Reseña del libro "As artes de curar em um manuscrito jesuítico inédito do Setecentos. O “Paraguay natural ilustrado” do padre José Sánchez labrador (1771-1776)"

 

RESEÑAS DE LIBROS/BOOK REVIEWS

 

RESEÑA DEL LIBRO "AS ARTES DE CURAR EM UM MANUSCRITO JESUÍTICO INÉDITO DO SETECENTOS. O “PARAGUAY NATURAL ILUSTRADO” DO PADRE JOSÉ SÁNCHEZ LABRADOR (1771-1776)"

 

Deckmann Fleck, Eliane Cristina (Organizadora). As artes de curar em um manuscrito jesuítico inédito do Setecentos. O “Paraguay natural ilustrado” do padre José Sánchez labrador (1771-1776), Sao Leopoldo, Editora Oikos, Editora Unisinos, 2015, 590 páginas [ISBN 978-85- 7843-572-1].

 

Desde el inicio de sus actividades en 1987 el programa de posgraduación en historia de la Universidade do Vale do Rio dos Sinos se ha centrado en los estudios históricos latinoamericanos. Las líneas de investigación del programa son tres: sociedades indígenas, cultura y memoria; migraciones, territorios y grupos étnicos, y poder, ideas e instituciones. En consonancia con esta idea de concentración, han buscado establecer y ampliar redes institucionales y de investigadores con la intención de fomentar investigaciones transnacionales. Siguiendo esta trayectoria en colaboración con la editorial Oikos, fundaron la Colección estudios históricos latinoamericanos (EHILA), con la intención de hacer públicos trabajos producidos en esta área, estimulando el debate y la renovación historiográfica.

Eliane Deckmann, maestra en historia por la Universidad Unisinos (1991) y doctora en historia (1999) integrante de los grupos de investigación sobre “Jesuitas en las Américas” e “Imágenes de la muerte: la muerte y el morir en el mundo iberoamericano”, acaba de publicar la edición de parte de un manuscrito, que hace tiempo que debía haber visto la luz en su totalidad, a pesar de su considerable amplitud. Es un trabajo serio y minucioso, como era de esperar de Eliane Deckmann, incansable investigadora de la historia de las misiones jesuíticas del Sur de América. Transcribir el Paraguay natural ilustrado no debe haber sido tarea fácil, puesto que, además de resolver las cuestiones técnicas derivadas de un manuscrito plagado de notas, raspaduras y añadidos, demanda la comprensión del universo cultural y religioso del siglo XVIII y el conocimiento de la situación de los jesuitas en el Nuevo Mundo, para que el texto pudiese tomar forma y ser enriquecido con notas explicativas (131 en la introducción y 581 en el texto transcrito).

Dejando al lado algunos portuguesismos, que no sabríamos si atribuibles al jesuita o a su editora, lo único discutible de este libro es la transcripción textual que respeta rigurosamente la versión manuscrita, sin que a ella se aplique ninguna actualización ortográfica de las palabras, lo cual, en nuestro parecer, es muy controvertido, porque no aporta ningún interés filológico y mantener las grafías antiguas lo único que hace es entorpecer la lectura al lector actual, que, por desgracia, cada vez es más comodón.

Los misioneros de la Compañía de Jesús ya desde el siglo XVI se interesaron por las artes de curar mediante experimentos y adquisición de libros de medicina. Es significativa la producción de los jesuitas sobre la naturaleza y las costumbres de las gentes del Nuevo Mundo. En el siglo XVIII, algunos miembros de la Compañía, a despecho de una asimilación selectiva de las ideas gratas a la Ilustración, producirán notable conocimiento científico, basado en la observación y en la experiencia, y fundamentado en el fructífero diálogo que mantuvieron con la ciencia y la filosofía modernas. Esta singular posición se tradujo en un significativo número de obras escritas por jesuitas relativas a “Historias Naturales” y a “Materias Médicas”. Los jesuitas incorporarán y asimilarán paulatinamente las ideas y los métodos de estudio de la Ilustración, pero esto no significó un rechazo absoluto del estudio de la naturaleza inspirado por las maravillas y el asombro que infundían las complejidades y misterios del mundo natural americano. Así, la producción de un conocimiento basado en la observación y en la experiencia, tan querido por los jesuitas, no ensombreció la fascinación por los misterios de la naturaleza indígena, aunque esto le supusiese el enfrentamiento con pensadores europeos, como De Paw, Reynal, Robertson, etc., en su afán de reivindicar la cultura científica, la historia y la naturaleza americanas.

Desde la primera década del siglo XVIII muchos de los misioneros jesuitas enviado a América, preocupados por atender mejor a los enfermos (para asegurar la salud de las almas y de los cuerpos), se dedicaban a recolectar y a experimentar con plantas nativas existentes en las inmediaciones de los colegios y de las reducciones en que actuaban. La existencia de enfermerías y de hospitales, así como de herbarios y boticas en los colegios y en las reducciones jesuíticas, se constata en las Cartas Anuas, que relatan tanto la aplicación cuanto la producción y circulación de conocimientos médicos y farmacéuticos relativos al combate de las epidemias, que alcanzaban indistintamente a indígenas y europeos. Atendían a los enfermos que buscaban los remedios y el consuelo espiritual, que solamente los ignacianos podían darles, para lo cual gestionaban la adquisición de recetarios y de obras de medicina y cirugía.

Las obras escritas por los misioneros jesuitas, en América o en el exilio italiano, presentan evidencias de la apropiación, difusión y circulación de saberes, con influencia ejercida por las teorías médicas vigentes en Europa, y, al mismo tiempo, procedimientos terapéuticos y un innegable aporte de saberes y prácticas curativas indígenas. Es significativo que Lorenzo Hervás y Panduro en su Biblioteca jesuítico española (BJE) (Madrid, Libris, 2007 y 2009, 2 tomos), redactada en 1793-1794 con añadiduras hasta 1799, incluya, para la segunda mitad del XVIII, 5 geógrafos, 15 naturalistas, 13 exploradores, navegantes y cartógrafos, 4 etnógrafos, 4 antropólogos, 3 economistas, 11 físicos (modernos, no aristotélicos), 6 astrónomos, 8 médicos y 2 farmacéuticos, según nuestro recuento. Entre los naturalistas, las obras de Sánchez Labrador aportarán valiosos conocimientos sobre la fauna y flora del continente americano.

Presentemos los rasgos biográficos del jesuita José Sánchez Laburador, misionero, explorador y naturalista, admirado por Hervás. Nació el 19 de septiembre de 1717 en La Guardia (Toledo, España) y falleció el 10 de octubre de 1798 en Ravena ( Italia). Ingresó el 19 de septiembre de 1732 en el noviciado de Sevilla; recibió el orden sacerdotal en 1742 en Córdoba (Argentina) y emitió los últimos votos el 20 de mayo de 1751 en Asunción (Paraguay). Fue admitido en la Compañía por el procurador de la provincia del Paraguay, Antonio Machoni, en cuya expedición llegó a Buenos Aires el 25 marzo 1734. Hizo todos sus estudios sacerdotales en Córdoba del Tucumán, donde sería profesor de filosofía (1744-1749). Destinado a las reducciones guaraníes, alternó su labor misionera con la enseñanza de la teología en Asunción (1751 y 1759). En 1760 fundó la reducción de Belén entre los mbayás, parcialidad de guaycurúes, a 45 leguas al norte de Asunción, a orillas del Ipané, uno de los afluentes orientales del río Paraguay. Ese mismo año, en las misiones de Chiquitos (en la actual Bolivia), el P. Antonio Guasp fundó la reducción de Santo Corazón. Ambas fundaciones se hicieron con el propósito de comunicar a través del río Paraguay las reducciones guaraníes con las chiquitanas. El 9 diciembre de 1766, Sánchez salió de Belén y logró llegar a Santo Corazón el 13 de enero de 1767, cumpliendo así el sueño de setenta y seis años de la provincia del Paraguay, de conectar ambas misiones. A su vuelta a Belén, escribió una crónica de su expedición con gran lujo de detalles, pero pocos meses después (14 de agosto de 1767) llegó el decreto de expulsión promulgado por Carlos III, cuando empezaba una reducción entre los guanás, esclavos de los guaycurúes, y proyectaba la fundación entre los mbayás de un pueblo, que se llamaría San Ignacio.

Con los otros jesuitas de la provincia del Paraguay, fue enviado a Ravena (en los Estados Pontificios). Parece que pese a la tajante prohibición de la Pragmática Sanción que los desterraba, logró sacar incomprensiblemente parte de sus escritos hasta el exilio italiano. Durante más de veinte años se dedicó sin tregua a la tarea de escribir sobre el Paraguay. Su obra enciclopédica, que no vería entonces la luz, abarca estudios detallados de botánica, zoología, historia, etnología y lingüística, que le colocan entre los más destacados científicos y americanistas. Compuso una gramática de la lengua mbayá (reeditada parcialmente en Asunción, 1972), además de un vocabulario y catecismo en esta lengua.

De acuerdo con sus biógrafos, la inclinación de Sánchez Labrador a los estudios sobre la Naturaleza fue temprana. Entre los años de 1741 y 1746 ejerció como profesor en Córdoba del Tucumán, dedicándose al mismo tiempo a los estudios de historia natural. Así como muchos otros autores y hermanos jesuitas que lo habían precedido en tierras de emisión americanas, Sánchez Labrador no se dedicó exclusivamente a la conversión de los indígenas, sino también al estudio de la fauna y de la flora americanas que observó en las diversas regiones de la provincia jesuítica del Paraguay en que ejerció como misionero. Esa experiencia apostólica del toledano Sánchez Labrador fue aprovechada por otro manchego Lorenzo Hervás y Panduro, pues le suministró datos muy valiosos sobre las lenguas indígenas del Plata para su Catálogo de las Lenguas (1784, primera versión italiana), que agradece en el artículo correspondiente de la citada BJE, donde resume: “Abandonó la carrera literaria por emplearse en la conversión de la nación Mbayá, llamada también Guaicurú y Eyiguayegi, y de las nueve tribus que la componían, en el año 1767, dejó casi una catecúmena. Y, por medio de la nación Mbayá, abrió camino para poder penetrar hasta la nación Guana o Chana, que se descubrió por los jesuitas poco antes de su expulsión de los dominios españoles. De estas naciones doy noticia en los números 31 y 35 de mi Catálogo de las lenguas. El venerable anciano señor Sánchez reside en Ravena”.

Cuando en el transcurso de la edición crítica de la citada BJE nos enfrentamos por primera vez con la figura del jesuita expulso José Sánchez Labrador nos sorprendió la confusión con que aparecía descrita su producción literaria hasta entonces. Sin ninguna duda, fue uno de los casi 500 jesuitas recogidos por Hervás que más nos entretuvo, precisamente intentando aclarar la situación bio-bibliográfica del jesuita misionero toledano. Hervás no le reseña ningún impreso, pero sí sus manuscritos, que conocía muy bien: “Escribió: l. Historia natural del Paraguai. Cuatro tomos en 4to. De esta obra, llena de noticias y observaciones curiosas, se han aprovechado algunos exjesuitas, que han escrito sobre la América Meridional, y yo también me he aprovechado de ella. 2. Paraguai católico. Cuatro tomos en 4to. 3. Arte y vocabulario de la lengua Mbayá, o Guaicuru. Un tomo en folio. De esta obra, formada con gran trabajo y utilísima para convertir a los guaicurus, me he aprovechado para hacer un compendio gramatical de la lengua guaicuru, que pienso imprimir, y para dar todas las noticias que de la lengua guaicuru se leen en mis tomos sobre las lenguas” (BJE, I, pp. 663-665).

Poco a poco se va aclarando la afanosa actividad literaria de Sánchez Labrador. El manuscrito Paraguay natural ilustrado ya mereció algunos estudios, todos ellos realizados a partir de la consulta al original que se encuentra en el ARSI. Recordemos los de Guillermo Furlong (Naturalistas argentinos durante la dominación hispánica, Buenos Aires, editorial Huarpes, 1948), de Aníbal Ruiz Moreno (La medicina en el “Paraguay natural” 1771-1776) del padre José Sánchez Labrador, sacerdote jesuita, exposición comentada del texto original, Tucumán, Universidad Nacional de Tucumán, 1958), y el de Héctor Sainz Ollero y otros (José Sánchez Labrador y los naturalistas jesuitas del Río de la Plata, Madrid, MOPU, 1989). La crítica suele coincidir en que Sánchez Labrador realizó uno de los más amplios trabajos sobre la naturaleza, geografía y sociedades de la región del Plata colonial.

En este sentido la obra que reseñamos será un hito. No recoge toda la obra naturalista, pero nos permite, a partir de ahora, disponer de una de las partes más importantes de la auténtica enciclopedia que es la obra magna Paraguay natural ilustrado, cuya redacción definitiva fue hecha entre 1771 y 1776, es decir pocos años antes y después de la extinción de la Compañía en 1773 por el papa Clemente XIV.

El manuscrito transcrito se titula Paraguay natural ilustrado. Noticias de la naturaleza del país con la explicación de fenómenos phísicos generales y particulares. Usos útiles que de sus producciones pueden hacer varias Artes. Se encuentra en el Archivo Histórico de la Compañía de Jesús (ARSI) en Roma. Cuenta con 100 ilustraciones hechas por el propio autor, y se divide en cuatro partes. La primera tiene 558 páginas y se divide en tres libros: diversidad de tierras y cuerpos terrestres; agua y varias cosas a ella pertenecientes; y aire, vientos, estaciones del año, climas de estos países y enfermedades más comunes. La segunda consta de 500 páginas y trata específicamente de la botánica. La tercera parte se divide en los siguientes libros: animales cuadrúpedos (166 pp.); las aves (127 pp.), y los peces (128 pp.). La cuarta y última parte de la obra, que alcanza 373 páginas, consta de tres libros: los animales anfibios; los animales reptiles; y los insectos.

En cuanto a la organización de la obra, es importante resaltar que el autor continuamente corrige, añade o reescribe trozos o frases completas. Tacha ciertas palabras; añade otras o párrafos al texto; también llama la atención y remite a otras partes de la propia obra o a otras de sus producciones, como el Paraguay católico y el Paraguay cultivado. Estas correcciones o adiciones hechas en el texto del Paraguay natural ilustrado indican no sólo rigor y cuidado del autor en relación a las informaciones divulgadas en la obra, sino que parecen demostrar que la obra fue hecha en momentos distintos, habiendo sido iniciada en América y concluida en Europa.

El libro que comentamos está estructurado en las siguientes partes: una presentación de la profesora doctora Lorelai Brilhante Kuri, de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (pp. 9-12), una introducción esclarecedora de Eliane Deckmann (pp. 13-66) y el textos abundantemente anotado del Paraguay natural ilustrado (pp. 67-590). La introducción, además de suministrar los datos esenciales en cuanto a la descripción física y a la localización del manuscrito, informa también sobre los estudios existentes sobre la obra de Sánchez labrador y sobre las partes que ya han sido parcialmente publicadas. Presenta igualmente la bibliografía esencial para el estudio de las misiones jesuíticas, de las prácticas de curación y de la ciencia que en dichas misiones eran practicadas, hablando además sobre algunos de los temas de investigación que el manuscrito ofrece a los estudiosos (las virtudes medicinales atribuidas a las piedras bezoares, las víboras, los grillos, las arañas…).

Deckmann excluye de la edición la parte primera y se centra en las otras tres (la tercera y la cuarta solo parcialmente), justificándolo en que ya merecieron una edición parcial hecha por el médico argentino Mariano Rafael Castex. La parte segunda (pp. 67-384), el tomo específico de botánica, está dividida en siete libros compuestos por 76 capítulos que abordan los siguientes temas: fisiología, anatomía, histología, reproducción vegetal, flores, campos, pantanos, desiertos, farmacología, cultivo y etno-botánica, a lo largo de más de 500 páginas. De la parte Tercera (pp. 385-562) sólo publica tres libros: animales cuadrúpedos, las aves y los peces. De la parte cuarta se editan otros tres libros: de los animales anfibios, de los animales reptiles y de los insectos.

El objetivo principal de esta edición es ofrecer al público buena parte de este valioso y voluminoso manuscrito, hasta ahora no publicado, permitiendo así que investigadores de los campos de la historia, la biología (botánica y zoología), de la medicina y de la farmacia tengan acceso a él. En el caso de Paraguay natural ilustrado se debe considerar que el permanecer inédito hasta ahora se debió a numerosos factores, entre los cuales podemos destacar el número de volúmenes que lo componen, la lentitud de los trámites burocráticos de la censura editorial (civil y eclesiástica) y a los costes de impresión en el XVIII. No se debe desconocer también que en 1776, año de su conclusión, la Compañía de Jesús todavía no había sido restaurada, lo que no ocurrió hasta 1814 por el papa Pío VII, lo que ciertamente contribuyó para que la obra se mantuviese desconocida de los investigadores por tantos años.

También es preciso resaltar que la obra ha permanecido inédita desde el siglo XVIII porque algunos autores como Guillermo Furlong (1948) o Héctor Sánchez Ollero (1989) se limitaron a hacer publicaciones parciales de ciertos tomos, libros y capítulos del Paraguay natural ilustrado, no indicando, la mayoría de las veces, las referencias catalográficas completas de los textos seleccionados.

Muchas son las potencialidades que el manuscrito ofrece a los investigadores. A manera de ejemplo, destacamos algunos de los temas explorados en el primer libro de la tercera parte de la obra, dedicada a los mamíferos, en el cual encontramos el libro sobre “animales cuadrúpedos”. El séptimo capítulo, a su vez, trata específicamente de las “Piedras de Bezoares” y de sus virtudes terapéuticas, en la medida en que ellas aparecen asociadas a los animales rumiantes. Recordemos que el bezoar es un cálculo que se puede hallar en los intestinos o estómagos de los animales, que desde la Antigüedad se creía que podía curar y anular los efectos de todos los venenos.

La transcripción y la lectura de la voluminosa obra del misionero Sánchez Labrador nos desvela mucho sobre sus motivaciones, sobre su proceso de creación (las técnicas y el estilo), sobre su escritura en medio de la convivencia diaria con los indígenas, y posteriormente, en el exilio, en un contexto bastante peculiar para la Compañía de Jesús. Para algunos jesuitas, como Sánchez Labrador, la expulsión tuvo paradójicamente una repercusión positiva sobre su formación científica. Es la generación de jesuitas que, obligados a abandonar su labor misionera, se dedicaron a ordenar sus datos y a comunicar sus hallazgos y conocimientos a la luz de los avances científicos de la época. Sánchez Labrador reelaboró su obra en Ravena a la luz de la bibliografía que tuvo ocasión de consultar en esta ciudad italiana. Consideramos que esta riqueza de referencias, provocada por su contacto con la ciencia europea del momento y los autores clásicos, constituye un aspecto fundamental de su obra, que se destaca por su erudición y enciclopedismo. Conocía la obra química de Robert Boyle, había leído autores clásicos como Hipócrates, Aristóteles, Plinio, Galeno y Dioscorides, algunos árabes como Avicena y contaba con las principales obras médicas de los siglos XVI y XVII, como las de Aldrovandi, Mattioli, Vesalio, Ramazzini, Pisón... Cabe observar que en su Historia natural Sánchez Labrador hace abundante uso de las notas a pie de página, dejando rastro de las fuentes sucesivamente utilizadas, no dudando en tachar y corregir palabras, frases o párrafos enteros. En la descripción de las partes seleccionadas y publicadas en esta edición se mantienen las notas originales del jesuita, claramente diferenciadas de las de Eliane Deckermann.

Hay dudas sobre la forma como Sánchez Labrador redactó tan vasta obra. Ollero supone que habría conseguido llevar muchos apuntamientos hechos en América antes de la expulsión de 1767, aunque lo más probable es que se viese obligado a escribir la mayor parte de la obra de memoria, puesto que los desterrados sufrieron varios y rigurosos registros y confiscación de todos los escritos en el largo y penoso viaje desde América a Italia. Hecho incuestionable es que Sánchez Labrador fue un paradigma de toda aquella generación de misioneros jesuitas que habían actuado en la América del Plata en el siglo XVIII, no sólo por su extenso conocimiento del área misionera, sino también porque nada escapó a su curiosidad en variadas ciencias, como el clima, la geología, la botánica o la zoología. Sin duda podríamos incluirlo en la llamada por Pedro Aullón de Haro La Escuela Universalista Española del siglo XVIII (Madrid, Ediciones Sequitur, 2016), compuesta esencialmente por jesuitas expulsos, aunque no cita a Sánchez Labrador, sin duda por haber éste cultivado las ciencias más que las humanidades.

Cabe resaltar que las observaciones médicas hechas por Sánchez labrador, así como las realizadas por otros hombres de ciencia del periodo, tanto en América como en Europa, tenían en consideración los presupuestos de la teoría humoralista hipocrático-galénica, según la cual la salud estaba asegurada por el equilibrio entre los humores que componían el cuerpo humano. Siendo así, existía la concepción de que las enfermedades eran causadas por el exceso o ausencia de alguno de los humores, lo que llevaba a prácticas que estaban dirigidas a la expulsión de los humores en exceso del cuerpo, a través de la sangre, las heces, la orina, el vómito y de otras formas de excreción. La adopción de esta teoría también es evidente en el empleo de “la medicina de contrarios de los contrarios”.

Se constata que el sistema de clasificación de las plantas propuesto por Linneo en 1753, apenas es empleado parcialmente en el Paraguay natural, una vez que Labrador, a pesar de recurrir a muchos elementos propuestos por el botánico sueco, opta, no obstante, por el agrupamiento por formas biológicas, esto es por biotipos. La no adopción de la nomenclatura de Linneo por Sánchez Labrador puede ser atribuida tanto al hecho de que la metodología y la clasificación propuestas por el sabio sueco todavía no se encontraban muy difundidas y aceptadas por los naturalistas y botánicos, cuanto a los insuficientes datos morfológicos que el jesuita poseía sobre ciertas especies y familias sudamericanas para poder encuadrarlas en los tipos de Linneo.

La riqueza de Paraguay natural ilustrado reside fundamentalmente en lo que deja translucir de la experiencia americana del autor Sánchez labrador y de los jesuitas que habían trabajado en la América del Río de la Plata. No se trata, sin embargo, de una obra descriptiva de los usos y nombres guaranís de las plantas y animales, ni de una especie de etnografía de los sistemas de clasificación de la naturaleza, adoptado por los grupos indígenas de la provincia jesuítica del Paraguay. Las voces de los indios tienen eco en el texto, pero son disciplinadas por la ciencia de Sánchez labrador. Se trata de un compendio de materia médica enriquecido de estudios de historia natural, producción docta y profunda, adecuada al tipo de conocimiento producido en el Siglo de las Luces.

La autoridad con relación a los usos de los animales y plantas ya catalogadas es básicamente el de los libros europeos, de cronistas del Nuevo Mundo y de naturalistas. Sin embargo tiene innumerables referencias a producciones de la naturaleza no descritas anteriormente, pero utilizadas por las poblaciones nativas del Sur de América. No se propone solamente describir la fauna o la flora de la región; las descripciones morfológicas de las especies tiene un sistema diferente de los de los tratados de historia natural y ocupa lugar secundario en su obra. Lo más interesante del texto son los largos comentarios que hace sobre la presencia de las plantas y animales nativos de las Américas, o que habían sido introducidos para uso de esas poblaciones y, también, sobre la utilidad que de ellos todavía se podría aprovechar en el futuro. Sánchez Labrador llega a discutir cuestiones teóricas extremadamente importantes relativas al mundo natural, como, por ejemplo, la relación entre forma y función, evidenciando la lectura de los principales naturalistas del periodo, incluyendo a Linneo, Robert James, Nicolás Lemery, Esteban Geoffroy, Jacques-Cristophe Valmont de Bomare, Martin Lister, Johann Schröder y Bernard de Jussieu.

Las discusiones teóricas que presenta se dirigen a conseguir una práctica médica más eficaz. La medicina de la época era un arte que tenía por base la percepción de las cualidades de la materia: su gusto, color, olor o apariencia. Todos los indicios pueden indicar las propiedades curativas de las sustancias, y reconocer esas mismas propiedades en productos naturales que no eran usados antes para esos fines. El autor se aparta, sin embargo, de la doctrina de las analogías, que dio fundamento a muchas ciencias del siglo XVII, inclusive a las grandes síntesis trazadas por jesuitas como el fantasioso padre Atanasio Kircher. Sánchez Labrador se sitúa en las discusiones médicas del siglo XVIII y pretende, a partir de nuevas bases, mejorar y aplicar el conocimiento a las prácticas ya establecidas en la provincia del Paraguay.

Impresiona la abundancia de detalles inventariados y de autores citados en su obra. Pero, a pesar de su magnitud, este tipo de trabajos no era una excepción. Otras obras doctas producidas en las Américas y que habían circulado en los medios jesuíticos europeos y americanos, frecuentemente por vía manuscrita, revelan el diálogo con otros religiosos y con otros hombres de ciencia. En esta perspectiva, más que de una oportunidad para intercambio de esas referencias intertextuales, la publicación del Paraguay natural ilustrado debe ser percibida como una invitación a la lectura de la obra en cuanto resultado de la experiencia misional de la Compañía de Jesús, especialmente del diálogo con las poblaciones nativas y del contacto con la naturaleza del Nuevo Mundo. Al lector se le descubren muchos caminos de investigación, algunos de los cuales ya han sido recorridos por Deckermann y por investigadores bajo su orientación. Otras líneas de investigación aguardan a los historiadores que decidan interpretar el fantástico documento que ahora es accesible en forma impresa.

Aunque parezca increíble, la obra Paraguay natural ilustrado, se ha mantenido inédita desde 1776 hasta hoy. A lo largo de sus tomos y capítulos, el jesuita nos revela mucho sobre sus motivaciones y sobre el proceso de escritura de la obra en medio de sus actividades diarias entre los indígenas. En ella encontramos también evidencias del diálogo que mantuvo con otros autores y con otros jesuitas, registros de las expediciones realizadas y de las informaciones obtenidas de los indígenas, e, incluso, las marcas de acción de su memoria que se manifiestan en las raspaduras en el texto, en las anotaciones complementarias insertadas en los márgenes o en las notas a pie de página, las cuales mucho más que de rigor y erudición, nos muestran “las características del libro de autor”, en expresión del historiador argentino Silvano Benito Moya (El libro manuscrito en la Córdoba [Argentina] del siglo XVIII, 2012).

Sin duda es una obra de referencia tanto para la restitución del ambiente intelectual en el cual hermanos y padres jesuitas se encontraban insertados en América y, posteriormente en Europa, después de los decretos de su expulsión por los monarcas ibéricos (Portugal en 1759 y España 1767), cuanto para la comprensión y valoración de los efectos de la experiencia americana, sobre todo, de la apropiación de los saberes y prácticas de los grupos indígenas americanos, en obras de botánica, medicina y farmacia escritas por miembros de la Compañía de Jesús en el siglo XVIII.

Esperamos que la publicación de la transcripción de las partes “Segunda, tercera y cuarta” de la obra y de las reflexiones expuestas en el texto introductorio — que se detiene en las virtudes medicinales de las plantas nativas americanas, de las piedras bezoares y de ciertos insectos y en las evidencias de circulación y apropiación de saberes europeos y nativos — sean recibidas con entusiasmo por los investigadores interesados en descubrir los, hasta ahora inéditos, temas asociados a los campos de la historia, geografía, biología (botánica y zoología), de arqueología, geología y paleontología, de la lingüística, medicina y farmacia que Paraguay natural ilustrado presenta.

 

Antonio Astorgano Abajo
Real Academia de Extremadura

 

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