Reseña del libro "El cólera morbus en Yucatán: medicina y salud pública 1833-1853"

 

RESEÑAS DE LIBROS/BOOK REVIEWS

 

RESEÑA DEL LIBRO "EL CÓLERA MORBUS EN YUCATÁN: MEDICINA Y SALUD PÚBLICA 1833-1853"

 

Peniche Moreno, Paola. El cólera morbus en Yucatán: medicina y salud pública 1833-1853. Ciudad de México, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social/ Miguel Ángel Porrúa, 2016, 191 páginas [ISBN: 978-607-524-011-4].

 

La enfermedad siempre ha estado presente en la vida del hombre. Por esta razón, el ser humano le ha dedicado al dolor, al sufrimiento y a la molestia numerosos tratados científicos e importantes obras de arte, tratando de desentrañar la verdadera naturaleza del padecimiento, buscando un remedio contra los males del cuerpo y procurando explicar las reacciones de la sociedad ante los malestares físicos, especialmente cuando salen de su control y su comprensión.

Las ciencias sociales no han sido ajenas a este esfuerzo, ejemplo de lo cual es el libro El cólera morbus en Yucatán: medicina y salud pública, 1833-1853 de Paola Peniche Moreno, doctora en antropología por la UNAM y profesora-investigadora en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, Unidad Peninsular, en Mérida, Yucatán.

En este texto, la autora se centra en “la medicina y la salud pública en la primera mitad del siglo XIX, tomando como hilo conductor los dos primeros brotes de cólera que se registraron en la península” (p. 9) de Yucatán, durante los años 1833 y 1853. Para ello, Peniche Moreno hace uso de cuatro tipos de fuentes:

  1. Literatura médica de la época: Esta categoría se compone de “obras publicadas originalmente en distintas partes de Europa como Inglaterra, España, Francia o Austria” (pp. 15-16), mismas que también fueron posteriormente traducidas para ser leídas en España o en México. En este tipo de textos “médicos especializados describieron –también para un público especializado- la epidemia asiática, teorizaron sobre su etiología, plantearon hipótesis respecto a su difusión y propusieron estrategias profilácticas” (p. 16). Cabe señalar que, como complemento de estas fuentes históricas, la autora consultó otras obras generales sobre medicina (todas ellas del siglo XIX) como diccionarios y pharmacopeas (p. 16).

  2. Folletería: Dirigidos al público en general, estos documentos no solamente se publicaron en Yucatán, sino que también fueron editados en otras partes de la República Mexicana como el Estado de México, Monterrey, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí y Veracruz. Asimismo, relevantes para la investigación fueron también los diversos folletos sobre el cólera que se elaboraron en el extranjero, en países como Cuba, España, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Inglaterra y otros. El valor de estos papeles radica en su contenido, destinado a un público más amplio, razón por la cual a través de este medio se ofreció información sobre las características del cólera, las maneras de prevenirlo, además de algunos remedios para curarlo ( p. 16).

  3. Hemerografía: Compuesta principalmente por publicaciones periódicas en las que, ya sea por iniciativa privada o gubernamental, se publicaron remedios, medidas de prevención y algunas otras instrucciones para el gran público (p. 16).

  4. Documentación primaria: Proveniente de archivos locales, comprende la correspondencia oficial entre el gobernador del estado de Yucatán y distintos funcionarios de los pueblos del estado. Dentro de este corpus documental se encuentran también “la correspondencia y oficios del Ayuntamiento de Mérida, los libros de actas del cabildo capitalino y las actas de su Junta de Sanidad de los años 1832-1833 y 1848-1853” (p. 17); y no hay que dejar de mencionar las leyes, decretos y papeles varios del Poder Legislativo de Yucatán y las cuentas de cabildo de la ciudad de Mérida (pp. 17-18).

Así pues, con este corpus documental rico y diverso, Peniche Moreno desarrolla su tema en cuatro interesantes capítulos, el primero de los cuales está centrado en “las teorías médico-científicas sobre la etiología y transmisión del cólera” (p. 18). Este apartado es especialmente importante, pues plantea un escenario en el que varias enfermedades epidémicas que afectaron al estado de Yucatán ya se encontraban en fase de “domesticación”, gracias a lo cual la población y las autoridades ya conocían sus síntomas y se les daba seguimiento de manera rigurosa (p. 21). Es por esto que, cuando el cólera salió de Asia y diezmó de manera importante la población de diversos países y regiones de Europa, generó en México y en Yucatán un gran estupor y, en consecuencia, una enorme cantidad de escritos médicos (pp. 21-22).

Estos textos sobre el cólera desarrollaron las posturas básicas de la epidemiología decimonónica, atribuyendo a la aparición y el desarrollo de la enfermedad causas circunscritas dentro de teorías “físico-químicas o geográficas (anticontagionistas), biológicas (contagionistas) y sociológias [sic] (la transmisión subordinada a factores socioeconómicos)” (pp. 29-30).

Cabe destacar que un tema interesante del primer capítulo es también la descripción que se hace del gradual proceso de secularización de la enfermedad, como resultado de la Ilustración, y debido a la cual los padecimientos (en este caso el cólera) dejaron de ser vistos como un “castigo divino” (p.23) -lo cual no impidió, por otra parte, el fortalecimiento de una “teoría moral” de la enfermedad que atacaba especialmente a los pobres, marginados y menos asistidos- (p. 55), con lo que se favoreció un espíritu científico que buscaba explicaciones respaldadas en “la observación, la descripción minuciosa y la evidencia” (p. 54).

Por otra parte, a lo largo de la primera sección del libro se describen también las diversas explicaciones que existieron en el ámbito médico tanto sobre el origen como sobre la transmisión del cólera y otras enfermedades. Algunas de ellas fueron la teoría humoral -según la cual “la salud es el equilibrio de los humores, y la enfermedad es el predominio de algunos de ellos”- (p. 33), la teoría de las miasmas -según la cual las enfermedades surgían por las emanaciones fétidas y gases tóxicos de aguas y suelos, e incluso, de los enfermos- (p. 34), el contagionismo y el anticontagionismo (pp. 46-54).

Hay que señalar que todas estas teorías son importantes para la autora, en la medida en que condicionaron las políticas de atención a la enfermedad. De esta manera el anticontagionismo y la teoría moral de los padecimientos y las diversas ideas sobre las miasmas favorecieron los movimientos higienistas de los siglos XIX y XX (p.55), y “fueron consistentes con los estados liberales decimonónicos que exaltaron la individualidad, reformaron ciudades, promovieron el urbanismo e impulsaron la libertad de comercio y tránsito” (p. 55). Por otra parte, “los Estados absolutistas (…) adoptaron una visión contagionista para racionalizar su intervención en asuntos de la sociedad civil” (pp. 49-50).

En el segundo capítulo Paola Peniche Moreno se enfoca en las medidas de prevención que la administración pública de Yucatán con todos sus órganos de gobierno y comisiones ciudadanas pusieron en marcha para hacer frente a la epidemia del cólera (p. 57). Es necesario establecer que, para la autora, dichas medidas no dependían solamente “del estado del conocimiento médico o biológico” (p. 58), sino también de “cuestiones políticas y de comercio” (p. 58).

Así, entre las estrategias promovidas en el Estado de Yucatán se encontraron las cuarentenas, mediante la apertura de lazaretos (p. 59) y restricciones en el comercio (p. 65), o bien, cercos y controles sanitarios que pretendían detener la enfermedad incomunicando diversos pueblos (p. 61). La prevención también fue importante, para lo cual se recurrió al saneamiento de los espacios públicos (pp. 75-81), la constante vigilancia de las conductas individuales (pp. 81-84), la secularización de cementerios y el adecuado manejo de cadáveres (p. 93), entre otras medidas no menos importantes.

En el tercer capítulo del libro se presentan los diversos remedios y terapias utilizados contra el cólera en el Estado de Yucatán, que se caracterizaron por su eclecticismo y diversidad (p. 95). Entre las varias curas que se aplicaron a los enfermos coléricos de Yucatán destacaron aquellas que provenían de las teorías humorales de la enfermedad, las cuales “buscaban restablecer el equilibrio interno de los humores supuestamente vulnerado por la enfermedad” (p. 95). Otras más, como aquellas derivadas del vitalismo, se enfocaron en revitalizar los órganos del cuerpo enfermo, mezclando herbolaria y especies curativas de la región (p. 95).

Así pues, de acuerdo con Paola Peniche Moreno, para el tratamiento del cólera se utilizaron terapias revulsivas (purgantes, lavativos, vomitivos) y antiflogísticas -sangrías y vejigatorios- (p. 102), o bien sustancias químicas como la Flor de Azufre, la Magnesia y la Quinina (p.108), y especies botánicas como el Guaco, el Peyote, el Epazote y otras (pp. 116-117). Mención aparte merece la profesionalización de la atención médica, para lo cual el cólera fue un factor catalizador (p. 96).

Finalmente, el capítulo cuarto del libro de Peniche Moreno describe claramente el organigrama de salud pública de Yucatán en los años 1833 y 1853, en el que figuraban instancias como la Junta General de Sanidad del Estado, las Comisiones permanentes de Mérida y Campeche, la Comisión especial de policía y otras (p. 138).

Especial mención merece el señalamiento que la autora hace de la presencia de la Iglesia en las redes de acción contra el cólera pues, pese al proceso de secularización, párrocos y curas formaban parte de las Juntas Locales de Sanidad. Efectivamente, de acuerdo con Paola Peniche Moreno, los religiosos formaban parte de todas las comisiones, de hecho “los ayuntamientos debían tomar decisiones en acuerdo con los párrocos locales” (p. 151), pues eran ellos los que en muchos casos se hacían cargo de los enfermos (p. 151), mientras el gobierno atendía otras problemáticas como la escasez de alimentos (pp. 163-167).

Como ha podido observarse, por su temática y contenidos, el libro de Paola Peniche Moreno se encuentra a la par de otros que, en tiempos muy recientes se han enfocado en cuestiones de salud en México como el texto Cómo prevenir la locura. Psiquiatría e higiene mental en México, 1934-1950 de Andrés Ríos Molina (UNAM, 2016); o bien, Educación higiénica y cine de salud en México, 1925-1960 de María Rosa Gudiño Cejudo (COLMEX, 2016), en incluso Cólera y población, 1833-1854. Estudios sobre México y Cuba de Alicia Contreras Sánchez y Carlos Alcalá Ferráez –editores- (COLMICH, 2014).

Sin embargo, para entender la verdadera naturaleza de la investigación de Paola Peniche Moreno hay que centrarse en el diálogo que esta autora realiza con otros investigadores concentrados en el problema del cólera, de la salud, la medicina y la enfermedad. Así pues, uno de los aciertos del libro es la importante revisión de las investigaciones de diversos especialistas como Erwin Ackernecht, el historiador Carlos Alcalá, Francisco, Eduardo Laviada Arrigunaga, Álvaro H. Puga Navarrete y María Eugenia Patricia Ponce Alcocer, entre otros no menos importantes, por no hablar de las innumerables fuentes de primera mano que se emplean para el desarrollo del tema.

Relevantes también resultan las descripciones sobre el panorama médico y científico de la época, que permiten entender los verdaderos alcances de la Ilustración en México y la manera en la cual el personal médico y científico de este país estaba en comunicación con sus homólogos del viejo continente y los Estados Unidos. En este sentido, mediante los escritos de Paola Peniche Moreno, también es posible visualizar el impacto que ya tenían las publicaciones científicas en el ambiente académico y práctico de la medicina del siglo XIX de manera particular y de la ciencia en general.

Otra cualidad del libro de Peniche Moreno es la relación que se percibe entre visión científica y el actuar de las autoridades civiles, al grado de que los criterios médicos de la época fueron muy tomados en cuenta (si bien matizados por otros factores, especialmente los comerciales) para hacer frente al cólera y otras enfermedades ¿Puede observarse entonces un discurso de poder de la práctica médica y científica que permea todos los aspectos de lo social? La autora no da una respuesta, por lo que queda como un planteamiento que los lectores deberán de responderse con base en la evidencia presentada.

Muy probablemente, la única crítica que puede hacerse al texto es la poca información que ofrece sobre los problemas a los que tuvo que enfrentarse el gobierno de Yucatán ante la contingencia del cólera y que no estaban directamente ligados con la enfermedad, pues pertenecían a un ámbito más social. En este sentido, el breve relato que se ofrece sobre el abasto y la escasez de alimentos (pp.163-167), o bien, los señalamientos que se hacen sobre la disposición del dinero utilizado para el pago de los profesores de primeras letras (pp.151-153) -que debió generar no pocos disgustos- son una ventana abierta para futuras investigaciones, situación que no demerita en lo absoluto un trabajo tan bien documentado y logrado como el de Paola Peniche Moreno.

 

Larisa González Martínez
Universidad de Guanajuato

 

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