Domingues and Ortiz García: Introducción: Viajes científicos y coleccionismo en el mundo ibérico (siglos XVIII-XX)

Cómo citar este artículo / Citation: Domingues, Ângela y Ortiz García, Carmen (eds.) (2019), “Introdução: Viagens científicas e coleccionismo no mundo ibérico (séculos XVIII-XX)”/ “Introducción: Viajes científicos y coleccionismo en el mundo ibérico (siglos XVIII-XX)”, Asclepio 71(2): p270.

¿Cómo se formaron muchas de las colecciones que integran el patrimonio existente en los museos ibéricos? ¿Con qué objetivos se constituyeron y qué papel desempeñaron en la comprensión europea del mundo moderno y en el avance del conocimiento científico? ¿De qué manera la evolución de la ciencia o las transformaciones políticas e institucionales fueron determinantes para la integridad o la fragmentación de las colecciones? ¿Cómo consiguieron sobrevivir a la acción del tiempo y de las gentes, subsistiendo a amenzas de destrucción o fragmentación? ¿Qué significan para las sociedades de matriz ibérica por lo que se refiere a valores culturales y representaciones simbólicas de sus identidades nacionales?

Creemos que estas (y otras) cuestiones están presentes en las reflexiones de los autores que han contribuido a este dosier temático, titulado Viajes científicos y coleccionismo en el mundo ibérico (siglos XVIII-XX). Los artículos que lo conforman pretenden percibir cómo se constituyeron, estudiaron y preservaron las colecciones que integran museos de ciencia y jardines botánicos, enfocando un contexto comprensivo que es predominantemente ibero-americano, y un arco cronológico que se define entre el Siglo de las Luces y la primera mitad del XX. Nos referimos de modo principal al papel que el coleccionismo y las colecciones han desempeñado en el conjunto de prácticas de la ciencia moderna y contemporánea, como repositorios de conocimiento científico natural, etnológico y antropológico sobre las más variadas regiones del globo, con especial atención a las ibéricas y sudamericanas. Con todo, las colecciones no se consideran aquí como resultado de un mero proceso de recolección de especímenes y curiosidades provenientes de lejanos y exóticos territorios. Se entienden fundamentalmente como “evidencias científicas” destinadas a ser seleccionadas, clasificadas, estudiadas, preservadas y expuestas en centros de producción y divulgación científicas. Están revestidas, por tanto, de un innegable significado científico, cultural, social e identitario, y son determinantes para un mejor conocimiento de nuestro presente y nuestro pasado. Un pasado que, en el caso ibérico, tiene en común la expansión marítima a escala global y la construcción de vastos imperios transcontinentales y transoceánicos, en los cuales los territorios americanos (portugueses y españoles) ocuparán una posición de innegable centralidad.

Los textos pesentados conducen igualmente a una reflexión sobre las relaciones, a veces incómodas, que se establecen entre colecciones, patrimonio y ciencia; entre ciencia, imperio o estado y poder; entre individuos, organismos científicos y territorio. En la medida en que los Estados ibéricos incorporaron el conocimiento y la exploración de la naturaleza y de los recursos naturales en sus estrategias de poder, los reinos y sus dominios coloniales no solo supondrán soberanía territorial, control político y desarrollo de nuevas redes comerciales y nuevas formas de comercio, sino que contribuirán igualmente a moldear la ciencia ibérica hasta periodos relativamente recientes.

Las colecciones, compuestas por especímenes procedentes de la naturaleza (naturalia) y por creaciones del arte y el ingenio humanos (artificialia), se presentan en varios artículos como el resutado de visiones científicas de épocas concretas. Es decir, como un producto histórico que comenzó a ser constituido fundamentalmente a partir del siglo XVIII, en un momento en que los gabinetes privados de curiosidades de la época barroca darán paso a proyectos museológicos públicos, como es el caso de los museos de historia natural y de los jardines botánicos. A partir de ese momento y hasta el día de hoy, estas colecciones conocerán transformaciones profundas y drásticas, relacionadas con la evolución de la ciencia, con cambios políticos e institucionales, y con amenazas causadas por la incuria y la destrucción humanas. Muchos de estos cambios determinarán, de forma incuestionable, la preservación e integridad o la división de muchas de ellas.

Otra cuestión abordada en varias de las contribuciones es que las colecciones mostradas en palacios, museos, jardines y otros espacios expositivos representan, en muchos casos, la cara visible de la ciencia para la sociedad. Presentadas con objetivos simultáneamente pedagógicos y lúdicos, concilian prácticas científicas e iniciativas culturales y artísticas que tienen por objeto captar la atención del público hacia el mundo natural y el patrimonio material e inmaterial que es de todos nosotros.

El artículo de Ângela Domingues está centrado en el vasto y complejo proceso científico e institucional ligado a la recolección de artefactos y a la formación de colecciones científico-naturales, etnológicas y antropológicas, provenientes de varios espacios coloniales extra-europeos, en Portugal durante la segunda mitad del siglo XVIII, destacando especialmente la colonia brasileña. En un periodo en que la ciencia era, por definición, útil y debía servir al interés público en la consecución del bienestar, el progreso y la felicidad de los pueblos, las colecciones formadas tenían el objetivo central de contribuir a la comprensión de los espacios imperiales. En este proceso se da relevancia a los viajes filosóficos, aquí considerados como un instrumento de modernización política y administrativa al servicio del Estado Moderno portugués.

¿Puede la observación de un cuerpo humano no vivo “resultar placentera”? Esta es la provocadora pregunta a la que Luis Ángel Sánchez Goméz procura responder en su artículo, que presenta también un panorama evolutivo de los espacios europeos (con especial atención al caso español y al Museo Antropológico) donde se expondrán cráneos, esqueletos, cuerpos y restos humanos. Asimismo da cuenta de la dificultad con que estos ámbitos se enfrentarán -y se enfrentan todavía- para exponer públicamente, de forma atractiva e interesante, temas como la humanidad (considerada, por la uniformidad del género humano, como asunto poco interesante) y la muerte (viendo como el observador es consciente de la mortalidad). El artículo de Sánchez Gómez se revela como particularmente incisivo cuando aborda las grandes alteraciones que se producen en el estudio de los restos humanos con el surgimiento de la antropología física, que hacen que de asunto desprovisto de atractivo o relevancia, pase a adquirir una tremenda y racista utilidad.

Carmen Ortiz García procura con su artículo reponder a una laguna historiográfica: ¿cuál fue el destino de las colecciones constituidas por los restos humanos y el material etnográfico reunidos durante la Expedición Científica del Pacífico? Explica que los restos biológicos humanos eran un componente fundamental de las colecciones de los grandes museos europeos y norteamericanos. Momias, cadáveres y huesos permitían explicar las diferencias morfológicas y culturales de los grupos humanos y profundizar en el conocimiento de los orígenes de la especie, las variaciones físicas y las diferencias raciales, a la vez que permitían establecer la progresión de los diversos tipos raciales por el mundo. Estas colecciones eran, tanto consideradas como elementos indispensables para el avance de los estudios científicos, como fundamentales para la organización de exposiciones con objetivos educativos y lúdicos. La autora centra su estudio de caso en el largo viaje de las momias del sitio arqueológico de Chiu-Chiu -extraídas por Manuel Almagro y actualmente depositadas en varios museos de Madrid- que considera un núcleo indisociable de las colecciones conformadas por la Expedición Científica del Pacífico, junto con los especímenes de los tres reinos de la naturaleza y los materiales etnográficos.

Heloisa Domingues y Magali Romero Sá hacen en su artículo un homenaje al Museo Nacional de Río de Janeiro. Relatan la historia de las colecciones emblemáticas que se formaron en el transcurrir de dos grandes expediciones, una dirigida por Cândido Mariano da Silva Rondon (1907-‍15) y la otra por Luiz de Castro Faria (1940-‍50). Ambas colecciones integraban el patrimonio expuesto en el Museo Nacional. Más allá del valor científico de indiscutible relevancia, las autoras les atribuyen también significado político y social en la “internacionalización” de Brasil. Constituidas con claros objetivos nacionalistas, estas colecciones tenían un significado simbólico y representativo, en la medida que presentaban a los brasileños espacios todavía poco controlados y desconocidos, marginales y fronterizos en el proyecto museológico nacional -como eran, a esas alturas, Mato Grosso y grandes territorios del Nordeste brasileño-, contribuyendo así a la valorización de la cultura, la naturaleza y el patrimonio: “de Brasil para Brasil”.

El trabajo de Nelson Sanjad es una contribución decisiva para hacer más visible y menos subalterna la presencia y la participación de las mujeres en las redes científicas y académicas de principios del siglo XX. Cumple este objetivo a través del estudio de la actuación de la ornitóloga y zoóloga Emília Snethlage, que ejerció el cargo de directora del Museo Paraense Emílio Goeldi (1914-‍1921), y que tuvo también un papel central en la dinamización de los contactos entre el etnólogo y colector Curt Nimuendajú y una compleja red de relaciones sociales formales e informales que incluía a Theodor Koch-Grunberg. Sanjad defiende que la amistad establecida entre estos dos personajes fue inicialmente regida de forma triangular, activamente mediada por Snethlage. Otro propósito del autor es esclarecer la posición que el Museo Goeldi y su “colonia de investigadores” ocupaban en la comunidad científica internacional a principios del siglo XX. Esta institución científica era conceptuada por los investigadores como de excelencia en los estudios sobre la Amazonía, y su mérito y credibilidad eran reconocidos por científicos europeos y norteamericanos. Igualmente, sus colaboradores eran considerados como eficientes colectores de especímenes destinados a museos y coleccionistas internacionales, y como intermediarios indiscutibles en los contactos entre los viajeros científicos y las redes locales de apoyo a las expediciones, constituidas por investigadores locales, pero también por indios, guías, intérpretes, misioneros, “coroneles de barranco”, etc.

Basado en un estudio pormenorizado de caso -la trayectoria intelectual y científica del botánico José Cuatrecasas-, José María López Sánchez traza el cuadro de una generación de notables científicos e intelectuales que se formó en España sobre los parámetros del naturalismo y el moderno racionalismo científico. Nacidos en los albores del siglo XX en el seno de la burguesía ilustrada española, los individuos que la constituían formarán un grupo elitista que fue responsable del reformismo político, económico y social del fin de la Restauración y la Dictadura, y cuya actuación fue determinante para la política cultural implantada durante la República. López Sánchez nos proporciona un amplio panorama de las dinámicas establecidas por este grupo que fijó su identidad en el ejercicio del poder y la ciencia: controlando cargos docentes y científicos, pero también ocupando sitios de responsabilidad política en el aparato burocrático estatal e influyendo en los programas políticos. La actuación, a veces conflictiva, de esta élite fue decisiva para definir los caminos que la ciencia, la cultura y la política tomarán en España durante el primer tercio del Siglo XX.

Cierra este dosier temático el artículo de Francisco Pelayo, que nos invita a reflexionar sobre el valor material y simbólico que tiene el patrimonio para la nación y para la identidad nacional. El ejemplo competentemente presentado nos revela los esfuerzos que los naturalistas republicanos del Instituto Nacional de Ciencias Naturales desarrollarán para proteger y salvaguardar las colecciones científicas, las bibliotecas y los archivos, tanto públicos como privados, en el escenario de destrucción que fue la ciudad de Madrid durante la Guerra Civil (1936-‍1939). Pelayo nos muestra, de forma vívida, la devastación causada por los conflictos armados en los edificios y las instituciones culturales y científicas madrileñas, y da cuenta del peligro que estos ataques representaron para la integridad física de las colecciones que allí se albergaban. Otro aspecto relevante de este trabajo consiste en la atención que el autor concede a la campaña de propaganda política desencadenada por los nacionalistas y la difusión de noticias falsas que cuestionaban los esfuerzos hechos por el gobierno republicano para salvar de la guerra el patrimonio cultural y científico, y evitar su pérdida y destrucción.

Tanto la organización como las diferentes contribuciones que recoge este dosier se diseñaron en el marco de un proyecto de investigación colectivo. Por tanto, en buena medida la selección de los temas a tratar y el ámbito geográfico y cronológico en el que se han trabajado obedecen a esta circunstancia. El proyecto titulado “El coleccionismo científico y las representaciones museográficas de la naturaleza y la humanidad”, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad de España, la Agencia Estatal de Investigación de España y el Fondo de Desarrollo Regional de la Unión Europea, forma parta del Plan Nacional de Investigación y se desarrolla en el Instituto de Historia del CSIC, bajo la dirección de Miguel Ángel Puig-Samper y Francisco Pelayo.

Con este dosier las coordinadoras pretenden sensibilizar a los lectores acerca de la responsabilidad colectiva que debemos tener hacia el patrimonio, en un momento en que el devastador incendio del Museo Nacional de Brasil está todavía tan presente en nuestras memorias.

AGRADECIMIENTOS

Proyecto HAR2016-75331-P (Mineco-AEI/FEDER, UE).



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