Espinosa Espinosa: López Férez, Juan Antonio. Galeno. Preparación y constitución de textos críticos, entrega y publicación de obras propias o ajenas. Madrid, Ediciones Clásicas, 2018, 230 pp. [ISBN: 978-‍84-7882-823-4]

La publicación de este libro es el resultado de un enorme trabajo, pero también de la experiencia y los conocimientos a través de toda una vida de magisterio de su autor, bien conocida entre los helenistas. Rigor y erudición, pero también claridad y pedagogía en la exposición, son cualidades no fáciles de conseguir, pero el Dr. López Férez lo hace habitualmente y con mucha facilidad. El libro que nos ocupa será, sin duda, una referencia importante en el estudio de la ecdótica en general y de Galeno en particular.

Introducción (pp. 7-‍16)[Subir]

El estudio consiste esencialmente en la lectura, traducción y notas de los pasajes en que aparecen los términos griegos ἔκδοσις (ékdosis) y ἐκδίδωμι-προεκδίδωμι (ekdídōmi-proekdídōmi) dentro de las obras de Galeno (129-‍216 d. C.). El trabajo está dividido en seis capítulos, de los cuales son esenciales los tres primeros, diferentes por el léxico examinado, pero estrechamente relacionadas entre sí. Dada la complejidad de las obras galénicas (114 conservadas en griego, más 11 transmitidas en árabe o latín), los numerosos pasajes recogidos, y, sobre todo, la abundancia de datos e información sobre el proceso de creación de sus obras (preparación de las mismas, lectura de manuscritos para constituir el texto crítico, entrega de una copia o del original mismo a uno o varios destinatarios, publicación del tratado correspondiente), habla de los diversos avatares por los que el escritor hubo de pasar mientras iba sacando a la luz su producción científica y literaria, las dificultades extraordinarias con que se encontró al ocuparse de los tratados hipocráticos y de sus diversos comentaristas, su búsqueda permanente de manuscritos y exegesis no sólo de autores médicos, la paciente revisión de textos de autores insignes dentro de las mejores bibliotecas de Roma con el fin de disponer de tres copias de los mismos, la preparación cuidadosa y paciente del texto crítico, la exposición oral ante un grupo selecto de conocidos del boceto de un tratado que estaba preparando, la insistencia de los citados en que les diera una copia manuscrita del contenido, su juicio acerca de tratados propios preparados para publicación y otros no pensados con ese fin, la pérdida de buena parte de sus libros durante el infausto incendio acaecido el año 192 de nuestra era. Fuera del plano personal nos aporta noticias relevantes sobre las disputas filológicas de los comentaristas de los tratados hipocráticos, los problemas referentes a los materiales en que dichas obras habían sido transmitidas, los errores de exegetas y copistas, las interpolaciones, omisiones y alteraciones de las grafías antiguas, los signos diacríticos, las copias que se hacían en la Biblioteca de Alejandría de todo libro llegado a Egipto por mar y cómo los originales se quedaban en esa institución mientras el calco se devolvía a los propietarios. Precisamente, a causa de la relevancia de los pasajes abordados, tanto para numerosos estudiosos (filólogos clásicos; historiadores de la medicina, de la ciencia y de las ideas; investigadores de otros aspectos de la Antigüedad clásica) como para un público amplio, el autor ofrece el texto griego junto con la traducción española, provista de abundantes notas, que atestiguan, por una parte, la erudición del autor y, por otra, la utilización de una bibliografía amplia y variada.

Capítulo I: ἔκδοσις (ékdosis) “entrega”, “publicación”, “texto crítico”; pp.17-103 (30 pasajes)[Subir]

Comienza con la atención dedicada por el prosista a quienes en tiempos anteriores habían comentado o publicado obras hipocráticas. Nos habla del texto crítico elaborado por Baqueo (siglo III a. C.) y hace referencia a otras publicaciones hipocráticas existentes en la Biblioteca de Alejandría, tanto en la sección real como en el depósito de obras procedentes de los navíos (I 1); menciona el texto crítico acorde con los criterios de Dioscórides el Joven (comienzos del II d. C.) y el arduo problema planteado por ciertos caracteres colocados junto a determinados enfermos, por lo que acude a las copias antiguas y expresa su opinión acerca de algunos manuscritos llegados recientemente a sus manos (I 2); alude a un texto privado, personal, del citado Dioscórides sobre Epidemias III (I 3); apunta a la publicación de obras hipocráticas llevada a cabo por ese Dioscórides y su coetáneo y pariente Artemidoro Capitón, y, en punto a cierta lectura de Sobre la naturaleza del hombre, nos refiere la alteración que los mencionados introdujeron en las antiguas grafías, con algunos detalles sobre los materiales en que los tratados hipocráticos habían sido transmitidos (papiro, cortezas de tilo), los comentarios procedentes de otros exegetas y la comprobación personal llevada a cabo mediante el manejo de muchos comentarios y manuscritos (I 4-‍5); nos presenta a un filósofo anónimo que había publicado por segunda vez un libro sobre la carencia de vejez (I 6); sobresalen, luego, los comentarios a obras hipocráticas, donde el escritor nos aclara que los había elaborado para los amigos que se los habían pedido, y aprovecha para expresar un juicio crítico sobre Epidemias V y VII, a las que tiene por espurias, y II y VI, que no serían de Hipócrates, sino quizá de su hijo Tésalo (I 7); nos refiere el material en que el padre de la medicina habría redactado sus obras: pieles, hojas de papiro y tablillas; insiste en que sólo Epidemias I y III son propiamente de Hipócrates (I 7, 9, 10); en cambio, Epidemias VI serían simples borradores no preparados para la publicación (I 11, 12), notas para el recuerdo (I 13), diseño para investigar y recordar (I 14), o, quizá, un bosquejo personal con omisión de ciertas palabras, bien por obra del propio Hipócrates, bien por un error del primer copista (I 16); cree que Sobre el consultorio médico no era nada exacto ni preparado para publicación, ni por Hipócrates ni por sus hijos (I 17); discute una lectura de ese tratado y la entiende como un bosquejo de quien fuera su autor, y nos recuerda cómo recurrió a otras copias con lecturas diferentes (I 18); el Comentario al Timeo le permite incluir una variante textual acorde con los manuscritos de Ático (I 19); el tratado Sobre la indolencia, hace poco aparecido y editado, nos aporta numerosas y relevantes noticias sobre la publicación de las obras galénicas, con indicación del destinatario a quien está dedicada alguna de ellas (uno, muy destacado, Boeto; otro, un condiscípulo); precisamente, a la muerte de éste, el comentario que el estudioso le enviara salió de su domicilio y algunos lo adquirieron, aunque no estaba listo para publicar; aquél nos confiesa el motivo: todavía no había escrito nada importante (añadamos nosotros que el insigne pensador tenía a la sazón sólo 21 años) (I 20); en I 21 nos informamos de la corrección de numerosos libros, perdidos durante el terrible incendio del 192 d. C., preparados por el propio sabio sobre una base sana, con texto depurado, llevado a cabo con exactitud y mediante la inclusión de varios signos críticos de tradición alejandrina (I 21); nos recuerda las tres copias que ordenaba hacer sobre el texto preparado de sus obras, con objeto de dejar una de ellas en Roma, otra en su casa de Campania y disponer de una tercera para enviarla a Pérgamo o a algún lugar de su elección (I 22); en I 23, hace referencia a la pérdida de todos los medicamentos, todos los libros y todas las recetas que poseía, así como de los tratados que había preparado sobre los medicamentos, y cómo pudo sobreponerse con grandeza de espíritu a tamaño desastre; apunta, asimismo, a una publicación general, amplia, de varios comentarios destinados a una difusión abierta y no a la posesión privada de quienes hasta entonces habían recibido las exegesis (I 25); a propósito de las obras no aniquiladas por el fuego nos señala que se habían conservado gracias a que estaban en manos de muchos, tal como sus demás tratados, y que algunos comentarios los había entregado él a sus amigos, pero que sus criados, tras haberle robado otros, se los habían dado a otros amigos sin su permiso, aunque pudo recuperar algunos de ellos tras la espantosa pérdida causada por el fuego (I 26); nos enteramos de cómo les entregaba a sus amigos comentarios escritos de lo que les había presentado oralmente, y cómo algunos de ellos iban sin título, y cómo ciertas personas les pusieron el nombre del autor, y cómo otras advirtieron que la copia que poseían discrepaba respecto a las lecturas de otros manuscritos (I 28).

Capítulo II: ἐκδίδωμι (ekdídōmi ), “entregar”, “publicar”; pp.105-145 (18 contextos)[Subir]

El erudito preparó las exegesis de las obras hipocráticas por petición de sus amigos, pero aquéllas salieron de ese círculo y fueron a parar a manos de muchos (II 1); piensa en la envidia como posible causa de que algunos hicieran desaparecer los escritos de sus predecesores con el fin de aprovecharse del contenido; nos facilita una explicación sobre la pérdida de piezas importantes de tragediógrafos y comediógrafos, añadiendo algunas razones fundadas acerca de la aniquilación de muchos escritos en Roma por causa de incendios y terremotos (II 2); analiza la ‘segunda’ publicación de las Sentencias cnidias, que tendría elementos añadidos, suprimidos y alterados (II 3); el sabio, examinando un añadido en el hipocrático Sobre la dieta en las enfermedades agudas, subraya que lo habrían insertado algunos cuando dicha obra fue encontrada en la casa del propio Hipócrates, tras la muerte de éste, e insiste en que la inserción era impropia de la capacidad intelectual del famoso médico (II 4); afirma que dicho tratado habría sido redactado como un esbozo y publicado tras la muerte de su autor, deteniéndose, con agudo interés estilístico, en el desorden manifiesto de los razonamientos presentes en determinado pasaje, y, al mismo tiempo, aportando sagaces observaciones en torno al margen y anverso de la hoja de un libro (II 5); el prosista, en su exegesis del Consultorio del médico, sostiene que el primero que escribiera dicho tratado cometió un error por supresión, prefijación o sustitución de una o dos letras, y, asimismo, razona a propósito de la presencia de letras borrosas procedentes del autor que lo redactara, de la confusión del copista al conjeturar sobre aquéllas y de los problemas ocasionados por el cambio de escritura a la hora de convertir las viejas grafías en las usadas en tiempos antiguos (II 6); siguiendo con el mismo comentario, puntualiza que el tratado en cuestión había sido redactado a manera de esbozo y publicado tras la muerte de quien lo hubiera compuesto, y, a la vez, aclara la actitud de los copistas ante las dobles lecturas, bien incluidas en el original por el propio autor, bien puestas al margen para decidirse después por la que mejor cuadrara al pasaje (II 7); a propósito de una omisión presente en Epidemias II, reflexiona acerca de cómo, al publicar de prisa un libro, el error cometido por el primer copista se mantiene en lo sucesivo, y cómo algunos no advierten que falta algo en determinado pasaje ni que se repite lo ya dicho en otra parte (II 8); comentando el Prorrético opina que su autor murió antes de publicarlo, por lo que tuvieron que sacarlo a la luz sus hijos o cualquier otro (II 9); pensando en sus propios tratados, el sabio nos facilita un dato de extraordinario valor sobre la desaparición en el voraz incendio de los dos primeros libros de su Sobre la composición de los medicamentos por géneros, pues, al no tener nadie copia de los mismos, tuvo que escribirlos de nuevo, consciente de la confusión que el hecho de escribir dos veces el mismo tratado pudiera ocasionar si alguien se encontraba con una copia hecha sobre la primera redacción y le reprochaba haber redactado dos veces una obra sobre el mismo asunto (II 10); en el tratado Sobre el orden de sus propios libros puntualiza que, dado que los escritos que había entregado a sus amigos habían ido a parar a manos de muchos, se había decidido a publicar Sobre la mejor secta (II 11); dentro de aquella obra nos habla de tres opúsculos suyos que, en primer lugar, los había dictado ante sus amigos, y, luego, resultaron publicados por éstos (II 12).

Capítulo III: προεκδίδωμι (proekdídōmi) “publicar con anterioridad”; pp.147-155 (4 secuencias)[Subir]

El intelectual, al escribir Sobre la disección de los músculos, incide en que, por petición de sus amigos, había resumido de forma breve lo recogido en Sobre los procedimientos anatómicos (III 1); dentro de su exegesis de los Aforismos hipocráticos nos advierte que el comentario de Lico sobre los mismos le había sido entregado cuando él ya tenía redactado su tratado, pero que, con todo, había introducido en su redacción una frase que no constaba en el texto publicado previamente (III 2); el pergameno, al redactar el Comentario a Sobre la naturaleza del hombre, cuenta que su tratado Sobre los elementos según Hipócrates se lo había dado a un compañero anónimo omitiendo en su redacción los elementos que el destinatario conocía, y aprovecha la ocasión para justificar las explicaciones generales ofrecidas al comienzo de sus obras; al mismo tiempo nos confiesa que sus compañeros le habían pedido que, en el dedicado a la naturaleza del hombre, insistiera en todas las expresiones referentes a la doctrina médica (III 3).

Capítulo IV. Apéndice, pp. 157-‍161[Subir]

El autor lamenta no haber podido beneficiarse del contenido del Brill’s Companion to Ancient Greek Scholarship (2015), porque este libro se encontraba ya paginado y en imprenta. No obstante, incluye aquellos puntos que afectan al contenido, en concreto, la nota 8, para lo que invita a acudir a la exposición de Montanari (2015: 641-‍672), donde habla de la ékdosis alejandrina, de la que dice que está íntimamente ligada a la crítica textual (671) y de las conjeturas y/o variae lectiones. En relación a Galeno, revisa cómo el médico preparaba y corregía el texto, cuando se ocupaba de algún autor, o pasaje, médicos; también destaca que, como exegeta y comentarista, el pergameno preparaba también obras y autores no médicos.

También es de gran importancia para el conjunto de este libro la contribución de D. Manetti (2015: 1126-‍1215), en concreto, en la aclaración del término ἐξήγησις (nota 21), que, en las pp. 1191-‍1192, recurre a lo que afirma el médico en su Comentario a Sobre las fracturas (In Hippocratis librum de fracturis commentarii iii 18b.318.1-18b.322.2 K), que la exegesis de un texto consiste en explicar los pasajes oscuros, no en dar una demostración sobre la corrección de lo que en él se expone; y el profesor López Férez nos invita a consultar con atención a Manetti (pp. 1186-‍1195, dedicadas exclusivamente a Galeno), que afirma que para nuestro prosista la exegesis (p. 1188) puede consistir o bien en los syggrámmata, o bien en comentarios propiamente dichos, como los dedicados a Hipócrates.

También recomienda López Férez acudir a Manetti (p. 1195) para complementar la nota 31, donde señala que el pergameno mostró, cada vez más, un vivo interés por las variantes manuscritas, las interpolaciones textuales, la autenticidad y autoría de los escritos, etc.

Lo mismo para las notas 68 y 295, consúltese Manetti (p. 1154) en relación a dos términos muy interesantes en la filología helenística e imperial: hypomnḗmata y syggrámmata. Para la nota 83, sobre el término ἑρμηνεία, recomienda consultar a Manetti (p. 1188); para la nota 84, recoger lo que indica Manetti (p. 1179) sobre la oposición entre tratados galénicos para ser publicados (πρὸς ἔκδοσιν) y los no destinados a su publicación (οὐ πρὸς ἔκδοσιν). Sobre el término ἔκδοσις, del que el autor escribe ampliamente en pp. 22-‍24, la Profesora Manetti apunta que el sentido predominante es el de ‘publicación’, ‘circulación’ (p. 1179), pero sostiene también el de edición corregida en la frase ἔκδοσιν εμὴν ποιήσασθαι (De indol. 14).

Capítulo V. Bibliografía, pp. 163-‍183[Subir]

La bibliografía, muy cuidada, es muy amplia y selecta, y está dividida en tres apartados: Fuentes antiguas (para Galeno e Hipócrates y otros, por separado), Instrumentos léxicos (incluye diccionarios, enciclopedias, léxicos, etc.) y Estudios (según el propio autor dice, incluye solo los trabajos esenciales y de especial interés para este estudio).

Capítulo VI. Índices (pp. 185-‍228)[Subir]

El libro finaliza con seis índices, muy importantes para el uso y lectura de este libro. El primero, los pasajes citados: en primer lugar, de autores y obras antiguas, y un segundo, dedicado a otras fuentes (CORDE, TLG, CGB, DEL, etc. El segundo, de autores y obras, muy exhaustivo. El tercero, es una selección de otros nombres propios notables. El cuarto, también una selección de términos relevantes, y bajo cada concepto otros de su familia léxica. En quinto lugar, el léxico griego, señalando, en cursiva, la página en la que aparece el término, lo que facilita mucho su búsqueda. Y, por último, las transcripciones del léxico griego, que el Profesor López Férez incluye (cf. nota 2) pensando en quien no lea la lengua griega, y solo en su primera aparición dentro del estudio.



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