El morbus gallicus o mal francés en La Lozana andaluza de Francisco Delicado

 

ESTUDIOS / RESEARCH STUDIES

EL MORBUS GALLICUS O MAL FRANCÉS EN LA LOZANA ANDALUZA DE FRANCISCO DELICADO

M.ª Cruz Herrero Ingelmo y Enrique Montero Cartelle

Universidad de Valladolid

mcruz@fyl.uva.es; enrique@fyl.uva.es

 

RESUMEN

Se estudia en este trabajo el trasfondo de la sífilis, mal que impregna toda La Lozana andaluza. La comparación de la descripción de esta enfermedad con la literatura médica del momento nos permite ver el sustrato de donde el autor se nutre para la creación de su obra literaria. Ello esclarece muchos pasajes de esta obra y los sitúa en su contexto social, cultural y médico.

THE MORBUS GALLICUS OR THE “FRENCH POX” IN FRANCISCO DELICADO´S LA LOZANA ANDALUZA

ABSTRACT

This work analyses the background of syphilis, a disease that is widely represented in La Lozana andaluza. The comparison between this illness and the contemporary medical Literature reveals the sources used by the autor to create his literary work. It also clears many passages of this treatise and provides us with a social, cultural and medical context.

Recibido: 2-7-2012; Aceptado: 15-2-2013.

Cómo citar este artículo/Citation: Herrero Ingelmo, M.ª Cruz; Montero Cartelle, Enrique (2013), "El Morbus gallicus o Mal francés en La Lozana andaluza de Francisco Delicado", Asclepio, 65 (2): p021, doi: http://dx.doi.org/10.3989/asclepio.2013.21

PALABRAS CLAVE: La Lozana andaluza; Sífilis o mal francés; Medicina medieval y renacentista.

KEYWORDS: La Lozana andaluza; Syphilis or the French Disease; Medieval and Renaissance Medicine.

Copyright: © 2013 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.

CONTENIDOS

RESUMEN
ABSTRACT
I. INTRODUCCIÓN

II. LA PROSTITUCIÓN Y LA SÍFILIS EN LA LOZANA ANDALUZA

III. LA LITERATURA MÉDICA SOBRE LA SÍFILIS ANTERIOR A LA LOZANA ANDALUZA

IV. LOS NOMBRES DE LA SÍFILIS

V. EL «MAL FRANCÉS» EN LAS OBRAS DE FRANCISCO DELICADO

VI. CONCLUSIÓN: LA INTENCIÓN MORALIZANTE DEL AUTOR

NOTAS
BIBLIOGRAFÍA

 

I. INTRODUCCIÓN
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La sífilis, que era una enfermedad incurable, es un ingrediente fundamental del ambiente en el que se desarrolla La Lozana andaluza de Francisco Delicado. Con la expedición de las tropas del rey Carlos VIII de Francia en 1495 a Nápoles, defendida por napolitanos y españoles, se había propagado una enfermedad nueva, la sífilis, llamada por entonces comúnmente morbus gallicus o mal francés, que se contagiaba por las relaciones sexuales con personas infectadas. El mundo de la prostitución era su campo abonado. 


Por otro lado, Francisco Delicado contrajo el mal francés, lo que le hizo sufrir gran parte de su vida, probando inútilmente todas las medicinas del momento hasta encontrar el remedio nuevo llegado de las Indias, el guayaco, del que se decía que curaba esa enfermedad. El padecimiento de la sífilis por parte del autor afectó directamente a la concepción de La Lozana andaluza[1], donde este mal tiene un papel sustancial, así como a la composición de otras obras de Delicado. 


En Cómo se escusa el autor, p. 485, del final de La Lozana andaluza, Delicado habla de la sífilis que padeció y de dos obras que compuso para aliviar a los enfermos como él.


Y si dijeren que por qué perdí el tiempo retrayendo a la Lozana y sus secaces, respondo que, siendo atormentado de una grande y prolija enfermedad, parecía que espaciaba con estas vanidades. Y si por ventura os viniere por las manos otro tratado De consolatione infirmorum, podéis ver en él mis pasiones para consolar a los que la fortuna hizo apasionados como a mí. Y en el tratado que hice del leño del India, sabréis el remedio mediante el cual me fue contribuida la sanidad, y conoceréis el autor no haber perdido todo el tiempo, porque, como vi coger los ramos y las hojas del árbol de la vanidad a tantos, yo que soy de chica estatura, no alcancé más alto: asentéme al pie hasta pasar, como pasó, mi enfermedad (…) Por tanto, ruego al prudente lector, juntamente con quien este retrato viere, no me culpe, máxime que, sin venir a Roma, verá lo que el vicio d`ella causa.


Tras los estudios de Damiani, sabemos que Delicado compuso en Italia estas dos obras que menciona. El De consolatione infirmorum, hoy perdido, se publicó en Roma, ca. 1520, y El modo de adoperare el legno de India occidentale (en adelante El modo de adoperare el legno) en Venecia en 1529, en donde había encontrado refugio tras el saco de Roma de 1527 y en donde residió hasta su muerte[2]. En 1528, en Venecia, publicó también anónimamente La Lozana andaluza. En El modo de adoperare el legno Delicado vuelve a indicar que padeció de sífilis ya en la Dedicatoria[3] (p. 56): 


nam cum per viginti et tres annos partim atrocissimis doloribus, partim sevissimis ulceribus confectus sim, inhumanum mihi visum est et ab ea quam poene ab ineunte aetate suscepi personam maxime alienum qua via quove ingenio ad pristinam sanitatem redierim caeteris non commonstrare.


De la misma manera a continuación, cuando presenta «el legno Sancto» (p. 58), reitera su padecimiento:


il legno Guaiaco … presenta neo remedio contra il mal françoso, dal quale per vintitre anni, siando io stato infermo, ne mai per niun altro remedio salvo che per il preditto legno, guarito. Mi è parso far iniuria a la commune utilità non descriver il modo che si ha di tenere a chi desidera da così terribile infirmitá liberarsi. Cosa da molte persone grandemente desiata e da molti nostri amici a me richiesta.


En estos dos textos podemos descubrir además a un Delicado arrepentido de su conducta y al Delicado clérigo[4]. Después de soportar inútilmente todo tipo de curas del momento y haber sanado, en su opinión, gracias a la aplicación del nuevo remedio originario de las Indias, llevado de su celo caritativo de clérigo y pensando en los demás enfermos, se decide a dar publicidad a esta nueva cura, de la misma manera que había publicado antes un De consolatione infirmorum, al modo de las consolationes del mundo latino, para consuelo de los sufrientes de la sífilis.


Por todo ello, La Lozana andaluza, al igual que otros clásicos castellanos como, por ejemplo, La Celestina, es un terreno fecundo para analizar la relación entre la medicina y la literatura. Se trata de ver el tratamiento literario que recibe la enfermedad o la afección en sentido amplio. No es, por lo tanto, la visión que de la afección puedan tener los médicos, sino la visión que de la enfermedad muestra el escritor al componer su obra, aunque este se base en ellos. 


En consecuencia, el método a seguir responde en buena parte a la tradicional «Quellenforschung», aunque la desborda, ya que no se detiene en la mera localización de fuentes, sino que analiza la perspectiva literaria de la incorporación de esa realidad médica a la obra literaria, su función caracterizadora y su influjo lingüístico. 


 

II. LA PROSTITUCIÓN Y LA SÍFILIS EN LA LOZANA ANDALUZA
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Cuando en el Mamotreto LIV de La Lozana andaluza están hablando la Lozana y la vieja prostituta Divicia, llega un momento en que la Lozana demanda a la vieja experta el número de prostitutas que hay en Roma:


Loz.: ... Así querría yo hacer por saber cuántas Celidonias hay en esta tierra.


Sin dudarlo un momento, Divicia hace gala de sus muchos conocimientos en este tema y le responde:


Div.: Yo`s diré cuántas conozco yo. Son treinta mil putanas y nueve mil rufianas sin vos[5].


Independiente de la boutade que supone este conocimiento directo de tantas prostitutas, no parece que anduviera muy descaminada la experimentada Divicia. En este momento de comienzos del siglo XVI la cantidad de prostitutas (y cortesanas) de Roma, y de otras ciudades como Venecia, se hizo legendaria. Algunos estudios calculan un número de 25.000 cortesanas para una población de 85.000 habitantes[6]. En todo caso e independientemente de la precisión de estas cifras, su presencia a finales de la Edad Media y comienzos de Renacimiento era muy notoria en toda Europa[7].


La prostitución a la que se hace referencia es, en efecto, el sustrato del que se nutre La Lozana andaluza. En sus páginas, tras la accidentada llegada de la Lozana a Roma, se pasa revista a un rosario de prostitutas de todos los niveles, rufianes, alcahuetas, chulos, clientes de toda condición, etc., que son el ambiente en el que la protagonista se mueve y que dan pie al autor para describir un mundo de luces y sombras. Decimos sombras porque pocos años antes de la composición de esta obra (Venecia, 1528) la sífilis se había extendido rápidamente a través de la prostitución[8]. Por ello, cuando Delicado llama a su obra Retrato en el mismo título, hay que pensar, atendiendo a la polisemia de este término en otros usos suyos[9], que detrás del retrato de La Lozana andaluza se refleja toda la sociedad de una época y, en concreto, el complejo mundo de la prostitución, al que le tocó sufrir en este momento uno de los peores males de su historia.


De este mundo el propio autor demuestra un conocimiento profundo por propia experiencia, según indican las notas autobiográficas que introduce en la obra, las cuales, en palabras de B. M. Damiani, (1984Damiani, Bruno Mario (1984), Fr. Delicado, La Lozana andaluza, Madrid, Castalia., p. 12) «nos ilustran bien sobre su carácter sensual y libertino». Francisco Delicado, como consecuencia de estas andanzas, contrajo el mal francés y padeció largamente sus efectos.


 

III. LA LITERATURA MÉDICA SOBRE LA SÍFILIS ANTERIOR A LA LOZANA ANDALUZA Top

Antes, pues, de pasar a analizar los aspectos concretos del mal francés en La Lozana andaluza, vamos a ver brevemente la literatura médica sobre esta enfermedad anterior a Francisco Delicado, para ver su influjo en su obra.


En los comienzos del Renacimiento se produce el desarrollo de varias enfermedades infecciosas epidémicas que se llamaron «enfermedades nuevas». Entre ellas llamó particularmente la atención el mal francés, es decir, la sífilis, por su contagio mediante las relaciones sexuales, lo que llevaba a la creencia de que se trataba de un castigo divino que no respetaba clase ni condición.


A este castigo se le ponía fecha y lugar de aparición, como se ha indicado: la ocupación de Nápoles en 1495. Su extensión imparable a partir de este momento y su carácter rebelde a toda cura hicieron que inmediatamente comenzaran a ver la luz diversos tratados sobre este mal. El primero de ellos se publicó ya a finales del año siguiente, en 1496, por obra del joven Joseph Grünpeck. Se trata de un apresurado texto[10] que insiste sobre todo en el origen del mal francés en una conjunción astral[11].


A partir de este momento se produjo una abundante literatura sobre el tema, en la que destaca la famosa polémica de Ferrara sobre la naturaleza de la enfermedad, que ahora obviamos[12]. En el estudio de este mal colaboraron también los españoles como, por ejemplo, el obispo Gaspar Torrella en 1497 o Francisco López de Villalobos en 1498 con El Sumario de la medicina con un tratado de las pestíferas bubas[13] entre otros. 


Mas la fecha clave fue el año 1518. Poco tiempo antes los españoles habían tenido conocimiento de un árbol, el guayaco, que los indígenas de las Indias descubiertas por Cristóbal Colón utilizaban para curar enfermedades similares al mal francés, como más tarde relatan, entre otros autores, Díaz de Ysla o Gonzalo Fernández de Oviedo, según veremos. Como consecuencia de ello, el alemán Nicolás Pol viajó a España para investigar el tratamiento que los españoles habían aprendido de los indios. Con los conocimientos adquiridos publicó en 1518 una monografía titulada Libellus de cura morbi gallici per lignum Guaycanum, con la finalidad, como dice en el Prefacio, de adaptar el método de cura a los alemanes por sus distintas características y condiciones, según la medicina tradicional: «pro corporibus Alemanorum sanandis proportione veluti quadam transumere pro ingenio nostro, Deo auxiliante, conabimur» (Luisinus, 1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis., vol. I, p. 210).


Con todo, el tratado que más fama y difusión alcanzó fue el Ulrich von Hutten. Como estudioso universitario, dedicó largos años a su formación en diversas universidades de Alemania e Italia, pero en el curso de sus andanzas contrajo el mal francés. Desesperado por los inútiles tratamientos a los que se había sometido durante diez años, en 1519 compuso una monografía sobre este mal, en la que cuenta sus muchos sufrimientos y los maravillosos beneficios logrados con el tratamiento del guayaco: De morbi gallici curatione per administrationem ligni guaiaci, título que en la dedicatoria es todavía más explícito: Libellus de magnifica Guaiaci vi et virtute (Luisinus, 1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis., vol. I, p. 239). El texto expone con gran amplitud y precisión la cuestión del nombre de la enfermedad y de su origen, sus efectos y sobre todo la descripción, preparación y modo de administración del guayaco[14].


En este contexto es en el que Francisco Delicado publica su estudio sobre este tipo de curación, el ya mencionado El modo de adoperare el legno (Venecia, 1529[15]), que sigue la línea de Von Hutten, por cuanto Delicado se encuentra en la misma situación de padecimiento de la sífilis y, tras 23 años de inútiles y dolorosas curas, encuentra alivio y cura en el benéfico árbol. Las semejanzas no se detienen aquí. Delicado muestra un gran influjo de la obra de Von Hutten, que debió de leer a menudo, porque sigue en general su tratado en lo referente a la descripción del guayaco, su modo de preparación, el método de administración y la dieta que su uso comporta. Esta parte representa unos cinco capítulos de los 27 que tiene la monografía de Von Hutten; los restantes tratan de diversos aspectos médicos, como el andamiaje teórico-práctico en el que se inserta este tratamiento o diversos problemas técnicos relacionados con él, en los que Delicado no entra, limitándose solamente a la descripción del guayaco y a su dispensación. Por lo demás, tiene también ciertas coincidencias la exposición de Delicado con un historiador como Gonzalo Fernández de Oviedo: nos referimos a una carta suya al rey Carlos V, que Delicado incluye en su segunda edición (p. 77-79), como garantía de su exposición, y que corresponde al capítulo LXXV de su Sumario de la natural y general historia de las Indias de 1526[16]. Este, a su vez, también coincide sustancialmente con lo que expone en el texto de su Historia General y natural de las Indias[17], libro X, cap. 2, y en menor medida al libro II, cap. 13-14. En estos textos se describe el árbol, el modo de preparar el remedio y de administrarlo.


Desde entonces la utilización del palo santo o guayaco se hizo general, lo cual, aunque no significó la desaparición de la plaga, dio pie para que la literatura sobre el mal francés continuara a lo largo de los años. Casi podríamos decir que no hay autor significativo que se precie que no dedicase algún tipo de estudio al mal francés[18]. Solamente nos interesa destacar desde el punto de vista histórico el poema médico de tono épico virgiliano editado por Girolamo Fracastoro en 1530, Syphillis sive de morbo gallico[19], tema sobre el que volvió en 1546, al dedicarle un par de capítulos en el libro II, cap. 11-12, de su tratado en prosa De contagione[20]. Advierte en este sentido Perugini (2004Perugini, Carla (2004), Francisco Delicado, La Lozana andaluza, Sevilla, Fundación José Manuel Lara., pp. XXX y notas de pp. 378 y ss.) algunas coincidencias entre las obras de Fracastoro y el tratado de Delicado, El modo de adoperare el legno, debidas probablemente a la utilización de fuentes comunes.


 

IV. LOS NOMBRES DE LA SÍFILIS
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Antes de entrar en los diferentes aspectos del mal francés que Delicado expone en La Lozana andaluza, resulta instructivo repasar la utilización de los nombres que da a esta enfermedad. Son los siguientes:


1) Mal francés: en Mam. XVII p. 256 Rampín le llama El mal francorum y en Mam. LIV p. 431 Divicia dice lo mismo en forma no latina: «Dime, Divicia, ¿dónde comenzó o fue el principio del mal francés?». La expresión morbus gallicus, en verdad, fue la más empleada y la que conoció una mayor difusión[21]. 


2) Mal de Nápoles: en dos ocasiones se emplea esta denominación. En Mam. XXIV p. 291 se dice que la Lozana padece el mal de Nápoles: «al mal que después les viene de Nápoles». También la prostituta Divicia en Mam. LIV p. 431 le llama el mal de Nápoles: «la gente que después vino d´España llamábanlo mal de Nápoles».


3) Greñimón: en el Mam. VI p. 192-193: «¿No véis que tiene greñimón?». Greñimón (también documentado griñimón o grillimón), según opinión de Damiani y Allegra[22], es una denominación eufemística popular de origen desconocido, pero que tal vez alude a la alopecia de las cejas, que, como tal, está bien documentada en textos castellanos de la época. Esta denominación popular la recogió Delicado y la menciona Fernández de Oviedo, quien añade una etimología popular, que el propio Delicado acoge en El modo de adoperare el legno: «En España lo llamaron a este mal que vino de Ytalia griñimón, porque toda la noche no cessavan de groñir como grillos (p. 78)».


4) Encordios: en el Mam. LXIV p. 471-73 se dice que la Lozana «ensalmóles los encordios» a unos palafreneros. Se trata de una especie de tumor en las ingles o bubón, según Covarrubias y otros autores, porque allí concurren muchas cuerdas (quasi in cordis) producidas en el curso de la sífilis[23] (los etimólogos actuales derivan este término de un *antecordium que se referiría en origen a un tumor desarrollado delante del corazón de los caballos). Una de las primeras manifestaciones de la sífilis, en efecto, eran los encordios o bubas en las ingles. El término es usado dentro de los médicos españoles recogidos en el DETEMA (s. v. «incordio») solamente por López de Villalobos, en el título del apartado 326.


5) Bubas: sólo en una ocasión utiliza Delicado este término en Mam. LIV p. 431, al hablar sobre el origen del mal francés: «uno (es decir, un soldado) que vendió un colchón por un ducado, como se lo pusieron en la mano, le salió una buba ansí redonda como el ducado», aunque el término conoció gran difusión entre otras razones por figurar en el título de la obra de Francisco López de Villalobos El Sumario de la medicina con un tratado de las pestíferas bubas. Buba o Bubón es de los términos más empleados en los textos médicos castellanos[24].


La Lozana andaluza, en definitiva, muestra bien el uso habitual de la época, en el que predomina la designación de mal francés o morbo gálico, seguida de mal de Nápoles, pero también recoge nombres populares en España como son «encordios», «greñimón» (grillimón) y «bubas»[25]. Esto concuerda con el uso en El modo de adoperare el legno, que cuenta el origen de las dos denominaciones generales más comunes (p. 60):


per contagion si sparse in breve tempo per tutto il campo de françosi, da liquali etiam prese il nome (indignamente a una tanta nation). Anchor che loro il chiamano mal Neapolitano, overo Italiano perchè in Italia il prese e a Napoli se scoperse. 


Esta visión y estos nombres también se vuelven a repetir en el texto de G. Fernández de Oviedo, que introduce en su tratado como documento anexo.


Con relación a estas dos denominaciones, es ya un tópico en los tratadistas del morbus gallicus comentar el origen del nombre en la expedición de Carlos VIII a Nápoles y la utilización de este hecho para echar la culpa del mal al contrario. Así, por ejemplo, Von Hutten dice, a propósito de la esta expedición a Nápoles (p. 241A): 


Qua occasione Galli ominosam ab se appellationem amolientes non Gallicum hunc, sed morbum Neapolitanum vocant, et contumeliam agnoscunt cognominem sibi pestem fieri. 


No obstante, reconoce que el uso de morbus gallicus ya se ha extendido tanto que el uso de otra denominación podría llevar a confusión:


Pervicit tamen gentium consensus, et nos opusculo Gallicum dicemus, non invidia quidem gentis clarissimae, et qua vix alia sit hoc tempore civilior aut hospitalior, sed veriti ne non satis intelligant omnes, si quolibet alio nomine rem signemus. 


A partir de aquí crece el número de denominaciones de diverso tipo y con distinta intención (según el país de origen, sus síntomas, los miembros afectados, sus causas, el santo que las cura, etc.) hasta llegar a unas cuatrocientas[26], algunas de las cuales hemos citado en los textos antes vistos[27]. No tiene, pues, nada de extraño que ya en 1514 Giovanni da Vigo en su De morbo gallico (Luisinus, 1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis., vol. I, p. 386A) comente con ironía, después de enumerar una retahíla de nombres para este mal, que cada uno le pone el nombre a su gusto y conveniencia: «Sed ista nomina diversa huic morbo ad beneplacitum uniuscuiusque nationis imposita sunt».


En el mismo sentido comenta Fracastoro en su De contagione, en el capítulo titulado “De syphillide morbo seu gallico” (II, 11 pp. 124-125), que cada pueblo, mediante el cambio de nombre, echa la culpa a otro de tal enfermedad: 


Galli sub rege Carolo regnum Neapolitanum occupavere, annos circiter decem ante 1500, a quibus nomen Morbo inditum fuit, Gallicus appellatus; Galli vero nominis iniuriam in nos retorquentes morbum Italum vocant, Hispani Patursam, Germani nunc Mevium, nunc Gallicum dicunt, nonnulli novo imposito nomine Pudendagram appellavere, quod a pudendis inciperet, sicut et Mentagram, quod a mento inciperet, novum morbum apud antiquos appellatum fuisse Plinius est author; nos Syphylidem in nostris lusibus appellavimus. 


Esta denominación poética «sífilis»[28] de Fracastoro fracasó en su época, pero el tiempo le hizo justicia, ya que se generalizó en el siglo XIX[29] y acabó triunfando. 


 

V. EL «MAL FRANCÉS» EN LAS OBRAS DE FRANCISCO DELICADO
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Con estos antecedentes ya podemos entrar en la enumeración de los aspectos concretos del mal francés[30] en La Lozana andaluza. Los vamos a analizar como reflejo del tratado de Fr. Delicado El modo de adoperare el legno y en relación con la literatura médica del momento[31]. 


1. La aparición de la sífilis


Las menciones sobre este punto aparecen en varios lugares, entre las cuales destacamos Mam. LIII p. 421, porque en ella la vieja prostituta Divicia comenta el momento de su llegada a Roma, a propósito de la edad que le calcula la Lozana, con esta precisa referencia:


Loz.: ¡Mira si son sesenta años estos!


Div.: Por cierto que paso, que cuando vino el rey Carlo a Nápoles, que comenzó el mal incurable el año mil y cuatrocientos y ochenta y ocho, vine yo a Italia, y agora estoy consumida del cabalgar, que jamás tengo ya de salir de Roma sino para mi tierra.


Por otro lado, en Mam. LIV p. 431 la Lozana pregunta a su compañera Divicia sobre el origen del mal francés y obtiene una respuesta que lo relaciona con la lepra:


Loz.: ... Dime, Divicia, ¿dónde comenzó o fue el principio del mal francés?


Div.: En Rapalo, una villa de Génova, y es puerto de mar, porque allí mataron los pobres de San Lázaro, y dieron a saco los soldados del rey Carlo cristianísimo de Francia aquella tierra y aquellas casas de San Lázaro (probablemente un hospital de leprosos), y uno (es decir, un soldado) que vendió un colchón por un ducado, como se lo pusieron en la mano, le salió una buba ansí redonda como el ducado, que por eso son redondas. Después aquel lo pegó a cuantos tocó con aquella mano, y luego incontinente se sentían los dolores acerbísimos y lunáticos, que yo me hallé allí y lo vi. Que por eso se dice: el Señor te guarde de su ira, que es esta plaga, que el sexto ángel[32] derramó sobre la meatad de la tierra.


Loz.: ¿Y las plagas?


Div.: En Nápoles comenzaron, porque también me hallaba allí cuando dicién que habían enfecionado los vinos y las aguas. Los que las bebían luego se aplagaban, porque habían echado la sangre de los perros y de los leprosos en las cisternas y en las cubas, y fueron tan comunes y tan invisibles que nadie pudo pensar de adónde procedién. Munchos murieron, y como allí se declaró y se pegó, la gente que después vino d´España llamábanlo mal de Nápoles, y este fue su principio, y este año de veinte y cuatro son treinta y seis años que comenzó. Ya comienza a aplacarse con el leño de las Indias Occidentales. Cuando son sesenta años que comenzó, alora cesará.


En este texto se afirma la relación entre la lepra y la sífilis hasta el punto de hacerla derivar directamente de ella, se le pone fecha y se reconoce su extensión rápida por contagio, dando incluso una explicación de la forma de las bubas.


Estas ideas y estas fechas las reproduce con gran semejanza también Delicado en el El modo de adoperare el legno en el capítulo dedicado al origen de esta enfermedad (p. 60):


Cosi come al tempo de Tiberio Cesare, terzo Imperatore di Romani, nacque una egritudine chiamata Lichene, e per avanti al tempo de Pompeio magno, apparve la infirmità elephantia, sic da li medici nominata, così nel anno 1488, in Rapalo de Zenova, comenzaron le broze: nel esercito del christianissimo Carlo, Re di Françia. Et le piage corusive incurabile nacqueno a questo modo. Essendo il prenominato Re pervenuto nel regno Neapolitano, loco di ogni sorte de vittuaglia abbundantissimo, per il dissoluto vivere de li soldati e le lor imunditie, adiuntavi la mala qualità de laria, nacque (et abundò) il morbo gallico, appalesato in Italia et fora nel anno 1496. 


Altri dicono che Neapolitani con calzina viva guastorno el vino (cosa da barbari) sopra ognaltra grandemente desiata, donde corrotto il sangue ne le vene fo causa del preditto male. 


Sono etiam alcuni, nel numero de liquali son anchor io, che affermano in Rapalo esser stà il suo principio (quando che comenzò la guerra in Italia) un soldato de quelli liquali, havendo sacchegiato Rapalo et l´hospitale de san Lazaro, e amazatovi alquanti infermi e toltovi li lor letti e vendutoli, pigliando il precio che fu uno ducato di oro in oro. In quel instante le nacque una broza in la forma del ducato al ditto soldato temerario nel mezo de la mano, et fra pochi giorni miraculosamente e in brevi spazio fu tutto coperto de broze e doglie, la qual cosa non conosciuta, per contagion si sparse in breve tempo per tutto il campo de françosi, da liquali etiam prese il nome, (indignamente a una tanta nation). Anchor che loro il chiamano mal Neapolitano, overo italiano, perchè in Italia il prese e a Napoli se scoperse.


Este texto, cuyas ideas resumidas repite al describir el guayaco (p. 264) es de gran interés porque nos descubre varias cosas:


a.- En primer lugar, Delicado nos da dos fechas distintas, pero coincidentes, tanto en La Lozana andaluza como en su tratado: pone el origen del mal francés en Rapallo de Génova, el año 1488, cuando la toma de la ciudad por los soldados franceses (Damiani; Allegra, 1975Damiani, Bruno Mario; Allegra, Giovanni (eds.) (1975), Francisco Delicado, Retrato de la lozana andaluza, Madrid, Porrúa., p. 351 n. 6), e indica el momento de la propagación de la enfermedad en Nápoles, con la campaña del rey francés Carlos VIII en 1495. Esto explicaría esa fecha de 1488 en La Lozana andaluza como momento de la expedición del rey Carlos a Nápoles, tan extraña para muchos comentaristas. Delicado conocía muy bien la fecha de la llegada de Carlos VIII a Nápoles, entre otras cosas porque se encontraba en el texto de Fernández de Oviedo que recoge en su tratado (p. 78): 


Et después, el año de mil y cuatrocientos y noventa y cinco, que el gran capitán don Gonzalo Fernández de Córdova pasó a Italia con gente en favor del Rey Fernando joven de Nápoles contra el Rey Charlos de Francia, el de la cabeça gruessa, por mandado de los cathólicos reyes[33]. 


La verdad es que esta expedición reunía todas las condiciones para la propagación de la enfermedad: era un ejército multinacional repleto de mercenarios de toda Europa, que partió de Lión acompañado ya de 800 prostitutas, se detuvieron en Roma llevando allí una vida licenciosa con los muchos miles de prostitutas de la ciudad y, por último, permanecieron casi tres meses en Nápoles no precisamente combatiendo. La cuestión dudosa es saber en qué campo comenzó la plaga, pues ambos bandos quedaron afectados[34]. Lo que está claro es que la retirada del ejército de Carlos VIII hacia el norte extendió rápidamente la sífilis por toda Europa.


b.- En ningún momento hace mención Delicado a un posible origen americano de esta plaga, pues él cree en un origen europeo, como la mayoría de los autores que le precedieron. Los diversos autores la atribuyen a todo tipo de causas, como conjunciones astrales, un castigo divino, la identifican con alguno de los males preexistentes o la consideran simplemente el desarrollo de una enfermedad nueva. El origen americano y su importación por los españoles se recoge en un cirujano como Ruy Díaz de Ysla en su Tratado contra el mal serpentino que vulgarmente en España es llamado bubas, Sevilla 1539, y encuentra eco en historiadores como el ya citado Fernández de Oviedo[35].


c.- Francisco Delicado relaciona en ambas obras el morbo gálico con la lepra, relación muy habitual en su época, dada la similitud externa de las dos afecciones por su larga duración, por interesar a la piel de forma muy visible, por su acción corrosiva sobre las carnes de los infectados y por su carácter contagioso. Precisamente la asimilación a la lepra, a la elefantíasis y otras enfermedades de la piel (cf. Von Hutten, en Luisinus, 1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis., vol. I. p. 242 cap. II) es lo que llevó a la utilización del mercurio como medio de curación de la sífilis. Posiblemente muchos de los leprosos de la época pudieron haber sido sifilíticos (Eatough, 1984Eatough, Goeffrey (ed.) (1984), Fracastoro´s Syphilis, Liverpool, Francis Cairns., p. 12). Esto lleva a la creencia de algunos autores influidos por los textos bíblicos de que la sífilis, como la lepra, es un castigo divino ocasionado por la lujuria[36].


En ambos casos repite también Delicado una leyenda sobre el origen de la plaga, de carácter evidentemente popular, sobre la acción de un soldado saqueando a un leproso, lo que ocasionó su propagación. Este tipo de leyendas populares es recogido a menudo por los médicos, a pesar de la firme posición en contra de autores como Torrella ya en 1497[37]. A modo de ejemplo citamos a Giovanni Manardo, quien en una de sus Epistolae medicinales (A. Luisinus, 1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis., vol. I, p. 521A), después de rechazar la teoría del origen americano de la sífilis, se cree la historia de las relaciones entre una mujer y un enfermo de elefantíasis-lepra[38] como origen de la enfermedad[39].


También menciona Delicado en el Mam. LIV, como opinión que no admite, la creencia de que el mal comenzó porque habían «enfecionado» los vinos y las aguas. Este parecer también lo recogen autores como Fallopio (Tractatus de morbo gallico, cap. I. Cf. Luisinus, 1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis., vol. I, p. 663A), que afirma que los españoles y los napolitanos envenenaron los pozos y las aguas con las que los franceses cocinaban.


d.- Por las consideraciones anteriores se advierte la relación que se solía hacer de la lepra y de la sífilis con la lujuria, de la que es un castigo divino. Paracelso, por ejemplo, lo manifiesta expresamente[40]. 


López de Villalobos recoge así esta «opinión teologal» en la estrofa nº 373 de su Sumario de la Medicina[41]:


Algunos dixeron de tal pestilencia


venir por luxuria en que oy peca la gente


y muestrase propia y muy justa sentencia


qual es el pecado tal la penitencia


la parte pecante es la parte paciente…


Delicado calla, sin embargo, este aspecto en la La Lozana andaluza, pero constantemente presenta a la Lozana y a sus amigas como prostitutas que gozan de su oficio, a pesar de conocer su enfermedad. La Lozana manifiesta su propia «lujuria», cuando, entrada ya en años, confiesa a la Señora Imperia, Mam. LXII, p. 465: «Cierto es que si yo no tuviese vergüenza, que cuantos hombres pasan por aquí querría que me besasen, y si no fuese el temor, cada uno entraría y pediría lo vedado». La Lozana se refiere irónicamente al hecho de estar ya casada con Rampín, cuando inmediatamente antes se ha ofrecido al médico.


2. Contagio y extensión de la sífilis


En Mam. XXIV p. 291, se comenta la extensión generalizada de este mal entre las prostitutas: «las mujeres en esta tierra, que son sujetas a tres cosas: a la pinsión de la casa, y a la gola, y al mal que después les viene de Nápoles», y en Mam. XXI pp. 277-278, se añade, además, que todas las prostitutas acaban padeciendo sífilis y muerte como consecuencia de ella. Cuando la Lozana pregunta al viajero por los amigos de las prostitutas en Roma, aparece el mal francés como el último y definitivo:


Loz.: ... ¿Todas tienen sus amigos de su nación?


Viaj.: Señora, al principio y al medio, cada una le toma como le viene; al último, francés, porque no las deja hasta la muerte.


Después, el Viajero respondiéndole por el paradero de las muchas españolas que le precedieron en el oficio en Roma, le dice: En el Campo Santo. 


En este sentido se observa a lo largo de toda la obra de Delicado cómo las prostitutas infectadas de la sífilis, como la propia Lozana, mantienen relaciones con sus clientes, como, por ejemplo, los cuatro palafreneros del Mam. LXIV, sin conciencia alguna de que están transmitiendo la enfermedad. Esto es sorprendente porque la creencia popular, como indica este texto, era de su transmisión por vía sexual. Y las fuentes médicas lo dan por hecho. Véase, por ejemplo, Giovanni da Vigo en Roma 1514: «Fuit praeterea et adhuc est, morbus praefatus contagiosus, praesertim per coitum sive coniunctionem mulieris foeda cum viro et econverso» (Luisinus, 1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis., vol. I, p. 386A) o Von Hutten, la fuente de Delicado: «Hunc nulli hoc tempore adnasci, nisi contagio qui se polluerit, credibile est, quod in concubitu maxime solet evenire» (Luisinus, 1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis., vol. I, p. 342A). Incluso más tarde Fracastoro, el autor de la teoría premoderna del contagio por «seminaria», reconoce en su De contagione (1555Fracastoro, G. (1555), "De contagione". En: Hieronymi Fracastorii Veronensis, Opera Omnia, Venetiis., II,11, f. 124v) en esta enfermedad el contagio sexual por el coito:


Oriebatur in quibusdam sine ulla ab alio concepta contagione, in quibusdam (quae maxima pars erat) e contage excipiebatur, verum non ex omni contactu, neque prompte, sed tum solum, quum duo corpora contactu mutuo plurimum incaluissent, quod pracipue in coitu eveniebat[42]. 


En este sentido Gaspar Torrella en 1498 (A. Luisinus, 1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis., vol. I, p. 467B y 469B) llega a decir que una sola relación sexual con mujer infectada bastaba para contraer la sífilis.


3. Los efectos de la sífilis en la Lozana y otras compañeras


a) Dolores, tumores inguinales y muerte: Los efectos de la sífilis se citan tangencialmente en el Mam. LIV p. 431, cuando Divicia explica el origen y extensión del mal francés y su relación con la lepra en el texto ya mencionado. Este texto hace referencia a tres aspectos de la sífilis: en primer lugar, al carácter de epidemia que alcanzó y que fue causa de general mortandad. Fracastoro menciona los tres continentes: Europa, Asia y África[43]. En segundo lugar, a los tumores inguinales o bubas típicos de este mal y, por último, a los dolores intensos en músculos, articulaciones e incluso huesos, que se exacerban por la noche, aspecto este que Delicado recoge con la expresión «los dolores acerbísimos y lunáticos». Estos dolores los conocía muy bien Delicado, como él mismo manifiesta en la Dedicatoria (p. 56) ya mencionada: «per viginti et tres annos partim atrocissimis doloribus, partim sevissimis ulceribus confectus sim». 


Por otro lado, la muerte derivada de la sífilis aparece en el Mam. XXI p. 277-288 ya citado, cuando se dice que a las prostitutas el mal francés «no las deja hasta la muerte».


b) Signos externos de la sífilis: la estrella, la caída del pelo del cuerpo, el hundimiento del paladar, etc.


Por el contrario, Delicado se recrea en los efectos externos de la sífilis en las prostitutas como la Lozana, a pesar de que algunas de ellas no querían reconocer su enfermedad.


Así en el Mam. IV p. 186, menciona una estrella en la frente de la Lozana. Esta estrella en la frente era un tipo de marca provocado por la sífilis, como se muestra en el Mam. VI y VII. En efecto, en el Mam VI pp. 192-193, cuenta la Lozana sus desventuras a la Sevillana. Entonces esta envió a su mozo para que le diese aposento en casa de su madre, la cual reaccionó de esta manera, al ver aquella marca en la frente:


Loz.: Señora mía, aquel mozo mandó a la madre que me acogiese y me diese buen lugar, y la puta vieja barbuda, estrellera, dijo: ¿No véis que tiene greñimón? Y ella… pensó que (súplase, “tenía greñimón”), porque yo traigo la toca baja y ligada a la ginovesa, y son tantas las cabezadas que me he dado yo misma, de un enojo que he habido, que me maravillo cómo so viva; que como en la nao no tenía médico ni bien ninguno, me ha tocado entre ceja y ceja, y creo que me quedará señal.


Sev.: No será nada, por mi vida. Llamaremos aquí un médico que la vea, que parece una estrellica.


Es habitual atribuir los efectos de la sífilis a otra cosa, como hace la Lozana, pero a pesar de la cortesía de la Sevillana, la verdad es que la marca era notable.


En el episodio siguiente, Mam. VII pp. 195-196, se vuelve sobre este tema. La Sevillana llama a las otras comadres, para conversar con la Lozana, que comentan sobre ella en un momento que sale:


Beatriz: Hermana, ¿vistes tal hermosura de cara y tez? ¡Si tuviese asiento para los antojos (es decir, anteojos)! Mas creo que si se cura que sanará.


Teresa Hern.: ¡Anda ya, por vuestra vida, no digáis! Súbele más de mitad de la frente; quedará señalada para cuanto viviere. ¿Sabéis qué podía ella hacer? Que aquí hay en Campo en Flor munchos d´aquellos charlatanes, que sabrían medicarla por abajo de la vanda izquierda.


Independiente de la discutida interpretación de esta última expresión[44], la realidad es que la marca en la frente es tal que impide la utilización de anteojos, lo que hace suponer que la sífilis le había afectado ya al hueso de la nariz o la había hundido[45]. Probablemente entonces la afectación de la sífilis a la nariz y a los ojos alcanzase también a la frente, produciendo una cicatriz o un hundimiento, al que tal vez se llamaría de modo popular estrella, pues no se documenta en ninguno de los tratados de la época, si es que no es una afección de diverso origen o una mera exageración literaria, como quiere García-Verdugo (1994García-Verdugo, María Luisa (1994), La Lozana andaluza y la literatura del siglo XVI: la sífilis como enfermedad y metáfora, Madrid, Pliegos., p. 87 y 93).


Poco después, al describir las parientas a la Lozana, dice la Sevillana de ella que «los cabellos os sé decir que tiene buenos». Esto se interpreta en el sentido de que la alopecia que caracteriza a la sífilis no afecta a su cabellera, rasgo que mantiene el autor, porque es símbolo de la «lozanía» de la Lozana, sin el cual dejaría de ser tal[46], mientras que la enfermedad se lleva todos los demás pelos[47] de la Lozana, incluso de las partes más íntimas, como se dice en el Mam. XVII p. 251. En efecto, en conversación con el autor, Rampín le informa:


Yo venía a que fuésedes a casa, y veréis más de diez putas, y quien se quita las cejas, y quien se pela lo suyo. Y como la Lozana no es estada buena jamás de su mal, el pelador no tenía harta atanquía, que todo era calcina.


En esta depilación de las prostitutas de sus partes, probablemente la alusión a la Lozana quería decir, como hace Allaigre, que tenía todas sus partes ya calvas por la sífilis y, por ello, era superflua toda la atanquía (compuesta de cal viva entre otros ingredientes) del depilatorio[48].


En conclusión, Delicado se fija particularmente en los aspectos externos a los que afecta la enfermedad, que es lo que más preocupa a las prostitutas como algo esencial para su oficio, obviando de esta manera las pústulas de los genitales y de todo el cuerpo, las lesiones mucosas y otros efectos internos que Delicado conocía por la descripción de Von Hutten, capítulos 3 y 4[49]. Solamente se detiene en la corrosión del paladar y de la nariz que podría provocar la «estrella» de la Lozana, como comenta Fracastoro en su De contagione, II,11, f. 124v:


Quibus autem circa superiora vigebat malum, iis distillationes pravae contingebant, quae modo palatum, modo gargareonem, modo fauces et tonsillas erodebant; labia quibusdam consumpta sunt, quibusdam nasus, quibusdam oculi, aliis pudenda tota…[50]

4. Duración de la sífilis


Delicado no oculta en ningún momento la larga duración de la enfermedad. De hecho desde su aparición en Roma, recién manifestada la sífilis en la Lozana hasta el final de la obra, ella muestra siempre los signos de la enfermedad, como manifiesta Rampín al autor en el Mam. LXVII p. 851: «la Lozana no es estada buena jamás de su mal».


El enigmático viaje de la Lozana y de Rampín a Lípari, enfermos ambos de sífilis (puesto que es indudable el contagio de Rampín después de sus largas relaciones con ella), tiene el aire de una retirada melancólica de quien ve su final cerca, «porque sé que tres suertes de personas acaban mal, como son: soldados y putanas o osurarios» (Mam. LXVI p. 480), como ya se preanuncia en el Mam. XXI cuando le dicen a la Lozana que las prostitutas españolas anteriores de Roma estaban «en Campo Santo» y al final del Mam. XLVII, con la alusión al «memento mori».


5. Curación de la sífilis


En La Lozana andaluza Delicado comenta dos tipos de remedios: los populares, por medio de ensalmos, y los médicos, como el del guayaco, ambos conocidos por la Lozana, rechazándose expresamente los demás al uso. 


A.- Los ensalmos aparecen en dos ocasiones como reflejo del ambiente popular en el que se usaban este tipo de curación.


En el Mam. XVII p. 256, cuando Rampín se cae por la escalera, dice que se va a ver a la Lozana para que le cure con el siguiente ensalmo del «mal francorum»:


Eran tres cortesanas y tenían tres amigos pajes de Franquilano, la una lo tiene público, y la otra muy callado; a la otra le vuelta con el lunario. Quien esta oración dijere tres veces a rimano, cuando nace sea sano, amén.


De la misma manera en el mencionado Mam. LXIV p. 471-73 se habla de que la Lozana «ensalmóles los encordios» a unos palafreneros, mediante el siguiente ensalmo: «Santo Ensalmo se salió, y contigo encontró, y su vista te sanó; ansí como esto es verdad, ansí sanes d`este mal, amén».


B.- En el ya citado texto de Mam. LIV p. 431, Divicia menciona el guayaco como la gran esperanza de curación, que hasta ese momento no se había podido lograr con los remedios tradicionales: «Ya comienza a aplacarse con el leño de las Indias Occidentales». Igualmente en el Mam. LV p. 439 se manifiesta indirectamente que la opinión popular sabe que el mal francés no tiene cura, salvo por el guayaco. La Lozana aconseja a Coridón como estrategia para lograr su amor hacerse el loco e ignorante:


Coridón: ¿Qué podría decir como ignorante?


Loz.: Di que sanarás el mal francés, y te judicarán por loco del todo, que esta es la mayor locura que uno puede decir, salvo qu`el leño (es) salutífero.


Esta manera de ver las cosas es manifestación del sentir de Delicado como paciente y autor del tratado médico desde el título mismo: «El modo de adoperare el legno de India Occidentale. Salutífero remedio a ogni piaga et mal incurable». También lo repite tras la Dedicatoria: «Operina de misser pre[te] Francesco Delicado, la qual insegna in che modo si guarisca il mal françoso et ogni mal incurabile per vera experientia». Y ya en el tratado, el único remedio la «piaga incurabile» es el Legno Sancto, como se indica en la introducción: «il legno Guaiaco … presenta neo remedio contra il mal franzoso, dal quale per vintitre anni, siando io stato infermo, ne mai per niun altro remedio salvo che per il preditto legnoguarito» (p. 58) y al final de la cura: «ni argento vivo ni argento muerto ni ningún mineral ni cauterización puede sanarla, salvo el legno áureo santo salutífero» (p. 80).


El guayaco representaba una gran esperanza frente al tratamiento tradicional del mercurio, que provocaba graves intoxicaciones y efectos secundarios que no infrecuentemente llevaban a la muerte del paciente. Al enfermo, en efecto, se le sometía a intensas purgas y dietas para luego aplicarle baños, sudoraciones[51], fricciones, etc., tratando de conseguir la penetración del mineral y restablecer así la eucrasia humoral eliminando la materia peccans, según los postulados del galenismo vigente. De ahí la preocupación constante de los médicos por aliviar este tratamiento o el de otros minerales como el azufre (en la combinación llamada cinabrio)[52], que eran prescritos pensando sobre todo en las afecciones cutáneas que provocaba, al igual que la lepra, como repiten incansablemente los diversos autores[53].


A decir verdad, aunque menos molestias, tampoco resultaba nada suave la rígida dieta y la ingesta diaria del preparado de guayaco durante 30 ó 40 días en baño cerrado para provocar la sudoración.


Lo más triste de todo ello era que este tratamiento tampoco era curativo de verdad (en realidad no lo fue ningún producto hasta el descubrimiento de la espiroqueta causante de la sífilis (la Treponema pallidum) y de las drogas efectivas contra ella a comienzos del siglo XX[54]), aunque tenía efectos paliativos. En este momento la sífilis, si la barrera del sistema inmunitario fracasaba, resultaba incurable. Las curaciones señaladas por los médicos en bastantes casos posiblemente correspondían a otro tipo de enfermedades con las que se confundía la sífilis. Pero en otros muchos posiblemente coincidían con los muchos años de latencia sin ninguna manifestación ostensible que caracterizan a esta enfermedad, como ya señalaba Torrella en su Secundum Consilium (Luisinus, 1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis., vol. I, p. 472A) y manifiestan también Von Hutten y Fracastoro[55] (Luisinus, 1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis., vol. I, pp. 262-263). Quizá por ello Von Hutten escribe su libro sobre la sífilis en 1519 por considerarse curado con el guayaco, pero muere el año 1523, a los 35 años, cuatro años después de haber creído curada su sífilis[56], que había padecido durante diez años antes del tratamiento. En esto no sería nada improbable pensar en un paralelismo con Delicado, que publica su libro sobre el remedio del guayaco, estimándose curado, en 1528, pero muere «poco después del 1534»[57], es decir, unos seis años más tarde, probablemente también, conjeturamos, de la misma sífilis que había padecido durante 23 años antes de tomar el guayaco.


Es muy precisa asimismo la indicación de Delicado en su Tratado (p. 62) de los comienzos del uso del guayaco en Europa. Después de comentar su descubrimiento en las Indias por los españoles, señala que se trajo a España y comenzó a «venire in uso nell´anno 1508. Et in Italia venne in uso nel anno 1517». Probablemente la primera fecha aluda a la práctica real, pero la segunda coincide con la fecha de las primeras monografías sobre este remedio que son las la de Pol y de Schmaus en 1518, seguidas por la de Von Hutten en 1519, que fue la más extendida y en la que se inspiró Delicado.


 

VI. CONCLUSIÓN: LA INTENCIÓN MORALIZANTE DEL AUTOR
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La nueva enfermedad, el mal francés, impregna toda La Lozana andaluza. El análisis de este trasfondo y su comparación con el tratado de Delicado El modo de adoperare el legno, así como de la literatura médica del momento, nos ha asomado al taller en el que se forjó la composición el Retrato de Delicado, es decir, el sustrato de donde el autor se nutre para la creación de su obra literaria. 


El ambiente, en efecto, en el que se mueve la protagonista y que da pie al autor para describir su mundo es el de la prostitución y el de la nueva enfermedad, que sufrió mucho tiempo él mismo y de la que probablemente murió.


En este sentido, el presente estudio esclarece también muchos pasajes de La Lozana andaluza y los sitúa en su contexto social, cultural y médico, sin el cual Delicado no la hubiera podido componer ni el lector comprender en toda su extensión. El análisis de las fuentes nos ha permitido ver el modo como se ha incorporado esa realidad médica y su función literaria.


La perspectiva de este estudio, además, aboga por la intención moral de la obra. En efecto, el apartado final Cómo se escusa el autor (p. 484), termina con una expresión de voluntad bien definida, por más que tenga algo de tópica o de justificación a posteriori:


Por tanto, ruego al prudente lector, juntamente con quien este retrato viere, no me culpe, máxime que, sin venir a Roma, verá lo que el vicio d`ella causa.


Como consecuencia de ello, frente a la consideración de La Lozana Andaluza como una obra erótica o inmoral, la aceptación de una intención moralizante, que no es reciente[58], ha tenido gran difusión, después de encontrar un gran defensor en Damiani y Allegra (1975Damiani, Bruno Mario; Allegra, Giovanni (eds.) (1975), Francisco Delicado, Retrato de la lozana andaluza, Madrid, Porrúa., pp. 7 ss.), quienes consideran incluso la Carta de excomunión que sigue al Epílogo como una condena de la dama que contagió a Delicado. Recordando el final del Mam. XLVII, cabría decir que Delicado, escarmentado de las andanzas que le llevaron a la situación de sufriente de la sífilis, parece querer recordar en la La Lozana andaluza el «memento mori», que también el viajero del Mam. XXI p. 277-288 le indica a la Lozana cuando le pregunta por el paradero de las muchas españolas que le precedieron en el oficio en Roma: En el Campo Santo. La intención de Delicado en su tratado de ayudar a los demás, que hemos visto, y que reitera en el epílogo F. Delicado a todos aquellos que han tenido o tienen o tenrán el mal incurable (p. 79), recuerda el tono moral con el que termina La Lozana andaluza, sobre la que siempre planea, como dice Damiani (Damiani, 1984Damiani, Bruno Mario (1984), Fr. Delicado, La Lozana andaluza, Madrid, Castalia., pp. 22-23) «a distinct shade of sadness»[59].


No obstante, esta idea, sobrevenida o inicial, no parece incompatible con la alegría de vivir, la burla, la sensualidad y el afán de gozar de los placeres que se respira en La Lozana andaluza y que es una de las características del Renacimiento[60]. Delicado representa en La Lozana andaluza el puente entre ambas perspectivas.

 

NOTAS Top

[1]

Citamos por la edición de Allaigre (2000Allaigre, Claude (ed.) (2000), Francisco Delicado, La Lozana andaluza, Madrid, Cátedra.), p. 430, aunque también hemos consultado otras que citaremos a lo largo de este trabajo.

[2]

Según Damiani, 1984Damiani, Bruno Mario (1984), Fr. Delicado, La Lozana andaluza, Madrid, Castalia., pp. 9-13.

[3]

Citamos por la edición de Ahumada Lara (2009Ahumada Lara, Ignacio (ed.) (2009), Francisco Delicado, El modo de usar el palo de la India occidental saludable remedio contra toda llaga y el mal incurable, edición bilingüe y estudio preliminar, Jaén, Universidad de Jaén.) con algunas adaptaciones en la puntuación y signos críticos para facilidad del lector actual. Cf. n. 16.

[4]

Cf. Damiani (1969-1970Damiani, Bruno Mario (1969-1970), "Some Observations on Delicado`s El modo de adoperare el legno de India occidentale", Quaderni Ibero-Americani, 37, pp. 13-17., pp. 13-17); defiende que era médico.

[5]

Damiani (1984Damiani, Bruno Mario (1984), Fr. Delicado, La Lozana andaluza, Madrid, Castalia.), explica en p. 279 que «rufiana» es un italianismo por «alcahueta».

[6]

Cf. Eatough (1984Eatough, Goeffrey (ed.) (1984), Fracastoro´s Syphilis, Liverpool, Francis Cairns., p. 17), que remite a Graf (1888Graf, Arturo (1888), "Una Cortegiana fra Mille: Veronica Franco". En: Attraverso el cinquecento, Turín, E. Loescher., p. 270).

[7]

Véase, por ejemplo, Rossiaud (1994, pp. 189-204).

[8]

Señalan, entre otros autores, Pietro Aretino, Las seis jornadas (Giordano y Calvo, 2000Giordano, Anna; Calvo, Cesáreo (eds.) (2001), Las seis jornadas, de Pietro Aretino, Madrid, Cátedra., pp. 118 y 194-195), o Cervantes en El casamiento engañoso (García López, 2001García López, Jorge (ed.) (2001), M. de Cervantes, Novelas ejemplares, Barcelona, Crítica., pp. 521-22; 534 y 537), que son prostitutas las que contagian y difunden la sífilis. Pero la prostitución fue solamente una de las muchas concausas de su extensión, pues, como señala Carreras Panchón (1991Carreras Panchón, Antonio (1991), Miasmas y retrovirus. Cuatro capítulos de la Historia de las enfermedades transmisibles, Barcelona, Fundación Uriach 1838., pp. 53-53), también fueron relevantes los hábitos sexuales del Renacimiento, los movimientos de población por las guerras, la difusión de las casas de baños, la falta de higiene apropiada, etc.

[9]

Sobre ello véase Allaigre (2000Allaigre, Claude (ed.) (2000), Francisco Delicado, La Lozana andaluza, Madrid, Cátedra., pp. 61 y ss.).

[10]

Quizá por ello volvió sobre el tema en 1503 con un Libellus de mentulagra, que así denomina entonces a este mal.

[11]

Una breve introducción a esta literatura se encuentra en Paniagua (1981Paniagua, José Antonio (1981), "La clínica en el Renacimiento". En: Laín Entralgo, P. (dir.), Historia Universal de la medicina, Barcelona, Salvat, vol. IV, pp. 87-105., pp. 99-102). Sobre este tema en general, véase el trabajo de conjunto Arrizabalaga, Henderson y French (1997Arrizabalaga, Jon; Henderson, John; French, Roger (eds.) (1997), The Great Pox: The French Disease in Renaissance Europe, New Haven-London, Yale University Press.).

[12]

Esta polémica de Ferrara ha sido estudiada por Arrizabalaga en diversos trabajos (1996Arrizabalaga, Jon (1996), "Práctica y teoría en la medicina universitaria del siglo XVI: el tratamiento del mal francés en la corte papal de Alejandro VI Borgia", Arbor, 153, pp. 136-151. y 1988Arrizabalaga, Jon (1988), "Medicina universitaria y morbus gallicus en la Italia de finales del siglo XV: El arquiatra pontificio G. Torrella", Asclepio, 40, pp. 3-38.). La mayoría de los textos del Renacimiento que tratan sobre esta enfermedad están recogidos en la colección editada por Luisinus (1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis.), en dos volúmenes. Salvo manifestación en contra, citamos por esta edición.

[13]

Edición de Herrera (1973Herrera, M.ª Teresa (ed.) (1973), Francisco López de Villalobos, El Sumario de la Medicina con un tratado de las pestíferas bubas, Salamanca, Cuadernos de Historia de la Medicina Española.).

[14]

No entramos aquí en los intereses comerciales del uso del guayaco en este y otros autores. Baste a este respecto citar a Esteva de Sagrera (2005Esteva de Sagrera, Juan (2005), Historia de la farmacia. Los medicamentos, la riqueza y el binestar, Barcelona, Masson., p. 166): «Los banqueros Fugger fomentaron su comercio y pagaron a varios médicos para que escribiesen sobre las virtudes del guayaco, que les proporcionaba enormes ingresos, porque disponían de su monopolio como una de las recompensas por haber contribuido a la campaña que convirtió al rey Carlos I de España en el emperador Carlos V. Incluso hubo enfermos, probablemente pagados, que escribieron sobre el guayaco, como Ulrich von Hutten, autor de De guaiaci medicina et de morbo gallico (1519). El folleto se publicó en alemán, francés, inglés y latín, patrocinado por la banca Fugger». Este autor ve incluso un enfoque utilitarista en el tratado de Delicado.

[15]

Esta edición es una probable revisión de una anterior de 1526. El texto fue redactado probablemente en el 1524 ó 1525. La Bula papal de Clemente VII que se adjunta es de 1526 y la obra de Fernández de Oviedo (uno de cuyos capítulos incorpora Delicado en su segunda edición como anexo) se publicó en 1526. La edición de este texto ha sido publicada por Damiani (1970-1971Damiani, Bruno Mario (1970-1971), "Francisco Delicado, El modo de adoperare el legno de India Occidentale. A Critical transcription", Revista Hispánica moderna, 36 (4), pp. 251-271.) y luego por Perugini (2004Perugini, Carla (2004), Francisco Delicado, La Lozana andaluza, Sevilla, Fundación José Manuel Lara.). Ahora disponemos de una nueva edición crítica de Ahumada Lara (2009Ahumada Lara, Ignacio (ed.) (2009), Francisco Delicado, El modo de usar el palo de la India occidental saludable remedio contra toda llaga y el mal incurable, edición bilingüe y estudio preliminar, Jaén, Universidad de Jaén.).

[16]

Publicada en Toledo (1526). Véase Ballesteros (1986Ballesteros, Manuel (ed.) (1986), Sumario de la natural y general historia de las Indias, de Gonzalo Fernández de Oviedo, Madrid, Historia 16., pp. 142-144).

[17]

Sevilla (1535). Cf. Pérez de Tudela (1959Pérez de Tudela, Juan (ed.) (1959), Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia General y natural de las Indias, Madrid, Atlas.).

[18]

Un elenco de ellos se puede encontrar en Paniagua (1981Paniagua, José Antonio (1981), "La clínica en el Renacimiento". En: Laín Entralgo, P. (dir.), Historia Universal de la medicina, Barcelona, Salvat, vol. IV, pp. 87-105.), y sus obras en los dos volúmenes mencionados de Luisinus (1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis.).

[19]

Editado por Eatough (1984Eatough, Goeffrey (ed.) (1984), Fracastoro´s Syphilis, Liverpool, Francis Cairns.) y también por C. Dussin (2009Dussin, C. (2009), Syphilis sive Morbus gallicus, Paris, Garnier.), o J. Vons et alii (2010Vons, J.; Pennuto, C.; Gourevitch, D. (eds.) (2010), La syphillis ou le mal français. Syphilis sive morbus gallicus, París, Les Belles Lettres.). Sobre el contexto del humanismo médico que hizo posible la aparición de este poema véase Montero Cartelle (2001Montero Cartelle, Enrique (2001), "El filólogo médico en el siglo XVI". En: García, Juan Luis; Moreno, Juan Manuel (coords.), Andrés laguna. Humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista, Congreso Internacional, Segovia, 22-26 de noviembre de 1999, Valladolid, Junta de Castilla y León, pp. 93-121., pp. 93-121).

[20]

En Hieronymi Fracastorii Veronensis Opera Omnia, Venetiise1555, ff. 124-128. Sobre este autor véase Montero Cartelle (2001Montero Cartelle, Enrique (2001), "El filólogo médico en el siglo XVI". En: García, Juan Luis; Moreno, Juan Manuel (coords.), Andrés laguna. Humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista, Congreso Internacional, Segovia, 22-26 de noviembre de 1999, Valladolid, Junta de Castilla y León, pp. 93-121., pp. 104-105).

[21]

Cf. J. Arrizabalaga (2011Arrizabalaga, Jon (2011), "The Changing Identity of the French Pox in Early Renaissance Castille". En: Glanze, Florence Eliza; Nance, Brian K. (eds.), Between Text and Patient. The Medical Enterprise in Medieval & Early Modern Europe, Florencia, SISMEL-Ed. del Galluzo, pp. 397-417., pp. 397-417).

[22]

Pp. 97-98 n. 11.

[23]

Covarrubias (1975, p. 409 n. 2). Véase también Allaigre (2000Allaigre, Claude (ed.) (2000), Francisco Delicado, La Lozana andaluza, Madrid, Cátedra., p. 471 n. 1) y Gili y Gaya (1947Gili y Gaya, Samuel (1947), Tesoro lexicográfico (1492-1726), Madrid, CSIC., pp. 379-380) s. v. Buba.

[24]

Cf. DETEMA (1996DETEMA (1966), Diccionario español de textos médicos antiguos, Herrera, M.T. et alii, Madrid, Arco libros., pp. 228-229).

[25]

Véase el comentario de Torres Naharro, en Gillet (1951Gillet, Joseph E. (ed.) (1951), Propalladia and Other Works of Bartolomé de Torres Naharro, de Bartolomé de Torres Naharro, Pennsylvania, Bryn Mawr, vol. III., vol. III pp. 259-262) a la expresión Mal francés entre las gentes de la Jornada I.

[26]

Según el estudio de Pastor (1929Pastor, Zoltan (1929), Histoire de la syphilis, París, M. Lac, Tesis de Medicina.), citado por Brabant (1966Brabant, Hyacinthe (1966), Médecins, malades et maladies de la Renaissance, Bruxelles, La Renaissance du livre., p. 18).

[27]

Un análisis lingüístico de estas denominaciones se encuentra en el trabajo de Pérez Ibáñez (1995Pérez Ibáñez, M.ª Jesús (1995), "Un problema médico y terminológico (sífilis en el siglo XVI)", Voces, 6, pp. 61-79., pp. 61-79). Véase también Grmek (1991Grmek, Mirko Drazen (1991), "La dénomination latine des maladies considerées comme nouvelles". En: Sabbat, G. (ed.), Le latin médical. La constitution d´un langage scientifique Université de Saint-Étienne, pp. 193-214., pp. 193-214).

[28]

En su poema ya citado, Sífilis hace referencia al pastor Syphilis. Este en América, contagiado con la enfermedad por el Sol, al haber desviado su culto hacia el rey Alcítoo, recibe de la ninfa América la curación por medio del benéfico árbol, el guayaco (hyacum, sancta arbor).

[29]

Arrizabalaga (1993Arrizabalaga, Jon (1993), "Syphilis". En: Kiple, K. F. (ed.), The Cambridge World History of Human Disease, Cambridge Univ. Press, pp. 1025-1033.).

[30]

Esta enfermedad se estudia desde otra perspectiva en el trabajo de McInnis-Domínguez (2011McInnis-Domínguez, Meghan (2011), "The Diseasing Healer: Francisco Delicado´s Infectious La Lozana andaluza", eHumanista, 17, pp. 311-333., pp. 311-333), como señala su autor: «I investigate how Delicado undoes the Spanish view of the conversa Other as diseased and diseasing in society».

[31]

La gravedad y la extensión de esta enfermedad hace que se encuentren muchas referencias a ella en la literatura europea de esta época. Así ocurre, a modo de ejemplo, en Francia con Rabelais, Pantagruel (cf. Yllera, 2003Yllera, Alicia (ed.) (2003), Fr. Rabelais, Pantagruel, Madrid, Cátedra. pp. 216 y 303), en Italia con Pietro Aretino, Las seis jornadas (es decir, los Ragionamenti) (Giordano y Calvo, 2000Giordano, Anna; Calvo, Cesáreo (eds.) (2001), Las seis jornadas, de Pietro Aretino, Madrid, Cátedra. pp. 118 y 194-195) o en España con El casamiento engañoso de Cervantes (García López, 2001García López, Jorge (ed.) (2001), M. de Cervantes, Novelas ejemplares, Barcelona, Crítica. pp. 521-22; 534 y 537). Para otras obras véase García-Verdugo (1994García-Verdugo, María Luisa (1994), La Lozana andaluza y la literatura del siglo XVI: la sífilis como enfermedad y metáfora, Madrid, Pliegos., pp. 109-121).

[32]

Allaigre (2000Allaigre, Claude (ed.) (2000), Francisco Delicado, La Lozana andaluza, Madrid, Cátedra., p. 431 n. 22): «el demonio, o ángel del mal, ángel tutelar de la sífilis».

[33]

En todo caso, el baile de fechas no es exclusivo de Delicado. Fracastoro en su De contagione (1555Fracastoro, G. (1555), "De contagione". En: Hieronymi Fracastorii Veronensis, Opera Omnia, Venetiis., p. 124) sitúa la entrada de Carlos VIII en Nápoles y el origen de la enfermedad en 1490 (temporibus erupi, quibus Galli sub rege Carolo regnum Neapolitanum occupavere, annos circiter decem ante 1500) y Ulrich von Hutten (Luisinus, 1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis., vol. I, p. 241) la pone en 1493 (annus fuit a Christo nato post millesimum et quadragessimum nonagesimustertius aut circa).

[34]

Incluso se llegó a pensar en la utilización por parte de los españoles y napolitanos de prostitutas infectadas como «arma secreta» contra el ejército invasor, como recoge Fallopio (Luisinus, 1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis., vol. I, p. 663A; Brabant, 1966Brabant, Hyacinthe (1966), Médecins, malades et maladies de la Renaissance, Bruxelles, La Renaissance du livre. p. 22).

[35]

Como indican Brabant (1966Brabant, Hyacinthe (1966), Médecins, malades et maladies de la Renaissance, Bruxelles, La Renaissance du livre. pp. 20 y ss.); Guerra (1976Guerra, Francisco (1976), "La disputa sobre la sífilis. Europa versus América", Medicina e Historia, 59, pp. 8-26., pp. 8-26); Carreras Panchón (1991Carreras Panchón, Antonio (1991), Miasmas y retrovirus. Cuatro capítulos de la Historia de las enfermedades transmisibles, Barcelona, Fundación Uriach 1838., pp. 49-57) o Grmek (1983Grmek, Mirko Drazen (1983), Les maladies à l´aube de la civilisation occidentale, París, Payot., p. 199).

[36]

Como Fallopio o Antonio Musa Brassavola: cf. Grmek (1983Grmek, Mirko Drazen (1983), Les maladies à l´aube de la civilisation occidentale, París, Payot., p. 212); Pérez Ibáñez (1995Pérez Ibáñez, M.ª Jesús (1995), "Un problema médico y terminológico (sífilis en el siglo XVI)", Voces, 6, pp. 61-79., 64 y n. 12); Martín (1996Martín, Ana Isabel (1996), Constantini liber de elephantia, Valladolid, Universidad de Valladolid., p. 33).

[37]

Por ejemplo, en sus Consilia, que siguen a su Tractatus contra pudendagram (Luisinus, 1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis., vol. I, p. 474A).

[38]

Que a menudo se identifican en la Edad Media. Cf. Grmek (1983Grmek, Mirko Drazen (1983), Les maladies à l´aube de la civilisation occidentale, París, Payot., p. 249 y ss.); Martín (1996Martín, Ana Isabel (1996), Constantini liber de elephantia, Valladolid, Universidad de Valladolid., p. 32-42).

[39]

Pueden verse otros testimonios en Brabant (1966Brabant, Hyacinthe (1966), Médecins, malades et maladies de la Renaissance, Bruxelles, La Renaissance du livre., p. 27) y Pérez Ibáñez (1995Pérez Ibáñez, M.ª Jesús (1995), "Un problema médico y terminológico (sífilis en el siglo XVI)", Voces, 6, pp. 61-79., pp. 33-64).

[40]

Cf. Brabant (1966Brabant, Hyacinthe (1966), Médecins, malades et maladies de la Renaissance, Bruxelles, La Renaissance du livre. p. 24); Brody (1974Brody, Saul Nathaniel (1974), The Disease of the Soul. Leprosy en Mediaeval Literature, Ithaca-Londres, Cornell University Press., pp. 51 y ss.; 143 y ss.: 160 y ss.; 190 y ss.).

[41]

Herrera (1973Herrera, M.ª Teresa (ed.) (1973), Francisco López de Villalobos, El Sumario de la Medicina con un tratado de las pestíferas bubas, Salamanca, Cuadernos de Historia de la Medicina Española. p. 155).

[42]

Véase también Mercado (1905Mercado, Luis de (1605), De morbo gallico libri duo… Ludovico Mercato autore, Vallesoleti., f. 5).

[43]

De Contagione (1555, II, 2 p. 124v.).

[44]

Para Allaigre (2000Allaigre, Claude (ed.) (2000), Francisco Delicado, La Lozana andaluza, Madrid, Cátedra., p. 196 n. 14), la «vanda izquierda» es el bazo; para Damiani y Allegra (1975Damiani, Bruno Mario; Allegra, Giovanni (eds.) (1975), Francisco Delicado, Retrato de la lozana andaluza, Madrid, Porrúa., p. 120 n.23), es una expresión figurativa para describir algo hecho de manera dudosa, mágica o ilegal. En efecto, se alude a un lugar, Campo de Flor, de reunión de charlatanes y embusteros. En todo caso, son de gran interés las suposiciones que a propósito de este texto establece Allaigre en su Introducción pp. 117-126 sobre las actividades meretricias de la Lozana con su marido como alcahuete y el paralelismo que establece entre esta vanda izquierda y la venda que el liberto de Marcial 2,29,9 et numerosa linunt stellantem splenia frontem, se ponía en la cabeza adornada con estrellas para ocultar la marca de su esclavitud.

[45]

Como supone Allaigre (2000Allaigre, Claude (ed.) (2000), Francisco Delicado, La Lozana andaluza, Madrid, Cátedra., p. 195. n. 11 y, en especial, en pp. 117 ss.).

[46]

Cf. Allaigre (2000Allaigre, Claude (ed.) (2000), Francisco Delicado, La Lozana andaluza, Madrid, Cátedra., p.196 n.20).

[47]

Véase a este propósito también Mam. LIV p. 427 sobre las cejas o Mam. XII p. 218 sobre la cabellera.

[48]

La pérdida de pelo era uno de los signos más visibles de la sífilis y así lo recoge con gran detalle Cervantes en El casamiento engañoso (García López, 2001García López, Jorge (ed.) (2001), M. de Cervantes, Novelas ejemplares, Barcelona, Crítica., p. 534) a propósito del soldado infectado por una prostituta. Incluso en el Número Primero de la Introducción de La pícara justina (cf. ed. de Jauralde, 2001Jauralde, Pablo (ed.) (2001), La novela picaresca, Madrid, Espasa Calpe., pp. 1014-1022), se denomina esta enfermedad como «la pelona francesa» o simplemente «pelona», debido a este efecto tan visible.

[49]

Cf. Luisinus (1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis., vol. I, pp. 242-243). Puede verse también la descripción de Fr. López de Villalobos, en Herrera (1973Herrera, M.ª Teresa (ed.) (1973), Francisco López de Villalobos, El Sumario de la Medicina con un tratado de las pestíferas bubas, Salamanca, Cuadernos de Historia de la Medicina Española., pp. 165 y ss.). Las llagas que supuran son mencionadas en otros autores como, por ejemplo, Cervantes en sus Entremeses, Rufián viudo, 99-100. Cf. Sevilla y Rey (1998Sevilla, Florencio; Rey, Alfonso (eds.) (1998), Miguel de Cervantes, Entremeses, Madrid, Alianza. n. 27 p. 44).

[50]

Estas consideraciones hacen infundada la opinión de quienes piensan que la sífilis de la Lozana es más simbólica que real, como Wolfenzon (2007Wolfenzon, Carolyn (2007), "La Lozana andaluza: Judaísmo, sífilis, exilio y creación", Hispanic Research Journal, 8 (2), pp. 107-122., pp. 107-122). Son de opinión contraria García-Verdugo (1994García-Verdugo, María Luisa (1994), La Lozana andaluza y la literatura del siglo XVI: la sífilis como enfermedad y metáfora, Madrid, Pliegos., pp. 21-70) o McInnis-Domínguez (2011McInnis-Domínguez, Meghan (2011), "The Diseasing Healer: Francisco Delicado´s Infectious La Lozana andaluza", eHumanista, 17, pp. 311-333., p. 315). El análisis de otros aspectos médicos de textos similares que hemos llevado a cabo, como, por ejemplo, Montero Cartelle (2010Montero Cartelle, Enrique (2010), "El mal de madre, en La celestina". En: Maestre, J. M.; Pascual Barea, J.; Charlo Brea, L. (eds.), Humanismo y pervivencia del Mundo Clásico, Alcañiz-Madrid, Instituto de Estudios Humanísticos-CSIC, vol. IV.5, pp. 2749-2776., pp. 2749-2776), nos lleva a la misma conclusión.

[51]

Son muchas las manifestaciones de las sudoraciones en la literatura española, siempre con cierto temor, como en Cervantes en su Rufián viudo, pp. 95-98; El casamiento engañoso, 877 (García López, 2001García López, Jorge (ed.) (2001), M. de Cervantes, Novelas ejemplares, Barcelona, Crítica. p. 534) o bien Estebanillo González, XII (Spadaccini y Zahareas, 1978Spadaccini, Nicholas; Zahareas, Anthony N. (eds.) (1978), Estebanillo González, Madrid, Castalia., II, pp. 485-86), etc.

[52]

Cf. Brabant (1966Brabant, Hyacinthe (1966), Médecins, malades et maladies de la Renaissance, Bruxelles, La Renaissance du livre., pp. 41 y ss.); Paniagua (1981Paniagua, José Antonio (1981), "La clínica en el Renacimiento". En: Laín Entralgo, P. (dir.), Historia Universal de la medicina, Barcelona, Salvat, vol. IV, pp. 87-105., p. 100); Carreras Panchón (1991Carreras Panchón, Antonio (1991), Miasmas y retrovirus. Cuatro capítulos de la Historia de las enfermedades transmisibles, Barcelona, Fundación Uriach 1838., pp. 51-53).

[53]

Remedios recogidos en la colección mencionada de Luisinus 1566Luisinus, Aloysius (1566), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiusque nationis novela picaresca, Venetiis., y que critican los defensores del guayaco desde Pol, Schmaus y van Hutten. Véase, por ejemplo, la terapia de Torrella y Pedro Pintor en Arrizabalaga (1996Arrizabalaga, Jon (1996), "Práctica y teoría en la medicina universitaria del siglo XVI: el tratamiento del mal francés en la corte papal de Alejandro VI Borgia", Arbor, 153, pp. 136-151., pp. 136-151).

[54]

Arrizabalaga; Henderson y French (1997Arrizabalaga, Jon; Henderson, John; French, Roger (eds.) (1997), The Great Pox: The French Disease in Renaissance Europe, New Haven-London, Yale University Press., p. 1).

[55]

Fracastoro (1555Fracastoro, G. (1555), "De contagione". En: Hieronymi Fracastorii Veronensis, Opera Omnia, Venetiis., II, 11, f. 124v.).

[56]

Arrizabalaga, Henderson y French (1997Arrizabalaga, Jon; Henderson, John; French, Roger (eds.) (1997), The Great Pox: The French Disease in Renaissance Europe, New Haven-London, Yale University Press., p. 100).

[57]

Según estimación de Damiani (1984Damiani, Bruno Mario (1984), Fr. Delicado, La Lozana andaluza, Madrid, Castalia., p. 13).

[58]

Gómez de la Serna (1942Gómez de la Serna, José (1942), La Lozana andaluza, Santiago de Chile, Arcilla., p. 8) parece ser el primero en sustentarla según Damiani; Allegra (1975Damiani, Bruno Mario; Allegra, Giovanni (eds.) (1975), Francisco Delicado, Retrato de la lozana andaluza, Madrid, Porrúa., p. 7 ss.).

[59]

Cf. Damiani (1969-1970Damiani, Bruno Mario (1969-1970), "Some Observations on Delicado`s El modo de adoperare el legno de India occidentale", Quaderni Ibero-Americani, 37, pp. 13-17., pp. 13-17 y 1984, pp. 19-20). El influjo de La Lozana andaluza en los Ragionamenti de Pietro Aretino, al presentar su retrato de la vida licenciosa de la sociedad renacentista, en el que se describen varias escenas de la prostitución romana con el mismo trasfondo, manifiesta que Aretino advirtió el tono moralizante de la obra de Delicado Cf. Giordano y Calvo (2000Giordano, Anna; Calvo, Cesáreo (eds.) (2001), Las seis jornadas, de Pietro Aretino, Madrid, Cátedra. p. 39).

[60]

Cf. Damiani (1984Damiani, Bruno Mario (1984), Fr. Delicado, La Lozana andaluza, Madrid, Castalia., pp. 22-23).

 

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