el proceso de recuperación en la España tardo franquista y en la nueva España democrática de la labor llevada a cabo en su exilio por los científicos republicanos, manifestado, por ejemplo, en sus obituarios, como los dedicados en las páginas de la revista Asclepio por Pedro Laín Entralgo a Félix Martí Ibáñez (1911-1972) 92 Laín 1972. Años después se organizarían simposios y reuniones científicas para estudiar las múltiples actividades llevadas a cabo por ese médico afín a la CNT antes y después de su exilio. Ver Martí Boscá 2004 y Pardo Tomás 2006. y Julio Lardies González a Germán Somolinos (1911-1973)93 Lardies 1976. respectivamente.
El esfuerzo historiográfico presentado en estas páginas ha tendido a combatir la “damnatio memoriae” que durante largo tiempo se intentó aplicar a la labor desempeñada por los científicos republicanos exiliados. Esa tarea podría dar aún mayores frutos en el futuro si se avanza en proyectos como el que está impulsando el Instituto López Piñero de llevar a cabo una base de datos sobre los médicos y científicos represaliados y exiliados de origen valenciano para llevar a cabo un diccionario biográfico y un estudio prosopográfico 94 Más información sobre ese proyecto en marcha en https://www.uv.es/uvweb/instituto-universitario-historia-medicina-ciencia-lopez-pinero/es/proyectos-investigacion/proyectos-investigacion-1286223455565.html?p2=1286419996462&p5=TC;0;1. y se lograse crear un gran portal en Internet vinculado a SIMURG, donde se albergan los fondos digitalizados del CSIC, pues la memoria de esa institución no estará completa si no incorpora a su seno también la obra de muchos de los integrantes de la gran colmena científica existente antes del inicio del golpe de estado de 1936, alentada por la JAE,95 López-Ocón 2023, 183-327. y que por ser leales a la República perdieron su patria, su hogar y sus laboratorios, según está revelando un proyecto en curso.96 Me refiero al proyecto “La represión del CSIC sobre la JAE (1939-1950)”, proyecto intramural (referencia 202310E169), cuya investigadora principal es Ana Romero de Pablos.
Ese gran portal podría albergar publicaciones ya digitalizadas como Ciencia o revistas culturales del exilio en las que los científicos colaboraron con abundantes artículos divulgativos como sucedió, entre otras, con Romance, España peregrina, Cuadernos Americanos, Las Españas, Realidad, Comunidad Ibérica, Boletín de la Unión de Intelectuales Españoles, algunas de las cuales están ya están accesibles en la biblioteca virtual Cervantes. Y también archivos de científicos como los del psiquiatra Ángel Garma, exiliado en Argentina, y el del historiador de la medicina Germán Somolinos, exiliado en México, recientemente incorporados a la red de bibliotecas de archivos y bibliotecas del CSIC. 97 Huertas et al. 2024; López-Ocón et al, 2024. Parte de esos materiales están accesibles en “El diván en el archivo: Ángel Garma, forjador del psicoanálisis hispanoamericano” en http://biblioteca.cchs.csic.es/DiaArchivos20/index.php y “Germán Somolinos d’Ardois: memoria de un médico republicano exiliado” en http://biblioteca.cchs.csic.es/GermanSomolinos/index.html. También podrían incorporarse nuevas fuentes documentales como los materiales relacionados con la labor llevada a cabo en el exilio por la Corporación de Antiguos Alumnos de la Institución Libre de Enseñanza, del Instituto Escuela y de la Residencia de Estudiantes, tan importantes para el conocimiento de lo que se ha denominado la JAE peregrina,98 Dosil 2007b; Ribagorda 2009. que se custodian en la Residencia de Estudiantes de Madrid 99 Ribagorda 2007. y en el Centro Documental sobre la Generación del 27 de Málaga.100 Jiménez Trujillo 2006.
Evidentemente la construcción de ese portal no podrá sustituir la necesidad de seguir profundizando en la investigación histórica dadas las limitaciones de la historia digital, como ha subrayado recientemente Marco Beretta, 101 Beretta 2023. pero sí puede ayudar a cumplir varios objetivos como los siguientes. Afinar el trazado de la cartografía del exilio formada por muchas piezas dispersas por territorios que tenían forma de archipiélagos. Facilitar el establecimiento de conexiones entre los integrantes de esos grupos dispersos por el mundo. Favorecer el conocimiento de las redes epistémicas en las que participaron y en las redes sociales en las que se implicaron para transmitir y transformar el conocimiento que tuvieron un carácter multidimensional.102 Renn 2024, 523-526. En suma, la práctica de ese esfuerzo digital por el que se aboga, cara a tiempos venideros, facilitará una más apropiada recepción de la obra de una pléyade de investigadores de diversos campos del conocimiento, cuya labor aún nos sigue interpelando, y que ha de incorporarse plenamente a nuestro legado científico.
Declaración de conflicto de intereses
⌅El autor de este artículo declara no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.
Fuentes de financiación
⌅Trabajo realizado en el marco del Proyecto PID2022-141696NB-I00 , “El proyecto de cooperación intelectual de la Sociedad de Naciones. Presencia española e iniciativas afines”, financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España.
Declaración de contribución de autoría
⌅Leoncio López-Ocón Cabrera autor del artículo: Conceptualización, Análisis formal, Investigación, Metodología, Administración de proyecto, Redacción-borrador original, Redacción, Revisión y Edición