Los usos políticos del teatro. Sociabilidad científica y médica en la ciudad de Buenos Aires (1870-1920)

 

ESTUDIOS / RESEARCH STUDIES

LOS USOS POLÍTICOS DEL TEATRO. SOCIABILIDAD CIENTÍFICA Y MÉDICA EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES (1870-1920)

Pablo Souza

Unsam – Unicen

pabloandressouza@gmail.com

ORCID iD: https://orcid.org/0000-0002-5840-2104

Diego Hurtado

Unsam

dhurtado@unsam.edu.ar

ORCID iD: https://orcid.org/0000-0002-4849-9790

 

RESUMEN

Se estudian tres ceremonias científicas organizadas en distintos teatros de la ciudad de Buenos Aires por el Círculo Médico Argentino (CMA). Como parte de las prácticas de sociabilidad de esta institución, estas ceremonias, dedicadas a conmemorar episodios e individuos centrales en la frágil comunidad médica de la segunda mitad del siglo XIX, fueron uno de los recursos utilizados por el CMA para la transmisión de sentidos, valores y representaciones acerca de la práctica médica local a la sociedad civil y el poder político de su época. Esta estrategia de amplificación de los aspectos simbólicos y culturales de la práctica profesional y científica de la medicina fue utilizada por el CMA tanto para construir audiencias mayores, ganar visibilidad y demandar legitimidad para el conjunto de prácticas médicas, como para abrir una brecha de acceso al reconocimiento político en una ciudad con tendencia a mirar como extraños a médicos y hospitales hasta bien entrado el siglo XX. En especial, los tres casos estudiados permiten ilustrar las estrechas relaciones entre las ceremonias teatrales y la puesta en circulación de un programa experimental para las ciencias médicas de la ciudad de Buenos Aires.

THE POLITICAL USES OF THEATER. SCIENTIFIC AND MEDICAL SOCIABILITY IN THE CITY OF BUENOS AIRES AT THE END OF THE CENTURY (1870 -1920)

ABSTRACT

Three scientific ceremonies organized in different theaters of the city of Buenos Aires by the Argentine Medical Circle (CMA) are studied. As part of practices of sociability of this institution, these ceremonies dedicated to commemorate episodes and central individuals in the medical community in the second half of the nineteenth century were one of the resources used by the CMA for the transmission of meanings, values and representations about the local medical practice civil society and political power. This amplification strategy of symbolic and cultural aspects of professional and scientific practice of medicine was used by the CMA both to build larger audiences, gain visibility and claim legitimacy for all medical practices, such as to open a gap in access to political recognition in a city with a tendency to look like strangers to doctors and hospitals until well into the twentieth century. In particular, the three case studies to illustrate the close relationship between the theatrical ceremonies and the circulation of a pilot program for medical sciences in Buenos Aires city.

Recibido: 21-09-2016; Aceptado: 15-09-2017.

Cómo citar este artículo/Citation: Souza , Pablo y Hurtado, Diego (2018), "Los usos políticos del teatro. Sociabilidad científica y médica en la ciudad de Buenos Aires (1870-1920)", Asclepio, 70 (1): p210. https://doi.org/10.3989/asclepio.2018.03

PALABRAS CLAVE: Ceremonias científicas; teatros; Buenos Aires; siglo XIX.

KEYWORDS: Scientific ceremonies; theaters; Buenos Aires; 19th century.

Copyright: © 2018 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).

CONTENIDOS

RESUMEN
ABSTRACT
LOS ESTUDIANTES DE MEDICINA PORTEÑOS Y LA SOCIABILIDAD CIENTÍFICA
SOCIABILIDAD Y REGÍMENES DE PRODUCCIÓN DE SABERES
LA VIDA EXPERIMENTAL LLEGA A LOS TEATROS PORTEÑOS
REFLEXIONES FINALES
NOTAS
BIBLIOGRAFÍA

 

LOS ESTUDIANTES DE MEDICINA PORTEÑOS Y LA SOCIABILIDAD CIENTÍFICA Top

Durante la segunda mitad del siglo XIX, la vida científica y médica de la ciudad de Buenos Aires puso en el centro de la escena un amplio arco de prácticas de sociabilidad –y asociacionismo– que incluyeron entre sus principales propósitos la obtención de legitimidad para un nuevo régimen de producción de saberes que aspiró a transformarse en un espacio intelectual hegemónico.[1] En tal sentido interesará en las siguientes páginas explorar las ceremonias científicas llevadas a cabo en distintos teatros de la ciudad, dedicadas a conmemorar episodios e individuos centrales en la frágil comunidad médica porteña de la época.

En el curso de la presente investigación se identificaron durante el medio siglo elegido como eje del análisis, una treintena de ceremonias científicas teatrales, la mayor parte de ellas radicadas en la ciudad de Buenos Aires, y en menor medida en las ciudades de La Plata –capital de la provincia de Buenos Aires desde 1882– y en la ciudad de Córdoba, capital de la provincia de nombre homónimo. De hecho el abanico de prácticas y sentidos incluidos es amplio; aquí se focalizará sobre las ceremonias convocadas por el Círculo Médico Argentino en su carácter de gremio de los estudiantes de medicina de la ciudad de Buenos Aires. Pues dichas convocatorias implicaron un doble movimiento de legitimidad. Legitimidad para las ciencias médicas frente al público porteño, en especial frente a las familias patricias de la ciudad, tarea en la que compartieron objetivos y estrategias con el resto de los miembros del cuerpo profesional de la ciudad, academia de medicina y médicos graduados de la universidad en general. Luego, legitimidad frente a la red de instituciones y actores que compusieron el régimen de producción de saberes de la floreciente ciudad, frente a quienes se posicionaron como los representantes de la juventud en el campo de las ciencias médicas.

Es esta última faceta la que invoca especial atención pues el estudio del ceremonial desplegado por las sociedades científicas locales, permite ver el uso del teatro como herramienta de resolución de diversos grados de conflictos. Algunos de ellos son el conflicto entre claustros universitarios, como fueron el personal docente y el personal alumno de la facultad de medicina. También entre instituciones como el centro gremial estudiantil y la Academia de Medicina de la UBA, la Sociedad Científica Argentina, o el Museo de Ciencias Naturales, todas ellas comprometidas en el proceso de cristalizar un espacio para las ciencias experimentales en la ciudad. El capital material y simbólico en disputa fueron el público patricio amante del teatro, también las autoridades públicas nacionales y provinciales; otras veces también internacionales, como se apreciará más adelante.

Público y autoridades implicaron una posibilidad de peticionar financiamiento y por ende mayores posibilidades de cristalización en la sociedad civil del período, en un momento que ha sido ampliamente descrito y caracterizado por su fragilidad endémica a la hora de financiar instituciones del saber. Se recordará como ejemplo que un cuestionado Eliseo Cantón –diputado, decano y académico de la escuela médica– se quejó amargamente en plena Cámara de Diputados de la Nación, que era más fácil concitar la atención de los filántropos porteños en la creación del Jockey Club local –las “patas de los burros”– que en la fundación de nuevos hospitales, por ejemplo (Souza y Hurtado, 2008Souza, Pablo y Hurtado, Diego (2008), "Los ‘diputados médicos’: clínica y política en la disputa por los recursos públicos (1906-1917)", Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y la Ciencia, 60 (2), pp. 233-260.). Así pues la atención oficial fue fundamental en este proceso, como lo hizo saber la prensa gráfica narrando –con la importancia que ameritó estas ocasiones– los detalles y matices del protocolo de las ceremonias.

Respecto de los recursos conceptuales, los estudios sobre sociabilidad han sido un campo historiográfico prolífico, en buena medida relacionado con el intento de mirar la vida política de los estados desde nuevos ángulos. La sociabilidad y la asociación han sido invocadas también en América Latina como marco “sociocultural de la vida política”, mostrando nuevas prácticas y lenguajes en el proceso de configuración de una sociedad civil moderna (González Bernaldo, 2008González Bernaldo de Quirós, Pilar (2008), Civilidad y política en los orígenes de la nación Argentina. La sociabilidad de Buenos Aires, 1829-1962, Buenos Aires, FCE., p. 33). Por su parte, si bien la Historia de la Medicina se benefició de los estudios que rescataron la asociatividad médica como parte del proceso de cristalización de un saber profesional,[2] los campos historiográficos de la Historia de la Ciencia y de la Tecnología se han mantenido a una distancia prudente de este tipo de enfoques. Recién en la primera década del presente siglo este conjunto de campos historiográficos termina de asimilar la pregunta por el papel de la sociabilidad en los procesos de conformación de las prácticas científica, tecnológica y médica occidentales, desde el Renacimiento hasta nuestros días. Son elocuentes los volúmenes correspondientes de la Cambridge History of Science, obra colectiva editada por Lindberg y Numbers desde 2003.[3]

 

SOCIABILIDAD Y REGÍMENES DE PRODUCCIÓN DE SABERES Top

¿Qué se entiende por sociabilidad en la Historia de la Ciencia, de la Tecnología y de la Medicina occidental post-revolución científica de fines de siglo XVII? ¿Qué ecos de estas prácticas se pueden rastrear en suelo americano –ciudad de Buenos Aires incluida– durante el siglo XIX? Aquellas preguntas llevan a considerar un fenómeno histórico complejo, que incluye la referencia a espacios y prácticas muy disímiles unas de otras. Y ello es así porque es necesario evitar la dispersión de sentidos a la hora de referirse a un concepto como el de sociabilidad, siempre sospechado de polisemia (Agulhon, 2009Agulhon, Maurice (2009), El Círculo Burgués. La sociabilidad en Francia, 1810-1848, Buenos Aires, Siglo XXI., p. 54).

Cada uno de aquellos ejes –espacios y prácticas– está relacionado en forma estrecha con el florecimiento de las sociedades civiles modernas que, llegados los siglos XVIII y XIX, tocaron a las puertas de los antiguos regímenes nobiliarios. En las ciudades referenciales de la Europa que vive la triple revolución científica, y luego la revolución industrial y la revolución francesa, como en las ciudades americanas del siglo XIX que viven el proceso de independencia de la monarquía española, la búsqueda de una sensibilidad para la ciencia, la tecnología y la medicina estuvo relacionada en forma estrecha a un nuevo tipo de vida asociativa (Porter, 2003Porter, Roy (2003), "Introduction". En: Porter, R. (ed.), The Cambridge History of Science, vol. 4, Eighteenth-Century Science, Cambridge, Cambridge University Press, pp. 1-20., p. 8; López-Ocón, 1998López-Ocón Cabrera, Leoncio (1998), "La formación de un espacio público para la ciencia en la América Latina durante el siglo XX", Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y la Ciencia, 50 (2), pp. 205-226., p. 215). Y si bien las diferencias entre ambos contextos históricos no es menor, resaltar la importancia de la sociabilidad científica invita a no desdeñar las similitudes (y la comparación) tras la variación contextual.

Si se hace foco en los espacios, puede apreciarse lo que Agulhon (2009Agulhon, Maurice (2009), El Círculo Burgués. La sociabilidad en Francia, 1810-1848, Buenos Aires, Siglo XXI., p. 45) denominó el carácter histórico de “cafés, clubes y círculos”, pues hay tempranos ejemplos de estos espacios articulando vida asociativa científica, tecnológica y médica. No son los únicos pues el listado se amplió con la llegada de nuevos estudios de casos. Desde mediados de siglo XVII se pueden identificar cafeterías (coffehouses para la cultura anglosajona), plazas o salones, como espacios que expresan la llegada de esa vida asociativa. Las primeras reuniones de un grupo de hombres, que luego de 1660 se formalizaría como institución privada bajo el nombre de Royal Society de Londres, tienen lugar desde 1650 en una taberna donde se debate la nueva filosofía natural, al paso que este mismo grupo realizó actividades experimentales en espacios privados (Johns, 2008Johns, Adrian (2008), "Coffeehouses and print shop". En: Park, K. y Daston, L. (eds.), The Cambridge History of Science, vol. 3, Early Modern Science, Cambridge, Cambridge University Press, pp. 320-340., p. 320). En el mismo sentido, no se deberá olvidar la temprana existencia de actividades de sociabilidad científica destinada a sectores ilustrados y nobiliarios, como las lecciones públicas de anatomía presentadas anualmente desde fines de la década de 1630, durante la semana de carnaval en el anfiteatro de la Universidad de Bologna (Ferrari, 1987Ferrari, Giovanna (1987), "Public Anatomy Lessons and the Carnival: The Anatomy Theatre of Bologna", Past & Present, 117 (1), pp. 50-106., p. 52).

Sin embargo, la naciente filosofía natural dio muestras de no ser propiedad exclusiva de las elites urbanas. De hecho, sectores populares y medios de diversas urbes vieron florecer espacios y prácticas, como la taberna y la cafetería, cuyas mesas solían congregar grupos de lecturas, a veces antagónicos. Tampoco quedaron fuera de la curiosidad general por la nueva filosofía las conferencias, la creación de sociedades de horticultura, la circulación de diversos textos médicos, agrícolas, filosóficos, matemáticos entre otros (Fissell y Cooter, 2003Fissell, Mary y Cooter, Roger (2003), "Exploring Natural Knowledge: Science and the Popular in the Eighteenth Century". En: Porter, Roy (ed.), The Cambridge History of Science, vol. 4, Science in the Eighteenth Century, Cambridge, Cambridge University Press, pp. 145-179., p. 146). En la historia de la tecnología, por ejemplo, el papel de los clubes y sociedades filosóficas fue central en la circulación de lo que Mokyr (2002Mokyr, Joel (2002), The Gifts of Athena. Historical Origins of the Knowledge Economy, Princeton, Princeton University Press.) denominó “conocimiento prescriptivo” y “conocimiento proposicional”, bases sólidas de lo que el mismo autor caracterizó como “iluminismo industrial”. Los empresarios contemporáneos de Watts, Black y Prietsley acudieron a aquellas sociedades en busca de lecturas y conferencias sobre un amplio abanico de tópicos newtonianos, valorados como las precondiciones intelectuales de la primera revolución industrial (Jacob, 1997Jacob, Margaret (1997), Scientific Culture and the Making of the Industrial West, Nueva York, Oxford University Press.; 2007Jacob, Margaret (2007), "Mechanical Science of the Factory Floor", History of Science, 45 (148), pp. 197-221.; Knight, 1990Knight, David (1990), "La popularización de la ciencia en la Inglaterra del siglo XIX". En: Ordoñez, Javier y Elena, Alberto (comps.), La ciencia y su público, Madrid, CSIC, pp. 311-330., p. 313). Por su parte, Crosland (1992Crosland, Maurice (1992), Science Under Control. The French Academy of Sciences 1795-1914, Cambridge, Cambridge University Press., p. 46) se refiere a la dimensión de la organización informal en Francia, que habilitó el acceso a lugares de relevancia, en especial a pequeños grupos de sociabilidad como la Sociedad de Arcuil o el salón organizado por Georges Cuvier en las instalaciones del Museo de Historia Natural de París durante los años de la Restauración.

Dos tipos de prácticas –distintas y complementarias– fueron visibles en los espacios mencionados. Ambas respondieron al viejo problema de la credibilidad y la legitimidad de las actividades experimentales allí realizadas. En principio redactar –y circular– un informe minucioso; y ello permitió dar legitimidad a los experimentos, en especial frente a los ojos y creencias de pares que no hubieran asistido a la “asamblea de expertos”, en los momentos en que se alcanzó consenso –por el discurso y/o el experimento– sobre algún tipo de afirmación sobre el comportamiento de la naturaleza (Shapin y Schaffer, 1985Shapin, Steven y Schaffer, Simon (1985), Leviathan and the Air-Pump, Princeton, Princeton University Press., p. 76).

Seguidamente, una forma algo distinta de la sociabilidad se vio en las mencionadas ceremonias públicas en el anfiteatro anatómico, en las conferencias en las sociedades científicas, en el salón cortesano, o en el catálogo del museo. Allí la asistencia de un grupo ampliado de participantes en la empresa del saber –el público– se transformó en un elemento epistemológico clave. Ya no se trataba solo de testimoniar la práctica experimental entre un grupo de eruditos o especialistas, sino de ganar una audiencia mayor. Ampliación imprescindible para adquirir legitimidad, tanto a ojos del poder político como de los actores referenciales en esas incipientes sociedades civiles.

Estos espacios y prácticas de sociabilidad llamaron la atención de los médicos latinoamericanos, quienes prestaron su testimonio de admiración al desarrollo de la medicina en las capitales científicas europeas durante la segunda mitad del siglo XIX. Es Ignacio Pirovano –honrado por sus pares y alumnos con el título de “Cirujano mayor” de la ciudad de Buenos Aires– quien afirmó haber frecuentado, en su periplo europeo de inicios de la década de 1870, tanto La Sorbona y las facultades alemanas, como “las pensiones del cuartel latino y las atmósferas confinadas de humo de pipa y vapores de cerveza de Bonn y de Heidelberg, donde hemos escuchado discusiones científicas dignas de ser oídas por un Bernard o un Wirchow”.[4]

Por su parte, la América Latina posterior a las guerras por la independencia vio el inicio de una lenta y compleja reorientación de sus afinidades científicas, tecnológicas y médicas. El siglo XIX encontró a las ciudades más pujantes del antiguo mundo virreinal tras la búsqueda de una identidad local que las llevó tanto a cuestionar su herencia colonial, como a definir sus relaciones con las principales capitales científicas europeas. Dicho proceso ha sido denominado como el paso de la “ciencia colonial” a la “ciencia nacional”, subrayando así el cuestionamiento de Portugal y España como metrópolis políticas, culturales y científicas unívocas –a ojos de los virreinatos– entre los siglos XVI y XVIII (Lafuente y López-Ocón, 1998Lafuente, Antonio y López-Ocón, Leoncio (1998), "Bosquejos de la ciencia nacional en la América Latina del siglo XIX", Asclepio, 50 (2), pp. 5-10., pp. 8-9). La tensa integración al mercado mundial por parte de las ciudades latinoamericanas formalmente independientes también las puso en diálogo con las redes y canales de circulación de saberes florecientes en forma paralela al proceso de mercantilización.

Un incipiente espacio público para la ciencia, la técnica y la medicina tomó forma en suelo americano, en especial durante la segunda mitad del siglo XIX (López-Ocón, 1998López-Ocón Cabrera, Leoncio (1998), "La formación de un espacio público para la ciencia en la América Latina durante el siglo XX", Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y la Ciencia, 50 (2), pp. 205-226., p. 207). Las diferencias, tanto cuantitativas como cualitativas, con los regímenes de saberes florecientes en Europa fueron notorias para los propios americanos de visita por las capitales europeas. Asombró el número de las instituciones creadas –universidades, laboratorios, sociedades científicas, bibliotecas, museos, anfiteatros– y también el volumen de dinero puesto en circulación, tanto por los poderes políticos como por la filantropía, por demás anhelada para las capitales latinoamericanas; en comparación, los pasos que estas comenzaban a dar eran incipientes y frágiles (Souza y Hurtado, 2010Souza, Pablo y Hurtado, Diego (2010), "La lectura del “libro natural”. Apuntes para una historia de los estudios anatómicos y quirúrgicos en Buenos Aires (1870-1895)", Manguinhos. História, Ciências, Saúde, 17 (4), pp. 885-908., p. 820).

Ahora bien, algunos de esos pasos no fueron muy distintos a los que dieron las capitales científicas del viejo continente desde el siglo XVII. Afloró la prensa científica, tecnológica y médica, se fundaron instituciones educativas, se comenzó a participar en las exposiciones internacionales, se fundaron museos y –de especial interés para este trabajo– hizo su irrupción el asociacionismo profesional (López-Ocón, 1998López-Ocón Cabrera, Leoncio (1998), "La formación de un espacio público para la ciencia en la América Latina durante el siglo XX", Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y la Ciencia, 50 (2), pp. 205-226., p. 207).

Asociaciones y círculos dedicados a la modernización de los saberes existentes ven la luz durante estas décadas, al compás del florecimiento del espíritu de asociación. Existen trabajos donde se muestran los resultados de ese proceso, incluida la ciudad de Buenos Aires (López-Ocón, 1998López-Ocón Cabrera, Leoncio (1998), "La formación de un espacio público para la ciencia en la América Latina durante el siglo XX", Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y la Ciencia, 50 (2), pp. 205-226., p. 215; González Leandri, 1998González Leandri, Ricardo (1998), "Asociacionismo y representación de intereses médicos en Buenos Aires, 1852-1880", Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y la Ciencia, 50 (2), pp. 187-205., p. 190; Funes Monzote, 2004Funes Monzote, Reinaldo (2004), El despertar del asociacionismo científico en Cuba (1876-1920), Madrid, CSIC., pp. 44-45). Desde la Asociación Médica Bonaerense (1860) y Círculo Médico Argentino (1875) al Círculo de Hacendados de la Habana (1878), un amplio número de distintas expresiones asociativas se hacen eco del clima de época en materia de saberes científicos, tecnológicos y médicos (González Leandri, 1999González Leandri, Ricardo (1999), Curar, persuadir, gobernar. La construcción histórica de la profesión médica en Buenos Aires, 1852-1886, Madrid, CSIC., p. 40; Fernández Prieto, 2008Fernández Prieto, Leida (2008), Espacio de poder, ciencia y agricultura en Cuba: el círculo de Hacendados, 1878-1917, Sevilla, CSIC., p. 30). Se debaten las diferencias y las expectativas, se discuten las estrategias y las posibles trayectorias. En tal sentido la prensa jugó un papel clave –como lo había hecho en el viejo continente– en la construcción de una legitimidad para estas instituciones en sus propios contextos, al paso que puso en circulación un amplio flujo de intercambios que colaboró en la conformación de una red científica, tecnológica y médica.

Ciertamente la fragilidad de todo el proceso fue visible, comparada con la notable expansión de la ciencia, la medicina y la tecnología en Gran Bretaña, Francia, Alemania y EEUU. En 1875, el afamado médico porteño Pedro Rooverts –redactor de la Revista Medico Quirúrgica– sostuvo que la sociabilidad científica y médica de la ciudad era fragmentaria, un fenómeno solo ocasional. Luego atribuyó a dicha ausencia el estancamiento de la Asociación Médica Bonaerense, sociedad decana de las ciencias médicas porteñas y cuyos miembros fueron los integrantes del pequeño (y elitista) cuerpo docente de la Facultad de Medicina luego de 1854. Por eso, su activación era una necesidad de primer orden si se deseaba generar una cultura experimental local.[5]

Sin embargo, fragilidad no es sinónimo de inexistencia. En las siguientes cuatro décadas las ciencias biomédicas porteñas presenciaron una intensificación de su vida experimental de la mano de un potente movimiento generacional y estudiantil, que cuestionó tanto las estructuras institucionales, como las prácticas del saber existentes. Como se podrá apreciar los teatros jugaron un papel clave en ese proceso, al ser el espacio que ayudó a cristalizar una legitimidad ampliada –un público– para los apóstoles de las ciencias médicas.

 

LA VIDA EXPERIMENTAL LLEGA A LOS TEATROS PORTEÑOS Top

Si la medicina occidental se encontró inmersa en una poderosa mutación durante todo el siglo XIX (Wear, 1996Wear, Andrew (1996), Medicine in Society. Historical Essays, Cambridge, Cambridge University Press., p. X), la medicina porteña comenzó a ponerse al día con tales transformaciones durante las últimas décadas del siglo. La historia de los estudiantes de medicina de la UBA durante este período ofrece una ventana histórica a un actor que batalló en forma explícita –y contundente– por la renovación experimental de la ciencia y la medicina local. También desplegó una intensa vida asociativa caracterizada por una agenda de sociabilidad compleja, dinámica y ambiciosa, como se podrá apreciar en lo que sigue. Ambas empresas se desarrollaron en forma yuxtapuesta y fueron una respuesta a una serie de conflictos que atravesaron la vida de la universidad, al menos hasta el movimiento reformista de 1918.

Entre aquellas prácticas asociativas destacan las actividades dirigidas a un público mayor que la pequeña comunidad de estudiantes y profesionales de la medicina, tales como las ceremonias teatrales, pues a diferencia de otras modalidades de sociabilidad, interpelaron a una audiencia políticamente influyente, según se desprende de algunas de las crónicas, con el objetivo de hacerlo partícipe del diagnóstico y también del desarrollo de las ciencias médicas locales. También fue una manera de hacerlo partícipe de una ideología del progreso, visible en la centralidad que cobraba la vida experimental. Intentar incorporar al selecto público de las familias patricias porteñas fue una manera de responder a problemas similares a los que se les habían planteado a las sociedades y salones europeos de siglo XVIII y XIX (Palló, 2009Palló, Gábor (2009), "Genres of Popular Science: Urania and the Scientific Theatre". En: Papanelopoulou, F.; Nieto-Galan, A. y Perdiguero, E. (eds.), Popularizing Science and Technology in the European Periphery, 1800-2000, Londres, Ashgate, pp. 157-174., p. 163).

Los teatros de la ciudad fueron espacio de intensa sociabilidad cultural y política; también científica y médica. Tanto la prensa periódica como la prensa médica son prolíficas en convocatorias a diversas ceremonias, destinadas a celebrar (o conmemorar) escenas de la cultura científica y de los progresos educativos locales. En tal sentido se hará foco a continuación en tres descripciones de ceremonias teatrales de un total de treinta pues ellas muestran a un actor clave como fueron los estudiantes de ciencias médicas de la ciudad, jugando un papel central en la promoción de la “medicina experimental” y de la “ciencia nacional”, frente al “público selecto” y las “clases ilustradas de la ciudad”. Al menos en una de esas tres descripciones encontramos un cuarto tópico, que dio fuerza inusitada a los objetivos de la ceremonia: la presencia de las máximas autoridades locales. El presidente de la nación y sus ministros, el intendente de la ciudad, algunos gobernadores y embajadores de otras naciones, fueron inequívoco signo de la relevancia que adquirió la celebración de la transformación de la medicina experimental.

La primera de las tres celebraciones sobre la que es útil detenerse es la que tuvo lugar el 19 de mayo de 1882 en el Teatro Nacional, cuyo motivo central era honrar la memoria del recientemente fallecido Charles Darwin. La segunda es la conmemoración del doctor Guillermo Rawson que tuvo lugar el 12 de mayo de 1890, en el antiguo Teatro Onrubia. Este mismo teatro alojó la tercera celebración cuyo objetivo fue entregar los premios del concurso científico, que buscó proyectarse a otros países de América Latina, organizado por el CMA para conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento de América, el 12 de junio de 1893.

La honra fúnebre de Charles Darwin fue convocada por la Comisión Directiva del CMA, una vez llegada a la ciudad la noticia de su deceso. La Patria Argentina –periódico fundado y dirigido por José María Gutiérrez– se hizo eco de la noticia del fallecimiento y promocionó la conferencia pública. En tono premonitorio el diario señaló que “las invitaciones que se han repartido son numerosas y es de esperarse que gran cantidad de familias llenarán el teatro”.[6]

Dos polemistas de peso en la cultura científica porteña compartieron el homenaje fúnebre al naturalista británico: el ex presidente de la república Domingo Faustino Sarmiento y el joven médico y naturalista Eduardo Ladislao Holmberg. El primero de los convocados ya era avezado hombre de letras y una figura política central en la década precedente. Su aporte a la institucionalización de las ciencias locales había sido contundente; había promovido la radicación del naturalista prusiano Germán Burmeister, figura clave en el Museo Nacional de Buenos Aires, hoy Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia (Mantegari, 2003Mantegari, Cristina (2003), Germán Burmeister. La institucionalización científica en la Argentina del siglo XIX, Buenos Aires, Jorge Baudino Ediciones., p. 95), así como la creación del primer observatorio astronómico y la radicación de su primer director, el astrónomo norteamericano Benjamin Gould (Rieznik, 2011Rieznik, Marina (2011), Los cielos del sur. Los observatorios astronómicos de Córdoba y La Plata, Rosario, Prohistoria Ediciones., pp. 27-36). El segundo de los disertantes tuvo una nutrida vida experimental siendo reconocido como voz autorizada en materia de darwinismo y el problema de la evolución.[7] Al igual que Sarmiento, Holmberg también iba a tener una prolífica participación en el mundo de las letras locales.

La ceremonia se llevó a cabo en un teatro de importancia en la ciudad como era el Teatro Nacional, que fue cedido por sus propietarios los señores “Olmos y Cía.”. A la reunión se le dio el carácter de “conferencia pública”, y a los oradores mencionados el título de “disertantes”. El texto de Sarmiento, titulado Darwin, hizo una sutil defensa del darwinismo –al que denominó en reiteradas ocasiones como “transformismo”– frente a rivales de peso, tanto internacionales como locales, que negaban el carácter científico de los trabajos del naturalista británico.[8] Entre ellos contaba el propio director del Museo de Buenos Aires apadrinado por Sarmiento, Germán Burmeister.

Sarmiento echó mano de argumentos usados por el biólogo británico Thomas Huxley para explicar en forma breve “el transformismo” de Darwin. También tuvo tiempo para elogiar la belleza del público femenino presente, en un gesto nada casual que ayudó a generar un vínculo de empatía con el público. Por su parte, la conferencia pronunciada esa noche por Eduardo Holmberg, titulada Carlos Roberto Darwin, daría lugar a la publicación –ese mismo año– de un folleto ampliado a formato de libro, que iba a representar una de las obras de mayor circulación –entre varias del mismo autor– en materia de interpretación y defensa del darwinismo. A diferencia del tono conciliador usado por Sarmiento, Holmberg polemizó en forma explícita con el director del Museo de Buenos Aires. Según el joven socio del CMA, Burmeister se animó a cuestionar en Buenos Aires el darwinismo porque las doctrinas en disputa no se llamaban “burmeisterismo”.[9]

El homenaje fúnebre a Darwin fue un éxito en la convocatoria de público. Según la prensa médica, la “selecta concurrencia” presente en el Teatro Nacional ascendió a cuatro mil personas. En tal sentido, las noticias celebraron el liberalismo de las “clases superiores” y, en especial, de las damas presentes, “que siendo en su mayoría católicas, no han trepidado un momento en ir a aplaudir a los que sin estar con sus ideas y hasta chocando en algo sus sentimientos, han rendido con maestría el homenaje intelectual a que se hizo acreedor el sabio autor del Origen de las Especies”.[10] La conferencia pública fue presentada como una “victoria” tanto del CMA como de los oradores designados, porque hubo una concurrencia importante y porque dicha concurrencia dio un argumento epistemológico –de contundencia inapelable– en dicho contexto de sociabilidad, acorde a las pautas morales de las “clases superiores”: el aplauso.

Se recordará que el aplauso –y en especial el aplauso femenino– fue un elemento bascular en la obtención de legitimidad para la naciente filosofía natural presentada en los salones ilustrados, al menos desde el siglo XVIII (Schiebinger, 2004Schiebinger, Londa (2004), ¿Tiene sexo la mente? Las mujeres en los orígenes de la ciencia moderna, Valencia, Ediciones Cátedra., p. 56). Ambos oradores usaron estrategias de exposición distintas y convergentes, que buscaron un equilibrio entre la erudición y la empatía, además del “buen gusto literario” señalado por la prensa periódica a la hora de hablar de las presentaciones. La imponente concurrencia posicionó a la pequeña sociedad gremial y estudiantil en un espacio de legitimidad médica y experimental de primera línea en la ciudad, junto a otras instituciones ya consolidadas, como el Museo de Buenos Aires o la propia Universidad de Buenos Aires. Bartolomé Novaro –columnista de la revista del CMA– se permitió resaltar el logro obtenido:

“HOMENAGE A DARWIN: Cuando se tuvo conocimiento de la muerte de Darwin, se organizó por la CD la fiesta en homenaje a su memoria que tuvo lugar el 19 de Mayo en el teatro Nacional, espontáneamente cedido por sus propietarios señores Olmos y Cía. Todos asististeis a la gran conferencia celebrada por el ‘Círculo Médico Argentino’, y aplaudisteis a los oradores designados, General don Domingo F. Sarmiento y Doctor don Eduardo L. Holmberg. El resultado obtenido probó que la elección no pudo ser más acertada. Cuatro mil personas han dado testimonio de ello. Tanto a los disertantes como a los señores Olmos, se agradeció cumplidamente su importante y generoso concurso”.[11]

Por su parte, el diario La Patria Argentina afirmó:

“Nuestras figuras científicas más culminantes estaban allí confundidas con los personajes sociales y políticos, escritores, hombres de parlamento, jóvenes de las universidades, y colegios, curiosos de la ciencia. Se notaban muchas damas y conocidas familias en los palcos y tertulias. (...) La fiesta de anoche ha granjeado un título más al CMA, también ha hecho honor a la sociedad de Buenos Aires, en cuyo seno los nombres de Darwin, Huxley y Humboldt no suenan como palabras huecas y vacías de sentido”.[12]

Los “jóvenes de las universidades” convocaron a otra honra fúnebre ocho años más tarde, esta vez la del doctor Guillermo Rawson. El 11 de mayo de 1890 la prensa local anunció la celebración de una “sesión extraordinaria en el teatro Onrubia” organizada por la Comisión Directiva del CMA, para las 20 horas del siguiente día. El propósito central era “tributar homenaje a la memoria de su ilustre socio honorario Dr. Guillermo Rawson”. La noticia acotaba que “las pocas localidades disponibles podrán solicitarse hasta esta noche en la secretaria de la sociedad”.[13]

Rawson no era un sujeto de la talla experimental de Darwin. Sin embargo, fue un médico higienista importante en la escena científica y política de la ciudad, catedrático de la Escuela de Medicina (y luego Facultad) entre 1870 y 1883, fundador de la filial local de la Cruz Roja y autor de algunos breves tratados de higiene respetados por sus pares y alumnos, entre ellos dos titulados Las Casas para Obreros e Higiene Internacional.[14] Fue un docente de espíritu crítico con la elite de la profesión médica, en especial luego de los aciagos días de la epidemia de fiebre amarilla de inicios de 1871, en donde participó activamente en la atención de las víctimas, en un contexto en que el papel del cuerpo médico fue polémico y cuestionado (González Leandri, 1999González Leandri, Ricardo (1999), Curar, persuadir, gobernar. La construcción histórica de la profesión médica en Buenos Aires, 1852-1886, Madrid, CSIC., p. 126).

En este caso, los oradores designados fueron dos socios tempranos del CMA, Samuel Gaché y Wenceslao Escalante, quienes hicieron una detallada biografía científica, docente y política del héroe de la jornada. La agenda política de Rawson corrió en forma paralela a su trayectoria médica; siguiendo los pasos de muchos “jóvenes liberales” (y médicos) se opuso al rosismo[15], y luego de su finalización –en febrero de 1852– ocupó varias bancas por la provincia de San Juan y por Buenos Aires.[16] Los oradores rescataron su combate contra la “tiranía” de los “caudillos”, que no finalizó en su oposición a Rosas, y luego a su vencedor en la batalla de Caseros, Justo José de Urquiza. De hecho, Rawson es interventor en varias provincias del “atormentado interior” durante el gobierno de Bartolomé Mitre (1862-68). Litigó con el futuro presidente Domingo Faustino Sarmiento en la Cámara de Diputados, trató de llegar a una fórmula de acuerdo entre “crudos y cocidos”,[17] fue convocado como ministro del Interior en los primeros años de la guerra con el Paraguay y, en tiempos de paz, es un activo promotor de la extensión de vías férreas como mecanismo unificador del mosaico regional. Desde el punto de vista de los oradores, su foja de servicios era intachable, siempre del lado del liberalismo, el orden, el progreso y la civilidad. Por ello no titubearon en declararlo –en nombre del CMA– “benemérito de la ciencia nacional”, al paso que propusieron “guardar su herencia inextinguible” para transmitirla a las generaciones venideras.[18]

Algunas diferencias con la honra fúnebre precedente –sutiles pero nítidas– afloraron en las descripciones hechas de la ceremonia. Hubo un trasfondo similar marcado por el homenaje a base de expositores; también hubo una concurrencia nítida, en un teatro cedido por sus dueños y empresarios. Sin embargo, el dispositivo teatral montado ganó en complejidad. La ceremonia duró unas cuatro horas –desde las 20 horas a medianoche en punto–, con un cuarto intermedio entre discurso y discurso. Por su parte se dispuso de dos bandas musicales; la primera fue la banda del cuerpo de bomberos de la ciudad, que amenizó la espera de la apertura del acto, tocando piezas musicales en el vestíbulo del teatro antes de dar inicio a la ceremonia oficial. La segunda banda estuvo contratada para el evento y fue “la orquesta del maestro Furlotti compuesta de reputados músicos”, que “ejecutó piezas apropiadas al acto”[19]. Las piezas que aportaron Furlotti y su banda estuvieron dirigidas en forma clara a resaltar la importancia del apóstol de las ciencias médicas. De hecho, abrieron el acto con la marcha “El Profeta”, y luego de las palabras del primer orador designado por la comisión directiva del CMA, la orquesta “ejecutó varios trozos selectos, sobresaliendo la marcha fúnebre de Chopin”.[20]

No faltaron tres elementos ornamentales contundentes, como fueron una importante cantidad de arreglos florales, banderas en los proscenios del teatro y fuegos de artificios. Y acompañando aquel despliegue, en un lugar preferencial, un busto y un retrato de Rawson aportados por el escultor y retratista italiano Camilo Romairone, especialista en arte funerario y autor de muchos de los bustos clásicos de la Casa de Gobierno: “El busto del eminente patricio e ilustre médico, se ostentaba en el medio de la escena, cedido por su autor el escultor Romairone. Un retrato del mismo pendía de un muro”.[21] La prensa también rescató la presencia de los elementos ornamentales que realzaron –a su criterio– la “velada literaria” en homenaje a Rawson: “El escenario, arreglado convenientemente, teniendo al frente el retrato del ilustre extinto, estaba destinado a los miembros del Círculo Médico”.[22]

Algunas semanas después –y al igual que en la ceremonia anterior– la prensa médica presentó una breve descripción desde el interior de la escena:

“El CMA celebró el 12 de mayo en el teatro Onrubia la ceremonia dedicada a la memoria de su socio honorario Doctor Guillermo Rawson. Los miembros del CMA, los representantes de las corporaciones científicas, y los altos funcionarios públicos ocupaban el proscenio que estaba elegantemente decorado con trofeos de banderas y guirnaldas de flores”.[23]

También en el teatro de Emilio Onrubia tuvo lugar, el 12 de junio de 1893, la tercera de las celebraciones teatrales señaladas. Esta vez fue la entrega de premios del concurso médico sudamericano, dedicado al cuarto centenario del descubrimiento de América. A diferencia de las anteriores, esta noche no fue de conmemoración fúnebre a héroes experimentales, sino la entrega de premios de un concurso promocionado en forma intensa en la escuela médica local, durante el año precedente. El diario La Nación detalló el imponente programa armado para la ceremonia, invitando a los lectores y consocios a retirar las entradas en la sede del CMA, así como también a donar aquellas entradas reservadas que no fueran a ser utilizadas.[24]

En el caso del concurso médico sudamericano, se convocó a médicos locales e internacionales, siendo de gran importancia las redes de intercambio bibliográfico elaboradas con paciencia desde fines de la década de 1870. En efecto, desde Chile a Cuba, varias revistas médicas y científicas latinoamericanas con las que el CMA tuvo intercambio fluido, publicaron el reglamento general del concurso, del cual fueron impresas unas 3000 copias dispuestas a tales fines.[25] Fue evidente que la sociedad ya no solo disputaba legitimidad en el marco de la incipiente “ciencia nacional” pensada desde Buenos Aires, sino que también se proponía hacerlo a nivel latinoamericano.

El carácter experimental de la convocatoria quedó definido en el primer inciso del reglamento. En él se afirmaba que “son trabajos del concurso: memorias inéditas sobre medicina, piezas anatómicas, preparaciones histológicas, anátomo-patológicas, plásticas, instrumentos, aparatos, etc., que no hayan sido entregadas al público antes de la fecha de concurso”.[26] Por su parte, el vínculo entre actividad experimental y poder político quedaba ilustrado luego del inciso anterior, donde se describen los premios a otorgar por parte del jury evaluador. Se establecía un premio otorgado por cada una de las repúblicas vecinas de Uruguay, Chile, Brasil y Perú, que coronaban un haz de temas experimentales dentro de las áreas definidas en el primer inciso.[27] Simétrica modalidad adoptaron las provincias argentinas de Buenos Aires y la de Tucumán, además de la intendencia municipal de la ciudad de Buenos Aires, que también establecieron sus premios en el concurso.

Los resultados del “concurso sudamericano” se conocieron a fines de febrero de 1893 y la ceremonia para la entrega de los premios se llevó a cabo en el mes de junio. Estos resultados fueron comentados en forma dispar; buena parte de las declaraciones oficiales de las comisiones directivas del CMA reconoció el éxito del concurso. Otras voces reconocieron que la cantidad de trabajos esperada era mayor a los 25 trabajos finales presentados. Entre ellos, varios no poseían verdaderos méritos científicos a ojos del jurado y algunos otros ya poseían publicaciones en otras revistas y concursos. Por ello, el número final de trabajos premiados se redujo a once.[28]

La fiesta de entrega de premios convocada en el Teatro Onrubia contó con un dispositivo similar al anterior, caracterizado por la presencia de tres bandas musicales –dos bandas militares en la entrada y una orquesta en el interior del teatro– y un arreglo de plantas y flores cedido por el Jardín Municipal. Solo que esta vez el programa de la fiesta ganó en complejidad, pues el número de piezas musicales fue mayor y estuvieron asociadas en forma estrecha a los discursos tanto de las autoridades del CMA como a los miembros del cuerpo diplomático. El himno nacional abrió la ceremonia y luego siguieron –entre discurso y discurso– la ópera Carmen, la Gavotta Imperial, la Marcha Nupcial, la primera Sinfonía de Campanone, el Intermezzo de Cavalleria Rusticana, y la Danza de las Horas de La Gioconda.[29]

La complejidad del despliegue musical estuvo en estrecha relación a las autoridades presentes. Según el relato de la fiesta hecho en la revista del CMA: “Fue una fiesta brillante en que se dio cita lo más distinguido de Buenos Aires. Asistió el Sr. Presidente de la Republica Dr. Luis Sáenz Peña, acompañado de sus ministros Escalante, Alcorta, Cané, Avellaneda y Viejobueno”.[30] Esta presencia fue un hito de peso en el reconocimiento a la denodada búsqueda de legitimidad que el CMA venía persiguiendo desde hacía más de dieciséis años. Por su parte, la prensa periódica hizo su comentario de la jornada diciendo que “la hermosa fiesta, que ha coronado honrosamente un acto que demuestra el alto grado de cultura que vamos alcanzando en todas las ramas del saber, fue clausurado por un oportuno discurso del doctor Juan Bautista Señorans, presidente de la comisión organizadora, agradeciendo a las familias su asistencia”.[31]

La fiesta de la medicina experimental incluyó la presencia de algunos embajadores de países vecinos, que otorgaron las medallas concedidas por sus gobiernos a los ganadores del concurso. Cristalizó en este acto una fuerte concesión de legitimidad por parte del poder político local –y también regional– a las actividades de la pequeña sociedad gremial y científica. En efecto, en las primeras filas del teatro

“Se encontraban los miembros del jurado, el Sr. Ministro del Perú, Dr. Alberto Ulloa, el intendente Municipal interino, Dr. J. J. Montes de Oca, los premiados, los delegados de las corporaciones científicas, numerosos médicos y los miembros de la Asociación que así festejaban el gran triunfo obtenido. Los ministros plenipotenciarios de Chile, Brasil, Republica Oriental, asistieron también; y se excusaron por impedimentos especiales de última hora, los del Paraguay y Bolivia”.[32]

Al igual que en las ocasiones anteriores, dicha legitimidad no vino solo de la mano del poder político y de las otras “corporaciones científicas” que se hicieron presentes. Nuevamente “los palcos estaban ocupados por las principales familias de la Capital, y todo el teatro desbordante de concurrencia”.[33] Mismas familias que prodigaron –al igual que en las ceremonias anteriores– el reconocimiento epistémico esperado de las clases ilustradas y patricias de la ciudad a saber, las generosas salvas de aplausos a los héroes higiénicos y quirúrgicos premiados en el concurso.

 

REFLEXIONES FINALES Top

El papel del teatro en la vida de los estudiantes universitarios y en especial de los estudiantes de medicina argentinos, no es menos nítido en las dos primeras décadas del naciente siglo XX.

A los ya mencionados teatros El Nacional y Onrubia se sumaron otros, como el teatro El Coliseo en la ciudad de Buenos Aires, el teatro Rivera Indarte de la ciudad de Córdoba, o el teatro Argentino de la ciudad de La Plata. En este último tuvo lugar una fastuosa ceremonia de homenaje a Joaquín Víctor González, fundador de la universidad de dicha ciudad y verdadero ícono de las ciencias experimentales locales.

El diario La Nación del 19 de Setiembre de 1918 señaló que:

“Se efectuó anoche, en el teatro Argentino, de La Plata, la velada organizada por la federación local de estudiantes universitarios, en homenaje al fundador y durante doce años presidente de la universidad nacional de aquella ciudad, Dr. Joaquín V. González. El acto se ajustó en todo al programa que publicamos ayer. Congregó un público numerosísimo, en el que predominaba el concurso estudiantil. En los palcos y plateas del teatro, literalmente lleno, distinguidas damas y señoritas realzaban el carácter social de la demostración. Una excelente banda en los breves intervalos de la oratoria, ejecutó muy ajustadamente diversas piezas. Ocupaban el palco escénico, rodeando al Dr. González, el presidente actual de la universidad, Dr. Rodolfo Rivarola, D. Leopoldo Lugones, los miembros del consejo superior de la misma universidad, los decanos y rectores de las Facultades y colegios respectivos, la junta directiva de la Federación, los delegados de otras instituciones similares, académicos, profesores, etc.”.[34]

Los estudiantes seguían usando el teatro como espacio en el cual batallar por su legitimidad como actores de pleno derecho en la vida científica y universitaria local. Y lo hicieron echando mano de viejas herramientas, como era convocar tanto a las autoridades como a los “selectos públicos” de la ciudad.

Ese cruce de miradas no solo amplió el espacio de legitimidad para la vida experimental, sino también las credenciales políticas de los estudiantes, como actor de pleno derecho en el convulsionado régimen de producción de saberes locales de inicios de siglo XX. Corrían los días de lo que en la historia de las universidades argentinas –y también en la historia de la ciencia– se denomina “Reforma Universitaria”; días en que los estudiantes universitarios cuestionaron en profundidad la “ciencia oligárquica” heredada de la segunda mitad de siglo XIX. Y ese clamor por renovar la vida universitaria y experimental tuvo lugar en espacios y a través de prácticas concretas, tales como la convocatoria a huelgas generales universitarias, las largas marchas estudiantiles en las calles céntricas de la ciudad, la toma de facultades y escuelas, la disputa a través de la prensa estudiantil y científica, las asambleas estudiantiles –convocados por las federaciones de estudiantes universitarios– en las plazas de las principales ciudades. A esos espacios y prácticas también se sumó el uso de los teatros para asambleas políticas y universitarias, que siguieron el protocolo ya clásico de los discursos de dirigentes estudiantiles, la presencia de bandas musicales y la entonación de marchas como “la Marsellesa”, que suscitaron la fascinación y el asombro –por partes iguales– de la prensa masiva de las grandes ciudades.[35]

 

NOTAS Top

[1]

Utilizamos la expresión “nuevo régimen de producción de saberes” para aludir a la drástica renovación que buscaba, entre otros objetivos, asimilar las tecnologías de producción experimental al seno de la escuela médica de Buenos Aires. El grupo local impulsor de este ideal, protagonista del presente articulo, defendió la estrecha relación entre las cosmovisiones medicas y aquellas formas de practicar la producción experimental. Tomando como referencia lo que ocurre en Europa, este grupo anhela una renovación material e intelectual, que se propone, al mismo tiempo, actualizar el área de estudios. Las transformaciones ocurridas en los estudios anatómicos y quirúrgicos, pueden verse en: Souza y Hurtado (2010Souza, Pablo y Hurtado, Diego (2010), "La lectura del “libro natural”. Apuntes para una historia de los estudios anatómicos y quirúrgicos en Buenos Aires (1870-1895)", Manguinhos. História, Ciências, Saúde, 17 (4), pp. 885-908.).

[2]

Con referencia a América Latina, pueden verse: González Leandri (1998González Leandri, Ricardo (1998), "Asociacionismo y representación de intereses médicos en Buenos Aires, 1852-1880", Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y la Ciencia, 50 (2), pp. 187-205.); Funes Monzote (2004Funes Monzote, Reinaldo (2004), El despertar del asociacionismo científico en Cuba (1876-1920), Madrid, CSIC.).

[3]

Algunos aportes precursores fueron el trabajo de Knight (1990Knight, David (1990), "La popularización de la ciencia en la Inglaterra del siglo XIX". En: Ordoñez, Javier y Elena, Alberto (comps.), La ciencia y su público, Madrid, CSIC, pp. 311-330.) sobre la popularización de la ciencia en la Inglaterra del siglo XIX, o el tratamiento de Crosland (1992Crosland, Maurice (1992), Science Under Control. The French Academy of Sciences 1795-1914, Cambridge, Cambridge University Press., p. 44) sobre la sociabilidad científica informal en la Academia de Ciencias de París.

[4]

Pirovano, Ignacio (1875), “Correspondencia del doctor Pirovano”, Revista Medico Quirúrgica, Tomo XII, pp. 131-136, 144-147, p. 132.

[5]

Rooverts, Pedro (1877), “Sobre la Sociedad Médica Bonaerense y sobre el espíritu de asociación entre los médicos de la capital”, Revista Medico Quirúrgica, Tomo XIV, pp. 56-60.

[6]

La Patria Argentina (1882), “Homenaje a Darwin”, 19 de mayo de 1882, p. 2.

[7]

En 1875, como estudiante de medicina, Holmberg había publicado la novela Dos partidos en lucha, una alegoría fantástica que ficcionaliza una batalla entre aquellos que apoyan el darwinismo y los que se oponen. Como explican Novoa y Levine (2010Novoa, Adriana y Levine, Alex (2010), From Man to Ape. Darwinism in Argentina, 1870-1920, Chicago, The University of Chicago Press., p. 78): “La representación de los oponentes de Holmberg es particularmente interesante, ya que sus motivos incluyen no sólo el conservadurismo religioso, sino también la adhesión a ideas tradicionales sobre el significado de la civilización”. Sobre esta ficción, puede verse también: Gasparini (2005Gasparini, Sandra (2005), "Introducción". En: Holmberg, Eduardo, Dos partidos en lucha. Fantasía científica, Buenos Aires, Corregidor, pp. 9-39.).

[8]

Sarmiento, Domingo (2009) [1882], Darwin, Córdoba, Editorial Universitaria.

[9]

Holmberg, Eduardo (1882), Carlos Roberto Darwin, Buenos Aires, Establecimiento Tipográfico El Nacional, p. 93.

[10]

Anales del Círculo Médico Argentino (1882), “Notas”, 5, pp. 450-451, p. 451.

[11]

Novaro, Bartolomé (1882), “Informe sobre la marcha del “Círculo Médico” leída por su presidente, en la Asamblea del 29 de Junio”, Anales del Círculo Médico Argentino, 5, pp. 541-547, p. 546.

[12]

La Patria Argentina (1882), “La Noche. Honores a Darwin”, 20 de mayo de 1882, p. 1.

[13]

La Nación (1890), “Honores al Dr. Rawson”, 11 de mayo de 1890, p. 1.

[14]

Gaché, Samuel (1890), ”Discurso leído por el Dr. Samuel Gaché”, Anales del Círculo Médico Argentino, 13 (6), pp. 159-172, p. 170.

[15]

El “rosismo” alude a la adhesión a los componentes ideológicos y políticos nacionalista del federalismo porteño con raíz en el período de prevalencia política del general Juan Manuel de Rosas, gobernador de la provincia de Buenos Aires, que se extendió entre 1929 y 1952. El rosismo confrontaba con los ideales europeístas de sectores intelectuales y políticos de orientación liberal.

[16]

Gaché, Samuel (1890), “Discurso leído por el Dr. Samuel Gaché”, Anales del Círculo Médico Argentino, 13 (6), pp. 159-172, p. 170.

[17]

Antes de asumir Bartolomé Mitre la presidencia de la Nación por el período, el Congreso sanciona una ley que dispone la federalización de la ciudad de Buenos Aires, que es rechazada por la legislatura de la provincia homónima. El conflicto causó la división del partido gobernante en el Partido Nacional liderado por Mitre –sus miembros fueron conocidos como “cocidos”– y el Partido Autonomista “los “crudos””, liderado por Adolfo Alsina, gobernador de Buenos Aires (1866-68) y más tarde vicepresidente de la Nación.

[18]

Gaché, Samuel (1890), “Discurso leído por el Dr. Samuel Gaché”, Anales del Círculo Médico Argentino, 13 (6), pp. 159-172, p. 172.

[19]

Anales del Círculo Médico Argentino (1890), “Rawson. Su elogio en el teatro Onrubia. Los discursos”, 13 (6), pp. 157-158, p. 157.

[20]

La Nación (1890b), “En honor del Dr. Rawson”, 13 de mayo, p. 1.

[21]

Anales del Círculo Médico Argentino (1890), “Rawson. Su elogio en el teatro Onrubia. Los discursos”, 13 (6), pp. 157-158, p. 157.

[22]

La Nación (1890b), “En honor del Dr. Rawson”, 13 de mayo, p. 1.

[23]

Anales del Círculo Médico Argentino (1890), “Rawson. Su elogio en el teatro Onrubia. Los discursos”, 13 (6), pp. 157-158, p. 157.

[24]

La Nación (1893), “De Fiesta en Fiesta. Círculo Médico Argentino. La fiesta de esta noche en el Onrubia. Premios del Concurso Sud-Americano de Medicina”, 11 de junio, p. 2.

[25]

Gaché, Samuel (1892), “Memorias del presidente del Círculo Médico Argentino, Dr. Samuel Gaché. Presentada a la Asamblea Anual (29 de Junio de 1892)”, Anales del Círculo Médico Argentino, 14 (7), pp. 436-442, p. 439.

[26]

Gaché, Samuel (1892) “Concurso Sud-Americano”, Anales del Círculo Médico Argentino, 14 (11), pp. 807-809, p. 807.

[27]

Gaché, Samuel (1892), “Concurso Sud-Americano”, Anales del Círculo Médico Argentino, 14 (11), pp. 807-809, p. 808.

[28]

Anales del Círculo Médico Argentino (1893), “Veredicto del jurado del concurso médico Sudamericano”, 16 (5), pp. 153-157, p. 156.

[29]

La Nación (1893), “Concurso Sud-Americano de Medicina. Distribución de premios. La fiesta de anoche”, 13 de junio, pp. 2-3, p. 2.

[30]

Anales del Círculo Médico Argentino (1893), “Distribución de premios del concurso Sudamericano de medicina”. 16 (6), 254-277, p. 255.

[31]

La Nación (1893), “Concurso Sud-Americano de Medicina. Distribución de premios. La fiesta de anoche”, 13 de junio, pp. 2-3, p. 3.

[32]

Anales del Círculo Médico Argentino (1893), “Distribución de premios del concurso Sudamericano de medicina”, 16 (6), pp. 254-277, p. 256.

[33]

Anales del Círculo Médico Argentino (1893), “Distribución de premios del concurso Sudamericano de medicina”, 16 (6), pp. 254-277, p. 254.

[34]

La Nación (1918), “Fiesta Universitaria. Homenaje al Dr. Joaquín V. González”, 19 de setiembre de 1918, p. 5.

[35]

La Nación (1918), “Capital. La Huelga Universitaria”, 1 de abril de 1918, p. 4.

 

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