Reseña del libro "Sexo, identidad y hermafroditas en el mundo ibérico, 1500-1800"

 

RESEÑAS DE LIBROS/BOOK REVIEWS

 

RESEÑA DEL LIBRO "SEXO, IDENTIDAD Y HERMAFRODITAS EN EL MUNDO IBÉRICO, 1500-1800"

 

Cleminson, Richard, y Vázquez García, Francisco. Sexo, identidad y hermafroditas en el mundo ibérico, 1500-1800. Madrid, Ediciones Cátedra, 2018, 297 páginas. [ISBN: 978-84-376-3828-7]

 

Acaba de ser publicada la traducción al castellano de la obra de Richard Cleminson y Francisco Vázquez García Sex, identity and hermaphrodites in Iberia, 1500-1800 (2013). Esta obra es una ampliación de la investigación realizada en Hermafroditas: medicina e identidad sexual en España (1850-1960), publicada en 2012 por la editorial Comares Historia, por lo que podemos considerar ambos trabajos como un estudio completo acerca del fenómeno del hermafroditismo en España. El primer trabajo se centró en las polémicas suscitadas bajo el modelo médico y biopolítico característico de los siglos XIX y XX, mientras que, el presente volumen amplía el marco del análisis hasta el 1500, lo que nos permite establecer una amplia perspectiva de los avatares en la clasificación sexual en la península ibérica. Esta obra es el resultado de un estudio comparativo entre dos épocas claramente diferenciables en el tratamiento de la sexualidad; por un lado el modelo biomédico característico de la época contemporánea, donde el discurso científico hegemonizó toda posibilidad de hablar sobre sexualidad, y por otro, el del Antiguo Régimen Sexual (ARS en adelante), acotado por los autores desde el 1500 hasta bien avanzado el siglo XVIII. La ampliación del marco histórico en la consideración del hermafroditismo español es uno de los aspectos más destacables de la obra ya que, como se observa, ha supuesto un esfuerzo metodológico considerable. La motivación que subyace a estos trabajos no es tanto la de desarrollar un estilo de análisis determinado por algunas de las influencias teóricas explicitadas en la presente obra (Focault, Laqueur, Febvre, etc.), sino otra más compleja que supone la puesta en valor de las mismas, para tratar así de superar algunos errores funestos que podrían dificultar el trabajo riguroso de las ciencias históricas en torno a la sexualidad. Desde la posición defendida por los autores en la introducción de la obra, se advierten como decimos en los estudios históricos, miradas que pueden enturbiar la labor de los investigadores con “tonos excesivamente amables de las formas pretéritas de la diferenciación sexual”. El “anacronismo psicológico”, siguiendo a Lucien Febvre, se descubre como uno de los peores errores del investigador en ciencias de la historia.

Hecha esta aclaración introductoria podemos pasar a analizar varios interrogantes que los autores han resuelto gracias al tratamiento exhaustivo de documentos de diversa índole: desde obras o ensayos filosóficos, hasta compendios de teología, medicina, leyes, etc. Gracias a este análisis se destaca acertadamente el marco de comprensión del ARS, contexto en el que la tradición religiosa, la filosófica o la médica (de influencias hipocrático-galénicas) desarrollaron diversas teorías sobre el origen del hermafrodita, teorías que se mantendrán en liza durante muchos siglos. A partir del Quinientos la comprensión del sexo que predominó fue la de la versión galénica, que defendió una interpretación monosexual y teleológica del cuerpo humano. A pesar de las críticas que surgieron en torno a esta concepción ya desde el siglo XVII, la idea de un sexo único, el sexo “perfecto” (el masculino), fue comprendida como clave de la evolución de la naturaleza. A esta idea se acercó también la interpretación religiosa, justificada por el concepto de omnipotencia divina, que le permitió establecer una línea de interpretación completamente vertical y jerárquica “pues representa a la mujer como un varón mutilado, accidental”. Por otra parte, la representación del sexo único se comprende desde la categoría del “rango social”, que marcó la naturaleza sexual de los individuos alejándola de características biológicas y asociándola a cuestiones de “hábito”, a la definición de un “estado” social o civil. Sin embargo la categoría del hermafrodita planteó una de las preguntas más importantes y que no varió a lo largo de estos siglos: ¿es posible la conversión de un sexo en otro distinto, es posible la transformación sexual?

Esta pregunta propició la clasificación de una larga serie de posibilidades en las transformaciones sexuales (los casos de las virágines, mujeres hombrunas, machos menstruantes, etc.), las cuales fueron expuestas a través de diferentes fórmulas, utilizadas para su explicación y asimilación. Las tradiciones más importantes de la época están recogidas bajo tres ejes temáticos: los Mirabilia, lo Magicus y lo Miraculus. Gracias a estos ejes, el hermafrodita y la transformación sexual –siempre que esta sea “perfecta” en el sentido teleológico aristotélico, esto es, la transformación de mujer a hombre–, aparecieron a partir del Quinientos como algo divino, y en consecuencia milagroso y positivo, como en los casos comentados por Antonio de Torquemada (1570). Esta posibilidad convivió sin embargo con una lectura funesta, símbolo de mal augurio y, aunque solo queda apuntado en la obra, posible predecesora del monstruo de la naturaleza característico del régimen biológico y de su paradigma de lo anormal.

La preocupación por la transformación sexual y la de la existencia del hermafrodita verdadero fueron dinamitando este paradigma monosexual galénico, poco a poco y desde dentro a partir del siglo XVII. Como suele ocurrir, la insuficiencia explicativa de un paradigma va abriendo el discurso a nuevas posibilidades, y estas se plantean como soluciones a las aporías de las primeras propuestas. En la península ibérica, la recepción de las teorías del médico francés De Laurens, permitió cierto cambio en la consideración de los dos sexos como las desarrolladas por Martín del río, Pedro García Carrero, Alonso Carranza o Gaspar Bravo Sobremonte. A esta generación de estudiosos sobre la sexualidad, el modelo monosexual les resultó insuficiente, aunque esto no quiere decir que estas primeras críticas a las postulaciones galénicas dominantes tuvieran un impacto significativo en la mentalidad de los siglo XVII-XVIII. Esta transformación produjo paulatinamente la crisis del modelo galénico-hipocrático gracias a la aparición de “nuevas singularidades” como lo recoge en su publicación Defensa de las mujeres (1726) el monje Benito Feijoo, o en el caso de la defensa de la igualdad de sexos de Jovellanos. El dimorfismo biológico apuntaló las características de esta nueva etapa aún bajo el dominio del ARS que supo resistir a lo largo de muchos años. El modelo monosexual conservó sin embargo su supremacía, ya que su resistencia fue sólida hasta la época liberal, y no será hasta 1795 en que la moderna teratología de Saint-Hilare acabó por imponerse como modelo explicativo generalizado en el mundo ibérico.

Este intenso debate queda expuesto gracias a la muestra seleccionada de los casos de hermafroditismo documentados en la época, casos como los de Elena de Céspedes o Catalina de Erauso. En estos conviven todavía los diagnósticos de “mejora del sexo”, así como lecturas religiosas y literarias, junto a la simbología demoníaca, síntoma de mal augurio. El análisis que ofrecen los autores de cómo estos ejes de interpretación (de características más o menos religiosas) se van desgastando por la irrupción del nuevo paradigma dimórfico, junto con la proliferación de las ciencias y el desarrollo de la tradición biologicista de la medicina, está hilada con mucho cuidado. La eliminación de las explicaciones diabólicas, como en el caso de Feijoo, y la “expulsión de lo maravilloso” de la doxología del XVIII, fue agotando el ARS.

Con esta obra, el hispanista Richard Cleminson aplica una perspectiva sexual en sus estudios políticos, tanto en el trabajo conjunto con Vázquez García (en obras como Los invisibles, por ejemplo, también publicada en University of Wales Press en el año 2007), así como en solitario, con textos tan interesantes como Anarquismo y sexualidad (2008). El análisis de la sexualidad se añade a sus estudios en biopolítica, especialmente los centrados en el racismo, eugenismo y las relaciones de poder derivadas de las diferentes estrategias políticas de los siglos XIX y XX.

Francisco Vázquez García amplía una galería de personajes infames a los que ha consagrado parte de su trayectoria profesional, personajes invisibles a los ojos de la historia hasta las primeras publicaciones de obras como las de Foucault, Goffman o Castel. Este dominio de la historia de los personajes infames permite hacernos una idea del contexto español en el tratamiento de la sexualidad. Todos estos personajes cumplen una función explicativa, ofrecen una perspectiva clara del complejo sistema desarrollado para el tratamiento de las poblaciones y sus peligros más abominables, quedan configurados como fronteras de este dominio personajes como el loco, el hermafrodita, el homosexual, la prostituta, la madre eugénica o el anormal. La tarea del científico social consiste en disponer de un buen método de auto evaluación, donde lo aportado por el historiador pueda ser corroborado en todo momento ante cualquier tentativa de esencialismo: “las afirmaciones de la ciencia social acerca del cuerpo aparecen siempre e inevitablemente indexadas en marcos espaciotemporales precisos. Los intentos –muy habituales en la historia de las ciencias biológicas– de abordar las fuentes del pasado como si se refirieran a un cuerpo intemporal, susceptible de ser subsumido en las aserciones legaliformes y en el léxico de la ciencia experimental en curso”.

Esta crítica no debe hacernos caer, sin embargo, en un “empirismo difuso, alérgico al diseño de modelos y de tipos ideales que permitan llevar el análisis más allá de la mera descripción de lo dicho en los documentos”.

 

Diego Delgado
Universidad de Cádiz
Email: ddelgado11@hotmail.com

 

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