Reseña del libro "Superrealistas: Rayos X y vanguardias artísticas"

 

RESEÑAS DE LIBROS / BOOK REVIEWS

 

RESEÑA DEL LIBRO "SUPERREALISTAS: RAYOS X Y VANGUARDIAS ARTÍSTICAS"

 

Lamata Manuel, Ana. Superrealistas: Rayos X y vanguardias artísticas. Madrid, Marcial Pons-Fundación Jorge Juan, 2017, 421 páginas [ISBN: 978-84-16662-17-3]

 

La historia de la visión como práctica cognitiva articula buena parte del relato sobre la medicina y las ciencias que hoy más pueda interesar, en esa tensión que la cultura material ha introducido en la forma de estudiar lo que las gentes del saber hacían y decían que hacían imágenes. La visión parece haber sido sentido privilegiado de conocimiento, trucado muchas veces por unos instrumentos de observación que entretenían y distraían de lo que podía comprobarse a una simple vista entrenada o mediado por otros.

Ana Lamata usa para este libro tan sugerente los rayos x y las placas radiográficas, lo que hacían y el efecto que tuvieron en las culturas de su tiempo. La autora se centra en un grupo de artistas, en la interacción de esa técnica nueva con las representaciones plásticas del mundo. Lejos de una generalización de las relaciones entre arte y ciencia, el libro se dedica a “las manifestaciones artísticas de las primeras vanguardias y los rayos X” (15).

En el lenguaje y la sintaxis apasionada que maneja, muy contagiosa para quien se interese también por el oficio de la escritura, están los ecos de la fascinación que la autora siente por esa interacción que analiza y por las fuentes que la inspiran. Revelada tal fascinación, Ana Lamata se sumerge en su propia narrativa para dar cuenta del portento de hacer visible lo oculto que proporcionaban los rayos X, se suma al asombro y, aunque pone tierra por medio –se distancia de forma académica, crítica-, el texto no pierde nunca la tersura de su propia sensibilidad.

El libro trata de la epistemología de los encuentros entre el objeto –sea este radiografía u objeto radiografiado, los rayos que radiografían o la placa con su huella- y la práctica artística de los primeros años del siglo XX. Se alimenta de la sublimación de esa práctica tanto como de la de los propios rayos X, fascinantes y dañinos –eso aquí no aparece-, que desnudan literalmente hasta los huesos. Explora la incrustación del fenómeno radiológico en esas vanguardias, el efecto de esa magia moderna que era la ciencia de las radiaciones en “la condición fantasmal” esencial, dice, del sujeto moderno.

El capítulo primero es una reconstrucción de los primeros tiempos de los rayos X, de la inspiración que fueron para la literatura de Thomas Mann en La montaña mágica –la placa radiográfica, la enfermedad desvelada de Hans Castorp, de Claudia, de Settembrini- que da pie a propuestas que relacionan el cristal con la humanidad, y de José Bergamín en su relato de un “Don Juan muerto-vivo” que “aparece en esqueleto”(50).

En el segundo capítulo es el poeta Guillaume Apollinaire quien está retratado en su mundo. Cuenta Lamata que aquel acumulaba en su biblioteca estudios sobre los rayos X pero que sus heridas de bala en el cráneo y sus trepanaciones –sí hay una foto del poeta recién operado- carecen allí de placas radiográficas. Los poetas-videntes “penetran en lo desconocido” (79), palabras del poeta que, según Ana Lamata, anticipan el surrealismo bretoniano. Entonces la tarea del artista era “tener visiones”, en palabas del teórico del arte Carl Einstein, con el uso de “aparatos que disuelvan las opacidades de la materia” (90). La adenda sobre Walter Benjamin como crítico del arte surrealista permite a Lamata mostrar esa cara superrealista de las cosas como su cara verdadera, un arte de ver.

El tercer capítulo exhibe toda la fuerza creadora de los rayos x, se diría que del saber y de sus técnicas, como productora de realidades. Lo invisible como fuente de realidad (108), idea compartida por Carl Einstein y por Apollinaire y Alfred Jarry, participa en la introducción que hace de Picasso. Lamata deja hablar a los textos y a las imágenes sobre los rayos X y sus ideas asociadas para llegar al artista. La luz resulta un entretenimiento, como lo había sido la electricidad en los primeros tiempos, un puesto de feria creativo, de magia, “mas allá de lo evidente”.

La luz invisible es otra de las posibles descripciones imaginables para los rayos X. En el cuarto capítulo esta idea se acompaña de las capacidades de esos rayos, capacidades que la autora desgrana con la obra de Marcel Duchamp a mano: desnudar, descarnar, desentrañar, desvelar el pensamiento son epígrafes del capítulo en los que Ana Lamata repasa experimentos y creación como actividades mutuamente evocadoras. Superrealismo significaba “más que realidad, la vida radiografiada desnuda hasta los huesos”. La autora da voz a Jarry y a Marcel Duchamp y los pone en diálogo con Ernst Mach, con Röntgen y a estos con Merleau-Ponty.

El quinto capítulo se articula en torno a Giorgio de Chirico para incluirlo en la red de artistas dispuestos a soñar con la placa radiográfica, con lo oculto para hacerlo visible y mostrarlo espectral. Lo hace al presentar a de Chirico en constante interacción con sus contemporáneos, amigos poetas y artistas en el Salón de Otoño de Paris en 1912, con los escritos de Cocteau, de Schopenhauer y de Apollinaire –que pasea por también por este capítulo. Repasa a de Chirico a través de algunas de sus piezas y las relaciona con los rayos nuevos. Confirma su hipótesis sobre la influencia de estos en aquellas, al sugerir el producto artístico como mundo fantástico, mágico, metafísico.

El sexto capítulo, del que Francis Picabia es hilo conductor, ahonda en los mismo efectos radiográficos. Picabia parece haber aprendido de su abuelo fotógrafo algunas cosas del radiómetro y el tubo de vacío, de los rayos y sus tubos. “La radiografía era a la fotografía lo que Picabia pretendia que fuese su pintura a aquella pretendidamente realista promovida por la Academia”, escribe Lamata (244). Muestra a Picabia interesado precisamente en lo velado: “no veréis nada a primera vista”.

En el séptimo y último capítulo los cuerpos han dejado de ser opacos, o así lo expresan el Manifiesto de Arte Futurista de 1910, la obra de cuyos autores Ana Lamata repasa, y el manifiesto Rayonista, firmado en Moscú en 1907. Artes y rayos X aparecen como fotografía de lo invisible y luz que hechiza.

Cada capítulo está acompañado de las imágenes a las que el texto se refiere, en un compendio visual que es soporte esencial del texto.

La autora utiliza los rayos X para exponer sus ideas sobre el arte superrealista, sus obras gráficas y literarias. Los rayos son un instrumento para proponer relaciones entre textos, autores y creaciones –rayos y formas plásticas. Cada línea narrativa tiene el interés de explorar la cultura visual como conexión entre creación, invención y realidad. No hay un hilo temporal o espacial sino ideas concatenadas en torno a artistas y escritores –de poemas, de ensayos sobre el arte y filosóficos- contemporáneos entre sí. No son juegos de palabras sino ejercicios de estilo. Cada capítulo aparenta dedicarse a un creador cuando su relación con el entorno –rayos sobre todo pero otros agentes también- regresa a autores y artistas ya mencionados, a ideas nuevas, a evocaciones de fuentes posteriores o anteriores del arte, de la física y de la crítica del arte. Su originalidad rinde homenaje a la tradición crítica mientras parece también ironizar sobre ella. Es a la vez un tratado antiguo y uno muy nuevo. Se lee con mucho gusto y es capaz de generar interés por las ideas que expone, y por el trazo apasionado con el que incorpora los textos y la formas artísticas que la inspiran. Evita el asunto del daño que los rayos producen, silencio que aparece ajeno –opuesto más bien- al fenómeno a estudiar, el del rayo como generador de ideas y formas. Desde la historia de la ciencia puede contemplarse este libro como un tratado de una visión radiográfica, de la plástica y la vista de un fenómeno cuyo drama incorpora miradas tenebrosas, las de algunas de las más poderosas culturas visuales contemporáneas.

 

María Jesús Santesmases
Instituto de Filosofía-CSIC

 

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