Reseña del libro "El poder de las letras. Por una historia social de las universidades de la América hispana en el período colonial"

 

RESEÑAS DE LIBROS / BOOK REVIEWS

 

RESEÑA DEL LIBRO "EL PODER DE LAS LETRAS. POR UNA HISTORIA SOCIAL DE LAS UNIVERSIDADES DE LA AMÉRICA HISPANA EN EL PERÍODO COLONIAL"

 

González González, Enrique (con la colaboración de Víctor Gutiérrez Rodríguez). El poder de las letras. Por una historia social de las universidades de la América hispana en el período colonia. México, Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE-UNAM) – BUAP – UAM – Ediciones Educación y Cultura, 2017. 968 páginas [ISBN 978-607-02-8942-2]

 

En un delicioso libro de hace unos años, Peter Mason trató de las diferentes facetas y acepciones de lo colosal. Colosal, en su acepción más específica, es quizá el adjetivo que mejor se adecúa al impresionante trabajo que Enrique González y Víctor Gutiérrez nos ofrecen, tras años de trabajo infatigable en el campo de la historia de las universidades. La amplia producción de Enrique González en esta área de estudio (muchas veces, como aquí, en colaboración con Víctor Gutiérrez) se ha venido desarrollando a lo largo de más tres décadas, con una coherencia y rigor que le han convertido en uno de los más reputados especialistas en la historia social de las universidades, una apuesta teórica y metodológica reflejada explícitamente en el subtítulo de esta obra monumental y que ha permitido superar aquella añeja historia institucional que resultaba tan tediosa y poco fructífera, con sus eternos debates acerca de las primacías en las fundación de una u otra universidad o sus pugnas por unos títulos u otros.

Una rigurosa y exhaustiva crítica a determinados modos de hacer historia de las universidades y específicamente de las coloniales es, precisamente, el objetivo de la primera parte del libro, que comprende los tres primeros capítulos (pp. 39-208), bajo el significativo título de “Repensar la historia de las universidades coloniales”. Pero lo que el lector encuentra no es sólo critica, sino que allí se plantea con gran claridad cómo sentar bases teóricas y metodológicas para una historia social de las universidades coloniales que adopte, además, una geografía global y no siga encerrada en los anacrónicos y desenfocados marcos nacionales. Ese es el marco teórico desde el cual se pueden superar las viejas polémicas estériles, así como las limitadas miradas institucionalistas o las aproximaciones meramente cuantitativas a la población estudiantil o a las rentas y finanzas universitarias, “gastadas inercias historiográficas” (p 109) como certeramente son denominadas al inicio del segundo de los capítulos. El tercero y último de los capítulos de esta primera parte está dedicado a “Los archivos, modelos y modalidades” y en él se nos da la clave de la meta que ha orientado toda la obra: la necesaria localización, reordenación y evaluación de la documentación original actualmente disponible, a lo largo de numerosos repositorios repartidos por todo el continente americano, España e Italia. Por eso, este capítulo supone una puesta al día exhaustiva –en la medida de lo posible– de las fuentes primarias a disposición de los historiadores, tanto en archivos institucionales de cada una de las veintisiete instituciones cuyo estudio se aborda, como en archivos “externos”, como el romano de la Compañía de Jesús o el sevillano de Indias.

La segunda parte del volumen se titula “Las ciudades, las universidades y las fuentes” y se divide en cinco capítulos (pp. 213-488). El primero presenta las tres “primeras universidades reales”, la de México, la de Lima y la de Santo Domingo. El segundo de los capítulos de esta parte da un completo repaso a las universidades fundadas en el entorno de las órdenes religiosas, por lo que visitamos ahora las ciudades de Córdoba, Sucre, Mérida de Yucatán, La Habana, Guatemala, Santiago de Chile, Quito y Bogotá. El siguiente capítulo se dedica a las tres universidades creadas por el clero secular, todas ya en el siglo XVIII: Ayacucho, Cuzco y Caracas. Cierra el largo viaje la última de las fundaciones coloniales, la de la Real y Literaria Universidad de Guadalajara. Esta extensa segunda parte se cierra con “Algunas conclusiones”, donde en tres apretadas páginas (pp. 485-487) González recopila un puñado de ideas clave para entender “el poder de las letras” (y, por tanto, de los letrados) en las sociedades del Nuevo Mundo: los espacios que las letras abrían en el gobierno secular y en el eclesiástico de los territorios indianos del imperio; la estrecha relación entre ambos gobiernos, el eclesiástico y el secular, tensa a veces, incluso abiertamente conflictiva en momentos concretos, pero nunca divergente en los fines e intereses últimos; las aspiraciones de ascenso social de los letrados criollos y sus frustraciones, siempre topando con ese “techo de vidrio” derivado de la férrea estratificación social impuesta por el gobierno metropolitano.

La tercera y última parte del coloso es una completísima “Guía documental”, que comprende un primer capítulo dedicado a “Los acervos” documentales de las instituciones universitarias de 15 ciudades americanas, la localización de los mismos, el contenido de las series y de la documentación dispersa, así como el estado de los originales, la disponibilidad eventual de reproducciones y, por último, las posibilidades de consulta on-line (pp. 491-749); y una “Bibliografía” de casi doscientas páginas (pp. 751-948), dividida en una bibliografía “general” y luego otra específica, ordenada por 15 países (de Argentina a Venezuela, incluyendo Filipinas), la cual acaba por rendir cuentas del ingente trabajo, no solo de recopilación, sino también de lectura crítica y asimilación de todo lo producido en torno a este tema.

Esta tercera parte bastaría, sin duda, para constituir el libro de Enrique González y Víctor Gutiérrez en pieza de imprescindible consulta de ahora en adelante para cualquiera que quiera aproximarse a la historia de las universidades latinoamericanas del período colonial. Pero El poder de las letras nos da mucho más, gracias al compromiso intelectual de sus autores y, así, se constituye también como un sólido hito historiográfico en la historia de la enseñanza de las artes y las humanidades, de la ciencia y la medicina, del derecho y de la teología en la América colonial hispana. Por último, no menos importante resulta la obra en el terreno de las historiografías de la circulación del conocimiento y de las relaciones entre el poder político y el saber experto; de modo que este libro debería captar la atención de todos aquellos interesados en conocer algunos de los mecanismos esenciales para la comprensión del establecimiento, desarrollo, permanencia y colapso final del régimen colonial hispano: la formación de sus élites criollas y la compleja dialéctica de su relación con las élites españolas destinadas al gobierno de las Indias durante más de tres siglos.

 

José Pardo-Tomás
IMF-CSIC, Barcelona

 

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